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Opinión

Pedro Castillo, el chicote que castiga a la derecha y a la izquierda progresista

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Mientras la izquierda progresista se preocupaba por cojudeces —como el lenguaje inclusivo— y la derecha empresarial dosificaba su veneno entre las tres cepas del fujimorismo; Pedro “Speedy” Castillo corría de rincón a rincón, conquistando desde abajo —a punta de anacronismo, ira y populismo— al elector mayoritario del país. No lo empelotó la gran concentración y lo basureó la izquierda barranquina. Hoy el desconcierto cunde en los limeños que confunden el Perú con La Planicie y en los intelectuales que siguen esperando el voto de Nueva Zelanda.

El Perú parió a Pedro Castillo dos veces. Su primer nacimiento se dio en el marco de la lucha por la educación, los intríngulis del enfoque de género y la pauperización del magisterio.  Su retorno se produce en un país desangrado por la pandemia, que día a día bate el record de tener la peor gestión sanitaria, con un pueblo que descree de su clase política y de la política en general. En un país que ha hecho de la indecisión una costumbre, el voto es una veleta y se entrega de acuerdo al humor del momento. El boca a boca y el rechazo prenden más que los planes de gobierno, que nadie lee porque nadie tiene tiempo de leer. Todos los candidatos remontaron —en su momento— la ola, pero el crecimiento incontenible del profesor cajamarquino se produjo días antes de los comicios. Y llegó a las elecciones en la cresta misma de su popularidad. Ya nadie lo podía desbarrancar.

El padre de Pedro Castillo es la derecha despiadada, que lucra con la miseria de los peruanos, robando oxígeno y engordando sus arcas con la pandemia. La madre de Pedro Castillo es la izquierda hipster, enfocada en cojudeces como el lenguaje inclusivo y asuntos no prioritarios como el matrimonio igualitario y el aborto. Ya la encuesta del IEP, realizada a fines del año pasado, trazaba el sentir y las filias del pueblo peruano ad portas del bicentenario. ¿Y qué quería el pueblo peruano? Mayor intervención del estado en la economía, autoritarismo y respeto por los valores culturales tradicionales. Es decir: autoritarismo de izquierda, una izquierda conservadora. Una lectura atenta y desprejuiciada de esa encuesta hubiera diseñado, en mejor medida, la estrategia electoral de los políticos que hoy siguen desconcertados con el ascenso de Castillo. Pero los políticos tradicionales tienen los ojos puestos en su ombligo, cuando no en su pincho o su chucha: ombliguismo, alpinchismo y quechuchismo son las divisas de nuestros padres y madres de la patria.

¿Y dónde estuvo, todo este tiempo, Pedro Castillo? Decir que el profesor cajamarquino representa una novedad es mentir; encumbrar a Castillo como un purista identificado con el pueblo es hablar a medias. Y es que el profesor chotano es un zorro viejo de la política profunda, un equilibrista de la política regional, esa política que la caviarada limeña mira sobre el hombro y que hoy le patea el culo. Sin embargo, su incursión en Perú Libre —debido a la indisposición para postular del líder Vladimir Cerrón— no fue nunca un proyecto veterano, sino un recurso de último momento, para que el partido no pierda la inscripción. Castillo no es un improvisado en política de base; pero su fórmula electorera y con la cual aspira a ponerse la banda presidencial es un sancochado, un ceviche cuajado de mala manera, un tocosh que se desparrama por los bordes de la olla. Castillo y su discurso rupturista sintetizan, simplemente, los anhelos de una gran parte de los peruanos contemporáneos. Tan simple, tan arcano y tan verídico como eso.

No es menos verdad que la “Caperucita” Mendoza sintetizó mayoritariamente, allá por el lejano 2016, los anhelos del peruano profundo. Y siguió aglutinando dicho caudal en estos últimos comicios. Pero el terruqueo de la derecha, el sabotaje de los medios de prensa, el desprecio de sus enemigos y el ombliguismo de sus fanáticos impidieron que ese proyecto se concrete a cabalidad. ¿Castillo le quitó votos a Mendoza? ¿O Mendoza le regaló los boletos del pase a segunda vuelta? La respuesta tiene varias aristas, pero la desconexión entre Mendoza y el peruano de a pie se hizo sentir. Sí, la extrema derecha la terruqueó; sí, fue ignorada por los medios y sí, el progresismo liberal de derechas se cebó en su candidatura a punta de chongo y joda; pero no se puede negar que fueron sus propios fanáticos los que sabotearon su campaña. Fue su propia gente la que profundizó el abismo que la separaba del peruano de a pie. Y además, hay que decirlo claramente: el apoyo de la intelligentsia nacional a Mendoza no le endosó votos en lo absoluto. Los intelectuales, los artistas, los escritores, los académicos y politólogos no leen correctamente al Perú. Su opinión no importa. No tienen capacidad de endose. No son. No pintan. Es más: casi nadie los conoce.

Fue la misma gente de Mendoza quienes destiñeron su caperuza. Y frente a Castillo, ella se vio como la derecha de la izquierda. Con un candidato al congreso que funge como la Paisana Jacinta en versión travesti, con una candidata salida de la prensa concentrada, que vacaciona en Miami y desprecia a las universidades misias, con una candidata que ya no es virgen en política y que, por eso mismo  —con las mañas de los viejos zorros— basurea a su caudal de electores. Y con fanáticos trenzados de heroísmo, déspotas y distantes, que despreciaban a quienes no veían la superioridad moral de su candidata. Fue la misma gente de Mendoza quienes le dejaron la tierra arada a Castillo. Porque Mendoza dejó de hablar del agro y pregonó el lenguaje inclusivo, porque Mendoza mostró como una medalla el apoyo de los economistas gringos y olvidó al votante del sur profundo. Como si el voto en el Perú se decidiera en Barranco, en los yunaites o en las europas. Se dirá: pero eso es caer en dicotomías, se pueden hacer ambas cosas. Se dirá que Mendoza era la promesa de llevar a cabo reformas en varias direcciones. Y no es, necesariamente, así.

El progresismo de izquierdas debe entender que sus teorías y propuestas no le interesan a la mayoría del pueblo peruano. Que el peruano de a pie ve sus prédicas como cojudeces. Si se parte de ese punto la estrategia podría cambiar y en lugar de salir con la pata en alto, a batutear a la ciudadanía, podrían tender puentes con el electorado. Pero no, su estrategia fue confrontar, imponer y censurar. Y ajustar su argolla de superioridad moral, claro está. El progresismo liberal de izquierdas le comió el corazón a Verónika Mendoza y la alejó del peruano profundo. Castillo cosechó las flores que se deslizaban por la cesta mendocista. Cuando las flores que caen no se recogen… como decía Heraud. Y Castillo recogió y recogió bien.

Hoy el progresismo liberal de izquierda dice que el Perú se perdió a Verónika Mendoza. Y sí, en parte es cierto. Pero no es menos que verdad que fue ese mismo progresismo quien la alejó del Perú. Y es que en plena pandemia ¿A quién carajo le importa el lenguaje inclusivo? ¿Qué le importa el matrimonio igualitario a un hombre del Perú profundo? ¿Acaso el campesino, que envía a su hijo al colegio, desea escuchar las prédicas del enfoque de género?

Un hombre pasa con un pan al hombro/¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?/Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo/¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?/Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano/¿Hablar luego de Sócrates al médico?/Un cojo pasa dando el brazo a un niño/¿Voy, después, a leer a André Bretón?/Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre/¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?/ Otro busca en el fango huesos, cáscaras/¿Cómo escribir, después del infinito?/Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza/¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?/Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente/¿Hablar, después, de cuarta dimensión?/Un banquero falsea su balance/¿Con qué cara llorar en el teatro?/Un paria duerme con el pie a la espalda/¿Hablar, después, a nadie de Picasso?/Alguien va en un entierro sollozando/¿Cómo luego ingresar a la Academia?/Alguien limpia un fusil en su cocina/¿Con qué valor hablar del más allá?/Alguien pasa contando con sus dedos/¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?

Pero los progresistas liberales de izquierdas no leen a Vallejo, pues se masturban con Michael Foucault y ven los campos de Bordieu hasta en la sopa; leen a Judith Butler y siguen creyendo que Simone de Beauvoir dirigió alguna vez la Biblioteca Nacional.

Esto no es desmerecer los ideales progresistas, claro está. No se puede caer en el esquematismo de quienes se pasan a la otra acerca y creen que la tradición es canon o que el orden cultural debe seguir tal como está. Y que el machismo, el autoritarismo y el culto al caudillo son valores nacionales que se deben respetar. Pero no se puede intentar un cambio cultural con imposiciones, con censuras y considerando a todo aquel que disiente como un potencial enemigo. Los progresistas liberales —que han copado diversas instituciones del estado— han arado sus feudos en base a ideologías progresistas, con las que el pueblo nunca comulgó. De ahí las premiaciones del estado a cualquier cojudez que ostente el lenguaje inclusivo, de ahí el poco consenso a la hora de discutir el enfoque de género, de ahí el plato servido que le dejaron a la extrema derecha para que los moteje como defensores de ideologías divorciadas del pueblo. De ahí nace Porky y su ataque a los caviares. Y es que, debido al puritanismo y a la argolla del progresismo liberal, el candidato de apariencia porcina pudo blandir el cuco del progresismo como el mayor enemigo del país. Si el progresismo liberal se hubiera abierto en pleno diálogo, en lugar de encerrarse en argollas para esquilmar del estado, si hubiera escuchado los intereses de la ciudadanía; entonces Verónika Mendoza sería más. Pero el progresismo liberal jugaba sus propios intereses y eso solamente conduce a un Pedro Castillo, a una Keiko Fujimori, a un Rafael López Aliaga o Hernando De Soto.

Y Pedro Castillo es el cuco que la gran prensa ahora no quiere ver. Porque Castillo es el cuco que construyó la gran prensa concentrada, ocupada como estaba en terruquear a la “Caperucita” Mendoza. Castillo es el engendro de los periodistas que emplazaban a la caperuza con preguntas sobre Venezuela como si la Mendoza fuera contendiente de Maduro. Y fue esta misma prensa la que ayudó a diseñar un candidato que sí reivindica a Maduro, que sí quiere disolver el Tribunal Constitucional y sí está dispuesto a cerrar el parlamento, como en los mejores tiempos del chino. Porque el muñeco cobró vida propia y ahora mantiene en ascuas a los amos. Y es que detrás del muñeco está el peruano de a pie, invisible pero decisivo en disputas electorales.

Pero nada más lejos que intentar ahora un elogio a los pergaminos de Castillo. Pues Castillo será novedoso para los limeños apitucados, pero es un zorro viejo de la política nacional, con todas las taras y filias de los viejos políticos. Un político que no dudó en tranzar con el fujimorismo durante las protestas del magisterio, saliendo con la sonrisa amplia al costado del indescriptible Becerril. Un viejo zorro que ha transitado por diversas tiendas políticas y cuyas conexiones o infiltraciones, en su círculo, del ala “institucionallizada” del senderismo siembran más sombras que luces. Un viejo político que recurre a la ira y al populismo para catequizar a su electorado. Y el representante de la izquierda más anacrónica, más macha, más medieval; en suma, más peruana.

Y si Castillo es un viejo zorro de la política regional,  su propuesta electoral es una suma de improvisación y de anacronismo: Castillo cree que seguimos en la Guerra Fría. Y el más grande pergamino que se cuelga y que sus seguidores le cuelgan, es el de ser el representante de la izquierda más sufrida. Y que por ese hecho tiene el deber moral de conducir los destinos del país. Que entonces, el Perú debe ser su chacra y que toda desviación se castiga a punta de chicotazos. Porque él es campesino, porque él es rondero, porque él es maestro: porque es un peruano del Perú profundo. Y si la credencial más importante para regir los designios de nuestro país es ser un peruano sufrido, entonces que sea presidente Tongo.

Algunos progresistas liberales han comenzado un mea culpa diciendo que no vieron al elector de Castillo. Y los izquierdistas recalcitrantes ya comienzan a elogiar un andinismo esencialista. Como si ser cholo, pobre y misio le otorgara, ipso facto, las credenciales democráticas. Nos movemos rápidamente al otro extremo: pasamos de los que han hecho de lo gay y del feminismo algo sagrado, a los que hacen de lo cholo y del andinismo lo sacrosanto. Pero quienes recurren a esos ejercicios de culpa y de mala fe son los mismos que viven desconectados del pueblo, aquellos que, enclaustrados en cómodos pupitres, no conocen las peripecias del peruano. Su culpa les hace sacralizar al cholo, que conocen a través de Quijano, Nugent o Bruce. Su penitencia es divinizar al cholo, porque solamente lo reconocen por manuales. Pero quien conoce las dinámicas populares no sufre de ese tipo de neurosis y sabe que ser cholo, como ser gringo, como ser negro, como ser chino, no implica un heroísmo atávico. Quienes paternalizan lo cholo son los que se sienten lejos de las dinámicas cholas, su mala fe y su distancia les hace ser acríticos e hipócritas. Y entonces, cuando lo cholo es criticado, sacan el dedo acusador del ¡clasismo, clasismo! para disimular su desconocimiento de las dinámicas peruanas. Según ellos, lo cholo es una categoría sagrada. Es más fácil, entonces, decir que Castillo es un fascista de izquierdas, o un autoritario de izquierdas, que decir que el grueso del electorado que votó por Castillo tiene el germen y el combustible del pensamiento autoritario. Porque Castillo no se representa a él mismo, sino al peruano de a pie, aquél peruano sobre el que trabajó, a medias y en vano, el caviarismo y al que despreció la derecha durante tantos años.

Y ahora se tiene que elegir entre la hija de un mafioso dictador y un autoritario de sinuosa carrera política —y representante del esencialismo andinista— que tranzó con la bancada del mafioso dictador. Entre el plomo y el chicote; entre la coca y la hoja de coca; entre “la letra con sangre entra” y el “nosotros matamos menos”. Entre la yakuza y los herederos de Benel; entre la derecha autoritaria y la izquierda intransigente. Entre la china hipócrita, que se calza un chullo para verse como peruana y el cholo, que dice representar – solamente él – al verdadero peruano.

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Roberto Ramírez Manchego. Egresado de derecho de la UNFV y actualmente estudia filosofía en la Universidad San Marcos.

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Schmeerguntz, de Gunvor Nelson y Dorothy Wiley (1965)

Lee la columna de Mario Castro Cobos

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¿Perdió el filo, o todavía no? -También parece un slogan-. Quien domina las imágenes domina el mundo. Es verdad, claro, y parece que casi no sirve de nada saberlo. ¿Y entonces, qué se puede hacer? Si algo muestra Schmeerguntz es lo que esconde la palabra o el concepto ‘ideal’ en las imágenes que nos venden, que nos introducen por todos los orificios, en el estilo de vida que nos ordenan vivir, o desear, sin poder por definición nunca llegar a conseguir; así que la lluvia radioactiva publicitaria si bien puede tener una apariencia paradisíaca (sensualidad apetitosa y cliché) muestra al mismo tiempo lo monstruosa que es. Y por cierto, lo más monstruoso de todo tal vez sea que hemos dejado de sentir la esencia de la monstruosidad en la que estamos metidos. Y eso que quien escribe no intenta ser moralista.

Las imágenes machaconas de una vida irreal incluso para quienes pueden procurársela. Mujeres esbeltas, maquilladas y bonitas, concursantes (a miss lo que tú quieras) como marionetas… Tan dúctiles. La mentira, la operación indesmayable de la reducción de las mujeres a papeles y funciones de adorno y esclavas, de tan escandalosa y grosera, pero de bombardeo abrumadoramente incesante necesitaba contra ella una incisión, un hueco, una disonancia, un respiro de aire fresco, una película collage (casi sientes las tijeras y la goma en varios momentos) que con su aspecto de artesanía inocente, de pequeño mecanismo que rasguña como puede, sea totalmente incisiva, política, y feminista en el mejor sentido posible.

¿Podemos hacer algo para que las imágenes de los mercaderes no nos destruyan? (esos a quienes se cuenta que Jesucristo expulsó por haber convertido al templo de su padre en una cueva de ladrones). ¿O ya estamos destruidos y solo nos dedicamos a contemplar con mayor o menor lucidez nuestra propia destrucción? Alguien irónico replicaría. A nivel de constelaciones de dioses falsos, el cine experimental y/o de vanguardia se reclama como el único y verdadero dios. Idea ridícula, dirán. Pero el cine es un campo de batalla. Si no lo es, es publicidad del poder.  

La salida es ser prosaico, crudo, directo, un inodoro, una mujer vomitando, una mujer desnuda con un tampón, bebés cagando y siendo limpiados, imágenes en principio tan inocuas, toman venganza de las otras, mientras seguimos entre embrujados y hartos.

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https://m.ok.ru/video/7176083081758

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Perú y la piratería en streaming

Lee la columna de Anìbal Mamani

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En 2024, Perú cerró el año con una estadística negativa. Indecopi ordenó el bloqueo de más de 400 sitios web que ofrecían ilegalmente contenido protegido, incluyendo películas, series, música y eventos deportivos. Esta medida se enmarcó en la séptima fase de la iniciativa internacional «Operación 404», con la participación de autoridades de Brasil, Paraguay, Argentina y Reino Unido.

Muchos usuarios optan por ingresar a páginas de streaming para ver películas al estilo Netflix o transmisiones de partidos de fútbol de la liga peruana. Sin embargo, la piratería no solo implica la descarga o visualización ilegal de contenido, sino que también expone a los usuarios a serias amenazas cibernéticas, incluyendo la instalación de virus y malware. También existen muchas ofertas de suscripción pirata a plataformas como Netflix, Disney+ o Prime Video, de forma compartida, con un pago mensual o único. En la mayoría de los casos, estas terminan en estafas.

Es común encontrar múltiples botones de «Play» o «Descargar». Algunos de estos botones están diseñados para ejecutar scripts que instalan malware en los dispositivos de los usuarios al hacer clic. Las personas que acceden a contenido pirata no solo enfrentan riesgos legales por infringir derechos de autor, sino también la posibilidad de que sus dispositivos sean infiltrados y utilizados para actividades delictivas sin su conocimiento.

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Fiesta en el lado oscuro: las mafias celebran

Todo nace del Tribunal Constitucional, convertido en apéndice de las mafias, estos «tribunos de la Cosa nostra» han firmado el acta de defunción de la justicia peruana.

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Por Jorge Paredes Terry

El Tercer Juzgado Colegiado de la Corte Superior Nacional tomó la decisión de declarar nulo el juicio oral contra Keiko y su organización, decisión cuestionable, no solo porque representa una burla a las víctimas de la corrupción, sino que sienta un precedente peligrosísimo para la impunidad en el país.

Su reciente resolución por el caso «Cócteles» que ordena su retroceso a la etapa intermedia, es un golpe devastador para la lucha contra la corrupción y una victoria resonante para las fuerzas del crimen organizado.

La resolución, amparada en supuestas «irregularidades» en la acusación, ignora la montaña de evidencia que vincula a Fujimori y a su presunta organización criminal con el lavado de activos y la financiación ilícita. No se trata de una simple anulación técnica; es una maniobra calculada para dilatar el proceso indefinidamente, enterrando bajo el peso del tiempo la posibilidad de una condena justa. La resolución se apoya en el precedente del caso José Chlimpler, un precedente que, lejos de ser un faro de justicia, se erige como un ejemplo de la manipulación del sistema judicial para proteger a los poderosos.

Es crucial entender que esta decisión no implica la inocencia de Keiko Fujimori ni el archivo del caso «Cócteles». La resolución anula el juicio oral, pero la acusación sigue en pie, la evidencia sigue existiendo, y la sombra de la preesunta corrupción sigue planeando sobre la lideresa fujimorista y su entorno. Intentar presentar esta resolución como una absolución es una manipulación descarada de la verdad. Es una victoria pírrica para las mafias, una victoria que se celebra en la oscuridad, mientras la justicia peruana agoniza.

El Tribunal Constitucional, con la resolución sobre el caso Chlimpler, se convierte en cómplice de la impunidad. Su responsabilidad histórica será inmensa, su legado, una mancha indeleble en la historia del Perú. La lucha contra la corrupción no se detiene con esta resolución; al contrario, se intensifica. La sociedad civil, los fiscales y los jueces honestos deben redoblar esfuerzos para contrarrestar este golpe y exigir la rendición de cuentas de aquellos que se creen por encima de la ley. La impunidad no es una opción; la verdad, sí. La lucha continúa.

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El Paul McCartney, de Arturo Delgado Galimberti

Lee la columna de Rodolfo Ybarra

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Arturo Delgado Galimberdi nos sorprende con este libro sobre la vida, discografía y demás hechos resaltantes en la vida de Paul McCartney (PM). Ya antes ha escrito Karma instantáneo para Jhon Lennon donde nos plantea una ucronía exquisita: Lennon vive y McCartney muere. Eso aparte de otros libros importantes como La Ruptura, una novela corta que trata sobre el padre y Los espejos de infierno, otro texto urbano donde se filtra un manifiesto de vida y que tuvo elogios de Oswaldo Reynoso entre otros destacados escritores.

Esta vez, ADG solo firma como A. G. Galimberti y nos lleva como por un tobogán para mostrarnos al verdadero líder de The Beatles. (Los derechos de autor todavía se siguen discutiendo si se firma Lennon-McCartney o McCartney-Lennon). Tanto así que parece un texto escrito por un fan y no precisamente por un novelista. Pero Galimberti que es versado en el tema, nos demuestra que las cosas no son tan así de fácil. Por algo no ha tenido programa de radio dedicado al rock y ha escrito en su blog La Secta del Ruido y reseñado decenas de artículos sobre el género en diferentes medios periodísticos.

El libro repasa de manera erudita apelando a una amplia bibliografía sobre el tema e incide en esa competencia natural entre los dos másters de The Beatles, incluso después de separarse. Lennon con con Yoko Ono y McCartney con Linda y los Wings. Y las demás grabaciones con otros músicos destacados como Michael Jackson, Stevie Wonder, los exnirvanas o el “The-Ballad-Of-Skeletons”, un poema político de Allen Ginsberg: “El-esqueleto-de internet-dijo:-Cree-mentiras./-El-esqueleto-de-la-publicidad-dijo:-¡No-seas-sabio!”. Así como una discografía completa en las que se incluyen títulos que pirateados por la banda nacional We All Together.

El autor nos recuerda que PM es “un hijo de la clase trabajadora de Liverpool” y le dedica el primer capítulo a ello, pero no hay un capítulo a su nombramiento como “Sir” por parte de la reina Isabel II. Y aunque PM y los Beatles rompieron récords tanto en conciertos como en las listas nros unos; también es cierto que otros músicos más humildes y con menos recursos como, por ejemplo, Dámaso Pérez Prado con su pieza “Patricia” (usado en la Dolce Vita) y otras más estuvo casi 15 semanas en el Hit Parade de Estados Unidos arriba de Elvis Presley y The Beatles.

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“La Vorágine”: así se celebró los 100 años de su publicación

Lee la columna de Jorge Linares

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Por Jorge Linares

La asociación Iquitos Cultural junto al consulado de Colombia en la ciudad de Iquitos y la Logia Masónica 5 N° 25, presentó este pasado 30 de diciembre de 2024 un conversatorio con motivo del centenario de la publicación de esa novela de José Eustasio Rivera. Este evento cultural daba apertura a los 161 años de aniversario como puerto fluvial a la ciudad de Iquitos.

La Vorágine es una novela que nos invita a reflexionar cien años después de su primera edición sobre la situación real de nuestras fronteras, cuánto hemos avanzado como sociedad, si el Estado tiene presencia efectiva en estos territorios y si sus habitantes llevan una vida digna con los servicios básicos de agua, desagüe, electrificación, tecnología, salud, educación, entre otros beneficios.

El Dr. Carlos Barreto Vargas, Encargado de las Funciones Consulares del Consulado de Colombia en Iquitos, saludó fervorosamente que se realicen este tipo de eventos que fortalecen los lazos de buen entendimiento y hermandad entre los países de Perú y Colombia. Asimismo, comprometió a las nuevas generaciones a despertar el hábito por la lectura de otros autores como Gabriel García Márquez que también nos habla de este tipo de realidades.

El profesor universitario de Lengua y Literatura, especialista en Crítica Literaria, Dr. Manuel Marticorena Quintanilla, asumió la responsabilidad de hacer un resumen de la obra de José Eustasio Rivera, concluyendo que la forma como está publicada es una imitación a la obra del Quijote de la Mancha ya que el novelista colombiano coincide con Cervantes aseverando que él no escribió la obra, sino que fue Arturo Cova, protagonista de la novela. El autor más que novelista es poeta y en esta obra vamos a encontrar esa calidad poética hermosísima a lo largo de toda la novela. La visión del escritor es inmensurable, se hizo mucha propaganda cuando la publicaron en la Unión Soviética, estigmatizándola como socialista, y no es así, pues tiene una visión enteramente cristiana, comenzando por el aspecto formal, es decir la forma como está escrita. La obra se divide en tres partes: la sierra, la selva y el llano, son tres regiones que pertenecen a Colombia que equivalen a lo que Dante Alighieri describe en “La Divina Comedia” el infierno, el purgatorio y el paraíso; y en esta novela es al revés, comienza con el paraíso y termina en el infierno. El crítico literario Seymour Menton menciona que en diferentes espacios de la novela se encuentran agrupaciones de tres y que ratifica que hubo señal de una visión cristiana.

El Dr. Fernando Bravo Reátegui hizo una breve reseña de la vida del autor de la novela que se empezó a escribir en 1922, indicando que “José Eustasio Rivera nació en un ambiente campestre en Neiva; su niñez fue fecunda ya que abrazó su amor por la naturaleza, tuvo un padre muy correcto, se crió en un ambiente propicio para ejercer su vena literaria; luego, paso a estudiar la Normal en Bogotá, ejerciendo la carrera de profesor, y posteriormente se recibió de abogado. Siendo profesor ocupó cargos administrativos donde quiso innovar cambios y recibió resistencia, esto motivó para que predominara en su vida la profesión de abogado y ahí encuentra una brecha para la política, llegando a ser miembro del parlamento colombiano donde hace escuchar su voz ante los abusos de la clase dominante hacia los más desvalidos, haciendo eco de las denuncias del periodista peruano Benjamín Saldaña Roca hacia la casa Arana en el Putumayo; eso le valió muchos enemigos a tal punto cuando es publicada La Vorágine, es desmerecida por vacíos que argumentaban sus oponentes. Sin lugar a duda, esta novela marca un hito en la literatura latinoamericana porque aglutina una mixtura de géneros como el periodismo, la poesía, la naturaleza, el paisaje, la fotografía, una obra novedosa para la época escrita con un lenguaje elegante, engolado y depurado. Muere muy joven a los 40 años dejando un gran legado para recordar a este escritor con mucha satisfacción que se enfrentó y denuncio al régimen, apoyando y solidarizándose ante esas minorías que estaban rezagadas en la selva, haciendo que tengan voz, eso es meritorio y trascendente”.

José Eustacio Rivera.

El Venerable Maestro Menotti Yáñez Ramírez saludó la presencia de todos los participantes y enalteció lo dicho por el Dr. Marticorena, más aún, cuando se refirió a la carrera de ser profesor; “es una profesión tan venida a menos últimamente, pero sino fuera por los maestros el futuro no estaría garantizado y muchas veces nos olvidamos de ellos, es un honor ser maestro; probablemente, en el estatus profesional de la cultura oriental, precisamente en Japón, el ser maestro está en el pináculo de la sociedad en el lugar más alto porque en ellos se confía el futuro del país sobre todo en los maestros de primaria porque ahí se sientan las bases para el futuro sin desmerecer a los docentes universitarios que también hacen un esfuerzo orientando a la juventud. Esta noche estamos reunidos para celebrar la centuria de la novela La Vorágine, si José Eustasio Rivera pudiera vernos estaría más que regocijado de saber que nos hemos reunido para conmemorar lo que él hiciera un día. Esta novela ha pasado por prohibiciones y creo que a muchos no nos gusta. Cien años después podemos ver que el argumento de la novela sigue siendo tan potente, las denuncias hechas, la defensa del indígena que le generaron grandes conflictos personales como a muchos otros que en la época del caucho levantaron su voz, y para ello cito el poema Enemigo mío del poeta escocés Charles Mackay. El Dr. Marticorena se refirió a una trinidad en la novela a un profundo contenido cristiano: amor, dolor y muerte, trilogías en las cuales me voy a soportar en una trilogía masónica: libertad, igualdad y fraternidad que no es exclusivamente nuestra, sino que muchas culturas la tienen como postulado y José Eustasio Rivera habló de la libertad como facultad natural, habló de la igualdad en una época que era impensable y casi pecaminoso decir que todos debíamos ser iguales y habló de la fraternidad de la necesidad de ser respetuosos, tolerantes unos con otros y solo así haremos de este mundo un mundo mejor; por tanto, quiero desde aquí brindar un fuerte aplauso para don José Eustasio Rivera para que sepa que estamos conmemorándolo sentando las bases de un futuro y un país mejor donde ser libre sea indispensable, donde ser tolerantes y respetuosos sea la consigna permanente y donde ser fundamentalmente iguales porque somos seres humanos y merecemos ese legado para lo que hoy día estamos reunidos. Asimismo, agradezco a la asociación Iquitos Cultural por haber elegido este lugar que muchas veces es visto como cueva de demonios, piensan que la masonería está distante de la sociedad cuando está mucho más próxima a lo que se puedan imaginar, este es un lugar que nos sirve a los masones como punto de encuentro y también para este tipo de eventos que promueven y fomentan la cultura como es la Logia Unión Masónica 5 N° 25 que tiene fecha de fundación el 24 de junio de 1869”.

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100 años de Martha Hildebrandt

Lee la columna de Edwin Sarmiento

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Por Edwin Sarmiento

Hoy, 13 de enero, la Dra. Martha Hildebrandt habría cumplido 100 años. Falleció cuando tenía 97 años. Guardo, de ella, los mejores recuerdos de mi vida laboral. Fui su asesor de prensa durante ocho años en el Congreso de la República, luego que ella me convocara sólo para trabajar tres meses. Y eso, con muchas dudas por ser periodista. Recuerdo aquella mañana en que, a su pedido, me presenté en su casa portando mi hoja de vida que resumía, en 12 hojas, mi experiencia personal. Ya había sido asesor de varios ministros de Estado, jefe de comunicaciones en el Congreso de la República, Presidencia del Consejo de Ministros, director en varios ministerios, periodista en los más importantes medios de información en Lima de los 70 para adelante. Luego de hojear lo que yo consideraba un contundente currículo, se detuvo, cerró el fólder, me miró fijamente y preguntó.

–Oiga, ¿usted sabe escribir?– me dijo.

–Claro que sí, doctora—respondí muy seguro de mí.

–¿Por qué cree que sabe escribir?– inquirió. Vi, entonces, que sus ojos hincaban a los míos con intriga.

–Es que soy periodista—manifesté

–Mierda, entonces usted no sabe escribir– retrucó, deteniendo, por suerte, mi autoelogio que comprendía los cargos que había ocupado como redactor, editor, editorialista y un largo etcétera.

–El lunes lo espero en mi despacho a las nueve. Y gracias por acompañarme sólo por tres meses—dijo, extendiéndome la mano al despedirse. A los dos días de estar con ella comprendí, efectivamente, que no sabía escribir…con el rigor que ella exigía en la redacción y el uso correcto del lenguaje. Me alegré de que no haya podido escuchar mi autobombo y, con el tiempo, los tres meses se extendieron, por decisión de ella, a ocho años, los más productivos para mí y creo que para ella también, porque nos llevamos muy bien, sin correcciones de fondo, a los que sometía todos los días a sus otros asesores, tanto que ellos eran despedidos con relativa frecuencia. Lo que sí no aceptaba es que, le tomaran la delantera, renunciando. Ella los tenía que destituir.

Los asesores le duraban, en promedio, unos meses: eran licenciados por ella y otros, optaban por la hábil retirada para recuperar la paz. Pero, ni aun así, se escapaban del amargo trance del despido. En una ocasión, uno de ellos, formado en la PUCP, decidió marcharse a la semana de haber llegado al congreso. El estilo Hildebrandt no iba con él. Y se fue, como llegó, sin avisar, de puro corajudo. Además, llevaba un apellido aristocrático, como era del agrado de la parlamentaria. Entonces, la Dra. Hildebrandt era presidenta del congreso. Una mañana, en que yo despachaba entrevistas pendientes con ella, pidió a la secretaria llamar al doctor xx. No está doctora, respondió la secretaria. ¿Qué?, ¿dónde está?, indagó la presidenta. Renunció ayer, doctora, ya no vino, explicó la secretaria. ¡Ah, no. Qué se ha creído!. Llame, usted, al abogado y que venga mañana a las nueve, ordenó a gritos. Al día siguiente, nos encontrábamos, algunos asesores, despachando con ella, cuando la secretaria anunció que había llegado el abogado a la hora indicada. Que pase, ordenó. Cuando el renunciante intentaba acercar una silla para sentarse, la doctora lo detuvo en seco: así nomás, dijo. No es necesario que tome asiento, señaló, moviendo los dedos de izquierda a derecha y viceversa ¿De manera que, usted, renunció al trabajo?, continuó. Y antes de escuchar la respuesta, en medio de un sepulcral silencio, su voz retumbó:  sepa, usted, que a mí nadie me renuncia. Soy yo quien decide cuándo se va. Está, usted, despedido. Puede retirarse, sentenció, moviendo los dedos de atrás para adelante.  Martha Hildebrandt no aceptaba que otros decidan por ella.

Hoy que la recuerdo, me viene a la memoria tantos hechos que, convertidos en anécdotas, me hacen sonreír con gratitud. Fue una intelectual brillante, reconocida por el mérito de sus investigaciones en los principales foros del mundo. Su labor académica fue reconocida con distinguidas menciones. Premio Nacional de Cultura en 1949, Premio Nacional de Ensayo en 1961, Premio Nacional de Fomento a la Cultura Javier Prado en 1969. Orden de las Palmas Magisteriales en el grado de Amauta en 1999, Medalla de Honor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en el grado de Gran Cruz, Medalla de Honor del Congreso de la República del Perú en el grado de Gran Cruz, Condecoración Orden Cultural Andrés Bello de Venezuela, Condecoración Orden al Mérito Cultural de Polonia. Dirigió el Instituto Nacional de Cultura en el Perú, fue subdirectora general de la UNESCO y congresista de la República en varios períodos, además de autora de numerosos libros de su especialidad, en el campo de la lingüística y de la cultura y mejor paro de contar.

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Opinión

Interestelar y las relaciones humanas

Lee la columna de Edwin Cavello

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El cineasta Christopher Nolan, estudió literatura antes de sumergirse en el mundo del cine, de ahí nacería su exigencia por el desarrollo de los guiones. Su filme Interestelar que acaba de cumplir 10 años, es un viaje épico entre agujeros negros y ecuaciones gravitacionales. A pesar de que ha pasado una década de su estreno, su película sigue emocionando y cuestionando las relaciones humanas y la fragilidad de nuestra existencia.

Con su estreno en el 2014, Interestelar logró que masivamente el público se haga preguntas filosóficas y científicas, pero también abrió algunas heridas como la del llamado padre ausente.  En el filme, a través de los años, la ausencia del padre se convierte en un vacío que Murph intenta llenar con ciencia, ira y, finalmente, perdón. En este sentido, Nolan nos recuerda que el tiempo es una fuerza implacable que puede golpear los lazos más fuertes, pero también puede sanar heridas cuando se atraviesa con amor.

La película plantea preguntas sobre la naturaleza del tiempo, la gravedad, la posibilidad de vida más allá de nuestro planeta y sobre las emociones humanas: ¿qué estamos dispuestos a sacrificar por aquellos que amamos? ¿Cómo lidiamos con la pérdida y la ausencia? ¿Qué nos motiva a seguir adelante cuando todo parece perdido?

En el aspecto científico, Interestelar ha seguido siendo relevante. La representación del agujero negro Gargantúa se basó en cálculos del físico Kip Thorne, asesor de la película y ganador del Nobel en 2017. Con el tiempo, los avances en astronomía han confirmado la precisión de varios elementos del filme, aunque algunas cuestiones siguen siendo materia de debate. ¿Es posible realmente viajar a través de un agujero de gusano? ¿Podremos algún día manipular el tiempo y la gravedad a nuestro favor? La ciencia avanza, pero las grandes preguntas aún siguen sin respuesta.

Una década después, Interestelar continúa siendo una obra que nos obliga a mirar más allá del horizonte y a reflexionar sobre nuestro lugar en el universo. En un mundo donde la tecnología y el conocimiento avanzan a pasos agigantados, la película nos recuerda que, en realidad, seguimos siendo niños explorando el desconocido infinito.

Al final del filme Murph está feliz de que su padre (Cooper) regresó pero ella le dice que se vaya de todos modos, diciéndole que “Ningún padre debería verse obligado a ver morir a su propio hijo”. 

(Columna publicada en Diario UNO)

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Opinión

Qué bello es vivir

La obra maestra de Frank Capra que se convirtió en un clásico cinematográfico.

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Hace unos días un entrañable amigo me comentó que en compañía de su familia volvió a ver la película ‘Qué bello es vivir’. Repetir la experiencia como espectador del filme de Frank Capra le hizo recobrar más razones para vivir, considerando que la historia del joven George Bailey no solo es inspiradora, sino aleccionadora, ya que nos habla de los sueños que siempre debemos alcanzar, aunque surjan obstáculos y distractores. Sin embargo, el idealismo no llegará solo y para cristalizarlo solamente hay que hacer y obrar. Es decir, si creemos en nuestras ideas trabajemos en ellas hasta que se hagan realidad. Curiosamente el cine, desde la perspectiva que tomemos, también influye en nuestras ganas de emprender para nuestras vidas un enfoque holístico y espiritual.

Podemos mencionar más joyas cinematográficas como ‘Ángeles con caras sucias’, ‘Cinema Paradiso’, ‘La vida es bella’, ‘Forrest Gump’, ‘La sociedad de los poetas muertos’, ‘Sueños de fuga’, y ‘En busca de la felicidad’, entre tantas otras que nos dicen en nuestra propia cara: —no te rindas, tú puedes porque tienes una misión—pero tampoco es menos cierto que la realidad supera a la ficción. Si bien, el instrumento del séptimo arte logra sublimarnos y eventualmente consigue elevarnos, al mismo tiempo se convierte en un esbozo. Significa que, si no iniciamos un “emprendimiento”, quizá las ganas e ilusiones se nos escurrirán entre los dedos de las manos. Entonces ¿tendríamos que espectar una película inspiradora cada hora o cada día para no matar la motivación?

No cabe duda que la riqueza existe y el dinero es importante, y quizás podrás ganar más dinero, pero no podrás ganar más tiempo. Por lo que más allá del aspecto pecuniario, uno de los mayores regalos de la vida y que nos convierte en personas ricas es la capacidad de dar a los demás sin esperar algo a cambio. Basta dar un minuto de nuestro tiempo y de nuestra atención, y estaremos brindando una pequeña parte de nuestra vida. Con una palabra de aliento y mostrando una sonrisa conseguiremos que alguien sea feliz. Y si el escenario cotidiano se muestra desolador por razones de pobreza, corrupción y crimen, nuestra misión es afrontar la vida con el mayor de los optimismos. Solo siendo generosos y altruistas asumiremos un liderazgo y le daremos un sentido a nuestra existencia.     

(Columna publicada en Diario UNO)

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