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Cine

Gisella Burga “El documental me ha cambiado la vida”

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GISELLA BURGA

“El documental me ha cambiado la vida”

Entrevista Edwin Cavello Limas
Fotos Jorge Alberca

Gisella Burga dejó el Perú a los 16 años, se alejó de su ciudad natal Chiclayo para viajar a España, radicando en la madre patria se dedicó a estudiar cine. Actualmente es una de las pocas mujeres que realiza documentales en el país.

Su corto documental “Yuraktukto”  participó en el Fenaco 2012 realizado en Lambayeque. Lima Gris viajó hasta la ciudad del norte, para conocer más de los jóvenes realizadores, las sorpresas fueron muchas,  pero uno de los trabajos que nos llamó la atención fue Yuraktukto, documental que narra la vida de una comunidad de la sierra de Ferreñafe,  ubicado en el caserío Magmapampa, que pertenece al distrito quechua de Cañaris.

Con una cámara en mano y con todas las ganas de redescubrir  el Perú, Gisella Burga inicia su filmación “este trabajo lo realicé con cero presupuesto” nos confiesa. Lo que buscó con el documental fue visibilizar una realidad ajena y escondida del norte del Perú, nos narra las vivencias de una comunidad que sobrevive con diversas necesidades,  entre ellas una paupérrima educación,  y la falta de servicios básicos como agua y desagüe.

Burga nos permite observar con una mirada tierna y bastante curiosa un pedacito del Perú profundo, nos invita a conocer la escuelita, el centro de salud, las tristezas, las alegrías y los sueños de varios niños que han sido olvidados por el centralismo y la ignorancia política.

Pero además nos hace cómplices del descubrimiento de una maestra, que se transforma en héroe vestida de esperanza.  Entre los colores y la tierna forma de mirar, Yuraktukto nos golpea los sentidos y nos hace un llamado de atención “Ellos también son peruanos”.

Aquí el video de la entrevista con la cineasta Gisella Burga, que regresó al Perú para quedarse.

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Cine

“No mires arriba”, muchas estrellas para una película sin mayores brillos

Una película aburrida y llena de clichés.

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Una de las cintas más esperadas de la época navideña en Netflix, que no estuvo a la altura de las expectativas. Dos astrónomos descubren un meteoro de 10 kilómetros de diámetro que chocará con la Tierra, provocando la extinción de la especie humana, así que deciden avisar al gobierno de los Estados Unidos para que, como en “Armagedón”, manden a Hellboy a colocar bombas nucleares en el meteoro y así desviar su trayectoria.

Hasta acá no es nada que no hayamos visto ya en tantas otras cintas con meteoros que amenazan al planeta cada domingo a las 12 después de la misa: el fin del mundo llegaba con forma de un volcán en Los Ángeles; otro meteoro gigante en “2012”; el fin de los tiempos con Elijah Wood corriendo colina arriba con el adolescente amor de su vida; una pandemia recorriendo el planeta como un mal viento; etc. Y entonces todos los personajes que desfilan en esta película llena de estrellas —de ahí la enorme expectativa— se convierten en clichés que ya hemos visto antes en cintas con muchísimo menos presupuesto y bastante pantalla verde.

¿Qué la hace entonces interesante para algunos y tan aburrida para otros? Puedo ensayar una respuesta desde mi punto de vista: a mí me pareció una película aburrida hasta el hartazgo porque para mí —al menos— no es nuevo el tema de la hiper dependencia digital en los jóvenes y esa necesidad enfermiza de registrarlo todo en sus redes sociales (lo he visto en las revistas donde he trabajado, en medios poblados de “influencers”, en series populares como “Emily en París” donde el Instagram registra todo por un like que al final se monetiza, o en mis propias redes sociales llenas de personajes cuyos likes son estratosféricos y mientras menos ropas tengan encima, más estratosféricos aún; y todavía podría decir que en mis propios post donde pongo algún plato de comida, porque si pongo un libro a las justas merece cierta atención), y lo he visto también en épocas electorales, donde los políticos manejan estupendamente bien las taras y falencias de una generación esclava de lo digital y de la gigantesca necesidad de aprobación ajena. Y también en cierta prensa que te vende noticias de gatitos y perritos en medio de asesinatos y convulsiones políticas, que es la prensa que aparece en “No mires arriba”, una donde todo tiene que tener un final feliz porque eso genera tráfico y vistas.

Entonces tal vez esta cinta no sea para público en general sino que esté dirigida a aquellas personas que —en un incomprensible asombro en medio del mundo que habitamos— descubren por primera vez que vivimos en un planeta dependiente de las redes sociales y consideran por ello a esta cinta como una “genial sátira política” o una “estupenda crítica social”. Tiene sus momentos, es cierto, como aquel donde los defensores del planeta organizan un concierto ¿les suena conocido? para “concientizar” al otro bando: los que no creen en el meteoro porque desde el poder les han venido diciendo que no miren arriba, que todo es un invento, que no hay nada que temer: hasta que alguien levanta la mirada y ve el brillante círculo surcando la noche en que el mundo se irá a la quinta paila del infierno ¿no es esto también archiconocido y ya lo vimos en “Día de la Independencia” donde la gente saltaba en una azotea agitando sus manitos hasta que los marcianos los convierten en polvo cósmico con un láser?

Y así, la escena poscréditos da para un último colerón pero supongo que ya la verán, tiene su no sé tú. Pero ahí nomás, no ha sido, en todo caso, la película que yo esperaba, ni siquiera resulta “divertida”, mucho menos “hilarante” como he leído por ahí, aunque tiene sus momentos, claro que sí (y Meryl Streep se lleva todos los aplausos). Un hashtag no cambia nada: entiéndelo de una vez.

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Spencer, de Pablo Larraín (2021): un acercamiento al mainstream

Lee la crítica a la nueva película del cineasta chileno Pablo Larraín.

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Por Rosa Cáceres

Spencer es la décima película del realizador Pablo Larraín quien a lo largo de casi dos horas retrata lo que ocurre en tres días, durante las fiestas de navidad en el palacio de campo de la corona británica.

El realizador se somete a la premisa de adentrarse en un retrato íntimo de Diana, personaje controvertido y acosado por los dogmas de un poder protocolar, en el que su figura pasó a ser fuente de miradas y escándalos no aptos para el palacio de los Windsor.

Sin embargo asalta de inmediato la duda. ¿Por qué un cineasta sudamericano hace una película de un personaje de la realeza británica?

Apelemos a la buena intención de alguien realmente interesado en analizar lo que pasa en esas cúpulas de poder.  Shakespeare lo hizo. ¿Por qué  Larraín no?

Es por ello que esperamos que este relato sea una herramienta para hablar de aquello; no obstante el director en cuestión no deja clara su intención y el personaje a ratos es poco creíble, con una errática Kristen Stewart más preocupada en esbozar  el acento inglés que de compenetrarse con la crisis psicológica del personaje. 

Hay un claro referente a El resplandor: los pasillos, el color, las bolas de billar, la presencia espectral de empleados que la vigilan constantemente —que aparecen y desaparecen por detrás de las pesadas puertas—. Se logra por momentos una atmosfera claustrofóbica enfermiza y quizás este sea el gran valor de la película. Pero ¿se podrá sostener una película solo por el Arte?

Larraín se da sus lujos, como tener dentro de su elenco a un desaprovechado Sean Harris, quien interpreta al chef de la corona, especie de confidente consejero casual, tan desencajado como la fusión jazzístico-clásica compuesta por Jonny Greenwood, en un trabajo de montaje que no funciona como una unidad. No obstante, ¿un hijo de una de las familias más ricas de Chile, puede darse ciertos gustos, sin ningún sentido contundente?

Podríamos pensar que una “metafísica del tiempo” —un retrato de 3 días— es suficiente para contar algo, divagar incluso,  a través de dicho tiempo pero, esto en vez de convertirse en una potencia, no logra articular  una nueva exploración cinematográfica, sino solo en lo acomodaticio y convencional para agradar a  Hollywood.

Las pueriles puestas en escena con alucinaciones de Ana Bolena, —con la que el personaje se siente identificado— sostienen la misma tecla durante todo el relato, “el  monótono cuadro de la princesita víctima”.

Así, a través de temáticas metacinematográficas tales como Mujer, Patriarcado, Soledad, Locura, que fueron expuestas desde Jackie (2016), Emma (2018) y ahora Spencer (2021), manifiesta más un acercamiento al mainstream que a argumentos que le obsesionan.

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Cine

Annette, de Leos Carax (2021)

Lee la crítica de cine de Mario Castro Cobos.

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Lo mejor se encuentra sobre todo en el principio y en el final; lo peor está en el medio. ¿Qué es lo mejor? Ese talento para mostrarnos que el éxtasis de la ficción es un juego, una gloriosa mentira. Bailada y cantada en nuestra cara. Emociona, arrastra, y en este caso sentimos su esencia musical, esa nueva realidad creada de la nada, esa fundación de un nuevo mundo donde cualquier cosa podría pasar. La ficción es la puerta milagrosa abierta a no se sabe qué.

Y queremos por si fuera poco que la ilusión se convierta en verdad.

Esto se nos muestra abiertamente con la invasión de la historia en los créditos. Es como si el cuadro se saliera de su marco. Y esa será, en general, la actitud, para bien y para mal. Se podría decir que se trata de agarrar el musical, ese lugar tan lleno de sentimiento, y de flagrante irrealidad, para ver qué hay más allá. Porque algo más debe haber.

No pude dejar de recordar tanto el principio como el final de Inland Empire, de David Lynch —otra película ‘posmoderna’, extrema, a la que se le notan las limitaciones del presupuesto, melodramática, surrealista, demente, con subidas y bajadas en su intensidad—. Annette por supuesto no posee el genio de Inland Empire, pero ambas comparten una muy evidente voluntad de hacer explotar las reglas narrativas y en ese sentido ambas toman no pocos riesgos.

¿Qué está en el medio? La previsible y muy tonta historia, contada —cantada— casi de la manera más tonta posible, es la irrenunciable (para Carax) historia de amor con mayúsculas, con resolución criminal, y también criminal con los matices. La tragedia de una mujer muy dulce (tan dulce que resulta de una pieza) y un hombre muy amargo (tan amargo como un polo complementario también de una pieza, eso sí, interpretado con convicción). Cualquiera se da cuenta de que Carax quiere mostrar la estupidez y el horror así como la maravilla del mundo del espectáculo. ¿Pero cómo hacerlo sin ser al menos un poco estúpido también?

Y aquí llega la aguda invención, la que le da título a la película, la hija del la diva operática y el comediante de stand up tan problemáticamente cómico: Annette. Personaje interpretado por una marioneta. Es el resumen de lo que el espectáculo hace con nosotros, pues la cosa funciona de ida y vuelta. Pero la sorpresa final y uno de los mejores momentos vendrá con la conversión de la marioneta en niña real. La niña de carne y hueso nos muestra en su interpretación el camino que la película tomó solo a medias.

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De todas las cosas que se han de saber, de Sofía Velázquez (2021)

Lee la crítica de cine de Mario Castro Cobos.

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El detrás de cámaras es la película. El ensayo es la obra. O en buena parte en ambos casos. No escondas el dispositivo; muéstralo, así es mejor, porque esto es una película, y, a la vez, o por eso: se trata de captar lo que está vivo. Tanto si te lo inventas como si lo descubres (sutil o invisible diferencia, pero existe).

Y qué es lo que importa: pequeños momentos de energía y gracia. (Esto es: no al guión de fierro y no a la maniática ilusión ‘realista’. Vieja desgracia del cine peruano más retrógrado.)

El error, la imperfección, el accidente son aprovechables, son parte integrante del proceso (de la vida y de la obra). O por qué llamarlo error, imperfección, accidente… si es la vida misma. Así que todo esto (o parte de esto) lo verás también en la obra misma. Evidenciarlo es (literalmente) constructivo, además de divertido -y en realidad bastante instructivo; debería hacerse más-.

Se trata, como se dice, de ‘la gente del lugar’ donde nació César Vallejo; gente que, muy animadamente, se presta al juego. Sé que es o que termina siendo un retrato de la gente más que un retrato de Vallejo pero me pregunto quién es Vallejo para ellos (aunque está claro que a algunos sí les importa algo más). ¿Y qué hacen ellos con sus palabras?

“Todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él” son palabras del poeta que no se citan ni se declaman en la película pero algo de eso está… Con todo, las palabras de Vallejo siguen traspasando el tiempo (ese es su poder) y siguen describiendo vivencias humanas. Rompiendo el lenguaje. Y el pueblo juega con el juguete.

Así, lo que me atrae más es el registro (casi siempre fresco) de las intersecciones de un puñado de habitantes de Santiago de Chuco con algunas palabras —sigo con la duda, qué tan importante será Vallejo para cada uno de ellos, pero también puedo pensar en qué tan importantes fueron para Vallejo personas sencillas como las personas filmadas— de uno de los poetas más extraordinarios del siglo XX. Las palabras habitan estos cuerpos tan distintos, como habitaron el cuerpo del poeta.

Encuentro empatía, naturalidad, un sentido del tacto y la discreción -así como de la fabulación- y aprovechamiento del cine de, entre otros, Eduardo Coutinho y Nicolás Prividera. Y más allá, el cine-encuesta (‘cine-verdad’) practicado por Rouch y Morin en Crónica de un verano (1961).

Y si la película no bucea (digamos, a lo Vallejo), navega de manera ingeniosa y apreciable por su galería de personajes más acá y más allá de Vallejo. ¿Y si el texto era un pretexto? Pero sin pretexto no hay película.

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Cine

“Pisahueco” se fue a Portugal

El cortometraje peruano que sigue ganando premios internacionales.

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“PISAHUECO”  (HOLESTEPPER) Es la ópera prima de Sergio Fernández Muñoz (Lima, 1991), que después de haber obtenido 188 premios y nominaciones a nivel internacional, desde su estreno el 2018, un récord absoluto no logrado jamás por ninguna otra producción peruana- se va al Portugal, pero convertido en una serie inicial  de seis capítulos y bautizado con el curioso nombre de “Noob”. Las transmisiones se iniciaron este 15 de noviembre, con un elenco totalmente extranjero.

¿Quién es PISAHUECO?, el productor y bachiller en comunicación Audiovisual de la Universidad de Lima Sergio Fernández, ideó este argumento movido por el enorme atractivo y popularidad que han alcanzado  las plataformas digitales, medios completamente inéditos en décadas pasadas, que nos abrió posibilidades impensadas pero que también puede servir para ser utilizado de manera equívoca.

El famoso bullying, ese acoso que enfrentan los chicos en el colegio por parte de sus compañeros y alguna vez, también de los mismos profesores  porque “se le prendieron,” a un alumno, ha sido revertido y ahora son los docentes quienes lo sufren, pero a través del internet. Este es el caso del profesor “ANGEL”, interpretado de manera magistral por el primer actor Oswaldo Salas.

El argumento, es sencillo: el profesor Angel, que padece de cojera-no se sabe si congénita o producto de un accidente- un día descubre que sus alumnos hacen burla de este defecto y por las redes, lo bautizaron con el término peyorativo de PISAHUECO. Decidido a descubrir a los culpables y darles una lección, se interna por los vericuetos del internet adoptando una actitud que sorprende a sus discípulos, pues de agredido termina en agresor.

Este es el nudo gordiano del cortometraje, porque nos descubre el lado oscuro de la personalidad del personaje que sale a luz a través de la agresión que está sufriendo y nos deja preguntando si quizá sin ese disparador, Angel hubiera seguido siendo el personaje tímido y acomplejado de siempre o bastó accionarlo  para lanzar la bala? Especulaciones que serán resueltas por los cinéfilos.

El elenco está conformado por Oswaldo Salas como el profesor Angel, los adolescentes Paulina Bazán (Francisca), Adrián du Bois (Lorenzo) y Naara Amoretti es María José. Este cortometraje ha sido  nominado con 188 galardones. El actor Salas acumula 57 premios y su retrato convertido en una singular caricatura, sirvió como presentación del corto en un afiche publicitario.

Escogimos solo cinco de estos importantes reconocimientos, para descubrir su enorme gran capacidad actoral:

1.    Ganador del Premio a la Excelencia al Mejor Actor Principal en el Accolade Global Film Competition, USA.

2.    Ganador del Premio al Mejor Actor en el V.i.Z. Film Fest, Bulgaria.

3.    Ganador del Premio Gold al Mejor Actor en Drama en el Best Actor & Directors Award – New York, USA.

4.    Ganador del Premio al Mejor Actor en el Halicarnassus Film Festival, Turquía.

5.    Ganador del Premio al Mejor Actor Principal en Cortometraje en el Lonely Wolf – London International Film Festival, Inglaterra.

¿Cuál es el secreto del éxito de PISAHUECO? La simbiosis entre el guión, la dirección y la actuación impecable del elenco  pues ni siquiera los jóvenes actores pierden el papel, por así decirlo y en la que destaca la de Oswaldo Salas.. Agregado a estos elementos, se suman la escenografía y la música incidental

El PISAHUECO portugués, se ha convertido en el primer cortometraje peruano que tiene una versión extranjera como serie con el nombre de “noob”. Su nuevo director es Carlos Melim y el guión ha sido escrito por el director de PISAHUECO, Sergio Fernández junto con el director y guionista Mateo Krystek, quien fuera asistente de dirección del PISAHUECO peruano, interviniendo también, Carlos Melim. Este nuevo profesor se llama Filisberto y ha sido encarnado por el actor Alexandre Martins.

Noob.

El director Fernández, además de ocuparse de los cortometrajes, trabaja también en Señor Z, una casa productora de comerciales siendo uno de sus directores. Esta diversidad de ocupaciones y los viajes a provincias, no le permitieron dar respuesta a nuestro cuestionario, privándonos de conocer aspectos inéditos de la filmación, los cambios habidos en la serie, como de su carrera y su percepción personal sobre el bullying.

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Cine

“Un mundo para Julius”, de Rossana Díaz Costa: Julius no se merecía esto

Lee la crítica de cine de la semana de Mario Castro Cobos.

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Las caricaturas de la novela de Bryce que yo recuerde funcionan porque te dicen que sí, que esta gente es de caricatura. Ese es el descubrimiento. No es que simplemente Bryce quiera que sea así, es que no tiene otro remedio que verlos y mostrarlos así. El humor y la ironía están ahí como un balón de oxígeno, casi como la única opción posible que permite soportar ese mundo. Esa fuerza es también el límite de su visión. La debilidad de Bryce es que no puede ir más allá.

En esta película reflexiones así no importan.

Bryce no puede, como, digamos, Proust, profundizar, o internarse en la selva de las descripciones ‘fenomenológicas’ hasta el punto de hacerlas verdaderas protagonistas, cambiando así el eje o centro de gravedad de la obra. Bryce no puede convertir por ejemplo el examen de una sensación en algo cualitativamente más importante que un personaje.

En Bryce la plena complejidad del pensamiento obtenido directamente del estímulo sensorial (esencial en Proust) no puede ocupar el espacio de una narración como la suya -con todo, tradicional-. Proust percibe y extrae mayores conexiones, mayores relaciones, una red entera, atraviesa largamente la caricatura. Expande la conciencia en direcciones nuevas. Su visión de percepciones y mentalidades individuales y sociales va más allá del campo de la ironía.

En esta película el tratamiento de las caricaturas es diferente a las, digamos, ‘opción Bryce’ y ‘opción Proust’; es por desgracia… de lo más simple. El lugar común es tomado como evidencia de la verdad. No existe ni un atisbo de voluntad de elaboración.

Si entendemos las caricaturas como una realidad en segundo grado, o si quieren, como una realidad degradada, una cierta sonrisa, una sonrisa inteligente (que no se deja enceguecer ni por la tristeza fácil ni por la ternura fácil), una sonrisa antidemagógica que no se someta a la blandura mental de los amplios públicos que necesitan más bien NO ser confirmados en sus prejuicios y descuidadas simplificaciones, generadas, además, por élites interesadas en las consabidas manipulaciones que redunden en su beneficio, es decir en el mantenimiento y profundización de sus privilegios; repito, una sonrisa inteligente conviene, necesariamente, de cara a ese mundo donde todo es de por sí (o tiende a ser, o es, en muy gran medida) fundamentalmente falso.

Se trata de desmontar dicho mundo al ponerlo en escena, no de suspirar por él. Lo hermoso (‘lo hermoso’) de ese mundo debería ser la confirmación cruel de su miseria, más que su inconvincente máscara.

La directora junto a algunos protagonistas de la película. Foto: El Comercio.

Pero al replicar las construcciones mentales vulgares e idiotas de los medios, propias de los más anodinos telefilmes o telelloronas, esta película no ayuda en lo absoluto a entendernos mejor en ningún sentido que sea constructivo (y no me vengan a decir ‘inocentemente’ que es ‘solo entretenimiento’) aunque acaso así se vendan más entradas.

Necesitamos un cine que en verdad explore y no un cine melodramático y de una pieza, colaboracionista del sistema.

¿La tarea del artista no era la de ser guía de la percepción en vez de portavoz del irreflexivo consenso emocional de las mayorías alienadas? En esta película las caricaturas se asumen ‘en serio’, como si no hubiera que hacer nada más con ellas; como si ellas fuesen verdades definitivas firmemente establecidas que solo deben ser transportadas tal cual (tal cual se malentendieron) del libro a la película, y ponerse en escena como estatuas más o menos animadas o desanimadas sobre un altamente dudoso pedestal de ‘cine de calidad’. ¿Por qué ser tan superficial? La nostalgia es inútil si no se transforma uno mismo al transformarla, más allá de la autocomplaccencia acrítica.

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Cine

La película “Presencias siniestras” se estrena a nivel nacional [VIDEO]

Una estudiante de cine realiza una película de terror, el filme es tan violento que algunos mueren de paro cardíaco. Este 25 de noviembre llega a nuestra cartelera la película de terror coreana que está aterrorizado al mundo.

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Esta es la aterradora historia  de una joven directora de películas de terror la cual se encuentra en busca de inspiración para su próximo guion. En esta búsqueda se topa con la película  que se dice es  la más terrorífica jamás hecha y de haber sido hecha  por un fantasma vengativo que terminó  matando a todos los que la realizaron.  

Cualquier persona no resistiría verla  y el que se atreva a verla completa, una maldición o fatalidad recaería sobre este( a) Su búsqueda  la lleva a encontrar a su  director al que se le atribuye el crédito de haberla realizado. El director demuestra estar enloquecido y dispuesto a todo con tal de que esta nunca vuelva a ser exhibida pero ella hace caso omiso. Mientras continúa descubriendo detalles sobre la película,  ella experimentará  fenómenos sin explicación y sintiendo presencias que la acechan. Lo que descubre es una presencia maligna y mortal que no se detendrá ante nada para poseerla a ella y a todo aquel que se atreva a ver la película. 

Varios países de Asia han demostrado ser grandes exportadores de cintas de terror. Su calidad es tal, que inclusive en más de una ocasión la industria cinematográfica estadounidense ha hecho su propia versión de estas historias. 

Hoy por hoy, el  cine de horror coreano y sus series son un referente sin lugar a dudas. Sus atmósferas perturbadoras, sus conceptos de lo que asusta, el cuidado de las imágenes que buscan proyectar, siempre atrapan la imaginación de todos. Ahora toca el turno a PRESENCIAS SINIESTRAS la cual llega a pantallas peruanas este 25 de Noviembre  para deleite de aquellos que  disfrutan las películas de terror.

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Cine

Entre esos árboles que he inventado, de Martín Rebaza (2021)

La crítica de cine de la semana de Mario Castro Cobos.

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No resulta usual, en una película peruana, poder contemplar en el apunte del detalle de la cotidianidad, el proceso gradual de descubrimiento de lo que lleva dentro de sí un personaje.

No resulta usual que se logre con algún grado de cuidado y de sutileza, abundando en observaciones y ahorrando en palabras, poblando el cuadro de sugerencias, en vez de obviedades.

Durante varios minutos, pese a acumularse escenas e informaciones sobre la protagonista, ella permanece reacia a una definición, aunque sea rodeada y descrita por la cámara, pues así y todo se mantiene impenetrable, hermética, notablemente inasible. No es posible llegar a ella, y eso despierta aún más la curiosidad.

Pude recordar pensando en este punto a una de las películas más radicales del cine peruano, entre otras cosas, en cuanto a ese negarse a hablar (o no con palabras): Detrás del mar (2005), de Raúl Del Busto.

Hay entonces una espera, un sentido del tiempo para meterse en el personaje, que está lleno de sentido, que se corresponde con la realidad humana, y claro, con la dificultad y hasta imposibilidad de conocer al otro.

La ciudad de Trujillo, mostrada en blanco y negro, y no necesariamente en sus costados más heroicos, es un escenario de apuntes fotográficos, en los que la captación de las apariencias las atraviesa. En las fotos, y en las palabras que acompañan a esas fotos, hay una declaración poética. Y la ciudad es mostrada como una entidad insatisfactoria. Hay una mirada sobre la gente (en la calle) que respetando la distancia consgue proximidad. Y un personaje en especial.

Vemos no-actrices que no exhiben, como cualidad distintiva, una gran belleza física que admirar al segundo, y acaso de manera epidérmica, pero se trata en cambio de no-actrices que están ahí para que apreciemos en ellas, en su encuentro, en sus personajes, conforme se desarrollan, a personalidades interesantes, merecedoras de nuestra atención.

La película mantiene un interesante medio tono; ni una gran alegría, ni una gran tristeza; no carga las tintas con dramatismos, aunque, eso sí, hay una especie de melancólica soledad. Hay que ver qué fotografía el personaje principal. Incluso cuando fotografía a algún personaje hilarante.

En el sentido del humor y de lo sutil Rebaza sigue la línea de Omar Forero.

Entre esos árboles que he inventado proporciona la sensación liberadora de nuevos caminos para el cine peruano.

Película vista en la 7 Semana del Cine Universidad de Lima.

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