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Poder Judicial: Enfoque de género o meritocracia

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Sin duda, la llegada de una mujer para liderar un importante Poder del Estado como lo es el Judicial, ha sido la noticia de esta semana y desde el Poder Ejecutivo, las alabanzas salieron por doquier hacia su nueva presidenta, Elvia Barrios Alvarado

El presidente Francisco Sagasti, en la ceremonia de asunción de la magistrada Barrios, como nueva titular del PJ aseveró: “Por primera vez las mujeres son mayoría en el Consejo de Estado. Con esta noticia esperanzadora empieza a darse el cambio en el país y consolidarse una tendencia de justicia de género. Es una excelente manera de empezar el año del bicentenario de la independencia”.

Por su parte, la premier Violeta Bermúdez fue más aduladora y añadió: “Hoy es un día muy importante en la historia judicial del Perú, pues por primera vez una magistrada asume la presidencia del Poder Judicial. ¡Felicitaciones a la Dra. Elvia Barrios!”.

Hasta cierto punto, se entiende esa empatía protocolar de dar la bienvenida a una profesional de la judicatura nacional; sin embargo, no se debe perder la perspectiva ante la endémica problemática que padece el Poder Judicial en nuestro país, porque entre sus males encontramos carencias concretas que incluso se pueden mencionar. Por ejemplo, la infraestructura precaria que ostentan sus recintos vetustos, con escritorios viejos y computadoras del año de la pera, generan que su clima laboral sea cada vez más desalentador. Evidentemente, el aumento de presupuesto ha sido de prioridad cero a una organización que está pauperizada, si tomamos en cuenta que más allá de ser un órgano de justicia, el Poder Judicial no solo vive de dictar sentencias; digamos, que también es una organización administrativa de gestión, que debe especializarse en agilizar todos sus recursos para simplificar sus servicios en beneficio de los litigantes y de la ciudadanía en general.

Elvia Barrios.

¿Cómo acabar con el desprestigio que tiene el Poder Judicial? Si éste se debe a la falta de confianza de la ciudadanía, que cree que toda la institución es corrupta; no obstante, ellos han hecho poco para comunicarle a esa ciudadanía, las verdaderas razones de sus ineficientes servicios, que incluso han degenerado en males sistémicos cuyas estructuras ya están fortalecidas.

 Y qué decir, de la corrupción que desde hace mucho tiempo encontró un cobijo en el PJ, porque ésta ha comprometido no solo a los magistrados y a sus especialistas, sino, también al gremio de abogados y al personal administrativo que cae en una burocratización extrema. Sumado a ello, tenemos las presiones políticas que en los últimos quinquenios se ha ejercido desde otro Poder del Estado, como El Ejecutivo y el inacabable tráfico de influencias.

Asimismo, las intromisiones políticas para designar a jueces fueron el motivo del repudio colectivo en todo el país, porque se descubrió que hubo una gavilla de juzgadores delincuentes que entre ellos se trataban como “hermanitos”, e integraban una organización criminal denominada Los Cuellos Blancos del Puerto. Es por ello que el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) tuvo que ser reinventado con un cambio de rostro que hoy se denomina Junta Nacional de Justicia (JNJ) y que tiene la tarea de nombrar y ratificar a jueces y fiscales con la mayor transparencia posible; no obstante, aquellos jueces en su mayoría son provisionales o supernumerarios.

Ahora bien, la carga procesal en el Poder Judicial ha seguido creciendo a pasos agigantados y ya excedió los tres millones de expedientes; de ahí que los procesos más cortos puedan llegar al quinquenio de plazo, incluso, normalmente duran una década y los procesos más largos pasan los 40 años y muchas veces sin resolverse.

En ese sentido, el Poder Judicial todavía se encuentra enfermo, pero aún no hace metástasis y es por eso que se requiere un liderazgo gestor, que vaya más allá de la simple trayectoria judicial y si bien, la doctora Elvia Barrios tiene vasta experiencia como magistrada, tampoco debe perder la perspectiva. Sin embargo, ella sale oronda a proclamar su tarea prioritaria de defender el enfoque de género en el Poder Judicial, cuando en el mundo real, todos conocemos las prioridades y soluciones que necesita este alicaído Poder del Estado. 

Las palabras de la doctora Elvia Barrios son contundentes:

“Los hombres también deben estar firmemente involucrados en la transformación de esta sociedad que debe ser igualitaria. Así seguiremos promoviendo la institucionalización del enfoque de género en la organización judicial. La lucha por la igualdad de género tiene una lucha pendiente y hay una brecha por saldar, de ahí que hoy en el escenario judicial la paridad no solo es una obligación convencional, sino histórica y moral que debe materializarse en la estructura judicial, por ello anuncio que en la conformación de las salas de la Corte Suprema habrá paridad de género con meritocracia lo que debe extenderse a todos los distritos judiciales del país, igualmente solicito a la JNJ que consideren en su reglamento de selección y ascenso de juezas, alguna medida afirmativa que permita equiparar la presencia de mujeres en la administración de justicia y con ello cerrar las brechas de género en la carrera judicial y generar las condiciones para la presencia paritaria de mujeres en salas y juzgados de diversa especialidad”.

Entendemos, que en estos tiempos la palabra “genero” es una variable de moda que se viene empoderando y que incluso, se ha vuelto políticamente correcta; no obstante, no se puede impulsar políticas públicas que solamente sean enfocadas con esa variable, cuando el Perú desde el punto de vista factico y sociológico tiene problemas mucho más importantes qué resolver en todos los rincones de su territorio.

En su discurso de asunción, la doctora Elvia Barrios, mencionó los ejes de su gestión y señaló que entre ellos están: la autonomía e independencia judicial, la lucha contra la corrupción y la transparencia e integridad. Solo esperamos que eso no quede en el discursito protocolar y que cumpla con su noble misión y que, más allá de preocuparse por la paridad de género, impulse más bien, la meritocracia.  

En ese sentido, no se debe perder de vista que ella tiene dos hermanas que en estos momentos son investigadas por actos de corrupción contra el Estado. Me refiero a la exministra Rocío Barrios Alvarado y a María Elizabeth Barrios Alvarado, ésta última, por haber contratado ilegalmente con el Estado por más de medio millón de soles. Además, no debemos olvidar que la doctora Elvia Barrios Alvarado es esposa de un abogado que en 2018 contrató con el JNE, mientras ella era magistrada del Poder Judicial.

Solo esperamos que los procesos que siguen sus hermanas, cumplan con el debido proceso y se desarrollen con la debida transparencia…  

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Los desalmados del pinchazo

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Pilar Mazzetti y Martín Vizcarra.

Vizcarra no fue el único vacunado. Una cohorte de funcionarios (diplomáticos, exministros y burócratas allegados al poder) se pasaron por el forro la cacareada frase: “El Perú primero” y pusieron el hombro para recibir el pinchazo, dándole así la espalda al pueblo. Fue como robarle la comida a un mendigo. Un latrocinio cometido por una banda de facinerosos que medró con este recurso, gracias a su cercanía con el poder.

La política peruana se confunde día a día con el bajo mundo. Parece que vivimos en Sin City o en Narnia. No se cumple la ley. Los políticos se benefician con el voto popular y acaparan los recursos del pueblo para su beneficio. Vale más ser amigo de un burócrata,  amante o caficho de un poderoso y ayayero de algún ministro, que ser un profesional honrado y decente. Mientras miles de policías, doctores y ciudadanos de a pie se batían contra el virus, un cónclave de corsarios se beneficiaba con vacunas a dedo. ¿Cómo sucedió? Gracias a la inveterada corrupción —como siempre— que nos entrega otro capítulo de las prácticas políticas en nuestro país.

Mienten los turiferarios del anterior gobierno cuando dicen que Vizcarra fue parte del grupo de voluntarios. Una mentira grosera, solamente superada por el cinismo de intentar trocar la pendejada por heroísmo. Se coronan como sinvergüenzas los ayayeros de estos exministros, cuando dicen —en una falaz lección de realpolitik— que así son las cosas, que quienes están a cargo de la dirección del país deben vacunarse primero. Que así sucede en otros países, que no hay delito. Si estos funcionarios estuvieran en una guerra se comen el rancho de los soldados, los matan de hambre y desertan. 

Fue mentira el casco de albañil, el jean sucio, el chaleco de peruano trabajador. Fue falsa la frase “El Perú primero”. Queda claro que existen ciudadanos de primera y segunda clase. Los de primera clase son los que siempre han esquilmado al país, aunque se vistan de oveja y digan: “Porque te quiero me distancio”. Los de segunda clase son los ciudadanos de a pie, los que se batieron —sin armas— contra el virus. Los primeros hoy se sienten compungidos, fue un error dicen, un error de cálculo deberían decir. Mientras tanto, las investigaciones comenzarán su curso, un circo para bobos, donde nadie resultará responsable. Y todas las noches, por los noticieros, se seguirá criminalizando al ciudadano de a pie.

¿Y Vizcarra? Negando lo evidente y comiendo ceviche, con la seguridad de quien está inmunizado. Pero a Vizcarra no le hacía falta una vacuna. Lo que a Vizcarra le hace falta es que le trasplanten un ojo en el trasero: para que vea todas las cagadas que está haciendo.

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Vizcarra y Fujimori: dos cínicos santificados por el pueblo

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El vizcarrismo y el fujimorismo no tienen seguidores; tienen devotos, adictos, fanáticos. Gente que está dispuesta a poner la otra mejilla, el hombro, el pecho y el trasero por estos ídolos de barro. ¿Se trata de una patología popular? ¿O el chino y el lagarto son tan buenos actores, capaces de convertir la corrupción en honestidad, la pendejada en heroísmo, el cálculo cínico en trabajo por el pueblo?

Entre Fujimori y Vizcarra hay más similitudes que diferencias. Aunque el entorno de este último se haya empeñado en construirle una imagen de estadista, de gentleman, de hombre preocupado por su pueblo, de papá, de líder, de Superman.

Ahora se puede inferir que la lucha del vizcarrismo contra el fujimorismo —el cierre del Congreso y la condena de sus prácticas— no obedecía a un prurito ético ni a los designios de un conductor esmerado por adecentar al país. Eran los cálculos políticos de un hombre que diseñaba —pausada y paulatinamente— los mecanismos para hacerse con el poder. Vizcarra no vio en el fujimorismo el enemigo que cualquier político decente hubiera visto, vio mas bien a su némesis, a su gemelo diabólico que podría disputarle el poder. Por ello su vocación y su afán por silenciarlo, por reducirlo y llevarlo a su mínima expresión. Vizcarra desactivó el veneno fujimorista y lo redujo. Vizcarra logró que el fujimorismo no joda más. Sólo un lagarto, ávido de poder, pudo morder el veneno fujimorista sin infectarse. Y sólo un hombre como Vizcarra pudo capitalizar este cálculo político para fungir como conductor de la nación.

Es verdad que el fujimorismo no perdona la pendejada de Vizcarra. Vizcarra fue más cuco y los líderes naranjas siguen, hasta hoy, intentando descubrir cómo fue que este expresidente regional con pinta del albañil de Village People pudo tomar el poder. Y es por ello que Vizcarra se vuelve un personaje mucho más siniestro. Porque Vizcarra enarboló la bandera contra la impunidad, la corrupción y la viveza política arraigada en nuestra nación. Y Vizcarra resultó siendo tan cínico y pendejo, como el congreso fujimorista que logró desactivar.

El pueblo, sin embargo, no tiene las cosas en claro. Empeñados en ver, únicamente,  a dos bandos enfrentados —como si la política se tratara de una película de Marvel— se obsesionan por defender —contra todo argumento—  a sus líderes.

Los vizcarristas creen que por cerrar el asqueroso congreso fujimorista, Vizcarra se ha convertido —ipso facto— en el líder cabal que busca devolverle la decencia a la política peruana. Que tener en contra a la lacra de Merino y sus adláteres confirma las credenciales democráticas y honestas del vizcarrismo. Y que se le debe perdonar, entonces, el desastre de su gestión en plena pandemia; la pendejada de ponerse la vacuna – que quiere hacer pasar como heroísmo; el swing de las órdenes de servicio y las investigaciones, de larga data, en su contra.

Los fujimoristas —que se han tragado la mentira del chino que luchaba contra el terrorismo— mientras pescaba en la selva y la supuesta inserción comercial “que devolvió la estabilidad económica a la nación”, cuando las empresas privadas eran subastadas en una orgía de marmaja y corrupción, creen que se le debe perdonar todas las prácticas corruptas a Fujimori porque estabilizó el país. Y creen que los chanchullos de Vizcarra adecentan al fujimorismo. Como si los pecados del lagarto santificaran al chino.

Las pugnas entre el fujimorismo y el vizcarrismo no son una controversia entre buenos y malos. Ni entre decentes contra honestos. Aquí ningún bando busca el progreso de país. Es la lucha entre Scarface y Don Corleone. Ni el guionista de Los Soprano hubiera inventado tanta pendejada junta.

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Vizcarra, el rey de los pendejos

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Martín Vizcarra nació para pendejo. Discreto, mecedor y hueveador, es el prototipo de los políticos con cuajo. Frente a una ciudadanía huérfana de líderes, Vizcarra fungió de gran conductor en la lucha contra la pandemia. Catequizó a sus fieles con las conferencias diarias y trabajó el sentimiento del pueblo con el falaz “Contigo Perú”. El resultado, en frío, lo conocemos todos: Perú fue uno de los países más estragados por la pandemia. Hoy, el trascendido de una supuesta prelación —que lo benefició con la vacuna— implicaría que Vizcarra habría lorneado, una vez más, al pueblo peruano.

La revelación del periodista Carlos Paredes fue confirmado hoy por el propio Vizcarra, con esto se explicaría la tranquilidad de  Vizcarra en sus exposiciones mediáticas y su nulo cuidado en medio de la promiscuidad de sudores, abrazos, apapachos, metidas de mano y platos de ceviche que rodean su circo electoral. Vizcarra estaría inmunizado, por consiguiente le interesaría un carajo si sus adláteres se infectan o no. ¿Y la distancia social? Para los cojudos que no se han vacunado, podría responder.

Vizcarra no solamente habría mecido al pueblo peruano, sino que habría atrasado al presidente Sagasti, quien ya no sería el primer ciudadano en recibir la vacuna Sinopharm. Pero Vizcarra es hábil y probablemente este corto período de silencio le sirva para armar un buen argumento que intente desestabilizar estas acusaciones. No se puede negar la pericia y la tranquilidad de Vizcarra para desvirtuar las imputaciones en su contra. El swing de Vizcarra es la mecida y el hueveo y —hay que reconocerlo— eso le granjea el voto popular.

Vizcarra no es más que la encarnación del cinismo político más audaz, aquel cinismo emparentado con la sonrisa pendeja y socarrona del chino Fujimori. La sonrisa de los políticos que le meten la yuca al pueblo y que enarbolan la bandera de la honradez y la lucha contra la corrupción bla, bla.

En ese orden, la lacra congresal de Merino & Co. y la lacra palaciega de las órdenes de servicio y el swing del desfalco estatal se solapan haciéndose indistinguible cuál de los dos bandos (o bandas) ha jodido más al país. Mientras tanto miles de pendejos ya corren como espermatozoides enloquecidos por pasar la valla electoral. ¿La meta? Relevar a los inútiles con vocación de gángsteres que se atornillan en los cargos públicos, esquilmar el patrimonio nacional y el erario estatal.

Vizcarra, no hay que ser mezquino, es un buen maestro en estas lides: después del desastre de la pandemia aún conserva el arraigo popular. Quizás después de tanta metida de yuca, tanta pasada de cuy y tanta lluvia de millones, el ciudadano peruano ya no tiene dónde elegir. La anomia es nuestra atmósfera. De lo que se trata entonces, en estos tiempos electorales, no es de poner el hombro. (Vizcarra ya nos atrasó) sino de poner el culo. Inmunizados contra la corrupción ya estamos. Y ya toca renovar a nuestros hijos de puta.

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Presidente Sagasti sigue el modelo Vizcarra en pandemia

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Los que manejamos información ya vislumbrábamos lo que iba anunciar el presidente Francisco Sagasti; sin embargo, la mayoría de peruanos de a pie, hasta hoy no se reponen de la noticia del nuevo confinamiento. Es decir, ellos ahora se preguntan ¿Cómo hago para llevar el sustento a mi casa? ¿Qué pasará mañana en mi trabajo… me despedirán? ¿Ahora cómo pago la cuenta de alquiler? ¿Acaso los bancos tendrán tolerancia ante mis vencimientos?  ¿Cómo hago para vender mis emolientes? ¿mi canchita? ¿mi broster y salchipapa al paso?

Esta apreciación quizá suene algo prosaica; sin embargo, es nuestra realidad y la de ese 70% de la PEA que vive el día a día, a salto de mata, a causa de una feroz informalidad que ya está institucionalizada en nuestro país.

Por otro lado, existe una visión sanitaria que la ejercen los médicos, los epidemiólogos y otros especialistas que, de alguna forma, concientizan a los administradores del Estado para que no se eviten las medidas de bioseguridad y prevención; todo, con el objetivo primordial de cautelar la vida humana. Claro que la vida humana es lo primordial; pero también es inmoral, cogerse de un principio fundamental para aplacar incompetencias, falencias de gestión y actos de corrupción, como pasó en el gobierno anterior que aprovechó la pandemia para compras fraudulentas, y millonarios gastos en equipos, y pruebas serológicas que no servían para nada.

Todos ya hemos vivido un confinamiento durante el 2020 y los resultados han sido catastróficos, porque la economía nacional se quebró y los contagios y las muertes, de todas formas, se incrementaron. Entiendo, que lo primero que se nos puede venir a la mente, es: —Eso fue por culpa de la gente irresponsable e ignorante que salía a las calles—que eso sea cierto, no es la discusión del momento. Sin embargo, ¿En qué escenario estaríamos hoy si es que se hubieran construido masivas plantas de oxígeno, e importado miles de ventiladores artificiales? ¿Y que no se hayan desmontado los hospitales de campaña? o ¿que no se hayan despedido a cientos de médicos intensivistas? o ¿que se hayan comprado millones de pruebas moleculares para luego aplicar testeos y focalizaciones verosímiles? Y, por último; que se hayan adquirido con celeridad millones de vacunas para el resto de la población.

Evidentemente, eso no pasó y ya no podemos llorar sobre leche derramada; no obstante, lo que es insostenible es ese afán de hacer experimentos con la población, como si fuéramos conejillos de indias. En estos momentos, con la nueva medida impuesta por Francisco Sagasti se están vulnerando derechos fundamentales como el de libre tránsito, y el derecho al trabajo. ¿Acaso ese dizque bono de S/600 soles, llegará a toda la gente? ¿Acaso se abonará esta semana?

La cuarentena absoluta, es una forma sigilosa de someter y manipular a los administrados y para eso, los medios de comunicación cumplen una labor de esbirros a la orden del “encargado” de palacio. ¿Será cierto que esta cuarentena durará 15 días? Esto es solo el comienzo ¿Acaso no vimos ayer a Martín Vizcarra ser entrevistado en el canal del Estado para pedir que se pospongan las elecciones? Mientras Sagasti daba su mensaje a la nación, el conductor de TV Perú le permitía al “vacado” dar un mensaje subliminal.

Basta de componendas. Ahora con el cuento de la cuarentena, es probable que el gobierno morado salga luego con un mensaje a la nación donde se anuncie que por fines sanitarios se prorrogan las elecciones. Y si eso se cumple, nos pintaría de cuerpo entero el despropósito que ha significado ese grupo de morados que hoy están emborrachados de poder. Y las implicancias serían funestas.

A todos esos científicos sociales oenegeros que hoy asesoran a la “encargatura sagastiana”, y a todos esos profesionales de gabinete que nunca pisaron una periferia o el más alejado de los anexos en la entraña nacional, se les exhorta a que mejor dejen los Power Point y que caminen con sus sandalias por las calles y los mercados, para que comprendan el mundo fáctico y al menos cojan algo de empatía y solidaridad. Porque la gente que vive el día a día, ya no soportará un confinamiento más y solo desea salir a las calles para ganarse la vida y dar de comer a su familia; e incluso, preferirán morir de Covid, más no de hambre. 

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Francisco Sagasti y su desastrosa conferencia de prensa

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Ayer el presidente Francisco Sagasti salió en una desastrosa conferencia de prensa que duró casi una hora. Esta vez, el jefe de Estado se dirigió al país para comunicar las nuevas medidas de emergencia sanitaria. Él admitió que ya estamos en un rebrote, mientras que la ministra de Salud Pilar Mazzetti afirmó que ya estábamos en el inicio de una segunda ola.

Luego de verlo toser recurrentemente y de oírlo con una ligera carraspera, se dispuso a mostrar unos singulares cuadritos que parecían mapas conceptuales con colores incluidos. No sabemos cuál es el valor de los indicadores que han determinado las nuevas medidas aplicadas y que, por cierto, no son nada claras. Asimismo, el equipo de comunicaciones de Sagasti no logra conectar con la población, y no es precisamente por desconocer el “código” que requiere sus mensajes palaciegos. El problema, según fuentes cercanas de la PCM, es el propio Francisco Sagasti, que se resiste escuchar a su equipo de prensa, porque ejerce una especie de totalitarismo. ¿Tan importante es no perder un salario y tolerar humillaciones? No es ninguna novedad que la jefa de prensa y de comunicación estratégica de Palacio, Sara Alcántara Altamirano, desde sus puestos anteriores ha tenido que soportar las rabietas y desaires de su presidente de turno. En conclusión, Sagasti es un desastre para comunicar.

Ahora bien, lo que es inaceptable es ver a un mandatario rezongar con ira a un periodista, porque piensa que Palacio de Gobierno es su reino. Así lo hizo Sagasti cuando ridiculizó… no al periodista del medio oficialista La República, sino a toda la prensa nacional, que hoy en su mayoría se han convertido en Relacionistas públicos y en un oficio de mera propaganda.

Lo que le dolió a Sagasti no fue la retahíla de preguntas que le hizo el aturdido César Zorrilla, sino, la pregunta específica: “Le quiero consultar: su gobierno está en falta por no ejecutar la ley que permite el retiro de los fondos de la ONP. ¿Le dará viabilidad al retiro de 4,400 soles para los afiliados al Sistema Nacional de Pensiones?

Y en lugar de contestar —por qué no respeta las leyes en Perú— ya que hasta hoy se niega a publicar el cronograma para que millones de exportantes de la ONP accedan a sus pagos; él solo respondió con rostro fascista: “Perdón señor, disculpe, dijimos una pregunta. Y una cosa que les digo, si un periodista hace más de una pregunta, nosotros escogemos cuál contestar. O sea, que pongan ustedes cuidado en la pregunta que quieren hacer”.

Esa respuesta infortunada, nos muestra a un Francisco Sagasti que ya está emborrachado con su efímero poder de turno y perdió toda decencia cuando afirmó que él escogería la pregunta y efectivamente la escogió y nunca respondió al tema no resuelto de la ONP.

¡Mal señor Sagasti! Usted no ha sido elegido legítimamente por el voto popular y democrático. Usted solo está al mando de una encargatura que tendrá que finalizar el 28 de julio de este año y eso no le debe obnubilar los sentidos y sus responsabilidades. Y si usted, probablemente ha sido admirador de Benito Mussolini y de Cerpa Cartolini, deje de una vez ese tufillo fascista, porque como dice el proverbio popular: “Todo lo que sube, baja”. 

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Martín Vizcarra pretende obtener inmunidad parlamentaria postulando al Congreso

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El exjefe de Estado manifestó a la opinión pública que sus intereses para llegar al Congreso de la República obedecen a fines altruistas.

En una hilarante entrevista que brindó ayer en un programa dominical, el expresidente Martín Vizcarra afirmó que estaría evaluando postular al Congreso de la República en los comicios de abril próximo, y que la decisión la tomará esta semana.

Aunque aún no se confirma, es posible que Vizcarra postule por el partido Somos Perú, si tomamos en cuenta que este domingo 29 de noviembre más de 150 mil Somistas elegirán a sus candidatos a la presidencia, vicepresidencias, congreso y parlamento andino a través del voto directo de sus afiliados. Es decir, la fecha encaja para el probable candidato moqueguano.

Recordemos, que la Fiscal de la Nación ante la presión social abrió investigación preliminar a Martín Vizcarra por la presunta comisión de delitos de tráfico de influencias agravado, y obstrucción a la justicia en agravio del Estado por el caso Richard Swing. Sin embargo, dicha investigación se contradecía así misma; pues, la propia Zoraida Ávalos en un afán de blindar al exmandatario emitió un comunicado donde indicaba que la reserva dispuesta para dar inicio a la investigación sería a partir del 28 de julio de 2021. No obstante, luego del 11 de noviembre, luego de haberse consumado la vacancia presidencial contra Martín Vizcarra, todo dio un giro inesperado y la propia Fiscalía remitió un oficio (Carpeta Nº 126-2020) para disponer las investigaciones preliminares por las extrañas contrataciones de Richard Cisneros en el ministerio de Cultura; en ese sentido, la fiscalía ya contaba con testigos protegidos y aspirantes a la colaboración eficaz que revelaron que la orden para contratar al cantante vino desde Palacio de Gobierno.

Si bien, el fiscal supranacional Elmer Chirre inició investigación al expresidente por el caso Moquegua (Lomas de Ilo y hospital de Moquegua) por los delitos de colusión, peculado doloso, negociación incompatible, omisión de actos funcionales, corrupción de funcionarios y cohecho, el fiscal Supremo Pablo Sánchez decidió que el Equipo Especial Lava Jato continúe la investigación a Martín Vizcarra. En ese sentido, Germán Suárez Atoche ha sido ratificado como el fiscal encargado de esta investigación, y no Elmer Chirre de la Fiscalía Anticorrupción.

En aquella entrevista, que más parecía un publirreportaje Martín Vizcarra se dio el lujo de afirmar que si llegara al Congreso pretende reformar algunos capítulos de la Constitución, en alusión al capítulo sobre la vacancia presidencial por permanente incapacidad moral; asimismo, dijo que eliminará la inmunidad parlamentaria. Prácticamente fue un mensaje entre líneas, y es casi seguro que en los próximos días veamos a un presidente destituido anunciar oficialmente su próxima candidatura congresal.

La estrategia es más que evidente. Martín Vizcarra como ya está vislumbrando que sus investigaciones luego de un tiempo pasarán a ser preparatorias, entonces, habría posibilidad de que luego la Fiscalía pida otras medidas restrictivas excepcionales como la prisión preventiva. En ese sentido, él despachando dentro del Congreso como parlamentario y por más que impulse un proyecto para retirar la inmunidad, de todas formas, ya estaría protegido con dicha inmunidad durante un quinquenio (2021-2026) y además no estaría sujeto a mandato imperativo alguno, según señala el artículo 93º de la Carta Magna.

Los simpatizantes de Martin Vizcarra tienen como respuesta que el moqueguano no está impedido de ser candidato presidencial, sea ésta a través de cualquier agrupación política.  Y en efecto; si leemos el Artículo 91 de la Constitución que señala los impedimentos para no ser elegido congresista, podemos observar que ninguno de los cuatro incisos de impedimentos alcanza a Martín Vizcarra. Asimismo, Vizcarra tampoco está impedido de postular al Congreso, de acuerdo a la modificación del Artículo 34º de la Constitución que señala que no pueden postular a cargos de elección popular las personas que cuenten con sentencia condenatoria en primera instancia por delitos dolosos. Por si fuera poco, tampoco lo impediría el Artículo 113 de la Ley Orgánica de Elecciones que señala: que no pueden postularse para congresistas los sentenciados en primera instancia.

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“La generación equivocada”, por Luis Fernando Cueto

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Los maltratamos, los humillamos, les dijimos que eran los peores estudiantes del mundo, que ni siquiera podían aprobar una prueba Pisa, que eran irresponsables, unos antisociales que no acataban el confinamiento impuesto por el gobierno, y ahora, ellos, nuestros hijos, nos están demostrando que siempre fueron mejores que nosotros, que son el país al final del túnel.

   La mayoría ha nacido en este nuevo milenio, algunos ni siquiera han votado en unas elecciones; están libres, por tanto, del pánico de la guerra con Sendero Luminoso y del oprobio de la dictadura de Alberto Fujimori, que se aprovechó de ese pánico para hacerse del Poder y saquear el país y destruir sus instituciones. No son como nosotros, los mayores, que vimos pasar el país como un tren en llamas, descarrilado, hacia el fondo de un túnel sin salida, y, pasmados, inmovilizados de espanto, no atinamos a hacer nada para cambiarlo de rumbo.

   No son como nosotros. Pero nos aman. Entienden que nosotros, los mayores, también somos parte de la patria, y nos aman. Pero no quieren repetir nuestra historia. No quieren vivir en un país fallido, en un remedo de democracia donde los corruptos se reciclan, rotan, y vuelven al poder. Se hartaron de nuestra historia; no soportan a esos políticos ignorantes y delincuentes a quienes nosotros nos resignamos a elegir. Tampoco creen en esos señorones rancios, lesbianos, miembros de órdenes secretas, dinosaurios de partidos en extinción, que viven con la mente anclada en la colonia y las manos en el presente, libres, bien ágiles para llenarse los bolsillos de dinero. Ni, mucho menos, en los aventureros, en esos mesiánicos descerebrados que prometen la salvación de la patria y solo traen la destrucción.

   Se cansaron del pasado. Son jóvenes; ya viven en el Perú del mañana. Por eso quieren construir un país a su medida, uno donde puedan forjar sus sueños, encaminarse sin miedo hacia el futuro. Y son valientes. Por eso salen a las calles y protestan, luchan, asumen el rol que les corresponde. Son conscientes que nadie, aparte de ellos, les va a dar el país que quieren, que nadie más les va a procurar los derechos que ellos reclaman. Son diferentes a nosotros. Por eso lo proclaman en sus pancartas: “Se metieron con la generación equivocada”.

   Pero ellos siempre tuvieron razón. Los equivocados fueron los políticos pillos de los últimos gobiernos, y los de los últimos congrezoos, que nunca los entendieron, que se confiaron, que pensaron que los pulpines nunca iban a madurar. Y los periodistas mermeleros, que los ningunearon, que nunca les dieron espacio en sus programas. Y los analistas trasnochados, mononeuronales, que los terruquearon, que creyeron que si no estaban con Merino apoyaban a Vizcarra, que si no eran derecha eran de izquierda, o al revés. Y los intelectuales, que nunca aparecen cuando las papas queman, que se esconden a escribir sobre un país que ya no existe, a soñar con sacar un librito y correr a tomarse fotos con el Nobel peruano, ser taurinos como él, marqueses como él, y tener un cuarto de hora de gloria eterna. Todos estábamos equivocados en este Perú al borde del despeñadero; todos, menos ellos.

   Y vienen con todo, son una fuerza incontenible. Después de 200 años de nuestra cuasi independencia, ellos quieren ser libres de verdad. Y están dispuestos a morir por eso. Y esa demostración de coraje, de pundonor, de amor a la patria, ha estallado en la cara de la clase política, y ahora esos señorones, esos corruptos, esos locos mesiánicos, no saben qué hacer, corren, se esconden en sus madrigueras, espantados al darse cuenta, recién, que esas marchas de protesta representan su ruina, el certificado de defunción que el futuro del país les ha extendido.

   Y vienen por más. No se van a detener con tumbarse al gobierno y al congreso. Van a seguir en sus trece; luego pelearán por una nueva Constitución, por una educación de calidad, por un país más inclusivo, con oportunidades para todos, en una democracia verdadera. Ahora son nuestra única esperanza, la luz al final del túnel. Y ellos lo saben. Y no se asustan. Ya están ofrendando sus vidas por refundar el país, por darnos una nueva patria. Su amor no tiene límites. Su enorme, su generoso corazón, ya nos entregó dos héroes nacionales. Y van por más. Ellos no se van a resignar; no son como nosotros, sus mayores. En medio de las noticias aciagas, de las horas negras, una brisa nueva recorre el Perú, y una voz bronca, ancestral, nos dice que estos nuevos peruanos nunca dejarán de luchar por sus sueños.

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El país no los merece

Merino debe renunciar. Inmediatamente. La muerte de dos jóvenes y la protesta de la ciudadanía hacen insostenible su presencia en el cargo.

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La protesta ciudadana en contra de Merino y el gabinete tornan insostenible la permanencia de Merino en el régimen. No puede obviar la realidad. Manuel Merino  ha entrado a la presidencia al amparo de un mecanismo constitucional retorcido. La ciudadanía no ha refrendado en ningún aspecto este avasallamiento del poder. Merino debió oír el reclamo ciudadano, pero no lo hizo y nombró un gabinete, que de ancha base solamente tuvo el nombre.

No es posible voltear la espalda a los ciudadanos. El gabinete formado por Merino (representantes del viejo modo de hacer político en el país) fue, a todas luces, una imposición. Antero Flóres – Aráoz, el premier, no tuvo ni tiene el respaldo popular para ejercer el cargo. El resto de miembros del gabinete, allegados suyos, nunca ha tenido el respaldo de la ciudadanía.

La práctica represiva en contra de los ciudadanos, la renuencia de Merino y Antero por salir del poder, siguen revelando la carencia de legitimidad de este gobierno. No se puede soslayar la protesta ciudadana. Merino no puede ni  debe utilizar formalidades legales para permanecer en el régimen. Este gobierno es insostenible. Se ha actuado de espaldas a la nación. Se quiere hacer ver a la ciudadanía movilizada gracias a líderes con intereses particulares, lo cual es insostenible.  Los intentos de distorsionar el sentido de la marcha apelando a motivos laborales y a carencia de oportunidades son falacias.

La ciudadanía que hoy marcha no comulga con sus políticos. La represión policial no puede silenciar las voces que democráticamente hacen sentir su indignación contra este régimen. A este grupo de congresistas los eligió el pueblo peruano y eligió, otra vez, mal. Estos congresistas fueron elegidos por nosotros. La marcha y la protesta son necesarias y justas, pero no podemos soslayar el modo precario que tenemos, los peruanos, para ejercer nuestro derecho cívico. No podemos seguir votando por congresistas con antecedentes judiciales, no podemos seguir votando por congresistas que defienden intereses privados. La marcha es un paso en el ejercicio de una verdadera democracia, pero se necesitan ideas, mecanismos participativos que sean cercanos a los ciudadanos, un voto informado. Se debe decir claramente que las marchas representan únicamente un paso, un nivel, en la búsqueda de una representación democrática eficiente. Las ideas, los proyectos y el conocimiento de las instituciones son el mecanismo para una participación democrática plural y eficiente.

Se eligió mal, como se viene eligiendo mal desde hace mucho tiempo. Sin embargo, los cambios que han generado las protestas demuestran el acervo moral de los ciudadanos peruanos. Se eligió mal, el voto no fue informado, pero la ciudadanía mantiene intacta su solidez moral y sus deseos de un cambio. Corresponde acercar los deseos de la ciudadanía hacia una vía que permita la expresión cabal y articulada de sus requerimientos. La ciudadanía tiene el capital moral intacto. Merino y el gabinete deben renunciar. No se puede obviar el reclamo ciudadano, no se puede soslayar la indignación democrática de estos días. Es el ciudadano peruano el que se manifiesta, es el deseo moral de cambio, el que hace sentir su voz de protesta. La ciudadanía es la base del estado de derecho. La nación somos nosotros. El político cumple un mandato popular, no puede acallar la protesta ciudadana, no puede desoír la voz de los peruanos.

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