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CINCO HISTORIAS DE BARRIOS ALTOS

Rodolfo Ybarra

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Escribe Rodolfo Ybarra

1.-EL NEGRO PEPE

En Barrios Altos la vida no vale nada y donde por un sol te pueden cortar el pescuezo. Aquí estoy paseando con el negro Pepe, “Caporal”, “Taita” de los más bravos, puros chuzos, huecos de bala y callos en las manos, con 85 años de dinosaurio sableado y cazado por pistoleros furtivos de uniforme o con pañuelo de media cara; y,  a pesar de todo, sobreviviente de sus propias batallas y que aún trabaja de cachinero y ha estado en casi todos los penales del Perú, menos en el SEPA, tal y como afirma categóricamente. Nadie lo “huevea” –te lo dice señalándote con el dedo– y las cosas claras y el chocolate espeso.

Nos dirigimos por La Carroza y la Huerta Perdida, sus lugares de paso, y por otras callecitas donde el mismo diablo no entra, tratando de terminar de construir otro de los personajes para una futura novela. Consejo: si quieres escribir y que te crean, pues tienes que ensuciarte los zapatos y arriesgar el pellejo. El resto es sentarse a teclear, buscar un editor que confíe en ti y que no te estafe y entrar a la imprenta. Eso sí, amigos, aquí los premios literarios no interesan. La vanidad no tiene lugar en este no-lugar, es más, hasta puedes ser atravesado por un verduguillo. Esto es lo que Nietzsche decía que era mirar el abismo, el único detalle es no dejarse caer o, simplemente, no caer. Ahora si quieres fama, viajecitos, televisión y prensa servil y complaciente, pues dedícate a otra cosa.

2.-COLEGIO NACIONAL 1028, “REPÚBLICA ARGENTINA”

No sé cómo así, de un día para otro, y cuando pensaba que mi vida era estar entre niños de bien y con asesoría espiritual de monjes salesianos y hermosas niñas de cabello lavado con colas de caballo y con perfumen Johnson & Johnson, llegué al colegio nacional “República Argentina”, ubicado en el jirón Miró Quesada 1340, en pleno Barrios Altos, ahí mismo donde la gente hablaba gritando y los niños y las personas mayores, en general, lucían bastante feos, sucios, desaliñados y con un lenguaje lleno de procacidades, insultos y palabrotas que, en ese tiempo, apenas lograba entender.

Mi madre me fue llevando de la mano, recuerdo que la fachada, grande y virreinal, era de color celeste y blanco, a la entrada había una estatua gigante y de bronce del general San Martín que te daba el recibimiento con los brazos abiertos como el Cristo Corcovado. Al asomar por una de las puertas con vitrales nos encontramos con una señora de lentes que nos preguntó qué deseábamos. Recuerdo que era febrero y hacía un calor insoportable y, para llegar ahí, habíamos tenido que sortear una lluvia de globos y baldazos de agua que caían de los techos y las quintas maltrechas y cochambrosas que rodeaban el jirón Puno, el jirón Huánuco y Cinco Esquinas que quedaba a una cuadra y media de la que sería mi “alma máter”. Lo cierto es que la señora nos dijo que ella era la directora y se presentó: “soy Nelly Morón de Miranda y este colegio, República Argentina, les da la bienvenida”. Las vacantes eran infinitas porque, como era un colegio del Estado, podían meter decenas o, quizás centenas de estudiantes en una sola aula y todo se justificaba bajo el concepto de que la educación primaria y secundaria es un derecho y el Estado provee y se asegura de que el educando reciba lo necesario para formarse como un hombre de bien y bla, bla, bla.

Antes de irnos nos pidieron dos fotos tamaño carné y un certificado de salud o placa radiográfica de pulmones, ya que, por esa época, a mediados de los setentas, la tuberculosis era una plaga que había infectado a gran parte de la población. Recuerdo que fuimos corriendo donde un chino fotógrafo que quedaba en la plaza Buenos Aires y que trabajaba en horario de oficina, al costado de la panadería y pastelería Azato, cuyo producto más preciado eran unos panecillos dulces espolvoreados con azúcar impalpable y cuyo olor a canela aún guardo en mi memoria.

El chino me entregó un peine desdentado y un lavatorio de agua y me dijo “arréglate”. Yo me mojé la cara porque estaba sudando como un chancho y me peiné con raya a un costado mientras mi madre pagaba el importe de las fotos a una vieja regordeta que estaba en silla de ruedas. El chino presionó el flash y, después de media hora, nos entregó las fotos que previamente había cortado con una tijerita de mano y metido dentro de un sobre transparente donde podía verme a mí mismo con mi cara de asustado y los pelos parados. Y de ahí nos fuimos corriendo al hospital “Dos de Mayo” que estaba a tres cuadras de ahí, entramos por la puerta de la avenida Grau, pagamos en ventanilla y nos dirigimos al pabellón de neumología; en ese tiempo y por la epidemia, atendía todo el día, ahí había una larga cola de niños, como yo, que estaban esperando su turno. Recuerdo que mi madre me compró unos quequitos sueltos en forma de bomba y compró una gaseosa marca Pasteurina. Después de dos horas de espera, me llamaron por mi nombre: “Señor Rodolfo Ybarra, señor Rodolfo Ybarra”.

El encargado de hacer las placas era un hombre esquelético forrado con unas mantas blancas que daba la impresión de ser una momia. Me dijo que me quitara el polo y que me pusiera encima de un taburete. El hombre presionó un botón y una plancha metálica se acercó como si fuera a triturarme contra la pared. “Tienes que abrazar al fierro y aguantar la respiración”, me dijo el cadavérico. Y después de bajar una palanca y de un sonido como de caja de cambio de carro viejo,  el técnico dijo que todo había salido bien y que en dos horas podíamos recabar los resultados. Así que, con mi madre abanicándose el rostro con los papeles del colegio, me quedé mirando a los enfermos de traumatología que estaban al frente de nosotros. Ahí había personas a las que  les habían serruchado las piernas, gente con férulas o con muletas se movían de un lado para otro, muchos de ellos se quejaban o daban estruendosos alaridos y yo le agradecía a diosito por tener las dos piernas y los dos brazos en perfecto estado de salud.

Después de deambular por ahí y cuando mi madre se estaba quedando dormida, volvieron a mencionar mi nombre en voz alta: “Señor Rodolfo Ybarra, acérquese por favor, aquí tiene su certificado, atención…”. Los resultados de las placas habían salido “negativo”, o sea, que no tenía tuberculosis y podían matricularme sin ningún problema. Así que regresamos al colegio de marras, casi al terminar la tarde. La misma directora nos atendió y nos dijo que teníamos que rellenar unos papeles y firmar para que todo estuviera en orden con la UGEL, que era la que se encargaban de fiscalizar a los colegios nacionales. Y sin más trámites burocráticos y en pleno gobierno militar del general Velasco Alvarado, me convertí en egregio alumno del excelentísimo colegio “República Argentina” nro. 1028 de Barrios Altos.

3.-“MOLOCHE”

Hace muchos años que, por uno u otro motivo, no regresaba a Barrios Altos. Así que hace unos días decidí volver al jirón Lucanas con jirón Miró Quesada y, de pronto, me encontré cara a cara con esa leyenda viviente, leyenda negra, además, que es “Moloche” o “Moloch”, el demonio del quinto infierno y cuyo verdadero nombre significa más bien lo contrario: Gabriel o el “arcángel” Gabriel. Un hombre barbado y con una ropa lustrosa a quien conocí a mediados de los setenta cuando yo estudiaba en ese colegio premilitarizado que era el República Argentina 1028, en plena época de golpes de Estado, cuando aquí gobernaba Velasco Alvarado y en la tierra gaucha mandaba Videla.

Y es que “Moloche” era un hippie viejo cuya melena o África look me daba mucho temor cada vez que me lo cruzaba en la calle y más todavía porque andaba con un pantalón a cuadros viejísimo y con unas campanas enormes que acababan en unos macarios de color guinda. Lo cierto fue que, en mi adolescencia, gracias a un guitarrista llamado Micky, compositor y amigo de los Dudó, me acerqué a Moloche que sabía mucho de rock y que, para mi asombro, según cuenta él mismo y lo pudimos comprobar, nunca se había subido a un carro, microbús o vehículo que se alimente de combustible. Es lo que hoy en día se llama un neoludita. Y vive en una casona antigua que casi no tiene ventanas, salvo el agujero que él mismo cavó en una pared que da a un descampado.

“Moloche”, en esos años de revueltas políticas y militares, era un conocido roquero que parloteaba en las esquinas haciendo piruetas con las llaves, las que lanzaba hacia el cielo y recogía con las piernas dominándola como si fuera una pelota. También tenía un extenso repertorio de piropos poéticos y elegantes que lanzaba a las chicas con mucho cuidado y con voz de poeta. No obstante y aun cuando él hizo de Cirano de Bergerac muchas veces y ayudó a matrimoniar a decenas de amigos, él mismo nunca se casó ni nunca se le vio con alguna mujer.  Quizás porque lo veían un poco loco y delirante o quizás porque siempre se llevó bien consigo mismo y no necesitó de nadie más.

Todavía recuerdo su saludo a la gente del barrio y su chasquear de dedos y sus pasos medidos como si estuviera en una pasarela.

Curiosamente, muchos años después, yo tendría una melena más larga que la suya y, seguro, en su momento, me tocaría atemorizar a otros niños como yo lo era en ese entonces.

4.-YO ESCUCHÉ CANTAR A ANAMELBA

Anamelba era una mujer gorda de voz aguda y potente que vivía a unas cuadras de mi casa de B. A. La recuerdo como si fuera ayer porque ella vendía unos adoquines de fruta y “marcianos” multicolores con los que financiaba su carrera de artista y con los que yo me enfermaba para no ir al colegio. Cada vez que iba a buscar a Anamelba me decía “cómo está el niño lindo” –un viejo cumplido que le repetía a todos los niños del barrio– y me acariciaba el cabello y yo la miraba con ojos de cordero degollado o con los ojos de un alumno con el complejo de Edipo refractado en su profesora.

Alguna vez, dentro de esa extraña y helada complicidad, me cantó una canción a capella porque yo se la pedí. Fue una mañana de abril, el verano ya empezaba a amainar y yo con mi uniforme nuevo, mi camisita blanca, mi pantalón plomo oscuro y mis zapatos negros lustrados “al duco”, caminaba orondo por aquellas callecitas de mi antiguo barrio. Ahí en la sala de su casa y mordisqueando el hielo la escuché entonar completita una canción que hablaba del desamor, aunque en ese tiempo yo no entendía nada solo me preocupaba de que esos sonidos agudos no me destemplaran los dientes. Imagino, ahora, que ese era el desamor que sentía por Julio Jaramillo, el cantante ecuatoriano de pasillos, con el que tuvo un tórrido romance y con el que grabó a tándem algunos temas que aún las pasan en radios del recuerdo, esas que están muy a la derecha o muy a la izquierda del dial.

Aunque nunca me gustaron los boleros, cada vez que camino por una vieja calle y escucho alguna cancioncita antigua siento que otra vez estoy parado frente a la puerta de fierro de Anamelba, en la tercera cuadra del jirón Lucanas, o persiguiendo con mis 11 años a la hija de Vicky Jiménez, “la reina del bolero” –en esos tiempos la competencia directa de Anamelba–, que vivía a un par de cuadras de mi casa, la niña presumida que siempre se encargaba de subirme la autoestima diciendo que yo no era na die y que su mamá era una artista, una cantante reconocida y que, por lo tanto, no podía ser mi amiga, y, mientras decía todo esto, iba mostrándome todos los regalos que su madre (“la muñequita del bolero”, así la había bautizado un conocido presentador de televisión) le había traído de sus viajes por Europa; y yo mirándola me iba enamorando hasta el tuétano de los huesos, hasta el reconcho de la médula ósea, hasta lo más hondo del alma, sí, siempre sí… pero de mí mismo.

Aquellos boleros no los volví a escuchar más. De adolescente me dediqué a escuchar rock, jazz, frejazz, new age, y otros géneros llamados “cultos”, más “evolucionados”, más “técnicos”, más “progresivos”, etc., etc. Pero un tiempo me alejé de todo esto, dejé de escuchar música, dejé de escribir. Me fui de viaje por remotos parajes y así anduve mucho tiempo yendo de aquí para allá con los mochileros y artesanos con los que me acompañaba una trocha para después seguir el camino trazado hasta que un día me volví sedentario. Y cuando alguien, por alguna razón extraña, me preguntaba de boleros yo negaba en todos los idiomas posibles que supiera algo de este, ahora, género marginal.

Han pasado más de 40 años y recuerdo claramente que aquella canción a voz en cuello que entonó Anamelba en una mañana de fines de los años setenta fue “Aceptaré”. Con respecto a aquella niña engreída, hija de Vicky Jiménez, me olvidé hasta de su nombre, sólo recuerdo sus frases entrecortadas y sus “tú no eres nadieS”. Y ahora con ese “Aceptaré” de fondo trágico puedo decir que yo me sigo preguntando lo mismo: en efecto, chiquilla de mis peores sueños, yo no soy nadieS, yo sólo soy el testigo de un tiempo que se esfumo entre mis manos, de un pasado que a veces regresa como un boomerang y nos da un golpe en el pecho; pero, al fin y al cabo, yo solo soy testigo de mí mismo.

5.-UNA VIEJA PELEA EN BARRIOS ALTOS

Cuando estaba en la primaria, existía en el salón de clase el clásico matoncito de barrio que reproducía en su forma de ser su tortuosa relación familiar: padre borracho, pegalón y gritero; madre desaseada y desordenada; hermanos egoístas, pendencieros y abusadores. Lo cierto es que este bocón y roba-loncheras no tenía rival, dada a su estatura (puesto que había repetido tres veces), su verbo florido y su gordura elefantiásica con la que eventualmente (y literalmente) aplastaba a quien osara retarlo.

Cierto día que me había insultado y jalado de la chompa, zamaquéandome como un tentetieso para que le ayude en las tareas, se me escapó un insulto, una palabrota que quedó retumbando en el aula. El matoncito, hábil en las “malas palabras” y en las diatribas, no pudo hacer nada en ese momento porque entró el auxiliar a pasar lista y ver el asunto del cuaderno de control y las firmas de los padres. El matoncito me dijo en silencio, casi susurrando, raspando las palabras y frunciendo el ceño: “te cagaste Ybarra a la salida te rompo la cara…”. Yo con mis 9 años recién cumplidos empecé a temblar, mis dientes cascabeleaban como si tuviera frío, se me erizaron los pelos de la cabeza, pero respiré hondo y me dije: al diablo, no tengo nada que perder, si me pega me pega, pero algo haré con este abusivo que me llevaba algo más que una cabeza y como 30 kilos más.

A las afueras de ese colegio religioso –claretiano, para más detalles– esperaban las barras, casi todos los oprimidos, niños con formación católica e hipócrita; muchachitos pequeños y enclenques tenían vagas esperanzas en que yo los reivindicará con algún golpe en esa panza grotesca y aguanosa. Uno de ellos me miro y se persignó. Tuve miedo pero pasé saliva y me tragué mis fobias y con ellas los 30 kilos de diferencia.

Observé al niño gordo como si fuera un luchador de Sumo, no sé porque lo imaginé calato y con ese jebe horroroso en el trasero, tirando sal a la esquina contraria y exhibiendo su peso; peso que aprovechó inmediatamente para empujarme contra un grupo de ayayeros (no de mi lado) que estaban detrás de mí y que me devolvieron rápidamente al ruedo como si fuera un resorte a los puños del pequeño gorila quien aprovechó para hincharme un ojo y reír a mandíbula batiente mientras su séquito, otros dos de su calaña, se burlaban.

En un breve descuido y aprovechando que mi rival se jactaba de mi debilidad física aproveché para darle un cabezazo con todas las fuerzas como jamás había imaginado, hasta entonces, que tenía en mi cuerpo. Me lancé hacia delante con la testa como un toro y cerré los ojos. Mi misión era embestir con mi pequeña humanidad a ese pequeño monstruo, tirano y dictadorzuelo. Resultado: le bajé todos los dientes de adelante. En mi cabeza se abrieron cuatro orificios notorios (bajo mi corte de pelo alemán) que destilaban sangre pero que no eran nada comparado con la hemorragia y los borbotones que le salían de la boca al matoncito de barrio. Para mí fue una pelea épica, casi bíblica, me había bajado a Goliat, el endriago había sido derrotado, y no con una honda sino con mi cabeza. Aún conservo esas viejas cicatrices y una hoja de mi primera expulsión escolar.

COTA

El “negro Pepe” se despide de este mundo, dice que le duelen todos los huesos, ya no puede caminar y solo respirar se le hace difícil y que ahora sí “se va para la Habana” o como dice el poeta Carlos Oliva: “La muerte es y trato de alcanzarla”. Con el cuerpo puro hueco de tanta bala que le entró por todos lados y una-vida-al-servicio-de-los-más-pobres. Dice que robó a los de arriba para comer y para dar de comer a los de abajo. Ahora nada tiene (los policías le quitaron todo y se quedaron con su botín) solo los recuerdos que se diluyen en su voz carrasposa. Además, dice que se equivocó de carrera, quizás lo suyo hubiese sido ser presidente.

¡Hasta siempre “negro Pepe”!

(PUBLICADO EN LA REVISTA IMPRESA LIMA GRIS N° 18)

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Dolor al viento (sobre el suicida de Los Olivos)

Cuando la compasión desaparece por el ansia de likes, las redes se llenan de violencia ante el suicidio de un joven con depresión.

Gabriel Rimachi Sialer

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El 11 de marzo de este año, un joven de Los Olivos subió a una torre de alta tension para suicidarse. Tras una ardua labor, los bomberos lograron rescatarlo. La familia dijo que padecía depresión y los mensajes de apoyo en las redes no se hicieron esperar.

Hoy, a las 6 de la tarde, el mismo joven subió a otra torre de alta tensión en el mismo distrito. Pero esta vez solo encontró a mucha gente que filmaba desde abajo con sus celulares. Desde ahí arriba, con el viento frío de septiembre y el zumbido que producen 34 mil voltios corriendo por los cables, todo debió haberle parecido entonces más soledad.

La madre del muchacho gritaba su nombre desde la vereda, desesperada, pero su voz en un hilito se la llevaba el viento y la calle. Tras unos minutos, el muchacho saltó. Cinco segundos duró su caída. Cinco segundos eternos donde a la sensación de vacío en tu estómago se suman los gritos de abajo, los autos que pasan, un perro que ladra, el llanto de su mamá. Un policía ve caer el cuerpo silencioso y metros antes del contacto con el suelo, gira su cuerpo, cierra los ojos y se lleva las manos a las orejas para no escuchar, para no llevarse ese sonido en la cabeza para siempre, y corre a apoyarse tras un auto.

Pero, a diferencia del mes de marzo, ahora varios videos desde diversos ángulos corrieron ya no por ese infierno morboso que es el whatsapp, si no que varios “medios digitales” y grupos de Facebook (grupos vecinales de Los Olivos, medios de ese mismo distrito) se encargaron de “difundir la exclusiva” en sus redes sociales. No importa ya la familia, ni el dolor de la madre, ni la violencia de las imágenes y el sonido de la muerte contra el asfalto. Solo importan los likes y el tráfico que pueden generar la muerte ajena y la indolencia. La pepa. El que primero publica, gana. Y los comentarios de cada publicación van de la burla a la justificación de publicar esos videos “para que sirva de ejemplo”.

El mundo es violento, la vida es violenta, la información también lo es pero lo es más cuando te llega un video sin que lo pidas y le das play y se te encoge el alma también con violencia. En el video hay unos brevísimos segundos que sobrevienen a la muerte. Luego todo se vuelve zoom, primeros planos, diversos ángulos, mientras la tarde con su poquito de sol se va haciendo noche. ¿Habrá visto ese muchacho un poco del cielo que lo despedía?

La depresión es una enfermedad. La falta de compasión también.

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Perú, historia de epidemias y pandemias

Antes de la llegada de la covid-19, el país fue asolado por varias epidemias. En el siglo XIX y XX, por ejemplo, miles de personas se contagiaron y murieron por causa de la peste, la viruela, el cólera y la fiebre amarilla.

Raúl Vela

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Por causa de la gripe española, más de 50 000 personas murieron en el país.

La primera pandemia que llegó al Perú fue la gripe española. En 1919 la vida de los limeños cambió radicalmente por la presencia de este virus de la influenza. Y semanas después también aconteció lo mismo con los pobladores de Trujillo, Ica e Iquitos. La gente ante el número de infectados que reportaba las autoridades comenzó a usar mascarillas, a tener una disciplina higiénica más meticulosa, a colocar sus zapatos y ropa afuera del cuarto de dormir, entre otros cuidados.

Durante el tiempo que estuvo la gripe española en el país, que fue hasta 1920, más de 50 000 personas murieron, según reportes de la época.

Las causas que originaron las epidemias del siglo XIX y XX son múltiples. El doctor Jorge Lossio Chávez en su libro Acequias y gallinazos. Salud ambienta en la Lima del siglo XIX, da cuenta que la proliferación de muladares que se formaron dentro de la ciudad, y los repositorios de basuras municipales establecidos en las inmediaciones de Lima, se constituyeron en principales focos de contaminación urbana en la capital.

La respuesta municipal para enfrentar estos peligros de salud pública, no fue del todo inmediata.

En la Lima del siglo XIX, el recojo de basura era efectuado por la Baja Policía. La Baja Policía era un servicio municipal puesto en contrata pública.

Cuando algún distrito no lograba subastar, era la misma municipalidad la que asumía el recojo de la basura.

Los interesados se comprometían, una vez acopiadas las basuras, a trasladarlas hacia los repositorios municipales, ubicados en las afueras de la ciudad, como el Tajamar, el Martinete y las Maravillas.

En los repositorios municipales, los trabajadores ediles quemaban la basura, y en algunos casos lo enterraban, o lo arrojaban al río. Una costumbre perniciosa que aún persiste.

Con el paso de los años, el problema de la basura se agudizó en Lima. Esto llevó a los médicos a resaltar la necesidad de atender no solo el aseo público sino también indagar las condiciones higiénicas al interior de las viviendas.

El doctor Jorge Lossio revela en su libro que, según los reportes del Archivo de la Municipalidad de Lima, los médicos ingresaban a las viviendas para conocer las condiciones sanitarias de la gente.

Producto de ese trabajo, dice, los galenos concluyeron que el hacinamiento, la precariedad, la acumulación de basuras y la poca ventilación e iluminación de los cuartos, constituían focos para la aparición de enfermedades contagiosas. Y que para evitar la reaparición de epidemias se requería tomar medidas urgentes. Infortunadamente, los virreyes de ese entonces muy poco se preocuparon por mejorar las condiciones sanitarias de la ciudad

No fue hasta la llegada de los Borbones al trono de España, que se empezó a invertir en salud pública en la capital del virreinato.

En el siglo XIX la costumbre de enterrar a los muertos en las iglesias constituyó un foco de infección, que las autoridades virreinales resolvieron con la construcción y edificación del Cementerio General de Lima.

En 1806 el virrey José de Abascal, aprovechando que había llegado desde España la Real Filantrópica Expedición de la Vacuna al puerto del Callao, ordenó que toda la población del territorio se vacunara.

El doctor Eduardo Zárate Cárdenas afirma en su libro La Higiene en Lima, que en los años siguientes se instaló en la capital la Real Junta Conservadora de la Vacuna, institución integrada por el virrey, el arzobispo, el alcalde, dos médicos, el fiscal, el oidor y dos vecinos notables.

Los esfuerzos por prevenir la aparición de epidemias en Lima, lamentablemente fueron abandonados con la llegada de la República. Esto provocó la reaparición de la viruela en 1824 y de la fiebre amarilla en 1855.

Zárate Cárdenas cuenta que el miedo a la muerte por la presencia de la fiebre amarilla en la capital, llevó al gobierno de Ramón Castilla a pedir apoyo al Colegio de Medicina.

«Gracias a la intervención de los galenos, se prohibió echar basura en las acequias, igualmente poner en las calles fogones, caballerías sueltas, u otras animales. Quien incumpliera con esas medidas sería sancionado con fuertes multas», sostiene.

El presidente Castilla también impulsó el cambió de las cañerías de barro a fierro en la conducción del agua potable hacia el interior de las casas y piletas públicas; así como la instalación del alumbrado a gas en la plaza mayor y en los meses siguientes en las principales calles, comercios y lugares de recreo de Lima y el Callao.

Con la Guerra del Pacífico (1979-1883), las mejoras en salubridad de las principales ciudades fueron dejadas de lado hasta 1908, año en que asumió el poder Augusto B. Leguía.

Con Leguía, sobre todo en su segundo periodo de gobierno (1919-1930), se inició la modernización de Lima, Trujillo, Arequipa y Chiclayo. Por esos años, la gripe española y la peste bubónica hacían presa de los limeños, y en el norte del país, hacía lo propio la fiebre amarilla.

La propagación de estas enfermedades se vio favorecida por el espantoso estado de salubridad de esas ciudades y las malas condiciones higiénicas de la población.

La revista Variedades del 30 de noviembre de 1918 dio a conocer que como consecuencia de esta situación la Dirección de Salubridad dispuso una campaña para el saneamiento extraordinario de Lima, a la vez de disponer la vacunación obligatoria de todos los vecinos

Pese a los esfuerzos de las autoridades por dotar de agua potable y un sistema de alcantarillado a la ciudad, de mejorar los servicios de recojo de la basura en Lima, y de educar a la población para que refuerce sus medidas de higiene, en los años siguientes las epidemias continuaron reapareciendo en el país. 

El Comercio el 29 de mayo de 1920 advierte sobre el peligro de la gripe.

En El regreso de las epidemias, Carlos Cueto afirma que esto acontecía porque la gente no acataba las disposiciones estatales, como cumplir la cuarentena.

También porque la población no aceptaba la explicación bacteriana en el origen de la peste y más bien optaba por explicaciones y soluciones basadas en lo sobrenatural o mágico.

Otra razón de la desobediencia, explica el historiador, es que las autoridades imponían sus medidas de manera autoritaria. Por ejemplo, en la epidemia de la fiebre amarilla, el médico estadounidense contratado por el Gobierno para dirigir la contención de esta enfermedad dispuso quemar el puerto de Paita, medida que fue rechazada por la población.

Otro aspecto de difícil implementación fue la prohibición de misas o procesiones en tiempos de pandemia.

Con la caída de Augusto B. Leguía, las obras de saneamiento en las ciudades se abandonaron. Solo se retomaron cuando Manuel Odría llegó a la presidencia.

Los siguientes presidentes que tuvo el país muy poco invirtieron por prevenir la aparición de epidemias, por esa razón, cuando llegó el cólera al Perú en 1991, esta rápidamente se diseminó en Lima y Callao, como también en Chimbote, Piura y otras ciudades de la costa, sierra y selva.

Tarde o temprano la covid-19 pasará a la historia, pero siempre estaremos amenazados por la aparición de otras epidemias. ¿Qué hacer para estar mejor preparados desde el punto de vista sanitario?

El doctor Jorge Lossio recomienda tener una política de saneamiento, que no solo incluya obras sino también campañas para cambiar los hábitos de higiene de la gente.

«Precisamos trabajar juntos Ejecutivo, gobiernos regionales y locales, solo así tendremos una mejor respuesta cuando llegué la próxima epidemia», asevera el historiador de la PUCP.

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Richard Swing es el Perú (incluye lomo saltado y pisco sour)

Richard “Swing” Cisneros dio una conferencia de prensa esta mañana donde asegura que posee 200 audios que involucran a políticos y otros personajes del gobierno.

Gabriel Rimachi Sialer

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4 funciones, 4.

Richard Swing se pasea con la prensa, los maneja, los aleja en nombre de la “distancia social” o no responde nada. Saca su tablet y anuncia “Voy a lanzar un nuevo audio”. Y da Play y no se escucha nada. El volumen es muy bajo. Los colegas se agitan, estiran la oreja y sus micros, piden silencio, entonces alguien grita ¡que lo transcriba! Y Swing, ese payaso de este hermoso país del lomo saltado, el pisco sour y Macchu Picchu, dice: “¡Un momentito que voy a tomar mi agua!”.

Se gira sobre sus talones, los periodistas hacen silencio, saca su botella de agua, bebe con parsimonia mientras escucha que un periodista susurra: “Directo en directo, el señor Richard Swing bebe de su botella de agua mientras esperamos que transcriba el audio que acaba de lanzar en exclusiva…”. Y entonces Swing gira sobre sus tacos, como si una luz del cielo se hubiera encendido en su escenario, mascarilla estirada en ese rostro que parece querer explotar y sentencia: “Silencio que voy a transcribir el audio que estoy lanzando”. Y se pone a escuchar y leer en voz alta lo que ahí se escucha. Esa es su transcripción. Un periodista le grita ¡No se escucha! Swing responde “¡Ay pero qué quieren si no tengo acá la tecnología para eso, entiendan que los he citado acá en mi hogar y no en otro lado porque la coyuntura nos urge por el bien del país!”.

La prensa se agita abajo y todos gritan a la vez -como les enseñaron en el curso universitario “Cómo gritar cuando gritan todos al mismo tiempo al entrevistado y no morir en el intento 1”- y no se entiende nada. Entonces Swing se indigna. “¡Un momentito! ¡Primero que nada me guardan la distancia social! ¡Segundo, yo los he convocado para anunciar los nuevos audios que tengo en mi poder y que voy a hacer públicos el día de hoy! ¡Si quieren más preguntas me escriben a mi whatsapp y les respondo!”. No falta quien le insista por el tema del ministerio de cultura y los 175 mil soles que se levantó en asesorías de coaching al personal del mincul, y Swing grita que se han juntado “la sentenciada y el pedófilo” para atacarlo porque él es una figura pública.

Le preguntan (a gritos) “¡Señor Richard Swing! ¡Señor Richard Swing! ¿Qué…?”. Pero Swing no lo deja terminar y lo fulmina con su mirada “Vacancia 2020”. “Yo me llamo Richard Cisneros, papito, Richard Cis-ne-ros. A Swing lo maté hace dos meses con dos estacas”. Sí, debe tener razón porque no hay otra forma -conocida- de darle muerte a los chupasangre.

Alguien le grita ¡oiiiiiga caballero! Y Swing se retira, enfundado en un abrigo negro, no sin antes gritar su número de Whatsapp para que la prensa (esa que encumbra a personajes como este, babeantes de necesidad de micrófonos) le envíe sus preguntas para que sean absueltas.

La seguridad de Swing (2 tipos macetones de impecable terno negro con corbatas rojas y audífono en la oreja), le hacen campo y Swing entra en su edificio de Miraflores, da 3, 4 pasos hacia el fondo, las voces se van silenciando, se convierten en un rumor de despedida. Entonces gira sobre su eje, como toda una estrella y regresa para reavivar los gritos con su nombre y los aplausos y los periodistas se agolpan nuevamente en la reja de ingreso y vuelven a gritarle cien preguntas pero Swing sonríe y se retira hecho un campeón, quizá creyendo que, en efecto, él es, en este momento, el presente del Perú. Que él es el Perú, con su lomo saltado, su pisco sour y Macchu Picchu. Y sonríe otra vez, satisfecho.

Lo peor de todo es que tiene razón. Toda la razón.

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Con la enseñanza de las abuelas

Iván Brehaut

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Marisela Vargas con al flor de bobinsana.

Son las 5 a.m. El día aún está fresco y es hora de iniciar la rutina de cada sábado. Las botas, la gorra, la mascarilla, el machete, la soguilla.  Caminar al puerto, persignarse al subir al bote. Mirar el cielo iluminado por el sol que tiñe todo de dorado. Es hora de oír al bosque.

Desde hace 4 meses, cada sábado, Marisela Vargas, la lideresa de ARDISEP y responsable de la casa de sanación de Sepahua sale por la madrugada a conseguir las plantas con las que prepara los brebajes, infusiones y vapores con los que trata a los pacientes que muestran posibles síntomas de la Covid 19.

“Nuestra labor continúa, no ha parado nunca. Desde hace meses venimos haciendo esto por nuestra gente… nos explica.  Con más de 500 atenciones desde la apertura del centro, la pericia de Marisela y Lisset Vergaray, su compañera y también artesana de ARDISEP, viene en aumento.  “La gente confía en nosotras, no podemos fallarles.  Nuestros vecinos vienen a buscar apoyo… menos mal que el Doctor Luis Adauto (responsable del Centro de Salud de Sepahua) y el Alcalde nos apoyan con lo que pueden, pero es un trabajo duro”.

Marisela Vargas en el barrio Santa Rosa con toé, mucura y matico.

Marisela es Machiguenga y vive en Sepahua, centro del mundo Yine, desde hace muchos años. “Nosotras las mujeres artesanas de ARDISEP nos hemos esforzado por tener nuestra cultura como valor, como capital para salir adelante. Con la pandemia, estamos usando nuestra cultura para defendernos de este mal invisible”.  La labor voluntaria de Marisela y ARDISEP es totalmente voluntaria.

La receta de Marisela se basa en el uso de la mucura, una hierba que crece en el bosque y en algunos jardines de la ciudad de Sepahua. “Cuando esta enfermedad ha venido, hemos recordado lo que mi abuela me ha enseñado. Así vamos nosotros a curarnos, a protegernos. El bosque nos va a ayudar a curarnos”

Y es que el bosque no es solo como los foráneos lo vemos. No es solo un montón de árboles y plantas creciendo juntos. El bosque tiene vida y, a los ojos de los indígenas, es la fuente de sanación y vida que todos necesitamos.

“Cuando voy al bosque, tempranito, voy a buscar a mis plantas. Y se les pide al bosque con respeto. No es ir con el machete nomás a cortar y traer.  Cuando vemos una planta o un árbol que necesitamos para curarnos hay que pedirle con respeto. Que nos de su curación, que nos de su vida, que nos sane. Al bosque hay que mirarlo con respeto y con cariño”.

Desde el bote, Marisela señala a la “Sirenita del Río” que con sus flores rosadas y blancas acompaña a los viajeros adornando las riberas.  Recoge con respeto sus flores, pide su permiso para cortar una raíz. “Si no se pide permiso no es lo mismo. Le estamos pidiendo a la madre de la planta que nos cure. No vas a cortarla nomás.”

En el río rumbo al Urubamba.

Al caminar por la trocha, machete en mano, alcanza a ver las flores del ajosacha y mientras las recoge con cariño mira un imponente Ubos negro. “Esa corteza es muy buena, mis pacientes van a sanar con eso…”  La jornada avanza y al ajosacha y al ubos, se unen la sangre de grado, la huayusa, el matico, la bobinzana y varias plantas más que forman parte de su arsenal curativo. No te olvides del mediquito ajosacha, ni de la abuela ayahuma, sino, se va a resentir.  El jergónsacha también, no te vayas a olvidar. Hay que hacerle caso a la jefa.

“Las plantas no pueden ser usadas así nomás, a la planta se le conoce, se le respeta y hay que saber prepararla. Así cualquiera nomás no puede usarlas…”  Marisela y su grupo, como otros grupos de medicina intercultural y alternativa, está usando el conocimiento que durante miles de años se ha ido acumulando y pasando de generación en generación, hasta nuestros días.

Flores Sachashimbillo.

Un elevado número de medicamentos modernos vienen de las plantas y algunos de los más promisorios para tratar el cáncer y otras terribles enfermedades fueron identificados por mujeres como Marisela. “Nosotras no somos mezquinas, hay que compartir para el bien de todos, pero hay que cuidar nuestro bosque. Ese es nuestra farmacia.”

Parte del sueño de Marisela y de ARDISEP es que se cree un área protegida en la parte alta de la cuenca del Sepahua. “Nosotras estamos preocupadas. Ya están viniendo a invadir esas tierras, a contaminar el río, a destruir el bosque.  De dónde vamos entonces a sacar nuestras plantas…”, nos dice preocupada.  La propuesta para crear una Concesión para Conservación en Sepahua espera superar las trabas que todo proceso enfrenta, sobre todo cuando intereses de terceros, vinculados al tráfico de tierras y al narcotráfico, están ya presentes.

“El Alcalde nos está apoyando y las autoridades de la comunidad estamos todos de acuerdo con que se cree esa protección para nuestro río y nuestro bosque.”  La organización Andes Amazon Fund y la Asociación ProPurús están activamente trabajando para lograr la creación de esta concesión, sin embargo, el proceso es largo y enfrenta retos complejos.

Marisela Vargas.

Marisela y Lisset han vuelto al centro de sanación. Ordenan sus plantas, alistan sus preparados. Mañana desde las 7 u 8, estará llegando la gente.  A pesar del viaje y la fatiga de más de 150 días trabajando, Marisela sigue con la misma energía, con la misma entrega. “Así somos nosotras, mujeres indígenas. Cuando hay que trabajar y apoyar, nosotras tenemos que dar el ejemplo”.

Mientras acababa de escribir estas líneas pensaba en la competencia comercial por la vacuna contra el COVID y las fortunas que se amasarán con ellas.  Pensaba en Marisela, en las mujeres y hombres indígenas que solo nos piden respeto al bosque, respeto a sus derechos como ciudadanos, respeto a su hogar. Solo eso nos piden para compartirnos su riqueza. Esas son las enseñanzas de las abuelas, de las madres indígenas, de las mujeres del bosque. Quizá un día aprendamos la lección.

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Génesis del racismo en el Perú

Redacción Lima Gris

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Escribe: Ph.D Ricardo Paredes Vassallo

Antecedentes históricos de los orígenes del Estado Peruano

¿No es verdad que el actual estado criollo, en el PERÚ, nace a raíz de la independencia, suscitada hace precisamente 200 años? ¿Pero sabemos, todos, a cabalidad, cómo fue gestada esta independencia? Creo que no lo sabemos. En mi libro “Los CHOLOS y el PODER”, sostengo que la versión de este hecho ha sido tergiversada por las sucesivas élites gobernantes. Pues, la versión oficial (asumida al pie de la letra por los historiadores y académicos) hace común una mentira basada en tergiversar los hechos reales. Para mí, la independencia no fue gestada en América Latina por los Próceres locales o por Bolívar y San Martín. Quien verdaderamente ocasiona la descolonización e independencias de estos territorios americanos (de México hasta la Patagonia) fue Napoleón, quien invade España y toma por el pescuezo a su Rey. Este es el acto mayor, contundente, que desbarata al poder colonial español en las américas y desencadena las asonadas locales de independencia.

El texto que precede, me permite demostrar que el origen del estado peruano no es gestado internamente por fuerzas nacionales ni nacido en la voluntad general del pueblo (recuerden que los limeños de entonces se oponían a la independencia y, por lo mismo, Perú será el último en sumarse). Entonces, digamos, quienes gestan al actual estado peruano son sujetos y fuerzas exógenas: las de Bolívar y San Martín, por ejemplo, los cuales se alían temporalmente con la oligarquía local conectada racial y mentalmente con los españoles. Este es el hecho doloso; y quien haya leído algo de historia, sabe que el PERÚ como porción territorial, es un invento colonial, porque por derecho natural jamás podía haber sido aceptable su reducción o despedazamiento, toda vez que su espacio físico, su gente e historia estaban conectados directamente con el gran Tawantinsuyo. Siendo por eso que los criollos, descendientes todos de los españoles y desconectados moralmente con la historia de nuestro pueblo, hacen un mamarracho con las sobras de poder que conservan y manipulan, a semejanza de los conquistadores, en un estado enclenque y vicioso, que mas que un epicentro de fuerzas nacionales era un club de corrupción o prebendas para seguir explotando a nuestra gente. Siendo, por ello mismo, también, que los Incas y sus descendientes, los Cholos, quedaran excluidos de facto del estado criollo.

Lo que brevemente he relatado me permite demostrar fehacientemente los orígenes nefastos del desprecio a los indígenas y Cholos, como al racismo del que son víctimas en su PROPIA PATRIA.

¿Racismo? ¿Qué es?

Lo real y natural es que todos los seres vivos sean indiferenciables en derechos para subsistir en correspondencia a sus propias capacidades individuales y no en correspondencia al color de su piel o al tamaño de sus garras. Pero las sociedades humanas, al tratar de apoderarse de los espacios vitales, compitiendo entre sí por milenios, han generado todo tipo de destrezas, armas y métodos para aniquilar o neutralizar a otras. Esta competencia, que en el pasado era sangrienta y rápida, con el tiempo, y por las religiones domesticada, pasó a ser ética y práctica diaria; es decir: cuando los abusos se convirtieron en leyes que se revertían en privilegios personales o sociales. Es arduo tratar este asunto en pocas palabras. Pero lo que digo aquí, en este acápite, sirve para poner a contraluz al racismo que se cierne por mas de 500 años sobre los indígenas y mestizos del Perú y América Latina y al cual no hemos destruido.

El racismo, creo yo, es la mala lectura de la existencia del animal humano, en el mundo; la misma que, por consiguiente, produce serias distorsiones en el comportamiento social de los individuos o de las naciones.

Demostraciones:

  1. En el Perú persiste el cisma colonial gobernantes-gobernados; es decir, el abismo social entre los individuos del pueblo y aquellos que manejan al estado o a las riquezas nacionales. Específicamente, encarnados en los llamados “pitucos”, fuesen estos, ahora: blancos, emblanquecidos; japoneses o árabes; quiero decir, a los que Arguedas denomina: “todas las sangres” (*).
  2. La independencia (en la cual debieron haberse barrido los fundamentos políticos y los privilegios sociales armados y sostenidos cruelmente por los españoles), dejó intactos los privilegios de clase y las injusticias perpetradas, palmariamente, en la tenencia abusiva de la tierra y en la esclavitud indígena; las mismas que, hasta Velasco, se mantuvieron inalteradas.
  3. Tras la independencia, semanas después, los gamonales y hacendados pasaron a ocupar las encomiendas y repartos como las funciones militares, políticas y religiosas, que los españoles dejaron. Se repartieron los puestos jerárquicos, las tierras y los “indios” (como así nos llamaban despectivamente), y, desconociendo que los dueños legítimos y los favorecidos con la independencia eran los Incas y los hijos de aquellos, los CHOLOS, prosiguieron “gobernando” mal una Nación que otra hora fue un gran Imperio.
  4. Y esto prosigue así, no solo porque en el estado hay una casta enriquecida y privilegiada, racialmente diferenciada, sino retrograda y estúpida; incapaz de comprender que la composición racial del PERÚ, en un 89%, es Chola o indígena.
  5. El marcado dominio de las clases parásitas y corruptas, enquistadas en minorías o en clanes, desde la colonia, en el poder de un estado que no les corresponde, expresa elocuentemente el desconcierto y el caos político que genera este divorcio. ¿Y qué decir de los partidos políticos fantasmales que sólo existen cuando hay elecciones, tipo AP, PPC; APRA o esos ridículos
    partidos que el clan Fujimori procrea ad-hoc para cada elección?

¿Cómo combatir al RACISMO?

La denominación “CHOLO” (en el Perú), por su espectro histórico y por la generalización de su uso, ha devenido en una categoría de naturaleza política. Pues, el concepto “CHOLO” denota directamente “lo peruano” o “de los peruanos” como sujetos estos, o como miembros activos de toda la nación; al mismo tiempo que determina la esencia de nuestro vínculo indesligable con los Incas, nuestros ancestros gloriosos.

Primero, los Cholos tienen que asumir como su tarea fundamental la construcción de la Unidad Nacional del Perú y la defensa de su derecho a gobernarlo para siempre. Segundo, comprender bien que el Perú como Nación es suya y de nadie más. Porque suya y directa es la relación racial e histórica con los Incas y porque son suyos los frutos de su trabajo y la inteligencia que moviliza al País entero. A partir de este conocimiento, sabrán bien que el incremento y la defensa de ese poder está en sus manos. Porque nunca más debe darse el caso que ese poder que es suyo, se confié y ponga en las manos de una minoría parasita e impotente, que nada tiene que ver con la nación entera. Por eso mismo también, estar alertas contra aquellos interesados ignorantes que proclaman: “¡que en el Perú nadie es racista; que el racismo no existe; que aquí todos somos iguales!”

En el Perú pululan los árbitros morales, los académicos y periodistas; esos que han sabido apagar y camuflar la confrontación racial en el Perú por dos siglos en ventaja de los pitucos, chinos y árabes. Estos parásitos viven de esta mayúscula desigualdad social y hasta tienen réditos académicos internos y eternos: expertos y panelistas, sicólogos y sociólogos, antropólogos, politicólogos, artistas y payasos, etc.


(*) Nuestro Arguedas desconocía lo que el poder es, en esencia. Y su desconocimiento le llevó a creer que en el Perú, donde aun habitan unos miles de criollos blancos junto a otros de otras razas (pero cohabitando en un universo de CHOLOS e Incas), convertía al Perú en una mixtura preciosa y dulcemente humana, que denominó “todas las sangres”. Este error debe ser rectificado, toda vez que es perjudicial para el derecho completo de los CHOLOS al control del poder estatal, social y nacional de su PATRIA.

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La ciudad como experiencia comunicacional

Raúl Allain

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La ciudad que antes era un espacio físico comunicacional, ahora es una experiencia virtual. Como consecuencia del efecto de los medios de comunicación, la urbe tradicional se ha transformado en un espacio mental. Y con más intensidad ahora, por influjo de la internet, se origina una interconectividad o “mundo digital”, también denominado ciberespacio o realidad virtual.

Hemos pasado del influjo de los mass media tradicionales (prensa, radio, TV y cine), a los medios digitales, que están desencadenando una revolucionaria experiencia comunicacional, codificada mediante señales de orden analógico o digital.

El sentido ciudadano de pertenencia disciplina nuestro imaginario haciéndonos partícipes de un nuevo orden consumista de bienes y servicios, pero a la vez nos condiciona a vivir dentro de una realidad tan compleja como nuestra capacidad de articular e integrar los imaginarios colectivos.

Precisamente, lo que diferencia al hombre de los animales es la simbología que crea el ser racional y que prevalece más allá de la experiencia. Los símbolos surgen de los objetos y a su vez crean los pensamientos, motivan o estimulan el actuar.

Vivimos una época atípica de la aldea global. Nuevamente concluyo que la tecnología nos impone nuevos paradigmas de comportamiento y además nosotros generamos nuevos códigos o símbolos. He ahí la contradicción social: ¿Hombres o zombies? Racionales que crean pensamientos con simbología o seres deshumanizados que viven sin sentido.

La aparición de la computación y la internet –como tecnología que en primera instancia tuvo una aplicación militar– permite la construcción de una red global que es puro espacio cibernético y virtual.

Esa espacialidad comunicacional y simbólica teje la ciudad virtual o telépolis: interconectada a terminales que procesan la información que sólo existe en caracteres numéricos, es decir digitales; señales que circulan como intercambios simbólicos entre pantallas de procesadores que desmarcan las fronteras territoriales físicas y que trascienden los espacios.

El problema es la uniformización de los intercambios y formas de relacionarse simbólicamente en todas las culturas. Países celosos de los contenidos simbólicos de internet prohíben su acceso a los ciudadanos, censura que genera conflictos de orden político y que necesariamente obliga a una redefinición de las políticas de acceso al ciberespacio.

Análisis y crítica de la sociedad de la hiperinformación

En la actual “sociedad de la información”, nos encontramos viviendo un panorama en el que la humanidad es bombardeada (tele)comunicacionalmente por noticias falaces divulgadas para desorientar y alienar. O en un caso de alteración mínima, se inyecta seudoinformación y propaganda fabricadas desde medios de comunicación adeptos al poder y al sistema económico imperante.

La audiencia –en su vasta mayoría esclavos asalariados, dependientes de la venta de su fuerza de trabajo y sometidos al yugo de la explotación–, por carecer de tiempo y energía para reflexionar críticamente sobre estas “noticias” consumidas diariamente, se convierte en mero receptor pasivo de la “información” recibida, tragando sin reserva sus mensajes subyacentes y sometiéndose de tal forma al acondicionamiento mental-corporal.

Es decir, el individuo recibe un estímulo y responde de una manera calculada por terceros. Al convertir la “información” en un bien de consumo masivo y efímero, se logra la destrucción de sus facultades de analizar y contextualizar y por ende la capacidad de razonamiento y formación de juicio propio. Alienación total.

Otro de los métodos de la doblegación humana en su dimensión psicológica es el empleo bien calculado del miedo en combinación con el fomento de la ignorancia. Esta fórmula intenta sembrar el caos para poder cosechar el incremento del sentimiento de pánico e inseguridad de la población.

Los políticos de gran corrupción adictos al poder ofrecen “soluciones” prefabricadas a la medida de la élite gobernante y agradecidamente aceptadas por los gobernados, aun cuando contengan medidas abiertas de represión y restricción.

El control mental-corporal de la población en general, en casi todo el orbe, afecta a billones de seres humanos, trabajadores y consumidores que conforman el universo de esclavos del sistema. Esta sombría metodología se ha ido perfeccionando en la medida de que sus víctimas creen tener la convicción de pensar y actuar soberanamente, sin enterarse jamás de sus cadenas de sumisión objetiva y subjetiva.

Tal como lo hemos afirmado, entre los métodos de semejante acondicionamiento mental destaca el fraccionamiento del pensamiento, mediante la sobrecarga de “información” y el bombardeo de noticias fabricadas durante las veinticuatro horas del día, aparentemente no relacionadas entre sí, pero portadoras del mismo mensaje subliminal: no pienses.

(*) Escritor, poeta, editor y sociólogo. Presidente del Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y director del sello independiente Río Negro.

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Sobre la Ley moratoria de ingreso de transgénicos al Perú

Ccoriwayra Arias

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El 2021 ya ha llegado, y la ley moratoria que impedía la entrada de transgénicos al Perú ha caducado. Sin embargo, nos sentimos preparados para afrontar a los grandes poderosos de la agricultura tóxica y desnaturalizada. Nos hemos fortalecido como pueblo y también nuestros organismos autónomos defensores de la Tierra y la Semilla Natural, la única semilla de vida y sustento.

La Ley Nº 29811 que establece la moratoria al ingreso y producción de organismos vivos modificados al territorio nacional Peruano por un período de 10 años, aprobada en el Gobierno del Expresidente Ollanta Humala, fue llevada a cabo porque principalmente permitía al Gobierno habilitar sus planes de fortalecimiento de la Seguridad Biológica, posteriormente el año 2013 fue declarado como el año de la Seguridad Alimentaria y el Desarrollo Agrícola Rural. Sin embargo, esta ley permitía hacer experimentos en laboratorios durante el periodo moratorio, lo que llaman “uso confinado”.

Volviendo a la Problemática actual nos encontramos con un escenario en el que estas compañías presionan a los Gobiernos de los Países Latinoamericanos para que aprueben la entrada de sus semillas creadas en laboratorios ¿Acaso se creen dioses? Para crear semillas y creer que funcionaran sin impacto a la salud, a la tierra, al orden y Ciclos naturales de la Agricultura. Y peor aún quieren hacernos creer que no hay otra forma de alimentar al Mundo más que esta… (echamos carcajadas) Sabemos muy bien que los que alimentan al Mundo ancestralmente y sin receso son nuestros agricultores, la gente de la tierra, la mano campesina a la que le debemos nuestra salud y alimento. Agricultores que conocen muy bien como hacer que la tierra produzca y no es con agrotóxicos similares al Round Up, si no es el honramiento y constante diálogo con la Madre naturaleza, en respeto con calendarios que se siguen desde milenios atrás heredados de Grandes Culturas.

Entonces, ¿Qué pasa en las Universidades, casas de estudio del Mundo? En mi trayecto por Varias universidades de Perú, México, Chile y Argentina he podido conocer estudiantes, como yo, relacionados con las ciencias de la Naturaleza, y es muy claro que, en las carreras de Agronomía, se adoctrina a los estudiantes, haciéndoles creer que no hay otro camino más eficiente que el de los Transgénicos y la Agricultura mono industrial. Así como en la Ingeniería Ambiental nos quieren hacer creer que el Perú es un País minero y esa es la única forma de salir adelante económicamente, lo cual es ¡Totalmente Falso!.

Ahora analicemos un poco cuantos procesos tienen que pasar los agricultores que exportan alimentos al extranjero para cumplir con las reglas necesarias, pero cuando se Importan productos al Perú poco o nada importa si transgreden la Salud de nuestra Población o Impactan Negativamente en nuestra Tierra. ¡Semejante Hipocresía! La de “los países desarrollados”.

Por otro lado, haciendo Resistencia a esta Plaga de semillas que nos quieren vender para esclavizarnos próximamente, muy similar a lo que está sucediendo actualmente con la salud. La salud y la alimentación. Los pilares básicos de la vida y la armonía en nuestra sociedad se ven afectados muy a menudo por estos poderosos, claro ejemplo el Covid 19 no es algo natural, tras experimentos se les fue de las manos y… pues así estamos, ahora nos venden la Vacuna y nos tienen atados del cuello a lo que a ellos más les conviene.

Lo mismo con las semillas… ¿Caeremos en la Dependencia Agrícola? La única Creadora en la que debemos confiar es Nuestra Tierra, nuestra naturaleza SABIA que provee una diversidad incontable de Semillas que debemos amar y seguir cultivando libremente. Como contaba al principio nos hemos fortalecido como pueblo, ahora nos Autoeducamos y educamos a nuestra gente en contra del engaño y también buscamos Autogobernarnos poco a poco con pequeñas acciones. Como sembrar en casa, Creando Bancos de Semillas Familiares, ha retornado el Ayni y tenemos organizaciones como la Red de Guardianes de Semillas que se extiende a todos los Países Latinoamericanos, por hemos abierto los ojos y bien grandes… Para por fin caminar hacia nuestra Libertad y Autonomía, hoy no esperamos mucho del Gobierno y menos de las compañías destructoras de la naturalidad, pero si les hacemos frente cuando vemos que causan desequilibrio.

¡Viva la lucha de la gente de la tierra!
¡Por la semilla natural, la única semilla de vida y sustento!

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Carlos Wiesse insultó a la policía y trabajó para la PNP como consultor

Luis Felipe Alpaca

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¿Se acuerdan que el 06 de abril durante la cuarentena salió por su ventana un desagradable personaje en San Isidro que le gritó a los policías que patrullaban por las calles?  “Policía, haz tu trabajo. No sé por qué te aplauden a las 7 de la noche, si es tu trabajo. Que me aplaudan a mí carajo… Estamos cagados. Y viene un cholo y pasa por ahí, y lo aplauden… Qué chuch… me vas a cuidar tú, cholo de mierda, yo me cuido solo huev… eres una mierda… No tienes plata para estudiar en la universidad, ni nada, por eso eres policía, ahora cuídame policía… yo soy Carlos Wiesse”.

Pues, ese personaje se llama Carlos Alberto Wiesse Asenjo y es un abogado de la universidad de Lima y en uno de los tantos links que alberga la web él ha consignado que es Compliance Officer and Legal Risk. Además y siguiendo con su huachafada académica, asegura que tiene una Certificación Internacional en la ISO 37001-Antisoborno. Asimismo, tiene ocho papeletas por infracciones muy graves como haber conducido y chocado en estado de ebriedad, e incluso actualmente está con su licencia de conducir inhabilitada.

Publicación de Carlos Wiesse sobre capacitación a la PNP.

¿Cómo es posible que un personaje antisocial que insultó a los policías, haya trabajado y esté trabajando para ellos?   

Sin embargo, no es que ese señor haya sido premiado luego de insultar a la policía, pues, como él mismo lo refirió en su red de Linkedin (aunque al verse descubierto ya la cerró), desde antes de sus agravios racistas ya trabajaba para la institución policial, como Consultor en la División de Lavado de Activos de la Policía Nacional del Perú; aunque actualmente, y luego de este nuevo descubrimiento, la Policía Nacional también está haciendo un deslinde y ya salió con un comunicado oficial donde afirman que en la actualidad ya no tienen un vínculo laboral con ese abogado y que en aras de la transparencia vienen realizando las investigaciones respectivas. Como ya es costumbre, en esos comunicados prima el mismo discursito de siempre.

Cabe recordar, que la hipocresía institucional impera en nuestra fauna de “profesionales dignos” porque ante ese hecho bochornoso del mes de abril, inmediatamente, instituciones como ASBANC deslindaron rápidamente sus nexos con el racista y adujeron que desde diciembre de 2019 Carlos Wiesse ya no formaba parte de su personal laboral. Asimismo, el “Ilustre” Colegio de Abogados de Lima deploró en su momento las expresiones racistas de ese señor y en una verborrea para la foto aseguraron que en cumplimiento del Código de Ética de la orden, ellos actuarían y que en tal sentido derivarían a su Dirección de Ética el caso, solamente para que su órgano deontológico inicie de oficio la investigación correspondiente. Han transcurrido cinco meses y ¿Qué de la sanción disciplinaria del CAL? Por eso repetimos una vez más: pura verborrea, porque hasta la fecha según la web del CAL el cuestionado abogado continúa habilitado.

Así se premia a estos deplorables disociadores que en realidad son lesivos para nuestra sociedad, y por eso reina la impunidad; es decir, además de tolerar a un lesionador de una institución como la Policía Nacional, encima, se le acoge, no se le ejerce coerción, no se le amonesta y se omite funciones; pues, el propio Ministerio del Interior justamente hace cinco meses, en abril emitió un comunicado que señalaba que inmediatamente iban a denunciar a ese sujeto por actos discriminatorios y racistas; no obstante, igual que el síndrome de Estocolmo, a pesar de todo, la institución lo apoyó y lo siguió acogiendo en sus fueron policiales para que induzca a su personal. ¿Y dónde quedó la dignidad de la Policía Nacional?

Así estamos… en el reino de la impunidad y a pesar que ese deplorable sujeto a estas alturas debería estar inhabilitado en sus funciones y preso por el delito de discriminación (artículo 323° del Código Penal), como decía Humberto Martínez Morisini: “Aquí no pasa nada”.

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