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“La generación equivocada”, por Luis Fernando Cueto

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Los maltratamos, los humillamos, les dijimos que eran los peores estudiantes del mundo, que ni siquiera podían aprobar una prueba Pisa, que eran irresponsables, unos antisociales que no acataban el confinamiento impuesto por el gobierno, y ahora, ellos, nuestros hijos, nos están demostrando que siempre fueron mejores que nosotros, que son el país al final del túnel.

   La mayoría ha nacido en este nuevo milenio, algunos ni siquiera han votado en unas elecciones; están libres, por tanto, del pánico de la guerra con Sendero Luminoso y del oprobio de la dictadura de Alberto Fujimori, que se aprovechó de ese pánico para hacerse del Poder y saquear el país y destruir sus instituciones. No son como nosotros, los mayores, que vimos pasar el país como un tren en llamas, descarrilado, hacia el fondo de un túnel sin salida, y, pasmados, inmovilizados de espanto, no atinamos a hacer nada para cambiarlo de rumbo.

   No son como nosotros. Pero nos aman. Entienden que nosotros, los mayores, también somos parte de la patria, y nos aman. Pero no quieren repetir nuestra historia. No quieren vivir en un país fallido, en un remedo de democracia donde los corruptos se reciclan, rotan, y vuelven al poder. Se hartaron de nuestra historia; no soportan a esos políticos ignorantes y delincuentes a quienes nosotros nos resignamos a elegir. Tampoco creen en esos señorones rancios, lesbianos, miembros de órdenes secretas, dinosaurios de partidos en extinción, que viven con la mente anclada en la colonia y las manos en el presente, libres, bien ágiles para llenarse los bolsillos de dinero. Ni, mucho menos, en los aventureros, en esos mesiánicos descerebrados que prometen la salvación de la patria y solo traen la destrucción.

   Se cansaron del pasado. Son jóvenes; ya viven en el Perú del mañana. Por eso quieren construir un país a su medida, uno donde puedan forjar sus sueños, encaminarse sin miedo hacia el futuro. Y son valientes. Por eso salen a las calles y protestan, luchan, asumen el rol que les corresponde. Son conscientes que nadie, aparte de ellos, les va a dar el país que quieren, que nadie más les va a procurar los derechos que ellos reclaman. Son diferentes a nosotros. Por eso lo proclaman en sus pancartas: “Se metieron con la generación equivocada”.

   Pero ellos siempre tuvieron razón. Los equivocados fueron los políticos pillos de los últimos gobiernos, y los de los últimos congrezoos, que nunca los entendieron, que se confiaron, que pensaron que los pulpines nunca iban a madurar. Y los periodistas mermeleros, que los ningunearon, que nunca les dieron espacio en sus programas. Y los analistas trasnochados, mononeuronales, que los terruquearon, que creyeron que si no estaban con Merino apoyaban a Vizcarra, que si no eran derecha eran de izquierda, o al revés. Y los intelectuales, que nunca aparecen cuando las papas queman, que se esconden a escribir sobre un país que ya no existe, a soñar con sacar un librito y correr a tomarse fotos con el Nobel peruano, ser taurinos como él, marqueses como él, y tener un cuarto de hora de gloria eterna. Todos estábamos equivocados en este Perú al borde del despeñadero; todos, menos ellos.

   Y vienen con todo, son una fuerza incontenible. Después de 200 años de nuestra cuasi independencia, ellos quieren ser libres de verdad. Y están dispuestos a morir por eso. Y esa demostración de coraje, de pundonor, de amor a la patria, ha estallado en la cara de la clase política, y ahora esos señorones, esos corruptos, esos locos mesiánicos, no saben qué hacer, corren, se esconden en sus madrigueras, espantados al darse cuenta, recién, que esas marchas de protesta representan su ruina, el certificado de defunción que el futuro del país les ha extendido.

   Y vienen por más. No se van a detener con tumbarse al gobierno y al congreso. Van a seguir en sus trece; luego pelearán por una nueva Constitución, por una educación de calidad, por un país más inclusivo, con oportunidades para todos, en una democracia verdadera. Ahora son nuestra única esperanza, la luz al final del túnel. Y ellos lo saben. Y no se asustan. Ya están ofrendando sus vidas por refundar el país, por darnos una nueva patria. Su amor no tiene límites. Su enorme, su generoso corazón, ya nos entregó dos héroes nacionales. Y van por más. Ellos no se van a resignar; no son como nosotros, sus mayores. En medio de las noticias aciagas, de las horas negras, una brisa nueva recorre el Perú, y una voz bronca, ancestral, nos dice que estos nuevos peruanos nunca dejarán de luchar por sus sueños.

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Luis Fernando Cueto, (Chimbote 1964), Estudió Derecho y Literatura e ingresó a la extinta Policía de Investigaciones del Perú, siendo destacado a prestar servicios en Zona de Emergencia –Ayacucho-, en la época de la convulsión interna, circunstancia que más adelante se verá reflejada en algunos de sus libros. Como abogado, ha sido decano del Colegio de Abogados del Santa-Perú, y miembro de la Junta Nacional de Abogados del Perú. En su carrera como literato, iniciada a los veinticinco años, Cueto ha transitado por la mayoría de géneros literarios, como la poesía, el cuento, la novela y el ensayo. En el año 2009 ganó el Premio de Novela Política, por su obra Días de fuego. En el 2011, su novela Ese camino existe, considerada por muchos críticos como el más importante sobre el conflicto interno que sufrió el Perú en la década de los 80´del siglo pasado, ganó el Premio Copé de Oro, el más trascendente de las letras peruanas. Asimismo, su relato La venganza de John Lennon quedó finalista en el Premio Copé de Cuento del año 2018. Actualmente radica entre Alemania y España, donde ha culminado, en la Universidad de Barcelona, la maestría en Estudios Avanzados de Literatura Española e Hispanoamericana, y prepara una nueva novela, realiza investigaciones sobre la obra de José María Arguedas y de Oswaldo Reynoso, dirige el grupo de difusión cultural Harawi y colabora constantemente con revistas y diarios con artículos sobre temas jurídicos y literarios.

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Yana-Wara, de Tito y Óscar Catacora (2023)

Lee la columna de Mario Castro Cobos

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Mirando Yana-Wara, me sentí en una película japonesa —no peruana— o, para ser más justo y exacto, estaba viendo una película aymara (aymara de la Nación Aymara, no solo hablada en aymara). —Insistiré en este punto: conozco mejor la cinematografía japonesa que la aymara—. Sintomático, ¿no?

La etiqueta ‘cine peruano’ es problemática; colonialista, ciega, injusta, empobrecedora: soy peruano (sí, y de paso bastantes otras cosas). Admiré (por momentos, casi sin reservas) una película que tenía que ver poco con mi mundo, que no alcanzaba a entender bien por momentos; y quizás lo más interesante era eso.  

Al ver Yana-Wara vino a mí Kurosawa, por una cierta atmósfera, y una fibra tan dramática; extrañé la lluvia en Rashomon, casi cósmica —no la más tenue y modesta de Yana-Wara—. Recordé, también, conforme avanzaba, alguna película china filmada en zonas rurales. De las que muestran campesinos humildes apachurrados por la fuerza ciega del destino. Cambia destino por estructuras sociales injustas, cruelmente patriarcales y la cosa se entiende mejor. 

La riqueza visual de Yana-Wara y su sabiduría cinematográfica son evidentes, su asimilación de mucho del mejor cine (no necesariamente peruano) es irrefutable; se trata de una de las mejores películas que se han hecho por aquí. Estoy ante un clásico instantáneo, que sintetiza y concentra y supera muchos intentos anteriores y que clarifica el camino a seguir. Nos ayuda a todos.

Relaciono Yana-Wara, junto al terror y misterio japonés, espiritual o temáticamente, con dos películas también japonesas de anime difícilmente olvidables: Belladonna of sadness, de Eiichi Yamamoto (1973) y Midori: la niña de las camelias (1992), de Hiroshi Harada. Dos películas poderosamente traumatizantes, donde si nada puede salir mal es porque todo puede salir peor (al muy joven personaje femenino principal).

Ante más de una de las escenas del juicio, tanto en actuaciones como diálogos, uno no puede evitar sonreír. A la vez, uno imagina, por algún plano visto, que los directores han mirado con atención La pasión de Juana de Arco, de Dreyer.

Cuando la triste y trágica historia llega al límite o lo traspasa y entra en lo kitsch y lo ridículo, entonces se juega la carta del efecto especial terrorífico o fantástico. Y ahí uno también sonríe, esta vez no por la ingenuidad, sino por la inteligencia en el juego con los elementos de la composición.

(Columna publicada en Diario UNO)

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Arnulfo Ramos Bustos: la historia de un maestro

Lee la columna de Carlos Rivera

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Decía el gran historiador peruano Jorge Basadre: “La historia es un proceso motivado por fuerzas humanas al que hay que  entender  a través  de términos puramente  humanos. Ella no debe ocuparse sino de la verdad de nuestros semejantes en su calidad de seres que vivieron, a lo largo y ancho del tiempo que nos interesa. El deber de un historiador está en hallar, dentro de lo posible y sin desconocer la verdad de que otros han  de superarlo  inevitablemente más tarde, por lo menos  alguna  de las complejidades  en la conducta ,el pensamiento, la sensibilidad  y las de la existencia humana a través de las distintas etapas  del acontecer  y dentro  de los marcos  específicos  de su  interés profesional”.

Estas palabras del maestro Basadre me sirven como preludio del  homenaje íntimo al Dr. Arnulfo Ramos Bustos  como  mi maestro personal, amigo de toda una vida, y gran forjador de hombres  que   requerían una guía, un camino y  un ejemplo a seguir. Debe ser que por  bendición divina  (a pesar de mi agnosticismo) o del destino, que conocí a una figura intelectual y  de elevada  talla   cultural  que supo arropar en su regazo de sabiduría a un muchachito inquieto e inmaduro de 14 años curioseando los  senderos de la literatura y de sus  desordenadas lecturas.

Con él aprendí a  admirar a Luis Alberto Sánchez, conocer la valía política de Haya de La Torre, La proezas de estudios del Perú que emprendió Basadre, la importancia de Raúl Porras Barrenechea o aquellas maravillosas digresiones de la literatura española de comienzos de la Guerra Civil que tan bien conocía. 

Fueron cada una de las conversaciones  personales  eternas cátedras personalizadas de conocimiento, reflexión y sabiduría por cómo hacerme de  un estilo como manejar las temáticas como  ser crítico, y a pesar de las diferencias ideológicas eso no era óbice para que me siguiera enseñando y yo siguiera aprendiendo.

Como no recordar los libros que me compartió para que mi aprendizaje fuera  mas  diáfano, cuando  me  hizo leer a Atoine Alabalat , gran estilista francés, o cuando me compartió   y quedé  maravillado por aquella  hermosa biografía  acerca del gran  de José  Enrique Rodó hecha a punto de  pinceladas  por otro gran compatriota suyo, Víctor Pérez Petite.

Él, fue testigo de mis primeras escaramuzas literarias, de mis poemitas de adolescente, de mis primeros artículos periodísticos y  de cada proyecto que emprendía, Aprendí que la vida es un proceso con sus vaivenes  malos y buenos, con sus olas de tristezas y fracasos, pero me alentó a nunca perder a bitácora del destino,  a sortear esos sinsabores  y seguir caminando   con mis sueños.

Cuando recibí la noticia de su muerte   en abril del 2017 de súbito, como un golpe helado al pecho, queriendo devorarme la tristeza quise gritar este dolor que se contenía en la garganta por la partida de mi noble maestro.  No comprendía  la incertidumbre del designio final al cual todos llegaremos. Aparecieron en mi memoria esos años junto a él, esas tazas de café y con decenas de galletas platicando hasta que se ocultara el sol y yo me despedía de su biblioteca contando los días para regresar y beber de su sapiencia.

Volviendo al maestro Basadre, y la cita que  empieza el  escrito, entrelazo  este encuentro imaginario de estas dos enseñanzas basadrianas: lo humano y la verdad. Conceptos que el Dr., Arnulfo Ramos Bustos siempre   hizo suyos y  además  entrego su obra y disciplina, su tesón y coraje por la historia por el  bien de la comunidad y del país. Supo iluminar a  personas como el que esto escribe, que  necesitaron de su guía  para poder caminar y  no perderse en los laberintos de lo pusilánime y de  la cobardía.

DATOS:

Arnulfo Ramos Bustos (1922-2017). Exalumno del Glorioso del Colegio Nacional Independencia Americana, promoción 1939, estudió en la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de San Agustín y también Derecho en la misma universidad. Fundador del emblemático Colegio Gran Unidad Escolar de Mariano Melgar. Fue Jefe del Departamento de Ciencias Históricas Sociales y Decano de la Facultad de Ciencias Histórico – Arqueológicos de la Universidad Católica de Santa María. Como Docente Principal publicó diversas obras de Historia del Perú: Épocas Pre Inca, Descubrimiento y Virreinato del Perú y la Historia de la Universidad Católica Santa María.25 años después. De la génesis auroral hacia excelencia en el siglo XXI (Fondo Editorial de la Universidad Católica de Santa María,2009).

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Poesía en desgracia

Lee la columna de Márlet Ríos

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Por Márlet Ríos

Muy lamentable la situación del poeta y ensayista Percy Vílchez Vela en Iquitos. Vílchez, autor de varios libros y uno de los fundadores del grupo literario Urcututu, se encuentra en tal estado de abandono que puede pasar por cualquier mendigo callejero.

Hace unos años, el poeta piurano Armando Arteaga me contaba que algunos escritores provincianos debían vender sus libros para poder comer. Sin trabajo regular y acceso a la seguridad social, estaban a merced de la inclemencia de la realidad peruana y los imponderables.

En Lima, el poeta Guillermo Gutiérrez la pasa muy mal. Es uno de los fundadores del grupo Kloaka en 1982; desde hace varios meses, clama por cualquier ayuda voluntaria.

El poeta y periodista Gustavo Armijos, editor de la mítica revista La tortuga ecuestre, pasó los últimos años de su vida muy enfermo y viviendo en un hospicio. Algo parecido le ocurrió al extraordinario Francisco Bendezú, dos veces ganador del Premio Nacional de Poesía (en 1957 y en 1966), fallecido en enero de 2004.

¿El destino, caprichoso e indolente, se ha ensañado con los poetas peruanos? ¿A muchos les espera la suerte de Vallejo y Eguren?

Mientras tanto, nuestros representantes en el Congreso y en los gobiernos locales y regionales siguen disfrutando sus jugosas gollerías y prebendas ad libitum. En plena recesión económica y con los salarios congelados, el Ejecutivo acaba de aprobar un crédito suplementario de más de 50 millones de soles para gastos corrientes. Ciertamente, esta generosa medida no es gratuita. Deducimos cuál es la intención.

Hoy en día, la poesía peruana –sobre todo la reciente– está subsumida en lo pretencioso y lo pueril. Los cambios culturales y las nuevas tecnologías de la información y comunicación están redefiniendo el rol del escritor y han impactado profundamente en los poetas jóvenes. Algo está claro: sin el pensamiento crítico todo está perdido.

A pesar de la indolencia y la frivolidad imperantes, hay entre nosotros poetas emblemáticos como Juan Cristóbal, Feliciano Mejía, Leoncio Bueno, Rossella Di Paolo, Elvira Castro de Quiroz, Luis La Hoz, etc. Pertenecen a generaciones anteriores y a épocas en las que de las escuelas y de las universidades egresaban personas cultas, letradas. Sus bienes culturales han enriquecido nuestras vidas, de sempiternos lectores y amantes de la poesía. En un país donde los representantes, de todos los colores políticos, lucran impunemente y abjuran del bien común, un poeta peruano caído en desgracia es un indicador más de la desestructuración y la deshumanización de nuestra sociedad.

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El caballero de Dios, de Carlos Trujillo

Lee la columna de Rodolfo Ybarra

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Siempre ha sido difícil abordar el tema divino desde la literatura, salvo algunos libros ejemplares y señeros y hasta arqueo-históricos como Los Cantares del Rey Salomón, el Bhagavad-gita o el mismo Popol Vuh. Pero en Literatura se arriesga a encontrar frenos, gibas o corcovas por el tipo de lector. Salvo que el ejercicio narrativo por su belleza en sí nos coloque un escalón más arriba de las posiciones de creencias religiosas, atavíos hermenéuticos o los cinco pies del gato. Y este Caballero de Dios, de Carlos Trujillo da el salto cualitativo y nos pone en un lugar de expectativa.

Este Caballero nos ofrece un mundo de ángeles y demonios, de luchas milenarias, bíblicas y hasta arquetípicas o apocalípticas donde se pronostica el derrumbe del fallen ángel, con ejércitos de atacantes y salvados, incluso planteados en números (¡los 144 mil siempre serán los escogidos?). Y cómo la fe y la obediencia se convierten en herramientas de liberación y de bendición. Por otro lado, están las narrativas más humanas, aquí los conflictos suceden entre la libertad, la alegría, el desamor o el destino.

 Así el libro arranca con El visionario. Nuestro personaje está viajando, conociendo lugares ignotos o personalidades egregias y siempre soñando, pero, sobre todo, leyendo que es como se alcanza todo esto en un abrevadero literario. Todo sucede porque está escrito o todo escrito es ya una realidad y/o se puede vivir una vida alternativa: la vida del lector. Al igual que en El caballero de medianoche en que otra vez es el sueño confundido con la realidad. El mundo onírico se ve traspasado por la realidad o viceversa.

En Las criaturas del bosque es un niño de seis años que vence sus propios miedos o quizás los miedos de un entorno deslumbrante con criaturas fantásticas salidas de un cuento de hadas. Y la aventura de dar el salto decisivo: “Así que una noche me animo a ir con ellas y vivo una infinidad de aventuras mágicas increíbles”.

En Amor de hermanos es el doble rostro de Jano, la alegría y la tristeza, dos hermanos como las dos caras de una moneda y, curiosamente, el hermano feliz fallece en un accidente de tránsito y le deja esa moraleja: “Sonríe, hermano, que la vida es corta y es para vivirla. Sé feliz, ríete de la vida”. Algo que cambiará definitivamente el devenir del supérstite. Como una especie de doppelgänger irregular o la doble cara asimétrica de Jano. Y por compensación o ausencia, la enseñanza permanece y se perenniza en el hermano vivo.

En Verdadera Libertad se conjugan todas las luchas del ser humano donde la más valiosa y la más sublime es la libertad y que por ella se puede perder la vida, ya que no tiene precio y es inconmensurable. Una vida sin libertad no es vida, algo que, por diversas razones, y ciertos vasos comunicantes nos llevarán al último cuento de este libro, lar de poesía y política en conflicto con su tiempo.

La batalla final narra el apocalipsis. Aquí las fuerzas prístinas batallaran contra su contradicción. La lucha del bien y del mal que podría ser también si se quiere (y el autor lo quiere así) la lucha de Dios contra el diablo, algo que nos hace recordar los textos del controvertido Giovanni Papini, desde sus historias sobre Jesucristo hasta El Diábolo.

En el Extraño, un exconvicto de la SS alemán buscará refugio en la ciudad de Huarmey, pero el destino le tendría separado un final de película. Y no sería forzado si esta narración corta nos trae al Sartre de El Muro. La historia de Ramón Gris, el líder anarquista, ya estaba zanjada quizás desde un principio como la de Joseph Dussan, el líder nazi que no podría eludir a la historia ni a sus propios crímenes.

La iluminación narra los avatares de Josué por consagrarse a Dios quien al final le otorgará la vida para que siga haciendo la voluntad divina en la Tierra. Y quizás estos textos bien narrados por Trujillo sean su fuerte por varias razones que él mismo podría explicar perfectamente y porque casi siempre nos deja su mensaje ecuménico. No obstante, el autor sabe sopesar su fe y devoción para entregarnos historias puramente humanas.

El ogro y la niña es un bello cuento que nos trae de recuerdo el cuento de Oscar Wilde “El Gigante egoísta”. Nada más que aquí en vez de un niño divino, se trata de una niña que logra doblegar el corazón duro de un ogro y lo sublima. Curiosamente en el caso de Wilde, sí se trata del niño Dios, el que al final gracias a haberle prestado su jardín para jugar lo lleva el paraíso para disfrutar y ser feliz en la eternidad.

Ocaso en Paris es el itinerario de John, un enamorado de Paris que lo llevará a una muerte absurda, una muerte que se venía venir casi como una catarsis o un cumplido mientras disfrazado de mimo comía un croissant y se atora y muere entre aplausos por una supuesta actuación que había sido su vida entera y francofílica: “John siempre estuvo enamorado de Francia. De niño, soñaba ir a Paris y hacerse un gran artista. Incluso hablaba un poco de francés. Enamorado de la voz de Edit Piaf, la pintura de Renoir, el cine de Godard, anhelaba visitar los lugares que frecuentaban sus ídolos”.

El caballero de Dios nos muestra a un personaje obstinado en ser un “caballero” tiene que pasar diversas pruebas hasta que comprende que ese oficio no es cosa fácil y va a demandar de él algo más que cumplir o simplemente pelear. “En esta vida se lucha por amor al prójimo. Yo lo hice todo por amor y amo mi creación”.

 El mayor tesoro nos muestra a Fortunato, un joven millonario que sale a pasear con su auto de lujo y su chofer. No estaba feliz hasta que se encuentra con un grupo de niños haraposos que en su total estado de abandono y precariedad eran felices. Una niña le regala un caramelo y Fortunato siente que algo cambia en su interior y se ofrece a ayudarles. Este texto muy bien podría independizarse y convertirse en un texto sobre la felicidad. Un tema en el que no muchos se ponen de acuerdo. Sobre todo, en tiempos de neoliberalismo draconiano donde ser feliz es el equivalente a acumular ganancias, carros, casas, propiedades y lujos.

La revelación de Edgar nos muestra a un suicida que por falta de amor quiere acabar con su vida. En ese momento se revela una presencia prístina y celestial que le dice que no lo haga y con un amor infinito lo lleva a presenciar diversos actos y momentos bíblicos. Una especie de revelación y lo único que queda es creer ciegamente. Aunque el final no es precisamente lo que uno piensa o supone. O en todo caso, lo que una persona de creencias y fe ciega sí lo podría aceptar.

La muerte de la poesía es quizás la historia más real y concreta del libro porque narra los últimos días del poeta Jovaldo, seudónimo de José Valdivia Domínguez, en el penal de la isla del Frontón en lo que fue conocido como La Matanza de los penales, orden dada por Alan García y ejecutada por la Marina en la que participó el almirante Giampietri y, según testigos, también Del Castillo. Texto que nos lleva directamente al 18 y 19 de junio de 1986 y los más de 300 presos masacrados con un tiro en la nuca. Aquí el autor no dice “la muerte del poeta”, sino que en una especie de inmanencia concreta y categórica apunta: La muerte de la poesía, o sea, el fin del logos y de la creatio. Y para eso, nos adentra en lo que pensaba Jovaldo en esos días, cuáles eran sus búsquedas, su sino en la poesía lírica, su emblema social y sus poemas que lo llevaron a la cárcel. En ese yo interno también se narra la emboscada que venían preparando los reclusos y la idea de la fuga por el mar (pero recordó que no sabía nadar) y luego el final que todos conocemos, pero que pocos imaginan en su verdadera dimensión y dolor. Por eso y por más, esta muerte de la poesía es el final del libro y aún cuando el autor ya habló entre líneas, nos deja el mensaje de que si uno es El Caballero de Dios nunca morirá. Como los poetas verdaderos y de hierro fundido que quedan libres y eternos en cada uno de sus textos.

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La suma de todos los males

Lee la columna de Tino Santander Joo

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Por Tino Santander Joo

Un conjunto es mayor a la suma de sus partes individuales. Esta simple deducción matemática, nos sirve para analizar los males del Perú. Empecemos: La clase política esta podrida y la inmensa mayoría la repudia y desprecia; el crimen organizado controla silenciosamente el Estado y grandes extensiones del territorio nacional; tenemos un inmenso déficit de infraestructura productiva y social; el oligopolio bancario controla la economía nacional; el monopolio farmacéutico lucra con la salud de los peruanos; el Perú, es una confederación de tribus que armonizan intereses en la informalidad.

Nos une la ética de la pendejada, es decir, estamos siempre listos para sacar provecho personal pícaramente en cualquier circunstancia de la vida; los que actúan correctamente son “cojudos”. La pendejada es la identidad nacional, por eso, las noticias cotidianas de robos, mentiras y, coimas de los políticos las aceptamos como parte de nuestra vida. Convivimos con el terrorismo y el latrocinio de los bancos por miedo. Sabemos que la libertad, la propiedad y, la vida es una mercancía que se vende al mejor postor en la fiscalía y en el poder judicial.

Muchas veces me he preguntado ¿por qué, hemos trivializado el delito y la pendejada? En la historia encontré que el origen de la pendejada podría estar en el pacto entre curacas y encomenderos en el virreinato. Los primeros buscaban estatus y hacerse ricos, porque, anhelaban restaurar los viejos reinos o señoríos anteriores al imperio inca. Los segundos aspiraban a ser nobles y enriquecerse fácilmente. Ambos, estaban de acuerdo en robarle al Rey el quinto real. Los personajes han cambiado, pero, el viejo pacto colonial se mantiene en la actividad minera y el oligopolio bancario.

La filosofía hegeliana sostiene que la búsqueda de reconocimiento consolida la individualidad y libertad. Este proceso se inició con la rebelión de Túpac Amaru que afirmó la conciencia autóctona y que el mestizaje consolidó. Las clases dominantes llaman despectivamente “cholos” a los mestizos que en su inmensa mayoría son los emprendedores y trabajadores informales que están al margen del Estado y conviven con las actividades ilegales; son los habitantes de un mismo territorio administrativamente llamado Perú, pero tienen diferentes héroes y diversas versiones sobre la historia y riqueza del “país.” La búsqueda de reconocimiento nacional contemporáneo pasa por la afirmación de la choledad pendeja.

Este es un resumen de la suma de todos los males del Perú. ¿Cómo corregirlos? Los podridos de la política no son la solución. Mienten y roban con la aprobación subconsciente de la inmensa mayoría que los lleva al poder y después los odia y desprecia. Leocadio Zavala, dirigente campesino me dijo: “la gente de mi pueblo se comporta igual que los políticos que mienten y son unos suas (ladrones), por eso, los eligen a sabiendas que los apañamos por regalos”. No he encontrado una persona más lucida que Zavala, que me dijo: “el Perú, necesita un psiquiatra”

A pesar del pesimismo de Zavala, participar en las luchas populares por el agua, el desagüe; con los mineros informales; los colectivos que luchan contra los bancos y el monopolio farmacéutico son imprescindibles; porque, sin ellos no podremos sacar del poder a los políticos podridos que han puesto el Estado al servicio de mafias que defienden los intereses de los grupos de poder económico. Millones de peruanos están dispuestos a hacer una revolución social sin vacilaciones. Una revolución que amplié la libertad económica y social. Una revolución que nos integre de la manera mas ventajosa al nuevo mundo multipolar.

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El problema del turismo en Amazonas

Lee la columna de Elmer Torrejón Pizarro

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En nuestro Amazonas vivimos con el cliché de que somos una “región turística por excelencia”, y claro nuestras riquezas culturales y ecológicas son muestras de ello. Nos ilusionamos y nos la creemos, pero viendo datos estadísticos crudos y reales, nos chocamos con un muro de la realidad pragmática, que nos dice todo lo contrario en cuanto al turismo en nuestra región. Veamos:

Entre enero y febrero del 2024, el sitio más visitado de Amazonas fue Kuélap (en realidad su Teleférico), la fortaleza estaba en el puesto 29 de los sitios más visitados del país, con tan solo 12,134 visitas. El primer lugar es la Explanada de Saqsayhuaman en Cusco con 123,165 visitas, según datos de MINCETUR. Una distancia abismal preocupante en cuanto al flujo turístico que debemos analizarlo desde nuestras instituciones correspondientes y sus funcionarios. Otro dato que preocupa, la misma entidad (MINCETUR) menciona que en cuanto turismo interno para el 2023, Amazonas se encontraba en el penúltimo lugar de flujo de viajes con tan solo 288,244 personas, mientras que los primeros lugares lo tiene Lima con 8 millones 121 mil 107 personas o Ica con más de 3 millones de personas visitadas.

Seamos más insidiosos en cuanto a búsqueda de data turística. En cuanto a empleo que genera el turismo por regiones, se tiene que para el 2022, Lima y Arequipa lideraban con 370,469 y 57,189 puestos de trabajo, respectivamente. ¿Saben en qué lugar se ubicaba nuestro Amazonas?, en el puesto 20 con tan solo el 1,2% de puestos de trabajo generados por el turismo (11,709). Datos proporcionados por el MINCETUR.

Lamentablemente éstas cifras nos hacen aterrizar duro (a pesar que no tenemos un buen aeropuerto viable), y nos hacen pisar tierra: “NO SOMOS UNA REGIÓN TURÍSTICA”. No nos engañemos que, porque vemos 10 “gringos” deambulando con sus cámaras fotográficas en Chachapoyas o visitando Kuélap, ya somos un gran “destino turístico”. Entonces salta a la vista una gran pregunta: ¿por qué no despega el turismo en amazonas a pesar del potencial que tenemos?

Les responderé alguna de las razones del porqué no somos una región con mayores visitas de turistas más allá de que si tenemos o no un buen aeropuerto:

1. No tenemos planes turísticos ni culturales con una visión y misión clara desde nuestro gobierno regional y locales, y menos de las instituciones correspondientes del turismo y la cultura.

2. Nuestros recursos culturales que hace que EXISTA el turismo se están destruyendo, no sólo Kuélap, visite usted Pueblo de los Muertos, Wuanglic o Chipuric por solo mencionar algunos. No hablo de la cultura viva y manifestaciones etnológicas, porque ahí estamos peor: desapareciendo y destruyéndose por el olvido y la desidia.

3. De las anterior se desprende pues, que NO hay una política regional y locales de estudio, protección y puesta en valor de nuestras manifestaciones culturales que hacen que exista el turismo. AHÍ UNA FALLA DE ORIGEN.

4. ¿Conocen ustedes estimados lectores, estudios arqueológicos, antropológicos o ecológicos que se está haciendo en nuestros recursos culturales ancestrales y actuales (más allá de Kuélap)? O estudios, por ejemplo, ambientales o ecológicos para que nuestros recursos ecológicos sean sostenibles para futuras generaciones. Si conocen alguno, me lo hacen saber. ¡Aquí otra falla!

5. Pues, si seguimos poniendo al turismo por encima de la ecología y cultura, no tendremos un desarrollo equilibrado. Queremos más turistas, PERO nuestros recursos culturales se están destruyendo. ¿Algo falla? Claro que algo está fallando: se está gestionando y proyectando de manera errada, no tenemos una visión de sostenibilidad del turismo si es que dejamos de lado, los recursos que “dan vida” al turismo.

6. Necesitamos una política regional descentralizada del turismo y la cultura, políticas que NO EXISTEN, y que sólo se basan en principios mercaderes del turismo, lo cual no está mal, pero si dejamos y abandonamos los recursos que dan SENTIDO a la economía del turismo, pues sosteniblemente NO llegaremos lejos.

7. Éstas debilidades regionales y locales, han conllevado a tener UN TURISMO DESORDENADO Y NO PLANIFICADO, sin una visión y misión clara, un turismo con ojos mercantilistas, por encima de un turismo sostenible, que proteja y ponga en valor sus recursos culturales y ecológicos, por la cual basa su existencia. Las consecuencias de ese turismo no planificado, lo estamos viviendo hoy en nuestra región: los recursos culturales y ecológicos, están en emergencia, muchos se están destruyendo y contaminando; y con la presencia de mayor flujo turístico, pondremos en riesgo su permanencia, si es que no cambiamos el CHIP de desarrollo, y también apoyamos y gestionamos adecuadamente, nuestros recursos culturales y ecológicos.

Espero que haya respondido a la pregunta, concluyo: “Amazonas NO es turística a pesar de su potencial”. Una cosa amigos es tener tanto potencial turístico, cultural y ecológico y sentirnos orgullosos de eso, y otra cosa es la realidad de que, a nivel de flujo turístico y conservación de nuestra cultura y ecología, pues NO estamos bien, y he tratado de darles algunas respuestas ante este escenario preocupante y muchas veces engañoso, en el querer sentir que somos una “región turística”. El potencial está, pero la gestión turística y cultural es limitada y preocupante en Amazonas.

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Dr. Quintanilla y CGR, ¿supervisarán 674 órdenes de servicio de la UGEL 07?

Lee la columna de Rafael Romero

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Por Rafael Romero

Sabedores de las capacidades y preocupaciones del doctor Luis Alberto Quintanilla, líder de la pedagogía pública de la ciudad capital, a través de la Dirección Regional de Educación de Lima Metropolitana (DRELM), a cuyo lado -según el organigrama de esta entidad pública- se encuentra el despacho de control institucional, resultaría oportuno que realice el seguimiento a un informe de la Contraloría General de la República (CGR) sobre la cuestionada UGEL 07.

¿Cuál es este caso que necesita el seguimiento del doctor Quintanilla y la DRELM? Se trata del Informe de Auditoría N° 002-2022-2-0984-SCE, referido a los “Contratos Administrativos de Servicios (CAS) suscritos con personas que presentaron documentaciones carentes de veracidad en la UGEL 07”.

Lamentablemente, la directora de esta UGEL, Gloria Saldaña Usco, solo tiene jefes “encargados” en el Órgano de Control Institucional, como fue el caso de la abogada Edy Cesarina Sánchez Arriola, quien al parecer no recibió toda la autonomía para que pueda desempeñarse de forma imparcial en un cargo cuya naturaleza así lo exige, por lo que después le sucedió el actual jefe, también “encargado”, Jorge Luis Cortez Jara, llevando este funcionario ya bastante tiempo en ese puesto sin mostrar resultados importantes, debiendo en todo caso, bajo la supervisión de la OCI de la DRELM, dar cuenta, por ejemplo, sobre la siguiente “recomendación” dirigida a la titular de la UGEL 07, Gloria Saldaña:

“Realice las acciones tendentes a fin que el órgano competente efectúe el deslinde de las responsabilidades que correspondan, de los funcionarios y servidores públicos,  de la Unidad de Gestión Educativa Local N° 07 comprendido en los hechos irregulares durante el período 2018 y 2020 (cuando) la entidad contrató personal CAS que se encontraba inhabilitado, que además presentó documentación que no se ajusta a la verdad, para ejercer función pública, afectando la seguridad jurídica y el correcto funcionamiento de la administración pública (sic), así como de haberse pagado  por labores no realizadas (S/ 6 333.33), ocasionando un perjuicio económico a la entidad”.

¿Qué ha hecho al respecto Jorge Luis Cortez Jara? No obstante, para información de la DRELM y de la CGR, el Informe de Auditoría N° 002-2022-2-0984-SCE, referido a los “Contratos Administrativos de Servicios (CAS) suscritos con personas que presentaron documentaciones carentes de veracidad en la UGEL 07”, solocomprende los años 2018 y 2020, mas no así enfrenta a una situación muy grave vinculada a los años posteriores 2022 y 2023, porque en ese período la UGEL 07 contrató por más de 674 órdenes de servicio.

Una fuente confiable refiere que gracias a la labor de la prensa y a las notas periodística sobre la UGEL 07, hubo temor entre sus funcionarios por lo que, entre el 2022, con 378 órdenes de servicio, y el 2023, con 296 órdenes de servicio, se evidenció que se redujeron drásticamente en un número de 78. Pero todas ellas merecen hoy una efectiva acción de control posterior y eso está en manos del contralor Nelson Shack.

Esa misma fuente sostiene que, al continuar la vigilancia ciudadana, dentro de la UGEL ya no se sienten seguros de “disparar alegremente más órdenes de servicio y se espera una reducción mayor para el presente año 2024, con lo cual se preservarán mejor los recursos públicos y el patrimonio del Estado”.

Sin embargo, el área de Asesoría Jurídica y la OCI de la UGEL 07, en la fecha, ¿qué podrían informar sobre el resultado final de la recomendación formulada a Gloria Saldaña con relación al Informe de Auditoría N° 002-2022-2-0984-SCE, referido a los “Contratos Administrativos de Servicios (CAS) suscritos con personas que presentaron documentaciones carentes de veracidad en la UGEL 07”?

Al respecto, señores de la DRELM, ¿hay sancionados o sigue reinando la impunidad?

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Opinión

Pedro Vilcapaza el ‘Puma indomable’

Uno de los personajes de nuestra historia que jugó un papel preponderante en la independencia.

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La rebelión de Tupac Amaru II estalló el 4 de noviembre de 1780 y la historia la sitúa como la primera gran revolución en el virreynato del Perú. Sin embargo, tras la encarnizada guerra entre el caudillo indígena y las tropas de Areche, el curaca de Tinta fue traicionado, apresado y ejecutado el 18 de mayo de 1781.

Un amigo cercano que se convirtió en su lugarteniente, el mestizo Pedro Vilcapaza Alarcón, (1740) conocido como el ‘Puma Indomable’, continuó con la lucha antirrealista y contra la abusiva imposición borbónica que estaba signada por el abuso de los corregidores españoles y el elevado cobro de tributos indígenas.

Este descendiente de caciques de Azángaro nunca desfalleció en su misión de luchar para reivindicar la dignidad de los quechuas aymaras.

El 14 de mayo de 1781 en la batalla de Condorcuyo hubo una victoria parcial para los patriotas; sin embargo, los realistas provocaron la deserción de los rebeldes vilcapacinos ofreciéndoles el indulto y finalmente vencieron a Vilcapaza.

A fines de 1781 Vilcapaza se levantó nuevamente en Azángaro y tras sucesivas acciones contra el ejército realista, fue derrotado en la batalla del cerro Kinsa Sulk’a en Nequeneque. Lo traicionaron los dominicos de Putina y su sobrino Julián Vilcapaza, quien habría indicado el paradero de su tío.

Vilcapaza, tras ser recluido como prisionero, sufrió feroces torturas; sin embargo, no desfallecía y respondía con lisura mientras escupía a la cara de sus captores.

En vista de la entereza que mostraba, los españoles ofrecieron liberarlo si confesaba el destino de los tesoros que este incautó durante las batallas y él respondió:

“Vuestra cobardía me da asco. Sé que si no declaro me van a matar, pero si declaro también voy a correr la misma suerte. No hablaré. Miserables y Cobardes ¡mátenme de una vez!”.

Pedro Vilcapaza fue ejecutado un día como hoy hace 242 años, en la plaza de Azángaro el 8 de abril de 1782; y en vista que no pudieron desmembrarlo —como Túpac Amaru— con la fuerza de 8 caballos atados a sus extremidades que tiraron en direcciones opuestas, el Mariscal José del Valle Torre tuvo que ordenar que sea degollado a cuchillo, enfrente de una multitud horrorizada.

Sin embargo, minutos antes de morir exclamó: ¡Por este Sol, aprended a morir como yo!

(Columna publicada en Diario UNO)

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