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Literatura

CUENTO: Héroes en juerga

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 CUENTO:

HÉROES EN JUERGA

Escribe Fernando Morote

“Confiar en la Historia, como confiar en cualquier revista de historietas o en la misma religión, es esencialmente una cuestión de fe. Aunque la Historia toda sea una mentira. ¿Por qué no? Lo único verdaderamente cierto es la mentira”

El niño no podía dormir. Encendió la luz de la lamparita que estaba sobre su mesa de noche y, con las manos cruzadas bajo la nuca, se puso a contemplar los retratos de sus héroes favoritos. Para él Batman, Súperman, El Hombre Araña y los demás no existían. En las paredes de su dormitorio sólo había espacio para colgar los cuadros de Miguel Grau, Francisco Bolognesi, Alfonso Ugarte, Andrés Avelino Cáceres, José Olaya y otras figuras relevantes de la historia nacional.

Como la noche era extremadamente calurosa, el niño no resistió estar mucho tiempo despierto sobre la cama. Se acercó entonces a su ventana para distraerse un poco. Por ella vio que abajo, en la casa de enfrente, se ultimaban los preparativos para la celebración de una gran fiesta. Mozos y sirvientas corrían de un lado para otro disponiendo sobre las mesas toda clase de azafates, fuentes de comida, jarras, copas  y otros utensilios. Al rato empezaron a llegar los invitados. “¡Dios!”, exclamó atónito el niño cuando vio bajar de una enorme limosina negra a Miguel Grau acompañado de una exuberante rubia, muy bien dotada. Detrás de él, en un convertible rojo, llegó Francisco Bolognesi, también envidiablemente acompañado. Luego, a pie y en grupo, se hicieron presentes Andrés Avelino Cáceres, Ramón Castilla y Leoncio Prado.

A continuación apareció Alfonso Ugarte montando su caballo, ya que a pesar de la fortuna que poseía su carro no era muy presentable socialmente, por lo que llegaba siempre a sus reuniones en cuatro patas. Más tarde vino José Olaya, en completo estado de euforia, tarareando una canción de moda. Los penúltimos en llegar fueron, por un lado, Jorge Chávez y José Abelardo Quiñones, quienes se habían conseguido para la ocasión un par de azafatas canadienses buenísimas; y por el otro, Atahualpa y Pachacútec, quienes aparecieron en una bicimoto debido a que, con la caída del Imperio, habían quedado quebrados y no pudieron conseguir otra cosa mejor para movilizarse. Solito y atrasado, llegó Túpac Amaru manejando un volkswagen destartalado que, dicho sea de paso, estaba pintado de la manera más vulgar y despiadada; en su parabrisas se veía pegado un cartelito que decía TAXI. Todos los héroes, sin embargo, y en eso coincidieron, llegaron vestidos tal como han aparecido durante años, añísimos, en los libros de Historia del Perú.

El niño estaba anonadado. Sus héroes de toda la vida, esos que había conocido en el colegio a través de sus profesores y los libros de texto, estaban allí, en carne y hueso, vivos, fascinantes, hermosos¼.¡y al frente de su casa!…., como quien dice al alcance de la mano, o por lo menos del ojo; ésta era una oportunidad irrepetible de tocarlos, de abrazarlos, de besarlos. La puerta de la casa de enfrente se cerró, luego de que las limosinas, los autos y los caballos fueron debidamente estacionados por un criado, y entonces el niño se quedó sin ángulo de visión para contemplar a sus  héroes; a él no llegaban ahora más que los ruidos causados por las risas, las conversaciones de tono elevado y la música; criolla, por cierto.

El niño decidió entonces cambiarse de ropa y salir a espiar la fiesta. El primer vistazo le proporcionó una imagen distinta en cuanto a las indumentarias de algunos concurrentes. Miguel Grau se había puesto cómodo y llevaba ahora un pantalón bastante ancho, supuestamente plomo, que sujetaba con unos tirantes ornamentales muy holgados, y también había cambiado sus zapatos de gala por unas zapatillas negras de levantarse, estilo chino viejo; además, con su panza protuberante, envuelta en una ceñida camiseta blanca de algodón, y sus brazos vigorosos de bíceps abultados, daba la impresión de ser un genuino panadero italiano.

José Olaya lucía modernísimo; usaba lentes oscuros y tenía el pelo casi amarillo a causa del yodo del  agua marina; sobre su pecho caían innumerables collares y de sus muñecas colgaban infinidad de pulseras; un par de sandalias de cuero y una ropebaño hawaiana de colores muy vivos completaban su vestimenta; tenía todo el aspecto de un tablista mujeriego y rockero; un auténtico surfer.

Los otros, más formales, conservaban sus mismos atuendos de los libros, pero todos, todos allí estaban hueveando igualmente en gran forma y brillante estilo. Bolognesi, en un rincón, le practicaba un examen mamográfico completo a su acompañante.

Andrés Avelino Cáceres y Alfonso Ugarte levantaban sus copas diciendo “¡Salud!” junto a las fuentes de comida, y de un trago se echaban la salud al hígado. Túpac Amaru, que seguía solito, sacaba de su bolsillo un espectacular paco de marihuana y se armaba un troncho también espectacular. Ramón Castilla chupaba de lo lindo y se vacilaba como negro con una sirvienta bien despachada, una buena morena a la que tenía sentada sobre sus piernas, mientras ésta lo besaba, lo mimaba y jugaba con sus mostachos llenos de trago y de tallarines rojos; detrás del Mariscal estaba plantado un negro imponente vestido con terno azul, camisa blanca y corbata roja, chaleco antibalas bajo su saco, que actuaba como su guardaespaldas. Jorge Chávez y José Abelardo Quiñones se pachamanqueaban de lo lindo a sus azafatas canadienses. Atahualpa repartía, de rato en rato, unos paquetitos blancos. Pachacútec se tapaba los ojos para bostezar. Leoncio Prado tomaba café.

Sin ser visto, y forzando una ventana mal cerrada, el niño logró penetrar en la casa. Ya estaba en medio de la fiesta. Pero ninguno de los héroes se percató del hecho, pues estaban todos muy ocupados en sus respectivos asuntos. El niño, entre asustado y feliz, empezó a recorrer silenciosamente el lugar. La primera manifestación, que casi lo hizo saltar de pánico, fue un sonoro y prolongado eructo que José Olaya aventó a los demás invitados mientras bailaba solo frente a un espejo escuchando música en su walkman; segundos después el mismo Olaya se encargaría de disculpar su conducta.

—Perdonen, señores —dijo— Ha sido un eructo sincero, y la sinceridad es para mí lo más importante.

El niño siguió avanzando, completamente ignorado por sus héroes. Pasó muy cerca de Miguel Grau, quien se había desprendido en ese momento de su rubia exuberante y estaba conversando con Francisco Bolognesi. El niño le oyó decir a Grau:

—En realidad quería venir a esta fiesta con la Rosa Merino, pero me dijo que no podía acompañarme porque la habían contratado en no sé qué pub de Miraflores para que cantara el Himno Nacional.

—¿Y tú le crees? —replicó airado, Bolognesi— ¡Puros cuentos, hermano! Se trata de un pretexto nada más para salir con el músico ese que hace tiempo estuvo de moda¼¿Cómo se llama?

—¿Quién? ¿Bernardo Alcedo?

—¡Claro, Bernardo Alcedo! Debes tener cuidado con él, compadre. Yo creo que ese tío se brinca a la Rosa Merino con el cuento del Himno Nacional¼.¿No? ¿Tú qué dices? —esto último lo dijo Bolognesi dirigiéndose a Leoncio Prado, involucrándolo en la conversación, pero Leoncio Prado no le contestó;

siguió tomando su café.

El niño dio unos pasos más y tropezó con la figura de Alfonso Ugarte, que le decía a Andrés Avelino Cáceres:

—Morir por la patria, en ciertas circunstancias, no es un acto de heroísmo sino de estupidez.

Más allá, el niño notó que José Abelardo Quiñones y su azafata canadiense estaban en unos agarres malditos, mientras, cerca de ellos, Ramón Castilla le explicaba algo, acaloradamente, a su guardaespaldas:

—¡Hecho histórico! —bufaba Castilla— ¡Hecho histórico! Todos se llenan ahora la boca hablando con pompa de los hechos históricos. Todos los hechos son históricos, hasta los más insignificantes y corrientes, por el solo hecho de que ya sucedieron, ¿no se dan cuenta?

Pachacútec y Atahualpa se habían retirado a un lado y tenían todas las intenciones de vaciarse una garrafa de chicha de jora, que ellos mismos habían traído a la fiesta. El niño también pasó junto a ellos.

—Los hombres son como los países —comentaba Pachacútec—: si nada sufren, nada bueno producen.

 

Pero cuando probó la chicha, el Inca hizo una notoria mueca de asco: “¿No le sientes un ligero sabor

a¼.kerosenito?”, le preguntó a Atahualpa, como si el diminutivo pudiera atenuar en algo el sabor resinoso que tenía el licor. Y entonces Atahualpa escuchó la voz de alguien que lo llamaba.

—¡Óyeme, Atahualpa! ¿Tienes merca todavía? —le preguntaron.

Atahualpa asintió con la cabeza. El que así lo llamaba era José Olaya, quien, previo pago en billete contante y sonante, se hizo acreedor a un soberbio paquete blanco, de los que repartía el Inca. Durante la transacción el niño se enteró, por un comentario de Olaya, que Atahualpa había tenido que dedicarse a tiempo completo a la micro-comercialización de clorhidrato de cocaína por efecto de la caída del Imperio, el Rescate del Cuarto a manos de los españoles y demás penurias. También le escuchó decir al Inca, y esto se le quedó grabado:

 

—Los vicios son sagrados, hermano.

Luego el niño volvió por donde estaba Miguel Grau, de nuevo con su rubia exuberante, y esta vez no pudo contener su impulso.

 

—¡Hola! —le dijo.

Pero Miguel Grau sólo le contestó “¡¼lá!”, sin darle mayor importancia. El niño bajó los ojos, luego la cabeza. Miguel Grau le decía, mientras tanto, a la rubia: “La aristocracia se lleva por dentro, flaca”. Luego se percató de que el niño no se había movido de su sitio y le arrojó una sonrisa llena de dulzura. El niño, con ese mínimo gesto del Almirante, se dio cuenta entonces de que Grau era un hombre humilde, pero en el sentido elevado de la palabra.

Una conversación detrás de él atrajo su atención. Alfonso Ugarte, que seguía bebiendo animadamente con Andrés Avelino Cáceres, le decía en tono confidente a éste:

—¿Sabes lo que de verdad sucedió en el Morro de Arica el 7 de Junio? ¡Que Pancho Bolognesi y sus


soldados se la pasaron fumando mixtos de hierba y pasta toda la noche, y después querían levantarse bien atléticos, los muy pendejos, para la batalla del día siguiente!

Jorge Chávez, José Abelardo Quiñones, los patas más ricos del tono, los aviadores pitucones, y sus azafatas canadienses, eran los únicos que por el momento bailaban en la gran sala de la casa.

El niño tuvo ganas de orinar. Pero cuando abrió la puerta del baño sorprendió a Leoncio Prado en plena absorción de medio paco de vaina.

—¡Hola! —le dijo el niño.

Pero Leoncio Prado, muy callado como él era, le respondió igual que Miguel Grau, “¡¼lá!”, y se fue. Cuando el niño regresó a la sala, los héroes estaban ya, casi todos, bien movidos. Bailaban solos o intercambiando parejas, no tenían ningún tipo de inhibiciones y hacían miles de bromas. Bailaban en ruedas, saltando, aplaudiendo. Hacían el trencito.

—Una de las cosas que yo más aspiro en mi vida¼.—decía Andrés Avelino Cáceres.

—¡…es clorhidrato!” —le contestaba Jorge Chávez, desde la pista de baile, y se mataba de risa.

—Por favor —replicaba Cáceres— No seas pueril, Jorgito.

Pero lo cierto era que estaba con la nariz blanca y zangoloteaba la cabeza sin parar, movía los ojos irracionalmente de arriba abajo, se le trababa la lengua, se le lenguaba la traba.

—¡Está durísimo el perro! —decían de él los demás.

 

Pachacútec y Ramón Castilla estaban mudos, con una expresión de espanto en la cara. José Abelardo Quiñones subía con su azafata canadiense a una habitación del segundo piso. Antes de subir, precavidamente le pidió a Jorge Chávez que le regalara un par de condones. Alfonso Ugarte, que había salido unos minutos a la calle para tomar un poco de aire fresco, entró agitado diciendo:

—¡Se acaba de estacionar al frente un autazo lleno de cueros! ¡Vengan a ver!

 

Muchos se asomaron a la ventana. Estaban desquiciados. Ramón Castilla silbó como canario. Túpac Amaru se agarró el pájaro. Andrés Avelino Cáceres no se aguantó las ganas y gritó:

—¡Mamitas! ¿Por qué no entran? ¡Tenemos de todo para invitarles!

Las tres chicas del auto les lanzaron una mirada provocadora y arrancaron a toda velocidad.  Alfonso

Ugarte le dijo a José Olaya:

—¡Pepe, acompáñame!

Tomaron la bicimoto de los Incas y partieron raudos tras las muchachas.

La reunión volvió a su curso. Miguel Grau, de quien el niño había oído que sus camaradas le llamaban por todos los nombres posibles, desde Miguelón hasta Mickey, pasando por Miguelo, Mikelis, Michael y Michelle, su cabeza hundida en la mesa, se confesaba con Francisco Bolognesi; le decía:

—Cuando un hombre, hermano, que ha estado emborrachándose toda la noche, de pronto se acuerda y piensa en una mujer, que sabe Dios adónde habrá estado toda la noche, es porque¼

Un alarido lo interrumpió.

—¡Buena, Brujo! —le gritó Atahualpa a Andrés Avelino Cáceres, después de que éste se hubo servido una metralleta incontrolable de tiros con su cañita de plástico.

Casi simultáneamente a esto se producía un altercado entre Jorge Chávez y Túpac Amaru, quien se había cansado de estar solito y había empezado a afanar a la pareja del primero.

 

—Apártate —le decía Jorge Chávez— No quiero damnificarte.

Pero, como siempre rebelde, Túpac Amaru no hacía caso.

—Escucha¼.—insistía Jorge Chávez, señalándose el ojo.

—¡Acúñalo de una vez! —se escuchó por ahí una voz alterada, echando carbón.

Entonces Jorge Chávez le dio un manotazo cariñoso, de amigo, tratando de evitar la pelea, pero Túpac Amaru no lo entendió así y le arrimó un cachetadón tal que el vaso de Jorge Chávez cayó al piso, haciéndose chichirimico. La bronca fue inevitable. Los dos héroes se fueron al suelo y se trenzaron a golpes sin piedad de ninguna clase. Túpac Amaru pegaba en todos los elementos faciales de su rival, mientras  que Jorge Chávez lo hacía en las partes bajas, a veces subterráneas, de su contendor. Justo en ese momento pasaron a toda velocidad, delante de la casa, Alfonso Ugarte y José Olaya haciendo un escándalo de los mil demonios en la bicimoto.

—¡Estamos drogados! —gritaba Alfonso Ugarte.

—¡Que viva la bohemia, la vagancia y la prostitución! —proclamaba José Olaya.

Al rato aparecieron dentro de la casa. Venían sobredimensionados, pero de tóxicos, y al encontrar a todo el grupo alborotado alrededor de la bronca, les gritaron en tono sarcástico, alargando la segunda sílaba:

—¡Basssuuura!

Esto fue suficiente para que todos se olvidaran de la pelea y corrieran a estrechar la mano de los recién llegados; querían averiguar cómo les había ido con las chicas. El niño escuchó que Alfonso Ugarte y José Olaya justificaban su fracaso de no haber podido alcanzarlas, aduciendo que la bicimoto de los Incas  ya no servía para nada.

—Ese aparato está pa’l gato —decían.

El grupo, incrédulo y decepcionado ante la noticia, se dispersó.

—Bueno, señores —dijo Miguel Grau— Me retiro. Mañana me muero. Me despiertan temprano, por favor —y le dio un beso de despedida a su rubia exuberante.

Pero ésta no lo dejó ir. Entonces el Almirante le cogió suavemente los hermosos senos y le dijo, mirándola fijamente a los ojos:

—Tú sabes que mañana es 8 de Octubre, día en que celebro mi efemérides —y atisbando al cielo, a través de la ventana, añadió:— Sólo espero que sea un día soleado. Los días difíciles, con sol, son menos difíciles.

La rubia exuberante entendió esta vez y entonces lo soltó. Pero cuando Miguel Grau estaba subiendo las escaleras para ir a su habitación, el niño corrió hasta él y lo jaló de la manga.

—Almirante —le dijo— No entiendo nada de lo que pasa aquí. ¿Puede usted explicarme, por favor?

Miguel Grau miró al niño tiernamente. Lo tomó de los hombros y se puso en cuclillas para estar a su nivel. Entonces le contestó:

—¿Sabes lo que pasa, muchacho? —comenzó el Almirante— Que nos hemos bajado todos de nuestros monumentos porque ya nos cansamos de estar ahí, muchas veces entre rejas, sin que nadie se acuerde de nosotros. Sólo decidimos pasarla bien y vivir un rato como los demás. Tenemos derecho, ¿no te parece?

Francisco Bolognesi se acercó, acarició la cabeza del niño y agregó:

—Pero no te confundas —le dijo— Está bien tomar las cosas de la vida con responsabilidad, pero sin hacerse dramas. Cuando las asumimos muy gravemente se nos vuelven demasiado pesadas, nos hartan,

y terminamos por detestarlas.

El niño pensó en ese instante en lo que siempre le habían inculcado sus padres y maestros acerca de la Historia, y lo comparó con lo que acababan de decirle sus héroes de toda la vida. Entonces comprendió  que están cautivos los que se escandalizan y reprueban las cosas diferentes; y su expresión cambió repentinamente del desconcierto a la admiración, de la decepción al orgullo. Se sentía pleno, liberado, feliz, cuando una avioneta particular con el rótulo “Héroes Nacionales” a todo color aterrizó en el inmenso jardín posterior de la casa, cerca de la piscina.

El niño quiso despedirse de sus héroes de toda la vida con un fuerte abrazo y un cálido beso. Todos aceptaron. El niño sintió que también él estaba en la gloria en ese momento. Luego los héroes abordaron la nave, mientras el niño, desde la terraza, lloraba en silencio. Dos minutos después el pequeño avión despegó, con gran desprecio por la ley de la gravedad, llevándose a los héroes de regreso a la Historia.

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Literatura

Invitación a comer un chaufa: el nuevo libro de Julio Barco

Lee la columna de Nicolas López-Pérez

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Por Nicolas López-Pérez

A la industria editorial en crisis: lo primero es tomar por sorpresa a la hegemonía con un ramo de dientes de león. Luego, al ver los rostros entre la confusión y el estupor, soplar con dulce violencia cada una de las partículas que componen la flor. Esa es la fuerza literaria de Julio Barco (1991), señoras y señores. El poeta de El Agustino que viste y calza. No me detendré en la identidad de qué género o de qué tipo es el último libro publicado. Lo cierto es que Chaufa es un homenaje a la opacidad de la palabra y el lenguaje. En sus páginas se narra, se ensaya, se canta, se baila y se come. Como si la literatura peruana y su estado actual fuese el tema de un banquete digno de Platón, una reunión que armoniza reflexión y sentimiento.

A ustedes, señoras y señores de la industria editorial, huelga deciros que este libro es una incisión en las maneras de leer el insalvable abismo entre lo popular y lo culto; entre la periferia y el centro; entre el margen y el cuadro. Al mismo tiempo, su prosa nos muestra a un escritor audaz y resiliente ante el histórico vapuleo contra quien no tiene santos en la corte. Un escritor que se desenreda, como si fuera un ovillo de lana, para golpear la mesa y declarar una nueva profesión de fe literaria. Tal vez, señoras y señores de la industria editorial en crisis, la literatura que os presentáis es, a grandes rasgos, ominosamente homogénea y continúa a mostrarnos un Perú desconectado de sus bases. Puede que esta afirmación categórica se malinterprete, pero ante un mar de literatura pituca y aspiracional en que la finalidad es conmover o divertir con historias más o menos fascinantes, escribir desde las entrañas de nuestras ciudades es un ejercicio de resistencia y estrategia. Chaufa articula la palabra como un antídoto contra la apatía que vuestra literatura vierte sobre la clase trabajadora peruana.

En un hadiz islámico se lee que el estómago es el centro de todas las enfermedades. Desde ahí, una ética del cuidado de lo que se come. En el Perú, no obstante, todavía se habla de hambre; todavía hay poblaciones enteras donde escasea la comida y no solo por el aumento en el costo de la vida ni por la falta de empleos, sino por el individualismo y, además, la insuficiencia de las políticas públicas para llegar a cada rincón de una escandalosa, pero preciosa geografía. Recuerdo un dossier de 2018, publicado en Unidiversidad, una revista de pensamiento y cultura de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y titulado “Perú: los poemas del hambre”. Paolo de Lima, el compilador, enfatiza el hambre como tópico en los versos de un considerable número de autores. Y esos poemas y poetas no son los primeros que orbitan en torno a la comida, también obras como “Primicias de cocina peruana” (2005) de Rodolfo Hinostroza, “Comer en los mercados peruanos” (2019) de Mirko Lauer o incluso “Tratado de la yerbaluisa” (2012) de Enrique Verástegui son ejemplos del vínculo entre literatura y comida. El estómago se conecta con el corazón y el cerebro, ¿y ustedes señoras y señores de la industria editorial qué hacen al respecto con las problemáticas sociales de las mayorías? Una paradoja: Perú, potencia gastronómica a nivel mundial e incapaz de erradicar el hambre en su territorio.

Barco nos encuentra en el Chifa, aunque puede que otros platos que nos acomunan sean el ceviche o la salchipapa. Lo encomiable está en el imaginario popular que este escritor construye: precisamente, en ese punto en que todos los archivos se tocan y donde no originan una identidad que confronta los ánimos, sino una capaz de generar una potencia solidaria donde el Perú se construye con tradiciones, afectos y palabras. Barco apuesta, en definitiva, por un manifiesto que conjura un sentimiento social, bullendo desde un problema inmanente y trascendente: el sentido de seguir luchando juntos por un mejor Perú. A ustedes, señoras y señores de la industria editorial, ¿cuántos libros tenéis que ingeniosamente pueden remecer a los sectores más populares? Una fuerte resistencia contra la literatura pequeño-burguesa, tanto como guiones que tienen éxito en Netflix y Hollywood. Barco escribe como se prepara un chaufa. Auguro que su lectura tendrá sabor a la simpleza y santidad de ese plato. Girados y apreciad la maestría del verbo. Chaufa es imperdible en este 2024 de las letras peruanas. Imperdible.

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Literatura

“Controversia”, un cuento de Giovanna Gutierrez Narrea

Un triangulo amoroso en medio de próximo casamiento.

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Por Giovanna Gutierrez Narrea

6:00 a.m. (riiin, riiin, riiin)

_ Aló

_ Hola, ¿eres Iván?

_ Sí, ¿quién habla?

_ Soy, José Carlos, el novio de karla.

_ ¿El novio de Karla? ¿Es una broma?

_ No es broma. Te llamo porque he visto en su celular que la llamas y le escribes, y quiero hacerte unas preguntas.

_ Uff…, está bien, pero antes respóndeme: ¿desde cuándo estás con ella y de dónde la conoces?

_ Estamos desde el 2022 y trabajamos juntos en la misma oficina.

_ Mmm…, bueno, pregúntame ahora.

_ Te preguntaba, ¿por qué la llamas tanto y escribes mensajes?

_ Lo hago, porque hasta donde yo sé, somos pareja, desde el 2022, también. En todo caso, creo que es a ella a quien le tendrías que preguntar.

_ Karla y yo nos vamos a casar. Así que, por favor, ya no te entrometas en mi relación.

_ Eso dícelo a ella. No soy yo quien está en falta.

_ No entiendo por qué me engañó contigo si a mi lado tiene  amor, comprensión, detalles, sexo. Por favor, ya no la busques.

Lee el cuento completo aquí https://cuentroversia.blogspot.com/2024/05/alo-ivan-600-a.html

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Literatura

23 de abril, Día Internacional del Libro, ¿por qué se celebra en esa fecha?

En ese día, a nivel mundial, también se conmemora el Derecho de Autor.

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Leer o no leer, he ahí el dilema. Cada 23 de abril el mundo celebra el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor, una fecha que destaca la importancia de la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual.

Esta conmemoración encarna el esfuerzo colectivo por promover el libro como pilar fundamental de la cultura y el progreso social. Además, durante esta fecha, distintas organizaciones buscan instruir a las personas sobre los derechos de autor, fundamentales para asegurar que los creadores reciban el reconocimiento y los beneficios económicos por sus obras.

El Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor tiene su origen en una iniciativa de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) que se remonta a 1995.

La UNESCO promueve esta jornada no solo como un acto de celebración sino también como un llamado a la acción para que gobiernos, instituciones educativas, bibliotecas, grupos culturales, autores y editores trabajen de manera conjunta en pro de la difusión del libro y la defensa de la propiedad intelectual.

23 de abril, la fecha elegida

La elección de esta fecha se debe a varios acontecimientos históricos relacionados con la literatura que coinciden en este día. El 23 de abril de 1616 murieron tres grandes escritores: Miguel de CervantesWilliam Shakespeare y Garcilaso de la Vega, aunque cabe mencionar que las fechas no son exactamente contemporáneas debido a la diferencia entre los calendarios juliano y gregoriano. Además, la fecha también coincide con el nacimiento o fallecimiento de otros destacados autores en diferentes años.

La celebración tiene como propósito principal incentivar a las personas a descubrir el placer de la lectura y respetar la invaluable contribución de los autores a la cultura y al progreso social.

La decisión de trasladar la Fiesta del Libro al 23 de abril de manera definitiva se tomó en España en 1930. La propuesta fue iniciativa del escritor valenciano Vicente Clavel Andrés, quien sugirió establecer una fecha específica para celebrar y fomentar la lectura entre el público de su país.

En 1995, después de varios años, la propuesta de la Unión Internacional de Editores, presentada por el gobierno de España a la Unesco, buscaba designar esa fecha como el Día del Libro a nivel global. El organismo especializado de las Naciones Unidas respondió rápidamente y aprobó la propuesta en el mismo año.

Biblioteca Ateneo, en Argentina, considerada con una de las más hermosas del mundo.

Actividades por el Día del Libro

Dentro de este marco festivo, la Alianza Francesa de Lima ya empezó a tejer una serie de eventos que se vienen desplegando desde el 13 y culminan este sábado 27 de abril en sus sedes de Miraflores, Jesús María y La Molina, marcando el inicio de las conmemoraciones.

La Alianza Francesa abrirá sus puertas en sus sedes de La Molina y Miraflores para acoger dos imperdibles ventas de libros de segunda mano. Estos eventos no solo presentan una excelente oportunidad para encontrar libros a precios inigualables, sino que también brindan la posibilidad de explorar una diversidad de géneros literarios. Con la promesa de hallazgos únicos y joyas escondidas entre sus estantes, estas ventas se convierten en el escenario perfecto para aquellos ávidos de aventuras literarias y tesoros ocultos.

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Literatura

40 años de poesía y terquedad

Entrevista a Ángel Yzquierdo Duclós por Julio Barco

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Por Julio Barco

Hace 40 años, Ángel Yzquierdo Duclós tomó la decisión más importante de su vida: dedicarse a vender libros en el Perú. Y no solo eso, sino a venderlos en la calle, y no en cualquier calle, sino en el mismo corazón de La Victoria, a unos metros de Gamarra, en la misma avenida Aviación. El poeta popular, cantautor de fina estirpe, promotor de la literatura peruana, entonces miembro de la ANEA, no se imaginaba que los siguientes años viviría, a puro esfuerzo, de la venta de libros y sus derivados. Esta es la historia de una pasión desesperada, pero también de un ejemplo para todos los pesimistas ilustrados.

1.Ángel, celebramos contigo, estos cuarenta años de entrega a la cultura del libro en el Perú, ¿qué significa para tu este casi medio siglo?

Hasta ahora no me he puesto a pensar, ah… yo vine acá solamente para ver si podía hacer un vals, una canción, un poema, un cuento. Ya pasaron 40 años, pero todavía no los he culminado. A lo mejor sí, pero en estos cuarenta años me sorprende descubrir que este sitio sigue siendo mágico. De tal forma, uno viene a diferentes sitios de Lima, pero algo me decía que acá estaba mi futuro no en dinero, porque en dinero podíamos hacerlo en otra parte, pero acá sucedía algo extraño, pero positivamente hablando. Así que hace tres (o dos años) me di cuenta de que habían pasado cuarenta años, y me siento contento conmigo mismo, como si fuera el primer día que empecé a vender libros en esta calle, entre la Avenida Aviación y con 28 de Julio. Un primero de abril de 1984.

En recientes encuestas, observamos que nuestra sociedad no consume más de cinco libros al año. En ese sentido, ¿cómo ves actualmente la realidad del libro en el Perú?

¿Eso es antes del celular o después del celular?

Después del celular…

Si antes del celular la gente leía poco, y como decía San Agustín, de lo poco, poco. Pero, no, es una mentira. Si nadie lee en el Perú entonces cómo me explicas que hay infinidades de editoriales, cómo me explicas, por ejemplo, que una sola obra alrededor del país lo masifiquen por dos mil, tres mil ejemplares; y los pongan como gancho en el Plan Lector. La gente lee, uno por obligación hablando en términos escolares, y hay que ser realista ahora es menos, pero siempre hay ese batallón humano que muere en su ley, que se desespera por los libros. O sea, hay pocos, por el celular disminuyó bastante, en el término escolar, universitario; pero realmente hay un buen ejercito humano que lee. Por ejemplo, tú lees, tú devoras libros y tienes una computadora en tu cerebro- Así como tú hay chicos que vienen y se alegran cuando viene, papá mira ese libro…Qué bacán, ¿no? Y su mamá y su papá le compran con cariño su libro, caray, y son pocos, escasos. Hay que ser bien tercos para seguir trabajando como librero, te das cuenta. Yo puedo poner otra chamba y ganar mil veces más que como librero, pero… me gusta pues. Además, los libros mientras yo todavía esté con vida, todavía van a seguir existiendo. ¿Por qué? ¿Qué es mejor? ¿Hacer el amor en la pantalla o en persona? Así es el libro con uno. Tú lo ves, tú lo palpas, sientes su vibra. Yo no sé qué conclusiones podrás sacar.

3.Al margen de tu faceta de librero legendario, sabemos que tú gran pasión es la escritura, de versos y valses, ¿Cuándo los lectores conoceremos tu hasta la fecha inédito poemario Albatros de la Esperanza?

Yo quisiera que sea este año, pero es bien difícil. Primero porque yo quiero hacer una edición de cincuenta mil ejemplares. Todos dicen que es una obra pero, ¿qué son cincuenta mil ejemplares para todo el país? Somos como veinte millones de lectores, te das cuenta… Yo quisiera imprimirlos, creo, pero económicamente hablando, no puedo… no puedo… yo quisiera publicarlo, pero como no he podido publicar mi libro Albatros en pleno campo de Agramante, y el otro que tú sabes, Pequeña garua del cielo limeño…lo pude publicar. Uno ya esperaba listo para publicarlo, mil ejemplares… pero quinientas ejemplares son de los amigos nomás. Si yo he rechazado la portada de los mil ejemplares. He roto las portadas. Y a ti te consta. Yo he pedido por mi libro tres mil dólares, porque con eso se iba a hacer una especie de ONG, con el auspicio de la Cachina peruana podíamos publicar más de cien poetas, escritores, de Piura, Tumbes, Ayacucho… O sea, nuestro país es rico en literatura, en narrativa. Yo quizá me muera y sin publicar, piña pues, pero estoy contento conmigo mismo. Ya si Dios quiere, si la doña dama me sorprende, están mis amigos que van a publicar mi obra póstumamente. Ya hay proyectos empaquetados para que vayan a la casa y simplemente después los editen. Ahora, ¡mis canciones! Quizás también me vaya de este mundo y lamente, valga la redundancia, que después de muerto me conozcan como compositor. Yo estoy contento conmigo mismo. Me voy a cualquier parte del Perú y recorro las pistas y comienzo a cantar mis propias canciones y es un placer de la putamadre, ¿no?

Ángel, el futuro es ahora: ¿Qué le dirías a los chibolos de nuestro país, lo que sueñan con los universos de los libros?

Pueden estar pegados a los celulares, porque es un buen material de información. Pero nuestros libros son como nuestros perritos fieles: los puedes tirar, abandonar, pero llega un momento donde ese libro te va a ser un bálsamo para ese día. Porque tu ánimo va a estar de acuerdo a lo ya escrito. Por más que venga la tecnología puedes tener tu libro en un rincón de cuatro paredes, hay que amar a los libros. Gracias a los libros estamos acá.

Vendes libros en una zona empapada de comercio textil y alimenticio, ¿Cuánto te ha costado mantenerte durante tantos años?

¿Qué es mantenerse en este rico oficio? ¿Cuánto me ha costado? Me ha costado. Yo he mantenido esto. La venta de libros. Mi función como librero me ha mantenido a mí. Recuerda ese poema El buen samaritano. Ya. Tuve un amigo que generosamente me ayudaba a cubrir los gastos que la poesía demanda placer dinero tiempo y dinero para compartirlo a los demás gracias a este negocio pude estilizar algunos textos. Y he sido monstruo en ventas. He sido varias veces vendedor de artefactos eléctricos en los setentas… Desde 1976, como tú que te enamoras y haces unas cuantas letras, sin pensar en tu puta vida que con el tiempo se iba a convertir en un oficio. Y me convertí en poeta y me convertí en compositor. Yo me voy a morir y estoy alegre conmigo mismo, pero eso no sirve como conformismo, sino que también hay que seguir sacándole jugo a la vida. Por eso, en un poema digo, hazte amigo de la muerte; por eso, cuando te vea simplemente te dé una oportunidad.

Gracias Ángel.

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Literatura

30 años de “Sieteculebras”, revista andina de cultura (1991 -2021)

“Publicar en Perú es cosa de locos… pero me gusta ser loco y seguiré con mi locura hasta que mi cuerpo y mis energías lo permitan”.

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Por: Mario Guevara Paredes.

En 30 años de «Sieteculebras» hemos publicado 50 números. Somos una revista independiente que no recibe patrocinio ni estatal ni privado, se mantiene vía publicidad, en un medio como el peruano donde las revistas culturales mueren en los primeros números porque el Estado no tiene una política cultural en torno a las revistas. Somos la revista independiente más longeva de Perú después de «Hueso Húmero» que todavía continua editándose.

En cifras, son más de 3000 páginas editadas hasta el momento. Hemos publicado desde artículos de ciencias sociales, como historia, arqueología, folklore, política y cine. Como también textos de crítica literaria, lingüística, ensayos sobre literatura peruana y latinoamericana, poesía, cuento, crónicas, entrevistas, fotografía. Y sobre todo hemos resaltado el trabajo de nuestros artistas plásticos peruanos. En 21 de las 50 carátulas ilustraron pintores cusqueños de varias generaciones, como también de otras ciudades fuera de Cusco, como Lima, Arequipa, Iquitos y Puno. Asimismo ilustraron pintores de Bolivia, Ecuador y México.

Articulos sobre poetas  peruanos  publicados en Sieteculebras

En los 49 números editados, se han publicado más de 70 artículos sobre la poesía de los peruanos: Juan del Valle Caviedes, César Vallejo, José Emilio Westphalen, Ángela Ramos, Carlos Oquendo de Amat, Washington Delgado, Gamaniel Churata, Alejandro Romualdo, Efraín Miranda, Javier Heraud, Juan Ramírez Ruiz, Enrique Rosas Paravicino, Vladimir Herrera, Antonio Cisneros, Ricardo Quesada, Boris Espezua, Andrés Alencastre (Kilku Waraka), Luis Nieto Miranda, Alberto Mostajo, Gustavo Pérez Ocampo, Raúl Brozovich, Ángel Avendaño, Jorge Flores Aybar, Ana Bertha Vizcarra, Edwin Segovia, Juan Alberto Osorio, Rosina Valcárcel, Leoncio Bueno, Yvan Yauri, Juan Gonzalo Rose, Domingo de Ramos, Sonia Luz Carrillo, Antonio Cilloniz, Carlos Velásquez Iwaki, Monica Carrillo, Catalina Bustamante, Enrique Verastegui, Houdini Guerrero, Dida Aguirre, Jesús Cabel, Amaro Nay, Mario Pantoja, Shelma Guevara, Antonio Cisneros, Ángel Avendaño Farfán, Alejandro Romualdo, Víctor Alvarado, Gloria Mendoza Borda, Leopoldo Chariarse.

Articulos sobre poetas  extranjeros  publicados en Sieteculebras

Como también de poetas de otras nacionalidades como: Octavio Paz (México), Jorge Luis Borges (Argentina), Pablo Neruda (Chile), Gabriela Mistral (Chile), Ernesto Cardenal (Nicaragua), Vicente Huidobro (Chile), Atila József (Hungria), Alejandra Pizarnik (Argentina), José Martí (Cuba), Alfonsina Storni (Argentina), Diamela Eltit (Chile), Juan Antonio Alix (Dominicano), Bernardo de Balbuena (España), Carmen Bruna (Argentina), Dulce María Loynaz (Cuba), Haroldo de Campos (Brasil), Allen Ginsberg (USA), Jorge Teillier (Chile), Vicente Hidobro (Chike), Sheyla Bravo (Ecuador), Nicanor Parra (Chile), Vinicius de Moraes (Brail), Roque Dalton (Salvadoreño), Nelson Romero Guzmán (Colombia), Raúl Zurita (Chile), Elvira Hernández (Chile), Tomas Tranströmer (Suecia), José Ángel Cuevas (Chile), Alvaro Mutis (Colombiano), Bruno Pino (Ecuador), Paul Celan (Rumania), Santiago Montobio (España).

Entrevista  a escritores peruanos y extranjeros

Ángel Avendaño, Alejandro Romualdo, Luis Figueroa Yábar, Pablo Guevara, Raúl Brozovich, Cronwell Jara Jiménez, Vladimir Herrera, Horacio Villanueva, Gustavo Pérez Ocampo, Oswaldo Reynoso, Luis Nieto Miranda, José Tamayo Herrera, Juan Zevallos Aguilar, Tomás G. Escajadillo, Feliciano Padilla, Francisco Lombardi, Miguel Gutiérrez, Zein Zorrilla,  Eduardo Gonzales Viaña, Alfredo Herrera, Mario Curasi, Feliciano Mejía, Pedro Granados, Tulio Mora, William Rowe (Ingles), Eraclio Zepeda (México), Martín Lienhard (Suizo), Luis Beiro Álvarez (Cuba), José Luis Iturrioz (España), Jorge Miguel Cocom Pech (México), César Itier (Francia), Pedro Antonio Valdez (Dominicano), Juan Villoro (México), Raúl Zurita (Chile), Bernardo Carvalho (Brasil).

Artículos sobre narradores peruanos

José María Arguedas, Oscar Colchado, Feliciano Padilla, Walter Lingan, Socrates Zuzunaga, Mario Guevara Paredes, Enrique López Albujar, Manuel Scorza, Enrique Rosas Paravicino, Francisco Izquierdo Ríos, Inca Garcilaso de la Vega, Ricardo Palma, Clorinda Matto, Julio Ramón Ribeyro, Miguel Arribasplata, Carlos Calderón Fajardo, Gregorio Martínez, Jorge Flores Aybar, Mercedes Cabello, Gregorio Martínez, Mario Vargas Llosa, Luis Nieto Degregori, José Carlos Mariátegui, Miguel Garnet, Luis Enrique Tord, Tomás G. Escajadillo, Alonso Cueto, Ciro Alegría, Carlos Rengifo, Houdini Guerrero, Gamaniel Churata, Antonio Cornejo Polar, Christian Reynoso, Ruben Sueldo Guevara.

Artículos sobre narradores extranjeros

Alejo Carpentier (Cuba), Jorge Luis Borges (Argentina), Eduardo Galeano (Uruguay), Carlos Fuentes (Mexicano), Italo Calvino (Italia), Augusto Céspedes (Bolivia), James Joyce (Irlanda), Augusto Monterroso (Guatemala), Sergio Pitol (México), Juan Bosch (Dominicano), José Saramago (Portugal), Gabriel García Márquez (Colombia), Alberto Blest Gana (Chile), Michael Foucault (Francia), Ernesto Sábato (Argentina), Lucio Cabañas (México), Victoria Ocampo (Argentina), Juan Rulfo (México), Juan Gabriel Vásquez (Colombia), Mo Yan (Chino), Patrick Modiano (Francia), Miguel de Cervantes Saavedra (España), Jorge Amado (Brasil), Eduardo Barrios (Chile), Eustaquio Rivera (Colombia), Gunter Grass (Alemania), Walter Benjamin, Gilles Deleuze (Francia), Ludwig Wittgenstein (Austria), Reinaldo Arenas (Cuba), Julio Cortázar (Argentina), Elisa Lerner (Venezuela), Carlos Monsiváis (México), Manuel Puig (Argentina), Sergio Ramírez (Nicaragua).

Poetas cusqueños cuyos textos fueron publicados en Sieteculebras

Carlos Velásquez Iwaki, Ana Bertha Vizcarra, Raúl Brozovich, Juan Alberto Osorio, Shelma Guevara Zamalloa, Beatriz Salas, Hugo Contreras Rosas, Martín Moya Delgado, Miguel Ángel Fuentes, Pasos Paz, Odi Gonzales, Luis Nieto Miranda, Harry Marmanillo , Juan Mescco, Yvan Yauri, Mario Pantoja, Orlando Granda, Willny Dávalos Orduña, Franklín Sequeiros Soto, Soledad Araóz Cartagena, Martín Zúñiga, Ángel Avendaño Farfán, Pavel Ugarte, Elías Jara, Jorge Vargas Prado, Luis Vargas Cereceda, Gonzalo Valderrama Escalante, André Chacón Santander, Luz María Crevosier, Américo Yábar Zevallos, Luis Calderón Ugarte, Jhon Paucar, Frida Ibañez Ayerve y Carlos Candia Muriel.  

Publicar revistas culturales es cosa de locos

Publicar una revista de cultura en Perú es cosa de locos porque en un país que no lee, que tiene pocas bibliotecas y contadas librerías, y que para el Estado la cultura no es asunto de prioridad nacional, es simplemente cosa de locos. Además, si esta publicación no recibe patrocinio alguno de una municipalidad, gobierno regional, universidad, organización no gubernamental, o de la empresa privada; es también cosa de locos.

Sin embargo, ¿qué motiva publicar una revista y que esta se mantenga durante años a sabiendas de los problemas económicos que ocasiona cada edición? Posiblemente es la simple vanidad de lograr algo que muchos quisieran realizar pero no lo hacen por la sencilla razón de que publicar no es rentable; es perder el tiempo, es de ácratas, de bohemios, de idealistas, de vagos; y sobre todo, no es considerado un trabajo. Así de simple, como no es trabajo, lo nuestro es cosa de locos.

Ahora bien, dicen que el tiempo es dinero, y tienen toda la razón del mundo: el tiempo es dinero. ¿Por qué creen que existen los ricos? Por el simple hecho de que no pierden tiempo, y menos editando revistas que pocos compran. Además la gente las quiere gratis, porque el trabajo intelectual es cosa de locos, y como es cosa de locos, no debe costar dinero. ¿Observaron alguna vez que un panadero les done sus panes, que un taxista no les cobre la carrera, que el peluquero les corte gratis el cabello, o que el canillita les obsequie el diario? Pero sí quieren que un escritor, poeta o editor de revistas les regale su producto de trabajo, algo que les cuesta interminables noches de insomnio, acompañado de febriles horas de desasosiego. Asimismo, el editor de revistas hace y consigue artículos, diagrama, corrige textos, vende publicidad, reparte revistas, etcétera, etcétera, etcétera.

Entonces, me reafirmo en lo mismo, publicar en Perú es cosa de locos. Debo estar bien loco, como muchos editores de mi país, para mantener “Sieteculebras” durante treinta largos años. Pero me gusta ser loco y seguiré con mi locura hasta que mi cuerpo y mis energías lo permitan.

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Literatura

Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa cumple 88 años

Amado por muchos y odiado por algunos, el premio Nobel de Literatura disfruta su cumpleaños con su familia en plena semana santa.

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Jorge Mario Pedro Vargas Llosa (Arequipa, 28 de marzo de 1936), conocido como Mario Vargas Llosa, sin duda es uno de los personajes más connotados en la historia peruana, por su calidad literaria y por haber alcanzado la cumbre en las letras, al cosechar a lo largo de su carrera diversos premios y en especial por ser designado como Premio Nobel de Literatura 2010.

Por ello, es considerado como uno de los novelistas contemporáneos más importantes y es uno de los autores supervivientes del boom latinoamericano.

Tapa de la novela La ciudad y los perros, publicada en 1963 por Seix Barral.

Varguitas como le llamó su tía y ex mujer Julia Urquidi, también se dedicó al periodismo y tuvo un programa televisivo ‘La Torre de Babel’ con interesantes entrevistas a personajes destacados, como Jorge Luis Borges y Corín Tellado; pero antes ya había incursionado en la prensa peruana, escribiendo para los diarios La Crónica y La Industria, hasta encallar en la legendaria columna propia, surgida en 1977 y llamada ‘Piedra de Toque’.

El Nobel peruano, soñó con ser presidente del Perú y estuvo a punto de lograrlo con el Fredemo, porque contaba con todo. El financiamiento millonario para su campaña, los mejores técnicos para aplicar las mejores políticas públicas y todo un equipo multidisciplinario de comunicación que lo colocaron como el candidato favorito; sin embargo, por decir la verdad en plena campaña electoral, al afirmar que su eventual gobierno tendría que aplicar la medida del schock económico para lograr estabilizar la economía peruana que García Pérez destrozó, perdió las elecciones en 1990, gracias a la campaña devastadora que le interpusieron los apristas para “allanarle” el camino a un profesor universitario de origen nipón, que luego de tomar el poder presidencial terminó siendo un dictador.

Tapa de la edición número 17 de la revista impresa Lima Gris publicada en 2019.

Entre tanto, Vargas Llosa se exilió en Europa y no quiso saber nada del Perú. Se sintió decepcionado y su derrota política quizá haya significado una de las más grandes frustraciones en su vida, aunque él lo haya negado en reiteradas ocasiones.

Sin embargo, el autor de Los Cachorros supo reponerse y reconciliarse con la tierra que lo vio nacer y tras vivir en Europa, siempre se afinca en Arequipa y en Lima, donde goza del cariño de los amigos, e incluso de los que no lo son, porque finalmente, siempre tendrán algo qué decir de él.

¡Feliz cumpleaños Mario y que sean muchos más!

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Literatura

Hijos del premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez lanzan al mercado la novela póstuma ‘En agosto nos vemos’

Tras diez años de la partida del premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, el 6 de marzo se realizará el lanzamiento de su novela inédita ‘En agosto nos vemos’.

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Finalmente se cumplirá lo que Gabo García Márquez les prometió a sus hijos, Gonzalo y Rodrigo; que, después de su muerte, ellos podían disponer de su obra como quisieran. Por ello, este miércoles 6 de marzo de 2024, llegará a las librerías de todo el mundo “En agosto nos vemos”, la novela póstuma del premio Nobel de literatura, justamente el mismo día que habría cumplido 97 años.

Precisamente, a mediados de 2023, Rodrigo García Barcha adelantó:

“Pensamos que el libro tenía muchos méritos y yo creo que de verdad los lectores van a apreciar el libro, porque es muy de Gabo, y eso se extraña. Él siempre nos dijo a Gonzalo y a mí que cuando ya no estuviera más, nosotros podíamos disponer de su obra como quisiéramos. De manera que, le tomamos la palabra”.

“Nuestra impresión, de mi hermano y yo, es que la falta de facultades que le impidió a Gabo acabar el libro, su pérdida de memoria, su pérdida de la concentración, también le impidió darse cuenta de que el libro estaba mejor de lo que él pensaba. Yo creo que cuando él decía que no funcionaba, era también porque estaba luchando por entender el libro, pero su estado se lo impedía. Volvimos a leer el libro y nos dimos cuenta de que estaba en mejor estado del que recordábamos. Entonces, decidimos que valía la pena rescatarlo y lo que se hizo fue una edición óptima de todas las varias versiones que él tenía. En ningún momento se alteró el texto, no hay nada allí que él no haya escrito. El libro es la mejor versión de lo que él escribió”, reveló a Infobae Rodrigo García Barcha.

Con esa respuesta, sus hijos, años después de revisar el manuscrito que escribió íntegramente su padre, y con las correcciones pertinentes, tras compararlo con las distintas versiones que alcanzó a escribir Gabo, decidieron rescatarlo.

Portada de la nueva y póstuma novela de Gabriel García Márquez.

La publicación saldrá a la luz, justo antes del décimo aniversario del fallecimiento de Gabo, el 17 de abril de 2014 y la revista “Lengua” de Penguin Random House dio un adelanto de “En agosto nos vemos”

Aquí las primeras líneas de la nueva novela inédita de Gabo:

“Volvió a la isla el viernes 16 de agosto en el transbordador de las tres de la tarde. Llevaba pantalones vaqueros, camisa de cuadros escoceses, zapatos sencillos de tacón bajo y sin medias, una sombrilla de raso, su bolso de mano y cómo único equipaje un maletín de playa”.

Penguin España anunció el lanzamiento de la nueva novela “En agosto nos vemos”.

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Literatura

NUEVA EDITORIAL DE ARTURO DELGADO GALIMBERTI

Lee la columna de Rodolfo Ybarra.

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El reconocido escritor y periodista Arturo Delgado Galimberti (La Ruptura, Los Espejos del Infierno, Karma Instantáneo para John Lennon, etc.) ha decidido inaugurar una novísima línea editorial: Nuevos Artesanos Editores. Al respecto, aprovechamos para conversar con el autor de este y otros temas trascendentes en la industria editorial.

1.-¿Cómo así y bajo qué parámetros, un escritor decide fundar una editorial?

La idea de fundar una editorial siempre ha sido algo latente. Incluso en los años noventa creé una de similar nombre para publicar mi primera novela, La Ruptura, y a un par de poetas. De algún modo estoy retomando ese antiguo proyecto con Nuevos Artesanos Editores, pero con las exigencias de esta época marcada por las nuevas plataformas digitales. Por otro lado, no es para nada insólito que un escritor sea al mismo tiempo editor, como sabes acá en el Perú están los casos de Scorza y Congrains, para no remontarnos a uno de los mayores pensadores que tuvimos, José Carlos Mariátegui. Y hay muchos ejemplos más.

2.-¿No crees que el mercado editorial está copado de alguna manera, hay una atomización de editoriales pequeñas y medianas que no logran hacer el balance con las editoriales mainstream?

Creo que, para decirlo deportivamente, pertenecen a ligas diferentes. No es posible competir con las transnacionales en ningún rubro, no solo editorial. Sin embargo, a pesar de la atomización de las pequeñas y medianas editoriales, la demanda a esa escala aún no ha sido cubierta del todo, sobre todo si se tiene en cuenta que muchos autores optan por editoriales con cierta presencia mediática, pero que no satisfacen los mínimos criterios de calidad y credibilidad.

3.-¿Qué es lo nuevo o lo novedoso que estaría ofreciendo tu editorial?

En principio, algo que parece elemental, pero de las que muchas carecen, un verdadero sentido editorial. No es una editorial para todo el mundo, sino para cierto tipo de autores. Y una clave la da el nombre del sello: Nuevos Artesanos. Toma la idea de las vanguardias, que irrumpían contra el concepto de Arte como institución y que reivindicaban el rol de artesano del verdadero creador. A partir de allí, mi intención es que la labor de editor y el compromiso con el autor sea permanente, y eso incluye la preocupación por la difusión de su obra en todos los medios y canales posibles. Por esa razón, un objetivo de esta primera etapa es tener un catálogo de obras que pueda cimentar el prestigio y la identidad del sello. Eso presupone, por supuesto, un filtro en relación con las propuestas estéticas que me parecen pertinentes y se condicen con el enfoque de la editorial. Si bien no se puede renunciar a la posibilidad de hacer un servicio por el servicio mismo, desde ya sólo me interesa incluir dentro del catálogo y las colecciones del sello a los autores y obras que se desmarcan de quienes tienen un prurito comercial y nulo pensamiento crítico.

4.-¿Estaríamos hablando de una editorial de culto (que no es lo mismo que una editorial de élite)?

Bueno, la identidad de la editorial se irá perfilando en su catálogo, pero repito, sí hay una intención de ser una vitrina de escritores en la medida de lo posible con una postura crítica ante la realidad y un trabajo ficcional sobresaliente.

5.-¿Estarías dispuesto a hacer alguna alianza con otras editoriales o trabajar en plataformas anchas, red editoras, etc.?

Por supuesto, eso ya ha sido conversado por el equipo que me acompaña en este proyecto, pero considero que ese tipo de alianzas pueden darse a mediano plazo. A corto plazo, creo que la tarea que queda por desarrollar es constituir un catálogo mínimo que deje en claro para los lectores y los autores la identidad y singularidad de la editorial.

6.-El trabajo de un editor es más amplio que el de un impresor, esto parece que se confunde cuando el escritor busca precios bajos y se encuentra con los “manchapapeles”. Y al parecer, es difícil para un neófito ver las diferencias. ¿Podrías explicarnos este punto?

Sí, es muy común que muchos autores, por ahorrar costos, prefieran prescindir de editores y recurrir directamente a una imprenta. Es cierto también que a veces es difícil distinguir entre algunos “editores” y un simple impresor (lo digo negativamente). Y como escritor, editor, corrector y ante todo lector, formado en Literatura en la universidad de San Marcos, ese lastre lo he notado incluso entre editores muy solicitados. Y me refiero a la falta de pulcritud de los textos publicados, que usualmente están llenos de erratas, algunas bochornosas. Además, un buen editor garantiza que el libro impreso no se deshoje a la segunda leída y que el diseño de portada y diagramación no sea realizado de manera chapucera. Y finalmente interviene en todo el proceso de edición del texto, que no solo ve la corrección gramatical y ortográfica, sino por ejemplo la pertinencia del título con relación a la obra, observaciones sobre el contenido, y los llamados paratextos. Obviamente para esa tarea, un prerrequisito es leer con ojo crítico cada obra presentada, lo cual en nuestro medio no es lo común entre los editores, que apenas leen los libros que publican, aunque sí facturan. Y entre los que sí leen, la mayoría quizá son buenos escritores o poetas, pero no son gramáticos, y por tanto, suelen cometer pifias tras pifias.

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