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La esclavitud de la mente: El control mental en sus dimensiones psicológica y fisiológica

El presente artículo fue publicado en mi columna de Ssociólogos de España, en la revista digital Con nuestro Perú y difundido por el Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha. Es un documento sustentatorio y referencial para la asociación Viactec España. El pasado jueves 15 de octubre se realizó el 75º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas con la ponencia del Relator especial Contra la Tortura y otros tratos crueles y degradantes, Nils Melzer.

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“La esencia de la coerción psicológica consiste en que aquellos que actúan bajo su efecto tienen la impresión de que están actuando por iniciativa propia. La víctima de la manipulación mental no sabe que es víctima. Las rejas de su prisión le son invisibles, y cree que es libre. El hecho de que no es libre, sólo es aparente para los demás. Su esclavitud es estrictamente objetiva.”
Aldous Huxley, 1958.

“Podemos imaginarnos el desarrollo de fuentes de energía electromagnética, cuya potencia la podemos modular, formar y dirigir, además de acoplarla al cuerpo humano de una manera que nos permite la inhibición del movimiento muscular voluntario, el control de emociones y actos, la inducción de sueño, la transmisión de sugestiones, la interferencia con la memoria retentiva de corto y largo plazo, la producción de esquemas de experiencia artificiales y la erradicación de los esquemas de experiencia existentes.”
Panel de Consejeros Científicos de la Fuerza Aérea Estadounidense, 1996

Introducción

La historia, entendida como proceso histórico de trabajo o sistema de producción y reproducción humana, ha girado a lo largo de los milenios alrededor de la apropiación ajena de lo que fueron y son los frutos y el esfuerzo físico del trabajo de los demás. Este hecho, radicado en la propia división del trabajo y en la sociedad de clase, ha permanecido a través de las diferentes etapas históricas o modos de producción bajo formas variadas pero de una misma esencia, que es la sumisión de una parte de la sociedad en condición de clase explotada bajo la otra, dominante.

Aquella persona o clase social, cuyas herramientas para producir y reproducir su vida, cuya fuerza y producto de trabajo, y cuya actividad vital misma están sumisos bajo la determinación y apropiación por otro u otra clase, puede considerarse estar en condición de esclavo. Desde el “esclavo clásico”, propiedad físico-directa del amo, el siervo atado a la gleba, propiedad indirecta del terrateniente, hasta el esclavo asalariado o trabajador moderno, posesión indirecta del propietario de los medios de producción modernos, su característica común es ser una herramienta explotable, desechable y sustituible una vez agotada su vida productiva.

A lo largo del proceso de trabajo y en cada etapa de su desenvolvimiento, las respectivas clases dominantes se han visto en la necesidad de encontrar la manera más eficiente para racionalizar, justificar y legalizar las diferentes formas de esclavitud objetiva bajo la cual se han encontrado sumisos las clases explotadas, y sobre todo de obtener el “consenso” de estas últimas para que aceptasen su condición social dependiente y sumisa, bien sea por desconocimiento e ignorancia, bien sea por la interiorización psicológica y la subsiguiente afirmación mental-subjetiva de su realidad objetiva.

Aparte de la propia dinámica del proceso de trabajo, que lo ha llevado a engendrar nuevas formas de esclavitud con cada nuevo modo de producción, y nuevos mecanismos de adaptación social cada vez más refinados, el factor decisivo para la perpetuación de un sistema basado en la esclavitud objetiva, ha sido y sigue siendo el acondicionamiento subjetivo, es decir el control mental. Nada más eficaz para el sistema de trabajo en lo que concierne su conservación y perpetuación, que su auto-reproducción en la psiquis y la mente de quienes lo sustentan con su fuerza de trabajo y “el sudor de sus frentes”, es decir, con la energía de sus propias vidas. En este sentido, los trabajadores-consumidores modernos, determinados en su vida productiva por los dictámenes del mercado laboral y el sometimiento bajo largas jornadas de trabajo diario, movidos en su vida recreativa por los dictámenes del consumismo, y así conducidos en la totalidad de sus vidas por una especie de “control remoto” y lejos de reconocer y romper su determinación ajena, constituyen, sin duda y “ocultos a plena vista”, los nuevos esclavos del Siglo XXI.

Parece que la esclavización de la mente y por ende del comportamiento del ser humano en el recién comenzado siglo XXI ya ha alcanzado niveles irreversibles, a causa del control mental que actúa constantemente y sin misericordia sobre sus víctimas para evitar que éstos se rebelen contra un orden social intrínsecamente inhumano y explotador. En lo siguiente abordaremos los dos aspectos del control mental, constituido, en analogía a los dos lados de la actividad cerebral humana, por un componente psicológico y uno fisiológico. El aspecto psicológico-mental tiene que ver con la interiorización – a menudos conflictiva – de la explotación, opresión y discriminación del orden social existente, y la afirmación de sus tradiciones, normas y valores, es decir, su ideología. El aspecto fisiológico-mental tiene que ver con la manipulación tecnológica de las mentes de todos aquellos, que no han logrado adaptarse psicológicamente al actual orden social dominante, y quienes niegan y rechazan la esclavitud en todas sus formas. Con la entrada a la denominada era de las frecuencias, se ha posibilitado la manipulación directa de los procesos cerebrales en base de la tecnología electromagnética y el uso del pleno espectro de las frecuencias para tal fin.

Este último aspecto resulta particularmente preocupante ya que salta a la vista, que el grado avanzado de explotación – y sobre todo la destrucción del ya obsoleto trabajo manual-físico a través de la miseria, del hambre y de las nuevas guerras desatadas a escala planetaria – , exige un mayor y cada vez más directo grado de control mental, para evitar la formación de una conciencia y resistencia global revolucionaria-emancipatoria, que contrarrestaría el actual curso de destrucción total, y acabaría con todas formas de esclavitud y con la explotación económica, opresión política, discriminación social y alienación humana.

1. El aspecto psicológico del control mental

Llama la atención, que la abrumadora mayoría de aquellos, que integran las filas de quienes están obligados a vender su fuerza de trabajo y cuya existencia está precisamente enmarcada dentro de la determinación ajena o esclavitud objetiva, son los mismos que más decididamente defienden al sistema explotador y opresor del cual son víctima. Han plenamente interiorizado su condición dependiente, es decir, afirman que su entorno económico, financiero, jurídico, político, social y moral esté dominado por una cada vez más reducida clase social, propietaria de los medios de producción, destrucción y comunicación, y escondida detrás de un “intermediario anónimo”, que es el mercado.

La interiorización de la esclavitud objetiva y su reproducción constante en la psiquis de sus integrantes con incidencia correspondiente en su comportamiento, es condicio sine qua non para su continuidad y funcionamiento sin obstáculos. Especialmente en tiempo de crisis o declive como el que estamos viviendo actualmente, donde las consecuencias de la competencia feroz, la brutal reducción de puestos de trabajo, los cortes en gastos sociales, y el costo humano y financiero del militarismo lo llevan en sus hombros los esclavos asalariados y el ejército de reserva de trabajadores a escala mundial, el sistema depende cada vez más de un exitoso acondicionamiento mental, para que sus integrantes piensen, actúen, sienten, crean y respondan de manera confirmatoria, más nunca crítico-negativa ante los abismos del mismo.

Entre los mecanismos propiamente psicológicos, mediante los cuales se efectúa el drenaje de lo que resta de la energía vital de los esclavos asalariados, y su conversión en reacciones inofensivas para el sistema, figuran la transformación de su aburrimiento y frustración de la vida en agresión, que es convenientemente canalizada hacia el apoyo incondicional del militarismo y fascismo; un ejemplo de lo cual lo vemos actualmente en la actitud afirmativa de casi la mitad de la población estadounidense respecto a las atrocidades cometidas por las tropas norteamericanas en Irak. Otro mecanismo de adaptación psicológica lo constituye la desviación de cualquier inconformismo hacia esquemas de consumo, sobre todo en las “sociedades opulentas”, o hacia el reforzamiento de valores religiosos, que retro-alimentan la esclavitud objetiva por fomentar caracteres adaptados, sumisos, devotos y creyentes ante las autoridades superiores y el orden social y económico existente. Si bien y en cierto grado fomentado por factores externos, estos mecanismos psicológicos de desviación son, en gran parte, producto de la propia incapacidad de aquellos, que forman los integrantes de la esclavitud objetiva, de ser libres. Su miedo a la libertad1 es, además, cuidadosamente cultivado por la educación, las tradiciones, normas y valores vigentes, y hoy más que nunca fomentado por el acondicionamiento mental de los grandes medios de comunicación de alcance global, que proporcionan una percepción selectiva de la realidad, bien estudiada desde el punto de vista del impacto psicológico que intenta causar en sus lectores.

La manipulación constante de las mentes de miles de millones de personas, expuestas a un sinfín de noticias, impresiones, realidades y ficciones por la televisión, la prensa, la radio y el cine – todos convergentes en un sólo aparato de propaganda, que se ha dado a la tarea de sistemáticamente borrar los límites entre la realidad real y la realidad virtual -, 2 dificulta en extremo cualquier esfuerzo de pensar y actuar autónomamente, y actúa en función de la total e irreversible homogeneidad mental de la audiencia.

Entre los métodos de semejante acondicionamiento mental destaca el fraccionamiento del pensar, efectuado mediante la sobrecarga de “información” y el bombardeo de “noticias” durante las 24 horas del día, aparentemente no relacionadas entre sí, pero todas portadoras del mismo mensaje sublime. Al convertir la “información” en un bien de consumo masivo y efímero, se logra la destrucción de las facultades de memorizar y contextualizar y por ende la capacidad de razonamiento y formación de juicio propio. La audiencia – en su vasta mayoría esclavos asalariados, dependientes de la venta de su fuerza de trabajo y sometidos al yugo de la explotación -, por no tener ni tiempo ni energía para críticamente reflexionar sobre las “noticias” consumidas diariamente, se convierte en mero receptor y reflector de la “información” recibida, tragando sin reserva sus mensajes subyacentes y sometiéndose de tal forma al acondicionamiento mental, es decir, recibe un estímulo y responde de una manera calculada por terceros.

Otro de los métodos del control mental en su dimensión psicológica es el empleo bien calculado del miedo en combinación con el fomento de la ignorancia, en una fórmula, que intenta sembrar el caos para poder cosechar la reacción del sentimiento de pánico e inseguridad de la población, ofreciendo “soluciones” prefabricadas a la medida de la élite gobernante y agradecidamente aceptadas por los gobernados, aún cuando contengan medidas abiertas de represión y restricción.3 El control mental de la población en general, en casi todas partes del mundo y afectando a billones de seres humanos, trabajadores y consumidores que conforman el universo de esclavos ocultos a plena vista, se ha ido perfeccionando en la medida que sus víctimas tienen la convicción de pensar y actuar a propia cuenta, sin enterarse jamás de sus cadenas de esclavitud objetiva y subjetiva.

Sin embargo, hay quienes escapan el control y la manipulación psicológica, por lo que el asunto clave para los que controlan no es, a cuantas millones de personas se les pueda manipular la mente con éxito, sino a cuantas personas efectivamente no se les puede manipular la mente, y cuáles son los métodos alternativos para controlarlos.

2. El aspecto fisiológico del control mental

Por lo general, se tiende a relacionar el aspecto fisiológico de la manipulación mental con las enfermedades psíquicas y su tratamiento con psicofármacos, que alteran la estructura química del cerebro y pueden cambiar el estado de ánimo. Aún cuando esto es una contundente realidad que afecta a una gran parte de la población sobre todo en los EE.UU. y Europa, donde millones de personas sufren depresiones y están bajo tratamiento con psicofármacos, es decir, manipulación mental prescrita,4 queremos dirigir la atención a otro tipo de control mental que se efectúa en base y a través de ondas electromagnéticas.

El que la humanidad se encuentre, desde el punto de vista de las ciencias, en plena transición de la era de la materia hacia la era de las frecuencias, gracias a los vertiginosos avances tecnológicos, no sólo significa que hemos entrado a la era de la „información“ y comunicación instantánea global, sino y también que la tecnología moderna ha empezado a hacer uso del hecho, de que el cuerpo y cerebro humano pueden responder a ondas electromagnéticas y radioeléctricas provenientes de su entorno, y entrar en resonancia con seres vivos, con la tierra, y con aparatos y sistemas tecnológicos.

Ya al comienzo del siglo pasado, el científico de origen croata, Nikola Tesla, descubrió que la tierra posee una frecuencia electromagnética propia, hecho reconfirmado en los años 1950 por el científico alemán, W.O. Schuhmann. Schuhmann determinó, que la ionosfera -la capa exterior de la envoltura gasiforme que rodea la tierra – , y la superficie de la tierra forman un condensador esférico natural, es decir, un medio natural de almacenamiento de carga eléctrica, con una frecuencia propia en el rango debajo de los 10 hertzios. La particularidad de esta frecuencia de resonancia terrestre o Frecuencia Schuhmann es, que constituye al mismo tiempo una frecuencia de resonancia del cerebro humano.5

Si se miden las corrientes eléctricas del cerebro humano se puede constatar, que éste emite ondas electromagnéticas de una frecuencia entre 1 y 40 hertzios. La ciencia divide el espectro de frecuencias electromagnéticas del cerebro humano en cuatro ámbitos, que llevan relación con diferentes estados de conciencia: Las ondas delta (1-3 hertzios), correspondientes al sueño profundo y los estados de coma; las ondas theta (4-7 hertzios), correspondientes al sueño normal; las ondas alpha (8-12 hertzios) correspondientes al estado despierto-relajado; y las ondas beta (13-40 hertzios) correspondientes al estado plenamente despierto.6

Por medio de la mencionada frecuencia de resonancia terrestre o Frecuencia Schuhmann, cada cerebro humano se encuentra en una relación de resonancia a la tierra, por coincidir las frecuencias fundamentales del cerebro humano con las de la tierra. Este hecho posibilita la manipulación de los cerebros humanos a gran escala a través de la modulación o manipulación técnica de las ondas Schuhmann, tecnología ya existente y operable en forma de las instalaciones HAARP en Gakona, Alaska.7

Ahora bien, en la medida en que los mecanismos psicológicos de adaptación y la manipulación mental psicológica-convencional podrían resultar insuficientes para el control mental de la población en general, y específicamente frente a la cada vez más abierta brutalidad del sistema de trabajo basado en la esclavitud objetiva, que alcanza niveles alarmantes de destrucción y devastación tanto de la sociedad como de la naturaleza, se hacen indispensables nuevas formas de control y esclavitud mental. Más que 25 años atrás y de manera verdaderamente visionaria, el anterior consejero de seguridad nacional del ex-presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, entonces profesor en la Columbia University, escribió:

“Los estrategas políticos se ven en la tentación de aprovechar las investigaciones científicas sobre el cerebro y el comportamiento humano. El experto en geofísica, Gordon J.F. MacDonald – un especialista en problemas de estrategia de guerra – dice, que la inducción artificial de impulsos eléctricos, suministrados en intervalos de tiempo minuciosamente calculados, podría causar un esquema de oscilaciones de ondas electromagnéticas con elevados niveles de carga eléctrica encima de determinadas regiones de la tierra. De esta manera podría pensarse en el desarrollo de un sistema que podría inhibir considerablemente la actividad cerebral de poblaciones extensas en regiones seleccionadas, por un período de tiempo extendido. … No importa, cuán profundamente preocupante les parezca, a algunos, el pensar en utilizar el medio ambiente para manipular el comportamiento humano en pro de nuestras ventajas nacionales; lo cierto es que la tecnología que nos permite tal uso se desarrollará, muy probablemente, dentro de unas pocas décadas.” 8

Efectivamente y tal como lo predijo Brzezinski, la tecnología para la manipulación y ruptura de los procesos mentales del cerebro humano a gran escala, ha sido operable desde 1991, con la realización del antes mencionado proyecto HAARP, un experimento conjunto del Instituto Geofísico de Alaska con la Fuerza Aérea y la Marina Estadounidense, en asociación de intereses de corporaciones privadas que se desempeñan en el área de tecnología de defensa, inteligencia y tecnología espacial.9

Ya en los años setenta del siglo pasado, Brzezinski anticipó y visualizó una sociedad Orwelliana, rígidamente controlada y dirigida, vinculada con las posibilidades de supervisión y control como las brindan las nuevas tecnologías, en aquél entonces a penas emergentes. Esta sociedad sería dominada por una pequeña clase social o „élite tecnológica“, descrita por Brzezinski en las palabras siguientes:

“Más allá de las restricciones impuestas por los tradicionales valores liberales, ésta élite no hesitaría de realizar sus objetivos políticos por medio del uso de las técnicas más novedosas para manipular el comportamiento público, manteniendo la sociedad bajo estricta supervisión y control. La dinámica tecnológica y científica se alimentaría a su vez de ésta situación provechosa.” 10

Hoy, treinta años más tarde, esta élite tecnológica, sobre todo concentrada en EE.UU. y Europa, tiene todo un arsenal de tecnologías de supervisión y vigilancia, control y manipulación a su alcance, que incluye armas y tecnologías electromagnéticas, de radiofrecuencia, acústicos, ópticos y de microondas, que están destinados a causar interrupción y ruptura en el ámbito de sistemas de comunicación, y desorientación sensorial o incapacitación mental en el ámbito personal y control de masas. Lo preocupante de las tecnologías electromagnéticas es, que pueden cubrir un área grande con un sólo sistema y que constituyen armas silenciosas de difícil detección.

3. Posibilidades tecnológicas de la manipulación mental y corporal

Entre las posibilidades de la manipulación mental-fisiológica, figuran el sonido (infrasonido, ultrasonido), la luz (luz visible, luz infrarroja, luz ultravioleta), los campos magnéticos (campos parejos, campos intermitentes), los campos eléctricos intermitentes de baja frecuencia, los campos eléctricos intermitentes de alta frecuencia, la radiación con rayos X, y con rayos radioactivos.11

El cerebro humano reacciona al infrasonido12 de una frecuencia entre 7 y 8 hertzios con la emisión de las anteriormente mencionadas ondas alpha, equivalentes al sueño ligero o estado relajado-meditativo. Cuando el cerebro es artificialmente estimulado con esta frecuencia, se le inhibe el pensar consciente, y se le imposibilita el ejercicio mental más rudimentario como por ejemplo la solución de una tarea matemática simple. En otro rango de frecuencias bajo 20 hertzios, el infrasonido estimula oscilaciones fuertes de los órganos internos y sus vasos sanguíneos, como el corazón, los pulmones y el estómago, y puede llevar a la muerte por desangramiento interno, por la ruptura de los vasos sanguíneos.13

El estar expuesto al ultrasonido14 causa estados de angustia, nausea, dolor de cabeza, contracción muscular y silbido de los oídos. Relámpagos de luz emitidos en el espectro de las frecuencias de las ondas cerebrales, pueden inhibir la actividad cerebral consciente, y emitidos en intervalos rápidos, pueden causar ataques epilépticos. En un experimento realizado por científicos norteamericanos con 100 personas de pruebas, la combinación de ultrasonido con impulsos infrarrojos de una frecuencia de 15 hertzios causó silbido de los oídos o pérdida de audición y visión en 70 personas, vómito en 25 personas, y ataques epilépticos en 5 personas.15

Se distinguen dos tipos de efectos en cuanto a la manipulación físico-mental por medio de exposición a campos electromagnéticos de alta frecuencia, como las microondas, que poseen una frecuencia de 1 giga hertzio y más. Según las variaciones en su intensidad, las microondas pueden tener diferentes efectos biológicos. Microondas de alta intensidad causan el efecto térmico, que destruye las células vivas. Microondas de intensidad media, causan el efecto no-térmico, que perturba la comunicación intercelular y neuronal; el estar expuesto a las microondas de intensidad comparablemente baja por larga duración, causa “electro-estrés”, es decir, propensión a enfermedades inmunológicas y cancerígenas. Entre los efectos no-térmicos de las microondas figuran, concretamente, la alteración del ritmo cardíaco, cansancio rápido, perturbación del sueño nocturno, sudoración elevada, sensación de vértigo, nerviosidad extrema, hormigueo en brazos y piernas, perturbaciones generales del sistema nervioso vegetativo y de la función de los nervios cerebrales. La formación de ondas estacionarias dentro del cráneo a causa de determinadas frecuencias de resonancia, puede llevar a la parálisis temporal del movimiento corporal. 16

La irradiación con campos electromagnéticos intermitentes de alta frecuencia, puede causar perturbaciones en la coordinación general de los procesos de movimiento y de los sentidos, que afectan la percepción de la temperatura, la visión, el sentido del tacto y la coordinación general del cuerpo, efectos como los registrados en personas en estado de ebriedad. Las ondas electromagnéticas de alta frecuencia inciden negativamente en la comunicación de las neuronas.17 La irradiación con energía electromagnética radio frecuente de baja intensidad incide en los sistemas químicos del cerebro y reduce el comportamiento agresivo.18

Si bien los ejemplos dados oscilan entre chocantes y fantásticos, y más aún la imaginación de que existan tecnologías que efectivamente emplean ondas electromagnéticas de diferente índole y frecuencia para la manipulación e incapacitación mental y/o corporal, la existencia y el desarrollo científico de las mismas es bien conocida bajo el término eufemístico armas no-letales. Con este término se denominan “armas que pueden incapacitar, someter o alterar el comportamiento de personas sin matarlas”, aún cuando sí pueden ser letales y causar daño y minusvalía permanente.19

4. Aplicación de la tecnología de manipulación mental / corporal

Ya en el año 1992, en un artículo de un diario alemán, se ha podido leer lo siguiente sobre el desarrollo tecnológico de armas no-letales de índole electromagnético:

“Las Fuerzas Armadas Estadounidenses están desarrollando una pistola de microondas, que causa severos trastornos físicos y paro cardíaco. La pistola de microondas no es ningún invento de la ciencia ficción. Investigadores americanos piensan, que este tipo de arma puede ser empleada sobre todo en “conflictos de baja intensidad”, es decir, en guerras civiles y guerras de guerrillas. … Forma parte de las llamadas armas no-letales, objeto de investigación militar desde hace años atrás. … El arma podría causar trastornos físicos, psíquicos, perturbaciones sensoriales, desmayo, perturbación visual, nausea y otros males. De aplicarse en dispersión amplia, grandes grupos de personas pueden ser neutralizadas.” 20

En su asesoramiento de ciencia y tecnología de armas no-letales del año 2003, el Naval Studies Board observa lo siguiente:

Las armas no-letales ” … operan en tres ámbitos: Primero, en el de los objetivos anti personales, que incluye el control de masas, el incapacitar a individuos, (y) la denegación de acceso a determinadas áreas …; segundo, en el de los objetivos anti-materiales, que incluye la denegación de acceso a determinadas áreas a vehículos, naves o aviones; … y tercero, en el de los objetivos de incapacitar al adversario, que incluye la neutralización de instalaciones y sistemas … (bélicos). Las tecnologías de armamento no-letal cubren un amplio espectro, inclusive las áreas relacionadas al desarrollo de sistemas acústicos, químicos, comunicacionales, electromagnéticos y eléctricos, mecánicos (de enredamiento), tecnologías de información, aparatos ópticos, proyectiles y municiones no-penetrantes y muchos otros. El empleo de las armas no-letales en conjunto combinado con la guerra psicológica, la guerra de información y/o guerra electrónica, podría resultar especialmente efectivo.” 21

Lo que se presenta como un conjunto de medidas y sistemas tecnológicos para el empleo militar en situaciones de combate de guerra, específicamente la manipulación e incapacitación temporal o permanente de la mente y del comportamiento humano del adversario con sistemas „no-letales“, está, en realidad, diseñado y planificado para el uso en el más amplio espectro posible, inclusive doméstico. Esto quiere decir, que lo que algunos llaman la tecnología de control político22 está destinada a ser empleada en contra de la propia población civil con fines de controlar cualquier tipo de expresión y manifestación crítica o disidente, cualquier oposición política seria, o una posible resistencia o desobediencia civil en situaciones domésticas extremas.

Considerada una tecnología de doble uso con un potencial prometedor, ya en 1994, un borrador emitido por el director de planificación política del Departamento de Defensa, Christopher Lamb, propuso la integración de las tecnologías no-letales de uso militar al ámbito civil, propuesta según la cual las armas no-letales se llegarían a emplear explícitamente en contra de los adversarios domésticos del gobierno estadounidense de turno:23

“El término ‚adversario’ lo hemos utilizado en su sentido más amplio, incluyendo a todos aquellos que no constituyen enemigos declarados, pero quienes están dedicados a actividades que nosotros queremos frenar. Esta política no excluye el empleo, legalmente autorizado, de las armas no-letales por parte de las fuerzas militares estadounidenses en refuerzo de la ley civil.” 24

Dos años más tarde, en 1996, en palabras realmente entusiásticas, el panel de consejeros de la Fuerza Aérea estadounidense dibujó las posibilidades de terror y control mental sobre quienquiera sea declarado adversario, bien sea a nivel doméstico, bien sea a nivel exterior, en las palabras siguientes:

“Podemos imaginarnos el desarrollo de fuentes de energía electromagnética, cuya potencia la podemos modular, formar y dirigir, además de acoplarla al cuerpo humano de una manera que nos permite la inhibición del movimiento muscular voluntario, el control de emociones y actos, la inducción de sueño, la transmisión de sugestiones, la interferencia con la memoria retentiva de corto y largo plazo, la producción de esquemas de experiencia artificiales y la erradicación de los esquemas de experiencia existentes.” 25

En relación a las aplicaciones específicas de semejante tecnología de intrusión, que viola una esfera tan exclusivamente privada como lo es el propio cuerpo y cerebro, el panel visualiza el siguiente escenario concreto:

“Nos parece igualmente posible crear voces de alta calidad y precisión dentro del cuerpo humano, lo que amplía las posibilidades de sugestión y control psicológico oculto. Si un impulso microonda de alto poder en el rango giga hertzio choca con el cuerpo humano, ocurre una perturbación de temperatura muy pequeña, asociada con una expansión súbita del tejido levemente calentado. Esta expansión es lo suficientemente rápido para poder producir una onda acústica. Si se emplea una corriente intermitente de impulsos, debería ser posible crear un campo acústico interno en el rango entre los 5 y 15 kilo hertzios, que es audible. Por ende, podría ser perfectamente posible de „hablarles“ a nuestros adversarios selectos de una manera que sería muy perturbador para ellos.” 26

Conclusión

Aunado a los mecanismos psicológicos de adaptación social y los métodos convencionales de manipulación mental psicológica, que actúan a favor de la perpetuación de la esclavitud objetiva y subjetiva de la vasta mayoría de la población mundial que vende su fuerza de trabajo para subsistir, las nuevas tecnologías electromagnéticas de intrusión al cuerpo y cerebro humano le añaden una dimensión aterradora a la esclavización de la mente.

Frente a las tecnologías de control mental, especialmente para todos aquellos que han podido escapar hasta cierto grado la manipulación mental generalizada, que han logrado mantener un mínimo de autonomía en su razonar y actuar, que han preservado su actitud crítica y su sentido de rebeldía y negación en relación a un sistema violador de la dignidad e integridad humana, el concepto libertad – opuesto a el de la esclavitud – adquiere un significado nunca antes imaginado.

Pensar o “ser pensado“, actuar o “ser actuado“, vivir o “ser vivido“ – esto es la cuestión.

1 Uno de los exponentes del Freudomarxismo, Erich Fromm, en su conocida obra Miedo a la Libertad, distingue tres principales mecanismos de evasión de índole psicológico, que impiden que el individuo moderno reconozca y rompa las cadenas de su esclavitud objetiva, esto es, el autoritarismo, la destructividad y la conformidad automática, que actúan en función de evadir una vida en libertad positiva, activa, responsable y autodeterminada, tan urgentemente requerida para poder construir una sociedad verdaderamente humana y emancipada.

2 Dos ejemplos actuales son la ya notoria (y continua) manipulación mediática en torno a los acontecimientos políticos de la historia reciente Venezolana, y los “reportajes“ de los grandes medios de comunicación global sobre la continua guerra estadounidense en Irak, específicamente el genocidio cometido contra la población de Fallujah, que es ocultado detrás de la mentira del combate del “terrorismo islamista-extremista“ y presentado en pantalla al estilo video-juego o “televisión real“ (reality TV).

3 El ejemplo más destacado es el 11de Septiembre de 2001 o “evento catalizador“ tan urgentemente requerido por el nefasto gobierno estadounidense en concordancia con las élites propietarias de las grandes corporaciones, para llevar a cabo sus planes militaristas de dominación mundial, tal como minuciosamente elaborado por el Proyecto para un nuevo Siglo Americano. (Véase Jutta Schmitt, El “Proyecto para un Nuevo Siglo Americano” y sus Incidencias en América Latina, http://www.franz-lee.org/files/pnac.htm)


4 Una cantidad cada vez más grande de escolares en EE.UU. y Europa es sometida, forzosamente, al tratamiento con psicofármacos a causa de supuestos “desordenes“ de comportamiento y aprendizaje, o porque “padece“ de “atención deficitaria“ o del “síndrome hiperactivo“, con lo cual la población escolar constituye un universo de conejillos de india para las compañías farmacéuticas y para los experimentos de control mental y de comportamiento de la juventud. Sobre los efectos nefastos de estos experimentos, como lo son los conocidos casos de matanzas de compañeros de clase y de maestros por alumnos en diferentes escuelas estadounidenses, véase 
http://www.prozactruth.com/childrenkilling.htm


5 Véase Jutta Schmitt, El Medio Ambiente como Arma de Destrucción Masiva: Tecnología de Modificación Ambiental y Guerra Geofísica; pág. 10; 
http://www.franz-lee.org/files/medio_ambiente.html


6 Véase 
http://www.bunkahle.com/Aktuelles/Astromedizin/Tempelhof/gamma.htm

7 HAARP; High-Frequency Active Auroral Research Program (“Programa activo de investigación de auroras de alta frecuencia); un “calentador ionosférico“, que consiste en un gigantesco campo de 180 antenas transmisoras de alto poder, que envían energía radioeléctrica de alta frecuencia hacia partes previamente seleccionadas de la ionosfera, la cual la refleja en forma de ondas electromagnéticas de baja frecuencia que penetran cualquier cosa viva o muerta, y la superficie terrestre. Véase Jutta Schmitt, El Medio Ambiente como Arma de Destrucción Masiva, op. cit., págs. 8-10

8 Citado en: Nick Begich / J. Manning, HAARP- Vandalism in the Sky?, http://www.whale.to/b/haarp1.html

9 Jutta Schmitt, op. cit. pág. 8

10 Citado en Nick Begich, op. cit.

11 Véase Günther Wahl, Waffentechnische Kuriositäten (“Curiosidades en tecnología de armas“), Journal-Verlag Schwend, Schwäbisch Hall 1990, citado en: http://www.totalitaer.de/waffentechkurio.htm; revisado 14/11/04.

12 Sonido con una frecuencia debajo de los 20 hertzios (=20 oscilaciones por segundo).

13 Günther Wahl, op. cit.

14 Sonido con una frecuencia superior a los 20 kilo hertzios. Para una breve descripción de la tecnología acústica de incapacitación temporal, véase: Gary Eastwood, Perfect Sound from Thin Air, New Scientist, Sept. 7, 1996; http://www.datafilter.com/mc/newScientistAcousticalHeterodyning.html; revisado 15/11/04

15 Günther Wahl, op. cit.

16 ibidem.

17 Günther Wahl, op. cit. – Conste de paso, que la ciencia médica presume, que existe una relación directa entre las nuevas enfermedades que padecen los habitantes de los países altamente industrializados y la creciente polución electromagnética, conocida como “electro-smog”, que se ha intensificada a partir de la instalación masiva de redes de telefonía digital en los años 90. Paralelamente a la acelerada “electrificación” de la vida, ha aumentado la cantidad de enfermedades de civilización como la anemia, alergias, depresiones, perturbaciones del ritmo cardíaco, migraña, cansancio crónico, reumatismo, enfermedades neurológicas, trastornos circulatorios, ataques de vértigo, debilitamiento del sistema inmunológico, trastornos del ritmo biológico, y cáncer. Véase http://www.t0.or.at/~oliver/e-smog.htm.

18 Allen H.Frey, Jack Spector, Exposure to RF Electromagnetic Energy Decreases Aggressive Behavior; in: Aggressive Behavior, vol. 12, pp 285- 291; citado en: http://www.totalitaer.de/aggressiveb.htm


19 Véase 
http://www.datafilter.com/mc/nonlethalWeapons.html; sitio web que ofrece toda una serie de documentos actuales que tratan sobre cuestiones tecnologías y jurídicas concernientes a las armas “no-letales”.


20 Heide Platen: “Elektromagnetische Wellen als tödliche Waffe” (Ondas electromagnéticas como arma letal), TAZ, 14. 04. 1992, citado en: http://www.totalitaer.de/waffentechkurio.htm; .


21 An Assessment of Non-Lethal Weapons Science and Technology, Naval Studies Board (NSB; panel de estudios navales); en 
http://books.nap.edu/books/0309082889/html/R1.html#pagetop

22 Un asesoramiento técnico, realizado 1998 en el marco del Parlamento Europeo, sobre el alcance y empleo de algunas de estas tecnologías para el control de la población civil en general, se refiere a éstas explícitamente como tecnología de control político; véase 
http://www.europarl.eu.int/stoa/publi/166499/execsum_es.htm; documento entero en idioma inglés disponible en: http://www.seprin.com/informes/stoa-atpc.htm


23 Véase Nick Begich, New Non-Lethal Weapons May be Used Against U.S. Citizens, (Nuevas armas no-letales podrían ser utilizadas en contra de ciudadanos estadounidenses); entrevista con Kenneth Burke, publicado en: 
http://www.geocities.com/Area51/Shadowlands/6583/project248.html


24 Véase Department of Defense Directive, Policy for Non-Lethal Weapons, Office of the Assistant Secretary of Defense, Draft July 21, 1994 ; citado en: 
http://www.mindcontrolforums.com/haarpbook.htm

25 New World Vistas: Air and Space Power for the 21st Century; June 1996; USAF Scientific Advisory Board (SAB).
Citado en: Environmentalists against War: Nonlethal Weapons – Biological Process Control (Ambientalistas contra la guerra: Armas no-letales – Control de procesos biológicos); http://www.envirosagainstwar.org/edit/index.php?op=view&itemid=943


26 ibidem.

(*) Escritor, poeta, editor y sociólogo. Presidente del Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y director del sello independiente Río Negro.

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Beto Ortiz: Las guaripoleras culturosas y la respuesta a Melissa Peschiera [VIDEO]

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El periodista Beto Ortiz en su programa se refirió sobre la pregunta que realizó Melissa Peschiera en la presentación del libro El perfil del lagarto de Carlos Paredes, que se realizó anoche de forma virtual vía Facebook de la editorial Planeta.

Beto Ortiz señaló: La presentación del libro tuvo como anfitriones a tres distinguidos miembros del periodismo progre del Perú: Marco Sifuentes, Renato Cisneros y la señora Melissa Peschiera. Es llamativo que Carlos Paredes haya escogido a tales personajes para presentar su libro, puesto que, El perfil del lagarto es un libro que hace pedazos a Vizcarra y los tres periodistas que acabo de mencionar, son más bien, guaripoleros, son más bien, personajes que han lanzado porras para Vizcarra”.

En la presentación del libro, Melissa Peschiera le preguntó al periodista Carlos Paredes: “Por qué difundiste El perfil del lagarto, tu investigación, tu trabajo, en un espacio que precisamente no destaca por hacer el más serio, el más ético de los periodismos, que no necesariamente destaca por hacer buen periodismo. No había otro espacio. Cómo se da esta presentación”.

La respuesta de Beto Ortiz sobre la pregunta de Peschiera fue contundente: “Me sorprende sus aires moralistas, y de autoridad del periodismo y de la ética. Tranquila, Oriana Fallaci de Santa Beatriz. Francamente, esos aires, para una señora que ha hecho una carrera leyendo muy pulcramente el telepronter, me da un poquito de risa. Ella trata de esculear, trata de decir cómo has podido ir ha ese espacio tan discutible, polémico y reñido. La verdad que Susan Sontag, no eres. No eres Christiane Amanpour, mi querida Melissa. No te acercas siquiera al juanete del pie de Bárbara Walters. Entonces, de dónde estos aires”.

Además, el conductor agregó: “¿Cuál es tu reportaje más memorable? ¿Cuál es tu entrevista que todos los estudiantes consultan? ¿Cuáles son tus crónicas, tus artículos de reporte de guerra? ¿Cuáles son tus libros publicados? ¿En qué consiste tu obra, Melissa Peschiera? En nada. Básicamente es una chica guapa, blanca y que apellida Peschiera. Y eso en Lima funciona maravillosamente”.

Aquí el video de la respuesta a Melissa Peschiera.

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Un virus recorre el mundo: 58 millones de contagios, más de 2 millones de muertos

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Desde su brote, a finales de diciembre de 2019, en la lejana ciudad china de Wuhan, el avance del COVID-19 prosigue. Prácticamente todos los países del planeta han sido afectados. La Tierra continúa bajo su asedio, y en estos instantes –primeros meses del 2021–  ya hay más de cincuenta y ocho millones de contagiados y cerca de tres millones de decesos. No es la primera vez que los efectos provocados por la aparición de un virus se han diseminado a una escala global. Hace poco más de cien años ocurrió con la llamada «gripe española». Sin embargo, y aun siendo aquella mucho más letal que el virus que ahora nos asola, lo que cuenta es que esta es «nuestra» situación, se trata de  «nuestra» vida puesta en los aledaños del riesgo y la extinción, es la posibilidad real de que «nosotros» nos contagiemos y por un caprichoso azar (que nos sitúe entre la población de riesgo o entre aquellos que sencillamente no resisten) sucumbamos.  

La sabiduría popular siempre es inapelablemente certera: «Ojos que no ven, corazón que no siente». Hoy nuestros ojos ven lo que ya otras generaciones de gentes vieron y ante lo cual experimentaron, de seguro, el mismo estremecimiento. Hoy nos tocó a nosotros. Y aquello que no habríamos podido (y seguramente no nos habría interesado) sentir si solo hubiésemos escuchado hablar de aquel virus y de los estragos que causó en aquel remoto pasado a personas de las que no tenemos rastro alguno, lo estamos sintiendo ahora, cara a cara, lanzados a lidiar ante un nuevo embate de la naturaleza que una vez más revela nuestra ridícula fragilidad: algo que sabemos, pero casi nunca estamos dispuestos a reconocer. Decía el filósofo norteamericano Stanley Cavell: «Nada es más humano que el deseo de negar la propia humanidad».  

Quizá lo tremendo de esta situación, si la comparamos con escenarios semejantes en otros momentos de la historia, es que la estamos viviendo como personajes de un tétrico espectáculo en formato digital: nos enteramos del avance de este inopinado enemigo minuto a minuto a través de las pantallas de nuestros gestores multimedia. Las noticias fúnebres de latitudes distantes, muy distantes, y los datos acerca del incremento de las cifras alrededor del mundo están ahí siempre; las imágenes con los rostros compungidos de médicos y autoridades políticas recorren el ciberespacio a cada instante; las actualizaciones   –un entresijo de información veraz y fake news–   circulan vertiginosamente en redes sociales. Toda esa masa de información por la que somos asediados nos empuja hacia ese centro que está en cualquier parte, en que se anudan el miedo, la incertidumbre y la tóxica sobreabundancia de datos con sus inevitables dosis de desinformación. Virtualmente, en cualquier lugar del planeta se puede estar al tanto de lo que está pasando: hay una hiperestesia informativa que incrementa la angustia e incuba la delirante sensación de que el desastre final es inminente. Es esta la experiencia de una paradoja macabra: estamos inmersos en una realidad virtual pero no simulada.

Paseándome por las páginas iniciales del nuevo libro de Jaron Lanier, cabeza visible de la revolución digital de los ochenta, me encuentro con unas ideas acerca de la realidad virtual. Ellas, sin referirse a este atroz panorama, poseen un tono de inquietante coincidencia: «Nunca un medio ha sido tan capaz de belleza ni propenso a caer en lo repugnante. La realidad virtual nos pondrá a prueba. Amplificará nuestro carácter más de lo que cualquier otro medio lo ha hecho jamás». La pandemia ha obligado a buena parte del mundo a recluirse en el entorno virtual; el ecosistema de recursos digitales se ha transformado en el principal medio de interacción con el «exterior», para muchos. Frente a la pantalla, quizá uno se sienta inclinado a pensar en la sofisticación de la comunicación digital, tanto como a considerar por analogía la perfección de la estructura de un virus. Y su eficaz capacidad de destruir a otros organismos. La información fluye a través de la autopista de datos. También hay información replicándose en el ácido nucleico de un microorganismo viral. He ahí los prodigios de la naturaleza  y la magia de la alta tecnología, ambas dimensiones bañadas de luces y sombras. Pensar en ello nos puede llevar a ver un punto de encuentro, punto nefasto, ciertamente, para nuestros intereses, pero punto de encuentro al fin. Belleza y repugnancia anudadas. En la vida, la maravilla coexiste con el horror (lo acabo de leer; Savater dice esto refiriéndose a la visión que de este mundo tenía Cioran). Esta realidad, atravesada de tecnología digital y minúsculas porciones de material genético amenazante, nos está poniendo a prueba, sin duda.

Realidad y ficción

En ocasiones, cuando el mundo en que vivimos desafía nuestros marcos de orientación y nos enfrenta a eventos que parecieran haber sido proyectados desde un ámbito de contornos irreales o fantásticos    –recordemos Chernobyl, el 11-S y Fukushima; el Holocausto, Hiroshima y Ruanda; en fin, tantos otros desastres naturales o sociales que han impactado la conciencia colectiva–   sentimos que el límite entre lo real y lo inconcebible no existe. Repetir aquel tópico acerca de que la realidad supera la ficción en estos momentos resulta escalofriantemente cierto. Una vez más comprobamos que los Cisnes Negros surgen allí donde menos lo pensamos. Un suceso que jamás imaginamos (es decir, que no concebíamos que podría sucedernos-a-nosotros) he aquí que arremete: «La lógica del Cisne Negro  –nos dice Nassim Taleb, autor de un sugestivo libro sobre el tema–   hace que lo que no sabemos sea más importante que lo que sabemos. (…) [M]uchos Cisnes Negros pueden estar causados y exacerbados por el hecho de ser inesperados.».

Recordémoslo: un Cisne Negro, según Taleb, es un evento que se encuentra fuera del círculo que trazamos alrededor de aquello que consideramos razonablemente posible. No se trata solo de eventos que no podamos imaginar: es, sobre todo, el territorio de aquello que por altamente improbable, consideramos que nunca ocurrirá. Craso error. Son esos eventos, más bien, los  que en buena cuenta marcan la senda que siguen nuestras (impredecibles) vidas o la ruta (incierta) por la que la historia se encamina. Son las hondas fallas geológicas sobre las cuales, en nervioso equilibrio, está emplazada nuestra existencia. Dice Taleb: «La idea del Cisne negro se basa en la estructura de lo aleatorio en la realidad empírica. (…) [N]uestro mundo está dominado por lo extremo, lo desconocido y lo muy improbable (improbable según nuestros conocimientos actuales), y aun así empleamos el tiempo en dedicarnos a hablar de menudencias, centrándonos en lo conocido y en lo repetido. Esto implica la necesidad de usar el suceso extremo como punto de partida, y no tratarlo como una excepción que haya que ocultar bajo la alfombra. (…) [E]l futuro será progresivamente menos predecible, mientras parece que tanto la naturaleza humana como la «ciencia» social conspiran para ocultarnos tal idea».

Son Cisnes Negros los que aparecen en dos historias de ficción; una, situada a finales del siglo XIX; la otra, en el XX. Veamos esta, en primer lugar.

En esta inquietante coyuntura, se escucha con cierta insistencia mencionar La peste, célebre novela de Albert Camus, el filósofo existencialista francés. Se llama la atención sobre la repentina actualidad de la historia: su siniestro paralelismo  con la actual pandemia es notorio. La novela de Camus presenta una situación extrema. En medio del dolor y el miedo cerval ante la inminente posibilidad de la muerte, un cronista, el doctor Bernard Rieux (personaje de su propio recuento), reflexiona en torno a la condición humana sobre el trasfondo de una vida acosada por el sinsentido del sufrimiento surgido repentina e inexplicablemente. Pues eso es lo que él advierte con escalofriante agudeza. Ante la embestida de la naturaleza, la pregunta por el porqué de aquel inaudito flagelo recibe, al final de la narración, como irónico corolario, la respuesta formulada por un anciano asmático que tendría que haber sido uno de los primeros en sucumbir y que sin saber cómo ni por qué sobrevive: «¿Qué quiere decir la peste? Es la vida y nada más».

Más de 2 millones de muertos por COVID-19 en el mundo - Chicago Tribune

En efecto, la aparición de la peste es la enseña tétrica, para expresarlo en clave existencialista, del absurdo que rige en esta comarca del cosmos que nos tocó habitar. Así como la furia de los elementos desencadena con exasperante neutralidad destrucción, dolor y muerte, la peste  –o, a la postre, cualquier suceso de orden natural o antropogénico que sacude el ritmo de lo cotidiano con la inesperada violencia del desastre– surge sin previo aviso, no discrimina entre clases, preferencias o colores, y con la pasmosa indiferencia con que la  naturaleza cobra sus deudas, extiende su abrazo letal sin que haya allí algún rescoldo de maldad (suponer lo contrario sería producto de una vana ensoñación antropocéntrica): la peste, tal como la presenta Camus, es la simbólica manifestación del carácter nivelador y ciego del absurdo. Convertirse en objeto de la agresión biológica no es cuestión de injusticia, como no es justicia lograr escapar azarosamente de ella; no es un castigo el que determina su llegada, ni una señal que indique una recompensa celestial el hecho fortuito de que se logre escapar a su azote. Como apareció, sin anuncio ni explicación, repentinamente, y cediendo extrañamente a procedimientos médicos ante los cuales antes avanzaba incontenible, el microorganismo invasor disipa su potencia letal hasta adormilarse por quién sabe cuánto tiempo. He allí otra manifestación del sinsentido en que el hombre se debate. Al observar el festejo reinante en la ciudad, al sospechar ya las gentes que la plaga ha cedido, se lee en la crónica del doctor Rieux: «La verdad, era difícil saber si se trataba de una victoria [sobre la peste]. Únicamente estaba uno obligado a comprobar que la enfermedad parecía irse por donde había venido».   

La guerra de los mundos es otra historia en que microorganismos  letales han tenido singular protagonismo. Herbert George Wells, escritor inglés del siglo XIX, cultor de ese género defectuosamente traducido al español como «ciencia ficción», publicó la novela en 1898. Wells nos relata la invasión de la Tierra por parte de una civilización procedente de Marte, a inicios del siglo XX. La tensión aparece desde las primeras páginas. Observaciones astronómicas efectuadas por científicos notables registran cambios extraños en  la superficie de aquel planeta, pero sin sospechar que se deben a la venida de los marcianos hacia nuestro planeta, huyendo de la destrucción del suyo. A intervalos regulares, a lo largo de algunos días, impactan contra la superficie de Inglaterra extraños y descomunales cilindros. De un momento a otro, sus ocupantes premunidos de armas  desconocidas inician el ataque. A pesar de los esfuerzos heroicos de las fuerzas militares de enfrentar la agresión, la resistencia terrícola es sometida con relativa facilidad. Hay focos de resistencia que poco a poco ven mermada su voluntad de enfrentar a los conquistadores, y los ejércitos no tienen suficiente capacidad de respuesta para contrarrestar tamaña arremetida. En medio de este apocalipsis, grandes masas de personas huyen sin rumbo ni destino. El terror y el caos se enseñorean de las ciudades y villas inglesas atacadas por los invasores. La tecnología bélica empleada, de una potencia destructora desconocida hasta entonces, arrasa con todo a su paso: edificaciones, animales y hombres son destruidos casi al instante.

Hasta que ocurre lo menos esperado. Un musgo rojizo, rápida y repentinamente, se extiende por suelos, árboles, casas y avenidas. Las propias naves del enemigo extraterrestre son poco a poco cubiertas por esta peregrina vegetación, y de un momento a otro las razias que los intrusos ejecutaban sin contemplaciones, equipados con sus enormes y atemorizantes armaduras montadas en trípodes móviles, cesan. Domeñando el intenso miedo que los tiene atenazados y guarecidos en sus escondites, aquellos que lograron ponerse a buen recaudo van asomando la cabeza al exterior, poco a poco. Hasta que se enteran: los extraterrestres han perecido. Sus extraordinarios ingenios tecnológicos no sirvieron de nada frente a un enemigo imperceptible. No estaban preparados para lidiar contra un arma biológica cuya aparición no tuvieron el acierto de prever: sus organismos han sido minados por los microbios terrestres. En el terreno de la ficción, eran aliados del hombre. Ahora, en medio de esta agobiante realidad, son nuestros enemigos.

El narrador, hacia el final de la historia, reflexiona sobre la infernal destrucción y la radical conmoción que ha resquebrajado la confianza de la especie tras el contacto con seres venidos del exterior para exterminarla y apropiarse de la Tierra. Lo dicho en ese contexto adquiere un tono que, mutatis mutandis, calza perfectamente con el balance que bajo la sombra de la experiencia extrema que estamos viviendo ahora quizá podría formularse en parejos términos: «(…) esperemos o no nuevas invasiones, estos acontecimientos nos obligan a modificar grandemente nuestras miras sobre el porvenir de la humanidad. Hemos aprendido a no considerar en lo sucesivo nuestro planeta como segura e inviolable morada del hombre; nunca sabremos prever qué bienes o qué males invisibles pueden sobrevenirnos del espacio».  Imagina Wells la pavorosa destrucción provocada por un enemigo externo que ataca a la especie; nosotros vivimos en la hora presente un ataque  que proviene de un habitante de nuestro planeta.

Hombre y naturaleza

Como aquellos visitantes del espacio que en la novela de Wells son derrotados por los microorganismos terrestres, ahora nosotros estamos ante una amenaza que, invisible a los ojos, rompe las defensas del organismo sigilosamente. Y no solo eso. La devastación social y económica que una guerra podría ocasionar con estrépito y a un plazo que podría juzgarse medianamente extenso, el virus ha probado que también la podría generar en algunos pocos meses. El levantamiento de la cuarentena a nivel mundial, después de plazos variables, según los países, y la reactivación de buena parte de la maquinaria productiva, fueron medidas tomadas ante la presión de la debacle económica. Como ya había ocurrido antes  –recordemos, además de la gripe española, y yendo mucho atrás en el tiempo, la peste que arrasó con Atenas en la época de Pericles y aquella otra que se cebó en Europa en la Edad Media, solo por mencionar eventos que se sabe fueron especialmente pavorosos–, hoy, una vez más, la humanidad ha sido puesta en jaque por el poder de lo inmensamente pequeño.

¿Es la naturaleza que enfila sus armas contra sí misma, contra una parte de ella, esto es, contra el hombre? ¿O, simplemente, es la naturaleza actuando, sin finalidad valorativa, con la frialdad de una «sabia» inconsciencia?  ¿O, acaso, es el costo de haber el hombre querido dominar la naturaleza, «aquello» que desde el siglo XVII ve «objetivamente» e intenta doblegar y someter a sus designios recurriendo a procedimientos que desequilibran la armonía que quizá sin su presencia podría haber sido conservada por mucho más tiempo? Este último interrogante nos sitúa frente a algunas ideas que se encaminan en esa desalentadora dirección, según lo que podemos leer en el último Informe de Desarrollo Humano hecho público por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP, por sus siglas en inglés). Al principio de este se dice: «La pandemia del Covid-19 es la más reciente y terrible consecuencia de desbalances a gran escala.  Los científicos hace tiempo han advertido que patógenos desconocidos habrán de emerger más frecuentemente como producto de las interacciones entre humanos, ganado y vida salvaje, (…) interacciones que se han incrementado constantemente en escala e intensidad, ejerciendo, a la larga, presión sobre los ecosistemas locales tan violentamente que virus mortíferos se han diseminado.  El nuevo coronavirus podría ser el más reciente  en comportarse así, y a menos que atenuemos nuestro control sobre la naturaleza, no será el último».

La naturaleza  –aquello que vemos como extraño a nosotros, «animales culturales», seres que hacemos un mundo a nuestra medida, Marx dixit– es desconcertante. El hombre, presuntamente una de sus más altas expresiones (el embalaje antropocéntrico de esta asunción es evidente), ha logrado domesticar su entorno y ha impuesto su obra  –a eso, precisamente, se denomina «cultura»– trastocando los límites que sí operan sobre otras especies. Ha erigido ciudades enormes, pobladas de edificios inmensos, y echado a andar poderosas industrias, emporios financieros y una red de centros de comercio  abarrotados de productos diversos y sofisticados; ha levantado fábricas y complejos tecnológicos, y construido carreteras enormes por las que se desplazan millones de automóviles que se renuevan a cada momento, y también autopistas  –esta vez virtuales–  que trasladan datos a toda velocidad haciendo posible transmitir información en segundos y tender puentes de comunicación inmediata con zonas alejadísimas entre sí; ha inventado la cura para miles de enfermedades, entre ellas, aquellas también provocadas por virus que son controlados o neutralizados eficazmente, y bacterias que puede destruir e incluso erradicar. Y ya tiene en su poder buena parte de las herramientas que han de permitirle modificar la estructura genética del propio hombre. Y, sin embargo, aún es presa indemne de aquellos minúsculos habitantes que moran  al lado de nosotros, que sin plazos ni anuncios, replicándose y modificando eficazmente su estructura para burlar las defensas inmunológicas, tan silenciosa como letalmente, colonizan nuestros espacios y amenazan contantemente nuestras vidas.

El hombre ha hecho todo lo posible por desbordar los límites que a naturaleza le ha impuesto. La tecnología   –el producto más deslumbrante de la investigación científica– ha posibilitado el control del entorno en una medida impresionante. El hombre es la única criatura que ha creado cultura. Pero sigue siendo parte de la escala zoológica. Se dice que se encuentra situado en la cúspide de esa escala. Y si eso es cierto, lo es, justamente, porque ha demostrado que puede adaptarse artificialmente al medio que lo rodea. La paradoja es esta: vive, se adapta y sobrevive, yendo en dirección contraria a su condición natural. Así es, solo puede vivir (es decir, confortablemente y extendiendo su expectativa de vida más allá de lo que dictaría nuestra condición «natural»), si fabrica herramientas para defenderse y edifica para resguardarse de la intemperie; solo si inventa medicinas para combatir, entre otras amenazas,  a aquellos seres que también forman parte de la naturaleza, exactamente como nosotros: aquellos seres que a despecho de su microscópica extensión pueden acabar con aquel otro ser que actúa como dueño del planeta. Situaciones límite como  la que estamos viviendo hoy  –en que un habitante de este mundo, sin más equipamiento que su propia estructura genética, nos acosa «inmisericordemente»–  nos conducen a dudar (para parafrasear a Max Scheler) del puesto que ocupamos en el cosmos: ¿es el hombre realmente aquel ser que ocupa la cúspide de la escala zoológica? ¿No vendría bien un poco de humildad?

A estas alturas, la investigación científica ha dado ya sus frutos. Varios laboratorios han logrado desarrollar diversas versiones de la vacuna para contrarrestar los efectos de este mal. Los esfuerzos lentamente están dando algunos resultados y la esperanza despunta poco a poco en el horizonte sombrío que tenemos delante. Aunque el proceso de vacunación ya ha comenzado en varios países del mundo, la incertidumbre con respecto a las posibilidades de que las dosis se apliquen a todos (presente sobre todo en nuestros agobiados países tercermundistas) y el temor  –infundado quizá, pero de todos modos comprensible– a los efectos colaterales que el remedio pudiera provocar más adelante aún no se disipan.

La filosofía y el virus

La muerte, según veía el asunto Arthur Schopenhauer, ha sido el motivo inspirador de la reflexión filosófica. El temor reverente del hombre frente a esta extraña portadora de la nada –imposibilidad de todas las posibilidades, según Heidegger–   que en algún momento, tarde o temprano, lo terminará abatiendo, es una constante en todas las culturas. Y he aquí que nos encontramos situados ante un horizonte de espanto: esta amenaza, que en la vida diaria suele soslayarse como tema y ser puesta de lado  por los diversos mecanismos sociales y psicológicos que promueven un olvido de la finitud definitoria del hombre  –publicidad, consumo, confort–,  se cierne ahora sobre el mundo todo, sobre todos nosotros, con una cercanía asfixiante; su sombría proximidad nos agobia; casi se palpa algo así como su gélida textura: no solo en el impacto que supone la partida de aquellos (familiares, amigos o extraños) que fueron tomados por el invasor y no resistieron, sino cotidianamente a través de los noticiarios y periódicos en redes sociales, de las sirenas de las ambulancias, que ya forman parte habitual del rumor de la ciudad, de las medidas de seguridad impuestas, que parecieran ser expresión de una compulsión obsesiva, pero que son solo los gestos obligados, necesarios, imprescindibles, para resguardarse del contagio o de la posibilidad de contagiar a amigos, parientes o conciudadanos.  

En un contexto de este tipo la filosofía se pronuncia. Los pensadores toman la palabra y tratan de explicar los cambios que esta pandemia está generando y el impacto que se seguirá de ella una vez que su oscuro reinado termine; intentan dar respuesta a los interrogantes que la naturaleza ha planteado, una vez más, a la especie.

Algunos meses después de despertar dentro de esta pesadilla (expresión que podría parecer figurada, pero de cuya justeza nos persuade esta intempestiva irrupción de lo tremendo), y casi al mismo tiempo en que se decretaba entre nosotros el confinamiento obligatorio y el distanciamiento social, se puso en circulación a través de las redes un curioso libro de distribución libre, editado en formato digital por el comunicador y activista político argentino Pablo Amadeo, que reunía colaboraciones de diversos filósofos aparecidas en medios virtuales acerca de la pandemia. Su título no podía ser menos alusivo e irónico: Sopa de Wuhan. Aunque en conjunto no contiene estudios precisamente académicos, sino artículos publicados sobre la marcha a propósito de la propagación del virus y de la transformación de esta enfermedad en una pandemia, expresan, sin duda, el esfuerzo esclarecedor de sus autores, que evalúan con agudeza reflexiva y radicalidad crítica las aristas de este problema. Entre otros allí presentes,  dos de los intelectuales más reputados del actual panorama del pensamiento filosófico, formulan sus perspectivas. Frente a lo que podría verse como un utopismo de izquierda, planteado por Slavoj Žižek, se planta la distopía posmoderna de Byung-Chul Han.

Žižek piensa que el virus ha puesto en serios aprietos al sistema revelando sus debilidades: el majestuoso orden capitalista, acosado por este ataque viral, muestra sin afeites ya las fisuras de su estructura y las falencias de los procesos y formas de vida que promueve. El capitalismo global podría estar a un paso del colapso: la alusión de Žižek al golpe mortal que ejecuta con maestría Beatrix Kiddo, la Mamba Negra (personaje interpretado por Uma Thurman), en Kill Bill: Volumen 2(el filme de Quentin Tarantino), alude a un desenlace de ese tipo: «La epidemia del coronavirus es una especie de ataque de la “Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos” contra el sistema capitalista global, una señal de que no podemos seguir el camino hasta ahora, que un cambio radical es necesario». El filósofo esloveno se muestra convencido de que las posibilidades de fundar un nuevo orden están asomando en el horizonte. Y si bien su diagnóstico no deja de ser coherente, al llamar la atención sobre aquello que merced al embate del virus se ha hecho más evidente que nunca, esto es, los extravíos éticos y las perversas miserias que definen un orden como este, centrado en el poder económico y asentado en el egoísmo, no deja de ser sorprendente (por la extraña ingenuidad que conlleva) el optimismo que lo embarga al concebir la posibilidad de que la catástrofe que en este momento azota el mundo conduzca a pensar, «(…) en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de la solidaridad y cooperación global». He ahí la utopía que este pensador de perfil contracultural otea en el horizonte de la humanidad.

Byung-Chul Han no comparte esta asunción: «Žižek afirma que el virus asesta un golpe mortal al capitalismo, y evoca un oscuro comunismo. Se equivoca». El coreano opina exactamente lo contrario: el sistema saldrá fortalecido. Aun cuando Occidente y Oriente ven el mundo desde una óptica cultural substancialmente distinta, hacen suyo el credo del mercado.

Europa ha puesto un torpe énfasis en el control de las fronteras y sus recursos sanitarios no han sido adecuadamente gestionados. Su inoperancia a este nivel ha dejado paso a la rápida propagación del virus, a diferencia de la efectividad mostrada en esta lucha por las naciones orientales. El modelo asiático podría llevar a los países europeos, en orden a salvaguardar la permanencia del sistema, una vez ya superada la pandemia, a adoptar las estrategias que estos países, formados tradicionalmente en un contexto cultural con una acusada tendencia al autoritarismo, han impuesto, y en el caso particular de China, aplicando una política de hipercontrol dirigida por un «Estado policial digital».

En efecto, el método chino ha mostrado ser eficaz en el empleo de tecnología digital para el procesamiento intensivo de datos  –lo que llaman Big Data–: el mapeo segundo a segundo del movimiento de sus ciudadanos y el control sistemático a través de cámaras y rastreo digital las 24 horas del día de sus conductas de compra, interacción en redes sociales y desplazamientos en la ciudad  –en un escenario que trae ya a la esfera de lo real lo que nació como sombría ficción anticipadora en Un mundo feliz o 1984–  ha sido una estrategia que ha probado ser altamente efectiva en el combate emprendido contra el virus. El espíritu colectivista del ciudadano asiático y, por ello, su escasa o nula renuencia a dejar expuesto aquello que en Occidente se considera parte de la inviolable esfera privada, ha contribuido al éxito de este modelo cuya normalización en un futuro  Byung-Chul Han vaticina con inquietud. Un control basado en la biopolítica digital podría ser adoptado por los gobiernos del mundo para implementar una nueva modalidad de soberanía.

Pero ni aun bajo la sombra de esta presunción, el pensador coreano puede evitar que lo embargue una dulzona esperanza (algo que, bien miradas las cosas, lo aproxima a la ilusión que desliza Žižek en su balance). Un tono moralizante asoma, incluso. Su artículo termina con unas líneas de un candor desconcertante: «Somos NOSOTROS, PERSONAS [sic] dotadas de RAZÓN [sic], quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta».  

Pareciera que mostrarse optimista en las arenas públicas es tan políticamente correcto, que dos de los más perspicaces pensadores de la filosofía actual no pueden sustraerse a esa demanda cívica. Imposible recordar en este punto, por contraste, al desengañado y radical escéptico de Rasinari, Emil Cioran. Es difícil sustraerse a la tentación de recordar alguno de sus incómodos aforismos. Aquí uno de ellos, inoportuno y demoledor: «Salir indemne de la vida  –eso es algo que podría suceder pero que sin duda no sucede jamás».

Hay un pasaje  en las líneas finales de La peste  –para volver a la novela de Camus–  en que asoma un relumbre de esperanza al constatar el efecto transformador que un suceso funesto e intempestivo, inexplicable y devastador, puede obrar en la naturaleza moral de los hombres. Las plagas, dice el doctor Rieux, cronista de los hechos, nos dejan una lección, y es esta: «(…) que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio».

Es desolador sospechar que aquella constatación solo pueda hacerse en tiempos de desastre. Justo como ahora: con un virus poniéndonos contra la pared.

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26 alcaldes han fallecido víctimas del Covid-19 en el Perú

La lista de fallecidos incluye alcaldes provinciales y distritales.

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No se confíen. A pesar del levantamiento de la cuarentena el virus sigue entre nosotros, llevándose en su mayoría a personas vulnerables o que padecen algún tipo de enfermedad mórbida. Entre los fallecidos no se salva nadie, incluyendo a nuestras autoridades.

De acuerdo a cifras actualizadas del Ministerio de Salud (Minsa) 46 894 personas han perdido la vida en el Perú a causa del terrible virus en lo que va la pandemia, que se inició el año pasado. Entre las víctimas se encuentran 26 alcaldes distritales o provinciales quienes no pudieron sortear el virus.

Los últimos casos fueron de los alcaldes Jorge Marticorena (Lurín), y Víctor Eloy Espinoza (Pucusana), ambos pertenecientes a la región Lima; lamentablemente esa cifra continúa avanzando en todas las regiones del país.

Solamente en Lima han perdido la batalla 4 alcaldes distritales, contando los decesos de los alcaldes de Lurín y Pucusana. Antes de ellos fueron Claudio Marcatoma Ccahuana, del distrito de Punta Negra, y Luis Pascual Chauca, quien fue alcalde de Pucusana antes de Eloy Espinoza.

A esa nefasta lista le sigue Lambayeque, donde fallecieron Antonio Ventura Lizama, representante de Cañaris, Ferreñafe; Luis Chávez Becerra, del distrito de Oyotún, Chiclayo; y Roberto Jacinto Purizaca, de Pimentel, Chiclayo.

En la región Ica partieron Alberto Magallanes Mendoza, alcalde de Alto Larán, Chincha; Nancy Navarro Anyarin, de Pueblo Nuevo, Ica; y Julio Peche García, de distrito de Subtanjalla, Ica.

La región Junin no se quedó a salvo, perdiendo la vida 3 alcaldes: José Luis Parra, de Sincos, Jauja; Owen Poves Pizarro, de Pauca –Jauja; y Ángel Naipaco Gutarra, del distrito de Sicaya, Huancayo.

La lista negra también ha recorrido otras regiones, como Áncash, donde en enero de este año perdieron la vida Edgar Arce Ramírez (Acococha, Asunción) y Malaquías Alvarado Venturo (Huachis, Huari).

También figuran Ángel Benavente Cáceres (Yura) e Iladio Simón Ruelas (Characato), ambos en la provincia de Arequipa, región del mismo nombre. Similar suerte corrieron, en la región Cusco, Ricardo Valderrama Fernández, el alcalde provincial de la Ciudad Imperial, y Adolfo Villagra Merma (Palpata, Espinar).

Lamentablemente también murieron los alcaldes de Codo del Pozuzo (Puerto Inca, región Huánuco), Manuel Herrera Retis; de Canta (Lima Provincias), Óscar Paredes Salcedo; de El Laberinto (Tambopata, región Madre de Dios) Marco Otazu; Ticlacayán (Pasco), Carlos Valqui Matos; de la provincia de Paita (región Piura), Teodoro Alvarado Alayo; de la provincia de El Dorado (región San Martín), Edwin García Pérez; y del distrito de Masisea, en la provincia de Coronel Portillo (región Ucayali), Silvio Valles Loma, quien fue el primer alcalde que murió por la pandemia del SARS-COV 2.

Las únicas regiones que no han registrado decesos de alcaldes son Amazonas, Ayacucho, Cajamarca, Callao, La Libertad, Loreto, Moquegua, Puno y Tumbes.

La intención de esta nota es solo demostrar que nadie se encuentra a salvo en la actualidad. Se recomienda continuar con las medidas de bioseguridad, el distanciamiento social y evitar lugares aglomerados.

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Ministerio Público allana comisarías y viviendas durante megaoperativo contra “Los Casasola” [VIDEO]

Organización criminal estaría conformada por policías en actividad y en retiro, quienes cobrarían cupos a comerciantes informales.

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Malos efectivos hay en todas partes, sin embargo ninguno de ellos debería quedar impune, sobretodo por querer aprovecharse del ciudadano de pie.

Gracias a un megaoperativo realizado en la madrugada del día de hoy, agentes de la Policía Nacional del Perú (PNP) y representantes del Ministerio Público intervinieron 42 inmuebles en distintos puntos de la capital, en las que se encontraron viviendas y comisarías, por un supuesto caso de corrupción policial.

Como consecuencia de ese operativo en conjunto, las autoridades han logrado detener preliminarmente por un plazo de 10 días, a un total de 19 de 22 policías de distintos rangos, encontrándose entre los investigados a policías en actividad y algunos en situación de retiro, sindicados de conformar presuntamente una organización criminal denominada “Los Casasola”, la cual se dedicaría al cobro de cupos a los comerciantes informales del emporio de Gamarra, y a los de Mesa Redonda, en el Centro de Lima.

“Se trata de una presunta organización criminal que realizaba operativos policiales ilegales y, que, además, cobraba presuntas coimas a comerciantes informales, a quienes, previamente, les decomisaban sus productos para luego devolvérselos (a cambio de una dadiva)”, manifestó un reportero de Exitosa para su programa radial.

Entre los nombres de los oficiales más distinguidos involucrados en esa banda criminal se encuentra el Comandante Jaime Avelino Palacios Alfaro, quien es el jefe de la Depincri de Apolo, ubicado en el distrito de La Victoria, el cual la policía lo señala como quien estaría liderando esa organización ilícita.

En el megaoperativo participaron 255 policías y agentes de la Dirección contra la Corrupción de la Policía (Dircocor), así como 53 representantes de la Fiscalía Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios.

Durante la intervención los agentes del orden tuvieron que utilizar una comba para ingresar a la vivienda del alto oficial, quien finalmente cedió y tuvo que abrir la puerta de su domicilio, ubicado en el distrito de San Anita.

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Trujillo: Minería ilegal y explotación laboral en Cerro El Toro

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Foto; Trujillo Noticias.

Una investigación por parte de la Policía Nacional del Perú, a través de uno de sus efectivos encubiertos, ha permitido detectar una nefasta actividad que viene sucediendo en Huamachuco, provincia de Sánchez Carrión, en la que se ha encontrado la actividad de la minería ilegal, explotación laboral de mujeres y menores de edad, y en la que estarían vinculadas unas 99 empresas creadas con dinero manchado de sangre, las cuales estarían sobornando a distintas autoridades para no ser descubiertas.

Todos estos descubrimientos se deben gracias a un policía que logró infiltrarse en las labores ilegales de Huamachuco, buscando pistas que permitan determinar la ruta del dinero producto de la extracción ilegal de oro. Como resultado de sus pesquisas se logró identificar a los autodenominados “Cartel de Huamachuco”, quienes conformarían cinco grandes operadores mineros los cuales prácticamente se han adueñado de la ciudad norteña, incluso fungiendo ser autoridad vecinal.

“Han creado empresas entre hoteles, lavanderías y otros rubros. Tienen asociaciones empresariales a nombres de otras personas o familiares, quienes a pesar de no tener ingresos que justifiquen su capital, estos superan los 100 mil soles. Incluso, se ha identificado que hay grupos delictivos que controlan y resguardan las minas y las rutas para sacar el mineral que es vendido ilegalmente”, señaló el agente encubierto.

Esta historia no es nueva para los pobladores del Cerro El Toro, sino que viene sucediendo desde hace varios años, causando graves estragos ante la pasividad (o complicidad) de las autoridades locales. Pobladores de la zona señalan a Santiago García Ríos como responsable de la extracción ilegal de minerales. Una resolución de Subgerencia Regional, de N° 008-2020- GRLL/GREMH-RFAN, de fecha 01 de junio del 2020 indica que a García Ríos se le ha abierto un proceso administrativo sancionador por transgredir las normas de protección ambiental y operar sin contar con certificación ambiental. 

Y es que al parecer ese ilegal negocio le permitido incursionar en el rubro hotelero. Según registros de SUNARPNegocios García & Asociadosse encuentran como socias fundadoras a su esposa e hija de García Ríos. “Muchos aparentan ser agricultores, luchadores sociales, pastores de iglesia, ronderos y agentes municipales; sin embargo se dedican a la minería ilegal y tienen grandes propiedades”, advirtió la PNP. 

No solo Santiago Ríos estaría involucrado sino también sus hermanos Evaristo, Enemecio, Félix, Pedro, y María García Ríos tienen denuncias y hurto agravado de mineral. Incluso tienen una medida cautelar de paralización de actividades mineras ilegales dictada por el ente regional con Resolución Gerencial Regional N.º 0334-2020-GRLL-GGR/GREMH del 21.12.2020. 

Según advirtieron los pobladores, tal parece ser el poder de este clan familiar que siguen operando sin respetar los protocolos sanitarios, convirtiendo a la zona en un posible foco de contagio de la mortal enfermedad de la Covid-19. 

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¿Estudiar en una universidad asegura el éxito en la vida profesional de un estudiante del Perú neoliberal?

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Constantemente, surge la interrogante de si el Estado peruano debería hacerse cargo totalmente de la educación superior o si es el sector privado quien debería ser responsable de ella pues, al haberse desentendido de la educación superior, el Estado propició que las universidades del Perú neoliberal, de pronto, dejaran de lado la investigación científica y apuesten por un nuevo tipo de formación académica que tenga como objetivo la rápida inserción laboral de los egresados; claro está, porque esta es la necesidad que nos ha generado el neoliberalismo económico.

Bajo la excusa del acceso educativo a toda la población, el boom explosivo de universidades en el país, y nuevas perspectivas sobre ellas, han surgido. Según un estudio sobre la realidad universitaria peruana, “Entre 2005 y 2015, se crearon 58 universidades a nivel nacional, llegando a existir 142 universidades en el 2015. De las 58 universidades nuevas, el 72% correspondía a universidades privadas” (British Council 2016: 25). Por otro lado, se afirma que “es probable que el estudiante universitario haya perdido dicha condición para asumir una identidad funcional para la lógica neoliberal: el rol de cliente” (Seclén 2019).  Según la Ley Universitaria, la investigación científica es un pilar de la calidad educativa, mientras que el modelo adaptado por las universidades de segunda generación no la fomenta ¿Qué es lo que le espera, entonces, no solo a la formación académica y profesional del estudiante peruano, sino también a la educación superior del Perú en relación con la educación brindada en otros países? ¿Es, acaso, beneficiosa esta nueva modalidad educativa que deja de lado el enfoque tradicional? Entonces, a partir de todas estas preguntas, surgen la del tema de este ensayo: ¿Se puede pensar que estudiar en una universidad de segunda generación, realmente, asegura el éxito en la vida profesional de un estudiante del Perú neoliberal?

Algunos sostienen la postura de que las universidades-empresa brindan educación de calidad para los estudiantes del Perú neoliberal. Sin embargo, yo sostengo todo lo contrario. Por eso, en este ensayo, comenzaré argumentado que la investigación científica ‒dentro de la vida universitaria de estas instituciones‒ ha sido desplazada y ya no se investiga para resolver problemas sociales que busquen el bien común dentro de la sociedad. Asimismo, la formación que ofrecen las universidades de segunda generación “amolda” al estudiante según las necesidades del mercado laboral dejando de lado los conocimientos teóricos, muy valiosos, como parte importante de la formación académica. Finalmente, demostraré que tener como docentes a gerentes o ex gerentes de grupos corporativos o dueños de empresas no tiene el beneficio deseado para los estudiantes y la sociedad pues el enfoque orientado hacia el emprendimiento empresarial y el énfasis en lo pragmático ha anulado el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico.

La investigación científica mejora las condiciones de existencia y, a la vez, sirve para generar nuevo conocimiento. British Council indica que el ranking realizado por World University 2015-2016 muestra que una de las grandes deficiencias de la educación superior peruana es la falta de producción científica. En el estudio mencionado, se consideran dos índices para medir la calidad educativa de las universidades. El primero es la empleabilidad de los egresados universitarios dentro del mercado laboral; y el segundo es el nivel de producción científica de las diversas casas universitarias peruanas. La Ley Universitaria N° 30220, promulgada en el año 2014, apuesta por la mejora continua de la calidad educativa. Por lo tanto, fomenta la investigación científica no solo dentro de la población estudiantil, sino también en el staff de profesores ya que es considerada una tarea obligatoria en la vida universitaria. Perú dejó de emitir bachillerato automático a sus estudiantes y, ahora, es necesario desarrollar y presentar un trabajo de investigación para poder graduarse en el pregrado y, a la vez, permita la mejora de los estándares de calidad educativos de este país.

A partir de la reforma neoliberal dada en el gobierno de Alberto Fujimori (la cual impulsa la creación de nuevas universidades), surgieron las llamadas universidades de segunda generación. A partir del año 1997, el número de universidades particulares en el Perú se incrementó. Frente a la alta demanda que existe en el mercado de profesionales y su necesidad de tener un título universitario para poder insertarse en el mercado laboral, dichas universidades han adoptado un nuevo enfoque de enseñanza conocido como el Emprendedurismo, en el cual no existe espacio para la producción científica que permita dar paso al desarrollo de la proyección social así como el desarrollo de la ciudadanía mediante la búsqueda del bien común.

Recordemos que una de las finalidades de la investigación científica es conocer los problemas de la realidad de una sociedad o contexto, estudiarlos y dar posibles alternativas de solución que conduzcan al desarrollo del país. Con este nuevo enfoque de enseñanza ‒que desplaza a la investigación‒, todo aquello se ha desvanecido. En primer lugar, porque induce a los estudiantes al egocentrismo bajo la mentalidad de que ser individualista es sinónimo de ser exitoso, y que es válido solo preocuparse por uno mismo; mas no por el entorno que nos rodea. La meta es, entonces, obtener un título universitario sin brindar mayor aporte a la sociedad, así como tampoco será necesario ejercer la profesión elegida para brindar mejoras a la comunidad, tales como estudios previos que sirvan para futuras investigaciones o encontrar soluciones a diversos problemas que aquejan al país en diversos ámbitos como son: Medicina, Educación, Gestión Pública, Psicología, Derecho, entre otros. Habría que preguntarse, entonces, por el valor de un profesional sin empatía por los demás y sin la mínima intención de trascendencia en la vida.

Por otro lado, el realizar investigación científica hace necesaria la formación, práctica, desarrollo y aplicación de habilidades de pensamiento crítico tal y como lo establece la taxonomía de Bloom donde las habilidades cúspide de la pirámide son analizar, evaluar y crear. Entonces, la baja calidad de la enseñanza de estas universidades del Perú neoliberal responden a un débil fomento de la producción científica lo cual, como se ha mencionado líneas arriba, justifica la baja producción en investigación de nuestro país. Pero esto no queda ahí puesto que es la población estudiantil de tales casas de estudio la que, poco a poco, sufre las consecuencias de no poseer las habilidades de pensamiento necesarias para su vida. Como consecuencia, este estudiante modelo, producto de una economía neoliberal, es formado como un ser que solo sirve para seguir órdenes de sus jefes; mas no como un ser que pueda ir más allá de lo que tiene frente a él. En otras palabras, hablamos de un profesional peruano que no es capaz de cuestionarse, de generar ideas o alternativas de solución ni de contribuir al desarrollo científico-tecnológico de su comunidad. Si no posee estas habilidades y no es capaz de producir para su sociedad, pues, difícilmente, será capaz de definir y planificar un destino para su futuro. Así como también tendrá alto riesgo de caer en el subempleo.

Como segunda razón para afirmar que las universidades-empresa no brindan educación de calidad para los estudiantes del Perú neoliberal, sostengo que la formación ofrecida por estas instituciones “amolda” al estudiante según las necesidades del mercado laboral, dejando de lado los conocimientos teóricos como parte importante de la formación académica. Mucho se ha cuestionado la idea de si, en la educación superior de la era globalizada, debe brindarse mayor importancia a la teoría que a la praxis. La verdad es que la teoría estudiada en clases es esencial para que los conocimientos puedan ser aplicados a la práctica. ¿De qué otra manera los estudiantes podrán, entonces, desarrollar y aplicar sus habilidades de pensamiento crítico? La importancia de la teoría radica en que, teniendo los conocimientos necesarios, una vez desarrollada la práctica, se puedan generar nuevas propuestas o alternativas de solución en los diferentes campos laborales. Esto quiere decir que los conocimientos teóricos no deben excluir a ningún estudiante de ninguna profesión.

Sin embargo, muchas universidades de segunda generación prometen la idea de ingreso al mercado laboral al culminar los estudios universitarios ya que la demanda social así lo exige. Entonces, estaríamos hablando de una comercialización de los servicios educativos. “De allí que, en los últimos tiempos, se haya producido un crecimiento vertiginoso de universidades privadas que buscan la absorción de la demanda educativa bajo la consigna: Un ingresante por postulante” (Loayza 2018: 8) La educación ‒desde 1996, en el Perú‒, se ha vuelto un servicio brindado a una clientela masiva que solo desea obtener una licenciatura lo más pronto posible, en menos años y a la menor edad; solo para el hecho de alcanzar algo tan ansiado que, según la sociedad de hoy en día, brindará estabilidad y éxito: conseguir un empleo. Lo dice Seclén: el estudiante de hoy en día ya no es más considerado como tal; sino que ahora, según el pensamiento neoliberal, adopta el rol de cliente (Seclén 2019). ¿Es acaso que “los consumidores del mercado” son quienes determinan el tipo de educación que desean recibir? Se debería considerar seriamente las repercusiones de esta decisión en cuanto a la sociedad que se desea construir.

Una formación universitaria basada en el emprendedurismo, que forme profesionales capaces de construir y dirigir sus propias empresas no es mala para el país; por el contrario, beneficiaría mucho a la economía de nuestra nación. Sin embargo, el punto de partida de todo emprendimiento siempre ha de ser la investigación. Es solo a partir del profundo conocimiento de las demandas sociales que el emprendimiento o empresa se convertirá en algo original y exitoso, capaz de cubrir las necesidades de los ciudadanos. El triángulo de Sábato plantea la relación Universidad – Estado – Empresa, donde las universidades interactúan con el entorno mientras que el Estado provee políticas y recursos para el desarrollo de la investigación científico-tecnológica en el país. Y las empresas ofrecen alternativas de consumo diversas con la finalidad de permanecer en el mercado (Medina 2018:713). Desde ese punto de vista, las empresas sí necesitan de profesionales con habilidades de pensamiento crítico desarrolladas, interesados en la ciencia e investigación, ya que les llevará al desarrollo e innovación. A pesar de ello, para las universidades del Perú neoliberal “el papel que mejor calza con el del estudiante,  en  esta  estructura,  es  el  de empleado, principalmente, por no tener el empoderamiento para influenciar en las ideas de la empresa” (Lamas 2015:141).

Es bien sabido que la teoría es “sacrificada” en las universidades de segunda generación; pero también lo son los años o ciclos de estudios generales ya que implicaría mucho tiempo de formación académica para el estudiante. Sin embargo, la importancia de estos radicaría en tomar en cuenta que muchos estudiantes que llegan a la universidad tienen una educación básica recortada o una educación secundaria deficiente. “La universidad tiene la obligación de formar; es decir, dar forma, puliendo y perfeccionando las habilidades que la persona tiene antes de entrar en contacto con el mundo académico” (Quintanilla 2015:6). Debido a la rapidez por la que erróneamente se apuesta, los jóvenes ingresan a la universidad a muy temprana edad. Es la razón por la cual los Estudios Generales juegan un papel muy importante: sirven para ampliar la visión del mundo y de la vida y, junto a ello, ayudan a alcanzar cierto nivel de madurez que permita conocer y entender la realidad. Además, esto permitirá despertar la curiosidad por la cultura y el saber, dejando de lado el conformismo.

En tal sentido, hay docentes en nuestro sistema universitario que son netamente pedagogos, que poseen muchos conocimientos teóricos o académicos y engrosan buena parte de su currículo con publicaciones de investigación; ya sea en libros o revistas especializadas (Cuenca y Reátegui 2016). En el otro escenario, existen profesores universitarios que no son pedagogos o académicos de carrera; pero que han ganado prestigio por estar al frente de una gran empresa, ya sea en la gerencia o bien como directivos o consultores; y son invitados a enseñar en prestigiosas casas de estudio (Berry, Byrd, Wieder 2013). En ese contexto, todos sabemos que, en la vida universitaria, los docentes son imprescindibles y sirven como modelos y fuentes de inspiración para sus estudiantes ya que, al tener personas que han tenido éxito en su carrera laboral y hasta empresarial, les permite a los estudiantes aprender directamente desde la experiencia para que, después, puedan aplicar los conocimientos transmitidos en su presente y futura vida laboral lo cual es visto por los alumnos como un recurso que los libros o profesores netamente académicos no les pueden enseñar.

Pero, existe un verdadero problema ya que, en contraposición a la postura anterior, tenemos que el enfoque orientado hacia el emprendimiento empresarial y el énfasis en lo pragmático ha dado pase a que el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico en los estudiantes se fomente, cada vez, menos. Como resultado, el futuro egresado aceptará su vida laboral sin hacerse cuestionamientos (Neussman 2010). Justo, el Tratado de Córdoba, del siglo pasado ‒que fue muy sonado en toda América Latina; y el Perú no fue ajeno a este fenómeno educativo‒, nos decía que la universidad es la institución que busca el desarrollo social de toda la comunidad. En términos prácticos, un trabajo en conjunto donde también el individuo estudia para ser libre. No obstante, con este nuevo enfoque, donde los ejemplos de la idea del éxito y la práctica del individualismo estarían reflejados en sus propios profesores, es un claro oxímoron de los principios que debe tener la formación universitaria (Cuenca y Reátegui 2016; Seclén 2014). Además, en las llamadas universidades de segunda generación, existe otro dislocamiento que debemos tener en cuenta en su lógica de que los estudiantes sean emprendedores porque esa es la razón del mercado actual. En los primeros ciclos, los adiestran como si fueran un manual de autoayuda, implantando cursos motivacionales que los llevarán, supuestamente, a aumentar su autoestima; usando de material bibliográfico best sellers de expertos gurús que les dan las recetas de cómo emprender y triunfar en el mundo neoliberal, olvidando que el mundo es bastante complejo y cambiante, que no se mueve por solo simples recetas o experiencias de personajes contemporáneos, trasgrediendo la existencia de una tradición en la formación universitaria donde el estudiante tiene que conocer las diversas fuentes históricas y sociales, las reformas y políticas de Estado para que el mundo no le resulte indiferente (Lamas 2017).

A largo plazo, esta educación resulta bastante cuestionable puesto que el estudiante no ha desarrollado un razonamiento crítico. Y, claro está, no porque él se rehúse o se comporte de manera renuente; sino porque el sistema educativo, liberalizado por el Estado en las últimas décadas, así lo impone pues, para ellos, es importante mantener el statu quo de la sociedad peruana ya que una persona crítica puede invitar a la anarquía o al cambio. Por este factor, las empresas, en el Perú neoliberal, requieren de egresados universitarios que no cuestionen o critiquen, de manera aguda, al sistema que, a todas luces, no les da ventaja y los conduce, inexorablemente, al subempleo.

En conclusión, la investigación científica ha sido desplazada en estas universidades, de modo que no se investiga para resolver problemas que involucren a la sociedad, cuyo beneficio sea buscar el bien dentro de esta. Asimismo, la formación ofrecida por las universidades de segunda generación “amolda” al estudiante según las necesidades del mercado laboral, lo cual deja de lado los conocimientos teóricos como parte importante de la formación académica. Finalmente, el hecho de tener como docentes a gerentes o ex gerentes de grupos corporativos o dueños de empresas ‒que permite al estudiante aprender directamente de la experiencia para poder aplicar los conocimientos transmitidos en su presente y futura vida laboral‒ no garantiza el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico. De manera que el futuro egresado aceptará su vida laboral sin hacerse cuestionamientos vinculados a la sociedad imperante. Por ello, sostengo que las universidades-empresa no brindan educación de calidad para los estudiantes del Perú neoliberal actual. Por eso, debemos crear conciencia ciudadana sobre lo que sucede en nuestra educación superior; especialmente en las universidades-empresa. Asimismo, cabe exhortar a los gobiernos de turno acerca de la necesidad de políticas de Estado que fomenten decididamente la calidad de la educación universitaria teniendo en cuenta que la Ley N° 30220 solo es la primera base de una estructura que debe llevarnos a una solidez universitaria indiscutible. 

BIBLIOGRAFÍA

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LOAYZA, Edward

2015    “La universidad peruana y el desarrollo nacional: conflictos y posibilidades”. Tierra Nuestra. Lima, número 12, pp. 87-101

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Padres duermen en los exteriores del Hospital del Niño de Breña, esperando información sobre sus hijos

A causa de la pandemia se les impide ingresar a ese nosocomio que se encuentra saturado.

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El que es padre o madre familia puede sentir por un momento la angustia y desesperación que están viviendo los progenitores de esos niños que se encuentran hospitalizados en el Instituto Nacional de Salud (INS) de Breña, aguardando durante semanas en las afueras de esa institución, con solo una manta y un cartón para pasar las madrugadas más largas de su vida, a la espera de una noticia sobre su niño.

Y es que uno no puede dejar de conmoverse al ver a los padres hacer de todo para que su hijo no le falte nada; muchos de ellos, cuenta una madre que lleva más de 20 días esperando en la calle, vienen de zonas tan alejadas como Chosica o Ventanilla, y les resulta más económico quedarse a dormir afuera, que regresar a sus hogares, lo que conllevaría mayor gasto en tiempo y dinero.

No les queda de otra, pese a que nos encontramos en medio de la segunda ola del Covid-19, exponiéndose ellos mismos a ser contagiados, sobrellevando como pueden las frías noches de la ciudad pues su consigna es ingresar a primera hora al hospital, o recibir en la madrugada alguna noticia sobre el estado de sus niños, quienes se encuentran internados por distintas enfermedades.

Antes de ingresar nos hacen la prueba de la covid-19 al niño y a la mamá, sino, no nos atienden. Mi hija hace fiebre por una infección que tiene en la cabeza y debo estar alerta constantemente, por eso nos quedamos afuera del hospital.  Por protocolo no podemos quedarnos adentro”, señaló una de las madres que permanece en la vía pública.

Debido al riesgo de contagio que existe por la covid-19, los padres explicaron que tienen mucho cuidado para evitar contraer la enfermedad y contagiar a sus hijos. Por esa razón, desinfectan el lugar antes de quedarse a descansar. Asimismo, usan mascarillas y protector facial todo el tiempo.

Las condiciones por las cuales tienen que pasar las madres y padres de familia no son las mejores. Es por ello que solicitaron el apoyo de las autoridades para sobrellevar las enfermedades de sus hijos en medio de la pandemia.

Necesitamos apoyo.  Los laboratorios -que hacen los exámenes-, cobran demasiado caro. Nos facilitaría que nos ayuden con pañales o una colchita para que los que los padres, que no tienen, puedan pasar la noche. Cualquier ayuda será bien recibida”, indicaron.

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Detectan a falsa ingeniera de la UNI en proyecto de planta de oxígeno

Según registros de la UNI, Elizabeth Chauares Arpasi, no figura como egresada de esa casa de estudios.

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Composición de imagen: Expreso.

Al parecer al ex presidente Martín Vizcarra le gustaba estar rodeado de mentiras y caretas, donde lo irregular sería que esté codeándose con una persona honrada. Elizabeth Chauares, 35 años, puneña de nacimiento pero su vida laboral la realizó en Moquegua, llegó a ser parte de ese círculo privilegiado y bien protegido del ex mandatario; llegando incluso a presentarse como asesora presidencial, según testimonio del profesor de la UNI Manuel Luque Casanave:

“Vengo de parte del rector (Jorge Alva) para apoyar en el proyecto, soy asesora presidencial, cuente con nosotros”, comentó en esa ocasión Chauares.

En ese momento, el experimentando profesor de la UNI empezaba a sospechar que algo no cuadraba del todo. Y sus sospechas estaban en lo correcto.

Era aún el Gobierno de Martín Vizcarra cuando se firmó un convenio con la Universidad Nacional de Ingeniería —cuyo rector era su amigo de juventud Jorge Alva, padre de la ex ministra de Economía María Antonieta Alva—, para el ensamblaje de 47 plantas de oxígeno, las cuales servirían para salvar miles de vida humanas, víctimas del Covid- 19.

Esas 47 plantas, para noviembre, eran para Pilar Mazzeti la mayor fuente para evitar el colapso de oxígeno, tal como está sucediendo en la actualidad, pues, según Contraloría, solo 5 de ellas han sido instaladas.

Ese importantísimo proyecto, denominado Oxigena 47, increíblemente se le encargó a Elizabeth Chahuares Arpasi, quien se presentaba como ingeniera de la UNI, y asesora del ex mandatario Martín Vizcarra, ante diversas autoridades académicas (como el profesor Luque) y personalidades políticas.

El portal Sudaca reveló que 70 egresados enviaron una carta a las autoridades de la UNI, donde precisaban que Chahuares había sido presentada como ingeniera mecatrónica egresada de dicha universidad, pero que no pudieron identificar su registro en el Colegio de Ingenieros del Perú.

“Desde el 2018, ella ya tenía acceso al entorno de mayor confianza del presidente de la República. Tres visitas suyas a la presidencia quedaron registradas en los dos años previos a la pandemia. Una de esas reuniones, el 3 de enero de 2019, fue con el mismo Martín Vizcarra. Entró a Palacio por la puerta de Desamparados”, se refiere el portal.

Como tantas veces, Vizcarra negó que conozca a Chauares en persona, ni haya tenido reunión alguna con ella.

“Nunca ha trabajado en el despacho de Palacio ni lo ha representado en ninguna función”, aseveró Vizcarra, quien también había negado en su momento reuniones con Keiko Fujimori y Antonio Camayo, las cuales sí se habían realizado.

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