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Periodismo

Los nuevos medios multimillonarios y sus fake news

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Desde el inicio de la imprenta los medios de comunicación sufrieron varias mutaciones que lo llevaron a tener épocas donde lideraron el periódico, la radio, televisión y actualmente las redes sociales. Este medio donde no solo se transmite información sino que tiene un feedback inmediato y público.

Una respuesta sin censura que no había experimentado ni explotado sus antecesores, quienes recién en el año dos mil emigraron a la era digital quedando atrás en la carrera de la modernidad. Sin embargo la capacidad de retroalimentación y difusión instantánea de las redes sociales lo catapultaron a la cúspide del éxito, con miles de millones de dólares ingresando a sus cuentas bancarias gracias a las actividades de los usuarios dentro de sus plataformas.

Si antiguamente hacías millonaria a la televisión prendiéndose seis horas al día, ahora produces multimillonarios usando una aplicación las veinticuatro horas desde tu smartphone. Y es que las redes sociales entendieron su poder desde que se fundaron. Por eso tienen todos los derechos sobre su plataforma y todo lo que tú haces sobre ella, esto queda claro cuando aceptas el contrato de inscripción.

Todos los mensajes que subes, videos, fotos, likes, ubicaciones, preferencias, estudios, clicks que realizamos, son recogidos por la plataforma para seleccionarlos, codificarlos, venderlos o usarlos con el fin de dirigir sus contenidos hacia tus preferencias. Esto apunta hacia dos objetivos: tráfico en la herramienta y venta de anuncios.

Se sabe que la mitad de la población mundial se informa por las redes sociales y va en aumento, sin embargo es aquí donde se transmite la mayor cantidad de desinformación que produce el planeta. Hablamos de fake news producido y propalado por usuarios que muchas veces no son identificados a vista pública.

Perfiles inventados, cuentas troll, usuarios falsos que postean diariamente e incluso colocan publicidad, promoción o dinero a su desinformación que llega a nuestro muro como aviso u opinión. ¿Cuánto facturan las redes sociales con tanta desinformación pagada? Si en decenios anteriores los gobiernos compraban los medios de comunicación tradicionales con publicidad estatal para manejar las masas a través de la desinformación, hoy son las redes sociales quienes tienen este poder sin ningún filtro que proteja a los usuarios de la invasión de fake news.

Por este motivo es que entidades como la Unión Europea solicitó a los dueños de estas empresas informar detalladamente sobre los filtros de publicidad relacionada a los fake news que tienen sus plataformas. Inclusive fue el actual gobierno de México quien acaba de solicitar a Twitter una reunión para que le informe cómo trabajan sus bots y porqué se difunde tanta desinformación contra su gobierno en esa red social.

Recordemos que gracias a la liberación de nuestra información personal, estas plataformas se aprovechan de la manera en que pensamos y sentimos, “recomendandonos” en base a nuestros datos de consumo. Tal vez ser conscientes de ello, nos ayude a poder combatirlo. No compartamos fake news.

*CEO Agencia HEFE Network. Fundador de LaTrue plataforma digital ganadora de la 1ra Hackathon contra la desinformación.

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Actualidad

Sally Salomón, una periodista varada en el Perú

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Hace cinco años, Sally Salomón, salió de México para dar una vuelta al mundo llevando un mensaje de paz y solidaridad. Solo llevaba una bicicleta y una mochila repleta de sueños. Como misionera y periodista (incluso alguna vez fichó por Televisa, Globo y Bolivisión) visitó un sinnúmero de países hasta que llegó a la Bolivia de Evo Morales y la protesta de los aymaras. Y ya de bajada ingresó al Perú. Corría febrero de este año y el Covid-19 todavía no hacía mella en nuestra patria. Tampoco nada hacía presagiar que se quedaría muchos meses varada en este país de las maravillas o de todas las sangres esperando un vuelo humanitario que hasta el término de esta nota nunca llegó.

Evo Morales y Sally Salomón.

Así, Sally Salomón (SS) llegó al Cusco; le habían dicho que la iglesia San Sebastián se había incendiado y que se necesitaba voluntarios para repararla. Muchos misioneros de otros países llegaron prestos para ayudar a la reconstrucción del templo; pero cuando ya todo estaba viento en popa, el presidente Vizcarra anunciaba el cierre de fronteras y el inicio de la cuarentena. En las siguientes semanas, los vuelos humanitarios fueron repatriando a muchos ciudadanos extranjeros y también muchos peruanos retornaban a casa.

Sally no tuvo suerte. No contaba con los contactos de su embajada, y, para remate, sufrió el robo de sus pertenencias. Así que sin documentos y sin plata pidió ayuda. El hotel donde se hospedaba le dio crédito por dos meses. Pero ocurrió algo imprevisto. En el Cusco, la gente le empezaba a agredir. Le decían que por culpa de los extranjeros y de la gente que viajaba el país estaba cerrado. Y que el Covid-19 era culpa directa de los turistas. Incluso le arrojaban piedras. Y Sally, una espigada mujer de cabellera rubia, sintió directamente el horror de la xenofobia.   

Recluida en un hotel sin poder salir ni siquiera a la puerta, solo recibía la ayuda de otros turistas nacionales y amigos que le compraban alimentos, artículos de higiene y cosas necesarias y se las dejaban en su puerta. En Lima no se llegó a informar sobre el maltrato que sufrían los turistas.

A lomo de bicicleta llegó a Arequipa, a Pedregal donde tenía unos trabajos pendientes y ya conocía al alcalde a quien había entrevistado en uno de sus viajes. En ese trance, sufre otro asalto y la pérdida de sus computadoras, bicicleta y demás pertenencias. Y queda mal herida.

El Covid y Sally

En la calle y sin ningún centavo, Sally decide pedir apoyo en una radio católica. Y una familia se conduele y le ayudan dándole una casa abandonada para que, por lo menos, no pase frío. También una vecina le da una mano cocinándole los alimentos. Todo iba bien hasta que el esposo de la señora aparece un día a ver cómo estaba la casa y empieza a toser. Sally se da cuenta de que podría tratarse de un caso de Covid-19 y limpia toda la casa con lejía. Pero ya era tarde. A los días empieza a tener los síntomas: dolor de cabeza, sudoraciones y fiebre. Va donde el alcalde con quien estaba empezando a colaborar con algunos proyectos y este le dice que vaya al hospital del Seguro y que se aleje y que se ponga una mascarilla. Sally estaba con un casco de motocicleta y con el visor cubriéndole toda la cara.

Al día siguiente muy temprano, aparece en el Seguro, y, a eso del mediodía, viene una enfermera y se da cuenta de que es extranjera, la separa del grupo de enfermos y le dice que no la van a poder atender. Sally volaba en fiebre, pero la enfermera insiste en que vaya el centro de salud “Sandrita Pérez”. Y que, en el Seguro, no hay nada más que hacer por ella.

Cuando llega al “Sandrita Pérez” de Pedregal, una doctora cubana le dice que su saturación está en 78, casi al borde del ahogamiento, y le receta 50 gotas de ivermectina y que vaya a su casa porque si la internan se puede morir: “Anda a tu casa y enciérrate porque aquí todos los pacientes intubados se están muriendo”, le dice. Los siguientes días serían decisivos. La fiebre no bajaba, el dolor de cabeza era insoportable y la respiración le empieza a fallar. Incluso agarró un lapicero, lo desinfectó y estaba dispuesta a hacerse una traqueotomía ella misma. No iba a dejarse morir así nomás. Y lo único que le ayudó es que era deportista multifacética y había sido buzo en aguas abisales del mar pacífico y sabía perfectamente cómo dosificar su oxígeno y mantener la calma.

Rodolfo Ybarra y Sally Salomón.

Fueron días difíciles y sobreviviendo sola. Afortunadamente en uno de los libros que leía tenía cien dólares guardados y le sirvieron para comprarse un celular nuevo y comunicarse con el mundo y con su comunidad de amigos. Ahí se enteraron de su penosa situación, pero nadie la podía ayudar. Las carreteras seguían cerradas y la única manera de viajar era que el alcalde autorizara con una firma su salida de Arequipa. Solo un sacerdote amigo derramaba lágrimas al otro lado del teléfono.

Mientras tanto, SS pega en la ventana de su casa prestada: “Soy Covid-19”. Y cuando salía a la calle (porque no había nadie que le ayudara) llevaba un cartel donde avisaba que estaba enferma y que guardaran su distancia. Y por más de quince días perdió el habla, solo se comunicaba con un lápiz y papel.

Para esto, el gobierno mexicano había dispuesto la repatriación de 200 mexicanos desde el Cusco en un único vuelo y ella tenía que llegar como sea. Pero no tenía dinero y el alcalde de Pedregal no le quería dejar la firma de salida. Las carreteras seguían cerradas. También su familia desde México le decía que mejor se quedara en casa y que esperara.

Salir del Perú

A inicios de octubre, Sally Salomón se enteró que el niño Carlo Acuti sería beatificado en el Vaticano y ella, como misionera, tenía los pasajes comprados a Italia. De ahí podría hacer la conexión a su natal México que, por cierto, nunca cerró sus fronteras. Para salir de Arequipa tuvo que vender unos crucifijos que tenía y deshacerse de varios objetos personales. Una autoridad municipal le dio 8 (ocho) soles de ayuda. ¡Viva el Perú generoso!

Cuando llegó al terminal terrestre, se encontró con que el único ómnibus que había para Lima no cumplía ningún protocolo, solo un plástico separaba a un pasajero de otro donde no había ningún asiento vacío y le dieron un papel donde le preguntaban a cada pasajero: “¿tienes fiebre, tienes dolor de cabeza, tienes sudoración, etc?”. Y los pasajeros tenían que firmar diciendo NO. Eso era todo el protocolo. Nunca hubo alcohol ni le midieron la fiebre ni nada. Estamos en Perú diría alguien por ahí.

Ya en el aeropuerto Jorge Chávez, habiendo pasado el counter y hablando con las personas encargadas le dijeron que el vuelo humanitario para Italia era solo para italianos. Y aún así, contra todo pronóstico, la podían llevar hasta Roma, pero no podían asegurar que la acepten entrar. Y era muy posible que la regresaran a Perú. Y, claro está, sabiendo que los “vuelos humanitarios” cuestan el doble de los pasajes normales y que Italia había restringido el ingreso de extranjeros.

Sally volvió a las calles de esta tres veces coronada ciudad de los reyes, a seguir caminando por el centro, mirando los escaparates, las multitudes de limensis que, como trashumantes, se trasladan de un lugar a otro, comen en restaurantes, suben a micros llenos o acuden a fiestas Covid totalmente ilegales. Los supermercados y las tiendas por departamentos estaban repletas y los tragamonedas empezarían a funcionar, pero eso sí, se restringía el acceso a las playas y los gimnasios seguían abolidos. Ahora solo tenía que esperar que se abran las fronteras y así poder embarcarse en un vuelo de retorno a su país de origen.

Hace algunas semanas el expresidente Martín Vizcarra anunció que el Perú retomaría los vuelos internacionales a destinos que no sobrepasen las ocho horas y México está a 5 horas 18 minutos; sin embargo, el nuevo presidente Francisco Sagasti solamente tendrá que ratificar dicha medida. Y a pesar de todo lo que ha pasado en este país, Sally Salomón agradece a todas las personas que le dieron una mano. Quizás después vuelva a poner el hombro para ayudar a niños necesitados o reconstruir iglesias o casas de personas desfavorecidas o visite los penales llevando su mensaje de paz y de amor para un mundo que todavía no ha entendido que más que una palabra bonita, lo que aquí se necesita es acción, ensuciarse los zapatos o hundirlos en el lodo y poner el cuerpo, no importa que una peste nos mantenga alejados del mundo porque al fin y al cabo uno también es el mundo. Y uno no puede alejarse de su destino.

Actualización

Nuestra querida amiga y periodista mexicana Sally Salomón ha sido salvajemente agredida. El día de ayer muchos medios televisivos pasaron su caso. Lo cierto es que ella debió salir del país hace unas semanas, pero una vez más la volvieron a robar y ahora la han dejado malherida y con un ojo ciego. Me da mucha tristeza esta noticia.

Que estés bien, querida Sally y contesta el teléfono, por favor.

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Periodismo

Nosotros: “Los siete vidas”

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A los periodistas debieran llamarnos los “siete vidas” pues como los gatos, tenemos siete o más existencias que nos permiten superar toda suerte de circunstancias y escollos.

Empecemos por la falta de estabilidad laborar. Antes —en los tiempos de ñanguey— un hombre de prensa podía hacer su carrera tranquilamente y jubilarse en el mismo centro laboral. Ahora, nadie está seguro en ningún sitio y a las primeras de cambio se queda en la calle porque redujeron el personal o se clausuró ese medio

Personalmente caminé por diversos diarios y revistas que hoy son solo un recuerdo: Correo, Hoy, El Universal, La Crónica, La Prensa, Última Hora, el Nacional y las revistas Intimidad, Somos, Mujer, Siete Días, Variedades ( que debería volver a ser editada dada su categoría histórica) y otras que dejo por ahí. Es que fueron los tiempos en que podíamos saltar de un medio a otro, sin problemas.

Otro de los escollos que debimos superar, fue la evolución tecnológica. De aquellos pretéritos tiempos del linotipo que se instaló en los talleres periodísticos desde fines del siglo XIX y tuvo una durabilidad de décadas hasta ser reemplazado por el sistema offset  que fue superado por la computadora, debimos ir renaciendo como el ave Fénix. Adaptarnos a este nuevo aparato, fue  un empezar de nuevo, pues nadie sabía cómo se manejaba y en los diferentes periódicos, debieron dar clases a su personal completo.

Si bien nos simplificó el trabajo, también acabó con  el bullicio de las salas de redacción, en donde era usual el saludo o el comentario diario, el encargo y las despedidas. La computadora, nos aisló. Cada uno se encerró en su pantalla y dejó de enterarse si alguien entraba o se iba.

También los cafés, aquellos antañones centros en donde se discutía de arte, literatura y política, se fueron yendo. Los míticos Viena-célebre por las exposiciones pictóricas además porque se convirtió en el refugio del “carnicero de Lyon”, el nazi Klaus Barbie o el Palermo, Versailles, Negro Negro, Chino Chino, el Tívoli, Mario, el famoso Haití de la Plaza de Armas en donde tantas veces bajábamos  de la primigenia  Andina “por un cafecito” con la colega y amiga Susana Molina, ya no existen.

Pero el mayor salto se hizo hace un año con motivo de la pandemia, pues los diarios y revistas debieron recurrir al sistema on line casi totalmente para su elaboración. Si bien ya estaba en funcionamiento desde 1995 con el navegador Explorer de Microsoft  y entre otros el Navegator 2.0 de Netscape, eran solo tentativas.

Se critica al sistema por ser muy homogenizado y de tener limitaciones como  su falta de diseño pues casi todos  los medios virtuales se le parecen, pero creemos que eso será pasajero y cada uno llegará a tener su propio y único estilo. También se critica la pobreza de algunos temas pues no existe la exigencia que se tiene  como en los diarios impresos, pero igualmente es un tema superable y se instalará más temprano que tarde, el corrector de estilo virtual.

Admito que es todo un reto esta nueva modalidad, pues de la entrevista personal, de aquella concurrencia a diferentes eventos, hemos convertido esos encuentros en conversaciones virtuales, que no siempre suelen tener la calidez amistosa de la vivencial, (y que nos permitía entablar amistades de antología, muchas veces). La única ganancia es que con estos  medios, podemos traspasar fronteras, sin viajar y esa es su mayor ventaja.

Por lo demás, nada nos puede privar del derecho de ejercer un periodismo libre y siempre comprometido con la verdad, sea en un medio escrito o virtual. Nuestro compromiso con la sociedad a la que servimos, queda en pie, sea cual fuere el sistema que utilicemos.

Un luquiano como asesor

El colega Edwin Sarmiento Olaechea, es uno de esos provincianos que un día se puso la mochila a la espalda y vino a Lima con afán de encontrar su destino. Y vaya que lo encontró.

Ahora es Periodista Colegiado, profesor de Lengua y Literatura y fue redactor principal y editor de diversos diarios. También  asesor de imagen de ministros,  jefe de Prensa del Congreso de la Presidencia del Consejo de Ministros, jefe de Prensa del Congreso de la República, entre otros cargos.

Lo conocí en el fenecido diario Correo, cuando hacíamos notas para el suplemento Sucesos y nos reencontramos en el Club de Periodistas (en donde asumió por dos veces la presidencia) y también en el Colegio de Periodistas de Lima, en donde se desempeña como Vice Decano y es director de Asuntos profesionales e institucionales.

Edwin, ha sido distinguido con diversas distinciones como el haber sido declarado “Huésped Ilustre” de la ciudad de Huamanga.

Autor de una diversa selección de notas, tiene en su haber el título “José María Arguedas-testimonios” y en este encierro no ha dejado de hacer periodismo a través de sus “Crónicas desde el Encierro”.

La pandemia y la nueva cuarentena, nos motivaron a sostener una conversación virtual, pues Edwin por su trajinar, es un candidato perfecto para las remembranzas y así pudimos reeditar nuestras  charlas de café en los días de Correo. Y este fue el resultado.

Edwin Sarmiento.

Los periodistas se han visto metidos de manera masiva en los medios on line, casi sin transición, rompiendo una tradición de siglos en donde el trabajo era colectivo. ¿Cuánto se ha perdido o ganado con la nueva modalidad?

Para los periodistas de nuestra generación es un acto de sobrevivencia. Quienes venimos de las antiguas salas de redacción con máquinas de escribir y de la era del linotipo, teníamos que adaptarnos, lo más rápído que podíamos, a las nuevas tecnologías de comunicación. En caso contrario, nos quedábamos fuera de la historia, que es una manera de morir lentamente. Cada época tiene su particularidad. Los periodistas de la generación de los ’70 y ’80 teníamos que combinar entre el impulso a que nos obliga estos nuevos retos, con la nostalgia de todo tiempo pasado fue mejor. Es cierto, la nuestra fue una época de mucha solidaridad, más divertida, llevábamos el periodismo en la sangre y era nuestro  ADN las 24 horas, incluso cuando dormíamos. Vivíamos para la noticia, éramos hombres y mujeres de grandes pasiones y emociones que no tenían límites. Los medios en redes sociales son mucho más rápidos, las noticias vuelan en tiempo real a lo que estábamos acostumbrados los periodistas de hace unas décadas. La inmediatez es el signo de estos tiempos. A cambio, sin embargo, se ha perdido el esfuerzo del rigor periodístico, el traslado a las fuentes mismas y el cruce de las mismas, la contrastación de los hechos antes de publicarlos, en fin.

Nuestro ejercicio era el de ingresar a la redacción y tener una comunicación abierta con los colegas, y en las conferencias de prensa, datearnos unos a otros aún siendo de distintos medios. Una costumbre hoy desaparecida. ¿Se puede generar el mismo compañerismo haciendo trabajos a distancia?

Es cierto lo que afirmas: se ha perdido el dulce encanto de la solidaridad entre colegas. Ahora prima el individualismo, producto del uso de las nuevas tecnologías que te obligan, prácticamente, al ostracismo, el egoísmo en extremo o el trabajo fácil. Antes solíamos disfrutar después de cada evento al intercambiar datos, recomponer historias, pero, eso sí, guardando celosamente, las primicias que podíamos haber obtenido y que deberían ser publicados solo en el medio para el que trabajábamos. Podíamos estar en grupos, tomándonos unos piscos, antes de retornar a las salas de redacción, pero si había esa primicia obtenida, era guardada bajo siete llaves. Sólo al día siguiente nos enterábamos que uno del grupo tenía esa noticia y nos enterábamos al ver colgadas las portadas de los diarios. Y no nos resentíamos con el autor de la primicia. Era una sana competencia y eso lo entendíamos así.

En tu trajinar, conociste diversos personajes y en trabajo cotidiano, recogiste diversas anécdotas. ¿Cuáles son las que te dejaron mayor impresión?

Conocí a muchísima gente de todo nivel y en todos los estratos sociales. Guardo de esas experiencias tantos recuerdos que me llevan, muchas veces, a la nostalgia de lo vivido. Alegres o tristes, fueron circunstancias que me ayudaron a crecer o a fortalecer mi identidad. Fui asesor de ministros de estados, congresistas, líderes políticos. Tuve responsabilidades de gestión en la administración pública y en los organismos en los que trabajé también conocí a mucha gente valiosa, compañeros de trabajo que me ayudaron a comprender mejor la vida y conocer el país, desde aquellos que cuidaban la seguridad interna, abrían las puertas en los ministerios, ascensoristas, gente humilde que  trasladaba los papeles o señores que solían mirarte por sobre el hombro por el poder efímero que tenían. Alterné con todos, por igual. A todos ellos respeté como personas y dejé amigos por donde pasé. Y fui respetado.  Pero si habría que personificar algunas de estas experiencias yo escogería, sin duda, una de ellas: mi trabajo al lado de la Dra. Martha Hildebrandt, como su asesor de prensa. Ella es una intelectual de primerísimo nivel, una lingüista rigurosa que no te permitía más de un equívoco en la escritura. Si te pescaba un error te lo pasaba a regañadientes; al segundo dejaba de leer tu texto y lo botaba al tacho. Me ayudó mucho a ser disciplinado. Así nos sobrellevamos con cariño por ocho años,  que para mí fueron los mejores de mi larga carrera profesional. Recuerdo el primer día que me citó en su casa para ver si necesitaba de mis servicios. Deme su hoja de vida, me dijo, y le alcancé. Fue ojeando con calma y, cada vez, me preguntaba algún detalle. Al final cerró el fólder y me preguntó: ¿usted sabe escribir? Claro que sí, le respondí muy seguro. ¿Y por qué cree que sabe escribir?, me repreguntó. Como yo andaba ya con más de 30 años de periodista y en  este oficio había sido redactor, columnista, cronista, editorialista, editor etcétera, le dije casi orgulloso, es que soy periodista, doctora. Me miró fijamente como escudriñando mi pasado y afirmó: mierda, entonces usted no sabe escribir. De todas maneras, lo espero mañana en mi oficina, sólo por tres meses, advirtió. Esos meses se convirtieron luego en ocho años.

Edwin Sarmiento y Martha Hildebrandt.

Como buen ayacuchano, seguiste las huellas de José María Arguedas. Estuviste en Viseca y conociste y entrevistaste a la Justinacha del cuento Warma Kuyay. ¿A qué otros personajes conociste?

Me confieso un arguediano. Siempre es un placer para mí leer y releer a José María. Recorrí los lugares que fueron parte importante de su niñez en San Juan de Lucanas y en la hacienda Viseca. En Puquio conocí, ya ancianos, a sus amigos de infancia que fueron personajes de sus primeros cuentos  A Hilda Peñafiel quien inspiró Warma Kuyay (amor de niño), su primer cuento. Ella es, efectivamente, Justinacha, la personaje central. También entrevisté a Julio Peñafiel, otro personaje de Arguedas que está presente en Los escoleros. Igualmente, tomé contacto con sus sobrinas Arangoitia, quienes me dieron valiosos testimonios que saldrán, de manera inédita, en el libro que estoy por concluir y se llama “Los personajes de Arguedas”. Todos ellos han aportado episodios y anécdotas de vida que nos han permitido tener el mejor perfil del niño Arguedas, tan maltratado por su madrasta, doña Grimanesa, y su hermanastro, hijo de esta matrona de Lucanas. Todos ellos coincidieron en señalar que Arguedas fue un niño bueno, algo tímido y retraído. Un poeta de  fina sensibilidad andina.

Nuestra profesión, es una de las que más peligros entraña pues el reportero (periodista que recoge  la noticia) es el que está en la mira. ¿Con esta nueva modalidad, virtual, seguirán existiendo los reporteros tal como los conocemos?

Los riesgos a que estamos expuestos para cumplir nuestro trabajo seguirán existiendo en el tiempo. Si bien vivimos épocas con distintas caracterizadas por la comunicación virtual, los hechos que ocurren en la realidad son captados por el periodista en los lugares que ocurren. No podemos eximirnos de esta situación. La información nace ahí donde ocurren los acontecimientos. Los reporteros gráficos tampoco pueden estar alejados de los hechos, aun cuando sus instrumentos sean de lo mejor y avanzados tecnológicamente. Las imágenes que capten tendrán lugar en espacios específicos donde se desarrollen los hechos. Los periodistas somos parte de esos hechos, somos testigos de excepción de aquello que informamos. Somos historiadores de lo cotidiano.

Si antes era apenas una tentativa el periodismo de línea, con la pandemia se ha generalizado. Pero se acabaron también las tertulias en los cafés, las reuniones con poetas y escritores. ¿No se perderá mucho en esta solitaria tarea hecha en casa? ¿Se podrán recuperar los espacios hoy dejados de lado?

Ojalá se puedan recuperar. Es lo que todos deseamos. Nada hay tan grato como una tertulia de café. Los periodistas de nuestra generación fuimos trotamundos de bares y cafés de la época. Ahí estaban el Palermo, el Chino Chino, el Wony, el Zela, la Llegada, el Goyescas, todos ellos a diez cuadras a la redonda entre el Parque Universitario, la Plaza San Martín y la Av. Emancipación en Lima cercado. En esos lugares terminábamos el día y esperábamos la noche que se nos presentaba alegre y bullanguera.

La pandemia que vivimos nos ha obligado a encerrarnos por seguridad, hemos perdido todo contacto presencial y los aplicativos en el Internet han sustituido los otrora encuentros cercanos para hablar de literatura, política, teatro, cine o mirarnos a los ojos cuando el enamoramiento llegaba Ojalá retornemos a la normalidad. Todo dependerá si sobrevivimos a este virus que nos acecha para atacarnos.

Edwin Sarmiento y sus hijos.

La política  siempre estuvo presente en nuestros afanes, sobre todo para alguien que como tú transitó por diversos organismos estatales.. ¿Qué es lo primero que debería aprender un periodista para no parcializar su labor a favor de un partido?, ¿Cómo se puede conservar la independencia de criterio?

Sólo depende de saber ser profesional. Todo es muy simple. Como seres sociales tenemos ideología; es decir, miradas diferentes de la realidad. Como seres políticos podemos tener nuestras opciones por tal o cual partido de nuestra preferencia. Como periodistas debemos, sin embargo, saber mantener distancias entre uno y otro, empezando por nuestras particulares ideologías. No tenemos por qué parcializarnos o dejarnos vencer por nuestras subjetividades mientras ejercemos el periodismo. Ello, para un periodista, no sólo es perturbador, sino riesgoso. Y perverso. Si ello ocurre, terminamos por confundir la verdad. Peor aún, corremos la tentación de convertirnos en activistas y el periodismo que practicamos pierde su independencia. Podemos brindar nuestros servicios profesionales, siempre en apego a la verdad, sin distorsiones ni menos manipulaciones del mensaje con el que trabajamos. Si ocurre esto último caemos en el papel del propagandista a sueldo que es la negación de nuestro oficio. Todo depende de cómo nos administremos. Nuestras asesorías en prensa no tienen por qué ser a gusto del cliente. Tienen que basarse en los principios éticos que nunca debemos perder de vista los periodistas. Esto nos hace respetables ante cualquiera. Lo dice quien ha trabajado en cargos de confianza, sin arriar principios que deben estar perfectamente diferenciados en el trabajo profesional para no caer en la sumisión por el cargo.

Hace una década nos llamaban “periodistas” y  nada más. Ahora apareció una nueva especialidad; la de los comunicadores. ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro?

Hace algunas décadas surgieron las facultades de Ciencia de la Comunicación en las universidades, que reemplazaron a las antiguas escuelas de periodismo. Fue la nueva tendencia mundial que renovó el trabajo exclusivamente periodístico. Las Ciencias de la Comunicación presentan una visión integral mayor y de conjunto de las comunicaciones. En ella se incluye al periodismo como una especialidad, del mismo modo como es, por ejemplo, la comunicación corporativa, la publicidad, la comunicación audiovisual etcétera. Los egresados de estas facultades tienen campos de acción de mayor alcance para desarrollarse, siendo uno de ellos el periodismo como tal. Los periodistas trabajamos con la noticia, con los hechos de coyuntura, con la información esencialmente; los comunicadores trabajan con los procesos de la comunicación que no necesariamente tienen ser hechos noticiosos. Hay diferencias, naturalmente entre unos y otros, aun cuando pertenezcan a la misma familia.

En la edición digital se debiera cuidar el estilo, pues no hay correctores como en los diarios impresos, esto podría derivar en un empobrecimiento literario y periodístico. ¿Cuál debiera ser el recurso?

Es cierto, el uso indiscriminado y liviano de la información en las redes sociales, principalmente,  tiende a empobrecer el lenguaje. Sus formatos y la inmediatez que los caracteriza obligan a crear nuevos códigos, sobre todo en los jóvenes, atentando contra la correcta escritura y dejando de lado las normas existentes. Es el riesgo de estos tiempos.

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Periodismo

César Hildebrandt denuncia que el Gobierno busca cerrar su semanario

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El periodismo está siendo una vez más amedrentado por el gobierno de turno y esta vez por parte del presidente Martín Vizcarra, a través de su ministra de Justicia Ana Neyra. el 26 de octubre el periodista César Hildebrandt, director del semanario Hildebrandt en sus trece recibió una Resolución de Inicio de Procedimiento Administrativo Sancionador (Resolución Directoral nº 149-2020-JUS/DGTAIPD-DFI) para que su periódico pague una multa de S/. 215,000 soles, por haber publicado el pasado 13 de marzo la primicia e identidad del paciente cero, el piloto de LATAM Luis Felipe Zevallos Arroyo. 

Sucede que, de acuerdo a Ley Nº 29733, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos asume la Autoridad Nacional de Protección de Datos Personales. En este sentido, la denuncia formulada contra el periodista se llevó a cabo por una supuesta infracción a la Ley de Protección de datos personales. No obstante, hoy día su semanario publicó aquella noticia y su director no escatimó firmeza y frontalidad en sus líneas:

“Por todo eso es que el señor Vizcarra le ha ordenado a una de sus empleadas más rastreras, la ministra de Justicia, iniciar un proceso administrativo sancionador en contra de esta publicación. Ese expediente nos amenaza con una multa que podría llegar, literalmente, a las cincuenta unidades impositivas tributarias (215,000 soles), lo que significaría la quiebra de esta pequeña empresa de la que soy fundador y director. Como ustedes saben, amables lectores, este semanario se sostiene a duras penas con los ingresos de sus ventas”.

Ministra de Justicia, Ana Neyra.

El periodista recibió hace unos días en su bandeja de correo dicha resolución del ministerio de Justicia que da inicio a un procedimiento administrativo sancionador, donde, para empezar, le exigen de modo amenazante que remita la documentación que acredite el monto al que ascendieron sus ventas anuales del ejercicio inmediato anterior y además la declaración jurada anual del Impuesto a la Renta de dicho ejercicio; o en todo caso, las declaraciones juradas mensuales de los pagos a cuenta del Impuesto, de acuerdo a su régimen tributario.

Publicación impresa de Hildebrandt en sus trece.

César Hildebrandt también revela en el informe del impreso de hoy:

Asqueada por lo que sabe y vio, una fuente confiable del ministerio donde ejerce la empleada vizcarrista Ana Neyra nos llamó esta semana por teléfono y nos describió las presiones que Vizcarra ha ejercido para que esta resolución, que tiene fecha 26 de octubre del 2020, se dé en los términos extorsivos con que se ha presentado. La trémula burocracia del ministerio ha obedecido –y con creces– la orden de quien habita hoy el muy ensuciado palacio de gobierno”.

Sabemos que la prensa que se ha encargado de cuestionar y fiscalizar a los gobiernos de turno, ha sido presa de hostigamiento y persecución y esta vez le tocó al medio Hildebrandt en sus trece. lo cierto es, que a estas alturas y con todos los datos, informaciones, colaboraciones eficaces y demás medios probatorios que están allí aguardando en la Fiscalía, el gobierno de Martín Vizcarra ya está a un paso del cadalso, y por más que sus geishas ministras y magistradas hagan todo lo posible para blindarlo, no cabe duda que él también se sumará a la lista de estadísticas del INPE.    

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Actualidad

Caso Sanchéz Alayo: abogado pone al descubierto presunta organización criminal

Luis Alfonso Morey, abogado de la familia Guizado Portillo indicó que “en la denuncia por crimen organizado se evidencia que los terrenos han sido ocupados a través de testaferros y personas que hoy se encuentran como prófugos de la justicia”.

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En las últimas horas el caso Sanchéz Alayo comenzó a sonar con más fuerza. El abogado de la familia Guizado Portillo, Luis Alfonso Morey, anunció que han venido realizando una batalla legal contra Fidel Sánchez Alayo, acusado formalmente de dirigir una organización criminal con operaciones fraudulentas de valiosos terrenos al sur de Lima.

Luego de años de investigaciones, procesos judiciales y gracias a los testimonios de gente valiente, hoy se da a conocer a la opinión pública nacional e internacional la forma en la que la Familia Sánchez Alayo se ha ido apoderando de los terrenos más valiosos del sur de Lima.

Fidel Sánchez Alayo.

“La familia Sánchez Alayo no goza de buena reputación. Los crímenes que enlutaron a los Sánchez Paredes y los líos en los que se ha visto envuelto Fidel Sánchez Alayo han hecho que la gente les tema. El miedo que se siente entre los humildes pobladores de Chilca es muy similar al que se percibe en las redacciones de los principales medios de comunicación, las agencias de relaciones públicas y los Estudios de Abogados más prestigiosos de la ciudad de Lima”, señala Morey.

Para intentar evitar el desalojo que se realizará este viernes 16 de octubre, los Sanchéz Alayo presentaron una irregular medida cautelar otorgada por el Juzgado Civil de Santiago de Chuco, a cargo de la jueza Carmencita Torres Hilario, en favor de la empresa Inversiones Las Arenas Corp. SAC, que tuvo por objeto impedir el desalojo. Hace unas horas el juez de Chilca rechazó la medida cautelar de Santiago de Chuco y ordenó proseguir con el desalojo.

Dirección de Santiago de Chuco presentada por inversiones Las Arenas. Dueña de la propiedad negó que allí exista alguna empresa, menos Las Arenas.

En el Perú la excentricidad de ciertas personas es una de las señales que ha permitido descubrir —jalando el hilo de la madeja— a organizaciones criminales que han operado y siguen operando con impunidad y en complicidad con autoridades, periodistas vendidos, jueces y policías. Tienen el dinero y los contactos suficientes para librar mil batallas. Las mafias —como la liderada por Rodolfo Orellana— se desmoronó gracias a valiosos testimonios de gente que pese al temor que tenía empezó a hablar.

¿Qué se hizo en los terrenos de Chilca? Fidel Sánchez Alayo ha levantado un centro privado de diversiones con todo tipo de excentricidades: caballerizas, coliseo de gallos de pelea, piscinas y hasta una plaza de toros levantada en honor al ‘Clan Sánchez Paredes’. “En la denuncia por crimen organizado se evidencia que los terrenos han sido ocupados a través de testaferros y personas que hoy se encuentran como prófugos de la justicia”, indicó el abogado de la familia Guizado Portillo.

Placa de la Plaza de Toros de los Sánchez Alayo.

La otra batalla de Morey

Fidel Sánchez Alayo ha sido acusado formalmente de dirigir una organización criminal que con operaciones fraudulentas se ha apoderado de buena parte de los terrenos más valiosos del sur de Lima. Se trata de una denuncia por crimen organizado, lavado de activos, usurpación agravada, falsificación de documentos, falsedad genérica, fraude procesal, cohechos, uso de documentos falsos y daños agravados.

Abogado Luis Alfonso Morey.

Morey aceptó el encargo de la familia Guizado y durante semanas su equipo estudió el caso y todo lo que ha ocurrido en los últimos años de pleitos judiciales. Luego de las investigaciones, Luis Alfonso Morey reveló la manera en que opera Fidel Sánchez Alayo. Pero esto no ha sido una tarea fácil. En su camino se encontró con un permanente intento de bloqueo en las investigaciones.

Entre algunos comentarios y advertencias que el abogado de la familia Guisado recibía, figura la del director de una importante agencia que le dijo por WhatsApp: “Consejo de pata: es mejor no meterse en esos temas. Se trataría de crimen organizado, no te compliques”. Otro mensaje de un abogado especialista en litigios le advirtió: “Esa gente es brava, ni te metas”.

El abogado ha revisado el caso, leído el expediente, conversado con los testigos, visitado el lugar y viene exponiendo la denuncia ante la opinión pública nacional e internacional. Por ese motivo le han recomendado adquirir una camioneta blindada y contratar a un chófer de resguardo. Desde hace una semanas el abogado de la familia Guisado cuenta con un resguardo que antes cuidaba a su socio. El resguardo es experto en tiro instintivo selectivo y ha sido entrenado en la técnica israelí. Un consultor amigo suyo que es experto en seguridad le advirtió que no debe escatimar en seguridad personal.

Aquí un video de Digital TV con de la denuncia de Luis Alfonso Morey.

Este viernes 16 de octubre se debe llevar adelante el desalojo en los predios La Chutana (50 hectáreas) y la Sirena (14 hectáreas) en el distrito ecológico de Chilca, a 60 kilómetros de Lima, los mismos que se encuentran en posesión de Fidel Sánchez Alayo.

Terrenos en posesión de los Sánchez Alayo.

La prensa internacional también viene difundiendo el caso Sánchez Alayo, el canal asociado a la prestigiosa cadena CBS dio a conocer la noticia en Estados Unidos. El medio internacional señaló “En Perú otro escándalo de corrupción denunciado por la prensa. Se trata de una presunta apropiación ilegal de terrenos donde estarían involucrados los integrantes de la familia Sánchez Alayo. Recordada por haber sido investigada en los Estados Unidos por lavado de activos. La denuncia acusa directamente a Fidel Sánchez Alayo, por haberse apropiado de terrenos en la localidad de Chilca”.

Aquí el video del informe de la cadena estadounidense.

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Actualidad

Mario, la luz no se extingue

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No fuimos amigos. Me habría encantado serlo. Cuando lo conocí por los afanes del Mundial Rusia 2018, me sorprendió su inmensa y natural empatía. Divertido, lleno de anécdotas, sin distancias ni vueltas. Había hecho un peregrinaje alucinante hasta Moscú. Cruzó como un aventurero todas las fronteras que fueron necesarias en una combi que partió desde Bélgica. Y contaba esa historia con una gracia y una simpatía inigualables. Pero era mucho más que una persona con encanto. Era un camarógrafo todo terreno, conocido, respetado y querido en el ambiente periodístico. El imprescindible camarógrafo de raza que sabe ir detrás de las historias junto al reportero de calle.

En su adiós me apena también que con él se va, demasiado pronto, el camarógrafo que se está perdiendo como se pierde el periodismo de batalla. Las imágenes no se recolectan, se buscan, se eligen, se construyen, se captan. Y para eso hay que tener pasión, hay que amar lo que se hace, hay que arriesgarse, hay que meterse donde sea y como sea y hay que hacerlo con la cámara al hombro, hay que sentir que el ojo más valioso es el que mira por el visor. Ese era Mario Tarazona. Por eso siempre tenía una historia para contar.

En mi recuerdo quedó marcado el orgullo que él tenía por sus orígenes provincianos, algo muy valioso en una ruin ciudad como Lima que siempre trata de ponernos en segundo lugar a los que tenemos la suerte de venir del interior. Era de Pomabamba, Ancash. Tenía la pinta de sus ancestros españoles y la estima altiva por sus paisajes, su comida, sus costumbres. He leído unas línea de César Seijas que lo describen con la precisa ternura de un amigo: “Un pomelito a tu salud, un cuycito por la tarde y que tu camino al cielo sea con dicha hablándole a todos de las maravillas de nuestra tierra”. No es necesario añadir más para entender su amor por nuestra sierra.

Conocí a Mario Tarazona por mi querido amigo Lenin Díaz. Ambos compartían el amor por el cine. Lenin me hizo saber una historia entrañable: la película que se puso a filmar Mario. Un western andino. “El fugitivo de los andes”. Un Clint Eastwood del histórico spaghetti western rodado en los andes peruanos. Una hermosa locura que Mario filmó siguiendo el clima de las cuatro estaciones del año porque su guión (y su alma) así se lo exigían. Un loco maravilloso capaz de llevar su pasión por el cine a la realidad sin tener ningún complejo por atreverse a lo que se atrevió Sergio Leone. Si lo había embelesado de niño por qué no vivirlo.

Quienes compartieron oficio, charlas y diversión con él, le están dando el más hermoso adiós que se puede dar: la unánime coincidencia del afecto. Su amigo, el magnífico reportero Percy Guzmán, lo resume de este modo: “Un tipo encantador, donde llegaba caía bien, en cualquier destino del mundo él conocía a alguien, y las comisiones las convertía en una gran aventura”.

En mi caso, sencillamente, me habría gustado ser su amigo, beber unas copas charlando hasta extinguir la noche, como era antes en el buen periodismo. No ocurrió así. Para decirte adiós me presto esta linda frase de Alvina Ruiz, para ti Mario: “Ese encanto y luz que te caracterizaban”.

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Periodismo

Feliz Día del Periodista, por Rodolfo Ybarra

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Pequeño testimonio de parte

En 1989 ingresé a la Escuela de Periodismo JBM. Me era muy difícil estudiar en La Cantuta en el día y en la noche recibir clases con mis grandes maestros: Manuel Miguel de Priego Chacón, Hernán Flores Valdivieso, Walter Meza Valera, etc., aparte de que iba a la San Marcos y colaboraba en medios de izquierda, pequeños periódicos que subsistían a duras penas y donde los periodistas prácticamente trabajaban ‘ad honorem’ o porque simplemente amaban esta profesión. Por ese año, también entré a colaborar con radio Santa Rosa del cura Juan Socolich y “Nuestra Época”, un programa de denuncias donde se hablaba de gente desaparecida en zonas de emergencia. El país se caía a pedazos y no había tregua. Eso lo sabíamos bien quienes hacíamos periodismo contra las cuerdas. Denunciar desapariciones o “excesos” de los militares montesinistas también tenía su costo.

En 1991, mi compañera de estudios y jefa de informaciones de un diario de izquierda, Melissa Alfaro Méndez, fue despedazada por un sobre bomba. (Un día antes había estado con ella hablando de poesía y de los niños de la calle y le había prestado mis escritos para que se pusiera al día porque se había matriculado a destiempo). También muchos otros amigos periodistas caerían en el fuego cruzado y a otros los meterían presos, como fue el caso de nuestro compañero Juan José Herrera a quien lo mandaron al Castro Castro por un montón de años sin ser culpable de nada. Muchos otros amigos periodistas saldrían del país o se asilarían como hizo nuestro amigo, Juan “Jarita” Berrospi, quien también fue torturado salvajemente y fue condenado a más de 10 años de prisión, solo por no develar sus fuentes de quienes le entregaron el croquis donde se encontraban los cadáveres de los cantuteños masacrados por el grupo Colina y cuya denuncia cambió los destinos de nuestro país. (Un enorme abrazo, viejo amigo, donde estés, todavía recuerdo tu viejo sombrero y tus viejas sandalias con los que caminabas por los pueblos jóvenes recogiendo testimonios de nuestro pueblo).

En 1997, junto a otros amigos periodistas fundamos una asociación y entramos con la pierna en alto a canal 27 UHF con un programa contracultural muy novedoso: rock, literatura y política. Los universitarios de esa época nos buscaban para hacer sus denuncias contra el Estado y el poder de facto establecido. Muchos artistas, poetas, literatos, músicos, dramaturgos y jóvenes activistas pasaron por el programa “Degeneración” del cual llegué a ser su director. Cabe resaltar que fuimos censurados e incluso nos enteramos después que la antena del canal en el morro de Chorrillos fue retirada. Eran tiempos difíciles, luchar a la contra era nuestro sino y no daríamos nuestro brazo a torcer.

He trabajado también en otras revistas y he colaborado en periódicos de provincias y del extranjero. También he escrito una veintena de libros, entre poemarios, novelas, cuentos y ensayos, y, actualmente, colaboro en Lima Gris donde he escrito más de una centena y media de textos sobre cultura y actualidad y tengo un blog con casi 700 mil visitas: rodolfoybarra.blogspot.com. También he escrito un aproximado de cinco mil artículos periodísticos. No ha sido ni es fácil ser periodista, pero a pesar de todo, mi pluma siempre fue libre, y, aunque algún tiempo pasé hambre y frío, nadie jamás pudo comprar mi conciencia.

Y así permaneceré.

Un gran abrazo para todos los periodistas.

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Actualidad

La ciudad como experiencia comunicacional

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La ciudad que antes era un espacio físico comunicacional, ahora es una experiencia virtual. Como consecuencia del efecto de los medios de comunicación, la urbe tradicional se ha transformado en un espacio mental. Y con más intensidad ahora, por influjo de la internet, se origina una interconectividad o “mundo digital”, también denominado ciberespacio o realidad virtual.

Hemos pasado del influjo de los mass media tradicionales (prensa, radio, TV y cine), a los medios digitales, que están desencadenando una revolucionaria experiencia comunicacional, codificada mediante señales de orden analógico o digital.

El sentido ciudadano de pertenencia disciplina nuestro imaginario haciéndonos partícipes de un nuevo orden consumista de bienes y servicios, pero a la vez nos condiciona a vivir dentro de una realidad tan compleja como nuestra capacidad de articular e integrar los imaginarios colectivos.

Precisamente, lo que diferencia al hombre de los animales es la simbología que crea el ser racional y que prevalece más allá de la experiencia. Los símbolos surgen de los objetos y a su vez crean los pensamientos, motivan o estimulan el actuar.

Vivimos una época atípica de la aldea global. Nuevamente concluyo que la tecnología nos impone nuevos paradigmas de comportamiento y además nosotros generamos nuevos códigos o símbolos. He ahí la contradicción social: ¿Hombres o zombies? Racionales que crean pensamientos con simbología o seres deshumanizados que viven sin sentido.

La aparición de la computación y la internet –como tecnología que en primera instancia tuvo una aplicación militar– permite la construcción de una red global que es puro espacio cibernético y virtual.

Esa espacialidad comunicacional y simbólica teje la ciudad virtual o telépolis: interconectada a terminales que procesan la información que sólo existe en caracteres numéricos, es decir digitales; señales que circulan como intercambios simbólicos entre pantallas de procesadores que desmarcan las fronteras territoriales físicas y que trascienden los espacios.

El problema es la uniformización de los intercambios y formas de relacionarse simbólicamente en todas las culturas. Países celosos de los contenidos simbólicos de internet prohíben su acceso a los ciudadanos, censura que genera conflictos de orden político y que necesariamente obliga a una redefinición de las políticas de acceso al ciberespacio.

Análisis y crítica de la sociedad de la hiperinformación

En la actual “sociedad de la información”, nos encontramos viviendo un panorama en el que la humanidad es bombardeada (tele)comunicacionalmente por noticias falaces divulgadas para desorientar y alienar. O en un caso de alteración mínima, se inyecta seudoinformación y propaganda fabricadas desde medios de comunicación adeptos al poder y al sistema económico imperante.

La audiencia –en su vasta mayoría esclavos asalariados, dependientes de la venta de su fuerza de trabajo y sometidos al yugo de la explotación–, por carecer de tiempo y energía para reflexionar críticamente sobre estas “noticias” consumidas diariamente, se convierte en mero receptor pasivo de la “información” recibida, tragando sin reserva sus mensajes subyacentes y sometiéndose de tal forma al acondicionamiento mental-corporal.

Es decir, el individuo recibe un estímulo y responde de una manera calculada por terceros. Al convertir la “información” en un bien de consumo masivo y efímero, se logra la destrucción de sus facultades de analizar y contextualizar y por ende la capacidad de razonamiento y formación de juicio propio. Alienación total.

Otro de los métodos de la doblegación humana en su dimensión psicológica es el empleo bien calculado del miedo en combinación con el fomento de la ignorancia. Esta fórmula intenta sembrar el caos para poder cosechar el incremento del sentimiento de pánico e inseguridad de la población.

Los políticos de gran corrupción adictos al poder ofrecen “soluciones” prefabricadas a la medida de la élite gobernante y agradecidamente aceptadas por los gobernados, aun cuando contengan medidas abiertas de represión y restricción.

El control mental-corporal de la población en general, en casi todo el orbe, afecta a billones de seres humanos, trabajadores y consumidores que conforman el universo de esclavos del sistema. Esta sombría metodología se ha ido perfeccionando en la medida de que sus víctimas creen tener la convicción de pensar y actuar soberanamente, sin enterarse jamás de sus cadenas de sumisión objetiva y subjetiva.

Tal como lo hemos afirmado, entre los métodos de semejante acondicionamiento mental destaca el fraccionamiento del pensamiento, mediante la sobrecarga de “información” y el bombardeo de noticias fabricadas durante las veinticuatro horas del día, aparentemente no relacionadas entre sí, pero portadoras del mismo mensaje subliminal: no pienses.

(*) Escritor, poeta, editor y sociólogo. Presidente del Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y director del sello independiente Río Negro.

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Periodismo

“De algo nos tenemos que morir”, por Umberto Jara

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Aprendí mucho de este país gracias al periodismo. No el de escritorio, sino el que consiste en ir al lugar de los hechos y observar y acercarse a la gente, sin juzgarlas y haciendo el esfuerzo por entender el contexto. De ese modo aprendí una amarga lección: vivimos en un país autodestructivo con un inmenso sector de pobladores que cree que se puede rivalizar con la muerte. En distintas regiones pude observar que cuando existe un riesgo y alguien pide prudencia se le suele responder: “De algo nos tenemos que morir”.

Es cierto, la única certeza del ser humano es que no lograremos evitar la muerte pero, por lo mismo, deseamos que el momento llegue lo más tarde posible. Sin embargo, millones de peruanos tienen la asombrosa costumbre de retar a la muerte. Suben a buses interprovinciales a sabiendas de que el chofer está borracho o, si es época de fiestas, invitándole un trago; en caminos peligrosos le piden velocidad al conductor; construyen sus moradas allí donde el río se desbordará; se envenenan con extrañas pócimas de curanderos o con el dióxido de cloro y, en tiempos de pandemia, se amontonan en discotecas como si estuviesen un verano en Agua Dulce. Son los peruanos que se echan un pulso con la muerte bajo la bandera que algún suicida pintó: “De algo nos tenemos que morir”.

Existe también la costumbre de normalizar la violencia cuyo efecto es acostumbrarse a la presencia de la muerte. Los doce años de terrorismo no sirvieron para tener lecciones aprendidas. En lugar de enseñarles a los hijos que la pobreza desesperada genera violencia se les inculcó la costumbre del celular de alta gama, las zapatillas de moda y el meneo oligofrénico.

Así hemos llegado a este país en el que pensar, reflexionar, entender es una práctica en desuso. No es casualidad que la frase más famosa de Ricardo Gareca provenga de un pedido desesperado del técnico: “Pensá”. Algo que se supone normal, en Perú hay que pedirlo.

No tenemos disposición para aprender y entender la atrocidad de la muerte. Tenemos la tendencia a acostumbrarnos a ella, a normalizar su presencia. No nos conmueve por sí misma. Y cuando aparece una noticia brutal, o imágenes atroces o episodios cruentos, la reacción es lanzar en las redes sociales textos cargados de juzgamientos. Mueren asfixiadas 13 personas en una discoteca y asoma, como guadaña, el espíritu juzgador de la peruanidad. Las redes sociales se inundan de frases como estas: “gente irresponsable, se lo merecía”, “que los dueños de la discoteca vayan a la cárcel” “que juzguen a los policías”. Y listo. A esperar el siguiente episodio mortal porque de “algo nos tenemos que morir”.

Nadie se plantea ¿por qué llegamos a esta situación? ¿qué hacemos para cambiar el rumbo? Y en ese tema tienen un rol gravísimo los medios de comunicación. Tomemos el caso de América Televisión. De pronto su pantalla se inunda con la amplia cobertura de los 13 fallecidos por irse de juerga a una discoteca y plantean una pregunta reiterada ¿quién es el culpable? pero se trata del mismo canal que no pregunta quién es el culpable de que el Perú sea el primer país en el mundo con la tasa poblacional más alta de muertos. En ese tema, no les interesa ningún “culpable”.

Es el mismo canal que justificó al sociópata Víctor Zamora en el tiempo que fingió ser ministro de Salud. Cuando la indignada protesta de los médicos abandonados estuvo por sacarlo del cargo en los programas de América Televisión lo defendieron utilizando esta bárbara excusa: “no es momento para cambios”. Después, preparando la cancha para que Zamora retornase al gobierno con el disfraz de asesor, le daban tribuna y le ¡pedían opinión¡ como si el sepulturero pudiese enseñar a evitar la muerte.

Ahora dan amplia cobertura para el caso de la discoteca pero silban bajito cuando de trata de los 60 mil peruanos muertos. Muertos no en una discoteca, sino en los hospitales y en las casas; miles de muertos por falta de oxigeno, por falta de mínima planificación y por actos de corrupción.

Para el periodismo coronavirus, trece muertos por bailar son noticia; sesenta mil peruanos muertos y sin oxígeno, no son noticia. Con el cinismo que vienen exhibiendo, solo falta que un día de estos nos digan: “De algo nos tenemos que morir, y tras la pausa comercial quédate con Esto es Guerra”.

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