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Un virus recorre el mundo: 58 millones de contagios, más de 2 millones de muertos

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Desde su brote, a finales de diciembre de 2019, en la lejana ciudad china de Wuhan, el avance del COVID-19 prosigue. Prácticamente todos los países del planeta han sido afectados. La Tierra continúa bajo su asedio, y en estos instantes –primeros meses del 2021–  ya hay más de cincuenta y ocho millones de contagiados y cerca de tres millones de decesos. No es la primera vez que los efectos provocados por la aparición de un virus se han diseminado a una escala global. Hace poco más de cien años ocurrió con la llamada «gripe española». Sin embargo, y aun siendo aquella mucho más letal que el virus que ahora nos asola, lo que cuenta es que esta es «nuestra» situación, se trata de  «nuestra» vida puesta en los aledaños del riesgo y la extinción, es la posibilidad real de que «nosotros» nos contagiemos y por un caprichoso azar (que nos sitúe entre la población de riesgo o entre aquellos que sencillamente no resisten) sucumbamos.  

La sabiduría popular siempre es inapelablemente certera: «Ojos que no ven, corazón que no siente». Hoy nuestros ojos ven lo que ya otras generaciones de gentes vieron y ante lo cual experimentaron, de seguro, el mismo estremecimiento. Hoy nos tocó a nosotros. Y aquello que no habríamos podido (y seguramente no nos habría interesado) sentir si solo hubiésemos escuchado hablar de aquel virus y de los estragos que causó en aquel remoto pasado a personas de las que no tenemos rastro alguno, lo estamos sintiendo ahora, cara a cara, lanzados a lidiar ante un nuevo embate de la naturaleza que una vez más revela nuestra ridícula fragilidad: algo que sabemos, pero casi nunca estamos dispuestos a reconocer. Decía el filósofo norteamericano Stanley Cavell: «Nada es más humano que el deseo de negar la propia humanidad».  

Quizá lo tremendo de esta situación, si la comparamos con escenarios semejantes en otros momentos de la historia, es que la estamos viviendo como personajes de un tétrico espectáculo en formato digital: nos enteramos del avance de este inopinado enemigo minuto a minuto a través de las pantallas de nuestros gestores multimedia. Las noticias fúnebres de latitudes distantes, muy distantes, y los datos acerca del incremento de las cifras alrededor del mundo están ahí siempre; las imágenes con los rostros compungidos de médicos y autoridades políticas recorren el ciberespacio a cada instante; las actualizaciones   –un entresijo de información veraz y fake news–   circulan vertiginosamente en redes sociales. Toda esa masa de información por la que somos asediados nos empuja hacia ese centro que está en cualquier parte, en que se anudan el miedo, la incertidumbre y la tóxica sobreabundancia de datos con sus inevitables dosis de desinformación. Virtualmente, en cualquier lugar del planeta se puede estar al tanto de lo que está pasando: hay una hiperestesia informativa que incrementa la angustia e incuba la delirante sensación de que el desastre final es inminente. Es esta la experiencia de una paradoja macabra: estamos inmersos en una realidad virtual pero no simulada.

Paseándome por las páginas iniciales del nuevo libro de Jaron Lanier, cabeza visible de la revolución digital de los ochenta, me encuentro con unas ideas acerca de la realidad virtual. Ellas, sin referirse a este atroz panorama, poseen un tono de inquietante coincidencia: «Nunca un medio ha sido tan capaz de belleza ni propenso a caer en lo repugnante. La realidad virtual nos pondrá a prueba. Amplificará nuestro carácter más de lo que cualquier otro medio lo ha hecho jamás». La pandemia ha obligado a buena parte del mundo a recluirse en el entorno virtual; el ecosistema de recursos digitales se ha transformado en el principal medio de interacción con el «exterior», para muchos. Frente a la pantalla, quizá uno se sienta inclinado a pensar en la sofisticación de la comunicación digital, tanto como a considerar por analogía la perfección de la estructura de un virus. Y su eficaz capacidad de destruir a otros organismos. La información fluye a través de la autopista de datos. También hay información replicándose en el ácido nucleico de un microorganismo viral. He ahí los prodigios de la naturaleza  y la magia de la alta tecnología, ambas dimensiones bañadas de luces y sombras. Pensar en ello nos puede llevar a ver un punto de encuentro, punto nefasto, ciertamente, para nuestros intereses, pero punto de encuentro al fin. Belleza y repugnancia anudadas. En la vida, la maravilla coexiste con el horror (lo acabo de leer; Savater dice esto refiriéndose a la visión que de este mundo tenía Cioran). Esta realidad, atravesada de tecnología digital y minúsculas porciones de material genético amenazante, nos está poniendo a prueba, sin duda.

Realidad y ficción

En ocasiones, cuando el mundo en que vivimos desafía nuestros marcos de orientación y nos enfrenta a eventos que parecieran haber sido proyectados desde un ámbito de contornos irreales o fantásticos    –recordemos Chernobyl, el 11-S y Fukushima; el Holocausto, Hiroshima y Ruanda; en fin, tantos otros desastres naturales o sociales que han impactado la conciencia colectiva–   sentimos que el límite entre lo real y lo inconcebible no existe. Repetir aquel tópico acerca de que la realidad supera la ficción en estos momentos resulta escalofriantemente cierto. Una vez más comprobamos que los Cisnes Negros surgen allí donde menos lo pensamos. Un suceso que jamás imaginamos (es decir, que no concebíamos que podría sucedernos-a-nosotros) he aquí que arremete: «La lógica del Cisne Negro  –nos dice Nassim Taleb, autor de un sugestivo libro sobre el tema–   hace que lo que no sabemos sea más importante que lo que sabemos. (…) [M]uchos Cisnes Negros pueden estar causados y exacerbados por el hecho de ser inesperados.».

Recordémoslo: un Cisne Negro, según Taleb, es un evento que se encuentra fuera del círculo que trazamos alrededor de aquello que consideramos razonablemente posible. No se trata solo de eventos que no podamos imaginar: es, sobre todo, el territorio de aquello que por altamente improbable, consideramos que nunca ocurrirá. Craso error. Son esos eventos, más bien, los  que en buena cuenta marcan la senda que siguen nuestras (impredecibles) vidas o la ruta (incierta) por la que la historia se encamina. Son las hondas fallas geológicas sobre las cuales, en nervioso equilibrio, está emplazada nuestra existencia. Dice Taleb: «La idea del Cisne negro se basa en la estructura de lo aleatorio en la realidad empírica. (…) [N]uestro mundo está dominado por lo extremo, lo desconocido y lo muy improbable (improbable según nuestros conocimientos actuales), y aun así empleamos el tiempo en dedicarnos a hablar de menudencias, centrándonos en lo conocido y en lo repetido. Esto implica la necesidad de usar el suceso extremo como punto de partida, y no tratarlo como una excepción que haya que ocultar bajo la alfombra. (…) [E]l futuro será progresivamente menos predecible, mientras parece que tanto la naturaleza humana como la «ciencia» social conspiran para ocultarnos tal idea».

Son Cisnes Negros los que aparecen en dos historias de ficción; una, situada a finales del siglo XIX; la otra, en el XX. Veamos esta, en primer lugar.

En esta inquietante coyuntura, se escucha con cierta insistencia mencionar La peste, célebre novela de Albert Camus, el filósofo existencialista francés. Se llama la atención sobre la repentina actualidad de la historia: su siniestro paralelismo  con la actual pandemia es notorio. La novela de Camus presenta una situación extrema. En medio del dolor y el miedo cerval ante la inminente posibilidad de la muerte, un cronista, el doctor Bernard Rieux (personaje de su propio recuento), reflexiona en torno a la condición humana sobre el trasfondo de una vida acosada por el sinsentido del sufrimiento surgido repentina e inexplicablemente. Pues eso es lo que él advierte con escalofriante agudeza. Ante la embestida de la naturaleza, la pregunta por el porqué de aquel inaudito flagelo recibe, al final de la narración, como irónico corolario, la respuesta formulada por un anciano asmático que tendría que haber sido uno de los primeros en sucumbir y que sin saber cómo ni por qué sobrevive: «¿Qué quiere decir la peste? Es la vida y nada más».

Más de 2 millones de muertos por COVID-19 en el mundo - Chicago Tribune

En efecto, la aparición de la peste es la enseña tétrica, para expresarlo en clave existencialista, del absurdo que rige en esta comarca del cosmos que nos tocó habitar. Así como la furia de los elementos desencadena con exasperante neutralidad destrucción, dolor y muerte, la peste  –o, a la postre, cualquier suceso de orden natural o antropogénico que sacude el ritmo de lo cotidiano con la inesperada violencia del desastre– surge sin previo aviso, no discrimina entre clases, preferencias o colores, y con la pasmosa indiferencia con que la  naturaleza cobra sus deudas, extiende su abrazo letal sin que haya allí algún rescoldo de maldad (suponer lo contrario sería producto de una vana ensoñación antropocéntrica): la peste, tal como la presenta Camus, es la simbólica manifestación del carácter nivelador y ciego del absurdo. Convertirse en objeto de la agresión biológica no es cuestión de injusticia, como no es justicia lograr escapar azarosamente de ella; no es un castigo el que determina su llegada, ni una señal que indique una recompensa celestial el hecho fortuito de que se logre escapar a su azote. Como apareció, sin anuncio ni explicación, repentinamente, y cediendo extrañamente a procedimientos médicos ante los cuales antes avanzaba incontenible, el microorganismo invasor disipa su potencia letal hasta adormilarse por quién sabe cuánto tiempo. He allí otra manifestación del sinsentido en que el hombre se debate. Al observar el festejo reinante en la ciudad, al sospechar ya las gentes que la plaga ha cedido, se lee en la crónica del doctor Rieux: «La verdad, era difícil saber si se trataba de una victoria [sobre la peste]. Únicamente estaba uno obligado a comprobar que la enfermedad parecía irse por donde había venido».   

La guerra de los mundos es otra historia en que microorganismos  letales han tenido singular protagonismo. Herbert George Wells, escritor inglés del siglo XIX, cultor de ese género defectuosamente traducido al español como «ciencia ficción», publicó la novela en 1898. Wells nos relata la invasión de la Tierra por parte de una civilización procedente de Marte, a inicios del siglo XX. La tensión aparece desde las primeras páginas. Observaciones astronómicas efectuadas por científicos notables registran cambios extraños en  la superficie de aquel planeta, pero sin sospechar que se deben a la venida de los marcianos hacia nuestro planeta, huyendo de la destrucción del suyo. A intervalos regulares, a lo largo de algunos días, impactan contra la superficie de Inglaterra extraños y descomunales cilindros. De un momento a otro, sus ocupantes premunidos de armas  desconocidas inician el ataque. A pesar de los esfuerzos heroicos de las fuerzas militares de enfrentar la agresión, la resistencia terrícola es sometida con relativa facilidad. Hay focos de resistencia que poco a poco ven mermada su voluntad de enfrentar a los conquistadores, y los ejércitos no tienen suficiente capacidad de respuesta para contrarrestar tamaña arremetida. En medio de este apocalipsis, grandes masas de personas huyen sin rumbo ni destino. El terror y el caos se enseñorean de las ciudades y villas inglesas atacadas por los invasores. La tecnología bélica empleada, de una potencia destructora desconocida hasta entonces, arrasa con todo a su paso: edificaciones, animales y hombres son destruidos casi al instante.

Hasta que ocurre lo menos esperado. Un musgo rojizo, rápida y repentinamente, se extiende por suelos, árboles, casas y avenidas. Las propias naves del enemigo extraterrestre son poco a poco cubiertas por esta peregrina vegetación, y de un momento a otro las razias que los intrusos ejecutaban sin contemplaciones, equipados con sus enormes y atemorizantes armaduras montadas en trípodes móviles, cesan. Domeñando el intenso miedo que los tiene atenazados y guarecidos en sus escondites, aquellos que lograron ponerse a buen recaudo van asomando la cabeza al exterior, poco a poco. Hasta que se enteran: los extraterrestres han perecido. Sus extraordinarios ingenios tecnológicos no sirvieron de nada frente a un enemigo imperceptible. No estaban preparados para lidiar contra un arma biológica cuya aparición no tuvieron el acierto de prever: sus organismos han sido minados por los microbios terrestres. En el terreno de la ficción, eran aliados del hombre. Ahora, en medio de esta agobiante realidad, son nuestros enemigos.

El narrador, hacia el final de la historia, reflexiona sobre la infernal destrucción y la radical conmoción que ha resquebrajado la confianza de la especie tras el contacto con seres venidos del exterior para exterminarla y apropiarse de la Tierra. Lo dicho en ese contexto adquiere un tono que, mutatis mutandis, calza perfectamente con el balance que bajo la sombra de la experiencia extrema que estamos viviendo ahora quizá podría formularse en parejos términos: «(…) esperemos o no nuevas invasiones, estos acontecimientos nos obligan a modificar grandemente nuestras miras sobre el porvenir de la humanidad. Hemos aprendido a no considerar en lo sucesivo nuestro planeta como segura e inviolable morada del hombre; nunca sabremos prever qué bienes o qué males invisibles pueden sobrevenirnos del espacio».  Imagina Wells la pavorosa destrucción provocada por un enemigo externo que ataca a la especie; nosotros vivimos en la hora presente un ataque  que proviene de un habitante de nuestro planeta.

Hombre y naturaleza

Como aquellos visitantes del espacio que en la novela de Wells son derrotados por los microorganismos terrestres, ahora nosotros estamos ante una amenaza que, invisible a los ojos, rompe las defensas del organismo sigilosamente. Y no solo eso. La devastación social y económica que una guerra podría ocasionar con estrépito y a un plazo que podría juzgarse medianamente extenso, el virus ha probado que también la podría generar en algunos pocos meses. El levantamiento de la cuarentena a nivel mundial, después de plazos variables, según los países, y la reactivación de buena parte de la maquinaria productiva, fueron medidas tomadas ante la presión de la debacle económica. Como ya había ocurrido antes  –recordemos, además de la gripe española, y yendo mucho atrás en el tiempo, la peste que arrasó con Atenas en la época de Pericles y aquella otra que se cebó en Europa en la Edad Media, solo por mencionar eventos que se sabe fueron especialmente pavorosos–, hoy, una vez más, la humanidad ha sido puesta en jaque por el poder de lo inmensamente pequeño.

¿Es la naturaleza que enfila sus armas contra sí misma, contra una parte de ella, esto es, contra el hombre? ¿O, simplemente, es la naturaleza actuando, sin finalidad valorativa, con la frialdad de una «sabia» inconsciencia?  ¿O, acaso, es el costo de haber el hombre querido dominar la naturaleza, «aquello» que desde el siglo XVII ve «objetivamente» e intenta doblegar y someter a sus designios recurriendo a procedimientos que desequilibran la armonía que quizá sin su presencia podría haber sido conservada por mucho más tiempo? Este último interrogante nos sitúa frente a algunas ideas que se encaminan en esa desalentadora dirección, según lo que podemos leer en el último Informe de Desarrollo Humano hecho público por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP, por sus siglas en inglés). Al principio de este se dice: «La pandemia del Covid-19 es la más reciente y terrible consecuencia de desbalances a gran escala.  Los científicos hace tiempo han advertido que patógenos desconocidos habrán de emerger más frecuentemente como producto de las interacciones entre humanos, ganado y vida salvaje, (…) interacciones que se han incrementado constantemente en escala e intensidad, ejerciendo, a la larga, presión sobre los ecosistemas locales tan violentamente que virus mortíferos se han diseminado.  El nuevo coronavirus podría ser el más reciente  en comportarse así, y a menos que atenuemos nuestro control sobre la naturaleza, no será el último».

La naturaleza  –aquello que vemos como extraño a nosotros, «animales culturales», seres que hacemos un mundo a nuestra medida, Marx dixit– es desconcertante. El hombre, presuntamente una de sus más altas expresiones (el embalaje antropocéntrico de esta asunción es evidente), ha logrado domesticar su entorno y ha impuesto su obra  –a eso, precisamente, se denomina «cultura»– trastocando los límites que sí operan sobre otras especies. Ha erigido ciudades enormes, pobladas de edificios inmensos, y echado a andar poderosas industrias, emporios financieros y una red de centros de comercio  abarrotados de productos diversos y sofisticados; ha levantado fábricas y complejos tecnológicos, y construido carreteras enormes por las que se desplazan millones de automóviles que se renuevan a cada momento, y también autopistas  –esta vez virtuales–  que trasladan datos a toda velocidad haciendo posible transmitir información en segundos y tender puentes de comunicación inmediata con zonas alejadísimas entre sí; ha inventado la cura para miles de enfermedades, entre ellas, aquellas también provocadas por virus que son controlados o neutralizados eficazmente, y bacterias que puede destruir e incluso erradicar. Y ya tiene en su poder buena parte de las herramientas que han de permitirle modificar la estructura genética del propio hombre. Y, sin embargo, aún es presa indemne de aquellos minúsculos habitantes que moran  al lado de nosotros, que sin plazos ni anuncios, replicándose y modificando eficazmente su estructura para burlar las defensas inmunológicas, tan silenciosa como letalmente, colonizan nuestros espacios y amenazan contantemente nuestras vidas.

El hombre ha hecho todo lo posible por desbordar los límites que a naturaleza le ha impuesto. La tecnología   –el producto más deslumbrante de la investigación científica– ha posibilitado el control del entorno en una medida impresionante. El hombre es la única criatura que ha creado cultura. Pero sigue siendo parte de la escala zoológica. Se dice que se encuentra situado en la cúspide de esa escala. Y si eso es cierto, lo es, justamente, porque ha demostrado que puede adaptarse artificialmente al medio que lo rodea. La paradoja es esta: vive, se adapta y sobrevive, yendo en dirección contraria a su condición natural. Así es, solo puede vivir (es decir, confortablemente y extendiendo su expectativa de vida más allá de lo que dictaría nuestra condición «natural»), si fabrica herramientas para defenderse y edifica para resguardarse de la intemperie; solo si inventa medicinas para combatir, entre otras amenazas,  a aquellos seres que también forman parte de la naturaleza, exactamente como nosotros: aquellos seres que a despecho de su microscópica extensión pueden acabar con aquel otro ser que actúa como dueño del planeta. Situaciones límite como  la que estamos viviendo hoy  –en que un habitante de este mundo, sin más equipamiento que su propia estructura genética, nos acosa «inmisericordemente»–  nos conducen a dudar (para parafrasear a Max Scheler) del puesto que ocupamos en el cosmos: ¿es el hombre realmente aquel ser que ocupa la cúspide de la escala zoológica? ¿No vendría bien un poco de humildad?

A estas alturas, la investigación científica ha dado ya sus frutos. Varios laboratorios han logrado desarrollar diversas versiones de la vacuna para contrarrestar los efectos de este mal. Los esfuerzos lentamente están dando algunos resultados y la esperanza despunta poco a poco en el horizonte sombrío que tenemos delante. Aunque el proceso de vacunación ya ha comenzado en varios países del mundo, la incertidumbre con respecto a las posibilidades de que las dosis se apliquen a todos (presente sobre todo en nuestros agobiados países tercermundistas) y el temor  –infundado quizá, pero de todos modos comprensible– a los efectos colaterales que el remedio pudiera provocar más adelante aún no se disipan.

La filosofía y el virus

La muerte, según veía el asunto Arthur Schopenhauer, ha sido el motivo inspirador de la reflexión filosófica. El temor reverente del hombre frente a esta extraña portadora de la nada –imposibilidad de todas las posibilidades, según Heidegger–   que en algún momento, tarde o temprano, lo terminará abatiendo, es una constante en todas las culturas. Y he aquí que nos encontramos situados ante un horizonte de espanto: esta amenaza, que en la vida diaria suele soslayarse como tema y ser puesta de lado  por los diversos mecanismos sociales y psicológicos que promueven un olvido de la finitud definitoria del hombre  –publicidad, consumo, confort–,  se cierne ahora sobre el mundo todo, sobre todos nosotros, con una cercanía asfixiante; su sombría proximidad nos agobia; casi se palpa algo así como su gélida textura: no solo en el impacto que supone la partida de aquellos (familiares, amigos o extraños) que fueron tomados por el invasor y no resistieron, sino cotidianamente a través de los noticiarios y periódicos en redes sociales, de las sirenas de las ambulancias, que ya forman parte habitual del rumor de la ciudad, de las medidas de seguridad impuestas, que parecieran ser expresión de una compulsión obsesiva, pero que son solo los gestos obligados, necesarios, imprescindibles, para resguardarse del contagio o de la posibilidad de contagiar a amigos, parientes o conciudadanos.  

En un contexto de este tipo la filosofía se pronuncia. Los pensadores toman la palabra y tratan de explicar los cambios que esta pandemia está generando y el impacto que se seguirá de ella una vez que su oscuro reinado termine; intentan dar respuesta a los interrogantes que la naturaleza ha planteado, una vez más, a la especie.

Algunos meses después de despertar dentro de esta pesadilla (expresión que podría parecer figurada, pero de cuya justeza nos persuade esta intempestiva irrupción de lo tremendo), y casi al mismo tiempo en que se decretaba entre nosotros el confinamiento obligatorio y el distanciamiento social, se puso en circulación a través de las redes un curioso libro de distribución libre, editado en formato digital por el comunicador y activista político argentino Pablo Amadeo, que reunía colaboraciones de diversos filósofos aparecidas en medios virtuales acerca de la pandemia. Su título no podía ser menos alusivo e irónico: Sopa de Wuhan. Aunque en conjunto no contiene estudios precisamente académicos, sino artículos publicados sobre la marcha a propósito de la propagación del virus y de la transformación de esta enfermedad en una pandemia, expresan, sin duda, el esfuerzo esclarecedor de sus autores, que evalúan con agudeza reflexiva y radicalidad crítica las aristas de este problema. Entre otros allí presentes,  dos de los intelectuales más reputados del actual panorama del pensamiento filosófico, formulan sus perspectivas. Frente a lo que podría verse como un utopismo de izquierda, planteado por Slavoj Žižek, se planta la distopía posmoderna de Byung-Chul Han.

Žižek piensa que el virus ha puesto en serios aprietos al sistema revelando sus debilidades: el majestuoso orden capitalista, acosado por este ataque viral, muestra sin afeites ya las fisuras de su estructura y las falencias de los procesos y formas de vida que promueve. El capitalismo global podría estar a un paso del colapso: la alusión de Žižek al golpe mortal que ejecuta con maestría Beatrix Kiddo, la Mamba Negra (personaje interpretado por Uma Thurman), en Kill Bill: Volumen 2(el filme de Quentin Tarantino), alude a un desenlace de ese tipo: «La epidemia del coronavirus es una especie de ataque de la “Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos” contra el sistema capitalista global, una señal de que no podemos seguir el camino hasta ahora, que un cambio radical es necesario». El filósofo esloveno se muestra convencido de que las posibilidades de fundar un nuevo orden están asomando en el horizonte. Y si bien su diagnóstico no deja de ser coherente, al llamar la atención sobre aquello que merced al embate del virus se ha hecho más evidente que nunca, esto es, los extravíos éticos y las perversas miserias que definen un orden como este, centrado en el poder económico y asentado en el egoísmo, no deja de ser sorprendente (por la extraña ingenuidad que conlleva) el optimismo que lo embarga al concebir la posibilidad de que la catástrofe que en este momento azota el mundo conduzca a pensar, «(…) en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de la solidaridad y cooperación global». He ahí la utopía que este pensador de perfil contracultural otea en el horizonte de la humanidad.

Byung-Chul Han no comparte esta asunción: «Žižek afirma que el virus asesta un golpe mortal al capitalismo, y evoca un oscuro comunismo. Se equivoca». El coreano opina exactamente lo contrario: el sistema saldrá fortalecido. Aun cuando Occidente y Oriente ven el mundo desde una óptica cultural substancialmente distinta, hacen suyo el credo del mercado.

Europa ha puesto un torpe énfasis en el control de las fronteras y sus recursos sanitarios no han sido adecuadamente gestionados. Su inoperancia a este nivel ha dejado paso a la rápida propagación del virus, a diferencia de la efectividad mostrada en esta lucha por las naciones orientales. El modelo asiático podría llevar a los países europeos, en orden a salvaguardar la permanencia del sistema, una vez ya superada la pandemia, a adoptar las estrategias que estos países, formados tradicionalmente en un contexto cultural con una acusada tendencia al autoritarismo, han impuesto, y en el caso particular de China, aplicando una política de hipercontrol dirigida por un «Estado policial digital».

En efecto, el método chino ha mostrado ser eficaz en el empleo de tecnología digital para el procesamiento intensivo de datos  –lo que llaman Big Data–: el mapeo segundo a segundo del movimiento de sus ciudadanos y el control sistemático a través de cámaras y rastreo digital las 24 horas del día de sus conductas de compra, interacción en redes sociales y desplazamientos en la ciudad  –en un escenario que trae ya a la esfera de lo real lo que nació como sombría ficción anticipadora en Un mundo feliz o 1984–  ha sido una estrategia que ha probado ser altamente efectiva en el combate emprendido contra el virus. El espíritu colectivista del ciudadano asiático y, por ello, su escasa o nula renuencia a dejar expuesto aquello que en Occidente se considera parte de la inviolable esfera privada, ha contribuido al éxito de este modelo cuya normalización en un futuro  Byung-Chul Han vaticina con inquietud. Un control basado en la biopolítica digital podría ser adoptado por los gobiernos del mundo para implementar una nueva modalidad de soberanía.

Pero ni aun bajo la sombra de esta presunción, el pensador coreano puede evitar que lo embargue una dulzona esperanza (algo que, bien miradas las cosas, lo aproxima a la ilusión que desliza Žižek en su balance). Un tono moralizante asoma, incluso. Su artículo termina con unas líneas de un candor desconcertante: «Somos NOSOTROS, PERSONAS [sic] dotadas de RAZÓN [sic], quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta».  

Pareciera que mostrarse optimista en las arenas públicas es tan políticamente correcto, que dos de los más perspicaces pensadores de la filosofía actual no pueden sustraerse a esa demanda cívica. Imposible recordar en este punto, por contraste, al desengañado y radical escéptico de Rasinari, Emil Cioran. Es difícil sustraerse a la tentación de recordar alguno de sus incómodos aforismos. Aquí uno de ellos, inoportuno y demoledor: «Salir indemne de la vida  –eso es algo que podría suceder pero que sin duda no sucede jamás».

Hay un pasaje  en las líneas finales de La peste  –para volver a la novela de Camus–  en que asoma un relumbre de esperanza al constatar el efecto transformador que un suceso funesto e intempestivo, inexplicable y devastador, puede obrar en la naturaleza moral de los hombres. Las plagas, dice el doctor Rieux, cronista de los hechos, nos dejan una lección, y es esta: «(…) que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio».

Es desolador sospechar que aquella constatación solo pueda hacerse en tiempos de desastre. Justo como ahora: con un virus poniéndonos contra la pared.

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José Antonio Tejada. Profesor universitario. Estudió filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es miembro del Centro de Estudios de Filosofía Analítica (CESFIA). Sus franjas de interés están constituidas por temas relacionados con la posmodernidad, la cultura digital, el pensamiento heterodoxo y la contracultura. Algunos artículos suyos han sido dados a conocer través de publicaciones de temática filosófica.

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Congreso aprobó nombramiento de César Enrique Aguilar como nuevo contralor general 

La Comisión Permanente aprobó por unanimidad el informe final que recomienda la candidatura de César Aguilar como nuevo Contralor General de la República, en reemplazo de Nelson Shack. Este abogado crearía en la CGR un grupo de trabajo similar a la Diviac.

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La Comisión Permanente del Parlamento aprobó la designación de César Enrique Aguilar Surichaqui como contralor general de la República, con 28 votos a favor, conforme establecen al artículo 82° de la Constitución y el artículo 93° del Reglamento del Congreso. El nombramiento avanzó según los procedimientos estipulados en la ley y ahora, se espera que se emita la resolución oficial para que Aguilar Surichaqui asuma el cargo.

Hoy miércoles 24 de julio, la Comisión Permanente sesionó y revisó el informe final de la subcomisión que avaló la candidatura del abogado César Enrique Aguilar Surichaqui para el puesto de contralor general de la República. La sesión semipresencial la convocó el presidente del Congreso, Alejandro Soto, e inició a las 10:00 a.m. en la sala Grau del Palacio Legislativo. El grupo de trabajo estuvo encabezado por el congresista Alejandro Cavero, y dio su aprobación mayoritaria a la propuesta del Poder Ejecutivo, con 7 votos a favor, 1 en contra y 1 abstención. La subcomisión determinó que Aguilar Surichaqui cumple con los requisitos necesarios para el cargo después de revisar las exigencias legales y la documentación correspondiente.

César Aguilar Surichaqui crearía un grupo de trabajo similar a la Diviac 

El abogado Aguilar Surichaqui tendría bajo la manga la intención de crear en la Contraloría General de la República un grupo de acción rápida; es decir, una especie de Diviac, tal como lo mencionó en la sesión de evaluación a la que fue sometido por la Subcomisión que preside Alejandro Cavero, al mencionar la creación de un grupo de control de acciones rápidas. Asimismo, ocupa actualmente el cargo de presidente de la Sala 1 del Tribunal Superior de Responsabilidades Administrativas de la Contraloría General; cargo que ha desempeñado en tres oportunidades y anteriormente fue abogado en la procuraduría del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, secretario de la Sala Civil Transitoria de la Corte Suprema de la República y magistrado en la Corte Superior de Justicia de Lima Norte.

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Subcomisión de Acusaciones Constitucionales evaluará denuncia constitucional contra Francisco Sagasti por pasar al retiro a 19 generales PNP

Hoy en el Congreso de manera presencial desde las 2.30 pm. se verá la denuncia contra el exencargado de Palacio de Gobierno, por presuntamente haber incurrido en abuso de autoridad y nombramiento ilegal para un cargo público, al haber designado a César Cervantes como jefe de la PNP.

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Este miércoles 24 de julio a partir de las 2.30 de la tarde, la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales (SAC) del Congreso de la República, liderada por Lady Camones evaluará las denuncias constitucionales 285, 287 y 369 interpuestas contra el exencargado de Palacio de Gobierno, Francisco Sagasti Hochhausler, y los exministros del Interior, Rubén Vargas Céspedes y José Elice Navarro.

La Subcomisión congresal convocó a dicha audiencia para evaluar las acusaciones acumuladas por los presuntos delitos de abuso de autoridad y de nombramiento ilegal para un cargo público, los que se encuentran tipificados en los artículos 376° y 381° del Código Penal. Para ello, se ha convocado a los denunciantes José Cueto Aservi, de ‘Honor y Democracia’, Juan Burgos Oliveros de ‘Podemos Perú’, junto con el abogado constitucionalista Aníbal Quiroga León, para que participen en la audiencia y esgriman sus fundamentos. Además, deberán presentar las pruebas correspondientes a sus respectivos casos.

Denuncia constitucional contra el exencargado de Palacio, Francisco Sagasti.

Francisco Sagasti fue denunciado por despedir a 19 generales PNP

Como se recuerda, tras las protestas de noviembre del 2020 organizadas por los grupos “morados” y otras facciones de izquierda que acabaron con el efímero régimen de Manuel Merino, Francisco Sagasti, en su calidad de encargado de Palacio de Gobierno ordenó el pase al retiro de tres tenientes generales y 16 generales de la Policía Nacional del Perú (PNP). Esta medida fue realizada para favorecer y nombrar irregularmente al general César Cervantes Cárdenas como nuevo comandante general de la Policía Nacional y al mismo tiempo fue refrendada por los mencionados extitulares del Ministerio del Interior (Mininter), Rubén Vargas y José Elice.

Exministro Rubén Vargas y Francisco Sagasti defenestraron irregularmente a 19 generales de la PNP.

Asimismo, la Subcomisión analizará el informe final de la denuncia constitucional contra el exministro de Salud, Víctor Zamora Mesía, por la presunta infracción al artículo 9° de la Constitución Política del Perú, por no haber facilitado durante la pandemia a todos los peruanos el acceso equitativo a los servicios de salud. A este exministro de izquierda del régimen de Martín Vizcarra, se le acusa por la presunta comisión del delito de omisión, rehusamiento o demora de actos funcionales, previsto en el artículo 377° del Código Penal.

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Inés Tello se irá a su casa: Tribunal Constitucional rechazó su reposición en la JNJ y le da la razón al Congreso

El máximo intérprete de la Constitución declaró improcedente el recurso de reposición de la veterana magistrada que ya tiene 79 años de edad, y por tanto, ya no cumple con los requisitos constitucionales para continuar en el cargo en la Junta Nacional de Justicia.

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Luego de idas y venidas, el Tribunal Constitucional (TC) declaró improcedente el recurso de reposición como miembro de la Junta Nacional de Justicia (JNJ) presentado por Inés Tello De Ñecco, y le dio la razón al Congreso de la República, que destituyó a la magistrada por tener 79 años de edad, cuando la Constitución solo permite que ostente el cargo público hasta los 75 años. 

Hace cuatro meses, después de haber sido destituidos e inhabilitados por el Congreso, la Primera Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de Lima ordenó reponer a Inés Tello y Aldo Vásquez como miembros de la Junta Nacional de Justicia (JNJ) y tras el fallo judicial, ellos se reincorporaron los primeros días de julio en sus funciones de la JNJ y aseguraban que el “Estado de derecho siempre prevalecerá”. Este fallo obligó a llevar la controversia a las instancias del Tribunal Constitucional.

Como se recuerda, el pasado 7 de marzo, el Pleno del Congreso aprobó, con 67 votos a favor, inhabilitar por 10 años a Inés Tello y Aldo Vásquez, titulares de la Junta Nacional de Justicia (JNJ). A ellos se les acusó de haber infringido la Constitución, ya que mantuvieron a Tello De Ñecco como titular pese a exceder la edad permitida. Aquella vez, María Zavala, Guillermo Thornberry, José Ávila, Antonio de la Haza e Imelda Tumialán, se salvaron de ser destituidos de su cargo, ya que el Pleno no logró alcanzar los votos necesarios para aprobar sus inhabitaciones.

Asimismo, la resolución del Tribunal Constitucional, cuestiona la conducta del abogado defensor y establece que “no puede ignorar el comportamiento público de la defensa técnica de la solicitante (Inés Tello), José Omar Cairo Roldán, respecto de este órgano de control constitucional y la obligatoriedad de sus resoluciones”.

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General Víctor Zanabria justifica a la PNP: “La información (sobre Cerrón) se maneja de manera confidencial y responsable”

A pesar que la captura de Vladimir Cerrón se frustró 9 veces debido a una presunta filtración de información al Ejecutivo y a congresistas, el comandante general de la PNP aseguró que tienen independencia operativa, e indicó que ninguna operación pasa más allá de la comandancia antes de su ejecución.

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Como se sabe, el prófugo de la justicia, Vladimir Cerrón Rojas, se encuentra en la clandestinidad desde el 6 de octubre del año pasado, tras ser condenado a tres años y seis meses de prisión efectiva por el delito de colusión, en el marco del caso Aeródromo Wanka. El exgobernador y líder de Perú Libre, se da el lujo de utilizar su red social X, porque estaría blindado por alguien cercano al poder político. De otra manera, no se hubieran frustrado los 9 intentos de captura que realizó la Policía Nacional en los últimos meses. 

De todas formas, la PNP, en la última semana, realizó varias operaciones en la región de Junín, que confirmaron que el prófugo Cerrón Rojas se encuentra en el país, desplazándose por la zona centro. Sin embargo, aún no lo capturan. Ante ello, Víctor Zanabria, comandante general de la Policía Nacional del Perú (PNP), en declaraciones a la prensa, ha respondido que las autoridades policiales continúan con las operaciones para ubicar y detener a Vladimir Cerrón, a través de equipos especiales para manejar la información de manera confidencial, principalmente basada en fuentes humanas.

Actual comandante general de la PNP, Víctor Zanabria. 

General PNP Jorge Angulo afirma que se habría filtrado información desde el gobierno

El excomandante general de la Policía, Jorge Angulo Tejada, dio reveladoras declaraciones sobre la captura de Vladimir Cerrón, e indicó que se habría filtrado información desde el gobierno, específicamente hacia la presidenta Dina Boluarte y su secretario general.  

Ante ello, el actual jefe de la Policía, Víctor Zanabria respondió a estas acusaciones asegurando que, bajo su gestión, la información manejada es estrictamente confidencial y cualquier filtración es responsabilidad de quien maneja la información, no de quien la comunica. Asimismo, se refirió a lo cuestionamientos sobre posibles filtraciones de información hacia congresistas, las cuales fueron calificadas de inadecuadas y sin relación con las acciones policiales. Luego indicó que la PNP sigue evaluando estas informaciones con cautela, ya que algunas parecen ser diseminadas con la intención de confundir a la población y a las operaciones de inteligencia.

Excomandante general de la PNP, Jorge Angulo Tejada. 

Finalmente, Zanabria, informó que, en las recientes operaciones para capturar a Cerrón Rojas, se detectó que este había estado en los lugares intervenidos poco antes, lo cual evidencia la efectividad de las acciones realizadas y concluyó reafirmando su independencia operativa y asegura que ninguna operación pasa más allá de la comandancia general antes de su ejecución, para evitar cualquier filtración de información. ¿Eso es creíble?

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Dina Boluarte despectivamente llamó ‘deportistas especiales’, a los deportistas paraolímpicos

La presidenta ha sido blanco de fuertes críticas y ha indignado a la comunidad deportiva por utilizar calificativos despectivos hacia los deportistas paraolímpicos que nos representarán en Paris 2024. “Esta mujer no tiene límites”, “Es una evidencia de la desconexión que tiene del país”, fueron algunas reacciones de usuarios en las redes.

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A pocos días para el inicio de los Juegos Olímpicos y Paraolímpicos en Paris 2024, y en su mensaje de despedida a los deportistas nacionales, la mandataria Dina Boluarte hizo un comentario que causó molestia e indignación a la opinión pública, al decir un calificativo despectivo para referirse a nuestros representantes paraolímpicos.

Al momento de mencionar que el Instituto Peruano del Deporte (IPD) realizó una campaña para reunir a los paraatletas, Boluarte Zegarra se refirió a ellos como “deportistas especiales”.

“Este último programa cobijó a los deportistas especiales, como ustedes, desde los primeros meses del año, con la finalidad de incluir su participación en la cita Paraolímpica”, fue lo que expresó ante los presentes.

Dina Boluarte generó rechazo en redes sociales

Como era de esperarse, lo dicho por la mandataria en la conferencia a cargo de la Presidencia del Perú se viralizó en redes sociales, y generó miles de críticas, por la forma en cómo la presidenta se expresó sobre los paraatletas.

“Esta mujer no tiene límites”, “La ignorancia está a cargo de la presidencia”, “Debe pedir perdón”, “Se esfuerzan por dejarla peor”, “Es una evidencia de la desconexión que tiene del país”, “¿Cómo puede ser esto posible?”, fueron algunas reacciones de usuarios en las redes.

Dicha controversia obedece a que durante años, se ha evitado utilizar el término “especiales” al referirse a un atleta que sufre alguna discapacidad, y en su lugar se le ha denominado paratleta; sin embargo, la presidenta Boluarte mencionó el termino equivocado en su mensaje público. 

Delegación peruana de paraatletas rumbo a París

12 paradeportistas representarán al Perú en los Juegos Paraolímpicos en Paris 2024, que iniciará el próximo 28 de agosto. La delegación peruana la conforman Angélica Espinoza (Parataekwondo), Daniela Campos (Para Tiro con Arco), Pilar Jáuregui (Parabádminton), Giuliana Poveda (Parabádminton) y Rubí Fernández (Parabádminton). Además, se suman a este grupo Dunia Felices (Paranatación), Neri Mamani (Paraatletismo), Niurka Callupe (Boccia), Rodrigo Santillán (Paranatación), Jorge Arcela (Tiro Paradeportivo), Rosbil Guillén (Paraatletismo) e Israel Hilario (Paraciclismo).

En caso que nuestros deportistas ganaran una medalla de oro, cualquiera de ellos podría llevarse un premio pecuniario de US$60 mil dólares. En el caso de una de plata, la cantidad será de US$50 mil dólares, y en caso sea de bronce, esta se mantiene en US$40 mil dólares americanos.

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Fiscalía de la Nación denunció constitucionalmente a congresistas Roselli Amuruz y Magaly Ruiz

El Ministerio Público denunció ante el Congreso a las legisladoras de Avanza Pais y Alianza para el Progreso por los presuntos delitos de negociación incompatible y aprovechamiento indebido del cargo. La Comisión de Ética, liderada por Diego Bazán tampoco las sancionó cuando la Fiscalía remitió acusación y en su defecto, terminaron blindándolas a ambas.

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La Fiscalía de la Nación presentó denuncias constitucionales contra las congresistas Roselli Amuruz (Avanza País) y Magaly Ruíz (Alianza para el Progreso) ante la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales del Congreso para que inmediatamente sean tramitadas en el tiempo que corresponde.

Según el comunicado del Ministerio Público, a la parlamentaria Amuruz, conocida como “la rumbera” se le sindica haber cometido en calidad de instigadora, el delito de negociación incompatible o aprovechamiento indebido del cargo por haber contratado a parientes y personal cercano de su pareja Paúl García en su despacho. Ellos son Alejandra García Oviedo, Erick Tirado y Angie Gómez en el Área de Calidad Legislativa y la Oficina de Comunicaciones e Imagen Institucional.

Comunicado del Ministerio Público que acusa a la congresista Rosselli Amuruz.

Por su parte, Magaly Ruíz, también conocida como la congresista ‘mochasueldo’, el Ministerio Público la sindica de haber cometido, en calidad de autora, el presunto delito de tráfico de influencias agravado y negociación incompatible, así como aprovechamiento indebido del cargo, debido a que la parlamentaria de Alianza para el Progreso habría buscado al fiscal provincial Richard Rojas para que interceda ante el personal del Área de Enriquecimiento Ilícito y Denuncias Constitucionales que investiga su caso denominado ‘mochasueldo’. Como se sabe, a cambio de ese favorecimiento, Magaly Ruíz contrató al hermano del fiscal Rojas en su despacho. De esa manera, también se inició una investigación preparatoria contra el fiscal Richard Rojas, por los presuntos delitos de tráfico de influencias agravado, negociación incompatible y patrocinio ilegal en agravio del Estado.

Comunicado del Ministerio Público que acusa a congresista ‘mochasueldo’ Magaly Ruíz. 

Luego de las graves denuncias, la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales liderada también por una congresista de APP, como es Lady Camones, tendrá que tramitar ambas denuncias contra Amuruz y Ruiz, que deberán responder por haber cometido, presuntamente, delitos en agravio del Estado.

Como se recuerda la Comisión de Ética, también liderada por un congresista de Avanza Pais, como es Diego Bazán tampoco las sancionó cuando los casos investigados por la Fiscalía de la Nación fueron remitidos, y en su defecto, terminaron blindándolas a ambas. 

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El Congreso pagó ‘bonos’ a 87 extrabajadores, pese a que no les corresponde

Nuevamente el Parlamento hace un mal uso de los recursos estatales y por errores administrativos incurrieron en malversación de fondos. De los trabajadores que fueron favorecidos, 30 no han devuelto el dinero.

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En el Congreso de la República han incurrido en una presunta malversación de fondos, debido a que 87 extrabajadores de esa entidad entre enero y mayo de este año recibieron bonos que no les correspondía. Según el reportaje de Punto Final, este desembolso indebido favoreció con miles de soles a empleados que ya no tenían una relación laboral contractual con el Congreso.

Por su parte, el exoficial mayor del Congreso, José Cevasco, indicó que la ineficiencia de algunos funcionarios administrativos originó a que se pagaran estos pagos de forma indebida y responsabilizó directamente a quienes manejan la administración del Congreso por este grave error técnico.

Un documento interno del Congreso, fechado el 23 de abril, evidenció el error administrativo que causó estos pagos indebidos. Se detalló que la alta rotación de personal en el Congreso durante enero y febrero de 2024 conllevó a pagos en exceso que ahora tienen que ser recuperados,

“Debido a la alta rotación que existe en la organización parlamentaria, en los meses de enero y febrero del 2024 se ha realizado el proceso, compromiso y pago de servidores que fueron cesados dentro del mismo mes de pago, presentándose pagos en exceso y acaeciendo la necesidad de recupero”, señaló el documento interno de la Oficina de Administración que evidenció el error. “Dicho recupero puede llevarse a cabo de un lado, descontándolo de su liquidación de beneficios sociales o, de otro lado, a través del requerimiento de devolución”, se añadió.

Comunicado de la Oficina de Administración del Congreso.

Jaqueline Delgado Mayo fue una de las extrabajadoras favorecidas, quien recibió más de mil soles extra en su cuenta personal después de haber concluido su relación laboral con el Congreso; y a pesar de que la Oficina de Administración solicitó la devolución del dinero, ella respondió que ya lo había gastado debido a sus necesidades personales.

Ante este grave error, el jefe de Administración del Congreso, Carlos Pais, emitió un comunicado informando que se ha logrado recuperar más de S/166 mil soles de 57 extrabajadores, aunque aún quedan 30 casos pendientes, tres de los cuales han regresado a trabajar al Poder Legislativo. 

Hay que indicar que este problema de ineficiente administración de los fondos públicos, no solo involucra a los bonos indebidos; sino, también se ha reflejado en otras áreas, como seguros de salud para beneficiarios no vinculados laboralmente al Congreso, lo que ha significado más de medio millón de soles en gastos indebidos.

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Poder Judicial confirmó confiscación de aretes de diamantes valorizados en US$ 5.512 dólares adquiridos por Wilfredo Oscorima

Hace tres semanas el PJ ordenó el embargo de ocho inmuebles del ‘Waiky’ Wilfredo Oscorima valorizados en más de S/4 millones y hoy de acuerdo con la investigación se ratificó la incautación de los lujosos pendientes adquiridos por él, en la Casa Banchero.

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El Poder Judicial ratificó la confiscación de unos aretes de oro amarillo con diamantes, cuyo valor es US$ 5,512 mil dólares. De acuerdo con la investigación, los lujosos pendientes fueron adquiridos por el gobernador regional de Ayacucho, Wilfredo Oscorima, a la empresa Casa Banchero el 22 de junio de 2023, quien los habría entregado a la presidenta Dina Boluarte como un “regalo”. Esta acción forma parte de la tesis fiscal que investiga el posible delito de cohecho pasivo impropio contra la mandataria. 

El juez supremo Juan Carlos Checkley, fue quien acogió el pedido del fiscal de la Nación, Juan Carlos Villena, y ratificó la incautación de los aretes. Esta ratificación se enmarca en la investigación preliminar contra Dina Boluarte.

https://www.pj.gob.pe/wps/wcm/connect/60166c00409fab05a52dbf1666a80600/Resolucion_CINCO_2024.pdf?MOD=AJPERES&CACHEID=60166c00409fab05a52dbf1666a80600

Como se sabe, la presidenta Dina Boluarte enfrenta acusaciones por presunto enriquecimiento ilícito y omisión en la presentación de declaraciones documentarias en perjuicio del Estado.

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