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Familia

Atención padres de familia: Evite hipersexualizar a sus hijos [VIDEO]

Bailes para adultos son recurrentes en fiestas infantiles, recibiendo incluso la aprobación de los propios padres.

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Dejen que los niños vayan quemando etapas y no los obliguen a actuar como adultos. Las redes sociales, lamentablemente, son un espejo de nuestra sociedad, enfocada en la ‘Cultura del filtro’ y de una vida opulenta y excesivamente perfecta.

La edad de la inocencia. No quitemos el momento más agradable en la vida de nuestros hijos solo para hacerlos parecer como un adulto. Foto: funprobien.org.

En ese ‘mundo viral’ algunos padres y madres de familia, de manera poco sensata, visten a sus menores hijos para hacerlos parecer como ellos: usando maquillaje, cortes de cabello que no van para la edad de un infante, vistiendo ropa corta o demasiado apretada. Así también, fomentan en las fiestas infantiles que bailen música sugerente, y que contorneen las caderas cual bailarinas exóticas, haciéndoles creer que con su aprobación eso es lo correcto y acorde para la época.

Evidentemente, muchos de los padres lo hacen sin mala intención, ya sea por desconocimiento o porque han normalizado ese tipo de conductas, empero, cabe recordar que en esa etapa del ser humano los niños actúan como ‘esponjas’, adecuándose a la validación de una persona mayor a ellas.

Dotarles de falsas apariencias, tal como lo hacen las redes sociales, es solamente una grave afectación a la autoestima del menor, pues tendrá implantado en su mente que requiere verse bien siempre, actuar como una persona adulta siempre, o bailar como aquellas siempre.

Cosas tan cotidianas como escuchar canciones en la radio que hablan de infidelidad, sexo, orgías o drogas, ver un TikTok de niños bailando perreo, u observar a los adultos tomando bebidas alcohólicas o fumando van desarrollando en el infante una percepción incorrecta.

Padres, madres de familia, es responsabilidad de ustedes orientar correctamente a sus hijos, no necesariamente encapsularlos en una burbuja y apartarlos de la realidad, sino saber aconsejarles qué es lo correcto y qué no para su edad.

fuente: atv matinal.

¿Qué es la hipersexualización infantil?

Por: Úrsula Perona, psicóloga infantil.

Consiste en una exaltación de la sexualidad como medio de obtención de un mayor valor social y que conllevaría una preocupación constante por la imagen corporal. Generalmente, este fenómeno afecta más a chicas que a chicos y es más frecuente durante la adolescencia, aunque cada vez es más común verlo aparecer en la primera infancia, por ejemplo, con niñas que visten con ropa de mayor y exhiben conductas sensuales o provocativas.

Este continuo influjo de información por parte de los medios sobre niños con apariencia de adolescentes y adolescentes que parecen adultos, puede hacer que el desarrollo natural de nuestros hijos se vea afectado de tal forma que se salten etapas naturales de desarrollo y empiecen a llevar a cabo actividades que no pertenecen a su edad, como seguir dietas o preocuparse por ir al gimnasio desde edades tempranas en lugar de practicar el juego, imprescindible para su desarrollo. Por otra parte, este culto al cuerpo puede derivar en cirugías estéticas a edades más tempranas o en problemas alimentarios como anorexia y bulimia, debido a la ansiedad que genera esta continua preocupación por el físico asociado a la valía social.

Cómplices. Muchas veces los adultos son cómplices involuntarios de la actitud de sus hijos. Foto: difusión.

Por otra parte, también se puede despertar en ellos el interés por conductas sexuales en etapas más prematuras, lo que suele derivar en una aproximación más violenta y distorsionada de la sexualidad, pues no tienen la maduración necesaria para gestionar este tipo de relaciones personales. A veces es posible detectar si empiezan a tener este interés sexual durante la infancia o adolescencia temprana, puesto que nos hacen cuestiones sobre el tema sin saber exactamente muy bien qué están preguntando.  

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Familia

¿Puede una persona demandar a la otra por incumplir promesa de matrimonio?

Según el Código Civil existe una indemnización hacia la parte afectada siempre y cuando se encuentre sustentada.

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Hace poco se hizo viral un video en donde una novia deja plantado a su prometido en las puertas de una iglesia. Con relación a ello nace la pregunta si existe alguna responsabilidad civil por parte de la novia hacia el hombre, en relación a una afectación patrimonial, emocional o sentimental, cuando se ha invertido tiempo y dinero para la organización de una boda.

Y viceversa, si el novio a último minuto decide no contraer nupcias con su prometida, también esta puede recurrir a presentar una demanda aduciendo una afectación moral, así como daños y perjuicios.

De acuerdo al artículo 240 de nuestro Código Civil Peruano (CCP) quienes abandonen y perjudican a una persona luego de haberse comprometido en matrimonio deberán hacer el pago de una reparación civil a la parte afectada.

Y es que existen algunas promesas de amor que tienen validez en las normas civiles y uno de ellos es el compromiso matrimonial. Por ello, si estás viviendo una situación difícil a causa de un rompimiento que afecta tu moral, tu aflicción de los sentimientos, el daño al proyecto matrimonial y/o el daño psicológico, estás sujeto o sujeta a derecho de una indemnización.

Novia deja a su prometido para irse con su ex pareja. El novio, en esa situación, puede demandar a la mujer. Foto: captura Tiktok.

De acuerdo al citado artículo: “si la promesa de matrimonio se formaliza indubitablemente entre personas legalmente aptas para casarse y se deja de cumplir por culpa exclusiva de uno de los promitentes, ocasionando con ello daños y perjuicios al otro o a terceros, aquél estará obligado a indemnizarlos”.

La parte perjudicada puede interponer la demanda “dentro del plazo de un año a partir de la ruptura de la promesa”, menciona la normativa.

El CCP hace mención que las pruebas aptas que se toma en cuenta para viabilizar la demanda es que el compromiso haya sido formal dentro del contexto social, de manera que pueda ser verificado. Se puede presentar documentos privados con firmas legalizadas, escritura pública, o testigos que confirmen que la promesa se hizo de forma oral.

Es así que, dentro del plazo señalado, “cada uno de los prometidos puede revocar las donaciones que haya hecho en favor del otro por razón del matrimonio proyectado”. En caso no sea posible la restitución, se observa lo prescrito en el artículo 1635.

“Invalidada la donación se restituye al donante el bien donado, o su valor de reposición si el donatario lo hubiese enajenado o no pudiese ser restituido (…) Si el bien donado se halla gravado, el donante libera el gravamen pagando la cantidad que corresponda y se subroga en los derechos del acreedor”, menciona el artículo 1635.

“En síntesis, es viable cualquier formalidad que permita una probanza fehaciente de su existencia, así como de la concordancia entre la actividad de los sujetos intervinientes (novios) y la declaración emitida, lo que, por ejemplo, no se tendría cuando la declaración haya sido emitida en un estado de perturbación o inconciencia, o cuando se constate la presencia de un lapsus linguae”, menciona ‘Pasión por el Derecho’.

Nadie está obligado a casarse

Es necesario mencionar que la promesa de matrimonio no afecta, de ningún modo, la libertad de casarse, por lo que “el compromiso no puede servir como un instrumento de coercibilidad para obligar a los novios a casarse”. Debemos recordar que, el “matrimonio es la unión voluntariamente concertada por un varón y una mujer legalmente aptos para ella y formalizada con sujeción a las disposiciones de este Código, a fin de hacer vida común”, según reza el código civil.

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Escuela privada recomienda no usar palabras como “papá”, “mamá”, “esposo”, “esposa” por considerarlas lenguaje de odio

Cabe señalar que, las primeras palabras mencionadas son consideradas por la escuela dentro del lenguaje de odio.

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La escuela Grace Church School, ubicada en el downtown de Manhattan y que enseña a estudiantes de kínder hasta el grado 12, ha publicado una guía para sus estudiantes donde recomienda usar palabras como “adultos”, “tutores”, “familiares” o “padres”, en lugar de decir “papá” o “mamá; o cuando se menciona a la persona que vive con los alumnos, o quién cuida de ellos; porque según la institución educativa eso evitaría crear suposiciones sobre sus vidas.

Asimismo, en lugar decir “esposo o esposa”, o “novio o novia”, la escuela recomienda como alternativa decir las palabras “persona especial” o “pareja”, porque actualmente, los núcleos familiares podrían estar compuestos de manera diferente.

Cabe señalar que, las primeras palabras mencionadas son consideradas por la escuela dentro del lenguaje de odio.

La guía para los estudiantes y el personal de Grace Church School para este año escolar desde su perspectiva, pretende emplear un tipo de lenguaje que busca ser “más inclusivo”, tal como figura en el documento de 12 páginas.

La guía ya fue publicada en el sitio web de la escuela y ofrece una lista de palabras que ayudarán a incluir a todas las personas, sin importar orientación sexual, su raza y otros aspectos.

“Si bien reconocemos que el lenguaje de odio que promueve el racismo, la misoginia, la homofobia y otras formas de discriminación ya se abordan en nuestros manuales escolares, también reconocemos que podemos hacer más que solo prohibir el lenguaje de odio; podemos utilizar el lenguaje para crear espacios acogedores e inclusivos. Esta guía aborda las formas en que podemos eliminar las suposiciones dañinas de la forma en que interactuamos entre nosotros”, sostuvo la escuela.

Con respecto al lenguaje que se debería utilizar en relación al género de una persona, la escuela, según la guía señala la utilización de palabras como: “personas”, en lugar de decir: “niños y niñas”; y si se lee un libro a los estudiantes, en lugar de decir el “niño y la niña de este libro”, se debe decir: “los personajes de este libro”.

Asimismo, señalan que es fundamental llamar a los estudiantes por su nombre y no con apodos, y tampoco hacer referencia a que “los colores, o ciertos cortes de cabello determinan el género”.

En la escuela, en un informe que dirigieron a sus estudiantes, señalaron: “Sabemos que el lenguaje controlado demuestra más preocupación por lograr que una comunidad use las palabras correctas que por cultivar un sentido de pertenencia para sus miembros. No es así como hacemos las cosas en Grace, y es por eso que nuestra guía de lenguaje inclusivo no prohíbe las palabras…sabemos que es nuestro trabajo brindar a los miembros de la comunidad recursos que les permitan tomar decisiones informadas y generosas”.

Finalmente, el documento hace hincapié a cómo expresarse o qué palabras utilizar en relación a la orientación sexual de una persona, su raza, etnia, religión, habilidades físicas y mentales y su situación socioeconómica.

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La “munda” exige al ministerio de Educación que se incluya el enfoque de género en los colegios

A través de la página de Amnistía Internacional Perú, actriz mandó polémico mensaje.

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En un video publicado a través de la página de Facebook de la Organización No Gubernamental (ONG) Amnistía Internacional Perú, la conocida actriz, y desde hace algún tiempo activista social, Mayra Couto, exigió al Ministerio de Educación (Minedu) que se incluya el enfoque de género en los colegios del Perú.

“El colegio, la escuela, el nido es el primer lugar donde las personas nos enfrentamos a la mirada de otras personas, es el primer lugar donde somos seres sociales y es por eso que es muy importante que en estos espacios se aprenda con amor a respetar las diferencias, a respetar a las niñas, los niños y les niñes”, manifestó Couto en un video de menos de un minuto de duración.

La actriz exhortó al Minedu que se considere explícitamente el enfoque de género y los derechos humanos en los colegios y nidos.

La “munda”, “todes”, les “niñes”, mi “cuerpa”

A propósito de querer incluir estas nuevas palabras el presidente de la Academia Peruana de la Lengua, Marco Martos se pronunció al respecto cuando la actriz recibió un premio del propio Ministerio de Cultura, y renombró su trabajo como “Mi cuerpa, mis reglas”.

“¿Cuál es el masculino de ‘la artista’? ¿Acaso será ‘el artisto’? No, ¿cierto? El lenguaje no se cambia por decreto de ningún grupo, ni siquiera porque tengan poder político.” Explica el escritor y poeta Martos.

El ex director de la Real Academia Española (RAE) Darío Villanueva también nos explica que la alteración de las palabras no significa una reivindicación del feminismo, sino que la gramática está pensada para economizar palabras y no precisamente para invisibilizar a un grupo minoritario.

“El problema está en confundir la gramática con el machismo. Las lenguas se rigen por un principio de economía; el uso sistemático de los dobletes, como miembro y miembra, acaba destruyendo esa esencia económica. Las falsas soluciones, como las que proponen poner en lugar del ‘o’ y el ‘a’, el ‘e’, me parecen absurdas, ridículas y totalmente inoperativas”, detalló el experimentado académico.

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El amor como bandera: la misión del padre Omar Sánchez durante la pandemia

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Padre Omar Sánchez, Director de la Asociación de las Bienaventuranzas.

En medio de nuestra ciudad salvaje existe un lugar que resiste, un fuerte donde la desesperación se torna en sonrisa, y la carencia en esperanza. Un lugar donde 262 personas de todas las edades, puestas bajo el cuidado del Padre Omar Sánchez y su equipo, se alzan ante la soledad y la miseria de nuestros días, enarbolando la bandera de la fe y la resiliencia. Ese lugar es la Asociación de las Bienaventuranzas, que incluso en medio de la mayor crisis de la historia contemporánea de nuestro país, y habiendo registrado 13 casos de COVID entre sus residentes, se reafirma como el hogar de los desvalidos, de los más pobres entre los pobres, de los más enfermos entre los enfermos.

Conversamos con el Padre Omar, motor de la obra, buscando entender qué es lo que aviva esa fe suya que no se apaga, esa llama que brilla, segura y decidida, entre las tinieblas de un país azotado por la pandemia y otros virulentos males, tal vez más perniciosos aún, los de la corrupción y la desidia.

Una gesta contra el olvido

“Yo estoy haciendo lo que tengo que hacer, lo mío no tiene ningún mérito. Quienes tienen mérito son todas las personas que están en esta casa. Tenemos 13 casos de COVID, aislados, y, gracias a Dios, asintomáticos. Y enfermeras nuestras, que no tenían COVID, se han metido a atenderlos. Ahí, en ellos, está el mérito.”, afirma el Padre Omar Sánchez. En el incierto contexto actual, los esfuerzos se han multiplicado, pero el camino es duro. En efecto, la Asociación de las Bienaventuranzas acoge a niños, jóvenes y adultos con serias enfermedades que requieren de sumo cuidado. Síndrome de West, de Moebius, trastorno del desarrollo intelectual, o discapacidades físicas, son ejemplos de los retos que estos 262 residentes enfrentan cada día. “La menor tiene 2 meses, y la mayor, 94 años. Todos están en proceso de investigación tutelar, o declarados en abandono.”, comenta el Padre Omar.

Residentes de la Asociación, ejemplo vivo de resistencia ante la adversidad. Foto: Sol Pozzi-Escot.

Sin embargo, la labor del Padre Omar no nació con la llegada del virus: son ya 12 años, que a través de la Asociación de las Bienaventuranzas, ha sabido dar hogar, físico y espiritual, a todos aquellos que la sociedad y el Estado prefieren, muchas veces, no ver. En el 2008, después de regresar de una misión en Irak, el hoy también conocido como Padre Omar Buenaventura buscaba abrir un centro de rehabilitación para jóvenes de bajos recursos con problemas de drogas. Sin embargo, una llamada cambió todo. “Me llamó una monja, amiga, del norte del Perú, para contarme que había encontrado un chico tirado en la basura del mercado. 30 y tantos años, discapacidad mental severa, parálisis de medio cuerpo y epilepsia. Ellas no lo podían tener, y me preguntaron si conocía un lugar que lo pudiera albergar. Buscamos, y a nadie le importó. Un día, en el desayuno, le cuento a los chicos de mi equipo, y Marco (Prado), me dice: “Si le estamos preguntando a Dios qué hacer, es porque ya nos respondió” Yo no había visto ese mensaje”. Nació, entonces, la Asociación de las Bienaventuranzas. El padre recibió al NN del norte, lo bautizó como Luis María, ya que era ese el nombre del santo del día en que llegó al refugio, y, en sus palabras, “fue él quien nos orientó, la flecha que nos mostró qué es lo que Dios quería de nosotros”. Con el amor como norte, las tinieblas se difuminan y el deber se impone. Y vaya que nuestro país conoce de tinieblas.

De luz y sombras

“La crisis más grave que conoce el Perú en la actualidad es la crisis moral.”, sentencia el Padre Omar. En efecto, la crisis del virus puede eventualmente ser domada, al igual que la crisis económica. Pero es esa crisis espiritual, que el padre describe como “esa forma de pensar en la que cada uno hace bueno y malo lo que quiere, verdadero o falso lo que quiere”, la que representa el precipicio ante el cual se asoma nuestra sociedad. Pero sus convicciones se mantienen firmes: “Dios nos creó a su imagen y semejanza. Si Dios es bueno, el hombre es bueno, por naturaleza.”, explica. Y continúa: “Así como hay pecado original, hay inocencia original. Cuando tienes un niño en las manos, cuando ves a un niño sonreír, no se te ocurre pensar que hay pecado original.”

Prueba de ello es Jesús David, niño de 9 años rescatado por la Asociación. Su madre intentó abortarlo 4 veces,  su padre purga una condena en la cárcel y su abuela sufre de cáncer, por lo cual los cuidados del equipo del Padre Omar son esenciales para su supervivencia. A causa de los fallidos intentos de aborto, nació con parálisis cerebral infantil, que afecta su capacidad motora, pero no intelectual. Caso similar es el de Patrick, niño de 2 años que, a causa del alcoholismo de sus padres, nació con un trastorno del desarrollo motor. Juan Pablo Cárdenas, psicólogo y voluntario de la Asociación, explica que cuando Patrick llegó a la sede, “parecía una oruguita”, a causa de sus dificultades de movimiento. Gracias a los cuidados de los voluntarios, Patrick respondió positivamente a sus terapias y, ahora, como mostrando orgullosamente su progreso, se divierte trepado sobre su cuna, mirando por la ventana.

Patrick, guardián de la torre. Foto: Sol Pozzi-Escot

Pero queda mucho por hacer. De acuerdo a Juan Pablo Cárdenas, el marco legal en nuestro país respecto a esta materia es insuficiente, y los programas del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables no se dan abasto ante una realidad nacional que supera su capacidad de ejecución. En muchas ocasiones, medicamentos esenciales para el tratamiento de graves enfermedades, como el Valpram, usado en casos de epilepsia, escasean, y la cobertura del SIS no asegura el acceso a las terapias, ya que no cubre ciertos vacíos, como el transporte de los pacientes a sus centros de atención. Cárdenas explica que en nuestro país escasean los Centros de Acogida Residencial, establecimientos del Estado dedicados a niños, niñas y adolescentes en situación de abandono, razón por la cual la Asociación de las Bienaventuranzas encuentra gran demanda entre la población vulnerable. “Si el Estado se preocupara más en atender a esta población vulnerable, nosotros no existiríamos. El Padre Omar cumple con una responsabilidad que debería ser asumida por el Estado.”, remata. Determinación y temple, valores esenciales para la actualidad.

Construyendo esperanza

Pero la fe no siempre fue una certeza en la vida del Padre Omar. “Yo no soy filósofo, pero sí se podría hablar de vacío existencial en cierto periodo de mi vida. Tenía muchos proyectos interesantes, profesión, pareja, familia, futuro…Pero había una parte de mi vida, la parte espiritual, que no terminaba de cobrar sentido. Pensaba en mi futuro, en lo que haría de mi vida, pero siempre volvía una pregunta que me quitaba la paz: “¿Y después qué?”. Esa pregunta me taladraba el alma.” Y, como todo joven de veintitantos años en búsqueda del sentido, el padre Omar se lanzó en búsqueda de sí mismo. Cuenta que en una época fue asiduo de las discotecas de moda, pero el barullo de la diversión no era suficiente para calmar su alma ávida de respuestas. Un día, a las 2 de la mañana, después de retirarse de una fiesta insípida, el joven Omar Sánchez encontró una iglesia abierta, donde se llevaba a cabo una vigilia. “Entré a la Iglesia, y un sacerdote se me acercó y comenzamos a conversar. Yo no lo busqué, él me llamó a mí. Me comenzó a acompañar espiritualmente durante unos meses, hasta que, porque ya no podía seguir acompañándome, me presentó a otro cura. Fui donde este sacerdote, le toqué la puerta, me presenté, y él me miró, me señaló, y me dijo: “Tú serás cura””, cuenta el padre. Desconcertado, se apartó, pero el silencio y el desasosiego seguían ahí: “Dentro de tres meses volví donde el sacerdote, me puse de rodillas, y le pedí ayuda, porque ya no podía más. Me invitó a un retiro de experiencia vocacional, dedicado a la oración y al trabajo manual, y desde ahí no he vuelto a escuchar la pregunta.”

La fe como apuesta por el futuro. Fuente: Asociación de las Bienaventuranzas.

Y ni la pandemia del COVID ha sabido hacer flaquear esa convicción. Todo lo contrario, la refuerza: “Lo que hace Dios es usar esta pandemia para hacer un llamado a la reflexión. Qué fácil es, ahora, morir. Hemos vivido en una cultura de autosuficiencia, del super-yo, y ahora la naturaleza nos enseña que un bichito microscópico puede con nosotros.”, afirma el padre. La empatía, el trabajo en equipo, la humildad, son las grandes lecciones que nos deja la pandemia. Y eso va más allá de la religión. “Conozco gente buena, con una vida digna, de lucha y esfuerzo, y no son creyentes, de nada, ni de nadie.”, explica el padre Omar Sánchez. Para él, la regla de oro es el amor, “ese amor manifestado de mil maneras reales”. Lo vemos en sus ojos, pero también en los de Jesús David, de Patrick, y de todos los residentes y voluntarios de la Asociación. Ahí está la fe, no hay misterio.

Para donaciones, anotar los siguientes números de cuenta.

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COVID-19 | EL (íntimo) RECUENTO DE LOS DAÑOS

A 84 días de cuarentena por la pandemia del Covid-19, el escritor Gabriel Rimachi Sialer reflexiona sobre las pérdidas que hasta hoy ha tenido en su familia. Un reflejo de lo que viene sucediendo en todo el Perú.

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Escribe Gabriel Rimachi Sialer

El jueves llamaron a mi mujer para informarle que la situación de Alfredo era más que delicada. Que necesitaban internarlo con urgencia en cualquier hospital que tuviera al menos una cama UCI disponible, el coronavirus le había afectado el corazón y no había vuelta atrás. El día se convirtió entonces en seguimientos de llamadas a la asistenta social de su trabajo, a preguntar entre los amigos, a buscar contactos, revisar la agenda del teléfono, hacer memoria entre los nombres de amigos médicos de acuerdo a sus especialidades, trabajar en casa en nuestras propias cosas, escuchar al presidente al mediodía decir que estábamos mejor que antes. Todo eso sin salir de casa. Alfredo murió la madrugada del viernes sin haber conseguido cama. Tenía 51 años cumplidos,una esposa, dos hijos adolescentes y mucha gente que lo quería en su trabajo y en su barrio. Como miles de peruanos que también han muerto en todo el Perú. Como miles de familias rotas ya para siempre dentro de la estadística del MINSA. El sábado por la mañana un familiar de Alfredo consiguió el contacto de una iglesia en Lince que realiza misas de difuntos online, avisó a los amigos y con mi mujer escuchamos misa (y el nombre de al menos 10 personas más que habían muerto de lo mismo y contratado el mismo servicio religioso). A los pocos minutos transmitieron por el celular el traslado del ataúd al cementerio. Se escuchaba el llanto de los familiares, las voces de los amigos que se habían apostado en la vereda central y separados uno del otro por dos metros de distancia. Toda una escena completamente nueva para mí. Sin embargo la tristeza ya la conocía. Mi esposa empezó a llorar y apagué el teléfono.

El 12 de abril me llamó mi madre. Mi primo Richard se había sentido mal a fines de marzo y había ido al hospital para que lo revisen. Era ingeniero electrónico. Ese mismo día lo internaron. Estuvo casi dos semanas entubado y sedado hasta que no pudo más. Cuando yo era niño, Richard y su entonces enamorada me llevaban al cine cuando visitábamos la casa de mi tía, comíamos obleas con manjar en Camino Real. Él se había asimilado al ejército y alguna vez nos visitó en la mina a mediados de los 80. Era una muy buena persona, de verdad. Su muerte, la primera por covid en mi familia, nos golpeó mucho. Nos aterrizó a la tristeza. Nos acercó a la realidad que mirábamos solo por televisión. A Richard lo cremaron, su familia lo vio entrar al hospital pero jamás salir. Recibió sus cenizas en un cofre. Esto es algo que, como imagen, como emoción, no termino de aceptar o asimilar. Es una idea que me carcome la cabeza todos los días, y estoy seguro que como yo hay miles más intentando procesar lo mismo. Mi mamá tenía la voz quebrada al otro lado del teléfono. Pensábamos en mi tía, en que ya es mayor y cómo estaría. En la imposibilidad de poder ir y darle un abrazo que al menos la consolara brevemente en su dolor. Yo lo recuerdo ahora con mucho cariño. Hubiera sido menos triste al menos ir a su velorio y despedirnos con un rezo. Pero solo pudimos llamar por teléfono.

“Hubiera sido menos triste al menos ir a su velorio y despedirnos con un rezo. Pero solo pudimos llamar por teléfono”.

Hace tres semanas asaltaron a mi primo Isaac y le robaron sus documentos y su teléfono. Lo encontró la policía, muy golpeado, en una calle de ATE. Su gordura le jugó en contra para poder defenderse. Lo llevaron al hospital de ATE para curarlo, y ahí se contagió de covid. Lo sedaron y lo entubaron. Su familia no sabía nada de él, al estar sin documentos su condición de enfermo desconocido empeoró la situación. Lo buscaron por días en comisarías y hospitales hasta que un amigo taxista lo reconoció en una de las camillas del hospital y avisó a la familia. Mi primo Dante fue a encargarse de todo pero no se podía ingresar para poder verlo, no se podía saber más que lo que a partir de ese día le informarían a mi primo una vez al día y por teléfono. Su mamá, mi tía Aída, se enteró del estado de su hijo el jueves pasado por la tarde. En la noche de ese día, impactada por la noticia del covid, murió de un infarto. La noticia nos devastó. Sin poder salir de casa, pegados al teléfono para estar al tanto de lo que ocurría, llamando a mi mamá para ver que estuviera “bien”, revisando en el whatsapp la cadena de oración para intentar, con fe, que al menos Isaac superara el trance en el que se encontraba por el azar y el descuido de la gordura, y que mi primo Dante, el mayor, tuviera la fortaleza para enfrentar semejante situación. Isaac murió el sábado por la tarde. Tenía 32 años.

Isaac, Aída, Richard, Alfredo. Hasta hace unas semanas los muertos eran solo números. Incluso ahora, tímidamente, algunos amigos empiezan a reconocer que tienen familiares contagiados o muertos ya. Como si contagiarse del virus fuera una peste. Como si esa peste los apestara a todos por defecto. El mapa de Lima se empieza a llenar de círculos rojos cada vez más grandes. “No pongas el nombre de tu muerto”, qué van a pensar, escuché hace unos días. Y por eso mismo escribo esto ahora y pongo sus nombres, porque me duelen los recuerdos, porque los extraño sin haberlos visitado tanto en vida, porque me subleva la muerte absurda, porque no acepto la situación que estamos pasando, porque necesitamos ponerle nombre a las cosas para poder entenderlas. Porque sé que esto es apenas el inicio de algo que tiene todavía para rato. Porque desde hace algunas semanas estamos viendo en el time line del facebook despedidas cada vez más numerosas. Porque salir a comprar el pan es jugarte una ruleta rusa que espera el menor descuido en tu nueva rutina para pegarte la muerte por la boca, la nariz o los ojos. Porque nuestro rompecabezas filial empieza a perder piezas importantes en nuestra historia personal, familiar. Porque nuestro corazón está también hecho de piezas que empiezan a faltar. Y esos vacíos no se volverán a ocupar, nunca más.

Y así, como nosotros, hay miles de familias en todo el Perú pasando por lo mismo.

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Morir dos veces

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Escribe: Edwin Cavello Limas

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos pasado por momentos difíciles, situaciones duras que vinieron acompañadas incluso por las críticas y rechazo de nuestra propia familia. Todos en algún momento de nuestras vidas hemos querido morir o desaparecer porque no aguantábamos más que el mundo nos golpeara tan fuerte. Pero acá estamos, aguantando los golpes, la indiferencia, la crítica, la traición, el odio y el abandono. La vida nos golpea de diferente manera, pero seguimos aferrándonos a la vida. Pero qué hacer cuando lo que más te golpea es tu propia mente, tus pensamientos y tus demonios internos. Álvaro Daniel Rosales Rodríguez gritó una y otra vez “Quisiera ayudar al mundo… Pero ¿quién me ayuda a mí?”. Jamás encontró respuesta.

Traté de imaginar ese momento tan duro que vivió Álvaro antes de tomar la decisión de suicidarse en las vías del tren. Llegar a la Estación Angamos, sacar su tarjeta, mirar a su alrededor, controlar sus nervios y subir en silencio con la cabeza agachada por la escalera eléctrica. Nadie pudo notar sus intenciones, nadie se dio cuenta de lo que iba suceder. La noticia corrió por todas las redacciones, redes sociales, y grupos de WhatsApp. Su suicidio provocó tristeza, preocupación y mucha indiferencia.  Álvaro Daniel Rosales murió el jueves por la mañana, pero hasta el día de hoy lo siguen matando.

La indolencia y la burla de la gente nos ha permitido ver el verdadero rostro de nuestra sociedad. Muchos de los indolentes son jóvenes, muchos de ellos serán padres y madres, muchos de ellos viven cerca de nosotros, y eso es lo que más asusta. Nos estamos convirtiendo en una sociedad salvaje donde lo único que importa es el individualismo, el materialismo y el dinero que acumulas en los bancos. Hay gente que no llora, hay gente que no sueña, hay gente que solo existe y no vive. Hay gente que no tiene emociones ni conoce el amor, y eso también duele.

Antes pensaba que solo los cobardes se suicidaban, pero estuve siempre equivocado. El valor y coraje de un suicida es enorme. El suicida lo planifica todo, oculta sus intenciones y ni siquiera te mira a los ojos, y si lo hace, es para despedirse. Conozco esa mirada, conozco ese silencio y también conozco ese dolor.  Álvaro Daniel Rosales Rodríguez tomó una dura decisión, como lo hacen otros suicidadas que eligen la privacidad. El suicida no busca la atención del público, lo que busca es la forma más segura de morir.

Respetemos la decisión de Álvaro, respetemos el llanto de su madre, respetemos el luto de su familia, respetemos a los muertos, porque al final la muerte es el único camino seguro al que todos llegaremos.

Descansa en paz Álvaro, tu grito desesperado al final ha sido escuchado: “Las personas no necesitan casi comida, no necesitan casi agua, lo único que más necesitan es amor… para que, si mueren, mueran felices, sin eso, aunque coman o beban igual se morirán sin sentirse llenos”.

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[Opinión] ¿Publicidad para escolares o pedófilos?

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Escribe: Jorge Fernández

1
El uso de niños en la publicidad es lo más estándar en las campañas escolares, el uso de maquillaje es necesario, oculta “imperfecciones” o resalta detalles del rostro, etc; no es malo cuidar todos los detalles, es parte del proceso publicitario.


La publicidad siempre va cambiando, año a año las tendencias lo demuestran. No hay duda que la publicidad es diferente en las sociedades, el lenguaje verbal se adapta, el uso de fotografías y modelos varía, y al igual que toda manifestación artística es el reflejo del entorno en que se desarrolla; de ahí que las marcas internacionales adapten sus mensajes, o incluso el nombre de sus propias marcas, para entrar con seguridad a mercados nuevos.

2
En esta gráfica, una niña que no debe pasar de los nueve años, usa una falda que es la que usaría una adolescente yendo a una fiesta (a menos que en Chile así vistan a las niñas para ir al colegio), su postura es muy sugerente, al igual que su maquillaje y el tratamiento de su cabello; y colocar un chupetín en su mano, lejos de añadir un elemento inocente e infantil, hace lo contrario.

De hecho, esta foto es muy similar a esas que ponen en cuentas de pedófilos o comunidades de pedófilos, o de gente que tráfica con fotos de niños y las venden como “packs”.

De escolar, esta pieza gráfica solo tiene el texto, y dudo que sea la única gráfica que muestre este bodrio, seguro los hay en redes sociales, en afiches, volantes, en la web, etc.

3
¿De quién es la responsabilidad? ¿Del gerente o dueño de la empresa? Que sabemos que suelen meter mano al trabajo creativo arruinando las propuestas.

¿Será responsabilidad del director de marketing de la empresa? Que a veces esos puestos de decisión los obtiene el sobrino del jefe que estudió administración y que no tienen ni puta idea del quehacer publicitario.
¿Será responsabilidad del creativo, fotógrafo o diseñador de campaña? Podría ser, pero lo dudo sinceramente, y lo digo desde mi perspectiva y experiencia trabajando con clientes directos ya diez años.

¿Será responsabilidad de alguna agencia o estudio publicitario? Podría ser, y aunque no fuera, asesorar al cliente con las mejores acciones a ejecutar es parte del trabajo publicitario.

¿O será quizá responsabilidad de los padres, que a cambio de unos billetes, aceptaron que la empresa haga de su niña un objeto sexualizado a vista y paciencia de todos, porque no es necesario que la niña esté en bikini o desnuda para que la imagen tenga carga sexual, el lenguaje corporal es lo único que se necesita.

4
El trabajo creativo, si bien es cierto, puede ser atrevido, también debe ser ético y moral, y más aún tratándose de una publicidad con niños. Las malas decisiones al desarrollar acciones publicitarias pueden arruinar toda la buena reputación de una marca ganada a lo largo de años de arduo trabajo.

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La Herradura: el mar muerto

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Un texto de ELOY JÁUREGUI

Ayer visité La Herradura. Un desastre. Para las memorias del verano limeño, La Herradura fue la playa que alguna vez embanderó el orgullo de la clase media capitalina y que hoy dramáticamente desapareció.

“El Chispas acercó el auto a la vereda y ellos pudieron ver, desde el asiento, los hombros y caras de las parejas que bailaban en ‘El Nacional’; oían los timbales, las maracas, la trompeta y al animador anunciando a la mejor orquesta tropical de Lima. Al callar la música, oían el mar a sus espaldas, y si se volvían, divisaban por sobre la barandilla del malecón la espuma blanca, la reventazón de las olas. Había varios automóviles estacionados frente a los restaurantes y bares de ‘La Herradura’. La noche estaba fresca, con estrellas”.

Así describe Mario Vargas Llosa una noche en La Herradura, en su novela Conversación en La Catedral. Y, como arrancando la nostalgia de ese episodio del verano limeño, diré que la playa desde los años 50 fue el vórtice de la convulsionada vida de la clase media limeña, aquella que necesitaba un espacio exclusivo que no sea ni tan popular, como Agua Dulce, ni tan fachoso, como Ancón. Al sur, recién se construía Santa María y Naplo y la hoy Asia era apenas un pantanal donde existían algunas granjas de pollos y chanchos.

OLVIDO CORROSIVO

En El Suizo pido un cóctel de fresa este mediodía y uno que otro bañista esquiva las olas entre las piedras. En La Herradura se inicia el eje de la Costa Verde limeña. Es una playa al medio del Morro Solar y apenas alcanza un poco más de 400 metros. Al llegar por una vía amplia, bordeando el océano, uno se encuentra con El Salto del Fraile –antes tenía un restaurante de relativo prestigio– y luego aparece la playa Caplina y más allá nuestra playa. Hoy existen más de una decena de restaurantes y todavía están en funciones el mítico ‘El Suizo’, el ‘Antonio’, el ‘Bahía’. Cierto, uno extraña los ocho parlantes que cubrían todo el circuito por donde uno escuchaba los viejos éxitos de Neil Sedaka y Paul Anka, además de ese gorjeo puntual y la voz que cada quince minutos transmitía la hora. Hoy, ni eso.

El sarro del olvido, no obstante, recorre los muros derruidos de lo que fue el edificio de departamentos Las Gaviotas. El malecón umbroso apenas cuenta que, en aquel tiempo, una hilera de carpas antecedía a los cien metros de arena limpia antes de llegar al mar. El breve balneario tenía una ventaja: sus restaurantes, que se alzaban pasando la pista con una variedad gastronómica de calidad, que iba desde las parrillas hasta los pescados y mariscos en todas sus expresiones. Pero, suerte de algunos que tenían auto y que llegaban al mediodía a tomarse unos jaiboles, mirando el mar, y regresaban al trabajo.

MEMORIA SOLAR

Para el limeño, solo el verano tiene memoria; el resto del año, los días pasan grises, como esos tranvías de los que hablaba el poeta Paco Bendezú. Hoy ya no está más el club Samoa ni el restaurante El Cortijo. La Herradura es su atmósfera, ese lagar de la reminiscencia. Aquí pasé mis mejores veranos y aquí jugaron mis hijos cuando niños. La playa está en el recuerdo de los cuerpos briosos de las limeñas en bikinis. Atesoro una foto, es Cuchita Salazar con amigas sobre la arena refulgente. Han pasado los años y la piel del deseo continúa.

Existe “la cosa limeña”, que tiene que ver con nuestra ciudad, su tradición, sus lenguajes y sus espacios públicos. La Herradura conserva esa esencia de una ciudad contrahecha entre los riscos de lo acaecido y la impronta de lo imprevisto. A pesar de que Lima vive de espaldas al mar, tiene sus playas memoriosas. Nuestro verano es brevísimo, por ello se le disfruta con mayor fruición y regodeo. He tomado un retrato y hoy, que comparo con las viejas fotografías de los 60, solo queda la melancolía propia de los amores perdidos.

MITO Y DESDÉN

A inicios del siglo XX, la llegada del tranvía y la construcción del túnel de La Herradura hicieron que esta playa fuera accesible. Incluso, en 1907, la empresa propietaria del Tranvía Eléctrico planificó construir casas de playa de dos pisos en la falda del cerro situado frente al mar. La vista y la ubicación eran insuperables. Pero en 1912, la compañía quebró, las casas nunca se construyeron y a La Herradura solo se podía llegar en automóvil, un vehículo que solo tenía un puñado de limeños. Pero esto no impidió que la playa se convirtiera en un lugar deseado por los limeños de entonces, y cada verano crecía la fama del lugar: “Era la primera playa de moda de la gente acomodada de Lima”, contaba el arquitecto Juan Günther.

La juventud en la otra ribera, hubiese dicho Julio Ramón Ribeyro, ha dejado su marca en el espacio más afectuoso de uno. La playa La Herradura es aquel desafío a los olvidos. Aquí está la memoria de Bryce y Toño Cisneros, de Alonso Cueto y Fernando Ampuero. Escritores que conviven entre los fastos de las leyendas. La de Rodolfo Castillo, de El Suizo, la del mítico librero Jorge Vega ‘Veguita’. Insisto en la memoria, la de haber estado aquí, con la playa enhiesta e invencible, y esa, La Herradura que se perdió vencida por el desdén.

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