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Literatura

Iniciamos la nueva campaña Lenguaje Perú Lee, 2020

Julio Barco

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La necesidad de motivar un encuentro de diálogos en estos tiempos llevó a Julio Barco, director del proyecto Lenguajeperu.pe y también autor de varios libros, a plantearse la idea de armar una serie de recitales, conferencias, conversatorios y diálogos que se desprendan de lo cotidiano y busquen menguar la necesidad de ansias o aturdimientos del Mundo Online contemporáneo.

La campaña Lenguaje Perú Lee entonces busca definir ese espacio donde se mueven los fluidos del la Literatura y la necesidad de conversar y difundir algo tan desvalorizado como la poesía; tomar los espacios públicos para desatar el delirio y la comunidad; empezar a establecer todo tipo de coordenadas; llenar la Matrix cotidiana de arte es desatar la mente y creatividad. ¿Para que la poesía peruana en el Perú? ¿Será para desatar las ideas adormecidas por la necedad de los medios de comunicación y las rutilantes ofertas del mercado? En ese plano, Barco viene trabajando tanto antologías como Plataformas Webs, Lenguaje Perú (1), lo que hace de su proyecto un espacio enriquecido para el conocimiento de la Literatura y Poesía Nacional. ¿De qué se compone el Evento de difundir la lectura en estos tiempos? De entrevistas, conciertos y recitales, conversatorios y entrevistas, todos en la fan page de Lenguaje Perú (2).

Como se suele pensar con desdén todo proyecto literario es visto como incapaz de sostenerse, sin embargo, hay algo cierto: nada puede matar la poesía ni las ganas de leer o hacer literatura; salvo ta vez la estupidez natural, pues, ella, inevitablemente crece, se desparrama; y empieza a conocer nuestros ecosistemas; hay algo de higuerilla en la poesía, de planta indómita, tal como expresó el recordado Julio Ramón Ribeyro. Simultáneamente a todo lo narrador, Barco dictará el taller “Reactualizando el software de la poesía peruana contemporánea” sustentado en 12 poemarios nacionales más su ensayo Poetizando (2020, lenguajeperúeditores) (3)

De 23 eventos, con poetas nacionales como Bethoven Medina (Trujillo), Albert Estrella (Cerro de Pasco, o novelistas como Daysy Arevalo, o gestores y poetas del norte peruano como Ray Paz ¿Quiénes están detrás de este proyecto? Así como Barco, tenemos a la joven poeta Rose Oviedo y a la diseñadora Noelia Mora (Conejo Blanco) Esta campaña, sin duda, logrará forjar mayor conocimiento en el área creativa de nuestro país. Como dice el director creativo del proyecto, “Si logramos que 10 jóvenes del Perú se interesen por leer habremos triunfado”, bajo estas coordenadas se ilumina la campaña.

AGENDA SETIEMBRE -OCTUBRE 2020

JUEVES 10 de setiembre

21:00 a 22:00 p.m. «Taller Poéticas Contemporáneas (Poetizando: claves y praxis)

Dictado por Julio Barco

(Primera clase Gratuita)

VIERNES 11 de setiembre

21:00 a 22:00 p.m. :»Concierto General»: «Yo construyo mi país con palabras (lado A) (ramificaciones y tesis)

(Leen: Pamela Janet Rodríguez, Albert Estrella, Willni Dávalos, entre otros)

Conducido por Rose Oviedo

SÁBADO 12 de setiembre

11:00 a 11:40 a.m. «Café, Revuelta & Letras«: Entrevista a Ray Paz (poeta y gestor cultural de Trujillo)

Conducido por Julio Barco

JUEVES 17 de setiembre

21:00 a 22:00 p.m. Taller Poéticas Contemporáneas (Poetizando: claves y praxis)

(Tema 2)

Dictado por Julio Barco

VIERNES 18 de setiembre

21:00 a 22:00 Conversatorio: ¿Qué poesía escribir en estos tiempos? (Invitados Especiales)

Conducido por Julio Barco y Rose Oviedo

SÁBADO 19 de setiembre

11:00 a 11:40 a.m. «Café, Revuelta & Letras«: Entrevista a Enmanuel Grau (escritor de Lima)

Conducido por Julio Barco

JUEVES 24 de setiembre

21:00 a 22:00 p.m. Taller Poéticas Contemporáneas (Poetizando: claves y praxis)

(Tema 3)

VIERNES 25 de setiembre

21:00 a 22:00 p.m. Homenaje al Movimiento Hora Zero (devenires líricos)

Invitados especiales : Ángel Garrido (poeta)

SÁBADO 26 de setiembre

11:00 a 11:40 a.m. «Café, Revuelta & Letras«: Entrevista a Daysy Arevalo (novelista Cusco) Conducido por Julio Barco

JUEVES 1 de octubre

21:00 a 22:00 p.m. Taller Poéticas Contemporáneas (Poetizando: claves y praxis)

(Tema 4)

VIERNES 2 de octubre

CONCIERTO GENERAL: Nuevas Voces de la Tribu (poéticas 3.0 online)

Recital + Conversatorio

SÁBADO 3 de octubre

11:00 a 11:40 a.m. «Café, Revuelta & Letras«: Entrevista a Daisy Saravia (escritora tusán)

Conducido por Julio Barco

JUEVES 8 de octubre

21:00 a 22:00 p.m. Taller Poéticas Contemporáneas (Poetizando: claves y praxis)

(Tema 5) / Cierre del taller

VIERNES 9 de octubre

CONCIERTO GENERAL: Antologados de «Yo construyo mi país con palabras (lado A)» (antología de 64 poetas por Julio Barco)

Recital + Conversatorio + presentación /Cierre del proyecto.

SÁBADO 10 de octubre

11:00 a 11:40 a.m. «Café, Revuelta & Letras«: Entrevista a Bethoven Medina (poeta de Trujillo) (Conducido por Julio Barco)

Conducido por Julio Barco

ORGANIZAN:
Poético Río Hablador
Lenguaje Perú Editores
Editorial Higuerilla

Nota: más información sobre el taller

(1) lenguajeperu.pe

(2)Toda la temporada de la Campaña Lenguaje Perú Lee se trasmitirá en este link (3) Pueden leer más información en este link: https://lenguajeperu.pe/2020/09/10/taller-reactualizando-el-sofware-de-la-poesia-peruana-contemporanea-dirige-julio-barco

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Cultura

Luis E. Valcárcel, el profeta de los andes

En las primeras décadas siglo XX, se desarrolló uno de los temas más polémicos y controversiales de nuestra historia: “el problema del indio”. Analizado desde distintos campos (la literatura, la antropología, la filosofía y la política), todos apuntaban hacia un mismo objetivo: la reivindicación del ser más explotado y deshumanizado de nuestra nación.

Joe Guzmán

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Después de muchos años en que se le negó la identidad, aparecieron autores importantísimos que buscaban resaltar la importancia del indígena en la construcción heterogénea de nuestro país. Para José María Arguedas, el indigenismo se dividía claramente en tres períodos: indigenismo arqueológico (Julio C. Tello), indigenismo dualista (José Carlos Mariátegui y Luis E. Valcárcel) e indigenismo culturalista (Arguedas y Ciro Alegría), sin dejar de lado la importante figura que simbolizó Manuel Gonzáles Prada.  Aunque también hay que recalcar que hubo algunos escritores que, debido a una mala interpretación de la cultura andina, criticaron y desdeñaron sus creencias y cosmovisión. El caso más emblemático es el de Vargas Llosa con su libro “La utopía arcaica, José María Arguedas y las ficciones del indigenismo”.

Entre los mencionados, Luis E. Valcárcel fue el que más sintió el dolor y la pesadumbre de tantos años de injusticias, teniendo una posición mesiánica exaltada con el ánimo de reivindicar el espíritu del mundo indígena. En obras como “Del ayllu al imperio” “De la vida inkaica”, “Tempestad en los andes”, “Historia del Perú antiguo”, contribuyó al conocimiento amplio de nuestra historia prehispánica, no dejando ni un solo momento de enaltecer el mundo andino, ni de lanzar críticas muy hirientes hacia las formas de vida que se adoptaron en la colonización.  

Para Valcárcel, el andinismo es el puro sentimiento de la naturaleza y el derecho a una vida sosegada que busca el bienestar de todos. Es la promesa de la moral de todo un grupo que sirve como oposición ante la falta de valores que ha ido perdiendo nuestro país. Toda esta idealización del mundo andino toma forma cuando entra en contacto con las ideas de Mariátegui, quien consideraba que una verdadera revolución socialista no se podría concebir si no existe una solidaridad con las reivindicaciones indígenas.  Fue él quien animó la publicación de “Tempestad en los andes”, además de escribir el prólogo.

Pocos escritores como Valcárcel han sabido plasmar en sus textos el amor hacia su tierra, comunidad y raza. De este noble sentimiento nacieron las líneas más bellas sobre lo andino, pero también las más amargas y desafiantes.

“Oh, tierra del Inca: los hombres nacieron, lucharon, murieron, dejaron su huella, garras de león o aletazos de cóndor, y tú, impasible, abuela sobrehumana, seguiste tejiendo los siglos. Eres tierra de eternidad y de misterio, eres como la roca inconmovible; te lamen las aguas del tiempo y apenas fijan sus cristales”. (Extraído de “De la vida Inkaika”)

“Un día alumbrará el sol de sangre, el Yawar Inti y todas las aguas de teñirán de rojo: púrpura se tornarán las linfas del Titikaka; de púrpura, aun los arroyos cristalinos. Subirá la sangre hasta las altas y nevadas cúspides. Terrible día de sol de sangre”. (Extraído de “Tempestad en los andes”)

Estos dos fragmentos representan fielmente el espíritu de Valcárcel. La belleza y el dolor unidos en un mundo, dos elementos indisolubles de una historia, cuyas heridas aún no terminan por cerrar. Justamente esto último es lo que quiso demostrar en sus textos, las terribles consecuencias que produjo la colonización en el mundo indígena (perduran hasta la actualidad).

Los colonizadores expropiaron a las poblaciones, reprimieron las formas de producción del conocimiento andino y forzaron a aprender la cultura de los dominadores como forma de subordinación. Buscaron todas las maneras posibles para que los indios se consideren como una raza inferior e irracional.  La concepción del trabajo fue tergiversada totalmente, pasamos de un agrarismo, en el que la relación hombre-naturaleza era de carácter divino y solidario, a una actividad laboral que fue la primera causa de mortandad entre los indígenas.

Valcárcel valoraba la concepción del trabajo en el mundo prehispánico para poder denunciar y acusar el maltrato que sufren los indígenas. Asimismo consideraba que se debe volver a esa reconciliación entre hombre-trabajo-naturaleza para poder alcanzar una purificación individual y reivindicación con nuestra propia historia.

“El amor a la tierra, la solidaridad y la cooperación en el vivir, la sencillez de las costumbres, la fecunda disciplina, el dinamismo volitivo, el hábito del trabajo, el predominio del interés social, el principio de la función como determinante del valor del individuo …”.

Según José Carlos Mariátegui, Luis E. Valcárcel, en su obra “Tempestad en los andes”, se viste de profeta con el objetivo de concientizar sobre la problemática indígena para poder renacer las buenas costumbres prehispánicas, todo ello con un afán de ajusticiamiento nacional. Cuando se habla de un pasado, obviamente no se hace referencia a una regresión total de los modos de vida que había en el Tahuantinsuyo (gran error que cometen algunas personas para criticar la importancia del inkario), sino que apunta hacia algo mucho más importante: el regreso al espíritu de una colectividad solidaria para la construcción del futuro. Solo esto nos ayudará a transformar nuestra nación. Hace hincapié en el desdén que se tiene hacia la tradición autóctona y alienta a los hombres de los andes a luchar y vivir haciendo honor a un pasado que consideraba “glorioso”.

“En el futuro, el Perú tendrá que volver la vista hacia la milenaria tradición agrícola de un pueblo como el andino, al que no le faltó nunca el alimento y que siempre mantuvo un alto índice de nutrición”.

Para Valcárcel, la colectividad lo es todo en la sociedad. El éxito del rápido progreso del Inkario se debió a dos factores principales: la cooperación y la solidaridad. Cada individuo de un grupo adquiría importancia debido a su participación en una comunidad.

Al igual que Gonzáles Prada, Valcárcel también fue crítico ante el cristianismo, considerando que el europeo concibe como síntesis de la existencia la conquista de ultratumba, a diferencia del pueblo andino, que vivió con un sentimiento de seguridad ante la muerte, alcanzando una confianza en el actuar de los hombres y en la alegría de su existencia. Luis A. Sánchez menciona que la Iglesia tardó cincuenta años en reconocer la independencia del Perú, dato muy interesante que permite sacar nuestras propias conclusiones respecto a los intereses de la iglesia en nuestra historia.

Hay que tener en cuenta que la postura de Valcárcel respecto a la colonización lo llevó a escribir algunos textos muy polémicos y debatibles. Se puede tomar como ejemplo el tema del mestizaje, respecto a ello opina lo siguiente:

“Se han mezclado las culturas. Nace del vientre de América un nuevo ser híbrido: no hereda las virtudes ancestrales sino los vicios y las taras. El mestizaje de las culturas no produce sino deformidades”.

Este concepto controversial que tiene sobre el mestizaje es contrastado con las ideas que sostiene José Uriel García en su libro “El nuevo indio”. Este autor propone una armonía entre lo andino y lo español, señalando que el mestizaje es el comienzo del americano total, un estado de espíritu en que se manifiesta la vida cotidiana y la voluntad de nuestros pueblos. El amestizamiento genera un nuevo espíritu que avanza hacia el porvenir y en la realización del “nuevo indio”. Las ideas de Uriel García son muy similares a las que propone José Vasconcelos en su libro “La raza cósmica”.

Es muy importante tener en consideración que la idea de “las razas” nacen con la conquista de América, siendo un eficaz instrumento de dominación social y de control del trabajo. Para Aníbal Quijano, hay una relación directa entre las nuevas identidades raciales y las formas de control laboral no pagadas y no asalariadas; desarrollándose entre “los blancos” la percepción de que el trabajo pagado era privilegio de ellos y no de los indígenas, ni de las personas de raza negra.

Por ello, Valcárcel persiste en escribir respecto al conflicto de las razas, considerando a los “blancos” como usurpadores, opresores, extraños y extravagantes, que no solo sustituyeron al espíritu indígena, sino también a una clase social. Resaltó que el Perú siguió siendo un pueblo de indios en proceso de concientización para la renovación y transformación del país.

Existe un predominio de la subjetividad y romantización del mundo andino en los textos de Valcárcel. La pasión y el desenfreno con que escribió y expuso el amor que tenía hacia sus raíces, la forma descarnada e hiriente de criticar la degradación de los andinos afincados en la capital y la exagerada añoranza del renacimiento incaico le ocasionó muchas interrogantes, polémicas y debates; sin embargo, uno de sus grandes méritos consistió en que supo luchar contra un contexto plagado de prejuicios generalizados sobre la inferioridad del indio y la terrible condición de vida que lo reducía a un simple siervo. Sus obras y actitud ante la vida son el reflejo de un hombre libre que siempre buscó la justicia y el bienestar de la comunidad andina.

En su condición de maestro, historiador y antropólogo ayudó a desentrañar y visibilizar uno de los grandes problemas que interfieren en la reconstrucción nacional. En sus escritos se evidencia que aún no hemos logrado deshacer la colonialidad, ya que esta permanece latente como forma de explotación laboral, en los actos de racismo y en la jerarquización de la sociedad (basta ver lo que ocurre en la actualidad). Mientras que no se resuelva estas cuestiones no podremos encontrar una identidad nacional.

Cada autor es una antena de su tiempo, Valcárcel lo fue de casi todo el siglo XX. Nació en Ilo el 8 de febrero de 1891 y murió en Lima el 26 de diciembre de 1987. La lectura de sus obras debe ser fundamental, especialmente en el ámbito educativo.

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Actualidad

“Zona de turbulencia”, por Jaime Bayly

Redacción Lima Gris

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Ciertas semanas se presentan sin anunciar que vienen preñadas de infortunios, sin dejarnos saber que el aire que traen está viciado y se deslizará dentro de nosotros como un veneno translúcido e inasible que nos condenará a la tristeza y, peor, al desasosiego, como esos vuelos que de pronto se hunden en una zona de turbulencia severa sin que el capitán nos alerte a tiempo del peligro que nos acecha.

Así fue para Barclays y su esposa la semana que acaba de transcurrir.

Una noche Barclays volvió a casa, tras presentar su programa de televisión, y encontró a su esposa Silvana en estado de ansiedad. Ella había bebido vino, como todas las noches, pero tal vez aquella noche había bebido algo más de lo acostumbrado, porque salió con una amiga española a un café de la isla donde vivía. Nada más saludarla, Barclays notó que su esposa estaba levemente alcoholizada, seriamente enfadada.

-¿Has estado leyendo mi diario? -le preguntó ella.

Sorprendido, Barclays respondió:

-¿Qué diario?

En efecto, Barclays ignoraba que su esposa tenía un cuaderno verde en el que escribía a mano los apuntes o las observaciones que le dejaban los días.

Subieron al dormitorio de Silvana. Ella abrió un cajón de su escritorio y sacó el cuaderno verde.

-Alguien ha estado leyendo mi diario -dijo-. Porque yo no lo dejo en este cajón. Lo dejo siempre en el cajón de arriba, debajo de estos papeles -prosiguió.

-Yo no he tocado nada -dijo Barclays-. No sabía que tenías un diario.

Silvana miró a su esposo seriamente, a los ojos, como preguntándose si podía confiar en él.

-Si no has tocado mi diario, entonces ha sido Tatiana -dijo la esposa.

Tatiana era la empleada doméstica que vivía con los Barclays.

-No creo que Tatiana se metería a espiar tus papeles -dijo Barclays.

Luego se animó a decirle a su esposa lo que de verdad pensaba:

-Lo más probable es que tú misma lo has puesto en el cajón de abajo, sin darte cuenta.

-No creo -dijo, muy seria, la esposa.

Al día siguiente, la señora Barclays le preguntó a Tatiana si había leído su cuaderno verde. Con gesto risueño, Tatiana dijo:

-No, señora, cómo se le ocurre.

Silvana se quedó pensando que tal vez su esposo había leído el diario y ahora le mentía.

Esa tarde, mientras almorzaban en la cocina de la casa, Silvana le dijo a su esposo:

-Dice Martina que quiere irse una semana a Las Vegas con sus amigas.

Martina era una señora que trabajaba en la casa de los Barclays. Llegaba a las siete de la mañana, le servía el desayuno a la niña Sol Barclays y enseguida la llevaba al colegio. ¿Por qué Barclays no llevaba a su hija al colegio? Porque dormía hasta la una de la tarde. ¿Por qué Silvana no llevaba a su hija al colegio? Porque dormía hasta las diez de la mañana. Para Barclays y su esposa, levantarse a las siete de la mañana suponía un trauma mayúsculo que les arruinaba el día. Por eso habían contratado a Martina.

-¿No se suponía que Martina estaba mal de plata? -preguntó Barclays.

-Está mal de plata -dijo Silvana-. Su novio la dejó y le robó casi todos sus ahorros, diez mil dólares.

-¿Y entonces para qué quiere ir a Las Vegas? -preguntó Barclays.

-Para apostar los últimos mil dólares que le quedan -dijo Silvana.

Irritado porque le parecía que Martina gobernaba su existencia de un modo irracional, divorciado del buen juicio y el sentido común, Barclays le dijo a su esposa:

-Dile a Martina que puede irse a Las Vegas. Pero, cuando regrese, tiene que hacer una cuarentena de dos semanas. Es decir que serían tres semanas sin venir a la casa: la semana que pasará en Las Vegas y las dos semanas que hará cuarentena, al volver.

Silvana asintió y preguntó:

-¿Le pagaríamos esas tres semanas?

Barclays se puso mezquino:

-No. De ninguna manera. Si no trabaja, no cobra.

Tras decir eso, pensó: Estoy hablando como mi madre. Debería ser más flexible, pero no puedo.

-Yo llevaré a Sol al colegio las semanas que no venga Martina -dijo Barclays.

Tatiana no podía llevar a la niña al colegio porque no sabía manejar un auto.

Enterada Martina de que los Barclays no le pagarían tres semanas si viajaba a Las Vegas, prefirió cancelar su viaje. Tal vez pensó que sus jefes eran demasiado estrictos, pero no se atrevió a decirles nada.

Como Martina ganaba el doble que Tatiana y trabajaba mucho menos, Barclays era muy cuidadoso en dejarle su cheque mensual en un sobre cerrado, para que Tatiana no fuese a enterarse de que Martina ganaba más que ella. ¿Por qué Martina ganaba más que Tatiana, si trabajaba apenas dos horas al día, y Tatiana en cambio trabajaba el día entero, sin quejarse nunca, y durmiendo en casa de los Barclays? Principalmente, porque Martina era una señora de cincuenta y seis años, que llevaba más tiempo trabajando con los Barclays, y había pedido varios aumentos salariales, siempre que se le presentaba un problema con alguno de sus novios que, tarde o temprano, le robaban dinero, la estafaban, la decepcionaban. Tatiana, por su parte, era una jovencita de apenas veinticinco años, que todo lo hacía contenta, cantando, sin quejarse, sin meterse en problemas, y por eso los Barclays la adoraban, especialmente la niña Sol, que veía a Tatiana no como una empleada, sino como su amiga. Cuando los Barclays viajaban, Tatiana viajaba con ellos y era ya como parte de la familia.

Al comenzar el mes, Barclays le dejó a Martina un sobre cerrado, con el cheque de su salario, en la mesa de la cocina. Confiaba en que Martina sería discreta al abrir el sobre y no le contaría a Tatiana cuánto ganaba. Aquella noche, al volver de la televisión, comiendo tostadas con queso en la cocina, acompañado de su esposa, Barclays encontró, en la alacena, al lado de las tostadas, el cheque de Martina. Barclays y su esposa se miraron perplejos, consternados. ¿Cómo era posible que Martina hubiese sacado el cheque del sobre cerrado, dejándolo olvidado en uno de los estantes de la alacena? ¿Lo había hecho deliberadamente, para informar a Tatiana de cuánto ganaba, para incordiarla, para humillarla? Porque, desde luego, Martina y Tatiana no se llevaban bien, nada bien, y se veían con el recelo y la animosidad que surgen naturalmente cuando dos personas compiten en un mismo oficio, en un mismo centro de trabajo.

Furioso, Barclays exclamó:

-¡Cómo carajos Martina deja su cheque en la cocina! ¡Cómo puede ser tan descuidada!

Silvana le escribió enseguida a Martina, preguntándole por qué había dejado el cheque en la alacena. Martina respondió sin demora:

-Mil disculpas, señora. Deposité el cheque por teléfono y se me perdió. Lo busqué por todos lados, incluso en la basura, pero no pude encontrarlo.

Barclays no le creyó:

-Ha dejado el cheque para joder a Tatiana -sentenció.

A pesar de que Silvana defendió a Martina y alegó que cualquiera podía perder algo de valor, Barclays le escribió un escueto correo electrónico, diciéndole:

-No puedes ser tan descuidada, Martina. Ya Tatiana sabe cuánto ganas. Ya sabe que ganas el doble que ella. Ahora tengo que subirle el sueldo, obviamente. Todo por tu culpa, Martina. Has perdido mi confianza. No seguirás trabajando con nosotros. Por favor, pasa mañana a dejar las llaves de la casa.

Al día siguiente Martina pasó temprano y dejó las llaves. Le escribió un largo correo a Barclays, agradeciéndole por todos los años que había trabajado para él y pidiéndole una segunda oportunidad. Barclays no le respondió. Se sintió malo, mezquino, cruel. Se sintió excesivamente riguroso, injusto. No encontró compasión en su espíritu para perdonar a Martina.

Cada día me parezco más a mi padre, a mi madre, pensó Barclays. Sin darme cuenta, a veces termino siendo un monstruo. ¿No se me ha perdido alguna vez algo de valor? ¿No se me perdió el pasaporte no hace mucho y tuve que cancelar el viaje? ¿Por qué no puedo comprender y perdonar en Martina lo que bien podría haberme pasado a mí mismo?

La verdad es que Barclays llevaba tiempo pensando que Martina era una mujer demasiado torpe para trabajar con su familia, que su contribución era muy escasa y su salario, desproporcionadamente alto. Quizás entonces estaba esperando una ocasión propicia para despedirla y sacudirse de ella. Porque en su fuero íntimo, Barclays pensaba, y a veces se lo decía a su esposa:

-Si alguien nos va a traer el coronavirus a la casa, sin duda es Martina.

Culposo, pero no del todo arrepentido, Barclays le escribió un correo a Martina, diciéndole:

-Cuando estemos todos vacunados, quizás quieras volver a trabajar con nosotros.

En medio de esas tribulaciones y remordimientos, Barclays tuvo que rendirse moralmente ante un periódico de su país.

Años atrás, el director de ese periódico le había dado de baja como columnista, lo había despedido, alegando que sus columnas habían provocado quejas airadas de lectores moralistas y una amonestación por parte del tribunal de ética del consejo de prensa local. Humillado, Barclays había mudado su columna semanal a otro diario.

Ahora Barclays quería leer todos los días la versión digital del diario que lo había despedido, pero no podía hacerlo, porque le exigían suscribirse. Durante meses, se había frustrado, tratando de leer a sus columnistas favoritos, o ciertos artículos que despertaban su interés, para acabar tropezando, una y otra vez, con un muro, una pared infranqueable: si quiere seguir leyendo, tiene que suscribirse, amigo lector.

Entonces Barclays pensaba: No puedo suscribirme, no puedo pagarle un centavo al diario, porque el director que me despidió sigue siendo el jefe, el mandamás: si me suscribo y le pago, será una rendición, una derrota moral, una claudicación en toda la línea. De manera que, durante meses, Barclays salvaba su dignidad, o eso creía, pero se quedaba con las ganas de leer el contenido de aquel periódico cuyo director lo había despedido.

Finalmente, Barclays se rindió. No por eso perdonó al director que lo había despedido. A no dudarlo las copiosas reservas de rencor que sentía contra él lo acompañarían el resto de su existencia. Pero, entretanto, y aun odiando al director, no quería privarse del ocasional placer de leer ciertos textos de ese periódico. Derrotado, Barclays escribió el número de su tarjeta de crédito y pagó un año por adelantado, a razón de seis dólares por mes.

-He perdido -se dijo Barclays-. Una vez más, he perdido.

Minutos después, le apareció en su bandeja de entrada un correo con la foto del director del periódico, su enemigo, que le decía, con una gran sonrisa:

-¡Bienvenido, estimado lector!

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Cultura

¡Corre, Lito, corre!, por Helen Hesse

Helen Hesse

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—La Luna de tu novio se encuentra en Capricornio y la tuya en Aries.

—¿Y eso es malo? —le pregunto a la astróloga mientras miro aterrada la pantalla del computador (con esta pandemia todo se ha vuelto on line).

—Déjame ver. Uy, tienes a Urano retrógrado en casa VII que hace oposición con su Marte en casa I.

—Ya… imagino que no son buenas noticias.

—Definitivamente no, con esas cuadraturas tu pareja podría sufrir hasta un accidente fatal.

—¡¿Es en serio?!

—Lo único que los salva es la compatibilidad solar, porque él es Cáncer, y tú, Piscis. El resto es un desastre, querida.

Esta nefasta predicción revelada me costó 150 dólares. Y la culpa de este mal rato se la debo a mi amiga Maite Benites, quien fue la que me recomendó a esta especie de Maléfica. Ahora no sé si esta seudo astróloga me ha embaucado o si es cierto que los planetas de Lito y los míos no están alineados y esto podría llevarlo infaustamente a la muerte. 

Maite es mi amiga de toda la vida. El primer recuerdo que se me viene a la cabeza cada vez que pienso en ella es el del patio de mi colegio, uno de los más religiosos de Lima, por cierto. La demente de mi amiga había encontrado un escondite detrás del patio de primaria donde nos reuníamos en el recreo algunas ilusas adolescentes para contactarnos con los espíritus chocarreros. Nuestro vehículo: el voluminoso libro Baldor. Maite, como en un ritual mágico, buscaba cualquier ilustración de aquel gordo libro, colocaba encima unas tijeras de acero, lo envolvía todo con un pañuelo morado que había hurtado de su mamá, y luego recitaba un cántico raro. Otras dos tocábamos los ojales de las tijeras y, bueno, lo demás es historia. De pronto, la tijera se movía y podíamos preguntarle lo que quisiéramos. Eran los noventa y no existían películas como El Conjuro o La Ouija, así que nadie tenía miedo de que ocurriera alguna posesión demoniaca. Más bien, era toda una novedad, así que nos moríamos de curiosidad por conocer nuestro futuro; y qué mejor si los vaticinios venían de personalidades tan ilustres como Arquímedes, Pitágoras o Platón. Todo iba viento en popa hasta que un día —como siempre ocurre con toda aventura que se precie— alguien nos acusó con la Madre Superiora y todas terminamos con matrícula condicional.

Después de ese suceso Maite quedó fichada, tanto por las monjas del cole como por nuestros padres. Se convirtió en una apestada, en el bicho raro. El sueño de Maite era ser astróloga, pero su papá, un abogado muy serio e importante, la obligó a estudiar Derecho para continuar con el legado familiar. Se convirtió en una gran abogada, aunque continúo con sus estudios paralelos en esoterismo. Las amigas que continuamos frecuentándola sabíamos de sus aventuras esotéricas, pero en esta vez sí se pasó.

—Maite, ¡la bruja que me recomendaste predijo que Lito se iba a morir si continuábamos juntos! Pucha, recontra mala onda. Le pagué 150 dólares para que me diga que mi planeta asesinará a mi flaco. ¡No puede ser!

—Beatriz, cálmate, respira.

—¿Dónde conseguiste a esa bruja del mal?

—La conocí por medio de Phrabu Kavi Chandra, mi gurú. ¿Te acuerdas de él?

—¿El viejito que me presentaste la vez que pasamos un fin de semana en el Ashram de los Hare Krishna y dormimos en una habitación hecha de caca de vaca?

—Así es.

—Ya, y tú dime, ¿qué hago ahora yo con ese vaticinio?

—Bea, percibo que estás demasiado alterada. ¿Desde hace cuánto que no te haces una alineación de los chacras?

—No te hagas la loca, Maite. 

—Déjame conversar con la astróloga y luego te hablo. ¿Te parece?

¿Quién me manda a contactarme con astrólogos o videntes en estos tiempos de pandemia? Las posibilidades de que el vaticinio se cumpla en esta época son elevadísimas, sobre todo con tanta muerte por el Covid-19. Lito corre riesgo ahora que Urano, un planeta malvado que se encuentra en la Casa VII de mi carta natal, lo puede asesinar.

No aguanté más y le comenté lo sucedido a Annabelle.

—¡Ni los astros lo quieren! —me dijo sonriente.

—No es broma, Annabelle ¿Crees que deba contarle a Lito?

—¿Es en serio, Bea? ¿Estás creyendo en esas tonteras? Lo único cierto de ese vaticinio es que esa farsante te sacó 150 dólares en treinta minutos.

Annabelle tiene razón, las probabilidades de que haya sido víctima de una estafa son más altas de que esa «profecía» se cumpla. ¿Qué necesidad masoquista tenemos algunos seres humanos de buscar las respuestas a nuestras interrogantes en el universo? ¿Qué culpa tiene el pobre planeta Urano, que además no puede defenderse de las calumnias de una falsa vidente? Ay, Maite, desde el colegio, siempre me metes en líos.

Estaba en esas cavilaciones cuando sonó el celular. Es Lito.

—Bea, no te preocupes por lo que te voy a decir, pero acabo de tener un pequeño accidente.

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Cultura

Falleció Luis Urteaga Cabrera, el último escritor maldito del Perú

Hoy por la mañana falleció en Pueblo Libre, en su casa de la calle Kennedy, el gran escritor peruano Luis Urteaga Cabrera.

Gabriel Rimachi Sialer

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Luis Urteaga Cabrera. Foto: Edwin Cavello Limas.

En 1999 leí, gracias a una recomendación de Rodolfo Ybarra, una novela que me marcó profundamente por sus imágenes, su lenguaje, su ternura y su violencia. Se llamaba “Los hijos del orden” y su historia desarrollaba el devenir de un muchacho provinciano al interior de la cárcel de menores conocida como “Maranguita”. Hombre inaccesible según dos amistades que me aseguraban conocerlo, había escrito un libro que, en su momento, fue considerado por la crítica como la novela más violenta escrita en la historia de la literatura peruana. El libro, además, había sido premiado en Argentina por un jurado compuesto por Juan Carlos Onetti, Severo Sarduy y María Rosa Oliver, y había ganado en Perú el premio José María Arguedas con un jurado compuesto por Abelardo Oquendo, José Miguel Oviedo y Alberto Escobar. Con todo ese enorme peso de reconocimiento encima, me resultaba increíble que no hubiera una reedición de semejante libro.

Urteaga Cabrera llevaba 40 años sin aparecer ante el público y se negaba a entrevistas y fotografías, por lo que en Internet solo figuraban un par de fotos suyas y datos de este y otros libros suyos (sus aportes a la literatura de la selva son muy valiosos). Gracias a Alessandra Tenorio supe que vivía en Pueblo Libre y que ella era, además y para sorpresa mía, gran amiga de su hijo, Julián. Y sin embargo no aceptaba visitas. Ya le había contado a Juanma Chavez en repetidas oportunidades de mi gusto por esa novela y de la necesidad de reeditarla para que encontrara nuevos lectores, porque me parecía sumamente injusto que una historia así desapareciera o se ocultara.

En 2014 y durante la Feria Internacional del Libro de Huancayo, Juan Manuel Chávez reconoció a la esposa de Urteaga Cabrera entre el público y se le acercó. “Era ahora o nunca, compare”, me dijo después por teléfono. Le preguntó si era posible reunirnos con Luis Urteaga Cabrera, que estábamos interesados en la editorial en reeditar “Los hijos del orden” y que le agradeceríamos la gentileza de tender el puente. A los pocos días Juan Manuel recibió un escueto mail de Urteaga, directo a la yugular: “Buenos días, señor Chávez. Me dice mi esposa que usted se le ha acercado a preguntar por mí. Dígame qué pretende”. Punto. A los dos se nos pararon los pelos. Juan Manuel le respondió contándole de nuestro interés, y Lucho Urteaga aceptó recibirnos.

De ese primer encuentro, entre vinos y una muy interesante conversación, tengo grabadas 2 horas de cómo nació el libro, de los avatares que tuvo que pasar el autor, de la recepción de los lectores en su momento, de lo que le significó a él como escritor y del destino silencioso de su obra. Aceptó entonces que reeditáramos el libro en el que incluiría, además, un testimonio suyo contando cómo nació la novela (que es otra historia tras la historia misma), y que, en agradecimiento, aceptaba asistir a la presentación. Salir de la casa de un escritor al que admiras, con la promesa y los papeles donde acepta la reedición de un libro que has seguido por años, es algo que pocas veces se puede explicar. Era una mezcla entre emoción, alegría y temor, porque, además, el libro formaba parte de la colección “Clásicos peruanos contemporáneos” (que estaba a cargo de Juan Manuel) y en el que ya habíamos publicado a Siu Kam Wen, Oswaldo Reynoso, Carlos Calderón Fajardo e Isaac Goldemberg. Pero a pesar de la leyenda que se había tejido alrededor de Urteaga Cabrera, yo sentía que le alegraba saber que el interés por su novela no se había extinguido, y que esta reedición significaba, además, un reconocimiento, un segundo aire a ese trabajo que le dedicó durante décadas a la escritura.

Nueva edición de “Los hijos del orden”. Editorial CasaTomada.

La noche de la presentación, Urteaga Cabrera llegó a un auditorio repleto al tope en el Centro Cultural de España. La prensa acogió este retorno como lo que era: el reconocimiento merecido a un autor y su obra. Y así fue. Posteriormente le fue entregado el Premio de la Casa de la Literatura Peruana y sus lectores crecieron, porque ese es, finalmente, el premio verdadero que todo escritor anhela: tener quién lo lea. Hoy que me entero de su muerte, me apena mucho su partida, pero me reconforta sentir que, tal vez, por un momento y de forma ajena y lejana, fui parte de una repentina alegría.

De izquierda a derecha: Gabriel Rimachi Sialer, Juan Manuel Chávez, Luis Urteaga Cabrera, Roberto Reyes Tarazona y Julián Urteaga (hijo). Foto: Edwin Cavello.

Al final de la edición definitiva que publicamos en Casatomada de “Los hijos del orden”, Luis Urteaga Cabrera escribió:
“Yo suponía que el destino que tendría mi novela sería el mismo que tuvieron sus protagonistas: la desaparición y el olvido. Y tal vez esto hubiera sido lo mejor para que no lastime la sensibilidad de las nuevas generaciones de lectores. Pero los amigos Gabriel Rimachi Sialer y Juan Manuel Chávez, de Casatomada, han decidido que no suceda esto. Ellos piensan que “Los hijos del orden” debe seguir fustigando las conciencias receptivas a fin de conquistar el respeto a la dignidad y la vida que se merecen los desheredados de nuestro país”.

Y no hay más que decir. Descanse en paz, Luis Urteaga Cabrera, gracias por habernos acercado a un Perú desconocido por muchos. Gracias por haber formado parte de mi formación como lector y como escritor. Y gracias a Juan Manuel Chávez, Alessandra Tenorio, Julián Urteaga, Roberto Reyes Tarazona, Silvia Príncipe y a todos los que hicieron posible que la obra de Urteaga Cabrera siga viva entre sus lectores.

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Cultura

¿Cómo no ir a Marte?, por Helen Hesse

Helen Hesse

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Lito sabe que cuando escucho «Molly Smiles», de Jesse Spencer, estoy pensando en mi papá. Sabe, también, que inevitablemente me pondré triste, y más aún por lo que pasó la última vez que fui a visitarlo.

—No te pongas así, fue la mejor decisión.

—¿Mejor decisión? Te conté lo que hizo, ¿no?

—Son los efectos de las drogas.

—Nunca estuve de acuerdo con eso.

—Qué egoísta eres, Bea. ¿Prefieres verlo sufrir? ¿Gritar de dolor?

Papá tiene un cáncer generalizado. El maldito tumor está avanzado a pasos agigantados, destruyendo a su paso cuanto órgano se le cruce. Sus dolores llegan a niveles épicos, las pastillas de ibuprofeno o tramadol apenas logran calmarlo por un par de horas.

Iván Medina, su médico de cabecera, conversó con nosotros. Nos habló claro: lo que queda es darle calidad de vida y buscar a un médico del dolor. Me opuse rotundamente, pero, mi hermano insistió en tener una reunión familiar al día siguiente; él averiguaría bien en qué consistía el tratamiento.

Esa noche no pude dormir. En sueños me imaginaba a ese médico del dolor como un tipo oscuro y malsano, dosificando el tiempo de vida de mi papá con una sonrisa maquiavélica. Me sentía culpable por ser parte de este complot urdido en contra de mi progenitor. Por un momento quise que el doctor House existiera en la vida real y fuera el médico de papá. Pero ya era demasiado tarde, un dementor ingresó a mi habitación y me susurró al oído: «Morirá. Hagas lo que hagas, morirá». Asustada, desperté de un sobresalto, prendí la lámpara y me tomé unos alprazolam.

En la reunión en casa de mis padres, aprovechando que papá dormía, pudimos contactarnos con el médico del dolor, quien nos explicó en qué consistiría el tratamiento. Dosificaría el dolor con analgésicos, así como con opiáceos, todo de manera controlada. El objetivo era evitar que papá sufra los embates del cáncer en su fase terminal. Luego de la charla, no me quedó más remedio que aceptar.

Al día siguiente, tras una revisión médica, el doctor inició su tratamiento con unos parches de morfina que se adhieren fácilmente a la espalda.

—A mí eso de la morfina me tiene preocupada, Lito. ¿Sabes? mi papá nunca en su vida ha fumado siquiera.

—¿Nunca? ¿Ni siquiera weed?

—No, siempre estuvo al margen de todo eso.

—Ja, ahora será un drogodependiente.

—No me parece gracioso.

Lo cierto es que mis temores se hicieron realidad justo ayer que fui a visitarlo.

Papá me recibió con una enorme sonrisa, frenético, y de excelente humor. La música de fondo rugía con «Hound Dog», de Elvis Presley. Mi querido viejito se movía con temblorosos pasos de baile en medio del jardín, sorteando a mamá que trataba de controlarlo y de cuidar que su bolsa de colostomía no se cayera y se regara por el césped.

«¡Hurra!», vitoreó papá cuando mamá le dijo que dejara de bailar porque el almuerzo ya estaba servido.

—He tomado una decisión y espero que la respeten —dijo muy solemne en la mesa—. Verán, me voy a mudar.

—¿Y a dónde te piensas mudar? —le pregunta mamá mientras nos hace un gesto de complicidad a mi hermano y a mí.

—A Marte.

—En Marte hace demasiado calor —le replica nuevamente ella mientras le sirve sopa de pollo desmenuzado.

—Flaca la semana pasada estuve en la Luna y no me pareció, hacía mucho frío. Marte es mejor.

—Ok, pero termina tu sopa primero.

—De igual forma, no te puedo llevar. Así que no te vayas a ofender —sentenció mi padre mientras mamá le limpiaba con la servilleta de tela los restos de comida que se impregnaban en su camisa almidonada.

Mi hermano y yo quedamos absortos. Mamá nos contó, mientras papá volvía a bailar en el jardín, que, desde el tratamiento con morfina, las alucinaciones eran más frecuentes. Lo bueno, dijo ella, es que no se ha vuelto a quejar de dolor y ahora puede dormir de largo hasta el día siguiente.

Papá se había convertido en un hippie adicto a los opiáceos. Estaba pensando en su nueva vida psicodélica, en las consecuencias que eso podría traer a su salud mental, cuando él se me acerca por detrás y me dice en voz baja:

—No quería decírtelo delante de tu mamá y tu hermano para que no se resientan, pero lo estuve pensando bien y creo que ambos podríamos caber en el avión que me acabo de comprar. Dime, Bea, ¿te gustaría ir a Marte conmigo?

Le digo que sí, que coincido con él en que la Luna es demasiado fría y que eso no es bueno para mi artritis, pero que primero tiene que ir a dormir para poder salir mañana tempranito. Lo ayudo a cambiarse, lo acuesto en su cama y le doy un beso en la frente. Cómo decirle que no a mi viejito, quien hasta en sus mayores alucinaciones me pone como su personaje favorito. ¿Cómo no ir a Marte con papá?

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Cultura

La escritora estadounidense Louise Glück gana el Nobel de Literatura 2020

Sorpresa en la Academia Sueca. La poeta Louise Glück fue elegida como la ganadora del Nobel de literatura 2020 por su “infalible voz poética” que con “austera belleza hace de la existencia individual algo universal.

Redacción Lima Gris

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El Premio Nobel de Literatura 2020 se lo llevó Louise Glück, es la cuarta mujer que que consigue el palmarés en la última década y la segunda poeta, después del sueco Thomas Transtrommer (2011).

El fallo del Nobel, por su parte, habla de una “infalible voz poética” que con “austera belleza hace de la existencia individual algo universal”. “Los versos de Glück proceden esta vez de Vita nova, su octavo libro publicado. Una de las ideas que se expresan en On Louise Gück. change what you see dice que Glück es una poeta eternamente insatisfecha, crítica consigo misma hasta lo obsesivo y en permanente metamorfosis. Muy en resumen, esa metamorfosis, vista en conjunto, ha consistido en adquirir nostalgia hacia las ideas y los hechos narrados, sin perder por ello conexión. La palabra inglesa dettachment, traducible sólo en parte como desapego, es la que empleó la crítica Rossanna Warren para explicar la posición vital de Glück”.

Nacida en Nueva York en 1943 y educada en el Sarah Lawrence College y en Columbia, Glück ganó el premio Pulitzer de poesía en 1993 por el libro El Iris salvaje y el National Book Award en 2014 por Faithful and virtuous night. Los lectores en español tienen seis títulos traducidos disponibles: El iris salvaje (Pre-Textos, 2006), Ararat (Pre-Textos, 2008); Poesía selecta (Colección Luna Nueva, Universidad de Caracas, 2010); Las siete edades (Pre-Textos, 2011) y Averno (Pre-Textos, 2011).

El Nobel de Glück coincide con el Premio Princesa de Asturias de la canadiense Anne Carson. La tentación es hilar sus carreras: tanto Carson como Glück emplean la mitología griega para hablar de las pequeñas tragedias domésticas. Soledades adolescentes, tristeza en los suburbios, sueños de grandeza… Si la estrategia de Glück es la distancia, la de Carson es la empatía. Puede ser buena idea leer sus textos en paralelo.

“Conocí sus versos a través de un amigo y me enamoré de su poesía nada más leer El iris salvaje, que fue el libro que la encumbró al lograr en 1993 el Premio Pulitzer. “Tuve el firme propósito de publicarle y no he parado”, explica Manuel Borrás, editor de Pre-Textos.

“Louise Glück es una poeta de la vida, esencialmente de la vida”, agrega su editor en España. “Te puede contar algo doméstico pero siempre queda trascendido. Puede hablar de sus hermanos, pero a la vez está hablando de todos los hermanos. Tiene el poder de la universalización“.

Fuente: El Mundo.

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Cultura

Fritz Zorn, el escritor educado para la muerte

En algunas ocasiones la enfermedad y la muerte funcionan como herramientas para la construcción de discursos narrativos y/o testimoniales muy polémicos. Esta escritura puede girar en torno a distintos fines, especialmente en lo terapéutico y lo confrontacional.

Joe Guzmán

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En lo que corresponde al primero, podemos tomar como ejemplo al español Francisco Umbral, quien escribió en su libro titulado “Mortal y rosa” el recuerdo fresco y doloroso de la enfermedad y muerte por Leucemia de su hijo de cinco años. Otro caso trágico es el de la escritora norteamericana Joan Didion con “El año del pensamiento mágico”, libro que empezó a escribir a los pocos días después del fallecimiento de su esposo, el también escritor John Gregory Dunne; y “Noches azules”, en el que narra la lenta agonía de su hija Quintana. Estos testimonios, que exploran y ahondan sobre la muerte de un ser amado, funcionan como formas de liberación del dolor y del sufrimiento, una manera de autoterapia para regular las emociones negativas.

Respecto al fin confrontacional, el caso más especial y controvertido es el de Fritz Zorn, seudónimo de Fritz Ang, escritor clandestino y profesor de idiomas que empieza a escribir su biografía después que es diagnosticado con cáncer. Esta obra de carácter “autobiográfica”, no es más que documento clínico sobre la historia de un enfermo terminal de cáncer, en el que elabora una ácida crítica hacia su formación familiar y educativa, el contexto social y económico, Dios y la religión, la muerte prematura y hacia sí mismo, buscando liberarse de los agobiantes recuerdos de un pasado infeliz e insípido. Caso muy parecido al de la hija adoptiva del escritor chileno José Donoso, quien se suicida después de haber revelado los secretos más íntimos de sus padres en el libro “Correr el tupido velo”.

Estos testimonios, en lugar de buscar el sosiego, terminan por alterar los nervios y, quizás, tergiversar los propios recuerdos. Tal como lo menciona Zorn:

“Escribir mis recuerdos no me ha deparado la calma, sino, al contrario, una agitación y una desesperación más aguda”.

Una de las cualidades más honestas y humanas de las personas es el miedo a morir, si nadie nos prepara para la muerte de alguien que amamos, mucho menos alguien está preparado para afrontar su propia muerte. Solo los valientes saben como afrontarla y retarla. Es el caso de Fritz Zorn que, como ya se ha mencionado en el párrafo anterior, decide volcarse a la escritura de su propia historia para confrontar y denunciar algunos aspectos de su vida que, según su creencia, determinaron y confabularon la aparición del cáncer. Justamente el objetivo de este texto es comentar este libro polémico que se publicó con el título: “Bajo el signo de marte”. Oscura premonición bélica.

Fritz Zorn fue un joven rico, culto, infeliz, depresivo e hijo de una de las familias más acomodadas de Suiza que falleció a los treinta y dos años por culpa del cáncer o de un linfoma maligno a finales de 1976. Padecer esta patología le sirvió como punto de partida para emprender una lucha titánica contra sus recuerdos y su identidad misma. El ejercicio de la escritura le ayudó a desnudar su alma, que, según se da a entrever, está llena de ira y remordimiento contra su propia familia.

Esta relación hogar-hijo es una parte muy importante en el libro, pues para el narrador, sus padres y la educación que recibió son los culpables directos de la aparición de un tumor cancerígeno en el cuello, producto de sus “lágrimas tragadas”. Esta expresión es muy importante porque da a entrever dos cuestiones: la aparición del sufrimiento solitario y el sentido fantasioso de la enfermedad.  Todo ello debido a una depresión que lo aquejó desde la adolescencia y que no supo contrarrestarla a tiempo.

“…todas las lágrimas que no había llorado y no había querido llorar durante mi vida se habían amontonado en mi cuello y habían formado ese tumor porque no habían podido cumplir con su verdadero destino, el de ser lloradas”.

De la misma manera, utiliza una subjetividad hiperbólica para definir al cáncer que padecía:

“Yo creo que el cáncer es una enfermedad del alma que hace que aquel que devora toda su pena sea devorado a su vez, al cabo de cierto tiempo, por esa misma pena que vive en él”.

“Bajo el signo de marte”, publicada en 1977 por una editorial alemana, está dividida en tres partes: “Marte en el exilio”, “Última necat” y “El caballero, la muerte y el diablo”. En ellas se evidencia la búsqueda del protagonista hacia el origen de su problema, las repercusiones de una incapacidad crítica y la ansiedad por seguir viviendo, tal como lo afirma en sus palabras finales:

“Yo todavía no he vencido aquello que estoy combatiendo; pero tampoco estoy vencido y, lo que es más importante, todavía no he capitulado. Me declaro en estado de guerra”.

En este libro estremecedor el lector puede encontrar distintos elementos temáticos que giran en torno a la enfermedad. El primero que se nos presenta es su pasividad ante la sociedad, producto de un hogar burgués que vive tras las apariencias de “la familia modelo”. Ello ocasiona un abismal distanciamiento psicológico entre la niñez, la adolescencia y la juventud de Zorn, ya que mientras más se aproxima a los treinta y dos años, más consciente es respecto al papel de su vida en este teatro de sombra que es la vida burguesa.  

Según su testimonio, la pasividad que ha pesado en sus treinta y dos años se debe al encubrimiento de una vida carente de acción, anulando la transgresión como elemento vital para el desarrollo reflexivo y crítico. Para su familia, el silencio y el “orden burgués” son necesarios para mantener el decoro y el respeto ante las demás familias pertenecientes al mismo statuo quo. Asimismo, menciona que pertenecer a una clase adinerada no es sinónimo de tener una vida apropiada, algo totalmente discutible, pues a pesar de todo lo crítico que Zorn es con su familia, hay que tener en cuenta que nunca le llegó a faltar una casa, buena vestimenta y una aceptable cantidad de dinero que derrochó en su etapa universitario, además de la cuantiosa herencia que recibió.

Es casi imposible tener un juicio definitivo sobre la relación entre Zorn y su familia, ya que solo se conoce su versión, además de que cuando empezó a escribir sus recuerdos el padre ya había muerto. Es imposible no recodar al Franz Kafka de “Cartas al padre”.

Aquí algunas citas que reflejan sus lamentos ante una vida monótona y pasiva:

“Mi mundo juvenil fue un mundo más que feliz y armonioso, entonces tiene que haber sido falso y mentiroso en sus bases”.

“Hoy tengo la certeza de que en mi juventud no aprendí a tener a tener una opinión propia: solo aprendí a no tener opinión propia”.

Esta pasividad ante la vida lo hereda de su propio hogar, como ya se ha mencionado anteriormente, ocasionando un sentimiento negativo ante sus padres. En su libro despotrica contra ellos ¿algo justo o injusto?, pero sobre todo de su padre, llegando mencionar que siempre estuvo muerto para él o que en realidad fue alguien que nunca existió. Sobre su madre da a entender algo no menos polémico, al asemejarla a una anciana agradable que vive en la Orilla Dorada de Zúrich, y con quien le parece francamente ridículo emparentarlo. Incluso casi al final del libro menciona que alguna vez soñó con matarla.

“Soy el hijo neurótico de un padre neurótico y de una madre neurótica; mi familia es para mí la quintaesencia de todo aquello de lo que yo abomino, y sin embargo, como miembro de esa familia, soy necesariamente un neurótico…”

A todo esto, habría que añadir otro elemento temático que configuró su falsa personalidad: la educación. Zorn menciona que en los estudios siempre fue un alumno que cumplía responsablemente con sus actividades, pero que no lo hacía con el objetivo de tener una vida profesional exitosa, sino que simplemente le daba pavor ir contra las reglas establecidas y alterar la normalidad. La relación con sus compañeros era insustancial y lejana. La educación recibida, calificada como “mala” por él, es uno de los motivos que generaron su enfermedad.

“Me parece justo decir que el mal causado por una educación errónea es a veces tan grande que puede manifestarse también bajo sus formas extremas (como parecería ser mi caso) en enfermedades provocadas por una neurosis, por ejemplo el cáncer. ¿Sobreviviré a esta enfermedad? Por ahora no lo sé.  En el caso de que muera se podrá decir de mí que fui educado para la muerte”.

Da la impresión de que Zorn altera sus recuerdos e introduce sus propios criterios fantasiosos que le sirven como excusa para justificar su temerosa vida:  

“Toda mi vida fui buen educado y gentil y esa es la razón de que desarrollara un cáncer. Y está bien así. Yo creo que cualquiera que haya sido toda su vida bien educado y cortés no merece otra cosa más que contraer un cáncer”.

Otro elemento interesante y no menos polémico es la sexualidad. Según lo que testimonia Zorn, murió sin conocer el amor y las relaciones sexuales, pero no por el rechazo de las mujeres, sino por su propia incapacidad para desear carnalmente a otra persona. La dificultad con las mujeres, antes que física, consistía en una “impotencia del alma”, lo cual lo lleva a una severa depresión, afirmando que la incapacidad sexual es lo que más le ha causado daño. Otra característica que lo emparenta a Kafka.

Fritz Zorn tenía castrada el alma.

“La sexualidad no formaba parte de mi mundo, ya que la sexualidad encarna la vida y yo había crecido en una casa donde la vida no estaba bien vista, pues entre nosotros se prefería ser correcto a vivir”.

Fritz Zorn.

Leonard Bankhead, personaje de la novela “Trama nupcial” de Jeffrey Eugenides, es un brillante estudiante de ciencias que padece de depresión, lo cual lo conduce al consumo de un excesivo número de medicamentos para calmar su ansiedad y angustia. Todo ello termina por destruir su relación amorosa y una prometedora vida profesional. En este libro se busca describir a una persona clínicamente deprimida, mencionando que el cerebro deprimido envía una señal de que se está muriendo al cuerpo, esta la recibe y lentamente empieza a debilitarse, por ende las personas que sufren de esta patología andan siempre andan desanimadas y cansadas.

Utilizo esta referencia porque la depresión es una de las causas de la aparición del cáncer en la vida de Fritz Zorn, y que además se parece a lo que opina en su libro:

“Todos saben qué es la depresión: todo es gris, frío y vacío. Nada produce alegría y todo lo doloroso provoca un dolor exagerado. Se pierden las esperanzas y no se ve nada más allá de un presente desdichado y privado de todo sentido”.

La depresión le ocasiona angustia y desesperación, siente que su cuerpo erupciona en su interior y que no le da tregua. De noche no puede dormir, gime, grita, da círculos alrededor de su habitación, pensando en cosas negativas e insultando las paredes para calmar todo lo que lleva dentro. Su cuerpo es sacudido bruscamente por el dolor, pero lo que más le duele es el alma por haber desperdiciado sus tres décadas de vida en la simple monotonía. Al final, cuánto más se conoce, más rápido llega a la conclusión que siempre fue alguien destruido, envejecido, quebrado, castrado y deshonrado.

El texto autobiográfico no solo permite conocer los abismos de su personalidad, sino que ayudan a comprender el contexto en el que estaba inmerso. Su entorno social es muy crítico ante el pensamiento comunista, considerando a Rusia como un lugar casi terrorífico. Él se deslinda de este vacuo pensamiento, pero con un sentido rebelde y crítico ante la burguesía antes que ideológico.  Se podría decir que su doloroso testimonio agrupa dos conciencias, uno personal y otro histórico. Gadamer mencionaba que la escritura de un texto personal da pautas para una configuración histórica que permite entender los avatares de un tiempo en el cual, el autobiógrafo es contemporáneo.  Cuestión importante ya que el relato sobre una experiencia personal ayuda a establecer una interpretación de la realidad histórica en que se vive.

La historia de Zorn es parecida a la de muchas personas que vivieron y aún viven tras la sombra de las tristes apariencias y del miedo a actuar en una sociedad que se posesiona de todo, teniendo como base la falsa idea positivista del progreso de la segunda mitad del siglo XX.  Los últimos meses de vida y la aproximación de la muerte le ayudaron a reflexionar sobre todo ello, lamentablemente las fuerzas ya no le dieron más, pero aun así me atrevería a decir que tuvo una muerte muy decorosa y, sobre todo, lúcida. Se podrían nombrar otros elementos temáticos preponderantes en este libro autobiográfico, como por ejemplo: el nihilismo y su relación con el pensamiento religioso. En las últimas páginas nombra a Dios para desafiarlo y afirmar que siempre quiso ser alguien precipitado a los abismos infernales de las tinieblas.

Para finalizar una última cita donde describe su propia vida:

“Esta es mi vida. Yo creí en el mejor, el más sano, el más armonioso, el más estéril y el más falso de todos los mundos; hoy me encuentro frente a un montón de ruinas”.

Fritz Zorn es un universo plagado de dolor e infamia. Léanlo, os sacudirá los nervios y las fibras más íntimas.

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Cultura

“Perdido en mi habitación”

María Luz Crevoisier

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Eran tres grandes tigres o solamente y eso para mucho, tres amigos que se juntaron para crear una sociedad no secreta, si no abierta en las redes, tan de moda durante la cuarentena y como se ven las cosas, que serán más que imprescindibles en el futuro.

Estos tres socios de la conquista cibernética: Miguel Ángel Vallejo Sameshima, Raúl Quiroz y Daniel Collazos Bermúdez, hicieron una tregua a sus labores cotidianas y se empeñaron en la edición online. El primer título editado para Google es “Los anteojos de mi padre” del periodista, profesor y escritor, Miguel Angel Vallejo.

La novela fue escrita durante el largo encierro obligado por la pandemia y Miguel Ángel lo armó literariamente hablando, encerrado en su habitación y trasladándose a tiempos pretéritos a través de un lenguaje pulido, anécdotas y un humor chispeante, porque leyendo sus 200 páginas, nos lleva a interesarnos como vouyeres de la vida de sus amistades, pero también nos suelta las ganas de reír, por la manera irónica de presentar diversas situaciones.

“Los anteojos de mi padre”, representa técnicamente una innovación en el arte de la escritura, pues incorpora elementos nuevos como conversaciones reales  por wathsApp, enlace a cortometrajes, notas periodísticas, audios musicales, que lejos de distraernos de la acción central, sirven de complemento. Esta manera de presentar una lectura, es innovadora y de hecho modifica la tradicional manera de editar libros de narrativa-seguramente en el futuro, otros autores los emplearán para sus propias creaciones, no necesariamente literarias.

“Los anteojos de mi padre” es un recuento personal de la vida del autor, en donde no hace alarde de los dramas que le tocó experimentar, como perder el ojo izquierdo a causa de un atentado terrorista y otros de carácter familiar. Miguel, subraya la vida vivida en Granada con gracia y ternura y nos presenta a personajes simpáticos y empáticos como Pilar, Yvi, Laura, César, Pavel, Salima, Paúl, Fernanda, Anna, Ximena, sus amores y desamores con casi todas ellas y su tendencia anárquica de ser como escogió ser, aunque termine atrapado por las urgencias del sistema, en lo que todos hacemos: estudiar y trabajar.

Nos muestra su admiración por las congresistas andinas como Hilaria Supa, María Sumiri, Paulina Aspasa, su solidaridad con las trabajadoras del hogar, haciendo también algunas disquisiciones filosóficas sobre el futuro de nuestra sociedad. Todo esto, mezclados con litros de licor y kilos de cigarrillos, que debió disminuir debido a que él y su madre, dieron positivo como asintomáticos del Covid 19.

Su epoca es la ochentera y nos muestra sus gustos por Meccano, Soda Stereo, Abba, las series del Chavo y Los Simpson que aún lo acompañan. En medio de este narrar encontramos la imagen del padre, alguien que vivió junto a él, no de manera perfecta pero sí cercana. Vallejo muestra orgullo por parecérsele físicamente, demostrando una ternura hacia su progenitor que no encontramos en otras novelas modeladas a través de la figura paterna. En resumen, Los Anteojos de mi padre, (que ahora son los suyos) es una novela que debe leerse con una mirada alegre y sin prejuicios.

Miguel Ángel Vallejo Sameshima, nació en Lima en 1983. Ejerce la docencia en la universidad Ricardo Palma. Tiene editados doce libros entre los que escogemos “Vallejo Urreta”, “Lo cholo en el Perú: modernidad post colonialidad y ciudadanía (-75+45) Su obra de teatro “Carnaval” fue premiada y la puso en escena, pero con un resultado de debut y despedida, pues no duró dos días debido a la cuarentena.

Es candidato a doctor en Lenguas, textos y contextos por la universidad de Granada, en donde obtuvo el título de Magister en estudios literarios y teatrales.

El 29 de septiembre se realizó la presentación de Los Tres Tipos en Wantan Nigth de Plus Tv, y el día 30 por la misma vía será a las 8 am y 4 pm.

Esta es la entrevista que gentilmente nos concedió para Lima Gris:

1.- ¿A partir de la cuarentena, se modificaron los sistemas de edición, crees que es más   favorable para la difusión de escritos? ¿Cuándo proyectan los tr3stipos?

El aislamiento provoca un cambio de hábitos de consumo, que ha dado una mayor apertura a lo digital. Ahora, en internet siempre se ha producido muchísima literatura de escritores aficionados, en géneros como el fanfiction y la creepypasta, que nos parece necesario atender. La proyección no es empresarial, porque ni las consultoras de mercado tienen idea de su futuro ahora, pero buscamos acercarnos a ese gran público que quizás no esté muy familiarizado por las dinámicas culturales prepandemia.

2.- Editar libros supone un cambio. ¿Serán de libre lectura o se pagará un precio?  si es lo primero, el negocio de escribir sufrirá un deslavace y muchos de los escritores que viven de la venta de sus obras, sucumbirán., ¿Cómo se financia vuestra editorial?

Nuestros títulos estuvieron en el modo de pago social: bastaba compartirlos en una red social para bajarlos gratis, pero desde hoy están en tarifa pagada, en precio accesible, aquí: https://lektu.com/e/los-3-tipos/2212. Creemos asimismo en otras maneras de financiamiento porque somos productores de contenidos. Los Tres Tipos organizamos concursos de microrrelato en Twitter, interacción con fotos en Facebook, y microprogramas semanales, así como una entrevista mensual.

3.- Es revolucionaria esta nueva forma de presentar un libro, pues agregas mensajes de whatsApp, audios visuales, enlaces y notas hechas por Facebook. ¿Estamos asistiendo a un nuevo concepto editorial o es solo una manera de enriquecer tu texto, de esta forma inédita?

Ambas. Desde el inicio pensé en este libro para formato digital, y para eso creí necesario incluir detalles como los enlaces y los textos escritos para redes sociales. Ya se ha hecho esto antes en muchos libros digitales, que ofrecen contenidos propios multiplataforma, y a eso apuntamos en proyectos futuros. Esperamos publicar libros interactivos, que consideren la opinión de los lectores, escritos colectivamente.

4.- Esta casi autobiografía -imagino que a veces ficcionaste- es un deseo inconsciente de ser aceptado, de reivindicarte con tu padre ya fallecido, y asumir una posición más humana y menos crítica o más crítica pero sin dejar de lado sentimientos de empatía y comprensión hacia los otros?

Aunque no me interesa ser aceptado ni reivindicarme con nadie, es inevitable mentir inconscientemente cuando uno escribe sobre sí mismo. Es imposible recordar con exactitud, recordar siempre es inventar. Estas historias son mi versión de los hechos, y traté de escribirlas para que alguien que no tiene al español como idioma materno pueda leerlas, lo que implica un ejercicio de pausa, de reflexión, a partir del posible lector.

5.- ¿Qué opinas de aquellos títulos que, con el pretexto de dar una visión realista de su propia biografía, sueltan secretos familiares, desmenuzando hechos que no tenían por qué ser conocidos por el grueso público?

Depende de cada grupo determinar lo que se puede publicar y lo que no. En general creo que todos tenemos derecho a guardar secretos, pero también que en muchos casos no sirve de nada hacerlo. Es como decir que todos tenemos derecho a hacernos daño. Sin embargo, nadie tiene por qué revelar secretos ajenos. Antes de editar el libro, lo envié a cada persona de quien se dice algo medianamente íntimo para que me confirme si podía o no publicar eso. En el caso de mi padre, que murió en 2019, cuento algunas cosas que su entorno íntimo conoce.

6.- La cuarentena-que aún sigue en muchos sitios-es una experiencia fuerte y desconocida, que muchos se han resistido a aceptarla, pero de la  q sacamos provecho de diferentes maneras. ¿Cuál fue la tuya, aparte de escribir esa novela?

Ninguna.

7.- A partir de ahora, ¿nos proyectaremos más a ediciones online o seguirán editándose libros de manera física con el mismo auge que algunas editoras lograron antes de la pandemia?

Me parece que tras la FIL Lima 2020, las editoriales peruanas están mirando más el mercado digital, porque es lo que queda en un mundo sin ferias ni Plan Lector, que eran su fuente de ingresos. Sin embargo, el libro digital antes de la pandemia estaba estancado en España, y aquí nunca terminó de despegar, así que es una apuesta que todos sabemos es difícil. Creo que no basta digitalizar los catálogos de una editorial, sino concebir los libros para ese formato.

8.- ¿Con el uso indiscriminado de las redes, nos convertiremos en zoombies usuarios y más individualistas? ¿dónde quedará la comunicación cara a cara? ¿solo en el recuerdo?

Muchas personas nos hemos vuelto adictos a las redes sociales, lo cual ha modificado nuestra manera de comprender la existencia: todo va a mayor velocidad, tenemos una concentración más volátil pero también más de multitarea. Eso no puede reemplazar la experiencia del contacto físico, de la piel, aunque ciertamente ya son maneras de comunicación que se entremezclan. Por momentos se pueden enriquecer, por momentos, estorbar. Es parte de una nueva dinámica.

9.- ¿Cuáles son tus proyectos como escritor? seguir con el mismo sistema o volver al antiguo? cuáles son las ventajas de ser un lector por internet? y ¿cuál es la ventaja del escritor editando de esta nueva manera?

Ahora me concentro más en la docencia, en la universidad y en un taller de teatro que se inicia el 5 de octubre en el FCE. No sé cuál será el siguiente proyecto literario, pero estará pensado para el formato digital, algo que hace años me venía rondado. Creo que este formato ya tiene nuevas maneras de narrar, a partir de la interactividad, pero nada cambia que la buena literatura sea eso, historias bien narradas, sea de manera oral, en códices, incunables, papel impreso o una pantalla.

10.- ¿Cómo se llama la obra de teatro que escribiste y ganó un premio?

Ambas ganaron premios. Carnaval recibió la Mención Honrosa en el Concurso Nacional Nueva Dramaturgia en la categoría Teatro para la Memoria (2017). Se presentó en 2018 en la Asociación de Artistas Aficionados y el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social del Perú, y en 2019 en la Alianza Francesa de Miraflores. 1997, 14 de noviembre, quedó en segundo lugar en el Tercer Concurso Nacional de Dramaturgia Teatro Lab 2018 – 2019, organizado por la Universidad de Lima. Se estrenó en marzo de 2020 en el Nuevo Teatro Julieta, y ahora estamos trabajando una serie web basada en la obra. Ambos montajes fueron nominados a mejor obra del año por la página web especializada El Oficio Crítico.

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