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Coronavirus

Fake news que embrutece y retrasa

Elvis Herrada Erquiaga

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“No existe una ley que prohíba embrutecer a la gente”, decía Marco Aurelio Denegri ante la abundancia de desinformación y la casi nula actuación de la “justicia” por evitarlo.

Esta cita calza como anillo al dedo actualmente, puesto que los fake news (invención) invaden todas las vías de información generando retraso en nuestra sociedad y son las mismas autoridades quienes ya no saben qué hacer con esta infodemia.

Es el caso del Presidente de la República Martín Vizcarra, quien en su reciente presentación pública tomó más de quince minutos del mensaje para desmentir un fake news que desestabilizaba su gobierno.

Se trata de la supuesta renuncia del Gabinete Ministerial, un tuit viralizado en redes sociales que puso en jaque al gobierno todo el fin de semana.

Ante la ola de opiniones y especulaciones generadas por la fake news, al mandatario no le quedó solución que recomendar de manera enérgica a la población no compartir informaciones falsas.

“El COVID-19 se transmite de persona a persona. Las falsas noticias también. Así como combatimos el virus, también hay que combatir la desinformación”, pidió, sentenciando que los peruanos identificamos a los personajes que generan desestabilidad con estas mentiras.

Paralelamente una false news (tergiversación de información) en referencia a las clases virtuales que imparte el Ministerio de Educación en señal abierta, produjo una ola de opiniones que hicieron dudar a los padres de familia sobre la calidad de enseñanza.

La desinformación apuntaba a que grupos subversivos dentro del gobierno pretendían sembrar una ideología comunista a los alumnos a través de las clases virtuales.

Esto se viralizó de inmediato y diversos grupos radicales la respaldaron extendiéndola con opinión parcializada.

Lo cierto es que el mensaje en redes tiene un extracto del vídeo Aprendo en casa donde se hace referencia a la discriminación lingüística y el dominio de los grupos de poder.

Al respecto la Asociación de Correctores de Textos del Perú sostuvo que la false news sacaba de contexto las clases impartidas por el Gobierno. Además ante la polémica dejó en claro que sí existe discriminación lingüística y que está dentro de la currícula escolar su aprendizaje.

Por su parte el Ministerio de Educación desmintió esta corriente a través de sus canales de difusión, sin embargo el cuestionamiento a una política educativa en marcha basado en desinformación retrasa el lento avance de nuestra educación.

¿A favor de quién está la corriente desinformativa? No compartamos fake news.

*CEO Agencia HEFE Network. Fundador de LaTrue plataforma digital ganadora de la 1ra Hackathon contra la desinformación.

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Richard Swing es el Perú (incluye lomo saltado y pisco sour)

Richard “Swing” Cisneros dio una conferencia de prensa esta mañana donde asegura que posee 200 audios que involucran a políticos y otros personajes del gobierno.

Gabriel Rimachi Sialer

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4 funciones, 4.

Richard Swing se pasea con la prensa, los maneja, los aleja en nombre de la “distancia social” o no responde nada. Saca su tablet y anuncia “Voy a lanzar un nuevo audio”. Y da Play y no se escucha nada. El volumen es muy bajo. Los colegas se agitan, estiran la oreja y sus micros, piden silencio, entonces alguien grita ¡que lo transcriba! Y Swing, ese payaso de este hermoso país del lomo saltado, el pisco sour y Macchu Picchu, dice: “¡Un momentito que voy a tomar mi agua!”.

Se gira sobre sus talones, los periodistas hacen silencio, saca su botella de agua, bebe con parsimonia mientras escucha que un periodista susurra: “Directo en directo, el señor Richard Swing bebe de su botella de agua mientras esperamos que transcriba el audio que acaba de lanzar en exclusiva…”. Y entonces Swing gira sobre sus tacos, como si una luz del cielo se hubiera encendido en su escenario, mascarilla estirada en ese rostro que parece querer explotar y sentencia: “Silencio que voy a transcribir el audio que estoy lanzando”. Y se pone a escuchar y leer en voz alta lo que ahí se escucha. Esa es su transcripción. Un periodista le grita ¡No se escucha! Swing responde “¡Ay pero qué quieren si no tengo acá la tecnología para eso, entiendan que los he citado acá en mi hogar y no en otro lado porque la coyuntura nos urge por el bien del país!”.

La prensa se agita abajo y todos gritan a la vez -como les enseñaron en el curso universitario “Cómo gritar cuando gritan todos al mismo tiempo al entrevistado y no morir en el intento 1”- y no se entiende nada. Entonces Swing se indigna. “¡Un momentito! ¡Primero que nada me guardan la distancia social! ¡Segundo, yo los he convocado para anunciar los nuevos audios que tengo en mi poder y que voy a hacer públicos el día de hoy! ¡Si quieren más preguntas me escriben a mi whatsapp y les respondo!”. No falta quien le insista por el tema del ministerio de cultura y los 175 mil soles que se levantó en asesorías de coaching al personal del mincul, y Swing grita que se han juntado “la sentenciada y el pedófilo” para atacarlo porque él es una figura pública.

Le preguntan (a gritos) “¡Señor Richard Swing! ¡Señor Richard Swing! ¿Qué…?”. Pero Swing no lo deja terminar y lo fulmina con su mirada “Vacancia 2020”. “Yo me llamo Richard Cisneros, papito, Richard Cis-ne-ros. A Swing lo maté hace dos meses con dos estacas”. Sí, debe tener razón porque no hay otra forma -conocida- de darle muerte a los chupasangre.

Alguien le grita ¡oiiiiiga caballero! Y Swing se retira, enfundado en un abrigo negro, no sin antes gritar su número de Whatsapp para que la prensa (esa que encumbra a personajes como este, babeantes de necesidad de micrófonos) le envíe sus preguntas para que sean absueltas.

La seguridad de Swing (2 tipos macetones de impecable terno negro con corbatas rojas y audífono en la oreja), le hacen campo y Swing entra en su edificio de Miraflores, da 3, 4 pasos hacia el fondo, las voces se van silenciando, se convierten en un rumor de despedida. Entonces gira sobre su eje, como toda una estrella y regresa para reavivar los gritos con su nombre y los aplausos y los periodistas se agolpan nuevamente en la reja de ingreso y vuelven a gritarle cien preguntas pero Swing sonríe y se retira hecho un campeón, quizá creyendo que, en efecto, él es, en este momento, el presente del Perú. Que él es el Perú, con su lomo saltado, su pisco sour y Macchu Picchu. Y sonríe otra vez, satisfecho.

Lo peor de todo es que tiene razón. Toda la razón.

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MAQUINACIONES: Viejos y nuevos paradigmas sociales

Raúl Allain

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El distanciamiento social y la cuarentena a raíz de la pandemia del Covid-19 está imponiendo la llamada “nueva normalidad”, que definitivamente implica que las viejas estructuras mentales y sociales adquieren un ropaje donde todo pasa por la autopista de la información y las nuevas tecnologías.

Tanto la economía, la educación y la vida social es “virtual”. Tal como lo he sostenido en artículos anteriores, el desarrollo, aplicación y uso de las nuevas tecnologías está engendrando nuevas formas de esclavitud digital, que son parte del engranaje económico y generan nuevos modos de producción y mecanismos de adaptación social cada vez más refinados y sofisticados.

Hoy bajo el imperio del Internet, muchos creen tener cierto poder desde su “smartphone”, que a la vez es la punta de lanza para ser sometido. Nada más eficaz para el sistema de trabajo que su autorreproducción en la psiquis y la mente de quienes lo sustentan con su fuerza de trabajo y “el sudor de sus frentes”, es decir, con la energía de sus propias vidas.

Actualmente, en el Perú se habla con más fuerza del “teletrabajo”, “trabajo virtual”, “trabajo remoto” y “trabajo on-line”. Si bien es cierto que la Internet facilita la comunicación y permite que muchos puedan “trabajar desde casa”, hay otra cara de la moneda. Pero también es evidente que ahora la tecnología es factor decisivo para la perpetuación de un sistema basado en el sometimiento objetivo, pero con una fuerte carga de control mental. Esto ya se veía venir con la llamada “cultura de masas” que proponían con el auge de la radio y la televisión.

En este sentido, los trabajadores-consumidores modernos, bajo los dictámenes del mercado laboral y del consumismo digital, son conducidos en la totalidad de sus vidas por una especie de “control remoto” y lejos de reconocer y romper su determinación ajena, constituyen sin duda y “ocultos a plena vista”, la nueva esclavitud del siglo XXI.

Parece que la esclavización de la mente y por ende del comportamiento del ser humano ya ha alcanzado niveles irreversibles, a causa de la doblegación mental y corporal que actúa sin misericordia sobre sus víctimas para evitar que estas se rebelen contra un orden social intrínsecamente inhumano y explotador.

Quienes cuestionamos estos modos de esclavitud, seguiremos luchando en pos de la formación de una conciencia global que contrarreste y acabe con todas formas de explotación económica, doblegación, opresión política, discriminación social y alienación humana.

Pero los sistemas laborales tienen como contrapartida las exigencias de una sociedad de consumo, ahora cada vez más monetizada mediante el dinero electrónico y nuevas monedas digitales como los “bitcoins”. La presión para comprar es fuerte. Parece que el mensaje es: “Compra y sé feliz”. Y el que no tiene para comprar, es marginado.

Hay una presión sociocultural y social muy fuerte para comprar. Uno de los mercados en expansión es el de nuevas tecnologías de la información y comunicación. Y la telefonía celular es equivalente a conexión con el mundo. Y estar al día en comunicación es imprescindible para poder tomar decisiones. Pero también, los aparatos se renuevan a un ritmo vertiginoso, lo que acelera la obsolescencia de las “novedades”. Lo que hoy es nuevo, mañana ya será un artefacto inservible, una pieza de museo.

Parece que nos quieren inocular la idea de que tener un teléfono de última generación es sintonizar con el mundo actual y especialmente poder acceder a las redes sociales más populares de Internet: Facebook, Messenger, WhatsApp, YouTube, Instagram, TikTok, entre muchas otras. Son masivas las descargas de música, videos y otras aplicaciones como por ejemplo para buscar taxi con seguridad, entre otras “apps”.

Y ahora –a raíz de la pandemia– están en auge las teleconferencias y hasta las reuniones sociales digitales y ceremonias a través de la pantalla.

Existe un marketing agresivo para convencer a los diversos sectores de que se pleguen a esta oleada, incluso con la utopía de falsos liderazgos, grupos o “colectivos”, pero al fin de cuentas todos sucumben al sistema.

El ser humano en una nueva encrucijada, con el riesgo de una idiotización manejada desde “rankings de popularidad”. Es una paradoja: muchos se desviven por un “like” o un “me gusta en Facebook”, poniendo además su historial y privacidad en manos de esas poderosas empresas que manejan las redes sociales.

Desde un teléfono en las manos tenemos acceso a viajar por el mundo, navegando por el universo casi infinito de la Internet, donde hay páginas web de información y de entretenimiento, y especialmente buscadores potentes de información, ahora con servicios “en la nube” para almacenamiento de fotos y archivos. En contrapartida, los “hackers” o piratas informáticos cometen delitos usando la vulnerabilidad del sistema.

Es una sociedad de consumo, donde los intercambios comerciales dominan la escena, el acto de compra parece que se va convirtiendo en la razón de ser del sistema. Es muy fuerte la presión actual de producción y venta de teléfonos inteligentes.

Ya se sabe que la sociedad humana cada día es más digital, y este fenómeno está afectando incluso el plano económico, social y cultural, en campos diversos como la medicina, la arquitectura, la industria, la ciencia y el arte. Estamos en la autopista de la información, viajando a toda velocidad en el ciberespacio. ¿Sabemos hacia dónde?

(*) Escritor, poeta, editor y sociólogo. Presidente del Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y director de Editorial Río Negro.

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EMPRESA HIDROELÉCTRICA DONA OXÍGENO MEDICINAL PARA COMBATIR EL COVID-19

Dotación de 200 cilindros fue enviada a las regiones Áncash, Arequipa, Lambayeque, Huancavelica, Lima y Ucayali.

Redacción Lima Gris

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La compañía Kallpa Generación, dedicada a la generación eléctrica, contribuyó con 200 cilindros de oxígeno medicinal, a través de la Campaña Viva El Perú Unido, para atender la creciente demanda en los hospitales de nuestro país, a causa de los efectos que viene causando el Covid-19.

Esta importante dotación de oxígeno medicinal, en cilindros de 10 m3 cada uno, se distribuyó a las regiones Áncash, Arequipa, Lambayeque, Huancavelica, Lima y Ucayali, donde Kallpa realiza actividades de generación de energía y producción de hidrocarburos.

En el caso de Ucayali, una de las regiones más afectadas por esta pandemia, se entregaron 100 cilindros que se distribuyeron a las provincias de Padre Abad (50) y Atalaya (50). En Arequipa, la contribución fue destinada a la provincia de Islay (15), en Áncash, para Huaraz (20) y Caraz (10), en Huancavelica, a la provincia de Tayacaja (20), en Lambayeque, a Chiclayo (20), y en Lima, a Cañete (10) y Chilca (5). Toda la contribución voluntaria fue coordinada y entregada a las autoridades regionales y responsables del sector salud.

“Kallpa es una compañía con una sólida política de responsabilidad social que ha permitido construir relaciones cercanas con las poblaciones vecinas a nuestras operaciones. Fruto de esta cercanía, y el apoyo social que venimos brindando desde iniciada la emergencia sanitaria, pudimos identificar la necesidad de oxígeno medicinal, dado el avance de la pandemia”, señaló Pamela Gutiérrez, Gerente de Relaciones Institucionales de la empresa. A inicios de la emergencia sanitaria, la campaña #VivaElPerúUnido, logró congregar el apoyo de diversas compañías privadas, y ahora busca sumar nuevamente esfuerzos solidarios del empresariado para llegar a más regiones del Perú.

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Y SE LLAMA SALUD, CON “P” DE PLATA

Mientras las clínicas hacen su agosto con la desesperación de las víctimas del COVID 19, el gobierno no da la talla por los ciudadanos.

Gabriel Rimachi Sialer

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Que el sistema de salud estatal estaba en crisis, ya lo sabíamos. Lo hemos sabido siempre, pero siempre lo hemos esquivado. Se ha repetido hasta el cansancio que todo el sistema está en crisis, que somos un país cuya estructura no funciona, que estamos parchados con curitas mientras nos desangramos por todas partes, y que solo tomamos conciencia de este asunto cuando la muerte toca nuestra puerta. Lamentablemente es verdad.

El 23 de abril se anunció con bombos y platillos la aprobación del decreto de urgencia para que los contagiados por COVID-19 reciban la misma atención en hospitales y clínicas, y así atender a más pacientes que buscan desesperados una cama UCI para ser entubados y no morir. El ministro de salud, Víctor Zamora, celebró como siempre lo que Vizcarra anunció, pero hasta el día de hoy, a 100 días de cuarentena y con más de 8 404 muertos “oficiales” (se estima que son 24 613), el gobierno “no ha llegado a un acuerdo –económico– con las clínicas por desacuerdo de costos”, según palabras del propio Zamora.

¿Cómo es que el gobierno de un país no puede “llegar a un acuerdo económico” con las clínicas en una situación de emergencia de esta magnitud? ¿Cómo es que un gobierno que libera 30 mil millones de soles a través de un programa como “Reactiva” –que ha hecho más ricos a los ricos empresarios–, no puede negociar ni imponerse y hacerse respetar? Nuestras leyes restringen el accionar del Estado sobre las empresas privadas, pero en una situación de emergencia (estado de guerra le llaman los expertos), no hay nada que discutir, no hay nada que negociar, “debería” primar la vida del ciudadano: Chile, por ejemplo, lo acaba de hacer.

Este es el gran y gigantesco negocio de la salud.

El hermano de la periodista Cris Vilchez estuvo internado por COVID 19 en la clínica San Pablo. Habiendo desembolsado S/139 000 soles (que significó sacrificar ahorros, pedir préstamos, involucrar a toda su familia), tuvo que enfrentar un saldo pendiente de S/465 447.31 soles. Medio millón de soles por salvar la vida de un ser querido. El costo de una casa. Una deuda para el resto de sus vidas.

Junior Pérez ingresó a su padre a la clínica San Pablo hace tres semanas por un problema en el pulmón. Le dijeron que era algo sencillo, una pequeña neumonía. Tenía coronavirus. Lo entubaron y murió a los pocos días. A pesar de ser asegurado en la misma clínica, a Junio Pérez y su familia no le permitieron retirar el cadáver de su padre mientras no cancelara la deuda que el seguro no podía cubrir: S/200 000 soles. Desesperados, aceptaron la única propuesta viable: firmar pagarés de S/6,500 soles mensuales durante 18 meses, más S/20,000 soles que tienen que pagar a fin de mes (la próxima semana). Todo esto sin contar lo que tuvieron que desembolsar mientras su padre estuvo internado.

El día de hoy, la Clínica San Felipe, al ver que uno de sus pacientes con coronavirus no tenía los recursos para cancelar el tratamiento, le dio de alta y lo dejó en la puerta de ingreso. La esposa, desesperada, lo recibió y llevó a cuanto hospital pudo, pero no lo recibieron: al tener el certificado de “dado de alta”, no lo pueden recibir en ningún lugar porque así es la burocracia. Así es el sistema.

Así es el Perú.

Presidente Martín Vizcarra visitando la PUCP para evaluar los respiradores mecánicos en abril.

Mientras tanto, periodistas como Rosa María Palacios salen a defender rabiosamente a las clínicas argumentando que, al ser privado, es un gusto, “y el gusto cuesta, pues”. Y así como ella, Carlos Joo (vocero de la asociación de clínicas) y Fermín Silva, director de la clínica La Luz, argumentan que esos costos de UCI (casi S/10,000 soles diarios) son los más bajos de la región. Es decir, comparándonos con Chile, Brasil, Canadá, Francia, Irlanda, estamos reyes, deberíamos agradecerles, encender velitas misioneras, bautizar colegios con sus nombres y levantar estatuas suyas para que los caguen eternamente las palomas.

La ecuación es simple: si no tienes plata en el Perú, te mueres. Y en el Perú ¿quién tiene medio millón de soles para salvar a su ser querido? ¿Quién protege a los ciudadanos? ¿Por qué nadie le pregunta eso al presidente? ¿Dónde está DE VERDAD toda la ayuda que decían brindar? ¿Dónde están todas las soluciones que diariamente anunciaban al mediodía? Desde un inicio esta pandemia ha sido la excusa de los ricos para enriquecerse más (muchos ayudados por el gobierno con los desembolso millonarios que nunca llegaron a los que menos tienen). Y Vizcarra, mientras tanto, solo pone como excusa que “todos son generales después de la batalla”, y luego, con el mismo tonito indulgente de estos 100 días de cuarentena, te manda lavar las manos con agua y con jabón. Qué rico el miserable negocio de las clínicas.

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Coronavirus

INDIGNANTE: PONEN FOTO DE ACTOR PORNO EN MISA POR MUERTOS DEL COVID-19 [VIDEO]

Fotografía de actor porno disfrazado de médico apareció entre las imágenes de víctimas mortales del Covid-19 en misa de Catedral de Lima.

Gabriel Rimachi Sialer

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El día de hoy, domingo 14 de junio, el arzobispado de Lima realizó una misa en memoria de todas las víctimas mortales que, hasta el día de hoy, viene cobrando el virus del Covid-19. La organización tuvo la idea de colocar fotografías de los rostros de las víctimas, haciendo que la imagen de los asistentes (en memoria) quedara como una que jamás olvidaremos de esta terrible pandemia que ya va cobrando más de 6 688 muertos en el Perú.

Sin embargo, esta selección de imágenes no habría pasado por un control mínimo -o al menos da a entender que se ha buscado sin ningún tipo de criterio en las imágenes de Google-, pues una de ellas corresponde al actor de porno español, Ángel Muñoz, más conocido como “Jordi, el niño polla”. La imagen, que se ha viralizado en Twitter, ha despertado la indignación y el repudio por esta burla a la memoria de todas las familias que han perdido a sus seres queridos en esta pandemia.

Actor porno Ángel Muñoz.

El arzobispado aún no se ha manifestado al respecto, pero la curaduría de esta actividad debe tener un responsable a cargo, y debe salir al frente a explicar qué es lo que ha sucedido con este tema, a todas luces una burla al dolor de miles de familias, muchas de las cuales vieron entrar a sus seres queridos a los hospitales pero solo recibieron sus cenizas en un cofre semanas después.

Una pena que este tipo de acciones empañe una actividad tan importante que busca entregar paz y sosiego a todos aquellos que han sufrido pérdidas humanas en esta pandemia.

VIDEO:

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CON O SIN COVID-19, EL VIRUS DEL LIBERAL PERUANO

Redacción Lima Gris

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Escribe: Ybrahim Luna
(Foto: La Tercera)

La pandemia que ha paralizado a nuestro planeta y tiene en vilo a la economía mundial, no representa en realidad el reto evolutivo final de nuestra especie, ni alterará mágicamente los valores químicos de nuestro cerebro para convertirlo un órgano más empático ante la futura e inminente autodestrucción humana.

Este escenario tampoco es un golpe mortal al capitalismo, como augura el filósofo esloveno Slavoj Zizek,  y mucho menos la reconciliación del hombre con la naturaleza. Lo que ocurre en el planeta es un entreacto dramático de los muchos que ha habido, y que suelen anteceder a una nueva etapa de consumo y desconfianza; en suma, un respiro para retomar el amor por las compras y los combustibles fósiles que son el motor de la globalización.

El coronavirus –ese agente infeccioso que no está vivo ni muerto- nos ha dado una lección de humildad demasiado pasajera. Porque cuando regresemos a las calles, a los campos y a las playas, lo primero que haremos será ahuyentar a la fauna que había ganado terreno ante nuestra ausencia. Las aves, las especies marinas y los mamíferos salvajes serán acosados y acorralados nuevamente, y solo los volveremos a ver cuando una cámara con visión nocturna los capte husmeando en nuestros basurales.

Cuando esta zozobra termine y estemos seguros de la cercanía humana, saldremos corriendo a tomar por asalto las tiendas de los malls para endeudarnos comprando televisores y adornos para la cocina y el baño. Porque retornaremos con el doble de hambre por consumir, de eso tratan las fases del capitalismo.

Es falso que hayamos aprendido una “solidaridad socialista”. Nuestras muestras de apoyo son la parte necesaria, y sobre todo mediática, para reconocernos mínimamente como sociedad; pero eso no va a cambiar que al final todo esto es un sálvese quien pueda, porque necesitamos comer y eso es apremiante; pero lo curioso es que aún en los tiempo de bonanza hemos (o nos han) aplicado el sálvese quien pueda.

Existe un gran afán de las empresas por contarnos públicamente que están con nosotros, que padecen lo mismo que nosotros, y que si pudiesen tomarían nuestro lugar para sobrevivir unos tres meses con 760 soles. Pero son esas mismas empresas las que nos venderían una mascarilla, un ataúd o un balón de oxígeno a diez veces su precio original si no fuese tan mal visto ante las cámaras de televisión.

Esto nos lleva a la realidad de los “liberales” peruanos, al papel tan extraño y bizantino que están jugando durante esta pandemia.

Liberales peruanos los hay y de toda laya. Algunos mantienen su cercanía al fujimorismo y otros reman alrededor de la centroizquierda, pero todos coinciden en un lema que los expone a la luz de una lámpara de taxidermista: ¡No queremos más Estado!  Seguido de una defensa casi religiosa del Mercado como único aval de las libertades primordiales. Y es que nuestros liberales hablan en nombre del pueblo, y sufren por quienes tienen que salir a ganarse el pan día a día, y en nombre de ellos es que piden flexibilizar las normas para que los trabajadores regresen masivamente a las fábricas, pero en realidad solo buscan que los empresarios cuenten con la mano de obra barata de siempre.

Como si fueran poco, firman comunicados internacionales en contra de los toques de queda y la inamovilidad social porque creen que son formas veladas de un futuro estatismo pro estalinista. Y aunque no lo digan abiertamente, ellos –en sus fueros más internos– creen que pueden resistir mejor al coronavirus porque están mejor alimentados, porque su sangre es más fuerte y son inmunes a cualquier bichito que anda malogrando la Bolsa de valores. Lo piensan, pero no lo dicen, a lo mucho y se atreven a arengar “yo sé cuidarme mejor que nadie”, o “el mayor virus es el miedo”, mientras hacen footing con su perro en pleno estado de emergencia. Y es que nuestros liberales, que odian ser identificados por su más exacta definición de neoliberales, nunca dejarán de expresar su amor por la “libertad”, porque es lo único que los identifica como modernos en un país desigual y lleno de carencia. Por ejemplo, dijeron que la minería no podía parar porque era la base de las exportaciones peruanas, y ahora tenemos a cientos de trabajadores mineros con covid pasando su cuarentena a la deriva; y callaron cuando las clínicas privadas acumulaban millones cobrando por pruebas que el Estado hacía gratis.

El ciudadano de a pie tampoco volverá como un Gandhi de la paciencia. El deseo de colarse en la fila, arrojar una botella plástica al suelo o tocar el claxon como un loco lo está consumiendo. La criollada solo ha tenido una tregua porque por ahora es relativamente mortal.

Cuando todo esto pase volverá la cruenta caza de ballenas, la criminalidad escalara a sus niveles normales, el smog retomará su condición de gobernante aeróbico y el negocio de las armas moverá nuevamente sus hilos en Wall Street.

Y en medio de ello estarán nuestros liberales peruanos exigiendo que no se aumente ni un sol a los sectores de Salud y Educación porque eso sería populismo, y porque los privados siempre lo harán mejor, aún a puertas de la muerte. Amén.

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COVID-19 | EL (íntimo) RECUENTO DE LOS DAÑOS

A 84 días de cuarentena por la pandemia del Covid-19, el escritor Gabriel Rimachi Sialer reflexiona sobre las pérdidas que hasta hoy ha tenido en su familia. Un reflejo de lo que viene sucediendo en todo el Perú.

Gabriel Rimachi Sialer

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Escribe Gabriel Rimachi Sialer

El jueves llamaron a mi mujer para informarle que la situación de Alfredo era más que delicada. Que necesitaban internarlo con urgencia en cualquier hospital que tuviera al menos una cama UCI disponible, el coronavirus le había afectado el corazón y no había vuelta atrás. El día se convirtió entonces en seguimientos de llamadas a la asistenta social de su trabajo, a preguntar entre los amigos, a buscar contactos, revisar la agenda del teléfono, hacer memoria entre los nombres de amigos médicos de acuerdo a sus especialidades, trabajar en casa en nuestras propias cosas, escuchar al presidente al mediodía decir que estábamos mejor que antes. Todo eso sin salir de casa. Alfredo murió la madrugada del viernes sin haber conseguido cama. Tenía 51 años cumplidos,una esposa, dos hijos adolescentes y mucha gente que lo quería en su trabajo y en su barrio. Como miles de peruanos que también han muerto en todo el Perú. Como miles de familias rotas ya para siempre dentro de la estadística del MINSA. El sábado por la mañana un familiar de Alfredo consiguió el contacto de una iglesia en Lince que realiza misas de difuntos online, avisó a los amigos y con mi mujer escuchamos misa (y el nombre de al menos 10 personas más que habían muerto de lo mismo y contratado el mismo servicio religioso). A los pocos minutos transmitieron por el celular el traslado del ataúd al cementerio. Se escuchaba el llanto de los familiares, las voces de los amigos que se habían apostado en la vereda central y separados uno del otro por dos metros de distancia. Toda una escena completamente nueva para mí. Sin embargo la tristeza ya la conocía. Mi esposa empezó a llorar y apagué el teléfono.

El 12 de abril me llamó mi madre. Mi primo Richard se había sentido mal a fines de marzo y había ido al hospital para que lo revisen. Era ingeniero electrónico. Ese mismo día lo internaron. Estuvo casi dos semanas entubado y sedado hasta que no pudo más. Cuando yo era niño, Richard y su entonces enamorada me llevaban al cine cuando visitábamos la casa de mi tía, comíamos obleas con manjar en Camino Real. Él se había asimilado al ejército y alguna vez nos visitó en la mina a mediados de los 80. Era una muy buena persona, de verdad. Su muerte, la primera por covid en mi familia, nos golpeó mucho. Nos aterrizó a la tristeza. Nos acercó a la realidad que mirábamos solo por televisión. A Richard lo cremaron, su familia lo vio entrar al hospital pero jamás salir. Recibió sus cenizas en un cofre. Esto es algo que, como imagen, como emoción, no termino de aceptar o asimilar. Es una idea que me carcome la cabeza todos los días, y estoy seguro que como yo hay miles más intentando procesar lo mismo. Mi mamá tenía la voz quebrada al otro lado del teléfono. Pensábamos en mi tía, en que ya es mayor y cómo estaría. En la imposibilidad de poder ir y darle un abrazo que al menos la consolara brevemente en su dolor. Yo lo recuerdo ahora con mucho cariño. Hubiera sido menos triste al menos ir a su velorio y despedirnos con un rezo. Pero solo pudimos llamar por teléfono.

“Hubiera sido menos triste al menos ir a su velorio y despedirnos con un rezo. Pero solo pudimos llamar por teléfono”.

Hace tres semanas asaltaron a mi primo Isaac y le robaron sus documentos y su teléfono. Lo encontró la policía, muy golpeado, en una calle de ATE. Su gordura le jugó en contra para poder defenderse. Lo llevaron al hospital de ATE para curarlo, y ahí se contagió de covid. Lo sedaron y lo entubaron. Su familia no sabía nada de él, al estar sin documentos su condición de enfermo desconocido empeoró la situación. Lo buscaron por días en comisarías y hospitales hasta que un amigo taxista lo reconoció en una de las camillas del hospital y avisó a la familia. Mi primo Dante fue a encargarse de todo pero no se podía ingresar para poder verlo, no se podía saber más que lo que a partir de ese día le informarían a mi primo una vez al día y por teléfono. Su mamá, mi tía Aída, se enteró del estado de su hijo el jueves pasado por la tarde. En la noche de ese día, impactada por la noticia del covid, murió de un infarto. La noticia nos devastó. Sin poder salir de casa, pegados al teléfono para estar al tanto de lo que ocurría, llamando a mi mamá para ver que estuviera “bien”, revisando en el whatsapp la cadena de oración para intentar, con fe, que al menos Isaac superara el trance en el que se encontraba por el azar y el descuido de la gordura, y que mi primo Dante, el mayor, tuviera la fortaleza para enfrentar semejante situación. Isaac murió el sábado por la tarde. Tenía 32 años.

Isaac, Aída, Richard, Alfredo. Hasta hace unas semanas los muertos eran solo números. Incluso ahora, tímidamente, algunos amigos empiezan a reconocer que tienen familiares contagiados o muertos ya. Como si contagiarse del virus fuera una peste. Como si esa peste los apestara a todos por defecto. El mapa de Lima se empieza a llenar de círculos rojos cada vez más grandes. “No pongas el nombre de tu muerto”, qué van a pensar, escuché hace unos días. Y por eso mismo escribo esto ahora y pongo sus nombres, porque me duelen los recuerdos, porque los extraño sin haberlos visitado tanto en vida, porque me subleva la muerte absurda, porque no acepto la situación que estamos pasando, porque necesitamos ponerle nombre a las cosas para poder entenderlas. Porque sé que esto es apenas el inicio de algo que tiene todavía para rato. Porque desde hace algunas semanas estamos viendo en el time line del facebook despedidas cada vez más numerosas. Porque salir a comprar el pan es jugarte una ruleta rusa que espera el menor descuido en tu nueva rutina para pegarte la muerte por la boca, la nariz o los ojos. Porque nuestro rompecabezas filial empieza a perder piezas importantes en nuestra historia personal, familiar. Porque nuestro corazón está también hecho de piezas que empiezan a faltar. Y esos vacíos no se volverán a ocupar, nunca más.

Y así, como nosotros, hay miles de familias en todo el Perú pasando por lo mismo.

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Poderes acechando en la sombra del Coronavirus

Ricardo Terrones

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En pleno epicentro de los inicios de la comunicación global en el renacimiento del siglo XV, se estableció el inicio del hilo conductor de la modernidad del siglo XXI. Ahí nació Martín Lutero en el año 1483, pionero de los derechos de la libertad de expresión, hombre de convicciones espirituales y humanistas. Luchó, junto con la verdad y el conocimiento, contra las mentes humanas más oscuras que pisotearon la libertad.

Por lo tanto, en la realidad del virus del COVID-19 en nuestro territorio, las mentes más oscuras de este gobierno del presidente Martin Vizcarra, acechan como perros hambrientos, por morder sin escrúpulos la vida de un ser humano. Son ellos los generadores de este brutal cuestionamiento sobre presunta corrupción, paralizando a la sociedad peruana, con mentiras, ante la crisis sanitaria.

El Ejecutivo ha entrado en un discurso de manipulación hacia la población, realizando comunicaciones que ya llegamos al pico más alto de la meseta, la apuesta por las pruebas rápidas que nunca funcionaron para contrarrestar el número de contagiados, las compras de ventiladores y oxigeno que nunca llegaron a los lugares más complicados del territorio peruano, los problemas con la supuesta reactivación de nuestra economía, Activa Perú, los bonos que no se saben si llegan a los beneficiarios de la población más vulnerables, etc. Además, con un Congreso que no legisló, frente a la epidemia mundial.

La BBC NEWS MUNDO, en un estudio de análisis manifiesta que somos el segundo país con más índice de contagios y muertes en Latinoamérica. La pregunta es ¿Por qué la cuarentena no impidió el avance del Coronavirus?, si el “Estado” destino un 10% del PBI del pueblo peruano, siendo el plan estratégico económico más agresivo de la región para ayudar a la gente y las pequeñas empresas. Se aplicó una fallida cuarentena irregular, con una población del 71% de peruanos que activan la economía nacional y sobreviven ante un desarrollo informal.

El 21% de peruanos no tienen lo básico como una refrigeradora en sus casas, el 11,8% de hogares pobres en el Perú viven en espacios de hacinamientos, con un alto número de test hasta fines de mayo con más de 820,967. Estas pruebas se realizaron a una población que bordea los 33 millones de peruanos. Con mayor cantidad de pruebas, más casos diagnosticados, ellos no influyeron en el avance del descontrol del virus: fueron la parte social y económica, que llevaron un mal manejo del control del progreso de la pandemia. Así mismo, el Instituto para la Métrica y la Evaluación para la Salud (IHME) de la UNIVERSIDAD DE WASHINGTON USA, en un estudio de proyección, analizó que el devastador índice de muertos en el Perú, llegaríamos a las 20,000 víctimas a fines de agosto.

Cada semana el presidente y sus ministros brindan informaciones que manipulan, quebrantando el conocimiento de la verdad. Es así, como la historia se repite en tiempos del coronavirus. Las mentes más nefastas y oscuras se asoman agazapadas, acechando como bípedos hambrientos ante el dolor de los peruanos más vulnerables, restringiendo sus derechos universales ante el avance de la gigantesca sombra del coronavirus. Nos están forzando y sometiendo a una crisis humanitaria, que crece a pasos agigantados. Engañando con migajas de apoyo que no llegan a las familias y pueblos que verdaderamente lo merecen. Es como que, si estuviéramos en la opresión de la mentira del engaño de las indulgencias del siglo XV, donde el poder político religioso arrinconó a la sociedad ante su dolor y sufrimiento de los pobres y abandonados.

En ese sentido el gran líder intelectual, filósofo del siglo I, PABLO DE TARSO, hombre de fe y humanismo, manifestó a los filipenses:

«Guardaos de los perros (hombres), guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores.»

Filipenses 3:2 (RVR1960)

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