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Cultura

“Historias al ritmo de Chacalón”, de Fernando Carrasco Núñez

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Hace muchos años, en la década de los ‘80s, por esas cuestiones del azar, caí en la Carpa Grau.  Fue la primera vez que escuché en vivo a Chacalón y la Nueva Crema. Salíamos de un concierto subte por el centro de Lima y rebuscábamos Pisco Vargas o Conde de los Andes o Camino al Cielo.  Éramos un grupo de subterráneos de 18 años caminando por las callejuelas adyacentes a la avenida Iquitos y a ese edificio infame conocido como Palacio de Justicia, noticiados de la venta de estos licores espirituosos en fondas de temida reputación.

Entre empujones, burlas y miradas que pasaban del asombro al achoramiento y del reto al desprecio, los que en aquella época conocíamos como chicheros, observaban nuestras ropas negras, los chancabuques de milico, los pelos parados o muy largos, los rostros desconcertados de muchachos mestizos como ellos, pero cuyos padres tal vez llegaron antes a esta Ciudad de los Culpables que no considerábamos nuestra. Así nos zampamos a la Carpa por unas rendijas, sobornando con media res a un cholo trejo que oficiaba de guachimán. Recuerdo claramente que Chacalón cantaba El Provinciano y cientos o miles o millones de circunstantes, para el caso da lo mismo, se agitaban dando pasitos que mezclaban el rock setentero con la salsa y las notas tristes del huayno serrano.  Hombres y mujeres vestidos con ropas multicolores bebían cerveza por hectolitros y coreaban con hondo sentimiento, soy muchacho provinciano me levanto muy temprano, para ir con mis hermanos, a trabajar, no tengo padre ni madre, ni perro que a mí me ladre, sólo tengo la esperanza, de progresar, busco una nueva vida en esta ciudad…

Recuerdo que el Chato Jorge (tránsfuga de la Universidad de Lima refugiado en la Agraria), subte de Lince y fanático de Echo and the Bunnymen, Siouxsie y Gabinete Caligari, groupie de los aurorales Voz Propia y pata de la gente de Eutanasia, me miró y me dijo, oe Troglo, estos si son subterráneos, huevón… no esos anarco-fumones, borrachos y vagos mantenidos de la Helden o de la Jato Hardcore, esta gente chambea, huevón y sufre de verdad, huevas, este es el verdadero Perú.  Mira, mira, causa, mira ese pogo, dijo señalando a la masa ondulante y ebria: panaderos, mecánicos automotrices, empleadas del hogar, ambulantes, obreros metal-mecánicos, carpinteros, jornaleros, campesinos sub-proletarizados llorando con la estremecedora guitarra del maestro Carballo y la peculiar voz de Chacalón y entonces, sin darnos cuenta, ya nos encontrábamos cantando Qué dolor siente mi corazón…

Papá Chacalón.

Desde ese entonces empecé a escuchar las canciones de Chacalón. Mi barrio de origen era un barrio que se ufanaba de salsero y rockero, en el mejor de los casos, paisanos “decentones” devotos del huayno clásico del Jilguero del Huascarán, Pastorita Huaracina o Picaflor de los Andes, pero nunca propensos a esa “horrible música de serranos achorados” que era como calificaban a la música chicha la mayoría de universitarios e incluso los radicales que habían tomado las armas, quienes repetían cual catecismo: el que habla de razas es racista, el que habla de clases es clasista.

Pocos años después coincidiríamos con Cachuca en los estudios de Filderes en Ingeniería, cuando aún se formaban las canciones iniciales de Los Mojarras y Semilla Nociva pergeñaba las primeras notas de El Poema Anarquista y País Racista.  Para entonces, la realidad del país era otra, pero la música chicha seguía permaneciendo al margen. A pesar de sesudos tratados sobre el tema, a despecho de los intelectuales izquierdosos y de los esnobs que adoptaban la chicharra como emblema, cualquier estilo chichero (luego le dirían cumbiambero para asimilarla a los medios), seguía estando al margen de la ley de los bienpensantes criollos-blancoides, quienes en su temor cerval al indio levantisco asociaban la guitarra rockera-huaynera matizada con raptos de salsa, con el delincuente asaltabancos y el cholo altivo que no cree en nada ni en nadie, ni siquiera en el dios de los cristianos. 

Testimonio esto porque he leído varios comentarios, seguramente bien intencionados, respecto a “Historias al ritmo de Chacalón”,  magistral libro de cuentos de Fernando Carrasco Núñez.  Y un lugar común a estas reseñas es aquél que reza que el libro narra la historia de la Lima marginal, chichera y lumpen. Palabras más, palabras menos, este es el lugar que se está haciendo común para aquilatar la obra de Carrasco.  Craso error de quienes solo ven la epidermis de una obra que auguro será mayor con el tiempo, la madurez y los cojones bien puestos del autor.

Fue Marx quien categorizó a ese segmento de las clases sociales conocido por no dedicarse a actividades productivas, si no a acciones al margen de las leyes del Estado, con el término lumpen-proletariado (lumpen en alemán vendría a ser andrajoso), una subclase inferior incluso a la del proletariado, carente de conciencia de clase y como pretendían ciertos sectores, el perfecto colchón o punto de apoyo de la burguesía para sus fines particulares. 

Una definición más precisa la brinda el propio Marx en el capítulo V (escrito en 1852) de “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte”: “Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y un general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a roués arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda esa masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de diciembre (…)”.

Pues bien, “Historias al ritmo de Chacalón” (SINCO Editores, 2020) de Fernando Carrasco Núñez (Lima, 1976), contiene algunas historias con personajes y argumentos propios de esa capa social tan temida por los criollos inservibles que se alucinan europeos, pero en conjunto el libro no es un fresco exclusivo de esa Lima lumpenesca, temida hasta la pichi por la izquierda almagrista y la derecha pizarrista, de esa Lima achorada compendio de los hijos del Perú Real, del Perú profundo, ese que le paró los machos al invasor chileno, al reptil Fujimori, al asesino AGP, al traidor Humala y a todos los Regentes que vienen gobernando nuestro país en contra de la voluntad popular manipulada en elecciones farsescas cada cinco años.  Esa Lima que muchos denuestan como lumpen (lo más cercano al lumpen-proletariado serían ahora los mototaxistas reguetoneros o la escoria caribe con estatus de refugiados políticos), esa no es la Lima que he podido percibir en el libro de Carrasco.

Veamos por qué digo todo esto y por qué resulta injusto ese reduccionismo facilista de etiquetar la narrativa de Fernando Carrasco, en particular la desplegada en este libro, como una oda al lumpen nacional, como la narrativa de la marginalidad. 

En primer lugar, los cuentos cumplen con el que tal vez deba ser el único requisito a exigir a cualquier creador: las historias están muy bien contadas, los cuentos son redondos y te mantienen en vilo, te conmueven, te asquean, te deleitan o simplemente te arrancan una sonrisa o una lágrima: este libro, amigos, se lee de un tirón.  No es pretensioso, ni artificiosamente almibarado, no desbarra en rosquetadas experimentales tan queridas por post-modernos de izquierda y derecha.  Desde lo más profundo del tuétano andino barrial, Carrasco chapa su chela, apela al recuerdo, usa su talento, conjura la nostalgia, afila la chaveta y empieza la fiesta de contar una buena historia, deleitando al circunstante, tal como lo hacía cuando entonaba boleros en el fenecido Bar de Ciro.

En segundo lugar, la verdadera narrativa del lumpen peruano, la auténtica narrativa de los marginales es, a mi entender, la narrativa de esos mamertos que se solazan contando historias onanistas de Mirafloresmanta, Sanborjayocc y La Molinamarca,  infradotados que alucinan ser ciudadanos del mundo,  hijos de milicos genocidas, sobrinos de congresistas rateros, entenados de altos burócratas ministeriales, hermanos de políticos de todos los pelajes, gaintelectuales incapaces de conmoverse con el llanto de un niño, marihuaneros sin horizonte, hijos de meretrices de la política lorcha, entenados de empresarios explotadores, escritorzuelos felatrices de Españistán y come-niños disfrazados de periodistas, es decir, el verdadero lumpen que apesta nuestra Patria, todos esos marginales al Perú hirviente de los barrios de un país con más de 32 millones de habitantes, mutantes de una realidad dolorosa, injusta y pletórica de historias que nada tendrían que envidiar al neorrealismo italiano o la narrativa de los jóvenes airados que tan bien contó el británico Alan Sillitoe en La Soledad del Corredor de Fondo, a mi parecer, el texto más inmediato al libro de Fernando Carrasco, vecino de Nocheto, El Agustino.

Cuando Chcalón canta, los cerros bajan.

Y como dicen que para muestra un botón, y como un solo botón sería mezquino, comentaré 3 cuentos redonditos, en donde relumbra la verdadera temática del libro: el racismo y la exclusión, la guerra de clases y la descomposición de una sociedad asentada en cimientos de papel, la habilidad y la honradez de un pueblo que sufre y trabaja sin descanso y sin temor a la muerte.

1. Carehuaco

2. El retorno de Carmela

3. Tú serás la causa de mi muerte.   

Carehuaco

Subtitulado “Llanto de un niño”, como la inolvidable canción de Chacalón, cuenta la historia de un niño que a la tierna edad de 8 años es rebautizado como Carehuaco, apelativo infame que en el Perú puede condenarte al acomplejamiento, al ostracismo y al fracaso.  El pequeño, cuyo nombre no se menciona, es oriundo del puerto de pescadores de Pimentel, en el norte peruano.  Hijo y nieto de pescadores, Carehuaco es el vivo retrato de su padre y es, además, el vivo retrato de los pescadores artesanales peruanos, esos hombres que se hacen a la mar en una chalana en busca del sustento cada madrugada, sin derechos laborales de ningún tipo, condenados por la gran industria pesquera y la contaminación a alejarse cada vez más mar adentro por cada vez menos pescado. El padre de Carehuaco es tragado una madrugada por la mar junto a tres compañeros y los cadáveres nunca aparecen. Aquí comienza la vida del niño norteño en la Ciudad de los Culpables: su madre, imposibilitada de hacerse cargo de 3 niños, decide enviarlo a Lima con sus tíos, mientras ella se queda en Pimentel (Chiclayo), trabajando para mantener a los 2 más pequeños, que ni siquiera pudieron conocer al padre.  Narrado en primera persona por el propio protagonista, quien lleva de la mano al maestro/escritor a través de la historia, este es sin duda alguna el relato más conmovedor del libro.  El personaje principal es un niño que a los 14 años recuerda cómo nació el apodo Carehuaco y cuenta sin complejos ni resentimiento las circunstancias en que surge el apelativo, atizado por la sabiduría y la discreción del maestro/escritor, alumbrados por un juguito de fresa con leche y varios cafés humeantes.   

El desenlace, magistral a mi modo de ver, ocurre cuando la maestra María Chumpitaz Arias lleva una mañana un libro de láminas para ilustrar la clase acerca de la Cultura Mochica.  Después de describir detalladamente los logros de esta gran cultura de la costa norte (arquitectura, hidráulica, la cultura militar y marinera, la orfebrería), la profesora saca de su cartera el libro bellamente ilustrado.  Va mostrando a los niños las imágenes de collares, orejeras, utensilios de oro, máscaras, hasta que aparecen las obras de alfarería: los famosos huaco-retrato.  En ese instante un palomilla grita, ¡Yarlequé, allí está tu cacharro!, y el salón revienta de risa.  Pero Carehuaco permanece impasible, maravillado, observando el huaco-retrato que le resulta tan familiar, que le trae a la memoria el rostro de su padre, el inconfundible rostro de su padre. De un momento a otro, sus ojos se inundan en lágrimas ante el recuerdo: “dirigente de los pescadores de Pimentel, aguerrido, sabio y fuerte como un algarrobo”.  Así era su padre.

La profesora lo abraza y lo saca del salón. Lo reconforta, lo instruye con sabiduría, le insufla amor propio, identidad y autoestima: “me dijo que yo siempre debería vivir orgulloso de mi padre, y, sobre todo, de haber heredado la inteligencia y la belleza de los antiguos moches”. 

Como es natural en Carrasco, este hermoso cuento tiene una banda sonora de amplio espectro.  Desde los gustos musicales de Yarlequé padre (La Paz y la Dicha y Llanto de un niño, de Chacalón y la Nueva Crema, valses, marineras y tonderos, entre los que menciona La Perla del Chira) hasta las canciones que la madre cantaba mientras cocinaba (Nueva Ola, baladas de Juan Gabriel) y los valses de Los Embajadores Criollos que entonaba su padre los domingos, las canciones fluyen como aguas trinas alumbrando escenarios y reforzando episodios.

Otro aspecto a destacar del cuento es la presencia inmanente del maestro/escritor y su bonita agenda de cuero verde. Más allá del fetiche, la presencia del Profe y su elegante agenda de cuero anuncian que el alter ego de Carrasco ya le echó el ojo a una buena historia. Lo demás es trabajo del artista. Carrasco no es un escritor profesional y dudo que quiera serlo.  Carrasco, lo sabemos, es Licenciado en Educación por la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle “La Cantuta” y se gana los frijoles como profesor y la literatura, barrunto, la considera como un oficio con el cual interpretar el caos y el desorden de este mundo, que si le permite ganarse unos cobres, bienvenido sea, pero la dimensión psicológica y el despliegue intelectual, la ética y la estética de este volumen de cuentos me impiden pensar que, por lo menos ahora, Carrasco acomode las nalgas para  escribir-corregir–quemar sus naves literarias sólo por la ilusión de agenciarse unos cuantos morlacos.

Un cuento como Carehuaco en épocas de globoidiotización  y cosmopolitismo epidérmico, objetivo de las nuevas izquierdas y las derechas decrépitas, podría parecer a los paladares “finos” un alegato cuasi provinciano.  Pero  no debemos olvidar que se puede ser universal desde lo local, sin haber salido nunca incluso de tu propia manzana, porque como respondió Arguedas a Cortázar, “todos somos provincianos en este mundo, provincianos de las naciones y provincianos de lo supranacional”.

El retorno de Carmela

Carmela, muchacha ancashina, vive en Nocheto (Santa Anita) en un cuartito alquilado.  Oriunda de un caserío de Yungay es enfermera técnica y trabaja en una clínica de Lima.  Cada semana, los viernes por la noche, Carmela aborda un ómnibus interprovincial y enrumba hacia su natal Yungay, tras recorrer cerca de 500 kilómetros remontando la Cordillera de los Andes. Después de la obligatoria visita a la familia, la joven corre desesperada a los brazos de su amante secreta: el Hada Verde.

La técnica que usa Carrasco para narrar la historia demuestra que abundan en su taller literario las herramientas precisas para hilvanar fino.  Por un lado, el punto de vista omnisciente de una tercera persona cuenta a Carmela en remisión apelando al recuerdo para exorcizar las causas que la empujaron al vicio del alcoholismo. Por otro, es la propia Carmela quien detalla su historia a su apreciado profesor del taller de literatura.

Esta técnica usada por Carrasco resulta funcional para el difícil tema del alcoholismo femenino.  Carrasco deja fluir la historia en labios de Carmela, desde que siendo una adolescente se refugia en el licor para librarse del miedo y de la presencia lacerante de un agresor sexual (un familiar cercano venido desde Lima) que intenta someter a una pre-púber Carmela, casi con el consentimiento de su propia familia: Carmela debe enfrentar en soledad este episodio violatorio y el alcohol se convierte en refugio ante la imposibilidad de comunicar y exorcizar con alguien el atentado que sufre siendo niña.  Sin ápice de didactismo ni moralina, nos enteramos a través del desarrollo de la historia cómo la propia de familia es quien introduce juguetonamente a Carmela en el mundo del vicio. Los conocidos cumpleaños familiares, las festividades patronales, las fechas conmemorativas, cualquier pretexto es bueno para, entre bromas, obligar a los adolescentes a probar alcohol y son los propios padres y familiares directos quienes conducen a sus hijos al desbarrancadero donde mora Baco. 

Pero no es el canal familiar el único sendero para llegar a enviciarse con la droga más consumida entre los adolescentes peruanos.  El ambiente amical de Carmela, primero en el colegio y el barrio y luego en el Instituto de Enfermería de Yungay, en donde en contra de cualquier pronóstico, Carmela se gradúa de enfermera (porque era “una borrachita responsable”) y luego la Clínica limeña en la cual recala la protagonista, en todo lugar la muchacha encuentra una pandilla de dipsómanos dispuestos a entablar relaciones íntimas con el Hada Verde, algo que se inicia como un juego divertido y placentero pero termina desarmando el cerebro hasta apagarlo.

Sin embargo, son la vergüenza y el amor propio de Carmela los que la conducen a la decisión de escapar del Hada Verde que la tiene aprisionada y a punto de acabar con la dignidad de su existencia y con su propia vida. Sabemos que el alcohol daña los lóbulos frontales y temporales de la corteza cerebral.  Estas zonas del cerebro son las encargadas de procesos complejos como el control de los impulsos, el ajuste a las normas sociales, la autopercepción en sociedad y los propios comportamientos personales. Es decir, las zonas más importantes para controlar los problemas con la bebida resultan ser las más dañadas por el alcohol y por tanto, a más trago por más tiempo, mayor será el daño infligido al cerebro y al organismo.

Tal pareciera que Carrasco ha vivido la experiencia en carne propia, porque la descripción del período de abstinencia de Carmela, desde que toma la decisión de librarse del Hada Verde —es así como llamaba Wilde al ajenjo, el elíxir espirituoso de 89° preferido por la bohemia del siglo XIX—  hasta el momento en que debe pasar la prueba de fuego en el matrimonio de su hermana, es vívida y real.  Carmela resulta victoriosa y logra mantener la abstinencia: es  joven todavía, se aferra a los recuerdos bonitos de su infancia rural, al cariño de su familia, al recuerdo de su pueblito, a las canciones y el amor familiar que alumbraron sus primeros días.

Ante el espectáculo macabro de la descomposición de la Sociedad Andina (incluyendo en el término a la 100% andina Ciudad de los Culpables), siempre resultará interesante la banda sonora de cada cuento que nos entregue Fernando Carrasco. Porque la sinfonía de las ciudades cosmopolitas e hiper-pobladas constituye el trasfondo de la épica de los mortales comunes que se buscan el sustento diario en sus calles, parques, plazas, mercados y en los más impensables vericuetos.

En este caso, la odisea de Carmela transcurre al ritmo de la cumbia peruana y del huayno moderno.  Acompañan en las diferentes etapas de la odisea de la protagonista los huaynos de Sonia Morales (Perdóname) y Dina Páucar (Volveré), los cuales juegan probablemente una doble función: por un lado, evocan una infancia feliz lejos del mundanal ruido en su Yungay natal, pero por otro, a través precisamente de esa nostalgia, conducen o mantienen a Carmela en el desbarrancadero en el cual Baco celebra eternamente. Escuchamos también las cumbias de Agua Marina (El casorio) y Armonía 10 (Herido corazón, El Cervecero) y las del sempiterno Chacalón, idolatrado en el natal caserío de Carmela por su viejo amigo El Conejo chacalonero y que al ser escuchado en el barrio que le da cobijo en Lima (Nocheto, barrio chacalonero como el que más), la conduce a la añoranza y al deseo irrefrenable de aliviar la nostalgia en el alcohol.

Finalmente es imposible dejar de recordar el famoso poema El Brindis del Bohemio del mexicano Guillermo Aguirre Fierro (Pero en todos los labios había risas/Inspiración en todos los cerebros/Y repartidas en la mesa/Copas pletóricas de ron, whisky o ajenjo), ante el recuerdo de la familia perdida por culpa del vicio y las malas juntas que Carmela rememora en el bus de retorno a su pueblo natal.  La Carmela de Carrasco es el arquetipo de cierta mujer novo-andina, aquella que sale adelante pese a las vicisitudes y pese a que la mujer es más susceptible que el hombre a problemas asociados con el consumo de alcohol, tanto problemas de salud como de dependencia, por no mencionar la vulnerabilidad de una mujer ebria a recibir agresiones sexuales. 

Carrasco en la tumba de Chacalón en el cementerio El Ángel.

Tú serás la causa de mi muerte

Para el común de peruanos el término lumpen carece de significado, les resulta absolutamente desconocido. Incluso para jóvenes universitarios salidos de las canteras de las universidades-pollería de los últimos años, la palabra lumpen o lumpen-proletariado sonará a insulto en alemán o quechueslovaco, algo así como reconchetumare. Pero si les mencionas que el causa en cuestión es palomilla, bandidito, chueco, choro, ladrón, como que los muchachos ya van comprendiendo como es la nuez.  Un causa puede ser choro, pero si no choca con el barrio (como los choros de antaño), entonces el causa es bandidito no más.  Si el causa es un choro (torreja, monse, faite, taita, en fin) que tuvo que colgar los guantes porque lo lisiaron en un enfrentamiento, porque reflexionó en cana o porque vio la luz en algún lugar de culto evangélico, entonces ese choro plantado se dedicará a escuelear a los jóvenes del barrio sobre las inconveniencias de tan finos y elegantes menesteres. Sin embargo, hay otros que no se arrepienten nunca y aun cuando hayan colgado los guantes, mediante el viejo oficio de contar historias, se dedican a trabajar el ingenio y a ser memoria viva del gremio.

Uno de estos “hombres de la noche”, surgido de un barrio del cono este de Lima, es quien cuenta la historia al Escritor Noctámbulo en un bar del centro de Lima, no sin antes advertirle al colega (porque a fin de cuentas ambos son contadores de historias) que lo que va a escuchar es una verdadera historia (no una  historia verdadera): vitalista, callejera, “…no sonseritas de pecho frío, poseras e intelectuales”.

El arte de Carrasco se afina en este relato. El narrador es presentado como un lector impenitente, pero es a la vez un causa trabajado por la vida, un tipo con calle, lo cual le ha permitido entre otras insignias, conseguir joyas literarias a precios irrisorios (Arlt, Hemingway) y hacerse de historias asombrosas. Víctima del extraño vicio de leer caminando, empieza a referir su historia en la particular jerga de los conos de Lima, principiando en una infancia dura y llena de carencias con alusiones concretas al desastre del primer gobierno aprista, a la adolescencia pelotera en medio de los apagones causados por la voladura de torres de alta tensión en los ochentas y aquella canción “Viento” como dolorosa banda sonora de una niñez en la que aprendió a contar ficciones a sus patas del colegio para hacerse invitar el fiambre.  Sin censuras, el narrador oral va indicando al Escritor Noctámbulo los secretos para contar una buena historia, sin desviarse, exagerando un poquito pero haciéndola siempre creíble, sobre todo si  uno es el protagonista, “las cositas claves del escenario y de los personajes, minucias, gestos”.

Resulta curioso, ignoro si ha sido adrede, pero quien haya conversado con un narrador oral de estratos populares, descubre una capacidad increíble para hilar historias, la cual es mayor por la capacidad para improvisar, si el narrador es un individuo carente de preparación académica, si es un contador de historias nato. Esta capacidad nacida involucra actividades cerebrales complejas como recordar, manejar diferentes registros lingüísticos, leer, escribir, escuchar, recrear y componer música inclusive.

Para quienes hemos entroncado nuestro destino con el pueblo, subleva la incapacidad de la juventud actual para hilvanar apenas frases u oraciones inteligibles. Influencia de la televisión y la radio, del lenguaje cibernético y del reguetón vomitivo parido en las máquinas clónicas en el norte de América, los muchachos de estos días, se distinguen por su afasia y su incapacidad para comunicar ideas, emociones y sentimientos.  Pero, si uno se adentra en el corazón de los diferentes estratos de la masa viva, la cosa cambia.

Entonces, en personajes tan disímiles como los que presenta Carrasco, ¿cuál es la índole de la memoria? ¿Sería posible el pensamiento sin lenguaje? Según algunos neuro-psicólogos todos los procesos del pensamiento involucran o están determinados por el lenguaje y la afasia significa la muerte de la cognición.  Según otros, como los seguidores de Jean Piaget, pensamiento y lenguaje son corrientes separadas y creen que el pensamiento puede proseguir en forma inalterada pese a una afasia aguda.

Muchos pensadores han asociado la descomposición del lenguaje con la corrupción o descomposición social. Octavio Paz dice que “cuando una sociedad se corrompe, lo primero que se gangrena es el lenguaje”, Karl Kraus creía que toda depravación de la palabra permite reconocer la depravación del mundo, la prueba de que algo está podrido en la base. Consideraba Kraus que la corrupción lingüística era la causa de la degradación de los pensamientos y las conciencias; según él, las personas que hablan mal y escriben mal también pensarán y actuarán mal.

Carrasco, hijo del pueblo, ha conseguido maridar sin problemas el lenguaje lumpen de la Lima actual (incluida la jerga del hampa), con una prosa elegante y eficaz, carente de barroquismos ociosos.

El relato recorre sin dar tregua al lector escenarios tan disímiles como las cantinas de El Agustino y Barrios Altos, el óvalo de Santa Anita, un local en La Molina y el famoso Bar del Sastre en Nocheto, que es donde se va gestando la historia central del relato:  el viaje del protagonista a Tingo María, en la selva central del Perú, llevando un misterioso Toyota Yaris color guinda, por encargo de gente colombiana metida en “asuntos bien serios”, a través de un viejo conocido del anti-héroe del cuento, un zambo apodado Metralleta. Metralleta es un zambo canero y de poco confiar, famoso además por gilero y recurre al anti-héroe, hijo empobrecido de un antiguo Rey de la Papa abastecedor de las pollerías grandes de Lima, bonanza que le permitió al protagonista estudiar en el CMLP y aficionarse a las armas de fuego, afición que más tarde le servirá para agenciarse de un dinero extra.  Browning, Magnum y otros fierros, con el número de serie bien limado, le permiten ganarse unos cuantos cobres adicionales a su trabajo como taxista en un destartalado Daewoo Tico color amarillo.

De manera increíble, el carro estaba limpio de cualquier tipo de droga, pero era el gancho para endulzar al Chatín (el protagonista-narrador) con el fin de trasladar un cargamento de veinte kilos de cocaína desde Tingo María hasta Lima, en complicidad con un agente del CORAH (un proyecto especial de control y reducción de la coca en el Alto Huallaga, financiado por EU).  Todo está conversado, le van a dar incluso un nuevo DNI y es imposible que algo salga mal. El protagonista se debate en un mar de dudas, pero es pobre y siempre le ha gustado correr riesgos. Recuerda con nostalgia las buenas épocas de su vida, cuando el padre tenía dinero. Su joven mujer está gestando y no tiene seguro social ni un trabajo fijo.  Este segundo viaje le permitirá agenciarse un buen puñado de dólares y, si todo sale bien, armará un negocio en Lima, una bodeguita, tal vez una librería o un pequeño restaurante, lo que sea.  Las dudas atormentan su alma, pero como la primera vez se dice, o todo o nada.

Después de varias vueltas de tuerca magistrales, el desenlace del cuento es contundente e inesperado: Metralleta engaña a los colombianos, “cierra” a los policías cómplices del engaño, se queda con la droga, no le paga al Negro Humo, torturador de los colombianos para lograr el rescate, incluso ha sembrado una leyenda difundida por el Pucarino: ha sido ajusticiado por unos chiquillos lúmpenes del Callao y su cadáver arrojado en un basural de Caquetá. Pero Metralleta no puede engañar al más sapo de todos, al que se la tenía bien jurada, al dueño de la Beretta Magnum.

Colofón

Si esperábamos encontrar en la narrativa desplegada por Carrasco los viejos tópicos alusivos al Ande, apus tutelares, jarjachas terroríficas y wamanis sagrados, nos daremos de muelas contra el pavimento ahuecado, sucio y maloliente de las calles de Lima, mega-urbe en la cual se entremezclan al ritmo de Chacalón los hijos de los migrantes de todo el país, conformando una nueva raza que aún no sublima su más pura esencia por múltiples causales de orden social, político y económico, pero que en el camino irá adquiriendo forja e identidad, tal como lo hacen los inolvidables Carehuaco, Carmela, Jacinto y Eliseo, los Once Chavetas, los habitúes al Bar del Sastre y qué duda cabe, el personaje principal de todos los cuentos: el inconfundible Profe y su boina y zapatos marrones, pantalón beige y agenda de cuero verde, regalo de Carmela. Es el Profe quien logra arrancar con su sabiduría, cariño y paciencia las potentes historias a los personajes más disímiles como los que hemos disfrutado en los siete cuentos de Carrasco. 

A manera de epílogo anotaré que a lo largo de este hermoso volumen de cuentos permanece latente y dolorosa la herida principal que desgarra a la sociedad peruana real, no esa que se cuentan entre ellos mismos los malcriados ahijados del Marqués Lorcho. Comenzando por el niño norteño marginado con esa aleve maldad infantil por otros como él mismo, debido a las facciones de su rostro pre-hispánico, hasta el equipo de fútbol de los Once Chavetas, cruzando por la joven Carmela (huanuqueña, huaracina, huancaína, yungaína, puneña, con toda justicia neo-limeña) recuperada del alcoholismo por su fuerza de voluntad y el amor familiar, este volumen de cuentos arranca el velo con el cual el capitalismo de alta intensidad (implantado violentamente en el Perú hace casi 30 años) pretende ocultar nuestros rostros: seguimos todavía a una distancia sideral del pretendido paradigma integrador y optimista que planteara el Inca Garcilaso de la Vega hace más de 4 siglos. Ese sueño integrador de Garcilaso, convenientemente defendido por los que disfrutan de las gollerías de un sistema económico y un orden social injusto, asesino de las ilusiones de un pueblo de “hombres que aman y luchan llevados por un cruel destino”.

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Cultura

Escándalo: Ministerio de Cultura no quiso premiar al gran pintor Enrique Galdos Rivas

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El gobierno no le pudo favorecer con los “Estímulos Económicos” al gran pintor Enrique Galdos Rivas con  60 años de carrera, más de cien individuales en los cinco continentes, premio de oro de su promoción bellasartina, Personalidad Meritoria de la Cultura por Ministerio de Cultura (2018) y más de cien premios y reconocimientos en el mundo entero y que, con 87 años de vida, quería despedirse enseñando a los jóvenes y entregando su casa como un museo. No, no pudo. El ministerio de Cultura no quiso. Pero, oh miseria humana, ese mismo ministerio premió a Mayra Couto para tener su programa propio de televisión y cuyos primeros capítulos son: “Mi cuerpa, mis reglas” y “Puedes hacer lo que sea, lo que quieras, lo que te motive”. 75 mil soles derrochados al estilo Richard Swing cuando faltan plantas de oxígeno y nuestro pueblo desesperado y sin empleo, se muere por no tener camas UCI. Y esto no es un meme, señores, esto es el Perú.

Lima Gris accedió a la “ficha de apoyo” que el pintor Enrique Galdos Rivas (EGR) presentó, hace unos meses, al Ministerio de Cultura. Haciendo un análisis somero, encontramos que EGR no solo presentó un excelente proyecto para enseñar y transmitir sus conocimientos a jóvenes en todo el país y de los cuáles los beneficiados directamente iban a ser diez mil (10000), sino que este proyecto es inclusivo y se iba a dar también en lenguaje quechua y en lenguaje de señas para los que tuvieran problemas auditivos u otra discapacidad. Cabe anotar, también, que esta ficha fue observada por técnicos del Ministerio de Cultura y esas observaciones fueran subsanadas con creces y en los plazos convenidos.  

Hay  que apuntar que una de las personas encargadas de dar vida a este programa es Martha Galdos Cabanillas, hija del pintor, cantante y especialista en proyectos y otros, como lo ha demostrado ganando importantes postulaciones culturales en Brasil, país donde la competitividad y las exigencias son mayores que en el nuestro por lo que todo el entorno cercano de este gran artista han quedado sorprendidos ante la negativa del gobierno.

FICHA TÉCNICA PARA SOLICITAR “ESTÍMULOS ECONOMICOS” DEL MINCUL PRESENTADO POR EL PINTOR ENRIQUE GALDOS RIVAS

SECCIÓN A: DATOS GENERALES

X Artes escénicas, visuales, musicales

SECCIÓN A2: PERSONA NATURAL EN REPRESENTACIÓN DE COLECTIVOS

(…)

Considerado uno de los máximos representantes del arte contemporáneo en Perú y América Latina, el maestro Galdos Rivas es conocido como “el mago del color”, posee 68 años de carrera y 87 años cumplidos. Entre las innumerables distinciones recibidas, se encuentra su nombramiento como Personalidad Meritoria de la Cultura por Ministerio de Cultura (2018).

Hacia los años 50, en la ENSABAP había un espíritu de crítica, donde las disputas entre movimientos artísticos procedentes de las vanguardias modernistas y posturas en relación a su compromiso social y cultural con el país estaban a flor de piel y eso, implicaba una toma de posición y, por tanto, una labor de búsqueda desde lo propio. Enrique Galdos Rivas es producto de aquella famosa Generación 59 (Alberto Basurto, Milner Cajahuaringa, Gerardo Chávez, Enrique Galdos Rivas, Alberto Quintanila, Oswaldo Sagástegui y Tilsa Tsuchiya), un hito no superado en la historia del arte peruano debido al grado de competitividad altísima ya que todos proponían un lenguaje particular de simbiosis, síntesis e integración cultural.

Juan Peralta, crítico de arte y curador de la muestra realizada en la Asociación Peruano Japonesa en 2018, señala: “El compromiso asumido por Galdos Rivas ha sido contundente y se mantiene hasta nuestros días. Esto lo podemos rescatar en cada uno de sus trabajos que ofrecen su mirada particular de asumir su labor como artista y/o agente cultural, en una situación de diálogo con la cultura peruana y lo ancestral, desde una perspectiva lúdica y de síntesis (culturas prehispánicas como pueden ser desde elementos como obeliscos, hasta las formas más complejas como los textiles y otras más actuales, en las podemos incluir los desnudos, bodegones, etc.), consecuencia de un trabajo de trayectoria continua y a contracorriente respecto a modas impuestas por el medio artístico internacional y local, proponiendo siempre la validez y vigencia de la identidad”.

ANTECEDENTES Y TRAYECTORIA DE LA ORGANIZACIÓN, COLECTIVO O PERSONA NATURAL SOLICITANTE

Describe respondiendo a las siguientes preguntas: ¿Hace cuántos años la organización se dedica a la actividad cultural? Es importante que la trayectoria incluya actividades culturales realizadas entre 16 marzo de 2019 y 16 de marzo 2020.

¿Ha recibido algún reconocimiento o premio? ¿Cuáles son las actividades más importantes que ha realizado la organización en años anteriores o que viene realizando actualmente? (4000)

El colectivo, viene actuando de forma auto gestionada hace más de 10 años con participación de Martha Galdos, comunicadora, gestora cultural, cantautora, encargada de las exhibiciones y el acervo, así como de Blanca Galdos, trabajadora social, coach ontológico, cantante, quien apoya en labores administrativas. Ambas, hijas del artista. El colectivo ha conducido su participación en bienales como la de Beijing (2010- 2017), Buenos Aires (2014), Guadalajara (2011), entre otros. Así como exhibiciones en Museo de Arte de San Marcos (2012), Asociación Peruano Japonesa (2018), ICPNA Miraflores (2020). El artista ha sido convocado a exponer en Argentina e India en 2021.

Durante enero-febrero 2020, el artista realizó en el ICPNA Miraflores, “Color, luz y fantasía” ENRIQUE GALDOS RIVAS: 100 obras, exposición de máxima convocatoria, cuya curaduría la llevó a cabo Nanda Leonardini. Solamente la inauguración convocó 800 personas, entre seguidores, formadores de opinión, nuevos públicos peruanos y extranjeros, destacándose la presencia de jóvenes y estudiantes quienes apreciaron el despliegue de la vasta y significativa obra pictórica del artista, además, pocas veces visto en una sala limeña. Asimismo, generó portada y amplia cobertura en diarios como El Comercio, entre otros medios. La exposición generó un libro catálogo en físico.

En palabras de Diana Quiroz, El Comercio, 6/1/2020 “Esta muestra nos sirve de pretexto para conocer al hombre que se impuso un año como tiempo límite para demostrarse a sí mismo que podía llegar a ser un pintor con todas sus letras. Docente de la Escuela Nacional de Bellas Artes durante más de dos décadas, con más de 100 exposiciones en su haber y más de 2000 obras creadas, Galdos se remonta al pasado para hablarnos, siempre divertido, de cómo el destino se encargó de hacer del arte su forma de vida”

Nanda Leonardini, curadora de la exposición señala: Aquella teoría que especula que su obra transita entre lo abstracto y lo figurativo, es rechazada por él, pues en sus lienzos siempre está presente, a veces con sutilezas imperceptibles, alguna figura (…) como se ha señalado y se repite en la mayoría de los escritos relativos a él, el mundo del Perú antiguo lo ha percibido a través de una iconografía examinada por largas horas y, por qué no años, en los museos nacionales para descubrir el toque especial que cada cultura ha impregnado en sus diseños.

Ha recibido más de 30 distinciones, entre ellas Personalidad Meritoria de la Cultura del Ministerio de Cultura (2018), Premio Gaviota de Plata AFP Prima (2018), Mención Honrosa VII Bienal de São Paulo (1965), Premio Municipalidad de Lima y el Premio Nacional Ignacio Merino (1960), I Premio Gulf & South American Steamship Co. (1966); I Premio Salón Sesquicentenario (1971).

En su haber figuran innúmeras exhibiciones tanto individual como colectivamente, en Perú, América, Europa y Asia. Ha representado al Perú en la Bienal de la Juventud de Paris (I, II y IV) (1959-61-65), en la VI, VII VIII Bienal de Sao Paulo-Brasil (1961-63-65), V Salón de Valencia-España (1963), II Bienal Americana de Arte, Córdoba-Argentina (1964), I Bienal de Quito-Ecuador (1968), Premio Codex, Buenos Aires-Argentina (1972), II y III Bienal de Grabado, Puerto Rico (1972-74), I Bienal Internacional de Trujillo-Perú (1983), Premio Cristóbal Colon, Madrid (1984), CXLVI Salón Valentino, Turin-Italia (1988), Bienal de Livorno, Italia (1992), Artexpo International, Nueva York (2000), Latin American Fine Art, La Haya-Holanda (2005) y en la Bienal de Beijing, China (2010 y 2017).

No cabe duda, que el Ministerio de Cultura se encuentra a la deriva. Lo lamentable es que se rechace una proyecto de gran valor cultural del maestro Enrique Galdos Rivas. Pero la realidad es que en la actualidad el MINCUL se encuentra sumergido en el pantano de la mediocridad.

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Cultura

Comentario sobre “Pájaros en la boca” de Samanta Schweblin

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Un cuento es un destello —José Donoso— o una epifanía —James Joyce—. Todo cuentista es un joyero —Norman Mailer— o simplemente un pozo con mucha agua que debe ser regularmente controlado para que no se seque —Ernest Hemingway—. Para algunos narradores los talleres sirven al proceso de escritura, para otros simplemente se aprende con los errores y sin recibir consejos de nadie, las teorías no sirven – William Faulkner-.

Según la narradora argentina Samanta Schweblin, un cuento es una travesía placentera, así sea uno terrible o grotesco. Esta definición engloba la naturaleza de su estilo y de su escritura. Ganadora de muchos premios como el premio Casa de las Américas (2008), el Premio Juan Rulfo (2012) , el premio de Narrativa Breve Ribera del Duero (2014) y finalista del Premio Booker Internacional (2017), entre otros, representa una de las máximas exponentes de la narrativa argentina e hispanoamericana de los últimos años junto a Mariana Enríquez, Pola Oloixarac y Ariana Harwicz.

Harold Bloom, en su texto “Cómo leer y por qué”, menciona que el cuento moderno está dividido en dos tradiciones rivales: la chejoviana y la kafkiano-borgiana. En la primera, los cuentos se ponen en marcha de golpe, terminan elípticamente y no se preocupan por llenar los huecos que uno esperaría encontrar cubiertos en los relatos. Se establece así una fidelidad al realismo y a la existencia ordinaria. En la segunda se tiene como base lo fantástico y lo fantasmagórico.

Ambas vertientes enriquecen la narrativa del siglo XX y de lo que va del presente siglo. En algunos escritores, estas tradiciones aparentemente tan opuestas o lejanas terminan unificándose para consolidar un solo bloque narrativo. Este es el caso de Samanta Schweblin, ya que en su narrativa ambas tradiciones están muy presentes. Gran lectora y heredera de la narrativa norteamericana (Raymond Carver, Flannery O’ Connor, etc.) del siglo XX que tiene a Chejov como gran influencia narrativa (hay que tener en cuenta que en muchos casos se percibe una atmósfera siniestra y oscura en ese realismo), también se nutre del absurdo kafkiano y de la tradición del cuento rioplatense donde lo fantástico linda con lo cotidiano.

Esto se percibe claramente en el libro “Pájaros en la boca y otros cuentos”, publicado en el 2009. Aquí encontramos veintidós relatos que se mueven entre lo real-cotidiano y lo fantástico, lo cual otorga una riqueza temática y polisémica a la interpretación que cada lector hace de ellos. Oscuros, pesimistas, fabulosos, todos plantean situaciones adversas y confusas donde a veces se puede escapar y en otras solo aceptar trágicamente lo que nos depara la vida y el destino. Cuentos como “Irman” o “El hombre sirena” representan ambas tradiciones ya mencionadas anteriormente.

Entre las diversas características que se encuentran en el libro, tenemos la ausencia de referencias topográficas, las referencias y atmósferas ambiguas, lo tácito y subrepticio de los desenlaces, un predominio del lenguaje sencillo y nada ornamentado y la verosimilitud como elemento primordial en la construcción del discurso literario.

Incluso en los textos catalogados como fantásticos, se debe tener en cuenta que la realidad es el único fundamento adecuado para la construcción de atmósferas y personajes literarios. La característica literaria de la verosimilitud demarca este espacio. Flanery O Connor mencionaba en su texto “El arte del cuento” que todo escritor que escribe un relato fantástico debe mantenerse más estrictamente atenta al detalle concreto que quienes escriben en una cuerda naturalista, por ello es que no se debe desligar los discursos fantásticos de un base social, política y económica de un territorio.

De todo este conjunto de relatos, el cuento que, según mi criterio, explora con mayor profundidad la degradación de las relaciones familiares y presenta de manera explícita las situaciones que alteran una posible normalidad cotidiana, generando una verosimilitud tensa y oscura es el cuento que da nombre al título del libro: “Pájaros en la boca”.

El recurso principal de esta historia es lo grotesco que aparece en el entorno familiar, profundizando una atmósfera que de por sí ya es muy conflictiva. Hay dos padres separados, una infelicidad que ronda cada de sus vidas y una hija (Sara) de por medio que para alterar más esta atmósfera empieza a comer pájaros vivos. Esto genera dudas y el deterioro mental de los padres, la ambivalencia y la oposición de personalidades. Mientras que por un lado este hábito alimenticio de la niña le genera salud y hermosura; por otro lado, los padres se van direccionando a la pérdida de la lucidez. Este detalle da a entender una ruptura de relación entre estos tres personajes.  

El cuento se puede dividir claramente en cuatro momentos explícitos:

  • La indiferencia familiar: presente en el diálogo inicial de los padres.
  • La presentación de la conducta anormal de la hija: el padre se entera de que su hija come pájaros vivos.
  • El conflicto entre padre e hija: la madre envía a su hija a vivir con el padre, dejando cajas con pájaros dentro para no alterar la anormalidad.
  • Una aparente normalidad en la vida cotidiana: el padre se muestra dubitativo e incierto ante la conducta de su hija.
  • La lejanía de la madre y la aceptación del padre ante la conducta de la hija: la madre desaparece, lo cual genera que sea él quien empiece a buscar los pájaros para que su hija siga devorándolos. Ante un nerviosismo inicial, llega una sosa tranquilidad al no tratar de alterar la anormalidad en el que están inmersos.

Ninguno de los dos padres tiene la voluntad de transgredir la conducta grotesca e inaudita de Sara. Solo son tristes acompañantes de una situación anormal.  La historia es narrada por el padre, lo cual da entrever una posible alteración de los datos, ya que todo va a girar desde su perspectiva. Hay detalles en su narración que dan la desgastada relación con su ex mujer y con su hija.

En el primer caso, ante el diálogo inicial con su ex mujer, menciona lo siguiente:

“Hola- dijo ella, y entró sin que yo alcanzara a decir nada-. Tenemos que hablar.

Señaló el sillón y obedecí, porque a veces, cuando el pasado toca a la puerta y me trata como hace cuatro años, sigo siendo un imbécil”.

En el segundo caso, se torna más agresivo ante la impresión que tiene de su hija:

“Sara estaba en el sillón. Aunque por ese año ya había terminado las clases, llevaba puesto el jumper de la secundaria, que le quedaba como a esas colegialas porno de las revistas”.

Se puede llegar a la idea de que el hecho de que la hija empiece a comer pájaros es el último eslabón de un conjunto de problemas y conflictos vividos ya hace algún tiempo. La conducta de ninguno de los tres es lúcida. La familia, lejos de ser un espacio de convergencia y unión, empieza a funcionar como un espacio de desconfiguración de la normalidad. Se percibe cierta desconfianza entre ellos, más entre los padres, claro, ya que, en lugar de unirse y superar el problema de su hija, empiezan a echarse la culpa y a distanciarse más de lo que ya estaban. Sus conductas grotescas exponen situaciones límites. El hogar como espacio de protección es alterado y se metamorfosea a uno de violencia y horror. Lo grotesco del accionar de la hija genera angustias en sus padres. 

Lo grotesco, según Wolfgang Kayser, es todo aquello que en su condición de deformidad desarticula el orden fijo del mundo familiar produciendo angustia. Esta sensación es la que se posesiona de la conducta de los padres de Sara, quien emocionalmente se mantiene neutra e indiferente ante ellos, debilitándose o vigorizándose por la alimentación de los pájaros. Además, hay que tener en cuenta que esta angustia ante lo grotesco aparece con la desarticulación del mundo familiar.

Kayser también señala que lo esencial de lo grotesco en su naturaleza ambigua y su carácter inarmónico que, por el contexto, perturba tanto al individuo como a su entorno, volviéndolo inestables. Es lo que sucede en la historia, ya que hay una transgresión de los parámetros de la normalidad y en la conducta y mente de los padres. A ello hay que agregar que la conducta de Sara se ve enfocada desde un humor disolvente. Un ejemplo claro es en este en diálogo que mantiene con el padre:

“Comés pájaros, Sara –dije.
–Sí, papá.
Se mordió los labios, avergonzada, y dijo:
–Vos también.
–Comés pájaros vivos, Sara.
–Sí, papá.

Ella está construida en base a un trastorno límite de sus actos y personalidad, hallándose en medio de una conducta aparentemente estable y de la locura misma. Incluso el padre piensa seriamente en internarla a un centro psiquiátrico.  Inquieta, perturba, da la sensación de que aparentemente es una persona peligrosa para la sociedad, incluso cuando una especie de agorafobia se va apropiando de ella.

Lo grotesco en este cuento ayuda a exhibir un estado de salvajismo inherente a toda persona, devolviéndole un carácter confuso, real y descarnado. Este tópico que es central en la mayoría de los demás cuentos, representan la anormalidad, la angustia, la repugnancia y el miedo a no saber cómo actuar al ser testigos de estas irreverencias. Además, hay que considerar que la aparición de la anormal conducta de Sara, conlleva a cuestionar la conducta de los padres, del entorno familiar y del lector mismo.

La literatura de Samanta Schweblin parece decirnos que el mundo es una casa extraña y que la escritura consiste en decidir ir a los espacios más oscuros y ocultos para descubrir quiénes somos. En lo tenebroso de lo cotidiano está nuestro verdadero rostro.

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Cine

Ministerio de Cultura: Presidente Sagasti anunció que transferirá 20 millones para los artistas

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Ministro Alejandro Neyra, presidente Francisco Sagasti y Susana Baca.

La pandemia que vivimos todos los peruanos desde el año pasado, ha menoscabado la salud y la economía de todos nosotros; sin embargo, nadie puede negar que el sector cultural y artístico han sido uno de los más golpeados económicamente hablando, porque dejaron de percibir ingresos durante más de 10 meses.

En esa línea, hace dos días la cantante y exministra de Cultura, Susana Baca, le pidió a su amigo el presidente Francisco Sagasti a través de una carta, que como ella y sus colegas artistas la estaban pasando mal económicamente, necesitaban de apoyos de parte del Estado.

Lo curioso, es que Francisco Sagasti hizo caso exprés al pedido de su amiga Susana, e incluso la visitó hasta Santa Bárbara en Cañete y esto fue lo que anunció: “En primer lugar para anunciar de que tenemos un pequeño programa de apoyos económicos a los artistas, algo que Susana y muchos otros artistas han venido reclamando… sabemos que esta pandemia los ha afectado duramente y los artistas son absolutamente necesarios en nuestra vida cultural y en nuestra vida como país, no solo para alegrarnos, sino, para hacernos sentir nuestra identidad cultural; hacernos sentir lo que somos como país, y por eso hemos hecho un gran esfuerzo. El ministro de Economía y Finanzas finalmente, ha accedido a buscar una manera de dar apoyo a los artistas, y próximamente estaremos publicando un Decreto de Urgencia en el cual anunciaremos que se reanudan estos apoyos”.

Sin embargo, la plata no viene sin un pedido previo, porque el mandatario también pidió una condición:

“Pero además de eso, he venido a pedirle un favor especial a Susana y en realidad a todos los artistas en momentos tan difíciles, tan complicados como lo que estamos viviendo ahora con una crisis de salud, crisis económica, crisis social, crisis política y también crisis de valores. He venido a pedirles a través de ella a todos los artistas, y también con el apoyo del Ministro de Cultura, que los artistas se unan a una campaña para cuidarnos los unos a los otros, para respetar los protocolos y que tenemos que usar mascarillas, mantener distancia, lavarnos las manos y estar en lugares ventilados como este hermoso pueblo de Santa Bárbara en Cañete y que nos ayuden los artistas a promover este tipo de comportamiento que es absolutamente necesario para que todos los peruanos y peruanas podamos luchar con éxito contra la pandemia”. 

Ahora bien, por más que en estos momentos cruciales, la situación crítica en el país obligue a poner prioridades como el abastecimiento de oxígeno a lugares que no pueden adquirirlo, también es cierto que nadie se niega a que el gobierno apoye a los artistas; en este sentido, el ministro de Cultura Alejandro Neyra afirmó que el MEF ya ha autorizado destinar 20 millones de soles a favor de los artistas. Sin embargo, cuando ese dinero llegue a las canteras del Mincul ¿Cómo lo distribuirán? Si tomamos en cuenta cómo administraron un fondo similar durante el año pasado.  

Recordemos:

El gobierno anterior, a través del MEF durante 2020 destinó al ministerio de Cultura una inyección económica de 50 millones de soles (Decreto de Urgencia 058-2020) para que sean distribuidos a toda la legión de artistas nacionales como una modalidad de bono y/o subsidio; sin embargo, en el ministerio de Cultura variaron la naturaleza original de ese fondo y crearon las denominadas Ayudas Covid, que se clasificaron en 8 líneas de apoyo económico, tanto para Industrias Culturales y Artes, como para Patrimonio Cultural Inmaterial.

Esas ayudas, no eran otra cosa que una convocatoria abierta para que la gente postule al apoyo económico y sustente el fondo requerido, a través de un concurso que tenía una serie de requisitos, donde incluso pedían que los artistas postulantes presenten un proyecto que estuviera listo con antelación.

Esa ayuda no se distribuyó de forma equitativa ni transparente y por ello hubo cuestionamientos. Por ejemplo, en la adquisición de libros, donde incluso intervino el Congreso y la propia Contraloría General de la República.

En suma, esos 50 millones, en su mayoría alentaron e inyectaron dinero a empresas culturales sólidas, y en menor medida, a personas y artistas naturales que realmente lo necesitaban por su alto grado de vulnerabilidad. 

Entonces, esta vez ¿cómo se distribuirán esos 20 millones? Si tomamos en cuenta que la señora Susana Baca, prácticamente y según lo que podemos leer en la redacción de su misiva, ha pedido ayuda para sus colegas músicos y no precisamente para toda la diversidad de artistas en todas sus expresiones:

“No dejes que ahora el desafío del cargo en el día a día te desvié de ese sentimiento, ayúdanos a sobrevivir con dignidad; nadie quiere ver a mis compañeros músicos vendiendo golosinas en los ómnibus, ver a mis amigos músicos dejando de ser los artistas que somos para convertirnos en mendigos, para recibir las sencillas monedas de la gente, porque ya no hay espacios de trabajo”, le pide la señora Baca a Sagasti.

Queremos creer, que la señora Susana Baca por la emoción que la embargó al escribir esas líneas, no pretendió excluir a los “artistas” que realizan artes visuales, escultura, literatura, poesía, dramaturgia, cine, teatro, actuación, arte vivo, danza, decima, performance, fotografía, entre otras inacabables actividades ligadas al arte.

Solo cabe, esperar el anunciado Decreto de Urgencia para poder colegir los detalles y alcances del apoyo a los artistas y esperamos que esta vez, la ayuda sea equilibrada y no apoye a esa gama de influencers, youtubers y tiktokers que se han vuelto un inevitable virus y que, de hecho, también se subirán al carro de artistas.  

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Cultura

El Ministerio de Cultura se pronuncia sobre el jurado que premió a Mayra Couto

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Los S/ 75,000 mil soles que ganó Mayra Couto en el concurso del Ministerio de Cultura ha desatado una fuerte polémica en las redes sociales. Para muchos, el dinero que el MINCUL viene otorgando en sus diferentes concursos es una acción grosera en medio de una pandemia donde existen prioridades —como el oxígeno— para salvar vidas.

Ayer en nuestra publicación sobre el tema, nos centramos en el señor Bernardo Bergeret Balverde, tercer miembro que conformó el jurado para elegir a los proyectos ganadores. Los otros dos miembros del jurado de la Dirección del Audiovisual la Fonografía y los Nuevos Medios (DAFO) fueron Gabriela Yepes Rossel, directora y guionista audiovisual y Roberto Barba Rebaza, productor audiovisual.

Documento que declara ganador el proyecto de Mayra Couto.

Sobre el señor Bernardo Bergeret Balverde en nuestra publicación señalamos que fue involucrado en el 2018 en un escándalo de corrupción cuando ocupó el cargo de gerente del área Internacional del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) en Argentina. Un hecho por el cual se le pidió la renuncia. El caso saltó en los medios de prensa argentinos. El portal INFOBAE sobre el tema publicó un detallado informe documentado donde se muestra la denuncia anónima que llegó desde el correo incaacorrupto@gmx.es. El mail del 11 de mayo de 2018 fue dirigido a las autoridades del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) pero también a los ex ministros Pablo Avelluto y Enrique Avogadro, responsables de las carteras de Cultura de Nación y Ciudad, y además a varios periodistas de diferentes medios.

“La resolución 835 firmada por el presidente del INCAA Ralph Haiek exactamente 11 días después de la llegada del anónimo, frenó todos los pagos. La misma resolución ordenó la apertura de “actuaciones sumariales” a los agentes Bernardo Ernesto Bergeret Balverde (gerente del área Internacional del INCAA), Alejandro Righini (responsable de las compras desde esa gerencia, es decir, quien llevaba adelante las operaciones) y Pablo Ezequiel Maggioni (del departamento de Compras) “a efectos de determinar la eventual responsabilidad”. A Bergeret se le pidió la renuncia, a Righini se lo suspendió y a Maggioni se lo desplazó a otras funciones. Por otra parte, rescindieron el contrato de la abogada Sandra Menichelli, asesora del INCAA en tema de compras”, menciona el portal INFOBAE.

Además se agrega: “El gerente administrativo Nicolás Yocca, que llegó al organismo el año pasado, también presentó su renuncia. Él y Bergeret fueron quienes pusieron la firma aprobando las operaciones”, señala el medio argentino.

Nuestro cuestionamiento sobre el tercer jurado fue el siguiente: “Acaso el Ministerio de Cultura del Perú no realiza un filtro para contratar al jurado. DAFO debe entender que lo más importante en un concurso donde hay en juego miles de soles, es la transparencia, algo que el Ministerio de Cultura parece desconocer hace más de una década. No se puede confiar en un jurado que haya sido involucrado en casos de corrupción en cualquier parte del mundo. El Ministerio de Cultura debería anular todos los premios donde haya tenido participación el señor Bernardo Ernesto Bergeret Balverde“.

Bernardo Bergeret Balverde.

Es importante señalar que teniendo conocimiento que el señor Bernardo Bergeret Balverde estuvo involucrado en una denuncia por corrupción, nos comunicamos ayer por la mañana con el área de prensa del Ministerio de Cultura, para que respondan entre otras interrogantes ¿Cuál es el criterio que aplica el Ministerio de Cultura para elegir a los jurados?

Mediante un documento, ayer por la noche la señorita Maritza Colmenares, funcionaria del área de prensa del Ministerio de Cultura nos envió la siguiente respuesta:

Los estímulos y concursos para la actividad cinematográfica y audiovisual requieren la participación de más de 60 personas en calidad de jurado cada año, en 2020 fueron un total de 69 jurados. Para ello, la Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios anualmente solicita propuestas de miembros de jurados a las organizaciones que forman parte de la actividad cinematográfica y audiovisual, miembros de instituciones educativas, entre otras.

Las respuestas de las organizaciones son revisadas y, en base a ellas, se componen propuestas de jurados teniendo en cuenta los siguientes criterios:

  1. Se procura una participación equitativa de hombres y mujeres en calidad de jurado durante el año.
  2. Se procura, sujeto al presupuesto disponible, la participación de jurados extranjeros en las categorías con la mayor cantidad de postulantes o aquellas que requieren de especialidades poco desarrolladas en nuestro país, para asegurar una correcta evaluación y reducir la posibilidad de conflictos de interés.
  3. Se procura que participen jurados residentes o con experiencia en el sector audiovisual en las regiones del país, fuera de Lima Metropolitana.
  4. Se procura evitar que una persona desempeñe labores de jurado hasta dos años después de su última participación en dichas funciones (de no ser posible, se asegura que no hay reiteración de un año a otro).
  5. Se verifica la concordancia de la trayectoria y experiencia del jurado con el perfil establecido en las bases.
  6. Se consulta sobre la disponibilidad de la persona y su voluntad de ejercer dichas labores.
  7. Se revisa que la persona no esté vinculada a un proyecto en el cual se haya incurrido en incumplimientos relativos a convocatorias pasadas.
  8. Se revisa que la persona no se encuentre inmersa en las restricciones establecidas para jurados en el marco de las normas sobre los concursos o estímulos.
  9. En el caso de los concursos enmarcados en la Ley 26370, adicionalmente, se tiene que contar con tres nombres por cada cargo, los cuales eran objeto de un sorteo ante notario público.
  10. La DAFO complementa las propuestas en caso las respuestas no permitan conformar jurados de acuerdo a los criterios mencionados en los puntos anteriores, incluyendo el sustento correspondiente en un informe y pudiendo tomar en cuenta propuestas hechas por las asociaciones en años anteriores.

La designación de jurados para los Estímulos para la Cultura 2020, se realizó en julio del mismo año”.

Aquí tenemos que señalar que en los criterios del Ministerio de Cultura para elegir al jurado, en ninguno de los 10 puntos se consigna probidad como requisito para ser parte del Jurado. Es decir, no se solicita que la persona no haya sido relacionada en denuncias por corrupción. Sería importante que el Ministerio de Cultura por un tema de transparencia tenga en cuenta en próximas convocatorias que los jurados que convocan sean probos, y no estén relacionados en denuncias de corrupción.

Sobre la denuncia vinculada al señor Bergeret el Ministerio de Cultura mencionó:

El 27 de mayo de 2020, mediante Resolución del Juzgado 11, Secretaría Nº 22, el Poder Judicial de la Nación de Argentina ordenó el sobreseimiento (archivamiento) de las denuncias referidas al señor Bergeret sobre una presunta defraudación por administración fraudulenta. El juzgado determinó que:

  1. “Nos encontramos, en la especie, con actos administrativos dictados en ejercicio de la competencia asignada y que se presentan debidamente fundados en cuanto a su causa y motivación por lo cual no median razones que sustenten su invalidación, como así tampoco se advierte que la ausencia de dicha intervención lo fuera para eludir controles o, como expresa el denunciante, porque se trataba de un “circuito cerrado”, “manteniéndose todo el trámite desde el inicio hasta el final en la órbita de la Gerencia de Asuntos Internacionales ….” (denuncia original).
  1. La adjudicación (las contrataciones realizadas) fue realizada siempre de acuerdo a la oferta más baja y del total de empresas adjudicatarias, podemos ver que entre ellas sus autoridades no se repiten, además de acuerdo a los informes … se hallan inscriptas en los rubros de diseño y publicidad. Nada lleva a suponer ni existen indicios claros de que estamos frente ante un procedimiento amañado, de selección del co-contratante, todo lo contrario (…) nos encontramos frente a contrataciones celebradas conforme a procedimientos establecidos en la normativa aplicable.

La denuncia contra el señor Bernardo Ernesto Bergeret y otros exfuncionarios del INCAA fue archivada por el Juez federal Marcelo Martinez de Giorgi en mayo de 2020.

Sobre la labor de los jurados el MINCUL señaló:

“Las bases del concurso estipulan que el Jurado es la instancia que evalúa las postulaciones (a partir de la información técnica, artística y económica de las mismas) teniendo en cuenta, como mínimo, los siguientes criterios:

• Calidad y originalidad del Proyecto

• Coherencia entre los aspectos técnicos y financieros del Proyecto

• Aporte del proyecto al desarrollo de la actividad audiovisual del país

Asimismo, las bases indican que el Jurado es autónomo para interpretar los criterios antes descritos y determinar qué Personas Jurídicas deben ser declaradas ganadoras, respetando lo establecido en la normativa vigente. Adicionalmente, el Jurado puede considerar favorablemente a los Proyectos cuyos equipos creativos y técnicos hayan sido conformados teniendo en cuenta criterios de paridad de género.”

Como el propio Ministerio de Cultura lo menciona, en el año 2020 se tuvo que requerir de 69 jurados. ¿Cuánto se le pagó a cada uno de ellos?

Encontramos el contrato del señor Bernardo Ernesto Bergeret, donde el MINCUL le pagó por su servicio como jurado el monto de $ 1,704.55 dólares, al cambio en moneda peruana sería S/ 6,477.29 soles.

Teniendo conocimiento que los montos que se le pagó a cada uno de los jurados oscilan entre 4 mil y 6 mil soles, hicimos un cálculo donde multiplicamos el monto intermedio de 5 mil soles por los 69 jurados contratados por el Ministerio de Cultura. Es decir, el MINCUL gastó aproximadamente S/ 345, 000 soles el año 2020 en los 69 jurados.

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Cine

Beto Ortiz criticó el premio de los S/ 75,000 mil soles que el MINCUL le otorga a Mayra Couto [VIDEO]

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Anoche en el programa Beto a saber que se transmite por Willax, el periodista criticó que el Ministerio de Cultura este disponiendo dinero para financiar la serie de Mayra Couto, cuando existen prioridades más importantes en plena pandemia.

Beto Ortiz señaló: “Mayra Couto ganó un “premio”, porque acá se ganan “premios”, como se ganan vacunas. A Mayra le ha tocado un premio de S/ 75,000 mil soles para que haga su propia miniserie. ¡Hay que lindo! o sea, plata tuya y la mía, lo que la Sunat nos exprime todo el año. S/ 75,000 mil soles para que Mayra haga su serie “Mi cuerpa, mis reglas” porque ella cree que es muy cool ponerle “A” a todo. Acá vamos a comenzar ha hablar todo con la “A” para que vean lo feministas que somos”.

Aquí el video del programa.

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Cine

Mayra Couto gana 75 mil soles del Ministerio de Cultura para grabar su teleserie “Mi cuerpa, mis reglas”

El Ministerio de Cultura se encuentra nuevamente en el ojo de la tormenta por la premiación de Mayra Couto. Además, uno de los jurados que premió el proyecto “Mi cuerpa, mis reglas” fue denunciado por un escándalo de corrupción en Argentina.

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¿Realmente merecía ganar? Gran polémica ha suscitado desde que se supo que la actriz Mayra Couto se hizo merecedora del premio del Ministerio de Cultura (Mincul) en la categoría de Piloto de Serie de la Dirección Audiovisual, la fonografía y los Nuevos Medios (DAFO), recibiendo un estímulo económico de 75 mil soles.

Lo que no pasa desapercibido es que la deliberación del jurado (o del mismo Mincul) tenga como sustento que su obra sea ganadora, por encima de otras producciones, por el hecho de que considere el enfoque de género, lo cual para muchos es considerado como agenda política para el actual Gobierno, pretendiendo imponerlo como “D” lugar.

DAFO es una dirección del Ministerio de Cultura que tiene varios cuestionamientos desde su creación. Para muchos DAFO es la continuación de la corrupta CONACINE. El jurado del DAFO estuvo conformado por Gabriela Yepes Rossel, directora y guionista audiovisual; Roberto Barba Rebaza, productor audiovisual; y Bernardo Bergeret Balverde, programación, otorgándole el premio por unanimidad a Couto.

Sobre el jurado y Bernardo Bergeret Balverde

La decisión del jurado nos parece un gran error. Pero repasemos que cosas interesantes tiene cado uno de los que conformaron el jurado. Conocemos el trabajo de Gabriela Yepes, aparte de dedicarse a la docencia su cortometraje Danzak, es sin duda, su mejor carta de presentación. Y nos parece una talentosa cineasta peruana. Lamentablemente no podemos decir lo mismo de Roberto Barba, ya que no hay ningún trabajo que destaque dentro de la cinematografía. Pero, acá viene lo más interesante y donde el Ministerio de Cultura debe dar explicaciones. El tercer miembro del jurado fue el señor Bernardo Bergeret Balverde, quien fue involucrado en el 2018 en un escándalo de corrupción cuando ocupó el cargo de gerente del área Internacional del El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) en Argentina.

“Según el exministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, se descubrieron irregularidades “principalmente en la impresión de material promocional que acompaña la presencia del cine argentino en festivales internacionales, en cantidades tanto en dinero como en volumen que superan cualquier cotización normal”. Los gastos se erogaron del área de Bergeret: asuntos internacionales”.

Además, “en la denuncia que investiga la Oficina Anticorrupción (OA) se da cuenta que “entre enero y abril” de 2018 “se habrían malversado fondos del INCAA por 6.487.600 de pesos en gastos de imprenta originados en requerimientos de la Gerencia de Relaciones Internacionales”, y se acompaña con facturas. En la denuncia, que llegó al INCAA el 11 de mayo de 2018, se adjuntaban quince expedientes con las facturas y un listado de funcionarios y proveedores involucrados”, señala el diario de Cuyo.

Bernardo Bergeret Balverde.

Por su parte, Infobae presentó un informe completo del escándalo de corrupción donde se menciona:

“La resolución 835 firmada por el presidente del INCAA Ralph Haiek exactamente 11 días después de la llegada del anónimo frenó todos los pagos. La misma resolución ordenó la apertura de “actuaciones sumariales” a los agentes Bernardo Ernesto Bergeret Balverde (gerente del área Internacional del INCAA), Alejandro Righini (responsable de las compras desde esa gerencia, es decir, quien llevaba adelante las operaciones) y Pablo Ezequiel Maggioni (del departamento de Compras) “a efectos de determinar la eventual responsabilidad”. A Bergeret se le pidió la renuncia, a Righini se lo suspendió y a Maggioni se lo desplazó a otras funciones. Por otra parte, rescindieron el contrato de la abogada Sandra Menichelli, asesora del INCAA en tema de compras.

Además se agrega: “El gerente administrativo Nicolás Yocca, que llegó al organismo el año pasado, también presentó su renuncia. Él y Bergeret fueron quienes pusieron la firma aprobando las operaciones”. 

Acaso el Ministerio de Cultura del Perú no realiza un filtro para contratar al jurado. DAFO debe entender que lo más importante en un concurso donde hay en juego miles de soles, es la transparencia, algo que el Ministerio de Cultura parece desconocer hace más de una década. No se puede confiar en un jurado que haya sido involucrado en casos de corrupción en cualquier parte del mundo. El Ministerio de Cultura debería anular todos los premios donde haya tenido participación el señor Bernardo Ernesto Bergeret Balverde.

Lejos de la polémica de la premiación a Mayra Couto, quien tiene abierta simpatía y ejercicio activo del feminismo, la actriz confirmó el galardón recibido en sus propias redes sociales anunciando que pronto vendrán sorpresas para sus seguidores.

El dato:

Mayra Couto se presentó al concurso avalada por la productora “Bergman was right” (alusión al famoso cineasta sueco Ingmar Bergman), realizadora de documentales como “Su nombre es Fujimori” o “La espera, historia del Baguazo”, y la actriz en un principio colocó de nombre a su obra “Estafada” para su comedia situacional, para posteriormente cambiarle el nombre a “Mi cuerpa, mis reglas”.

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Cultura

Machu Picchu abre sus puertas al turismo desde este lunes 1 de marzo

Desde este lunes Machu Picchu vuelve a recibir a turistas nacionales y extranjeros.

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Luego de que el gobierno levantara la cuarentena, se dio a conocer que el turismo en la ciudad del Cusco retorna como parte de la reactivación de las actividades económicas por el levantamiento de la cuarentena.

El Ministerio de Cultura estableció que desde el 1 de marzo, se reinicia las visitas a la ciudadela de Machu Picchu, con un aforo máximo del 40% de su capacidad total. Es decir, el límite de personas que podrán acceder diariamente es de 897.

La Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco, fue la encargada de dar a conocer la reactivación del turismo en en el Parque Arqueológico Machu Picchu, principal atractivo turístico del Perú. Pero es importante conocer que para visitar el sitio arqueológico se debe cumplir con los protocolos sanitarios como el uso adecuado y permanente de la mascarilla, respetar el distanciamiento social, y todas las medidas de bioseguridad dictadas por el personal del sitio a fin de evitar la propagación del COVID-19.

El Ministerio de Cultura mencionó que los visitante pueden adquirir sus boletos de ingreso con anticipación en la web machupicchu.gob.pe o en las boleterías oficiales. El boleto es indispensable para el ingreso.

Los domingos es gratis para los cusqueños

Los domingos se mantiene el ingreso gratuito de los ciudadanos cusqueños a la ciudadela de Machu Picchu. Deberán obtener el boleto ingreso costo cero, para eso se deben registrar en el sistema electrónico de reservas.

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Cultura

El Bicentenario es el año más traumático de nuestra historia

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El reconocido poeta, Jorge Flórez Áybar, nació el 9 de noviembre de 1942 en Puno, se halla aislado literariamente. La entrevista se le pidió hace varios meses; y hemos esperado todo este tiempo pacientemente. Adujo que se encontraba atareado. Ahora que ha culminado dos textos más: “Andanzas de un viejo poeta” (poesía) y “El evangelio según Gamaliel” (ensayo) nos abrió un espacio. He aquí las respuestas. 

¿En qué medida las vivencias de su infancia han influido en su obra?

Nací en el año 1942, durante la II Guerra Mundial. Y creo que esos hechos han marcado mi vida. La violencia, la miseria, el hambre, la muerte son temas permanentes en casi todas mis obras. Si revisamos los cuentos que se hallan en “La danza de la lluvia” será una fotografía mía, personificada en el protagonista de las narraciones, Alexánder Petrova. En mi poesía, desde “Las huellas del tiempo” hasta las “Andanzas de un viejo poeta”, pasando por los poemarios “Dile que me estoy muriendo” y “El mito de la caverna” encontraremos hechos que ocurrieron a lo largo de mi vida, hechos que aun llevo a cuestas. Vivencias que las encontraremos también en mis tres novelas. Es que nadie puede escribir solo lo que sueña. La realidad y la ficción van de la mano. 

¿Cuál de los dos factores predomina en su actividad poética: La inspiración o el oficio? 

Algunos poetas jóvenes creen que el poeta nace: entonces se aferran a esa idea y se encierran en esa burbuja llamada inspiración, la misma que se convierte en un laberinto irracional surrealista. El poeta se hace con la lectura, con la investigación, con la teoría literaria, con la meditación, y en ese proceso nace en nosotros una conciencia literaria. Y cuando estamos ubicados no olvidamos nuestra cultura, ella emerge como una planta desde el fondo del “yo poético”. Y creo que nadie ve el mundo de un modo imparcial porque responde a su cultura y si es algo que no cabe en nuestro esquema mental nos parece raro, extraño. Este largo proceso configura nuestra personalidad y asumimos nuestro papel de escritor con oficio. ¿Por qué hay tantos poetas? Para responder esta pregunta acudo al crítico puneño, Eustaquio Kallata, que residía en la ciudad del Cusco. A él le hicieron la misma interrogante en aquella ciudad y él respondió: “En el Cusco solo hay dos poetas y medio: Luis Nieto y Arturo Castro y el medio puede ser cualquier poeta que abunda en las calles, plazas o cafetines de medio pelo”. Y para no caer en la mediocridad tenemos que estar investidos de esos recursos que hemos señalado. 

Si tuvieras que elegir a un escritor puneño para charlar un rato, ¿a quién elegirías? 

Mi ausencia en Puno duró casi catorce años, me trasladé a la ciudad de Arequipa y posteriormente al Cusco. Después de ese lapso, en la década del 70, decidí volver a la tierra donde nací. No conocía a mucha gente; yo era para muchos un extraño. Samuel Frisancho Pineda fue uno de los primeros en acogerme, me tendió la mano más allá de la simple amistad. El diario “Los Andes” se convirtió en mi tribuna; cuando él viajaba yo me quedaba al frente del periódico. Uno de esos días apareció en el umbral de la oficina un hombre con unas hojas en la mano y me dijo si lo podía publicar. Lo leí rápidamente y le sugerí que al título podríamos añadirle unas comillas. Aceptó. El artículo salió, pero él no volvió. Después de dos semanas nuevamente apareció en el umbral de la puerta. Me dijo que se había escondido por las cosas que él había expresado en su breve ponencia. Desde esa vez fuimos grandes amigos. Dirigimos dos revistas: “Mosaico” y “Titikaka”, con él me hubiera gustado conversar. Pero se fue hace poco. Era un hombre salido de la naturaleza (o de los Andes). Iba cargado de una alforja llenecita de tradiciones, costumbres, creencias, mitos. A él lo menciono en algunos poemas. Nunca podré olvidar su fino humor. Siempre nos despedíamos con una sonrisa que debía continuar al día siguiente. No podré perdonarme el no haber ido a sus exequias. Volviendo a tu pregunta, creo que Feliciano Padilla puede llenar ese gran vacío. Es un académico que conoce ampliamente la literatura más allá de nuestras fronteras. Sus novelas trascienden lo ideológico; el lenguaje y la composición son estructurados bajo este paraguas. Más allá de esta apreciación deseo recordar un hecho político. Padilla estuvo preso en la década del 80; la policía de ese entonces lo buscaba por sus ideas radicales. Era una época de violencia, persecución, de tortura. Yo era presidente de la ANEA (Asociación Nacional de Escritores) y el poeta, Jóspani, Secretario de Defensa, ambos redactamos un manifiesto a la opinión pública ante el encierro injusto del político, Feliciano Padilla. A los pocos días lo dejaron libre. Salió con una frazada y otras pertenencias. Lo curioso de este hecho radica en que nunca hemos hablado del asunto. Padilla recién empezaba a trabajar en el campo de la literatura. Creo que ambos hemos crecido en la narrativa (cuento y novela). 

¿Existe algún poema que le hubiera gustado componer?  

Todos los poetas en algún momento de su existencia desearon, sin duda, escribir un gran poema como el español, Jorge Manrique. Un solo poema y pasar a la historia para siempre. En el libro que acabo de publicar, “Andanzas de un viejo poeta” hay un poema, “La chujlla”. Deseaba hasta la locura que fuera un poema central, un poema que nucleara no solo mi historia personal, sino la historia de un pueblo. Pero fracasé. La pandemia salvaje y bárbara desatada por un dictador me tuvo encerrado en cuatro paredes. Estuve lejos de los amigos, incluso de las tumultuosas aguas del Titikaka. Ahora dicen que estoy libre, pero no me dejan viajar. Mis 78 años tienen el peso de una montaña. Sin embargo, no maldigo haber nacido en este país que se jodió en el momento que España nos invadía. Ahora nos estamos cayendo a pedazos. 

Alguna anécdota que le haya ocurrido en su trayectoria periodística. 

Sobre la anécdota; te cuento que yo empecé a escribir en el diario “El Comercio” del Cusco. En ese tiempo era estudiante universitario. Este oficio lo traje conmigo. Soñé con tener mi propia trinchera. Como te conté, con el escritor Gallegos dirigimos “Titikaka”. Yo tenía mi columna: “Mosaico” y escribía con el pseudónimo de Alexánder Petrova. Era una columna muy leída. El empresario Parodi era un fanático de nuestra revista. Cada vez que le dejábamos un ejemplar nos decía: “Saluden al poeta Alexánder Petrova”. 

El 2021 se conmemora el Bicentenario del país, ¿cuál es el reto del escritor puneño? 

El reto es complejo porque vivimos en un mundo globalizado. Donde las ideas sobreviven. El mundo occidental es brutal; y en nombre de su cultura hace denodados esfuerzos para destruirnos. Borrarnos. La cultura de un pueblo nace en sus raíces. Incluso, el poeta Neruda, a pesar de su ideología dogmática no pudo librarse de ella. La cultura araucana subyace en su poesía. Scorza tenía razón cuando instó que los escritores crearan y defendieran su territorio. Y ese territorio era la literatura, un espacio amurallado por sus propias fronteras: la tradición, las costumbres, la religión, la filosofía, las creencias. Claro, que defender todo no solo es heroico, sino utópico. Pero, más allá de la literatura, creo que el Bicentenario es el año más traumático de nuestra historia. Las fisuras marcadas por la política, la salud y la economía se verán reflejadas en nuestros rostros y como nos castraron ideológicamente no habrá protestas en las calles, todas estarán en silencio como un cadáver insepulto. 

Si le pidieran un comentario sobre la literatura puneña, ¿Cuál sería su opinión? 

Yo me pregunto si realmente existe una literatura puneña. En todo caso, cómo caracterizarla frente a la literatura del país. ¿Existe una literatura nacional? Somos un país multilingüe y pluricultural y cada etnia construye su propio canon literario. En el último Congreso sobre literatura sostuve que en nuestra nación existen por lo menos algo más de cinco cánones literarios: la literatura andina, la afroperuana, la amazónica, la de las prisiones y la que se edifica en la capital. Cada una de ellas con sus propias características como respuesta a su contexto. Estas observaciones no han sido tomadas en cuenta por los historiadores de la literatura en nuestro país. 

El año 2004 publiqué un ensayo, “Literatura y violencia en los Andes”. Era un esbozo de literatura peruana, vista desde Puno. Era un ensayo, sin duda, desafiante. Era “la otra literatura”. Me atreví a plantear una nueva periodización de la literatura; y, por otro lado, consideré a algo más de 100 escritores; 40 puneños y el resto de todas las regiones del país. El objetivo era ubicar a la literatura andina en un contexto mayor. Ese doble carácter molestó a los críticos limeños, dijeron que era un libro que no debió circular. 

Volviendo a tu pregunta debo expresar que la literatura en Puno se halla en buen pie. En la década del 20 al 30 fuimos la capital de la literatura en el país. Luego, en la década del 80 hay un nuevo auge. Los poetas y narradores ampliaron el mapa literario; pero cojeamos en el ensayo. 

Finalmente, algún mensaje a los jóvenes que quieran dedicarse a la literatura. 

La literatura es vasta y solo se accede a ella, si hay una profunda vocación. Solo la lectura profesional nos hace críticos. La investigación profundiza la meditación. Vargas Llosa es un ejemplo: crea y maneja teoría con una metodología propia. Lástima que se halle en la vereda de enfrente. No comparto sus opiniones sobre literatura. 

Mi vocación literaria nació en los primeros años de la secundaria. En el último año dirigí una revista literaria. Y ese año tuve mi primer libro, “María” de Jorge Isaac. Fue un obsequio de una compañera de aquellos años. En la Universidad hice estudios de lengua y literatura. Tuve como profesores a grandes poetas: Luis Nieto y Andrés Alencastre. La vida del cholo Nieto es singular; fue un político sin ambages, un luchador social; fue expulsado del país por Sánchez Cerro el año 1932, ese mismo año salía al exilio Gamaliel Churata. Nieto estuvo en Bolivia donde publicó su primer libro de poemas, “Los poemas perversos”. Tenía 22 años. Después estuvo en Chile, y publicó “Puños en alto”. Fue un poeta de toda la vida; escribió algo más de 20 poemarios. Mi maestro dijo: “Chile aportó mi ubicación política”. El año 2032 celebraremos los cien años de la poesía del Gran Cholo Nieto. 

Qué puedo decir a los jóvenes de hoy que tienen cierta inclinación por la literatura. Y si les digo que no traicionen la vocación que hay en ellos, ¿me harán caso? Hoy los jóvenes ya no leen; hay una crisis de lectores. Hasta puedo asegurar que muchos libros por culpa de ellos se han convertido en la tumba de sus autores. Sin embargo, al final de todo este caos, hay una luz blanca reflejada por las páginas de un libro, un libro es como un amigo, siempre espera. 

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