Connect with us

Actualidad

Un virus recorre el mundo: 58 millones de contagios, más de 2 millones de muertos

Published

on

Desde su brote, a finales de diciembre de 2019, en la lejana ciudad china de Wuhan, el avance del COVID-19 prosigue. Prácticamente todos los países del planeta han sido afectados. La Tierra continúa bajo su asedio, y en estos instantes –primeros meses del 2021–  ya hay más de cincuenta y ocho millones de contagiados y cerca de tres millones de decesos. No es la primera vez que los efectos provocados por la aparición de un virus se han diseminado a una escala global. Hace poco más de cien años ocurrió con la llamada «gripe española». Sin embargo, y aun siendo aquella mucho más letal que el virus que ahora nos asola, lo que cuenta es que esta es «nuestra» situación, se trata de  «nuestra» vida puesta en los aledaños del riesgo y la extinción, es la posibilidad real de que «nosotros» nos contagiemos y por un caprichoso azar (que nos sitúe entre la población de riesgo o entre aquellos que sencillamente no resisten) sucumbamos.  

La sabiduría popular siempre es inapelablemente certera: «Ojos que no ven, corazón que no siente». Hoy nuestros ojos ven lo que ya otras generaciones de gentes vieron y ante lo cual experimentaron, de seguro, el mismo estremecimiento. Hoy nos tocó a nosotros. Y aquello que no habríamos podido (y seguramente no nos habría interesado) sentir si solo hubiésemos escuchado hablar de aquel virus y de los estragos que causó en aquel remoto pasado a personas de las que no tenemos rastro alguno, lo estamos sintiendo ahora, cara a cara, lanzados a lidiar ante un nuevo embate de la naturaleza que una vez más revela nuestra ridícula fragilidad: algo que sabemos, pero casi nunca estamos dispuestos a reconocer. Decía el filósofo norteamericano Stanley Cavell: «Nada es más humano que el deseo de negar la propia humanidad».  

Quizá lo tremendo de esta situación, si la comparamos con escenarios semejantes en otros momentos de la historia, es que la estamos viviendo como personajes de un tétrico espectáculo en formato digital: nos enteramos del avance de este inopinado enemigo minuto a minuto a través de las pantallas de nuestros gestores multimedia. Las noticias fúnebres de latitudes distantes, muy distantes, y los datos acerca del incremento de las cifras alrededor del mundo están ahí siempre; las imágenes con los rostros compungidos de médicos y autoridades políticas recorren el ciberespacio a cada instante; las actualizaciones   –un entresijo de información veraz y fake news–   circulan vertiginosamente en redes sociales. Toda esa masa de información por la que somos asediados nos empuja hacia ese centro que está en cualquier parte, en que se anudan el miedo, la incertidumbre y la tóxica sobreabundancia de datos con sus inevitables dosis de desinformación. Virtualmente, en cualquier lugar del planeta se puede estar al tanto de lo que está pasando: hay una hiperestesia informativa que incrementa la angustia e incuba la delirante sensación de que el desastre final es inminente. Es esta la experiencia de una paradoja macabra: estamos inmersos en una realidad virtual pero no simulada.

Paseándome por las páginas iniciales del nuevo libro de Jaron Lanier, cabeza visible de la revolución digital de los ochenta, me encuentro con unas ideas acerca de la realidad virtual. Ellas, sin referirse a este atroz panorama, poseen un tono de inquietante coincidencia: «Nunca un medio ha sido tan capaz de belleza ni propenso a caer en lo repugnante. La realidad virtual nos pondrá a prueba. Amplificará nuestro carácter más de lo que cualquier otro medio lo ha hecho jamás». La pandemia ha obligado a buena parte del mundo a recluirse en el entorno virtual; el ecosistema de recursos digitales se ha transformado en el principal medio de interacción con el «exterior», para muchos. Frente a la pantalla, quizá uno se sienta inclinado a pensar en la sofisticación de la comunicación digital, tanto como a considerar por analogía la perfección de la estructura de un virus. Y su eficaz capacidad de destruir a otros organismos. La información fluye a través de la autopista de datos. También hay información replicándose en el ácido nucleico de un microorganismo viral. He ahí los prodigios de la naturaleza  y la magia de la alta tecnología, ambas dimensiones bañadas de luces y sombras. Pensar en ello nos puede llevar a ver un punto de encuentro, punto nefasto, ciertamente, para nuestros intereses, pero punto de encuentro al fin. Belleza y repugnancia anudadas. En la vida, la maravilla coexiste con el horror (lo acabo de leer; Savater dice esto refiriéndose a la visión que de este mundo tenía Cioran). Esta realidad, atravesada de tecnología digital y minúsculas porciones de material genético amenazante, nos está poniendo a prueba, sin duda.

Realidad y ficción

En ocasiones, cuando el mundo en que vivimos desafía nuestros marcos de orientación y nos enfrenta a eventos que parecieran haber sido proyectados desde un ámbito de contornos irreales o fantásticos    –recordemos Chernobyl, el 11-S y Fukushima; el Holocausto, Hiroshima y Ruanda; en fin, tantos otros desastres naturales o sociales que han impactado la conciencia colectiva–   sentimos que el límite entre lo real y lo inconcebible no existe. Repetir aquel tópico acerca de que la realidad supera la ficción en estos momentos resulta escalofriantemente cierto. Una vez más comprobamos que los Cisnes Negros surgen allí donde menos lo pensamos. Un suceso que jamás imaginamos (es decir, que no concebíamos que podría sucedernos-a-nosotros) he aquí que arremete: «La lógica del Cisne Negro  –nos dice Nassim Taleb, autor de un sugestivo libro sobre el tema–   hace que lo que no sabemos sea más importante que lo que sabemos. (…) [M]uchos Cisnes Negros pueden estar causados y exacerbados por el hecho de ser inesperados.».

Recordémoslo: un Cisne Negro, según Taleb, es un evento que se encuentra fuera del círculo que trazamos alrededor de aquello que consideramos razonablemente posible. No se trata solo de eventos que no podamos imaginar: es, sobre todo, el territorio de aquello que por altamente improbable, consideramos que nunca ocurrirá. Craso error. Son esos eventos, más bien, los  que en buena cuenta marcan la senda que siguen nuestras (impredecibles) vidas o la ruta (incierta) por la que la historia se encamina. Son las hondas fallas geológicas sobre las cuales, en nervioso equilibrio, está emplazada nuestra existencia. Dice Taleb: «La idea del Cisne negro se basa en la estructura de lo aleatorio en la realidad empírica. (…) [N]uestro mundo está dominado por lo extremo, lo desconocido y lo muy improbable (improbable según nuestros conocimientos actuales), y aun así empleamos el tiempo en dedicarnos a hablar de menudencias, centrándonos en lo conocido y en lo repetido. Esto implica la necesidad de usar el suceso extremo como punto de partida, y no tratarlo como una excepción que haya que ocultar bajo la alfombra. (…) [E]l futuro será progresivamente menos predecible, mientras parece que tanto la naturaleza humana como la «ciencia» social conspiran para ocultarnos tal idea».

Son Cisnes Negros los que aparecen en dos historias de ficción; una, situada a finales del siglo XIX; la otra, en el XX. Veamos esta, en primer lugar.

En esta inquietante coyuntura, se escucha con cierta insistencia mencionar La peste, célebre novela de Albert Camus, el filósofo existencialista francés. Se llama la atención sobre la repentina actualidad de la historia: su siniestro paralelismo  con la actual pandemia es notorio. La novela de Camus presenta una situación extrema. En medio del dolor y el miedo cerval ante la inminente posibilidad de la muerte, un cronista, el doctor Bernard Rieux (personaje de su propio recuento), reflexiona en torno a la condición humana sobre el trasfondo de una vida acosada por el sinsentido del sufrimiento surgido repentina e inexplicablemente. Pues eso es lo que él advierte con escalofriante agudeza. Ante la embestida de la naturaleza, la pregunta por el porqué de aquel inaudito flagelo recibe, al final de la narración, como irónico corolario, la respuesta formulada por un anciano asmático que tendría que haber sido uno de los primeros en sucumbir y que sin saber cómo ni por qué sobrevive: «¿Qué quiere decir la peste? Es la vida y nada más».

Más de 2 millones de muertos por COVID-19 en el mundo - Chicago Tribune

En efecto, la aparición de la peste es la enseña tétrica, para expresarlo en clave existencialista, del absurdo que rige en esta comarca del cosmos que nos tocó habitar. Así como la furia de los elementos desencadena con exasperante neutralidad destrucción, dolor y muerte, la peste  –o, a la postre, cualquier suceso de orden natural o antropogénico que sacude el ritmo de lo cotidiano con la inesperada violencia del desastre– surge sin previo aviso, no discrimina entre clases, preferencias o colores, y con la pasmosa indiferencia con que la  naturaleza cobra sus deudas, extiende su abrazo letal sin que haya allí algún rescoldo de maldad (suponer lo contrario sería producto de una vana ensoñación antropocéntrica): la peste, tal como la presenta Camus, es la simbólica manifestación del carácter nivelador y ciego del absurdo. Convertirse en objeto de la agresión biológica no es cuestión de injusticia, como no es justicia lograr escapar azarosamente de ella; no es un castigo el que determina su llegada, ni una señal que indique una recompensa celestial el hecho fortuito de que se logre escapar a su azote. Como apareció, sin anuncio ni explicación, repentinamente, y cediendo extrañamente a procedimientos médicos ante los cuales antes avanzaba incontenible, el microorganismo invasor disipa su potencia letal hasta adormilarse por quién sabe cuánto tiempo. He allí otra manifestación del sinsentido en que el hombre se debate. Al observar el festejo reinante en la ciudad, al sospechar ya las gentes que la plaga ha cedido, se lee en la crónica del doctor Rieux: «La verdad, era difícil saber si se trataba de una victoria [sobre la peste]. Únicamente estaba uno obligado a comprobar que la enfermedad parecía irse por donde había venido».   

La guerra de los mundos es otra historia en que microorganismos  letales han tenido singular protagonismo. Herbert George Wells, escritor inglés del siglo XIX, cultor de ese género defectuosamente traducido al español como «ciencia ficción», publicó la novela en 1898. Wells nos relata la invasión de la Tierra por parte de una civilización procedente de Marte, a inicios del siglo XX. La tensión aparece desde las primeras páginas. Observaciones astronómicas efectuadas por científicos notables registran cambios extraños en  la superficie de aquel planeta, pero sin sospechar que se deben a la venida de los marcianos hacia nuestro planeta, huyendo de la destrucción del suyo. A intervalos regulares, a lo largo de algunos días, impactan contra la superficie de Inglaterra extraños y descomunales cilindros. De un momento a otro, sus ocupantes premunidos de armas  desconocidas inician el ataque. A pesar de los esfuerzos heroicos de las fuerzas militares de enfrentar la agresión, la resistencia terrícola es sometida con relativa facilidad. Hay focos de resistencia que poco a poco ven mermada su voluntad de enfrentar a los conquistadores, y los ejércitos no tienen suficiente capacidad de respuesta para contrarrestar tamaña arremetida. En medio de este apocalipsis, grandes masas de personas huyen sin rumbo ni destino. El terror y el caos se enseñorean de las ciudades y villas inglesas atacadas por los invasores. La tecnología bélica empleada, de una potencia destructora desconocida hasta entonces, arrasa con todo a su paso: edificaciones, animales y hombres son destruidos casi al instante.

Hasta que ocurre lo menos esperado. Un musgo rojizo, rápida y repentinamente, se extiende por suelos, árboles, casas y avenidas. Las propias naves del enemigo extraterrestre son poco a poco cubiertas por esta peregrina vegetación, y de un momento a otro las razias que los intrusos ejecutaban sin contemplaciones, equipados con sus enormes y atemorizantes armaduras montadas en trípodes móviles, cesan. Domeñando el intenso miedo que los tiene atenazados y guarecidos en sus escondites, aquellos que lograron ponerse a buen recaudo van asomando la cabeza al exterior, poco a poco. Hasta que se enteran: los extraterrestres han perecido. Sus extraordinarios ingenios tecnológicos no sirvieron de nada frente a un enemigo imperceptible. No estaban preparados para lidiar contra un arma biológica cuya aparición no tuvieron el acierto de prever: sus organismos han sido minados por los microbios terrestres. En el terreno de la ficción, eran aliados del hombre. Ahora, en medio de esta agobiante realidad, son nuestros enemigos.

El narrador, hacia el final de la historia, reflexiona sobre la infernal destrucción y la radical conmoción que ha resquebrajado la confianza de la especie tras el contacto con seres venidos del exterior para exterminarla y apropiarse de la Tierra. Lo dicho en ese contexto adquiere un tono que, mutatis mutandis, calza perfectamente con el balance que bajo la sombra de la experiencia extrema que estamos viviendo ahora quizá podría formularse en parejos términos: «(…) esperemos o no nuevas invasiones, estos acontecimientos nos obligan a modificar grandemente nuestras miras sobre el porvenir de la humanidad. Hemos aprendido a no considerar en lo sucesivo nuestro planeta como segura e inviolable morada del hombre; nunca sabremos prever qué bienes o qué males invisibles pueden sobrevenirnos del espacio».  Imagina Wells la pavorosa destrucción provocada por un enemigo externo que ataca a la especie; nosotros vivimos en la hora presente un ataque  que proviene de un habitante de nuestro planeta.

Hombre y naturaleza

Como aquellos visitantes del espacio que en la novela de Wells son derrotados por los microorganismos terrestres, ahora nosotros estamos ante una amenaza que, invisible a los ojos, rompe las defensas del organismo sigilosamente. Y no solo eso. La devastación social y económica que una guerra podría ocasionar con estrépito y a un plazo que podría juzgarse medianamente extenso, el virus ha probado que también la podría generar en algunos pocos meses. El levantamiento de la cuarentena a nivel mundial, después de plazos variables, según los países, y la reactivación de buena parte de la maquinaria productiva, fueron medidas tomadas ante la presión de la debacle económica. Como ya había ocurrido antes  –recordemos, además de la gripe española, y yendo mucho atrás en el tiempo, la peste que arrasó con Atenas en la época de Pericles y aquella otra que se cebó en Europa en la Edad Media, solo por mencionar eventos que se sabe fueron especialmente pavorosos–, hoy, una vez más, la humanidad ha sido puesta en jaque por el poder de lo inmensamente pequeño.

¿Es la naturaleza que enfila sus armas contra sí misma, contra una parte de ella, esto es, contra el hombre? ¿O, simplemente, es la naturaleza actuando, sin finalidad valorativa, con la frialdad de una «sabia» inconsciencia?  ¿O, acaso, es el costo de haber el hombre querido dominar la naturaleza, «aquello» que desde el siglo XVII ve «objetivamente» e intenta doblegar y someter a sus designios recurriendo a procedimientos que desequilibran la armonía que quizá sin su presencia podría haber sido conservada por mucho más tiempo? Este último interrogante nos sitúa frente a algunas ideas que se encaminan en esa desalentadora dirección, según lo que podemos leer en el último Informe de Desarrollo Humano hecho público por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP, por sus siglas en inglés). Al principio de este se dice: «La pandemia del Covid-19 es la más reciente y terrible consecuencia de desbalances a gran escala.  Los científicos hace tiempo han advertido que patógenos desconocidos habrán de emerger más frecuentemente como producto de las interacciones entre humanos, ganado y vida salvaje, (…) interacciones que se han incrementado constantemente en escala e intensidad, ejerciendo, a la larga, presión sobre los ecosistemas locales tan violentamente que virus mortíferos se han diseminado.  El nuevo coronavirus podría ser el más reciente  en comportarse así, y a menos que atenuemos nuestro control sobre la naturaleza, no será el último».

La naturaleza  –aquello que vemos como extraño a nosotros, «animales culturales», seres que hacemos un mundo a nuestra medida, Marx dixit– es desconcertante. El hombre, presuntamente una de sus más altas expresiones (el embalaje antropocéntrico de esta asunción es evidente), ha logrado domesticar su entorno y ha impuesto su obra  –a eso, precisamente, se denomina «cultura»– trastocando los límites que sí operan sobre otras especies. Ha erigido ciudades enormes, pobladas de edificios inmensos, y echado a andar poderosas industrias, emporios financieros y una red de centros de comercio  abarrotados de productos diversos y sofisticados; ha levantado fábricas y complejos tecnológicos, y construido carreteras enormes por las que se desplazan millones de automóviles que se renuevan a cada momento, y también autopistas  –esta vez virtuales–  que trasladan datos a toda velocidad haciendo posible transmitir información en segundos y tender puentes de comunicación inmediata con zonas alejadísimas entre sí; ha inventado la cura para miles de enfermedades, entre ellas, aquellas también provocadas por virus que son controlados o neutralizados eficazmente, y bacterias que puede destruir e incluso erradicar. Y ya tiene en su poder buena parte de las herramientas que han de permitirle modificar la estructura genética del propio hombre. Y, sin embargo, aún es presa indemne de aquellos minúsculos habitantes que moran  al lado de nosotros, que sin plazos ni anuncios, replicándose y modificando eficazmente su estructura para burlar las defensas inmunológicas, tan silenciosa como letalmente, colonizan nuestros espacios y amenazan contantemente nuestras vidas.

El hombre ha hecho todo lo posible por desbordar los límites que a naturaleza le ha impuesto. La tecnología   –el producto más deslumbrante de la investigación científica– ha posibilitado el control del entorno en una medida impresionante. El hombre es la única criatura que ha creado cultura. Pero sigue siendo parte de la escala zoológica. Se dice que se encuentra situado en la cúspide de esa escala. Y si eso es cierto, lo es, justamente, porque ha demostrado que puede adaptarse artificialmente al medio que lo rodea. La paradoja es esta: vive, se adapta y sobrevive, yendo en dirección contraria a su condición natural. Así es, solo puede vivir (es decir, confortablemente y extendiendo su expectativa de vida más allá de lo que dictaría nuestra condición «natural»), si fabrica herramientas para defenderse y edifica para resguardarse de la intemperie; solo si inventa medicinas para combatir, entre otras amenazas,  a aquellos seres que también forman parte de la naturaleza, exactamente como nosotros: aquellos seres que a despecho de su microscópica extensión pueden acabar con aquel otro ser que actúa como dueño del planeta. Situaciones límite como  la que estamos viviendo hoy  –en que un habitante de este mundo, sin más equipamiento que su propia estructura genética, nos acosa «inmisericordemente»–  nos conducen a dudar (para parafrasear a Max Scheler) del puesto que ocupamos en el cosmos: ¿es el hombre realmente aquel ser que ocupa la cúspide de la escala zoológica? ¿No vendría bien un poco de humildad?

A estas alturas, la investigación científica ha dado ya sus frutos. Varios laboratorios han logrado desarrollar diversas versiones de la vacuna para contrarrestar los efectos de este mal. Los esfuerzos lentamente están dando algunos resultados y la esperanza despunta poco a poco en el horizonte sombrío que tenemos delante. Aunque el proceso de vacunación ya ha comenzado en varios países del mundo, la incertidumbre con respecto a las posibilidades de que las dosis se apliquen a todos (presente sobre todo en nuestros agobiados países tercermundistas) y el temor  –infundado quizá, pero de todos modos comprensible– a los efectos colaterales que el remedio pudiera provocar más adelante aún no se disipan.

La filosofía y el virus

La muerte, según veía el asunto Arthur Schopenhauer, ha sido el motivo inspirador de la reflexión filosófica. El temor reverente del hombre frente a esta extraña portadora de la nada –imposibilidad de todas las posibilidades, según Heidegger–   que en algún momento, tarde o temprano, lo terminará abatiendo, es una constante en todas las culturas. Y he aquí que nos encontramos situados ante un horizonte de espanto: esta amenaza, que en la vida diaria suele soslayarse como tema y ser puesta de lado  por los diversos mecanismos sociales y psicológicos que promueven un olvido de la finitud definitoria del hombre  –publicidad, consumo, confort–,  se cierne ahora sobre el mundo todo, sobre todos nosotros, con una cercanía asfixiante; su sombría proximidad nos agobia; casi se palpa algo así como su gélida textura: no solo en el impacto que supone la partida de aquellos (familiares, amigos o extraños) que fueron tomados por el invasor y no resistieron, sino cotidianamente a través de los noticiarios y periódicos en redes sociales, de las sirenas de las ambulancias, que ya forman parte habitual del rumor de la ciudad, de las medidas de seguridad impuestas, que parecieran ser expresión de una compulsión obsesiva, pero que son solo los gestos obligados, necesarios, imprescindibles, para resguardarse del contagio o de la posibilidad de contagiar a amigos, parientes o conciudadanos.  

En un contexto de este tipo la filosofía se pronuncia. Los pensadores toman la palabra y tratan de explicar los cambios que esta pandemia está generando y el impacto que se seguirá de ella una vez que su oscuro reinado termine; intentan dar respuesta a los interrogantes que la naturaleza ha planteado, una vez más, a la especie.

Algunos meses después de despertar dentro de esta pesadilla (expresión que podría parecer figurada, pero de cuya justeza nos persuade esta intempestiva irrupción de lo tremendo), y casi al mismo tiempo en que se decretaba entre nosotros el confinamiento obligatorio y el distanciamiento social, se puso en circulación a través de las redes un curioso libro de distribución libre, editado en formato digital por el comunicador y activista político argentino Pablo Amadeo, que reunía colaboraciones de diversos filósofos aparecidas en medios virtuales acerca de la pandemia. Su título no podía ser menos alusivo e irónico: Sopa de Wuhan. Aunque en conjunto no contiene estudios precisamente académicos, sino artículos publicados sobre la marcha a propósito de la propagación del virus y de la transformación de esta enfermedad en una pandemia, expresan, sin duda, el esfuerzo esclarecedor de sus autores, que evalúan con agudeza reflexiva y radicalidad crítica las aristas de este problema. Entre otros allí presentes,  dos de los intelectuales más reputados del actual panorama del pensamiento filosófico, formulan sus perspectivas. Frente a lo que podría verse como un utopismo de izquierda, planteado por Slavoj Žižek, se planta la distopía posmoderna de Byung-Chul Han.

Žižek piensa que el virus ha puesto en serios aprietos al sistema revelando sus debilidades: el majestuoso orden capitalista, acosado por este ataque viral, muestra sin afeites ya las fisuras de su estructura y las falencias de los procesos y formas de vida que promueve. El capitalismo global podría estar a un paso del colapso: la alusión de Žižek al golpe mortal que ejecuta con maestría Beatrix Kiddo, la Mamba Negra (personaje interpretado por Uma Thurman), en Kill Bill: Volumen 2(el filme de Quentin Tarantino), alude a un desenlace de ese tipo: «La epidemia del coronavirus es una especie de ataque de la “Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos” contra el sistema capitalista global, una señal de que no podemos seguir el camino hasta ahora, que un cambio radical es necesario». El filósofo esloveno se muestra convencido de que las posibilidades de fundar un nuevo orden están asomando en el horizonte. Y si bien su diagnóstico no deja de ser coherente, al llamar la atención sobre aquello que merced al embate del virus se ha hecho más evidente que nunca, esto es, los extravíos éticos y las perversas miserias que definen un orden como este, centrado en el poder económico y asentado en el egoísmo, no deja de ser sorprendente (por la extraña ingenuidad que conlleva) el optimismo que lo embarga al concebir la posibilidad de que la catástrofe que en este momento azota el mundo conduzca a pensar, «(…) en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de la solidaridad y cooperación global». He ahí la utopía que este pensador de perfil contracultural otea en el horizonte de la humanidad.

Byung-Chul Han no comparte esta asunción: «Žižek afirma que el virus asesta un golpe mortal al capitalismo, y evoca un oscuro comunismo. Se equivoca». El coreano opina exactamente lo contrario: el sistema saldrá fortalecido. Aun cuando Occidente y Oriente ven el mundo desde una óptica cultural substancialmente distinta, hacen suyo el credo del mercado.

Europa ha puesto un torpe énfasis en el control de las fronteras y sus recursos sanitarios no han sido adecuadamente gestionados. Su inoperancia a este nivel ha dejado paso a la rápida propagación del virus, a diferencia de la efectividad mostrada en esta lucha por las naciones orientales. El modelo asiático podría llevar a los países europeos, en orden a salvaguardar la permanencia del sistema, una vez ya superada la pandemia, a adoptar las estrategias que estos países, formados tradicionalmente en un contexto cultural con una acusada tendencia al autoritarismo, han impuesto, y en el caso particular de China, aplicando una política de hipercontrol dirigida por un «Estado policial digital».

En efecto, el método chino ha mostrado ser eficaz en el empleo de tecnología digital para el procesamiento intensivo de datos  –lo que llaman Big Data–: el mapeo segundo a segundo del movimiento de sus ciudadanos y el control sistemático a través de cámaras y rastreo digital las 24 horas del día de sus conductas de compra, interacción en redes sociales y desplazamientos en la ciudad  –en un escenario que trae ya a la esfera de lo real lo que nació como sombría ficción anticipadora en Un mundo feliz o 1984–  ha sido una estrategia que ha probado ser altamente efectiva en el combate emprendido contra el virus. El espíritu colectivista del ciudadano asiático y, por ello, su escasa o nula renuencia a dejar expuesto aquello que en Occidente se considera parte de la inviolable esfera privada, ha contribuido al éxito de este modelo cuya normalización en un futuro  Byung-Chul Han vaticina con inquietud. Un control basado en la biopolítica digital podría ser adoptado por los gobiernos del mundo para implementar una nueva modalidad de soberanía.

Pero ni aun bajo la sombra de esta presunción, el pensador coreano puede evitar que lo embargue una dulzona esperanza (algo que, bien miradas las cosas, lo aproxima a la ilusión que desliza Žižek en su balance). Un tono moralizante asoma, incluso. Su artículo termina con unas líneas de un candor desconcertante: «Somos NOSOTROS, PERSONAS [sic] dotadas de RAZÓN [sic], quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta».  

Pareciera que mostrarse optimista en las arenas públicas es tan políticamente correcto, que dos de los más perspicaces pensadores de la filosofía actual no pueden sustraerse a esa demanda cívica. Imposible recordar en este punto, por contraste, al desengañado y radical escéptico de Rasinari, Emil Cioran. Es difícil sustraerse a la tentación de recordar alguno de sus incómodos aforismos. Aquí uno de ellos, inoportuno y demoledor: «Salir indemne de la vida  –eso es algo que podría suceder pero que sin duda no sucede jamás».

Hay un pasaje  en las líneas finales de La peste  –para volver a la novela de Camus–  en que asoma un relumbre de esperanza al constatar el efecto transformador que un suceso funesto e intempestivo, inexplicable y devastador, puede obrar en la naturaleza moral de los hombres. Las plagas, dice el doctor Rieux, cronista de los hechos, nos dejan una lección, y es esta: «(…) que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio».

Es desolador sospechar que aquella constatación solo pueda hacerse en tiempos de desastre. Justo como ahora: con un virus poniéndonos contra la pared.

Comentarios

Actualidad

Iquitos: Autoridades permitieron entierros en fosas comunes de víctimas de Covid

Una publicación de The Associated Press revela los entierros en fosas comunes que se realizaron en Iquitos. Las autoridades mintieron a los familiares de las víctimas diciéndoles que sus seres queridos estaban en los cementerios.

Published

on

Foto: Rodrigo Abd / AP

Por Franklin Briceño

Cuando Adriana Wong ingresó a un campo de tierra roja y árboles cortados con docenas de cruces plantadas en la Amazonía de Perú, estaba confundida. No tenía la seguridad sobre la ubicación de la tumba de su padre.

“¿Estás segura de que mi papá está ahí?”, preguntó la niña de nueve años a su madre.

Glendy Hernández aún no tiene una respuesta.

Hace casi un año, su esposo Herman Wong y centenares de fallecidos por COVID-19 fueron enterrados en secreto en un descampado de Iquitos, capital de la región Loreto, en el corazón de la Amazonía. Las autoridades aprobaron las inhumaciones, pero nunca avisaron a los familiares quienes creían que los muertos estaban en un cementerio local.

Meses después descubrieron la verdad.

Es el primer caso conocido en Latinoamérica donde las autoridades ocultan el destino de decenas de víctimas del virus y nadie ha explicado por qué se realizaron de forma clandestina. El gobierno regional no respondió a las solicitudes de comentarios de The Associated Press.

Las familias dijeron a la AP que al menos 403 fueron enterrados en aquel lugar.

Loreto fue una de las regiones más azotadas por el COVID-19 en 2020. Al momento han muerto más de 52.000 en Perú, de ellos 3.200 en Iquitos, que cuenta con 550.000 habitantes.

La brutalidad de la peste en esta ciudad remota se concentró en los pasillos abarrotados de sus dos únicos hospitales donde los pacientes morían sin recibir ayuda porque los escasos médicos y enfermeras no tenían medicinas, ni oxígeno, ni capacidad disponible para ayudar a los enfermos.

Adriana odia la lluvia porque le recuerda la madrugada del 30 de abril cuando vio por última vez a su padre. Tras innumerables llamadas de auxilio sin respuesta, Glendy llevó al técnico de máquinas fotográficas al hospital donde murió en sus brazos a las 11 de la mañana. Se desmayó, pero cuando se despertó un médico le dijo que fuera al día siguiente para llevarse el cuerpo de su esposo.

Esperó por horas en vano con un ataúd hasta que un trabajador sanitario le dijo que Herman Wong ya había sido enterrado en el cementerio San Juan, ubicado a 18 kilómetros, inaccesible en esa época porque Perú estaba bajo un encierro de 106 días para evitar la expansión del virus.

Cientos de deudos escucharon lo mismo: que sus muertos estaban en el cementerio de San Juan, fundado en 2017 y que cuenta con capilla, estacionamiento, muros y vigilancia.

En marzo, el gobierno nacional ordenó cremar a todos los fallecidos por el virus, en una de las más estrictas normas de su tipo en Latinoamérica. Pero ante el colapso de varios hornos crematorios, la norma se modificó en abril permitiendo los entierros y que al menos cinco familiares pudieran asistir.

Pero el 1 de junio la portada del diario La Región removió Iquitos: “Muertos sin nombre y sin tumba propia”, se leía en el titular. La historia citaba a un anónimo residente que dijo que al menos 330 cadáveres de fallecidos por COVID-19 habían sido enterrados presuntamente en una fosa común cerca del cementerio de San Juan.

Un día después de la publicación, medio millar de familiares, entre ellas Hernández, llegaron hasta el descampado donde supuestamente estaban enterrados sus esposos, esposas, hermanos, hermanas e hijos. El lugar estaba encharcado por la lluvia, pese a eso protestaron por los cadáveres.

“Nos dimos cuenta de que nos habían mentido”, dijo Glendy, la mamá de Adriana.

“Les da vergüenza que se conozca el desastre, el desorden, la falta de humanidad con que han enterrado a nuestros seres queridos”, dijo Patricia Cárdenas, cuyo abuelo Antenor Mozombite, de 80 años, también fue enterrado sin permiso de su familia.

El gobierno sigue en silencio, pero los deudos continúan acudiendo al descampado.

Hugo Torres ahora es un guardián del lugar. Relató a la AP que ayudó a descargar los cuerpos de un camión de la Marina de Guerra y a colocarlos en los huecos excavados sobre la tierra rojiza.

“Enterrábamos a 30, 40, un día a 50, los muertos estaban en bolsas negras, entre cuatro agarrábamos de cada punta, si pesaba más lo cargábamos entre seis”, aseguró el hombre de 42 años.

Relató que al inicio se excavaban tumbas donde depositaban a tres personas. Luego, cuando comenzaron a aumentar los muertos, un tractor realizó excavaciones en forma de rectángulos de más de 15 metros de largo por tres metros de ancho y dentro colocaban los cadáveres en dos filas.

La AP habló con otras tres personas que confirmaron el relato de Torres, incluida una que participó en la operación con él. Todos prefirieron no ser citados.

Diez días después de conocida la historia, el gobernador de Loreto, Elisbán Ochoa, firmó un documento comprometiéndose a exhumar los cuerpos. Nueve meses después, no ha ocurrido nada.

Ochoa dijo a una comisión en el Parlamento que no se trataba de una fosa común, sino de un nuevo “cementerio COVID” construido en cuatro días porque “de la noche a la mañana el crecimiento de los fallecidos fue violento”. Aseguró que había una lista de los lugares donde se había colocado cada cuerpo, y que las autoridades tenían la intención de dar la información a las familias.

Pero Ochoa no explicó por qué se había enterrado de forma clandestina, mintiendo a los deudos y rompiendo la ley. La AP dejó mensajes en su oficina, pero no obtuvo respuestas.

El lugar de entierro es más grande que cuatro campos de fútbol y cuando se descubrió por primera vez, el terreno había sido aplanado, sin dejar señales de que hubiera cuerpos debajo.

Durante semanas, los deudos acudieron a colocar cruces donde creían que estaban enterrados sus seres queridos, pero varios están confundidos sobre el lugar preciso donde se encuentran.

Joaquín García, un contador de 32 años, dice que primero le aseguraron que estaba en un lugar marcado como D24, pero días después le dijeron que la ubicación correcta era D22.

“O sea, ¿los muertos han caminado?”, preguntó.

A Robert Lecca, administrador de 23 años, le comentaron que su progenitor estaba en la fila D34, pero luego descubrió en un mapa elaborado por las autoridades que estaba en la fila D38.

Las familias demandaron al gobierno local para obligarles a recuperar los restos, pero un juez falló a favor de las autoridades, diciendo que la ley establece la exhumación un año y un día después del entierro. Las familias han apelado la sentencia porque la norma fue modificada en 2018 y sí es posible la exhumación, según el abogado de los deudos Pedro Casuso.

En medio de la disputa legal, algunas familias van todos los sábados a visitar a sus muertos. Maritza Monzón y su esposo son dos abuelos que llegan junto a sus dos nietos Eymi, de 16, y Tiago, de ocho, que se quedaron sin padre ni madre.

“A mis nietos Dios les ha quitado su padre y su madre, a mí me ha quitado mi hijo”, dijo la mujer de 68 años.

Una mañana reciente la AP acompañó a varios familiares que visitaban la zona de entierro. La vegetación cumple la función de muro en los contornos y los deudos han adornado algunas tumbas con cruces, fotografías y paraguas para que “las almas no sean mojadas por la lluvia”.

En ese grupo de familiares estaba Adriana Wong que tenía en una mochila rosada casi una decena de cartas que escribió a su padre desde aquella madrugada de 2020 en que lo vio partir al hospital bajo una lluvia implacable que había caído sobre Iquitos desde un día antes.

“Extraño mucho las tareas virtuales, todo lo que me enseñabas”, leyó con su voz bajita las hojas de su cuaderno cuadriculado que adornó con corazones rojos y dorados. “¿Dónde te quedaste? Quiero verte y darte un abrazo enorme”.

Comentarios
Continue Reading

Actualidad

Telefónica subirá tarifas de internet desde mayo

Golpe a los bolsillos de las familias peruanas.

Published

on

No solo no honra sus deudas al Estado sino que desde el próximo mes la empresa Telefónica del Perú subirá sus tarifas en 6.80 soles para sus servicios de internet fijo, así lo confirmó el Organismo Supervisor del Inversión Privada en Telecomunicaciones (OSIPTEL).

Ahora que muchas más familias se encuentran en sus casas mucho más tiempo, y los niños reciben sus clases a través de plataformas virtuales, la transnacional ha optado por incrementar los costos de su servicio para todos esos usuarios que han contratado con ellos.

Telefónica se encuentra obligada en realizar dos avisos a todos sus usuarios respecto a esas modificaciones que vendrán. El primero de ellos deberá ser enviado 30 días antes del cambio, y el segundo será 10 días previos al incremento. . La compañía deberá hacer estos anuncios a través del mismo medio de envío de los recibos telefónicos (correo electrónico o al domicilio) y también a través de mensaje de texto.

Qué hacer si el usuario no desea continuar con su plan tarifario

El Osiptel señala que la empresa deberá facilitar los cambio de planes o baja de servicios ante el aumento de tarifas. Para ello, la operadora deberá entregar información de planes alternativos de menor renta vigentes para que estos evalúen si cambiarán de plan tarifario. Si así el cliente se decide por un cambio de plan este trámite deberá ser atendido en un día hábil si no se requiere de visita técnica y en 5 días hábiles si involucra una visita técnica.

Otra opción para los usuarios es solicitar la suspensión temporal o dar de baja su plan, esto sin ningún tipo de condicionamiento. Esto trámites no deben demorar más de un día hábil y debería estar habilitados de manera virtual a través de la app móvil de Movistar.

En caso tenga inconvenientes con la empresa al intentar un cambio de plan o dar de baja el servicio puede acudir al Osiptel a través del correo electrónico usuarios@osiptel.gob.pe  y la línea Fono Ayuda 1844.

Comentarios
Continue Reading

Actualidad

Gremio de transportistas continuarían con el paro hasta dialogar con el Gobierno

Según el vocero del gremio de transporte, aún no se ha llegado a un acuerdo con la ATU y en estos momentos más de 70% de transportistas han suspendido sus actividades.

Published

on

Hoy el vocero de gremios de transporte David Mujica, manifestó en Exitosa que aún no han llegado a un acuerdo con la ATU y en estos momentos más de 70% de transportistas han suspendido sus actividades. Asimismo, no descartan continuar con el paro hasta que se llegue a una conversación con el Gobierno de Francisco Sagasti.

“Lo que le pedimos al Gobierno es voluntad política, se pueden hacer cosas, pero debe haber una estabilidad”, añadió.

Asimismo, Mujica explicó que son más 20 mil buses los que no estarían operando el día de hoy, ya que no se ha podido encontrar un diálogo con la Autoridad de Transporte Urbano (ATU) y ahora se pretende ir a conversar con la presidenta del Consejo de Ministros, Violeta Bermúdez.

“Son seis gremios que convocaron a este paro y justamente todos los afiliados a este grupo ha paralizado su actividad. Estamos hablando de un 70 a 75% de transporte de Lima y Callao que ha suspendido el servicio hoy. Estamos hablando de entre 20 a 30 mil buses los que no están operando”, aseveró.

Hoy desde las primeras horas de la mañana se registró un numeroso grupo de personas que esperaban buses en los principales paraderos de Lima y Callao, pero estos llegaban con poca frecuencia.

Comentarios
Continue Reading

Actualidad

Plata como cancha: Los seis peruanos más ricos del mundo en 2021, según Forbes

El más multimillonario es el presidente del grupo Intercorp, Carlos Rodríguez-Pastor, con una fortuna de US$ 5,300 millones de dólares.

Published

on

Carlos Rodríguez-Pastor, Vito Rodríguez Rodríguez, Ana María Brescia Cafferata y Eduardo Hochschild.

Según el último ranking publicado por la revista Forbes, entre las personas más ricas del mundo están incluidos seis peruanos. Y quien lidera el ranking nacional de los hombres más ricos, es el empresario Carlos Rodríguez-Pastor, presidente del grupo Intercorp (Interbank, Plaza Vea, Real Plaza, etc.) y su fortuna asciende este año a $5,300 millones de dólares, y lo ubica en el puesto 529, de 2,755 multimillonarios registrados en el mundo.

En la lista de los peruanos más ricos, en el segundo lugar se encuentra el fundador del Grupo Gloria, Vito Rodríguez Rodríguez, con una fortuna ascendente a $1,400 millones de dólares, seguido por la mujer más rica del Perú, Ana María Brescia Cafferata, heredera y accionista del Grupo Breca (BBVA, Rímac Seguros, Hotel Westin, etc.) con US$ 1,300 millones de dólares.

En el cuarto lugar, se encuentra el empresario minero Eduardo Hochschild, presidente de Hochschild mining y Cementos Pacasmayo, con una fortuna de US$ 1,300 millones de dólares. El empresario minero alcanzó el puesto 2,263 en la lista general de Forbes, tras ausentarse en el ranking 2020.

En quinto lugar, Eduardo Belmont Anderson, líder del grupo de cosméticos Belcorp, poseedor de una fortuna total de US$ 1,100 millones de dólares, y, por último, en el sexto lugar del ranking, se encuentra Jorge Rodríguez Rodríguez, también del Grupo Gloria, que cerró la lista de peruanos más acaudalados, al acumular este año una fortuna de US$ 1,000 millones de dólares.

Eduardo Belmont Anderson.

Este año, la lista Forbes es liderada por el también multimillonario y fundador de Amazon, Jeff Bezos, seguido de Elon Musk, Bernard Arnault y Bill Gates y solo considera a personas con un patrimonio superior a los mil millones de dólares.

Comentarios
Continue Reading

Actualidad

Firman petición para que no incrementen el costo de la tarifa eléctrica

Los firmantes que participan en el portal Change.org exigen que Osinergmin anule la propuesta que incrementa las tarifas eléctricas en 28% para los hogares y en 40% para las Pymes y el sector industrial.

Published

on

Desde hace unos días decenas de personas viene firmando la petición donde se señala que las empresas del sector eléctrico tienen secuestrados a funcionarios de Osinergmin, quienes han cedido ante presiones y amenazas y han cambiando su informe técnico para favorecer a un grupo de empresas privadas del sector eléctrico encareciendo así la energía eléctrica hasta 40% afectando a las familias e industrias desde las más pequeñas hasta las más grandes.

“Este grave hecho es totalmente contradictorio a las alertas que el mismo Osinergmin, mediante un informe al Congreso de la República, propalaba por todos los medios sobre el incremento de las tarifas eléctricas frente a un Proyecto de Ley que un congresista de Fuerza Popular impulsaba. Hoy Osinergmin copia esta cuestionada propuesta con la excusa de cumplir una sentencia judicial a favor de la empresa china de Luz del Sur. Sentencia emitida por un juez de manera express (48 días) ante la incapacidad e ineficiencia del MINEM para apelar el fallo”, se lee en la petición.

La petición creada por el Frente Nacional de los Pueblos, también menciona: “Osinergmin siendo un organismo regulador que debe proteger a los consumidores y usuarios irónicamente baila al compás de los aplausos de sus regulados. Esta estrecha y sospechosa relación no se daría, si es que este organismo estaría del lado del pueblo. Esta grave situación se da, ante la desidia y silencio complice de ciertos congresistas, funcionarios del mas alto nivel del Ministerio de Energía y Minas y la Presidencia del Consejo de Ministros”.

Entre sus demandas públicas se puede leer:

–       Que, Osinergmin deseche su pretendida propuesta que incrementa las tarifas eléctricas a las familias peruanas y lo más grave por efecto directo incrementa los precios de todos los productos de primera necesidad, las tarifas de agua, y pasajes del tren eléctrico, etc.

–       Que, se destituya a los funcionarios de Osinergmin, que de la noche a la mañana han cambiado su posición técnica.

–       Que  sean removidos del cargo la Premier, el Ministro de Energía y Minas y el Presidente de Osinergmin.

Aquí la lista donde puedes firmar para apoyar la petición:

https://www.change.org/p/francisco-sagasti-firma-para-que-osinergmin-anule-su-propuesta-que-incrementa-tarifas-el%C3%A9ctricas-hasta-40?utm_content=cl_sharecopy_28168012_es-419%3A4&recruiter=1190609425&utm_source=share_petition&utm_medium=copylink&utm_campaign=share_petition

Comentarios
Continue Reading

Actualidad

Perú: reinfecciones de Covid-19

Published

on

En el Perú durante el transcurso de la segunda ola de COVID-19 se han reportado muchos más casos de pacientes reinfectados por el virus que en la primera ola, especialmente en adultos jóvenes económicamente activos, informó la infectóloga del Instituto Nacional de Salud (INS), Lely Solari Zerpa.

La infectóloga Solari advirtió que es un mito pensar que si ya tuvimos virus y lo volvemos a contraer, no nos pasará nada porque “hemos visto casos de pacientes cuyo primer episodio fue leve, pero en el segundo tuvieron que ser hospitalizados, requirieron oxígeno y en algunos casos fallecieron”.

“Recién acabamos de terminar el análisis y eso lo presentará pronto el Minsa, pero lo que puedo adelantar es que, en esta segunda ola, hemos visto muchas más reinfecciones que en la primera ola, incluso con casos fatales”, dijo la especialista.

La infectóloga sostuvo que esto se debe a distintos factores, entre ellos la presencia de la variante brasileña, “que entró con fuerza al Perú”.

“Ingresó por la frontera con Brasil y afectó inicialmente la selva. En Huánuco hubo una segunda ola explosiva y ahora sabemos que (la variante) está en Lima, donde tenemos porcentajes de contagio del 39% o 40%. Lamentablemente estamos viendo reinfecciones con esta variante”, afirmó.

La experta señaló que otra razón que contribuye a las reinfecciones es el comportamiento de la gente, que todavía sigue usando mal la mascarilla y no respeta el distanciamiento social y físico ni las aglomeraciones.

“Todo ello contribuye a una transmisión comunitaria activa, sostenida en el tiempo. Mientras haya más virus circulando, la posibilidad de adquirir una nueva infección es mayor”, explicó.

La reinfección en la segunda ola ha ocurrido, en la mayoría de los casos, en personas no tan mayores, sino en pacientes de alrededor de 40 años y económicamente activos.

La infectóloga Solari indicó que, al tratarse de personas que forman parte de la población económicamente activa, éstas salen a trabajar y usan el transporte público. “Si no se mantiene el protocolo, ventanas abiertas, no aglomeración, mascarillas y protector facial se pueden contagiar”, dijo.

Ante la presencia de la nueva variante brasileña en diversas regiones del Perú, sostuvo que es necesario usar doble mascarilla. “Con la nueva variante, ya no es suficiente la mascarilla de tela, sino que debe usarse primero la quirúrgica y encima la de tela, haciendo un adecuado ajuste a la forma de la cara. De lo contrario, se puede subir al transporte público con una mascarilla KN 95 y el protector facial”, declaró a la agencia de noticias Andina.

En relación al sistema inmunológico debemos señalar que normalmente cuando el cuerpo humano se topa con un germen, el sistema inmune ataca al virus invasor y retrocede. Pero algunas veces ese conjunto de células con armas moleculares se sale de control, transformando a las moléculas en una masa rebelde.

Aunque hay pruebas y tratamientos que podrían ayudar a identificar y reprimir ese desorden celular, es muy temprano para saber cuál sería la mejor terapia para aquellos que están sufriendo estrés por el coronavirus.

Hay variantes de esta reacción inmunológica que se dan en una diversidad de condiciones, generadas por infección, genes defectuosos o desórdenes autoinmunes en los que el cuerpo cree que sus propios tejidos son invasores.

El pasado miércoles la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguró que la evidencia actual sobre el uso de ivermectina para el tratamiento de pacientes con coronavirus no es concluyente, y que hasta que se disponga de más datos recomienda que el fármaco sólo se utilice en ensayos clínicos.

La recomendación, que se aplica a pacientes de cualquier gravedad de la enfermedad, ahora forma parte de las pautas de la OMS sobre tratamientos contra la COVID-19.

La ivermectina es un agente antiparasitario de amplio espectro, incluido en la lista de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud para varias enfermedades parasitarias. Se utiliza en el tratamiento de la oncocercosis (ceguera de los ríos), estrongiloidiasis y otras enfermedades causadas por helmintiasis transmitidas por el suelo.

“La recomendación de usar un medicamento únicamente en el marco de un ensayo clínico es apropiado cuando hay escasa evidencia que ofrezca certidumbre”, explica la Organización Mundial de la Salud.

La agencia convocó a un grupo de desarrollo de directrices en respuesta a una mayor atención internacional sobre el uso de la ivermectina como posible tratamiento para el coronavirus.

En su guía la OMS explica que de los ensayos se ha extraído escasa evidencia de que la ivermectina tenga un efecto beneficioso en los resultados obtenidos en términos de mortalidad, ventilación mecánica, admisión hospitalaria, duración de la hospitalización y descarga viral. Y también que el tiempo para la mejoría clínica en pacientes es de “certeza muy baja”. Este resultado se debe al tamaño de los ensayos y a las limitaciones metodológicas de los datos disponibles.

El panel de la OMS no evaluó el uso de ivermectina como método preventivo contra la COVID-19. Esto se encuentra fuera del alcance de las pautas actuales.

En este contexto debemos señalar que para el investigador Julian W. Tang es probable que las naciones del sudeste asiático y Europa mantengan durante todo el año y parte de 2022 restricciones de vuelo a regiones del mundo que no han logrado vacunar a sus poblaciones.

Pero incluso si eso no sucede, dice Tang, la demanda de viajes a países que no han completado su vacunación se reducirá de forma natural debido a los riesgos.

Es decir, los países no vacunados con tasas de contagio aún elevadas pueden acabar aislados por el resto del mundo, principalmente para contener el riesgo de que nuevas variantes del coronavirus salgan de estos territorios y se propaguen en grandes cantidades.

El riesgo de la COVID-19 aún sigue latente, cuidémonos y cuidemos a nuestra población más vulnerable.

(*) Escritor, poeta, editor y sociólogo. Presidente del Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y director de Editorial Río Negro.

Comentarios
Continue Reading

Actualidad

ONPE desarrolla este domingo 4 de abril segunda jornada de capacitación para miembros de mesa

Published

on

La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) desarrolla este domingo 4 de abril la segunda jornada nacional de capacitación presencial, destinada a 518,928 miembros de mesa, entre titulares y suplentes, con miras a las elecciones generales del 11 de abril. 

La actividad se ejecutará entre las 8:00 de la mañana y la 1:00 de la tarde, en 3,311 locales, en su mayoría instituciones educativas, en las que se cumplirán todos los protocolos de seguridad y prevención contra la COVID-19. 

Según el Decreto Supremo N° 059-2021-PCM, publicado el 30 de marzo de 2021, se permitirá el domingo 4 de abril el desplazamiento de los miembros de mesa para participar en esta segunda jornada de capacitación. Se recomienda portar la credencial de miembro de mesa,  la misma que se puede descargar de la página web de la ONPE, en el siguiente link:

https://www.consultamiembrodemesa.eleccionesgenerales2021.pe/#/

En el siguiente link conoce los locales donde se llevará a cabo la jornada de capacitación: (ubica el más cercano a tu domicilio). 

https://www.onpe.gob.pe/modElecciones/elecciones/2021/EEGG/doc/miembro-mesa/locales-segunda-capacitacion.pdf

Desde las 8:00 de la mañana, apenas se complete un aula, empezará cada sesión que durará aproximadamente dos horas y media. En cada aula se ha recomendado un mínimo de 6 y un máximo de 12 miembros de mesa, con estricto cumplimiento de los protocolos de seguridad y prevención contra la COVID-19.     

Durante la capacitación, los miembros de mesa serán preparados para realizar las tareas durante la instalación de la mesa, el sufragio y el escrutinio, es decir el conteo de los votos.   

Para este efecto, todos ellos dispondrán de un manual de instrucciones, cuyo contenido será base de la explicación y práctica de sus tareas a ejecutar el domingo 11 de abril, desde las 6:00 de la mañana.  

Asimismo, dispondrán de material electoral ficticio, como la lista y relación de electores, láminas autoadhesivas, actas electorales, entre otros, que permitirá reconocer cada uno de los materiales con los que trabajaran durante la jornada electoral. 

Igualmente, se contará con láminas de capacitación en tamaño extragrande para explicación del llenado de los documentos electorales, tales como la Hoja borrador presidencial, actas de elección presidencial, congresal y de Parlamento Andino.     

Recordemos que el 11 de abril se desarrollarán tres elecciones en simultáneo, para elegir presidente y vicepresidentes, congresistas y representantes peruanos ante el Parlamento Andino.     

Para el caso de aquellas mesas de sufragio en las que se aplicará el Sistema Escrutinio Automatizado (SEA), los miembros de mesa dispondrán también de una guía especial, una laptop, impresora y USB con las aplicaciones del sistema.     

A la fecha, el organismo electoral prosigue en intenso trabajo de información y capacitación a los electores, miembros de mesa y otros actores electorales, tanto de manera presencial, en cada una de las oficinas instaladas en los distritos y centros poblados, como de manera virtual, a través de su sitio web ONPEDUCA.   

El organismo electoral ha capacitado, hasta el momento, a 13,239 personeros de mesa y más de 17 mil miembros de las Fuerzas Armadas y Policiales.     

Más información:    

·       Elecciones Generales 2021: 

https://www.onpe.gob.pe/modElecciones/elecciones/2021/EEGG/index.html

·       Protocolos de seguridad y prevención contra la COVID-19: 

https://www.onpe.gob.pe/modElecciones/elecciones/2021/EEGG/bioseguridad.html

·       Consulta tu local de votación y si eres miembro de mesa: 

https://www.consultamiembrodemesa.eleccionesgenerales2021.pe/#/

·       Si eres miembro de mesa, elector o personero, capacítate ingresando a  

ONPEDUCAhttps://www.onpeduca.edu.pe/   

Comentarios
Continue Reading

Actualidad

ONPE: Institución reasigna locales de votación en SJL y El Agustino para garantizar salud de los actores electorales

Published

on

La salud es primero y por ello la Oficina Descentralizada de Procesos Electorales (ODPE) Lima Este 2 ha visto conveniente reasignar 11 locales de votación con la finalidad de salvaguardar la integridad física de todos los electores, miembros de mesa y otros actores electorales.

Los motivos de esta reasignación no se han dado de manera arbitraria sino que responden a la falta de espacio para instalar toldos en espacios abiertos, o en otros casos la reconstrucción o refacción de algunos centros de votación.

La ODPE Lima Este 2 formula un llamado para que los electores de estas circunscripciones confirmen nuevamente su local de votación en los días que restan para los comicios y puedan así sufragar con tranquilidad y sin exponer su salud. Puede realizarlo en este enlace:

https://www.consultamiembrodemesa.eleccionesgenerales2021.pe/#/

La ONPE ha priorizado en todo momento la salud de los electores, razón por la cual dispuso en los locales de votación un aforo del 30 y 50 %.

Comentarios
Continue Reading
Advertisement

LIMA GRIS TV

LIBRERÍA

LIMA GRIS RADIO

PRNEWS

PARTNER

CONTACTO

Síguenos en Twitter


LIMA GRIS RADIO

Trending