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Arte

El fotógrafo Stefano Klima inaugura “Transmutar”

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Transmutar es un proyecto experimental, elaborado con un conjunto de paisajes naturales y otros manipulados por el hombre con la intención de transformarlos y mutarlos, fragmentando su estructura básica al trabajar con el concepto de repetición para generar escenarios abstractos que rompen con los esquemas tradicionales del paisaje.

Se exhibirán nueve fotografías en gran formato (7 de 100x150cm, 1 de 200x86cm y  una intervención a una columna) con paisajes de Cusco, Tarapoto, y Huarochiri.

Transmutar no intenta mostrar el paisaje tal cual es observado o haya sido fotografiado anteriormente, la idea es generar nuevos discursos en torno a una misma imagen y que el espectador pueda recorrerlas al mismo tiempo que agudiza sus sentidos para encontrar diversas lecturas y elementos.

Stefano Klima vivió su niñez en Arequipa rodeado de paisajes naturales, cuando se muda a Lima y se dedica a la fotografía  el anhelo del  contacto con la naturaleza lo lleva a viajar por el mundo y sobre todo por el interior de Perú en busqueda de  paisajes que lo remontarán a las experiencias que vivió en esos años.

Empezó trabajando paisajes de toma directa sin intervención, utilizando el horizonte para generar un foco de atención dentro de la imagen y generar tensión dentro del mismo. En Transmutar, también busca romper con los esquemas tradicionales de la fotografía a través de una intervención digital, fragmentando el paisaje y  generarando escenarios abstractos.

La inauguración es el martes 18 de Junio en el Art Gallery del BTH Hotel (Av. Guardia Civil 727, San Borja) En ingreso es libre, desde las 11 de la mañana hasta las 10 de la noche.

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Cultura

“El niño de las figuritas”, un libro que recorre la intimidad del expresidente Martín Vizcarra

El libro del autor Richard Gallango se presentó el viernes 15 de octubre y ya se encuentra en todas las librerías.

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Sobre el expresidente Martín Vizcarra se han escrito varios libros. Uno de ellos fue El perfil del lagarto, un libro con muchas erratas y con falta de rigurosidad periodística. Las otras publicaciones fueron complacientes y hasta aburridas. Pero la publicación de El niño de las figuritas, del escritor y director publicitario Richard Gallango es un verdadero relato íntimo de Vizcarra y su entorno.

El libro nos introduce al universo más intimo, sórdido y decadente del expresidente Martín Vizcarra. El niño de las figuritas en sus 125 páginas está colmado de retos, mentiras, negaciones, infidelidades y traiciones; no se guarda nada y nos da un recuento de los movimientos más inverosímiles desde su paso por el Gobierno Regional de Moquegua; los entretelones de la campaña política del 2016; la ascendencia en los cargos más altos de sus amigos moqueguanos; la fina comunicación que sostenía con su “asesor” Richard Swing y la gesta de los famosos contratos con el Ministerio de Cultura.

También el relato nos permite conocer de cerca sus relaciones, intereses personales y las mujeres que le hicieron perder la cabeza y causaron la caída de Vizcarra.

El niño de las figuritas ya se encuentra a la venta en las librerías Vivant Book, Librería Communitas, Librería Sur, Librería El Virrey, y Librería Escena Libre.

Richard Gallango con su nuevo libro.

El autor Richard Gallango, estudió dirección de cine y televisión. Fue corresponsal de prensa extranjera, post productor publicitario y docente en la Universidad San Ignacio de Loyola. En el 2003 se inició como director publicitario en prestigiosas casas realizadoras del mercado peruano.

En el 2006, funda La Mafia Films, casa realizadora dedicada a la publicidad, donde fue director principal hasta el 2018. Actualmente, además de dirigir en Malvado Films, ha publicado para la editorial Inglesa Pearson el cuento “Pedro y los panecillos mágicos” (Pearson, 2013) el cual se ha distribuido en España, Portugal, EE.UU, México y toda Latinoamérica; y el libro “Diario de caminos” (Madreselva, 2021).

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Cine

The Card Counter, de Paul Schrader (2021)

Lee la crítica de cine de la semana de Mario Castro Cobos.

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De manera inmediata el protagonista de esta película no puede sino recordarme y reencontrarme con el autómata espiritual (‘El esclavo que obedeciendo a dios es libre’). Este hombre tiene un destino y lo va a cumplir aunque no quiera. Su cuerpo o algo misterioso en él (dentro de él, pese a él) lo llevará.

De Spinoza al jansenismo y Bresson puro, por supuesto. Schrader, solitario continuador de Bresson, marcado como él por una cosmovisión religiosa intragable. Sin negar la sensualidad lujuriosa del mundo incluso como algo positivo, está la idea irreductible de un camino inevitable y singularmente duro hacia la potencia de la redención.

No se trata de un ladrón de carteras o de un condenado a muerte que se escapa pero las habilidades específicas que no dejan de ser mentales son la razones del cuerpo sin las que no se entiende el alma. Y el infinito allá afuera es asimilado por el preso como inseparable (divinamente complementario) del infinito aquí dentro. Pasa sin problemas de manejar por las carreteras (so american) a su lost highway, a su carretera interior.

La rutina no constituye angustia o hundimiento sino ocasión para el ejercicio espiritual. La insistencia-en-lo-mismo, el conocimiento de las variables dentro de la constante, implica acercamientos a la perfección. No obstante un modelo de vida dentro de un ámbito predecible se prueba en su caso insostenible. La necesidad de asumir nuevas o antiguas variables se impone. El cuerpo es concreto, habla y hay que seguirlo. Adiós soledad robótica, hola melodrama.

Variables, desestabilizadoras / re-estabilizadoras, o sea, personajes; dos: el amigo-hijo y la mujer. Modificadores de la rutina, presuntos agentes de la catástrofe y la redención. En ambos reluce la tarea inacabada, lo que hay que hacer para alcanzar la plenitud y reinstaurar un equilibrio, un frágil ensayo de justicia.

Ah el viejo mito del héroe más o menos disfrazado combatiendo incomprendido y hasta ilógicamente contra el mal.

La coherencia de Schrader con la idea o con el dios que lo posee es apasionante. Schrader sabe bien a qué juega. La apuesta era alta (y aunque el papel de Defoe explicite la payasada del cliché) dedos y uñas unidos milagrosamente contra el muro transparente (que visibiliza y corporiza las prisiones previas del alma) lo dicen todo.

Tráiler

Película completa
https://cinefiliamalversa.blogspot.com/2021/09/the-card-counter-el-contador-de-cartas.html?fbclid=IwAR1JI4YLzS_Ya2IsD_k0cDHXNDY4_yWeWaq97V16qG3-DUuSvZDmYqmSkGY

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Cine

La vida recia: On the Bowery (1956)

Lee la crítica de cine de la semana de Rodolfo Acevedo.

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On the Bowery (1956) —de Lionel Rogosin (New York, 1924 – Los Angeles, 2000)—, es una película   elaborada bajo el influjo del neorrealismo y el cine directo —y del documental por supuesto—, evidente en la observación como forma de construir los planos, en el ritmo del relato en apariencia desapasionado y en el uso de actores no profesionales, buscando remarcar así su  afinidad con el espacio social de referencia. De esa manera cuenta la historia –casi una aventura- de Ray, un trabajador en paro que llega al barrio neoyorkino del título. Allí, su primera intensión —la que él mismo verbaliza— será tomarse un respiro, encontrar un empleo temporal y saciar su sed.

En su paso por calles descuidadas, repletas de indigentes y cantinas, le sucederán algunos percances, será víctima de la amistad y el engaño (Gorman), intentará infructuosamente quedarse en un albergue para gente sin techo, y volverá a embriagarse cada que pueda. En paralelo, la cámara registrará con cierto detalle, a la gente que puebla ese pedazo de ciudad abandonado al desempleo, la exclusión y la miseria.    

De entrada, el desplazamiento del protagonista por ese barrio de los años cincuenta (siglo xx) caracteriza su pertenencia a una clase trabajadora en constante tránsito, viviendo al día, de un lugar a otro, a costa de empleos ocasionales o por temporadas. En las imágenes veremos a los enganchadores cuando llegan en sus camiones a la ciudad y ofrecen pequeños trabajos que serán disputados por los desempleados a empujones. Camiones repletos de gente, gente colgada de las portezuelas. En palabras de los personajes, todos andan pendientes de obtener “unos dólares”, o están pendientes de quien los tenga —como los parroquianos de las cantinas. De esta manera, la lucha por la sobrevivencia, fundamental en esas condiciones, es mostrada desde los actos inconexos de individuos aislados y enfrentados entre sí. Como si fuesen objetos recogidos y luego devueltos, después de su uso –cosificados-, sus quejas y sus desmanes posteriores serán controlados por la autoridad, o buscarán protección y desahogo  en algún oscuro hueco callejero o en el vicio.  

Lo que podría parecer un estudio de caso (o ejemplificador, a lo Flaherty), en donde ciertas condiciones sociales de pobreza, deterioro urbano y delincuencia, coinciden con formas de degradación humana, se complejiza al introducir el discurso de una subcultura con sus propias reglas implícitas, lealtades y transgresiones. El personaje de Ray representa eso. Muestra un carácter definido en su actitud algo perdida y alcohólica que lo hace no conciliar con el discurso de los cuidados y la sobriedad. Como cuando abandona el albergue —una institución de beneficencia—, y prefiere la calle, la noche y el riesgo. Una conducta que el protagonista reafirma incluso en las circunstancias más difíciles, en el robo de sus cosas o en los amaneceres en plena vía pública. Y sin embargo, su conciencia no se define por “asumir las cosas como son” o sólo por levantarse cada vez que cae, él encuentra cierta fraternidad en ese mundo de alcohol y amistades casuales, por breves que sean sus relaciones, o contradictorias. (Y quizás todo ello sea parte de sobrellevar una vida de sobresaltos y precariedad).  

Gorman, el otro personaje en importancia, es una especie de guía despiadado dentro del Bowery. Y ambiguo, visto con ojos profanos. Le roba al protagonista, pero a su vez siente aprecio por él, lo ayuda, de cierta manera. Lo aconseja —es un hombre mayor, que de hecho representa la experiencia—, le dice que mejor se vaya de allí, que es joven y que aún tiene “futuro”, algo que muchos han perdido. Lo que anuncia repetidamente la película en sus imágenes y palabras es la cancelación de ese futuro como un porvenir mejor. El pasado subsiste como una perorata de tiempos posibles o en frases evasivas. De lo que se trata en ese tiempo y lugar específicos, es sólo de sobrevivir. (Los efectos a largo plazo sobre los hombres —no hay prácticamente mujeres— que tiene el ambiente son explícitos en los planos que se detienen en la fauna callejera, mostrando rostros y figuras deformes y avejentadas, remarcando así lo grotesco de sus aspectos, su deterioro, su final prácticamente anunciado). 

La historia de On The Bowery es una ficción en donde no actores tratan de interpretar su propia vida, o quizás buena parte de ella. Secuencias breves montadas a partir de cortes rápidos, construyen una visión global de lo que hace la gente en ese pedazo de ciudad, recogiendo incluso la mirada directa a la cámara o el señalamiento a ella —o al equipo de filmación. La película no encubre su artificio, ni la distancia con la cual asume la realidad que representa. Pero cuando nos acerca a la historia conducida por Ray y Gorman, su posición cambia —aunque no sustancialmente— y crea una especie de drama, aunque bastante seco y desapasionado, donde se narra una relación que va del aprovechamiento hacia alguna forma de amistad con algo de paternalismo. Así, en las trayectorias de esos dos personajes la obra desarrolla varios discursos a la vez: el del trabajo, el estilo de vida no convencional, la pobreza, la vejez, el conocimiento que dan los años, la conciencia práctica y la preservación de uno mismo. Como si fueran dos momentos de una sola vida, los personajes se encuentran, hacen lo posible y desaparecen por distintos caminos: uno parte, el otro se queda. Su futuro, quedará en suspenso, casi como repitiendo la propia incertidumbre de sus existencias reales. 

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Cultura

Entrevista | Paul Auster: “En pocos años no va a haber Estados Unidos en el sentido en que lo conocemos aquí y en otras partes del mundo”

Paul Auster acaba de publicar “La llama inmortal de Stephen Crane”, una extensa biografía de mil páginas sobre la corta pero intensa vida de este escritor norteamericano que —hoy olvidado— renovó la literatura estadounidense con una obra “que debería estar a la altura de autores como Henry James o Mark Twain”. Conversamos con Auster sobre este nuevo libro y temas de actualidad como la cultura de la cancelación y la Norteamérica post Trump.

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Auster recibe virtualmente a un grupo de periodistas latinoamericanos invitados por Planeta en la casa que comparte con su pareja, la también escritora Siri Hustvedt, en las cercanías del Prospect Park de Brooklyn, para hablar sobre Stephen Crane (1871 – 1900) un autor cuyas novelas Magie, una chica de la calle y La roja insignia del valor “cambiaron el curso de la literatura norteamericana. Creo que se lo ha abandonado. Hoy no se lo lee en las escuelas, pero creo que merece estar en el panteón de autores como Nathaniel Hawthorne, Henry James o Mark Twain. Lo que sucede es que vivió tan poco que la gente tiende a olvidarse de él. Escribí este libro para que muchos lectores puedan conocerlo y acceder a su obra”.

Stephen Crane escribió artículos, novelas, relatos y poesía; trabajó como corresponsal de guerra en Cuba y defendió los derechos laborales y sociales. Sobrevivió a un naufragio, fue amigo de Joseph Conrad y gozó en vida de la fama arrasadora que tuvo también F. S. Fitzgerald. Por eso la extrañeza de su olvido en los lectores norteamericanos. La roja insignia del valor fue llevada al cine por John Huston y era lectura obligada para casi todos los estudiantes estadounidenses. Hoy, sin embargo, comparte el mismo destino de La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne, recuerda Auster, acusando indirectamente al plan educativo que ha hecho de lado a estos clásicos que funcionan también como una radiografía de ese país continente donde “los abismos entre ricos y pobres son tan hondos como en los de su época. Ahora estamos otra vez donde estábamos hace 120 años. Se desmantelaron los sindicatos, a los trabajadores se los trata como basura y los ricos se enriquecen constantemente. No estaba escribiendo sobre la prehistoria, sino escribiendo sobre Estados Unidos, que no es muy distinto al que era hace 100 años”.

Para Auster, Crane modernizó la forma de contar una historia, abandonando esa literatura que pretendía educar a los lectores. En ese sentido, fue un radical de su tiempo: “Fue en contra de lo que sucedía con la literatura estadounidense en ese momento, le quitó todo lo moralizante, todos los juicios morales que hacían los escritores en la ficción, para contar la verdad. Miraba de una manera cautelosa, tenía una mirada como de fotógrafo o de periodista de investigación que describía lo que estaba pasando antes de ponerlo en tela de juicio. Su primera novela, Maggie, una niña de la calle habla de los barrios abandonados y pobres y de cómo esta niña se convierte en prostituta y muere por eso. El no juzga, solo lo cuenta y esto resulta extraordinario. Desde lo estilístico, él le quitó a la literatura todo lo que se asociaba con la novela del siglo XIX: las descripciones, el color local, las largas peroratas sobre cómo era el cuarto, el paisaje o la ropa. Crane solo escribió sobre lo esencial, desnudó la prosa. La roja insignia del valor es una novela sobre la guerra civil estadounidense en la que jamás menciona el nombre de esa guerra, no dice de qué bando son, no menciona la esclavitud ni a Abraham Lincoln ni a ningún general. Lo que hace es meterse en la mente de un joven de 16 o 17 años que lanzan a la batalla y siente miedo”.

Aunque las personalidades de los escritores sean muy distintas entre sí, hay algo que los une: la dificultad para poder escribir y publicar, alcanzar al menos el ligero brillo de la lectoría, esa búsqueda no solo del reconocimiento literario sino y sobre todo de los lectores. “Crane, sin embargo, pasó por mucho de lo que yo pasé de joven. Vivió el rechazo, dificultades para publicar, ahí es donde me siento muy cercano a Crane. El ser testarudo y persistir es algo que entendí muy bien con él. Tuvo mucho éxito, pero buena parte de su vida fue problemática, tuvo problemas de dinero, una relación, fue corresponsal de dos guerras y estaba en un naufragio, le encantaba jugar póker y todo esto creo que es porque sabía que iba a morir joven”. Auster evalúa entonces su vida como escritor y establece un paralelo entre qué estaba haciendo él a la edad en que Crane -ya una joven celebridad- murió: “¿Quién era yo a los 28 años, la edad en la que murió Stephen Crane? Me acababa de casar, había publicado unos tres libros de poesía, había traducido bastante poesía y había escrito bastantes ensayos literarios y había acumulado 1000 hojas de prosa, que nunca me habían causado demasiada satisfacción. Si me hubiera muerto a los 28 años, habría desaparecido, habría sido como una piedrita que cayó al agua. Creo que mi trayectoria es normal, es típica, comencé a pensar que tenía una carrera a principios de los 30 años, Crane es como Mozart: produjeron muy jóvenes”. Auster nos recuerda que Crane murió de 28 años, víctima de la tuberculosis.

Auster en la intimidad.

Si Crane vivió los grandes cambios de su tiempo, fines del XIX, Auster ha vivido los grandes cambios tecnológicos y sociales del siglo XX, entre ellos los activismos. Hace poco un profesor de la Universidad de Michigan fue separado de la cátedra sobre Shakespeare por haber proyectado la película de Otelo interpretada por Laurence Olivier. ¿Cómo ve esta tendencia global el autor del “Leviatán”? “Me causa mucho pesar la cultura de la cancelación; no es una tendencia muy prometedora en la cultura estadounidense, pero con el poder creciente que tiene la extrema derecha en Estados Unidos no me preocupa tanto este problema. El peligro de Donald Trump y los republicanos que quieren destruir al país me parece más urgente, no vale la pena perder el tiempo en otros asuntos. Esto de la cultura de la cancelación lo hacen chicos jóvenes muy idealistas que están fuera de sí y van a madurar. El problema es que nos van a robar la democracia frente a nuestros ojos, salvo que nos unamos y resistamos a eso. En pocos años no va a haber Estados Unidos en el sentido en que lo conocemos aquí y en otras partes del mundo”.

Entre la cultura de la cancelación, el olvido de los clásicos, los profundos abismos provocados por la pobreza y la realidad, Auster recita de memoria un poema de Crane, que es, además, con el que abre el libro: “En el desierto / vi una criatura, / desnuda, bestial, /que, agachándose en el suelo, / tomó su corazón con las manos / y se lo comió. / Dije: “¿Está bueno, amigo?”. / “Está amargo, amargo”, me respondió, / pero me gusta / porque está amargo / y porque es mi corazón”. Hay un silencio entonces entre Auster y el enorme texto que acaba de compartir: “Es un poema asombroso, es la gente que se está comiendo a sí misma, aferrada a su miseria… creo que psicológicamente es una obra muy profunda”.

¿Qué autores no olvidar entonces? Pues a todos aquellos que retrataron el pase de la sociedad agraria a la sociedad industrial, por ejemplo, escritores que vivieron, como Crane, una época irrepetible, la del adiós al Salvaje Oeste y el de la bienvenida a la prosperidad del Gran Gatsby, el pase a la conversión de Estados Unidos en la potencia capitalista que estuvo atravesada por la esclavitud, el exterminio de los indios y su encierro en las reservas, los movimientos sociales  y las reivindicaciones laborales que luego se extendieron al mundo entero.

Auster se despide recordando que Crane escribió a sus 28 años finales unas 3 mil páginas brillantes, del mismo tenor que Shelley, Keats, Mozart, que produjeron mucho siendo muy jóvenes. “Es tan raro que suceda esto, que resulta notable”, finalizó.

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Cultura

III Salón Internacional de Arte Independiente

Una muestra internacional de arte con la participación de 35 artistas de diversos países.

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La Coalición Independiente de Artistas (35 artistas internacionales) sumando esfuerzos al equipo de Círculos Cultura mediante la Dirección del Artista y gestor Martin Ferro se unen en esta 3era Edición Latinoamérica – Virtual para la realización de la exposición.

Entre los 35 artistas que participan se encuentran:  Margarita Ninapaytan, Martin Ferro, Jorge Miyagui, Martín Yépez, Katia Landauro, Karry Carrión, Rebeca Dorich, Karina Aguilar, Franco Espinoza, Silvana Ponce, Denice Culqui, Luis Cruzado, Willy López, Abel Salazar, Jhon Rojas y Rosadina Güere (Perú), Liliana Rothschild, Alberto Machicado y Diana Viera (Argentina), Álvaro Bonilla (Colombia), MATT 13 (Costa Rica), Adner Guevara y José Luis Lorenzo (Cuba), Francisco Barahona y Renato Ulloa (Ecuador), Graciela Guerrero (México), Zulaika Vega (Panamá), Wilmer Colón (Puerto Rico), Réjane Limnios (Francia), Emily Shih (Taiwán), Mahima Gupta (USA), Ekatherine Vanderbiezen-(Holanda). Sumados a la presentación de los destacados músicos: Fernando Mogollón y Alberto Fabián Alva y la participación literaria con Paul Flores E.

Esta acción cultural educativa y artística de integración sin fines de lucro se ha desarrollado en Perú, Chile y Ecuador desde el año 2016, como producto de la colaboración entre destacados artistas ahora de 12 países. En una amalgama de talento y creatividad se integran interdisciplinariamente los temas musicales vinculados a la identidad cultural y la libertad: Articulándose como una nación y raza humana mediante la iconografía de las artes y la identidad como cultura latinoamericana.

La exposición ya se encuentra online desde el 12 de octubre del 2021 en la plataforma virtual de Círculo Cultural la exposición virtual. Las obras estarán durante un mes mediante la gestión en equipo dirigida por el artista gestor y difusor cultural Martin Ferro.

Esta exposición se desarrolla en formato Virtual donde se puede apreciar la riqueza visual y de contenido humanista del collage multicultural e interdisciplinario propio de Latinoamérica la cual cuenta con material pictórico, literario, musical y audiovisual.

Ingresar a la dirección Facebook del Círculo Cultural: Perú.

Exposición virtual activa semana a semana: htps://www.facebook.com/martin.ferro.artes/

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Cultura

Premio Planeta 2021: Tres hombres detrás de una mujer

Carmen Mola era simplemente un seudónimo. Tres escritores estuvieron detrás de toda su creación literaria y fueron los que recibieron el premio. En las redes protestan las feministas.

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Mirémonos a las caras y seamos honestos. ¿Quién no quiere ganarse el Premio Planeta? Así sea por el dinero (1 millón de euros para el ganador, más que el Nobel de Literatura) el Premio Planeta es un premio de prestigio. La ha ganado Cela, MVL, Javier Cercas y Posteguillo entre otros. En sí mismo el premio tiene peso en cuanto prestigio. Y lo más curioso es que en los últimos años la han estado ganando autores del gran rival de editorial Planeta, como es el caso de Cercas autor de Random House. En esta oportunidad le tocó a Carmen Mola, un pseudónimo bajo el que se ocultaban tres escritores que cuál guionistas de Netflix crearon el gran fenómeno editorial de la saga de La novia gitana, una trilogía editada por Alfaguara, del grupo Random House, el cual es el fenómeno editorial de novela negra que se impuso apenas anteayer a más de medio millar de novelas en competencia.

 Cómo autora Carmen Mola (detrás de la cual se encuentran tres hombres de mediana edad: Díaz, Martínez y Mercería) es “alguien” todavía reciente en el mundo de los libros, lo cual hace recordar al último premiado “novel” del certamen, como es el caso de Juan Manuel de Prada (Premio Planeta de 1997 por La tempestad). No obstante el bagaje y trayectoria del equipo de escritores tras Carmen, este es un premio en cierto modo reivindicativo de los nuevos narradores, además de revelar el secreto de la misteriosa Mola.

Resulta hasta gracioso, Mola siendo un pseudónimo compitió este año detrás de otro pseudónimo y lo más gracioso es la sorpresa que se llevaron los asistentes al premio y los medios que la cubrían, para quienes Mola no es ninguna desconocida. Quizá una sorpresa incómoda en la era de la corrección y el feminismo, y sin embargo un premio merecido al esfuerzo no de una individualidad sino de una comunidad de autores.

En una entrevista no hace mucho a Mola, “ella” mencionó lo siguiente: “No tengo ningún motivo por el que desvelar mi identidad (…) aunque siempre podemos poner un cero más al cheque”. Pues varios ceros detrás de uno la han sacado del misterio. La saga de la inspectora Elena Blanco ha vendido más de 400 mil ejemplares desde 2018 y todo hace ver qué su número de ventas aumentará cuando se publique La bestia, título ganador del Planeta 2021.

Alegra que este año no se haya perdido después del fiasco del premio Nobel (¿En serio estando Houellebecq y Cartarescu vivos?). A veces los intentos de justicia resultan, sobre todo en arte, injustos. A veces pseudónimo tras un pseudónimo ofrecen la esperanza de la venganza. Este año le tocó a Planeta reivindicar el género de Cervantes, y una cosa que no está demás mencionar, desde este año el premio con mayor dotación de dinero en el mundo es un premio en lengua española. Habrá muchos que criticarán el mercantilismo del certamen, pero una cosa es cierta, como hace falta plata en el bolsillo y reconocimiento a los escritores que se lo toman en serio. Si no fuese por estos premios mercantilistas y la vocación mercenaria de los escritores, seguramente hoy día casi nadie sabría quien fue Roberto Bolaño.

Cabe destacar algo más de esta premiación. O mejor dicho, dos cosas. Primero la prolija producción de Mola (una trilogía en tres años) solo es posible por la obra coral de un equipo de escritores especialistas en el thriller; y segundo, se necesitan tres hombres para escribir como una mujer.

Ah, me olvidaba. Los ganadores dedicaron el premio a aquello que extrañamente los hermana, el padre de cada uno de los autores está muerto. A la memoria del padre, pues.

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Cultura

La artista Jeanette Villarreal participará en la IV Bienal De Arte Contemporáneo de Salerno Italia

El arte peruano estará presente en la Bienal Internacional de Arte que se inaugurará en unas semana en el Viejo Continente.

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La artista peruana Jeanette Villarreal ha sido invitada para exponer su obra en la IV Bienal de Arte de Contemporáneo de Salerno Italia que se realizará del 06 al 21 de noviembre en las instalaciones del Palazzo Fruscione.

 Villarreal es artista visual, docente y gestora cultural egresada de la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes del Perú con la más alta distinción en la especialidad de Pintura (1992). Desde 1990 ha participado en importantes exposiciones colectivas nacionales e internacionales. Sus obras forman parte de diferentes colecciones en el Perú y en el extranjero como en Chile, Colombia, Ecuador, Argentina, México, Costa Rica, EEUU, Holanda y Francia. 

Además, es co-fundadora de la Institución Educativa Ana María Kan (1994) y Directora de Illamar Galería Arte y Diseño (2010) en Carabayllo; desarrollando importantes actividades artísticas y culturales como Gestora Cultural.

¿Invisibles? No.

Desde el 2010 ha impulsado actividades artísticas y culturales en el distrito de Carabayllo y en Lima norte, realizando talleres pedagógicos, concursos inter escolares y exposiciones artísticas para el desarrollo de la comunidad emergente de esta gran zona de Lima. Desde el 2002 es integrante de la Asociación de Artistas Plásticos del Perú Trascenderes, y desde el 2016 es integrante del Colectivo Femenino de Artistas  Pintoras Perú.

Jeanette Villarreal participará con dos obras: Hagamos florecer las cosas buenas y Las manos del artista, dos pinturas que reflejan la espiritualidad y las raíces de la creación de los artistas. Su pinturas pasaron por una etapa de selección que realizó el Comité científico de la Bienal, conformado por curadores, artistas y profesionales destacados.

En la IV Bienal de Arte Contemporáneo de Salerno Italia, participan más de 200 artistas de todo el mundo.

“Los artistas peruanos buscamos nuevos horizontes y nuevos lugares para mostrar nuestro trabajo”, menciona Villarreal.

Pero en esta exposición internacional en el Viejo Continente en total son 10 los artistas peruanos que participan: Jeanette Villarreal Kan, Wilfredo Navarrete Arellano, Juan Manuel Champi, Martin Amado Mamani, Jhon Zapata Carreño, Carmen Flores Quispe, José Antonio Peralta Lozada, Dandy Ruíz Estrada, Ximena Heraud y Juan Gómez Flores.

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Cine

“Contactado” una película que nos muestra el rostro del arribismo y la necesidad de creer

La cinta se estrenará de manera gratuita y al aire libre a partir del 15 de octubre, hasta el 12 de noviembre, en diversos puntos de Lima.

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La nueva película de la experimentada y ganadora de varios festivales, la cineasta peruana Marité Ugás, Contactado está a punto de estrenarse en Perú. Esta producción que ganó el premio de Estímulos Económicos del Ministerio de Cultura, es un trabajo conjunto con la directora venezolana Mariana Rondón (ganadora en el Festival de San Sebastián en 2013, por Pelo Malo).

Aldo, interpretado por Baldomero Cáceres es un surfista y guía turístico que en su pasado con el apelativo de “Aldemar”, predicaba en un culto extraterrestre. Sin embargo, esa faceta la desterró en su vida actual y él por ahora, solo alterna con sus inquilinas, su madre, que está internada en un albergue para ancianos y algunos turistas que acuden a la huaca Mateo Salado para que les cuente sobre la energía que albergaba hace siglos aquel santuario Ichma.

Sin embargo, todo ese “sosiego” de Aldo fue interrumpido por un joven que sabía de su pasado y que se presentó como un discípulo, con el objetivo de inducirlo a volver a las predicas sensoriales, que serían aguardadas por varios cultores que presuntamente se mantenían en espera.

Aunque, el tema abordado por la directora es interesante, porque precisamente, en nuestro país existió y siguen extiendo varios grupos religiosos y parapsicológicos asociados a la causa de avistamientos de naves extraterrestres; y a pesar de la actuación de Baldomero, que cumple con el cometido del personaje confuso y enigmático, el guion por momentos baja su ritmo y deja en ascuas al espectador, porque prácticamente le ordena a éste que tenga un bagaje previo en temas paranormales y de misticismo; en lugar de proveerle ciertos indicios que servirían como “hilos de la madeja”.

En este sentido, se hace complicado conectar con el público; sin embargo, hay otros tópicos que funcionan: como el enfoque urbano de la historia, provistas de ferias artesanales con peculiares personajes, la imponencia del mar a través de sus olas, el estruendoso ruido de las construcciones que obedecen al boom inmobiliario y el hecho de ver portentosas huacas que son patrimonios culturales en medio de toda la ciudad.

Asimismo, la fotografía cumple con sus planos acertados, generalmente abiertos y en algunos momentos cenitales, para fisgonear a los personajes. Por su parte, el sonido al ritmo del violín de Pauchi Sasaki, le da una atmosfera de suspenso, a pesar que éste no logre decodificarse del todo.

Ahora bien, hay escenas que le ponen destellos a la cinta, como los testimonios de los pobladores de Chilca que contaban sus experiencias con los extraterrestres y con las antiguas predicas del líder Aldemar, aquella parte le da a la película una temática del tipo documental.  O la escena de amor que resulta sublime… cuando Aldo comparte un cigarrillo con su anciana madre. Así, como el encuentro con una antigua discípula Aura (interpretada por Elsa Olivero) que, por instantes, baja la tensión psicológica de la trama; no obstante, la pérdida de su perro Orión nos mostró a un Aldo casi derrotado que sin proponérselo cayó en un juego de manipulación que ya no tenía retorno.

El protagonista es un caminante… todo el tiempo camina, en las playas, en las lomas, en la ciudad y en las huacas y a pesar que su “discípulo” Gabriel le dice que es un profeta, él ya no lo cree, porque le aterra recordar que, en el pasado, su culto estuvo ligado al tráfico de tierras.

La película nos muestra el rostro del arribismo, y la pasión que tienen algunas personas cuando creen en algo, que a pesar de no “verlo”, se muestran incondicionales.   

Contactado está protagonizada por el actor peruano Baldomero Cáceres, que comparte roles con Miguel Dávalos, Lita Sousa, Samantha Castillo, Solange Tavares y Beto Benites, entre otros. 

La cinta se estrenará de manera gratuita y al aire libre a partir del 15 de octubre, hasta el 12 de noviembre, en diversos puntos de Lima.

El dato:

Película: Contactado

93 minutos – 2.39 – DCP 5.1

Escrita y dirigida por Marité Ugás

Producida por Mariana Rondón

Perú | Brasil |Venezuela | Noruega

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