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Cuento: Pichula de oro

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—¡No hay plata ni tiempo para conseguir ropa de baño! ¿Tienes calor o no?

—Pero…

—¡Pero nada! Muchacho de marras, carajo, me jodes toda la mañana con la cantaleta de que quieres ir a la playa, que vamos a bañarnos, y ahora, mira cómo te pones…

—Es que…

—¿Quieres ir o no? Cuanto más tarde se haga, más gente va a haber en la playa, yo sé lo que te digo…

Ni modo. Era demasiado pequeño como para tener argumentos con qué rebatir la orden de Penélope. Aquella soleada mañana de febrero fue mi primera vez. Los calzoncillos me quedaban todos flojos, pero según ella a nadie le importaba fijarse en las verijas de un mocoso de 10 años.

Para las fiestas patrias, dos años después, se le antojó comer conejo. Nos pidió a Natalia y a mí que la ayudáramos. Hizo que mi hermana tomara las patas delanteras y yo las traseras. El pobre animal temblaba de asustado. Yo también.

—Jalen bien  —nos ordenó—, que se estire todo.

Entonces vino el primer garrotazo. Terrible. Un violento azote sobre su cabeza con el rodillo de la cocina. El pequeño lagomorfo quedó mareado, pero no muerto. Lloraba, seguro llamaba a su mamá.

—¿Qué te pasa, hijo? —me preguntó Penélope, extrañada—. ¿No eres valiente, acaso?

No lo era. Tenía ganas de llorar junto al indefenso mamífero. Tres garrotazos más, bien secos, lo dejaron noqueado. Se cagó todo, dejando chorreado el suelo del patio. Por supuesto no comí conejo esa tarde (nunca en mi vida lo he hecho, ni lo haré). Me llenaba de asco observando a los demás chuparse los dedos en la mesa familiar.

Cuatro años antes, mi primo Jonás y yo estábamos tirados en el piso de la sala viendo la inauguración del mundial de México mientras ella comía naranjas en una fuente de plástico y Natalia dibujaba sobre la mesa del comedor. Entonces, repentinamente, empezó el zamaqueo. El ruido que lo acompañaba era como si una flota de aviones de guerra estuviera volando encima de nosotros. Penélope, sin perturbarse ni apartar sus dientes de los cítricos, las manos envueltas en cáscaras, lanzó un diagnóstico inapelable:

—Temblor.

¿Temblor? Parecía como si los tranvías en desuso estacionados frente a la avenida Pedro de Osma estuvieran arremetiendo todos a la vez contra la vieja quinta en la que vivíamos.

La imagen del televisor se tornó en una escena lluviosa, llena de ruido. El partido entre México y la URSS se había ido a otra parte. Los adornos de porcelana encima de los muebles y los platos de loza dentro del aparador empezaron a caer despedazados. Penélope finalmente soltó las naranjas y puso la bandeja a un lado.

—Vengan todos aquí —dijo, parándose en medio de la sala, abriendo los brazos para cobijarnos.

Natalia, arrollada en el mantel de tocuyo blanco, vino corriendo y chillando aterrada desde el comedor, como si fuera un espíritu en trance exorcista. Penélope nos abrazó a todos bajo su regazo.

—Empiecen a rezar —dijo, simplemente.

Natalia levantó su cara hacia el techo y comenzó a gritar a pulmón abierto:

—¡¡¡Padre Nuestro, que estás en los cielos…!!!

Seguramente quería asegurarse de que Dios escuchara sus ruegos.

—Aplaca tu ira, querido Señor, ten piedad de nosotros…—musitaba Penélope, serenamente.

Era como si tratara de evitar que la vacilante araña de hierro pendiendo sobre nuestras cabezas se desplomara y nos aplastase como hormigas. Aquella tarde seguramente no estuvimos nada lejos de lo que pudo haber sido la experiencia de aguantar un bombardeo en Europa, dentro de un refugio subterráneo, durante la segunda guerra mundial. De cualquier modo Penélope, con su actitud estoica ante el brutal terremoto, nos mantuvo a todos unidos y calmados en medio del peligro.

Cuando visitaba a mi tío en Nueva York iba y venía sola, paseaba por las calles de Queens, entraba a las tiendas de Manhattan, subía y bajaba de los buses, tomaba el “saguey”, bromeaba con los choferes, no se hacía problemas de nada. Daba la impresión que toda su vida hubiera vivido allí. Y no hablaba –ni entendía- una sola palabra en inglés.

Sentía un gran desprecio por los adelantos de la tecnología. Nunca usó cremas para proteger su cutis, prefería untarse la cara con un repulsivo producto hecho a base de sesos de res, que guardaba dentro de una cajita redonda de metal en el refrigerador de la casa.

Dormía cubriéndose de pies a cabeza con las sábanas. Parecía un muerto embalsamado. Y cuando roncaba, enriquecía el fúnebre espectáculo ululando, tiritando, gimiendo, estirando una pierna para sacudirla en el aire. Su figura tendida sobre la cama no tenía nada que envidiar a la de un personaje cómico en una película de terror.

Años más tarde, se presentaba cada día a las 6 de la mañana a la orilla de mi lecho. Me cogía los dedos del pie y me los apretaba con todas sus fuerzas.

—Fernan, Fernan…—decía—. ¿Estás dormido?

Sin abrir los ojos, yo contestaba molesto:

—¡Ssssííííí!

—Ah, ya —decía ella—. Sigue durmiendo, nomás.

¿Cuál era la idea? No tengo idea.

Una tarde cruzó la avenida Atocongo a toda carrera para alcanzar un bus que se le pasaba. Al ver que llegaba tarde, agitó su mano haciendo señas desesperadas al taxi que venía detrás. El chofer, con tal de ganarla como pasajero, haciendo una maniobra brusca e imprudente, rebasó a velocidad al bus y frenó en seco delante de él. Logrado su cometido, Penélope se rió en la cara del taxista y subió tranquilamente al bus detenido a la fuerza.

La dama era algo salvaje, quizás debido a su origen selvático (nunca pude acertar su gentilicio; nació en Madre de Dios en 1911), pero era muy astuta y, sobre todo, noble.

—¡Cuidado, Pene! —le dijo una mañana Palmira, una de sus mejores amigas en el Departamento de Escalafón, al verla iniciar su rito con el macabro maquillaje—. Parece que don Aptadolfo no vino de muy buenas hoy.

Don Aptadolfo Caño, su jefe, era un tipo descachalandrado, una especie de andrógino cachetón y panzón, pecoso, sexo absolutamente indefinido e indescifrable, al que le gustaba andar vestido obsesivamente a la moda, lo que para un país como el Perú implica una falta absoluta de responsabilidad. Tenía caminada de macho corpulento, pero sus gestos faciales eran de señora. Ese viernes, por algún motivo (fallido coito conyugal, probablemente), traía más bien una cara de lunes por la mañana después de un feriado largo.

—Voy a terminar rápido, no te preocupes.

—Deja ya esa cosa —insistió Enedina, la otra entrañable amiga de Penélope.

—Sólo me retoco un poco y listo.

—Pero huele horrible —protestó Palmira.

Los empleados masculinos del Departamento de Escalafón estaban ya todos entregados a la burocracia, el papeleo y los trámites interminables; resultado de la desconfianza, consecuencia de la educación en un país subdesarrollado. Uno de ellos se levantó de repente, como empujado por una urgencia incontrolable. Rodeó el pasillo, pasando a toda velocidad delante de los escritorios de las mujeres, y corrió hasta la puerta del baño.

Tin, tin, tin.

—¡Ocupado! —escucharon todos la voz enfadada de don Aptadolfo.

El pobre empleado se doblaba las piernas. Se cogía el estómago con una mano y con la otra se tapaba la boca. Volvió a golpear tímidamente la puerta. La voz cruda de don Aptadolfo chilló de nuevo:

—¡Quién es! ¿No puede esperar un momento? ¿No ve que está ocupado? ¡Qué falta de consideración, caramba!

Ante una acusación injusta los hombres reaccionan según su autoestima. El hombre inteligente, de espíritu elevado, se indigna. El hombre común y ordinario se enfurece y contraataca, insulta, golpea. El pobre diablo suplica perdón.

—Disculpe por favor, don Aptadolfo. No quería molestarlo.

Con lo cual el empleado dio por concluida su gestión y salió casi corriendo de la oficina, los ojos empapados en lágrimas. Penélope y sus amigas contemplaron indignadas la escena.

—¡Pobre Marquitos! —suspiró Enedina—. Y dicen que por las tardes se gana la vida como profesor en una gran unidad escolar.

Una ola de murmullos que venía fuerte desde abajo empezaba a tornarse en una manifestación agitada. Palmira se asomó a la ventana. Era obvio que el personal de limpieza por las noches no pasaba con un plumero siquiera cerca de las persianas. A decir verdad, el ventilador de hélice que colgaba del techo tiraba montones de pelusa que iban a parar de plano sobre las pilas de papel sello sexto. Ni mencionar las máquinas de escribir sobre los escritorios; tenían polvo suficiente para enterrar a Olivetti y todos sus herederos. Desde el piso número 17 del Ministerio de Educación resultaba fácil ver los féretros de cartón, pintados de negro, formando un círculo en plena avenida Abancay. Un puñado de jubilados, simulando un velorio comunitario, se habían unido para reclamar, ondeando pancartas con dramáticos lemas, sus derechos no reconocidos.

—Me dan lástima esos viejitos —dijo Enedina—. Nadie los protege.

—Quizás algunos de ellos —aseveró Penélope—, sino varios o muchos, estén pagando ahora con ese desamparo los atropellos que cometieron contra el público y contra el país cuando fueron jóvenes y ocupaban uno de nuestros puestos.

—¡Eres terrible, Pene! —reprochó Palmira.

—Es la verdad.

Una fetidez insoportable empezó a invadir la atmósfera de la oficina, extendiéndose inexorablemente al resto del piso.

—¿Qué le habrá pasado al señor Caño? —preguntó Enedina—. Lleva ya rato metido en el baño.

—Por la forma que huele, carajo, debe estar muerto de la cintura para abajo —afirmó Penélope.

—Ahora soy yo la que necesita el baño —aseguró Palmira, sacudiendo las piernas.

—Tócale la puerta —indicó Penélope.

—¿Estás loca?

—¿Por qué? ¿Tienes miedo tú también?

—Ya sabes cómo es don Aptadolfo, peor ahora que llegó de mal humor.

Penélope miró con incredulidad a su amiga.

—Yo lo voy a sacar de allí ahora mismo —dijo resuelta—. Vas a ver.

Palmira y Enedina dieron un paso atrás para abrirle camino. Con la boca y los ojos bien abiertos la siguieron hasta la puerta del baño.

¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!

Penélope no destacaba por ser tímida.

—¡Don Aptadolfo! —arengó.

—¡Ocupado! —contestó, secamente, don Aptadolfo.

—¡Apúrese!

—¡Pene! —susurró Enedina, jalándola de una manga.

—Se va a molestar y después se va a desquitar con nosotros —gimoteó Palmira.

—Por eso estamos como estamos —refunfuñó Penélope—. Todo el mundo se queda callado cuando hay un atropello.

Efectivamente, en la planta baja, frente a la puerta principal del Ministerio, un colectivo lleno de pasajeros se llevó de encuentro a uno de los viejitos que protestaba por sus derechos. El chofer se dio a la fuga. Los demás jubilados se hicieron a un lado. Nadie ayudó al compañero caído en acción.

¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!

—No moleste, señora Penélope —el tono de don Aptadolfo se sentía esta vez más avinagrado.

Palmira y Enedina retrocedieron para dejar a Penélope abandonada a su suerte, pero ella no se amilanaba con facilidad.

—¡Salga de ese baño inmediatamente, don Aptadolfo!

Se oyó el ruido del agua tragándose precipitada los submarinos del señor Caño, la hebilla de metal ajustándose al cinturón, las manos recibiendo el agua con jabón en el lavatorio, los pasos severos caminando apresurados hacia la puerta. Y la perilla siendo tomada por una mano imperiosa.

—¡Qué pasa aquí! –la voz y el porte de don Aptadolfo de pronto emergieron altamente masculinos.

Enedina se llevó una mano a la boca. Palmira volteó a mirar a otro lado.

—¿Qué pasa aquí? —repitió Penélope, levantando una ceja.

—¿No ve que el baño está ocupado, señora Penélope?

—¿Y usted no ve que ahí bien claro dice “Damas”, señor Caño? —replicó airada Penélope, señalando el cartel de la puerta.

—Lo siento, señora Pene —dijo don Aptadolfo, terminando de componer sus pantalones—. Es el único baño en el piso. Y yo soy el jefe aquí.

—¿Usted cree que por ser el jefe puede atropellar a las mujeres de esta oficina?

—Tengo derecho a usar el baño.

—Sí, pero el de caballeros.

—Ése está en otro piso.

—Tendrá usted que ir a buscarlo. No es culpa nuestra que el Ministerio contrate a unos genios de arquitectos que ponen el baño de damas en un piso y el de caballeros en otro.

—Lo siento, señora Penélope. Esta discusión ha terminado. Yo soy el jefe y punto.

—¿Y eso qué significa?

—¿Qué significa? —exclamó incrédulo el señor Caño—. ¿Quiere que le explique lo que eso significa?

Penélope con los brazos en jarra:

—¿Acaso tiene usted pichula de oro, señor Caño?

Enedina y Palmira no sabían ahora si reírse, esconderse o renunciar. El resto de empleados varones en el Departamento de Escalafón fingían estar ausentes de la discusión.

—Si no encuentra usted ningún ejemplo entre sus empleados —espetó Penélope—, ¿por qué no se convierte usted en un ejemplo para ellos?

Muchos años más tarde la longevidad inició un proceso incontenible de demolición en el carácter indestructible de Penélope. A los 78 años le diagnosticaron el mal de Parkinson. Tomaba pastillas tan fuertes que acababa drogada, hablando sin parar, haciendo morisquetas, concluyendo relatos después de 2 horas de haberlos iniciado.

—Y así murió Sánchez Cerro… —fue uno de sus epílogos más famosos en aquel período marcada e inconscientemente dadaísta de su vida, en el que su auditorio, compuesto en su mayoría por nietos y otros jubilados, acababa dormido alrededor de ella, algunos cabeceando hacia abajo, otros hacia atrás, todos con la boca abierta, derramando saliva.

Le temblaba tanto la mano que parecía estar estrechándosela a alguien sin cesar. Al final terminó haciéndose la caca en los pantalones y usando pañales para dormir.

Días antes de su muerte percibí un viento soplando en mis piernas. Inequívoco augurio de su partida. Una tarde, a eso de las 6, una llamada telefónica interrumpió la película rusa que estaba viendo en la televisión para avisarme que Penélope finalmente se había ido.

Penélope, mi querida abuela, que en paz descanse y de Dios goce, tenía un temple de hierro. En mi vida he conocido mujer con más carácter que ella.

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Fernando Morote. Piura, Perú-1962. Escritor y periodista. Autor de “Poesía Metal-Mecánica”, “Los quehaceres de un zángano”, “Polvos ilegales, agarres malditos” y “Brindis, bromas y bramidos”. Actualmente vive en Nueva York.

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Dictan 6 meses de prisión preventiva a sujeto que vandalizó la Piedra de los 12 Ángulos [VIDEO]

En tanto, el Mincul solicitó más de 5 millones de soles como reparación civil contra Gabriel Roysi Melanio.

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Durísima sanción. Seis meses de prisión preventiva de la libertad dictó ayer el Poder Judicial (PJ), a través de la Corte del Cusco, contra Gabriel Mariano Roysi Melanio, de 30 años, investigado por atentar contra la Piedra de los Doce Ángulos en el centro histórico de la ciudad del Cusco.

La decisión fue dispuesta por el Segundo Juzgado Penal de Investigación Preparatoria Transitoria de Flagrancia del Cusco.

Será investigado por el delito de destrucción de bienes culturales, daño ocasionado con un martillo. Cabe recordar que la ciudad del Cusco es protegida al ser Patrimonio Cultural de la Nación desde 1972 y Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco desde 1983.

Por su parte, el Ministerio de Cultura (Mincul), a través del procurador público Henmer Alva Neyra, solicitó como reparación civil e indemnización 5 millones 350,000 soles al imputado de dañar con un martillo la Piedra de los 12 Ángulos.

El fiscal del caso sustentó la medida coercitiva a partir de las pericias del Mincul y de la Policía Nacional que confirman que tras el impacto metálico hubo pérdida de material y hendiduras, que fue calificado como “muy grave” al haber “alteración irreversible en un bien arqueológico de alto valor histórico y cultural”.

Además, hubo “una alteración en la fisura superficial comprometiendo la estabilidad del elemento y exponiendo a un deterioro. El daño compromete no solo la integridad física del bien, sino también su valor histórico, estético cultural al modificar su percepción visual y su autenticidad”.

fuente: tv peru.

El dato:

Un turista que observó los daños reportó la agresión a una tienda de la zona y tras visualizar los registros se constató que Roysi Melano golpeó tres veces el bien cultural y luego se fue. El mismo día, alrededor de las 10:40 horas, la Policía Nacional y la fiscalía ubicaron y detuvieron al causante en la calle Suytuhatu del barrio de San Blas.

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Norvial anuncia que suspenderá temporalmente el cobro de peajes en Pasamayo y Serpentín [VIDEO]

Desde primeras horas de la mañana de hoy se observa a los vehículos pasar sin pagar el peaje.

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Luego de varias protestas por parte de los transportistas que usualmente se dirigen hacia el norte del país, denunciando que la empresa concesionaria Norvial aún continuaba cobrando el peaje en la Variante de Pasamayo y el Serpentín de Pasamayo, pese a que más adelante se encuentra derrumbado el puente Chancay, Norvial informó la suspensión temporal de dicho cobro.

La concesionaria de la Red Vial 5 de la Panamericana Norte precisó que la medida estará vigente por seis días calendario o hasta que se culmine con la instalación del puente modular que permita recuperar la transitabilidad en el kilómetro 76+200 donde se ubicaba el colapsado puente Chancay.

Sostuvo que la medida se adoptó en virtud del Oficio N° 0658-2025-MTC/19 expedido por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), en aplicación del numeral 9.9 del Contrato de Concesión.

A través de su cuenta oficial en Facebook Norvial dio a conocer este comunicado donde reiteró su compromiso por la seguridad y transitabilidad en la vía.

Como se recuerda, el jueves 13 de febrero, cerca de la medianoche, se produjo el colapso de una de las vías (de norte a sur) del puente Chancay lo que provocó la caída de un bus interprovincial lleno de pasajeros y de un automóvil particular. El accidente dejó tres personas fallecidas y cerca de 40 heridas, algunas de ellas aún se encuentran internadas.

Ante el colapso del puente, que obligó a suspender el tránsito en ese tramo de la Panamericana Norte, el titular del MTC, Raúl Pérez Reyes, anunció que un puente modular reemplazará a la infraestructura dañada. La instalación del citado puente demandaría entre ocho a 15 días.

fuente: exitosa.

Ante la suspensión del tránsito vehicular en Chancay, los transportistas que salen o se dirigen a Lima toman como ruta alterna el camino que conduce a la ciudad de Huaral para luego dirigirse a Aucallama y en este lugar retomar la Panamericana Norte.

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Concesionaria Norvial continúa cobrando peajes en Ancón y Huacho pese a colapso de puente Chancay [VIDEO]

Choferes se muestran disconformes en cobro de peaje, tomando en consideración el derrumbe del puente y la altísima congestión vehicular en la zona.

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Siguen cobrando pese a un servicio deficiente. El director de la Cámara Internacional de la Industria del Transporte (CIT), Martín Ojeda, denunció que se sigue cobrando peaje a pesar de las limitaciones del tránsito vehicular, tras el colapso del puente Chancay, en Huaral, que se registró la noche del jueves, 13 de febrero.

En entrevista para RPP, Ojeda señaló que persiste el cobro en los peajes de Ancón y Huacho, por lo que exigió la suspensión del pago hasta que culminen los trabajos de remediación después la caída del puente Chancay, a la altura del kilómetro 75 de la Panamericana Norte.  

También dijo que los transportistas son desviados del peaje de Ancón hacia Huaral, por una vía de trocha que dificulta el tránsito y, además, genera una congestión vehicular de entre una a cuatro horas.

fuente: exitosa.

Para ejemplificar el panorama que brindó Ojeda, un conductor se comunicó en vivo con RPP y relató que, en su trayecto de Lima a Chancay, estuvo más de tres horas atascado en el tráfico. 

“Y en el mejor de los casos, cuando no hay tráfico, se demora hora con veinte minutos. Y el día de ayer, en la noche, se ha demorado de tres a cuatro horas. Hay una larga fila de buses porque nos meten por calles que no son carreteras, no son autopistas, es una ciudad… lo peor de todo, que nos cobran los peajes”, declaró Martín Ojeda.

“La fluidez y la conectividad se rompió y están cobrando el peaje de norte a sur y de sur a norte en Huacho; y están cobrando el peaje en Ancón, norte y sur, sur y norte”, agregó.

El director de la CIT comentó que en los peajes se cobra 10.40 soles por eje y los camiones tiene hasta seis; por lo que un transportista podría llegar a pagar 62.40 soles.

“Eso es lo que nos están cobrando: por nada”, enfatizó.

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Atentado cultural en Cusco [VIDEO]

‘La piedra de los doce ángulos’ forma parte de un Palacio Inca en la calle Hatun Rumiyoq y hoy fue seriamente vandalizada por una persona que con un objeto contundente la golpeó fuertemente. Como se recuerda, hace 11 años dos vándalos chilenos pintaron el gran bloque e hicieron un grafiti con sus iniciales.

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La madrugada de este martes la ‘piedra de los doce ángulos’ ubicada en la zona monumental de la ciudad de Cusco, sufrió un grave atentado. Lima Gris accedió a imágenes exclusivas del momento del acto vandálico, cuando una persona en aparente estado de ebriedad golpea fuertemente la piedra con un objeto sólido que sostiene en su mano. Funcionarios del Ministerio de Cultura llegaron hasta el lugar para evaluar los daños.

¿Dónde está ubicada exactamente la ‘Piedra de los doce ángulos’?

La piedra de los doce ángulos es un bloque de piedra de la cultura inca que forma parte de un palacio ubicado en el centro de la ciudad, en la calle Hatun Rumiyoq (que junto con otras calles se unen a la plazoleta de San Blas con la plazoleta de la Almudena) en la zona monumental de Cusco, Perú.

El gran bloque de arquitectura inca y que está compuesta por una formación diorita presenta un gran acabado y bordeado perfeccionista, al no existir asimetrías en sus uniones. Y actualmente es considerado Patrimonio Cultural de la Nación del Perú. Asimismo, la piedra forma parte de la sede del Palacio Arzobispal de Cusco, que anteriormente fue la residencia de Inca Roca, el sexto soberano del Curacazgo del Cusco.

Hace 11 años sufrió un acto vandálico

Como se recuerda, el 8 de marzo de 2014 la piedra sufrió un grave atentado mediante una irresponsable pinta que significó un acto vandálico, pese a la constante vigilancia de los ciudadanos cusqueños. En dicha fecha, dos sujetos chilenos desadaptados hicieron un grafiti con sus iniciales. Felizmente, los servidores de la Dirección Desconcentrada de Cultura del Cusco lograron borrarlas sin dañar la superficie.

Lima Gris accedió a estas exclusivas imágenes captadas por Darwin Santander.

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Taxis por aplicativo sí podrán ingresar al nuevo aeropuerto Jorge Chávez, según nuevas indicaciones de la ATU

Asimismo, precisaron que los buses “AeroDirecto” estará permitido el traslado de maletas tipo ‘carry on’.

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Taxis y malestas, sí, pero ahora solo falta cómo ingresar. La Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU) informó el pasado fin de semana que los taxis por aplicativo sí podrán ingresar al nuevo aeropuerto internacional Jorge Chávez, que se inaugura este 30 de marzo.

A través de un comunicado, precisó que este tipo de autos sí podrán ingresar con pasajeros al nuevo terminal de Lima y que “el control y la seguridad de estos vehículos estarán a cargo tanto de la entidad como de la Policía Nacional del Perú”.

Es así que vehículos de los aplicativos como como Uber, Yango, Cabify, Didi y Easy Taxi podrán ingresar al terminal con pasajeros.

Para operar en el nuevo terminal aéreo, los taxis por aplicativo deberán cumplir con varios requisitos de seguridad y formalización. Las unidades deben estar debidamente identificadas con la placa correspondiente al servicio de taxi y contar con la autorización de la ATU.

Además, los conductores deberán tener una licencia de conducir vigente, contar con el SOAT obligatorio y pasar una inspección vehicular actualizada. Entre los implementos de seguridad exigidos se incluyen un botiquín de primeros auxilios, un extintor y señales distintivas como casquete y cartilla informativa.

Detalló asimismo que los buses de “Aerodirecto” son vehículos de transporte público urbanos de pasajeros, como los que prestan servicio en la ciudad, en los cuales está permitido el traslado de maletas tipo carry on (con ruedas) y mochilas de viaje, es decir, el equipaje que suele ir en la cabina de los aviones”.

Finalmente, la ATU reiteró su compromiso de apoyar los servicios de movilidad urbana hacia y desde el nuevo aeropuerto Jorge Chávez dentro de los estándares de formalidad que la autoridad exige, a la par de ir implementando nuevos servicios que permitan un desplazamiento seguro de los ciudadanos y visitantes.

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A propósito del Día del Amor y la Amistad: cada vez más peruanos prefieren casarse pasados los 30 años

El año pasado se realizaron 68,559 matrimonios, situándose casi a cifras prepandemia.

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Dar el “sí, acepto” es una de las decisiones más importantes de la vida y para muchos se tienen que dar ciertas condiciones para pasar el resto de sus vidas que su ser amado. Los tiempos han cambiado y ya no se frecuenta ver bodas entre jóvenes veinteañeros, sino a dos adultos de 35 años para arriba.

Y es que varios factores entran a tallar para la unión ante Dios. Muchos jóvenes dan prioridad a su vida profesional y laboral, dejando en segundo plano las nupcias. Otro factor importante es el soporte económico ya que muchas de las nuevas parejas buscan un hogar donde habitar que no sea el segundo piso de la casa de sus padres. Otro detalle a considerar es que muchos de los encuestados no se sienten emocionalmente preparados para “dar el salto” a la fila de los recién casados, prefiriendo entre otras cosas su libertad como solteros, su juventud y su etapa donde no son tan responsables.

Según información del Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec) en 2024 se han registrado 68,559 matrimonios; lo que indica una recuperación con respecto a los números prepandemia. En 2019 la cifra fue de 73,802, y evidentemente por la coyuntura de la crisis por Covid-19 en 2020 se redujo a 43,608 bodas. En años posteriores la cifra se fue recuperando, teniendo un pico alto en 2022 con 80,605 matrimonios.

En los años posteriores esa cifra no se mantuvo, reduciéndose considerablemente: 2023 con 66,142 bodas, y 2024 con 68,559.

El año anterior más de 39 mil peruanos se casaron entre los 30 y 59 años; siendo Lima, Arequipa y Cusco las regiones que lideran este ranking por rango de edad.

Ciudadanos ahora priorizan otros aspectos de su vida como la profesional, emocional o económica antes de casarse. Foto: El Peruano.

Día del Amor, día de casarnos

Por otro lado, Reniec informó que en el 2024 se registraron 757 matrimonios el 14 de febrero, fecha en la que se celebra el Día del Amor o Día de San Valentín. Esto representa una disminución del 25.6% versus el 2023, cuando se casaron 1018 parejas a nivel nacional.

En comparación con el año prepandemia (2019), se experimentó una caída del 38.7% en el número de matrimonios inscritos que fueron 1234.

Reniec también señaló que, en los últimos seis años, un total de 4892 parejas eligieron contraer matrimonio el Día de San Valentín.

Las parejas que han unido sus vidas y sellado su amor en esta fecha especial son las siguientes: en 2019 (1234), 2020 (1476), 2021 (14), 2022 (393), 2023 (1018) y en 2024 (757).

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Dos personas fallecidas y decenas de heridos tras caída de Puente de Chancay [VIDEO]

Bus interprovincial cayó al turbulento río Chancay. Entre los heridos se encuentran tres menores de edad.

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Un país sin puentes. Resulta sumamente preocupante la falta de planificación y monitoreo de los puentes del país. Han pasado más de dos años y un puente en Huachipa aún no se puede terminar de construir; peor aún, no existe un puente de acceso al nuevo aeropuerto Jorge Chávez; diversos puentes vienen siendo golpeados en sus bases por buses y tráileres de carga pesada, dificultando la transitabilidad de los demás vehículos; y qué decir de los demás puentes en el interior del país que cada año son debilitados tras la llegada de un huayco, sin que exista un control posterior de las autoridades competentes sean distritales, regionales o centrales; y ahora último el Puente de Chancay se ha caído al río, llevándose consigo dos personas inocentes fallecidas.

De acuerdo con información del titular del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), Raúl Pérez – Reyes, un bus interprovincial cayó a las aguas del río Chancay a la altura del kilómetro 75 de la Panamericana Norte, luego de que el puente se desplomara. Posteriormente, se tuvo conocimiento de que un auto particular también cayó a la corriente fluvial.

El hecho ocurrió aproximadamente a las 11:55 p.m. del último jueves, cuando la infraestructura cedió justo en el momento en que una unidad de la empresa Cruz del Norte y un automóvil de color negro transitaban por la vía.

Bomberos y agentes de la Policía Nacional del Perú (PNP) trabajaron en conjunto para rescatar a los pasajeros atrapados dentro del ómnibus, algunos de los cuales quedaron entre los fierros retorcidos. Con herramientas especializadas, lograron abrir paso entre los restos del vehículo, mientras otros socorristas brindaban primeros auxilios. Los afectados fueron trasladados a los hospitales de Chancay y Huaral.

Por otro lado, se conoció que en el mes de noviembre se realizó mantenimiento al puente derrumbado, sin embargo, no se han brindado mayores detalles sobre el tipo de mantenimiento. Desde el año 2003 la empresa encargada del mantenimiento del puente es Norvial.

fuente: latina.

Ministro de Transportes acudió hasta el puente derrumbado

Ante esta emergencia, el ministro de Transportes llegó hasta Chancay en horas de la madrugada para intentar buscar alternativas de vías de comunicación debido a que se ha paralizado la carretera en sentido norte a sur producto del colapso del puente. 

Los pobladores de la zona se mostraron totalmente indignados con su presencia y llegaron a increparle en el lugar. Sin embargo, el titular del MTC se concentró en mencionar que lo importante era salvaguardar la vida de las víctimas

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Usuarios del Metropolitano se bajan de los buses debido al asfixiante calor [VIDEO]

Unidades de transporte no cuentan con aire acondicionado, eso sumado a la gran conglomeración en hora punta hace que muchos de esos vehículos vayan repletos de pasajeros.

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El sofocante calor se siente en muchas partes de la capital, registrándose en algunos distritos temperaturas por encima de los 30 grados, teniendo sensaciones de calor los 33 o 34 grados. Si eso calor se suma estar en un lugar cerrado y con poca ventilación como los buses del Metropolitano dicha temperatura fácilmente puede bordear los 37 o 38 grados, resultando para muchos una “olla a presión”.

Anoche, en la estación Naranjal del Metropolitano, decenas de usuarios de ese servicio de transporte no pudieron más el intenso calor y decidieron bajarse de las unidades a modo de protesta por la escasa implementación de aire acondicionado o sistemas de ventilación.

Y a pesar que anoche se registró una intensa lluvia en gran parte de la capital, la sensación de calor no se redujo, teniendo una media de 25°C incluso hasta altas horas de la noche.

“No es ventilado, la verdad. Como todos los días, es algo normal que haya aglomeraciones. El calor está muy fuerte”, dijo a Panamericana TV una pasajera que aguardaba abordar en la estación Naranjal. Otra usuaria agregó: “Es un horno estar en el trayecto. La gente está apiñada, no hay ventilación. Las ventanas no sirven de mucho porque son pequeñas y algunas están malogradas”.

fuentes: bdp.

En esa estación los pasajeros debieron esperar al menos 45 minutos debido a la congestión generada por el mal tiempo. Sin embargo, el panorama se replicó en otros puntos, donde usuarios reportaron que la lluvia generó desorden y acumulación de suciedad en los embarques.

Los peatones también manifestaron que las estaciones no están diseñadas para soportar precipitaciones prolongadas. En varias de ellas, se registró acumulación de agua en el piso, lo que dificultó el acceso y generó riesgo de resbalones.

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