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Literatura

ESPUELA DE ORIÓN: Poseidón en el mar de Grau

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Poseidón en el mar de Grau

 Escribe Juan Mujica

 

La zozobra era dantesca entre los pescadores, quienes a través de sus ancestros en forma de tradición oral habían oído sobre su existencia. Sin embargo, nunca lo habían visto y tan sólo sus abuelos de algunos tuvieron la oportunidad de verlo en todo su esplendor. Ante las aguas del imponente mar de Grau tenían la inexplicable sospecha que pronto, muy pronto, aparecerían sus monstruosas criaturas. Y eso no los dejaba trabajar tranquilos, ni siquiera en las playas, los bañistas y surfistas podían suspirar la paz, a sabiendas que dentro de las profundidades, donde sólo deberían brotar cardúmenes y plancton, el rey de los siete mares un día entraría en escena.

Los peruanos que vivían cerca al litoral en toda la costa, eran los más preocupados que viniera Poseidón, el cual según les habían contado tenía el dominio absoluto sobre las aguas, los océanos, los ríos, y hasta de los charcos. Por su parte, los marineros, temerosos que de pronto aparezca solicitaban quedarse en tierra firme. Es decir, que le temían más que a los tiburones blancos, y aunque jamás lo habían visto, se rumoreaba que en esos días de verano se manifestaría en alguna forma. Dicho y hecho, justo cuando nadie lo imaginaba. Cuando en las playas había una profusa asistencia de bañistas, surfistas, pescadores y navegantes. Justo en el límite de las 200 millas marinas, en forma paralela y sincronizada emergieron orcas gigantescas, enormes tsunamis y el mismo Poseidón transformado en coloso de piedra. Ni bien vieron la luz del sol, se acercaban peligrosamente a las costas del ahora vulnerable mar de Grau. Tan sólo un marinero que descansaba escéptico de las habladurías de sus compañeros, al echar un vistazo al horizonte pudo ver el gran movimiento talásico, además a los mastodontes marinos como puntos blancos con negro y al gigante rey de los mares.

-¡¡¡Peligro, peligro….peliiiiiigrooooo!!! –gritaba desesperado señalando con una mano hacia la tragedia y con la otra tenía agarrado el telescopio.

Al principio nadie le hacía caso, pero ante la persistencia de los tremendos gritos, empezaron a comprender la inminente desgracia que se les venía a toda velocidad. Otro de los marineros en la cabina de control alertaba sobre simultáneos tsunamis que podrían sumergir todos los puertos de la costa e inundar varios kilómetros de tierra adentro.

-¡¡¡Alerta, alerta….se aproximan tsunamis a la costa!!!….¡¡¡Evacuen el área….repito….evacuen las playas!!! –vociferaba el marinero desesperadamente, mientras crecía el pánico en aquel barco y en general en todas las embarcaciones.

En tres minutos todos los bañistas estaban alarmados. En siete minutos toda la costa estaba informada. En diez minutos era el tema general del mundo. Los almirantes, capitanes y jefes de las embarcaciones dieron la orden de retornar a puerto. Y de otro lado, cada vez estaban más cerca las orcas gigantes, impulsadas por los tsunamis y dirigidos por el mismo Poseidón, quien saboreaba cada segundo de terror de los peruanos. Gracias a la información dada a la Marina, en todos los litorales se evacuó a la población hacia tierras altas. Sin embargo, quedaban los más valientes a proteger los puertos y en las costas levantaban una muralla para contrarrestar las gigantescas olas que ya estaban por llegar. Sólo un milagro los salvaría de la muerte. Y fue un milagro lo que se presentó ante sus ojos. Sucedió que en medio de una gran niebla que se había generalizado en todo el litoral, aparecieron decenas de barcos de guerra del tamaño de portaviones. Y en cada barco había marinos legendarios comandados por un Miguel Grau. Así como lo leen. Con su uniforme de almirante y su barba característica. Dirigiendo en cada barco a sus tripulantes, quienes seguían las instrucciones del rejuvenecido hombre de mar.

-¡¡¡Preparen los cañones!!!…..¡¡¡Fueeeeegooooo!!! –gritaba cada Grau con un fervor patriótico muy parecido a sus días de vida.

Y los cañonazos empezaron a hacer blanco en las orcas gigantes, en los tsunamis y en el mismo Poseidón. Se oía el ensordecedor ruido de los cañones, lanzando velozmente los disparos, que cortaban la atmósfera y la neblina a su paso. Y aquellos marinos gritaban ferozmente porque estaban derrotando a Poseidón. Sin embargo, el rey de los océanos no se dejaría vencer fácilmente. Así que se transformó en un pulpo gigantesco y con el impulso de los tsunamis se aproximó a la costa chalaca y empezó a zarandear y golpear con sus tentáculos a los barcos de guerra como si fueran juguetes de tina. Y al ver ese espectáculo el ejército de Graus se congregó casi como volando y convergieron en un solo cuerpo, que formaron un gran coloso súper Grau. Y de héroe pasó a superhéroe, y al ver a Poseidón convertido en pulpo gigante, él se transformó en un tiburón dantesco y asesino. Se aproximó a toda prisa hacia su enemigo y lo devoró de tres mordiscos. Parecía que súper Grau había estado con hambre. Y hasta eruptó los gases intestinales, y de entre esos eruptos brotó una nube que se elevaba hacia el firmamento. Era Poseidón derrotado, quien no tuvo más remedio que huir humillado, molesto y un tanto admirado ante el poder de su adversario. Y como despidiéndose de los peruanos retomó nuevamente la forma humana de gigante y levantó el pulgar con la mano derecha, en señal de triunfo. Ante este gesto los marinos y hombres de mar laureaban su nombre:

-¡¡¡Súper Grau!!!, ¡¡¡súper Grau!!!….¡¡¡súper Grau!!! –vitoreaban alegres y satisfechos por los resultados y por el espectáculo único que vieron sus ojos.

Y así el mar que lleva su nombre ahora ya está fuera de peligro. Así como Grau hizo honor a su imagen como héroe, así nuestros demás héroes de la historia están esperando su turno, y más aún que nosotros también nos volvamos héroes día a día con nuestras buenas acciones, en pro del ecosistema y de la misma raza humana.

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Cultura

La anarco Revolución Caliente de Rodolfo Ybarra

Revolución caliente, novela para rechinar los dientes.

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Por Maynor Freyre

Desde un mundo esclerótico, donde  los órganos de la vida social se van atrofiando, para el grupo La Alcantarilla no queda otro camino que el romper con todo tipo de organización social, el implantar un anarquismo decimonónico como el de El hombre que fue jueves, escrito por G.K. Chesterton desde la burla y el corrosivo humor o lo planteado también por Antonio Muñoz Molina en su novela El dueño del secreto con fina ironía acerca de una frustrado levantamiento de ácratas al lado de militares, curas y banqueros en España, justo un año antes de que falleciera el falangista dictador Francisco Franco en España, e inspirados en la “revolución de los claveles”.

Revolución caliente se titula esta novela de Rodolfo Ybarra (Lima, 2020, Arteidea Perú), y tal como la antigua canción-pregón que recorría las calles de la Lima de mitad del siglo XX precedida por un farol Coleman, nos hace rechinar los dientes por su atrevimiento tipo El almuerzo desnudo del narrador beatnik William S. Burroughs que rompe con todos los cánones narrativos para contar como a través de un continuo vuelo de drogadicción. Asimismo, Ybarra se vale de descripciones, artículos, estampas, diálogos cuasi teatrales, poemas inesperados y una especie de proselitismo ideológico neo anarquista.

Como los beatniks, Ybarra trata de romper con el estilo neo liberal democrático que rige en el mundo actual y no siguiendo las pautas de los escritos marxistas, leninistas maoístas que se impusieron en muchas partes del mundo como entelequias para transformar la sociedad. Claro que se trata de un escrito ficcional que no necesariamente se vincula con el autor a toda costa. Hay textos que afrontan las relaciones íntimas y otros que suponen la organización de grupos de destrucción, al estilo de la canción de los Saicos de los años ’60 que pregonaban con Demoler “echar abajo la estación del tren”, en referencia metafórica al viaje a través de los cánones establecidos.

Para finalizar este breve comentario, diremos que la hermandad con el movimiento beatnik —acuñado en 1958 por el periodista Herb Caen, posterior premio Pulitzer— de San Francisco, EE.UU., radica en que el nombre parte de beat que en la jerga estadounidense significa cultura, actitud y literatura a los cuales este periodista le añadió nik, la última sílaba de la palabra Sputnik, el primer satélite soviético que atemorizó a los norteamericanos pensando que desde un satélite como ese les iban a lanzar la bomba atómica. Casi al terminar de leer Revolución caliente, en 201, EL QUÍMICO: CÓMO Y QUÉ HACER PARA UN CORRECTO SABOTAJE nos da cinco fórmulas para preparar bombas explosivas, así como cinco consejos para malograr un vehículo motorizado y otra sarta de consejos para descontrolar y alterar el orden.

“Resinoso, como prueba de todo lo dicho, dejas aquí el primer último párrafo de esta tu, dizque, novela inconclusa que es la Historia del Perú, en estos precisos momentos en que la huelga general está tomando las calles dando vivas en voces de la muchedumbre, y en que se escuchan disparos y explosiones que retumban en las periferias, caseríos y barriadas y vas dejando de redactar”. Porque al final un helicóptero humeante se precipita al vacío. El sonar de la metralla son las voces de La Alcantarilla. Entonces empiezan a desfilar los personajes que conforman ese anarco grupo.

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Cultura

Joe Guzmán presenta su poemario “La arqueología del caos” en la Feria del Libro de Los Olivos

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Hoy por la tarde en Lima, el escritor Joe Guzmán presentará su libro “La arqueología del caos” publicado por la editorial trujillana “Paloma Ajena Editores”. La presentación se realizará en la Feria del Libro 2022 – Los Olivos: Ciudad con Cultura (ubicada en la explanada de la Municipalidad de Los Olivos – Lima) organizada por Ciudad Librera y el Fondo de Cultura Económica Perú.

En la mesa de presentación estarán Amós León (director de la editorial), Ángel Flores (docente y crítico literario) y talentoso escritor Joe Guzmán (autor del libro).

Descripción no disponible.

Sobre el libro, el escritor y crítico Luis Eduardo García mencionó: “Un segundo libro en el que explora la naturaleza y el origen del caos como parte esencial de la naturaleza humana, confirma a Joe Guzmán como una de las voces más auténticas y originales surgidas en la poesía trujillana de los últimos años”.

También el periodista, escritor y gestor cultural Augusto Rubio, se refirió al libro: “En las páginas de este libro aparecen el miedo, el cadáver que crece al interior nuestro, la noción de felicidad y la locura, la interpretación de la historia y de nuestro origen. El significado de la poesía y el destino de las mujeres, así como la soledad y la colisión cultural entre lo prehispánico y el saber de los invasores, hacen de estas páginas una lectura necesaria, un descenso a los infiernos, pero también una luz de esperanza en el horizonte de lo que significa estar de pie en un país como el nuestro”.

Para finalizar, el crítico literario y docente Ángel Flores, señaló: “Este poemario quiere constituir una voz colectiva en diálogo con los sujetos subalternos, lo cual le permite abordar temas sensibles como la condición de la mujer, mediante la evocación del personaje de la bruja como una justificación para perseguir a las librepensadoras de la Edad Media, o el de la pobreza, entendida como el despojo total de las libertades del sujeto. Joe Guzmán ha escuchado la voz de Ojeda: “tendré que retornar a las raíces/ buscando la evidencia bajo la confusión” sin temor de haberse llenado de siglos y de fósiles“.

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Cultura

Ascenso, auge y declive de la hegemonía Bolaño

Una mirada al mercado editorial y su trascendencia entre los escritores que aparecieron luego del 2010.

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Un autor que no es ni chileno ni mexicano, un latinoamericano perdido en Latinoamérica que como muchos se exilió en España y acabó muriendo tempranamente con relativa fama en un ambiente bastante estrecho de la literatura. Admirado hasta la imitación por menores de 40 años y casi intrascendente para mayores de 50 años, el fenómeno Bolaño es una pieza clave en la historia de la literatura en español que inaugura entre los hispanoamericanos el postboom. Sin embargo, lo que buscó exorcizar acabó convirtiéndose en otro demonio a exorcizar:  el mismo Bolaño. Este es un artículo enfocado a su impacto en el mercado editorial y su trascendencia entre los escritores que emergieran después del 2010.

El ascenso: cómo pescar peces gordos

A principios de 1990, Bolaño era otro latino de segunda clase con ínfulas de escritor sin suerte en un pueblo de provincia en España. Todo deparaba que acabaría sin pena ni gloria sino fuera porque a diferencia de muchos escritores con ambición, Bolaño era un buen lector que conocía su mercado.

Después de publicar algunos libros intrascendentes apareció un libro raro en las estanterías que si llamó la atención: Literatura nazi en América. Lo que sus primeros lectores imaginaron era un ensayo de historia de autores reales acabó siendo un señuelo que mordió el mismo Herralde. Una metáfora del oficio de escritor a través del morbo de muchos lectores por el fascismo y su presencia poco difundida en la literatura. Este juego de Bolaño fue un acierto mercadotécnico. El libro no se vendió mal pero tampoco fue un éxito, su mérito yace en que llegó a donde se tenía que llegar: a los editores.

Jorge Herralde director de Anagrama, la gran editorial de los años 90 y 2000 que emergió como una alternativa a colosos en español como Planeta o Random, supo ver en el hábil Bolaño la habilidad de un escritor que si había captado el signo de los tiempos en el mercado editorial. Se cuenta que el mismo Herralde al leer el libro llamó a casa de Bolaño. El autor no se sorprendió de esa llamada, seguramente solo se alegró. Había picado uno.

Un par de años después, Bolaño enviaba su siguiente novela al premio Anagrama. Una novela de 600 páginas, Detectives Salvajes, se hacía con el primer premio. Bolaño había aparecido en el mapa editorial español. El libro es un homenaje al estilo y juegos estructurales de los autores del Boom latinoamericano (los primeros escritores de Latam en triunfar en Europa y el resto del mundo en la década de 1960). Comparado con frecuencia a Rayuela de Cortázar, el libro de Bolaño sin embargo se parece más a un realismo urbano a lo Vargas Llosa a ratos con toques de Fuentes y ciertas referencias al imaginario de Borges.

Roberto Bolaño con Herralde en su premiación en Anagrama.

En resumen, un estudio detallado e inteligente del gusto dominante del mercado del libro. Pero tenía dos cosas más. Primero era una enorme glosa de chismes sobre autores de segunda Liga que Bolaño conocía muy bien (los infrarrealistas mexicanos o el grupo peruano Hora Zero, entre muchos otros). Si estos grupos gozan de estima fuera de sus países al día de hoy se lo deben a la novela de Bolaño, quien a través de cambiarle los nombres a escritores fácilmente reconocibles para el lector ducho, nos cuenta quien era gay, quien le sacaba la vuelta a quien, quien le debía plata a quien, y un largo etcétera. Eso produjo un interés y un odio entre sus contemporáneos, pero eso no importaba a la hora de hacer ruido. El segundo mérito era que la novela que si bien jugaba a un homenaje a los libros del Boom también significó una superación del mismo en tanto desafío abierto. La imagen atacada por sus personajes a una vaca sagrada como era Octavio Paz, es también una metáfora de la literatura institucionalizada de los autores hegemónicos de entonces como era todo el Boom. Poco después de ganar el premio Anagrama, esta misma novela ganaría el premio Rómulo Gallegos, el gran premio que consagraba a los autores de Latinoamérica. Con estos dos galardones empezaba un camino que la desgracia y la suerte a través del mito y una cantante de rock estadounidense consolidaría.

Auge: no se trata solo de los libros, se trata de vender al autor

En 2003 y con 49 años Bolaño moría por falla hepática. Su último libro, 2666 se publicaría poco después inacabado. En ese momento su obra estaba bien editada pero no tenía el futuro asegurado, una vez muerto el autor que no había terminado de consolidarse, el riesgo de ser relegado del mercado era lo evidente. Sin embargo no hay muerto malo, y menos cuando su historia es una versión de Rocky o la Cenicienta versión Literatura. Estos factores más 2666 (el libro latinoamericano con mejor título en 40 años) ayudaría a que llegara a los oídos de Patty Smith, la poeta y cantante norteamericana que al conocer la primera traducción de Detectives Salvajes no dudó en impulsar la carrera de un muerto.

Bolaño con Enrique Vila Matas.

A través del mito se vende mejor un personaje, y en eso tienen años de delantera los gringos. Patty Smith vendió a Bolaño prácticamente como drogadicto (cosa que en vida no fue), una especie de Rockstar poeta en un México salvaje de los 70s, época en que está ambientada  los Detectives Salvajes, entonces esa imagen joven, con melena, más drogas y mucho retro, fue lo que finalmente terminó por enganchar  al público especializado gringo. Un par de años después de fallecido el autor, en EE.UU. publicaban 2666 en su primera traducción en inglés, y gracias al mito como marketing el libro con todos sus méritos ganó el premio de la crítica de la estadounidense. Cómo consecuencia el público especializado ya crítica en Latinoamérica, como buenos alienados, empezaron a interesarse por este autor que recogía en su breve biografía todos los típicos de una leyenda (vivir la dictadura chilena, el exilio, ser inmigrante en Europa, y realmente poco más, pero que se vendió como LA VIDA DEL POETA).

Pero es recién a partir de 2010 a 2012 que se establece una auténtica HEGEMONÍA entre los lectores latinos menores de 30 años que descubren a Bolaño hasta volverlo un autor de culto. El resultado no podía ser mejor: los escritores jóvenes empezaron a dedicarle sus libros a través de epígrafes o la simple imitación. Bolaño lo había logrado.

Patti Smith con el libro 2666 de Roberto Bolaño.

Declive: más es menos

Toda HEGEMONÍA es un imperialismo y todo imperialismo no es eterno y menos en literatura. Bolaño paso de ser la alternativa de superación de la lacra del Boom latinoamericano (esa lacra narrativa por la que los lectores y por tanto los editores europeos buscaban en los nuevos autores latinoamericanos papagayos, tucanes  y mujeres volando), a convertirse en un estilo tomado y repetido de una u otra forma hasta el hartazgo.

El fenómeno de su declive es reciente. En los últimos cinco años el entusiasmo y cariño por la obra de Bolaño ha empezado a estancarse, incluso a enfriarse, las ventas no son lo que eran antes y menos desde que Alfaguara de hizo con los derechos de sus libros (Anagrama supo vender los libros a tiempo). El fenómeno pasó, su influencia sin embargo todavía se mantiene como nociva. Los imitadores no faltan. Yo mismo fui uno, mea culpa. El detalle es que todavía no emerge una superación de su narrativa, ni siquiera alternativas claras entre autores latinoamericanos. Tal vez como Bolaño exista otro escritor astuto que haya sabido leer el signo de los tiempos del mercado editorial. Tal vez este año, tal vez el próximo. Mientras el mercado espera.

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Cultura

Natalie Celio, una poeta subte e inédita

Lee la columna de Rodolfo Ybarra.

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Hace varios años que, en el centro de Lima, el rezago de la movida subterránea nos ha entregado excelentes poetas. Muchos de ellos, es cierto, derivaron en cierto conformismo o en integrarse al establishment y “combatir al monstruo desde adentro” y bla bla bla. Lo cierto es que un grupo de poetas, músicos y artistas undergrounds, todavía siguen haciendo lo que se hacía en los ochenta y el “hazlo tú mismo” con fanzines hechos a mano (El Poste del desaparecido Máskara, Los Poetas del Asfalto de Richi Lakra y Primo Mujica que va en el nro. 170!, etc.,) y en eventos callejeros con gran cantidad de público que abarrota sus convocatorias.

Una de estas personalidades, salida de esta poesía citadina y subte destroy hasta la médula, es Natalie Celio. Su poesía es venal, vivencial, con rasgos de saliva, lágrimas y sangre. Aunque su profesión tiene que ver con la salud, eso no es escollo para (de)mostrarnos que puede hacer de soprano al lado del mismo Chinaski: Me gustaría ser Bukowski, // haberte amado como conocido // una templada noche de mayo, unos centavos, un hotel // un corazón que termina, // cuando los perros rondan el infierno. O cantarnos de forma cruda y sin delay y sin reverb: Pensé que mi corazón se perdió en Lima // Bajo bolsas de plástico y periódicos amarillos. Eso y muchas figuras y metáforas salen como navajas de sus textos y uno no queda invicto ni sale ileso. Mejor leamos lo que ella nos dice de sí misma:

“Nacida en Comas, Lima un 7 de Setiembre. Enfermera de profesión y escritora por frustración, miembro del colectivo artístico independiente Poetas del Asfalto, donde colabora con artículos hasta la fecha. Fundadora y exintegrante del colectivo Poetálica, cantante de la banda de rock Cirko Terror; sin libros ni poemarios publicados pero no descarta en algún momento publicar algo cuando su odio o amor por Lima lo ordenen.

 A veces suele hacer relatos cortos con alter egos masculinos, el mejor toma el nombre de “Vito ” o “Miguel”, dueña de una página virtual poética llamada ” La ventana de Jezabel” en honor a la reina fenicia que en algún momento también se convierte en su alter ego en su mayoría en sus reflexiones filosóficas.

Seguirá escribiendo hasta cesar, bien su vida o su frustración.

Natalie Celio”

LIMA, LA PERDIDA

Guarda los pocos recuerdos que tuvimos,

ausculta, por ratos

 los latidos perdidos,

La rabia de los perros,

circulación mayor de los vicios.

Pensé que mi corazón se perdió en Lima

Bajo bolsas de plástico y periódicos amarillos,

Oliendo lo poco que queda del ayer

De su terrible colonización,

de virreyes,

tapadas y reformas borbonas,

de su quechua

sin signos.

Ayer bajo un vaso,

pensé verte en esta Lima,

Pero sólo fue un recuerdo más en el vacío,

que sació este vehemente olvido.

Lima, de tristes poetas,

negados

abatidos de mentes,

con forma y sin contenido,

 círculos religiosos

de “buena y mala poesía”

disfrazados de intelectuales,

 enfermos de conceptos.

Eres aquello que amo y odio,

eres la madre enferman que cuido y protejo

Querida Lima mía, no te mueras

Aún guardas buenos tiempos

de Revolución,

de Inkarri,

de bohemia

de tus niños limeños,

Si tu palacio no te salva, te salvarán los insatisfechos.

3,1416 DE TODO

Un beso es ahora

como contemplar una estrella,

Pero no por la excelencia

sino por la distancia,

Como aquella canción,

la delicadeza

el recuerdo de su melodía

años luz de tus sensibles tímpanos.

Recuerdo, un ósculo, no común, ni muchos,

Aquél que pueda hacer sentir a la muerte perderse miles de vidas.

Como unas alas,

como el regalo de la tierra

hacia el cielo.

Aún sueño …

Un beso ¿Qué no daría por un beso?

Todas las determinantes que nos separan,

aquél 3,1416 de todo,

La agonía de la mentira,

 y la verdad absoluta

Penúltima gota de vino

para saciar la beodez

del cinismo,

Eso es un beso, somos.

La máscara del amor, encono profundo y

después,

soñar despiertos

SER BUKOWSKI

Me gustaba ser Bukowski,

viajar en un carro elegante y rojo,

desgastar mis poemas en perecederos amores,

de esquinas, procaces

como aquello que me diste.

Me gustaría ser Bukowski,

así no prometer nada que no llegue a los 15 dólares,

costaba mi vida diaria,

decaer en Lima

eructar vapores etílicos,

como las piernas de las esquinas

quejarme por intentar dolerme.

Me gustaba ser Bukowski,

 vomitada de las sectas poéticas,

que no den un centavo por mí,

graznan, escépticos

mientras me dicen: ¿Por qué tú?

yo respondo: Por ustedes.

Me gustaría ser Bukowski,

haberte amado como conocido

una templada noche de mayo, unos centavos, un hotel

un corazón que termina,

cuando los perros rondan el infierno.

Me gustaba ser Bukowski,

aún tengo una jaula,

un pájaro azul en mi pecho,

en proceso de adaptación.

Me gustaría ser Bukowski,

y vivir bajo una niñez presente

entre mis demonios, evaporarse bajo alma de bovino,

caminar, pensante, por la ciudad

a punto de fagocitarme.

Me gustaba ser Bukowski.

tragarme la guerra,

mi leucemia,

mis otras dolencias,

acariciar mis personajes,

viciosos

perpetuos

pedófilos,

sudando el oficio errante del cartero;

Lima carece de muchos,

los pocos que quedan, piensan en volarse los sesos.

Me gustaría ser Bukowski,

no sería tercermundista

tal vez me compraría un rifle,

mi escuela se afilaría de cadáveres,

el patio del recreo,

a la última campanada de clase.

Me gustaba ser Bukowski

y aún no era Bukowski,

ni la última letra de su apellido

sólo fui la sensación, al pasar la hoja de su libro;

orean a mi, el amor infiere,

 como gatos que visten de negro en invierno

 aún no conozco el infierno,

y lo mejor de conocerlo,

es no serlo.

Me gustaría ser Bukowski,

 no decirte aquello que destella mis labios

cuando desnudos, quiera encontrar,

 tus ojos,

cuando desnudo, quieras huir,

de mis labios.

Tomaría el tinto, sin vaso

y a tu primera palabra interrumpiría

intenta

intenta

 solo soy una puta,

con sus propios poemas.

Don ´t try.

AYER, HOY… SIEMPRE

Hoy,

hay sinnúmero de cartas, 

en mi cabeza,

llenas de perversiones.

Ayer, hoy

siempre.

Supongo que esta mierda de aparato siempre me habla,

y no sé si será real

compadecer la figura,

o darlo por hecho.

Y entonces,

vuelve la paranoia

tomar, patear,

cerrar mis ojos,

escuchar el silencio

de los viejos edificios.

Mañana,

se encenderá una luz que

ayer tal vez ya no encienda.

(ven, huye descalzo y en puntillas) vete.

Bebe inalcanzablemente

mi cuerpo,

no olvides vaciar la botella,

suele caminar triste,

sin tu vacío dentro.

COMO PARA DECIRTE ADIÓS

Actúo, como para decirte adiós

sin preguntar con quién estás,

sin mirarte a la cara cuando tus ojos brillan

sin brillar, cuando tu sonrisa me ilumina.

Actúo, para decirte adiós

sin que te des cuenta,

y sonrío, mientras me tocas

y me iré contigo, sin que me lo pidas

para despedirme, sin que me des la bienvenida.

Te digo adiós, sin marcharme

buscando las manijas de nuestras horas,

no estaré cuando la noche te conozca

y llegaré cuando vea el día.

Te digo adiós,

esperaré al amor antes de darte un beso,

en nuestras despedidas malas,

al cerrarme la reja de tu casa.

Y mientras me dices te quiero,

No pienses en amarme mientras las aves regresen,

porque

mientras no estén, aún podemos amarnos.

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Cultura

“Un año más del asesinato de Javier Heraud”, por Percy Vilchez Salvatierra

Lee la columna de Percy Vilchez Salvatierra.

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Hace 59 años (15 de mayo de 1963) fue asesinado el poeta-guerrillero Javier Heraud y casi toda la gente de la poesía celebra su memoria. Eso es correcto puesto que su poesía, sin duda, es muy buena pero sus ideales políticos pueden y deben ser cuestionados, sobre todo, cuando le costaron la vida.

Siendo más claros, asesinaron a Heraud cuando estaba rodeado por pájaros y árboles como profetizó en un famoso poema pero no mataron a un evangelista ni a un santo. Mataron a un hombre que decidió ejercer la violencia contra un gobierno tan “democrático” y legítimo como los que le precedieron y como los que vinieron luego, esto es que no estaban exentos de imperfecciones y de algunos méritos, y esto debe ser señalado con rotunda claridad. Los propósitos o los motivos que lo impulsaron se valorarán de acuerdo al criterio de cada uno pero en los hechos fue un subversivo. De hecho, fue uno bastante inhábil.

Simplemente, lo mataron antes de que empezase a matar. Truncaron, así, la carrera de un poeta muy prometedor y, también, la carrera de un potencial asesino.

Como en todo en la vida, saber apreciar los matices en las conductas de las personas, sin incidir en la negación de todo valor ni en la complicidad o alcahuetería, lo es todo.

Particularmente, nunca vi en Heraud un paradigma ni nada por el estilo y aunque no le niego valentía al hecho de tomar las armas siempre me pareció ingenua y suicida su intentona “revolucionaria”.

En todo caso, el fin de Chirinos Cúneo, como bien escribió Hinostroza, o el de Juan Ojeda, para solo mencionar a otros poetas de la misma generación, fueron aun más terribles. Sucede que en el caso heraudiano ha primado el sesgo clasista habitual en cierto sector de nuestra sociedad para justificar la violencia política de sus “pares” más la predisposición del peruano para ser alcahuete y nada más.

A ver si la cortan un día por el bien de la poesía y de la memoria histórica nacional.

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Cultura

“Transando con la muerte” un libro de cuentos de Guillermo Quiroz

“El Dr. Guillermo Quiroz ha escrito, en clave de ficción, un puñado de historias en las que cada uno de nosotros puede ver temerariamente reflejado”.

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Edwin Cavello, Dr. Guillermo Quiroz y Gabriel Rimachi Sialer.

“Un corazón adulto late entre sesenta y cien veces por minuto. Podemos, a partir de este dato científico, imaginar la cantidad de veces que nuestro corazón ha latido hasta el momento en que usted se encuentre leyendo este libro. Tiempo. El corazón es una máquina que solo falla una vez y, esa única vez, puede ser para siempre”, se lee en la contratapa del libro presentado por la editorial Casatomada.

Pero el corazón no es sólo un músculo que permite la vida mientras esté activo, es un órgano muy complejo que está supeditado también a nuestras emociones más intensas. Desde la alegría de un nacimiento hasta el sobrecogimiento por la muerte de un ser querido, desde la emoción del primer beso hasta la tristeza que se diluye en un vaso de alcohol por el amor perdido, el corazón, nuestro corazón, va marcando a fuego nuestra existencia. En ese sentido, no podemos desligar nuestras emociones de aquella máquina de carne que nos mantiene de pie en esta vida. Y de eso trata justamente este libro.

Pocas veces hemos asistido al lanzamiento de un libro tan interesante como intenso. Una colección de cuentos donde encontramos eso que debe hacer la buena literatura: contarnos historias, sumergirnos en la experiencia ajena de sus personajes y convertirnos en testigos que no solo acompañan sus tragedias y alegrías, sino que también nos convierte en testigos silenciosos que los acompañan como una sombra sobre sus destinos. Y acá entra entonces la mano del escritor. Conozco al autor por este libro, y puedo deducir que es un gran lector y, sobre todo, un gran observador. Pero además hay un plus interesante y que resulta capital en todo esto: el Dr. Guillermo Quiroz es un médico cardiólogo. El amigo que todos queremos tener, por supuesto, muy cerca siempre. Ya la literatura nos ha entregado historias escritas por médicos y que han reflejado su profesión, con éxitos que contribuyen a la divulgación científica y a la denuncia social.

Remontémonos a un clásico indiscutible: Gustave Flaubert, hijo y nieto de médicos, que vivió durante su infancia en el hospital donde trabajaba su padre, y que defendió hasta su muerte que la escritura tenía que experimentar la misma proximidad con las personas que los médicos. A este ejercicio de profunda y obsesa observación, Flaubert bautizó como la mirada médica, y usó esta expresión en una carta en la que criticaba la novela Graziella, de Alphonse de Lamartine: “El escritor no tiene la mirada médica de la vida, esa visión de aquello que realmente importa, y que es el único medio para conseguir los grandes efectos de la emoción”. No juzga la obra por elementos como los personajes, la trama, o el estilo, sino por la falta de una mirada humana sobre los seres vivos y los sentimientos. Esto es, señores, la base de la literatura.

La lista de escritores que también fueron médicos es tan larga como extraordinaria: desde Arthur Conan Doyle , Anton Chéjov , Sigmund Freud, Frank Gill Slaughter, entre otros. Profesionales de la salud que decidieron aplicar sus conocimientos a la literatura. Centrémonos en un par de casos que considero bastante ilustrativos: Sir Arthur Conan Doyle , el creador de Sherlock Holmes, era un médico observador, con un potente razonamiento deductivo que lo llevaba a diagnosticar con un gran acierto las enfermedades de sus pacientes. Pero a finales del siglo XIX, estas habilidades le servían de poca cosa dado que la medicina era muy rudimentaria, comprendía pobremente el proceso patológico y no disponía de las pruebas necesarias para confirmar un diagnóstico; en cambio, en esa época nacía y prosperaba la ciencia forense, ya que se establecían las bases de la balística, y por primera vez se aplicaban la fotografía y las huellas dactilares como métodos de identificación. Por eso Conan Doyle, aburrido y frustrado por las limitaciones de la clínica, trasladó su inclinación por la observación al ámbito de la ciencia criminal. Cambió la bata blanca y el estetoscopio, que se acababa de inventar, por una gorra con visera doble y una lupa, y de esta manera se creó la novela de detectives, que ha sido la cuna de la popular novela negra actual.

Hasta aquí un panorama brevísimo pero intenso de la importancia que los hombres de ciencia han tenido en la literatura. En el Perú, en este momento, podemos decir que el libro del Dr. Guillermo Quiroz constituye un aporte valioso a la literatura desde la visión del médico, pues no solo nos acerca a los dramas en ese sencillo y plano ejercicio de la escritura a la que nos ha acostumbrado la moda editorial de los últimos años, sino que Quiroz les otorga dimensión a sus personajes y, sobre todo, los dota de humanidad. Los acerca al filo de la muerte y desde ese acercarse al abismo, nos cuenta el drama que sus vidas le infligen a sus corazones. Pero además sus historias constituyen también la radiografía de sectores altos, medios y bajos de la sociedad peruana. Acá todos tienen corazón. Y todos van a padecerlo en algún momento. Hay tristeza en el trágico destino de Rodrigo Junior, un dandy limeño que verá trastocada su vida por una afección coronaria que cerrará con una frase lapidaria: “Toda mi fortuna por un poco de salud, doc”; y de los lujosos espacios del Club Nacional pasamos a las carreteras que llevan al norte del Perú, donde un camionero descubrirá el amor a pesar de estar casado, y esta condición, que tan vivo lo hace sentir, lo llevará irremediablemente a la muerte. Pero hay también corazones que se encogen alrededor de un corazón ya muerto, como ocurre en Nunca dejé de fumar, cuento que cierra esta estupenda entrega de Guillermo Quiroz, y que nos enseña -sin buscar hacerlo, es decir, haciendo buena literatura- los estragos que provocan ciertos vicios tan humanos en nuestro organismo.

La pluma de Quiroz nos entrega también la observación de un médico escritor que es, además, un gran lector. Esta colección de cuentos se convierte así en un referente interesante y necesario dentro del panorama literario nacional, de historias donde la medicina interviene para determinar el destino de sus personajes. Y aquí, estimados amigos, en este preciso punto, todos podemos convertirnos también en personajes porque, al final de cuentas, todos nos vamos a morir. El asunto es “cómo”.

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Cultura

Taller de escritura “Escribir desde el abismo”, con el escritor Gabriel Rimachi Sialer

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El escritor, guionista y crítico literario británico, Graham Greene, cuya obra exploró la confusión del hombre moderno y trató asuntos sobre política o moralmente ambiguos en un trasfondo contemporáneo, dijo alguna vez que: “Escribir es una forma de terapia: a veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, o los que no pintan o componen música, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana”. La escritura, entonces, es una forma de exploración de aquellas oscuridades que nos conforman, que nos moldean y también que nos interpelen. En ellas yace el material que podría convertirse -si sabemos dónde y cómo buscar- en el material de nuestras mejores ficciones.

Este taller virtual, preparado por el escritor Gabriel Rimachi Sialer, te brindará las herramientas necesarias para que puedas empezar a escribir tus propias historias. ¿Cómo empezar? ¿Cómo estructurar y desarrollar una idea? ¿Cómo darles carácter a los personajes? ¿Cómo generar intensidad? ¿Cómo terminar la historia? Apoyados en lecturas seleccionadas y ejercicios creativos, recorreremos los distintos espacios temáticos que el cuento ha abordado, se reconocerá la estructura de una gran historia y el participante podrá desarrollar la propia, que será comentada en clase.

Además, se realizarán evaluaciones permanentes de acuerdo a los ejercicios desarrollados. Al finalizar el taller, los mejores textos serán publicados en la página web del Círculo de Lectores.

Sobre Gabriel Rimachi Sialer. Es autor de los libros de cuento “Despertares nocturnos”, “Canto en el infierno”, “El color del camaleón”, “El cazador de dinosaurios”, y la nouvelle “La increíble historia del capitán Ostra”. En 2011 obtuvo la beca de residencia literaria del Gran Ducado de Luxemburgo. En 2013 fue considerado en la antología nacional “El cuento peruano” editado por Petroperú. Su último libro de cuentos, “Historias extraordinarias”, fue considerando por el crítico literario Ricardo González Vigil entre los dos mejores libros de cuento publicado en 2020.

𝗜𝗡𝗜𝗖𝗜𝗢: martes 17 de mayo

DURACIÓN: 6 sesiones:

DÍAS: 17, 24, 31 de mayo y 7, 14, 21 de junio.

HORARIO: 8:00 p.m. – 9:30 p.m.

PLATAFORMA: Zoom

INVERSIÓN: S/200 soles

INFORMES E INSCRIPCIONES: info@circulodelectores.pe o al WhatsApp 920664682

Formas de pago: transferencia, Yape o Plin.

*** Se entregará material de lectura y certificación a nombre del Círculo de Lectores Perú.

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Cultura

El lado rosa de la ciudad blanca

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Por Hélard Fuentes Pastor

Vive en el lugar más insospechado de la ciudad. A la altura de una calle tan singular por el bullicio de sus intersecciones y la soledad de la noche, entre los fríos carteles de las funerarias y la recrudecida sombra de un hospital.

A pesar de lo que implica vivir allí, constantes cefaleas y jaquecas, más aún en medio de una crisis sanitaria; siempre encuentra la manera de sonreír y sacar vuelta al sonido exasperante, incluso escalofriante de las sirenas que trajinan hasta su último destino, en la puerta del nosocomio «Carlos A. Seguín Escobedo». 

Pensándolo bien, aquella habitación –no muy distante de otras que colindan con la muerte–, se ha vuelto su lugar de meditación. Ahí guarda los sentimientos más sibilinos de esta sociedad. Para satisfacción propia y temor de muchos, conoce los secretos de una ciudad profundamente católica y moralista, pero homosexual a sus adentros. Un perfil extraño, tantas veces negado, que se revela en atardeceres sexualizados y parece un insulto a la reciedumbre del león.

Ninguno como él, ha recorrido las eternas calles de Arequipa. Ha conocido el sillar hasta en el tono más gris y rosa. Decimos gris, por las sombras con las que ha lidiado para sobrevivir durante la pandemia, y rosa, por el sin número de hombres pasivos a quienes ha descubierto entre las sábanas; por supuesto, exhibiendo esos pectorales griegos, esculpidos por el mismo Zeus y que son resultado de intensas jornadas en el gimnasio.

Sus confidentes son un par de gatos. Dos machitos color plata que todas las noches –después del trabajo– lo reciben, inquietos y juguetones. Por un momento, olvida el calvario que lo alejó de su familia hace tres años, y observa con la esperanza de quién ha encontrado un nuevo hogar –a miles de kilómetros de su patria– en la Ciudad Blanca.

Su habitación –hemos dicho– está llena de recuerdos. Hay un sin número de fotografías pegadas en el ropero que revelan el tremendo amor por su familia; su madre, sobre todo, con quién se reporta al llegar a casa:

– ¡Todo va bien mamá!, ¡disculpa! No te pude llamar antes.

Aunque tiene un trabajo estable, gana un dinero extra como escort o acompañante remunerado.

– ¿Eres dotado? –le preguntan–. Así inicia el interrogatorio previo a todo encuentro. 

Él, no presume. No es jactancioso. Solo se ríe mirando de soslayo.

De pronto, nos cuenta que exige el pago sobre un velador o en el aparador más próximo porque no falta el ‘sapo’ o ‘vivo’ que quiera aprovecharse.

– Ya me pasó una vez y no se volverá a repetir… –advierte–.

A diferencia de sus pares, también dedicados a brindar dicho servicio, cuida mucho su cuerpo e intimidad. No le agradan las situaciones incómodas, demandantes o riesgosas como el beso negro, la lluvia dorada o la felación, a no ser que se trate de alguien de confianza, por ejemplo, un enamorado.

– A lo mucho he llegado a los besos normales, chupos y caricias.

– Con tu actividad, ¿no te da miedo contagiarte de algo? –le insistimos varias veces–.

– ¡Claro! Pero siempre me cuido. ¡Yo no lo hago sin condón! –reafirma–.

Aunque cualquiera puede pensar que ha tenido una infinidad de relaciones sexuales, no es así. Él es muy selectivo con la clientela y no siempre lo llaman para tener sexo, sino por cuestión de morbo.

– ¡Arequipa es recontra maricona! –aludimos–.

– ¡Si supieras…! Lo confirma con una mordacidad que se escapa entre dientes.

Después, nos comenta que nadie se resiste a un escort, sobre todo, cuando llega el fin de semana y la libido despierta intensos deseos en toda persona, incluso en la más nerviosa y tímida.

El teléfono suena muchas veces. Si no son llamadas, son mensajes de texto. En algunas oportunidades se trata de un personaje importante, un político o empresario. En otras, sencillamente, hombres casados que no toleran a sus esposas ni la rutina de sus matrimonios.

Lo cierto es que se viste con prisa y si acaso resulta fatigante o estresante, solo deja de hacerlo.

– A veces pagan bien, otras regatean mucho.

Hay quienes solo quieren darle 40 soles y ha llegado a cobrar hasta 200 por una hora. La tarifa depende del tiempo y de la persona.

Al término de la cita, algunos ni siquiera se despiden y otros son más atentos, se encariñan y le compran obsequios: ropa, lentes, relojes, gorras… No importa. Todo regalo es bienvenido como también es bienvenida la noche.

Propiamente ha perdido su dejo. Apenas se le escucha el acento maracucho de un hombre de treinta y tantos años, encarando los desencuentros de la vida y de su oficio. 

Con él y muchos de sus pares, el viejo oficio de nuestra humanidad está más presente que nunca, pero ahora ha dejado en el pasado, un tabú igual de arcaico cuando se creía que únicamente las mujeres podían cobrar.

Entonces, ¿¡sí hay clientes!?

– Los suficientes como para todos los escort que viven aquí o llegan de diferentes lugares.

Algunos –como hemos dicho– más atrevidos que él, muestran el rostro y la verga en páginas web de citas o mensajes privados de Grindr. Otros muy reservados, apenas exhiben la silueta del cuerpo. Nuestro entrevistado es uno de los últimos.

¡Eso sí! Todos los escort dispuestos a voltear al más activo.

– Los activos, con los escort, acaban de pasivos –nos explica–.

– ¡Por el tamaño! –pensamos en voz alta–.

No lo confirma, tampoco lo niega.

– ¡Este de aquí es como el Misti! Afirma socarronamente. 

Mientras se ríe, le preguntamos por su opción.

La verdad, no parece gay; pero a diferencia de muchos, él no tiene duda de su orientación sexual.

En algún momento, se ha enamorado y ha descubierto la morbosidad de los arequipeños: golpes, cachetadas, escupitajos y toda clase de fetiches. Un sexo salvaje que explora las esquinas más profundas del placer.

A pesar de ello, no todo juego y menos sí es dentro del oficio, resulta estimulante.

– Lo más asqueroso es hacerlo con alguien mayor.

Así fue su primera vez en este mundo y tuvo que armarse de valor para satisfacerlo, o, en otra ocasión que lo llamaron para un trío y el tercero en cuestión era más ‘tío’ que quién lo contrató.

Algunos son de 40, otros de 60 o 70 años. ¡Qué más da! Al final nunca se sabe en esta ciudad de abrazos inesperados, risas disimuladas o miradas siniestras, que luego se refugian en las tonalidades grises de un frotispicio de sillar.

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