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Arte

Ricardo Terrones y la pulsión atávica

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Ricardo Terrones.

Por Aldo Alcota

“¿Tan sólo milenios galopan en tu lomo? Tu antigüedad es mayor. ¿Es que tus ojos no fosforecen con pasiones recientes? ¿Eres carne de los sacrificios milenarios?”

El pez de oro de Gamaliel Churata    

En La cultura de la resistencia (1973), Marta Traba reflexionaba sobre la dependencia del llamado nuevo mundo bajo ciertas hegemonías dominantes y coloniales, asunto que ha preocupado durante un larguísimo tiempo (desde las sublevaciones independentistas en toda América), y cómo el entorno cultural americano planteaba desde hace más de un siglo formas e ideas para romper y vencer estas ataduras, en busca de una identidad e historia propia, donde el concepto de diferencia tomara un gran impulso a través de diversas expresiones creativas y eruditas. Esto fue adoptado como uno de los significativos desafíos del arte continental a partir del siglo XX: imbuirse de su entorno y autóctona sabiduría, compatible a la vez con una potencia universal y moderna, sin caer en un folclórico chovinismo. Según Traba “… lo único claro fue siempre el mundo físico alrededor del artista latinoamericano, surtiéndole proposiciones étnicas, lingüísticas, geográficas, idiosincráticas, de una riqueza muchas veces excesiva. Pero todo buen artista es consciente, por vía racional o instintiva, de que la realidad no adquiere existencia sino a través de un proyecto, y que la obra es tanto más valiosa cuanto más general es ese proyecto”.

Llevar adelante esta amplia propuesta con un original lenguaje, desde un lugar específico, parcelado, y que pueda lograr con su carga emotiva y sus planteamientos intelectuales, críticos y técnicos trascender fronteras, estar vigente y en constante crecimiento (con el viento del talento, la inteligencia, la disciplina y el apoyo a su favor), es un enorme reto para artistas de esta región. Muchas y muchos lo han logrado y uno de ellos, actualmente, es Ricardo Terrones (Chepén, Perú, 1976). Él conjuga en la robusta huella de una ontología territorial ese esplendor precolombino con su fascinante invención personal, siendo heredero de una fértil tradición figurativa y cromática que está arraigada en la pintura peruana (pensemos en maestras y maestros de la centuria pasada como Tilsa Tsuchiya, Venancio Shinki, Gerardo Chávez, Julia Codesido, José Tola o Fernando de Szyslo). 

Su infancia y sus vivencias en Chepén lo han inspirado siempre, atento a esa impresionante zona aluvial con abundantes algarrobos, sapotes, espinos, faiques junto a una variada fauna formada por gallinazos, lagartijas, garzas, tordos, faisanes, pavas, felinos entre otras especies, además de poseer un importante patrimonio arqueológico relacionado con las culturas mochicas, chavines y chimús, todo disponible como material pictórico en la obra de Terrones. Sus cuadros se convierten en una necesidad de revelar nuevos paisajes con deslumbrante vegetación, toros y perros situados sobre llanuras de tonos cafés, una sucesión de homenajes dedicados a la agreste selva, al árido desierto, las corrientes del río y esa lejana resonancia de olas originadas en el Pacífico. Éste instaura un goce humano, animal y vegetal, aferrado a su íntima búsqueda hecha candente metáfora y profunda exégesis plástica condensada en la dimensión de un cielo rojo, azul, amarillo o un sinfín de coloridas mezclas que salen desde su paleta.

Esos cortes, esas tensas líneas dejan simétricas marcas en las planicies andinas, en los algarrobos y montañas donde se acumulan cuernos de toros, colmillos de perros, garras, alas, escamas y robustas hojas de un tiempo pretérito y actual. Hay una valiente decisión en Terrones de reinventar un paradisíaco y feroz ecosistema. Su presencia humana recuerda esos delgados maniquíes de madera que se utilizan como modelos para dibujar hasta llegar a esos recios seres ancestrales de grandes manos y pies, atrapados en su dramatismo y festividad de maciza revelación, habitantes de granito que han sido paridos en una antigua ciudad chimú. El trabajo de Terrones se entrega a un amontonamiento de especímenes dentro de un vibrante plano, con desbordamientos mitológicos de renovada estética, que coge lo mejor del mundo precolombino y el arte contemporáneo, desde las vanguardias hasta la nueva figuración, siempre desde los más profundo de esa otredad que significa estar situado en Latinoamérica y su relación con la “impureza”, con sus “cruces y giros” (citas del dramaturgo, performancista y poeta Alberto Kurapel). Ese mestizaje, esa combinación de visiones, sentires y grietas conmueven a Terrones y repercute en la silvestre diacronía de su obra.  

Los personajes de Terrones están envueltos en energéticos caparazones y gruesas franjas que protegen ese desasosegado magma de imágenes, piezas significativas de una expresionista Pachamama que fecunda corpulentos y enjutos apéndices, configuraciones de un espesor atávico en comunión con la tradición muralística de este continente y la poesía hecha pintura, vinculada a la cosmogonía de los pueblos originarios (existe proximidad visual de Terrones al grupo Magie Image, fundado en el París de los ochenta por artistas latinoamericanos, siendo uno de ellos el peruano Leoncio Villanueva). Además está el influjo de los cerros de Chepén en el artista, expuestos a la magnificencia del sol, un Inti Raymi adunado a una Semana Santa de voluminosas crucifixiones tras el estampido del sincretismo y estilizadas por pinceles de palpitante memoria, que fluyen hacia un testamento tectónico. La naturaleza se afinca en planos y círculos, con delineaciones que parecen bordadas por el acrílico, metódica delicadeza advertida en esos hilos pintados.

Su obra es humanista, ecológica y crítica hacia el poder político. La amistad, el esfuerzo, el recuerdo, la lealtad, la libertad, el amor son temáticas recurrentes en su trabajo al igual que la sublime y heterogénea zoología y flora vernácula, una alegoría de la belleza natural disponible a ser contemplada por horas, parajes realizados por Terrones que traen consuelo frente al fracaso de la política y sus corruptas infamias, cristalizadas también en sus telas con sarcasmo y duro cuestionamiento. En él se desarrolla un cautivador imaginario propio de su lugar de origen, de su rebelde periferia que rompe los límites fronterizos y se instala en el panorama del arte internacional. Ya decía Terrones en una entrevista de 2018 que el arte latinoamericano le faltaba identidad y honestidad. Esas dos características no se agotan en sus propósitos artísticos porque los engrandece y los reitera a cada rato, fuente inagotable de su entusiasmo y su acervo imaginativo, de plena entereza que está en incesante transformación, siempre atento al tiempo que le toca presenciar y vivir, más en una época globalizada.

 Sus dibujos sobre papel algodón cuentan con la misma riqueza técnica e inventiva de sus cuadros: figuras de la noche hacen de sus puños un sol negro, con petrificadas cabezas que proyectan una sombra monstruosa y desde sus bocas salen cañas donde transitan pequeños automóviles; mujeres en actitud de reposo sobre vulvas de carbón, observando sus colosales manos parecidas a las rocas; o coches que se asemejan a escarabajos y conejos  salpicados de barro y arena, fraternizados con plantas mimetizadas en pezuñas. Y se aprecian en esos vaporosos espacios cuerpos atestados de lunares y desmesuradas células, orgullosos de un pasado mochica (rememorar esas botellas de asa estribo en forma de guerreros y aquellas conchas redondas y en espiral tan imprescindibles en las sagradas ofrendas).        

Néstor Canclini manifiesta que el arte “existe porque vivimos en la tensión entre lo que deseamos y lo que nos falta, entre lo que quisiéramos nombrar y es contradicho o diferido por la sociedad”. En esta disyuntiva se obstina el discurso artístico de mantener vigente las grandes preguntas, carencias y anhelos que no escapan nunca a la reflexión. La espera de una revelación. La permanencia del misterio. Terrones ahonda en sus pregnantes obras, un ilimitado territorio fantaseado en el episteme de los peces, el canto del agua, los ladridos de perros, las piruetas de las aves, las miradas de las lagartijas y la soberbia hojarasca crecida en el torso de un vetusto caminante que ofrenda un hexágono de maíz a los jardines del sol.              

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Literatura

Un primer acercamiento al poemario “La comedia inútil” de Eduardo Saldaña

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A simple vista puedes ver
como borrachos en la esquina de algún tango
a los jóvenes de ayer.
Empilchan bien, usan tupé
se besan todo el tiempo y lloran el pasado
como viejo en matiné.

-Seru Girán-

Hay jóvenes que parecen haber sido extraídos de las páginas más sórdidas y conmovedoras de Roberto Bolaño, donde el único camino que existe para desafiar al horror es el de la poesía. Esto puede resultar siendo una heroicidad o una gran simpleza; sin embargo, no deja de ser totalmente conmovedor, más aún cuando los textos reflejan felicidad, sufrimiento y las primeras vivencias.

El viernes de la semana pasada se presentó en la Feria Internacional del Libro de Trujillo “La comedia inútil”, la ópera prima de Eduardo Saldaña. Hace ya algún tiempo que la publicación de un poemario no era tan esperada por gran parte de los jóvenes trujillanos. Esto se puede inferir por dos motivos, el primero es que normalmente cuando un joven publica un libro de poesía en Trujillo no es apoyado por un buen trabajo editorial, cuya función no solamente debe basarse en una  excelente diagramación, corrección y edición del libro, sino que también debe contribuir en su publicitación, en este punto es necesario resaltar el buen trabajo que ha realizado la editorial “Paloma Ajena Editores” por buscar distintos espacios físicos y virtuales para brindar un primer acercamiento a los textos y al autor.  Esto representa también una evolución en su corta historia, ya que marca un antes y un después, teniendo en cuenta que las primeras publicaciones eran folletos y poemarios artesanales. Ahora vienen preparando publicaciones de otros autores, tanto poetas como narradores, y una antología de poesía joven de La Libertad llamada “Todos los ruidos” (pueden leer la convocatoria en su página de Facebook). Lo segundo es que la cantidad de poemarios publicados al año en Trujillo no tienen la calidad necesaria que se requiere para ser entregadas a los lectores, lo cual termina desgastando una atmósfera poca fructífera como la nuestra.

“La comedia inútil” se estructura en 4 partes esenciales. En el epílogo, el escritor Miguel Idelfonso menciona que existe una gran referencia a Dante Alighieri y a su “Divina comedia”, utilizando un espacio físico posmoderno y apocalíptico. En este caso, puedo agregar que las distintas voces líricas que van apareciendo en los discursos poéticos se encuentran perdidos en una especie de “selva oscura” plagada de edificios asfixiantes y barrios marginales donde aprenden a convivir con los amores perdidos, la escasez económica, las desilusiones de la juventud, las enfermedades, los fracasos, la lucha consigo mismo y otros temas más que logran tocar las fibras más íntimas.

La primera parte, titulada Concepci(.)n, comparte un tema ya explorado por otros autores de la región en sus primeras publicaciones poéticas: el entorno familiar. Podemos encontrarlo en “Los heraldos negros” de César Vallejo, “Álbum de familia” de José Watanabe, “Este es mi cuerpo” de Lizardo Cruzado”, y uno más reciente como es el caso de “Cartas a una reina” de Ray Paz Quesquén. No parece ser una coincidencia que este tema aparezca en los primeros libros de poemas publicados por autores, sino que justamente tiene como objetivo ser el cordón umbilical entre el poeta y su pasado, como una forma de reivindicación a lo primigenio.

En esta parte encontramos seis poemas que forman un camino de aprendizaje e iniciación, pues el sujeto lírico predominante en estos discursos utiliza la figura del hermano menor, la madre, el padre y el hogar como preámbulo para poder alejarse y confrontarse consigo mismo hasta encontrar la figura de la mujer amada.

Si Watanabe tomaba detalles muy simples de su entorno familiar para ir consolidando una mitificación de sus raíces, Eduardo Saldaña recurre a la enfermedad y al sentido trágico para lograr un viaje a la semilla familiar:

Por un lado: “Madre está tosiendo/ sus latidos son el código morse que usa para repartir a ciegas/ el cansancio/ sus dedos son flautas alargadas que tocan cada arteria/ del asma”.

Al padre: “¿Me oirás cuando envejezcas y las inyecciones no te alivien? / Yo soy el sucesor de tus gestos agónicos y rebeldes/ soy tu eco/ ¿Por qué me abandonaste cuando mi primer reflejo fue decir tu nombre? /

En este aspecto se puede percibir cierta analogía con la relación cristiana del padre e hijo, pues aquella interrogante como forma acusatoria ante un abandono eminente permite que el lector tenga una variedad interpretativa. Esto se consolida con los siguientes versos:

“¿Por qué mi grito se escucha como tus reclamos? / ¿Por qué sacrificaste al cordero sin esperar ningún milagro? / Sé que jamás podré descubrir la razón que nos hizo parecernos tanto.”

Estas figuras familiares conviven en una atmósfera totalmente deshumanizante:

“Luego los cuartos, pequeñas ratoneras de adobes y vigas/ también están los daños en las paredes prefabricadas/ estigmas de un milagro con la factura que jamás se canceló”.  

Esta descripción del espacio físico sirve como forma de acrecentar la fe, logrando una oposición entre carencias materiales – riqueza espiritual:

“Solo cuando la lluvia desciende hasta ser lengua de barro/ somos lavados y castos como si el Jordán nos perteneciera/ aquí sucedemos/ pájaros carpinteros en la estación más insólitas: escasez”.

En los dos últimos poemas de esta primera parte, “Antielegía para mí mismo” y “Conmemoración”, el sujeto lírico se desprende del entorno familiar para emprender una búsqueda de sí mismo y del amor:

“Todo lo has perdido, chiquillo/ tus años escribiendo confesiones obscenas sobre las ojeras de una muchacha/ tu árbol en llamas trepando desde los pies hasta la madriguera de tu lengua…”

Del sujeto lírico se pueden deducir dos rasgos: lo esquizofrénico al dirigirse hacia sí mismo tomando cierta distancia y su condición de subalterno. El espacio físico que le sirve como iniciación son barrios marginados que representan lo trágico, pero también lo vitalizante, pues se da a entender que en estos contextos se aprende a encontrar el verdadero sentido de una vida sin máscaras y sin ataduras. Mientras el poema se va extendiendo, el estilo se va volviendo más crudo e hiriente

“Solo supiste inventar falsos dioses desnudos bajo la rabia/ arrastrarte hasta la plazuela como un potro salvaje con/ la mandíbula rota/ y en la pista/ sueños derramados entre barras blancas que no aspiraste a recuperar …”

Culminando con una correcta y bolañesca anti-romantización de la poesía: “La poesía/ ese animal en celo/ sería tu ruleta rusa”.

La segunda parte del poemario se titula “Plegaria a los ausentes”. Aquí encontraremos una despersonalización del yo lírico y una variedad discursiva relacionada a lo experimental y a lo lúdico. Los dos poemas principales son: “Tomás Ruiz se deja morir como a los últimos postes al amanecer” y “Vals nocturno”.

El primero es un homenaje a Tomás Ruiz y con él a todos los poetas marginados y excluidos del stablishment literario nacional. Es difícil escribir sobre él y no pensar en lo contrahegemónico y en lo valiente que resultan siendo algunas personas en una realidad que solo les ha dado carencias y sufrimientos. Trujillo tiene mucho que agradecer a Tomás, por su poesía y su loable trabajo editorial que permitió la aparición de voces interesantes como Lizardo Cruzado, David Novoa, José María Gahona, y otros más.

“Las bestias no saben que mendigaste con libros bajo el brazo/ y que conociste los barrotes/ como vértebras de la muerte/ no saben de tus reuniones clandestinas con el silencio/ pero ahora eres libre/ ya nadie te persigue …”

El poema “Vals nocturno” es clave en todo el poemario, ya que aquí se intercambia el discurso individual por uno colectivo con rasgos subalternos, ampliando la perspectiva que se tiene de las urbes y tocando como temas esenciales el paso irremediable del tiempo, las ilusiones perdidas y el fracaso de toda una generación:

“Oh muchachos/ cuánto tiempo ha pasado desde que prometimos no volver/ a mirar atrás y supimos que estábamos jodidos frente a tantas/ horas mal consumidas”.

“Oh muchachos/ al final perdimos el reino donde alguna vez fuimos arcángeles/ huyendo de las farmacias/ tocando fondo más allá del sueño sangrante”.

“ahora solo nos queda como testigo la experiencia y esta danza/ de ataúdes para una fosa comunal donde seremos enterrados/ boca abajo personificando nuestra única fuerza: la mala memoria”.

Estas dos primeras partes representan lo mejor del libro, tanto por el estilo, el ritmo acelerado, el lenguaje y las temáticas que se abordan. La tercera parte “Monólogo de Gabriela – el cantar del caos” no aporta mucho, las atmósferas utilizadas resultan algo monótonas, incluso identificando las distintas voces femeninas que dialogan entre ellas. Los versos son mucho más cortos y pausados, lo cual se opone al estilo de largo aliento que había dado buenos resultados.  

En la cuarta parte, titulada “La sonrisa inútil”, se evidencia gran influencia de los poemas lúdicos y divertidos de “Este es mi cuerpo” de Lizardo Cruzado. Si el poemario empieza con una voz descarnada capaz de enfrentarse a sus recuerdos familiares, a la sociedad y hacia sí mismo, termina siendo consumida por la simpleza que representan el juego de palabras.

Este poemario se emparenta a otros que aparecieron en los últimos años en el Perú y en otros países latinoamericanos, como es el caso de “Los tiempos Jurásicos” de Kevin Castro, “El sueño de Visnú” de David Meza (mexicano), “Ceniza de rinoceronte” de Agustín Guambo (ecuatoriano), entre otros. Estos tienen en común algunos rasgos como el uso de elementos paratextuales, la pluridiscursividad, lo experimental, la intertextualidad y ubicarse, por lo general, en un espacio físico urbano.

Cabe mencionar que el título del libro es extraído de una frase encontrada en la novela “El túnel de Ernesto Sabato y que hay un poema donde se utiliza la voz de María Iribarne para dirigirse a Juan Pablo Castel, su asesino. Además de que en la parte final podemos encontrar distintas fotografías de espacios conocidos de la ciudad de Trujillo (el llamado “parque de los metaleros”, el baipás del Mansiche, etc.)

La poesía es aprendizaje. La pasión desbordada por su afecto a la poesía, la frescura del lenguaje y un estilo ambicioso y torrencial son las mejores armas que Eduardo Saldaña tiene para empezar a consolidar una voz que irrumpe en un ambiente tan adormecido como el trujillano. Espero que no decaiga como otras voces interesantes que aparecieron y que se fueron dilucidando con el pasar de los años. Todo depende exclusivamente de él, las ganas y el talento los tiene.

Hay que leer “La comedia inútil”, cada lector sacará sus propias conclusiones, estoy seguro de que, en su mayoría, serán positivas. Este escrito puede servir como un primer acercamiento.

Aquí comparto el teaser (elaborado por “Paloma Ajena Editores”) y un poema:

VALS NOCTURNO.

En nuestro propio territorio nos movíamos

súbitos y veloces

Seamus Heaney

Nadie descubrió

nuestras zapatillas lanzadas sobre los cables eléctricos como

sueños marginados

nuestro lenguaje mal abreviado violento e impulsivo

que no supimos domesticar sin antes empezar el viaje

nuestro sudor absorbiendo ese aire metafísico del desamparo

buscando un país inocente donde la estrella no nos

cortase los labios resecos con su filo

nuestra fugacidad en los sentidos repartidos cual documentos

de identidad entre los no nacidos para una bandada de pájaros

con blue jeans que deseaban desesperadamente ser siempre jóvenes.

nuestra botella descartable que sorbo a sorbo cumplía

cualquier deseo

nuestras primeas ilusiones en medio de la copulación

de estatuas y árboles que jamás serán violines

nuestra mirada felina cuando alguien nos decía que seríamos

las víctimas del mito destinadas a masticar una humillación

 pública entre hoteles de mala muerte y esa confesión de los

semáforos como canserberos melancólicos corriendo por los

túneles antes de que la madrugada nos hiciera arrepentirnos

 o hasta que Sodoma resplandeciera en nuestros

miembros

oh muchachos

cuánto tiempo ha pasado desde que prometimos no volver a

mirar atrás y supimos que estábamos jodidos frente a tantas horas

mal consumidas

oh muchachos

al final perdimos el reino donde alguna vez fuimos arcángeles

huyendo de las farmacias

tocando fondo más allá del ensueño sangrante

ahora solo nos queda como testigo la experiencia y esta danza

 de ataúdes para una fosa comunal donde seremos enterrados

boca abajo personificando nuestra única fuerza:

la mala memoria

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Cultura

¡A volar, barrilete cósmico!, por Helen Hesse

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Hoy mi hermano viene de visita. Como es regordete, calvo y empresario, Lito le ha puesto de chapa «Kingpin», como el villano del cómic de Marvel. Toca el timbre y nos ponemos algo nerviosos porque es la primera vez que conocerá a mi novio. Y digamos que hay una distancia muy grande entre ambos: la política.

A diferencia del Kingpin de ficción, mi hermano es bonachón y una persona bastante amable, excepto cuando habla de política. Por eso le pido a Lito que no hablemos de eso en la mesa, porque lo que menos quiero es generar un conflicto.

—Suficiente con los problemas del país como para tenerlos con mi propia familia —recalqué.

Luego de la cena, en la sobremesa y con vinos, Kingpin nos pregunta qué pensamos de las protestas y marchas a nivel nacional. Yo le reboto la pregunta y le pido que mejor me diga qué piensa él al respecto:

—La gente de nivel, los empresarios, es decir, gente que hace patria como yo —empieza Kingpin, inflando el pecho, copa en mano. — no estamos de acuerdo con estas corrientes progres que buscan cambiar la Constitución. ¿Sabes lo que me dicen mis clientes A, B sobre la gente que ha ido a la marcha?

—Ni idea —le respondo, mientras sirvo más vino en mi copa. Lito se altera, le pongo la mano en la rodilla a modo de tranquilizarlo.

—Que son gente que no tiene nada que hacer, hasta creen que les han pagado para ir.

—Ya —le digo, esperando que se explaye pues me pica la curiosidad. Lito evade la conversa revisando su celular.

—Lo que ha ocurrido es solo vandalismo azuzado por la prensa mermelera.

—No llego a entender tu punto —interviene Lito, intentando contener su fastidio.

—Como te vuelvo a decir, el sector empresarial piensa como yo. Solo que esa gente no comenta, se queda callada, no entra en debate, simplemente hace mutis.

—¿No entiendo por qué se quedarían callados? — Le replico a mi hermano. Lito en cambio vuelve a ignorarlo con su celular.

—No van a debatir con gente que no está a su altura, pues; pero cuando nos reunimos, nuestra posición es la misma.

—Ok, hermanito —digo, buscando evitar la confrontación.

—Lo que pasa es que, honestamente, la izquierda se ha enclaustrado tanto que, hablando en términos «marvelianos», son como Hydra.

—¿Estás comparando a la izquierda con…? —de reojo veo a Lito que trata de contenerse.

Y es que Hydra es un grupo terrorista en el universo Marvel que se jacta de su capacidad de reagruparse tras la derrota y volverse más poderoso frente al embate de sus enemigos.

—Claro. Porque como siempre han perdido, aprendieron a colarse en puntos clave del poder como parásitos y desde ahí están metiendo la mano en todo. Tanto así que, hasta los dueños de las empresas, en su propio negocio, no expresan su opinión por miedo a que los obreros tomen represalias.

—Hay algo en lo que sí estoy de acuerdo —le digo a Kingpin. Lito ya está en otra cosa—: la gente tiene miedo, y es porque todos los días suceden cosas inesperadas. Últimamente ya me da temor pensar en el futuro. Todos los días me pregunto ¿y ahora qué pasará?

Lito, pálido, nos mira y atraviesa con su brazo la mesa. Le sube todo el volumen a su celular y nos muestra la noticia:

«Ahí la tiene Maradona. Le marcan dos. Pisa la pelota Maradona. Arranca por la derecha el genio del fútbol mundial. Puede tocar para Burruchaga… siempre Maradona, genio, genio, genio, tá, tá, tá… goooooooooool… quiero llorar, Dios Santo, viva el fútbol… ¡Golazooooo… Diegooooo! Maradona… es para llorar, perdónenme… Maradona en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos, barrilete cósmico… ¿De qué planeta viniste?».

—Maradona ha muerto —sentencia Lito.

Ahora sé qué será una noche larga.

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Cine

Viernes Literario: Aya Taki por el qosqoruna Federico García

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El “aya taki”, es aquella canción fúnebre que se blande en la despedida del Mundo Andino donde la muerte es apenas otro paso, otro mundo. Se rememora al ser querido en la familia y también se le “canta” en público, como ahora amerita hacerlo con Federico García Hurtado de Mendoza (1937 -2020). Qosqoruna, artista en toda la dimensión de la palabra. El pasado 23 de octubre se nos adelantó y entre otros grandes amautas del Qosqo, ha dejado un gran vacío y a la par un gran legado. Nos acercó al Ande vivo con poesía impresa en su trabajo cinematográfico, y ahí perdura Kuntur Wachana (1977).

Inmortalizó en el séptimo arte a los personajes más manoseados pero menos estudiados de nuestra historia libertaria. “La leyenda de Melgar” (1981) y “Túpac Amaru” (1984) son dos retratos de ello. La veta de su sensibilidad radica en la cosmovisión andina que nos permite conocer en más de 10 películas como “El caso Huayanay”, “El socio de Dios” y “Laulico”. Destacan también las cintas “La manzanita del diablo”, “La yunta brava” y “El forastero”, estas dos últimas realizadas a principios del nuevo milenio. Indesmayable junto a su compañera María del Pilar Roca, ha desarrollado una intensa vida creativa e intelectual donde podemos apuntar los libros, “El paraíso del diablo” (2003), “Pachakuteq: Una aproximación a la cosmovisión Andina” (2004) y “Piel de fuego” (2007).

“Fico amaba el Cusco, amaba su pasado y quería la identidad de su gente, quería a Túpac Amaru, quería que la gente se identificara con él porque era un ser honesto, alguien que teniéndolo todo lo dio todo por cambiar nuestra historia. Fico creía en la independencia del Perú porque consideraba que seguimos siendo una colonia donde se maltrata a nuestros pueblos y el centralismo concentra y decide por el Perú. Fico amaba la libertad, era un libre pensador difícil de encasillar, rompía esquemas y ese es también su aporte a la peruanidad”, nos dice Pilar Roca quien sigue defendiendo su obra, tristemente invisibilizada por el actual Ministerio de Cultura. Al Estado peruano, como él mismo dijera “sólo le debe encierros y persecución”.

Demostrando que nadie es profeta en su tierra, “Kuntur Wachana” se hizo ganadora del Premio de la Federación Internacional de Críticos de Cine en la 10ma edición del Festival Internacional de Cine de Moscú. “Tupac Amaru” fue un éxito de taquilla en 1984 y es considerada en el Festival de Tokio de 1986, como uno de los films más representativos del cine latinoamericano de todos los tiempos. Sus cintas se han exhibido en América, Europa y Asia, donde al presente se les estudia como corresponde en diferentes universidades a las que también fue invitado en calidad de conferencista. Entre los numerosos premios que recibió señalaremos el Premio de la Prensa Internacional en el Festival de Cine de Biarritz y el Premio Saúl Yelín del Comité de Cineastas de América Latina.

Federico García vuelve al Qosqo y vivirá para siempre en su amada Calca, al clamor del Valle Sagrado. El Cusco es la tea donde más fuerte arderá su memoria. Los distintos reconocimientos alrededor del mundo hacen de su obra patrimonio de nuestra cultura que debe ser custodiada como se hace con el patrimonio material e inmaterial. Hablamos de la herencia espiritual de nuestro pueblo. Si un homenaje le debemos, el único camino es asumir nuestra andinidad. Pensar en andino y reconocernos como tal, al lograrlo acogeremos el legado de Fico García. Es necesario también, iniciar una cruzada por el rescate de sus cintas cinematográficas, que entre otras joyas nacionales, deben incluirse en el proceso de aprendizaje de los estudiantes peruanos. 

El Cusco llora a un hijo querido y a poco más de un mes de su partida, le cantaremos como se debe, hoy viernes desde las 4:00 pm, en la Sala Machupicchu del Centro de Convenciones de la Municipalidad Provincial del Cusco.  Todos los que desean ser parte están invitados junto a sus amigos, familia y nuevas generaciones de cusqueños y cusqueñistas.

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Actualidad

La poesía no se mancha (o algunas ideas sobre la muerte de un Dios)

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Foto: Infobae.

Pensar en la polarización de opiniones que vienen desatando Maradona me hace pensar en lo contradictorio que somos los seres humanos. Supongo que en muchos genios ello es más despreciable, porque justamente buscamos la perfección en quiénes logran destacar más allá de lo mediano. Pienso en, por ejemplo, Arhtur Miller que fue un gran dramaturgo, pero tuvo a su hijo en un sótano; o Céline que tiene estupendas novelas pero fue nazi; o Vallejo que hablaba del humanismo en sus poemas pero hizo abortar a su esposa; en fin, cuántos talentosos que lograron destacan en sus artes o ciencia pero tuvo problemas a nivel interno.

Decimos que Maradona fue un Dios en el fútbol y que llevó a su equipo italiano a la copa y que logró no sé cuántos mundiales solo por su talento, y, atacamos, por otro lado, su vida privada, sus excesos, su izquierdismo, su mirada enraizada en lo popular que tantos aristócratas del pensamientos e impolutos de las ideas, o tibios, niegan. No se trata aquí de ponernos a decir quién es bueno y malo según su forma de ser, ni usar esa “moralidad en el actuar” para cuestionar su “creatividad en su trabajo genial”, dado que las dos fórmulas son, en muchas medidas, antagonistas.

Yo no voy a decir aquí quién es bueno o malo ni quién debe ser juzgado por sus actitudes y no por sus obras; lo cierto es que recuerdo aquellas ideas de nuestro genial cuentista Julio Ramón Ribeyro que nos explica que debemos apreciar tan solo “un talento” por cada persona, es decir, si alguien tiene el talento de ser bueno en algo no deberíamos exigirle ser en todo genial, ya que ser bueno tan solo en algo es excesivamente complicado. Y quien sea bueno haciendo algo, lo sabrá.

Esta idea, empática, me permite concluir que somos más críticos con los espacios del espíritu que con los de la técnica. Por ejemplo, nadie cuestiona que un doctor que nos opera el hígado sea bueno o malo con su mujer, sino, precisamente, su operatividad. Por cierto, sospecho que el dogma de las ideas polarizadas alimenta tantos grupos que se aprovechan de nuestras creencias: religión, fascismo, etc.

En cuanto ciencia, necesitamos simplemente respuestas; pero, a nivel artístico, lo subjetivo prima y, en realidad, enriquece nuestro modo de acercarnos a estos fenómenos dado que la contradicción y sus contrastes nos permite aprender a pensar de forma crítica; más allá de los velos del prejuicio o de la espontaneidad. Yo no crecí con Maradona como héroe, él fue sin duda un personaje que ya conocí como lo que era, un ser popular y mediático, que trascendía idiomas y fronteras. Por otro parte, tampoco me gusta el fútbol, ni soy seguidor de ningún equipo, sin embargo, entiendo que tiene una importancia social.

Entiende que, como en la Literatura, cuando atacamos a una editorial no atacamos al autor ni al oficio mismo; que en el fútbol si atacamos a la Fifa no atacamos al futbolista ni al juego en sí mismo; y que esos contrastes permiten apreciar sin taras la dimensión del juego. No sé dónde leí que el fútbol en nuestras sociedades funciona como una suerte de guerra de forma popular. Los países se envalentonan como pelotones de artillería.

En ese sentido, siento que Maradona aportó orgullo y sensibilidad al continente latinoamericano. Los latinoamericanos somos creativos y talentosos aunque nuestras sociedades no trabajen para fomentar ello ni hacerlo más claro y accesible para todos. Sin embargo, desde estas tierras nacen los Vallejos, los Maradonas, los Borges, las Varelas, los Lezama Lima, y alimentan todo el Orbe.

En fin, sirvan estas líneas para detenernos a separar la pasión de la crítica, a ver el talento por encima de la persona, porque es fácil tirar la piedra y sentirnos limpios de toda mácula pero es muy difícil mirar dentro de nosotros mismos con sinceridad y en su verdadera dimensión antes de juzgar por juzgar o atacar por mero afán de beligerancia, ya que generalmente somos enemigos de nosotros mismos y nos cuesta ser amigos de los otros.

Lo moral, en suma, interfiere en nuestro gozo de los fenómenos, aunque también, es cierto, nos confiere una postura que nos ilumina (y también límite) frente al caos. Lo que quiero decir es que es fácil juzgar y difícil hacer. Pensar es un problema porque justamente nos invita a ver contrastes y no solo buenos y malos. Al final de cuentas cuando yo veo el gol que Maradona le metió a Inglaterra con la mano, ¿pienso en algo más que la belleza de aquel gol?

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Cultura

Boris Espezúa y el imaginario puneño en el libro “Gamaliel y el oráculo del agua”

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Hay poetas que buscan registrar la memoria colectiva de un pueblo y profundizar en las vértebras más íntimas de una zona geográfica, cuya sabiduría se mantiene en las creencias ancestrales de sus habitantes. Para alcanzar todo esto no solo se necesita ambición y talento, sino que hay un factor mucho más determinante: la identidad cultural, la cual permitirá la existencia de una gran sensibilidad telúrica, en este caso relacionado a lo andino.

En el año 2009, el puneño Boris Espezúa ganó el Premio Copé de Oro en poesía con “Gamaliel y el oráculo del agua”, uno de los libros premiados más importantes en la historia de dicho certamen. Este poemario ha servido como antecedente a la creación de otros que han seguido esta misma línea de poetizar teniendo como figura central a un escritor importante de nuestro país. Es el caso del último copé ganador, “Expediente Vallejo” de Johnny Barbieri. Ambos no solo comparten el hecho de utilizar una voz lírica en primera persona de dos poetas marginados y provincianos (quizás los autores más importantes y representativos de nuestra historia literaria) sino que utilizan como elementos paratextuales a algunas citas de sus escritos. Cartas en el caso de Vallejo y “El pez de oro” y algunas conferencias en el caso de Churata.

Boris Espezúa, con el poemario ya mencionado, retoma un estilo de escritura poética que no ha sido tan considerada en nuestro país (plagada de subjetividades y catarsis), que es la de reflejar una preparación intelectual previa a la creación del discurso lírico. En todo el libro, demuestra con maestría el amplio conocimiento que tiene del contexto puneño y de las creencias andinas, alcanzando una interpretación fidedigna del pensamiento, vida y obra de Gamaliel Churata.

Autor de otros poemarios importantes como “A través del ojo de un hueso” (1988), “Tránsito de amautas” (1990), “Alba del pez” (1998) y “Tiempo de cernícalo” (2002), considero que la trascendencia de “Gamaliel y el oráculo del agua” radica en pretender unir e integrar los distintos elementos de la cosmovisión andina a través de la vida y obra del fundador del grupo “Orkopata”. Para ello va a considerar dos perspectivas: lo maravilloso y lo histórico.  La primera servirá para describir la cálida, misteriosa y armónica relación del hombre con la naturaleza (plagada de historias míticas y legendarias) y la segunda permitirá conocer datos biográficos de Churata, entre ellos su crecimiento intelectual, el doloroso entorno familiar, el exilio a Bolivia y el triste retorno al Perú.

Ricardo Gonzáles Vigil afirma que Churata fue el primero en tener una propuesta por lo real maravilloso, apoyándose en ideas consideradas como “abstractas” para tejer un mundo propio. Boris Espezúa va a representar en Churata la imagen del oráculo que permite la conexión entre las deidades – lo sagrado – y el pueblo – lo humano-. Este será la voz principal de toda la cosmovisión, ya que posee la capacidad de tener un gran conocimiento acerca del tiempo (sucesos pasados y futuros) y de la vida y de la muerte, siendo un puente luminoso entre el cosmos y lo terrenal (lo ultraórbico).

Proveniente de una familia cristiana, una de las grandes influencias literarias de Gamaliel Churata fue la biblia, lectura que le ayudó a utilizar una voz solemne y majestuosa en muchos párrafos de “El pez de oro”.

Es por ello que el primer poema (escrito en prosa) con que Espezúa inicia “Gamaliel y el oráculo del agua” está plagado de figuras que permiten la exageración y la formación de un mundo fantástico, estableciendo un discurso explicativo y religioso sobre el origen del Altiplano y del Lago Titikaka.

“Hace mucho tiempo el Altiplano estuvo cubierto con agua uránica y desde su cúspide emanaba al mundo abundante líquido benéfico y purificador, que se fue perdiendo poco a poco y ahora ha quedado condensado en crustáceos en el Lago Titikaka …”

Lo curioso en este primer gran poema es que se logra una unión indisoluble entre el cristianismo y la cosmovisión andina ancestral, pues más adelante se pasará de un politeísmo a un monoteísmo, utilizando tanto la figura de “El Hacedor” Wirakocha y la figura de la santísima trinidad para explicar el primer periodo de la historia.

A ello se suma dos ideas muy interesantes, el renacer de los mitos teogónicos:Diez halcones se calcinarán y río arriba saldrá Wiracocha para reunirse con la Madretierra y hacer revivir lo engendrado, dando infinitud a la mitogénesis …” y la crítica a la modernidad:La tradición andina doblega el tiempo ciclópeo, su historia tiene la ingravidez de la persistencia ante la modernidad, sus tres periodos tienen el rumor del agua en nuestros ojos donde ahogamos el grito …”

Hay que tener en cuenta que la modernidad europea que se incrustó violentamente en nuestro continente no logró homogenizar a todas las culturas de una nación, sino que buscó la exclusión entre ellas mismas, como una forma de sometimiento a su poder hegemónico. Tanto Churata y Boris Espezúa son muy críticos al respecto.

El elemento del “Agua” es muy importante en el poemario,  no solo por ser considerada como fuente de pureza e inocencia y denominar a Churata como el “oráculo” de ella, sino porque también es un elemento de unión entre la cultura andina y la europea. Cabe mencionar que en nuestra narrativa el autor que también buscó unir estas dos tradiciones culturales fue Edgardo Rivera Martínez, tanto en sus cuentos como en su gran novela “País de Jauja”.

En estos versos se evidencia esta unión cultural:

Con el agua primera que vio Tales de Mileto / y los Apus del Altiplano / con su agua secreta que es la sustancia / que da vida / en lo más alto de su misterio”.

También se recurre a lo maravilloso para establecer un discurso de valorización hacia la mujer andina, utilizando como personajes a las tres imillas (jóvenes indígenas en aymara) representadas en una flor, en el agua y en el fuego. Esta triada simbolizará la fertilidad de la naturaleza y la solidaridad que perdura en la memoria colectiva de la comunidad. A ello habría que añadir otro personaje femenino como Juana Apomayta, quien confesará los secretos y ritos de la muerte, que no es más que un eterno retorno en la cosmovisión andina.

Los siguientes versos refuerzan esta idea:

“En el proyecto genealógico andino/ hubo un tiempo matriarcal/ que precedió al patriarcal/ donde/ estuvieron las piedras sometidas/ a la recristalización”.

Otro aspecto importante en el poemario es el de la identificación con el mundo animal, ya que se utilizarán a algunos de ellos, considerados sagrados entre la cultura andina, para una resemantización de los discursos originarios.

Al igual que en “El pez de oro”, Borís Espezúa también utiliza una variedad discursiva: poemas en prosa con un sentido bíblico, poemas con rasgos orales muy marcados, reseñas, diálogos narrativos, entre otros. A todo ello hay que sumar el carácter híbrido del lenguaje, ya que en algunos versos se añaden términos aymaras y quechuas. Al finalizar el libro, el lector podrá encontrar un vocabulario de ambas lenguas autóctonas. El uso de este recurso no solo es con un afán de reivindicación a la sabiduría de la cultura aymara, como se demuestra en estos versos:

Los aymaras sabían que no hay que pelearse por el agua, porque termina por aniquilarte, ya sea ahogado o ya sea muriendo de sed.  El agua renueva las transformaciones del devenir, las emociones, la perseverancia; nos libera”.

Sino que también sirve como protesta hacia un pueblo que fue subyugado por la ambición e ignorancia de los colonizadores.

“Hay una lengua colonial colgada en la incertidumbre/ hay un estertor del poder que abyecta, no razona/ y finalmente subyuga tu cerviz”.

La existencia armónica entre la vida y la muerte permite a los pobladores andinos tener una vida más pura y luminosa. La contemplación de los ciclos de la naturaleza forma parte del cuerpo y la mente de las personas, la eternidad se alcanza adorando a los muertos:

“Los abuelos dicen que las almas de los muertos serán los portadores de las lluvias que requieren los campos para empezar con la época de la siembra”.

El último poema titulado “De vuelta a la semilla” simboliza la cosmovisión circular que tenían las culturas andinas de la vida, pero también se podría considerar el retorno de Churata a Puno, luego de muchos años de exilio en Bolivia. Los ciclos se cierran, pero otros se abren, ningún viaje es perfecto porque tiene siempre un regreso. No es coincidencia que uno de los libros de Alejo Carpentier, considerado como el fundador de lo real maravilloso, se titule “Viaje a la semilla”.

Esta primera parte, donde he colocado algunos ejemplos para explicar los rasgos maravillosos y fantásticos que existen en la relación hombre-naturaleza se complementará con otros textos poéticos, cuyos rasgos históricos y biográficos nos ayudarán a adentrarnos en la vida de Churata.

Boris Espezúa.

Por ejemplo, el poema titulado “La escuela 1881” es un homenaje a aquel hombre ilustre que fue el maestro de todo el grupo “Orkopata”, José Antonio Encinas, quien fue nombrado director del Centro Escolar de Varones 881 de Puno, iniciando la importantísima experiencia pedagógica de la Primera Escuela Nueva en el Perú, teniendo como uno de los objetivos principales la valorización del ser andino.

En este poema, la voz de Churata evoca con nostalgia y cariño el recuerdo del maestro:

“Mi maestro, voz de leopardo, tú viviste con un trozo de bala en la palabra. Vuelve hablarnos de la libertad, de la respiración de los mitos y del tiempo que gira más implacable sobre la tierra”.

En esta misma secuencia de poetizar los datos biográficos de Churata, también encontramos textos homenajes a “Bohemia andina”, nombrando a otros grupos importantes como fueron “Colónida”, el “Grupo Norte”, “Aquelarre” y “Resurgimiento. Aquí se plantea la idea de luchar por construir una literatura genuinamente americana.  Los otros poemas que forman el hilo secuencial en la vida de Churata son los siguientes: “El grupo Orkopata”, “El Boletín Titikaka” y “Estadía en Bolivia”.

Boris Espezúa logra consolidar una poesía donde la simultaneidad de voces que aparecen en los discursos logra dialogar con la historia y el tiempo.  Hay una supremacía del lenguaje coloquial, sin dejar de lado que en algunos versos se incrustan rasgos neobarrocos y simbolistas, aportando connotaciones abstractas y metafísicas a las creencias que aún perduran en las zonas andinas.

Este es un pequeño bosquejo para un análisis más sistemático y teórico que merece tener “Gamaliel y el oráculo del agua”, uno de los mejores poemarios peruanos publicados en lo que va del 2000 y que pretende alcanzar una poética integradora, totalizante y poseedora de una variedad de temáticas que enaltecen nuestra riqueza cultural.

Para finalizar hay que resaltar que la tradición literaria de Puno va consolidándose cada vez más debido a la aparición de importantes autores que siguen la senda de voces trascendentales como Oquendo de Amat, Gamaliel Churata, Alejandro Peralta, José Luis Ayala, Efraín Miranda, entre otros.

Aquí dos poemas del libro:

B. TRES IMILLAS.
I.- En los tiempos cuando volteaba los ojos el cuculí.

Tres imillas
vinieron a media noche a danzar
                          a las orillas del lago
y dejar enterrada la semilla de la papa
                          para ser fecundada en el alba.

Tras enceguecerse con la luna
una de ellas antes de morir en el cerro más alto
previno a las dos imillas que quedaban
que miren siempre el arco de piedras
                         del cerro mayor
porque al pie de una de sus columnas
estará siempre dormida en una flor.
Allí cada año se hacen sacrificios de ovejas
                         tiernas y se completa
el embrujo en el cenit rubio de la Pachamama.

Las dos imillas que quedaron
tras crepitar la tierra y pesar el amor en el aire
se convirtieron en agua y en fuego
                         por el horizonte de la alquimia
en el tercer y sexto sol y con los fardos
                         de los equinoccios.
En las cosechas nos acompañan siempre
                         y con ellas
recogemos hasta las papas más pequeñas
si no hay mala suerte para la próxima cosecha.
Aseguramos la papa en calendarios
                         y solares nuevos
así, la tierra madre hecha de cal no es proscrita y el capullo
                          en flor evidencia
que el hombre al morir se transforma
                          en nueva semilla
y el congelo de la papa en vida resurrecta.

II.- En nuestros tiempos cuando vuela sin ojos el cuculí.

Tres imillas
en este lugar siempre son recordadas
elevan su voz ausente en las noches de San Juan
y la bajan en cada ofrenda a la Madretierra
visten de ráfaga y danzan para los dioses,
aprisionan sus gritos de amor en nuestros gritos
dejan de llamarnos con infinitos abandonos
                           fracturados,
un abejorro hace desaparecer los truenos
y el denso aire se lleva los hedores de las
                        danzas continuadas
Tres imillas
en el imaginario de este pueblo
en sus aguayos llenos de olor de coca
                          custodian la tierra fértil
y llevan una lágrima petrificada
en sus ojos de pescado de luna llena
que son diamantes de eternidad.

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Literatura

Viernes Literario: Fernando, el hijo menor de los Túpac Amaru

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Pilar Roca, es una investigadora de la vida y el legado de los Túpac Amaru (asumiendo sus reflexiones, es importante comenzar a estudiar y entender a toda la familia que lideraron José Gabriel como Micaela). Esta madre de nuestra historia, “Pilar de nuestra memoria”, está profundamente vinculada a la cultura andina y el estudio de la realidad nacional, hoy en día tan convulsionada. Es autora de libros como “El Holocausto andino” (2016) y “Terror en los Andes: La violencia como sistema en el Perú colonial” editado el 2014.

Su gran aporte para la peruanidad, como el de Federico García Hurtado, su inseparable compañero, lo encontramos en la emblemática película Túpac Amaru (1984). Si bien “Fico” fue el director y cineasta, sobre Pilar cayó la gran responsabilidad de producir e investigar para esta afamada película que todavía hoy encuentra escollos en las absurdas oficinas de quienes “administran la cultura”. Fico García nos ha dejado, pero también su amor grande por nuestra historia, ese amor vive en la escritora Pilar Roca, a quien tuvimos la suerte de escuchar retratando los apuntes de “Fernando, el hijo menor de los Tupac Amaru”. A la violencia y crueldad con la cual actuaron los españoles en el pasado, se le ha sumado la indiferencia de los peruanos en el presente. Como bien refiere la investigadora, nuestra historia está escrita por los vencedores y es una sucesión de infamia, abuso y genocidio. Se han distorsionado también, las motivaciones de la gran rebelión de 1780. Como amerita para todos los aspectos de nuestra cultura, es necesario dejar el velo occidental de raciocinio para asumir y entender desde la cosmovisión andina, la inspiración de esta gesta revolucionaria. Además agrega literalmente: “…el colectivismo, la reciprocidad, la dualidad y la concepción de que el hombre es energía como un ser más en este planeta, en la tierra que no está para servirlo, él está para ser uno más y guardar el equilibrio, eso es Tupac Amaru”.

Refuta de manera frontal, aquella versión que señala que la gesta revolucionaria se le fuera de las manos. Cita el bando (ordenanza o decreto de la época), encontrando en Silos, Colombia donde dicta como “José Gabriel 1° príncipe del Paititi y de los Mares del Sur digo…”. A su vez, las cartas a Montiel (aliado que conociera en Lima) donde le dice “ya comenzamos, ya es hora…”. “Hay documentos históricos que demuestran que él sí sabia lo que quería, quería la libertad, la independencia, la descolonización, volver al Tahuantinsuyo y él en calidad de Inca, por eso reclama su título de nobleza en Lima”, resume magistralmente la conferencista para entender el contexto, los acontecimientos y la familia en la cual nació Fernando.

El último de los Túpac Amaru, nació después de Hipólito y Mariano de quien dista en unos 7 años. Nace en un hogar revolucionario. Es la familia de los Tupac Amaru quien dirige la gesta y a la cabeza de ellos se encuentra Micaela Bastidas, como generala, más que como un apoyo para abastecer las tropas, como también se ha querido tergiversar en la memoria de los hechos sucedidos y que todos podemos conocer si escuchamos completa la conferencia en las redes sociales con el título de este artículo o los links al final. Como suelo hacer con los libros, quiero invitarlos a conocer a una cusqueñista que nos permite conocer el suplicio de un niño y su familia por los más puros y nobles intereses. Al ser un cacique estaba exento de mitas, tributos, obrajes, y repartos (que obligan a comprar incautando sus vienes e incluso familiares si no pagaban). Sin embargo José Gabriel, luchaba contra eso y lo sacrificó todo, su familia, sus posesiones y su lugar en la sociedad esclavista colonial.

Este “niño víctima” como acertadamente le ha nombrado Pilar Roca, es la prueba viva del ensañamiento y la injusticia con la cual se siguió un proceso que avaló la tortura y el suplicio de una manera nunca antes vista. Fernando es también, la prueba de la valentía y lo corroboran sus años de las 8 cartas que también nos da a conocer la autora de “Errores y horrores del imperio español. Fernando Túpac Amaru, apuntes sobre su vida”, publicado este año y donde vierte no sólo su investigación sino también un compromiso: Repatriar las cenizas de Fernando Tupac Amaru desde España. Su publicación es parte de un expediente que ha congregado a otros intelectuales de propuesta, para suscitar acciones en las instituciones gubernamentales a quienes les compete hacer este reclamo ante la ausencia de un familiar directo. El Foro de Patrimonialistas, Yachay – Universidad libre del Cusco y el Khipu Ayllu, también respaldan esta propuesta. Estamos seguros que el Cusco sensible y pensante también lo hará, porque ya va siendo momento de que se valore y conozco a los verdaderos héroes de la independencia continental. De la misma manera, debemos reunir a Fernando con sus padres quienes descansan todavía en la injusticia y el anonimato de las criptas de los franciscanos en la ciudad del Cusco.

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Literatura

Se metieron con la generación equivocada

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— ¡Bea, prende la tele! — Me dice Lito exaltado — ¡El Perú se fue al diablo!
— ¿Qué pasó?
— ¡El Congreso votó a favor de la vacancia del presidente!
— ¿Quéeee? — Sencillamente no podía creer que una sarta de impresentables congresistas, hayan enviado a nuestro presidente a su casa.

— ¿Sabes qué es lo que más me molesta? — Me dice Lito, indignado, mientras vemos en la televisión al presidente dando su último mensaje a la nación rodeado de todo su gabinete ministerial— ¡Que no pudieron esperar 6 meses a que terminará su gobierno para investigarlo!
Estamos en medio de una pandemia, la peor crisis económica en décadas y a esta gente se le ocurre vacar al presidente justo en este momento. No es floro. La Bolsa de Valores terminó en caída libre y el dólar registro uno de los picos más altos desde el 2008. Alucinante.
Esa noche Lito y yo no pudimos dormir, estábamos pegadazos a la televisión viendo llenos de rabia e impotencia cómo el congreso nombraba presidente a un completo desconocido, con estudios inconclusos y cuyo logro mayor era criar gallos de pelea en su pueblo.

— ¡Increíble! ¿Qué hace ese señor de presidente? — Me dice Lito histérico — ¡Otra vez nos metieron la rata!
—Y ahora, ¿quién podrá defendernos? — Le respondí en tono irónico, tratando de tranquilizarlo, resignada.

No pasó ni un minuto y en las redes comenzó a viralizarse los memes “Merino no es mi presidente” “Merino, no te reconoce ni tu vieja”, “Miedo solo a la chancla de mi mamá”. Asimismo, se estaba anunciando la concentración de marchas de protestas a nivel nacional, los gestores: la generación millennial y centennials, ¡Muchos no superaban los veinte años! Un slogan circulaba por todos lados “Se metieron con la generación equivocada”.

—¡No puede ser! ¡Estos chibolos pulpines están rompiéndola! ¡Qué capos! — Le digo a Lito emocionada hasta las lágrimas al ver a estos jóvenes tan bien organizados, algunos disfrazados de Pikachú, Gokú o Sailor Moon. Elmo marchando pacíficamente y coreando al unísono las letras del himno nacional, “Contigo Peru”, “Sucio Policía” de Narcosis, “Triciclo Perú” de Los Mojarras, entre otros hitazos. Al otro lado, veíamos como los policías les metían palo y los gaseaban sin piedad hasta desde helicópteros, pero ellos lejos de asustarse iban documentando con sus celulares minuto a minuto todo en las redes para que todo el mundo observará. ¡Y no eran 200 como la prensa decía, eran miles!

La injusticia y el desproporcionado uso de la fuerza por parte de la policía despertó a todas las demás generaciones de nuestro letargo. Hemos visto cómo empresarios llegaban en sus camionetas para dejarles agua, medicinas o ayudar en lo que se pueda. Hasta las amas de casa salieron a marchar con sus cacerolas, las mascotitas se dejaban colocar carteles con frases “Merino me das rabia, aunque este vacunado”. Yo por ejemplo me bajé el aplicativo “cacerolapp” para hacer un bullón que salía como furia desde mis parlantes por el balcón de mi depa. Lito e Insecto se dedicaron hacer ilustraciones digitales que pasaban a los chibolos para que los viralizaran por las redes.

Esta mal llamada “generación de cristal”, a la que hemos injustamente menospreciado y hasta ridiculizado nos han demostrado con su valentía, el gran amor que tienen por nuestra patria. No solo hicieron que la primera marcha que se produjo el jueves pasado fuera considerada como una de las más concurridas de los últimos 20 años sino que se tumbaron al gobierno de turno en menos de una semana, y pusieron de nuevo la democracia en marcha con un nuevo presidente, un profesional destacado, de amplia trayectoria y que esperamos pueda dar la talla al cargo. —¿Ya ves que las marchas si funcionan?— Me dice Lito mientras me abraza sintiendo que todo ha vuelto de nuevo a su cauce, pero lamentando el fallecimiento de dos jóvenes y la desaparición de varios otros.

Ayer, saliendo del centro Bancario de la Residencial San Felipe luego de pagar unas detracciones y con la mente abstraída en los negocios encontré de golpe, un cartel con las fotos de los mártires de la marcha que lucía una de las frases más icónicas de las protestas:
“Mamá salí a defender mi patria si no regreso me fui con ella”.

Confieso que leer esa frase no solo me emocionó sino también me lleno de orgullo por esta nueva generación que de “cristal” no tiene nada sino que más bien ¡Valen un Perú!

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Literatura

“El hambre en la poética de Noé Jitrik en Comer y Comer”, por Julio Barco

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La interrogante que sobrevuela como un ave rasera estos versos sueltos y directos es la misma que nos brinda Vallejo (y de ahí, el evidente epígrafe): la necesidad de establecer una estética en un mundo donde el hambre sacude los cuerpos, donde los signos no curan la destrucción del medio, donde la carne humana imparte sus rituales de abandono y pérdida. Este prolífico y polifacético autor argentino nos dibuja un cuaderno de guerra para una época que vuelve a leer poesía luego de años de desplazamiento.

“Se trata de un renacimiento, de una epifanía, de un triunfo definitivo después de una sombría época en la que todo parecía naufragar: el desprecio acompañaba gestos solitarios, el poeta era ya el inexistente en la fiesta social y aun en la dramaturgia social y aun en la seriedad social”

Este inevitable regreso del poeta, en sociedades donde prima lo tecnológico c0mo eje de rotación semántica y de posibilidad difusora, tiene un curioso rol: el de salvaguardar los ejes, el de reavivar la otra música, el otro concierto del sistema que somos. Sin embargo, ello no puede elevarse más allá de propio cuerpo, de la propia voz de las vísceras,

sin pan y sin actitud frente a la vida
el leñador transita
que venga el leñador
decepcionado porque no hay (Poema, todos los oficios tienen su final, página 15)

Como en el Vallejo trilceano, muy diferente al Vallejo poemashumanianos, o al Vallejo heraldosnegronianos, vemos una trascendencia estética; y es que, frente a un programa argentino predominantemente sublime en el decir borgeano, suena aperturador intentar una quimérica forma, un obnubilante lenguaje del cuerpo, de su derrota y sufrimiento, de su hambre, dado que establecer el uno mismo como espacio estético mental del verso crea la posibilidad de atacar la realidad como tal y presentar ante ella, versos que dialoguen y extiendan un cierto tiempo de espíritu. Habla de lo que la carne siente, el tajo psíquico de la realidad misma:

“soy un perro que la sociedad reprime

voy a hacer una declaración

conseguiré muchas firmas

me voy a corregir alguna vez

sanos propósitos de enmienda me estimulan (Poema Contámelo otra vez, pág. 23)

En casi 1000 años de poesía española, pasando por los pesados sonetos renacentistas italianos o las búsquedas anacoretas de Ramón Lull o San Juan de la Cruz, o, por otro lado, poetas que no siguen el camino lógico y rítmico del poema en métrica sino el riguroso arte de crearse a sí mismos en el verso. Espejo y encuentro, color y originalidad que preña el arte vallejiano y simultáneamente, como un sedimento, extiende la lógica jitrikana con el afán de darle al lector un viaje desde la bitácora más humana y existencial: el comer.

La comida  y sus derivados son eternos temas en la poesía de todos los siglos y tiempos; aparecen bebedores en los poemas chinos, aparecen elegías al vino en la poesía española modernista, se abren cantos a la comida chilena en los versos de Pablo de Rokha, el italiano Quasimodo dedica poemas al verdor de sus limones, o los poemas dedicados al anticucho de Arturo Corcuera, o los poemas posmodernos sobre la vacuidad y la comida de V. Coral, o Neruda en sus odas a las cebollas, en fin, es un tema de la propia idiosincrasia estética del verso, dado que la poesía trata lo humano, salvaguardando así un registro más pictórico de la real, no solo el sedimento de lo lírico como algo lejano a la experiencia con el mundo, sino experiencia del mundo mismo.

En el Perú y en toda América, el comer y su estética llenaron el orgullo a nivel estratifico y demostró que a la gente le importaba probar, saborear y experimentar el gusto de la buena comida. Esos sabores, para nada espontáneos sino parte de una historia de necesidad y escases, de experimento y búsqueda, para, como se explica, acabar con el hambre.

El hambre, en todos sus matices, conduce incluso a cierta avidez que causa monstruosidades literarias. Conduce al miedo del otro y así nace aquella frase de: morirse de hambre. Lo que nos muestra que los deseos del otro no son saciados salvo cuando el alimento es protegido, sin embargo, ¿cómo proteger el fuego en tiempos ávidos de lo más básico? El recordado Enrique Verástegui en una entrevista confesaba que le aconsejaría a los jóvenes escritores una cosa: comer, ya que comer nos permite estudiar, aprender defendernos de la tuberculosis, indestructible caballo de Troya de muchas ambiciones literarias.

Es que, ese “morirse de hambre”, aleja a la masa lela de las letras creyendo que uno solo debe habitar el mundo desde el logos del trabajo y sus valores, estimulados evidentemente (y aquí le doy en cierto sentido la razón a Weber) por la escala de valores de las religiones impuestas como de la propia razón burguesa que domina la superestructura de lo real, en ello, el espejo de la masa es limitativo: “no te dediques a las letras, te vas a morir de hambre” Lo que significa, no tienes derecho a nada que no sea saciar tu necesidad básica de comida y sexo. La razón freudiana del deseo y la establecida por lacan del signo, siguiendo moldes más amorfos, permite entender el juego de la real, tanto en su plano simbólico como carnal; en el poeta, estas decodificaciones casi científicas, llevan a la estética desatada, a esa necesidad de verse y observar.

Ello me conduce a explorar con otros ojos un poema c0mo Siempre yo siempre yo, que me sabe algo reflejo propio del discurso creado; recurso que donde suenan recuerdos y añoranzas,

desearía que los vagos pensamientos que ahora

desgranan mi tiempo y lo reducen

fueran mi sustancia total

guiaría mis pasos dirección mi pensamiento

no dirección desgaste dirección desamor cansancio

Hay, se observa, se siente, un yo que no es solo lírico y abstracto; que, contrariamente, se enrosca en la experiencia humana para saborearla y reflexionar desde un lenguaje sencillo sobre su propio ritmo,

ah ! si Ta cosa se me diera de nuevo

no dejaría nunca nada detrás

todo lo haría a la perfección

podría corregir las ofensas que te hice

mis gruñidos mis rujidos prepotencias mis crujidos

las ofensas no existirían

juro que ni tardanza ni debilidad ni equivoco

empañarían jamás mis promesas

mis sentimientos serian tenaces y mi paciencia

Ello genera una reflexión no identificada con algún daimon o estro lírico social, sino una voz vertical y subjetiva, que pinta lo interno sin otro ritmo que

solo piden vino y pan

nada más que pan y vino

no esos oscuros pensamientos

esas palabras que ya no dicen nada

complicadas

piden vino y pan

son los quesos los que piden pan y vino

no el invasor

el invasor termina su inventario

encuentra todo demasiado oscuro

esa ausencia de compotas esa falta de strudel

(Del poema ya no queda nada)


El strudel es un dulce de manzana que recuerda al budín peruano, o a la bomba de manzana, dulces que nos asocian con la infancia; como Proust, se siente que los recuerdos son hilvanados con el vivir diario que se alimenta justamente de almuerzos, cenas como de amores y cavilaciones. A la creación profunda de máscaras, o en otros tiempos huacos retratos, o registros que permitan establecernos un instante entre el vacío, los cuerpos, la historia, las estéticas, los yoes.  Comer y comer, por ende, es un trabajo que destaca por su inclinación a la música íntima, a la gastronomía propia, a ese feliz desencuentro del rigor y lo íntimo. Sabemos que Jitrik es un autor de una larga y prolífica trayectoria, donde lo riguroso de libros como La lectura como actividad (Premia Editora, 1982) que, no obstante, se da sin aspaviento en sus tonalidades,

De todos mis proyectos

el más infinito

el que salta más entre las mesas y las sillas

fue siempre el de cantar

tener los pelos largos

y la voz radiosa

ser un hombre de mi tiempo

(Del poema ¿lo hacemos?)

Es el arte de la escritura

el discurso es el orgasmo

es el fondo de las cosas

la palabra tallada en una piedra

es el mundo que revela

demonios y hambrientos

vapuleados corrompidos
(Del poema Remordimiento de Nuere)

Ya en la Quinta sección llamada Por España vemos una revuelta guiada hacia las reflexiones de Alba Longa, es decir, la geografía de los caminos, el movimiento: geografía dibujando su estética. Así llegamos a un poema tributo a A. Machado, llamado justamente Acceso de Segovia que nos muestra un diálogo directo con el autor de Campos de Castilla,

todavía lo recuerda

don Antonio se encerraba

apenas quebraba su ausencia

como afligido pasaría

como español

que escribiría entre esos crespones de Segovia

pasaría en puntas de pie

su paso debía ser leve

como la respiración de dona Luisa Borrego

pasaría para ver las torres y salir

de su clara sombra de soledad

Asistimos después a un itinerario final donde se observan castillos franceses, o a caminos por los paisajes de Segovia junto a A. Machado y su verso nacional paisajista. Hay, en todo caso, una suerte de banquete de posibilidades que logran crear un libro impertinente, como bien sugiere en la contraportada, “para un público inquieto y múltiple que quiere comer, y lo que no quiere es comerse su hambre, no quiere comer pretextos ni malos alimentos”. Sin embargo, vemos que el hambre también es metafísico o, cuando menos, es naturalmente hambre de ser, hambre del intelecto; y es la de hallar finamente un lugar digno para las letras en una sociedad burguesa, tal y como Noé Jitrik mismo expresa en el prólogo de Producción Literaria y Producción (1975),

…en plena época burguesa, el escritor —pero no porque esté fuera del circuito de producción sino porque está obligado a actuar según lo que le marca el circuito de producción— es un secundario, un marginado, casi un “raro”. Entonces, ¿cómo volver a discutir estos problemas, cómo volver a integrarlos con lo real?.. . pero no con la apariencia que de lo real se fabrican quienes dominan la vida de la sociedad.”

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