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Danzas macabras, esqueletos y otras fantasías, de Rita Azevedo Gomes, Jean-Louis Schefer y Pierre Léon (2019)*

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Las notables, vistosas, coloridas y chistosas figuritas de esqueletos que aparecieron casi como auténticas apariciones pintadas de un momento a otro en el curso de la Edad Media, eso sí, en el contexto de la peste negra que asoló Europa, que además llegó nada menos que de Oriente desplazándose lentamente como un pulpo… son la imagen favorita de esta película que trabaja verbalmente de manera muy intensa con el tema, a que no adivinan, de la imagen.

Pero para qué sirven estos huesitos humanos danzantes, cuál es su papel, qué función cumplen… Una función que no se sabe bien cuál es, y que pareciera que los mantiene muy vitales hasta hoy en el curioso asunto de la economía psíquica de valorar la muerte desde la risa y la fiesta. La incansablemente brillante y erudita divagación de Schefer a quien nada extrañamente las imágenes acaban importándole más que las personas… lo que implica una vieja sospecha que comparto con él: las imágenes son más reales que nosotros.  

Semejanza o sustitución. El pago para aplacar a los cargosos dioses era uno mismo, luego una rebajita, el animal más noble, tu caballo, pero podría ser otra cosa, por favor, entonces un búfalo, o un lechón, o ya pues, un pastelito, para al final supongo que por cansancio ser un caballo dibujado o tan solo la sola palabra caballo. LQQD (lo que queríamos demostrar): la imagen tiene un valor sacrificial (a lo que se suma que en el extremo de la cadena de sustituciones aparece esa imagen que se llama el dinero…) Y Schefer, buceando en aguas más íntimas, rememora a una niña amiga suya a la que amó y que le dio un regalo (una imagen, imagínate tú) y que luego murió, y luego cómo ese regalo que no se parecía a la niña, no obstante, la reemplazó toda la vida…

No olvido el tema de cómo trabajar con la imagen de un hombre hablando. Uno solo, la mayor parte del tiempo. Aquí Azevedo se asegura de administrar bien su economía de medios, una cálida luz por aquí y una sillita roja por acá, se asegura de procurar una sencillez en la que asoma una sutileza en algún momento memorable: como cuando ella está en un extremo de la ventana y al otro, ambos de perfil, su amigo que ha servido de oído del sabio poseído por su pasión por las obras de arte que siguen irradiando imperturbables su inteligente e inagotable belleza y complejidad. La luz que entra hace de ellos algo semejante a las fascinantes pinturas tan elocuentemente traducidas por nuestro historiador filósofo en el fondo un sentimental, en perpetuo y obsesivo estado de gracia.

*Película vista en Frontera Sur 3° Festival Internacional de Cine de No_Ficción.

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Mario César Castro Cobos es cineasta y crítico de cine. Fundó y dirigió el Festival de Cine Lima Independiente así como las revistas Voyeur, Abre los ojos y el blog La cinefilia no es patriota, y condujo el programa de radio del mismo nombre en Radio Lima Gris. Además, escribió para Cronopia, Las sumas voces, Butaca, Mabuse, Godard!, Diario 16 y Buensalvaje. Formó parte de los cineclubs del BCR, Biblioteca Nacional, Centro Cultural Arcais, Universidad Científica del Sur, Universidad Cayetano Heredia y Universidad de Ciencias y Humanidades. Acaba de estrenar su cuarto largometraje.

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The Card Counter, de Paul Schrader (2021)

Lee la crítica de cine de la semana de Mario Castro Cobos.

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De manera inmediata el protagonista de esta película no puede sino recordarme y reencontrarme con el autómata espiritual (‘El esclavo que obedeciendo a dios es libre’). Este hombre tiene un destino y lo va a cumplir aunque no quiera. Su cuerpo o algo misterioso en él (dentro de él, pese a él) lo llevará.

De Spinoza al jansenismo y Bresson puro, por supuesto. Schrader, solitario continuador de Bresson, marcado como él por una cosmovisión religiosa intragable. Sin negar la sensualidad lujuriosa del mundo incluso como algo positivo, está la idea irreductible de un camino inevitable y singularmente duro hacia la potencia de la redención.

No se trata de un ladrón de carteras o de un condenado a muerte que se escapa pero las habilidades específicas que no dejan de ser mentales son la razones del cuerpo sin las que no se entiende el alma. Y el infinito allá afuera es asimilado por el preso como inseparable (divinamente complementario) del infinito aquí dentro. Pasa sin problemas de manejar por las carreteras (so american) a su lost highway, a su carretera interior.

La rutina no constituye angustia o hundimiento sino ocasión para el ejercicio espiritual. La insistencia-en-lo-mismo, el conocimiento de las variables dentro de la constante, implica acercamientos a la perfección. No obstante un modelo de vida dentro de un ámbito predecible se prueba en su caso insostenible. La necesidad de asumir nuevas o antiguas variables se impone. El cuerpo es concreto, habla y hay que seguirlo. Adiós soledad robótica, hola melodrama.

Variables, desestabilizadoras / re-estabilizadoras, o sea, personajes; dos: el amigo-hijo y la mujer. Modificadores de la rutina, presuntos agentes de la catástrofe y la redención. En ambos reluce la tarea inacabada, lo que hay que hacer para alcanzar la plenitud y reinstaurar un equilibrio, un frágil ensayo de justicia.

Ah el viejo mito del héroe más o menos disfrazado combatiendo incomprendido y hasta ilógicamente contra el mal.

La coherencia de Schrader con la idea o con el dios que lo posee es apasionante. Schrader sabe bien a qué juega. La apuesta era alta (y aunque el papel de Defoe explicite la payasada del cliché) dedos y uñas unidos milagrosamente contra el muro transparente (que visibiliza y corporiza las prisiones previas del alma) lo dicen todo.

Tráiler

Película completa
https://cinefiliamalversa.blogspot.com/2021/09/the-card-counter-el-contador-de-cartas.html?fbclid=IwAR1JI4YLzS_Ya2IsD_k0cDHXNDY4_yWeWaq97V16qG3-DUuSvZDmYqmSkGY

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La vida recia: On the Bowery (1956)

Lee la crítica de cine de la semana de Rodolfo Acevedo.

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On the Bowery (1956) —de Lionel Rogosin (New York, 1924 – Los Angeles, 2000)—, es una película   elaborada bajo el influjo del neorrealismo y el cine directo —y del documental por supuesto—, evidente en la observación como forma de construir los planos, en el ritmo del relato en apariencia desapasionado y en el uso de actores no profesionales, buscando remarcar así su  afinidad con el espacio social de referencia. De esa manera cuenta la historia –casi una aventura- de Ray, un trabajador en paro que llega al barrio neoyorkino del título. Allí, su primera intensión —la que él mismo verbaliza— será tomarse un respiro, encontrar un empleo temporal y saciar su sed.

En su paso por calles descuidadas, repletas de indigentes y cantinas, le sucederán algunos percances, será víctima de la amistad y el engaño (Gorman), intentará infructuosamente quedarse en un albergue para gente sin techo, y volverá a embriagarse cada que pueda. En paralelo, la cámara registrará con cierto detalle, a la gente que puebla ese pedazo de ciudad abandonado al desempleo, la exclusión y la miseria.    

De entrada, el desplazamiento del protagonista por ese barrio de los años cincuenta (siglo xx) caracteriza su pertenencia a una clase trabajadora en constante tránsito, viviendo al día, de un lugar a otro, a costa de empleos ocasionales o por temporadas. En las imágenes veremos a los enganchadores cuando llegan en sus camiones a la ciudad y ofrecen pequeños trabajos que serán disputados por los desempleados a empujones. Camiones repletos de gente, gente colgada de las portezuelas. En palabras de los personajes, todos andan pendientes de obtener “unos dólares”, o están pendientes de quien los tenga —como los parroquianos de las cantinas. De esta manera, la lucha por la sobrevivencia, fundamental en esas condiciones, es mostrada desde los actos inconexos de individuos aislados y enfrentados entre sí. Como si fuesen objetos recogidos y luego devueltos, después de su uso –cosificados-, sus quejas y sus desmanes posteriores serán controlados por la autoridad, o buscarán protección y desahogo  en algún oscuro hueco callejero o en el vicio.  

Lo que podría parecer un estudio de caso (o ejemplificador, a lo Flaherty), en donde ciertas condiciones sociales de pobreza, deterioro urbano y delincuencia, coinciden con formas de degradación humana, se complejiza al introducir el discurso de una subcultura con sus propias reglas implícitas, lealtades y transgresiones. El personaje de Ray representa eso. Muestra un carácter definido en su actitud algo perdida y alcohólica que lo hace no conciliar con el discurso de los cuidados y la sobriedad. Como cuando abandona el albergue —una institución de beneficencia—, y prefiere la calle, la noche y el riesgo. Una conducta que el protagonista reafirma incluso en las circunstancias más difíciles, en el robo de sus cosas o en los amaneceres en plena vía pública. Y sin embargo, su conciencia no se define por “asumir las cosas como son” o sólo por levantarse cada vez que cae, él encuentra cierta fraternidad en ese mundo de alcohol y amistades casuales, por breves que sean sus relaciones, o contradictorias. (Y quizás todo ello sea parte de sobrellevar una vida de sobresaltos y precariedad).  

Gorman, el otro personaje en importancia, es una especie de guía despiadado dentro del Bowery. Y ambiguo, visto con ojos profanos. Le roba al protagonista, pero a su vez siente aprecio por él, lo ayuda, de cierta manera. Lo aconseja —es un hombre mayor, que de hecho representa la experiencia—, le dice que mejor se vaya de allí, que es joven y que aún tiene “futuro”, algo que muchos han perdido. Lo que anuncia repetidamente la película en sus imágenes y palabras es la cancelación de ese futuro como un porvenir mejor. El pasado subsiste como una perorata de tiempos posibles o en frases evasivas. De lo que se trata en ese tiempo y lugar específicos, es sólo de sobrevivir. (Los efectos a largo plazo sobre los hombres —no hay prácticamente mujeres— que tiene el ambiente son explícitos en los planos que se detienen en la fauna callejera, mostrando rostros y figuras deformes y avejentadas, remarcando así lo grotesco de sus aspectos, su deterioro, su final prácticamente anunciado). 

La historia de On The Bowery es una ficción en donde no actores tratan de interpretar su propia vida, o quizás buena parte de ella. Secuencias breves montadas a partir de cortes rápidos, construyen una visión global de lo que hace la gente en ese pedazo de ciudad, recogiendo incluso la mirada directa a la cámara o el señalamiento a ella —o al equipo de filmación. La película no encubre su artificio, ni la distancia con la cual asume la realidad que representa. Pero cuando nos acerca a la historia conducida por Ray y Gorman, su posición cambia —aunque no sustancialmente— y crea una especie de drama, aunque bastante seco y desapasionado, donde se narra una relación que va del aprovechamiento hacia alguna forma de amistad con algo de paternalismo. Así, en las trayectorias de esos dos personajes la obra desarrolla varios discursos a la vez: el del trabajo, el estilo de vida no convencional, la pobreza, la vejez, el conocimiento que dan los años, la conciencia práctica y la preservación de uno mismo. Como si fueran dos momentos de una sola vida, los personajes se encuentran, hacen lo posible y desaparecen por distintos caminos: uno parte, el otro se queda. Su futuro, quedará en suspenso, casi como repitiendo la propia incertidumbre de sus existencias reales. 

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“Contactado” una película que nos muestra el rostro del arribismo y la necesidad de creer

La cinta se estrenará de manera gratuita y al aire libre a partir del 15 de octubre, hasta el 12 de noviembre, en diversos puntos de Lima.

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La nueva película de la experimentada y ganadora de varios festivales, la cineasta peruana Marité Ugás, Contactado está a punto de estrenarse en Perú. Esta producción que ganó el premio de Estímulos Económicos del Ministerio de Cultura, es un trabajo conjunto con la directora venezolana Mariana Rondón (ganadora en el Festival de San Sebastián en 2013, por Pelo Malo).

Aldo, interpretado por Baldomero Cáceres es un surfista y guía turístico que en su pasado con el apelativo de “Aldemar”, predicaba en un culto extraterrestre. Sin embargo, esa faceta la desterró en su vida actual y él por ahora, solo alterna con sus inquilinas, su madre, que está internada en un albergue para ancianos y algunos turistas que acuden a la huaca Mateo Salado para que les cuente sobre la energía que albergaba hace siglos aquel santuario Ichma.

Sin embargo, todo ese “sosiego” de Aldo fue interrumpido por un joven que sabía de su pasado y que se presentó como un discípulo, con el objetivo de inducirlo a volver a las predicas sensoriales, que serían aguardadas por varios cultores que presuntamente se mantenían en espera.

Aunque, el tema abordado por la directora es interesante, porque precisamente, en nuestro país existió y siguen extiendo varios grupos religiosos y parapsicológicos asociados a la causa de avistamientos de naves extraterrestres; y a pesar de la actuación de Baldomero, que cumple con el cometido del personaje confuso y enigmático, el guion por momentos baja su ritmo y deja en ascuas al espectador, porque prácticamente le ordena a éste que tenga un bagaje previo en temas paranormales y de misticismo; en lugar de proveerle ciertos indicios que servirían como “hilos de la madeja”.

En este sentido, se hace complicado conectar con el público; sin embargo, hay otros tópicos que funcionan: como el enfoque urbano de la historia, provistas de ferias artesanales con peculiares personajes, la imponencia del mar a través de sus olas, el estruendoso ruido de las construcciones que obedecen al boom inmobiliario y el hecho de ver portentosas huacas que son patrimonios culturales en medio de toda la ciudad.

Asimismo, la fotografía cumple con sus planos acertados, generalmente abiertos y en algunos momentos cenitales, para fisgonear a los personajes. Por su parte, el sonido al ritmo del violín de Pauchi Sasaki, le da una atmosfera de suspenso, a pesar que éste no logre decodificarse del todo.

Ahora bien, hay escenas que le ponen destellos a la cinta, como los testimonios de los pobladores de Chilca que contaban sus experiencias con los extraterrestres y con las antiguas predicas del líder Aldemar, aquella parte le da a la película una temática del tipo documental.  O la escena de amor que resulta sublime… cuando Aldo comparte un cigarrillo con su anciana madre. Así, como el encuentro con una antigua discípula Aura (interpretada por Elsa Olivero) que, por instantes, baja la tensión psicológica de la trama; no obstante, la pérdida de su perro Orión nos mostró a un Aldo casi derrotado que sin proponérselo cayó en un juego de manipulación que ya no tenía retorno.

El protagonista es un caminante… todo el tiempo camina, en las playas, en las lomas, en la ciudad y en las huacas y a pesar que su “discípulo” Gabriel le dice que es un profeta, él ya no lo cree, porque le aterra recordar que, en el pasado, su culto estuvo ligado al tráfico de tierras.

La película nos muestra el rostro del arribismo, y la pasión que tienen algunas personas cuando creen en algo, que a pesar de no “verlo”, se muestran incondicionales.   

Contactado está protagonizada por el actor peruano Baldomero Cáceres, que comparte roles con Miguel Dávalos, Lita Sousa, Samantha Castillo, Solange Tavares y Beto Benites, entre otros. 

La cinta se estrenará de manera gratuita y al aire libre a partir del 15 de octubre, hasta el 12 de noviembre, en diversos puntos de Lima.

El dato:

Película: Contactado

93 minutos – 2.39 – DCP 5.1

Escrita y dirigida por Marité Ugás

Producida por Mariana Rondón

Perú | Brasil |Venezuela | Noruega

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La aventura, de Michelangelo Antonioni (1960)

Lee la crítica de cine de la semana de Mario Castro Cobos.

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Pudo ser Wilde (también Warhol) pero fue Baudelaire quien lo dijo. No hay nada más aburrido que divertirse. Antonioni, sin prisa y sin interrupción, describe por inmersión, sabia, salvaje, y, sin ahogarse jamás, un zeitgeist (el espíritu de un tiempo, de un época). Como ecuación: Vacío = materia sensible. Verán: estamos llenos de vacíos.

El cine (cierto cine) creó su bestia negra, los —así llamados— tiempos muertos. El cine comercial, tan Pavlov, en verdad, tan poco democrático, los evita porque van en contra de su negocio: que el aburrimiento muerda, que sea iluminador. Estamos bastante vivos, también en los tiempos muertos, que al fin y al cabo no iban tan muertos, se gesta mucho ‘cuando parece que no pasa nada’ y podría ser, al contrario de lo que piensan muchos, el gran momento, si las máscaras por fin caen, dejando a la vista… lo que se evita ver. ¿Soportas la visión?
Alguna conciencia nueva podría nacer de ahí.

La aventura cognoscitiva se abre paso por acumulación de banalidades sembradas como haces de luz. Observaciones tan sutiles como implacables… Nada tan divertido como percibir en el vacío, la angustia, la desesperación, la desnudez del ser. Espacios desnudos del exterior son también espacios desnudos de lo interior. —Fascinante—. Dicho de otra forma: el espacio, abierto, vacío, libre, NUEVO, habla justamente de enormes posibilidades… que los personajes no ven. Lo que no ven —o ven insuficientemente o ven casi solo como espectadores— es la parodia de ellos mismos, la falsedad de sus relaciones.
‘El progreso’ devora los paisajes naturales -y de paso a ellos.

La película se instala como un aparato óptico (muy paciente) que te deja ver con gran lucidez. Si soportas la visión.

Nada extraño que al estrenarse en Cannes los que la vieron se enfadaran con el espejo al devolverles el horror de su propia cara.

Personajes ‘atrapados para siempre’ (pese a algún gesto final de comprensión) despiertan sin duda compasión, en el mismo sentido en que todos los seres humanos despertamos -bien mirados- compasión.

Falso contacto entre los seres, confuso contacto con el propio yo, con ‘lo real’… Espacio para otra vida = espacio para un nuevo cine.

Película


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Los comulgantes, de Ingmar Bergman (1962)

Lee la crítica de cine de la semana de Mario Castro Cobos.

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La falta de sentido: el sentido no está en un dios que practica contigo el silencio o que simplemente no existe, en una mujer a la que amaste pero que ya está muerta, o en unos padres por los que hiciste algo que no querías hacer; y tampoco por unos feligreses y prójimos que en realidad no significan después de todo mucho para ti…

Y tampoco lo está en una mujer, una mujer que a veces dominas y que a veces te domina, una mujer que haría todo por ti, o casi todo, menos soltarte y no insistir en que la ames precisamente porque no la amas y se lo demuestres cada día.

Es notable, al principio, el show, la austera y de algún modo majestuosa puesta en escena, la danza de robots o de sonámbulos, el aparataje ritual de la misa, la coreografía mínima de los actores de la obra, tan peligrosamente mecánica… Amar esta película, una película sobre el desamor, parecería francamente una contradicción.

Una helada prueba de fuego ¡qué ironía! se da con el hombre desesperado por la, según él y las noticias, inminente aparición o incursión fatal de los chinos, educados en el odio, con una bomba atómica para acabar con el mundo. Curiosamente, en vez de confortarlo o darle argumentos para seguir vivo, en realidad el pastor parece casi empujar a la oveja al matadero por mano propia…

La ‘ayudante’, la mujer enamorada del pastor, pese a no tener sentimientos religiosos, ha hecho, oh miseria, un dios de él. Un dios ante el que se arrastra y al que también trata de sojuzgar, seducir, manipular. En cuanto a él, está consciente de que aquello que llamaba dios era él mismo, una proyección suya o, mejor dicho, de su egoísmo.

La verdad sobre los sentimientos humanos. ¿La sabemos? Podría ser tal vez la que señala la película -al menos si uno va por el camino de estos personajes y lo que hacen con sus vidas. ¿La vida es entonces un horror que tratamos de disimular y esta película nos lo recuerda con exacta brillantez? ¿Dios o lo que podríamos llamar dios es algo más sencillo, tan sencillo como un poco más de bondad y de humanidad para con nosotros mismos así como para con los demás, sin esperar de los seres humanos cosas tan extraordinarias como irreales?

Película

https://www.youtube.com/watch?v=AIBKz6RfkgI

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Cine

Un perro andaluz, de Luis Buñuel (1929)

Lee la crítica de cine de Mario Castro Cobos.

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Imágenes inconexas. No podemos soportarlas, estamos obligados a conectarlas. Sería aburrido repetir interpretaciones conocidas. Intentaré otra cosa. Haré como si en cierto modo hubiera olvidado los detalles concretos, muy concretos, tal como puede pasar cuando uno despierta y sabe que ha soñado pero está solo con una pura o vaga o plena e inquietante sensación. A lo más algunas imágenes borrosas, imágenes inconexas, y nada más, bastan.

No quiero explicarlo pero tendría que explicarlo. Por qué me parece lo mejor que hizo Buñuel. Por lo pronto no es su película más risueña. Creo que el efecto principal de esta película es hacer sentir a quien la ve literalmente dentro de un sueño. Pero muchas películas lo hacen. No es tan difícil. Qué es lo que entonces se hace distinto en Un perro andaluz. Porque lo que estoy insinuando ya es que la película es una explicación de cómo funciona lo que no la tiene.

Es hasta cierto punto o así lo es para cierta mentalidad, escandaloso decir o insinuar que lo que no tiene explicación explica mejor el mundo que aquello que la tiene. Suena incluso oscurantista o indecorosamente místico. Entro en el problema de explicarles por qué lo que no tiene explicación sería mejor que lo explicable, descifrable, revelable, deducible, interpretable. Tal vez estoy tratando de decir que lo esencial del sueño no es que sea explicable, sino lo contrario, que sea inexplicable.

Me parece que Un perro andaluz tiene que ver con el funcionamiento de nuestro cerebro y su hambre por las conexiones nuevas, por inventar relaciones. Digo a propósito inventar y no solo descubrir. En respuesta ante eso que no puede explicarse, eso que no puede conectarse, ante qué-se-hace-con-eso. Y por otra parte… ¿Al entender no hemos matado al objeto, no lo hemos reducido acaso a una explicación? ¿No reemplazamos entonces al objeto por su explicación? Y nos quedamos tan contentos. Misterio resuelto. Pero qué marxista me parece Buñuel, la frase “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Le viene perfecta a Un perro andaluz.

El sueño como deseo de transformación, como investigador del misterio en el misterio, y cuando digo deseo la cosa es tan Buñuel como Marx para no decir Freud, pero la frase es de nuevo de Marx: “no es la conciencia de los hombres la que determina su existencia, sino su existencia social la que determina su conciencia”. La furia contra el sistema contra los deseos es la conexión crucial. El cine necesita más de esa furia y menos de idiotas calculadores que omitan ‘lo inexplicable como parte de la explicación’.

Película

Más sobre Buñuel
https://limagris.com/ese-oscuro-objeto-del-deseo-luis-bunuel-1977/
https://limagris.com/un-documental-de-luis-bunuel-las-hurdes-tierra-sin-pan/

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No home movie, de Chantal Akerman (Bélgica, 2015)

La crítica de cine de la semana de Mario Castro Cobos.

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Pareciera que el hogar, para un cineasta, es la imagen, un lugar justo, más equidistante, que no se deja, en los mejores casos, arrastrar por el sentimentalismo, que busca algún tipo de verdad más perdurable que eso.

La casa de la madre, y la madre como casa, como origen, como principio y fin de todo, y junto con esto la necesidad de partir, de salir, de dar vueltas por el ancho mundo, tal vez para tratar de reconectarse con esa otra madre, la naturaleza, si existe algo así.

Las cosas, la casa, hablan. Chantal Akerman las ve, las escucha, las toca con su cámara. La compartimentación de los espacios, las formas de los objetos que la componen, las presencias de los cuerpos humanos, también vistos como cosas, como casas dentro de casas, más frágiles y evanescentes que los objetos.

La madre es objeto de adoración y de tenaz observación. Y sin miedo a lo cotidiano. Es curioso: las imágenes más cálidas, y esto es típico de Akerman, son las que, en otro sentido, son las más distantes, me refiero a las imágenes de la madre por skype. La imagen en un sentido menos definida parece atravesar el interior, hace más visible y sensible el vínculo amoroso.

El tema de Aushcwitz se menciona pero el documental lo muestra más a las claras en la propia figura de la cineasta, cuya vida, cuya obra, cuyas imágenes concretas, también aquí, de alguna manera dialogan con la vieja figura del judío errante. Dado el estado del mundo, no solo la casa, sino que el mundo mismo, es también una trampa.

La libertad y estremecimiento en los espacios ‘vacíos’. El viento sobre un árboel, el desietro, las inmensidades. Que igual se ‘llenan’ de alguna cosa o de varias. La presencia de lo no-humano, que no es necesariamente un enemigo nuestro, que además nos envuelve y completa el sentido.

El espacio de la casa, donde la cámara-cuerpo, la cámara en mano, la cámara que reacciona acaso de manera espontánea e impredecible se combina o alterna con planos fijos, que atestiguan la geometría de esta construcción humana, que nos protege y que también nos encarcela y ahoga.

Chantal Akerman se distancia conforme la madre desmejora y nos niega imágenes dramáticas. El plano final es elocuente acerca de esa decisión. Es un plano compuesto, perfecto y frío, cruel, o simplemente revela un orden que rebasa nuestra condición.

Película
https://zoowoman.website/wp/movies/no-home-movie/

Otros textos sobre Chantal Akerman
https://limagris.com/jeanne-dielman-chantal-akerman-1975/
https://limagris.com/experiencias-de-una-joven-belga-je-tu-il-elle-de-chantal-akerman/
https://limagris.com/hotel-monterey-1972-de-chantal-akerman/
https://limagris.com/del-este-de-chantal-akerman-1993/
https://limagris.com/sur-de-chantal-akerman-1999/
https://limagris.com/del-otro-lado-de-chantal-akerman-2002/

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Cine

Ministerio de Cultura premió con más de S/ 1.3 millones de soles a Proyectos de Gestión Cultural para el Audiovisual

El 13 de setiembre se dio a conocer a los 20 ganadores del Concurso Nacional de Proyectos de Gestión Cultural para el Audiovisual 2021. Cada ganador se llevó entre S/ 50 mil y S/ 120 mil soles. ¿Los premios aportan al desarrollo de una industria cultural? Conversamos con Jorge Delgado, experimentado cineasta y productor.

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En la Resolución Ministerial N° 000425-2021-DGIA/MC del Ministerio de Cultura se señala que los premios son parte de los Estímulos Económicos y que los ganadores se llevan entre S/ 50 mil y S/ 120 mil soles cada uno.

En el documento de los ganadores se menciona: “De conformidad con lo dispuesto en la Ley N° 29565, Ley de creación del Ministerio de Cultura, el Decreto de Urgencia N° 022-2019, Decreto de Urgencia que promueve la actividad cinematográfica y audiovisual, y su reglamento, aprobado por Decreto Supremo N° 017-2020-MC, así́ como, el Decreto Supremo N° 005-2013-MC, que aprueba el Reglamento de Organización y Funciones del Ministerio de Cultura”.

Desde Lima Gris, siempre hemos señalado que los Estímulos Económicos que entrega el MINCUL ha funcionado para disuadir la crítica del sector cultural; es decir, las personas, agrupaciones y/o asociaciones o empresas que permanentemente ganan los premios del Ministerio de Cultura, jamás han denunciado algo, ni levantado la voz por los actos de corrupción eventualmente evidenciados, o por la mediocre gestión de la cartera.

Su silencio es recompensado con dinero; pero, además, varios de los ganadores son los eternos “caseritos” que año a año se meten a los bolsillos miles de soles. También hay que aclarar que algunos de estos ganadores en realidad se merecen el premio obtenido; uno de ellos es la empresa Cinco minutos Cinco, que organiza el Festival de Cine de Villa María del Triunfo, dirigido por Efraín Agüero, quien durante ocho años viene llevando una selección de calidad de cortometrajes y largometrajes a los barrios más vulnerables de Lima Sur.

Festival de cine de Villa María del Triunfo.

Pero, de esos ejemplos en una mano me sobran dedos. En la lista de las 20 empresas beneficiarias aparecen festivales paupérrimos, sin relevancia ni impacto en la población, que en realidad son empresas que pululan año a año en busca del dinero del Estado.

Uno de los problemas de estas organizaciones es que la mayoría de los responsables no conoce de cine ni de festivales; y mucho menos, saben organizar un evento, ni tienen un plan para llegar al público. Y eso claramente ha sido palpable al encontrarnos con proyecciones donde los asistentes en las proyecciones no superan las dos cifras.

Una pregunta pertinente es ¿Ha servido entregar dinero para los Proyectos de Gestión Cultural para el Audiovisual o para la realización de películas? Los antecedentes nos dicen que no. Seguimos siendo un país sin una industria cinematográfica, sin una ley de cine respetable y sin una cuota de pantalla firme frente a la artillería hollywoodense. ¿Saben que pasa cuando una película peruana la programan en una sala de cine de los famosos centros comerciales? Les dan los peores horarios y no duran ni una semana. 

Lo que existe en Perú es casi una movida amateur de gente que intenta crear un mercado; es decir, estamos a años luz de tener una industria cinematográfica. Y los responsables que deberían trabajar para que esto cambie, son precisamente los funcionarios del Ministerio de Cultura, en las direcciones como DAFO, o el Viceministerio de Patrimonio Cultural e “Industrias Culturales”, —por cierto, un nombre pretencioso para un país sin industria— ellos han debido consolidar en estos 11 años de existencia, el camino de la producción cinematográfica nacional. Pero nada de esto se ha cumplido, porque, ni siquiera tenemos una cinemateca nacional. Sinvergüenzas.

Entre los recientes beneficiaros del ‘Concurso Nacional de Proyectos de Gestión Cultural para el Audiovisual – 2021’, aparecen las siguientes personas jurídicas:

Para conocer más de la realidad de estos premios y la situación del cine en el Perú, conversamos con Jorge Delgado, comunicador, cineasta y productor cultural.

Sobre la relación de los ganadores el experimentado cineasta menciona: “Estoy viendo algunos nombres que se repiten y que cada año le dan su premio; o sea, ya son caseritos. Los premios no pueden ser simplemente una ocurrencia, los premios creo que tienen que obedecer a una estrategia del MINCUL, porque está buscando supuestamente desarrollar una industria”.

Jorge Delgado.

“Yo no veo que en cuarenta años se haya desarrollado una industria a partir de premios. Acá la gran parte de películas que se hacen es para presentarlas en los festivales, porque saben que esas películas no van a entrar al mercado; o sea, el Ministerio de Cultura financia películas que simplemente van a ir a festivales, porque esas películas no llegan ni al mercado nacional, ni mucho menos al mercado internacional”, agregó el cineasta Delgado.

¿Qué entendemos en Perú por el “audiovisual”? Jorge Delgado lo define así: “El audiovisual lo es todo, el cine es parte del audiovisual. El audiovisual también son producciones para la televisión, producción de publicidad, animación, videojuegos, los videoclips. Por ejemplo, no hay una promoción del desarrollo de la industria de la música vinculada a la industria audiovisual, eso no existe”.

Sobre el trabajo del Ministerio de Cultura y la gestión del ministro Ciro Gálvez, el productor y cineasta señaló: “Creo que todo esto es una continuación del gobierno anterior, e incluso viene de lo que fue el CONACINE. Sigue el piloto automático y este gobierno todavía no ha tomado el auto por el timón; simplemente se ha subido al auto y como lo encuentra funcionando así está marchando, porque Santiago Alfaro ya ha renunciado a la Dirección de Industrias Culturales y es el primero que ha firmado, pero ha puesto su cargo a disposición y todavía no hay remplazo. Creo que el ministro tendría que responder y responsabilizarse de esto”.

Otro de los temas que preocupa sobre los premios, es que no se sabe si ese dinero entregado a los ganadores, en realidad es destinado para realizar dichas realizaciones; es decir, no existe un control real del gasto de los premios que entrega el Ministerio de Cultura.

Sobre el tema, Delgado comentó: “Que yo sepa, no existe un control del dinero de los premios. Hay un caso antiguo de CONACINE: José Carlos Huayhuaca recibió un premio para hacer una película sobre Huamán Poma, pero la plata la usó para comprarse un departamento. En CONACINE se sabía y nunca se dijo nada. El amiguismo es terrible”.

Para finalizar, el comunicador y cineasta señaló que: “Los premios están financiando la vida de algunas personas, porque veo que se repiten. Además, estos premios son entregados sin condicionar nada; es decir, tú puedes hacer la película que quieras. El Estado peruano puede decir: estamos en el año del bicentenario, por lo tanto, las películas que se van a presentar a los premios, la temática tiene que ser de conmemoración del bicentenario de la república. Si por lo menos hicieran eso, tendríamos un bagaje de películas que se podrían pasar en la televisión, por ejemplo; por qué no pensar que la televisión es el mejor medio de presentación y difusión de películas. Pero los cineastas no piensan en la televisión, para ellos eso no existe. Ellos prefieren los festivales, la alfombra roja, los Óscar, Cannes, Venecia, o sino, el festival de Ayacucho, pero siempre que sea un festival”.

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