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Cultura

Federico Kauffmann Doig, una leyenda viva de la arqueología

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El doctor Federico Kauffmann Doig (92 años) ha brindado grandes aportes en el estudio de nuestra civilización del antiguo Perú. Como antropólogo, arqueólogo e historiador, ha sido director del Museo de Arte de Lima, Director General del Patrimonio Cultural de la Nación, subdirector del Instituto Nacional de Cultura, embajador en Alemania y director del Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia del Perú. Además, es autor de decenas de títulos de divulgación científica e histórica.

Lima Gris conversó con el respetado intelectual peruano sobre la problemática del Ministerio de Cultura, Machu Picchu, la construcción del aeropuerto de Chinchero, Chachapoyas, las momias de Nasca y Porras Barrenechea. Además, nos contó pasajes de su vida y su experiencia como embajador en Alemania.

Una exministra de Cultura dijo que lo de Chinchero fue una decisión tomada por el gobierno ¿Qué opina sobre eso?

Como arqueóloga que debe defender nuestro patrimonio cultural, cómo puede decir eso. ¿Porque el gobierno me nombra debo hacer exactamente lo que me dicen? Puedo hablar con el señor presidente y decirle: yo no puedo aceptar esto. Me obliga usted a hacer algo que va en contra de la moral de los arqueólogos.

Ex ministra de Cultura Sonia Guillén.

¿Cómo es posible que una arqueóloga haya avalado la decisión del gobierno de Vizcarra?

Hace varios años los auditores eran del Ministerio de Educación, porque no había Ministerio de Cultura en ese momento, sino Instituto Nacional de Cultura. Allí se produjo una situación un poco rara y descubrieron una inconducta de señora Sonia Guillén, que costó nada menos que el puesto al director general, un tal Arista y también al arqueólogo Miguel Pazos, que era Director General de Patrimonio.

¿Qué fue lo que hizo la exministra Sonia Guillén?

En el informe de la auditoría realizada en 1997 a Sonia Guillén, verán ustedes que esta señora manipuló a Pazos y al director general; ahí está todo.

Hace algunos años, durante el gobierno de Alejandro Toledo hubo un intercambio de palabras entre usted y la señora Guillén.

Justamente, por defender el patrimonio. Cómo es posible que la señora Eliane Karp haya forzado la puerta y se lleve esas momias sin consultar, sacándolas a las 5 de la mañana del museo local de Leymebamba, que estaba administrado y cuidado por la propia comunidad. Y como yo conocía a esas personas, me mandaron un comunicado escrito con 100 firmas de los comuneros manifestando su indignación por el retiro de las momias, y pidieron que por favor diera cuenta de este atropello a los medios de comunicación.

Esto de sacar las momias fuera del Perú, más que nada era un tema personal ¿no es así?

Exactamente. Ahí también entendieron mal algunos periodistas. Yo no la acusé (refiriéndose a Sonia Guillén) por llevarse de esa manera las momias a Austria. Yo la acusé por la mala conducta que tuvo con la comunidad, porque fueron saqueadas de una manera vil.

Usted tiene años de experiencia en la arqueología y conoce además a muchos funcionarios que han pasado por el Ministerio de Cultura. ¿Quién tiene realmente poder en el Ministerio de Cultura? Porque parece que hay una especie de poder bajo las sombras.

Debe haber algo, porque el Ministerio de Cultura nunca se pronuncia sobre el MUNA, y ahí creo –no quiero decir nombres– hay intereses de personas que no necesariamente pertenecen, o han trabajo allí, pero que tienen conexiones muy directas. No necesariamente con los dos anteriores ministros, pero tienen una relación con gente que está ahí de manera permanente, trabajando durante años.

Foto: El Comercio.

El sector de arqueología ¿Funcionaba mejor cuando era el INC, o ahora que es el ministerio de Cultura?

En el INC pasaban cosas como la inconducta de Sonia Guillén, pero antes también había mucha gente talentosa, porque tenían un corazón peruano que les afectaba la vulneración de un monumento.

¿Usted rechaza la construcción del aeropuerto en Chinchero?

Por supuesto. Los que decidieron esto fueron más que nada los burócratas y que no quisieron tener pleito alguno con lo que mandaba el señor Vizcarra. ¡Qué barbaridad! Les puedo mandar unas fotos cuando estuve en Chinchero con un grupo de colegas que están en contra de la construcción del aeropuerto.

Proyecto aeropuerto internacional Chinchero en Cusco.

Kuélap es otra preocupación ¿Por qué no contrataron a un ingeniero que es lo que corresponde?

Para eso hay especialistas, pero lamentablemente no los tenemos en el Perú. Hay uno que otro, como Tapia, un cusqueño que ha estudiado en Italia, o de Samanez Ocampo, otro cusqueño. Lo del teleférico tiene su pro y su contra. Yo estoy más en contra, pero hay muchos que dicen estar a favor, porque con eso viene el turismo y mejora la economía de la zona. Lo que me interesa es que no se derrumbe nuestro Kuélap.

Habiendo un presupuesto para el teleférico y otro para la reconstrucción, primero se decide hacer el teleférico en vez de la reconstrucción ¿No le parece algo absurdo?

No puedo hablar mal de Narváez que siempre ha trabajado durante muchos años; pero hace como 10 años ha dejado de trabajar. Él ha tratado, cada vez que se caía parte de la muralla, la volvía a poner. Ha hecho un buen trabajo. Sin embargo, en los últimos 10 años ya no se ha hecho nada, se ha dejado que se derrumbe más y más.

Yo me pongo a pensar cómo los Chachapoyas que construyeron Kuélap, que hace como unos dos mil años evitaron estos derrumbes, porque como usted sabe Kuélap es una fortaleza ubicada en una alta montaña y para sostener esa masa de tierra y piedras y formar finalmente una plataforma, tuvieron que resolver ese problema mediante ductos, porque caía mucha lluvia. Y yo vi cómo hace 40 años esos sumideros y esas construcciones estaban perfectas. Había eso sí, una cosita menor, pero ahora pasa de todo durante los últimos 40 o 50 años.

[Mostrando una fotografía de la fortaleza de Kuélap] Todas las fotos antiguas muestran perfectamente que están sanas las entradas y estos derrumbes son últimos porque hace 50 años se taló el bosque que había crecido y al talar el bosque la hojarasca se degradó y formó una capa de tierra que obstruyó los sumideros. Ese sistema de ductos durante 950 años dio un resultado maravilloso hasta que hace 50 años fue talado el bosque que lo cubría.

Fortaleza de Kuélap.

Pasando un poco a Machu Picchu. Se quiere hacer un proyecto turístico que incluye un teleférico. ¿Qué piensa usted sobre ese tema?

No me gusta la idea del teleférico, porque para llegar al lugar el turista debe pasar unas horas. Ahora, esto lo presenté a la Unesco hace muchos años cuando era Director de Patrimonio Cultural. Me refiero a la idea de que los visitantes de Machu Picchu no pisarán necesariamente las ruinas, porque al final esto va a terminar mal. Están pidiendo que ahora ingresen con zapatillas y no con zapatos, pero son cosas pequeñas que no remedian. Entonces, yo pensaba que podría haber dos o tres carriles sobre las ruinas, no muy altos, para que no las pisaran, porque allá van miles de turistas.

Machu Picchu, una de las 7 maravillas del mundo.

Hay un problema de sobrepoblación de turistas.

Por eso. Es una cosa increíble.

¿Por qué durante tantas décadas no se ha excavado en Machu Picchu hasta ahora? Lo que se ha hecho es limpiarla, ponerla bonita para la foto, pero no hay estudios serios de excavación.

Se han hecho excavaciones, pero ya no dan más. Machu Picchu es conocida sobre todo por sus maravillas arquitectónicas y se pasan por alto los enormes andenes que lo rodean, y que debieron producir más de lo que necesitaban los que moraban ahí; mucho más, porque ahí vivían los que comandaban y los labradores. La hipótesis que yo sostengo, es que lugares como Machu Picchu fueron centros de producción agraria, en un momento en que la población en la sierra era mayor que en la costa, debido a que ahí ideaban mayor tecnología, mejor ingeniería hidráulica como los andenes. A mayor tecnología, más gente.

¿Qué opina del poco presupuesto que se le destinó al ministerio de Cultura en el 2020? Estamos hablando de S/. 605 millones de soles.

No solamente es cuestión de presupuesto, sino, también de personas. Tenemos excelentes personas y académicos que pueden manejar esto. No puedo dar nombres, pero hay unos cuatro o cinco que tienen corazón peruano.

¿Qué ministro le parece el mejor, de los 16 que ya han pasado en la cartera de Cultura?

Yo no conocí sino a uno, Petrozzi; pero estuvo solo 2 meses me parece. Lo fui a visitar para manifestarle que estaba disconforme con el cargo que estaba ocupado Sonia Guillén en el museo.

¿Para usted las momias de Nasca son falsas?

Sobre las momias con tres dedos, solamente tengo una idea personal y creo que son falsificaciones para ganar dinero. Mucha gente hace eso desde hace mucho tiempo, antes de que ustedes nacieran. También se habló de Chavín, de los Mochicas, o Los Incas un tiempo atrás. Decían que solamente pudieron levantar Machu Picchu los extraterrestres.

Cuando llegaron los primeros españoles y pasaron, no expresamente, por Chavín, les llamó la atención la grandeza [de esa construcción], a pesar de que estaba cubierto de lodo; y preguntaron a los lugareños quién lo había construido, y ellos respondieron que lo habían hecho gigantes. Las personas de esa época no concebían que lo hubiera realizado un pueblo pequeño.

Foto: El Comercio.

¿En qué está trabajando ahora?

Estoy trabajando en Chavín. Hace tres o cuatro años dejé las expediciones. Ahora ustedes dirán, para una expedición se requiere movilizar mucha gente por cuatro o seis semanas. Debe tener usted una gran fortuna. Pero, no es eso. Yo padecí mucho [cuando terminé mi doctorado]; no vengo de una familia adinerada. Tuve una beca en Estados Unidos, apenas terminé mi primer doctorado en arqueología. Vuelvo de la beca y digo qué hago ahora. Voy a tocar las puertas al ministerio de Educación, porque no me sentía todavía al nivel como para pedir una docencia en San Marcos.

Entonces fui allá para poder subsistir y en el ministerio me recibió un jovencito:

– Señor qué se le ofrece.

Yo le digo: “bueno, quisiera desempeñarme como profesor en alguna escuela”.

Cómo no, me responde: “¿Tiene usted algún estudio en Historia?

– Mire, he estudiado arqueología, me he doctorado incluso -, contesto.

– Ah no, ¿Usted no ha estudiado en la facultad de pedagogía?

– No, he estudiado puramente para la investigación en arqueología.

– Disculpe, no le podemos dar –, me respondió el jovencito.

Entonces caminaba yo por el centro de Lima, donde había las llamadas “escuelitas nocturnas” que era para la gente de servicio que iba de 7 a 9, y de 8 a 10 de la noche a seguir sus estudios. Toqué varias puertas hasta que en la tercera o cuarta, no recuerdo bien, me recibe una persona muy agradable, de aproximadamente cuarenta años y me dice: “Señor, pase. ¿Qué se le ofrece?” y yo le respondo lo mismo que dije en el Ministerio de Educación.

– Viene usted en el momento preciso, nuestro profesor de historia nos deja el lunes, así que venga usted a partir del miércoles.

– De acuerdo – respondo escuetamente ya que el señor estaba algo apurado.

– Pero no vaya a pensar que la paga es alta.

– No importa – le digo antes que el señor se marche.

¿Era un instituto?

Eran escuelitas en casas viejas; daban pena. Era para la servidumbre.

¿Qué edad tenía usted?

Tendría 26 años, era el año 1954.

Entonces regreso el miércoles y pienso “bien, por fin voy a tener una chamba”. Me reciben y me dicen todo lo referente a los horarios y el pago, y me preguntan si ya tenía algún tipo de experiencia enseñando. Yo le contesto que había estudiado arqueología y que recién había regresado de mi beca en Estados Unidos. No me dio el trabajo porque pensó que estaba completamente loco.

Tiempo después empiezo a trabajar en el Museo de Antropología, en el año 1979. Meses posteriores de haber iniciado a trabajar en el museo, una mañana, muy temprano, entro al museo y me percato que ya había gente cerca de un pasadizo de aproximadamente 100 metros, que conduce a la dirección. Me acerco y veo un grupo de hippies sentados en el suelo discutiendo sobre un huaco que estaba ahí dentro de una vitrina. Yo les explico a los turistas de qué cultura proviene y muchos más detalles que ahora no recuerdo bien. Estaban muy contentos de que una persona los hubiera atendido.

Luego, ya con más confianza, uno de ellos se me acerca y me pregunta si estaría dispuesto a cenar con ellos, no iba a ser en un hotel de lujo, eso ya me lo estaban dejando en claro. Yo acepté porque vi que estaban muy interesados en todo lo que les comenté.

Para la cena había llevado un equipo que proyectaba slides, lo cual era toda una novedad para la época, y solo unos meses antes había hecho un viaje a Chachapoyas y había tomado bastantes fotos del lugar. Ellos me preguntan si no había hecho algún tipo de investigación sobre las fotos que les estaba mostrando, y yo les contesto que no, porque para eso se requiere dinero y el gobierno no lo tiene, y el museo tampoco.

Luego uno de ellos me pregunta cuánto dinero se requeriría para realizar una expedición. Yo contesto que en realidad tendrían que ser dos expediciones, una para hacer la prospección y otra para la investigación donde trabajarían de 10 a 15 personas, y cada una de ellas costaría alrededor de cuatro mil dólares. Ellos se quedan pensando durante unos segundos y me comentan si estaría de acuerdo, si recibiría de ellos los 4 mil dólares para esa investigación. Yo naturalmente no lo tomé en serio y ahí quedó la cosa ese día. Me despedí y me retiré.

Tres semanas después mi secretaria me informa que había llegado un señor italiano que quería reunirse conmigo. No era uno de los italianos con los que me había reunido anteriormente; éste era uno alto y bien vestido, los otros eran hippies. Yo lo recibo y me dice “Dr. Kauffman, mucho gusto en conocerlo, acá le traigo un sobre con cuatro mil dólares, por favor cuéntelos, se lo manda el doctor Giancarlo Ligabue, el cual auspicia investigaciones en diferentes países en el mundo. Lo único que pide es que haga usted un buen informe y que diga de dónde sale la plata”. Durante todo este tiempo me han auspiciado 29 expediciones.

Entonces, quiere decir que ha tenido más apoyo internacional

Y un apoyo fantástico que nunca me lo imaginé. Año tras año siguieron apoyándome. Ha sido una suerte enorme.

¿Qué espera para el bicentenario ahora que se viene?

Espero que no inauguren el MUNA.

¿Qué opina sobre el fallecimiento de Pablo Macera?

Me dio mucha pena. Fuimos tres: Pablo Macera, Carlos Araníbar Zerpa, que era un genio realmente pero muy callado, y yo, que tuvimos la suerte de heredar las cátedras del doctor Raúl Porras Barrenechea. Así que me unía una gran amistad, pero nos dejamos de ver últimamente porque cada uno estaba en lo suyo; sabía que estaba un poco enfermo. Nos unía un vínculo muy estrecho, ya que éramos estudiantes y amigos del famoso Porras Barrenechea.

Historiador Pablo Macera.

¿Qué recuerdos de esas cátedras con Porras Barrenechea?

Nunca había visto unas clases tan magistrales. El hombre era un erudito increíble, y tenía una forma de exponer que nunca más he vuelto a ver en ningún conferencista; sus clases eran muy amenas. En cambio, un gran historiador peruano como Jorge Basadre –tuve un curso con él– era aburridísimo.

Lo mismo sucedió con Luis Eduardo Valcárcel, otro gran personaje que entraba al salón, miraba la ventana y empezaba su clase desatendiéndose de los pocos alumnos que lo escuchábamos. Aburridísimo; sin embargo, fue un genio que nos ha dejado una obra maravillosa, porque conocía el Perú, lo amaba.

Hay una serie de críticas respecto al vínculo con el fujimorismo de Pablo Macera.

Macera era de izquierda. De jóvenes todos éramos de izquierda. Yo era de centro, era secretario general del Centro Federado de Letras en el año 1953. Yo detesto la política, a pesar de que la política me ha embarrado en el buen sentido, porque he sido embajador en Alemania, pero de forma puramente casual, sin ser político.

En cambio, Con Macera, lo tomaron mal; lo pifiaron en la universidad. Es lo único que sé.

¿En qué gobierno fue embajador usted?

Con Alan García. Pero no he sido aprista nunca. Les voy a contar. En agosto de 1968, yo comenzaba a dictar mis clases en Bonn, invitado como profesor, ya que mi abuela me enseñó el idioma alemán. Estaba dictando mis clases y se produce la revolución de Velasco Alvarado. Yo no era ni político, ni me interesaba, pero me escribe del Perú un colega diciendo que había un alboroto muy grande entre los profesores y los jóvenes; sobre todo, porque se preguntaban: quién va a ser rector. Y me comenta, además, que me habían sacado de la universidad. En ese entonces, yo era director de la Escuela de Estudios Especiales y daba clases a extranjeros que venían al Perú.

El rector en ese momento era Luis Alberto Sánchez, y desde ahí me pusieron la cruz, como si hubiese sido aprista. Pasaron los años; en diciembre, antes de las elecciones de Alan García, me llama un señor que no conocía, Jorge del Castillo, y me comenta que me estaban invitando a un grupo selecto de 200 profesionales y que, en caso, ellos no llegasen al poder, de todas formas, nosotros podamos colaborar con ellos. Yo acepté encantado, porque éramos profesionales independientes y ninguno era aprista.

Federico Kauffmann Doig y Jorge del Castillo.

Pasan los meses y sale ganador el Apra, y entonces el señor Del Castillo sale nuevamente a decirme si yo podía presidir la Comisión de Transición del INC hacia el nuevo gobierno. Acepté nuevamente y empecé a trabajar con tres personas más, todos ellos eran apristas. Eso fue a mediados de julio antes del 28.

Con mi mujer estábamos pensando que me iban a pedir que me meta al “club” pero yo no quería, así que empecé a elaborar un “rollito” para cuando me lo soliciten, ya sepa qué contestarles. Dicho y hecho, un día me llama por teléfono el Presidente García y yo empiezo a soltarle el “rollito”; ya cuando estaba a punto de colgar le digo: “pero señor Presidente, sepa usted que me está mandando al mismo infierno de Dante”. El Presidente no era ningún bruto y tenía antecedentes de que yo sabía hablar alemán, “se va como embajador a Alemania”, respondió y colgó el teléfono y no me dejó ni siquiera decirle gracias.

Meses después me encontré con el señor Del Castillo y me confesó que fue él quien habló con el presidente García para recomendarme, porque sabía la injusticia que me habían hecho durante el gobierno de Velasco Alvarado al echarme de la universidad.

A los 93 años ¿Cómo evalúa su paso por la arqueología? Habiendo tantas rencillas internas ahí.

Qué le puedo decir; los problemas de las rencillas internas han sido siempre grandes. Se han formado grupos. Ahora hay un grupo en La Católica, y otro grupo formado hace mucho tiempo por Lumbreras. Cuando uno escribe más libros, más lo pisan; pero he salido adelante.

Usted ha vivido mucho, ¿Qué recuerdos le vienen?

He sido un mataperro de muchacho. Cuando terminé mis estudios en el colegio Guadalupe no sabía qué hacer, me volví hippie; me asocié con un amigo quien me metió la idea de ir a la selva y llegamos a un pueblito con lo único que teníamos en la mano, no teníamos dinero. Nos hospedamos en una casita donde vivía una pareja de esposos. En esa época existía la costumbre de ofrecer comida y alojar a los extraños. Luego, llegábamos a otro lado, y el cura y el alcalde se peleaban para darnos posada. Y así íbamos viajando y conociendo durante casi dos meses y medio, hasta llegar a Moyobamba.

Si lo tuviera enfrente al presidente ¿Qué le diría?

Que busque a un profesional de primera, que los hay en el Perú y que sí merezca ser Ministro de Cultura. Además, que tengan amor a nuestro patrimonio y que le digan no al MUNA.

(Entrevista publicada en la revista impresa Lima Gris N° 20)

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Cultura

Fahrenheit 051: Episodio 07. Distopía y Poesía

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George Orwell escribió, entre 1947 y 1948, una de las distopías de política ficción más famosas y terribles de la literatura: “1984”. Una historia donde el gobierno controla absolutamente todo (incluyendo el amor y el sexo y la libertad incluso de pensar), y donde Winston Smith tendrá que vivir la experiencia de “desafiar” al sistema que controla el mundo en esa parte de Oceanía.


De Oceanía nos vamos a Ecuador, donde vive y escribe la talentosa narradora y poeta Lucrecia Maldonado, autora de novelas, ensayos, poemas y una de las más prolíficas escritoras de literatura infantil y juvenil de Ecuador. Ella escribió un hermoso cuento titulado “El señor Jesús”, que compartiremos. Viajamos de regreso al Perú y nos internamos en la selva donde el poeta Raúl “Chino” Mendizábal lee uno de sus últimos textos.

Mendizábal es uno de los poetas cuya obra ha sido publicada y recogida en libros, revistas, antologías y colecciones de varias partes del mundo; estudió literatura en la PUCP pero abandonó la carrera para dedicarse a la escritura y la carpintería. Su voz así ha recorrido mundo. Hoy la escucharemos. Esperamos que disfruten el programa.

Aquí el programa completo:

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Cultura

Fahrenheit 051: Rodolfo Ybarra, Cortázar y Benedetti

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En esta edición de “Fahrenheit 051” conversamos sobre “Revolución caliente”, la gran novela de Rodolfo Ybarra que recorre la historia del Perú a través de las vivencias de unos jóvenes anarquistas. Obra de largo aliento que es necesaria leer.

De la novela al cuento más increíble de Cortázar, “La noche boca arriba”, un juego de espejos donde el sueño y la pesadilla se funden para desarmar al lector. La poesía llega en la voz del uruguayo Mario Benedetti, que nos emociona al darle voz a un padre que le cuenta a su pequeño hijo porqué es necesario luchar para ser libres.

Que disfruten el programa.

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Cultura

Frente a Frente: Entrevista al artista plástico Ricardo Terrones

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Lima Gris TV lanzó al aire el programa de entrevistas “Frente a Frente”, conducido por Edwin Cavello Limas. En el primer programa estuvo como invitado el artista plástico Ricardo Terrones, egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú.

Con Terrones conversamos sobre su reciente viaje a Miami, su paso por la Escuela Nacional de Bellas Artes, sus recuerdos en Chepén, la coyuntura política y sobre sus nuevos proyectos internacionales.

Además, el artista peruano esta próximo a estrenar su documental, un trabajo cinematográfico que refleja sus años de vida dedicados al arte.

Aquí el programa completo.

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Cultura

Fahrenheit 051: Episodio 5. Dos pasiones, Fútbol y Poesía

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Eduardo Galeano tenía 9 años cuando siguió por la radio la transmisión de aquel Brasil-Uruguay de al final del mundial de 1950. A partir de ahí su pasión por el fútbol se convirtió en una obsesión analítica que lo llevó a escribir cientos de artículos y crónicas a lo largo de su vida, y que reunió en un libro titulado “Cerrado por fútbol”.

Del Uruguay nos vamos a la Argentina de Samanta Schwebling, una de las narradoras más importantes de su generación y que ha cosechado premios y buenos comentarios de la crítica, comentamos su cuento “Matar un perro”. La poesía llega en la voz del laureado poeta Miguel Ildefonso, Premio Nacional de Literatura de Perú.


Un recorrido por el sur de América que amplía el panorama que tenemos de nuestra literatura. Que lo disfruten.

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Cine

Amiel Cayo: “El arte es fundamental para construir mejores ciudadanos”

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Amiel Cayo es protagonista de la película peruana Retablo, que cuenta con más de 27 premios a nivel internacional, es hablada en quechua y a través del cual nos expresa sentimientos encontrados del ser humano, además es la ópera prima del cineasta peruano Álvaro Delgado Aparicio que se estrenó días atrás en la ciudad lacustre de Puno. Charlamos con el artista plástico, actor puneño y promotor cultural, Amiel Cayo acerca de su carrera artística. 

Hablemos sobre sus inicios en el teatro y el cine. 

Me inicié como actor de teatro a la edad de los 16 años, junto con el director y actor cusqueño Raúl Tomaylla y otros artistas fundamos la agrupación Escena Inka en el año de 1986, con el que hicimos tres montajes: El médico a Palos del dramaturgo francés Moliere, La Rebelión de las Zampoñas del dramaturgo puneño Alfredo Macedo Arguedas y Jatun Juez del dramaturgo cusqueño Jiliat Zambrano. En 1987 cierro esta etapa inicial y en 1988 fundo el Centro de Investigación y Producción Teatral Yatiri, institución con el cual desarrollamos una intensa actividad teatral durante más de diez años; paralelamente, me voy incorporando al grupo Yuyachkani de Lima, con quienes trabajé veinte años. 

En cuanto al cine, he incursionado hace unos diez años, participando hasta el momento en ocho producciones, de los cuales seis ya han salido al público, dos están en proceso de edición y una última que vengo grabando; aparte, también he realizado cortometrajes y participado en la serie de TV Perú El último Bastión. 

Aparte de la película Retablo ¿qué otras películas grabó? 

Participé en las películas: NN, del director Héctor Gálvez, La Deuda, del director Barney Elliot, Extirpador de Idolatrías, del director Manuel Siles, El Viaje Macho, de Luis Basurto, Retablo, del director Álvaro Delgado Aparicio. 

Willka Nina ¿es su mejor obra literaria? 

Hasta la fecha afirmaría que sí. La narrativa no es mi profesión, es algo que voy desarrollando en mis tiempos libres, con el afán de sistematizar mi experiencia y que esta se pueda transmitir a las futuras generaciones en forma de relatos o historias que perennicen mi visión sobre la vida. 

¿Cuál es el mensaje de sus libros El gato pany y El zorro y el cuy?   

El Gato Pany, es un libro que contiene dos historias para niños, está la historia de un niño que adopta un gato como mascota, pero con la llegada de los aparatos tecnológicos a su hogar la relación con su gato se quiebra; pero finalmente en un acto heroico, Pany, su gato logra salvar del ataque de un perro a su amo; esta acción valerosa de Pany, hace que el niño valore más el vínculo con su mascota. El mensaje obviamente es como la tecnología que se introduce en los hogares, produce el resquebrajamiento de la familia, si permitimos que esto así suceda. La otra historia, El Zorro Antuco, se refiere al valor que uno debe tomar, enfrentando un inminente peligro para afrontarlo. 

El Zorro y El Cuy, es una adaptación del cuento de tradición oral para el teatro; pero, en esta obra pude recrear otras historias basadas en la fábula. El tema de fondo que abordo en esta historia, es la problemática de la tenencia de tierras, del cual nuestros hermanos comuneros, dueños legítimos de las tierras desde sus ancestros, son despojados por parte de los grupos de poder, para realizar diversas actividades que finamente depredan las riquezas y nos dejan un suelo contaminado e inservible para seguir habitando. 

Escena de la película Retablo.

¿Verdad que de no ser actor, artista plástico, dramaturgo y narrador qué le hubiese gustado ser? 

Soy muy feliz con lo que hago; en mi vida desde niño he tratado de hacer otras cosas, como vender caramelos, helados, trabajé como ayudante de ladrillero, de joyero y otros oficios menores; pero el arte siempre ha sido mi gran sueño y un reto permanente para seguir superándome; eso no lo cambiaría por nada. Yo vivo del arte y para el arte. 

¿Qué nos puede hablar sobre las máscaras que elabora Ud.? 

Desde la edad de seis años, aprendí a dibujar y pintar, a los catorce años, me integro al Grupo Quaternario, gran colectivo de artistas plásticos, donde destacan hasta el día de hoy maestros como Aurelio Medina Pacheco-Moshó, Martín Gómez, José Luis Barriga, entre otros, de quienes me he nutrido como artista; sin embargo, al empezar la actividad teatral, las artes plásticas pasaron a un segundo plano; años más tarde, cuando conozco al grupo Yuyachkani, descubro que la máscara es un elemento extraordinario para la representación, y a la vez es una obra de arte plástica. Entonces me interesó construir máscaras y hasta el día de hoy no he dejado de hacer máscaras. Fue una manera de canalizar mis habilidades en las artes plásticas, en un elemento teatral y de la danza. La máscara me acompaña siempre y el cual también es reconocido en el Perú y otros países. 

Puede citar actores puneños, nacionales y/o extranjeros, que han influido en su gestión operadora? 

En Puno, no hay actores que han trascendido, del cual yo pueda haber tomado como influencia; por lo menos no los conozco. En el Perú, mi gran referente han sido mis propios compañeros y compañeras del grupo Yuyachkani, de quienes he aprendido el sentido de profesionalismo en el teatro y el arte en general. De los extranjeros, he aprendido de actores del Grupo Odin Teatret de Dinamarca, su disciplina y profesionalismo con el que se entregan a su trabajo es algo que siempre voy a admirar. 

¿Ud. Cree que existe una juventud que se quiera dedicar al cine y al teatro? 

Hay mucho temor en los jóvenes en tomar al arte como una opción de vida, debido a que el mercado para el arte es limitado. Hace falta políticas culturales que permitan el desarrollo de las artes en las ciudades del Perú. Las autoridades de turno, no toman al arte como una alternativa de desarrollo social y económico, solo lo ven como un gasto innecesario; sin embargo, esta visión de la cultura debe ser desterrada. El arte es fundamental para construir mejores ciudadanos. Los teatros, galerías de exhibición, deben convertirse en centros culturales con una administración profesional, para que estos espacios cumplan con los objetivos y fines para que has sido construidos. En nuestra región hay teatros que están cerrados y los pocos que abren, no tienen las condiciones técnicas para ofrecer al público obras y espectáculos de calidad. No existen arquitectos e ingenieros con la capacidad suficiente de construir verdaderos espacios para realizar estas actividades, para ejemplo, tenemos el Teatro Municipal de Puno, remodelado hace unos años atrás, pero en vez de mejorar la infraestructura, han deformado el recinto y prácticamente hacer una actividad de artes escénicas es complicado. La corrupción que también campea en estos proyectos hace mucho daño a las ciudades. 

Junro a la actriz Magaly Solier en la película Retablo.

Alguna anécdota curiosa que haya ocurrido en su vida teatral. 

En mis inicios como actor, he realizado teatro en las plazas, donde aprendí a dominar al público con humor fino, sin caer en lo grotesco. Recuerdo que traté de crear un personaje niño llamado Manuelito el lustrabotas, para esto encontré en la casa de mi abuelo Ignacio Coaquira, un gorro viejo de aviador, el cual era la característica del personaje, pero, un día el gorro desapareció y con él también los sueños de seguir desarrollando este personaje. 

¿Cuál de los dos factores predomina en su actividad literaria: la inspiración o el oficio? 

Para mí es la inspiración. Como te mencioné, no soy un literato de oficio, sino que solo por la necesidad de plasmar en escritura ideas o historias que de pronto asaltan mi mente y para no dejarlos ir u olvidarme, los escribo. Tengo varios cuadernos donde tengo en manuscrito historias, que algún día los revisaré para que sean publicados. 

Bien, a esta altura se impone una definición: ¿cuál debe ser el rol del cineasta peruano en un país dependiente y subdesarrollado, como el nuestro? 

Definitivamente el cine debe ser industria para que tenga un verdadero desarrollo; para esto, se tienen que involucrar diferentes entidades tanto privadas como gubernamentales. Estamos luchando por una ley de cine que favorezca el desarrollo de esta actividad en todo el país, ya que el cine genera muchos puestos de trabajo, en diferentes niveles; al mismo tiempo, el cine, también es una manera de promover el desarrollo de nuestro país. ¿Cuánto conocemos de EEUU por sus películas? La galardonada película Retablo, del cual soy protagonista, está dando conocer al mundo, nuestra cultura, nuestro idioma quechua y la gente en diferentes países está empezando a valorar todo este legado. Por eso es importante el desarrollo de la industria cinematográfica para un país como el nuestro. 

Algún mensaje para los jóvenes que se quieran dedicar al teatro y al cine 

El arte en general, es una profesión digna, como cualquier otra profesión, el cual requiere de mucha dedicación, disciplina y estudio. El talento no es todo, es solo una mínima parte del cual podemos empezar; pero, sin la disciplina y la mística jamás vamos a lograr obras que trasciendan en el tiempo y que se conviertan en herramienta de transformación social. 

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Cine

Conoce a los ganadores de los premios Oscar 2021

A pesar de la pandemia, la 93ª ceremonia de los premios repartió los galardones a lo mejor del cine en el 2021.

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Directora de cine Chloé Zhao.

La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos un año más reparte los premios Oscar sobre el escenario de Union Station, la estación de trenes situada en el centro de Los Ángeles. 

Aquí la lista de los ganadores:

Oscar a “Mejor película”

-El padre (The Father)
-Judas y el Mesías negro (Judah and the Black Messiah)
-Mank
-Minari. Historia de mi familia 
NomadlandGANADORA
-Una joven prometedora (A Promising Young Woman)
-Sound of Metal
-El juicio de los 7 de Chicago (The Trial of the Chicago 7)

Oscar a “Mejor actriz”

-Viola Davis, por La madre del blues (Ma Rainey’s Black Bottom)
-Andra Day, por Los Estados Unidos contra Billie Holiday (The United States vs. Billie Holiday)
-Vanessa Kirby, por Fragmentos de una mujer (Pieces of a Woman)
Frances McDormand, por Nomadland – GANADORA
-Carey Mulligan, por Una joven prometedora

Oscar a “Mejor Actor”

-Riz Ahmed, por Sound of Metal
-Anthony Hopkins, por El padre – GANADOR
-Chadwick Boseman, por La madre del blues (Ma Rainey’s Black Bottom)
-Gary Oldman, por Mank
-Steven Yeun, por Minari

Oscar por “Mejor canción original”

– Judas y el mesías negro – GANADORA
– El juicio de los 7 de Chicago
– Husavik
– La vida por delante
– Una noche en Miami

El Oscar a ‘Mejor banda sonora’ se lo lleva Trent Reznor, Atticus Ross y Jonathan Batiste por sus composiciones para ‘Soul’

Oscar por “Mejor edición”

– El Padre
– Nomadland
– Promising young woman
– Sound of metal – GANADOR
– El juicio de los 7 de Chicago

 El Oscar a “Mejor fotografía”

– Judas y el mesías negro
– Mank – GANADORA
– Noticias del gran mundo
– Nomadland

Oscar a “Mejor diseño de producción”

– El Padre
– Ma Rainey’s black bottom
– Mank – GANADOR
– News of the world
– Tenet

Mejor actriz de Reparto - Yuh-Jung Youn

Oscar a “Mejor actriz de reparto” 

– Maria Bakalova por ‘Borat’.
– Glenn Close, por ‘Hillbilly: Una elegía rural’.
– Olivia Colman por ‘El padre’
– Amanda Seyfried, por ‘Mank’.
– Yuh-Jung Youn, por ‘Minari’ – GANADORA

El Oscar a “Mejores efectos visuales”

– Love and monsters
– The midnight sky
– Mulan
– The one and only Ivan
– Tenet – GANADORA

Oscar a “Mejor documental” 

– Collective
– Crip Camp
– The mole agent
– My octopus teacher – GANADOR
– Time

Oscar por “Mejor corto documental”

– Colette – GANADORA
– A concerto is a conversation
– Do not split
– Hunger Ward
– A love song for Latasha

Mejor Película Animada  - Soul

Oscar por “Mejor película animada”

– Onward
– Over the moon
– A shaun the sheep movie: Farmaggedon
– Soul – GANADORA
– Wolfwalkers

Oscar por “Mejor corto de animación”

– Burrow
– Genius Loci
– Si algo ocurre, te quiero – GANADOR
– Opera
– Yes-people

Oscar a “Mejor Cortometraje” se lo lleva “Two Distant Strangers”, inspirado en la muerte de George Floyd.

Oscar por “Mejor sonido”
– Greyhound
– Mank
– News of the world
– Soul
– Sound of metal – GANADOR

Mejor Director - Chloé Zhao

Oscar a “Mejor director”

– Thomas Vinterberg, por ‘Otra ronda’.
– David Fincher, por ‘Mank’.
– Lee Isaac Chung, ‘Minari’.
– Chloé Zhao, por ‘Nomadland’. – GANADORA
– Emerald Fennell, por ‘Promising Young Woman’.

Oscar por ‘Mejor diseño de vestuario’

– Emma
– Ma Rainey’s black bottom – GANADORA
– Mank
– Mulan
– Pinocchio

Oscar a ‘Mejor maquillaje y peluquería’
– Emma
– Hillbilly elegy
– Ma Rainey’s Black Bottom – GANADORA
– Mank
– Pinocchio

Mejor Actor de Reparto - Daniel Kaluuya

Oscar por ‘Mejor Actor de Reparto’

– Sacha Baron Cohen, por ‘El juicio de los siete de Chicago’.
– Daniel Kaluuya, por ‘Judas y el mesías negro’. – GANADOR
– Leslie Odom, por ‘Una noche en Miami’.
– Paul Raci, por ‘El sonido del metal’.

Oscar por “Mejor película internacional”:

– Another round – GANADOR
– Better Days
– Collective
– The man who sold his skin
– Quo vadis, Aida?

Oscar a “Mejor Guión Adaptado”

– Borat
– El Padre – GANADOR
– Nomadland
– Una noche en Miami
– El tigre blanco

Oscar por “Mejor Guion”

– Judas y el mesías negro
– Minari
– Promising young woman –  GANADORA
– Sound of metal
– El juicio de los 7 de Chicago

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Cultura

Comprar libros en tiempos de coronavirus, por Julio Barco

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Sí, las épocas, como sugiere de Adorno, no dan para la poesía, sin embargo, algunos seguimos nutriendo la mente con bellas lecturas, libros encuadernados y viejas ediciones difíciles de encontrar. Para los lectores desprevenidos, se siguen bebiendo libros en algunos puestos de nuestra destartalada ciudad.

Ir es situarse en el contexto inmediato: lleva alcohol en chisguete, tapabocas doble y sencillo para el pasaje. Los buses van lentos y melancólicos, todos se arremolinan en la danza furibunda que es el tráfico de las periferias de Lima alrededor del mediodía. Bien, el silencio fúnebre llena las callejuelas de la avenida Rivagüero —garganta vasta de El Agustino—, tan solo matizadas por alguna muchacha en bluyín que espera silenciosamente el bus, o algún niño que le dice a su mamá “¿hay vida en Marte?” y ella sigue incólume observando su teléfono celular.

La cosa es no contagiarse de este bicho que ronda, elegantemente, con sus tenazas hirsutas, los tristes pulmones de nuestros vecinos. Se sabe de su ambición por multiplicarse de modo incesante, por ende, se exige cuidado.

La realidad hierve de matices. Y es obvio: los sábados se da citan todos los encuentros. Sonrisa de los jóvenes trapecistas que se trepan a un tractor para molestar a los dos conductores colgados. Luego seguirán danzando con acrobacia en cada semáforo rojo. El chofer es un viejo, cruzado de arrugas, pero bien plantando en su lucidez. Doma el bus como si fuera un potro.

Los que van a comprar libros en estas fechas deben saber que existe el puesto de Ángel Yzquierdo Duclós. Lugar hogareño, clavado al borde de Gamarra, justo en la estación 28 de Julio, —yo ahí bajo, observo para ambos lados y camino sereno— donde se da espacio en un local pegado a vendedores de zapatos, de ropa usada, de goma y alcoholes para zapateros; en curiosa simetría con el caos, los libros de Ángel son un bosque selecto. Llega otro amigo de Ángel, que se identifica por su hábito de curiosidad. Charlamos de la virtud.

-¿Tú crees que la izquierda es radical? Radicales son esos de la derecha que matan a los pobladores, les pagan poco. Mira, ¿sabes cuánto gana un policía? Cinco mil soles. ¿Y un profe? De mil quinientos a dos mil soles.

-Todo esto ya está comprando –advierte Ángel–, pero yo no voy a seguir citando el Manifiesto del Partido, mejor hablemos de otros temas.

Se observa ya la calle ahíta de pasos. Una flaca con su amiga pasan como una estela en la mar. Observo las ediciones de Valdelomar enfundadas en plásticos cuidadosamente doblados, a la manera duclosiana. Leo el título: “La ciudad de los tísicos” Su amigo sentencia:

-A ese Castillo le tienen miedo. La gente de la derecha de siempre. Esa misma gente que defiende las injusticias de la realidad.

Ángel apura su cerveza negra. Los ojos titilan. La señora, la “gringa”, que vende ropa usada nos llama la atención: guarden su chela, esto no es cantina. Hay ofertas de camisas a cinco soles, de pantalones de tela pulentas a cuatro soles, de chompas manga larga cuello de tortuga a diez soles. Regresa a su puesto y el vendedor de chucherías para remendar zapatos le lanza una risotada a Ángel. Su amigo sentencia:

-Aquí te tienen controlado Ángel. Mira a este viejo– me dice su amigo risueño–, ahí donde lo ves, hace algunos años era todo un galán. Estaba de novio con una chica bien bonita.

Ángel eleva el vaso de la chela. Da una reverencia solemne a la tarde grisácea, color llanto de agua empozada con gráciles mosquitos yertos, y vuelve a observar silenciosamente la calle. No solo es un selecto librero, sino también un poeta de factura memorable y un escritor intempestivo de valses. Pero, especialmente, es el autor de aquellos famosos versos: “soy un ave volando en el Campo de Agramante”, que lo conectan tanto con Baudelaire como con su sello único.

-Y esa flaca de Ángel era bien bacán. Bien humilde. Ángel la llevaba a comprar a Gamarra pero ella quería aquí, ¿no Ángel? Pucha, bien humilde. No sé por qué la perdió. Yo que él, si me dejaba, le hubiera dicho que me suicidaba para que no se vaya. Pero este tío… ahí donde lo ves, ya lleva…

-Treinta y seis años –sentencia Ángel, secando el vaso– y este primero de abril recién los cumplí, pero aquí en este puesto llevo quince años; antes todo era en la calle, vereda y otros puestos.

-¿Tú qué edad tienes? –pregunta el amigo.

Le digo mi edad.

-Mira que Ángel lleva más años vendiendo aquí que tu edad. Qué increíble, ¿no campeón?

Termino la botella y Ángel, solícito, me saca la bolsa con libros. Nos despedimos sin omitir el deseo de un siguiente y fecundo encuentro. Adentro van algunos tomos sobre la historia del Perú, la guerra del Pacífico, selección de artículos de Federico More, unos cuentos de Antonio Gálvez Ronceros, una novela de Daudet, un libro sobre un coloquio de escritores en Cusco (con Hinostroza y Ribeyro entre los invitados), un estudio de los nudos de Eielson… entre otros temas. Achispado por la cerveza negra, salgo a la vereda de Aviación. Camino entre jóvenes venezolanos, entre vendedoras de ropa, entre señoras que sentadas en una silla blanca de plástico te invitan a entrar a un prostíbulo, entre taxistas y gente apurada que no pide permiso, entre los primeros vendedores de mazamorra de la tarde, con su bandeja de madera con la mazamorra morada dentro de vasijas redondas que límpidamente guardan la masa morada con la canela embalsamada encima… ubico un taxi y cuadro el precio. Subo y lo primero que hago es abrir —ansiosa, feliz y rápidamente— la bolsa. Y ojeo el primer libro, y me detengo a escuchar la emisora que discurre: conferencias de Castillo en Trujillo, canciones de José José. Qué triste fue decirnos adiós. Sin embargo, mi atención se pega como molusco a las páginas que tengo entre mis manos. Y leo algunas líneas de Coloquio de Literatura y Sociedad. Ribeyro responde:

-¿Ocupación?
–No tengo
–Profesión.
–No tengo ninguna profesión
–Qué hace entonces?
–Escribo de cuando en cuando.
-¿De qué vive?
–De mis ahorros y de mis derechos de autor.

Cierro el libro, saco un billete, pago y me limpio las manos con alcohol. Finalmente, bajo a la altura del hospital Bravo Chico y camino directo al paradero de las mototaxis.

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Cultura

“Es que somos muy pobres”, por Juan Rulfo

Un cuento del escritor mexicano Juan Rulfo, donde expresa la percepción de su vida, y refleja su tristeza por el sufrimiento de los pobres ante las injusticias sociales.

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Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejabán, viendo como el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada.

Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río.

El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el estruendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como si hubiera creído que se estaba derrumbando el techo de mi casa. Pero después me volví a dormir, porque reconocí el sonido del río y porque ese sonido se fue haciendo igual hasta traerme otra vez el sueño.

Cuando me levanté, la mañana estaba llena de nublazones y parecía que había seguido lloviendo sin parar. Se notaba en que el ruido del río era más fuerte y se oía más cerca. Se olía, como se huele una quemazón, el olor a podrido del agua revuelta.

A la hora en que me fui a asomar, el río ya había perdido sus orillas. Iba subiendo poco a poco por la calle real, y estaba metiéndose a toda prisa en la casa de esa mujer que le dicen La Tambora. El chapaleo del agua se oía al entrar por el corral y al salir en grandes chorros por la puerta. La Tambora iba y venía caminando por lo que era ya un pedazo de río, echando a la calle sus gallinas para que se fueran a esconder a algún lugar donde no les llegara la corriente.

Y por el otro lado, por donde está el recodo, el río se debía de haber llevado, quién sabe desde cuándo, el tamarindo que estaba en el solar de mi tía Jacinta, porque ahora ya no se ve ningún tamarindo. Era el único que había en el pueblo, y por eso nomás la gente se da cuenta de que la creciente esta que vemos es la más grande de todas las que ha bajado el río en muchos años.

Mi hermana y yo volvimos a ir por la tarde a mirar aquel amontonadero de agua que cada vez se hace más espesa y oscura y que pasa ya muy por encima de donde debe estar el puente. Allí nos estuvimos horas y horas sin cansarnos viendo la cosa aquella. Después nos subimos por la barranca, porque queríamos oír bien lo que decía la gente, pues abajo, junto al río, hay un gran ruidazal y sólo se ven las bocas de muchos que se abren y se cierran y como que quieren decir algo; pero no se oye nada. Por eso nos subimos por la barranca, donde también hay gente mirando el río y contando los perjuicios que ha hecho. Allí fue donde supimos que el río se había llevado a la Serpentina, la vaca esa que era de mi hermana Tacha porque mi papá se la regaló para el día de su cumpleaños y que tenía una oreja blanca y otra colorada y muy bonitos ojos.

No acabo de saber por qué se le ocurriría a la Serpentina pasar el río este, cuando sabía que no era el mismo río que ella conocía de a diario. La Serpentina nunca fue tan atarantada. Lo más seguro es que ha de haber venido dormida para dejarse matar así nomás por nomás. A mí muchas veces me tocó despertarla cuando le abría la puerta del corral, porque si no, de su cuenta, allí se hubiera estado el día entero con los ojos cerrados, bien quieta y suspirando, como se oye suspirar a las vacas cuando duermen.


Y aquí ha de haber sucedido eso de que se durmió. Tal vez se le ocurrió despertar al sentir que el agua pesada le golpeaba las costillas. Tal vez entonces se asustó y trató de regresar; pero al volverse se encontró entreverada y acalambrada entre aquella agua negra y dura como tierra corrediza. Tal vez bramó pidiendo que la ayudaran. Bramó como sólo Dios sabe cómo.

Yo le pregunté a un señor que vio cuando la arrastraba el río si no había visto también al becerrito que andaba con ella. Pero el hombre dijo que no sabía si lo había visto. Sólo dijo que la vaca manchada pasó patas arriba muy cerquita de donde él estaba y que allí dio una voltereta y luego no volvió a ver ni los cuernos ni las patas ni ninguna señal de vaca. Por el río rodaban muchos troncos de árboles con todo y raíces y él estaba muy ocupado en sacar leña, de modo que no podía fijarse si eran animales o troncos los que arrastraba.

Nomás por eso, no sabemos si el becerro está vivo, o si se fue detrás de su madre río abajo. Si así fue, que Dios los ampare a los dos.

La apuración que tienen en mi casa es lo que pueda suceder el día de mañana, ahora que mi hermana Tacha se quedó sin nada. Porque mi papá con muchos trabajos había conseguido a la Serpentina, desde que era una vaquilla, para dársela a mi hermana, con el fin de que ella tuviera un capitalito y no se fuera a ir de piruja como lo hicieron mis otras dos hermanas las más grandes.

Según mi papá, ellas se habían echado a perder porque éramos muy pobres en mi casa y ellas eran muy retobadas. Desde chiquillas ya eran rezongonas. Y tan luego que crecieron les dio por andar con hombres de lo peor, que les enseñaron cosas malas. Ellas aprendieron pronto y entendían muy bien los chiflidos, cuando los llamaban a altas horas de la noche. Después salían hasta de día. Iban cada rato por agua al río y a veces, cuando uno menos se lo esperaba, allí estaban en el corral, revolcándose en el suelo, todas encueradas y cada una con un hombre trepado encima.

Entonces mi papá las corrió a las dos. Primero les aguantó todo lo que pudo; pero más tarde ya no pudo aguantarlas más y les dio carrera para la calle. Ellas se fueron para Ayutla o no sé para dónde, pero andan de pirujas.

Por eso le entra la mortificación a mi papá, ahora por la Tacha, que no quiere vaya a resultar como sus otras dos hermanas, al sentir que se quedó muy pobre viendo la falta de su vaca, viendo que ya no va a tener con qué entretenerse mientras le da por crecer y pueda casarse con un hombre bueno, que la pueda querer para siempre. Y eso ahora va estar difícil. Con la vaca era distinto, pues no hubiera faltado quién se hiciera el ánimo de casarse con ella, sólo por llevarse también aquella vaca tan bonita.

La única esperanza que nos queda es que el becerro esté todavía vivo. Ojalá no se le haya ocurrido pasar el río detrás de su madre. Porque si así fue, mi hermana Tacha está tantito así de retirado de hacerse piruja. Y mamá no quiere.

Mi mamá no sabe por qué Dios la ha castigado tanto al darle unas hijas de ese modo, cuando en su familia, desde su abuela para acá, nunca ha habido gente mala. Todos fueron criados en el temor de Dios y eran muy obedientes y no le cometían irreverencias a nadie. Todos fueron por el estilo. Quién sabe de dónde les vendría a ese par de hijas suyas aquel mal ejemplo. Ella no se acuerda. Le da vuelta a todos sus recuerdos y no ve claro dónde estuvo su mal o el pecado de nacerle una hija tras otra con la misma mala costumbre. No se acuerda. Y cada vez que piensa en ellas, llora y dice: «Que Dios las ampare a las dos».

Pero mi papá alega que aquello ya no tiene remedio. La peligrosa es la que queda aquí, la Tacha, que va como palo de ocote crece y crece y que ya tiene unos comienzos de senos que prometen ser como los de sus hermanas: puntiagudos y altos y medio alborotados para llamar la atención.

«Sí,» dice, «llenará los ojos a cualquiera donde quiera que la vean. Y acabará mal; como que estoy viendo que acabará mal.»

Ésa es la mortificación de mi papá.

Y Tacha llora al sentir que su vaca no volverá porque se la ha matado el río. Está aquí, a mi lado, con su vestido color de rosa, mirando el río desde la barranca y sin dejar de llorar. Por su cara corren chorretes de agua sucia como si el río se hubiera metido dentro de ella.

Yo la abrazo tratando de consolarla, pero ella no entiende. Llora con más ganas. De su boca sale un ruido semejante al que se arrastra por las orillas del río, que la hace temblar y sacudirse todita, y, mientras, la creciente sigue subiendo. El sabor a podrido que viene de allá salpica la cara mojada de Tacha y los dos pechitos de ella se mueven de arriba abajo, sin parar, como si de repente comenzaran a hincharse para empezar a trabajar por su perdición.

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