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La sociología de la información en la era del periodismo digital

Lee la columna de Raúl Allain.

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En mi ensayo titulado “La revolución del periodismo digital” he analizado el impacto de las nuevas tecnologías de la información en el periodismo, tradicionalmente realizado a través de la prensa escrita (imprenta), radio y televisión. Dentro de la sociología de la comunicación me parece interesante destacar que en el nuevo panorama de los “mass media”, la comunicación no es patrimonio exclusivo de las grandes empresas o corporaciones gigantes de medios masivos o colectivos, sino que tiene ahora la presencia de una serie de nuevos actores, como lo son los medios digitales, foros de internet, “bloggers”, comunicadores independientes y redes sociales.

Observamos el auge de las “noticias en línea” así como las “transmisiones en vivo”, que tienen muchas plataformas sencillas de usar y “al alcance de todos”. Cada individuo se configura así como un creador en potencia de diversos contenidos.

Reitero que el rol protagónico de la Internet y los “periodistas digitales” no implica dejar de reconocer el papel importante que antaño tuvieron las grandes pensadores, filósofos, escritores y periodistas para defender la libertad de expresión, denunciar problemas sociales o propiciar la polémica y el debate sobre cuestiones fundamentales de la sociedad como el fin de las monarquías absolutas, los derechos humanos, la igualdad social, la abolición de la esclavitud, que fueron los motores de la llamada “Ilustración” en el siglo XVII y XIX, que fue muy importante para hechos históricos como la Revolución Francesa, la Independencia de los Estados Unidos o la Emancipación del Perú y los demás países de América. Ellos tuvieron un rol importante.

Sin embargo, en la época actual asistimos a un nuevo panorama. Pero, ¿cómo poder aprovechar las nuevas tecnologías en el periodismo participativo y no caer en el “ruido comunicativo”? Es decir –como señala el pensador Umberto Eco– evitar que las redes sociales se conviertan en un bullicio donde “los idiotas son los que tienen la palabra”.

Es importante que la calidad, trascendencia, importancia de los contenidos no se pierda en la “hiperinformación”, en la presencia de “basura comunicacional”, pues ahora que cada persona con acceso a internet o a un smartphone tiene la “capacidad” (la oportunidad) de crear contenidos, muchos de estos excelentes pero otros también mediocres o intrascendentes.

Lo cierto es que –y esto ya es prácticamente una opinión unánime en los foros académicos y todas las líneas de investigación– el presente y el futuro del periodismo está determinado profundamente por la irrupción de las nuevas tecnologías de la información, especialmente las redes sociales e internet, que están configurando una nueva forma de ejercicio periodístico, pero también con fuerte componente de entretenimiento incluso evasión de la realidad.

Conviven el periodismo de investigación, con los “memes”, “reels” de videos de humor, denuncias serias de problemas agobiantes junto con asuntos irrelevantes. Es la cara y el sello de este fenómeno de las redes sociales en internet. Ya lo había dicho Andy Warhol, el genio del “pop art” cuando pronosticó que en el futuro cada persona tendría “quince minutos de fama”.

Pero, desde otra óptica, esto una verdadera “revolución” que no solamente es un simple cambio de medio, sino que para el caso del periodismo serio, representa una praxis con sus propias características, especialmente en lo relacionado al “periodismo participativo” y “comunicación participativa”.

Creo que tenemos el deber de visualizar las fortalezas y oportunidades, pero también las debilidades y amenazas que tienen hoy el uso de las nuevas tecnologías. No debemos perder de vista que uno de los fines supremos del periodismo es la búsqueda y difusión de la verdad, y eso requiere investigar hechos concretos, buscar nuevas fuentes, contrastar datos para poder crear mensajes verdaderos.

Precisamente uno de los problemas que vemos ahora son las llamadas noticias falsas o “fake news” que –según ya se ha denunciado– abundan en redes sociales como Facebook y Twitter, entre otras, donde se “fabrican” contenidos sin tener en cuenta que estos correspondan objetivamente a la realidad.

En el otro extremo, se da el problema del excesivo protagonismo que en las redes sociales se da a la vida privada de las personas, lo cual no constituye noticia, sino que sólo abonan a satisfacer a un público ávido de entretenimiento. De allí que los “reality shows” tengan más sintonía que las páginas web de noticias.

Considero que es verdad lo que señalaba Nicholas Negroponte (1995) en su libro de Ser Digital (Being Digital), donde predijo que en el futuro las noticias en línea darían a los lectores la habilidad para escoger sólo los temas y las fuentes que les interesan.

Por ello es de suma importancia que las universidades y centros de capacitación de periodistas se enfoquen no solamente en las “habilidades tecnológicas”, sino que también se preocupen en una formación humanística que permita a los comunicadores poder tener capacidad de análisis de la realidad.

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Raúl Allain. Escritor, poeta, editor y sociólogo peruano (Lima, 1989). Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha sido incluido en antologías como Antología de poetas críticos (Cisnegro, México DF, 2019), Antología décimo aniversario de Lord Byron Ediciones (Liber Factory - Lord Byron Ediciones, Madrid, 2013), Veinte poetas: muestra de poesía contemporánea (I.F.D. Editor; Lima, 2010), Poesía y narrativa hispanoamericana actual (Visión Libros - Lord Byron Ediciones, Madrid, 2010), Abofeteando a un cadáver (Bizarro Ediciones - Centro Cultural de España, 2007), entre otras. Sus textos aparecen en diversos medios literarios tanto nacionales como internacionales. Actualmente preside el Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y dirige el sello independiente Río Negro. Ha publicado Poéticas, Poiesis hispanoamericana: selección de poesía contemporánea, Eros & Tánatos: poesía y arte contemporáneos, entre otras antologías, ¡Yo no hice nada!: Sobre la idiosincrasia peruana, ¡Palaciego In Memoriam!: Selección de textos de Humberto Pinedo, así como el ensayo La cientificidad del consciente (Editorial Emooby, 2011). Premio Mundial a la Excelencia Cultural y Premio Mundial el Águila Internacional a la Excelencia Sociológica de la Unión Hispanomundial de Escritores (UHE).

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Sicilia! de Jean-Marie Straub & Danièle Huillet (1999)

Lee la columna de Mario Castro Cobos

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No voy a negar, ni por un momento, que experimenté un sentimiento de desconcierto a un nivel fabuloso, medio extraterrestre. El para mí ya conocido, y admirado (e imitado, y raramente comprendido) ‘recto tono’ del fraseo bressoniano (la supuesta ‘inexpresividad’ que funciona como feliz ampliación del arco más desconocido pero no menos real de expresividad, en una clave más lejana del digamos típico griterío teatrero; compárala con cierta música oriental, más sutil, que de tan sutil y poco ruidosa para oídos occidentales puede ser ¡casi inaudible!) había quedado superado de manera sublime y casi brutal (lo digo como elogio) por aquello que asaltaba mis oídos, casi los taladraba, y en general, mis sentidos, ¿eran robots, eran oráculos, estaban vivos, muertos, eran zombis, era en serio, lo que hacían, era maniático, era soberanamente riguroso y atrevido, pero qué era, qué estaba pasando?

Y es que este par de cineastas marxistas (no es que abunde gente así) cual cineastas rusos en sus años de gloria, eran revolucionarios tanto en el fondo como en la forma.

Me fui dando cuenta (tras el impacto, y tampoco es que fuera tan difícil) de que una ‘artificialidad’ (incluso tan extrema como esta) puede generar -por qué no, y sería buenísimo que sí- una nueva naturalidad. Nos acostumbramos a ella, aprehendemos sus valores, porque lo que consideramos muy natural fue artificial en el pasado o es artificial en otros contextos. Que te choque algo puede ser la evidencia de encontrarte ante la presencia de algo (y si no para qué el arte) radicalmente nuevo.

Una nueva música (música verbal, ¡cómo olvidamos que el verbo es música!) fuerte, con momentos de tensión magníficos, riqueza de inflexiones, algo entre la oración, la letanía, la imprecación, el grito y el canto, y eso también en rostros, expresiones… Planos que evocan lo sólido y monumental, que son como tumbas o rocas o construcciones profundamente enraizadas en la Tierra… Cómo decir las palabras, con qué cara, con qué respiración, con qué tono, es una vieja cuestión renovada por estos cineastas con furor revolucionario.

Asistimos, cerca del final, a un duelo verbal (¡vaya secuencia!) que se despliega con gran intensidad, y que no carece de varias extrañezas. Y el final-final tan aparentemente impostado ¡pero surge una conciencia, y una solidaridad tan verdaderas!

Película

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Un balance positivo del presidente del Congreso

Lee la columna de Abraham Vera

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Por Abraham Vera

Concluida la legislatura en el Congreso de la República, toca evaluar lo hecho durante la presidencia de Alejandro Soto, en un contexto de enfrentamientos marcados por la vesania, que han puesto en cuestionamiento a más de uno de los organismos constitucionales que dan sentido al quehacer político nacional.

No obstante, conviene considerar las cosas siempre con un criterio histórico. En tal sentido, bien podemos afirmar que, en estos dos siglos de vida parlamentaria, son dos las categorías en las que se pueden ubicar las formas de hacer política desde el Congreso de la República.

Por un lado, están los congresistas de verbo florido, como José Faustino Sánchez Carrión, más conocido como «El Solitario de Sayán», verdaderos  «piquitos de oro», caracterizados por su verborragia y su carácter histriónico, y por otro se hallan los congresistas de perfil bajo, más bien parcos, que prefieren abocarse —desde un estratégico y reconcentrado silencio— a la acción, a la consecución de acuerdos y al logro de objetivos, pues esa es, finalmente, la razón de ser de la política: hacer que las cosas sucedan. Un ejemplo de este segundo tipo de congresistas lo hallamos en la figura de Francisco Javier de Luna Pizarro, primer presidente del Congreso del Perú y figura señera que, durante los primeros lustros de nuestra vida como nación independiente, se encargó, silenciosamente tras bambalinas —tejiendo hilos y configurando una sólida urdimbre— de atenuar los conflictos de la naciente república, contribuyendo a la gobernabilidad del país en medio de una crisis política que parecía endémica y que puso en jaque al Perú por casi medio siglo.

Es en ese segundo grupo donde también podemos ubicar el modo de hacer política de Alejandro Soto, cuya labor al frente del parlamento propicia estas líneas.

En efecto, según los datos estadísticos que no mienten, en estas dos legislaturas lideradas por Soto Reyes, se debatieron 384 propuestas legislativas, aprobándose 174 leyes, 22 resoluciones legislativas, 20 resoluciones legislativas del Congreso, quedando 30 promulgaciones pendientes en manos del Ejecutivo y 40 pendientes de autógrafa en la Comisión Permanente, entre otros números menudos que dan cuenta de la labor parlamentaria en un contexto difícil, signado por los arteros enfrentamientos entre diferentes actores y serios cuestionamientos de instituciones como el Ministerio Público, el Jurado Nacional de Elecciones y la Junta Nacional de Justicia, por mencionar solo algunos de los escenarios de refriega y batalla política que movieron el cotarro de nuestro nunca aburrido quehacer político en los últimos doce meses.

Especial mención merecen las leyes de retiro de aportes a las AFP, así como la liberación del 100 por ciento de la CTS, o la creación de la Universidad Aymara, como un logro histórico que reivindica a esa importante etnia que configura en gran medida nuestra milenaria identidad nacional, o la ley que prioriza el nombramiento progresivo del personal CAS del sector Salud, por mencionar solo algunos hitos relevantes.

Debe resaltarse, además, el valiente comunicado emitido desde la Presidencia del Congreso en contra de la intromisión sesgada y facciosa de la CIDH. Es la primera vez que el Poder Legislativo se pone de pie y levanta la voz, haciendo respetar su fuero parlamentario, lo cual constituye un hecho sin precedentes en la vida política nacional.

Sin embargo, no deja de ser importante la labor de mediación y diálogo que le correspondió realizar al presidente del Congreso en este lapso, alcanzando silenciosos pero importantes logros en favor de los derechos laborales y sociales  que eran reclamados por agremiaciones, sindicatos e importantes sectores de la ciudadanía, así como un importante ordenamiento administrativo al interior del Congreso, que ha permitido a Soto, concluir su gestión de este poder del Estado sin denuncias o escándalos financieros, habiéndose esclarecido satisfactoriamente todas las observaciones formuladas por el Órgano de Control Institucional del Congreso, lo cual, por si solo, constituye todo un logro en un contexto en el que son poquísimas las instituciones públicas que se salvan del dedo acusador de la Contraloría General de la República.

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La insurgencia de los podridos

La insurgencia democrática es un camino de sacrificio y de responsabilidad ciudadana que los podridos de izquierda y de derecha no tienen. Solo les interesa sus granjerías, su dinero mal habido, y el estatus de nuevo rico con poder.

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Por: Tino Santander Joo

Los fiscales convocan a una movilización para defender a la politizada Junta Nacional de Justicia y el “sistema democrático”. Esta tragicómica convocatoria expresa una burda lucha política por el control de la fiscalía y el Poder Judicial de grupos mafiosos que buscan la impunidad de sus delitos. No existe ningún ideal democrático, menos la defensa de los intereses nacionales. 

La insurgencia democrática es un camino de sacrificio y de responsabilidad ciudadana que los podridos de izquierda y de derecha no tienen. Solo les interesa sus granjerías, su dinero mal habido, y el estatus de nuevo rico con poder. No tienen el coraje para solucionar los graves problemas nacionales.

La insurrección democrática es en primer lugar: tomar conciencia de que el Perú, necesita un cambio radical, no para quemar y destruir lo avanzado, sino, para construir el Estado social de derecho que proteja la libertad y garantice la seguridad de todos los peruanos. Ese es el primer paso para dejar de ser un “país adolescente” [1].

Los podridos de derecha o fanáticos neoliberales confunden la revolución social con el colectivismo chavista, estatismo corrupto o autoritarismo político. La revolución social tiene como objetivo la libre competencia que no es la republica oligopólica que tenemos; por ejemplo, el sistema de pensiones está en manos de los bancos dueños de las AFPs que pagan míseras pensiones con una serie de artilugios económicos y legales.

Democratizar el crédito para que los cuatro bancos que controlan la economía nacional tengan competencia y podamos tener diversas opciones para acceder a créditos hipotecarios, de consumo, y de emprendimiento a bajas tasas de interés como sucede en todo el mundo. No necesitamos estatizar la banca, sino, modificar la ley para promover la mayor competencia sin barreras burocráticas.

El desabastecimiento en las farmacias de los hospitales públicos es culpa del Estado corrupto que tenemos y que sospechosamente beneficia a las farmacias del Interbank; miles de pacientes acuden angustiados a comprar medicinas a precios carísimos. El Estado ha sido capturado por grupos mafiosos que sirven intereses particulares. Eso tiene que acabarse.

Tenemos el gas más caro de América Latina; Corpac, Sedapal, y Petroperú son empresas estatales convertidas en botín de los politicastros que gobiernan; miles de obras de infraestructura están paralizadas; no tenemos política agraria, ni turística; el Estado no protege la inversión minera y abandona a los pueblos y comunidades donde esta interviene. Necesitamos renegociar el contrato de Camisea para tener gas barato; es urgente promover un pacto político por la minería, la agricultura y la infraestructura social y productiva; es imprescindible transformar la PNP y las FFAA; no existe Estado de derecho sin autonomía del Poder Judicial, por eso, deben auto reformarse con la intervención de la comunidad jurídica peruana.

Los podridos de izquierda y de derecha no van a hacer esta revolución social que el Perú necesita. Ha llegado la hora de que los peruanos de bien que trabajan y estudian en silencio nos movilicemos y cambiemos el país. Los tambores de la revolución empiezan a sonar. No hay marcha atrás. La revolución social empieza ¡Ahora!

[1] Luis Alberto Sánchez, escribió un extraordinario ensayo en 1958 El Perú retrato de un país adolescente, que les sugiero a nuestros lectores por su dramática actualidad.

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Gustavo Armijos y la Tortuga Ecuestre

Lee la columna de Rodolfo Ybarra

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Uno de los grandes poetas y animadores de mediados de la década del setenta fue Gustavo “el negro” Armijos, más conocido por impulsar la mítica revista La Tortuga Ecuestre (LTE) que fundó el horazeriano Isaac Rupay en enero de 1973 y donde desfilaron casi todos los poetas de las últimas décadas.

Armijos fue también el padrino (junto a Verástegui) de la generación del noventa. Con él muchos bardos jovencísimos dieron sus primeros recitales en la antigua Biblioteca Nacional de la avenida Abancay. Y lo recuerdo perfectamente porque yo participé y estuve como espectador al lado de Juan Ramírez Ruíz viendo y escuchando leer sus poemas a Carlos Oliva, Juan Vega y Elí Martín.

Pero pocos saben que Gustavo Armijos era también un excelente narrador de fútbol al que se le podía escuchar al lado izquierdo del dial radial en los ochenta y noventa y fue uno de los fundadores del Colegio de Periodistas del Perú (1982).

Entre sus principales libros están: Retrato humano (1971), Liturgia de la Vigilia (1979), Tierras del exilio (1982), Conversatorio (1989), Acuático / Terrestre (poemas anfibios) (2006), Foederis arca y otros poemas (2007), Poemas a Moale (2016), etc.

Celebraciones de un Trovador es un excelente libro (1977) en la onda de la beat generation y los poetas viajeros, quizás si hubiera salido unos años antes otro habría sido el asunto, pero fue desestimado por la crítica, algo que también sucedió con Óscar Málaga y su Canciones desentonadas y alegres aterrizajes para evitar el suicidio (1968-1973), recién editado en 2016.

En Celebraciones, Armijo apunta: “Otra-vez-hemos-perdido-una-noche-arrojados-contra-los-fantasmas/con-tu-carcajada-de-claxon-hacia-mi-propia-tumba./Y-tratamos-de-arroparnos-quitándonos-de-encima-el-monumento/de-chocolates-y-helados-D’onofrío-el-monopolismo/sintetizado-en-vasos-y-tabletas”. Quizás por eso, Marco Martos le dijo una vez: “Tú eres un poeta que se ha hecho solo”.

La última tarde que vimos al negro Armijos, exclamó: “¡Ybarra, me duele todo el cuerpo!”; y nos sentamos a conversar de la vida y la poesía que era su gran pasión. Una terrible enfermedad se lo estaba llevando y no podíamos hacer nada. Solo calmar un poco el dolor y tomar un café aguado mientras llegaba la noche y preparaba un nuevo número de LTE y para lo cual no pedía mucho, solo un poco de papel y listo. Y lo curioso era que LTE editaba números a futuro, es decir, es posible que algunos poetas tengan números que estén por salir. En ellos vive y vivirá por siempre el ímpetu y el estro poético de Gustavo Armijos.

(Columna publicada en Diario UNO)

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Nada nuevo bajo el sol

Lee la columna de Fernando Bogado

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La reciente aprobación de la Ley Bases en el Senado argentino vuelve a hacer chocar al pueblo del extremo sur americano con una tensión histórica nunca del todo resuelta entre modelos liberales ortodoxos y populismos con cierta tendencia a la sustitución de importaciones y al desarrollo de la industria nacional. Básicamente, porque la victoria de Javier Milei en el ámbito legislativo, todavía supeditada a la aprobación en Diputados de algunos aspectos menores de la Ley, sería el verdadero comienzo de su plan de transformación política y económica de la Argentina. En principio, apoyada por la seguridad jurídica del cambio económico que parecería darle el tener una base legal no sustentada por decreto, lógica que venía siendo regular en estos primeros seis meses de mandato. Pero, luego, bancada también por los auténticos beneficiarios de las reformas legales de la Ley Bases: basta con leer algunos aspectos para darse cuenta de que es un paquete armado para beneficiar a los grandes capitales extractivistas, de ahí que se explique el fuerte apoyo por parte de gobernadores de diferentes provincias a la aprobación.

Es la cantinela de siempre: la llegada de capitales extranjeros con el objetivo de sacar barato los recursos para generar una mejor competencia en el mercado internacional (como sucede, por caso, con el litio) sirven en el corto plazo para mejorar la posición de diversos gobernadores que ven en sus provincias una inyección de dinero impensada en el marco de un fuerte recorte de los gastos del Estado nacional hacia el interior. Además de que, de un modo u otro, generará un rebote en el mercado laboral que se opone al crecimiento de la tasa de desempleo, acercándose peligrosamente a los dos dígitos. O sea: en corto tiempo, con la llegada de estas empresas extractivistas beneficiadas por leyes de desregulación tanto laborales como impositivas, es lógico pensar que va a haber plata y trabajo… por una ventana lo suficientemente amplia que asegure la reelección del gobernador de turno. ¿Y después? Que se arregle el que venga luego. A veces, la política es el arte de pasarle la papa caliente al próximo y esperar que nadie se dé cuenta.   

La aprobación de la Ley Bases el miércoles no estuvo exenta del marco represivo que suele caracterizar al gobierno de Milei, abiertamente militarista, apoyado en los llamados “valores occidentales” (término que lo acerca, sin ningún tipo de matiz, a lo que los propios militares de la Junta de 1976-1983 establecían como lema) y con un claro posicionamiento a favor de desmantelar las políticas de Memoria, Verdad y Justicia que caracterizaron al gobierno de los Kirchner desde 2003 en adelante. El accionar de las fuerzas de seguridad, defendido por la actual ministra y ex opositora Patricia Bullrich (quien, entre otras cosas, parece olvidarse en su giro a la extrema derecha de su pertenencia histórica a la guerrilla de izquierda peronista Montoneros), tuvo como saldo más de treinta personas encarceladas y acusadas de terrorismo y de atentar directamente contra el normal funcionamiento de las instituciones democráticas. Entre los presos podían encontrarse: un vendedor de empanadas y su familia, un músico ex miembro de la banda Julio y Agosto, un docente que estaba desconcentrándose de manera pacífica, etc. En conversación del lunes 17 de junio con Reynaldo Sietecase, en su programa La Inmensa Minoría en Radio Con Vos, el mismísimo vendedor de empanadas, Remigio Ramón Ocampo, de 64 años, aseguró que había un grupo de instigadores que arrojaban piedras muy cerca de las fuerzas policiales, y que ninguna de esas personas fue capturada en el accionar de control. Deslizó, como cualquiera puede comprobar con ver sólo un video, la hipótesis de que quizás toda la situación haya sido armada con el objetivo de justificar la represión y amedrentar a la población civil para que no se acerque al Congreso.

Con la visita al G7 por parte del presidente argentino, el crecimiento de los movimientos de ultraderecha (los Alt Right que empiezan a extenderse en Europa), con Trump con posibilidades de llegar a la Casa Blanca, el mundo parece listo para que los Milei se reproduzcan y generen un cambio hacia una lógica mundial represiva, de un falso nacionalismo, que parece querer volver al orden del mundo de finales del siglo XIX: las cosas se producen en las principales potencias, acá, en Latinoamérica, lo único que hay que hacer es extraer bienes naturales y venderlos lo más barato posible. Marx llamó a esta falsa apariencia de valores tradicionales que esconde nuevas formas de represión, explotación y ortodoxia económica “bonapartismo”. Nada de nuevo hay bajo el sol de junio en Argentina, otra más de las cosas que buscan importarse y venderse como propias: bonapartismo modelo sudamericano.    

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Cancillería ataca a las ONG’s y olvida denunciar a Popolizio

Lee la columna de Rafael Romero

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Por Rafael Romero

¿Qué autoridad moral e institucional tiene un ministerio si en su sector hay argollas, vacas sagradas y reina la impunidad? ¿Eso es lo que pasa en el Ministerio de Relaciones Exteriores? ¿No es acaso un escándalo darle mensualmente S/ 70,000 a Néstor Popolizio Bardales por su cargo de embajador en República Checa?

Del 2018 al 2019 Popolizio fue el canciller de Martín Vizcarra. En su gestión hay hechos objetivos y pruebas irrefutables que lo involucran en los complots contra el embajador Fortunato Quesada y el expresidente Alan García, a quien el vizcarrato impidió que sea un asilado político en Uruguay.

Pero este funcionario de la Cancillería, según diversas fuentes, suele moverse astutamente por los corrillos del poder y sobre todo en un grupo cerrado de la diplomacia peruana, cuya imagen desde el caso Fortunato Quesada a la fecha ha decaído estrepitosamente, siendo los responsables de ese desprestigio los gobiernos de Vizcarra y de Pedro Castillo. Precisamente, fue Castillo quien nombró a Néstor Popolizio —el 15 de diciembre del 2021— en el cargo de embajador de Perú en República Checa, puesto que mantiene desde entonces cobrando S/ 70,000 al mes.

Es decir, Popolizio gana el doble que un juez supremo de la República, el doble que el contralor y el doble que el presidente del BCR. Es más, resulta cuestionable que Popolizio gane mucho más que otros embajadores. Por si fuera poco, un hermano de Popolizio también hace años goza de un buen puesto en un consulado de Estados Unidos. ¿Por qué tanta belleza o consideración para el servidor público Popolizio?

Muchos se preguntan si frente a esta clase de hechos contrarios a la austeridad, probidad e integridad que predica la Presidencia del Consejo de Ministros, tiene ahora la Cancillería la autoridad moral para que su titular vaya por un “road show“ mediático exigiendo fiscalizar a las ONG, y sobre todo cuando Torre Tagle no se fiscaliza a sí misma.

Ahora bien, tampoco la Cancillería tendría la autoridad moral para denunciar el “injerencismo” de algunos organismos internacionales y de países europeos en asuntos internos del Perú, si hasta la fecha no hace nada frente a los escandalosos cuestionamientos sobre Néstor Popolizio. Por tanto, es hoy una institución incoherente, donde se practica el doble discurso, uno para el exterior y otro para el medio local.

Pero el tema debería ser más sencillo pues más allá de frasear “fiscalización a las ONG” o por encima de denunciar el “injerencismo de los organismos internacionales en asuntos del Perú”, la Cancillería debería tener una sola voz y practicar actos coherentes con la integridad y elocuentes con el buen gobierno.

Lo que debería definir a una Cancillería y la política exterior de Dina Boluarte, es la transparencia y no el doble rasero ni el doble estándar. Torre Tagle no puede exigir “fiscalización a las ONG” ni cuestionar “el injerencismo de los organismos internacionales”, si en su propia sala o cocina premia el complot, el encubrimiento y la impunidad. Para muestra un botón, que no es otro que el caso Popolizio, el mismo que genera reproche entre las nuevas hornadas de los diplomáticos peruanos ya que esos complots, de los cuales se lo señala como protagonista a Popolizio, contienen abundante documentación incriminatoria al punto de configurar un baldón para la imagen y el otrora prestigio internacional de la Cancillería.

Incluso estudiantes de la academia diplomática resienten con ese tipo de affaires, como el caso Popolizio, y saben perfectamente que por transparencia y honestidad institucional no se debería premiar a nadie con un sueldo de S/ 70,000. De manera que, ante esa clase de hechos, la palabra de la presidente Dina Boluarte y la del propio canciller Javier González-Olaechea sobre el “injerencismo” caen en saco roto y hacen el ridículo en el ámbito internacional.

Peor cuando documentos oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores, correspondientes a los PAD’s contra los diplomáticos José Boza y Pedro Rubín, así como las investigaciones a los exservidores Romina Tevez y Jesús Alvarado, revelan que Popolizio ordenó un complot desde Lima, con el objetivo de sacar del cargo de embajador del Perú en Israel a Fortunato Quesada. Todo eso pesó para que el Poder Judicial, en sentencias de primera y segunda instancia, anule la resolución ministerial firmada por Popolizio con la cual sacó de la carrera diplomática en menos de 10 días a Quesada.

Por tanto, sería más realista, más transparente y tendría mayor legitimidad que la Cancillería enfrente la impunidad de la que hace gala Popolizio antes que siga con los galimatías en torno al “injerencismo” de los organismos internacionales y la demonización de las ONG’s.

No obstante, el decoro es algo que no se debe perder, por lo que Popolizio, a la luz del sueldo exorbitante de embajador frente a sus colegas, y ante los cuestionamientos que existen por su cercanía a Vizcarra y el cargo premial recibido de Pedro Castillo, debería dar un paso al costado, junto a quienes lo acompañan en Praga: el ministro consejero Carlos Mario del Castillo Giufra y el segundo secretario Carlos Enrique Wiegering Valcárcel (jefe de sección consular de la Embajada del Perú en República Checa).

En esta historia, es pertinente preguntar ¿cómo la Cancillería y la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso, presidida por Alejandro Aguinaga, dicen buscar la transparencia y allanar el camino del Perú a la OCDE, cuando existen graves denuncias de ciudadanos como el exservidor Jesús Alvarado, señalando a Popolizio de ser el autor de un complot perpetrado desde Torre Tagle, hecho que deja mal parado el profesionalismo y el prestigio de la diplomacia peruana? ¿Qué han hecho al respecto las autoridades?

Hay vacas sagradas en la Cancillería y eso lo sabe la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso de la República. Pero, ¿seguirá primando la impunidad en el gobierno de Dina Boluarte, que dirige la política exterior del Perú, y continuará el silencio del presidente del Consejo de Ministros, Gustavo Adrianzén? Creo que este tema de la falta de probidad y transparencia dentro de la Cancillería, debería ser evaluado por las ONG APRODEH, IDL y la CCNNDDHH, puesto que en el caso de Fortunato Quesada hubo una violación a sus derechos humanos y a su dignidad de trabajador.

Mientras tanto, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, Alejandro Aguinaga, ya que habla en un comunicado ponderando acerca de la transparencia y de la importancia de la candidatura del Perú para ingresar a la OCDE, ¿no debería también empezar fiscalizando a Néstor Popolizio para saber si es idóneo e íntegro como para seguir de embajador en República Checa ganando más de S/ 70,000 al mes?

Señores de la presidencia de la República, de la PCM, de la Cancillería y del Congreso, ¿claridad de la calle y oscuridad de la casa? No olviden que se predica con el ejemplo y, por la buena imagen internacional del Perú, deberían de ser más consecuentes y coherentes antes de lanzar comunicados. Luchar contra la impunidad (de Popolizio o quien fuere), ¿no es tan importante como fiscalizar a las ONG? ¿El canciller actual no hace nada al igual que sus cinco predecesores en el puesto?

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¿Una práctica cultural?

Lee la columna de Edwin Cavello

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¿Qué se puede esperar de los ministros del gobierno de Dina Boluarte? Absolutamente nada bueno, porque un oscuro gobierno solo tendrá oscuros ministros con oscuros comentarios, como el lanzado por el ministro de Educación, Morgan Niccolo Quero Gaime, quien dijo el 10 de junio pasado, que las violaciones cometidas contra 500 niñas awajún son una “práctica cultural”. Peligrosa y aberrante opinión dicha por un ministro de Estado.

Tal vez Morgan Quero también piense que los sacerdotes pedófilos de la iglesia católica, que son protegidos y escondidos por El Vaticano, solo realizan una “práctica cultural”. O que Jeffrey Epstein y sus amigos millonarios, entre ellos empresarios, políticos, príncipes y expresidentes, solo practicaban “culturalmente” el abuso sexual y tráfico de niñas. ¿Qué oscuridad ocupa la cabeza del ministro de Educación?

Lo que sorprende es que no solo el ministro Morgan Quero cree que las violaciones a las niñas awajún son prácticas culturales, lo mismo piensa la ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Ángela Hernández, quien ha salido en varios medios señalando: “Se trata, efectivamente, de prácticas culturales que tenemos y debemos desterrar”. ¿Estos son los ministros que tiene el Perú? ¿Para esto hemos avanzando más de 200 años como República?

La triste realidad es que estos ministros son parte de un gobierno manchado de sangre. Recordemos lo que dijo la señora de los Rolex tras los más de 60 asesinatos por las protestas: “Quienes han matado a nuestros hermanos en esas violentas manifestaciones fueron ellos mismos”.  Sin duda, otro comentario aberrante. Acaso la presidenta Dina Boluarte también piensa igual que sus ministros Morgan Quero y Ángela Fernández, ya que después de una semana la mandataria no ha salido públicamente a corregir la postura de su gobierno sobre las violaciones a las niñas awajún.

Tras este grave comentario, el ministro de Educación salió nervioso en un video mencionando: “Rechazo enfáticamente la tergiversación de las declaraciones que di el pasado 10 de junio.  Mi posición es clara y categórica, rechazo absolutamente cualquier forma de abuso y violencia, especialmente contra niños y niñas”. Al final se retractó, pero el politólogo Morgan Quero, debe entender que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras.

Quizá este gobierno cree que la corrupción y los asesinatos son también una “práctica cultural”. Dios se apiade de nosotros.

(Columna publicada en Diario UNO)

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La Inteligencia Artificial y la desaparición de los pensadores

La tecnología avanza a pasos agigantados despojando habilidades humanas.

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Qué dirían los pensadores Tales de Mileto, Pitágoras, Sócrates, Platón, Aristóteles, Hipatia de Alejandría, René Descartés, John Locke, Jean Jaques Rousseau, Immanuel Kant, Friedrich Hegel, Auguste Comte, Friedrich Nietzsche, Martín Heidegger, Albert Einstein, Jean Paul Sartre y Michel Foucalt, si supieran que actualmente a través de un “bot” cualquier mortal podría obtener solo en segundos el postulado y/o teoría que a estos filósofos les tomó décadas de investigación.

Actualmente, con la Inteligencia Artificial se pueden resolver aspectos sociales, científicos,
económicos, políticos y de toda índole imaginable e inimaginable, sin el menester de la investigación y el estudio. Prácticamente, este nuevo paradigma del siglo XXI tira por la borda las ortodoxas premisas de los pensadores de la época de la Ilustración (siglo XVIII-XIX), que sostenían que el conocimiento humano combatía la ignorancia,

las supersticiones y la tiranía. La IA alimenta la ignorancia, la inmoralidad, el plagio y veta la investigación. Y en lugar de crear contenido inédito y de cosecha propia, a través de los “chatbots” suplantan la conducta humana de manera virtual superando al tiempo, porque la inmediatez es una cualidad muy preciada en esta práctica. Las “horas hombre” ya fueron desterradas y en su lugar generalmente ejercen la suplantación, el ataque informático, el espionaje, y todo tipo de delito tipificado en la tecnología virtual.

Actualmente, gran parte de millennials ven en la IA una forma más rápida y efectiva para resolver sus problemas, pero no solamente en el plano social o personal. En el ámbito corporativo podemos vislumbrar a cientos de empresas en el mundo que han despedido a sus trabajadores, porque su mano de obra ya no es necesaria, en comparación de la rapidez de la IA. En esa línea, el discurso que hoy empieza a hegemonizarse señala: “La IA es imprescindible para enfrentar un futuro inevitable, que se basa en la competitividad tecnológica”.

Prácticamente, nos están restregando en la cara que es el momento de oficializar a más estúpidos humanos que ya no deben pensar, porque pasarán a ser ‘robots tecnológicos. Actualmente, el uso del ChatGPT da caché; pero al mismo tiempo despoja a las personas de sus habilidades humanas y si ingresamos a un plano más abstracto, los convierte en ignorantes espirituales.

(Columna publicada en Diario UNO)

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