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Vizcarra sería investigado por los delitos graves de cohecho y colusión desleal [VIDEO]

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El círculo del presidente Vizcarra se está cerrando. El abogado penalista Carlos Caro, señaló en Panorama que “muchas veces la declaración de los colaboradores trata de ser disminuida bajo el argumento de “aspirante”, sin embargo, la ley no habla de aspirante todos son colaboradores eficaces y otra cosa es si obtiene o no el beneficio cuestión que depende de un juez”.

El abogado penalista también explicó que la versión de un colaborador debe comprobarse con datos adicionales, por ejemplo, la denuncia hecha pública la semana pasada está respaldada con facturas, cheques, y hasta el propio presidente afirmó haberse reunido con miembros de Obrainsa.

Carlos Caro detalló que ahora se trata de tres colaboradores vinculados a Ingenieros Civiles y Contratistas Generales S.A. (ICCGSA) la situación se repite y se aplica el mismo modus operandi, donde el presidente Vizcarra podría enfrentarse a investigaciones y sanciones por los delitos de cohecho y colusión desleal.

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Martín Vizcarra pretende obtener inmunidad parlamentaria postulando al Congreso

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El exjefe de Estado manifestó a la opinión pública que sus intereses para llegar al Congreso de la República obedecen a fines altruistas.

En una hilarante entrevista que brindó ayer en un programa dominical, el expresidente Martín Vizcarra afirmó que estaría evaluando postular al Congreso de la República en los comicios de abril próximo, y que la decisión la tomará esta semana.

Aunque aún no se confirma, es posible que Vizcarra postule por el partido Somos Perú, si tomamos en cuenta que este domingo 29 de noviembre más de 150 mil Somistas elegirán a sus candidatos a la presidencia, vicepresidencias, congreso y parlamento andino a través del voto directo de sus afiliados. Es decir, la fecha encaja para el probable candidato moqueguano.

Recordemos, que la Fiscal de la Nación ante la presión social abrió investigación preliminar a Martín Vizcarra por la presunta comisión de delitos de tráfico de influencias agravado, y obstrucción a la justicia en agravio del Estado por el caso Richard Swing. Sin embargo, dicha investigación se contradecía así misma; pues, la propia Zoraida Ávalos en un afán de blindar al exmandatario emitió un comunicado donde indicaba que la reserva dispuesta para dar inicio a la investigación sería a partir del 28 de julio de 2021. No obstante, luego del 11 de noviembre, luego de haberse consumado la vacancia presidencial contra Martín Vizcarra, todo dio un giro inesperado y la propia Fiscalía remitió un oficio (Carpeta Nº 126-2020) para disponer las investigaciones preliminares por las extrañas contrataciones de Richard Cisneros en el ministerio de Cultura; en ese sentido, la fiscalía ya contaba con testigos protegidos y aspirantes a la colaboración eficaz que revelaron que la orden para contratar al cantante vino desde Palacio de Gobierno.

Si bien, el fiscal supranacional Elmer Chirre inició investigación al expresidente por el caso Moquegua (Lomas de Ilo y hospital de Moquegua) por los delitos de colusión, peculado doloso, negociación incompatible, omisión de actos funcionales, corrupción de funcionarios y cohecho, el fiscal Supremo Pablo Sánchez decidió que el Equipo Especial Lava Jato continúe la investigación a Martín Vizcarra. En ese sentido, Germán Suárez Atoche ha sido ratificado como el fiscal encargado de esta investigación, y no Elmer Chirre de la Fiscalía Anticorrupción.

En aquella entrevista, que más parecía un publirreportaje Martín Vizcarra se dio el lujo de afirmar que si llegara al Congreso pretende reformar algunos capítulos de la Constitución, en alusión al capítulo sobre la vacancia presidencial por permanente incapacidad moral; asimismo, dijo que eliminará la inmunidad parlamentaria. Prácticamente fue un mensaje entre líneas, y es casi seguro que en los próximos días veamos a un presidente destituido anunciar oficialmente su próxima candidatura congresal.

La estrategia es más que evidente. Martín Vizcarra como ya está vislumbrando que sus investigaciones luego de un tiempo pasarán a ser preparatorias, entonces, habría posibilidad de que luego la Fiscalía pida otras medidas restrictivas excepcionales como la prisión preventiva. En ese sentido, él despachando dentro del Congreso como parlamentario y por más que impulse un proyecto para retirar la inmunidad, de todas formas, ya estaría protegido con dicha inmunidad durante un quinquenio (2021-2026) y además no estaría sujeto a mandato imperativo alguno, según señala el artículo 93º de la Carta Magna.

Los simpatizantes de Martin Vizcarra tienen como respuesta que el moqueguano no está impedido de ser candidato presidencial, sea ésta a través de cualquier agrupación política.  Y en efecto; si leemos el Artículo 91 de la Constitución que señala los impedimentos para no ser elegido congresista, podemos observar que ninguno de los cuatro incisos de impedimentos alcanza a Martín Vizcarra. Asimismo, Vizcarra tampoco está impedido de postular al Congreso, de acuerdo a la modificación del Artículo 34º de la Constitución que señala que no pueden postular a cargos de elección popular las personas que cuenten con sentencia condenatoria en primera instancia por delitos dolosos. Por si fuera poco, tampoco lo impediría el Artículo 113 de la Ley Orgánica de Elecciones que señala: que no pueden postularse para congresistas los sentenciados en primera instancia.

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“La generación equivocada”, por Luis Fernando Cueto

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Los maltratamos, los humillamos, les dijimos que eran los peores estudiantes del mundo, que ni siquiera podían aprobar una prueba Pisa, que eran irresponsables, unos antisociales que no acataban el confinamiento impuesto por el gobierno, y ahora, ellos, nuestros hijos, nos están demostrando que siempre fueron mejores que nosotros, que son el país al final del túnel.

   La mayoría ha nacido en este nuevo milenio, algunos ni siquiera han votado en unas elecciones; están libres, por tanto, del pánico de la guerra con Sendero Luminoso y del oprobio de la dictadura de Alberto Fujimori, que se aprovechó de ese pánico para hacerse del Poder y saquear el país y destruir sus instituciones. No son como nosotros, los mayores, que vimos pasar el país como un tren en llamas, descarrilado, hacia el fondo de un túnel sin salida, y, pasmados, inmovilizados de espanto, no atinamos a hacer nada para cambiarlo de rumbo.

   No son como nosotros. Pero nos aman. Entienden que nosotros, los mayores, también somos parte de la patria, y nos aman. Pero no quieren repetir nuestra historia. No quieren vivir en un país fallido, en un remedo de democracia donde los corruptos se reciclan, rotan, y vuelven al poder. Se hartaron de nuestra historia; no soportan a esos políticos ignorantes y delincuentes a quienes nosotros nos resignamos a elegir. Tampoco creen en esos señorones rancios, lesbianos, miembros de órdenes secretas, dinosaurios de partidos en extinción, que viven con la mente anclada en la colonia y las manos en el presente, libres, bien ágiles para llenarse los bolsillos de dinero. Ni, mucho menos, en los aventureros, en esos mesiánicos descerebrados que prometen la salvación de la patria y solo traen la destrucción.

   Se cansaron del pasado. Son jóvenes; ya viven en el Perú del mañana. Por eso quieren construir un país a su medida, uno donde puedan forjar sus sueños, encaminarse sin miedo hacia el futuro. Y son valientes. Por eso salen a las calles y protestan, luchan, asumen el rol que les corresponde. Son conscientes que nadie, aparte de ellos, les va a dar el país que quieren, que nadie más les va a procurar los derechos que ellos reclaman. Son diferentes a nosotros. Por eso lo proclaman en sus pancartas: “Se metieron con la generación equivocada”.

   Pero ellos siempre tuvieron razón. Los equivocados fueron los políticos pillos de los últimos gobiernos, y los de los últimos congrezoos, que nunca los entendieron, que se confiaron, que pensaron que los pulpines nunca iban a madurar. Y los periodistas mermeleros, que los ningunearon, que nunca les dieron espacio en sus programas. Y los analistas trasnochados, mononeuronales, que los terruquearon, que creyeron que si no estaban con Merino apoyaban a Vizcarra, que si no eran derecha eran de izquierda, o al revés. Y los intelectuales, que nunca aparecen cuando las papas queman, que se esconden a escribir sobre un país que ya no existe, a soñar con sacar un librito y correr a tomarse fotos con el Nobel peruano, ser taurinos como él, marqueses como él, y tener un cuarto de hora de gloria eterna. Todos estábamos equivocados en este Perú al borde del despeñadero; todos, menos ellos.

   Y vienen con todo, son una fuerza incontenible. Después de 200 años de nuestra cuasi independencia, ellos quieren ser libres de verdad. Y están dispuestos a morir por eso. Y esa demostración de coraje, de pundonor, de amor a la patria, ha estallado en la cara de la clase política, y ahora esos señorones, esos corruptos, esos locos mesiánicos, no saben qué hacer, corren, se esconden en sus madrigueras, espantados al darse cuenta, recién, que esas marchas de protesta representan su ruina, el certificado de defunción que el futuro del país les ha extendido.

   Y vienen por más. No se van a detener con tumbarse al gobierno y al congreso. Van a seguir en sus trece; luego pelearán por una nueva Constitución, por una educación de calidad, por un país más inclusivo, con oportunidades para todos, en una democracia verdadera. Ahora son nuestra única esperanza, la luz al final del túnel. Y ellos lo saben. Y no se asustan. Ya están ofrendando sus vidas por refundar el país, por darnos una nueva patria. Su amor no tiene límites. Su enorme, su generoso corazón, ya nos entregó dos héroes nacionales. Y van por más. Ellos no se van a resignar; no son como nosotros, sus mayores. En medio de las noticias aciagas, de las horas negras, una brisa nueva recorre el Perú, y una voz bronca, ancestral, nos dice que estos nuevos peruanos nunca dejarán de luchar por sus sueños.

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El país no los merece

Merino debe renunciar. Inmediatamente. La muerte de dos jóvenes y la protesta de la ciudadanía hacen insostenible su presencia en el cargo.

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La protesta ciudadana en contra de Merino y el gabinete tornan insostenible la permanencia de Merino en el régimen. No puede obviar la realidad. Manuel Merino  ha entrado a la presidencia al amparo de un mecanismo constitucional retorcido. La ciudadanía no ha refrendado en ningún aspecto este avasallamiento del poder. Merino debió oír el reclamo ciudadano, pero no lo hizo y nombró un gabinete, que de ancha base solamente tuvo el nombre.

No es posible voltear la espalda a los ciudadanos. El gabinete formado por Merino (representantes del viejo modo de hacer político en el país) fue, a todas luces, una imposición. Antero Flóres – Aráoz, el premier, no tuvo ni tiene el respaldo popular para ejercer el cargo. El resto de miembros del gabinete, allegados suyos, nunca ha tenido el respaldo de la ciudadanía.

La práctica represiva en contra de los ciudadanos, la renuencia de Merino y Antero por salir del poder, siguen revelando la carencia de legitimidad de este gobierno. No se puede soslayar la protesta ciudadana. Merino no puede ni  debe utilizar formalidades legales para permanecer en el régimen. Este gobierno es insostenible. Se ha actuado de espaldas a la nación. Se quiere hacer ver a la ciudadanía movilizada gracias a líderes con intereses particulares, lo cual es insostenible.  Los intentos de distorsionar el sentido de la marcha apelando a motivos laborales y a carencia de oportunidades son falacias.

La ciudadanía que hoy marcha no comulga con sus políticos. La represión policial no puede silenciar las voces que democráticamente hacen sentir su indignación contra este régimen. A este grupo de congresistas los eligió el pueblo peruano y eligió, otra vez, mal. Estos congresistas fueron elegidos por nosotros. La marcha y la protesta son necesarias y justas, pero no podemos soslayar el modo precario que tenemos, los peruanos, para ejercer nuestro derecho cívico. No podemos seguir votando por congresistas con antecedentes judiciales, no podemos seguir votando por congresistas que defienden intereses privados. La marcha es un paso en el ejercicio de una verdadera democracia, pero se necesitan ideas, mecanismos participativos que sean cercanos a los ciudadanos, un voto informado. Se debe decir claramente que las marchas representan únicamente un paso, un nivel, en la búsqueda de una representación democrática eficiente. Las ideas, los proyectos y el conocimiento de las instituciones son el mecanismo para una participación democrática plural y eficiente.

Se eligió mal, como se viene eligiendo mal desde hace mucho tiempo. Sin embargo, los cambios que han generado las protestas demuestran el acervo moral de los ciudadanos peruanos. Se eligió mal, el voto no fue informado, pero la ciudadanía mantiene intacta su solidez moral y sus deseos de un cambio. Corresponde acercar los deseos de la ciudadanía hacia una vía que permita la expresión cabal y articulada de sus requerimientos. La ciudadanía tiene el capital moral intacto. Merino y el gabinete deben renunciar. No se puede obviar el reclamo ciudadano, no se puede soslayar la indignación democrática de estos días. Es el ciudadano peruano el que se manifiesta, es el deseo moral de cambio, el que hace sentir su voz de protesta. La ciudadanía es la base del estado de derecho. La nación somos nosotros. El político cumple un mandato popular, no puede acallar la protesta ciudadana, no puede desoír la voz de los peruanos.

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La ciudadanía indignada

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Estás indignado. Molesto. Te han robado la democracia. Gritas, sudas y cantas. Te sientes un demócrata. Detestas a los conformistas, a los que no se implican en política. Te consideras vocero de la patria. Hoy sientes que eres el Perú. Recuerda que  elegiste a esos congresistas. Ellos son producto de la indignación que sentiste hace unos meses por el anterior congreso. Este congreso es, en estricto rigor, tu mejor elección. La democracia y la política se construyen cada día. Es un trabajo arduo. Si crees que tener participación cívica es desentenderte de la política la mayor parte del tiempo y luego indignarte, entonces no has entendido lo que es la democracia.

Hoy repites una consigna: “Quien no participa en política está condenado a que otros gobiernen por el”. ¿Qué crees, que participar en política es indignarte cada cinco o seis meses? Qué fácil y sencillo fuera este sistema si funcionara así. Pero no funciona de ese modo. Participar en política es implicarte cada día, conocer el funcionamiento de tus instituciones, saber cuáles son las reglas de la democracia. Y conociendo cómo funcionan, sabiendo cuáles son las reglas de la democracia, indígnate y marcha, si no se cumplen.

Dices que los grandes cambios se han logrado con marchas, que no hay que ser tibios, que se debe reaccionar. Te han contado la mitad del cuento. Los grandes cambios no se han logrado únicamente con marchas. Detrás de los grandes cambios existe el conocimiento de los mecanismos. ¿Qué crees, que votas gracias a las marchas solamente? ¿Qué crees, que trabajas 8 horas gracias a las marchas y sólo por las marchas? Detrás de todos esos cambios están los debates, los proyectos de ley, el estudio, la intelligentsia. Los cambios no se logran simplemente por marchar. El cambio se logra con el trabajo diario, con la implicancia día a día y luego viene la marcha, una vez que conoces tus instituciones, la indignación y la lucha.  

¿Te sientes revolucionario por indignarte cada cierto tiempo? ¿Te sientes demócrata por enfadarte cuando un político se voltea? Eso es democracia a medias. ¿Crees que enfadarte y gritar es ser un demócrata? Y no me pongas de ejemplo que la Revolución Francesa se hizo con violencia. ¿Sabes qué había detrás de la Revolución Francesa? La ilustración. ¿Sabes quiénes estaban detrás de la Revolución Francesa? Diderot, Voltaire, Rousseau… los grandes pensadores. ¿O acaso creías que la revolución francesa fue solamente un producto de la bravata del Tercer Estado? ¿O piensas que los sans-culottes fueron los únicos artífices de ese proceso?

¿Qué pasó hace unos meses? ¿No estabas indignado? ¿No votaste por nuevos congresistas? Ellos son tus congresistas. Tú los elegiste. ¿Son unos rufianes? Son tus rufianes. Tú los metiste a tu casa. Tú los metiste a tu sala. ¿Qué creías, que no se iban a meter a tu cama? ¿Quienes votaron por ellos? ¿Los suizos, los chilenos? Votamos nosotros. Los peruanos. ¿No dices ser tú la patria, no dices ser tú, el Perú? Tú votaste por ellos. Son tu hechura. ¿Y ahora te indignas y crees que participar en política es indignarte a último momento?

Eres como el niño que se molesta cuando no lo consideran para la selección del colegio, pero no hace nada por mejorar y no entrena. Eres como el amante que no renueva su amor y, a último momento se torna cariñoso y detallista. El Perú sobrevive de milagro. El Perú vive al filo. ¿Cada cinco años no votas por el mal menor? ¿Cada cinco años no vuelven las marchas? Tú te acuerdas del Perú cuando está en estado de coma. Y entonces, recién, te implicas ¿Y luego? Te desentiendes. Hasta que otra vez, otra elección, el Perú de nuevo agonizante. Y entonces crees que eso es democracia: la indignación de última hora.

¿Qué crees, que votar por el mal menor es un triunfo? Las marchas son un paliativo, no resuelven el problema estructural. ¿Qué es una marcha sin el conocimiento de los procesos y las instituciones? ¿No sabes? El mal menor. Por eso siempre votas por el menos malo. Cada elección vives al filo y marchas. Y crees que el triunfo del mal menor es un verdadero triunfo. Y siempre el menos malo se vuelve completamente malo. Pero este Congreso no fue tu mal menor, recuerda. Este Congreso fue tu mejor elección. Y hoy marchas, otra vez, por un mal menor. Y vas a creer otra vez que eso es un triunfo. Tú juegas en segunda. Juegas por ser el primero de los últimos. Eso no es triunfo. Las marchas y la indignación son justas, pero debes conocer cómo funcionan tus instituciones.

El político te ama, le conviene que te indignes. Hoy los ves batuteando, dirigiendo, acopiando votantes. Y no está mal. Vivimos en política, necesitamos políticos. Pero ¿Cómo eliges a un político si no conoces su hoja de vida, si no sabes qué propone? No está mal que tengas líderes, pero ¿Cómo eliges a un líder si no te interesa conocerlo? Mientras permaneces ignorante el político se aprovecha de ti, usa tu furia, tu rabia y te lleva por su camino. La culpa no es del político, tú tienes que implicarte en política. Necesitas la política, pero debes conocerla. Si no conoces la política ya sabes la secuencia: eliges mal, el político te engaña, te indignas. Es una secuencia que puedes repetirla hasta el infinito. Esa es la historia de nuestro país.

¿Recién hoy te enteras que Merino no tiene título? ¿Recién hoy te enteras que el presidente del Congreso tiene un rosario de denuncias? Tú los elegiste. ¿No estabas feliz con el FREPAP? ¿No hacías memes? ¿No te sentías orgulloso de haberlos llevado al Congreso? ¿No bromeabas sobre Acuña? ¿No reías de Antauro? Tú elegiste ese Congreso. Tú votaste por ellos. Fueron la mejor elección que pudiste hacer. Ese es tu voto informado.

Tú eres el que cree que votar cada cinco años es ser un demócrata cabal. Tú eres el que prefiere ver Esto es Guerra. Tú eres el que ríe y vibra con Asu Mare. Tú eres el gilero de Tinder que prefiere no conversar de política, porque es aburrido. Tú eres el que diserta sobre Game of Thrones pero no sabes cómo funcionan los mecanismos constitucionales. Tú eres el que no lee porque no tiene tiempo. Tú eres el que no conoce su historia.

Eres el intelectual anclado en las esferas del poder, que critica lo que le conviene. Hoy te indignas porque otros copan el gobierno, pero nada dices cuando te enquistas en el Estado y ejerces prácticas cerradas. Eres el artista que mira en una sola dirección. Eres el académico que vive divorciado del pueblo y con el teléfono de unos cuantos políticos a la mano, para ver si te consideran en algún proyecto. Eres el profesor que da su clase y no acepta preguntas. Y hoy te indignas y crees que eso es democracia. ¿Y el trabajo diario? ¿Y la implicancia cotidiana? Tú llevaste a este Congreso al poder; por votación o por omisión.

Has elevado a la categoría de héroe a un joven que le dio un puñete al anciano representante de las viejas prácticas políticas en el Perú. Y lo celebras. Es tu héroe. Vibras con él. Lo amas. La violencia es necesaria, dices. Es la respuesta violenta frente a la violencia contra la democracia, dices. Es la expresión de un pueblo cansado, la indignación popular. Eres el politólogo que ha viralizado esa escena, eres el periodista que orgulloso comenta ese acto heroico. Eres el opinólogo que ha conseguido un nuevo dios. Eres el artista que ha hecho polos y pines con su cara. Te pregunto ¿Qué hay detrás de ese puño? ¿Qué hay detrás de esa indignación? ¿Dónde están los intelectuales?

Tu héroe ya pidió perdón. Ya estrechó la mano del viejo político. La joven violencia ya se dio la mano con la vieja política. ¿Sabes el motivo? Detrás de esa violencia no hay contenido. Ah, pero fue tan hermoso, dices. Pero fue tan necesario, aunque sea por un instante, comentas. Buena respuesta. Eso es lo que buscas. La breve indignación. La indignación de última hora, la indignación apresurada. Porque no estás dispuesto a implicarte cotidianamente, sólo quieres un rapto de indignación.

Hoy se marcha, se lucha y se grita, está bien, es lo que se debe hacer. Es necesario y es justo. Pero no te sientas un demócrata cabal. Solamente te has indignado a último momento. Como te vienes indignando hace mucho tiempo. Como te indignas cuando otra vez —oh, sorpresa— debes votar por el mal menor. Luego de la marcha te vas a olvidar de la política, de ese modo vienes actuando desde hace tiempo.

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Ántero Flores-Aráoz, el otorongo que no podía irse

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Ántero Flores-Aráoz representa un modo de hacer política en nuestro país: es el viejo político criollo y conservador, conocedor de las instituciones republicanas. Abogado de larga data: experto en los tejes y manejes de la política y el derecho, acostumbrado a moverse en los círculos más selectos del Perú. Un hombre que no desentona en un debate sobre derecho constitucional. Un hombre que conoce los caminos sinuosos de la Historia del Perú. Un hombre que va a misa, reza por los pobres, cree en los sacramentos y hace caridad. Un cabal representante de los “políticos de antaño”, esos políticos que —frente a la ramplonería y al arribismo político de nuestros días— algunos nostálgicos recuerdan con fervor. Antero Flores-Aráoz es también quien etiquetó como llamas y vicuñas a un grupo de peruanos. Y es que, para los viejos políticos criollos, existía una íntima convicción: los peruanos no somos iguales. No cualquiera puede tener las riendas del poder. Menos aún si ese cualquiera es un serrano.

Para el político de antaño —entre serranos y criollos— quien debía dirigir las riendas del país era el criollo culto y preparado: aquel que heredó el Perú como una chacra y que, por lo tanto, conoce sus más íntimos designios.

Los políticos criollos de antaño heredaron el Perú como quien hereda una empresa familiar. Cuando se hereda una empresa familiar es natural que el heredero se interese sobre su constitución, pérdidas, ganancias y necesidades. Si no lo hace ¿Cómo podrías gestionar? Los políticos de antaño heredaron una chacra: el Perú. Y naturalmente tenían que conocer la historia de su chacra: son expertos en historia y en política republicana. No podían saber menos. Y a la vez poseían una convicción: ningún arribista debe regir los designios del país. Era, de algún modo, su país. Lo conocían bien y ellos eran los indicados para regir sus designios políticos.

Antero Flores-Aráoz fue diputado en 1990 por el FREDEMO de Vargas Llosa, luego fue congresista tras el autogolpe de 1992. Reelegido en este cargo hasta el 2006. Durante el gobierno de Alejandro Toledo fue presidente del Congreso. En enero y diciembre del 2007 fue representante permanente del Perú ante la OEA. En el segundo gobierno de Alan García fue elegido ministro de Defensa (2007) y ejerció ese cargo cuando se produjo el Baguazo (2009). En el 2016 postuló a la presidencia de la República, quedando entre los últimos diez candidatos en carrera.

Como se ve, Antero Flores-Aráoz, hizo su ingreso a las lides políticas durante el gobierno de Fujimori. Un período marcado por la ascensión mayoritaria de los sectores cholos a las diversas esferas del poder en el Perú. El populismo fujimorista hizo de ese aserto su divisa: en las elecciones de 1990 se polarizó el electorado. De un lado se enfrentaban los blanquitos y los banqueros capitalistas, que eran capitaneados por Vargas Llosa. Y en el otro bando estaban los chinitos y los cholitos marginados que querían cambiar la política. Eran los outsiders. Los cholos que luchaban por el pueblo, contra los viejos políticos blancos y criollos.

El pueblo elector era mayoritariamente cholo: recién desde la constitución de 1979 todos los peruanos fueron considerados ciudadanos y pudieron votar por igual. Fujimori apeló a ese sector. El pueblo le entregó su voto y Fujimori entró con todo … a las riendas del poder. Ya conocemos esa historia.

Antero Flores – Aráoz, en 1990, representaba a los sectores blancos y criollos: iba con el FREDEMO de Vargas Llosa. Luego de la derrota de 1990 el FREDEMO se disolvió. Tras el autogolpe de 1992, Vargas Llosa condenó la convocatoria —al calor del autogolpe— para elegir un congreso espurio.  Algunos políticos que formaron parte del FREDEMO postularon al nuevo Congreso Constituyente Democrático (que daría la Constitución de 1993) entre ellos Antero Flores – Aráoz, siendo elegido congresista.

Así como los primeros Homo Sapiens convivieron con los Homo Neandertales; así como en la Grecia Antigua el mito convivió con el logos; así también en la política peruana los viejos políticos criollos convivieron con los nuevos sectores cholos que llegaron al poder: los outsiders. Los cambios, como se sabe, no son siempre radicales. Y los viejos políticos criollos para no perder su cuota de poder tuvieron que aceptar, a regañadientes, la ascensión de los nuevos sectores cholos al poder: Tudela, Trazegnies, Flórez Aráoz, son una muestra de ello.

Antero Flores-Aráoz —a diferencia de Tudela y Trazegnies—  no fue fujimorista, pero hizo su ingreso a la política durante el período de ascensión de los sectores cholos al poder. Criollos y cholos unidos —en algunos casos— enfrentados, en otros, llevaron las riendas de la política. En el fujimorismo convivió el conservadurismo religioso de antaño con el populismo cholo y el autoritarismo. Ya conocemos esa historia: los cholos y los outsiders desfalcaron el país igual que los viejos políticos criollos de antaño.

El tiempo ha transcurrido: los viejos políticos de antaño ya no llevan las riendas, de modo visible, en el Perú. De vez en cuando alguno candidatea y logra una curul, de vez en cuando alguno es elegido ministro. El viejo político de antaño: culto, leído, preparado, católico y a la vez discriminador, racista y desfalcador de las arcas del Estado, no es el político común de nuestros tiempos. Eso no implica que no merodeen por las sombras del poder.

El político contemporáneo es mayoritariamente cholo, de extracción popular, provinciano, hecho a sí mismo: el denominado emprendedor.  Quizás, por eso mismo, menos racista que el antiguo político criollo, quizás menos discriminador. Pero con las mismas taras, modales, corruptelas y pendejadas de los viejos políticos. Es lo que vivimos contemporáneamente. Es la historia de estos días.

Hoy, este político cholo vuelve a hacer un pacto con el viejo político criollo de antaño. Desde hace mucho tiempo los viejos políticos criollos entendieron que, en los meandros del poder, era mejor pactar. Que la ascensión de los cholos al poder era inevitable. Desde entonces cholos y criollos desfalcan al país por igual. El poder conoce cada vez menos de razas. Los intereses particulares y las componendas los federan. Y tienen muchos intereses en común: el conservadurismo plutocrático criollo – religioso de antaño tiene un símil con los sectores emergentes de la economía: los nuevos ricos de raigambre conservadora de estilo cholo contemporáneo.

Cuando el elector se desentiende de los mecanismos de la política sucede lo de estos días. Este congreso, hoy en palacio, es el congreso que se eligió hace unos meses. La consigna fue: esta vez se debe elegir bien. Esta es la mejor elección que pudo hacer el elector peruano. Si no se conoce para qué sirven las instituciones, si no se sabe qué es democracia ¿Se puede elegir bien? Si se cree que un demócrata es el que come un chicharrón o el que te regala polos, entonces este es un Congreso a la medida.

El elector peruano vive en un sueño y cree que democracia es votar, simplemente votar. La democracia requiere el estudio, la investigación y la práctica de los mecanismos institucionales. De lo contrario se seguirá votando por los candidatos que ríen, chupan para la tribuna y se dejan agarrar los huevos, para que el pueblo vibre. Por eso, cuando el peruano despierta, siempre se da cuenta que el otorongo todavía está ahí. Y bien metido … hasta el fondo.

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El alpinchismo en democracia

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El alpinchismo en democracia no entiende los fundamentos de las instituciones, sin embargo cuestiona lo que no conoce. No promueve el estudio de la moral y no sabe lo que es la incapacidad moral, sin embargo, desde su ignorancia, ejerce opinión.

El alpinchismo democrático promueve la sospecha de todo y de todos; ve la sociedad entre los malos y los buenos. Blanco o negro. Cuando un alpinchista democrático lee algo se deja guiar por el título, no por el contenido. Porque el alpinchista democrático es así: se pasa la democracia y el conocimiento de las instituciones por las bolas. Para el alpinchista democrático la sociedad es el coliseo romano. Y si no comulgas con sus ideas estás en su contra.

El alpinchismo democrático siempre ha existido en nuestro país. Sin embargo, en los últimos años, las redes sociales han propiciado su empoderamiento. Las redes le han dado poder: la opinión de un alpinchista vale lo mismo que la opinión de un experto. La opinión de un alpinchista, es refrendada por otros alpinchistas como él. Y si se juntan varios alpinchistas, eligen a un presidente. Eso es la democracia contemporánea.

La cuestión es clara: ¿Puede opinar de democracia, alguien que no conoce los fundamentos de la democracia? ¿Puede hablar de golpe de estado alguien que no puede definir cabalmente lo que es un golpe de estado? ¿Alguien que no sabe cuántos golpes de estado han existido en nuestro país? ¿Puede opinar sobre incapacidad moral, alguien que no sabe lo que es la moral? ¿Alguien que al escuchar los nombres de Hobbes, Locke, Kant, cree que se está hablando de una marca de chocolates? Y la respuesta es clara: sí, ese tipo de individuo opina, desde la ignorancia. Y no solamente opina sino que también elige: los congresistas, que hoy desprecia, son los que hace unos meses eligió. Este tipo de individuo alpinchista se siente empoderado alzando la voz y criticando: cree que esas prerrogativas son expresión cabal de la democracia. No se le ocurre considerar que, para opinar sobre algo, primero se debe investigar, que antes de tomar una postura se debe recurrir a la recolección de datos, a la documentación, al análisis. Esa plancha de aventureros presidenciales y este congreso de corsarios son su elección. Los eligió la ciudadanía, el pueblo.

El político ama al alpinchista democrático: el político sí sabe cómo funciona la democracia. Y le conviene la ignorancia de sus electores para manipularlos a su antojo. Los catequiza, los impulsa a opinar de una u otra manera: el elector ignorante, como una veleta, se deja llevar.

El alpinchista democrático  vota por quien le ofrece prebendas, por quien le sonríe, por quien se come el chicharrón.  El alpinchista democrático vota por el político pendejo y huevero. Y cuando este político llega al poder, comienza sus movidas: su mecida, su hueveo. Cuando el alpinchista se da cuenta que el político – una vez más – lo ha mecido, se indigna. Y cree que gritar e indignarse es ejercer cabalmente la democracia. Gritar y enojarse es válido, y es necesario ante el avasallamiento de las instituciones por los políticos enquistados en las esferas del poder; pero el requisito previo es el conocimiento de las instituciones. Si no conozco lo que son las instituciones ¿Cómo me puedo indignar? Es válida la indignación, con conocimiento de causa. Si no se conoce el motivo de la indignación o es una indignación de oídas, entonces eso no es democracia. 

No es democracia que políticos aviesos usen las instituciones a su antojo, para sus movidas, y tampoco es democracia que los electores voten sin conocer lo que es la institucionalidad democrática. La democracia se ejerce desde el conocimiento de las instituciones y luego de ese requisito previo, recién se puede ejercer la indignación: si es que el político usa las instituciones a su antojo. No funciona al revés. Si el elector no se informa o no desea saber y comprender qué es la democracia, entonces este elector es un alpinchista democrático. Alguien a quien le vale un carajo lo que es la democracia, sin embargo vota y se indigna. Y elige a sus representantes.

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Otros golpes de la política: ¿por qué celebran la violencia?

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¿Qué pasará por la mente de quienes celebran la brutal y cobarde agresión que sufrió el congresista acciopopulista Ricardo Burga? ¿Qué mérito hay en dejarle ensangrentada la nariz y abrirle el pómulo a una persona mayor? Las cosas deben estar muy mal en nuestro país, para que un agresor llamado Carlos Ezeta sea considerado “héroe nacional” por una incomprensible masa de personas “civilizadas”.

Lamentablemente en los últimos años se ha normalizado la violencia política. No importa si una persona es despojada de su honor e integridad para ser expuesta al escarnio, aquí la violencia cuenta como voto, se monetiza, y es políticamente rentable. Una fórmula que ha sido muy bien utilizada por este gobierno para neutralizar a sus enemigos y que paradójicamente hoy termina destruyéndolos. Sin embargo, esta forma de gobierno ha logrado enganchar a la mayoría de peruanos y será el prospecto “presidenciable” en las próximas elecciones de 2021.

Es decir, el gobierno de Martín Vizcarra, ha logrado idealizar en la mente de los peruanos, un candidato agresivo, enérgico, autosuficiente, que lucha incansablemente contra la corrupción, contra el establishment, contra los grandes empresarios, contra los partidos políticos, contra sus críticos, contra los actores e instituciones que buscan derribarlo. Un candidato que no requiere dispensas, que actúa libremente, que puede agudizar los problemas y justificar sus arrebatos e incapacidad culpando siempre a la “corrupción”. Un candidato de lucha, presto para el ring, dispuesto a entregar la cabeza de sus enemigos para satisfacer la sed de venganza del pueblo, a merced de los verdaderos intereses y compromisos que el país necesita. Este parece ser el mayor legado de su gestión.

A pesar de todo, hoy el Perú amanece con nuevo presidente, Manuel Merino De Lama, el cual parece ponerle fin a crispación política entre Ejecutivo y Legislativo. El tiempo dirá si la medicina fue peor que la enfermedad.

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Opinión

¿Jogo bonito o Robo bonito? arbitraje de Julio Bascuñán genera polémica

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Lejos de las carencias de la selección peruana y de la falta de reacción de Ricardo Gareca en el segundo tiempo; el arbitro Julio Bascuñán, fue el centro de la polémica. Faltas que no cobró a favor de Perú, un penal regalado a Brasil y un VAR que estuvo en otro partido son solo algunos de los cuestionamientos luego de la derrota de Perú.

El arbitro cobró un penal a favor de Brasil, a pesar de las repetidas imágenes que el propio VAR pudo evidenciar. La falta contra Neymar nunca existió. Lo que existió fue un Neymar que teatralizó sus caídas, una actuación que terminó convirtiendo el “Jogo bonito” en “Robo bonito”.

El árbitro Bascuñán no cobró faltas a favor del seleccionado nacional, porque no las quiso ver, varias de esas faltas fueron contra André Carrillo y Farfán. Algunos dirán que son errores que comenten los árbitros, pero los errores se cometen una vez, más de eso ya se produce lo que se conoce como intencionalidad. Es decir, Bascuñán tenía la consigna de solo pitar a favor de Brasil.

En el segundo tiempo, el árbitro chileno se negó en revisar el VAR en dos oportunidades. Pero cuando la falta fue a favor de Brasil, Bascuñán no dudó y corrió a poner sus ojos en la pantalla para argumentar la expulsión de Carlos Zambrano. ¿Sigue pesando la camiseta de Brasil? esta noche queda claro que sí. Poner la cancha a favor del equipo de Tite, es también mantener el negocio del fútbol, es decir, los millones de euros que cuesta el seleccionado brasileño tiene que pesar, pero tiene que pesar con triunfos. Un triunfo de Perú hubiera significado un duro golpe al inflado mercado del fútbol.

Bascuñán dirigió en dos oportunidades a Perú. Una fue contra Uruguay en marzo de 2017 por las eliminatorias de Rusia 2018, con triunfo de Perú por 2-0. La segunda oportunidad fue en el año 2015 contra Paraguay, en ese partido también ganó la selección peruana, pero esta noche Bascuñán simpatizó por la samba y nos tocó la derrota.

Lejos de la polémica del árbitro chileno, hay que señalar que a Ricardo Gareca lo tienen que despertar en los segundos tiempos. Tanto contra Paraguay y ahora contra Brasil, “El Tigre” se queda dormido. No realiza los cambios a tiempo y prácticamente deja en piloto automático el segundo tiempo. Recordemos que su trabajo, por el cual no cobra barato, es crear estrategia antes, durante y después del partido. Desde esta noche los hinchas peruanos le tenemos que repetir a Gareca sus propias palabras: ¡pensá, pensá!

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