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“La noche del campeón”, un cuento de Gabriel Rimachi Sialer

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A todos los campeones del mundo.

I

Las luces de los postes aparecían y desaparecían en el parabrisas mientras Mario buscaba pasajeros en la avenida. El letrero de “TAXI” se iluminaba por una luz roja que parpadeaba de rato en rato. Estaba cansado y no había mucha gente, raro para un fin de semana que coincidía con la quincena. Ya aparecerían. Bostezó. Mientras tanto su estómago sonaba de hambre y el trasero le quemaba de tanto estar sentado manejando. Vio en una esquina descampada una carpa que ofrecía comida caliente. Se detuvo, contó el poco dinero que había ganado y bajó a comer algo. Antes de salir se miró en el espejo: su rostro estaba cansancio pero aun así se arregló el peinado de mecha larga y ensayó un par de sonrisas. Matador. Sabía que sus ojos siempre habían sido el gancho con las chicas, el color verde claro de su mirada las atraía y él no desperdiciaba ninguna oportunidad. Era un campeón.

            Hacía un frío húmedo a esa hora, como siempre. Una señora algo gruesa y buenamoza se le acercó con una sonrisa de ventas que le hizo mucha gracia y le ofreció el menú:

            —¿Qué le sirvo, joven? Tenemos caldo de gallina, con presa y sin presa.

            —¿Cuánto cuesta el caldo sin presa?

            —Tres soles sin presa y cinco con presa; el tallarín y el chaufa de pollo están a tres soles.

            Mario la miró a los ojos:

            —¿Y no tiene un menú? Algo para parar el estómago, pero barato nomás que recién estoy comenzando y no está buena la plaza.

            —¿Mala noche? Preguntó ella, coqueta.

            —Mala. Pero ya cambiará… —suspiró— los fines de semana siempre cae algo más que otros días, pero recién salgo así que deme una oferta. —La miró directo a los ojos, entrecerrándolos un poco, se sentía muy sensual cuando miraba así, matador.

            —Bueno, joven —dijo la señora, impactada por su mirada— sólo por ser usté le puedo hacer un menú: caldo sin presa más su combinado chifa y un té por cinco soles… como para que aguante toda la noche.

            Mario contó sus monedas, separó el dinero para el petróleo y cigarrillos y sonrió.

            —Ya, sale, deme un menú, pero bien despachao, como pa´ campesino.

            —Bueno— dijo ella sonriéndole con cierta coquetería— ¿quiere que prenda la tele?

            —No, señito, no se preocupe, mejor musiquita, ¿no? Póngase unos valsecitos, como para calentar la noche, ¿no?

            —Estás con frío… —lo tuteó, mirándolo a los ojos— te voy a dar algo caliente…

            —Podría ser… ¿un besito?… digo… con todo respeto.

            Ella lo miró a los ojos, luego vio sus brazos fuertes, de trabajo, ―no tendrá más de treinta años— pensó; vio el peinado de mecha larga y sintió ganas de apretarle los cabellos, su camisa abierta en dos botones dejaban ver un cuello que a ella le pareció perfecto para besar; le sonrió más coqueta que antes y se alejó rumbo a la radio, puso un CD del Zambo Cavero, miró a Mario que empezó a mover la cabeza al ritmo de la canción y le sonrió; ella suspiró disimuladamente y fue a servirle la comida. Mario miró la carpa, estaba un poco sucia; la luz de los fluorescentes iluminaba el interior verde fosforescente con rayas naranjas de la lona. La cocina industrial sonaba como una turbina de avión cuando el kerosene se encendía. Un televisor de catorce pulgadas, en blanco y negro, entretenía a un grupo de comensales —también taxistas— y a una pareja de universitarios que, con la mirada perdida, tragaban la presa de gallina sin saborearla. Estaban ebrios. Observó su carro, ya estaba viejo pero qué diablos, todavía arrancaba; además le había costado mucho trabajo conseguirlo, más aún mantenerlo y era su única herramienta de trabajo con la que llevaba dinero a casa para mantener a su mujer y a su hija de tres meses. Suspiró. La señora se acercó con el plato del caldo humeante, movía las caderas bien formadas en un vaivén cadencioso que buscaba atraer la atención de Mario. Cuando le puso el plato delante, dijo:

            —Espero que te guste mi sazón— y le guiñó un ojo; él le respondió:

            —De tus manos, veneno, preciosa— y sonrió devolviendo el guiño, frotándole disimuladamente la mano— qué bonitas manos, las cosas que harán.

            Por toda respuesta ella rio bajito, pero no retiró su mano, luego se fue. Mientras la señora se alejaba moviendo las caderas con más ganas que antes, Mario le miró el trasero, redondo, bien formado, que dejaba traslucir las marcas del calzón tipo bikini bajo el pantalón de lycra fucsia. Vio su espalda cubierta por un polo bien pegado que hacía notar el sostén y unos rollos a media espalda y sobre la cintura. Se llevó la cuchara a la boca, el caldo ya estaba tibio. Mientras comía, ella le hacía gestos coquetos desde el lugar donde estaban las ollas, y él le correspondía.

            Esta noche campeono, pensó, termino de comer y me la llevo a la playa en el carro, o por aquí nomás. Analizó todas las posibilidades que no incluyeran desembolso alguno de dinero porque estaba con las justas, salvo para los ponchos, pero la guantera guardaba una tira. En eso estaba cuando la señora volvió para llevarse el plato vacío.

            —¿Y usted cómo se llama, preciosa? Preguntó tocándole nuevamente la mano.

            —Rosa— Respondió, jugando con sus cabellos ondulados por el frizado.

            —Nombre de flor— le susurró.

            —¿Y tú? — Dijo ella sonriendo y mirando hacia todos lados.

            —Sol —respondió él.

            Rosa rio entonces y Mario vio sus labios carnosos extenderse como una tentación irremediable que tendría que saciar. Rio con ella y aprovechó para cogerla de las manos; ella le preguntó:

            —¿De verdad te llamas Sol?

            —No, preciosa, me llamo Mario — y tuteándola, continuó— anda ven, siéntate un rato, sólo un minuto y nada más, no es muy agradable comer solo.

            —No puedo, estoy atendiendo…

            —Anda, sólo un minutito—. Mario empujó una silla y ella se sentó.

            —Sólo un minuto porque estoy atendiendo… ¿Y por qué me dijiste que te llamabas Sol?

            —Es que la rosa se abre cuando sale el sol… —y sonriéndole coquetamente le apretó más las manos, ella sonrió y lo miró a los ojos con un brillo malicioso—. Termino de comer y nos vamos a dar una vuelta en mi carro, luego te traigo de regreso… ¿Qué dices? Así nos conocemos un poco más y, quien sabe…

            —¿Sí? —Respondió ella— no sé, no tengo costumbre de salir con desconocidos… por más que tengan los ojos tan bonitos como los tuyos.

            —¿Te gustan mis ojos, ah?, pueden mirarte toda la noche si quieres, sólo dime que sí.

            —Qué coqueto… pero recién te conozco, qué vas a pensar de mí… que soy…

            —Pero ya nos presentamos —interrumpió Mario— así que ya no somos desconocidos ¿no?

     —Déjame pensarlo un rato —se zafó de él, y acarició sus manos—…tienes manos grandes…

            —Y no sólo las manos… —dijo Mario.

            —¿Qué?— dijo ella con una sonrisa coqueta, moviendo ligeramente la cabeza, como sorprendida.

            —Que termino de comer y te espero para salir un rato ¿Qué dices?

            —Termina de comer y te respondo.

            Mario vio el polo de Rosa, le quedaba pegado al cuerpo, los grandes pezones endurecidos se levantaban sobre la tela, sintió una leve corriente de electricidad por la espalda y un endurecimiento entre sus piernas, se acomodó en la silla y al notar esto, ella fue a traerle el plato de tallarines con arroz; se lo sirvió y la llamaron de otra mesa para pedir la cuenta, le guiñó un ojo y le dijo con una sonrisa que iluminaba su rostro trigueño y sus ojos grandes: ya regreso.

            Mario comió deprisa, ni siquiera saboreó la comida, sólo pensaba en esos pechos y esas caderas que esa noche serían suyas ―qué rica, cómo será en la cama, termino de comer y la llevo a la playa, allí no pago peaje y por un par de soles me cuidan el carro y nadie molesta… esta noche campeono, carajo. Terminó el plato y bebió el té tibio de un trago. Pidió la cuenta. Mientras Rosa cambiaba el billete por sencillo para el vuelto, él no dejaba de observarla, ya con la mirada encendida en deseo. Estaba sobreexcitado; cuando se puso de pie, un bulto que entre sus piernas se dejaba notar, atrajo la mirada de Rosa.

            —Oye… qué es eso… ¿ah? —Preguntó acercándose lo suficiente para rozarle el pantalón con su mano— acomódalo… qué va a pensar la gente, que nos estamos calentando delante de todos.

            Él se acomodó el pantalón y la tomó de la mano. En un descuido de los demás comensales y de la cocinera, la jaló hacia la parte trasera de la carpa.

            —¿A dónde vamos? Tengo que terminar de atender a la gente —dijo ella mientras caminaban.

            —Aquí nomás, un ratito —y tomándola por la cintura la abrazó y le estampó un beso largo y cálido que la dejó sin aliento.

            —…Qué bien besas… —dijo ella—… pero alguien nos puede ver… un besito más y regreso ¿ya?

            Se volvieron a besar. Esta vez, Mario deslizó sus manos por debajo del pantalón de lycra fucsia y apretó sus nalgas, atrayéndola hacia su sexo endurecido. Al sentir el calor y la dureza del miembro, Rosa suspiró y lo abrazó con más fuerza, mientras empezaba a frotarse contra él, acelerando su respiración y su excitación. Él sacó las manos del pantalón de ella y las llevó hacia sus pechos, levantó el polo y le bajó el sostén, cuando vio sus senos, se lanzó sobre esos pezones que había imaginado mientras comía. Los succionaba una y otra vez, ella gemía bajito y continuaba frotándose contra su cuerpo, con los ojos cerrados y los labios entreabiertos. Estuvieron así casi diez minutos, mordiéndose los labios, jugando con sus cabellos, apretándose, tocándose los sexos, hasta que una llamada de la cocinera los despertó.

            ―¡Señora Rosa! ¡Señora Rosa!

            Rosa lo empujó suavemente y fue corriendo a atender la carpa, Mario le dijo jadeante ―te espero en el carro… ―. Ella volteó a mirarlo y respondió ―en cinco minutos estoy allí, y desapareció bajo el toldo, mientras se acomodaba el cabello. Mario fue a su carro, se sentó con la puerta abierta, encendió un cigarrillo y fumó a largas bocanadas, estaba contento. Esa noche, una vez más, campeonaría. Acomodó el asiento del copiloto, lo reclinó un poco para no perder tiempo a la hora del ataque, sacó los preservativos de la guantera y separó uno en la división para el sencillo que estaba bajo el radio. ― ¡El radio! Claro, música para completar el ambiente…—. Buscó en las estaciones y al inicio del dial oyó una melodía que le pareció apropiada, puso el volumen adecuado, se sacó la correa del pantalón y la guardó bajo su asiento, para no perder tiempo.

            Abrió los primeros botones de su camisa y se sintió como los dandys de las películas sobre Vietnam que siempre veía los domingos por la tarde. Cuando acomodó el espejo retrovisor para ensayar unas miradas, sus ojos tropezaron con el zapatito de Azucena, su hija, que colgaba como amuleto de suerte y recuerdo permanente de su condición de padre de familia. Sintió que un remordimiento empezaba a despertar, recordó a su esposa y pensó en qué estaría haciendo a esas horas, seguro dormía y soñaba con él, quizá lo esperaría con la comida caliente, de repente ella… ―lo siento bebé, pero esta noche papi campeona—, y diciendo esto desató el zapatito y lo guardó en la guantera.

            Cuando se acomodó en el asiento, vio que Rosa ya estaba cerca. Le abrió la puerta, ella subió y se sentó, él encendió el motor y cuando quiso avanzar hacia la avenida, ella le dijo:

            —Estaciónate por aquí nomás, cerca de la carpa, le he dicho a la muchacha que voy a traer unas cosas de la tienda; no tenemos mucho tiempo… si le digo que me demoro, de repente coge toda la plata y me roba el negocio, así son todas las serranas.

            —Bueno, como quieras, pero dime dónde puedo estacionar el carro, y que sea seguro… tú eres la que conoce el barrio…

            —Allí —dijo ella señalando un terral que funcionaba como losa de fulbito en las mañanas.

            No había postes de luz y no pasaba gente a esas horas, además, estaba a unos metros de la carpa. Mario estacionó el carro, apagó el motor, bajó un poco el volumen de la radio y abrazó a Rosa que quiso hacerse la difícil, pero no podía. Mario le atraía demasiado y no tenía mucho tiempo para gozarlo. Sólo se dejó llevar. Sólo se entregó. Mario la besó. Empezó el ataque del campeón. Le subió el polo y le bajó el sostén, sus pechos grandes y duros mostraban unos enormes pezones marrones que se erguían como dados, él los besaba mientras se quitaba los pantalones y la ropa interior. Rosa jadeaba con cada beso y apretón que recibía de Mario, sintiendo que se le iba la vida en cada caricia; se sacó las sandalias frotando sus pies entre sí, Mario se dio cuenta de esto y supo que ésa era la señal, ya bastaba de besos y abrazos, era la hora del campeón. Le quitó el pantalón de lycra y lo dejó en el asiento de atrás, luego siguió la trusa bikini. Semidesnuda, la sentó encima de él y empezó a besarla, Rosa se movía en círculos frotándose contra el miembro de Mario, que quería desesperadamente poseerla, pero ella continuaba con el juego de la tentación. No tuvo que esperar mucho. Él perdió el control de la situación y le rogó que le dejara entrar; ella, que jugueteaba con sus pechos haciéndolos saltar sobre los labios de Mario, se detuvo un instante en seco y le dijo al oído:

            ―… y qué esperas… que te dé permiso…

            Esto lo enloqueció, atrajo el cuerpo de ella hacia el suyo y, cuando se acomodaba encontrando la postura perfecta, sintió que le golpeaban la ventana de la puerta, fuertemente. Rosa seguía frotándose sin parar y no oyó nada, sólo gemía. Mario vio que quien tocaba la ventana era la cocinera de la carpa, que le hacía señas desesperadas con las manos e intentaba decirle algo. Se tiró hacia atrás, hizo el ademán de abrir la ventana, pero Rosa estaba descontrolada, había tomado entre sus manos el sexo de Mario y lo llevaba hacia la entrada del placer donde él —aún a pesar de la interrupción— hubiera querido estar, por lo menos un minuto. Rosa sintió una corriente de aire frío que corría por su espalda, volteó para cerrar la ventana y se encontró con que Mario la había bajado toda, y que la cocinera los miraba con curiosidad.

            —¡Magaly! ¡Qué haces acá! ¡Con quién has dejado el negocio! —Preguntó bajando el polo, que tenía recogido sobre las enormes tetas, acomodándose el sostén.

            —¡Señora! ¡Señora! —decía Magaly, muy nerviosa, agitando las manos.

            —¡Qué—pá—sa! —Gritó Mario, muy molesto, mientras conseguía poner su miembro en la entrada del sexo de Rosa — por fin… sólo un empujoncito y…

            —¡Señora! ¡Señora! — Seguía diciendo la cocinera.

            —¡Qué Magaly! ¡Qué! — Gritó Rosa sin dejar de moverse en círculos sobre Mario.

            —¡El Señor Carlos! ¡El Señor Carlos! Acaba de venir en la moto, ¡está preguntando por usté!

            Rosa dio un salto felino sobre Mario, se puso el pantalón de lycra fucsia, la trusa bikini y las sandalias, en menos de un minuto. En ese orden. Le dio un beso en los labios a Mario, que estaba mudo y calato, y le dijo: ―mañana te espero a la misma hora, disculpa, mi marido nunca viene al negocio… te veo mañana… chau. Cuando bajó del carro, Mario le gritó por la ventana: ―¡por lo menos ponte bien el calzón! Y echó a reír.

            Rosa se dio cuenta de que el calzón estaba sobre el pantalón y, junto con Magaly, rieron. La cocinera la tapó con su mandil y ella se cambió a pocos metros del carro. Mario miraba ese culo que se le iba de las manos, si su marido se hubiera demorado quince minutos más… Se vistió entonces y se fue de ese lugar pensando en volver al día siguiente.

            Cuadras más adelante detuvo el carro en un kiosco y compró cigarrillos, aún continuaba caliente. Hizo tres viajes al centro con dos mujeres mayores y gordas, y un viaje con un borracho; finalmente llevó a una pareja de jóvenes a un restaurante fino. Durante todo el camino, la pareja no dejaba de besarse y tocarse, hasta el extremo de viajar casi echados sobre el asiento, lo cual no mejoraba en nada el estado de Mario, que se movía a cada rato en su asiento. Cuando los dejó, pensó en ir a casa y estar con su mujer. Seguro que estaría dispuesta, sí, seguro, eso haría: llegaría, la haría feliz, él se quitaría toda esa tensión de encima y dormiría tranquilo, total, con los viajes hechos había ganado más dinero que en las noches anteriores y hacía mucho que no estaba con su mujer, aunque ella le había insinuado algo varias veces pero para él ya no era lo mismo. Ya no era su amante, su mujer, su hembra. Era la madre de su hija y eso era un freno para sus pasiones, una piedra en el calzoncillo, una trampa de ratón en el calzón. Por eso no la tocaba desde que nació su hija, hacía tres meses. Ella le había dicho que era normal, pero que no abusara. También era una persona, con sentimientos, con deseos y que lo amaba, que si él ponía de su parte irían donde un psicólogo para que los ayudara, ―no a ti, mi amor, yo sé que no estás loquito, es por nosotros, por nuestra familia, porque te amo… —Pero Mario nada, sin darse cuenta iba matando la magia que lo llevó a casarse cuando se sintió más enamorado que nunca y, mientras tanto, las luces de las calles avanzaban sobre el parabrisas del taxi. Faltando un kilómetro para llegar a casa vio la hora: cuatro y media de la mañana. En una esquina una silueta estiró el brazo. Mario aceleró y en esos segundos pensó “mejor me voy a casa, estoy con sueño, cansado y más caliente que burro en primavera”, sonrió, “bueno, si está en la ruta, que sea la última carrera…”. Y detuvo el auto junto a la silueta de una muchacha joven que, sin preguntar, abrió la puerta delantera y se sentó.

            Mario se percató de que la joven lloraba, era bonita y traía un vestido muy corto, mostrando un poco más que el muslo. Una casaca de cuero negro la abrigaba. El auto avanzó.

            —¿Adónde la llevo señorita? Usted dirá.

            —A cualquier lugar… no importa.

            —¿Cómo que a cualquier lugar?

            —No me importa, nada me importa. Respondió la joven entre suspiros.

            Mario llevó el carro hacia un lado de la pista, encendió las luces intermitentes y apagó el motor. Se volvió hacia la joven y tomándola del mentón le preguntó mientras le acercaba su pañuelo:

            —Ya no llores, amiga, sea lo que sea que te pase, no vale la pena llorar, no remedia nada.

            —Gracias por el pañuelo —dijo ella apartándose de Mario, olía fuerte a licor— lo que pasa es que mi enamorado acaba de terminar conmigo.

            —¡Y por eso lloras!, ese chico es un idiota, mira que dejar a una chica tan linda como tú.

            —Me llamo Jessica. —Dijo la chica sollozando.

            Mario  pensó  inmediatamente en la situación: la chica en tragos, él caliente, ni hablar, de esta no sales invicta, mamacita…

            —Porque hay que ser idiota para dejarte —continuó él, ya más motivado por las circunstancias— pero bueno… aún quedan muchos hombres sobre la tierra ¿no? Claro que… algunos más guapos que otros —y probó con la mejor de sus sonrisas.

            En medio de la turbidez, ella reparó en esos ojos verdes y esa sonrisa matadora, hizo un ademán de puchero y lo abrazó. Me doblé, pensó Mario, seguro que a esta flaca la han dejado como a mí: a medio vivir, y le respondió con otro abrazo. Ella preguntó, luego de un hipo: ¿Crees que soy fea?

            Listo, esa era la señal. Mario encendió la radio, la música era suave. A través del cristal del auto se veía a una pareja que hablaba y hablaba y de rato en rato reía, luego se hacían cosquillas. Luego se besaban. Luego se inclinaban sobre el asiento. Luego ya no se les vio.

II

            Cuando el sol se deslizó por entre las cortinas del hostal, detuvo sus primeros rayos sobre el rostro de Mario, que abrió los ojos lentamente y, estirando un brazo, buscó en la cama a Jessica. No la encontró. Lo primero que se le vino a la mente fue ¡la billetera!, saltó desnudo de la cama y corrió hacia la silla donde descansaban sus pantalones. Buscó en sus bolsillos, encontró su billetera y contó el dinero. Estaba completo. Buscó sus documentos, sus recibos, la foto de su matrimonio, el retrato de su hija, todo estaba en orden. Soy un campeón, susurró. Y se metió a la ducha.

            Cuando salió estaba más fresco, se vistió y peinó frente al espejo.

            ―Ahora, a casa, a descansar como debe ser. Qué suerte, no podía haberme quedado así después de lo de Rosa, ni hablar. Menos mal que tengo carro porque si no… ¡el carro! Metió las manos a los bolsillos buscando las llaves y no las encontró. Los vació hasta dejar el fundillo expuesto, buscó entre las sábanas, sobre la mesa de noche, en el cajón del velador… ahí estaban las llaves. Salió corriendo al pasadizo y sacó la cabeza por la ventana, miró hacia abajo y vio su carro estacionado, completo. Suspiró aliviado y volvió a la habitación. ¡Qué buena noche! Ojalá todas fueran así, ¿cómo haré para levantar a esta flaquita otra vez?— decía mientras se amarraba las zapatillas sentado en la cama— ¡Buéh! Mejor así, son cosas que pasan, ahora ¡a casa! ― Se puso de pie y acomodó su camisa, revisó la habitación para no olvidarse de nada y cuando estuvo seguro de eso, salió. En la recepción, el cuartelero le entregó sus documentos, el recibo y un sobre cerrado que decía: “Para Mario, de Jessica”.  Lo recibió doblándolo en dos, lo guardó en el bolsillo de su pantalón, entró a su auto y se marchó. Llegó a casa a las diez de la mañana, su mujer estaba con una bata puesta, esperándolo con el desayuno servido en la mesa. Cuando lo vio entrar, respiró fuerte y hondo, y salió a saludarlo. Sonriendo, le preguntó en un tono fingidamente cariñoso mientras él cargaba a su hija y le hacía gracias tontas:

            —¿Por qué llegas a esta hora?

            —¿Me estás interrogando? —Preguntó Mario, indignado.

            —No. Lo que pasa es que siempre llegas más temprano.

            —Sí… tienes razón, el carro se malogró y tuve que empujarlo hasta un grifo.

            —¿Ah sí? —Preguntó ella mientras le servía el café.

            —Sí. Menos mal que la noche no estuvo tan mal, si no, no hubiera podido repararlo.

            —¿Te fue muy bien entonces?

            —Más o menos, sabes que los fines de semana siempre se gana un poco más que otros días, no es mucho, pero es un poco más. Eso es lo que importa.

            —Si pues, eso es lo que importa— Susurró ella.

            —Sí, estoy muy cansado.

            Terminado el desayuno, Mario se fue a descansar, su hija se quedó dormida en la cuna y Alejandra lavó los platos. Estaba celosa, sabía que algo había pasado, o al menos que algo estaba pasando. Fue a su habitación y vio a Mario echado en la cama, en ropa interior. Tenían poco tiempo de casados y ella lo deseaba. Se acercó al borde de la cama, se acomodó a su lado, él sintió su presencia cercana y la abrazó, vio su rostro y descubrió algo que no veía hace mucho tiempo, o que no quiso ver: que Alejandra estaba enamorada de él.

            —¿Qué pasa, mi amor? — Preguntó Mario, somnoliento.

            —Nada —dijo ella mientras lo abrazaba y besaba— es que te amo tanto, que no quiero perderte.

            —No me vas a perder…

            —¿Seguro?

            —Seguro.

            —Te amo, mi amor, te amo… —dijo ella jugando con su cabello de mecha larga.

            —Y yo a ti.— Suspiró.

            —Entonces… ámame.

            Ella se quitó la bata y Mario vio que ese hermoso cuerpo desnudo le pertenecía. Sintió un remordimiento por su constante rechazo, por todas las veces que la había dejado de lado a causa de sus prejuicios. La besó con amor, como hacía tanto tiempo no lo hacía. Luego la cubrió con el edredón y empezaron a juguetear como antes de casarse, cuando visitaban hostales y playas y no desperdiciaban ninguna oportunidad de viaje o campamento para estar juntos. Como cuando eran completamente libres y felices.

III

            Una semana después, Mario llevaba la ropa a la lavandería en el auto. Su relación había cambiado mucho desde aquel día, era como si las cosas hubieran vuelto a ocupar su lugar, como si ese día se hubiera ordenado todo lo que andaba mal. En la lavandería, el señor que atendía revisó los bolsillos de los sacos, camisas, pantalones, y encontró un sobre con el nombre de Mario. Antes de que éste saliera del local, lo llamó y se lo entregó.

            Mario lo recibió indeciso, no recordaba el sobre aquél hasta que leyó el nombre: Jessica.

            ―Es mi prima―, le dijo al que atendía, que se alejó sin mayor ceremonia. Debe ser su teléfono o su dirección, justo, sabía que tenía que ser completo —pensaba— pero no puedo leerlo aquí.

            Fue a su auto, avanzó unas cuadras y se detuvo en un parque muy tranquilo, apagó el motor, recostó su asiento y, una vez cómodo, encendió un cigarrillo. Abrió el sobre y sacó una nota doblada en dos. Cuando terminó de leerla, se sentó de golpe y acomodó el asiento a su lugar original. Estaba pálido. El rostro se le avejentó cincuenta años en cincuenta segundos. Sólo cuando la voluta del cigarrillo quemó sus labios, salió del trance. Volvió a leer la nota, ese “lo siento mucho” al final de la carta, sellado con lápiz labial. Trató de calmarse y sonrió. Era una broma, habitual chiste de bar, un mito urbano. Arrugó el papel y lo arrojó a la calle lo más lejos que pudo. Cuando encendió el auto para irse, vio que el viento le devolvía aquella pequeña pelota de papel arrugado hasta la llanta delantera. Entonces apagó el motor y permaneció mudo, sentado en su taxi, durante muchas horas.

            Un año después, con el insoportable peso de la culpa en sus espaldas, Mario enterraba a Alejandra en el Cementerio Municipal; aquél hermoso cuerpo entregado al amor se había llenado de manchas lilas que la hacían gritar, y que luego la llevaron inevitablemente ante la muerte. Siete meses más tarde la pequeña Azucena moría también en la cama de un hospital infantil: la leche que recibió de su madre a través de los pezones heridos por sus inocentes encías traviesas, la mató. Mario había ido perdiendo todo en el camino: el carro, la casa, su esposa, su hija, su familia, el sueño, sus muebles, su dinero, la esperanza, su vida… no, su vida no la perdió, él pudo salvarse. Logró esquivar a la muerte aquella noche de fin de semana.

            Era un campeón.

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Gabriel Rimachi Sialer. Escritor y periodista. Autor de los libros de cuento "Despertares Nocturnos", "Canto en el infierno", "El color del camaleón", "El cazador de dinosaurios", "Historias extraordinarias" y de la novela infntil "La increíble historia del capitán Ostra". Responsable de antologías de narrativa fantástica, cuentos suyos han sido incluidos en importantes antologías. Dirige el Círculo de Lectores Perú. Considerado entre los mejores narradores de la década en "El Cuento Peruano 2001-2010", por el investigador y crítico literario Ricardo González Vigil. www.circulodelectores.pe

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Denuncian un presunto uso indebido de funciones por parte de Álex Alejandro Vargas, quien habría utilizado los servicios del BNP para uso particular

Alejandro Vargas es director de la Dirección de Desarrollo de Políticas Bibliotecarias del BNP.

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Conflicto de intereses. La Asociación de Bibliotecólogos del Perú (ABP), a través de una carta remitida a la ministra de Cultura, Gisela Ortiz, denunció que el actual director de Desarrollo de Política Bibliotecarias de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP), Álex Alejandro Vargas, habría utilizado los servicios del BNP para promocionar un evento particular, en colaboración con el Fondo de Cultura de México, donde participaría el funcionario como ponente.

Álex Alejandro Vargas, actual funcionario del BNP, viene siendo acusado de haber usado indebidamente los servicios de la biblioteca para uso personal. Foto: Andina.

“Hemos tomado conocimiento acerca de un presunto uso indebido del cargo, del funcionario, Señor Alex Winder Alejandro Vargas, designado director de la Dirección de Desarrollo de Políticas Bibliotecarias de la Biblioteca Nacional del Perú, mediante Resolución Jefatural Nº 073-2020-BNP. Sus funciones están señaladas en el ROF de la BNP, Ley del SNB y Reglamento del SNB”, se lee en la carta de fecha 21 de octubre del 2021.

Ellos denuncian que Alejandro Vargas viene promocionando cursos privados de la empresa Ciudad Librera, utilizando la cuenta oficial del Sistema Nacional de Bibliotecas, lo cual estaría generando un conflicto de intereses para beneficiar a una empresa privada.

Anuncio de las redes sociales en donde Ciudad Librera promocionaba cursos privados, entre estos los talleres de Álex Alejandro Vargas, actual funcionario del BNP. Fuente: Facebook de la cuenta del Sistema Nacional de Bibliotecas.

Según la Asociación de Bibliotecólogos se estaría vulnerando lo estipulado en el artículo 6.3.2 de la Resolución Jefatural N° 051-2021-BNP, que indica la prohibición de obtener ventajas indebidas.

“Obtener o procurar beneficios o ventajas indebidas, para sí o para otros, mediante el uso de su cargo, autoridad, influencia o apariencia de influencia”, prescribe la norma.

Ante ese presunto uso indebido de funciones, la ABP exige a la ministra Ortiz investigar la relación y negocios de Alejandro Vargas con el Fondo de Cultura Económica del Gobierno de México; e investigar cuál es la relación que tiene la empresa Ciudad Librera con el funcionario de la Biblioteca Nacional del Perú designado por exjefe Ezio Neyra.

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Megaoperativo de Control en Ayacucho examinará ejecución de S/ 524 millones en entidades públicas

Vicecontralor Martín Díaz dio inicio al despliegue de más de 150 auditores en todas las provincias.

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Continuando con la realización de la nueva estrategia de control con enfoque territorial en todas las regiones del país, la Contraloría General de la República dio inicio hoy al Megaoperativo de Control Ayacucho, con el cual se intervendrán 155 entidades públicas que tienen operaciones en la región y se supervisará la ejecución de S/ 524 millones por parte de las mismas.

El Megaoperativo de Control en Ayacucho se realiza en cumplimiento al compromiso asumido por el contralor general, Nelson Shack, durante la jornada de supervisión que realizó en la región en el mes de agosto del presente año. Ayacucho es la sexta región del 2021 donde se realiza el Megaoperativo de Control de la Contraloría luego de haberse efectuado en Ica, Piura, Huánuco, Loreto, La Libertad y proseguirá en otras regiones del Perú.

Durante la reunión de presentación del Megaoperativo de Control Ayacucho ante autoridades, congresistas y representantes de entidades públicas de la región, el vicecontralor de Servicios de Control Gubernamental, Martín Díaz, explicó que se desplegará un total de 156 auditores y especialistas de la Contraloría General, quienes reforzaran la capacidad operativa actual de la Gerencia Regional de Control Ayacucho.

“Durante tres a cuatro meses vamos a desarrollar este Megaoperativo de Control en Ayacucho para tratar de reducir el impacto de la corrupción y la inconducta funcional que afecta la ejecución de importantes obras que espera la población ayacuchana. Para esto, debemos realizar un trabajo coordinado que nos permita lograr este objetivo”, manifestó.

Como parte del Megaoperativo de Control Ayacucho, la Contraloría tiene programado realizar un total de 271 servicios de control, de los cuales nueve se ejecutarán bajo la modalidad de control simultáneo y 262 serán servicios de control posterior, con los cuales se podrán supervisar hechos con posibles irregularidades y se determinarán las presuntas responsabilidades administrativas, civiles o penales de funcionarios y servidores públicos.

Entre las entidades que serán intervenidas durante el Megaoperativo de Control Ayacucho figuran el Gobierno Regional de Ayacucho, la Dirección Regional de Educación, la Dirección Regional de Salud, la Dirección Regional de Transportes y Comunicaciones, Redes de Salud, Unidades de Gestión Educativa Local (UGEL), así como las 11 municipalidades provinciales de la región, entre otras. 

Asimismo, se llevarán a cabo servicios relacionados como evaluación de denuncias y recopilación de información, así como acciones de integridad y transversales como asistencia técnica, verificación de calidad de la información, charlas de sensibilización, jornadas de capacitación, control de obras paralizadas, veedurías escolares, entre otras.

El vicecontralor Diaz también explicó el nivel de avance del control gubernamental en la región Ayacucho, donde ya se emitieron 561 informes de control entre enero y octubre del presente año, de los cuales 293 se realizaron bajo la modalidad de  control simultáneo, dos de control previo y 266 informes de control posterior.

En la región también está en proceso un total de 487 servicios de control, de los cuales 474 son de control posterior y 13 en control simultáneo. A esta cifra se sumarán los 271 servicios de control programados en el Megaoperativo de Control Ayacucho.

Principales casos a investigar

Como parte de las intervenciones que se realizarán en la región Ayacucho figuran casos emblemáticos como la obra de “Rehabilitación y mejoramiento de la carretera Quinua – San Francisco – Ayacucho” que ejecuta Provias Nacional y demanda una inversión de S/ 323.9 millones, y la contratación del servicio de alimentación para internos y personal de seguridad en el Establecimiento Penitenciario de Ayacucho, donde se destinaron S/ 5 millones por parte del Instituto Nacional Penitenciario (INPE).

A nivel de gobiernos locales, los auditores de la Contraloría supervisarán, entre muchos casos, la contratación de supervisión y ejecución del mejoramiento del servicio educativos en cuatro instituciones del nivel inicial, que ejecuta la Municipalidad Distrital de Vinchos con una inversión de S/ 5.5 millones; y la obra de mejoramiento de las redes de agua y desagüe del distrito de San Juan Bautista, donde la municipalidad distrital invierte 4.5 millones.

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Tribunal anula sentencia sobre la concentración de medios y Grupo El Comercio vuelve a acaparar la libertad de expresión y comunicación

Cuarta Sala Civil de Lima declara nula sentencia que impedía la venta de Epensa y ABS al Grupo EL Comercio.

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El 26 de junio del presente año el Cuarto Juzgado Constitucional de la Corte Superior de Justicia había declarado nula la venta de las empresas Epensa y ABS, propietarias de los diarios ‘Ojo’, ‘Correo’, ‘Ajá’ y ‘El Bocón’, al Grupo El Comercio para evitar una concentración de 80% de los medios de comunicación en un solo grupo empresarial. Tuvieron que pasar 8 años para que la demanda de amparo de 8 periodistas sea atendida por la justicia peruana.

Algunas de las empresas que controla el grupo El Comercio que durante campaña electoral atacaban solo a uno de los candidatos. Imagen: difusión.

El magistrado Juan Macedo Cuenca entendió que la adquisición sería contraria al artículo 61° de la Constitución Peruana que veta los monopolios, precisamente en el párrafo 2 indica que “La prensa, la radio, la televisión y los demás medios de expresión y comunicación social; y, en general, las empresas, los bienes y servicios relacionados con la libertad de expresión y de comunicación, no pueden ser objeto de exclusividad, monopolio ni acaparamiento, directa ni indirectamente, por parte del Estado ni de particulares”.

Sin embargo, La Cuarta Sala Civil de Lima, integrada por los jueces Rafael Jaeger Requejo, María del Carmen Rita Gallardo Neyra y Juana María Torreblanca Núñez, declararon nula la sentencia del juez constitucional Macedo Cuenca.

Según el argumento de los magistrados, se afectó el derecho de defensa de una de las demandas, la señora Olga Ana Rosa Banchero Rossi de Salazar, quien falleció el 13 de diciembre del 2019, antes de que se dictara sentencia; pero sus hijos y su representante legal recién informaron al juzgado el deceso de la señora Banchero, el 1 de julio del 2021.

Para esa fecha, ya se había emitido sentencia, pero los jueces superiores utilizaron esta situación para, sin pronunciarse sobre la concentración de medios en el Perú, declarar nulo todo y disponer que se emita nueva sentencia.

Acaparamiento indebido. Ilustración: Carlín.

Finalmente, la Sala Civil dispone que el juez Juan Macedo vuelva a dictar sentencia en el plazo legal entendiendo que se trata de un proceso de Amparo que ya dura 8 años. Pero, las nuevas notificaciones, permitirán a todos los demandados y demandantes reiterar o presentar nuevas alegaciones, por lo que es de suponer que pueden pasar algunos años más antes de que se vuelva a dictar el nuevo veredicto.

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Alicorp anuncia que marca ‘Negrita’ ahora se llamará ‘Umsha’, tras 60 años de existencia [VIDEO]

Cambio es un intento de ratificar su compromiso con la diversidad intercultural y racial.

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Muchos nacieron y crecieron consumiendo los productos de la marca ‘Negrita’, y sin lugar a dudas ninguno en su momento llegó a pensar que el nombre del producto tendría alguna connotación racista o que al menos trate de desprestigiar la cultura afroperuana. Sin embargo, como bien se dice “los tiempos cambian”, y lo que antes era bien visto en la actualidad para muchos es solamente un pensamiento vetusto o fuera de contexto. La polémica está abierta.

La decisión del cambio de nombre tiene como correlato las protestas originadas por el asesinato del ciudadano afrodescendiente George Floyd el 25 de mayo del año pasado, en Estados Unidos, lo que ocasionó el movimiento antirracista “BlackLivesMatter”. En el Perú eso fue eco y la primera marca que optó por cambiar su nombre fue precisamente ‘Negrita’ de Alicorp, posicionada en el mercado local por más de 60 años.

En esa ocasión, a través de un comunicado publicado el lunes de 22 junio del año pasado, la empresa manifestó que “aquello que antes podía considerarse positivo, hoy resulta inapropiado, pues todos somos más que conscientes de que se consolidan estereotipos que buscamos superar”. En otras palabras, lo que la empresa trataba de explicar es que estaban combatiendo un ‘racismo normalizado’.

“La forma en que las sociedades abordan la diversidad y el racismo ha evolucionado en todo este tiempo. Como resultado de este proceso de cambio y avance, hoy vemos con otros ojos lo que simbolizan marcas e imágenes que llevan décadas de presencia en América Latina, incluida ‘Negrita’ en el Perú. Aquello que antes podía considerarse positivo, hoy resulta inapropiado, pues todos somos más conscientes de que se consolidan estereotipos que buscamos superar”, señaló en su momento.

Es por ello que la compañía Alicorp ha dado a conocer este último martes que la recordada marca ‘Negrita’ dejará de llamarse así, para bien o para mal, y ahora se le conocerá como ‘Umsha’.

¿Qué significa ‘Umsha’?

El nuevo nombre e identidad de la marca están inspirados en la humisha, la versión selvática de la conocida yunza, festividad que se celebra por carnavales en todo el territorio peruano.

Fue un proceso lleno de muchísimo aprendizaje. Escuchar las preocupaciones y sugerencias de los diferentes expertos nos ayudó a encontrar juntos una nueva marca que nos llena de orgullo y que representa todo lo que buscábamos para este cambio de nombre. Esperamos que esta marca siga inspirando nuevos momentos de celebración que fomenten la unión y cercanía entre los peruanos”, dijo Vanessa Montero, directora del Centro de Excelencia de Marketing de Alicorp.

Un pequeño paso, sí, pero insuficiente

Pero, ¿el solo hecho de cambiar de nombre a algo o alguien modificará el fondo del asunto? Es decir, ¿ayudaría en algo reducir el racismo en el Perú? La propuesta, en un principio, es bien vista, sin embargo, a largo plazo eso no alteraría la conducta de los usuarios si el racismo y la discriminación se manifiestan desde otros ámbitos, sea en el trabajo, la calle, o en el propio hogar. En efecto, la buena intención de la empresa es saludable, pero basta más que ‘pintar la fachada de una casa’ para que hayan cambios trascendentales en esta sociedad que está más que demostrada se encuentra polarizada.

Desde el otro punto de vista, el marketero, la compañía se ha tomado su tiempo de anunciar que modificará el nombre, no fue un cambio que se dé de un momento a otro, desconcertando aún más al consumidor, pero a pesar de eso, no cabe duda de que esto requerirá mucho más tiempo para que el consumidor se acostumbre a ese nuevo nombre. Como bien se escribió líneas arriba, los tiempos cambian y no a todos les gustan los cambios.

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Lima Gris TV: Ricardo Belmont le respondió a El Comercio

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En el programa Encuentros, conducido por Luis Felipe Alpaca en Lima Gris TV, se mencionó el escozor que ha generado en los medios y en algunos analistas la designación de Ricardo Belmont como asesor del presidente Pedro Castillo, luego de que unos días atrás mencionara que el jefe de Estado podría terminar en la cárcel por sus vínculos con la clase “caviar”.

Belmont Cassinelli, “sacó al fresco” (esas fueron sus expresiones) a El Comercio por haber publicado que él es un misógino, machista, xenófobo y antivacunas.

Asimismo, les respondió a los comunicadores Augusto Álvarez Rodrich y Marco Sifuentes y prácticamente les dijo “Invertidos”.   

Posteriormente, Luis Felipe Alpaca mencionó que la reciente ley aprobada del “desarrollo constitucional que modifica e interpreta la cuestión de confianza” por insistencia por el Parlamento, es un claro despropósito que solo pretende asegurar la permanencia de los 130 congresistas durante el próximo quinquenio para acortar posibilidades al mandatario de pedir cuestiones de confianza en materia de iniciativas constitucionales.

Finalmente, el conductor hizo una crítica al Grupo La Resistencia que el ultimo lunes irrumpió en la presentación del libro de Francisco Sagasti en un patio de comidas en el distrito de Barranco y originó que ésta se cancele; sin embargo, Alpaca, añadió que la gente tiene el derecho de protestar contra un personaje como Sagasti, por haber sido lesivo para los intereses de todos los peruanos, mientras se desempeñó como encargado del gobierno. En ese sentido, cabe recordar que ese señor en noviembre de 2020, exhortó a la gente a salir a las calles para ejercer su derecho a la “protesta”; sin embargo, durante esos días, más allá de ejercer protestas pacíficas, hubo actos vandálicos que originaron que dos jóvenes terminaran muertos.

Además, Sagasti observó y emprendió demandas de inconstitucionalidad contra 4 leyes que eran reivindicativas para la clase trabajadora. Esas iniciativas legales son: La ley del retiro del 100% de las AFP; la Ley del retiro de una UIT para los aportantes de la ONP; la Ley de la usura bancaria; y la Ley de las devoluciones de fondos del Fonavi.

En suma, la indolente conducta del exencargado del Gobierno, Francisco Sagasti, desde que fue congresista en 2020 y que en bloque con su bancada Morada siempre votaron en contra de leyes que facultaban a los trabajadores desempleados, poder acceder a recuperar sus fondos previsionales, es su forma de ser y siempre fue “diseñado” para obtener trepamientos académicos y políticos.

Aquí el programa completo.

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Informe de Contraloría pone al descubierto nuevas deficiencias de SEDAPAL

¿Quién fue el responsable del aniego y la falta de agua en San Juan de Lurigancho? El contundente informe de Contraloría compromete a la gestión de Francisco Dumler.

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El distrito más poblado del Perú sufrió por más de una semana la falta de agua. Los miles de vecinos perjudicados en San Juan de Lurigancho reclamaron incansablemente a Sedapal. Gracias a un informe de Contraloría General de la República ahora se tiene conocimiento de nuevas deficiencias de Sedapal, una de las razones principales es que el sistema de bombeo de “emergencia” no es el adecuado para SJL.

El diario Expreso informó que en la página 8 del documento de Contraloría se lee: “El plan de contingencia sólo señala un caudal de 2.5 metros cúbicos por segundo. Estas nuevas condiciones presentadas muestran que el sistema de bombeo existente no tendría la capacidad para evacuar las aguas residuales del Colector de Canto Grande”.

Lo grave es que la adquisición de seis motobombas con capacidad de bombear hasta 3,150 libros por segundo, habría sido adquirida por más de seis millones de soles, mediante contratación directa con la empresa proveedora, Hidrostal.

Lo detectado por Contraloría señala que está compra resultó inservible, ya que las motobombas solo bombeaban 2,500 litros por segundo, por lo cual no pudieron evitar los nuevos aniegos en el distrito más poblado del Perú. “Lo que representa un riesgo a la salud de la población expuesta”, concluye el informe que se entregó a Francisco Dumler, presidente de directorio de la empresa estatal.

motobombas no sirvieron.

Expreso señala que dentro del esquema trabajado, los funcionarios responsables de las compras defectuosas son Pilar Alva Tafur, gerenta de Aguas Residuales, y Yuri Sánchez Merlo, jefe de equipo de Recolección Primaria.

Lo sorprendente

El informe de Contraloría también indica que Sedapal ha evidenciado fisuras y deflexiones en diversas tuberías, pero no realizarán ningún trabajo para mejorar o corregir dichos desperfectos, hasta que la empresa Cosapi culmine la reubicación del colector Canto Grande. Esto significaría la restricción del agua potable y la afectación de la población de San Juan de Lurigancho.

Mientras tanto, los vecinos de SJL siguen quejándose de los cortes de agua que se siguen dando sin previo aviso.

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13 trabajadores ganaron juicio al Estado y serán repuestos en IRTP

Este logro de reivindicación es el resultado de la tenacidad de los propios trabajadores que desde hace muchos años emprendieron sus propias defensas legales y laborales.

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En el Instituto Nacional de Radio y Televisión del Perú (IRTP) están realizando una convocatoria CAS con 344 plazas para incorporar a cientos de trabajadores, entre ellos, a algunos recomendados de la Presidenta Ejecutiva interina, Rosa García More; no obstante, a pesar de las nuevas contrataciones, a partir de 2022 la institución estatal no contará con el presupuesto necesario y por lo tanto, enviará a sus casas a varios trabajadores temporales, que incluso prestan servicios desde hace varios años.  

Sin embargo, dentro del ambiente desalentador que se vive en el IRTP en cuestiones laborales, también ha surgido una buena noticia, porque acaban de publicar la Resolución de Gerencia General D000037-2021-IRTP-GG que aprueba la reposición de 13 trabajadores que, tras largos años de lucha en el Poder Judicial, han conseguido justicia y exigen plazas presupuestadas.

En el documento se lee que autorizan reincorporar a 13 servidores bajo el régimen laboral regulado por el Decreto Legislativo Nº 728 y bajo la modalidad de plazo indeterminado a partir de hoy 20 de octubre del presente año.

Los trabajadores que serán repuestos son:

Gotardo Taco Hinostroza.

Augusto Casio Mayor Quito.

Fabián Vilca Castillo.

Sonia Beatriz Mancilla Oscanoa.

Ismael Adolfo Centurión Herrera.

Soledad Mercedes Espinoza Bejarano.

Carlos Jesús Tejeda Manchego.

Carlos Alberto Martínez Polo.

Miriam Georgina Álvarez Rodríguez.

Alberto Quiroz Panduro.

Carlos Alfredo Castro Gao.

Ana María Meneses Mitma.

Eddy Lucen Leyva.

Lo cierto es que aquel logro de reivindicación es el resultado de la tenacidad de los propios trabajadores que desde hace muchos años emprendieron sus propias defensas legales y laborales; sin embargo, el IRTP se hace el autocherry aduciendo que esto se debe a sus últimas gestiones realizadas por ellos ante las instancias respectivas.

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Ministerio de Cultura designa a dos nuevos asesores para el despacho

Se trata de los funcionarios Rocío Chacón Aranda y Francis Pittman Villarreal quienes trabajarán bajo el cargo de Asesor II del ministerio.

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Más cambios en Cultura. Bajo la Resolución Ministerial N° 000289-2021-DM/MC, publicada ayer en el diario oficial El Peruano, se ha designado a la señora Rocío Del Pilar Chacón Aranda para que ocupe el cargo de Asesora II del despacho Ministerial de Cultura encabezado por Gisela Ortiz desde el 7 de octubre.

La señora Chacón ya tiene experiencia ocupando otros cargos similares, observándose en su hoja de vida que se desempeñó en la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), en el Ministerio de Desarrollo e inclusión Social, así como en la Municipalidad Metropolitana de Lima; todo esto en el año 2019.

Precisamente en ese último cargo como funcionaria, una nota del diario Expreso de fecha 1 de junio de 2019, informaba que la señora Chacón Aranda iba a percibir un sueldo de 12 mil soles por conformar la Coordinación Parlamentaria; “una cantidad exorbitante, tomando en cuenta que el mismo cargo en un ministerio recibe la mitad de sueldo, promedio”, explica el periodista César Rojas que dicho pago, durante la gestión del actual alcalde Jorge Muñoz, no respetó el tope salarial.

En tanto, la Resolución Ministerial N° 000285 -2021-DM/MC oficializa el nombramiento de Francis Ayleem Pittman Villarreal también en el cargo de Asesor II para el ministerio de Cultura.

Según su hoja de vida, el nuevo asesor es administrador egresado de la PUCP, con amplia experiencia en Gestión Pública, Contrataciones con el Estado, Gestión Logística y en Derecho Administrativo. Su experiencia laboral va desde el sector público como privado, destacándose en el rubro gubernamental el cargo de consultor en el ministerio de Educación, y haber colaborado en el ministerio de Justicia y Derechos humanos del 24 de agosto de 2017 al 30 de enero del 2018.

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