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CUENTO: EN EL FRÍO DE LA NOCHE

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A Mariella Toranzos.

Le dijeron que no podía ser mi novia, que éramos muy chicos y que mi sangre era mala. Le dijeron también algo que no entendí: que yo llevaba sobre mis espaldas una carga eterna, que ser hijo de policía no era, definitivamente, nada bueno.

Mariella lloraba por las noches desde que dejamos de vernos. Su padre se encargó de alejarnos definitivamente, me cogió de los pelos y me dijo: no quiero verte nunca más cerca de mi hija, tú no puedes ser bueno, carajo, no puedes. Intenté defenderme agitando los brazos pero él era más fuerte, hasta que todo quedó en silencio.

Mariella y  yo teníamos muchos sueños: ella quería ser enfermera y yo soñaba con una tienda enorme, como la que tiene su padre en la esquina de Centenario, pero más grande aún, la tienda más grande de Huamanga. Ahora eso es imposible. Todo es extraño y vacío, ella llora todas las noches desde que regresó de Lima y yo la pienso a cada instante. He intentado enviarle algunas cartas, ver la forma de comunicarme con ella, pedirle que se escape conmigo, que nos vayamos a Arequipa a la casa del Arthur, él nos recibiría gustoso un tiempo, hasta que me dieran mi primer pago por trabajar en la chacra de mandarinas de su padre y poder mudarnos juntos a un cuartito, pero todos mis intentos han sido en vano. La noche en que su padre me llevó de los pelos por la quebrada, la enviaron a Lima, a casa de su tía. Aquella noche ella gritaba que por favor no me hiciera nada, que yo era bueno, que me quería mucho. Pero su papá gritaba más fuerte que yo era hijo de policía, que su hermano –que en paz descanse –se volvería a morir si viera que ella estaba saliendo conmigo. Mi padre nunca me contó nada de eso, y mi madre –que en paz descanse –se fue antes que yo pudiera empezar a extrañarla.

Crecer así no es fácil. En el colegio me insultaban mucho y me molestaban a cada rato. Durante el recreo me iba al fondo del patio a leer un libro de cuentos que me gustaba mucho, Las mil y una noches se llamaba. Sólo así podía olvidarme de tanto problema y evitar que los demás chicos me insultaran.

Todo empezó cuando mi papá salió en una foto en los periódicos, en ella aparecía con la camisa del uniforme manchada de sangre y llevaba la pistola en una mano, pero no alcancé a saber exactamente de qué se trataba porque él me prohibió leerlos. Mi papá no es una persona fácil, últimamente llegaba tarde y apestando a alcohol, gritando lisuras sin sentido para luego encerrarse en su cuarto murmurando que sólo recibía órdenes, pero tampoco sé de quién. No sé quién podría darle órdenes a mi padre. Entonces, luego de que apagara su lámpara, lo oía llorar y decir el nombre de mi mamá, que dónde estaba ahora, que por qué no se lo llevaba con ella. A esas horas el viento es un susurro y hace mucho frío. Las calles están oscuras y algunas veces hasta los perros dejan de ladrar. Ayacucho significa “rincón de los muertos”, tal vez sea verdad y hasta el perro bravo que duerme en el kiosco de los periódicos tenga miedo y se obligue a dormir para no ver nada de lo que, dicen, sucede en la plaza. La profesora Antonia nos contó una vez, hace mucho tiempo, que por las noches salen las almas a pasear para recordar tiempos mejores. No entiendo cómo en medio de esa oscuridad y ese frío se podría recordar algún tiempo mejor, le pregunté una vez a Mariella. Ella me explicó que las almas buscaban algún recuerdo perdido en aquella plaza, y creo –ahora que pienso tanto en todos los momentos que pasamos juntos –que en ese instante me enamoré de ella. Usaba anteojos y tenía su cabello muy negro y bonito, sonreía mucho y le gustaba que le leyera en voz alta. Eso fue cuando nos conocimos hace tres años durante el recreo. Fue la única que me defendió cuando todos empezaron a insultarme y a insultar a mi padre. Luego me fueron aislando de todas las actividades del colegio. Mis notas bajaron terriblemente y con ellas aumentaron las palizas en casa. La profesora Antonia intentaba conversar conmigo pero desarrollé un temor muy grande hacia todo. A veces creo que fui muy cobarde. Sólo Mariella me dio su hombro para apoyar mi cabeza y conversar, contarle de mis sueños y así poco a poco la empecé a querer cada día más. A veces lloraba mucho y ella sólo acariciaba mis cabellos, que son negros como los de ella pero no tan lindos. Me decía que cuando fuéramos más grandes podríamos irnos a algún lugar muy lejos de todo y que seríamos felices. Pero su padre se enteró que salíamos casi todas las tardes de la secundaria a caminar por el cerro, y fue ahí cuando le pegó en la cara y la amenazó con enviarla a Lima si me seguía viendo. Luego las cosas se pusieron más terribles y un día me envió una carta con Sofía, donde me decía que se iba a la capital, que la enviaban a un colegio de monjas y que viviría en casa de su tía. Aquella tarde, con cada una de sus palabras sobre aquel papel que poco a poco iba arrugando entre mis puños, se me ocurrió la idea de escaparnos de una vez. Sofía se asustó al verme así: mudo, con los puños apretando su carta y las mejillas bañadas en lágrimas.

Fue la peor idea que se me pudo ocurrir.

Llegué al atardecer, cuando las sombras desaparecían hasta sumir el campo en una oscuridad invasiva. En la mochila tenía lo necesario para el viaje, poca ropa y algo que tomé de la alacena. Mariella se sorprendió cuando me vio haciéndole señas con la linterna; salió a mi encuentro y me abrazó muy fuerte, estaba llorando y tenía un ojo morado. Me dio mucha pena verla así, tan demacrada y desprotegida, le juré que si escapábamos todo saldría bien, que nunca más nadie le pegaría, que estaría siempre ahí para defenderla. Entonces me besó, suavemente, el beso más tierno y dulce de mi vida. Acaricié sus cabellos, besé sus labios y sus pómulos, sentí la fragancia de su piel tan cerca… ahhh, Mariella, siempre fuiste mi amor. Me dijo que sí, que nos iríamos bien lejos, que me quería con todo su corazón, que lo que había hecho mi padre no tenía nada que ver conmigo, y fue entonces cuando el suyo apareció tras los arbustos y la golpeó en la cara tan fuerte que pensé que se iba a desmayar. Yo salí a defenderla y empecé a golpearlo con rabia, pero él era más grande y de un puñete en el estómago me redujo al instante. Luego sus peones se llevaron a Mariella, que gritaba que no me hiciera nada, que ella me quería.

“Tu padre mató a mi hermano”, me dijo entonces mientras yo me retorcía intentando recuperar el aliento. Sentía que la barriga me ardía y que mis pulmones estaban completamente vacíos, me desesperé. “¡Tu viejo, ese perro policía, traidor del pueblo y del Partido, mató a mi hermano! Ahora arreglaremos cuentas…”

Después recuerdo poco. Dolor intenso, mis costillas quebrándose, crac, crac, crac, y el frío helado del final de la noche cuando empezaba a amanecer. Grité el nombre de Mariella varias veces, pero no me escuchó, seguro ya estaba rumbo a Lima. Con el tiempo me acostumbré un poco a su ausencia, pero desde que regresó, mi corazón no hace más que guiarme hacia su casa.

La he rondado desde hace varias noches sin que nadie se percate de mi presencia. Reconozco que no he sido cuidadoso, algunas veces he tropezado con los tachos de basura, pero nadie ha salido a ver de dónde procedía el barullo, o tal vez sí y no me he percatado de ello. Es difícil hacerlo en estas condiciones, estar muerto no es cosa de todos los días.

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Gabriel Rimachi Sialer. Escritor y periodista. Autor de los libros de cuento "Canto en el infierno", "El color del camaleón", "El cazador de dinosaurios", "Historias extraordinarias", "La increíble historia del capitán Ostra" y de la novela "La casa de los vientos". Responsable de antologías de narrativa fantástica, cuentos suyos han sido incluidos en importantes antologías. Dirige el podcast "Libros que arden" en Spotify y el Círculo de Lectores Perú www.circulodelectores.pe

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Un marqués en Barrios Altos

Retrayéndose a aquella época cuando trabajaba en la Crónica, el novelista recorrió una vez más el barrio de Cinco Esquina solo para ver lo diferente que se encuentra. Solo él y sus contemporáneos recordarán aquel lugar donde era imposible no contagiarse del ritmo de la guitarra y el cajón peruano que se escuchaba en cada rincón de la entonces apacible zona.

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Por: Raúl Villavicencio H.

Próximo a cumplir 89 años, el Nobel de Literatura 2010, Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, hijo ilustre del Misti, desde hace unos meses dedica su tiempo a recorrer aquellos lugares que le sirvieran de inspiración para sus obras. Pasando por el emblemático Leoncio Prado, escenario que le sirviera para que hasta ahora nos preguntemos quién mató al Esclavo; o sentarnos en la mesa del bar La Catedral para reflexionar sobre lo jodido que se encuentra el Perú; o tal vez acompañar al predicador Antonio Conselheiro en su recorrido por la selva brasileña; o cómo no erizarnos la piel, a salto de mata, con la historia del cabo Lituma y la aparición del grupo maoísta Sendero Luminoso.

Historias más allá de las fronteras, en pleno corazón del Cercado de Lima, en la selva virgen, o quizás ambientas en el norte del país, puede que el octogenario escritor arequipeño, marqués desde el 2011, haya dicho que todo lo que quiso escribir lo hizo de manera suficiente, y ahora solo quiera repasar aquellos sitios que ahora lucen muy distintos de lo que vio en su juventud.

Retirado ya del menguado oficio de contar historias, Vargas Llosa se apareció esta vez por el barrio de Felipe Pinglo y compañía, esos Barrios Altos de antaño donde la jarana empezaba el viernes y acababa un lunes, donde los galantes iban a cortejar, vistiendo sus mejores trajes y perfumes, a las damas de aquella época, ofreciendo coplas y miradas cómplices bajo el refugio de la noche estrellada.

Retrayéndose a aquella época cuando trabajaba en la Crónica, el novelista recorrió una vez más el barrio de Cinco Esquina solo para ver lo diferente que se encuentra. Solo él y sus contemporáneos recordarán aquel lugar donde era imposible no contagiarse del ritmo de la guitarra y el cajón peruano que se escuchaba en cada rincón de la entonces apacible zona.

Ya nos tocará a nosotros recordar con tristeza y melancolía cómo los lugares que solíamos frecuentar de niños o adolescentes ya no están más, siendo reemplazados por conjuntos multifamiliares o enormes edificios que se comen los cielos de la ciudad, imposibilitando la vista de una diáfana noche donde la luna se asome para recordarnos que todo en esta vida es pasajero, excepto las estrellas.

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Los hijos de Atahualpa

Pese a las insondables diferencias étnicas y culturales, Francisco Pizarro y el inca Atahualpa lograron forjar una curiosa amistad, pues ambos se debían mutuo respeto; uno al considerar al Hijo del Sol como una autoridad digna de estudiar y valorar, y el otro tomando al hombre con armamento plateado todo un misterio que tenía que descifrar.

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Por: Raúl Villavicencio H.

Poco se ha dicho sobre el destino de los hijos, legítimos e ilegítimos, de quien fuera el decimotercer inca, quien, a la fecha de su ejecución, según cuentan los cronistas e historiadores, contaba con 14 descendientes reconocibles.

Pese a las insondables diferencias étnicas y culturales, Francisco Pizarro y el inca Atahualpa lograron forjar una curiosa amistad, pues ambos se debían mutuo respeto; uno al considerar al Hijo del Sol como una autoridad digna de estudiar y valorar, y el otro tomando al hombre con armamento plateado todo un misterio que tenía que descifrar.

Como producto de esa singular amistad, Pizarro, honrando la promesa que le hizo a su difunto amigo, se encargó de averiguar el paradero de sus hijos para brindarles protección y tutela, encargándole dicha tarea a Sebastián de Benalcázar y a Diego de Almagro.

De los catorce identificados por los historiadores, quedaron con vida once hasta la muerte de su padre; ellos habían sido llevados a la región de Yumbos, al oeste de Ecuador, sin embargo, por razones no determinables se conoció que llegaron a su destino solo ocho. Cinco de ellos pasaron a la custodia de los frailes del Convento de San Francisco de Quito y los restantes al Convento de Santo Domingo, en Cusco.

Existe mayor documentación solo de tres de sus hijos: Francisco, Carlos y Felipe, siendo registrados con el apellido Túpac Atauchi, o Topatauchi. Francisco y Carlos fueron los más beneficiados al recibir una pensión anual de 300 patacones de la corona española. El tercero de ellos, Felipe, lastimosamente no se cuenta con documentos reales que confirmen cualquier tipo de pensión. Muchos de los historiadores consideran que Felipe habría muerto antes de que se realicen los trámites para su pensión.

En tanto, Francisco y Carlos tuvieron una vida acomodada y llena de privilegios, como la entrega de encomiendas para el primero, y una renta vitalicia de 700 patacones anuales para el segundo, pagados por la Caja Real de Quito.

Fueron catorce, pero solo Francisco logró importancia política y económica en el aún insípido virreinato. Incluso, se menciona que bien pudo ser el único y legítimo sucesor de su padre. La descendencia de Francisco bien podría encontrarse desperdigada entre Ecuador y España, pero no existen pruebas que confirmen tal hipótesis. 

Columna publicada en el Diario Uno.

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Viaje al centro del Perú… en tren

Aunque no se trate precisamente del Tren Macho, el MTC informó que se abrirá una ruta de Lima a Huancayo para los turistas nacionales y extranjeros los días de Semana Santa y Fiestas Patrias, los mismos que podrán disfrutar, tal como lo hice en su momento, de los mágicos paisajes andinos que se iban descubriendo en mi camino.

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Por: Raúl Villavicencio H.

Dos años atrás tuve la oportunidad de subirme en Huancayo a uno de los vagones del histórico Tren Macho, aprovechando que recientemente había vuelto a estar operativo. Mi intención era llegar hasta Huancavelica con ese medio de transporte, pero en ese momento solo llegaba hasta el paradero de Izcuchaca.

Tuve que madrugar para llegar a la estación del tren en Huancayo porque solo podían viajar como máximo 80 personas y afortunadamente conseguí ser el último de los pasajeros en obtener un boleto, sin embargo, mi felicidad era comparable o superlativa a la de los demás viajeros.

Colocándome en la cola del vagón pude apreciar la belleza del paisaje, atravesando laderas, quebradas, túneles y puentes, siempre acompañado de las retamas que florecían en el mes de junio.

En una parte del camino los que estábamos atrás pasamos a ser los primeros, situándome así a la cabeza junto al operador del tren quien me contaba que ya llevaba trabajando cerca de 30 años ahí, contándome además las incontables veces en que tuvo que retirar a pulso las enormes piedras que caían de los cerros. Asimismo, me confesaba que le encantaría que exista un mayor interés por parte del Estado en el mantenimiento de las vías y los rieles del tren que sufren año a año por las lluvias de temporada, los deslizamientos de tierra y por supuesto el olvido de sus gobernantes.

Aunque no se trate precisamente del Tren Macho, el MTC informó que se abrirá una ruta de Lima a Huancayo para los turistas nacionales y extranjeros los días de Semana Santa y Fiestas Patrias, los mismos que podrán disfrutar, tal como lo hice en su momento, de los mágicos paisajes andinos que se iban descubriendo en mi camino.

Y sí, en esta ocasión el tren partirá de la Estación de Desamparados, la misma que en la actualidad funciona la Casa de la Literatura, teniendo la chance tal vez los viajeros de bajar sus hermosas escaleras, pasar por sus enormes pilastras que conducen en lo más alto a un gran vitral de estilo Art Nouveau, hasta llegar a la parte inferior donde les esperará el tren.

Al menos una vez en la vida usted tiene que viajar al centro del Perú en tren.

Columna publicada en el Diario Uno.

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El fentanilo, la droga zombie

El fentanilo, o la denominada “droga zombie” viene llamando la atención de las autoridades, particularmente de los Estados Unidos, por su altísimo nivel alucinógeno, capaz de convertir a una persona ordinaria en un espectro que deambula por la calle en pleno mediodía.

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Por: Raúl Villavicencio H.

En este mundo donde todos quieren correr sin antes haber aprendido a caminar, donde la inmediatez y la presión social a veces resultan tan asfixiantes, donde muchos jefes quieren que se hagan las cosas “para ayer”, o donde sencillamente uno desea ‘bajarse del tren’ tratando de escapar de su realidad, han existido opioides capaces de procurarte esa falsa tranquilidad por un instante para luego expectorarte nuevamente en un mundo inclemente y retorcido.

El fentanilo, o la denominada “droga zombie” viene llamando la atención de las autoridades, particularmente de los Estados Unidos, por su altísimo nivel alucinógeno, capaz de convertir a una persona ordinaria en un espectro que deambula por la calle en pleno mediodía. Pero eso no solo pasa en el país norteamericano, sino que durante los últimos meses la presencia del fentanilo se viene registrando en países como Ecuador, Colombia e incluso Perú.

Y sí, los opioides son utilizados para aliviar dolores intensos, muchos de ellos asociados a procesos cancerígenos o postquirúrgicos, permitiendo que el paciente lleve un poco mejor su recuperación bajando los niveles de dolor mas no curando la enfermedad.

Es por ello que se ven en ciudades como Fhiladelphia (Estados Unidos) ‘ejércitos’ de personas, o lo que quede de ellas, arrastrándose o moviéndose torpemente como si se tratara efectivamente de un muerto en vida. Personas como cualquier otra, como nuestros vecinos, primos o hermanos, tratando de sostenerse de algo, con la cara babeando y la mirada perdida, abstraídos en un mundo que solo ellos pueden ingresar.

Esa ‘droga zombie’ proviene de manera ilícita de México, donde existen laboratorios clandestinos, los mismos que se encargan de inundar las principales ciudades de los Estados Unidos con ese potente alucinógeno, mucho más potente que la heroína. Sin embargo, como ya se indicó, esa droga ya viene apareciendo en Sudamérica en búsqueda de nuevos adictos.

De los tres mil muertos en el año 2012 por drogas se pasó drásticamente a más de cien mil en los últimos años solo en Estados Unidos encendiendo las alertas sanitarias en dicho país; setenta mil de las muertes ocasionadas por el fentanilo.

En nuestro país no sería de extrañar que dentro de uno o cinco años se pueda apreciar en las principales ciudades a los habitantes convertidos en zombies.

Columna publicada en el Diario Uno.

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La vida exagerada de Bryce Echenique

Amado y odiado en partes disímiles, el autor de Un mundo para Julius bien puede ahora sentirse un extraño en su propio país, aquel pedazo de tierra desigual que le permitiera ser fuente de sus magníficos libros, pero que el paso del tiempo se ha encargado de llevárselo de un sutil, gris y triste plumazo.

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Por: Raúl Villavicencio H.

Anteayer el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique estuvo de cumpleaños y seguramente lo habrá pasado entre Francia, Italia o las siempre resucitadoras aguas de La Punta, esas que en algún momento (esperemos muy lejano) se convertirán en el lugar elegido para que sus cenizas se pierdan entre la bruma marítima y los arrullos de un oleaje hipnotizador.

Seguramente el octogenario escritor habrá recibido su onomástico con una copa de coñac o brandy en una mano, mientras divisaba a lo lejos, como recordando tiempos pasados, aquellos lugares, amores y amistades de su juventud. O tal vez lo efímero y cansino que se ha convertido esa etapa de su vida donde poco le interesa hablar de literatura peruana. O sencillamente imaginando capítulos enteros de algún libro inexistente, con personajes extraordinarios, exageradamente melancólicos y extraviados, pero llenos de una personalidad que solo él es capaz de impregnarles.

Amado y odiado en partes disímiles, el autor de Un mundo para Julius bien puede ahora sentirse un extraño en su propio país, aquel pedazo de tierra desigual que le permitiera ser fuente de sus magníficos libros, pero que el paso del tiempo se ha encargado de llevárselo de un sutil, gris y triste plumazo.

Tal vez se atreva a recorrer esas viejas calles limeñas como hace poco lo hiciera Mario Vargas Llosa en distintos puntos de la ciudad, contrastando ese antes y después que siempre resultará inevitable experimentar. Y es que su vida, amoríos, y pasión por las bebidas espirituosas son una invitación a retomar nuevamente esa vieja costumbre de sentarse a escribir en la soledad de una habitación o frente al solaz refugio de algún yate en el medio del mar. Eso quisieran muchos que lo haga una vez más para placer de sus seguidores, aunque ya él indicara hace unos años su retiro definitivo.

Resulta paradójico que siempre aparezca rodeado de cientos de libros en las últimas entrevistas que se le ha realizado, pero que poco o nada le interese sumar uno más de su inventiva a su librería personal. Claro, no se considera su última recopilación de cartas con su amigo François Mujica porque eso fue una sugerencia de su editor. Mientras tanto más abriles continuarán pasando, preguntándonos si finalmente dejaremos de esperarlo un año más.

Columna publicada en el Diario Uno.

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Sueño abisal

«Los humanos no dejan de mirarme extrañados, espantados, manteniendo su distancia, iluminándome con unos bloquecitos negros, es lo único que pueden hacer… es lo único que harán; muchos de ellos continuarán con sus vidas sedentarias, engordando y envejeciendo, leyendo historias de un pez horripilante y diminuto que al menos puede jactarse de haber sido conocido por todos».

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Por: Raúl Villavicencio H.

Sí, soy un pez, de apariencia espeluznante y poco atractiva. Muchos me llaman diablo, otros me consideran como un ser terrorífico, emisario de los desastres naturales, cuando lo único que he hecho fue nacer distinto a todos, fuera de las evocaciones de ternura que puede ofrecer la estúpida sonrisa de un delfín o la solemnidad de una estrella de mar.

Entre mis anhelos siempre fue conocer el exterior del océano, qué hay más allá de esta eterna oscuridad, y para ello me he propuesto subir, si es posible, hasta la superficie. ¿Cómo será? ¿Será tan distinto? ¿Existirán gigantes similares a los grandes depredadores? ¿Podré, acaso, obtener la quintaesencia de la vida? Qué será detrás de ese inmenso velo de espuma y mareas lunares.

Estoy más que consciente que este será un viaje sin retorno, y que no podré volver a contarles a todos cómo es ese “más allá”, de qué vale vivir sin recorrer lo nunca antes visto. No pretendo quedarme mirando lo mismo una y otra vez, cuando allá a lo lejos existe un tenue brillo que me quita el sueño cada noche. No busco ser uno más del montón, algo o alguien desconocido que nadie se percató que por un breve momento también forme parte de la lista de los vivos. Sin embargo, ¿cuántos de esos “vivos” pasan sus días dando vueltas constantemente, desaprovechando el tiempo en conocer? Me pueden llamar ingenuo, soñador, o demente, pero jamás conformista y cobarde.

Subiendo y subiendo, descansando solo por momentos, ese brillo cada vez crece más a la vez que mis fuerzas decrecen de manera proporcional. Nuevas formas aparecen, cantos de bienvenida o despedida me reciben cuando asomo por primera vez mi brumosa boca en ese mundo de éter. Un dios luminoso reina en lo que no son los dominios de los siete mares. “Por fin”, digo para mis adentros, mientras siento una agridulce resequedad. Todo es tan brillante, áspero y cálido.

Los humanos no dejan de mirarme extrañados, espantados, manteniendo su distancia, iluminándome con unos bloquecitos negros, es lo único que pueden hacer… es lo único que harán; muchos de ellos continuarán con sus vidas sedentarias, engordando y envejeciendo, leyendo historias de un pez horripilante y diminuto que al menos puede jactarse de haber sido conocido por todos.

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La marcha del cangrejo

Puede que los cangrejos caminen de costado, pero los humanos desde hace mucho tiempo nos movemos hacia atrás.

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Por: Raúl Villavicencio H.

Un proverbio chino dice que el delicado aleteo de una mariposa puede sentirse al otro lado del mundo, explicando de manera didáctica una teoría que muchos científicos han venido siguiendo, la cual es la Teoría del Caos.

Esos pequeños cambios, como el simple e imperceptible aleteo de esa pequeña mariposa, pueden conducir a resultados no tan predecibles a mediano o largo plazo, observándose ese fenómeno en el cambio climático como los tornados, lluvias torrenciales o incendios forestales.

Hace tan solo unos días se supo en las noticias el plan de la Municipalidad de Chorrillos en querer volver a recubrir de arena la recordada playa La Herradura, la que por intervención del ser humano terminó con piedras toda su ribera. Sin embargo, eso que en un principio resultaba beneficioso para los veraneantes capitalinos terminó siendo perjudicial para los pequeños cangrejos o “arañas de mar” que tenían como hábitat esa tranquila y empedrada playa.

Y es que los cangrejos habían encontrado desde hace décadas el lugar ideal para reproducirse y habitar en armonía con la naturaleza, palabra que muchos humanos vienen olvidando su relevancia para la preservación.

Desde la era de la industrialización el ser humano ha querido abarcar más espacios geográficos como lugares donde radicar y formar ciudades, talando árboles, desviando ríos, dinamitando cerros, o quemando grandes hectáreas de áreas verdes para que se eleven imponentes rascacielos, con piscinas, áreas de esparcimiento o demás comodidades de las supuesta “gente civilizada”.

Una vez más ha quedado demostrado la poca empatía hacia la naturaleza, hacia los animales y todo ese equilibrio que ha tomado millones de años en conseguirlo. En menos de 200 años la especie humana se ha encargado de destruirla por completo, alterando el ecosistema, todo para beneficio propio.

Puede que los cangrejos caminen de costado, pero los humanos desde hace mucho tiempo nos movemos hacia atrás.

Hay cosas dentro del Universo que funcionan con el caos, un hermoso y perfecto desorden que hace posible que todo se mueva como un impresionante ballet estelar, y no es la excepción nuestro planeta que requiere, y le urge, una desaceleración en la vorágine del consumismo creada por la humanidad. Menos es más, dirán algunos, bueno, otros más precavidos opinan que esto se trata de una cuestión de vida o muerte.

Columna publicada en el Diario Uno.

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De la Tierra a la Luna de Paulet

Su relevancia es tanta a nivel mundial, pues sus ideas pioneras fueron el verdadero derrotero para la carrera espacial. En la actualidad, se le recuerda en los billetes de 100 soles o en un peculiar comercial de una academia militar.

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Por: Raúl Villavicencio H.

Antes de que el hombre colocara por primera vez su pie en la misteriosa, lejana y brillante Luna, hubo un inventor peruano, arequipeño él, que entre sus sueños, casi 70 años atrás, podía rozar con las yemas de sus dedos la agreste y fría superficie lunar; entre su mundo de fantasías, Pedro Paulet viajaba hacia el infinito encima de un “motor- cohete” a propulsión inventado por él. Sus sueños, con el tiempo y la ciencia, se hicieron realidad décadas después, por lo que en la actualidad se le considera como el ‘Padre de la astronáutica’.

Inspirado en el cuento ‘De la Tierra a la Luna’ (1865) de Julio Verne, el ingeniero químico, geógrafo, escritor, inventor, arquitecto, periodista characato supo colocar los primeros cimientos para los vuelos espaciales, plasmando en detallados planos todas sus invenciones para conseguir semejante proeza, sin embargo, los pocos recursos le impidieron que su “motor – cohete” alce vuelo ante el imponente Misti de su ciudad natal.

El sabio arequipeño, en 1901, mientras todo el mundo volaba con hélices y combustible sólido, había construido un “motor -cohete” de vanadio capaz de generar una presión de noventa kilos, produciendo trescientas explosiones por minuto, utilizando para ello gasolina como combustible y peróxido de nitrógeno como oxidante. Todo eso lo realizó mientras estudiaba ingeniería en la Universidad de Paris. Su “Avión Torpedo” había nacido.

Tuvieron que pasar más de 20 años para que destacados científicos europeos como el austriaco Max Valier calificara el cohete de Paulet con una “asombrosa potencia”, o Wernher von Braun le diera el justo y merecidísimo reconocimiento ante toda la comunidad científica a Paulet por haber inventado aquel motor capaz de elevar a la humanidad hasta aquella esfera luminosa que cada noche nos invitara a visitarla.

Su relevancia es tanta a nivel mundial, pues sus ideas pioneras fueron el verdadero derrotero para la carrera espacial. En la actualidad, se le recuerda en los billetes de 100 soles o en un peculiar comercial de una academia militar.

El genio falleció un 30 de enero de 1945, casi culminando la Segunda Guerra Mundial. Siempre se opuso a que su invento sea utilizado por los Nazis para fines bélicos. Sus restos se guardan en un mausoleo del Cementerio Presbítero Maestro de Lima.

Columna publicada en el Diario Uno.

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