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Literatura

CUENTO: “Como todo lo prometido” de Luis Humberto Moreno Córdova

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CUENTO

“Como todo lo prometido” de Luis Humberto Moreno Córdova

             
Cuando desperté era tarde, Patricia se había marchado, y era para siempre. Yo sabía que estaba harta. Harta de mí, harta de esa línea inalterable en la que me había convertido. No había sido injusta; tomó sólo aquello que le pertenecía: Su ropa, sus perfumes, sus implementos de arquitectura, una foto que tuvimos juntos y un recuerdo de cuando fuimos felices. Incluso había limpiado la sala, dejado algo de comida en la nevera y cambiado la cortina de la ducha. No se había tomado el trabajo de escribirme una nota exponiendo los motivos de su partida, porque yo los sabía de sobra; pero los detalles que tuvo antes de marcharse, el cuidado de dejar todo limpio y proveerme alimento, demostraban su preocupación por mí.

Eran más de las tres cuando desperté y consulté el reloj. Me había levantado con torpeza, asfixiado por el ambiente pesado de la habitación. El olor rancio a mala noche, a caudales de licor, parecían aplastar mi vida, reduciéndolo todo a una expresión misérrima. Estaba desnudo, con algunos moretones en los brazos, tal vez por alguna caída o algún tropezón que me era imposible recordar. Remojé mi cabeza en el lavabo por mucho tiempo, rogando que el agua fría me devolviera algún recuerdo de cómo llegué a casa esa noche, la última noche al lado de Patty (Aunque ella detestara que la llamara así). Mientras me secaba la cabeza noté los dobleces del papel higiénico en el tacho. Patty sólo los doblaba así cuando lloraba. Puta madre, pensé, ella había llorado. La cortina de baño era nueva, de color azul, con dibujos de pececitos, como si los hubiera hecho un infante, el hijo que siempre nos prometimos, con el que jugaríamos los domingos en el parque.

Ya vestido me dirigí a la sala. La encontré limpia. Noté que las alfombras habían sido sacudidas, y que los muebles estaban aspirados. En el pequeño escritorio, que daba para la ventana con vista a la calle, las cosas de Patty habían desaparecido. No estaban las reglas, las escuadras, los lápices ni las cuchillas. Todos sus planos se habían hecho humo. El escritorio estaba totalmente vacío. Mi alma empezaba a sentirse igual. En uno de los aparadores noté la ausencia de una foto en la que estábamos abrazados, en una piscina, cuando todavía creía en mí, cuando tenía fe en nuestro futuro. Entonces tenía el cabello negro, rizado; su sonrisa era tierna, sus ojos lo absorbían todo. Noté también la ausencia de un adorno que compramos en nuestro primer viaje a Valparaíso. Quizá el mejor de todos los viajes que hicimos, pero sin duda, en el que mejor nos amamos.

Sentí el revoloteo hambriento en mi estómago. Corrí a la cocina. Nada parecía haber cambiado desde la noche anterior. Cuando abrí la nevera la encontré llena. Había mantequilla, jamón, mermelada, leche, huevos y yogurt de Guanábana, mi favorito. Ah Patty, Patty. Siempre solía engreírme con detalles como esos. No era un prodigio cariñoso, no gustaba de andar abrazada a mi o tomada de mi mano, pero tenía gestos que podían compensarlo todo. Que la ponían en contacto conmigo con mucha más contundencia que una caricia.

Me preparé un sánguche con jamón y revolví un par de huevos en la sartén mientras recordaba el inicio de la noche anterior. Yo había salido temprano de la oficina, dejando varios asuntos pendientes, con la amenaza de mi gerente de despedirme si para el lunes no estaban resueltos. Hacía mucho que la oficina no era más que una prisión para mí. Recuerdo que Patricia, preocupada por mi futuro, me había recomendado cambiar de empleos, buscar ascensos, conocer nuevas personas. Yo había cumplido con cada una de sus sugerencias. Dejé la compañía pesquera para irme a la compañía de valores, pero igual me sentí mal; dejé la compañía de valores para mudarme a la consultora, pero el resultado siguió siendo el mismo. Mis jefes no tenían queja de mi desempeño, pero tampoco me veían con ojos favorables. Siempre llegaba a revolver las cosas, a mover la conciencia de la gente, a crear tensión entre los trabajadores ordinarios y la alta gerencia, a enfrascarlos en conversaciones sobre sueldos bajos, sobre horas extras ignoradas y vacaciones acumuladas. Siempre terminaba en la mira de mis gerentes o directores, aunque les era imposible despedirme.

Teníamos esa reunión en el club, con sus amigos de la universidad. Me recordé vistiéndome después de una ducha reparadora. Patty estaba colocándose un vestido negro. Sujetaba una tira alrededor de su cuello, dejándome apreciar un escote maravilloso que mostraba su piel canela y esas machitas de nacimiento en la curvatura de su espalda que yo solía besar en noches frenéticas. Se había puesto unos aretes largos y sonreía. Nos besamos al salir de casa. Ella quiso conducir. Pusimos un CD de Pulp, uno de los pocos grupos que teníamos en común.

No conversamos nada importante en todo ese tiempo. En el dormitorio habíamos hablando un poco de nuestro día en el trabajo. Me interesaba más escucharla a ella, con sus proyectos, con esa gente de dinero que levantaba casas preciosas en la periferia de la ciudad. Comparado a eso, mis días de oficina, sentado al lado de diez tipos más en una habitación sin ventanas, no eran nada. Conversamos también sobre los invitados a la fiesta de esa noche. En su mayoría compañeros de la universidad, casi todos casados, algunos con hijos. Hacía mucho que Patricia no había tenido oportunidad de encontrarse con ellos. En algunos casos sólo los recordábamos por sus matrimonios, a los cuales nos habían invitado. Comentamos algunas cosas más sobre sus amigos, la caída de cabello de tal, los kilos de más de alguna de sus amigas, hasta que nos besamos al salir y subimos al auto.

El club no quedaba lejos. Teníamos que tomar la autopista que conducía al hipódromo y virar a la derecha en la avenida que iba rumbo a la universidad en la que Patty había estudiado. Nos tomó apenas quince minutos llegar. Sólo escuchamos dos canciones del disco, porque mi teléfono sonó y Patty apagó la radio. Apenas pude esbozar unas palabras. Era mi gerente, un tipo adicto al trabajo, ufano y conflictivo, que me llamaba para revisar algunos temas en la agenda de la próxima semana. Estaba aún en su oficina y, según me dijo, tenía para rato. Tenía las preguntas y las respuestas para todo, por lo que me limité a usar “si” y “no” de acuerdo a la conveniencia. Satisfechas sus dudas y sin despedirse, cortó. Solo dijo “ya, perfecto”, y cortó. Me quedé un rato más al teléfono, pensando que seguía en línea, hasta que me di cuenta que no tenía caso. “Muy bien, espero que le haya quedado claro”, dije, y guardé el teléfono. Patricia me miraba.

-¿Todo bien?

-Todo bien. Ese idiota sigue en la oficina. ¿Puedes creerlo?

-Es un tipo responsable, comprometido con su trabajo –respondió Patty. Me jodía cuando se hacía la moralista, cuando en lugar de respaldar mis ideas, optaba por darme la contraria.

-Nada que responsable. No quiere ir a su casa porque ya está aburrido de su mujer. O porque fácil ha quedado en verse con su amante, la jefa de Marketing.

Patricia detuvo el carro en un semáforo en rojo.

-No quiero que empieces a despotricar del mundo sólo porque tu jefe te ha llamado para hacerte unas preguntas.

Moví mi mano, tratando de restarle importancia a la conversación. Patricia insistió:

-Te estoy hablando. No quiero que estés de mal humor, menos en un lugar donde habrá mucho licor.

Traté de reírme. Quise prender la radio, pero Patricia detuvo mi mano con la suya.

-Te estoy hablando –repitió.

Yo quería ignorarla, tratar de no avivar su preocupación, pero Patricia me conocía demasiado como para dejar pasar mi actitud por alto. Sabía perfectamente el derrotero de mi mal humor, la senda de mi insatisfacción. Sabía que lo más probable era que termine anclado en la barra del bar, tratando de acabarme todo lo que estuviera embotellado. Ya me había perdonado una vez, cuando gasté el sueldo entero de un mes en una fiesta con los compañeros de la empresa de valores, para desquitarnos por no haber sido considerados en los aumentos de sueldo. Luego empezó a perder la paciencia. Siempre que algo me salía mal, siempre que tenía algún roce con algún tipo de las altas esferas (que yo tanto odiaba), Patricia tenía que agotar esfuerzos tratando de ubicarme, lidiar noches enteras con mi celular apagado, con mis amigos borrachos, riendo de complicidad, incapaces de dar razón sobre el paradero de su novio. Patty decidió separar las cuentas de ahorros a partir de ese momento. Recuerdo que, de la cólera, rompí una vieja casita de madera que le había hecho su padre. Esa casita fue la que decidió su destino como arquitecta. Su padre fue un tipo ejemplar, que murió de cáncer cuando ella apenas terminaba la secundaria. Me tomó tiempo reconciliarme con ella. También me tomó tiempo aceptar que después de eso las cosas no serían iguales. Me alejé por un tiempo de mi inconformidad y mis rabietas. Pero ahí estábamos de nuevo, metidos en el auto, discutiendo por la misma tontería. Discutiendo, porque Patty ya no creía en mis desestimaciones, porque sabía que yo era un hombre experto en la materia de arruinarlo todo.

-No estoy de mal humor –le dije, forzando una sonrisa-. Sólo era un comentario.

-Ahórratelos para cuando estemos en casa, Santiago, ¿ok?

Acarició mi mano, frotándola con su pequeño pulgar. Sentí vergüenza. Siempre la sentía cuando me trataba como si fuera un niño.

Estacionamos sorteando a otros autos que estaban en el aparcamiento. Algunas amigas de Patricia saludaban desde la ventana, agitando sus manitas cargadas de anillos y baratijas. Al bajar, patricia las estrechó en brazos. Yo me acerqué con mi mejor sonrisa para saludarlas, también para estrechar las manos de algunos novios y esposos. Había más desconocidos que conocidos, y la lluvia de nombres me impidió siquiera recordar uno.

Entramos por el hall directo al bar principal luego del cual había una piscina y un ambiente enorme con mesas y una pista de baile. Había otro grupo de gente esperándonos. Patricia tomó mi mano, mirándome con ojos cómplices. Supe que se ha calmado, que necesitaba mi apoyo para manejarse ahí dentro. Un mesero nos señaló dos espacios en una de las mesas. Tres amigas más se pusieron de pie y se abrazaron con Patricia. Una de ellas estaba sola, la otras dos estaban con sus novios. Me fijé en los anillos de compromiso, nunca había podido darle uno a Patricia, aunque alguna vez le había prometido hacerlo. Se lo dije en una ocasión, cuando regresábamos de escuchar algo de música en un bar: “Te daré un anillo hermoso”, le dije. “Tendrás que levantar tu mano muchas veces porque todas querrán verlo”.

Dejaron dos botellas de whisky por mesa. También sirvieron vino, cerveza. Yo prefería el bourbon con cola, pero sabía que si pedía uno, la paz establecida con Patricia llegaría a su fin. “Te regalaría cualquier cosa, menos licor”, me dijo una vez, echados en el parque, mientras soplábamos unas Dientes de León que habíamos arrancado a escondidas de los vigilantes. Cuando mis excesos no invadían la atmosfera, nuestra vida era apacible. Solíamos pasar horas enteras acurrucados, conversando de todo lo que nos fuera posible, huyendo del frio. En los veranos, solíamos ir al parque, o a la piscina del club. Entonces podía resistir la vida gris sin recurrir al licor, sin prender un cigarro. Podía asirme a ella y salvarme de todo. Pero la vida se había vuelto para mí una invariable secuencia de actos robotizados: levantarme temprano, manejar, tráfico, llegar tarde, prender la computadora, trabajar, trabajar, trabajar, rogando siempre para que llegue el viernes; aborrecer el final de los domingos, llegar tarde a casa, cuadros, informes, sumas, restas; trabajar, trabajar, trabajar. Todo acompasado por las poses insoportables de mis gerentes. Me serví medio vaso de Whisky.

Las parejas salieron a bailar. Patricia sabía que yo detestaba el baile, así que rara vez me pedía que lo hiciéramos. Sin embargo, en aras de la tregua, decidí animarme.

-¿Bailamos esta? –le pregunté.

Patricia conversaba con una de sus amigas. Me miró brevemente y meneó la cabeza. Luego retomó la conversación. El novio de otra de sus amigas llegó a la mesa con unas bebidas energéticas. Palmeó mi hombro.

-Santiago, ¿verdad? ¿Cómo te va? ¿Sigues en la empresa de valores?

Pregunta incorrecta. Odiaba cuando me preguntaban sobre mi trabajo. De hecho, me había jurado a mi mismo darle 100 soles a cualquier persona que empezara una conversación sin el típico “¿cómo estás?” o “¿qué dice la chamba?”.

-No. Renuncié.

-¿Y dónde estás ahora?

-En una consultora de Recursos Humanos.

El tipo apretó los labios y empezó a asentir con la cabeza.

-Mira. Que genial. Oye, tengo un hermano que…

-No trabajo en selección de personal… –interrumpí. Sentí la mano de Patricia apretando la mía. El rostro del tipo empezaba a descomponerse.

-…Pero veré que puedo hacer por él.

Le di mi tarjeta. El tipo se puso a contarme sobre su nueva camioneta, comprada con un crédito vehicular de primera. Sus palabras empezaron a distorsionarse en mi mente, el tiempo volaba. Su novia se sentó a su lado y lo sujetó del brazo. Por momentos bebía de su vaso y acompañaba algunas de sus ideas con comentarios poco elaborados. Tuve la impresión que se querían, pero que mucho de ese cariño tenía a la camioneta y al dinero del tipo como garantes. La novia cortó la conversación:

-Y, muy aparte, ya hemos separado iglesia para el otro año.

Patricia y la otra amiga se desvivieron en felicitaciones. Me serví otra copa de whisky, esta vez más llena que la anterior.

“Espero que duren”, le susurré en el oído a Patricia, mientras otros aplausos se sumaban a nuestra mesa, amparado por la música de la pista de baile. Patty alejó su cabeza de mi lado y siguió aplaudiendo. Sus ojos me miraron con rencor.

Patricia siempre me había hablado de grandes iglesias y vestidos blancos. Sin embargo, en las bodas a las que habíamos asistido nunca se había animado por tomar el buqué, ni por participar de los ritos –a mi parecer, ridículos- de todas las bodas. Siempre concordábamos en que la boda debe tener significancia para nosotros, no para el resto, que bailar el Danubio delante de doscientas personas, bajar de un caballo o de una carroza, o hacer esas marchas protocolares y ridículas no tenían ningún sentido. La concordancia acababa cuando me oía vaticinar el tiempo que duraría un matrimonio. “No les doy ni cinco años”, me oía decir. “Siete, y eso es” o “estos han gastado su plata por las puras”. Montaba en cólera de inmediato. La ceremonia le podía parecer un ridículo completo, pero el amor, el amor para ella era algo sagrado. Lo respetaba en todos, y detestaba mis ínfulas de vidente, vaticinando el tiempo que duraría el amor para gente que ella estimaba. Yo le había prometido que nuestro matrimonio sería único. Que me tomaría el tiempo necesario y daría el cuidado debido para hacer una ceremonia decente. Nada de bobadas cursis ni fiestas con sombreros de espuma, globos y malabaristas. Me alejaría de lo ordinario, de lo absurdamente común. Luego nos iríamos lejos, por mucho tiempo. Hasta que los amigos más distantes empezaran a echarnos de menos.

-Lo siento –le dije una vez que los aplausos terminaron y las parejas se fueron a bailar.

-Siempre lo sientes. Lo que deberías hacer es ahorrarte los comentarios.

Me serví otro vaso de Whisky, y uno de cerveza para el “bajamar” (lo aprendí de un viejo amigo). Ni siquiera me tomé el trabajo de echarle hielo. El otro tipo que estaba en la mesa, también con su novia, se puso a conversar sobre algunas inversiones que su empresa pensaba hacer en el cono norte de la ciudad. La novia y el primer tipo empezaron a escuchar la conversación con fingido interés, más que todo con la cortesía que te nace luego de una felicitación tan prolongada como la que habían recibido. No escuchaban nada. Me parecía que seguían pensando en los aplausos, que seguían relamiéndose en las felicitaciones, los abrazos. Sus respuestas escuetas o la ausencia de respuestas me permitían comprobar mi sospecha.

Patricia volvió a enfrascarse en una conversación eterna con su amiga. Ahora conversaban sobre algunos proyectos de casas de playa, sobre la posibilidad de formar un estudio propio. Le serví un poco más de vino e insistí en pedirle que fuéramos a bailar. Se negó amablemente.

-Un ratito, nada más –insistí. Pensé que la idea le agradaría.

Ella volvió a negarse.

Me puse de pie, airado, y me dirigí a otra mesa. Mis pies empezaban a equivocar el compás de la marcha. Tendí mi mano ante una chica pelirroja que estaba sin pareja. Ella sonrió, pero se disculpó amablemente. Sentí un hervor en mi rostro. “No te preocupes”, le dije y di media vuelta. Patty ya no estaba en la mesa. Estaba en la pista, bailando con uno de sus amigos. Sequé la copa de whisky y serví un vaso mucho más demoledor. Me fumé dos cigarros completos esperando a que Patricia terminara de bailar. Cuando terminó, se sentó a mi lado, impasible. “No te vi en la pista”, me dijo, “fui con un amigo a darte el alcance”.

-¿Por qué me tratas así? –le pregunté. Mis palabras empezaban a trabarse.

-Porque no maduras, Santiago.

-¿A qué le llamas madurar? –le pregunté, mientras terminaba mi vaso y volvía a servir otro- ¿A aceptar la vida como te venga, a resignarte? ¿A someterte a una agria monotonía semanal?

Patricia tomó su cartera.

-Eres alguien que está inconforme con todo, Santiago. Que no tiene el valor para resolver nada. Que escuda su miedo en la cólera y en el alcohol.

-Te prometo que no volveré a hacerlo. No volveré a opinar sobre tus amigos.

Patricia tomó su cartera y se marchó. Fui tras ella. Mi teléfono empezó a sonar. Me detuve para contestarlo, angustiado por la figura de Patricia que se perdía por el hall, rumbo al aparcamiento. Era mi Gerente. Ni siquiera lo dejé hablar.

-¿No tienes una esposa en casa? Anda y atiéndela, huevón. Anda y cuida de tus hijas en lugar de estar acostándote con la flaca de Marketing. Y prepara mi liquidación de beneficios porque no pienso ir a tu oficina nunca más.

Serví los huevos en un plato y eché un poco en mi sándwich de jamón. Me preparé una taza de café para recomponerme. Trate de hacer memoria, pero todo lo demás se había evaporado junto con mi resaca. Recuerdo que subí al auto, que Patty manejaba y me pedía que me callara. Recuerdo que estacionó bruscamente cuando quise besarla. Tal vez en ese momento me caí, pensé, tal vez por perseguirla.

Busqué mi celular y marqué su número, pero me salía una voz grabada pidiéndome que dejara un mensaje. No me pareció correcto dejarle uno, sin saber que había pasado al final de la noche, sin tener en claro por qué habría llorado. Me asome a la puerta, donde la noche anterior nos habíamos besado antes de ir a la fiesta. La tarde era preciosa, con un sol imponente preparándose para la despedida. Un vecino pasó y levantó su mano para saludarme, le contesté con cierto nerviosismo, quise preguntarle si tal vez sabía algo de Patty.

Tarde o temprano sabría de ella. Su familia me diría algo, encontraría alguna pista en el chat o en las redes sociales. A fin de cuentas, nadie podía desaparecer de tu vida por completo. Patty sólo se había marchado, pero su recuerdo permanecía en la casa, en la nostalgia que empezaba a embargarme, en la idea aterradora de lo que sería mi vida sin ella. Estaba harta de navegar sin rumbo fijo, de vivir con un fantasma, con un tipo absurdo e inconforme que, como todo prometido, vivía en un ocaso perenne e imposible.

Respiré un poco del aire vespertino y regresé a casa. Decidí empezar limpiando el cuarto, dejando que el aire de la tarde lo renueve. Sólo entonces podría empezar a llorar por ella.

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Cultura

Marita Troiano celebra 25 años de la publicación de su poemario “Mortal in Puribus”

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La poeta, narradora y ensayista, Marita Troiano, presentará la nueva edición de su libro “Mortal in Puribus”, que cumple 25 años desde su primera publicación realizada por Lluvia Editores. La presentación se realizará el 14 de diciembre a las 7 pm vía zoom desde el Centro Cultural de la Universidad de Piura.

Marita Troiano es Licenciada en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Editora del sello Carpe Diem fundado en 1996 y Directora de la Comisión de Escritoras del PEN Internacional del Perú desde el 2006. Organizadora del Concurso Nacional de Poesía de Mujeres Scriptura y del Festival multidisciplinario por el Día Internacional de la Mujer: Arte en el Parque.

Entre sus obras publicadas aparecen: Mortal in puribus (1996 – 1997), Poemas urbanos (1998), Extrasístole (1999), Secreto a veces (2003), La Historia según la Poesía   (2005),   Ad Libitum – Antología personal  (2006),  Dando ansí por ty soy toda erranza  (2010), Mi mundo raro (2018), Poemas que alguna vez soñé(2020)   Antologías: En 1997, Mujer y Poesía, y en el 2017, La Poesía nos une – 50 Poetas del Perú.  Narrativa: La Noche anterior (2001) y Las increíbles aventuras de Rafo, Mati, Nico y Esperanza. Por su destacada labor literaria y continua defensa de los Derechos de la Mujer y la Infancia, fue galardonada en el año 2006 como una de las 40 Latinas más destacadas de la ciudad de Nueva York en el XI Certamen organizado por el Diario La Prensa. Así mismo por su fructífera trayectoria como escritora ha recibido el homenaje del Congreso de la República del Perú a través de la Comisión de Cultura y la Medalla de Honor que otorga la Municipalidad de Chincha.

Mortal in puribus es el primer libro de poesía de Marita Troiano publicado en el año 1996 por Lluvia Editores. Al año siguiente tuvo una segunda Edición por la misma editorial, y este año, precisamente en el mes de noviembre, se cumple un 25° Aniversario de este poemario. Para celebrar este acontecimiento Carpe Diem Editora ha publicado una tercera y especial edición que incluye en sus 192 páginas —además de los clásicos poemas—, poemas inéditos, fotografías, memoria periodística y saludos de poetas amigos a dicha publicación.

Sobre la nueva edición la edición de 25° aniversario de Mortal in puribus, el escritor Isaac Goldemberg mencionó: “Situada entre la tradición y la modernidad, tanto en su concepto de la poesía como en su capacidad innovadora, Marita Troiano nos entrega —en una edición ampliada— Mortal in puribus. Libro polifacético, altamente imaginativo, construido y estructurado con gran sentido artístico y con un repertorio de voces sabias y cautivantes. Precisos, llenos de hermosas y certeras imágenes, estos poemas son revelaciones de un sentido oculto de la condición humana. Para cumplir esa función reveladora, Troiano convoca magistralmente experiencias, sueños y enigmas, logrando lo que debe cumplir toda obra de arte, toda poesía de verdad: alejarse de lo superfluo, de todo aquello que tan solo expone sin revelar nada”.

Por su parte, el poeta Marco Martos, comentó “Pasados 25 años después de la publicación de su primer libro, Marita Troiano sigue siendo la misma mujer que todos los días descubre la poesía como el medio más eficaz de entender los sentimientos humanos. Ese diálogo consigo misma, con la página en blanco y con los generosos lectores, se ha afinado y enriquecido con sus labores de editora y promotora literaria que bien conocemos, y le dan una presencia singular en el proceso de la literatura peruana. Hoy, con esta edición, celebramos los comienzos, el momento en que se empezó a desenrollar el ovillo de la creación literaria de su estro delicado y poderoso”.

De la misma forma, Juan Carlos de la Fuente, expresó: “Hay libros que transforman de alguna manera nuestra visión del mundo. Mortal in Puribus es uno de ellos. Reivindica la sabiduría de lo cotidiano y la claridad de una verdad que no busca refugiarse en un aparente misterio. Poesía apasionada, poesía del cuerpo y el alma; poesía que despoja y arropa. Indispensable para enfrentar la vida con más vida y más amor“.

En la presentación de la edición de aniversario estarán presentes la poeta y documente Ana María García; el poeta, narrador y editor Alberto Alarcón; y el poeta Juan de la Fuente Umetsu.

El libro estará en preventa a 60 soles (incluye el delivery) por Facebook hasta el 10 de diciembre. Luego se podrá encontrar en todas las librerías.

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Cultura

Kareen Spano en la FIL Guadalajara

La agente literaria Kareen Spano llegó hasta la FIL Guadalajara para promover a autores peruanos.

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La agente literaria Kareen Spano Klein, quizá la única agente literaria de Perú en años, realiza su primera incursión internacional en la FIL Guadalajara. Su enfoque es simple y claro: “la literatura es un trabajo y el trabajo debe producir dinero. El escritor debe ver ese dinero en su bolsillo”.

A diferencia de otros agentes en Latinoamérica, cuyo rol está más asociado a defender las grandes editoriales trasnacionales, el trabajo de Spano está dirigido a defender los intereses de su cartera de representados a través de su empresa de Agencia Literaria Sueños Salvajes. En 2020 Spano antologó, editó y consiguió el financiamiento para la publicación de HASTÍO, antología deliciosa del sinsabor (Zumbayllu, un brazo de Editorial CampoLetrado).Un libro raro que reúne a 20 autores de seis países (Argentina, Perú, Finlandia, USA, Bulgaria, etc.).

Kareen Spano y Mónica Maristáin, ex editora de la revista Playboy México en la Fil Guadalajara.

Ese mismo año, pero publicado ya el año 2021, Spano redescubre y obtiene junto a editorial Gato Viejo un premio de incentivo económico del Ministerio de Cultura del Perú. Con este fondo reeditan por primera vez desde 1989 El cuarto de los trebejos, la única novela de la poeta más importante junto a Javier Heraud y César Calvo de la generación del 60, Carmen Luz Bejarano. Quizá el redescubrimiento editorial más importante del año 2021.

¿Pero, quién es Spano?

Tiene 45 años mechándose con la muerte en la escritura. Ha sido actriz por 30 años, autora de una obra dramática, un par de antologías, consultora editorial, couch narrativo, guionista de la serie de radio novela de RPP Mi novela favorita, entre otros trabajos. Y es madre de dos hijos.

Sus autores

La cartera de autores de Spano incluye de un filósofo y managment español a una danza terapeuta argentina, pasando por poetas y narradores. Aquí una pequeña muestra de su valija en Guadalajara.

Manolo Alcázar. Natural de Bilbao, es PhD, MBA, filósofo, speaker y autor de una serie de libros de Managment. Con 40 mil copias vendidas internacionalmente es uno de los autores referenciales para directivos empresariales en cuestión de Gobierno de personas, desde un enfoque de filosofía aplicada que va más allá del mero especialista gerencial. Su libro Antivirus Mental arrasó en ventas durante la pandemia y su libro Persona es el perfecto marco para acercarse y comprender mejor al ser humano desde una organización sea empresarial, gubernamental o incluso familiar. Ha publicado en editoriales de prestigio como Pearson, Ariel, Rialp, Planeta, Prodec.

¿Alguna vez has pensado que estará pensando La Monalisa? Dulcinea Segura Rattagan quizá tenga la respuesta. Natural de Buenos Aires, en 2018 publicó su primera novela Modelo Viva (actualmente agotado), una novela en lengua española quizá única en su género por abordar la mirada y pensamiento de las modelos de pintura. Basada sobre su experiencia como modelo de desnudos para las escuelas de bellas artes en Barcelona, Dulcinea nos cuenta qué es lo que ve la mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres. Es autora de relatos en varias antologías. Con un estilo reflexivo, corporal. Su prosa es una mezcla de la poesía de Paul Claudel con la corporeidad escultórica de Camille Claudel y un toque de rareza, como un bello horror. Es danza terapeuta y su trabajo de escritura involucra siempre el cuerpo, lo erótico incluso en el aliento, la postura de un brazo quieto como un pensamiento estancado, o los ojos verde amarillo fuego en un vagón.

Elvis Herrada. Este escritor ha hecho de todo. Viajo a una cumbre de escritores en Luxemburgo reuniendo financiamiento a partir de vender sus libros en los buses de Lima. ¿Cuántos escritores con cojones conoces que hagan eso? Saliendo incluso en las noticias por su tenacidad por alcanzar ese vuelo. Se ha desempeñado como periodista de investigación, espectáculos, policial y un largo etcétera. Y como escritor ha publicado en varias antologías. Quizá su cuento más importante sea Historia de un animal-niño-chico. Si lo tuyo es leer algo bello que te hará llorar, este es el cuento. Aquí un extracto. Y él no sabía qué decir porque su papá le cortó la lengua, y como ya no había nada por suceder, se durmió mirando el suelo de algodón y plumas que se convertirán en una suave y espumosa convulsión.

Kenneth O’Brien. Un autor difícil  con nombre de poeta romántico del s. XIX, pero tenaz. La bestia ambulante y 20/39/04 son dos de sus poemarios mejor logrados. Con casi una media docena de poemarios publicados en 15 años, lo suyo no es una aventura sino una dedicación a la escritura que no ceja, no se detiene y va para más. Para ser una escultura/ te mueves mucho… / para ser una orilla/ te precipitas/ para ser un filósofo/ plancha tu perro.

Y claro, está Spano que también es escritora. Pero como diría Kipling, esa es otra historia.

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Cultura

FIL Guadalajara: María Teresa Zúñiga extiende las alas

María Teresa Zúñiga la dramaturga de Huancayo –pero también del Perú y de la América Grande–, está pronto a emprender un viaje a México, a la ciudad de Guadalajara, donde se presentará como una invitada del Perú a la Feria Internacional de esa ciudad. Irá con varios escritores nacionales, como Zein Zorrilla y Óscar Colchado Lucio, y dará, por supuesto y como siempre, mucho que hablar.

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Foto: Marco Miranda Zúñiga

Como país invitado de honor de esta feria, el Perú presentará el concepto de historias que nos conectan, que dará a conocer el arte, la memoria, las tradiciones y las narraciones nuestras que generan vínculos con México. En la feria, además, se realizará una exposición de escritoras “en la ciudad de los 90”, organizada con la Casa de la Literatura Peruana, para revalorar a la  mujer en las letras peruanas.

Precisamente es allí donde María Teresa Zúñiga, la emblemática dramaturga,  hablará de que no sólo ha hecho teatro, sino que se dedica también a la poesía (cosa que, como en el caso de Cervantes Saavedra, que también opacó su poesía, se ha eclipsado por su arte dramático) y hace narrativa valiosa. Nos cuenta: “Empecé escribiendo poesía, desde muy niña, y la dramaturgia me surge a los 23 años. Desde ese momento se inició un encuentro entre ambos géneros. Yo diría que la poética de mi dramaturgia es un sincretismo natural. Considero que mi dramaturgia se particulariza  por la belleza de la palabra. Y cada uno de mis personajes tiene una forma  muy particular de decir los textos. Sigo escribiendo poesía, así como textos teatrales, quizá la diferencia radica en que he publicado poco mis textos poéticos. Considero que es una deuda que debo asumir”.

Pero también escribe narrativa, y es bueno saberlo, pues ella dice que es una experiencia única. “Fue Juan Carlos Suárez quien me sugirió hacerlo. La casa grande es una novela corta, la historia de una nieta y su abuela. Fue considerada para ser parte del plan lector de la región Junín y fue una satisfacción muy especial; visitar los colegios y escuelas de la región y escuchar los comentarios y preguntas de cientos de niños.  El año 2016 en la página  cultura Luces del diario El Comercio (26 de diciembre) La casa Grande fue considerada como una de las novelas más destacadas de aquel año junto a La viajera del viento de Alonso Cueto; Cinco esquinas de Mario Vargas Llosa; Orgullosamente solos, de José Carlos Yrigoyen, bajo las consideraciones  de José Güich Rodriguez”. De ese modo, considera que la novela es una historia tierna y comprometida con los sueños de una niña y la experiencia de una abuela  en un espacio y tiempo que se entrelaza con las anécdotas de ambas en medio de la solidaridad, la muerte y la justicia.

Dice que ahora mismo está trabajando en una segunda novela y que escribir este tipo de libros exige un largo aliento, un continuo acercamiento a la historia, trabajar con un fichado diferente y que ordene los diferentes tiempos y espacios.

Teatro Expresión Huancayo.

Precisamente por ello, le preguntamos por su niñez, cómo fue que le nació la literatura como elemento artífice de su ser, y ella nos dice que era una niña muy curiosa, inquieta y con deseos de aprender. “Mi abuela fue clave en este proceso. Contaba historias, me hacía leer los periódicos y después preguntaba de qué trataban las noticias.  Muy recta, exigente y expresaba poco afecto. Eso forjó mi carácter perseverante e insistente. También me gustaba leer las letras de las canciones y la poesía de Neruda y Vallejo. Y desde muy niña escribía poemas a todo lo que me rodeaba: las flores, el gato negro, la mosca que dormía en el lomo de Layca (el perro de la casa), al río Mantaro, al eucalipto. Inventaba historias todo el tiempo y contaba cuentos a otros niños de una manera muy expresiva. Declamaba desde muy niña y gracias a una maestra de primaria desarrollé una memoria muy particular”, narra.

Su literatura está llena de filosofía. María Teresa Zúñiga nos dice que  Sófocles es muy especial para ella. Fue el autor trágico más representativo de la tragedia griega, coherente en sus actos como autor, como diplomático y como ser humano. “La belleza de sus textos, las historias y sobre todo el carácter de sus personajes. Asimismo, Bertold Brecht, dramaturgo alemán. Un constructor de historias  con una capacidad impresionante para mostrar la dialéctica de sus personajes. Y mi admiración y respeto por las actrices como Julia Varley del Odin teatro de Dinamarca y a Teresa Ralli  del grupo Yuyachkani de Perú”. Dice que la filosofía de sus textos, corresponde al tipo de personaje que representa, pues ellos son antihéroes, invisibles para muchos. Es el ser común que necesita expresar lo que siente y piensa. Entonces, construye para ellos una manera muy particular de decir los textos. No considera que enuncien fantasías, al contrario avizoran lo que los demás no ven, y ella misma afirma que no lo cambiaría, menos en el contexto actual, pues es necesario escuchar sus voces e interpretar lo que piensan.

Tenemos que saber que es algo que ha ido asimilando en los últimos tiempos respecto de la cantidad de obras teatrales. “He escrito más de 90 obras de teatro, para niños, jóvenes y profesionales, casi en un noventa por ciento han sido llevadas al escenario, para una dramaturga eso es muy significativo, varios de mis textos han sido traducidos al inglés, al francés y al portugués. Uno de los factores según la crítica es la universalidad de mis textos, su carácter humanista, el texto poético y significativo, y los personajes tan originales en medio de una historia que pretende retar al futuro. Considero que es parte de mi misión en este tiempo y espacio que me ha tocado existir. Y hoy en tiempos de pandemia mis personajes se levantan como una voz en el desierto para alertar al mundo”, continúa.

Y sobre los devenires, María Teresa Zúñiga dice que el futuro se ha vuelto muy incierto, “nuestra fecha de caducidad se acerca más y más. Considero que el futuro depende de seguir existiendo en este presente adverso.  No hay tiempo para retroceder o hacer una pausa. Seguiré como siempre, nadando contra la corriente. Agradecer todo el tiempo, a Dios, a la vida, a la existencia, a los amigos y, sobre todo, continuar en medio de los que amamos. Ya no quedan pausas”, finaliza.

Y ahora extiende las alas.

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Cultura

El poeta Julio Barco representará al Perú en el Festival alemán Latinale 2021

Julio Barco es el único poeta peruano que viajará a Berlín invitado por el Instituto Cervantes para participar del Festival Latinale.

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Por Ana Abregú

Hace dos meses, el poeta peruano Julio Barco recibió la invitación del Instituto Cervantes de Berlín, para participar en el Festival Latinale 2021, que se realizará del 17 al 24 de noviembre. En el evento también participan escritores de países como Argentina, Brasil, Holanda, México, Chile, Venezuela y Alemania.

Antes de su viaje a Berlín, Julio Barco conversó con la escritora argentina Ana Abregú. Aquí la entrevista.

Estás por viajar a Latinale, en Berlín, ¿podrías informarnos sobre qué temas tratarán en las presentaciones? Usualmente, en las Ferias, se informa el tema, o especialidades, ¿podés adelantarnos algo al respecto?

     Claro, el tema es la traducción de los poemas seleccionados por José A. Oliver. Esto directamente tiene que ver con una selección del propio autor sobre una variada cantidad de poetas de todos y su propio radar de gusto. Lo asombroso es que se trata de un poema que redacté hace años y dejé circulando en una web, hasta que la encontró el poeta alemán-andaluz y la eligió. Forma parte de un libro inédito llamado Caminar, que junto a Arder, Respirar y Nadar (inédito) cierran el Cuarteto de la Plenitud mi primer proyecto literario. Entonces tampoco es tan azaroso o por pura suerte, es consecuencia del trabajo que vengo desplegando por años en la cultura poética del país.

¿Se podrá asistir mediante medios virtuales? Al ser una feria presencial, y que requiere inscripción paga, ¿sabés si podremos participar de las presentaciones?

Sí, como es un evento organizado por el Instituto Cervantes de Berlín, pueden verlo mediante su fan page (https://www.facebook.com/Latinale) o en este link de youtube (https://www.youtube.com/watch?v=0DHseBUGgN4). Todos pueden seguir los eventos por esos links. Ojo que mi presentación es el viernes, en este evento (https://www.facebook.com/events/860820544617894)

¿Qué podés decirnos de los poetas que te acompañarán en ese momento? ¿Tuviste oportunidad de intercambiar materiales con ellos? ¿Qué relaciones pudiste establecer al participar de esta Feria?

Hay poetas de México que ya conocía de lejos y académicas. Por otro lado, me sorprendió ser el único peruano.  Curiosamente con Tania Favela compartimos una antología dedicada a Verástegui que organizó Paul Guillén llamada Ángel con casaca de cuero. Libro que pueden bajarse por internet en Google. Este texto es muy interesante porque nace a pocos meses de la muerte del autor de Splendor, y por motivos como ser un espacio donde se juntaron varios artistas de todo el continente. Vi que anteriormente invitaron a poetas de bastante peso lo que me permite observar la calidad del evento. Digamos, algunos que incluso ganaron el Premio Nacional de Poesía. Asunto que no me sorprende porque imagino que si algo se ve fuera de nuestro propio mundito literario es el talento y la calidad de ciertos autores. Todavía no hay intercambios de libros pero supongo que la feria sería una oportunidad para ese compartir e intercambiar. Ahora también vi a Carlos Román Soto que ya lo había ojeado en la casa de un amigo poeta peruano. Me gustó su onda vanguardista y política, creo que suma y enriquece esta presentación, porque la poética que me rodea llega de todos lados de este continente y, hoy en día, entre tantas y tantas voces, que se concentre un poquito de lo mejor es plausible.

Es llamativo que fueras el único poeta peruano invitado, y merecida invitación; leí que fuiste invitado por alguien que leyó, casualmente, un poema tuyo en Internet –también tomé contacto con vos a través del mismo modo–, y podemos ver claramente que difundís tus obras, que tenés una amplia actividad en forma virtual y que sos generoso con tus presentaciones; ¿acaso tenés algún plan para aprovechar la ocasión y entrevistar a los otros invitados, armar algo para tu público que te seguimos desde aquí?

Como bien dices: tengo un trabajo de difusor literario. Es increíble la cantidad de seguidores que ven mis seminarios y mis conferencias de los viernes. Supongo que son dos mundos que pueden y deben mezclarse: los que miran más vídeos y los que leen más libros. En ese sentido, voy a usar toda esta experiencia como un motivo literario más que brindar a todo mi público. De todos estos años que vengo escribiendo pienso que quizá lo más interesante es ver cómo se conecta con tanta gente de diversas realidades y mentes. Que uno de mis poemas, con la onda localista y la jerga de realidad que le agrego a mi arte, sea leído con interés en otro continente me asombra y me afirma que esta pasión no es un trabajo en vano, sino que se puede formar un camino, un cierto sendero para seguir creciendo a nivel literario. Mi poema, el elegido, es algo muy local, muy de acá, escrito con mi propia onda, y muy fresca. Algo que aquí en el Perú se me criticó: hablar de comidas. Y es que la comida también es un asunto poético, especialmente como cultura dentro de la realidad. Y a mí, al escribir, me gusta usar todo para crear. Ojo que la comida solo es un elemento más en mi texto, porque también tiene una estructura muy particular y un enfoque sobre la poesía como praxis… Yo en lo que escribo hablo del chaufa como de Copérnico o de una teoría de la mente: todo es cultura, todo es tinte para lograr el diagramado. Por eso, y por mucho más, me parece generoso y muy digno cerrar mi año participando en un evento de esta categoría, lo que me permite seguir enriqueciendo  mi arte y, en consecuencia, los  vídeos y conferencias y presentaciones que brindo a mi público. Porque, si pienso, no fue lo único que hice: también tuve viajes al sur del país con mucho éxito, quedé finalista en el Poeta Joven, publiqué cuatro obras: Con(c)ierto en Islas Canarias gracias a Abra Cultural, Mosaico en Astronómica gracias a Nicolás López, Semillas Cósmicas en autoedición con Lenguaje Perú Editores, Poetizando con Editorial Higuerilla…Entonces, este 2021 tiene un saborcito de triunfo. Sin mencionar, por ejemplo, que empecé Poetizando en Lima Gris y ya vamos por más de veinte capítulos. Es que pienso que detrás de la escritura, detrás de la faceta creativa no debemos evitar el difundir y educar. En el Perú de hoy en día es necesario hacer de la educación un hábito, de la lectura una rutina: así se logrará un avance lento pero seguro. Y para ello hay que conocer el sistema, entenderlo y tratar de no naufragar en sus olas. Mucha gente se asusta y se acaba en meses, o un par de años. Es necesario, especialmente en sociedades como la peruana donde no hay esos hábitos lectores: crear espacios para que sean compartidos y entendidos. Es creo lo mínimo que se necesita para seguir realizándose en un área de tanto rigor y competencia. Los autores, frente a una realidad desesperada, tienen  que agarrar lo que tienen a la mano: trabajos, esposas, doctorados; sin embargo, se olvida lo creativo. Lo que me interesó siempre de este mundo es la escritura y punto. Y ahora mi escritura me está llevando a otro país. Difundo mis obras, pero en sí lo que busco es difundir para seguir teniendo tiempo de crear; no difundir por difundir, creo que hay lectores que pueden seguir nuestro ritmo. Y conectar.

¿Seguirás conectado con estos medios, en que te seguimos, para compartir lo que vayas haciendo?

Si no hay problema en acceder a una red wi-fi desde mi móvil no veo ningún problema en ello.  Estuve leyendo La vida y la historia de Basadre y llegué a los capítulos que dedica a su paso por Berlín. Creo que toda experiencia sirve para seguir sedimentando nuestro arte de escribir, y justamente mis obras nacen de un constante vivir y crear: aquello que yo entiendo como fuego, como ardor o “inspiración absoluta”. Es estado creativo es un estado elevado que permite sentirnos parte de todo el cosmos y de nuestro propio instrumento. Todo ello es comunicable, perfectamente un puente entre nosotros y la realidad textual, ¿por qué no compartirlo? Si tenemos esto que se llama Facebook creo que lo mejor es usarlo para cosas como el arte o para organizar eventos y que la gente sepa dónde y cuándo: meternos a la oferta y demanda pero con nuestra mente muy clara y lúcida en lo que hacemos, proponemos, y buscamos. Hablo en plural, sin embargo, también singularmente lo afirmo: para crear hay que tomar riesgos, sin perder la esencia. Siempre lo digo y lo repetiré ahora: usemos la internet para el arte. Más allá del metaverso que propone el inventor de Facebook, hay algo tan chévere como el metaverso llamado arte que permite, sin duda, salirte de tu realidad y enriquecerte. Un poema es un verso tan interesante como el metaverso pero falta cultura no solo de ver vídeos sino de leer signos, proceso más lento que requiere lucidez. Como dijo en algún lado Pavese, leer es difícil.  Y es algo digno de subrayar y subir a tu muro del Facebook a modo de frase.

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Cultura

Leyendo con mis amigos: Cuento “Peter Pan”

“Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida”. Mario Vargas Llosa.

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En este episodio de “Leyendo con mis amigos” compartiremos el hermoso cuento “Peten Pan” un cuento de fantasía. ¡Acompáñanos en esta nueva aventura!

El programa es producido por Lima Gris TV  y conducido por Nicole Simons, quien semana a semana presenta historias para niños y jóvenes. Es importante señalar que el programa es de acceso libre y cada semana se difunde en nuestras redes sociales: como Youtube, Facebook e Instagram.

Además, agradecemos el importante apoyo de la Oficina Económica y Cultural de Taipéi en el Perú, ya que gracias a ellos este programa de promoción de la lectura llega a todos ustedes.

Aquí el programa completo.

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Cultura

Farenheit 051: Haruki Murakami, Cristina Luna y Julia Wong

El programa de libros conducido por el escritor Gabriel Rimachi Sialer.

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En este episodio de Farenheit 051 conversaremos sobre “Cuentos del abuelo para no dormir”, primera entrega de ficción de la escritora y periodista Cristina Luna Del Pozo, una colección de cuentos que combina las leyendas locales de Catacaos con el ejercicio cariñoso de la memoria. En nuestra sección de Cuento conversaremos sobre “Primera persona del singular”, cuento que da título al último libro de relatos del escritor y traductor japonés Haruki Murakami.

Finalmente en Poesía escucharemos a la poeta y narradora Julia Wong, quien comparte con nosotros sus mejores últimos poemas. Terror, memoria y poesía en esta edición de Farenheit 051, el programa de libros del Círculo de Lectores Perú producido por Lima Gris TV y conducido por el escritor Gabriel Rimachi Sialer.

Aquí el programa completo Síguenos en Instagram, Twitter, Tik Tok y Facebook.

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Cultura

“Poetizando” con Julio Barco: El resplandor de Enrique Verástegui

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En Poetizando se repasó la obra de uno de nuestros más altos valores de poesía de todos los tiempos. Se habló de sus primeras obras y de su proyecto mayor Splendor, ambicioso volumen de poesía que estremeció el continente.

Aquí el programa completo.

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Cultura

Cecilia Bustamante y Julia Ferrer

Una mirada a las poetas que fueron parte de la generación del 50.

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Poetas Julia Ferrer y Cecilia Bustamante.

“Lecturas Peruanas en Casa: Escritoras de la Generación del 50” es un programa y muy acertado por cierto, que ha sido creado por la Casa de la Literatura y que quizá debiera tener como sobre nombre, “Los martes de las poetas cinquenteñas” porque recoge la voz de aquellas creadoras que surgieron a mediados del siglo XX y a quienes, por fin se les está dando un alcance.

Este encuentro se transmite por la página en vivo de la CASIL en Facebook, como parte de las actividades y novedades de la Biblioteca Mario Vargas Llosa. Las citas se iniciaron el 19 de octubre, prosiguieron el 26 y se repetirán el 7 y 9 de noviembre con los siguientes encuentros:

19 de octubre: Raquel Jodorowski / Sarina Helfgott

26 de octubre: Julia Ferrer / Cecilia Bustamante

2 de nov: Yolanda Westpphalen / Lola Thorne

9 de nov: Blanca Valera / Rosa Cerna Guardia

Evocando un encuentro

Conocí a Cecilia Bustamante Moscoso, a inicios de los años 80, gracias al poeta Carlos Germán Belli, con quién trabé amistad en el diario El Comercio, matutino donde yo colaboraba con algunos artículos en su página de Opinión. Fue una amistad muy estrecha con la poeta que dice en uno de sus poemas: “aúllas a la luna” para manifestar la soledad del hombre cuando sufre-y gracias a Cecilia me vinculé con otra gran poeta, Magda Portal y posteriormente con dos escritoras mexicanas de gran calidad; Margot Glatz y Elena Poniatowska, durante un congreso internacional de escritoras latinoamericanas, realizado en Lima en 1980. Fui testigo de su afán por difundir los trabajos de las mujeres poetas y de las ediciones que hiciera a las poetas Inés Cook, Enriqueta Beleván, Gloria Mendoza Borda  Cecilia Eguren y otras más.

Cecilia Moscoso, descendiente de la escritora arequipeña  María Nieves y Bustamante, autora de “Jorge, el hijo del Pueblo” y del ex presidente de las República José Bustamante y Rivero, nació en Lima en 1932 y falleció en Texas en el 2006. Fue poeta, docente, periodista y activista, impartió clases en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Ha sido Agregada Cultural Honoraria de Perú en México y Estados Unidos. Editó nueve libros de poesía: Discernimiento (1971/79) , Nuevos Poemas y Audiencias (1965) , El Nombre de las Cosas (1970), entre algunos. Cecilia, que presidió la Mesa de Derechos Humanos en la Conferencia de Berlín sobre Desarrollo Sustentable, fue editora de la revista literaria  “A Extramares” e impartió clases en la universidad de Texas. Hasta el 2021, es la única Poeta peruana que ha recibido el Premio Nacional de Poesía, galardón que obtuvo en 1965.

Otros reconocimientos son el Premio Especial para contribuciones a las Artes Latinas de la Liga de Artistas Chicanos y el Austin Hispanic Writers Award.

A la poeta Julia Ferrer, seudónimo de Julia del Solar Bardelli, la vi una sola vez, en aquél mítico Café Versalles , de la calle Ocoña y muy cerca a la Embajada de Bolivia. Me pareció una mujer algo extraña. Alguien me dijo que escribía poemas y lo hacía muy bien. El poeta Sandro Chiri, la definiría con exactitud:” Ella era como sus poemas, de carne y fuego”.

Y en ese fuego se fue haciendo mujer y naciendo poeta. De ahí que nos confiese en su bello POEMA: Y yo/ que todo lo hago realidad / me enredo mucho con el vaho de los hombres / y es / que la vida a bocanadas va// pero en el fondo/ mi corazón sufre/ y pisa almendras / y no solo eso/ sino también/ el miedo/ de aquél remoto esclavo/ que se escapó del cielo / tomó la vida/ como quien va a su casa/ me dejó esta piel suave/ y se ocultó detrás de la cortina / mientras su sangre goteaba en / el teclado”.

Esta mujer hecha de pasiones intensas, nació en Lima el 25 de febrero de 1925 y falleció en esta ciudad de los grises, el 16 de febrero de 1995. Estudió en el colegio Sagrados Corazones y fue políglota, incluido entre los idiomas que dominaba el quechua. Viajó mucho y en cada uno de sus destinos, fue al encuentro de nuevas palabras: Sao Paolo, París, Madrid, México, Guatemala, la vieron transitar por sus calles de los años 50. De nuevo en Lima, participó en diversas obras de Teatro y en radioteatros. Entre sus libros citamos: Imágenes porque sí (1958), La Olvidada Lección de Cosas Olvidadas (1966),Gesto Poemas (1942/81) con ilustraciones y fotografías del artista Carlos Alberto Ostolaza.

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