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Literatura

Jorge Luis Borges y Roberto Arlt: Vidas paralelas

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Jorge Luis Borges y Roberto Arlt: Vidas paralelas

Escribe Fernando Sorrentino

Borges y Arlt

Con harta frecuencia se han trazado paralelismos y efectuado comparaciones entre los denominados grupos de Florida y de Boedo, que surgieron en Buenos Aires allá por la década de 1920: inclinado, según dicen los que saben, a lo “estetizante” el primero; a lo “social”, el segundo. (A mí me cuesta aceptar la incompatibilidad de las categorías —si fueran tal cosa— de “estetizante” y “social”: creo que nadie puede ser “absolutamente” estetizante ni “absolutamente” social; creo —por ejemplo— que nada impide que un libro esté muy bien encuadernado y que, al mismo tiempo, sea aburrido.)

Aun aceptando —por cierto que a regañadientes— la existencia de ambos grupos,1 y, por añadidura, con la posesión de dichas características distintivas, hay un hecho mucho más decisivo que tiende a invalidar o a hacer irrelevante su acción, y es que las obras literarias jamás se han originado en sociedades colectivas sino que siempre han sido fruto exclusivo de la creación individual. La opinión contraria —la que ve las obras como resultado de la acción del grupo— parece sustentarse, más bien, en una especie de criterio de eficacia colectiva, criterio maravillosamente aplicable al fútbol y a otros deportes de conjunto, pero de ningún modo admisibles en lo personal por excelencia: la creación artística.

Acaso como una extensión adicional de aquel afán clasificatorio, suele hablarse también de una suerte de “vidas paralelas” entre los dos escritores que más vigorosamente representarían a uno y otro grupo: Jorge Luis Borges y Roberto Arlt.

Inclusive los escritores más diminutos son multifacéticos: con mayor razón sería absurdo despojar de sus muchas riquezas a escritores tan valiosos como Borges y Arlt para dejarlos reducidos a los tristes esqueletos de, respectivamente, “estetizante” y “social”.

Lo cierto es que Borges y Arlt se inventaron a sí mismos sendos caminos literarios: caminos propios, personalísimos, inimitables e intransferibles. Y estos caminos —ahora sí, y sólo en este sentido, “vidas paralelas”— parecen no haberse tocado nunca.

Proveniente de una familia inmigrante de lengua no española, Arlt fue argentino de primera generación, inculto (en la acepción académica de la palabra), tumultuoso, osado, intuitivo, vital, de grueso sentido del humor.

Borges, en cambio, pertenecía a una antigua familia argentina, acomodada y tradicional, en cuya casa había muchos libros y se hablaban correctamente el español y el inglés; Borges era tímido, miope, tartamudo, estudioso, sutil, inteligentísimo e infinitamente transgresor y revolucionario (como jamás podrían serlo —y ni siquiera imaginarlo— los transgresores y revolucionarios “profesionales”, hechos de escenografía y caracterización teatral, y repetidores de frases viejas y de decires cristalizados).

Ambos son ajustadamente coetáneos: Borges nació el 24 de agosto de 1899; Arlt, el 2 de abril de 1900; de manera que, si el azar lo hubiera consentido, podrían haber sido compañeros de clase. Difieren en que Arlt murió relativamente joven, a los cuarenta y dos años, el 26 de julio de 1942, y Borges muy anciano, a los ochenta y seis, el 14 de junio de 1986.

 

2. Influjo de Borges sobre Arlt

Cronológicamente, la primera obra narrativa de Jorge Luis Borges es la Historia universal de la infamia (1935). Casi veinte años más tarde, refiriéndose a esas páginas, su autor las define así:

Son el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias.2

Pues bien, en 1935 hacía ya dos años que Roberto Arlt había publicado la casi totalidad de su obra narrativa: las novelas El juguete rabioso (1926), Los siete locos (1929), Los lanzallamas (1931) y El amor brujo (1932), y los cuentos de El jorobadito (1933).

En 1941 (el mismo año de El jardín_) Arlt publica Viaje terrible y El criador de gorilas.

Arlt murió, como vimos, a mediados de 1942. Así, pues, no pudo conocer obras narrativas mayores de Borges, tales como Ficciones (1944), El Aleph (1949), El informe de Brodie (1970) o El libro de arena (1975).

No sabemos si Arlt llegó a leer la Historia universal de la infamia y El jardín de senderos que se bifurcan. Sin embargo, puesto que buena parte de aquélla fue previamente publicada en el diario Crítica (donde también trabajó Arlt), es razonable inferir que éste haya leído esos relatos.

De ser así, ignoramos también qué opinión le merecieron a Arlt los trabajos de Borges.3 No obstante, me atrevo a suponer que los rechazaría o los despreciaría, en cierto modo por “incomprensibles” para su concepto de lo que debía ser la literatura. Ahora bien, esto no habla ni en contra ni en favor de Arlt: la complejísima trama de las aceptaciones y los rechazos recíprocos y potenciadamente entrelazados de obras y de autores desborda de afinidades insospechadas y de aborrecimientos inimaginables.

Sí, en cambio, la lectura de todas las obras de Arlt nos indica, con total claridad, que la influencia ejercida por Borges sobre aquél es absolutamente nula.

 

3. Influjo de Arlt sobre Borges

Borges, el que se crió en “una biblioteca de ilimitados libros ingleses”;4 Borges, el que leía en inglés, en francés, en italiano, en portugués, en alemán y en latín; Borges, el apasionado por los juegos metafísicos y por las mitologías de compadres y cuchilleros, ¿leyó esas historias de empleadillos y de horteras, de mezquindades y avaricias, de iras y de frustraciones, que, en censurable sintaxis y léxico estrafalario,5 proponía en sus libros aquel Roberto Arlt, que pronunciaba el español argentino con cierto acento alemán y que se había instruido en una literatura de traducciones dudosas?

Y, en caso de haberlas leído, ¿habrá Borges experimentado hacia ellas el olímpico desdén que le merecían, por unos u otros motivos, las narraciones de autores en aquella época tan célebres como, por ejemplo, Enrique Larreta, Manuel Gálvez, Horacio Quiroga o Roberto J. Payró?

Veamos.

En el número 8 (marzo de 1925) de la revista Proa, dirigida a la sazón por Ricardo Güiraldes, Jorge Luis Borges, Pablo Rojas Paz y Alfredo Brandán Caraffa, se publica “El Rengo”, relato de Roberto Arlt que un año más tarde pasaría a formar parte de “Judas Iscariote”, cuarto y último capítulo de El juguete rabioso. No es fácil imaginar a una personalidad literariamente tan fuerte como Borges resignándose a publicar un texto que le desagradara.

Y, en efecto, en 1968 el mismo episodio es reproducido en la segunda edición de El compadrito: su destino, sus barrios, su música, antología que Borges compila con la colaboración de Silvina Bullrich. Es evidente que a Borges el texto lo había impresionado.

En las páginas 76 y 77 de mis Siete conversaciones con Jorge Luis Borges,6 éste enhebra, según su mejor estilo mordaz, una serie de críticas en contra de Horacio Quiroga, entre ellas:

El estilo de Quiroga me parece deplorable.

Por cierta asociación de ideas que ya es casi un inevitable lugar común, se me ocurrió preguntarle:

—¿A ese estilo un tanto descuidado de Quiroga correspondería quizá el estilo de Roberto Arlt?

—Sí, salvo que, detrás del descuido de Roberto Arlt, yo siento una especie de fuerza. De fuerza desagradable, desde luego, pero de fuerza. Yo creo que El juguete rabioso de Roberto Arlt es superior no sólo a todo lo demás que escribió Arlt, sino a todo lo que escribió Quiroga.

Como vemos, aunque no se conozcan otras declaraciones de Borges respecto de Arlt, podemos advertir en estas palabras —un poco reticentes, es verdad— un sentimiento de admiración.

Cuarenta y cuatro años más tarde de la aparición de El juguete rabioso (1926), Borges publica El informe de Brodie (1970). En el “Prólogo” nombra —que yo sepa, por primera, última y única vez a lo largo de toda su extensa obra— a Roberto Arlt:

Imparcialmente me tienen sin cuidado el Diccionario de la Real Academia, dont chaque édition fait regretter la précédente, según el melancólico dictamen de Paul Groussac, y los gravosos diccionarios de argentinismos. Todos, los de este y los del otro lado del mar, propenden a acentuar las diferencias y a desintegrar el idioma. Recuerdo a este propósito que a Roberto Arlt le echaron en cara su desconocimiento del lunfardo y que replicó: “Me he criado en Villa Luro, entre gente pobre y malevos, y realmente no he tenido tiempo de estudiar esas cosas”. El lunfardo, de hecho, es una broma literaria inventada por saineteros y por compositores de tangos y los orilleros lo ignoran, salvo cuando los discos del fonógrafo los han adoctrinado.7

Invocado por el tema de las hablas regionales o especiales, o por las causas que fueren, lo cierto es que, al escribir El informe de Brodie, el recuerdo de Roberto Arlt andaba por la cabeza de Borges.

 

4. Tema del delator y la víctima

Hasta tal punto andaba el joven y tumultuoso Arlt de cuarenta y cuatro años antes en la cabeza del reposado y ya clásico Borges septuagenario, que, entre las páginas 25 y 35 de El informe de Brodie corre “El indigno”, cuento magistral en el que Borges realiza una reelaboración o recreación del episodio central de “Judas Iscariote”, el cuarto y último capítulo de El juguete rabioso.

El juguete rabioso tiene que haber sido, para Borges, una obra en extremo importante. De otra manera, no puede explicarse que, sin haberla releído en los años inmediatamente anteriores a la redacción de “El indigno”, y sin tener tampoco el estímulo de la presencia viva de Arlt ni de gente próxima a aquél, Borges —en la culminación de su fama y en la proliferación de traducciones y reconocimientos— haya decidido, casi cuarenta y cinco años más tarde, escribir la misma historia.8

Trataremos de ver, a continuación, algunas de las semejanzas y diferencias entre el “Judas Iscariote” de Arlt y “El indigno” de Borges.

En ambos, el tema es el mismo: la delación que una persona, poco o nada familiarizada con las artes del delito, comete en perjuicio de quien la ha iniciado en ellas.

 

a. Los narradores

Los respectivos delatores (Silvio Astier, en “Judas Iscariote”; Santiago Fischbein, en “El indigno”) relatan su historia en primera persona. Esto se verifica con algunas diferencias importantes:

1. Astier, hombre joven pero adulto, relata un suceso que acaba de ocurrir y que corresponde, por ende, a su edad joven y adulta. Es decir, la visión del narrador coincide con la condición del protagonista: un hombre adulto relata lo que acaba de ocurrirle a un hombre adulto. Esta inmediatez se traduce en un relato más vívido, emotivo y nervioso.

2. Fischbein, hombre anciano, relata un suceso ocurrido hace muchos años, cuando él era casi un niño. Es decir, la visión del narrador no coincide con la condición del protagonista. Esta lejanía temporal lleva a un relato más calmo donde los detalles y las emociones están atenuados o simplificados por el olvido.

Por otra parte, como Borges rechaza implicarse emotivamente en su relato, apela, para alejarse aún más, al recurso del relato enmarcado: ni siquiera es Borges quien cuenta la historia, sino que es Fischbein quien la cuenta a Borges. Éste, con objetiva frialdad, se limita a decir:

Una tarde en que los dos estábamos solos me confió un episodio de su vida, que hoy puedo referir. Cambiaré, como es de prever, algún pormenor.

b. Tiempo

Sin lugar a dudas, podemos ubicar el relato de Arlt en la inmediata anterioridad, digamos el año 1925.

El Fischbein que cuenta la historia de un episodio de su niñez dice:

Hace ya tantos años que ocurrió que ahora la siento como ajena.

Y, aunque no sabemos cuándo dice esas palabras, ni cuántos años pasaron desde ese episodio, ni cuántos años tiene Fischbein en ese momento, sí sabemos cuántos años tenía en la época del episodio: quince años.9 Como, además, da la sensación, por la manera en que conversan, de que Borges y Fischbein fueran de la misma edad, podemos inferir que Fischbein tenía quince años alrededor de 1915. Así, pues, vemos que ambas historias transcurren, más o menos, por la misma época: entre 1915 y 1925.

Tenemos, además, muchos indicios, entre ellos el de la famosa “barra de la esquina”:10

Arlt:

Siempre estaban en la esquina de Méndez de Andés y Bella Vista, recostados en la vidriera del almacén de un gallego. [_] Siempre estaban allí, tomando el sol y jodiendo11 a los que pasaban.12

Borges:

El barrio no era bravo como lo fueron, según dicen, los Corrales y el Bajo, pero no había almacén que no contara con su barra de compadritos.13

c. Lugar

La geografía de Arlt es más explícita que la de Borges y se prodiga en precisiones de calles y números.

Antonio, el Rengo (el traicionado), vive en la calle Condarco 1375. La consulta de un plano actual de Buenos Aires me indica que esa cuadra está limitada por las calles hoy llamadas Galicia y Tres Arroyos. La calle Condarco precisamente constituye, a esa altura, el límite municipal entre el barrio de Villa Santa Rita y el de Villa General Mitre; por estar situada en la acera de los números impares, la casa del Rengo pertenece a este último barrio.

Silvio Astier, el Rubio (el traidor), vive en la calle Caracas 824, entre Páez y Canalejas.

El ingeniero Arsenio Vitri (la víctima del robo frustrado) vive en la calle Bogotá, “una cuadra antes de Nazca”: vale decir entre Condarco y Terrada.

Como se acepta que la avenida Rivadavia divide la ciudad de Buenos Aires en norte y sur, toda la acción del episodio de Arlt ocurre, aunque no se lo especifica, en la parte norte del barrio de Flores, donde, por otra parte, viven Astier y Vitri:

Las aceras estaban sombreadas por copudos follajes de acacias y ligustros. La calle era tranquila, románticamente burguesa, con verjas pintadas ante los jardines, fuentecillas dormidas entre los arbustos y algunas estatuas de yeso averiadas. 14

En Borges las precisiones nominales no son tan abundantes.

El barrio en que ocurre el episodio es, aunque tampoco se lo nombra, Villa Crespo, entonces barrio humilde como pocos y, por antonomasia, de inmigrantes paupérrimos.15

La casa de Fischbein:

A unas cuadras quedaba el Maldonado y después los baldíos.

Esto es muy verosímil pues Villa Crespo es barrio habitado por muchísimos judíos.

El arroyo Maldonado fue entubado —creo— en 1939 y sobre él corre ahora la avenida Juan B. Justo; después del arroyo se ubican las vías del entonces Ferrocarril Pacífico. Fischbein vivía en la parte comprendida entre el arroyo y el centro de la ciudad: con todo, esa zona no era tan áspera como la otra, la que se extendía detrás del arroyo (“los baldíos”).

No se nos dice dónde vivía Francisco Ferrari, el que sería traicionado, pero sabemos dónde “paraba” (verbo, por cierto, muy expresivo para aludir a una suerte de cuartel general o de zona de influencia):

Ferrari paraba en el almacén de Triunvirato y Thames.16

Compárese la calle “románticamente burguesa” donde iba a efectuarse el robo en Arlt, con este paisaje semirrural de Borges:

Ya estaba por atardecer cuando crucé el arroyo y las vías. Me acuerdo de unas casas desparramadas, de un sauzal y unos huecos. La fábrica era nueva, pero de aire solitario y derruido; su color rojo, en la memoria, se confunde ahora con el poniente. La cercaba una verja. Además de la entrada principal, había dos puertas en el fondo que miraban al sur y que daban directamente a las piezas.17

Fischbein acaba de cruzar “el arroyo y las vías”, es decir, el suburbio del suburbio en que vivía: es terreno desconocido y, por eso mismo, atemorizador.

En el caso de Silvio Astier, ese “juguete rabioso” eternamente derrotado, también la calle Bogotá, de gente satisfecha y envidiada, se siente como algo ajeno:

Un piano sonaba en la quietud del crepúsculo, y me sentí suspendido de los sonidos, como una gota de rocío en la ascensión de un tallo. De un rosal invisible llegó tal ráfaga de perfume, que embriagado vacilé sobre mis rodillas [_].18

Tanto Fischbein como Astier reconocen el terreno enemigo a la misma hora: “ya estaba por atardecer” (Borges); “en la quietud del crepúsculo” (Arlt).

 

c. Relación entre el traidor y el traicionado

En ambos casos los delatores son más jóvenes que los traicionados, y en ambos casos se perciben a sí mismos como intelectualmente superiores:

Arlt/Astier emplea adjetivos desvalorizadores: “el pelafustán”, “un bigardón”.

Borges/Fischbein: “Ahora veo en Ferrari a un pobre muchacho, iluso y traicionado; para mí, entonces, era un dios”.

Sin embargo, hay una gran diferencia en las apreciaciones sucesivas de uno y de otro.

Ya desde el principio, Astier ve al Rengo como un personaje pintoresco y, si se quiere, simpático, pero al mismo tiempo como inferior a él. Su oficio es humilde (cuida los carros en la feria de Flores) y sus travesuras lo emparientan con la picaresca española. Y, precisamente, el aspecto físico y las actitudes de persona ineducada y vulgar del Rengo distan mucho de ser los de un héroe, y más bien se nos presenta como el de uno de esos patéticos antihéroes: “caminaba despacio, cojeando ligeramente”, “mostrando los torcidos dientes”, “guiñando el ojo de soslayo”, “esa cara triangular enrojecida por el sol, bronceada por la desvergüenza”, “Era un bigardón a quien agradaba tocar el trasero de las mujeres apiñadas”, “le agradaba tener amigas, saludarse con las vecinas, bañarse en esta atmósfera de chirigota y grosería que entre comerciante bajo y comadre pringosa se establece de inmediato”, etc., etc. Arlt vuelve una y otra vez a caracterizar al Rengo, añadiéndole nuevos pormenores. Tampoco olvida describir su vestimenta, rayana con lo miserable y lo ridículo:

Vestía siempre el mismo traje, es decir, un pantalón de lanilla verde, y un saquito que parecía de torero.

Se adornaba el cuello que dejaba libre su elástico negro, con un pañuelo rojo. Grasiento sombrero aludo le sombreaba la frente y en vez de botines calzaba alpargatas de tela violeta y adornadas de arabescos rosados.19

En cambio, para el Fischbein de quince años, Ferrari era, como vimos, “un dios”. Comparemos el aspecto más bien risible del Rengo con la recia estampa viril de Francisco Ferrari, descripto en dos o tres trazos muy sobrios, que corresponden, dicho sea de paso, a la austeridad del personaje y también al compadre arquetípico de la mitología porteña, tantas veces corporizado en dramas y películas:20

Era morocho, más bien alto, de buena planta, buen mozo a la manera de la época. Siempre andaba de negro.21

d. Propuesta del delito

En ninguna de las narraciones hay una necesidad verosímil de hacer participar en el delito a quien luego sería el delator. Claro que, sin este pequeño desliz inicial, los autores no hubieran tenido material para escribir sus historias.

En el caso de Arlt es aún menos justificado. El Rengo tiene todo previsto y todas las circunstancias están bajo su control: no tiene necesidad alguna de compartir el delito y su consecuente botín con el Rubio; sin embargo, lo hace. Y estos preparativos y sus diálogos ocupan una buena extensión del relato (págs. 139-145): ahora también el Rubio se halla en posesión de todos los pormenores:

Me incorporé bruscamente en la silla, fingiendo estar poseído por el entusiasmo.

—Te felicito, Rengo, lo que pensaste es maravilloso.

—¿Te parece, Rubio?

—Ni un maestro hubiera planeado como vos lo has hecho. Nada de ganzúa. Todo limpio.22

En Borges, el asunto se plantea de una manera mucho más sintética. A Fischbein no se le informa mayormente de las características del robo, y Ferrari no lo invita a participar, sino que, más bien, le imparte una suerte de orden:

Ferrari decidió que el asalto se haría el otro viernes. A mí me tocaría hacer de campana.23

Otro punto en común es la apelación a la fe o la pregunta por la confianza. Pero también aquí hay una sutil divergencia entre ambos autores.

En Arlt, el traicionado demanda la fidelidad del traidor:

—¿Decíme, che Rubio, sos de confianza o no sos?

—¿Y para preguntarme eso me has traído hasta acá?

—¿Pero sos o no sos?

—Mirá, Rengo, decíme, ¿me tenés fe?

—Sí_ yo te tengo_ pero decí, ¿se puede hablar con vos?

—Claro, hombre.24

En Borges, Ferrari da por sentada la fidelidad de Fischbein, pero, en todo caso, es éste quien demanda una palabra de ratificación del jefe:

Ya solos en la calle los dos, le pregunté a Ferrari:

—¿Usted me tiene fe?

—Sí —me contestó—. Sé que te portarás como un hombre.25

Nótese, por último, la notable semejanza que comparte una zona de ambos diálogos:

Arlt:

—Mirá, Rengo, decíme, ¿me tenés fe?

—Sí_ yo te tengo_

Borges:

—¿Usted me tiene fe?

—Sí —me contestó.

Pero aquí se produce una nueva discrepancia.

El Rengo aún duda:

—_pero decí, ¿se puede hablar con vos?

Francisco Ferrari ni siquiera puede rebajarse a imaginar que alguien se atrevería a traicionarlo:

—Sé que te portarás como un hombre.

e. La delación

El Rubio se presenta ante el ingeniero Arsenio Vitri, el que debería ser la víctima, y Fischbein, ante la policía.

Ambos solicitan reserva:

Bajando la voz le contesté:

—Perdóneme, señor, ante todo, ¿estamos solos?26

Le dije que venía a tratar con él un asunto confidencial.27

Ambos traidores son tratados con desprecio:

Vitri le dice al Rubio:

—Sí, ¿por qué ha traicionado a su compañero?, y sin motivo. ¿No le da vergüenza tener tan poca dignidad a sus años?28

Uno de los policías le pregunta a Fischbein

no sin sorna:

—¿Vos venís con esta denuncia porque te creés un buen ciudadano?29

f. Consecuencias de la traición

Arlt se extiende bastante en las circunstancias de la detención del Rengo por parte de la policía. Todas estas escenas son sórdidas y carecen de —digamos— “grandeza épica”, lo cual está muy bien porque se corresponden con la personalidad del Rengo y con la pequeñez de la traición cometida.

El Rengo, diminuto delincuente,

vivía en un altillo de madera, en una casa de gente modesta.30

La encargada de la casa, una suerte de bruja medieval:

Era una vejezuela descarada y avara; envolvíase la cabeza con un pañuelo negro cuyas puntas se ataba bajo la barbilla. Sobre la frente caían vellones de pelos blancos, y su mandíbula se movía con increíble ligereza cuando hablaba.31

La detención del Rengo, en que éste parece una especie de rata perseguida o insecto dañino, constituye una escena penosa:

El hijo de la vejezuela, carnicero de oficio, enterado por su madre de lo que ocurría, cogió su bastón y se precipitó en persecución del Rengo.

A los treinta pasos le alcanzó. El Rengo corría arrastrando su pierna inútil, de pronto el bastón cayó sobre su brazo, volvió la cabeza y el palo resonó encima de su cráneo.

Aturdido por el golpe, intentó defenderse aún con una mano, pero el pesquisa que había llegado le hizo una zancadilla y otro bastonazo que le alcanzó en el hombro, terminó por derribarle. Cuando le pusieron cadenas el Rengo gritó con un gran grito de dolor.

—¡Ay, mamita! —después otro golpe le hizo callar y se le vio desaparecer en la calle oscura amarradas las muñecas por las cadenas que retorcían con rabia los agentes marchando a sus costados.32

Borges, fiel a sus costumbres sintéticas, narra así el trágico fin de Ferrari:

Ferrari había forzado la puerta y [los policías] pudieron entrar [en la fábrica] sin hacer ruido. Me aturdieron cuatro descargas. Yo pensé que adentro, en la oscuridad, estaban matándose. En eso vi salir a la policía con los muchachos esposados. Después salieron dos agentes, con Francisco Ferrari y don Eliseo Amaro a la rastra. Los habían ardido a balazos.33

La traición del Rubio provoca el encarcelamiento, entre bastonazos y ruindades, del Rengo, “el hombre más noble que he conocido”.34

La traición de Fischbein provoca la muerte, a balazos, de Ferrari, “un dios”, “el osado, el fuerte”.35

Astier justifica su acto así: “seré hermoso como Judas Iscariote. Toda la vida llevaré una pena_ una pena_”.36

Fischbein lo hace de este modo: “El hecho es que Francisco Ferrari, el osado, el fuerte, sintió amistad por mí, el despreciable. Yo sentí que se había equivocado y que yo no era digno de esa amistad”.37

En las justificaciones de uno y otro aparecen los títulos de los relatos, ya explícitamente (Judas Iscariote), ya en paráfrasis (yo no era digno).

 

5. Conclusión

En verdad, me he limitado a señalar sólo algunas de las muchas y muy ricas coincidencias y divergencias que interrelacionan ambos relatos. El límite no me lo pone el asunto —en el que queda, todavía, mucha tela para cortar— sino la extensión requerida para un trabajo de esta índole.

Me propuse demostrar —y acaso lo logré— que la obra de Arlt, o más circunscriptamente El juguete rabioso, o, más circunscriptamente aún, “Judas Iscariote”, constituyó una lectura importante para Borges, hasta el punto de recordarlo —a veces, inclusive, con ajustadas semejanzas— nada menos que cuarenta y cuatro años más tarde.

En la página 33 de “El indigno” leemos:

En el departamento de Policía me hicieron esperar, pero al fin uno de los empleados, un tal Eald o Alt, me recibió.

Al respecto, vale la pena transcribir estas perspicaces líneas de Ricardo Piglia:

Ahora bien, dijo Renzi, el policía a quien el protagonista del cuento de Borges va a ver para delatar a su amigo se llama, en el relato de Borges, Alt. Sabés mejor que yo, sin duda, el significado que tienen los nombres en los textos de Borges, de modo que nadie me hará creer que ese apellido, con esa R que falta, letra inicial, diría yo, de otro nombre, con esa R justamente que falta, está puesto ahí por azar.38

Ese nombre Alt, con la R fugitiva de Roberto, constituye una de las señales que nos da Borges de la afinidad entre ambos relatos.

Acaso la otra señal sea ésta: si remontamos el mítico arroyo Maldonado, que, en Villa Crespo, corre muy cerca de la lúgubre fábrica en que Francisco Ferrari fue acribillado por la policía a causa de la traición de Santiago Fischbein, pasaremos, en Villa General Mitre, por la esquina de la lúgubre casa en que el Rengo Antonio fue atrapado por la policía a causa de la traición de Silvio Astier.

 

Notas:

  1. Veamos qué dice Borges al respecto: “[_] Fue un poco una broma como la polémica de Florida y Boedo, por ejemplo, que veo que se toma en serio ahora, pero no hubo tal polémica ni tales grupos ni nada. Todo eso lo organizaron Ernesto Palacio y Roberto Mariani. Pensaron que en París había cenáculos literarios, que podía servir para la publicidad el hecho de que hubiera dos grupos enemigos, hostiles. Entonces se constituyeron los dos grupos. En aquel tiempo yo escribía poesía sobre las orillas de Buenos Aires, los suburbios. Entonces yo pregunté: ‘¿Cuáles son los dos grupos?’. ‘Florida y Boedo’, me dijeron. Yo nunca había oído hablar de la calle Boedo, aunque vivía en Bulnes, que es la continuación de Boedo. ‘Bueno’, dije, ‘¿y qué representan?’. ‘Florida, el centro, y Boedo sería las afueras’. ‘Bueno’, les dije, ‘inscríbanme en el grupo de Boedo’. ‘Es que ya es tarde: vos ya estás en el de Florida’. ‘Bueno’, dije, ‘total, ¿qué importancia tiene la topografía?’. La prueba está, por ejemplo, en que un escritor como Arlt perteneció a los dos grupos; un escritor como Olivari, también. Nosotros nunca tomamos en serio eso. Y, en cambio, ahora yo veo que lo han tomado en serio, y que hasta se toman exámenes sobre eso”. Sorrentino, Fernando, Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, Buenos Aires, Casa Pardo, 1974, págs. 16-17; nueva edición, con notas revisadas y actualizadas: Buenos Aires, El Ateneo, 1996, págs. 26-27.
  2. Historia universal de la infamia, “Prólogo a la edición de 1954”. Este tímido Borges narrador de 1935 será en 1941 el prodigioso hacedor de El jardín de senderos que se bifurcan, obra con la cual ingresa en el mundo ficcional que podríamos denominar “más propiamente borgeano” y que se extiende por todo el resto de su creación posterior.
  3. Bastante tiempo después de redactado este trabajo, conocí, gracias a la revista La Maga —que lo reprodujo tomándolo del libro Arlt y la crítica (1926-1990), de Omar Borré; éste, a su vez, lo había hallado en la revista La Literatura Argentina, agosto de 1929—, un reportaje a Roberto Arlt, desbordante de opiniones, en general desdeñosas, sobre muchos escritores argentinos. Los pasajes en que Arlt se refiere a Borges son cinco:
    1. “Podríamos entonces dividir a los escritores argentinos en tres categorías: españolizantes, afrancesados y rusófilos. Entre los primeros encontramos a Banchs, Capdevila, Bernárdez, Borges; [_].”
    2. “¿Escritores que tienen más fama de lo que merecen? [_]. Pues Larreta; Ortiz Echagüe, que no es escritor ni nada; Cancela, que se ha hecho el tren con el suplemento literario de La Nación; Borges, que no tiene obra todavía.” [Sabemos que, al 31 de diciembre de 1929, Borges tenía publicados seis libros: Fervor de Buenos Aires (1923), Inquisiciones (1925), Luna de enfrente (1925), El tamaño de mi esperanza (1926), El idioma de los argentinos (1928), Cuaderno San Martín (1929).]
    3. “Los libros más interesantes de este grupo [Florida] son Cuentos para una inglesa desesperada, Tierra amanecida, La musa de la mala pata y Miseria de quinta edición. De Bernárdez podría citar algunos poemas y de Borges unos ensayos.”
    4. “Entendería como escritores desorientados a aquellos que tienen una herramienta para trabajar, pero a quienes les falta material sobre el que desarrollar sus habilidades. Éstos son Bernárdez, Borges, Mariani, Córdova Iturburu, Raúl González Tuñón, Pondal Ríos.”
    5. “Borges ha perdido tanto el tino que ahora está escribiendo_ un sainete. ¡Imagínense de [sic] cómo saldrá eso!”

(Revista La Maga, 18 de septiembre de 1996, págs. 36-37.)
En resumen, según Arlt, en 1929 Borges era españolizante, desatinado, sainetero, sin obra, autor de unos ensayos e injustamente famoso.

  1. Evaristo Carriego, “Prólogo” [de 1955].
  2. Se podrían colmar unas cuantas carillas con palabras provenientes de libros traducidos a algunos de los españoles de España, palabras estrictamente “literarias”, que no pueden tener lugar en la lengua hablada de la Argentina y que sólo pueden pronunciarse con una sonrisa indicadora de la conciencia que se tiene de su extravagancia. He aquí unas pocas: pelafustán, bigardón, chirigota, jaquetón, chuscada, granujería, barragana. Por otra parte, hasta tal punto Arlt era una suerte de “extranjero lingüístico”, que no podía percibir el “sabor” y la “temperatura” de ciertas palabras usuales, que él, al parecer, tomaba por “incorrectas”, según indica el hecho de que las colocase —aunque no sistemáticamente— entre comillas; por ejemplo, entrecomilla shofica [rufián], chorro [ladrón], cana [policía], etc., pero no amuré, bagayito, junado, etc. Otra cosa curiosa: entrecomilla bení [vení], porque, sin duda, Arlt imaginaba que, en español, las letras be y ve representan dos fonemas distintos, y que lo académico es pronunciar la última como labiodental. Estas particularidades —y otras muchas que no es del caso examinar aquí— fortalecen la idea de que el lenguaje de Arlt no respondía a las pautas del español medio de Buenos Aires de su época.
  3. Sorrentino, F., 1ª ed., págs. 76-77; 2ª ed., págs. 150-151.
  4. Borges, Jorge Luis, El informe de Brodie, Buenos Aires, Emecé Editores, 1970. Casi con las mismas palabras me había dicho a mí, en el año 1969, durante la grabación de las Siete conversaciones: “Y recuerdo una anécdota bastante buena de Arlt, a quien conocí algo, pero no mucho. Los hermanos González Tuñón lo acusaban a Arlt de ignorar el lunfardo. Y entonces Arlt contestó —es la única broma que le he oído a Arlt: claro que yo he hablado muy poco con él—: ‘Bueno’, dijo, ‘yo me he criado entre gente humilde, en Villa Luro, entre malevos, y realmente no he tenido tiempo de estudiar esas cosas’, como indicando que el lunfardo era una invención de los saineteros o de los que escriben letras de tango. ‘Yo me he criado entre malevos y no he tenido tiempo de estudiar esas cosas’: y yo, que he conocido algo a los malevos, he observado —cualquiera puede observarlo— que casi nunca usan el lunfardo. O no sé: usarán una palabra de vez en cuando”. Sorrentino, F., 1ª ed., págs. 26-27; 2ª ed., pág. 43.
    Como en aquella época yo vivía relativamente cerca de Raúl González Tuñón, le hice conocer este comentario de Borges, y González Tuñón le restó total validez: “En primer lugar, ni Enrique ni yo jamás le reprochamos tal cosa a Arlt (¿qué podía importarnos?); en segundo lugar, Arlt era una persona muy tosca, incapaz de contestar con esa sutileza. Esto ha de ser un invento de Borges”. Vemos que, en el “Prólogo” de El informe de Brodie, ya Borges no emplea el sujeto expreso: “a Roberto Arlt le echaron en cara_”.
  5. En el capítulo IV de la novela Respiración artificial (1980), Ricardo Piglia aprovecha para insertar, en el marco de una conversación entre amigos, una serie de reflexiones muy inteligentes —aunque no siempre masiva ni fácilmente aceptables— en torno de diversos aspectos de la literatura argentina. Para nuestro caso, me interesa citar estas líneas: “No creo, por lo demás, que Borges se haya tomado jamás el trabajo de leerlo, dijo Marconi. ¿De leer a Arlt?, dijo Renzi, no creas. No creas, dijo. Mirá, vos te debés acordar, estoy seguro, de ese cuento de El informe de Brodie que se llama ‘El indigno’. Releélo, hacé el favor y vas a ver. Es El juguete rabioso. Quiero decir, dijo Renzi, una transposición típicamente borgeana, esto es, una miniatura, del tema de El juguete rabioso“. Piglia, Ricardo, Respiración artificial, Buenos Aires, Sudamericana, ed. 1988, págs. 172-173.
    En realidad, yo no diría que “El indigno” es una transposición del tema de El juguete rabioso. El tema de El juguete rabioso es, justamente, “el juguete rabioso”, es decir, el desgastante encadenamiento de fracasos y frustraciones que padece el protagonista. “El indigno”, en cambio, es sólo la reelaboración de un preciso episodio que forma parte de una unidad mayor (el capítulo “Judas Iscariote”), que, a su vez, forma parte de otra unidad mayor (la novela El juguete rabioso).
  6. “Desde esa tarde Francisco Ferrari fue el héroe que mis quince años anhelaban”.
  7. Recuerdo también, con grata nostalgia, La barra de la esquina (1950), película dirigida por Julio Saraceni y protagonizada por Alberto Castillo y María Concepción César.
  8. Quizá no sea ocioso aclarar que el verbo joder no tiene en la Argentina connotación sexual, sino que significa sólo “molestar, fastidiar, perjudicar”. De cualquier manera, aunque de uso difundidísimo, es palabra mal sonante y que no puede pronunciarse en ciertos ambientes.
  9. Pág. 163: Arlt, Roberto, Novelas completas y cuentos, tomo I, Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora, 1963.
  10. Borges, J. L., op. cit., pág. 27.
  11. Arlt, R., op. cit., págs. 147-148.
  12. No por azar ubicó Alberto Vacarezza en Villa Crespo su celebérrimo sainete El conventillo de La Paloma (1929), donde convivían, en caricaturas lingüísticas, españoles, italianos, judíos y árabes, amén de los compadres y compadritos argentinos.
  13. Por haberse cambiado el nombre de la primera calle, Triunvirato y Thames equivale hoy a Corrientes y Thames, en pleno corazón de Villa Crespo. Esa esquina parece serle particularmente grata a Borges, pues la menciona también en la milonga “El títere” (Para las seis cuerdas, 1965): “Un balazo lo tumbó / en Thames y Triunvirato; / se mudó a un barrio vecino, / el de la Quinta del Ñato”. Es decir, al relativamente cercano Cementerio del Oeste, en el barrio de la Chacarita.
  14. Borges, J. L., op. cit., pág. 32.
  15. Arlt, R., op. cit., pág. 148.
  16. Arlt, R., op. cit., pág. 134.
  17. Por ejemplo, la obra teatral Un guapo del 900 (1940), de Samuel Eichelbaum, y sus dos versiones fílmicas, dirigidas por Leopoldo Torre Nilsson (1960) y Lautaro Murúa (1971), con sus respectivos “guapos”: Alfredo Alcón y Jorge Salcedo. Además, hubo previamente (1952) una versión inconclusa y, al parecer, perdida para siempre, dirigida por Lucas Demare, con Pedro Maratea en el papel protagónico.
  18. Borges, J. L., op. cit., págs. 27-28.
  19. Arlt, R., op. cit., pág. 142.
  20. Borges, J. L., op. cit., pág. 32.
  21. Arlt, R., op. cit., pág. 140.
  22. Borges, J. L., op. cit., pág. 32.
  23. Arlt, R., op. cit., pág. 149.
  24. Borges, J. L., op. cit., pág. 33.
  25. Arlt, R., op. cit., pág. 153.
  26. Borges, J. L., op. cit., pág. 33.
  27. Arlt, R., op. cit., pág. 150.
  28. Arlt, R., op. cit., pág. 151.
  29. Arlt, R., op. cit., pág. 152.
  30. Borges, J. L., op. cit., pág. 34.
  31. Arlt, R., op. cit., pág. 146.
  32. Borges, J. L., op. cit., pág. 31.
  33. Arlt, R., op. cit., pág. 147.
  34. Borges, J. L., op. cit., pág. 31.
  35. Piglia, Ricardo, Respiración artificial, Buenos Aires, Sudamericana, ed. 1988, pág. 173. Dicho sea de paso, en la misma página leemos: “Es como decir que Borges le puso porque sí Beatriz Viterbo a la mina de El Aleph o que en ese cuento Daneri no es una contracción de Dante Alighieri”. A idéntica conclusión que Piglia había llegado el ensayista italiano Roberto Paoli (Borges. Percorsi di significato, Messina-Firenze, Casa Editrice D’Anna, 1977, pág. 26).

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Cultura

Regresa la Feria Internacional del Libro de manera presencial

Edición número XXVI irá del 22 de julio al 7 de agosto y podrá disfrutarlo también vía online.

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Luego de dos años de pandemia regresa la Feria Internacional del Libro (FIL) en su edición número 26, y esta vez se realizará en el Parque de los Próceres, ubicado en la cuadra 17 de la avenida Salaverry, distrito de Jesús María. Esto, sin lugar a dudas, motivará a toda la familia a recobrar el hábito de la lectura, entre tantas plataformas digitales que acaparan la atención de los más pequeños de la casa.

Alrededor de 50 invitados internacionales y a Portugal como país estelar, la FIL en esta ocasión estará cargado de más de 600 actividades culturales, en las que se podrán disfrutar presentaciones de libros, presentaciones teatrales, conciertos, y muchas otras exposiciones artísticas.

Organizar la FIL Lima 2022 de forma presencial, sin embargo, trae ciertas condiciones en tiempos de pandemia. Según comentó Willy del Pozo, presidente de la Cámara Peruana del Libro (CPL) para RPP, este año habrá un límite en el aforo, mientras que el espacio “se verá reducido a un 50% respecto de los 200 expositores” que había en 2019. “Estamos bordeando los 130”, señaló. En cuanto a los auditorios, estos serán solo cinco, y habrá más de 160 stands de libros.

El presidente de la CPL afirmó que habrá “una mixtura” entre actividades presenciales y virtuales en la FIL Lima 2022. “No pensamos solo en la transmisión en vivo, sino vemos la posibilidad de una interconexión entre los invitados extranjeros y nacionales a través de una presencialidad”, sostuvo. Asimismo, se mantendrán las compras de entradas y libros vía web.

De acuerdo con Willy del Pozo, el regreso presencial de la FIL Lima se debe también al buen precedente que marcaron las cinco ferias del libro presenciales de 2021, como la del Bicentenario, Ricardo Palma, y las distritales que se hicieron en MagdalenaMiraflores y San Miguel. “Hicimos esos flujos de pequeñas ferias, fuimos in crescendo”, sostuvo.

Sin embargo, al estimar las cifras de asistencia de este año, Del Pozo señaló en primer lugar que la FIL Guadalajara, un referente en la región, tuvo gran afluencia este año, aunque menor en comparación a otras ediciones. Por eso, dijo con cautela: “Pongamos como cuota límite lo que alcanzamos en asistencia en la FIL Lima 2019”. Es decir, casi 587 mil personas.

Portugal, invitado de honor

Portugal será el país invitado de honor a la edición de este año, nación que contará con un ‘stand’ especial en el recinto ferial donde el público podrá conocer más sobre la patria de grandes literatos como Fernando Pessoa y Luís de Camões.

Como parte del evento, una delegación de doce invitados acudirá a la FIL Lima 2022, entre los que destacan el novelista y poeta José Luís Peixoto, autor de “Nadie nos mira”; la educadora, editora y escritora de libros infantiles Adélia Carvalho; y el escritor, músico y cineasta Afonso Cruz, entre otros.

El dato:

La feria abrirá desde las 11 de la mañana hasta las diez de la noche, durante sus fechas de atención. La venta de las entradas se podrá realizar por medio de Atrápalo (vía online) y en boletería, de manera directa.

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Literatura

“Orquídeas marchitas”, un cuento de Gabriel Rimachi Sialer

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A quien corresponda…

Lima, invierno del 2002

No importaba nada más. ¿Sabes? Ayer estuve pensando en todas las tardes que pasamos juntos, en los árboles donde grabaste mi nombre, pero de nada valió. La música que no quiero oír, las calles por donde no quiero andar, son cosas de todos los días. Una de estas tardes te llamaré. No deberías estar preocupado. Muchas veces he pensado en que las cosas siempre suceden por algo. Tal vez por eso es que hoy te escribo estas líneas. Desde tu oficina, con ese ventanal que da aquellos enormes jardines, sentirás que la vida es más bonita, solo y lejano. El brillo del sol a veces engaña. Mientras tanto estoy aquí, sintiendo que te pierdo definitivamente, y que nada de lo que haga puede hacer que regreses. Creo que es lo mejor. No volvería contigo después de lo de ayer. No. Aún no comprendo cómo después de tantos años juntos, de haber vivido tantas cosas, pudiste haberme dejado de la manera en que lo hiciste, sin que nada te importara. Nada, excepto tu libertad y el haberte dado cuenta –según tú— de que lo nuestro no daba para más.

He llorado todos estos días sin que nadie se dé cuenta. Mis amigas creen que estoy resfriada, tengo los ojos hinchados y la nariz roja. Me veo fea, lo sé, pero eso no importa, en realidad me veo triste. Mi mamá me lo dijo esta mañana. Me preguntó si habíamos peleado y le conté que sí, que me dejaste porque estabas cansado de mí y mis tonterías, de que te celaba mucho, pero eso no es cierto, siempre hiciste lo que querías y yo te perdoné muchas cosas feas. Las veces que te fuiste sin decirme nada, las tardes que te esperé como una idiota sentada en el parque, mientras todas las parejas entraban al cine o caminaban despacito y tú, tú nunca llegabas. Mucho trabajo ¿no?, si pues, mucho trabajo. Ahora tienes todo el tiempo libre para trabajar, pero seguro que lo pasarás con tus amigos, lo sé porque ayer en la mañana me contaron que te vieron en el bar del centro bebiendo como un loco, gritando que celebrabas tu libertad. Nunca me quise drogar contigo ¿Es eso malo? ¿Acaso me dejaste de querer por eso? No me gustan esas cosas, pero jamás te pedí que no lo hicieras. Pensé que si no te decía nada dejarías de hacerlo por no hacerme sentir mal. No soy una cucufata, lo sabes, siempre hemos hecho el amor como unos locos, y siempre te he deseado con la misma intensidad de la primera vez, cuando, burro tú, creíste que no dolía nada. Pero sí dolió. Y no sé por qué te escribo esto. Tal vez sea un descargo de mi conciencia o de mis sentimientos. Un desahogo que me haga sentir mejor, que me permita gozar del sol como lo haces tú ahora, pero es difícil. Muy difícil. Te extraño muchísimo y estoy confundida. No sé si es la costumbre o el amor, pero cuando llega la tarde espero que aparezcas por esa maldita puerta y me abraces fuerte, y tomemos lonche. Pero ya no es posible. ¿Cuándo fue la última vez que viajaste? Ya recordé: hace dos meses. Mensajitos en el mail que no decían nada. ¿Cómo crees que me siento? Luego llegas, nos vemos cada semana menos y después desapareces. Ya no te quiero, dijiste. Ya no te quiero. Y yo, ¿qué hago con esto que tengo dentro? Se te pasará. ¿Fácil, no? Y los días vuelan, pero tú no das noticias. Ayer te llamé a la oficina en la mañana. Dijiste ¡Aló! ¡Aló!, varias veces. Te habrás dado cuenta que era yo, luego colgaste. Quise contarte muchas cosas, pero no me atreví. Me trataste tan mal la última vez que aún siento aquí dentro cómo se retuerce algo que sé ya no existe. No sé dónde quedó mi amor por ti, mis ganas de sentirte; no sé si odiarte o cómo olvidarte. Apareces en mis sueños como un fantasma que pasa riendo, burlándose de esta tonta sentada en una banca. Como la canción ¿recuerdas? Ya no quiero saber más de ti. Es más, ya ni siquiera deseo escribirte, pero estas líneas tienes que leerlas, serán las últimas, lo sé. Y sabes que no miento. No te buscaré más. Ayer mamá me vio tan desolada que no tuve más remedio que contarle. Tampoco quiere volverte a ver. Mi papá mucho menos. Ya no serás mi pareja de prom. iré sola, o tal vez no vaya (no te molestes). Ya no necesitarás gastar en la orquídea que vimos en la tienda. Ya no me importa. Me dolió mucho, sabes, como nunca antes. Un dolor distinto, más grave.

Las clases acabarán en dos semanas. Espero viajar donde mi abuela, allí no estuvimos nunca (menos mal, no soportaría aceptar que llenaste todos mis espacios). En verano las cosas se ven mejor, iré más seguido a la playa, tendré muchos amigos y nadaré bastante, hasta cansarme y dormir. Dormir mucho oyendo al mar. Nunca te gustó la playa. Eres alérgico al sol.

¿Por qué te quise tanto? Cuatro años. Cuatro años de mi vida los pasé contigo y me dejaste como a una perra. Creo que sí te odio. ¿Por qué lo hiciste? ¿Acaso te enamoraste de alguna de tu oficina? ¿De tu secretaria? ¿De tu jefa? Ya no me importa. Inventaré tu respuesta. No será difícil. Mientras tanto caminaré más, hasta borrar tu último beso de mis labios, tu último calor. Desde ayer no soy la misma.  Caminaré a dejarte esta carta en la recepción de tu trabajo, y volveré a casa. Con mi dolor a cuestas, y el vientre vacío. 

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Literatura

¿Por qué odiamos a Mario Vargas Llosa?

Lee la columna de Hans Herrera Núñez.

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Odiar a MVL es un deporte nacional en Perú  que se va extendiendo por Latinoamérica, y no solo entre la gente de izquierda. Calificado de racista, clasista (¿Qué esperaban? Es arequipeño), intolerante, neoliberal, españolista y hasta mal escritor por sus detractores, quienes cada año aumentan el número del prestigioso club de los antivargasllosianos.

Pues bien, Mario tiene un don más allá de su oficio de escritor, y es el de agente publicitario de sí mismo. Él ha hecho, y nosotros más, por su fama de lo que ninguno de los autores del boom logró jamás: ser conocido más allá del mezquino mundo de esos tipos que creen saberlo todo, a los que Marco Aurelio Denegri llamaba con acierto: cultileídos.

Mario el apóstata

Que alguien se cambie de religión en la familia siempre es algo que resulta molesto e incómodo para el resto de familiares, más aún si te sales de la iglesia de los escritores comprometidos. Mario tuvo al gran pecado de pasarse de la izquierda, una especie de socialismo existencial que vivió en su juventud (participó en su juventud de la célula comunista Cahuide), a la nueva secta de los neoliberales. Su apostasía comenzó en los convulsos años setenta, una época en que dudar del profeta Marx y el dogma de la Revolución Universal, siendo escritor latinoamericano, merecía la excomunión de los premios, los viajes y las reseñas de los amigos. Entonces ¿Cómo sobrevivió?

De haber empezado a dudar viviendo en la Jerusalén revolucionaria que era Cuba, la inquisición del pensamiento único le abría costado más de alguna tortura reeducativa; pero felizmente para él, dudar del marxismo lo ejerció desde la seguridad de Europa. Empezó con críticas al caso de Padilla y terminó con la pérdida de más de un amigo.

Pelearse con la Iglesia de la Izquierda y el pensamiento unidimensional, era en ese entonces para un escritor un auténtico suicidio editorial. Era perder nominaciones a premios jugosos, agregadurías culturales en embajadas en Europa de gobiernos amigos, y para más INRI perder editores, presencia internacional y demás oportunidades.

Para suerte de Mario, Mario era un muy buen escritor, pero eso no basta en la breve historia del éxito. Mario tuvo suerte, tenía a una mujer que no era su mujer, sino su agente, la todopoderosa Carmen Balcells. Sin ella, Mario habría sido otro cadáver en la cuneta. De modo que con ayuda de Carmen pudo sortear el bloqueo cultural que cualquier otro escritor de su generación no hubiera sido capaz de sortear y sobrevivir.

Sin embargo, un prejuicio político, que se acentuaría con los años, estigmatizó su percepción por parte de un público “comprometido”.

Fotos: Muere Carmen Balcells | Cultura | EL PAÍS
Vargas Llosa y Carmen Balcells. Una amistad extraliteraria.

hombre, blanco y hetero patriarcal

Si en Latinoamérica hay una encarnación arquetípica del Hetero Patriarcado en el imaginario del circuito literario, sin duda ese es Mario Vargas Llosa.

Y bueno, cómo no serlo si hasta se metió con el lenguaje inclusivo.  Pero más allá de ello hay un detalle.

 Por encima de los feminismos, las mujeres jamás olvidan.

En un vídeo de la booktoker mexicana Nena Mounstro, que tiene la mejor cuenta en redes sobre chismes literarios que he encontrado, ella cuenta la archiconocida historia de la Tía Julia con Mario, la traición de Mario que cambia la tía por la prima de naricita respingada, para cincuenta años después, y sin roche, dejar a su esposa por la mamá de Enrique Iglesias (nótese cuan profundamente arraigadas han de ser mis taras heteropatriarcales que he reducido a estas tres mujeres ha su condición doméstica familiar de tía, prima y mamá de; en lugar de personalizarlas nombrándolas). Esto revela algo interesante, y es precisamente lo que queremos ver, es decir, dónde fijamos la atención.

Por encima de feminismos está y estará la sororidad. Las mujeres nunca perdonan una infidelidad, jamás la olvidan, va más allá de que sean de derechas o de izquierdas. Y en eso Mario se ganó al menos a la mitad del género humano en su contra, sea que se lo griten o se lo callen, pero ahí está esa animadversión.

Mario y la tía Julia.

Rancio, monárquico y antipatriota

Todavía se recuerda el encontronazo entre MVL y Octavio Paz en México cuando Mario, clásico en él, criticó con dureza al régimen del PRI, que llevaba más de medio siglo en el poder, llamándolo la dictadura perfecta. Obvio, Octavio se recontra picó, y se dió una de las discusiones más ricas y épicas de la literatura latinoamericana. ¿Por qué los escritores de ahora no tienen discusiones de ese vuelo? ¿Por qué las conversas de escritores deben siempre versar sobre sus libros? ¿En qué momento la literatura en LATINOAMÉRICA pasó de apasionante a aburrida?

Además de su sabida crítica a Cuba, Mario no ha hecho más que criticar, criticar y criticar gobiernos y hasta elecciones. Ha criticado a Chávez, nuestro Trump latino (está comparación no es para nada ideológica, sino más bien en torno a la actitud matonezca del populismo de Chávez y Trump), a Ortega, a los Kirchner, a Boric, incluso a Petro, quién es en estos momentos el más moderado de la izquierda contemporánea, y quién ni ha hecho (todavía) “méritos” para sus ataques. Y es que a veces Mario se pasa de ínfulas al pontificar sobre por quién deberíamos votar, como si todavía fuésemos menores de edad. Mario recuerda con esa actitud a los antiguos profes de colegio, que ya dan ganas de hasta hacer lo contrario solo por molestarlo (quizá es aquí donde encuentro mi propio inconsciente desencuentro hacia con Mario). No me sorprendería que mañana hasta diga por quién los cardenales deberían votar para elegir Papa en el próximo, esperemos lejano, cónclave. Ahora mismo inicia una cátedra en España sobre cómo votar  (esto no es broma).

La dictadura perfecta. El día que Octavio Paz y Vargas Llosa discutieron.

Cómo sea, además de las injerencias de Mario en la vida política de los países,  Mario también es detestado, en especial en Perú por encabezar un movimiento de derecha que abandonó a su suerte apenas perdió las elecciones, y para colmo se nacionalizó español.

Están también sus posturas monárquicas en España que ya recolectan nuevos antifans. Pero también, si somos justos, sus críticas han ido dirigidas a su vez a los regímenes populistas de la llamada extrema derecha europea como Orban en Hungría, o su crítica a la todavía candidata al Elíseo, Marine Le Pen.

Lo bueno de Mario. Sí, lo tiene.

Y es su escritura.

El filósofo y managment español, Manolo Alcázar distingue entre el cómo soy y el quién soy. El cómo somos es como nos desenvolvemos en el mundo, es lo que ven los demás, lo que perciben. Pero, el quién soy es algo muy distinto, es nuestro interior y nuestra persona más íntima, nuestras motivaciones, creencias, sentimientos, es decir nosotros mismos. A ese quién soy solo puede acceder uno mismo y Dios, nadie más. Pero en el arte, a quien el escritor Juan Manuel de Prada llamó “la religión del sentimiento”, solo en el arte, el auténtico arte se manifiesta quiénes somos de verdad. Y nadie podrá negar, por más que se esmera Mario por caernos mal, el acierto de la pluma de Vargas Llosa, no de todas sus novelas, sino de esas que son elementales en todo librero latinoamericano. Porque si ha habido un escritor con una obra comprometida con los problemas de nuestras naciones, por encima de compromisos ideológicos, esa ha sido la obra de Vargas Llosa, no García Márquez, ni Paz, ni Cortázar o Fuentes.

Nobel de Literatura | Mario Vargas Llosa: Se cumplen 10 años del  "inesperado" día en que ganó el Nobel | RPP Noticias
El día que Mario Vargas Llosa recibió el Premio Nobel de Literatura.

Leer La ciudad y los perros es leer las estructuras de poder que se reproducen en un grupo de estudiantes a través de la institucionalización de la violencia. Leer Conversación en La Catedral es leer las raíces de la corrupción que se expanden hasta deformar la imagen misma de la paternidad (¡Coño! Ni García Márquez o Cabrera Infante tuvieron los huevos de ese final, de ese desenmascaramiento de la figura de Bola de oro). Leer La guerra del fin del mundo es leer los desencuentros entre ese país real, religioso, pobre, conservador y desesperado frente a ese país oficial, moderno y progresista (muy parecidos son los progresismos del s. XIX a los del s. XXI, solo que las actuales cambiaron a Europa por Canadá y las ciudades cosmopolitas de la costa este de EE.UU.), y de ese desencuentro emerge la violencia y el fanatismo mesiánico del Estado moderno y sus políticas.

Y todas esa novelas fueron escritas con algo más allá de la intención. Son historias humanas, se sienten, y si se siente, eso, mi hipócrita lector, eso es Literatura.

Toda esa obra vale un Perú, y hasta una Costa Rica. Ahí está el mejor Mario, y ahí está también quien es él, aunque solo sea un vistazo de unos cuantos cientos de páginas.

Independientemente a las causas de porque lo detestamos (envidia, resentimiento y un largo etcétera), Mario es un idiota al que no podemos ignorar. Y seguramente él lo disfruta más de lo que esperaríamos. Porque como dijo Oscar Wilde: lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien… aunque sea bien.

Mario, tu para lo único para lo que sirves es para hacerte odiar. Y a veces, muy a veces, escribir.

Foto: Karen Dianne.

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Literatura

Poemas de Eldi Toro o un mar delicado de palabras

Rodolfo Ybarra escribe sobre la poesía de Eldi Toro.

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Eldi Toro es una poeta que no podemos perder de vista. Su palabra es un manantial de agua fresca, un río o un mar que crece, se recicla y nos moja las manos. Y por ratos es una red de pescador en la que uno queda atrapado muy a su gusto (el de ella y el nuestro). Quienes la conocen saben que todo es poesía a su alrededor, incluso su casa de techos altos en Lambayeque en la que la inspiración tranquilamente es respiración algo que sucede porque tiene que suceder. Pero, ojo, aquí nada es gratuito.

Eldi es también profesora universitaria egresada de la Maestría en Literatura Peruana e Hispanoamericana por la UNFV por lo que sabe perfectamente del oficio, las imágenes que nos guían a su sino, las lecturas que nos entregan diferentes remitencias y con las que juega como una niña sin perder la seriedad porque aquí todo está compuesto como en relojería: qué hacer entonces sino recalar como animales domésticos cansados.  

Quizás podríamos decir con Rosina Valcárcel (que le dedica el poema “Alquimia”): Hace un siglo te conocí entre sueños / Y vivimos el vértigo de la transparencia. Avanti. Avanti.

WORDS, WORDS, WORDS

                                                                  ¡Maldito sea todo! Todo nuestro Sur apesta a paz

                                                                                                                   Ezra Pound

Ni la lluvia hacia arriba

ni el mar hacia el río

no lo imposible / ni la ficción

         [dilución intangible del capricho]

ni siquiera los sueños en la brisa del verano

Sólo pedíamos lo preciso para creer y ver crecer 

        Alas & buen viento

Cobras lo que otorgas en redundancia

[elocuente es tu silencio frente al rumor que sube

a la súplica exigente en tropel por las calles]

Cuando la amenaza cunde

la hartura del miedo el hambre y el dolor

 se pintan cual Sextina de Pound

con el color del caos carmesí

La plegaria de ayer es sabor ido

¡Maldita sea tu indiferencia!

TARDE LUNAR

Saboreo los inadvertidos rubores

flores aromando nuestro jardín de olvidos

en la casa sueño de mio cuore

Tantos años iniciando lo que sigue de los tiempos

irisada compañía y risueños despertares

Sé que pronto vendrá la primavera sin abrojos

aunque tarde llegará rebosantes sus brazos

libre de antiguas prevenciones.

En tanto

no obstante la mirada ajena

              honda y desnuda

                   la palabra

              revela /Rebela

Pese a todo placentera

la tarde me musita ‘Ya está bien’ de llenar

con letras esta página que brota

              en antípoda al hastío y la molicie

              de un lunes caluroso

              que no acaba.

SOLITUD

                                                                           A mis soledades voy, de mis soledades vengo…

                                                                                                                 F. Lope de Vega

Acaso este pleno regocijo mío

[disfrute que Epicuro me insinúa]

lo creas / oh amado / tu adversario

tu ingenio yerra al suponerlo

Es complacencia cabal y me recobra

no existe mejor compañía que la propia

si son mis sentires los que albergo

Abrevo en diáfana fuente

soledad cercana que me nutre

Clausura quizás a otro desespere

mi ánimo modera hacia el retorno

al tráfago diario / al abismo

Mi índole en compañía tórnase difusa

en   toma & daca de sonrisa obligatoria

ahí se reduplican como las alianzas

convenidas / Pocas son sinceras  

El bullicio avanza confunde y paraliza

En mi defensa opongo resistencia

apelo serena a la memoria de mi celda.

DE[LETREANDO]

Por caer [y que te vean] bien     en pro de la Incólume Conexión

 asiéndote del recurso insólito /engarzas palabras sin son   y son   

avanzo subo

              subo como la espuma misma chela   que estás por tomar[me]  

[sin]vergüenza          oronda voy / pero cierta   voy   

la pierdes toda y te atreves a mostrar[te]      

las ojeras delatan un insomnio productivo

tres de la mañana garabateando sobre lo mismo en la misma hoja

Recatos aparte / te aseas y ello implica el rito

tomas color en la apariencia prolija del maquillaje / del [sa]verte linda   

 y sales / Oh sí /    sales

a que te vean todos

a que te oigan

a que te digan

              que IMPORTAS

              que estás allí ahora con Ellas & Ellos

                                            con[tigo] no                                                                                                            

a contar por la mañana cuántos deditos te pusieron anoche

  por la historia que inventaste que ocurrió

  por la tarde

cuando escribiste nuevamente / de lo mismo.

RITORNELO

Pudiéramos comenzar otra vez y transitar

 como si la amenaza oculta no lo fuera y caminar sin prisa

tal si lleváramos una aureola en equilibrio en nuestra testa

ignorantes del rumor siniestro a cada paso 

 Largas sombras nos rodean /aunque alguna

en la esquina no se esfuma tornándose diversa

pretende engañar cual prodigio al margen de la forma

 Luego del recorrido por las oscuras calles taciturnas

                                     o las del bullicio insomne

qué hacer entonces sino recalar como animales domésticos cansados   

al sitio de siempre por un plato de sopa o  al hueso pelado

que cual trampa se nos tiende

Fuera ambiciones de este mundo /   la infamia no nos cobra

 preferimos inmolarnos día a día

                         “Uno da todo para no tener nada.

                          Siempre para comenzar de nuevo.

                          Es el costo de la vida maravillosa”

Lo dijo César nuestro Moro.  

ELDI TORO. Lima. PERÚ.

 Docente universitaria, escritora y gestora cultural.

Últimas publicaciones: POESÍA: LUD&KA (2018), Ángeles Del Papel Editores; TRAVESÍA   MOCHE (2018) y LAMBAYEQUE EVOCADORA ESPACIO Y POESÍA Huella e Imagen de la Memoria (2021) libro multimedial, ambos en coautoría y edición de TetraLogos; PIELES QUE HABLAN antología (2021) Ediciones Voz de Orquídea, México.  Participante en diversas antologías y revistas de poesía de Perú y Latinoamérica. NARRATIVA: ÚLTIMA ESTACIÓN Narrativa Peruana Contemporánea (2020) Ángeles Del Papel Editores.

Conduce el programa de entrevistas En la Voz del Poeta, con Eldi Toro por la plataforma virtual Guíame Sur Cultura. Administra Literarios en la plataforma de Facebook.

Participante en diversos eventos literarios entre ellos.

ENCUENTRO NACIONAL DE POETAS UNA HABITACIÓN PROPIA 2018 Chiclayo, Perú; ENCUENTRO INTERNACIONAL DE ESCRITORAS LATINOAMERICANAS 2019 en la FELIZH, Huancayo, Perú; ENCUENTRO INTERNACIONAL DE ESCRITORAS TU VOZ EXISTE I y II 2019- 2020 Arequipa, Perú. ENCUENTRO NACIONAL E INTERNACIONAL DE MUJERES POETAS CERETÉ 2019, Cereté, Colombia. Primer y Segundo ENCUENTRO DE ESCRITORES INTERNACIONAL ECO-LITERARIO. LOS PÁJAROS ERRANTES 2020 y 2021, Chile.

WEB: Administradora de la página del Grupo Privado LITERARIOS            https://www.facebook.com/groups/129008397152483

 Administradora de la página de TetraLogos, Grupo Cultural Experimental

https://www.facebook.com/tetralogos/

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Cultura

Revolución Caliente de Rodolfo Ybarra: el aullido permanente

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Por Miguel Blásica

“El amor es una rata de desagüe”

                                                                                                              mirando la explosión…pág. 522

Resulta interesante observar la forma que puede tomar la novela contemporánea cuya propuesta narrativa de partida logra afianzar una temática inicial, pero que luego ve superada con creces la predeterminación inicial de su autor. La complejidad en la articulación de sucesos que rodean una determinada realidad que toma a la megapolis como telón de fondo, se apodera del timón de la trama con la fuerza de un oleaje que desarma el rumbo previsto de la nave, y se traga de un bocado las probables expectativas de los acontecimientos previstos.

Es así que el vértigo del caleidoscopio en el que se convierte una realidad como la peruana en los últimos treinta años, precipita al autor a un archipiélago, a islas en emergencia de conexión, a una miscelánea obligada, tal vez porque comprende, reconociendo en la conclusión de la travesía, que el anhelo de capturar el pathos de un momento y lugar histórico termina devorando a sus personajes, conduciendo la pluma hacia un torrente de apuntes, reflexiones poéticas y cuestionantes filosóficas desde las entrañas de sus criaturas cuyos dramas vivenciales  se han desmenuzado ante la fantástica y lisérgica brutalidad de lo real.

Considero que Rodolfo Ybarra ha trazado ese recorrido en la novela “Revolución Caliente” (Grupo Editorial Arteidea. Lima. 2020) y ha sido una ardua tarea recuperar una serie de hechos que han zarandeado este país, pensarlas y cuestionarlas desde la acidez y desparpajo que es el sello característico del autor en sus escritos, hechos y situaciones en el Perú en el lapso del tiempo mencionado y que han transformado violentamente su faz, paradójicamente, para que nada cambie.

La realidad peruana, ese “corral de chanchos” a la que alude continuamente Ybarra, resulta solo un esperpéntico telón de fondo que captura lo esencial: el costurón de la piel vuelta cicatriz, los muñones sangrantes luego de la guerra permanente, la supervivencia al lado del deseo de encontrar algo por el que valga la pena morir entre rumas de desperdicios. Revolución Caliente nos habla del idealismo, pero también de un profundo desencanto, la frustración y la rabia, una rabia clavada a fuego ante una trasformación social justa, ante un proyecto de país que nunca llegó y que adquirió una visión reiteradamente liminal, contrahecha, cíclica y funesta.

 La propuesta del autor apunta a una relevancia mayor, superando una mera atmósfera gore presente en anteriores trabajos. Se atreve a abordar una especie de suma novela que integre lo que ha sido la experiencia dolorosa y vívida de la sociedad peruana. Considero que la novela es una obra patética, no uso aquí el término en sentido peyorativo sino en cuanto al humor sardónico e incluso cruento.

 La obra entronca en el estado de ánimo de una generación desde los heroísmos personales de sus personajes frente al arrasamiento y la aniquilación de la esperanza que instala en Lima una cultura permanente de atrofia e inercia, resignación y parodia, estupidez y abulia, tan sólo nos queda el vuelo de faetón que termina hecho añicos en el cruce de las avenidas Wilson y La Colmena en la búsqueda del último trago en la decadencia de una larga noche.

En el primer bloque de la novela Ybarra es firme en el trazado argumental, en un primer momento, al presentarnos al grupo anarquista La Alcantarilla integrada por un grupo de iconoclastas y marginales que han hecho de su colectivo una suerte de collera subte, un grupo de exiliados que posteriormente y como correlato a sus ideas y en asunción de una praxis política que materialice sus ansias de un mundo diferente, se pliegan a Anarquímedes, una suerte de gurú o líder mesiánico (cuya figura es imposible de desligar de Abimael Guzmán Reynoso) y cuyo carácter de primacía de pensamiento generará una decidida adhesión militante a pesar de que forma parte de la facción que se presenta como tercera opción, distante y con propósitos propios que guardan similitud y que en algunos aspectos, desde su anarquismo militante, se desligan de la intolerancia ideológica de los rojos y los negros, clara alusión al PCP Sendero Luminoso y al MRTA respectivamente.

En ese sentido Ybarra parte de un soporte narrativo fijo, bajo el cual constituirá hechos que pueden ser complementarios al entronque principal presente en el colectivo que agrupa a sus personajes; pero luego, son los hechos periféricos, deshilvanados, poéticos, presentes en las reseñas personales, vivenciales, y de angustia de los personajes, las características del entorno violento y distópico, los que toman las riendas de la narración; allí están presentes las drogas para volver dócil a la violencia, el desenfreno copulatorio frente a la pesadilla de la hipocresía y el cretinismo social, cuadros de miseria y tugurización, denigración y desamparo.

A ello se opone la organización, el ideario y las acciones terroristas como única salida posible de cambio desde una verticalidad de pensamiento y obra como pasos necesarios, una salida que implica convertirse en kamikazes intentando llevarse a la tumba a la mayor cantidad de gente posible, las recetas para preparar explosivos como quien prepara galletas. Vemos así que la miscelánea se apodera de la narración en una especie de curso natural y terminan devorando las expectativas en los hechos de algunos personajes, por ejemplo, no llegamos a saber qué sucede con la acción suicida que el Partido Anarquista le encarga a La Caballo en relación a seducir a “Mantequilla” (fascistoide y depravado personaje, evidente alter ego de Agustín Mantilla, uno de los criminales apristas de la masacre de El Frontón. Capítulo 97. Capítulo: Una misión para BB “La Caballo”. Pg. 273).

En su enfoque del contexto de un período que, como señalé, abarca los últimos 30 años, la novela apela a la ucronía, deforma intencionalmente una realidad de por si monstruosa, aberrante y paroxística, apelando también a la sátira desencantada, corrosiva y amarga. Ybarra sabe bien que no hay salida y creo que ello predeterminará la inconclusión de su propuesta en la trama que se plantea, por ello, en su proyecto de novela histórica, le resulta necesaria una vasta documentación variada que acompañe y de sustento al desequibrio de la realidad enfocada en la narración. Le ayuda también su reconocimiento de la factura periodística.

RC es una novela generacional donde la generación X se ve representada no sólo en cuanto a la vivencia y el sentido creativo, a la expectativa y la sensibilidad que a su vez dirigía la esperanza en la juventud de los protagonistas, sino también enmarca su relación con el sentimiento de una generación que creció entre el rocanrol, las drogas, la poesía y la solidaridad como una flor flotando entre la descomunal inmundicia acuosa de la realidad, el amor del Resinoso (alter ego de Ybarra) por Monick, la musa que le da a la novela ese sentido de amor escondido entre las entrañas, la rabia y la furia a flor de piel. El autor ensaya aquí esa vena poética que ha desplegado en otras creaciones, ello matiza el panorama siniestro que no amaina y que resulta en el transcurso de sus páginas un ritmo trepidante y luctuoso que el autor desnuda sin tapujos.

La novela de Ybarra es el probable grito de la clasemediera Generación X a la cual también pertenezco. Un aullido dirigido hacia los adentros, una generación silenciosa en la imposibilidad de una gesta mayor, golpeada y casi en la lona, pero a su vez rica y creativa en manifestaciones que al paso de los años empiezan a ser reconocidas. La novela nos acerca sin cortapisas y con absoluta sinceridad a mirar ese abismo que nos circunda, que nos respira en la cara. Un abismo de horror que increpa nuestro paso convertido en el taedium vitae generacional, en una cotidianeidad convertida en pátina y que ha visto hasta el hartazgo como cambiaron las cosas para que en el fondo todo siga igual.

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Cultura

El último duelo de María Emilia Cornejo

Pasajes poco conocidos de la vida de la poeta peruana María Emilia Cornejo: su embarazo, su hermana gemela y su estadía entre el jirón Trujillo y Caja de Agua de San Juan de Lurigancho.

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María Emilia Cornejo. (Foto: Río Hablador)

Por: Hélard Fuentes Pastor

El último duelo de María Emilia Cornejo fue largo y espinoso como los fantasmas que ocuparon su habitación. Aquellos días de agosto, apenas un brillo tenue en sus ojos almendrados, dejaba notar la tristeza de una mujer tímida y silenciosa que caminaba por jirón Trujillo, donde quiso establecer su hogar, pero enfrentó una ruptura amorosa y un aborto a los tres meses de embarazo, sepultando su deseo de maternidad, incluso de vivir. En su peor momento, meditabunda y temblorosa, con una receta médica en sus manos, recorrió varias boticas y compró los somníferos que pondrían fin a su tragedia. Volvió a la casa y cuando cayó la tarde, recibió la visita del dirigente barrial Emilio Horna. Tomaron unos vasos de ron y al rato su amigo se marchó. Durante la noche, continuó bebiendo y combinó el alcohol con una sobredosis de tranquilizantes, sola y agonizante, al sentirse mal pidió auxilio.

Oswaldo, aún su esposo, acudió a su llamado e intentó socorrerla. Al notar que no reaccionaba, la trasladó a casa de sus padres (Susana Reisz, 2021). Amador y Aida, conmocionados al ver a su hija postrada, la llevaron de inmediato al Hospital Central del Seguro Social del Empleado (hoy Eduardo Rebagliati) para intentar reanimarla; no obstante, la muerte se anticipó con un edema pulmonar agudo. El reloj se detuvo un cuarto para las 2:00 de la tarde, un 4 de septiembre de 1972, tal y como se anota en el informe policial del comisario Alfredo Cárdenas Gambini (Jesús María, Lima, 18/09/1972), que semanas después permitió inscribir la partida de defunción No. 235 del 26 de dicho mes.

Acta de difunción.

La muchacha inquieta y apasionada que terqueaba con el machismo y la pacatería de la época, ya no se escondería tras la sonrisa complaciente de una adolescente aprendiendo del desamor. A sus 23 años, la asidua lectora de Simone de Beauvoir, trascendió a su propia historia y a los versos que escribió en las aulas sanmarquinas de Literatura para convertirse en un mito o paradigma de las letras peruanas. Pedro Casusol (2020), afirma que la ‘leyenda’ de María Emilia Cornejo, se debe en gran medida a la intermediación del poeta-editor Isaac Rupay que en su revista «Eros» de 1973, publicó los tres poemas de la autora limeña bajo el seudónimo de María Márquez: Como tú lo estableciste, Soy la muchacha mala de la historia y Tímida y avergonzada. Ese mismo año, su mención en la antología de Alberto Escobar, le otorgó un meritorio lugar en la producción nacional.

Hasta el matrimonio, María Emilia era una jovencita de izquierda bastante entusiasta que, junto a su hermana, Ana María, se entretenía leyendo a diferentes autores. A ambas, no solo las unía una fecha: 15 de agosto de 1949; también la complicidad de dos hermanas que abrieron los ojos a la misma hora, 6:45 de la tarde, en la casa No. 152 del jirón San Martín de Pueblo Libre. Entonces, su padre, Amador Cornejo Valdivia (n. 07/03/1919), natural de Tacna, frisaba los 30 años de edad, y su madre, Aida Calderón Gastón (n. 1924), natural de Lima, los 25 años, ellos ya tenían una hija, Mercedes Sofía, nacida el 23 de septiembre de 1945. No se equivoca Casusol, al señalar que la familia debió establecerse en la «cuadra quince de la avenida Bolívar», donde afirma que vivió la mayor parte de su vida; asunto que demostramos documentalmente con el registro civil.

Las hermanas gemelas Cornejo.

Desde pequeña, la poeta estuvo vinculada a la labor social de la iglesia que desarrollaban actividades comunitarias en Comas, antecedente de su incorporación a la Unión de Estudiantes Católicos (UNEC). Sucedió en el momento preciso pues sus contemporáneos estaban imbuidos en la teología de la liberación. En dichas circunstancias, aquel hermoso rostro mestizo y esas delicadas cejas angulosas, llamaron la atención del chalaco, Oswaldo Jorge Márquez Portal (n. 26/05/1945), su futuro esposo. Ese romance debió ser tan apasionado que el 14 de enero de 1971, contrajeron matrimonio. Él tenía 25 y ella 21 años. Él vivía en la avenida Conquistadores No. 470 en San Isidro y ella en Bolívar No. 36 de Pueblo Libre. Ambos, estudiantes, en la Universidad Nacional de Ingeniería y de San Marcos, respectivamente. Aunque muchos afirman que María Emilia se casó bastante joven, en aquella época, no muy distante a esta, tales uniones fueron comunes y jugaba un rol fundamental la fe católica. Vale señalar que la unión se realizó en la UNEC, teniendo como padrinos a dos amigos cercanos a la pareja: Luis Chasseloup y Cruz Estrella Mendoza. Luego se mudaron a Caja de Agua en San Juan de Lurigancho, donde llegaron varios «unecos». Allí compartió con personajes como Susana Villarán o Alberto Rutté, precisamente –sostiene Pedro Casusol– Rutté alquiló a la pareja un espacio en jirón Trujillo.

Desconocemos los conflictos por los que pasó la pareja provocando su separación. Lo cierto es que aquel distanciamiento marcó a María Emilia, dejándose a la bohemia con la cual intentó resolver su ausencia. No solo se trataba del distanciamiento de su marido y la pérdida de su futuro hijo, además el vacío que habían dejado sus amistades, los más cercanos se mudaron y otros estaban sumergidos en sus propios problemas, tal y como desprendemos de la investigación de Casusol.  

María Emilia Cornejo acompañado de otros escritores.

Según comenta Susana Reisz (2021), Oswaldo nunca quiso hablar de ella y «extrañamente, también él terminó suicidándose muchos años después, pese a que se había vuelto a casar y a que había tenido un hijo». No tengo medios probatorios de que «Coco» –por su segundo nombre– se haya quitado la vida, incluso personalmente, descreo de esa afirmación; eso sí, luego de enviudar, volvió a contraer matrimonio, un 3 de noviembre de 1976, y tuvo un hijo en mayo del año siguiente. El enlace nupcial se produjo en el distrito de Chaclacayo y ambos ya vivían en la calle Los Robles No. 682. Oswaldo tenía 31 e Isabel 24 años. Asimismo, él logró cierta independencia como comerciante, a diferencia de su padre, Ismael Márquez, que siempre fue empleado en una entidad, y su madre, Petronila Portal, dedicada a las labores domésticas en el contexto de modo de vida arraigado durante el siglo XX.  

Acta de nacimiento de María Emilia Cornejo.

La década de los 70 tiene una connotación especial en la poesía peruana. Sobrevino una reactualización de los paradigmas literarios femeninos y María Emilia Cornejo, sin proponérselo, pasó a la historia como una leyenda sostenida en tres pilares, dos de ellos de carácter biográfico: 1. La vida íntima de la autora; 2. Su vinculación con escritores de la trascendencia de Charo Arroyo, Enrique Verástegui, Hildebrando Pérez o Rosina Valcárcel, entre otros; y 3. La naturaleza de sus poemas y las polémicas que ha desatado «Soy la muchacha mala de la historia», cuando se especuló que los versos no fueron escritos por ella, asunto aclarado por el escritor José Rosas Ribeyro, quien menciona que junto a Elqui Burgos, hicieron un trabajo de «edición y montaje» después de la muerte de María Emilia a pedido de Hildebrando Pérez, es decir, los versos son de ella, sin embargo, «la arquitectura de esos 3 poemas» serían fruto del trabajo de Rosas y Burgos, que finalmente se publicaron en la revista de Rupay, quien recibió aquellas páginas mecanografiadas con la expectativa de encontrar una voz auténtica y perenne. Así sucedió. Su producción, aunque breve, siempre será recordada y aludida.

La muchacha mala de la historia

soy
la muchacha mala de la historia
la que fornicó con tres hombres
y le sacó cuernos a su marido.
soy la mujer
que lo engañó cotidianamente
por un miserable plato de lentejas,
la que le quitó lentamente su ropaje de bondad
hasta convertirlo en una piedra
negra y estéril,
soy la mujer que lo castró
con infinitos gestos de ternura
y gemidos falsos en la cama.
soy
la muchacha mala de la historia.

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Cultura

Escritor José Luis Mejía publica su poemario “50/50” desde Singapur

La presentación se realizará a través del fanpage del autor, quien estará acompañado del periodista y escritor Ricardo Ayllón.

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El martes 21 de junio a las 8:00 p.m. El escritor peruano José Luis Mejía, presentará su más reciente poemario, 50/50. El autor se conectará con sus lectores desde Singapur, donde reside desde el 2013.



50/50 es una recopilación de sonetos, 50 publicados en redes sociales a lo largo de las últimas dos décadas y los otros 50 inéditos. En el año 2004, Mejía publicó su primer libro de sonetos (Solo Sonetos Solos, Santiago, Grupo Fuego de la Poesía) con el prólogo del poeta y académico chileno Juan Antonio Massone, quien afirmó: “José Luis Mejía (Lima, 1969) sostiene públicamente, a despecho de modas y de vanguardismos, a menudo tan numerosos como transitorios, una constancia de pertenencia y de cierta osadía en el cultivo de la métrica…”.

Si bien 50/50 no observa una línea temática específica, resulta claro al leerlo que en esos sonetos Mejía hace un recorrido introspectivo y existencial que coincide con su propia experiencia viajera a lo largo de este siglo, que lo ha llevado a vivir en ciudades tan peculiares y cosmopolitas como Miami, Ciudad de México, Yakarta y Singapur. En sus versos, Mejía nos conduce por los rumbos de sus pensamientos y de sus emociones, desde los poemas nostálgicos y familiares hasta los que nos hablan de esas distancias —tan distintas— como lo son la geografía y la muerte, pasando por las prácticas cotidianas, las preguntas irresolubles y las muchas formas del amor. La risa tampoco es ajena al texto y varios de los sonetos muestran su desenfadada visión del mundo.

El trabajo realizado por el poeta, narrador y cronista, es de acceso libre para todas las personas a través del siguiente enlace: https://bit.ly/09poeJL y también podrán acceder a él a través de las redes sociales del escritor. El propósito de Mejía es que más personas, tanto jóvenes como adultos, puedan acercarse a la poesía clásica, a su belleza y a la compañía, leal y solidaria, cercana e intensa, de este género literario.

La presentación oficial de 50/50 se realizará a través del fanpage de la red social Facebook de José Luis Mejía, quien estará acompañado por el periodista y escritor Ricardo Ayllón. Ambos conversarán acerca de la importancia de fomentar este género desde una temprana edad.

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Cultura

Nueva convocatoria para un desprestigiado “Premio Nacional de Literatura” en medio de la corrupción

Un premio que año a año pierde prestigio en medio de una gestión de un ministro que blinda a funcionarios denunciados por corrupción.

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Libros, escritores y escritoras nunca pasarán de moda; historias, relatos y hechos increíbles brotan como ríos de imaginación, y eso, afortunadamente, nunca acabará. De la misma forma parece que nunca acabará la argolla en el Ministerio de Cultura, una argolla enquistada y que año a año convive con la corrupción.

Ha pasado un mes desde que el ministro Alejandro Salas concedió una entrevista a Lima Gris, treinta días después vemos que todo sigue igual en el Ministerio de Cultura, con la diferencia de que ahora es más evidente que el ministro Salas realiza un blindaje a los funcionarios denunciados por corrupción y que hasta el día de hoy siguen trabajando.

¿Se puede confiar así en un Premio Nacional de Literatura a cargo del MINCUL? Por supuesto que no. Por más formalismos que realicen y aunque publiquen la Resolución Viceministerial N° 000132-2022-VMPCIC/MC, el ministro Alejandro Salas debe entender que los escritores no confían en su cartera ni en su gestión. Mucho menos si recordamos que el ministro Salas fue abogado del investigado Martín Vizcarra y actualmente es defensor del presidente Pedro Castillo, quien ha sido sindicado como cabeza de una presunta organización criminal.

Para decirlo en palabras más simples, el Premio Nacional de Literatura, este año, apesta. El hedor de la corrupción del actual gobierno ya es insostenible. Pero aún así utilizan como instrumento al MINCUL para meter el verso y decirnos que estimulan la creación literaria y la producción editorial de nuestro país. Lo que el ministro Alejandro Salas en realidad estimula, es el blindaje a la corrupción. Se le advirtió en su momento con nombres y apellidos, pero jamás movió un dedo para cambiar la triste realidad que vive el MINCUL desde su creación.

No cabe duda que, este año, en este desprestigiado premio solo participarán escritores que con su silencio cómplice avalarán la asquerosa corrupción que brota día tras día en nuestro país. Un premio que carece del mínimo peso que, en otros países, posee un Premio Nacional de Literatura. El del Perú es simplemente un chiste.

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