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Literatura

José Rosas Ribeyro “Santiago Roncagliolo me dijo: estoy haciendo un guión sobre Javier Heraud, y no tengo ni idea quién es Javier Heraud”

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JOSÉ ROSAS RIBEYRO

“Santiago Roncagliolo me dijo: estoy haciendo un guión sobre Javier Heraud, y no tengo ni idea quién es Javier Heraud”

Entrevista Luis Chávez A.

Comencé a morir el cinco de marzo. Yo nací un cinco de marzo, y eso es estrictamente cierto, porque todo el mundo empieza a morir el día de su nacimiento. Te imaginas si es que fuéramos eternos; qué aburrimiento.

Por un instante, al oírle hablar así, me acordé que Jorge “Veguita” el librero más querido de Lima, que hoy no respira más el aire turbio de este mundo, decía: “La eternidad debe ser más aburrida que la puta madre”.

José Rosas Ribeyro piensa lo mismo al decir eso, y al escribirlo en su poemario “Contemplaciones” (Apuntes de un sobreviviente),  recientemente presentado a su paso por Lima, solo nos hace la más pura y esencial revelación de que somos todo y nada, vida y muerte, y sobre todo, más cuerpo que espíritu, porque eso sí, a la hora de escribir los versos, necesariamente tendrá que estar en un estado particular.

Luego de visitar a los amigos dejados en el tiempo limeño, Rosas Ribeyro en el fragor de la tertulia, nos habló de su pena de muerte que obviamente no se ejecutó, de su deportación en el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, de su paso por el movimiento infrarrealista de México, y del bendecido Octavio Paz. Así como de su amistad con el desaparecido Roberto Bolaño, y su experiencia en la revista Marka, tanto como la maldición de los Ribeyro…en la que Julio Ramón le reveló sus impresiones en algún momento.

–          Háblanos de tu último poemario Contemplaciones. ¿Por qué, apuntes de un sobreviviente?

Porque como se ve en la foto que puse al comienzo del libro, estoy allí con tres personajes, Roberto Bolaño, Mario Santiago (Papasquiaro) y Cuauhtémoc Méndez, tres de los poetas que eran del movimiento infrarrealista en México, bueno, Roberto Bolaño chileno, pero formaba parte de ese grupo. Y un día me di cuenta al ver esa foto, y me digo, pucha Roberto está muerto, Cuauhtémoc está muerto, y yo soy el único sobreviviente, entonces creo que ahí quedó lo del sobreviviente. Soy el único sobreviviente de esta amistad con estos tres cuates. Y después hay otras cosas, pues, soy sobreviviente también de una pena de muerte que me puso el ejército de Liberación Nacional, por indisciplina, cuando hacía mi preparación para ser guerrillero, y nunca me fusilaron, pero el hecho formal es que se me condenó a muerte. Y soy sobreviviente de una “ahogada” cuando tenía doce años, donde casi muero.

–          En el poemario también veo que hay prosas que al parecer han estado guardadas para enfriar a través de tus años, en el que reflexionas sobre la vida, y en especial reivindicas al “cuerpo” como instrumento de vida.

Yo parto de la teoría de que toda la literatura es cuerpo. Es decir, que sin cuerpo no hay literatura, ahora, hay quienes dicen que no. La vez pasada cuando publiqué la novela País sin nombre, yo decía que una novela no es más que una confrontación de cuerpos, y no puedo escribir fuera del cuerpo, porque es lo único que tengo, porque yo no soy creyente, y no creo en espíritus, en las almas, ni nada; y lo único que tengo en esta vida, y por lo cual estoy vivo; es el cuerpo, y un día se muere el cuerpo, y desparezco yo. Y estos apuntes son los apuntes de este cuerpo en diferentes estados, sobre la vida, sobre el cuerpo, y mucho sobre la muerte, ahora hace un momento me llamó una periodista y me dijo: oye José, lo acabo de leer, y ¡no te mueras ah! Porque en tu libro hay mucha muerte.

–          Mucha muerte pero que está llena de vida

Sí, es una muerte llena de vida. Cuando dice: “comencé a morir el cinco de marzo” yo nací un cinco de marzo, y eso es estrictamente cierto, porque todo el mundo empieza a morir el día de su nacimiento, y yo tengo la teoría que dice que cuando hay una mujer que pare, da vida, yo digo que no, que se da muerte. Y justamente porque tenemos la muerte es que pues, vivimos, sino, te imaginas si es que fuéramos eternos; qué aburrimiento.

–          ¿Eres un escritor que escribe poesía, o eres un poeta que  escribe narrativa? ¿Crees en esas clasificaciones?

No. Yo escribo lo que convenga con el momento. La única diferencia que yo haría, es que quizá al escribir poesía, hay una mayor preocupación por la música, por el ritmo interno del texto, y de la misma manera que puedo escribir una crónica, o narrativa directamente, necesito un poco de disciplina y sentarme enfrente de la computadora, y ya está. Por el contrario, no puedo ser así para escribir este tipo de texto, y tengo que estar en un estado particular.

–          La deportación que sufriste en la época del general Velasco Alvarado ¿te hizo un bien? Pues luego pudiste viajar mucho.

Lo que no mata engorda, decían los antiguos, y es evidente que es negativo que un día te cojan del trabajo y te metan en una…y no sabes si te van a matar, y pasas unos días preso, pues hasta el día de hoy considero que ha sido uno de los momentos más horribles de mi vida, y si me condenaran a diez o quince años de prisión, no sé qué hago, me muero, o me suicido,  pero yo pasé diez días y fueron insoportables. Después te echan, y vas a un país, y caes bien, porque es el país que querías llegar, dónde tenías algunos amigos, etc. entonces finalmente no hay mal que por bien no venga, porque después te llegan cosas, y sin la deportación, probablemente nunca hubiera encontrado a esta gente, y mi vida no hubiera sido igual, y no sé si me hubiera ido a Europa.

–          Los infrarrealistas de tu época decían que tenían que volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial, y eran contestatarios y algo iconoclastas, ¿Crees que ha sido un fracaso para los jóvenes poetas y narradores de los sesentas o setentas que buscaban revertir el sistema desde el punto de vista político?

Desde el punto de vista político no. Porque desde ese punto de vista, todo ha sido una desgracia, toda la izquierda de América latina en esa época fue muy bonito, y nadie te quita lo bailado.

–          Porque fue una moda.  

Y claro, porque había algo que seguía interesando a los jóvenes, porque había vida, era intenso, había joda, había calle, había todo. Y eso no está mal, pero políticamente fue una desgracia, y el resultado es lo que pasa hoy, pero eso no quiere decir que no haya habido cosas positivas. De hecho, hoy día el mundo literario peruano no es el mismo que era cuando yo era chico, porque era un mundo de cuatro gatos, cuatro personas, y nadie entraba a ese mundo. Y ahora se ha abierto, ahora hay miles de poetas, de todas partes, que vienen de todo sitio, y en México igual, cuando antes del infrarrealismo, había unos pequeños grupitos de poetas alrededor de un mandarín, de un Papa, Octavio Paz, o fulanito, o sultanito, y se acabó. Y a partir del infrarrealismo, ya era toda una corriente, toda una serie de jóvenes; yo he ido a México a participar con dos infrarrealistas en las afueras, en una de esas ciudades enormes y muy populares, y hay  toda una cantidad de gente que te recibe, ¡pucha los infrarrealistas! Y no sé qué, y todos quieren escribir, hacen talleres de poesía, y todo el rollo,  y eso que decía Lautréamont “La poesía puede ser hecha por todos” y por eso los recitales de poesía no tienen  por qué ser cosa de niños “bien” en sus pequeños salones, sino que pueden salir a otros lugares.

–          Y hablando de Octavio Paz, en esa época, ustedes detestaban su imagen, ¿llegaron a  sabotear algún evento de él?

Allí hay diferentes cosas, porque yo siempre he respetado a Octavio Paz, y me parece uno de los más grandes ensayistas de América latina, y pueden decir lo que sea sobre su posición, pero como ensayista tiene libros absolutamente fundamentales, y el libro sobre Sor Juana Inés de La Cruz, es una maravilla absoluta; “Los hijos del Limo” sobre la poesía contemporánea, o sea, la tradición y la ruptura en la poesía, es magnífico, y como poeta; nunca me gustó demasiado, salvo sus poemas largos, tiene unos largos que son bastante buenos. Entonces, yo nunca detesté a Paz, pero ellos detestaban a Paz porque lo habían sufrido, y lo sufrían en la medida de que ellos no venían, ni estaban en la mafia, y si no estás en su pequeña mafia, en fin. Aunque Octavio Paz, yo creo que tenía valores, pero estaba rodeado de una mafia de mediocres y aduladores, y esos no dejaban entrar a nadie, y entonces Mario Santiago, alguna vez fue a una lectura de Octavio Paz, y Paz leía, y entonces él (Santiago) se levanta con sus propios versos y se pone a leer a gritos al mismo tiempo que Octavio Paz.

–          Era todo un provocador

Y por eso lo sacaron a patadas y le rompieron una pierna. Y Bolaño, era menos; él hablaba mal de Paz y todo, pero también lo admiraba, y cuando se fue a España, ya comenzó a reivindicar a Paz, etc.  El personaje además tampoco ha sido lo más abominable que hay en el mundo, por todas partes hay peores que Octavio Paz.

–          ¿Algo muy singular o entrañable que puedas recordar de Roberto Bolaño, en el grupo que ustedes conformaban?

Mira, en realidad fue una imagen. Cuando yo llegué, todos eran poetas inéditos, pero ahí se las había arreglado Roberto para hacer una pequeña publicación, y entonces sacó una pequeña plaqueta que se llama Reinventar del amor, creo. Y entonces, vamos a la imprenta, y no puedo olvidarme la escena cuando sale de allí con sus plaquetas en la mano saltando como un niño, y me agarra de los brazos, y allí me escribe una dedicatoria, pues yo tengo un ejemplar de Reinventar el amor con un texto de él muy extraño que se pone a escribir, y algún día lo publicaré, y no es exactamente una dedicatoria para fulanito de tal, pues, él se puso a escribir un texto así raro sobre mí, y eso no lo olvidaré porque parece ahí un niño, y estaba tan feliz, y allí me di cuenta de la diferencia que había entre Roberto Bolaño  y este otro Mario Santiago. Roberto Bolaño empezaba una carrera literaria, y la rebeldía, y la oposición a todo; era para hacer una carrera literaria, y el otro, Mario Santiago, también era la rebeldía,  pero para autodestruirse.

–          Bolaño se fue a Europa y le fue muy bien

Sí, además siempre quiso publicar, mientras que el otro no quería publicar, no quería hacer nada, casi lo forzaban, y se perdían los poemas.

–          Hablando de las anécdotas que nos cuentas, ¿tienes un diario personal?

Así es, desde 1977 tengo un diario. Cuando llegué a París, y estaba jodido, éste me permitió sobrevivir porque me daba cierta distancia frente a las cosas, porque estaba muy deprimido, de repente yo creí que sabía el francés, y no entendía nada, y entonces este diario comenzó a volverse una especie de manía, y eso es lo que necesitas, plasmar allí, y en el fondo un diario es un poco absurdo, porque es como reproducir la vida en el papel. Pero para mi ha sido fundamental para poder existir, y sigue ahí, aumentando el volumen. Preparé también dos volúmenes como para publicarlos, corrigiéndolos, etc., porque hay ciertas normas frente a un diario, no se puede traicionar por ejemplo, corregir todo, y si dijiste fulano de tal es una mierda, y después dices, no era tan mierda, pero pones fulano de tal es formidable; y eso es traicionar, y no se puede hacer eso, porque si antes lo pusiste, y después diez años después ya no lo crees, pero tiene que aparecer que fulano es una mierda, sino no tiene sentido. Por eso que en el diario de Ribeyro dice que yo soy una mierda, en algún momento “este sobrino es un cabrón”, y Oscar Málaga también dice horrores. Y el diario es eso, pero yo quisiera publicarlo, pero ¿quién me publica un diario?

–          Pero, Ribeyro lo hizo.

Sí, claro. Ha publicado tres, y son once volúmenes de diario inéditos que están atracados, y no se pueden publicar, porque la familia se opone, la mujer sobre todo.

–          Como no lo hizo la María Kodama viuda de Borges.

Se supone que no lo tiene ni la mujer, ni el hijo, porque si no lo queman. Y a mí me dijo Julio Ramón, que se lo había encargado a una persona.

–          Y la experiencia de Estación Reunida, ¿crees que marcó el quehacer literario de los setentas?

Ahora si nos fuimos a la prehistoria (risas). Bueno, allí publicó por primera vez José Watanabe, y hoy Watanabe es un poeta muy reconocido, también lo hizo Tulio Mora, que también es más o menos reconocido, publicó Elqui Burgos, entre otros. En ese sentido sirvió para algo, y yo impulso a lo que llamo el segundo aliento de la generación del 68, porque yo no creo en eso de que haya generación del 60 y 70, sino un solo grupo como el del 68, más o menos como ha hecho Flores Galindo para la historia, y las ciencias sociales.  Él habla de una generación del 68, y no veo por qué ese tema no sería aplicable a la literatura, porque es exactamente lo mismo. Entonces hubo el grupo de Heraud, Cisneros, y Hernández, y allí viene una nueva ola, y en esa ola sale primero Estación Reunida. El problema es que Estación Reunida no quiere ser grupo, y casi se diluye, y entonces viene Hora Zero, y ellos se llevan las banderas, porque si hacen grupo, y se ponen parricidas, nosotros (Estación Reunida) nunca quisimos ser parricidas con nadie.

 

–          Hicieron mucho ruido entonces.

Sí, claro. Y nosotros no hicimos ruido, porque nuestra intención era otra, Estación Reunida era mucho más política, además, por algo estaba financiada por Cuba.

–          ¿Y tu paso por la revista Marka?

–          Te causó los problemas que ya todos sabemos.

Sí. Era un lío también todo eso.  Yo llegué a la revista Marka porque me llevó Leoncio Bueno, y Jorge Flores Lama, un ingeniero buena gente que era el que la dirigía, era muy amigo de Leoncio.

–          Que hoy increíblemente recibe una pensión de algo de 250 soles.

Increíble eso con Leoncio. Entonces Flores Lama, le dijo a Leoncio que se encargara de la sección de cultura, y éste salió con que era un obrero, y que no es así. Y algo de cierto tiene eso, y al mismo tiempo es un excelente poeta. Entonces Leoncio le dice a Flores Lama, –yo te voy a traer a alguien—entonces me busca y me dice –José, tú eres el hombre—eres un jodido para esto—entonces me lleva, y Jorge Flores lo que dijera Leoncio lo aceptaba, porque le tenía una adoración. Y así entré yo a trabajar ahí, como un pelo que cae en la sopa, con gente que nunca había visto, como Humberto Campodónico, que era el que ponía la plata, que tenía estas ediciones Horizonte, y entonces comenzaron hacerme la vida imposible, puesto que iba a ser una revista con fuerte presencia de cultura, y yo tenía la responsabilidad de 4 o 5 páginas, cada quince días, pero tenía que pelearme para que me dejen una o dos páginas, porque con la política invadían todo, y faltaba espacio, y como yo era minoritario y había votado en contra en el consejo de redacción cuando se fundó la revista para escribir el editorial de fundación, y la mayoría planteó un apoyo crítico al gobierno, y entonces votaron por el apoyo crítico, y yo voté en contra, y dije critica sí, ¿por qué vamos a poner apoyo?, critiquemos, y si está mal, no me caso, y nadie me obliga, y todos trataron de sobrevivir, pero igual los echaron a todos, porque la deportación les llegó a todos. Yo era muy joven, tenía 25 años, pero fue bastante difícil, porque cada quince días había unas peleas para tratar de mantener mi página.

–          José Miguel Oviedo te antologó en “Estos trece”. Dime ¿Cómo se gestó la antología?

Mira, yo nunca hablé con Oviedo en mi vida, salvo, hace unos años en París que encontré a un Oviedo viejo que arrastraba los pies, pero en aquella época de la antología nunca hablé con Oviedo,  pero no sé exactamente como fue, porque Oviedo tuvo esa idea, aunque creo que fue Mirko Lauer y su gente, pero la idea estaba simpática, y Oviedo no conocía a nadie, salvo a Abelardo Sánchez León, que era de buena familia, entonces a él si lo conocía, y quizá a Cillóniz también, y tampoco conocía a los salvajes de Hora zero, pero sin embargo trabajó con Jorge Pimentel, que era algo increíble. Y un buen día me llegó la noticia, y mandé los poemas, y luego envió un cuestionario, y mandé a la mierda diciendo que yo no respondía ese cuestionario, porque era infantil, y nos trataba como niños, con preguntas ¿cómo hace usted deporte? -¿tiene algún hobbie?, etc. y algunos respondieron, y Balo Sánchez León respondió: -sí, yo nado- y quiso hacerlo bien a la americana con esas preguntas ingenuas, pero yo me negué, de esa gran boludez.

–          Y hablando de boludeces. En Biarritz, esa ciudad al suroeste de París, te encontraste con Santiago Roncagliolo, y te dijo que él pensaba que los poetas sesenteros no eran “folladores” y que Javier Heraud había muerto virgen. 

Mira, él (Santiago) estaba escribiendo un guión para una película sobre Javier Heraud, y no tenía la menor idea de quién era Heraud. Y él estaba invitado a un festival de cine, y de cultura latinoamericana, y entonces nos encontramos con Santiago, a quien yo no conocía particularmente, y al salir nos fuimos a conversar y a tomar unas cervezas hasta tarde, y entre conversa y conversa, le pregunto qué estás haciendo ahora, y me dice: estoy haciendo un guión sobre Javier Heraud, y no tengo ni idea quién es Javier Heraud, pero me han encargado el guión y he comenzado a averiguar. Y a quién has encontrado- le dije- a Arturo Corcuera y a Hildebrando Pérez, y le dije: trata de ver a otros también, porque ahí estás viendo a todos los viudos, pero también anda a ver a Rodolfo Hinostroza que tiene otra versión, porque él estuvo en Cuba con Javier Heraud; y admitió que no tenía idea de que Hinostroza había estado en Cuba con Heraud, y allí me dijo: -oye, yo creo que estos poetas del sesenta no cachaban– y por qué dices eso le pregunté, -por Heraud- respondió. Y le admití lo que yo pensaba sinceramente, -mira, yo creo que era homosexual- pero eso no me ha dicho Corcuera- (insistió Santiago)  y le dije – y si Corcuera sabía que era homosexual, tampoco te lo diría, y menos Hildebrando- -pero tenía una noviecita- insistía –sí le dije, una noviecita para ir de la manito, pero no creo que para más. Y la verdad, luego no se qué fue de ese guión, y si puso algo de esa conversa, que fue un poco extraña.

–          José tienes un hijo al que le gusta más la matemática que la literatura.  

Mira, él ya tiene dieciocho y sí lee, pero su locura son las matemáticas, y también ha habido poetas que han sido matemáticos, en Francia hay un gran poeta que es matemático Jacques Roubaud, y quizá por allí podrá llegar algún día.

–          ¿Qué pasa con la prensa local con respecto a tu nombre, es una maldición llamarse JRR?

Me dio una rabia cuando vi eso, y lo puse en el facebook. Y de repente me acordé cuando un día conversaba con Julio Ramón Ribeyro en  París, y hablando de sus ediciones que habían sido siempre una porquería, y habían salido horribles, llena de errores, y entonces él me dice: es la maldición de los Ribeyro en la literatura peruana.

–          ¿Y lo has tomado deportivamente que te llamen José Ruiz Rosas?

Sí, porque dije mi pobre hígado va a sufrir por esto, y creo que sí, es la maldición de los Ribeyro, porque en verdad somos tres Ribeyro afectados por la maldición. Uno fue Julio Ramón, que publicó mal, las ediciones llenas de faltas, incluso hubo edición que hizo Scorza, que fue una desgracia, pues le faltaban páginas, toda una desgracia. Y yo tuve otro tío que se llamó Eduardo Ribeyro, que quiso ser cuentista toda su vida, y fracasó rotundamente, y se le cerraron todas las puertas, era periodista, trabajaba en La Crónica, y publicó un par de libritos por ahí, que nunca nadie le hizo caso, y se murió hace poco.  El otro día encontré no sé adónde, una antología de cuentos peruanos, y noté que le habían antologado; si él hubiera sabido eso, creo que renace, porque el pobre hombre fracasó absolutamente en la literatura, pues, nunca nadie le hizo caso, y ese es otro Ribeyro, y allí en esa antología le ponen un cuento. Y el otro Ribeyro pues, soy yo, que me cambian el nombre, y las cosas que pasan el jueves, la anuncian el viernes, y así me pasa siempre.

–          ¿Qué opinas de la movida cultural limeña, crees que ha crecido?

Mira, a mí lo que más me choca de todo esto es que en los años setenta cuando alguien leía, todos estábamos allí, y nos quedábamos, y había un dialogo. Ahora, haces una lectura, y no va casi nadie, no va ningún poeta, y si van, escuchan, y después se mandan a mudar. A mí me llamó mucho la atención eso. Yo participé en la sala Alcedo, había un festival de poesía, que ya no sé si se hace, donde estaban invitados cantidad de poetas, y vi que llegaban algunos poetas, y leía uno, y ya está, y se iba. Y ahí debo reconocer que el único que se quedó para escuchar a cuatro o cinco poetas, fue Arturo Corcuera. Pero ya no hay un espíritu pues, y en eso debo reconocerle a Hora zero, porque yo soy amigo de Hora zero, aunque muchos creen que no, y reconozco cosas que hicieron ellos, de llenar el auditorio de la Biblioteca Nacional para lectura de poesía, más de doscientas y tantas personas, que estaban allí, y que venían, y los otros poetas venían, y estábamos todos, y aquí, y el otro, y nos escuchábamos unos a los otros, y nos interesaba lo que hacían los otros. Ahora, aquí a nadie le interesa lo que hace el otro, es una especie de incomunicación; claro que hay muchos más lugares para la cultura, que en lo que había en el setenta que no había nada, o casi nada, pero ahora todo el mundo anda incomunicado, es una especie de individualismo, pero exacerbado, porque yo también  soy individualista, pero les falta interés sobre lo que hacen los demás, y eso es algo que me choca bastante.

–          Sobre tu próximo proyecto “No recomendado para señoritas” ¿está en gestación?

Eso sí, está en gestación, por eso va a dejar de ser señorita (risas).

–          ¿Y el erotismo va a jugar un papel importante?

Sí, hay algunas cosas que son medio eróticas, pero tampoco hay que esperarse que sea un libro erótico, el título es un poco provocador, hay un cuento que se llama “La hija del diablo” que tiene bastaste erotismo, es una mujer que cuenta su historia sexual, son relatos en forma de monólogos, algunos, y hay otra historia: “Salir de pobre” que es una jovenzuela que se casa con un hombre mayor, y termina matándolo para cobrar su seguro, y cosas así, y están basadas en historias reales, porque yo no tengo imaginación para escribir cien por ciento ficción, y en este libro me he basado en historias de mujeres que me tienen confianza y me cuentan sus historias, y las utilizo para escribirlas. Por ejemplo, una cosa que publiqué, hice una experiencia que no había hecho nunca, publiqué una crónica sobre una aventura en Berlín, cuando me metieron preso en el muro de Berlín, era una historia muy particular, y la publiqué  en El hablador, creo que fue mi primera colaboración allí, en tipo de crónica, contando como pasaron las cosas; y aquí en el libro, lo transformo en un monólogo, porque ya no soy yo el que narra, la que narra es la chica de la historia, y se llama “El ponja y la fea” , el ponja, porque es un antiguo narrador que se llama Toshihico, que es el personaje; y la fea, que es una peruana que vivía en París, y que estaba haciendo estudios de germanística, pero no conocía nada de alemán, y nos metió en un lío del carajo en Alemania, y terminamos todos presos. Esa es la historia real, y a partir de allí yo me meto en la cabeza de ella, para que sea la que cuente su versión. Y después hay cuatro partes sobre la madre, es un hijo que habla sobre ella, en cuatro momentos de la vida, el nacimiento, la adolescencia, el resto, y la muerte.

 

–          El ministro de Comercio Exterior José Luis Silva afirma que se marketea bastante al Perú en Francia. ¿Qué de cierto es? ya que tú radicas por allí

Mira, en mi ausencia salió la revista aquella Vogue, sobre el Perú, y esta revista se vende mucho, y está en ciertos círculos, pero luego pasa por las peluquerías, en el consultorio del doctor, pero por lo general es una revista de modas, para pitucos. Pero aparte de eso, no sé dónde está lo que se marketea al Perú en Francia, dime ¿en dónde?

–          Los medios hablan de Perú en Francia.

¿De Perú? Perú no existe. El Perú hace años que no existe para nada. El Perú después de Sendero Luminoso, dejó de existir en Francia, o sea se supone que ahora la Marca Perú es Sendero Luminoso, pero ahora nadie habla del Perú.

 

–          ¿A qué huele París?

Me preguntas a qué huele París…ummm. Mira, París no tiene olor, es una ciudad sin olor, es una ciudad que le falta un poco de vida también, aunque antes olía un poco a mierda, porque había mucha mierda de perros, pero ahora toda la gente tiene que llevar su bolsita a la hora de salir con sus mascotas. Pero es muy difícil decir a qué huele París hoy día. En primavera huele porque florecen los arboles, como en el tango: “florecen las plantas, un himno a la vida” como dice lo que cantaba Gardel.

–          ¿Y Lima, a qué huele Lima?

No sé. Antes olía a meado, en todo caso he estado mucho en Miraflores, y allí los camiones pasan con manguera y limpian las calles por las noches, pero en otros lugares sigue oliendo a meado, pero aparte de eso, huele a fritanga, a pollo a la brasa, hay mucha fritura, Lima tiene cierto olor, y en ese sentido tiene una cierta vida a través de ese olor, ahora si pudiera ser más agradable que el de los escapes de las combis.

–          ¿Cuándo te tenemos de vuelta por el Perú?

El próximo año quizás, porque he decidido vengarme del Perú, viniendo cada vez y publicar un libro. Y me falta corregir, pero me falta dos; una historia que es la de un transexual, y la otra que es la historia de una prostituta que era escritora, que se basa en hechos reales, y estoy en esas dos que tengo que terminar, y luego ya podré publicar, y vendré a martirizar al pueblo peruano con mi literatura. Y después tengo que escribir el libro sobre México, y los infrarrealistas.

–          Mucha gente lo está pidiendo

Allí tengo cosas inéditas y algunas fotos inéditas, y tengo hasta el título, pero aún se me queda porque hasta ahora no lo he publicado, y últimamente se me ha ocurrido otra historia que ya tiene titulo también, que se va llamar “La verdadera historia de Pepito Ramos” que habla sobre la historia de un niño en Lima.

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Cultura

Poemas de Cromwell Castillo Cabrejos

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Cromwell Castillo es un poeta, artista plástico y diseñador gráfico, motupano de armas tomar y en estado permanente de trabajo. Siempre habla claro y potente. Por ejemplo, dice que “los malos poemas nacen de los chantajes y los falsos estremecimientos del autor para consigo mismo y para con su obra” y que, en poesía, existe el verdadero poeta y el pendejo; el primero es el honesto que batalla contra los molinos de viento y las modas y demás líneas de fuerza que arrastran a horneadas de poetas al barranco de la mediocridad y la repetición ad infinitum. Y el pendejo es el que se respalda con las argollas, el amiguismo, los letratenientes y la “alcahuetería literaria”, casi siempre carecen de talento y buscan el grupo o la mancha para avanzar en masa y copar los espacios culturales y obtener alguna aprobación retiniana o una palmada de hombro dentro del esplín de bardos viejos o culturosos que, como ciertos parásitos, buscan vivir en otro cuerpo.

Los poemas que compartimos aquí pertenecen al libro “Círculo de fuego”.

ARTE P(R)O(F)ÉTICA

El lenguaje es un puente

por el que la palabra cruza, desafiante, todas las fronteras.

Armazón articulado de espectros.

Nudo espléndido que evoca los orígenes del reino.

Si digo ‘esta voz es mía’, no es mi voz,

es el reflujo de la insuficiencia

que nos llama deseoso

desde la sombra de un aire primigenio.

Ni siquiera el presentimiento aborda

este halo espeso que asoma su caudal ardiente.

La voluntad es un accidente del deseo.

vocación de no-ser / torre suprema de la incertidumbre.

Escritura: tesoro perdurable.

Te ofrezco aquí toda mi desgracia,

universal como las revelaciones.

Escribir es asir el silencio y echarlo andar.

Escribir es sostener el pensamiento con la voz.

Escribir es domesticar el instinto ─pensamiento impensado─.

¿Te has preguntado a dónde va el rumor

que agita la puerta inefable de este sueño milenario?

El lenguaje de las pesadillas

es el infame pasadizo de las pesadillas de la realidad.

LA NUEVA CASTA DE ABRAHAM

No es momento de forzar rutas cómplices.

Abrasemos la memoria

evocando a nuestros muertos

con su heredad perdurable

de batallas inconclusas.

Cerremos filas al silencio:

infraterna y vieja costra de las componendas.

(32) Oremos. Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia al Señor.

(33) La esperanza aguarda en catedrales

donde rigen estremecimientos vanos:

Sumidos en una fe desfigurada,

las iglesias bendicen cadáveres

en nombre de la guerra y la mentira,

y sus ministros nos obligan a hundirnos el llanto

enarbolando insólitas rectificaciones.

Luego sobrevendrá el clamor universal:

Bienaventurados los que siguen el nuevo orden

de las constelaciones:

lluvia invisible / triángulo de fuego / la fe ahogará Europa

(primero será Europa: dos mil veintidós ─más uno─,

la era del aire)

Armazón de Barro Ungido / Dios Arde en una Bienaventuranza Incierta:

Casta creciente de Abraham en Latinoamérica.

No hay Verdad en lo que solo encierra dolor y remordimientos:

el mismo éxodo / la misma fatiga / el mismo origen de las rectificaciones

Animales salvajes serán soltados en el lugar del Edén:

Bienaventurados los hijos de la gran unificación tripartita.

No te acerques a la ciudad devastada por el aire,

de ella nacen ríos que erigieron su caudal en nombre de la muerte.

La Casa ha sido restaurada.

Levanta los ojos al cielo y mira:

estamos perdidos en una vastedad insignificante

de promesas celestes.

ASUNTO CRIMINAL

Con Herica, desde uno de los acantilados

de Puerto Eten; a propósito del ecocidio

de Repsol en el Perú.

I

En este mar solo cabe la memoria

de una música hegemónica que golpea nuestro cráneo

insistentemente

como una balada hostil, una compulsión

asombrosa de rumores

donde reina la incuria y la muerte.

Ah, las raíces de la infancia

que el mar sacude raudamente

convirtiéndolas en espuma:

quisiera tener la certeza

que este mar no existe

y que la ciudad devorada por el agua

es solo el inútil espejismo del olvido.

Pero no, el dolor arrecia con ardua marea negra,

y yo desde la cresta de este acantilado

veo olas tenebrosas descarnando peces y nutrias.

¿De dónde viene el fuerte oleaje

que ha deshecho los pilares de la Tierra?

El mar resuena en mi interior

donde una caracola anuncia los presagios de los puertos:

no hay nadie en los navíos, solo la tempestad

mece el corazón herido de las aguas.

Ha llegado el tiempo de la ceniza.

En un vasto cementerio de rocas húmedas,

oigo la voz del gentío arrastrando el cadáver del último verano.

Todo ha sido consumido por la niebla,

y la mentira galopante del Viejo Mundo

es silencio / espada / lesión:

Prometido infierno / fruto perdurable.

La historia es un puñado de escombros

que canta una alegoría al viento amordazado

de nuestras costas:

caravana de aves picoteando en las playas

la noble mansedumbre de sus alas rotas.

El mar es triste en su saqueada fecundidad,

como el suelo donde aguardan los albores de la guerra.

Nada ofrendarán sus aguas

que mueren

lentamente

bajo el cielo estrellado

de enero.

2022:

¿Oda a la sangre / Oda a la traición / Oda a la locura?

Revelaciones duermen y se orillan al roído murallón de piedra.

Estampida de bestias lascivas copulan en la negritud ascendente de la arena.

Polución sanguinaria / carnicería oscilante / región abatida.

Solo cuerpos fatigados pendiendo del horizonte abarcan este mar amado,

O es el sol abrasante que sujeta la indecible fragancia de lo incierto?

Luego sobrevendrán las tribulaciones:

reminiscencias de frágiles ciudades

desplomándose

al otro lado de la marea.

Todo está perdido.

II

La invisible danza de mis redes

devorada por las profundidades,

no logra descifrar el agua:

nada nos ha ofrendado el mar.

Leves augurios nos atan

al llamado impuro de tu voz, ¡oh, reino del crepúsculo!,

y apenas si el silencio sabe acariciarnos la memoria.

─¿Acaso desoímos el rumor vibrante de las preguntas

que encallan sobre esta orilla

ornamentada de aleteos moribundos

y negras constelaciones?─

He vuelto a mirar la extensa muralla de agua

y algo delata el inútil pretexto

de lo que somos:

el abismo seduce

y nos asoma a una estación pétrea

vigilada por peces abisales

y sombras inalcanzables.

Es el mar o la azulada versión de la muerte,

esa otra red imperiosa que lanzan los dioses

arrastrando nuestros ojos

a un viaje largo

a través de la noche.

He visto mi reflejo sobre sus aguas

presumiendo la esperanza de los náufragos

de corazón incurable / oscilantes

entre el volver o quedarse a fundar la niebla.

Inusitado reino de las transfiguraciones,

donde el viento es el soplido ruin

de bestias invisibles que atraviesan las ventanas de los puertos:

Verano galopante / hedor inmóvil

Tiránica armazón de fuego

que desliza su furia en el lomo de las aguas

y engendra animales fatigados

y mórbidos.

¿Quién clava sus agujas en este ambiguo

jardín de incertidumbres?

Lanzo las redes

al anchuroso ojo de agua

            una y otra vez

            una y otra vez

            una y tantas veces

y solo atrapo una pregunta irredimible:

¿Por qué nuestras plegarias ya no se oyen?

─¿A dónde va el canto constelado que mi alma escupe

al cielo abominable de las postrimerías? ─

Aves milenarias surcan el horizonte

colisionando su pico

contra un paisaje de cadáveres

que esperan el gesto entrañable del aire.

¿Qué es una lágrima sino un deseoso aleteo nocturno?

Una lágrima caída al mar

es el mar devorando las profundidades

de los hombres.

Es el mar recuperando sus raíces.

III

La patria de mis ojos es el mar,

y tú una barca balanceándose,

discreta,

en sus profundidades.

Vocación impura

y babilónica la del lenguaje:

Hacer fluir el poema

en medio de un mar

repleto de inmundicias.

CROMWELL CASTILLO CABREJOS

Poeta y artista plástico peruano. Exmiembro fundador del Grupo Literario Signos y autor de “Agua” y “Transfiguración o el sonido” —libros incluidos en “Signos” (Chiclayo, 2007)—, “¿Dónde acaso es camino?” —incluido en “Demolición de los reinos” (Lima, 2010)—, “Estética de las revelaciones” (Arequipa, 2011), y el plaquette “Fuego” (Arica, 2010). Forma parte de “Cuervo Iluminado”, Colección de Nueva Poesía Peruana (Lima, 2010); “Rito verbal”, Muestra de Poesía Peruana 2000 – 2010 (Lima, 2011); “Me Usa”, Brevísima Antología Arbitraria Perú – Uruguay (Perú, Venezuela, Chile, 2012) y “Circo de pulgas”, Antología de la minificción peruana (Lima, 2012).

Trabajos suyos han sido publicados en revistas impresas y virtuales de Perú y el extranjero.

Es director de Semanario del Norte, primer periódico virtual de la Macroregión. Tiene inéditos los libros “La cabeza del Minotauro” y “Círculo de fuego”.

CONTACTO:

Móvil: +51 (074)942959742

E-mail: cromwellcastillo81@gmail.com

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Cultura

La anarco Revolución Caliente de Rodolfo Ybarra

Revolución caliente, novela para rechinar los dientes.

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Por Maynor Freyre

Desde un mundo esclerótico, donde  los órganos de la vida social se van atrofiando, para el grupo La Alcantarilla no queda otro camino que el romper con todo tipo de organización social, el implantar un anarquismo decimonónico como el de El hombre que fue jueves, escrito por G.K. Chesterton desde la burla y el corrosivo humor o lo planteado también por Antonio Muñoz Molina en su novela El dueño del secreto con fina ironía acerca de una frustrado levantamiento de ácratas al lado de militares, curas y banqueros en España, justo un año antes de que falleciera el falangista dictador Francisco Franco en España, e inspirados en la “revolución de los claveles”.

Revolución caliente se titula esta novela de Rodolfo Ybarra (Lima, 2020, Arteidea Perú), y tal como la antigua canción-pregón que recorría las calles de la Lima de mitad del siglo XX precedida por un farol Coleman, nos hace rechinar los dientes por su atrevimiento tipo El almuerzo desnudo del narrador beatnik William S. Burroughs que rompe con todos los cánones narrativos para contar como a través de un continuo vuelo de drogadicción. Asimismo, Ybarra se vale de descripciones, artículos, estampas, diálogos cuasi teatrales, poemas inesperados y una especie de proselitismo ideológico neo anarquista.

Como los beatniks, Ybarra trata de romper con el estilo neo liberal democrático que rige en el mundo actual y no siguiendo las pautas de los escritos marxistas, leninistas maoístas que se impusieron en muchas partes del mundo como entelequias para transformar la sociedad. Claro que se trata de un escrito ficcional que no necesariamente se vincula con el autor a toda costa. Hay textos que afrontan las relaciones íntimas y otros que suponen la organización de grupos de destrucción, al estilo de la canción de los Saicos de los años ’60 que pregonaban con Demoler “echar abajo la estación del tren”, en referencia metafórica al viaje a través de los cánones establecidos.

Para finalizar este breve comentario, diremos que la hermandad con el movimiento beatnik —acuñado en 1958 por el periodista Herb Caen, posterior premio Pulitzer— de San Francisco, EE.UU., radica en que el nombre parte de beat que en la jerga estadounidense significa cultura, actitud y literatura a los cuales este periodista le añadió nik, la última sílaba de la palabra Sputnik, el primer satélite soviético que atemorizó a los norteamericanos pensando que desde un satélite como ese les iban a lanzar la bomba atómica. Casi al terminar de leer Revolución caliente, en 201, EL QUÍMICO: CÓMO Y QUÉ HACER PARA UN CORRECTO SABOTAJE nos da cinco fórmulas para preparar bombas explosivas, así como cinco consejos para malograr un vehículo motorizado y otra sarta de consejos para descontrolar y alterar el orden.

“Resinoso, como prueba de todo lo dicho, dejas aquí el primer último párrafo de esta tu, dizque, novela inconclusa que es la Historia del Perú, en estos precisos momentos en que la huelga general está tomando las calles dando vivas en voces de la muchedumbre, y en que se escuchan disparos y explosiones que retumban en las periferias, caseríos y barriadas y vas dejando de redactar”. Porque al final un helicóptero humeante se precipita al vacío. El sonar de la metralla son las voces de La Alcantarilla. Entonces empiezan a desfilar los personajes que conforman ese anarco grupo.

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Cultura

Joe Guzmán presenta su poemario “La arqueología del caos” en la Feria del Libro de Los Olivos

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Hoy por la tarde en Lima, el escritor Joe Guzmán presentará su libro “La arqueología del caos” publicado por la editorial trujillana “Paloma Ajena Editores”. La presentación se realizará en la Feria del Libro 2022 – Los Olivos: Ciudad con Cultura (ubicada en la explanada de la Municipalidad de Los Olivos – Lima) organizada por Ciudad Librera y el Fondo de Cultura Económica Perú.

En la mesa de presentación estarán Amós León (director de la editorial), Ángel Flores (docente y crítico literario) y talentoso escritor Joe Guzmán (autor del libro).

Descripción no disponible.

Sobre el libro, el escritor y crítico Luis Eduardo García mencionó: “Un segundo libro en el que explora la naturaleza y el origen del caos como parte esencial de la naturaleza humana, confirma a Joe Guzmán como una de las voces más auténticas y originales surgidas en la poesía trujillana de los últimos años”.

También el periodista, escritor y gestor cultural Augusto Rubio, se refirió al libro: “En las páginas de este libro aparecen el miedo, el cadáver que crece al interior nuestro, la noción de felicidad y la locura, la interpretación de la historia y de nuestro origen. El significado de la poesía y el destino de las mujeres, así como la soledad y la colisión cultural entre lo prehispánico y el saber de los invasores, hacen de estas páginas una lectura necesaria, un descenso a los infiernos, pero también una luz de esperanza en el horizonte de lo que significa estar de pie en un país como el nuestro”.

Para finalizar, el crítico literario y docente Ángel Flores, señaló: “Este poemario quiere constituir una voz colectiva en diálogo con los sujetos subalternos, lo cual le permite abordar temas sensibles como la condición de la mujer, mediante la evocación del personaje de la bruja como una justificación para perseguir a las librepensadoras de la Edad Media, o el de la pobreza, entendida como el despojo total de las libertades del sujeto. Joe Guzmán ha escuchado la voz de Ojeda: “tendré que retornar a las raíces/ buscando la evidencia bajo la confusión” sin temor de haberse llenado de siglos y de fósiles“.

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Cultura

Ascenso, auge y declive de la hegemonía Bolaño

Una mirada al mercado editorial y su trascendencia entre los escritores que aparecieron luego del 2010.

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Un autor que no es ni chileno ni mexicano, un latinoamericano perdido en Latinoamérica que como muchos se exilió en España y acabó muriendo tempranamente con relativa fama en un ambiente bastante estrecho de la literatura. Admirado hasta la imitación por menores de 40 años y casi intrascendente para mayores de 50 años, el fenómeno Bolaño es una pieza clave en la historia de la literatura en español que inaugura entre los hispanoamericanos el postboom. Sin embargo, lo que buscó exorcizar acabó convirtiéndose en otro demonio a exorcizar:  el mismo Bolaño. Este es un artículo enfocado a su impacto en el mercado editorial y su trascendencia entre los escritores que emergieran después del 2010.

El ascenso: cómo pescar peces gordos

A principios de 1990, Bolaño era otro latino de segunda clase con ínfulas de escritor sin suerte en un pueblo de provincia en España. Todo deparaba que acabaría sin pena ni gloria sino fuera porque a diferencia de muchos escritores con ambición, Bolaño era un buen lector que conocía su mercado.

Después de publicar algunos libros intrascendentes apareció un libro raro en las estanterías que si llamó la atención: Literatura nazi en América. Lo que sus primeros lectores imaginaron era un ensayo de historia de autores reales acabó siendo un señuelo que mordió el mismo Herralde. Una metáfora del oficio de escritor a través del morbo de muchos lectores por el fascismo y su presencia poco difundida en la literatura. Este juego de Bolaño fue un acierto mercadotécnico. El libro no se vendió mal pero tampoco fue un éxito, su mérito yace en que llegó a donde se tenía que llegar: a los editores.

Jorge Herralde director de Anagrama, la gran editorial de los años 90 y 2000 que emergió como una alternativa a colosos en español como Planeta o Random, supo ver en el hábil Bolaño la habilidad de un escritor que si había captado el signo de los tiempos en el mercado editorial. Se cuenta que el mismo Herralde al leer el libro llamó a casa de Bolaño. El autor no se sorprendió de esa llamada, seguramente solo se alegró. Había picado uno.

Un par de años después, Bolaño enviaba su siguiente novela al premio Anagrama. Una novela de 600 páginas, Detectives Salvajes, se hacía con el primer premio. Bolaño había aparecido en el mapa editorial español. El libro es un homenaje al estilo y juegos estructurales de los autores del Boom latinoamericano (los primeros escritores de Latam en triunfar en Europa y el resto del mundo en la década de 1960). Comparado con frecuencia a Rayuela de Cortázar, el libro de Bolaño sin embargo se parece más a un realismo urbano a lo Vargas Llosa a ratos con toques de Fuentes y ciertas referencias al imaginario de Borges.

Roberto Bolaño con Herralde en su premiación en Anagrama.

En resumen, un estudio detallado e inteligente del gusto dominante del mercado del libro. Pero tenía dos cosas más. Primero era una enorme glosa de chismes sobre autores de segunda Liga que Bolaño conocía muy bien (los infrarrealistas mexicanos o el grupo peruano Hora Zero, entre muchos otros). Si estos grupos gozan de estima fuera de sus países al día de hoy se lo deben a la novela de Bolaño, quien a través de cambiarle los nombres a escritores fácilmente reconocibles para el lector ducho, nos cuenta quien era gay, quien le sacaba la vuelta a quien, quien le debía plata a quien, y un largo etcétera. Eso produjo un interés y un odio entre sus contemporáneos, pero eso no importaba a la hora de hacer ruido. El segundo mérito era que la novela que si bien jugaba a un homenaje a los libros del Boom también significó una superación del mismo en tanto desafío abierto. La imagen atacada por sus personajes a una vaca sagrada como era Octavio Paz, es también una metáfora de la literatura institucionalizada de los autores hegemónicos de entonces como era todo el Boom. Poco después de ganar el premio Anagrama, esta misma novela ganaría el premio Rómulo Gallegos, el gran premio que consagraba a los autores de Latinoamérica. Con estos dos galardones empezaba un camino que la desgracia y la suerte a través del mito y una cantante de rock estadounidense consolidaría.

Auge: no se trata solo de los libros, se trata de vender al autor

En 2003 y con 49 años Bolaño moría por falla hepática. Su último libro, 2666 se publicaría poco después inacabado. En ese momento su obra estaba bien editada pero no tenía el futuro asegurado, una vez muerto el autor que no había terminado de consolidarse, el riesgo de ser relegado del mercado era lo evidente. Sin embargo no hay muerto malo, y menos cuando su historia es una versión de Rocky o la Cenicienta versión Literatura. Estos factores más 2666 (el libro latinoamericano con mejor título en 40 años) ayudaría a que llegara a los oídos de Patty Smith, la poeta y cantante norteamericana que al conocer la primera traducción de Detectives Salvajes no dudó en impulsar la carrera de un muerto.

Bolaño con Enrique Vila Matas.

A través del mito se vende mejor un personaje, y en eso tienen años de delantera los gringos. Patty Smith vendió a Bolaño prácticamente como drogadicto (cosa que en vida no fue), una especie de Rockstar poeta en un México salvaje de los 70s, época en que está ambientada  los Detectives Salvajes, entonces esa imagen joven, con melena, más drogas y mucho retro, fue lo que finalmente terminó por enganchar  al público especializado gringo. Un par de años después de fallecido el autor, en EE.UU. publicaban 2666 en su primera traducción en inglés, y gracias al mito como marketing el libro con todos sus méritos ganó el premio de la crítica de la estadounidense. Cómo consecuencia el público especializado ya crítica en Latinoamérica, como buenos alienados, empezaron a interesarse por este autor que recogía en su breve biografía todos los típicos de una leyenda (vivir la dictadura chilena, el exilio, ser inmigrante en Europa, y realmente poco más, pero que se vendió como LA VIDA DEL POETA).

Pero es recién a partir de 2010 a 2012 que se establece una auténtica HEGEMONÍA entre los lectores latinos menores de 30 años que descubren a Bolaño hasta volverlo un autor de culto. El resultado no podía ser mejor: los escritores jóvenes empezaron a dedicarle sus libros a través de epígrafes o la simple imitación. Bolaño lo había logrado.

Patti Smith con el libro 2666 de Roberto Bolaño.

Declive: más es menos

Toda HEGEMONÍA es un imperialismo y todo imperialismo no es eterno y menos en literatura. Bolaño paso de ser la alternativa de superación de la lacra del Boom latinoamericano (esa lacra narrativa por la que los lectores y por tanto los editores europeos buscaban en los nuevos autores latinoamericanos papagayos, tucanes  y mujeres volando), a convertirse en un estilo tomado y repetido de una u otra forma hasta el hartazgo.

El fenómeno de su declive es reciente. En los últimos cinco años el entusiasmo y cariño por la obra de Bolaño ha empezado a estancarse, incluso a enfriarse, las ventas no son lo que eran antes y menos desde que Alfaguara de hizo con los derechos de sus libros (Anagrama supo vender los libros a tiempo). El fenómeno pasó, su influencia sin embargo todavía se mantiene como nociva. Los imitadores no faltan. Yo mismo fui uno, mea culpa. El detalle es que todavía no emerge una superación de su narrativa, ni siquiera alternativas claras entre autores latinoamericanos. Tal vez como Bolaño exista otro escritor astuto que haya sabido leer el signo de los tiempos del mercado editorial. Tal vez este año, tal vez el próximo. Mientras el mercado espera.

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Cultura

Natalie Celio, una poeta subte e inédita

Lee la columna de Rodolfo Ybarra.

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Hace varios años que, en el centro de Lima, el rezago de la movida subterránea nos ha entregado excelentes poetas. Muchos de ellos, es cierto, derivaron en cierto conformismo o en integrarse al establishment y “combatir al monstruo desde adentro” y bla bla bla. Lo cierto es que un grupo de poetas, músicos y artistas undergrounds, todavía siguen haciendo lo que se hacía en los ochenta y el “hazlo tú mismo” con fanzines hechos a mano (El Poste del desaparecido Máskara, Los Poetas del Asfalto de Richi Lakra y Primo Mujica que va en el nro. 170!, etc.,) y en eventos callejeros con gran cantidad de público que abarrota sus convocatorias.

Una de estas personalidades, salida de esta poesía citadina y subte destroy hasta la médula, es Natalie Celio. Su poesía es venal, vivencial, con rasgos de saliva, lágrimas y sangre. Aunque su profesión tiene que ver con la salud, eso no es escollo para (de)mostrarnos que puede hacer de soprano al lado del mismo Chinaski: Me gustaría ser Bukowski, // haberte amado como conocido // una templada noche de mayo, unos centavos, un hotel // un corazón que termina, // cuando los perros rondan el infierno. O cantarnos de forma cruda y sin delay y sin reverb: Pensé que mi corazón se perdió en Lima // Bajo bolsas de plástico y periódicos amarillos. Eso y muchas figuras y metáforas salen como navajas de sus textos y uno no queda invicto ni sale ileso. Mejor leamos lo que ella nos dice de sí misma:

“Nacida en Comas, Lima un 7 de Setiembre. Enfermera de profesión y escritora por frustración, miembro del colectivo artístico independiente Poetas del Asfalto, donde colabora con artículos hasta la fecha. Fundadora y exintegrante del colectivo Poetálica, cantante de la banda de rock Cirko Terror; sin libros ni poemarios publicados pero no descarta en algún momento publicar algo cuando su odio o amor por Lima lo ordenen.

 A veces suele hacer relatos cortos con alter egos masculinos, el mejor toma el nombre de “Vito ” o “Miguel”, dueña de una página virtual poética llamada ” La ventana de Jezabel” en honor a la reina fenicia que en algún momento también se convierte en su alter ego en su mayoría en sus reflexiones filosóficas.

Seguirá escribiendo hasta cesar, bien su vida o su frustración.

Natalie Celio”

LIMA, LA PERDIDA

Guarda los pocos recuerdos que tuvimos,

ausculta, por ratos

 los latidos perdidos,

La rabia de los perros,

circulación mayor de los vicios.

Pensé que mi corazón se perdió en Lima

Bajo bolsas de plástico y periódicos amarillos,

Oliendo lo poco que queda del ayer

De su terrible colonización,

de virreyes,

tapadas y reformas borbonas,

de su quechua

sin signos.

Ayer bajo un vaso,

pensé verte en esta Lima,

Pero sólo fue un recuerdo más en el vacío,

que sació este vehemente olvido.

Lima, de tristes poetas,

negados

abatidos de mentes,

con forma y sin contenido,

 círculos religiosos

de “buena y mala poesía”

disfrazados de intelectuales,

 enfermos de conceptos.

Eres aquello que amo y odio,

eres la madre enferman que cuido y protejo

Querida Lima mía, no te mueras

Aún guardas buenos tiempos

de Revolución,

de Inkarri,

de bohemia

de tus niños limeños,

Si tu palacio no te salva, te salvarán los insatisfechos.

3,1416 DE TODO

Un beso es ahora

como contemplar una estrella,

Pero no por la excelencia

sino por la distancia,

Como aquella canción,

la delicadeza

el recuerdo de su melodía

años luz de tus sensibles tímpanos.

Recuerdo, un ósculo, no común, ni muchos,

Aquél que pueda hacer sentir a la muerte perderse miles de vidas.

Como unas alas,

como el regalo de la tierra

hacia el cielo.

Aún sueño …

Un beso ¿Qué no daría por un beso?

Todas las determinantes que nos separan,

aquél 3,1416 de todo,

La agonía de la mentira,

 y la verdad absoluta

Penúltima gota de vino

para saciar la beodez

del cinismo,

Eso es un beso, somos.

La máscara del amor, encono profundo y

después,

soñar despiertos

SER BUKOWSKI

Me gustaba ser Bukowski,

viajar en un carro elegante y rojo,

desgastar mis poemas en perecederos amores,

de esquinas, procaces

como aquello que me diste.

Me gustaría ser Bukowski,

así no prometer nada que no llegue a los 15 dólares,

costaba mi vida diaria,

decaer en Lima

eructar vapores etílicos,

como las piernas de las esquinas

quejarme por intentar dolerme.

Me gustaba ser Bukowski,

 vomitada de las sectas poéticas,

que no den un centavo por mí,

graznan, escépticos

mientras me dicen: ¿Por qué tú?

yo respondo: Por ustedes.

Me gustaría ser Bukowski,

haberte amado como conocido

una templada noche de mayo, unos centavos, un hotel

un corazón que termina,

cuando los perros rondan el infierno.

Me gustaba ser Bukowski,

aún tengo una jaula,

un pájaro azul en mi pecho,

en proceso de adaptación.

Me gustaría ser Bukowski,

y vivir bajo una niñez presente

entre mis demonios, evaporarse bajo alma de bovino,

caminar, pensante, por la ciudad

a punto de fagocitarme.

Me gustaba ser Bukowski.

tragarme la guerra,

mi leucemia,

mis otras dolencias,

acariciar mis personajes,

viciosos

perpetuos

pedófilos,

sudando el oficio errante del cartero;

Lima carece de muchos,

los pocos que quedan, piensan en volarse los sesos.

Me gustaría ser Bukowski,

no sería tercermundista

tal vez me compraría un rifle,

mi escuela se afilaría de cadáveres,

el patio del recreo,

a la última campanada de clase.

Me gustaba ser Bukowski

y aún no era Bukowski,

ni la última letra de su apellido

sólo fui la sensación, al pasar la hoja de su libro;

orean a mi, el amor infiere,

 como gatos que visten de negro en invierno

 aún no conozco el infierno,

y lo mejor de conocerlo,

es no serlo.

Me gustaría ser Bukowski,

 no decirte aquello que destella mis labios

cuando desnudos, quiera encontrar,

 tus ojos,

cuando desnudo, quieras huir,

de mis labios.

Tomaría el tinto, sin vaso

y a tu primera palabra interrumpiría

intenta

intenta

 solo soy una puta,

con sus propios poemas.

Don ´t try.

AYER, HOY… SIEMPRE

Hoy,

hay sinnúmero de cartas, 

en mi cabeza,

llenas de perversiones.

Ayer, hoy

siempre.

Supongo que esta mierda de aparato siempre me habla,

y no sé si será real

compadecer la figura,

o darlo por hecho.

Y entonces,

vuelve la paranoia

tomar, patear,

cerrar mis ojos,

escuchar el silencio

de los viejos edificios.

Mañana,

se encenderá una luz que

ayer tal vez ya no encienda.

(ven, huye descalzo y en puntillas) vete.

Bebe inalcanzablemente

mi cuerpo,

no olvides vaciar la botella,

suele caminar triste,

sin tu vacío dentro.

COMO PARA DECIRTE ADIÓS

Actúo, como para decirte adiós

sin preguntar con quién estás,

sin mirarte a la cara cuando tus ojos brillan

sin brillar, cuando tu sonrisa me ilumina.

Actúo, para decirte adiós

sin que te des cuenta,

y sonrío, mientras me tocas

y me iré contigo, sin que me lo pidas

para despedirme, sin que me des la bienvenida.

Te digo adiós, sin marcharme

buscando las manijas de nuestras horas,

no estaré cuando la noche te conozca

y llegaré cuando vea el día.

Te digo adiós,

esperaré al amor antes de darte un beso,

en nuestras despedidas malas,

al cerrarme la reja de tu casa.

Y mientras me dices te quiero,

No pienses en amarme mientras las aves regresen,

porque

mientras no estén, aún podemos amarnos.

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Cultura

“Un año más del asesinato de Javier Heraud”, por Percy Vilchez Salvatierra

Lee la columna de Percy Vilchez Salvatierra.

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Hace 59 años (15 de mayo de 1963) fue asesinado el poeta-guerrillero Javier Heraud y casi toda la gente de la poesía celebra su memoria. Eso es correcto puesto que su poesía, sin duda, es muy buena pero sus ideales políticos pueden y deben ser cuestionados, sobre todo, cuando le costaron la vida.

Siendo más claros, asesinaron a Heraud cuando estaba rodeado por pájaros y árboles como profetizó en un famoso poema pero no mataron a un evangelista ni a un santo. Mataron a un hombre que decidió ejercer la violencia contra un gobierno tan “democrático” y legítimo como los que le precedieron y como los que vinieron luego, esto es que no estaban exentos de imperfecciones y de algunos méritos, y esto debe ser señalado con rotunda claridad. Los propósitos o los motivos que lo impulsaron se valorarán de acuerdo al criterio de cada uno pero en los hechos fue un subversivo. De hecho, fue uno bastante inhábil.

Simplemente, lo mataron antes de que empezase a matar. Truncaron, así, la carrera de un poeta muy prometedor y, también, la carrera de un potencial asesino.

Como en todo en la vida, saber apreciar los matices en las conductas de las personas, sin incidir en la negación de todo valor ni en la complicidad o alcahuetería, lo es todo.

Particularmente, nunca vi en Heraud un paradigma ni nada por el estilo y aunque no le niego valentía al hecho de tomar las armas siempre me pareció ingenua y suicida su intentona “revolucionaria”.

En todo caso, el fin de Chirinos Cúneo, como bien escribió Hinostroza, o el de Juan Ojeda, para solo mencionar a otros poetas de la misma generación, fueron aun más terribles. Sucede que en el caso heraudiano ha primado el sesgo clasista habitual en cierto sector de nuestra sociedad para justificar la violencia política de sus “pares” más la predisposición del peruano para ser alcahuete y nada más.

A ver si la cortan un día por el bien de la poesía y de la memoria histórica nacional.

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Cultura

“Transando con la muerte” un libro de cuentos de Guillermo Quiroz

“El Dr. Guillermo Quiroz ha escrito, en clave de ficción, un puñado de historias en las que cada uno de nosotros puede ver temerariamente reflejado”.

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Edwin Cavello, Dr. Guillermo Quiroz y Gabriel Rimachi Sialer.

“Un corazón adulto late entre sesenta y cien veces por minuto. Podemos, a partir de este dato científico, imaginar la cantidad de veces que nuestro corazón ha latido hasta el momento en que usted se encuentre leyendo este libro. Tiempo. El corazón es una máquina que solo falla una vez y, esa única vez, puede ser para siempre”, se lee en la contratapa del libro presentado por la editorial Casatomada.

Pero el corazón no es sólo un músculo que permite la vida mientras esté activo, es un órgano muy complejo que está supeditado también a nuestras emociones más intensas. Desde la alegría de un nacimiento hasta el sobrecogimiento por la muerte de un ser querido, desde la emoción del primer beso hasta la tristeza que se diluye en un vaso de alcohol por el amor perdido, el corazón, nuestro corazón, va marcando a fuego nuestra existencia. En ese sentido, no podemos desligar nuestras emociones de aquella máquina de carne que nos mantiene de pie en esta vida. Y de eso trata justamente este libro.

Pocas veces hemos asistido al lanzamiento de un libro tan interesante como intenso. Una colección de cuentos donde encontramos eso que debe hacer la buena literatura: contarnos historias, sumergirnos en la experiencia ajena de sus personajes y convertirnos en testigos que no solo acompañan sus tragedias y alegrías, sino que también nos convierte en testigos silenciosos que los acompañan como una sombra sobre sus destinos. Y acá entra entonces la mano del escritor. Conozco al autor por este libro, y puedo deducir que es un gran lector y, sobre todo, un gran observador. Pero además hay un plus interesante y que resulta capital en todo esto: el Dr. Guillermo Quiroz es un médico cardiólogo. El amigo que todos queremos tener, por supuesto, muy cerca siempre. Ya la literatura nos ha entregado historias escritas por médicos y que han reflejado su profesión, con éxitos que contribuyen a la divulgación científica y a la denuncia social.

Remontémonos a un clásico indiscutible: Gustave Flaubert, hijo y nieto de médicos, que vivió durante su infancia en el hospital donde trabajaba su padre, y que defendió hasta su muerte que la escritura tenía que experimentar la misma proximidad con las personas que los médicos. A este ejercicio de profunda y obsesa observación, Flaubert bautizó como la mirada médica, y usó esta expresión en una carta en la que criticaba la novela Graziella, de Alphonse de Lamartine: “El escritor no tiene la mirada médica de la vida, esa visión de aquello que realmente importa, y que es el único medio para conseguir los grandes efectos de la emoción”. No juzga la obra por elementos como los personajes, la trama, o el estilo, sino por la falta de una mirada humana sobre los seres vivos y los sentimientos. Esto es, señores, la base de la literatura.

La lista de escritores que también fueron médicos es tan larga como extraordinaria: desde Arthur Conan Doyle , Anton Chéjov , Sigmund Freud, Frank Gill Slaughter, entre otros. Profesionales de la salud que decidieron aplicar sus conocimientos a la literatura. Centrémonos en un par de casos que considero bastante ilustrativos: Sir Arthur Conan Doyle , el creador de Sherlock Holmes, era un médico observador, con un potente razonamiento deductivo que lo llevaba a diagnosticar con un gran acierto las enfermedades de sus pacientes. Pero a finales del siglo XIX, estas habilidades le servían de poca cosa dado que la medicina era muy rudimentaria, comprendía pobremente el proceso patológico y no disponía de las pruebas necesarias para confirmar un diagnóstico; en cambio, en esa época nacía y prosperaba la ciencia forense, ya que se establecían las bases de la balística, y por primera vez se aplicaban la fotografía y las huellas dactilares como métodos de identificación. Por eso Conan Doyle, aburrido y frustrado por las limitaciones de la clínica, trasladó su inclinación por la observación al ámbito de la ciencia criminal. Cambió la bata blanca y el estetoscopio, que se acababa de inventar, por una gorra con visera doble y una lupa, y de esta manera se creó la novela de detectives, que ha sido la cuna de la popular novela negra actual.

Hasta aquí un panorama brevísimo pero intenso de la importancia que los hombres de ciencia han tenido en la literatura. En el Perú, en este momento, podemos decir que el libro del Dr. Guillermo Quiroz constituye un aporte valioso a la literatura desde la visión del médico, pues no solo nos acerca a los dramas en ese sencillo y plano ejercicio de la escritura a la que nos ha acostumbrado la moda editorial de los últimos años, sino que Quiroz les otorga dimensión a sus personajes y, sobre todo, los dota de humanidad. Los acerca al filo de la muerte y desde ese acercarse al abismo, nos cuenta el drama que sus vidas le infligen a sus corazones. Pero además sus historias constituyen también la radiografía de sectores altos, medios y bajos de la sociedad peruana. Acá todos tienen corazón. Y todos van a padecerlo en algún momento. Hay tristeza en el trágico destino de Rodrigo Junior, un dandy limeño que verá trastocada su vida por una afección coronaria que cerrará con una frase lapidaria: “Toda mi fortuna por un poco de salud, doc”; y de los lujosos espacios del Club Nacional pasamos a las carreteras que llevan al norte del Perú, donde un camionero descubrirá el amor a pesar de estar casado, y esta condición, que tan vivo lo hace sentir, lo llevará irremediablemente a la muerte. Pero hay también corazones que se encogen alrededor de un corazón ya muerto, como ocurre en Nunca dejé de fumar, cuento que cierra esta estupenda entrega de Guillermo Quiroz, y que nos enseña -sin buscar hacerlo, es decir, haciendo buena literatura- los estragos que provocan ciertos vicios tan humanos en nuestro organismo.

La pluma de Quiroz nos entrega también la observación de un médico escritor que es, además, un gran lector. Esta colección de cuentos se convierte así en un referente interesante y necesario dentro del panorama literario nacional, de historias donde la medicina interviene para determinar el destino de sus personajes. Y aquí, estimados amigos, en este preciso punto, todos podemos convertirnos también en personajes porque, al final de cuentas, todos nos vamos a morir. El asunto es “cómo”.

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Cultura

Taller de escritura “Escribir desde el abismo”, con el escritor Gabriel Rimachi Sialer

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El escritor, guionista y crítico literario británico, Graham Greene, cuya obra exploró la confusión del hombre moderno y trató asuntos sobre política o moralmente ambiguos en un trasfondo contemporáneo, dijo alguna vez que: “Escribir es una forma de terapia: a veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, o los que no pintan o componen música, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana”. La escritura, entonces, es una forma de exploración de aquellas oscuridades que nos conforman, que nos moldean y también que nos interpelen. En ellas yace el material que podría convertirse -si sabemos dónde y cómo buscar- en el material de nuestras mejores ficciones.

Este taller virtual, preparado por el escritor Gabriel Rimachi Sialer, te brindará las herramientas necesarias para que puedas empezar a escribir tus propias historias. ¿Cómo empezar? ¿Cómo estructurar y desarrollar una idea? ¿Cómo darles carácter a los personajes? ¿Cómo generar intensidad? ¿Cómo terminar la historia? Apoyados en lecturas seleccionadas y ejercicios creativos, recorreremos los distintos espacios temáticos que el cuento ha abordado, se reconocerá la estructura de una gran historia y el participante podrá desarrollar la propia, que será comentada en clase.

Además, se realizarán evaluaciones permanentes de acuerdo a los ejercicios desarrollados. Al finalizar el taller, los mejores textos serán publicados en la página web del Círculo de Lectores.

Sobre Gabriel Rimachi Sialer. Es autor de los libros de cuento “Despertares nocturnos”, “Canto en el infierno”, “El color del camaleón”, “El cazador de dinosaurios”, y la nouvelle “La increíble historia del capitán Ostra”. En 2011 obtuvo la beca de residencia literaria del Gran Ducado de Luxemburgo. En 2013 fue considerado en la antología nacional “El cuento peruano” editado por Petroperú. Su último libro de cuentos, “Historias extraordinarias”, fue considerando por el crítico literario Ricardo González Vigil entre los dos mejores libros de cuento publicado en 2020.

𝗜𝗡𝗜𝗖𝗜𝗢: martes 17 de mayo

DURACIÓN: 6 sesiones:

DÍAS: 17, 24, 31 de mayo y 7, 14, 21 de junio.

HORARIO: 8:00 p.m. – 9:30 p.m.

PLATAFORMA: Zoom

INVERSIÓN: S/200 soles

INFORMES E INSCRIPCIONES: info@circulodelectores.pe o al WhatsApp 920664682

Formas de pago: transferencia, Yape o Plin.

*** Se entregará material de lectura y certificación a nombre del Círculo de Lectores Perú.

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