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Gustavo Faverón rompe su silencio y lo niega todo

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Aquí reproducimos la respuesta de Gustavo Faverón, después  de días de silenció, el denunciado por acoso  en la redes sociales se pronuncia en su blog Puente Aéreo.

ESCRIBE GUSTAVO FAVERÓN

Queridos amigos, seguidores y lectores.

 

Me veo forzado a dar una respuesta ante la avalancha de acusaciones falsas contra mí, las que, pese a no estar avaladas por evidencias apropiadas, inundan en estos días las diferentes redes sociales e incluso la prensa. Escribo no solo para rechazar las acusaciones de acoso, lo que ya había hecho antes, sino también para detallar lo que realmente sucedió en los casos donde quienes acusan han colocado un nombre (sea este real o inventado), y han descrito circunstancias y actos que nunca ocurrieron, o que ocurrieron de maneras completamente distintas.

 

Muchos se han preguntado, razonablemente, por qué mi primera reacción ante las acusaciones de los últimos días fue cerrar mis cuentas en redes sociales. Las razones son muchas. La más obvia: a lo largo de los últimos años yo he denunciado en varias oportunidades públicamente el hackeo de mis cuentas, mis lectores lo recordarán.

 

Las consecuencias de un hackeo son incalculables: alguien que tiene acceso a una cuenta ajena no solo puede tomar de ella toda la información que encuentre, desde conversaciones hasta fotografías privadas (como la fotografía de mi hija de cinco años que circula photoshopeada en Twitter desde hace varios días, y que estaba en un álbum restringido), sino que también puede borrar todo lo que quiera, añadir todo lo que quiera, sostener conversaciones y luego borrarlas e incluso sostener conversaciones, borrarlas y acto seguido bloquear al destinatario de las conversaciones (e incluso desactivar la cuenta del destinatario, si es una cuenta abierta por el hacker), de modo que no quede huella alguna, en la cuenta hackeada, de la actividad sostenida.

 

Como mis lectores recordarán sin duda, mis denuncias de hackeo de mis cuentas se han dado a lo largo de años, la penúltima en el 2015 y la última durante la reciente campaña electoral. También recordarán que hubo un periodo en el 2014 cuando denuncié que no tenía acceso a mi propio muro de Facebook, y otro momento en que denuncié que mi página desapareció durante dos días y que, al recuperarla, encontré notificaciones de Facebook de que ciertos posts habían sido removidos por tener contenidos censurables (eran posts sobre política, dicho sea de paso).

 

Por otro lado, despertarse un día y encontrar una cantidad inimaginable de mensajes insultantes, amenazas (incluidas amenazas de muerte), chismes, un ejército de trolls y cuentas robot de Twitter, una multitud de cuentas de Facebook falsas con mi nombre y un sitio online en el que se pedía que cualquiera “compartiera” sus historias de haber sido acosado por mí resulta abrumador y materialmente imposible de responder. No puedo contestar a miles de acusadores simultáneamente, más allá de decir lo que dije en mi único post sobre este tema, que estuvo publicado en Facebook varias horas.

 

Pasaré ahora a describir la naturaleza de las acusaciones y cuál ha sido la reacción mediática frente a ellas. En primer lugar, la enormidad de acusaciones y de rebotes.

 

Las acusaciones estaban basadas en conversaciones de Twitter, conversaciones de Facebook, mensajes directos y mensajes de texto que yo no había sostenido —por eso mi primer cálculo, ingenuo, fue que tan pronto como se descubriera la falsedad se desmoronarían los rumores—. A esto debo añadir una cosa que quizás mis críticos no han considerado nunca: mis cuentas en redes sociales sumaban 120 mil personas, entre “amigos” y “seguidores”, además de decenas de miles de personas que me escriben mensajes a través de mi cuenta de “figura pública”. Yo no soy capaz de identificar sino a una proporción muy pequeña de esas 120 mil personas, pero mis lectores saben que hago el intento de contestar los mensajes que recibo, salvo que sean estrambóticos o impracticables o excedan mi capacidad de respuesta.

 

A una cantidad enorme de personas que fueron admitidas en mis redes les di la bienvenida personalmente, con mensajes de saludo que muchas veces derivaron en breves conversaciones. Mis lectores que recuerden eso pueden dar fe de que es verdad. Eso lo vi siempre como un gesto de cortesía, y así fue visto, creo, por la mayor parte de quienes recibieron esos comentarios. Sus primeras respuestas casi siempre fueron “gracias, por admitirme, señor Faverón”. Mi réplica, casi sin excepciones fue: “el único requisito en este muro es que no me llames señor, llámame Gustavo”. En los últimos días me he encontrado, tristemente, con mucha gente que dice que eso era un comentario malintencionado. No lo era. Era, simplemente, una muestra de cordialidad, que fue idéntica para hombres y mujeres.

 

También hay algunas personas que dicen que les pedí que me enviaran selfies. Es cierto. Mi Facebook contenía, de hecho, un álbum público en el que reunía fotografías de mis lectores, muchas veces posando con algún libro mío. Como ahora hay que aclararlo todo, debo decir que esas fotografías eran de hombres y mujeres, en algunos casos de grupos, casi siempre de gente a la que yo no conozco y cada vez que recibí una fue una gran alegría para mí, porque me entusiasma que la relación entre un escritor y sus lectores pueda ir más allá de la lectura.

 

Mucha gente me escribe para que les dé una mano promoviendo campañas de derechos humanos o causas afines, para denunciar casos de corrupción, para que les explique o les dé mi punto de vista sobre cosas que ocurren en la política peruana. Como saben ustedes, en un número enorme de casos, no solo los he atendido, sino que además me he comprometido con sus causas: ustedes han visto esos posts. Mucha gente joven me escribe para preguntarme cosas sobre sus carreras: chicos y chicas que quieren ser escritores o que estudian literatura o periodismo y a veces se quejan del mal nivel de sus universidades (sobre todo los estudiantes de periodismo), chicos que quieren postular a hacer estudios en el extranjero y quieren que los aconseje. A esas personas les hago caso de manera especial. No exagero al decir que alrededor de un centenar de estudiantes de periodismo solo en los últimos dos o tres años me han escrito para hacerme entrevistas para sus cursos, y que he concedido una gran cantidad de ellas.

 

Cuando he estado en Estados Unidos, he pedido que me manden las preguntas por correo; cuando me han pedido que les hable por Skype les he insistido en que sean por escrito: mis amigos saben que le tengo aversión a tres cosas: las llamadas telefónicas (nunca hago llamadas telefónicas salvo casos de emergencia); los celulares (que incluso me negué a tener hasta que nació mi hija y se hizo necesario); y aparecer en pantallas, razón por la cual me he negado sistemáticamente durante toda mi vida a entrevistas televisivas, excepto cuando han sido programadaspor los editores de mis libros como parte de las campañas de lanzamiento (y han sido muy pocas).

 

Por ahí alguien ha escrito sobre mi irrefrenable deseo de ser famoso. En los últimos años, sin embargo, he rechazado entrevistas de casi cualquier canal de televisión debido a mi fobia a esos medios de comunicación. Los productores que me invitaron saben que es cierto. Sé que esto lo están leyendo muchas personas que me han pedido conversaciones vía Skype, incluso por trabajo, y a quienes les he dicho que no. Lo menciono porque entre las acusaciones contra mí existen algunas que dicen que los supuestos acosos fueron vía Skype. Soy conocido mediáticamente, pero soy naturalmente adverso a los medios de comunicación, sobre todo los audiovisuales, tan paradójico como eso pueda sonar. Alguien que quiere ser famoso no rechaza entrevistas televisivas de modo sistemático, y alguien que quiere acosar mujeres no rechaza sus conversaciones vía Skype.

 

Por cierto, algunas de las acusaciones hablan de llamadas o chats vía smartphone desde el año 2009. Yo nunca tuve un teléfono celular hasta febrero del 2011, y solo en Estados Unidos, y quien quiera rastrear si eso es cierto o falso, supongo yo, tendrá maneras de hacerlo. Cuando he estado en Lima, he respondido esas entrevistas en persona. Dado que yo, cuando paso un tiempo en Lima, me quedo en casas de amigos o en hoteles, he pedido que esas entrevistas sean en cafés, en bares o incluso en parques, por razones obvias. Sin embargo, algunas veces he aceptado que las entrevistas sean en la casa donde me estuviera quedando. Y periodistas y chicos y chicas universitarios han acudido, y casi siempre han conocido allí a mi familia.

 

Otra razón para cerrar mis cuentas y dejar de responder debería ser clara para quienes saben cuáles han sido mis actividades mediáticas relacionadas con la crítica de la política y de la cultura peruana en los últimos años, actividades que están más que ilustradas en mi libro más reciente: Puente aéreo (2016). Casi no hay un solo medio de comunicaciones relevante en el Perú al que yo no haya criticado en los últimos años, por su mediocridad, por su apoyo a la dictadura fujimorista, por la banalización que operan sobre temas serios, por su parcialidad con candidatos que representan la corrupción en el Perú, etc. Y, fiel a mi estilo, mis críticas no han sido a media voz, sino en voz alta y con nombres propios. Si quieren hacerse una lista mental de las personas que me detestan en el Perú por mis críticas pueden comenzar ahora y no acabarán hasta dentro de varios días. Eso me hizo ver que cualquier cosa que yo dijera a un medio de comunicaciones podría ser tomada en mi contra.

 

La verdad es que mi decisión de no dar entrevistas (decisión que tomé pero que no hice pública) fue inútil, porque, de todas maneras, todos los medios que han publicado sobre este tema (excepto uno) lo han hecho sin siquiera pedirme una entrevista, una conversación, un descargo, o al menos mi punto de vista general sobre el asunto (recién hoy he recibido dos correos en ese sentido). Los estudiantes de periodismo saben que eso es una falta ética elemental: cuando alguien es acusado se entrevista al acusador y también al acusado. No hacerlo es una violación de la ética periodística: los periodistas peruanos parecen no haber pasado nunca por el curso de deontología periodística, cuya primera lección es esa.

 

Ustedes han visto cómo varios de los periodistas más poderosos del Perú han escrito columnas en las que han asumido que toda acusación en mi contra es real, pero ninguno de ellos ha investigado si lo es (uno de ellos publicó una columna horas si no es que minutos después de que estalló el escándalo, lo cual resulta, además, sospechoso). Eso se llama linchamiento mediático. No se llama periodismo. Más aun cuando la acusación en la que se basaron fue la de alguien llamado “Julieta Vigueras”, cuya existencia, hasta donde sé, sigue en duda. La única publicación peruana que pidió entrevistarme fue la revista Caretas. Yo decliné la entrevista por un solo motivo: confié en que esa revista escribiría un reportaje neutral, sin encender hogueras, escuchando las denuncias, sí, pero también haciendo notar sus puntos débiles. No me equivoqué. Pero la reacción general al artículo de Caretas fue decir que era un artículo parcializado en mi favor. Si ese artículo hubiera sido acompañado por una entrevista a mí, la reacción de la masa de acusadores de las redes sociales hubiera sido afirmar que la revista se había vendido a mí. Me alegro de no haber dado esa entrevista.

 

En este momento la ley de facto parece otra: cualquiera que exprese una duda sobre las acusaciones es inmediatamente acusado de algo. Le ha pasado a la periodista María Luisa del Río, le ha pasado al novelista Juan Manuel Robles (que cambió de opinión), le ha pasado al escritor Alonso Cueto, le ha pasado a la periodista Mariella Patriau, le ha pasado al escritor Fernando Ampuero, le ha pasado al periodista César Hildebrandt por permitir que un columnista y (según entiendo) un redactor suyos no se sumen al coro de atacantes, le ha pasado a la periodista Pía Hildebrandt y le ha pasado a todos los intelectuales, artistas y escritores que han expresado una defensa mía o una posición neutral o simplemente no se han sumado al ataque lo suficientemente rápido. No solo eso: ahora algunas de las personas que me han defendido están siendo acusadas (sin mencionar sus nombres, de la manera más baja) de acoso sexual, así, simplemente, por no haber contribuido al linchamiento. Debo hacer notar, por cierto, que, aunque algunas de esas personas son amigos míos, varias otras no solo no lo son, sino que son personas con las que he tenido ásperas discusiones públicas a lo largo de los años, gente a la que, en resumen (como dijo María Luisa del Río), le caigo muy mal.

 

En segundo lugar, quiero destacar que, a pesar del cargamontón, hay un tipo de acusaciones que no han aparecido, pese a lo cual se han hecho circular como rumor, sin basarse en nada, y se han repetido hasta el agotamiento.

 

Yo enseñé mi primera clase de literatura en una academia universitaria en marzo de 1984, es decir, un mes después de ingresar a la universidad y cuando tenía diecisiete años. Desde entonces, todos los años de mi vida he dictado clases, incluso durante el tiempo en que era estudiante universitario y también cuando era periodista. Calculo que debo haber tenido cuatro mil estudiantes en mi vida, en La Casona, en La Academia, en la Benab, en el Instituto Peruano de Publicidad, en el Instituto John Logie Baird, en la Pre-Universidad de Lima, en la Pre-Cayetano Heredia, en la misma Universidad Cayetano Heredia, en la Pontificia Universidad Católica del Perú (como jefe de prácticas), en Cornell University, en la escuela de lenguas de Middlebury College, en Stanford University, en Bowdoin College y en muchas otras instituciones. Dado que, estadísticamente, la mayor parte de la gente que estudia literatura y literatura en lenguas extranjeras son mujeres, supongo que al menos dos mil quinientas mujeres han sido mis estudiantes. Incluso a pesar de la gigantesca campaña en mi contra de estas semanas, los cazadores de acusaciones han sido completamente incapaces de encontrar a una sola alumna mía que declare que yo he tenido alguna vez cualquier tipo de conducta impropia hacia ella. Ni una sola.

 

Una cosa debo añadir, y cualquier periodista de verdad podrá averiguarlo: en mis treinta y dos años enseñando, ninguna de las instituciones en las que he trabajado ha recibido jamás una queja de ningún estudiante por mi conducta hacia ellos, ni por motivos de género, ni por motivos raciales, ni por motivos de identificación sexual, ni siquiera por motivos estrictamente académicos. Ni una sola queja. Jamás. Ninguna campaña de desprestigio va aquitarme eso. En el Perú, sin embargo, hoy se habla de mí como alguien que acosa a sus estudiantes peruanas y a sus estudiantes americanas, pese a que no hay una sola estudiante que haya dicho tal cosa, ni en un país ni en el otro, y pese a un dato incluso más obvio: yo no he tenido estudiantes en el Perú desde el año 1999.

 

Permítanme finalmente regresar a los detalles de las acusaciones y de quienes las han presentado.

 

Hace unos catorce días comenzó esta campaña. En el momento en que estalló fue para mí muy evidente que no podía tratarse de una sola persona o dos personas denunciándome por algo, sino que tenía que ser un movimiento mucho más orquestado y mi primera suposición fue que debían conjugarse en él, por un lado, gente relacionada con medios de comunicación (porque los rebotes fueron demasiado inmediatos); por otro lado, gente que tuviera algún tipo de inquina personal en mi contra (porque los insultos eran desmedidos); y por último gente con capacidad de organizar de manera sistemática un ataque viral, con cuentas robot (todos las han visto), con identidades falsas (todos las han visto), con perfiles fingidos en redes sociales (todos los han visto), con páginas web y cuentas de Twitter que explícita y descaradamente llamaban a que otros voluntarios y espontáneos se sumaran a los ataques y las denuncias, los cuales eran publicados inmediatamente sin ningún filtro, ninguna comprobación de su veracidad, ninguna investigación previa, en el clásico estilo de los fujitrolls.

En el cargamontón propiciado de esa forma las denuncias fueron decenas, con lo cual se volvió para mí materialmente imposible responderlas, y adicionalmente hubo centenares de denuncias que fueron publicadas y después borradas: literalmente, fueron piedras arrojadas contra mí para de inmediato esconder la mano.

 

En medio de todo eso, yo, que ya había cerrado mis cuentas de redes sociales, me encontré de pronto incomunicado y apenas conté con la información que me pudieron transmitir terceras personas por correo electrónico. Una persona me habló de una cuenta llamada @mssalinger, que me sonó completamente desconocida. En Twitter, una vez eliminada mi cuenta, pude solo buscar al usuario y no encontré nada. Tengo entendido que esa cuenta ha aparecido y desaparecido varias veces en estos días. Tiempo más tarde encontré otras cosas: primero, las denuncias de Tania Sotelo; después, alguien que decía en Twitter que @mssalinger era el mismo usuario llamado en otra cuenta @solanea. El nombre @mssalinger no me decía nada, pero sí el nombre de Tania Sotelo, que había estado en mi lista de amigos de Facebook años atrás, hasta que la borré de mis contactos después de una serie de incidentes que detallaré más adelante. Y también identifiqué de inmediato el nombre @solanea, porque a lo largo de los años he recibido mensajes de correo electrónico desde el email solanea@hotmail.com, cuenta a nombre de una persona llamada Mayra Galdo.

 

Los mensajes que recibí desde este último email fueron siempre extraños (aquí pueden ver los que he podido recuperar). Eran de una persona que unas veces me escribía para contarme que era lectora de mi blog y que me admiraba. Otras veces escribía para contarme cosas de su vida y de su aparentemente incómoda relación con sus compañeros de la universidad. Otras veces escribía que quería verme. Sabía, por mi blog y después por mis posts en Facebook, cuándo estaba yo en Lima y cuando estaba en los Estados Unidos, porque yo nunca he guardado ningún secreto sobre mi ubicación y porque, por lo común, durante el tiempo que paso en Lima, a veces anualmente y a veces cada dos años o más, participo en actividades públicas que mis seguidores de Facebook conocen perfectamente.

 

Nunca acepté ninguna invitación de Mayra Galdo para verla en persona, pero hay testigos (incluida mi esposa y amigos) de que Mayra Galdo solía asistir a mis presentaciones públicas, sentarse en primera fila delante de mí, mirarme durante toda la reunión y no decir palabra. Yo recién descubrí que esa persona era la misma Mayra Galdo la única vez en que se identificó, al final de un taller que dicté para una asociación de estudiantes de literatura (RedLit) en un local de la Residencial San Felipe hace unos cinco o seis años. Los organizadores de ese evento quizá hayan guardado su nombre en alguna parte, porque, si no me equivoco, el evento se organizó con inscripción previa. Los otros eventos en los que apareció fueron públicos. Cuando, al final de mi charla en ese taller de literatura, se presentó, solo dijo: “Hola, soy Mayra”. Varios de los demás asistentes también se presentaron (fue un taller muy pequeño, con no más de quince personas, según recuerdo). Cuando me dijo que se llamaba Mayra supuse que era la misma Mayra que para entonces llevaba al menos un año enviándome mensajes, y precisamente por eso no le dije nada más. Ella me envió poco después un correo electrónico en el que parecía molesta de que yo no la hubiera reconocido o prestado atención. Debo aclarar que sus mensajes, hasta ese tiempo, variaban entre el tono amistoso y el tono insultante. Cada vez que Mayra Galdo encontraba un post de Facebook en el que alguien decía algo negativo sobre mí, me lo enviaba, como una burla; sin embargo, en otras ocasiones me enviaba afectuosos saludos de cumpleaños. Yo respondí pocos y solo durante los primeros meses, cuando parecía una persona que simplemente me contaba sus problemas.

En algún momento sus mensajes se volvieron más bien bochornosos, hablaban de sus relaciones sexuales con chicos, acerca de su sentimiento de ser rechazada por la demás gente de su edad, decía que leerme era para ella una compañía, que se sentía afín a las personas mayores y no a las personas de su generación. En algún momento fueron mensajes soeces, en otros momentos fueron francamente delirantes. Me escribía, por ejemplo, que se había rapado el pelo y renunciado a tener una vida sexual. Yo le escribí pidiéndole que no me mandara más mensajes y le dije que sus correos electrónicos me parecían “creepy” (fue mi palabra, textualmente). En más de una ocasión pidió disculpas por los mensajes anteriores. En otras ocasiones enviaba fotografías de ella. En otras ocasiones enviaba mensajes disculpándose también por esos otros y diciendo que las fotografías no eran de ella sino de otra chica. Yo ya no respondía.

También me mandó una serie de emails en los que hablaba de que yo la había “desadmitido” de mi vida al no responder sus mensajes (y bloquearla en redes). En otros decía que quería verme porque sabía que estaba en Lima. Cuando yo me iba de Lima sin haber respondido a sus mensajes, me enviaba otros mensajes diciendo que en el fondo le parecía mejor no haberme visto. Con cierta frecuencia se refería a una supuesta amistad entre nosotros (que no existía) y hablaba de una “reconciliación”. (Me llamaba “Conde” debido a la caricatura que yo solía colocar en mi foto de perfil en las redes sociales). Eso duró muchos años, desde el 2009 hasta el 2015, y fue durante esos años que Mayra Galdo acudía a mis presentaciones públicas, silenciosamente, sentada en primera fila. Después de mi presentación en la RedLit, yo ya conocía su rostro y era capaz de identificarla. Por eso es que mis familiares saben de quién estoy hablando.

Como se pueden imaginar, cuando descubrí que las denuncias de Tania Sotelo habían sido publicadas, en efecto, tanto en la cuenta @mssalinger como en la cuenta @solanea, supe de inmediato que al menos una de las personas detrás de todo esto era la misma persona que me había estado acechando por años. Entonces entra en la escena Tania Sotelo, su amiga. Quienes hayan leído las entrevistas que Tania Sotelo, usando ese y otros nombres, ha ofrecido a diversos medios de comunicación, recordarán que ella dice haberme visto dos veces en persona: eso es falso, me ha visto solo una vez, hasta donde yo soy capaz de saber (o al menos yo a ella la he visto solo una vez). También dice que yo nunca hice nada por verla en persona: eso es cierto y quienes me acusan de acoso deben tenerlo en mente. Pero Tania Sotelo miente en diversas medidas con respecto a las dos ocasiones que menciona.

 

Según ella, la primera vez en que me vio fue en un restaurante “por Miraflores” donde ella estaba comiendo y donde yo me “aparecí”. También dice que no hubo ningún contacto entre los dos: eso es mentira. Yo había quedado en reunirme con el escritor Leonardo Aguirre. Como Leonardo y yo somos fumadores, quisimos buscar un lugar donde pudiéramos tomar algo y fumar sin problema. Yo, que no vivo en Lima, no pude pensar en ninguno. Él propuso un par que quedaban demasiado lejos de mi casa. Entonces hice lo que suelo hacer: coloqué en Facebook un post pidiéndole a mis lectores que me recomendaran sitios (estoy seguro de que algunos lo recordarán, porque recibí una larga serie de recomendaciones). Uno de los sitios que mencionaron fue el restaurante Pitahaya, junto a las Brujas de Cachiche, en el óvalo Bolognesi de Miraflores. Como ese lugar está a un paso de la librería El Virrey, decidí que fuéramos ahí, de modo que pudiera pasar antes por la librería. Y coloqué en mi Facebook que iría a ese sitio. Eso es importante: publiqué en Facebook que en un rato estaría en el restaurant Pitahaya, como hacen miles de usuarios y como yo mismo he hecho varias veces. Cuando Leonardo y yo llegamos al lugar, el restaurante estaba cerrado. Un empleado nos dijo que abriría en diez minutos, de modo que hicimos tiempo y apenas abrieron entramos. Como es obvio no había absolutamente nadie más en el lugar. Después llegaron dos mujeres que se sentaron en una mesa relativamente próxima a la nuestra. Más tarde me di cuenta de que una de ellas era Mayra Galdo. Como se imaginan, su presencia me resultó molesta y la percibí como lo que era: una instancia más de su persecución. (No le comenté nada a Leonardo por una razón simple: mi relación con Leonardo, como saben los que me siguen desde hace años, está lejos de haber sido una gran amistad. Hemos tenido múltiples enfrentamientos y esa era, me parece recordar, la primera vez que nos veíamos para limar asperezas. No era alguien a quien yo le fuera a contar un problema personal). Cuando Leonardo y yo nos despedimos en la puerta del restaurant, yo entré de regreso y me acerqué a la mesa. Le pregunté a Mayra Galdo si estaba ahí porque había visto mi post en Facebook. Me dijo que sí y ofreció que me sentara con ellas. Le pregunté a la otra mujer su nombre y me dijo que se llamaba Tania. Me fui. Ese día busqué a Tania Sotelo en mi Facebook y la bloqueé.

 

Ustedes recordarán que, en sus entrevistas, Sotelo dice que yo la bloqueé después de haberla acosado por años. De eso, lo único cierto es que la bloqueé, inmediatamente después de ese incidente en el restaurant Pitahaya. En las mismas entrevistas dice otra cosa que a todos ustedes les debe haber parecido rara: dice que tiempo después yo la “añadí” al Facebook y seguí acosándola. Como todos saben, nadie puede “añadir” a alguien al Facebook: una persona puede invitar a otra y la persona invitada puede perfectamente ignorar la invitación, o rechazarla, o incluso bloquear a quien la ha invitado. Muchos se han preguntado en estos días dos cosas: por qué un supuesto acosador bloquearía a la persona acosada y por qué la persona acosada aceptaría una invitación posterior, cuando al fin se ha librado del supuesto acosador. La norma en las respuestas ha sido que nadie debe cuestionar las acciones de Sotelo porque ella es una mujer acosada. Esa norma suena correcta (incluso a mí me suena correcta). No cuestionar sus acciones, sin embargo, no está en contradicción con esforzarse mínimamente por confirmar la verdad de lo que está diciendo. Esto es indispensable precisamente para evitar que esa norma se convierta en un instrumento de abuso, y desvirtúe por tanto la justa causa a la que sirve.

 

Sotelo también ha declarado que (en enero del año 2015) ella y un grupo de amigas me mandaron mensajes invitándome a que me juntara con ellas, alrededor de las 2 de la madrugada, en el pub Sargento Pimienta de Barranco. Es justo preguntarse por qué una mujer supuestamente acosada por un hombre lo invitaría a reunirse con ella a las 2 de la madrugada en un bar, y más aún, por qué revelaría ese detalle que cuestiona su historia de presunto acoso. La verdad es que Sotelo revela eso porque sabe muy bien que en efecto yo recibí esos mensajes, los que, como ella misma ha dicho, fueron enviados desde su celular. Es decir, Sotelo sabe muy bien que es ella la que me estaba enviando mensajes no solicitados.

 

También ha dicho que la idea fue de una amiga suya, que estaba en ese bar con ella y cuyo nombre ella no ha mencionado, pero que todos ustedes imaginan: Mayra Galdo. La prueba de eso también la tengo, porque no todos los mensajes de esa noche llegaron desde el celular de Tania Sotelo: algunos llegaron desde el correo de Mayra Galdo, el mismo correo de casi siempre: solanea@hotmail.com (en otras ocasiones Galdo ha usado correos corporativos de las empresas donde labora). Sotelo dice que yo fui al Sargento Pimienta esa noche, pasadas las 2 am. Eso es mentira. Lo que yo hice, conociendo ya que Sotelo y Galdo actuaban juntas y que Sotelo se había sumado a la persecución de Galdo (por lo menos desde el incidente en el restaurant Pitahaya) fue preguntar quiénes estaban en el Sargento Pimienta y pedir que me enviaran una fotografía para asegurarme de tener la prueba. Mayra Galdo dijo que Tania Sotelo la enviaría desde su celular y esa fue la última comunicación que tuve con Galdo. Después de eso, en meses siguientes, solo recibí algunos correos adicionales con la tónica anterior: mensajes en los que Mayra Galdo me retransmitía insultos contra mí publicados por terceras personas en redes sociales.

 

 

Cuando hace un par de semanas me encontré con toda esta red de denuncias y poco a poco fui comprendiendo que venían de Mayra Galdo, me enteré también de que la misma Mayra Galdo había coordinado que otras personas se sumaran a ello. Luego se me hizo evidente que había personas en la prensa y en las redes sociales preparadas para rebotarlo todo en minutos, publicar artículos de opinión instantáneos, reproducir los posts de tal manera que el post original pudiera desaparecer sin dejar rastro, y, por supuesto, incentivar a que otras personas, unas con nombre, otras con seudónimo, otras con identidades fraguadas y perfiles falsos, otras simplemente con apodos, se sumaran a la operación.

 

Entre ellas, claro, la más notable y notoria fue una persona que ha dado varias versiones de su nombre: “Julieta Vigueras”, “Giulietta Vigueras Rodríguez”, “Giulietta Vigueras Rodríguez Pasquel”, etc. No he logrado que nadie verifique su existencia real. Luchar contra un nombre del que no se sabe nada no solo es terriblemente difícil sino también angustiante. He leído investigaciones publicadas que parecen dejar en claro que “Julieta Vigueras” mantiene varios perfiles distintos de Facebook (en una investigación leí que eran cinco, en otra leí que eran cerca de diez, en otra leí que son dos decenas, casi todos ellos hombres, y casi todos tienen en común una amistad compartida con una mujer que sí parece ser una persona real, y al menos uno de esos perfiles está involucrado en otra falsa acusación de acoso sexual contra otra persona).

Yo supe del nombre “Julieta Vigueras” por primera entre la primera y la segunda vueltas de la reciente elección presidencial. Me enviaba mensajes vía Facebook y su imagen del perfil era un símbolo de PPK. Decía ser personera de Peruanos por el Kambio y enviaba mensajes estrictamente políticos. A veces eran denuncias de fraudes fujimoristas, otras veces eran noticias publicadas en YouTube. En esos días mi página de Facebook había excedido el límite de amigos y yo había abierto otra y mis contactos, solo en esa red, sumando mis dos páginas personales y mi página pública, superaban los cien mil. Pueden imaginar la cantidad de mensajes que recibía, porque ustedes recordarán mi febril actividad durante la campaña electoral. Debe haber cientos de personas que pueden declarar que yo respondí a muchos de esos mensajes, y miles que dirán que me escribieron sin obtener respuesta. Normalmente respondía a quienes me ofrecían datos e información, y “Julieta Vigueras” era uno de esos casos.

 

Un día me dijo que tenía un video que quería mostrarme. Le pedí que lo enviara. Me dijo que era muy pesado. Le pedí que me enviara el enlace (porque normalmente eran videos ya publicados en alguna parte). Me dijo que era un video grabado por ella misma y que me lo quería enviar por correo. Le di mi correo de Gmail. Me dijo que demoraba mucho en cargar. Le pedí que lo posteara en su muro de Facebook y me mandara el enlace. Minutos más tarde me dijo que ya estaba y que entrara en su muro a mirar. Lo hice pero no había ningún video. Entonces me dijo que me iba a invitar al Facebook (hasta ese momento solo era una seguidora mía) para que pudiera verlo. Me invitó y acepté. Entré en su muro y lo que encontré fue un video pornográfico en el que aparecía una mujer rubia masturbándose. Me dijo que era ella (aunque ahora es claro que también eso debió ser falso). Le pregunté cómo se le ocurría publicar una cosa así en Facebook y que por qué me pedía que lo viera. Se rio y me preguntó si acaso no me gustaba y me dijo que no me preocupara porque el video era privado. Entonces vi que el video estaba etiquetado con mi nombre y con el nombre de otra persona. Le dije que lo borrara de inmediato y además le pregunté quién era esa otra persona. Me dijo que era su novio. Quizá dijo que era su exnovio, no lo puedo recordar con precisión. Pero sí tengo el nombre de la persona enlazada. Como pueden suponer, bloqueé a “Julieta Vigueras” esa misma noche.

 

Un tiempo después ocurrió algo que muchos lectores míos recordarán: publiqué un post criticando el racismo de un aviso del canal de televisión Plus TV. Entonces Rafo León, uno de los conductores de ese canal, republicó mi post y puso un comentario afirmando que mi crítica era banal, una especie de racismo inverso contra los blancos, etc. (por cierto, hasta pocos días antes yo había publicado defensas cerradas a favor de Rafo León por el absurdo juicio de difamación al que fue sometido hace poco, y lo volvería a hacer). Un amigo me hizo notar que, entre los comentarios al post de Rafo León, había uno de una persona que me insultaba de maneras atroces, que decía que yo tenía una especie de complejo contra los blancos, que decía conocerme y que además me acusaba de haberme propasado con ella en mensajes privados. Entré a ver y no encontré nada. Mi amigo me insistió en que ahí estaba el comentario. La única explicación lógica era que la persona que comentaba estuviera bloqueada en mi cuenta de Facebook. Entonces entré desde mi otra cuenta, mi cuenta principal, y vi que el comentario existía y que era de “Julieta Vigueras”. Poco después publicó por primera vez su denuncia de acoso sexual contra mí. Curiosamente, esa denuncia no fue atendida por nadie. La borró. De manera mágica, cuando @solanea y @mssalinger iniciaron el escándalo con los supuestos screen shots de Tania Sotelo, el post de “Julieta Vigueras” reapareció y se volvió viral en minutos. De manera no menos mágica, días más tarde, “Julieta Vigueras” me acusó de haber hackeado su cuenta y haberla cancelado. También su cuenta de Twitter desapareció y fue reemplazada, como su cuenta de Facebook, por otra.

 

Pero entre el momento en que esas denuncias aparecieron y el momento en que fueron desmontadas, muchas otras denuncias fueron publicadas. La mecánica fue similar: alguien las ponía, cientos o miles de perfiles de Twitter las rebotaban, páginas de Facebook ilícitamente abiertas con mi nombre proliferaban, voluntarios comentaristas pegaban las denuncias en esas páginas, etc. Entre todas ellas fui capaz de leer, gracias a amigos míos, denuncias de todo tipo: que yo acosaba a mis alumnas en el Perú, que yo acosaba a mis alumnas en Estados Unidos, que yo les pegaba a las mujeres, que yo tenía la costumbre de acosar a mis alumnas de la PUCP cuando era profesor ahí (nunca fui profesor ahí; fui jefe de prácticas, si no me equivoco, hasta 1991, es decir, entre los diecinueve y los veinticuatro años). También leí varias denuncias que decían que yo había enviado fotografías y videos de mí mismo desnudo a diversas personas. Todas esas denuncias aparecían y desaparecían junto con las cuentas en las que eran publicadas. Cuando lo de “Julieta Venegas” fue desmontado, la mayoría de esas cuentas dejaron de existir. Pero no todas.

 

Una que quedó en pie fue la denuncia anónima de una mujer que decía que yo supuestamente le había enviado fotografías pornográficas mías (por cierto, “Julieta Vigueras” dijo exactamente lo mismo y después quiso probarlo con montajes tan absurdos que ni sus seguidores y defensores quisieron republicarlos. En otra ocasión publicó como “prueba” una fotografía mía que está publicada hace años en mi website personal y dijo que esa era solo parte de lafotografía, pero que en verdad en la imagen completa yo estaba desnudo: busquen mi website y verán la imagen –vestido, por cierto). Volvamos a la otra denunciante. El nombre de la mujer era distinto en cada ocasión, pero la historia era la misma. Yo no reconocía los nombres (porque casi siempre eran solo nombres de pila, muy comunes). En un comentario en Facebook, un amigo mío leyó el nombre y el apellido de la persona y entonces sí lo reconocí. En los diarios ha asumido diversos alias, aquí la llamaré X. X era una persona que años atrás me había escrito por Facebook para hablarme de literatura y pedirme consejo sobre una revista que quería publicar. X me escribió muchas veces, conversaciones siempre cordiales sin ningún asomo de la agresividad y los desvaríos de los comentarios de Mayra Galdo. Con el tiempo, me contó cosas de su vida: que era estudiante de literatura, que era muy católica y practicante, que cantaba en el coro de una iglesia. Un día me contó que tenía una amistad particular con un sacerdote de su iglesia. Cuando me describió esa amistad, sin embargo, me di cuenta de que era algo más. Me dijo que el sacerdote la invitaba a lugares donde estaban solos, que la abrazaba y que se quedaban horas abrazados, que le gustaba mucho y, por último, que no sabía si se estaba enamorando del sacerdote o el sacerdote de ella. Yo le dije que esa no era una relación normal con un sacerdote pero ella me dijo que era completamente normal. También dijo que solamente se abrazaban y nada más, que nunca se habían besado ni ninguna otra cosa. Le dije que podía ser una situación de abuso, dado que era un sacerdote de la parroquia a la que ella asistía. Me dijo que no había nada de eso. Poco después me escribió para decirme que no quería hablar nunca más conmigo. No sé que cosa ocurrió entre la penúlitma conversación y ese último mensaje. No supe nada más de ella hasta que vi su nombre asociado con las denuncias de estos días. En su caso, también había hablado de fotografías pornográficas que yo supuestamente le había enviado. Después dijo que no había tales fotografías. Después dijo que eran imágenes de Skype. Según tengo entendido por los comentarios de un periodista de la revista Hildebrandt en sus Trece, en la entrevista que ella le concedió a esa publicación mostró capturas de pantalla de una conversación de Skype que supuestamente probaban lo que ella contaba (esas entrevistas fueron hechas bajo seudónimos, pero me parece inferir que era ella la testigo que mostró esas imágenes). Ese periodista, según comprendo, rechazó esas pruebas y escribió en un post que él vio las capturas de pantalla y que era evidente que la persona en esas imágenes no era yo. También dijo que todas las declarantes habían mentido y/o mostrado pruebas falsas. (He leído comentarios acerca de que César Hildebrandt es mi amigo, mi pariente y que haría todo por defenderme: quienes dicen eso deberían darle una ojeada a mis blogs y a mi último libro: nadie ha criticado a César Hildebrandt más duramente que yo en los últimos diez años).

 

En los días siguientes me he enterado de que hay todo un grupo de complotadores entre los cuales están Mayra Galdo y el periodista más rápido del Perú y se me ha dicho que son esas personas quienes estarían manipulando estos testimonios y posiblemente fraguando otros más. Dado que en el Perú las campañas de destrucción suelen ser exitosas, y dado que yo tengo la cantidad de enemigos que ustedes perfectamente conocen, no me sorprendería que fuera verdad ese complot y no me sorprendería tampoco que la catarata de falsedades se multiplique. Yo sigo preguntándome qué cosa puedo hacer para defenderme de una campaña de esas dimensiones, cuando está claro que he sido encontrado culpable de antemano, mucho más en circunstancias en las que, cada vez que la falsedad de una acusación queda demostrada, la respuesta es que eso no importa porque hay otra acusación que aparece de inmediato, como por arte de magia. Cualquier sugerencia es bienvenida.

 

Para terminar, casi no necesito subrayar que yo no soy la única víctima en este lío y que todas estas acusaciones han puesto a mucha gente al borde del colapso. También están mis amigos, quienes ven sus vidas invadidas sin razón alguna, o que se ven atacados por el solo hecho de dudar de las acusaciones o defenderme. Inclusive me atrevería a decir que eso es lo que más me pone triste en todo este asunto. Porque si no fuera por eso, todo no pasaría de haberme convertido en el personaje ficticio de una mala novela. Pero el sufrimiento que a ellos le han causado es real. Y déjenme asegurarles que haré todo lo que esté a mi alcance para que éste cese.

PD.- Anoche se comunicó conmigo una abogada que dijo haber estado apoyando a Mayra Galdo en su “lucha” contra mí pero que se había dado cuenta de que Mayra le había mentido. Yo no menciono el nombre de esta persona porque no estoy autorizado a hacerlo, pero estoy seguro de que tendrá el aplomo de decir en público lo que me ha escrito a mí en privado.

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Indecopi anuncia que realizará monitoreo a cadenas de cine que prohíban el acceso con alimentos similares a los que ofrecen

Resolución de Indecopi indica que se puede ingresar a las salas de cine con canchita, gaseosas, agua mineral y nachos en la cantidad similar ofrecida por la empresa.

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Que no los sorprendan. Gracias a la Resolución 0219-2018/SPC-INDECOPI, del año 2018, ahora el usuario puede ingresar a las salas de cine con sus propios alimentos, siempre y cuando sean similares a los ofrecidos por las cadenas de cines. Sin embargo, últimamente algunos establecimientos estarían poniendo trabas para el acceso de alimentos externos al cine. Ante ese atropello al consumidor, el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) ha iniciado el monitoreo y seguimiento en el caso de Cinépolis (Operadora Peruana de Cines S.A.C.) tras la denuncia de varios ciudadanos.

Para ello, el regulador remitió una carta precisando que tales restricciones a los usuarios podrían constituir cláusulas abusivas, otorgándole un plazo de dos días hábiles para que informe las acciones que adoptaría al respecto.

Vale recalcar que desde 2018 solamente en Cinemark Cineplanet está permitido el consumo de alimentos comprados en otras tiendas siempre y cuando estos sean similares a los que venden estas empresas: canchita, gaseosas, agua de mesa y nachos; por ejemplo. Una solución alternativa es la compra de cupones de entrada y combo con descuentos.

“Denunciamos solo a dos cadenas: Cinemark y Cineplanet para que permitan ingresar alimentos similares a los que expenden estos cines. No es que se pueda ingresar con un plato de carapulcra o ceviche. Ambas empresas llevaron al Poder Judicial estas demandas para que se deje sin efecto la resolución del Indecopi pero hasta la fecha seguimos litigando”, contó para el diario La República el presidente de la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (Aspec), Crisólogo Cáceres.

Caso de Cineplanet y Cinemark permitió el acceso de comida proveniente del exterior de los cines. Foto: composición La Ley.

En ese sentido, Cáceres exhorta al Indecopi a actuar de oficio con el caso de Cinépolis — así como en otras cadenas de cine que integran nuestro mercado — para equilibrar la balanza y que las normas se apliquen para todos.

Ante vulneraciones a los derechos del consumidor exija el Libro de Reclamaciones

Para los usuarios que van a una sala de cine con sus propios alimentos y que no se les permite el ingreso, Jaime Delgado, abogado especialista en derechos del consumidor y fundador de Aspec, recomienda que los usuarios soliciten el Libro de Reclamaciones.

“Lo que deberían hacer de inmediato es usar el Libro de Reclamaciones. Invoco a los jóvenes, sobre todo, a que si en algún cine les impiden el ingreso tomen fotografía y las compartan en las redes sociales. Ya la infracción está comprobada, yo he presentado las pruebas documentadas a Indecopi de qué están haciendo estos cines como Cinépolis y CineStar,” señaló Delgado.

Se debe tener en cuenta que el Código de Protección al Consumidor establece que son nulas las cláusulas abusivas, así el Indecopi y el Poder Judicial han determinado que si el establecimiento pone una cláusula de contratación que dice “prohibido el ingreso de alimentos, salvo que me compres a mí” ya las autoridades han resultado que es una medida abusiva e ilegal, explicó Delgado.

El abogado recordó que en estos casos las empresas se podrían enfrentar a multas hasta por S/2 millones 070.000 (450 UIT).

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Se escapa hombre con viruela del mono y es detenido por realizar tocamientos indebidos a jovencita [VIDEO]

No acató cuarentena y se contactó con una mujer por las redes sociales.

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La llevó a su casa con el pretexto de jugar videojuegos. Un hombre de 26 años, quien era buscado por salir positivo a la viruela del mono y negarse a respetar la cuarentena, fue detenido por la Policía tras ser acusado del delito de abuso sexual, bajo la modalidad de tocamientos indebidos, que habría realizado a una jovencita a quien contactó vía redes sociales, en la ciudad de Huancayo.

Se sabe que es un transportista de 26 años que fue diagnosticado con viruela del mono y dio un domicilio falso a las autoridades de salud. Posteriormente, se negó a tomar cuarentena.

Sin embargo, el lunes 8 de agosto, la Policía informó que esta persona fue detenida por tocamientos indebidos contra una señorita. “En la tarde, el personal de El Tambo lo intervino en circunstancias que esta persona había contactado a la víctima por rede sociales”, señaló Collin Sim, jefe de la región policial Junín, a TV Perú.

Irresponsable sujeto habría contagiado a más personas. Foto: captura Tv Perú.

El hombre fue llevado hasta la comisaría de El Tambo y confesó que había sido diagnosticado días antes con viruela del mono. Al lugar también llegó personal de la Dirección Regional de Salud Junín.

“También era paciente oncológico, y se puso mal. Fue llevado a un hospital y se confirmó que era un paciente con viruela del mono… regresó a la comisaría y fue aislado a una celda solo para él. Su madre lo atendió dado que es paciente con cáncer”, detalló Collin Sim.

El jefe policial agregó que este sujeto se volvió a poner mal de salud el día de ayer, martes 9 de agosto, y nuevamente fue llevado a un nosocomio de EsSalud, pero con resguardo policial.

Por su estado de salud no se pudo completar las diligencias. Tras pasar 24 horas de su detención, la Fiscalía dio la libertad para que sea citado y el proceso lo continúe en libertad”, explicó Sim.

El transportista de 26 años será procesado por el delito contra la libertad sexual (tocamientos indebidos) y, dado que estuvo con viruela del mono y mantuvo contacto con otras personas, podría ser acusado por el delito contra la salud pública.

Producto de estas diligencias, algunos efectivos también se habrían contagiado con viruela del mono. “Nuestros policías que han tenido contacto directo y las diligencias, ya han sido evaluados y siendo monitoreados para ver cómo es la evolución. Nos indicaron que los síntomas se presentarían en los próximos 21 días”, finalizó la autoridad.

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Escritor Gonzalo León Palma es denunciado por tocamientos indebidos a una niña [VIDEO]

Gonzalo León Palma, escritor de literatura infantil que publica libros con el seudónimo de Frank Infante, fue denunciado por tocamientos indebidos a una menor. La fiscalía pide nueve años de prisión. Nos comunicamos con el denunciado y esta fue su respuesta.

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Una grave denuncia se presentó anoche en el programa de Al Estilo Juliana en ATV. La grave acusación relata los tocamientos indebidos que presuntamente el escritor Gonzalo León Palma, habría realizado a una niña de 11 años. En el ambiente literario el escritor publica sus libros con el seudónimo de Frank Infante, libro que fue editado por la editorial Mesa Redonda e incluso presentado recientemente en la Feria Internacional del Libro de Lima. Lejos de los libros, Gonzalo Palma es también conocido como vendedor de autos.

En las investigaciones la cámara Gesell arrojó información contundente que el Ministerio Público ha sumado junto a los peritajes que se han realizado. A pesar de las pruebas recabadas, el escritor Gonzalo León negó los tocamientos a la menor de edad, señalando que le tocó accidentalmente la pelvis mientras la abrazaba.

Gonzalo León Palma.

La madre desesperada hizo pública la denuncia debido a que el escritor se paseó por la FIL de Lima firmando libros para niños. Su reciente obra titulada “Fábulas de Infante” fue promocionada por la editorial Mesa Redonda y se presentó el pasado domingo 07 de agosto.

Incluso el propio cantante Pedro Suárez-Vértiz, el 04 de agosto en su Facebook también promocionó el libro invitando a la presentación. En la publicación de su cuenta oficial se lee: “Este flaco le ha vendido autos como a 8 amigos míos, a mi esposa y a mis hijos y siempre que puedo, cuando alguien me pregunta por un auto, le doy su número y lo recomiendo. Hoy mi compadre es jefe de ventas corporativas, y me ha sorprendido con el lanzamiento de “Fabulas de infante”. Un libro de fábulas para niños con historias divertidas y personajes entrañables, que dejan una enseñanza a los pequeños y a los grandes también. Aquí les comparto la invitación a su firma de libros en la Feria internacional del libro de Lima este Domingo 7 de agosto de 3:30 a 6:00 pm, si tienen un tiempo no dejen de ir”.

Todo indica que el cantante Pedro Suárez-Vértiz no conocía de la grave denuncia contra Gonzalo León que publicaba libros con el seudónimo de Frank Infante. En el informe del programa televisivo, también se menciona que los hechos ocurrieron en el año 2019, cuando el escritor era inquilino en una casa del distrito de San Miguel. Según las revelaciones de la niña, Gonzalo León tocó sus partes intimas con la excusa de un abrazo. Situación que se repitió en varias oportunidades. Para ganarse la confianza de la familia, incluso el escritor se convirtió en padrino de comunión de la niña. Cuenta la madre que durante varios días la niña no podía conciliar el sueño debido a las constantes pesadillas.

Lo sorprendente es que Gonzalo León Palma fue capturado por la policía, pero dos días después salió en libertad bajo comparecencia restringida, además, le prohibieron acercarse a la menor en un rango de 300 metros. A pesar que la investigación ha sido demasiado lenta, el 14 de julio pasado, a la madre de la menor le llegó una notificación de la Corte Superior de Justicia de Lima, donde se informaba que el Ministerio Público solicita nueve años de prisión contra el acusado. Además, en el documento fiscal se señala que la versión del procesado Gonzalo León Palma, carece de credibilidad.

Fuente: Al Estilo Juliana.

Nos comunicamos con la editorial Mesa Redonda, responsable de la publicación y distribución del libro “Fábulas de Infante”, que Gonzalo León publicó con el seudónimo de Frank Infante. Desde Mesa Redonda nos mencionaron que han decidido sacar el libro de circulación, esto implica que la publicación no será promocionada ni distribuida debido a la grave denuncia contra el autor.

También nos comunicamos esta mañana vía telefónica con el señor Gonzalo León Palma, pero luego de presentarnos como periodistas nos cortó la llamada. Inmediatamente insistimos y le escribimos vía WhatsApp para recoger su descargo, pero solo nos envío una denuncia policial con el mensaje: “Buenos días, sugiero investigar a la denunciante”. Luego de recibir el chat, nos bloqueó del WhatsApp.

Aquí el reportaje completo del programa Al Estilo Juliana.

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MTC informa que se viene preparando un proyecto de tren que unirá Cercado de Lima con Huarochirí

Consistirá en una moderna infraestructura ferroviaria que costará alrededor de S/1,200 millones.

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El Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) informó que está trabajando en el proyecto Mejoramiento del Corredor Ferroviario Este, que iría desde el Cercado de Lima (Av. Alfonso Ugarte, altura Puente del Ejercito) hasta Ricardo Palma (Huarochirí).

Esta obra consiste en la implementación de una moderna infraestructura ferroviaria sobre el actual trazo del Ferrocarril Central. Ello permitirá -de acuerdo al MTC- operar el servicio de transporte de pasajeros, que se sumará al actual uso para transporte de mercancías.

Actualmente, se está elaborando el perfil del proyecto, que está previsto que concluya a finales de 2022.

La inversión aproximada para la ejecución de esta obra es de S/1,200 millones (US$ 305.7 millones al tipo de cambio) y beneficiará a más de 74.5 millones de pasajeros por año. Con la priorización de este proyecto ferroviaria, se estima que la construcción iniciará en el año 2024, culminando en el 2026.

El trazo de 46.2 Km atraviesa los distritos de Lima Cercado, El Agustino, Santa Anita, Ate, Chaclacayo, Lurigancho y Ricardo Palma. Preliminarmente, se ha planteado la construcción de cuatro estaciones: Alfonso Ugarte y Abancay (Cercado de Lima), Huaycán (Ate) y La Florida (Lurigancho).

Además, habrá catorce paraderos distribuidos en los siguientes puntos: Presbítero Maestro (Lima Cercado); José Carlos Mariátegui y Evitamiento (El Agustino); Ruiseñores y Cultura (Santa Anita); Ate, Huachipa y Santa Clara (Ate); Ñaña, Chaclacayo y California (Chaclacayo); La Cantuta y Chosica (Lurigancho); y finalmente Ricardo Palma (Ricardo Palma).

Fuente: MTC.

El nuevo ferrocarril se integrará al sistema de transporte interurbano existente en Lima.

Alimentará de pasajeros a la Línea 1 del Metro de Lima (estación Abancay) y Línea 2 del Metro de Lima (estación Ate). Asimismo, los pasajeros podrán abordar la estación Caquetá del Metropolitano que estará próxima a la estación Alfonso Ugarte del tren.

Finalmente, el proyecto permitirá disminuir los costos logísticos del transporte de carga, con lo cual se elevarán los niveles de competitividad para la comercialización de productos agrícolas, agropecuarios y minerales que lleguen desde la zona central del Perú para su salida por el Pacífico.

“Este futuro ferrocarril está diseñado con el fin de reducir la probabilidad de accidentes de tránsito, sumarse a la estrategia para descongestionar el tránsito vehicular en Lima Metropolitana y mitigar las emisiones de gases contaminantes de efecto invernadero”, señaló el MTC.

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Madeleine Hartog Bel: una Miss con historia

La historia de la Miss Mundo peruana, una arequipeña que conquistó el planeta con su belleza.

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Escribe Hélard Fuentes Pastor

Era el año de 1967. Una mujer de belleza singular modelaba en uno de los escenarios más emblemáticos del planeta para ostentar el título de Miss Mundo. Delgada, de cabello negro y ojos marrones, captó la atención del público norteamericano e internacional. Entonces, no hablaba inglés, pero desde Miami Beach Auditorium, prometió hacerlo con una simpatía que conquistó el corazón de millones de ciudadanos. Madeline Hartog Bel Houghton era una mujer paciente, carismática y prudente.

El 16 de noviembre de dicho año, ante la expectativa de miles de espectadores que seguían la transmisión de la BBC, admirando la belleza argentina, británica, israelita y guayanés, Madeleine fue coronada como Miss Mundo. Ella no se lo esperaba. Su semblante no solo revelaba emoción, sino humildad. Lentamente, se dirigió al proscenio, algo confundida, recibió la banda, el cetro y la corona. Así se dio uno de los momentos más históricos para nuestro país y región, pues la hermosa Madeleine había nacido en Camaná, provincia de Arequipa.

Se dice que nuestra representante transmitía elegancia y ternura, dos aspectos muy complicados de equilibrar en dichos concursos de belleza; entonces, quienes la habían observado de cerca o la conocía, comentaban que parecía un ángel. Sobria, glamorosa y auténtica.

Madeleine Hartog. Foto: GEC.

Joven aún, no solo destacó la belleza peruana vistiendo la tapada limeña, además la introdujo con justicia, sencillez y cultura. Desde aquel año fue motivo de asedio de los periodistas y admiradores, incluso de discusiones entre compatriotas piuranos y arequipeños que peleaban su origen. Por supuesto, la reina del certamen ajena a dichas polémicas continuó sorprendiendo al mundo con su brioso carácter.

El abuelo paterno de Madeleine fue un ingeniero belga, natural de Bruselas, establecido en la ciudad de Lima, que quedó impactado con la belleza de su abuela, María Carmen Granadino, de raíces iquiqueñas. El matrimonio se efectuó el 19 de agosto de 1905, en el templo de la Recoleta de Lima (Partida N° 210). Él, frisaba los 27 y se encontraba radicando en la localidad de Chancay, y ella, 23 años de edad. Ambos vivieron muchos años en la calle Lampa N° 1138 del histórico jirón limeño y en dicho hogar nació Alfredo Enrique, padre de Miss Mundo 1967. Aconteció el 12 de diciembre de 1907, a las 10:00 de la noche (Partida N° 256). Aunque algunos sostienen que era piurano, en realidad nació en Lima y debido a las actividades de Alfredo, el pequeño conoció diferentes lugares del país desenvolviéndose desde su juventud como empresario.

La belleza arequipeña.

En uno de sus viajes conoció a su esposa, Henriette Germane Bel Houghton, cuya familia se encontraba establecida en Piura. Tanto Fernando Gustavo Bel como Ana María Houghton, echaron raíces en Sullana. Allí nació una tía de Madeleine, Andrea Bel H., el 10 de noviembre de 1922 (Partida N ° 423) y su tío Fernando se casó en 1905. Naturalmente, los Bel Houghton se desenvolvieron entre Piura y Lima, por lo que no es de extrañarnos la coincidencia de Alfredo Enrique con Henriette Bel H.

Aunque no tenemos referencia de su matrimonio, hacia los años 30, estimamos que la pareja ya frecuentaba en Piura, pues tuvieron a su primogénito en 1932, de nombre Alfredo, que la prensa escrita y los biógrafos suelen confundir con el papá, sin embargo, se trata del hermano de Madeleine que fue un aviador militar. Luego, nacieron Betty y Carmen, la primera en Sullana y la segunda probablemente también.

Madeleine en la coronación de Miss Perú 1966, un año antes de convertirse en Miss Mundo.

Precisamente, hacia los años 40, Alfredo Enrique se interesó por unos yacimientos de ocres que se encontraban en la provincia de Camaná, efectuando un denunció de 60 pertenencias en 1942 (Boletín de Minas y Petróleo). Un año más tarde, nació su siguiente hija, Ana María, en Camaná. Le siguió Madeleine y, finalmente, Teresina en 1948. A pesar de que las hermanas nacieron en Camaná durante dicha década, su padre desde antes ya visitaba la provincia, no en vano es considerado como el pionero del cine camanejo.

Todo marchaba bien. Madeleine Antonia había nacido un año bastante significativo para Alfredo Enrique, un 12 de junio de 1947, siendo bautizada al día siguiente en la antigua iglesia San Miguel, teniendo como padrinos a Andrés Granadino y Madeleine P. de Granadino, que fueron representados por los abuelos Alfredo H. y Carmen G. (Partida N° 138).

Hemos dicho que fue un año significativo porque el padre de la modelo, se encontraba como alcalde de la provincia, sin embargo, el contexto político de crisis que se vivía en el gobierno de Bustamante y Rivero, ocasionó que el empresario tenga que retirarse del cargo, un 8 de diciembre. Alfredo Enrique se mantuvo en la provincia varios meses, por lo que Madeleine pasó su primera infancia en Camaná. Luego, la familia se trasladó a Lima, creemos que sucedió de esa manera y no directamente a Piura, porque el 9 de octubre de 1953, nació la última hija de su matrimonio con Henriette, Susana María Antonia, en cuya partida N° 3850, la mamá aparece como piurana.

Deslumbrando con los colores del Perú.

La familia debió mudar su destino nuevamente a Piura, donde pasó la niñez y adolescencia de Madeleine, quien incluso se menciona que vivía en la urbanización Clarke y trabajaba en Automotores San Jorge, ubicado entre la avenida Sánchez Cerro y la calle Arequipa.

Luego del Miss Mundo, a su retorno, realizó una gira por diferentes lugares del país. Volvió a su tierra natal, siendo acogida por una multitud que aplaudió su recorrido en un carro decorado. Desde entonces, Madeleine ocupó la portada de muchas revistas y diarios. Se inventaron varias noticias sensacionalistas en torno a su figura. ¿Qué no se dijo? Pues como todo personaje que se incorpora a las páginas sociales de los medios de prensa, la reina de belleza despertó numerosos rumores, hasta su matrimonio el 19 de junio de 1976 con el norteamericano que curiosamente conoció en Lima, Harold Arthur Davis. Por eso, dicha unión se llevó a cabo en la parroquia Nuestra Señora del Consuelo (Monterrico) en Santiago de Surco.

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Tarifas eléctricas vuelven a subir nuevamente para el mes de agosto

Se trata del octavo ajuste tarifario de manera consecutiva.

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En lo que va del año la tarifa eléctrica se ha incrementado en un 20%, significando un alza sustancial que tendrá que salir de los alicaídos bolsillos de todos los peruanos. Los precios de los servicios básicos así como los alimentos de primera necesidad contrastan con los sueldos de muchos ciudadanos que se las ingenian para llegar a fin de mes.

Contar con el servicio eléctrico se ha convertido en un privilegio y no contar con ello sería truncar a muchos estudiantes o emprendedores. Hasta que no exista una auténtica regulación seguiremos forzados a continuar pagando por un servicio que en la realidad se ha monopolizado.

Las tarifas eléctricas en el Sistema Eléctrico Interconectado Nacional (SEIN) sufrirán su octavo incremento consecutivo en lo que va del año.

El Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin) indicó que desde el pasado 4 de agosto las tarifas para los consumidores comerciales e industriales ha registrado un incremento del 3.38%. Mientras que, en los hogares, el aumento es de 2.2%.

La entidad reguladora explicó en diario Gestión que este ajuste tarifario corresponde a una variación en los indicadores macroeconómicos del tipo de cambio e inflación.

En el mes de julio, el tipo de cambio se elevó a 2.48%, mientras que el Índice de Precios al por Mayor (IPM) registró un incremento de 1.96% a nivel nacional. Según Osinergmin, el tipo de cambio representó el 63% de la variación, y el IPM el 36% del incremento en las tarifas.

Solo el aumento del precio del dólar representó un 63% de la variación, mientras que el IPM influyó en un 36% en las nuevas tarifas.

Peruanos solo encuentran dos opciones para el servicio eléctrico. Foto: diario La República.

Según data de Enerkory, en los hogares con consumo menor a 30 Kilowatts la variación en el último año ha sido de 15.41%, mientras en los hogares con consumo entre 31 a 100 kWh la variación ha sido de 15.40%.

En las viviendas que el consumo supera los 100 kWh la variación representa un 16.08%. En tanto, las empresas de ladrillos registran la mayor variación en el último con 20.9%, seguido de plásticos con 19.3% y textil con 18.71%.

En entrevista con diario Gestión, el especialista de Enerkory, Rafael Laca indicó que las tarifas de los usuarios domésticos se incrementaron hasta en 6.07% y para industriales y comerciales en 9.3%, en lo que va del año.

Además, hizo énfasis que, el aumento en las tarifas en lo que va del gobierno de Pedro Castillo ha sido uno de los más altos, en comparación con mandatos anteriores.

En el gobierno de Alejandro Toledo la variación fue de 1.3%, en el de Alan García 1.2%, en el de Pedro Pablo Kuczynski 11.9% y en el de Martín Vizcarra 5.2%. Mientras que en el gobierno de Ollanta Humala la variación en el precio fue de hasta 42.5%.

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Movistar Deportes se niega a reconocer derechos laborales de Daniel Peredo

Familia del difunto periodista señala que este lunes 8 de agosto se verá en una audiencia apelación interpuesta por Media Networks, productora de Movistar.

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Una audiencia más va a haber. La familia de Daniel Peredo tiene una nueva cita en juicio por los derechos laborales del difunto periodista. Milagros Llamosas Salas, viuda del reconocido narrador, señaló que esta segunda audiencia se da por la apelación de Media Networks (empresa productora del grupo Telefónica-Movistar) a la sentencia en primera instancia.

“Este 08 de agosto a la 1 p. m. en la audiencia para la revisión de la sentencia que ganamos en primera instancia esperamos un 2 a 0 en tu honor. Este partido lo jugamos por ti, porque es justo, porque lo mereces, porque exigimos respeto a tu trabajo porque nuestras hijas tienen que saber que los derechos se reclaman si es preciso ante un tribunal laboral”, escribió en su cuenta de Facebook.

De la misma manera, consideró que hubo desinterés por parte de la empresa. “Si los empleadores muestran mezquindad, abusan de su poder tenemos que hacer respetar nuestros derechos. Desde hace más de 4 años entre cartas notariales, abogados, escritos de defensa, respuesta a apelaciones, decidí ese camino obligada por la indiferencia, el poco respeto y una gran deslealtad”, expresó Llamosas.

Es importante mencionar que, en noviembre del año pasado, el Poder Judicial dictaminó que Media Networks, casa laboral de Daniel Peredo por más de 15 años, deberá pagar 1 millón y medio soles a la familia del difunto periodista por sus derechos laborales.

“Declarando FUNDADA EN PARTE la demanda interpuesta por Milagros Llamosas Salas quien representa a sus dos menores hijos Fátima Peredo Llamosas y Daniela Peredo Llamosas, quienes a su vez representan a la sucesión intestada del causante Sr. Daniel Kirino Peredo Menchola en los seguidos con Media Networks Latin América S.A.C”, se lee en la resolución.

“Se ORDENA el pago de: gratificaciones, vacaciones, CTS, bonificación extraordinaria, utilidades, el pago de indemnización por daños y perjuicios en la modalidad de lucro cesante, debido a la omisión de pago y contratación del Seguro de Vida Ley en la suma de UN MILLON QUINIENTOS TREINTA Y SEIS MIL VEINTE CON 76/100 SOLES (s/. 1,536,020.76)”, se añade en el documento.

Media Networks indica que Peredo solamente trabajaba dos horas en promedio

La empresa Media Networks, por su parte, afirma que “mantuvo cercanía” con la familia de Daniel Peredo y que “en un esfuerzo por ayudarla” le ofreció un apoyo económico de hasta 1,2 millones de soles, que no fue aceptado.

La productora del grupo Telefónica señala que apeló a la sentencia de primera instancia, pues mantiene su postura que la relación de la empresa y Daniel Peredo fue de prestación de servicios.

La compañía argumenta que el destacado periodista no tenía subordinación ni obligación de acatamiento al reglamento de la empresa y tampoco se le proporcionaron herramientas de trabajo como celular, laptop, entre otros. Además, especifica que no cumplía con una jornada laboral, pues su participación no superaba las dos horas.

Media Networks sostiene que situación laboral con Daniel Peredo se encontraba en el tipo de prestación de servicios.

Por otra parte, Media Networks recalca que la señora Llamosas también apeló el fallo de primera instancia al no haber sido la demanda declarada fundada en su totalidad, pues pidió un mayor monto al establecido.

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MTC multó a radios piratas con S/1.7 millones

Radioemisoras funcionaban sin autorización.

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El viceministro de Comunicaciones, Virgilio Tito Chura, anunció que, entre enero y julio del presente año, se han impuesto 13 multas equivalentes a S/ 1’730,750 por la prestación y uso de frecuencias del servicio de radiodifusión sin la autorización del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC).

Del total de esas multas, tipificadas como infracciones muy graves, doce corresponden a la sanción de 30.1 Unidades Impositivas Tributarias (UIT) y una a 15.05 UIT.

Se debe considerar que el uso ilegal del espectro radioeléctrico constituye delito contra el patrimonio en la modalidad de hurto agravado, previsto en el código penal y sancionado con prisión efectiva de hasta ocho años de cárcel y una reparación civil a favor del Estado; así como la sanción económica con multas que van desde S/ 138,460.00 hasta S/230,000.00. 

De igual modo, la contratación de espacios publicitarios e institucionales a través de estaciones de radiodifusión ilegales está tipificada como infracción administrativa grave, que se sanciona con multas que van desde S/ 46,460 hasta S/ 138,000.

Foto: MTC.

Operativos

Asimismo, el viceministro Tito Chura mencionó que solo en julio se han realizado 11 operativos que permitieron clausurar estaciones de radiodifusión clandestinas en distritos de la zona norte de Lima y en localidades la región San Martín.

Detalló que, a través de la Dirección General de Fiscalizaciones y Sanciones en Comunicaciones, se logró intervenir 11 estaciones ilegales en Puente Piedra, Carabayllo, Ate y en Barranca (Lima), así como en las localidades de Juanjuí y Alonso de Alvarado (Región San Martín). 

Los operativos permitieron inhabilitar 117 equipos de Telecomunicaciones compuestos por tres transmisores, tres antenas (espiral dipolo), computadoras, receptores satelitales y decodificadores, entre otros. 

Las estaciones ilegales intervenidas son: 

·         Radio la Titular (96.4 MHz) – Puente Piedra.

·         Radio Antena Uno (95.2 MHz) – Puente Piedra.

·         Radio la Única (94.5 MHz) – Carabayllo

·         Radio 96.9 MHz (96.9 MHz) – Ate.

·         Radio 94.1 MHz (94.1 MHz) – Ate. 

·         Radio Maxi Mix (107.9 MHz) – Pativilca, Barranca.

·         Telecomunicaciones Iris – Pativilca, Barranca.

·         Roger Jaime Espinoza Tarazona – Pativilca, Barranca.

·         Radio Stereo (97.1 MHz) – Juanjuí; San Martín.

·         Radio Candela (95.9 MHz) – Juanjuí, San Martín.

·         Connection y Direct TV S.A.C. – Alonso de Alvarado, Lamas, San Martín.

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