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Opinión

Sostenibilidad del proyecto Tía María

Lee la columna de Edwin A. Vegas Gallo

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Por Edwin A. Vegas Gallo

En estudio realizado por el suscrito y otros colaboradores, se ha determinado  el índice de sostenibilidad global (ISG) del proyecto minero Tía María, en el imperativo del impacto social, económico y ambiental, como componente fundamental en toda interacción con los grupos de interés.

Para este estudio se han usado indicadores de sostenibilidad (IS): geológico-minero, crecimiento económico, compensación y de desarrollo.

Con estos cuatro IS se obtuvo el ISG de Tía María, siendo 60 % sostenible y 40 % no sostenible.

A la luz de los resultados se evidencia que hay varios puntos pendientes, que no están definidos claramente y/o sustentado por el Titular Minero, el cual debería revisar las acciones empresariales, sociales y ambientales que se llevarían a cabo para mejorar la sostenibilidad del proyecto minero Tía María, sobre todo en los Indicadores de Sostenibilidad de Compensación (46%) y el de desarrollo social (45 %), que caen en el umbral de no sostenible.

Ante esta situación el Ejecutivo, vía el Minen y el Minam y la misma empresa minera, deberían aclarar con transparencia principalmente a la población local, los vacíos que tiene este proyecto minero, particularmente en los indicadores de sostenibilidad socio ambiental, en el entendido que sea viable para la economía circular peruana y en especial para las comunidades aledañas al proyecto.

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Opinión

Melgar: el poeta político

Lee la columna de Carlos Rivera

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En Mariano Melgar confluyen diversas facetas que condicionan sus valoraciones que los críticos han elevado a condición de sus emociones o contextos en los que fueron escritos. Confluye la peregrina voz de un romántico de acalorados versos naturales, intimistas, y musicales y el hombre que ama la libertad de su patria y busca en esa causa los tranquilos designios de su propósito de vida. Más allá del amor o a pesar de él ostentan un conjunto de actos de fe que lo definen en la realidad de su entorno: una idea de patria.

El crítico y poeta Juan Yufra ha dicho lo siguiente comentando la Antología Esencial (Aletheya,2015)editada por José Gabriel Valdivia: “En   principio,   permite   situar   tanto   al  autor  como  a  su  producción  en  un  escenario  convulsionado,  el  mismo  que  se   desarrolla  entre  las  dos  más  importantes  rebeliones:  la  de  Túpac  Amaru  en  1780  y   la  de  Pumacahua  en  1814,  que  anticipan  a  la Independencia, donde la subjetividad que  se simboliza en los textos de dicho período, revela la crisis del aparato institucional colonial así como las estrategias discursivas que se evidencian como un metarrelato alterno  y transcultural”.

Le preguntan a José Gabriel Valdivia estudioso   de la vida y obra del poeta en una entrevista   acerca de  su obra: Mariano Melgar 200 años: crítica, nación e independencia (Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar / Latinoamericana Editores,2016). Lo siguiente:

Entonces, ¿La imagen de Melgar y del yaraví es parte de una singularidad especial de la creación literaria?

“Hay un interés no solo por el héroe sino por el poeta y por los yaravíes. Interesa el héroe por su participación en la emancipación; importa el poeta por las formas neoclásicas de su primer momento, pero después, a finales del siglo XIX, surge el yaraví como un objeto de estudio a tener en cuenta. Es así que la crítica del siglo XX ha querido desentrañar ¿qué cosa era el yaraví? Y me parece que ha sido esclarecido este fenómeno. Sin embargo, paralelamente, aparecerá otro aspecto, y es la discusión sobre la cuestión nacional, y allí Mariátegui critica las formas del yaraví y de la nación”.

Ya el otro gran poeta insurgente (y no de guerras ni de escaramuzas) sino de las exquisitas formas, Martin Adán anota bien en su tesis De lo barroco en el Perú los puntos de referencia de don Marcelino Menéndez Pelayo que los versos de Melgar “son naturales y sencillos” o como “los ensayos de un estudiante aprovechado” obviamente lo dice con cierto resquemor valorativo   sin ningún asombro de un talante de genio o con rigor de esteta. Pero agrega -siguiendo a Adán- que fue “un buen humanista”.

Estas condiciones “humanísticas” que Menéndez y Pelayo le atribuye deben ser sustentadas en un espíritu del conocimiento que lo valide. Melgar  

Veamos un verso romántico:

Todo mi afecto puse en una ingrata,  

Y ella inconstante me llegó a olvidar.

Si así, si así se trata

Un afecto sincero,

Amor, amor no quiero

 No quiero más amar.

Nótese el desafío juvenil, sensiblero y lastimero. Un tanto musical pero escaso en un horizonte de estética lograda.

Podemos contraponer este verso Gustavo Adolfo Beker, otro romántico:

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;

mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Otro poeta romántico, Carlos Augusto Salaverry, nos dice en unos de sus más famosos versos:

ACUÉRDATE DE MÍ

¡Oh! cuánto tiempo silencioso el alma

mira en redor su soledad que aumenta

como un péndulo inmóvil: ya no cuenta

las horas que se van!

No siente los minutos cadenciosos

a golpe igual del corazón que adora

aspirando la magia embriagadora

de tu amoroso afán

Otro poema de Melgar con mejor factura:

La cristalina corriente
de ese caudaloso río
lleva ya del llanto mío
más aguas que de su fuente.
Llega al mar, y es evidente
que el mar, con ser tan salado,
lo recibe alborotado
y aun rechazarlo procura,
por no probar la amargura
que mis lágrimas le han dado
.

Becker o Salaverry eran románticos puros. Por eso José Gabriel Valdivia grita “A Melgar lo hicieron romántico los románticos del siglo XIX.”

Alfonso Rabí Do Carmo escribe: “La importancia de  Melgar  descansa  en  varios   factores.  Uno de ellos es  la  visibilizarían  de  la   tensa  dinámica  entre  Lima  y  las  provincias.  Si   bien la mayor  parte  de  la  literatura  colonial  se   produjo en Lima, como observan varios críticos,  los  que  se  consideran  los  dos  primeros  poetas  peruanos   provienen   del   interior:   Olmedo   de   Guayaquil y Melgar de Arequipa”.

Leamos este otro poema:

A LA LIBERTAD

Por fin libre y seguro
Puedo cantar. Rompióse el duro freno,
Descubriré mi seno
Y con lenguaje puro
Mostrará la verdad que en él se anida,
Mi libertad civil bien entendida.

Oye, mundo ilustrado,
Que viste con escándalo a este mundo
En tesoros fecundos
A ti sacrificado,
Y recogiendo el oro americano,
Te burlaste del preso y del tirano.

MARCHA PATRIOTICA

Ya llegó el dulce momento
En que es feliz Arequipa,
Ya en mi suelo se disipa
El Despotismo feroz:

Ya se puede a boca llena
Gritar: que la Patria viva,
Que la libertad reciba
Que triunfe nuestra Nación.


El historiador Eusebio Quiroz Paz Soldán nos dice que “Melgar es un símbolo social de la Arequipa mestiza”

El crítico literario Marco Matos sentencia que es una poesía que marca nuestro incipiente republicanismo.

En los Siete ensayos el amauta José Carlos Mariátegui escribe lo siguiente:

“Melgar es un romántico. Lo es no sólo en su arte sino también en su vida. El romanticismo no había llegado, todavía, oficialmente a nuestras letras. En Melgar no es, por ende, como más tarde en otros, un gesto imitativo; es un arranque espontáneo. Y éste es un dato de su sensibilidad artística. Se ha dicho que debe a su muerte heroica una parte de su renombre literario. Pero esta valorización disimula mal la antipatía desdeñosa que la inspira. La muerte creó al héroe, frustró al artista. Melgar murió muy joven. Y aunque resulta siempre un poco aventurada toda hipótesis sobre la probable trayectoria de un artista, sorprendido prematuramente por la muerte, no es excesivo suponer que Melgar, maduro, habría producido un arte más purgado de retórica y amaneramiento clásicos y, por consiguiente, más nativo, más puro. La ruptura con la metrópoli habría tenido en su espíritu consecuencias particulares y, en todo caso, diversas de las que tuvo en el espíritu de los hombres de letras de una ciudad tan española, tan colonial como Lima. Mariano Melgar, siguiendo el camino de su impulso romántico, habría encontrado una inspiración cada vez más rural, cada vez más indígena”.

Líneas siguientes nos dice Mariátegui que Melgar “es un poeta romántico, entregado apasionadamente a la revolución. En él la revolución no es liberalismo enciclopedista. Es, fundamentalmente, cálido patriotismo. Como en Pumacahua, en Melgar el sentimiento revolucionario se nutre de nuestra propia sangre y nuestra propia historia.” Discrepamos con esta tesis del amauta tratando de encajar su particular visión ideológica en los móviles del espíritu que motivaron a Melgar su involucramiento en la causa emancipadora. Su formación clásica, sus estudios en el seminario de San Gerónimo, su visión jurídica y política del entorno, la amistad con Corbacho sus aquelarres en la Tertulia Literaria de Arequipa dan cuenta de un hombre en progresiva formación humanística capaz de comprender por cuenta propia los conceptos europeos de los nuevos aires por la libertad ajenas a los primitivos ensayos de un incipiente comunismo.

Acerca de su poesía agrega:

“Tienen, a veces, en sus imágenes sencillas, una ingenuidad pastoril que revela su trama indígena, su fondo autóctono. La poesía oriental, se caracteriza por un rústico panteísmo en la metáfora. Melgar se muestra muy indio en su imaginismo primitivo y campesino”.

En el mismo libro  del amauta dice José Carlos que “González Prada no interpretó este pueblo, no esclareció sus problemas, no legó un programa a la generación que debía venir después”.

Agrega luego en tono crítico:

“El proceso biológico del Perú no necesitaba literatos sino políticos. La literatura es lujo, no es pan”.

A diferencia del maestro de la juventud Melgar entonces supo articular un sentimiento de patria, una formación con horizonte histórico y cultural y desde luego política (¿el germen de una visión programática como quería José Carlos?), un anhelo de libertad con plenitud de conciencia de su vida y de su obra. Abrazar la memoria de sus ideales tachonados como los más grandes sueños de los hombres que le dieron candor a sus hazañas y levantar los estoicos cimientos de una tierra libre de yugos entregando el sacrificio de sus angustias románticas (el amor a Silvia, sus dolorosos Yaravíes, su mestizaje y folclorismo integrador e intentando un pedacito de cielo en el maravilloso   porvenir de la humanidad.

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La autopublicación

Lee la columna de Julio Barco

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¿Qué pasa si usted, lector, mañana decide publicar su primer libro? Tiene varios caminos: el más adecuado es darse por vencido y zanjar sus ambiciones literarias como una veleidad más. Sin embargo, si la vocación de escribir es inevitable, no será fácil que se le pasa por la mente ver su objeto de trabajo vivo en una hoja. Pensemos en un cineasta que guardó todos sus fragmentos audiovisuales y los tiene como pequeñas moléculas saltarinas.

Así, un libro de poemas son miles de mariposas que danzan en el aire hasta que se nos da la gana de ponerle un camino hacia el otro. En ese sentido, la literatura solo puede nacer del contacto entre lectores y autores, en ese vínculo de la otredad. Entonces: ya pasaron los meses y tiene usted su obra literaria entre las manos.

Doscientas páginas de Word, A-5, letra-Georgia-tamaño-12 con 1.5 de espacio, y un título en negrita-cursiva. Tiene pues su obra literaria entre las manos. Tiene además un imperativo: editarlo o no editarlo. En ese trámite que va de la obra inédita a la pública hay todo un descubrimiento del sistema literario.

En el Perú, el mundo editorial tiene las vicisitudes de un anfibio: va entre la tierra a pasos lentos y en los charcos de nuestra cultura se fagocita y expande. A veces, los editores son marinos: buscan autores, editan a los mejores que existen, ayudan a los escritores que requieren un buen trabajo editorial. Otras nulos. Ese trabajo es, en realidad, de los agentes literarios, tan escasos en la tierra del ceviche y la corrupción.

La ruta para no desfallecer es la de invertir en su obra. Piense que muchos autores –Vallejo, Whitman, Baudelaire, Oquendo de Amat-tomaron la misma ruta. Piense que mejor una obra libre en el mar de lectores que encerrada para siempre en el olvido de un cajón ilustre. Corre, claro, problemas: fallas ortográficas inesperadas, demora y erratas en la diagramación, mal empastado de páginas, falla del ISBN, o del Depósito Legal. No obstante, tendrá su bello ejemplar entre las manos y entonces será un–malo, bueno, genial- escritor. Bienvenido.

(Columna publicada en Diario UNO)

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El Planeta de gato por liebre

Lee la columna de Gabriel Rimachi Sialer

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Por Gabriel Rimachi Sialer

Con las colecciones de libros del diario El Comercio muchos lectores tuvimos nuestras primeras “bibliotecas” de literatura, como aquella de 2002, de Grandes Autores de la Literatura Latinoamericana, o la del 2003 que ofrecía a todos los Premios Nobel, (otro diario lanzó por aquellos años esa colección de Adobe donde descubrimos a Bellatin o Mempo Giardinelli, por ejemplo), en fin, colecciones que muchas veces hemos atesorado porque eran grandes títulos -buen criterio editorial- y porque llegaron a un precio bastante accesible. Había honestidad editorial en esas colecciones. Pero ¿Qué pasa cuando quieren venderle de contrabando a los lectores títulos que nada tienen que ver con lo que el diario ofrece?

El anuncio dice así: “La nueva colección de libros, llamada “Planeta lector 2″, lanzada por El Comercio en colaboración con Editorial Planeta, reunirá grandes clásicos de la literatura universal en 15 entregas hasta el 23 de mayo”. Estupendo, piensa el lector mientras va sacando cuentas de cuánto invertirá en esa colección. Entonces el corazón se acelera y continúa leyendo:

“La colección consta de un total de 15 entregas que incluyen títulos fundamentales como “Cumbres Borrascosas”, “Mujercitas”, “El Principito”, “Lazarillo de Tormes”, “La Divina Comedia”, “Don Quijote de la Mancha”, “La Vida es Sueño”, “Edipo Rey”, “Hamlet”, “La Casa de Bernarda Alba”, “La Hora Final”, “Asesinato en el Expreso de Oriente”, “Cuentos de los Hermanos Grimm”, “Estación Final” y “La Máquina del Tiempo”. Estas obras, representadas por autores de la talla de Emily Brontë, Louisa May Alcott, Antoine de Saint-Exupéry, entre otros, son piezas clave en la literatura mundial”. Y ahí, entonces, a uno se le tuerce la ceja.

¿”Estación final” de Carlos Paredes y “La hora final” de Hugo Coya son consideradas por los editores de Planeta como “piezas clave de la literatura mundial”? ¿Quién fue el pícaro criollo que quiso pasar de contrabando estos dos títulos? ¿A quién le encargaron armar esta colección de grandes clásicos de la literatura universal? El lector avisado -que no es tonto- siente que, de pronto, quien le estuvo ofreciendo estos títulos a toda velocidad no es un editor con criterio editorial, sino el mismísimo Marco Antonio, el de los telemercados, que mientras te vendía un molde para hacer empanadas te enchufaba también un foco ahorrador y de yapa un rayador de verduras, con perejil incluido.

En tiempos donde hay gente que cree que la Tierra es plana o que Venezuela no es una dictadura, ofrecerles este tipo de productos bajo un rótulo engañoso alimenta aún más su confusión y resulta casi perverso: está bien ganar dinero, pero no a costa de la ignorancia de las personas y, peor aún, de los nuevos lectores o lectores en formación, en un país donde se hacen enormes esfuerzo desde muchos frentes por acercar el libro a nuevos lectores.

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Diez años de soledad

Lee la columna de Raúl Villavicencio

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Por Raúl Villavicencio

Qué monótona se ha vuelto la literatura desde que partió hace diez años el magnífico escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien falleciera el 17 de abril del año 2014. Un mundo observado con los ojos de un simple mortal, como los tuyos o los míos, podría costarnos percatarnos de las cosas que de verdad son trascendentales y que son las causas principales de que la humanidad aún permanezca girando un año más en este azul, inmenso y agreste planeta, como lo es el tiempo, la ciudad natal, la familia o el amor.

 El ‘Gabo’ o ‘Septimus’ (como en un principio se hacía llamar) fue de esos escritores que supo vencer la barrera del espacio-tiempo gracias a que sus obras estaban dadas en momentos indeterminados, pero que a su vez nos parecían muy cercanas, como extraídas de un momento de nuestras vidas.

Sus libros son un recordatorio de que lo imposible en algún momento se tornará posible, a base de ensayo y error; y que las historias más sencillas y desapercibidas en realidad guardan un antes y un después, pero que muchos solamente se quedan con la última imagen, y no se toman la molestia de conocer un poco más de las razones y motivos del porqué de tal persona o lugar.

Es ese plus que el escritor natural de Aracataca supo dar a lo insípido que puede resultar en ocasiones la vida misma. Caminar, respirar, trabajar, ir de un lugar a otro, crecer y morir sin siquiera haber vuelto la mirada a las cosas que al final de cuentas nos convierten en humanos.

Cuánto silencio hace su partida. Ya su última obra publicada es solo un espejismo de lo que podía ser capaz de escribir en sus días de lucidez. Ni bien me puse a leer las primeras páginas de su último libro publicado (póstumamente) pude comprobar, con un profundo pesar, que su esencia no estaba más ahí, se había esfumado ese realismo mágico que lo volvió infinito y universal.

Puede que pasen muchos años más hasta que un latinoamericano se atreva a romper con el esquema, a llenar de vida este cuajo encerrado en mi pecho, que nada lo perturba de su largo y profundo sueño, absorto de aburrimiento y decepción. Esperando y esperando, silenciosamente.

(Columna publicada en Diario UNO)

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Opinión

En INDECOPI, trayendo abajo el apellido Belmont

Lee la columna de Rafael Romero

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Por Rafael Romero

Estoy desilusionado por lo que pasa en el Perú, viendo como el mal triunfa a costa del aplastamiento y aplazamiento de los derechos del trabajador, de la burla contra el ciudadano decente que hace bien su tarea, pero es quien en el camino se cruza con sujetos perro-muerteros, pillos y bribones que no tienen sangre en la cara y no les importa defender el honor de su apellido.

Otra vez la Comisión de Procedimientos Concursales del INDECOPI peca por defecto, está desvinculada de la realidad e incumple la ley, trayendo por tierra su misión y visión institucionales, dejando en el abandono a los legítimos trabajadores de Red Bicolor de Comunicaciones S.A.A. y a su verdadero propietario, el popular Hermanón, quienes ganaron en buena lid los títulos legales y la legitimidad para administrar el canal y salvarlo de una quiebra inducida por terceros.

En otras palabras, pudiendo dicha Comisión actuar de oficio frente a un proceso concursal írrito, ilegal y falaz, donde la moneda corriente ha sido la mentira y la perversidad en todos los ámbitos, sucede ahora que en medio de leguleyadas ya no se pretende cumplir con el plan de reestructuración y el cronograma acordados, lo cual deja muy mal parado al presidente de la junta de acreedores, Ricardo Martín Belmont Vallarino, porque se resiste a honrar el respeto de la palabra empeñada, y hace lo indecible por un actuar sin clase y sin decencia.

Lamentablemente, frente a su padre procedió de la peor manera; y hoy hace lo mismo con los trabajadores a quienes no atiende pese a la responsabilidad que la ley le asigna como presidente de una junta de acreedores pues, por transparencia, hasta debería responder las consultas y las cartas de los acreedores. Pero no lo hace, demostrando con esa omisión su falta de educación -porque instrucción la puede tener cualquiera-, revelando también que le resbalan las sentencias judiciales y los compromisos asumidos ante el INDECOPI, entidad esta última a la que apeló dizque para “reestructurar patrimonialmente a RBC Televisión”.

Pero hoy se teje una nueva celada contra la Constitución Política y el derecho de los acreedores laborales, a vista y paciencia de la Comisión de Procedimientos Concursales. A contrapelo, también es deplorable constatar que los acreedores laborales caen presa de la pasividad y la procrastinación, facilitando con ello que el más “vivo” busque incumplir con mala fe los planes y cronogramas de reestructuración, y esto es solo un reflejo de lo que pasa en todo el Perú, donde la gente buena lamentablemente bebe indiferencia y apatía, siendo el resultado final la impunidad y el dejarle el campo libre al lobo feroz (homo homini lupus), animal que terminará engulléndosela.

Ese es el resumen de lo que pasa en el Perú, donde la gran mayoría prefiere no comprarse el pleito ni meterse en la lucha por sus derechos, abandonando posiciones y cediendo terreno a los malos funcionarios, a los remedos de empresarios que todavía existen y a las personas sin escrúpulos, quienes pisotean la ley y las instituciones como el INDECOPI.

Dada la magnitud de la mentira, de la tropelía y de la ausencia de Estado, donde son responsables las autoridades y los malos empresarios que dizque recurren a esa entidad en busca de una seudo reestructuración patrimonial, lo cierto es que todo el sistema está podrido, donde los vericuetos concursales y la ramificación burocrática están hechas a la medida para ser violadas por gente a la que no le importa el honor, a la que no le importa el pasado de su apellido y menos su futuro; y ese es el sino del país, donde reinan los que actúan de manera chueca y los que buscan aplastar al prójimo, pero al final no se escaparán de la rendición de cuentas ante Dios.

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Opinión

Frescuras

Lee la columna de Carlos Rivera

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Respondía Blanca Varela a un cuestionario de Jorge Coaguila acerca de sus comienzos en este bello arte y luego de explayarse en los grupos de su generación (la Generación del 50, Watanabe, Sologuren…) agregó algo con audaz categoría: “De la misma forma respondo cuando me preguntan si hay poesía femenina. La poesía es una sola, la buena, la que funciona”.

De esta manera nos enfrentamos a este breve poemario Polaridades (2024) de Vanessa Ponce del Carpio quien aparece en el inquieto escenario poético arequipeño donde últimamente abundan pastiches y pocos sugestivos esfuerzos. Talvez merezcan   un poco de atención, pero ni asombro ni envidia por sus caridades creativas. Si a un simple repaso un poemario no cautiva nuestros sentidos o se pierden en los ejercicios retóricos, sobrecargas de figuras o verbalismos entonces es inútil su lectura o el esfuerzo en intentar capturar los valores que deben emerger de toda creación artística.

Pero en el poemario de Vanessa arremeten las cargas introspectivas, lo que ella denomina como “un código emocional catártico y revelador” en su presentación. Leamos unos de sus versos de este primer poema CORPOREA:

Mis sesos se fríen en aquella hornilla.

Soy un imán de tus mentiras

enamorada e infectada,

me alimentas con los restos de tu corazón.

Revestir un melodrama en un verso es un trabajo de énfasis y sentidos: de plasticidad, sencillez y armonía para capturar en aquella conmoción que trastoca la sinceridad de la poeta (su intimidad) pero no la utiliza para gritar su vulgar dolor cotidiano, sino que condiciona los versos que ha dispuesto a un horizonte de canto delirante que sea revelador, transgresor y sobre todo estético. Ese es el fin de la poesía. Todo lo demás son arrebatos o caprichos. En este trabajo vemos acercamientos sutiles, esfuerzos (aunque sencillos) de lenguaje. Leamos RETRUM:

Golpea más fuerte,

quiero entender tus puntos de vista

empuña mis pequeñas manos

 y agítame con fuerza

antes de arrojarme a la inconciencia.

Aquí vemos el yo poético construido sobre los cimientos de una experiencia. No redunda ni cae en el delirio de la sinrazón, sino que intenta su maravillosa revelación.

En los consecutivos versos desborda el amor, la mística, cromatografía, tradición, el cuerpo, la religión, el placer, la existencia y un primitivo erotismo que puede alcanzar en posteriores trabajos una interesante propuesta. Pero el candor o la nostalgia abrazan algunos versos, y con sencillas pero robustas metáforas logran capturar el mensaje:

No hay disfraz cuando estoy contigo

 y la luna tierna como madre

se esconde en su velo

para mostrarme el amanecer.

Este último verso me recuerdan a la mirada de miel que clamaba Abrahán Valdelomar en “El hermano ausente en la cena pascual”.

En este pequeño todo de palabras (amasijo de historias) hay un diligente oficio de creadora. Un comienzo motivador por la lozanía de sus versos y ensayo experimental. Su delicado estilo va germinando el nacimiento de una artista que asume que “cada poema es un instante” y esta poesía repitiendo a Blanca Varela, simplemente funciona. Por eso aplaudimos a esta “criatura eclosionada en primavera”

*Leído el martes 16 de abril en la presentación realizada en la Biblioteca Lee K’ana de la provincia de Espinar, Cuzco.

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A que no te lo contaron, de Freddy Quillay Alfonzo

Lee la columna de Rodolfo Ybarra

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Quillay Alfonzo nos sorprende esta vez con un manojo de cuentos naturalistas, llenos de chispas y enseñanzas que podrían estar en el mejor plan lector (el ministerio de Educación debería ponerse las pilas de una vez y ponerlo en las currículas). Aunque su público lectoral no se circunscribe únicamente a los colegios o las universidades; hasta se podría decir que estas historias deberían ser leídas por los abuelos a sus nietos casi como una obligación o un expertise de lo que es la vida.

Aquí se cuentan cosas sencillas pero profundas. Ese A que no te lo contaron es justamente el vacío de la realidad que se nos pasa por las narices y no nos damos cuenta o lo ignoramos olímpicamente porque es natural hacerlo, porque no debe importarnos, porque es mejor hacerse el desentendido. Por ejemplo, la educación, el saber, la literatura, la ciencia o las matemáticas. ¡O el desconocimiento en la preparación un plato de sopa! Y el hecho que a un profesor le de igual si los alumnos aprenden o no, debería ser considerado un crimen. Así como también no atender a un perro atropellado en la pista.

Quillay se da cuenta de todo esto y ha decidido llamarnos la atención, hacernos ver casi con una lupa o un espejo esto que está pasando ahora mismo y que, aun siendo literatura, es reflejo cóncavo o convexo de nuestra sociedad donde los sentimientos más puros son pisoteados o no nos sirven en nuestro diario trajinar porque aquí la maldad, el odio, la corrupción y el deterioro moral son el pan de cada día.

Y es necesario rescatar al amor, así, aunque suene cursi y trasnochado o sea una verdad de perogrullo: “El amor es el sentimiento más puro y más sublime con el cual la naturaleza nos ha dotado, está presente desde el momento que nacemos hasta el día de nuestra muerte. Amamos las cosas, amamos los animales, amamos a otras personas; nos amamos a nosotros mismos, y maravilloso es el amor puro y sincero por otro ser, ese que nace de pronto, o ese que se construye día a día. El ser humano que destruye el sentimiento del amor que es innato, reemplazándolo por el odio y el rencor, no vive, muere dada día consumido por esos sentimientos infames con los cuales no se nace, sino que se aprende en la sociedad” pag. 39.

A que no te lo contaron editado por Luz de Agosto Editores que afablemente dirige el narrador Jack Flores, ha tenido un acierto con este libro, no solo porque este tipo de literatura no escapista, nos sumerge de llano en la crítica sino porque ayuda a construir una identidad que ahora más que nunca está diluida o es inexistente y ha sido borrada de un brochazo por quienes deberían velar por la conciencia de un país o nación.

La literatura de colegios —y lo sabe bien Quillay que es profesor de literatura— está más abocada en piratas, dragones, monstruos o zombis. La internet bombardea a los niños o jóvenes con juegos absurdos o perversos, dota, etc., donde se naturaliza el crimen, la idiotez o la pérdida de tiempo. Y donde las expectativas de las nuevas generaciones no son aprender ni tienen nada que ver con la ciencia, la literatura o las artes. Sino que tienen que ver con alcanzar el éxito lo más antes posible: ser futbolista, cantante de reggaetón o tener una página en Onlyfan. Tener plata y fama cueste lo que cueste.

Y por eso y más, A que no te lo contaron es un libro que lucha a contracorriente, un salmón yendo a cuesta arriba para dejarnos sus frutos. El último de los mohicanos que todavía cree que la literatura sirve para algo. No lo perdamos de vista.

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¿Partidos políticos con intelectuales o con delincuentes?

Lee la columna de Rafael Romero

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Por Rafael Romero

Obviamente que un partido político no se construye con delincuentes sino con intelectuales, y sobre todo con gente proba y con ideales superiores. Lamentablemente en el Perú las “maestrías” y los “doctorados” se han mal utilizado para tomar el Estado y saquearlo.

Al mismo tiempo los mismos sujetos -o dizque “tecnócratas”- que procesan, amañan, proponen y dictan las normas dentro de las instituciones son, precisamente, esos seudo “doctores” y “maestros” que solo han logrado, sobre la base de tecnicismos, leguleyadas y formalismos, acomodar las cosas en su beneficio o construir finos y sofisticados sistemas de corrupción e impunidad.

Esta triste realidad es fácil de comprobar en todo el aparato estatal. Pero lo curioso es que los medios de comunicación convencionales o tradicionales hacen los más grandes esfuerzos, quizá “sin querer queriendo”, para que esa inmoralidad pública generalizada se mantenga en el tiempo y acaso prime al punto tal de no encontrarle salidas al problema.

Es decir, la denominada “gran prensa” no se ve interesada en cambiar este grave defecto de la risible democracia peruana. Por el contrario, directa o indirectamente, la promueve con el pobre nivel de sus contenidos y al no ser sincera ni facilitar la participación de gente de valía que sirva de recambio frente a la costra de farsantes que solo le venden humo al Perú, redundando aquel poder mediático en brindar sus espacios a los corruptos de siempre.

Igualmente, en el caso de los altos sectores del empresariado peruano, estos no apuestan por una renovación generacional y terminan siendo furgón de cola de los medios de comunicación, pues no piensan más allá que del dinero, dinero y más dinero.

Por eso es que los “propietarios o dueños” de los “partidos políticos”, aquellos fundados en las últimas tres décadas, hoy se encuentran felices y de cara a un medio ambiente propicio para sus bajos intereses (personalistas o de grupo), pues si no existen medios de comunicación ni gremios empresariales a la altura de los problemas del país, lógicamente en ellos solo va a primar la mediocridad, “el negocio de la política” y de la corrupción “Rolex” que lacera todos los niveles de la administración pública.

El tema es muy profundo y se debe a una renuncia de muchos representantes de la clase política y “dirigente” del Perú, renuncia al esfuerzo por construir verdaderas organizaciones políticas, aquellas que sí deberían responder a una auténtica base filosófica, a una sincera ideología y un claro pensamiento político sobre la realidad nacional e internacional.

Pero hoy cualquier hijo del vecino se cree con la capacidad de fundar una organización política, o piensa que, porque fue parlamentario, tiene el camino abierto para inventar otra entidad electorera que lo haga millonario con la venta de escaños (incluyendo los del Senado recién creado), amén de pasar el sombrero sabe Dios a que extraño u oscuro financista que también tendrá voz y voto dentro de su seudo partido político.

Aquellos son los que ven la política como vil negocio y son personajes que creen que con dinero se puede hacer un partido político de la noche a la mañana, reduciendo el tema a una vulgar “inversión”, incluso así sea traicionando o vendiendo a la patria.

Bueno, preciso, esa gente con dinero propio o prestado podrá hacer cualquier bodrio menos un partido, podrá construir una nueva mafia, un nuevo grupo electorero, un vientre de alquiler o una cooperativa de tránsfugas, pero jamás podrá construir un partido político, y ese es el drama nacional.

Por tanto, los medios de comunicación, los gremios empresariales, la golpeada y casi inexistente clase media y los sectores populares pensantes tienen que pasar a la acción con el objetivo de impedir que el Perú continúe dentro de ese círculo vicioso donde los corruptos de siempre se reciclan bajo el pobre nivel crítico de “la gran prensa”, quedando en manos de delincuentes el municipio, el ministerio, el Congreso y la administración pública, es decir, dejando de lado a la gente educada en valores y formada en cultura política.

Finalmente, agradecería que me informen acerca de quiénes son las personas que, salvo Ricardo Belmont, desde el Partido Cívico Obras, o José Antonio Torres Iriarte, desde el Partido Aprista, están luchando para salir de esa argolla de corrupción; quisiera que me documenten acerca de quiénes son esos buenos ciudadanos que vienen hablando, promoviendo, alentando y haciendo proyectos para que los intelectuales y la gente formada en filosofía y en las ideas políticas se active, ingrese y forme parte estratégica en un partido político.

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