Connect with us

Opinión

Pedro Castillo y la “izquierda macha” que puede vencer a López Aliaga

Published

on

Les presento a Pedro Castillo, a quien conocí con la ropa mojada y el rostro magullado en la plaza san Martín en 2017. Era la huelga nacional del Sutep y este profesor de primaria, de las alturas de Cajamarca, había llegado en marcha de sacrificio a Lima y lo habían recibido como reciben a todos los provincianos aquí: a punta de patadas, de golpes, chorros de agua y bombas lacrimógenas.

Pero Pedro Castillo es un “cholo de acero inoxidable” (T. Loza dixit) y no es caviar —de esos que se disfrazan de paisana o de paisano para la foto de la revista— y sabe lo que es enseñar a niños sin zapato que no tienen que comer en colegios que ni siquiera tienen muros ni techo y sentados sobre el suelo. Él mismo ha caminado sin zapatos para ir a su escuela. Así que esos malos modales del gobierno eran solo caricias para él.  

Porque Castillo ha sido rondero, de los recios, que dan y reciben chicotazos y sabe bien cómo tratar a los corruptos o a los que se portan mal en la comunidad. Pero lamentablemente es de la izquierda que no tiene plata, la que no aparece en televisión con las mejillas empolvadas, la izquierda que tiene que vender sus cuyes o sus llamas para comprarse banderolas o pancartas y alquilar una mototaxi para voz en cuello decir: “Somos Perú Libre, un partido que viene del pueblo para solucionar los problemas del pueblo”. A este profesor lo vi dormir bajo la estatua de san Martín y su caballo arrogante, sobre cartones y papel periódico y compartir los pocos panes, así sin nada, que la gente le alcanzaba. Y no se rindió cuando una parte de su dirigencia se vendió al corrupto de PPK y a su déspota ministra de educación que no quiso recibirlo en su despacho, junto a cientos o miles de profesores apaleados y humillados que habían bajado de los cerros y que no se moverían de ahí sin hablar con estas indolentes autoridades.

Ahora que ya Pedro Castillo aparece en las encuestas y pasa a Salaverry, Guzmán, Humala y Acuña, la otra “izquierda” que no está nunca en las luchas populares, quieren ningunearlo, lo “terruquean”, les dicen (los  correligionarios jotapes) que se retiren, que dejen la cancha libre, que no pasa nada con ellos. En suma, que dejen de joder. Igual que todos esos limeños acomodados y caviarones que nunca han pasado hambre ni frío y que no saben nada del Perú profundo, ahí donde no llega el estado ni la empresa privada ni mucho menos las oenegés porque los consideran “anclas” (pueblos muertos) y no “palancas” (pueblos en desarrollo).

Pero Pedro Castillo sabe perfectamente que esta situación solo puede cambiar desde la educación y así ha reunido a cientos de profesores y se puede decir que más de la mitad de su partido son docentes de escuela. Lo cual lo convierte en un partido único e inédito que, entre sus propuestas, plantean el cambio de constitución. “A partir de la nueva Constitución declararemos en emergencia la salud, educación y agricultura. No más pobres en un país rico” dicen. También plantean una emergencia en educación para llevar adelante una revolución educativa en los niveles de inicial, primaria y secundaria, e impulsar el ingreso libre a las universidades. En cuanto a salud, afirman que instalarán un hospital materno infantil en cada región y convocarán a los profesionales médicos para garantizar la salud del pueblo. Sobre la agricultura, mencionan que convocarán a expertos en el sector. “No podemos permitir que el pueblo siga en hambre y miseria”.

No, no se preocupen, esto no es parte de la franja electoral ni nadie quiere manipular tu voto. Solo queríamos que te enteres que hay un maestro, pobre, de escuela, que está postulando a la presidencia. Y que ya tiene cerca de un 5% de posibles votantes y que es, creemos, el único partido de la “izquierda macha” (Antauro dixit), la izquierda sufrida que no aparece en señal abierta y que no tiene trolls a sueldo para participar en los debates de Facebook, la única izquierda, quizás, que puede vencer al representante de la ultraderecha montana y el opus dei, el endriago Rafael López Aliaga.

Piensa peruano.

Comentarios

Opinión

Pedro Castillo, el chicote que castiga a la derecha y a la izquierda progresista

Published

on

Mientras la izquierda progresista se preocupaba por cojudeces —como el lenguaje inclusivo— y la derecha empresarial dosificaba su veneno entre las tres cepas del fujimorismo; Pedro “Speedy” Castillo corría de rincón a rincón, conquistando desde abajo —a punta de anacronismo, ira y populismo— al elector mayoritario del país. No lo empelotó la gran concentración y lo basureó la izquierda barranquina. Hoy el desconcierto cunde en los limeños que confunden el Perú con La Planicie y en los intelectuales que siguen esperando el voto de Nueva Zelanda.

El Perú parió a Pedro Castillo dos veces. Su primer nacimiento se dio en el marco de la lucha por la educación, los intríngulis del enfoque de género y la pauperización del magisterio.  Su retorno se produce en un país desangrado por la pandemia, que día a día bate el record de tener la peor gestión sanitaria, con un pueblo que descree de su clase política y de la política en general. En un país que ha hecho de la indecisión una costumbre, el voto es una veleta y se entrega de acuerdo al humor del momento. El boca a boca y el rechazo prenden más que los planes de gobierno, que nadie lee porque nadie tiene tiempo de leer. Todos los candidatos remontaron —en su momento— la ola, pero el crecimiento incontenible del profesor cajamarquino se produjo días antes de los comicios. Y llegó a las elecciones en la cresta misma de su popularidad. Ya nadie lo podía desbarrancar.

El padre de Pedro Castillo es la derecha despiadada, que lucra con la miseria de los peruanos, robando oxígeno y engordando sus arcas con la pandemia. La madre de Pedro Castillo es la izquierda hipster, enfocada en cojudeces como el lenguaje inclusivo y asuntos no prioritarios como el matrimonio igualitario y el aborto. Ya la encuesta del IEP, realizada a fines del año pasado, trazaba el sentir y las filias del pueblo peruano ad portas del bicentenario. ¿Y qué quería el pueblo peruano? Mayor intervención del estado en la economía, autoritarismo y respeto por los valores culturales tradicionales. Es decir: autoritarismo de izquierda, una izquierda conservadora. Una lectura atenta y desprejuiciada de esa encuesta hubiera diseñado, en mejor medida, la estrategia electoral de los políticos que hoy siguen desconcertados con el ascenso de Castillo. Pero los políticos tradicionales tienen los ojos puestos en su ombligo, cuando no en su pincho o su chucha: ombliguismo, alpinchismo y quechuchismo son las divisas de nuestros padres y madres de la patria.

¿Y dónde estuvo, todo este tiempo, Pedro Castillo? Decir que el profesor cajamarquino representa una novedad es mentir; encumbrar a Castillo como un purista identificado con el pueblo es hablar a medias. Y es que el profesor chotano es un zorro viejo de la política profunda, un equilibrista de la política regional, esa política que la caviarada limeña mira sobre el hombro y que hoy le patea el culo. Sin embargo, su incursión en Perú Libre —debido a la indisposición para postular del líder Vladimir Cerrón— no fue nunca un proyecto veterano, sino un recurso de último momento, para que el partido no pierda la inscripción. Castillo no es un improvisado en política de base; pero su fórmula electorera y con la cual aspira a ponerse la banda presidencial es un sancochado, un ceviche cuajado de mala manera, un tocosh que se desparrama por los bordes de la olla. Castillo y su discurso rupturista sintetizan, simplemente, los anhelos de una gran parte de los peruanos contemporáneos. Tan simple, tan arcano y tan verídico como eso.

No es menos verdad que la “Caperucita” Mendoza sintetizó mayoritariamente, allá por el lejano 2016, los anhelos del peruano profundo. Y siguió aglutinando dicho caudal en estos últimos comicios. Pero el terruqueo de la derecha, el sabotaje de los medios de prensa, el desprecio de sus enemigos y el ombliguismo de sus fanáticos impidieron que ese proyecto se concrete a cabalidad. ¿Castillo le quitó votos a Mendoza? ¿O Mendoza le regaló los boletos del pase a segunda vuelta? La respuesta tiene varias aristas, pero la desconexión entre Mendoza y el peruano de a pie se hizo sentir. Sí, la extrema derecha la terruqueó; sí, fue ignorada por los medios y sí, el progresismo liberal de derechas se cebó en su candidatura a punta de chongo y joda; pero no se puede negar que fueron sus propios fanáticos los que sabotearon su campaña. Fue su propia gente la que profundizó el abismo que la separaba del peruano de a pie. Y además, hay que decirlo claramente: el apoyo de la intelligentsia nacional a Mendoza no le endosó votos en lo absoluto. Los intelectuales, los artistas, los escritores, los académicos y politólogos no leen correctamente al Perú. Su opinión no importa. No tienen capacidad de endose. No son. No pintan. Es más: casi nadie los conoce.

Fue la misma gente de Mendoza quienes destiñeron su caperuza. Y frente a Castillo, ella se vio como la derecha de la izquierda. Con un candidato al congreso que funge como la Paisana Jacinta en versión travesti, con una candidata salida de la prensa concentrada, que vacaciona en Miami y desprecia a las universidades misias, con una candidata que ya no es virgen en política y que, por eso mismo  —con las mañas de los viejos zorros— basurea a su caudal de electores. Y con fanáticos trenzados de heroísmo, déspotas y distantes, que despreciaban a quienes no veían la superioridad moral de su candidata. Fue la misma gente de Mendoza quienes le dejaron la tierra arada a Castillo. Porque Mendoza dejó de hablar del agro y pregonó el lenguaje inclusivo, porque Mendoza mostró como una medalla el apoyo de los economistas gringos y olvidó al votante del sur profundo. Como si el voto en el Perú se decidiera en Barranco, en los yunaites o en las europas. Se dirá: pero eso es caer en dicotomías, se pueden hacer ambas cosas. Se dirá que Mendoza era la promesa de llevar a cabo reformas en varias direcciones. Y no es, necesariamente, así.

El progresismo de izquierdas debe entender que sus teorías y propuestas no le interesan a la mayoría del pueblo peruano. Que el peruano de a pie ve sus prédicas como cojudeces. Si se parte de ese punto la estrategia podría cambiar y en lugar de salir con la pata en alto, a batutear a la ciudadanía, podrían tender puentes con el electorado. Pero no, su estrategia fue confrontar, imponer y censurar. Y ajustar su argolla de superioridad moral, claro está. El progresismo liberal de izquierdas le comió el corazón a Verónika Mendoza y la alejó del peruano profundo. Castillo cosechó las flores que se deslizaban por la cesta mendocista. Cuando las flores que caen no se recogen… como decía Heraud. Y Castillo recogió y recogió bien.

Hoy el progresismo liberal de izquierda dice que el Perú se perdió a Verónika Mendoza. Y sí, en parte es cierto. Pero no es menos que verdad que fue ese mismo progresismo quien la alejó del Perú. Y es que en plena pandemia ¿A quién carajo le importa el lenguaje inclusivo? ¿Qué le importa el matrimonio igualitario a un hombre del Perú profundo? ¿Acaso el campesino, que envía a su hijo al colegio, desea escuchar las prédicas del enfoque de género?

Un hombre pasa con un pan al hombro/¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?/Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo/¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?/Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano/¿Hablar luego de Sócrates al médico?/Un cojo pasa dando el brazo a un niño/¿Voy, después, a leer a André Bretón?/Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre/¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?/ Otro busca en el fango huesos, cáscaras/¿Cómo escribir, después del infinito?/Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza/¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?/Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente/¿Hablar, después, de cuarta dimensión?/Un banquero falsea su balance/¿Con qué cara llorar en el teatro?/Un paria duerme con el pie a la espalda/¿Hablar, después, a nadie de Picasso?/Alguien va en un entierro sollozando/¿Cómo luego ingresar a la Academia?/Alguien limpia un fusil en su cocina/¿Con qué valor hablar del más allá?/Alguien pasa contando con sus dedos/¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?

Pero los progresistas liberales de izquierdas no leen a Vallejo, pues se masturban con Michael Foucault y ven los campos de Bordieu hasta en la sopa; leen a Judith Butler y siguen creyendo que Simone de Beauvoir dirigió alguna vez la Biblioteca Nacional.

Esto no es desmerecer los ideales progresistas, claro está. No se puede caer en el esquematismo de quienes se pasan a la otra acerca y creen que la tradición es canon o que el orden cultural debe seguir tal como está. Y que el machismo, el autoritarismo y el culto al caudillo son valores nacionales que se deben respetar. Pero no se puede intentar un cambio cultural con imposiciones, con censuras y considerando a todo aquel que disiente como un potencial enemigo. Los progresistas liberales —que han copado diversas instituciones del estado— han arado sus feudos en base a ideologías progresistas, con las que el pueblo nunca comulgó. De ahí las premiaciones del estado a cualquier cojudez que ostente el lenguaje inclusivo, de ahí el poco consenso a la hora de discutir el enfoque de género, de ahí el plato servido que le dejaron a la extrema derecha para que los moteje como defensores de ideologías divorciadas del pueblo. De ahí nace Porky y su ataque a los caviares. Y es que, debido al puritanismo y a la argolla del progresismo liberal, el candidato de apariencia porcina pudo blandir el cuco del progresismo como el mayor enemigo del país. Si el progresismo liberal se hubiera abierto en pleno diálogo, en lugar de encerrarse en argollas para esquilmar del estado, si hubiera escuchado los intereses de la ciudadanía; entonces Verónika Mendoza sería más. Pero el progresismo liberal jugaba sus propios intereses y eso solamente conduce a un Pedro Castillo, a una Keiko Fujimori, a un Rafael López Aliaga o Hernando De Soto.

Y Pedro Castillo es el cuco que la gran prensa ahora no quiere ver. Porque Castillo es el cuco que construyó la gran prensa concentrada, ocupada como estaba en terruquear a la “Caperucita” Mendoza. Castillo es el engendro de los periodistas que emplazaban a la caperuza con preguntas sobre Venezuela como si la Mendoza fuera contendiente de Maduro. Y fue esta misma prensa la que ayudó a diseñar un candidato que sí reivindica a Maduro, que sí quiere disolver el Tribunal Constitucional y sí está dispuesto a cerrar el parlamento, como en los mejores tiempos del chino. Porque el muñeco cobró vida propia y ahora mantiene en ascuas a los amos. Y es que detrás del muñeco está el peruano de a pie, invisible pero decisivo en disputas electorales.

Pero nada más lejos que intentar ahora un elogio a los pergaminos de Castillo. Pues Castillo será novedoso para los limeños apitucados, pero es un zorro viejo de la política nacional, con todas las taras y filias de los viejos políticos. Un político que no dudó en tranzar con el fujimorismo durante las protestas del magisterio, saliendo con la sonrisa amplia al costado del indescriptible Becerril. Un viejo zorro que ha transitado por diversas tiendas políticas y cuyas conexiones o infiltraciones, en su círculo, del ala “institucionallizada” del senderismo siembran más sombras que luces. Un viejo político que recurre a la ira y al populismo para catequizar a su electorado. Y el representante de la izquierda más anacrónica, más macha, más medieval; en suma, más peruana.

Y si Castillo es un viejo zorro de la política regional,  su propuesta electoral es una suma de improvisación y de anacronismo: Castillo cree que seguimos en la Guerra Fría. Y el más grande pergamino que se cuelga y que sus seguidores le cuelgan, es el de ser el representante de la izquierda más sufrida. Y que por ese hecho tiene el deber moral de conducir los destinos del país. Que entonces, el Perú debe ser su chacra y que toda desviación se castiga a punta de chicotazos. Porque él es campesino, porque él es rondero, porque él es maestro: porque es un peruano del Perú profundo. Y si la credencial más importante para regir los designios de nuestro país es ser un peruano sufrido, entonces que sea presidente Tongo.

Algunos progresistas liberales han comenzado un mea culpa diciendo que no vieron al elector de Castillo. Y los izquierdistas recalcitrantes ya comienzan a elogiar un andinismo esencialista. Como si ser cholo, pobre y misio le otorgara, ipso facto, las credenciales democráticas. Nos movemos rápidamente al otro extremo: pasamos de los que han hecho de lo gay y del feminismo algo sagrado, a los que hacen de lo cholo y del andinismo lo sacrosanto. Pero quienes recurren a esos ejercicios de culpa y de mala fe son los mismos que viven desconectados del pueblo, aquellos que, enclaustrados en cómodos pupitres, no conocen las peripecias del peruano. Su culpa les hace sacralizar al cholo, que conocen a través de Quijano, Nugent o Bruce. Su penitencia es divinizar al cholo, porque solamente lo reconocen por manuales. Pero quien conoce las dinámicas populares no sufre de ese tipo de neurosis y sabe que ser cholo, como ser gringo, como ser negro, como ser chino, no implica un heroísmo atávico. Quienes paternalizan lo cholo son los que se sienten lejos de las dinámicas cholas, su mala fe y su distancia les hace ser acríticos e hipócritas. Y entonces, cuando lo cholo es criticado, sacan el dedo acusador del ¡clasismo, clasismo! para disimular su desconocimiento de las dinámicas peruanas. Según ellos, lo cholo es una categoría sagrada. Es más fácil, entonces, decir que Castillo es un fascista de izquierdas, o un autoritario de izquierdas, que decir que el grueso del electorado que votó por Castillo tiene el germen y el combustible del pensamiento autoritario. Porque Castillo no se representa a él mismo, sino al peruano de a pie, aquél peruano sobre el que trabajó, a medias y en vano, el caviarismo y al que despreció la derecha durante tantos años.

Y ahora se tiene que elegir entre la hija de un mafioso dictador y un autoritario de sinuosa carrera política —y representante del esencialismo andinista— que tranzó con la bancada del mafioso dictador. Entre el plomo y el chicote; entre la coca y la hoja de coca; entre “la letra con sangre entra” y el “nosotros matamos menos”. Entre la yakuza y los herederos de Benel; entre la derecha autoritaria y la izquierda intransigente. Entre la china hipócrita, que se calza un chullo para verse como peruana y el cholo, que dice representar – solamente él – al verdadero peruano.

Comentarios
Continue Reading

Opinión

Prensa y poder en el Perú

Published

on

Con honrosas excepciones, una de las cuales son diarios que ejercen con eficacia un periodismo independiente y objetivo, el panorama de la prensa nacional está signado por la manipulación de la información y la desinformación.

En el Perú, la mayoría de empresarios periodísticos utilizan su poder para dictaminar qué enfoque deben tener las informaciones, cuáles serán omitidas o manipuladas, qué campañas periodísticas hay que hacer para favorecer o desprestigiar a alguna persona o algún sector de la sociedad.

En mi reciente artículo “’Ciudadano Kane’: una metáfora de la prensa y el poder en el Perú”, sostuve que: “El personaje de la película [Citizen Kane, 1941], también usa su cadena de periódicos para influenciar en los electores de su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos. Lo vemos ahora en el Perú, donde grandes grupos que manejan periódicos y canales de radio, televisión e internet, colocan a sus candidatos preferidos e intentan hundir a los que no son de su entorno”.

Esta es una práctica muy presente en medios de comunicación, especialmente la prensa escrita en el Perú, ligada a la desinformación y la manipulación de la información, donde los empresarios deciden qué se publica y qué no se publica en un periódico, de acuerdo a sus intereses personales, olvidando inclusive que un medio de comunicación tiene el deber de informar con veracidad, objetividad e imparcialidad, y que su principal destinatario, el público (los lectores) tienen el derecho a leer noticias y opiniones veraces, trascendentes.

Aunque los medios de comunicación surgieron a partir del idealismo y del servicio social, de querer hacer las cosas bien, de luchar por el progreso de su comunidad, pero en el ascenso vertiginoso de la popularidad esta inicial pureza se va trastocando y evoluciona gradualmente en una implacable búsqueda de poder.

Por ejemplo, el grupo editorial más grande del Perú manejado por una familia, nace a fines del siglo XIX con el ideal de hacer un periodismo al servicio del país, ahora controla más de la mitad de los medios de comunicación, y entre ellos maneja periódicos de corte sensacionalista, que exaltan en sus primeras planas hechos delincuenciales o, en otros casos, dan cobertura excesiva a la vida privada y romances de farándula, ventilando los trapos sucios de ciertos personajes intrascendentes de la televisión. ¿A quién le importa esto?

En cuanto al llamado “derecho de la información”, la libertad de expresión y el derecho de expresión, no son sino caras de la misma moneda del “deber de informar”. Yo tengo el derecho de informar, pero antes tengo el deber de formarme en los rectos principios éticos y en aprender todas las técnicas que me permitan desempeñar bien mi deber, según lo ha explicado el Dr. José María Desantes Guanter y la Dra. Marisa Aguirre Nieto, estudiosos del Derecho de la Información.

En este contexto actual de crisis global, debemos señalar que el estado de la economía peruana representa una desventaja para el próximo gobierno electo, después de haber soportado el embate de una pandemia que hizo caer el PBI un 11,12% y que lanzó a dos millones de habitantes al desempleo en 2020.

La Conferencia Episcopal Peruana, literalmente “Conferencia de los Obispos del Perú” ante todo recuerdan que “en el último lustro, la democracia peruana ha sido seriamente afectada por haber tenido cuatro presidentes y dos congresos distintos”, lo que no ha permitido que el país “camine hacia el desarrollo integral” y la consolidación de su institucionalidad democrática, ni tampoco “hacer frente eficazmente a la pandemia que está causando mucho sufrimiento en nuestra población”.

A lo largo de los años el periodismo ha fluctuado entre el compromiso, la indiferencia y la parcialización respecto de los fenómenos sociales. En la actualidad hagamos de los medios de comunicación una herramienta ética para anunciar el Perú actual.

(*) Escritor, poeta, editor y sociólogo. Presidente del Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y director de Editorial Río Negro.

Comentarios
Continue Reading

Opinión

La corrupción no quiere dejar el poder

Published

on

Durante el primer gobierno de Alan García en 1985, el Perú entró en un trance que le ha generado pesadillas, insomnios, gases y una intoxicación iniciada por el dólar MUC. Luego llegó el fujimorismo con el lema: “Honradez, tecnología y trabajo”, y nos jodimos casi todos. La dictadura generó un sistema de corrupción donde solo algunas familias de “buen apellido”, dueños de medios de comunicación y empresarios, acumularon inmensas riquezas a costa de la tragedia de un país.

Hoy, muchos de aquellos beneficiados se han lavado la cara, pero sobre sus hojas de vida ha quedado marcado su servicio al fujimorismo a cambio de montañas de dólares bien apilados sobre la mesita del SIN. Los jóvenes de hoy no los conocen porque esos personajes se han reciclado y cada vez que pueden se sacuden del fujimorismo y lo atacan para crear distancia del plato del cual se alimentaron.

Después de la caída de la dictadura de Alberto Fujimori, llegó Valentín Paniagua, y todos creímos que habíamos recuperado la “democracia”. Era el año 2001 y las nuevas elecciones pusieron como presidente a Alejandro Toledo. El gobierno toledista solo se dedicó a arar el terreno para las llamadas ONG’s y desde ese momento el Perú cayó en manos de una nueva dictadura. Hablo de la dictadura caviar, personajes que aprendieron a vivir sin trabajar. Zánganos que con el tiempo han creado movimientos políticos y han jugado en pared con vientres de alquiler, con una única finalidad de continuar viviendo sin trabajar. Una forma que se ha vuelto común para robarle al Estado.

De los cuatro presidentes mencionados hasta aquí, tres fueron elegidos por voto popular. Los tres: García, Fujimori y Toledo fueron denunciados por corrupción. De los tres, el primero se suicidó, el segundo sigue preso y el tercero, vive la vida loca en los Estados Unidos riéndose de la extradición y la justicia peruana, con los millones de dólares que le robó al Perú.

Sorprendentemente Alan García volvió a convertirse en presidente en el año 2006. En ese periodo la zona de confort de los caviares fue golpeada. Muchos de ellos quedaron fuera del poder, y se arroparon bajo el techo de sus llamadas ONG´s, pero con Ollanta Humala en el 2011, regresaron para quedarse. La corrupción no está en la derecha ni en la izquierda, mucho menos en los colores que las identifican. La corrupción está en la sangre de esos personajes que durante más de 30 años siguen dando vuelta como gallinazos sobre el poder. Todos los conocemos, son las mismas caras que salen en los diarios, los mismos rostros que aparecen en los televisores y los mismos candidatos que saltan como pulgas de partido en partido para instalarse a chupar la sangre del Estado, sangre que es el dinero generado por el sudor de los peruanos que sí trabajan y se fajan por su familia y por su país.

Los caviares son fáciles de detectar, les encanta la cháchara y al terminar la universidad levantan el teléfono para llamar al amigo, al tío o algún conocido para ingresar a desfalcar más al Estado. El caviar no ingresa a trabajar por sus capacidades, sino por la dedocracia. Todos hablan un mismo idioma y usan la pornomiseria como símbolo social.

Luego llegó el 2016 y a Palacio ingresó PPK, un nuevo inquilino que tomó el poder apoyado por la izquierda, los caviares y el voto antikeiko. El gobierno del presidente de lujo —bautizado así por los caviares— solo duró 20 meses. Una nueva denuncia de corrupción dinamitó su gobierno y PPK tuvo que renunciar.  El vicepresidente y exministro de Transporte que fue sacado del país por el escándalo del proyecto del Aeropuerto Chinchero, tuvo que regresar al Perú y dejar su puesto de embajador en Canadá, mientras en Lima los caviares salivaban y se frotaban las manos.

Hasta aquí, el destino no fue diferente para Ollanta Humala, PPK y Martín Vizcarra. Los tres cargan sobre sus hombros denuncias de corrupción, dos de ellos: Humala y PPK pisaron la cárcel y el tercero está muy cerca también de hacerlo. Mientras PPK sigue con arresto domiciliario, Humala y Vizcarra quieren seguir siendo parte del círculo vicioso y descaradamente son candidatos en estas elecciones, uno para la Presidencia y el otro para el Congreso.

Tras varios días agitados en el Congreso de la República, el expresidente Martín Vizcarra terminó vacado por incapacidad moral, el hedor de la corrupción otra vez sacó de Palacio al inquilino traidor. Esto llevó al expresidente del Congreso, Manuel Merino de Lama a convertirse en Presidente del Perú, tal como lo indica nuestra Constitución. Pero Merino solo duró cinco días como presidente. Aquí la dictadura caviar apareció en su mejor forma: vociferando “golpe de Estado”, se inventaron desaparecidos y convulsionaron las calles sin importarle la vida de miles de jóvenes. Los caviares no quisieron dejar el poder y no les importó que se derramara la sangre de dos jóvenes para mantenerse vigentes. ¿Y qué nos dejaron? Un remedo de presidente transitorio al cual hoy miran con gesto de asco y al que niegan hasta ponerse morados.

La dictadura nunca se acabó, solo mutó a algo más peligroso que ha llevado al Perú a convertirse en la vergüenza del mundo, siendo el país con el peor manejo de la pandemia. A pesar de todo, no tienen sangre en la cara, y hoy estos personajes que se siguen aprovechando del dinero del Estado te quieren decir por quién votar. Además, estos zánganos hoy salen a decir que la democracia está en peligro. Son unos sinvergüenzas. No seas inocente frente a sus discursos: piensa.

Comentarios
Continue Reading

Opinión

Encuestas truchas siguen confundiendo a los peruanos

Published

on

Se desató la guerra de los troles. Como hace veinte años, las encuestadoras, que se vendieron ante los poderes fácticos, siguen desubicando a los ciudadanos. Las portátiles de ayer son los troles de hoy, y están en su ambiente: los porkylovers siguen tirando mierda con ventilador; los verolovers serranean a los troles de Castillo, que se autoproclaman – con bombo – la izquierda más sufrida. Los morados intentar levantan el cuco de la catástrofe nuclear; mientras los sotolovers intentan maquillar las declaraciones de su jefe. Desde su guarida, la china ríe y ríe bien.

En el Perú nada cambia. Las mismas encuestadoras, de hace veinte años, marcan el ritmo electoral. Y hay quienes les creen. En tiempos de restricciones sociales, los troles arman su festín con los resultados truchos que se deslizan por las redes. Las encuestas, con su falaz manto de secretismo, proliferan oportunamente tratando de direccionar el voto del pueblo.

Desde todas las tiendas políticas, los troles usan y desechan los resultados de las encuestadoras, según les convenga. Están también los que —oportunamente— cambian el marco de su foto de Facebook para aconchabarse con la collera del candidato de turno: analistas, politólogos, constitucionalistas y opinólogos rastreros que luego reciben una patada.

Los porkylovers siguen con la táctica de disparar ignominia y soltar el cuco de un posible saboteo, si no gana su rey Porky; los verolovers, los mismos del todos y todas,  basurean y serranean a la izquierda pobre, que no es parte de su argolla. Los troles de Castillo se emocionan con su inflada en las preferencias del electorado y juegan la carta de ser los más anacrónicos, los más peruanos. Los morados ya despintaron hace tiempo, pero todavía creen que tienen el derecho de batutear a la población.

Mientras tanto los fujis esperan serenos y calmados jugando la carta del estadista. Y el grueso del electorado que ya no cree en los candidatos, que ya no cree en los partidos políticos, que ya no cree en este sistema demuestra cuál es su preferencia en las encuestas: no sabe, no opina. Y es que con esta democracia, con estos candidatos, con este sistema de partidos el voto es simplemente una anuencia para que, otra vez, venga un cojudo a mecernos cinco años más.

Comentarios
Continue Reading

Opinión

Génesis 1:1,2: “Y en el principio, Hernando de Soto creó los cielos y la tierra”

Published

on

Le ganó el egocentrismo. En el debate de ayer, uno de los candidatos más esperados era el economista Hernando de Soto; sin embargo, su alocución dejó un enorme sinsabor: no llegó a completar sus propuestas, manejó mal el timing y ocupó gran parte del tiempo hablando de sí mismo. Un poco más y dice que él fundó el Perú.

Hernando de Soto ha experimentado una subida en las últimas encuestas; desde los últimos días es posicionado como uno de los candidatos que pasaría a la segunda vuelta. Este economista octogenario, que ha asesorado a distintos gobiernos y organismos internacionales, es percibido por un sector de la población como alguien serio y capaz de reflotar la alicaída economía en tiempos de pandemia. Por eso, su alocución en el debate, generaba gran expectativa entre sus electores y los indecisos. Sin embargo, el candidato del trencito se quedó a medio camino: no pudo concretar sus planteamientos y se trenzó en una absurda competencia con el candidato Humala, que estaba a gran distancia suya, según los sondeos.

La abrupta salida de José Vega del debate, le dejó la cancha libre a De Soto para exponer sus propuestas sin cortapisas, pero tampoco eso pudo aprovechar: debatió contra él mismo y perdió. Se enfrascó en dar vueltas en torno a sí mismo, a lo que había hecho y a los “grandes beneficios” que sus teorías trajeron a nuestro país. De Soto, según De Soto, había participado en todos los momentos álgidos que vivió el Perú y en cada oportunidad había sido el salvador. Y por si eso no fuera poco citó, en una confusa intervención, a Abimael Guzmán, dando a entender que el cabecilla terrorista lo reconocía como su enemigo. La impresión que dejó es la de un político que perdió el tiempo ufanándose de sus logros (existentes e inexistentes) y no la de un estadista que propone soluciones concretas para el país. Su intervención en el debate fue una caricatura en toda forma.

Dice, el economista De Soto, que él no conoce las minucias del país; sino los términos macro. No sabe cuánto cuesta el pan, no conoce las incertidumbres de los ciudadanos, no sabe cuánto cuesta un pasaje y confunde la ONPE con la ONP. Su conocimiento del hombre popular se ha quedado estancado en la década de los 80s, en los tiempos del IDL, cuando invitaba al Perú a Friedrich Von Hayek y fantaseaba diciendo que detrás de cada ambulante se escondía un capitalista en ciernes.

Se ufana De Soto, diciendo que es un gerente en lo macroeconómico: si él había creado tanta riqueza y había solucionado todas y cada una de las peripecias por las que pasó nuestro país ¿Por qué la economía se encuentra en estas condiciones? ¿Dónde estuvo De Soto en los últimos veinte años? De Soto le habló al pueblo desde las alturas y casi se proclama el fundador de estos lares, pero entró en la espiral del ridículo: el pueblo no lo entendió. Al parecer el único que lo tiene en un nivel etéreo es el excéntrico Chibolín: es su hermano superior.

Comentarios
Continue Reading

Opinión

Porky “pecha” al JNE y exige condiciones para debatir: “Al tribunal de ética lo boto a la basura”

Published

on

Muestra su intransigencia. Rafael López Aliaga mantiene en vilo su participación en el debate organizado por el JNE. Ha enviado un documento al organismo electoral criticando el formato del evento y pidiendo  el reemplazo de Mónica Delta y Pedro Tenorio; acusa a la primera de insultarlo por escrito y al segundo de trabajar para Odebretch. “Son 60 minutos para que todo el mundo insulte” añadió el “educado y calmo” “Porky”, con referencia al debate.

“Porky” Aliaga es el hombre de las mil caras. Durante la mayor parte de su campaña se ha hecho conocido por ofender, insultar y mancillar a sus adversarios políticos y a todo aquel que no esté alineado con sus ideas; sin embargo —dándosela de estadista— no desea debatir en el evento organizado por el JNE, porque dizque se insulta mucho. La pregunta que cae de madura es: ¿No es, acaso, López Aliaga uno de los candidatos que más ha insultado en la campaña? ¿Tiene temor de ser confrontado en sus propios términos? ¿O cree, que solamente él, tiene el derecho de mancillar a sus adversarios políticos?

Los argumentos para no participar en el debate son risibles. Según “Porky” el formato se presta a insultos y acusa a los moderadores Mónica Delta y Pedro Tenorio  de “insultarlo por escrito” a la primera y de trabajar para Odebretch al segundo. Es una muestra de humor involuntario que “Porky” se queja del formato porque promueve los insultos, cuando su campaña electoral se ha construido en base al insulto a sus adversarios y a la ramplonería. “Porky” ha calado en un sector del electorado por su uso ilimitado del ataque y la ofensa. ¿Ahora se las quiere dar de político?

Es disparatado, además, que considere la columna de Mónica Delta un insulto, cuando es una simple crítica. ¿Cree “Porky” que las opiniones contrarias a las suyas son un insulto Por otro lado, considera que Pedro Tenorio no debería estar en el debate por haber contratado con Odebretch. Si tan inmaculado y exquisito es “Porky” ¿Por qué tiene de abogado a un investigado por sus vínculos con Odebretch? ¿O le ofende Odebretch en algunos casos y en otros no? Resulta disparatado el argumento de pureza esgrimido por “Porky”  si es que se toma en cuenta que estos dos moderadores son simplemente eso, moderadores. Las razones para no asistir al debate no son las que refiere “Porky”: ni los pretendidos insultos ni la presencia de los moderadores. La razón es más sencilla: “Porky” no quiere verse confrontado.

Sin embargo, a los seguidores de “Porky” parece no importarles en lo más mínimo estas actitudes de su candidato. Los argumentos que desvelan la naturaleza del proyecto político del candidato celeste parecen no hacer mella en el entusiasmo de sus electores. No hay que negar que “Porky” ha conectado con un sector del electorado hablándole en sus propios términos, pero eso constituye antes que una identificación con los sectores populares, un aprovechamiento de su parte. No se puede negar tampoco la gran concentración de la llamada prensa “mermelera”. Es cierto que los grandes conglomerados de la prensa juegan su propio partido político y es cierto que las coberturas van direccionadas, pero eso no implica que López Aliaga es el único que puede combatir esto. Creer eso es una ingenuidad terrible o una ignorancia.

Mientras tanto “Porky” permanece tranquilo y anuncia que el mismo día del debate comunicará si participa o no. Su electorado vibra y los muñecos de apariencia porcina se replican como las nuevas cepas del coronavirus. Y es que hay quienes creen que los chanchos vuelan.

Comentarios
Continue Reading

Opinión

Daniel “Jajaja” Olivares sería ministro de Cultura en un posible gobierno de Julio Guzmán

Published

on

En un eventual gobierno de Julio Guzmán, Daniel Olivares podría ser el ministro de Cultura; así lo afirmó el candidato morado en el programa Más vale tarde ¿En qué pretende convertir, el señor Guzmán, al Ministerio de Cultura? ¿En un lugar de esparcimiento?

Julio Guzmán está colero en las encuestas y ya no levanta ni con viagra. A pesar de eso, sus asesores y publicistas no logran que conecte con la ciudadanía. De su entrevista con el programa “Sálvese quien pueda”, se puede colegir que su visión de país derrapa una vez más: propone, que en su posible gobierno, tendrá a Daniel Olivares como ministro de Cultura y a la exquisita Susel Paredes como ministra del Interior. ¿En qué piensa el señor Guzmán? ¿Cuáles son las credenciales del señor Olivares para ocupar tan importante cartera? ¿Y la señora Paredes qué experiencia tiene para ocupar la cartera del interior? ¿Decomisar huevitos de codorniz le da el aval para dirigir tan pesada cartera?

A Guzmán le gana la argolla; en lugar de convocar a cuadros expertos y capaces para posicionarse en puestos clave del gobierno, quiere ofrecer al pueblo peruano a dos de sus íntimos, para dirigir estos dos sectores importantes del país. Parece que Guzmán olvida que el desastroso diálogo que mantuvo con su compadre Olivares, meses atrás, no fue bien visto por la ciudadanía. Porque seamos sinceros: ¿Por qué se le conoce al señor Olivares? ¿Ha propuesto alguna política decente para nuestro país? ¿O, por el contrario, es simplemente recordado por confesar que gusta de la marihuana? Y aclaremos algo: fumar marihuana no es malo. Pero no puedes ufanarte de ello —si ejerces un cargo público— más aún si, por los privilegios, el consumo de hierba nunca te ha llevado a las peripecias que pasa alguien del común por esa cochinada tan rica, como diría Melcochita.

Lo que se puede inferir es que los morados están haciendo todo al revés. O quizás viven en un mundo paralelo. Luego del desastroso spot —donde querían darle la vuelta a la faceta de “atleta” de Guzmán— intentaron sincerar sus propuestas para, según ellos, llegar a la ciudadanía. Pero el pueblo no comulga con el rollo de los morados. Hoy, en plena campaña, Guzmán se muestra aherrojado y confrontacional, estadista y técnico. Entonces ¿Por qué intentó pintarse como microbusero achorado? ¿Por qué esa payasada que —en la campaña pasada— prometió no llevar a cabo? La respuesta es clara: Guzmán quería mimetizarse con el hombre del común y no pudo. Hoy vuelve a su verdadera faceta, pero el pueblo ya lo siente como un payaso.

Se ve, entonces, que los publicistas y asesores de Guzmán no leen correctamente al pueblo. Estas declaraciones sobre los posibles titulares de los ministerios, en un gobierno suyo, van en la misma línea: desconocen el sentir popular. ¿O cree Guzmán que el Ministerio del Interior es una caseta de Serenazgo? ¿O piensa hacer un taller para armar tronchos, en el Ministerio de Cultura? Si es así que pasen la voz.

Comentarios
Continue Reading

Opinión

Verónika Mendoza es posicionada en las encuestas

Published

on

Llevaría al Perú a su peor crisis económica y cultural. La comunista pro – aborto Verónika Mendoza ocupa el tercer lugar según la última encuesta de los “caviares” del IEP.  El primer lugar lo ocupa Yohnny Lescano y en segundo lugar se ubica “Porky” Aliaga. Las fuerzas democráticas del país —fujimorismo, aprismo, porkylovers— y todo aquel que no desee ver sumido a nuestro país en un festín de corrupción e ineficiencia deben sumar esfuerzos para impedir el avance de Mendoza. El único que podría frenar esta avanzada, que destruiría nuestro país, sería Rafael López Aliaga.

El rumbo económico, cultural y político del Perú se ve amenazado una vez más: Verónica “Caperucita” Mendoza —criptocomunista— dispuesta a implementar las políticas más recalcitrantes de la U.R.S.S. se encuentra a un paso de tomar el poder. La última encuesta del IEP le otorga el tercer lugar, lo que haría posible su pase a la segunda vuelta. La pregunta que cae de madura —luego del gran crecimiento económico experimentado por todas las clases sociales del Perú en los últimos veinte años— ¿Por qué los votantes desean ver destruida la economía fiscal? ¿Por qué se desea cambiar el modelo económico, que ha sabido resistir los embates de la pandemia y ha permitido un nivel de vida adecuado para todos los peruanos? ¿Por qué destruir el marco financiero propuesto por Hernando de Soto y que tan bien supo implementar el ingeniero Fujimori? ¿Se quiere sumir al país en su primera gran crisis económica?

La comunista Mendoza —emulando a su héroe Vladimir Ilich Ulianov “Lenin”, que destruyó la Rusia idílica de los zares—  tiene la espada desenvainada y se considera presidenciable. Una de sus primeras medidas, en cuanto a burocracia financiera se refiere, sería expectorar a Julio Velarde, Rafael Rey y José Chlimper del directorio del BCRP. ¿Por qué retirar al buen Julio Velarde de la presidencia del directorio? ¿Acaso no contamos con una solidez económica en nuestro país? ¿Acaso esta solidez y esta caja fiscal no les permite a los peruanos vivir decentemente y soportar con holgura esta pandemia? Se busca retirar también a Rafael Rey, quien fue elegido miembro del directorio por sus sólidos conocimientos en materia financiera internacional ¿No es un despropósito retirar a un cuadro de lujo? Se desea también retirar a José Chlimper del directorio ¿Se olvida que fue el gran “Pepe” Chlimper quien permitió el gran crecimiento agroexportador en el sur? ¿Por qué retirar a este hombre, que elevó el nivel económico y social de los peruanos? ¿Se olvida que el impulsó las leyes que mejoraron el nivel económico del hombre del sur chico y que tanto agradecieron los agricultores bloqueando algunas carreteras meses atrás?

La abortera Mendoza propone también recuperar la soberanía sobre el gas natural, perjudicando de este modo a las grandes empresas que están usufructuando este recurso. En el colmo del descaro se ha propuesto nacionalizar el lote 31 – C. ¡Qué tal ostra! ¿Qué derecho tiene la señora Mendoza de perjudicar a los grandes conglomerados? Como ejemplo dice que en Bolivia el gas llega al 40% de familias y que en Perú se paga hasta 50 soles por el gas. ¿Qué derecho tiene la señora Mendoza, que desea modificar las condiciones económicas de los peruanos? Lamentablemente eso es el comunismo: proponer que el gas cueste 15 soles cuando el peruano promedio ya tiene presupuestado pagar 50 soles por balón de gas para contribuir y apoyar a la gran empresa.

Otro delirio de la comunista Mendoza es el impuesto a las grandes fortunas. ¿Qué derecho tiene la señora Mendoza, para quitarles el dinero a los honestos empresarios peruanos? ¿Acaso no sabe lo que cuesta hacer fortuna en el país y dar trabajo a los peruanos? ¿Acaso la señora Mendoza no puede valorar el esfuerzo que constituye formar monopolios, holdings y trust para que la economía se mantenga boyante? Lamentablemente el comunismo y el rencor de la señora Mendoza quiere hacer de los peruanos unos vagos, unos parásitos; en lugar de hacer de los peruanos eficientes trabajadores, propone un reparto justo de la riqueza. ¿Quién se cree que es, para decir qué derechos deben tener los peruanos?

Por ahora la única estrategia para detener la avanzada de la “caperucita” Mendoza es impulsar la candidatura de Pedro Castillo. Este profesor, de ideas comunistas, es el contrapeso que ha comenzado a quitarle votos a la Mendoza. La izquierda, experta en divisiones, ya ha comenzado a migrar votos hacia Castillo, de seguir esta tendencia la abortera Mendoza perdería votantes y López Aliaga se consagraría como el próximo presidente de nuestro país.

Los indecisos —que no ven en López Aliaga el verdadero cambio y el único que podría competir con Mendoza—  no pueden calibrar la importante credencial democrática y cultural que “Porky” le dará a nuestro país: podríamos convertirnos en la Brasil de Bolsonaro o en la Francia con la que Le Pen tanto sueña; los valores tradicionales, la patria y la familia se acercan con las formas de una simpática ola celeste y este proyecto se encarna en la figura de un empresario honesto y educado que —demostrando su humildad y carisma — acepta ser motejado como el bonachón cerdito “Porky”. En estos primeros años del siglo XXI —como en la vieja fábula del eterno retorno— podemos dar el salto que nos lleve a los dichosos tiempos de la Italia de inicios del siglo XX. “Porky” es la esperanza de esta evolución política.

Comentarios
Continue Reading
Advertisement

LIMA GRIS TV

LIBRERÍA

LIMA GRIS RADIO

PRNEWS

PARTNER

CONTACTO

Síguenos en Twitter


LIMA GRIS RADIO

Trending