Connect with us

Literatura

EL RECOLECTOR

Published

on

INICIO DEL CALENDARIO O FIN DEL MUNDO

Por John Matínez


Si crees que se acaba el mundo por una bomba nuclear, o temes al apocalipsis cómprate un refugio nuclear.
 Estás últimas semana, donde se ha cerrado el año 2010 y se ha comenzado a abrir este 2011, una de las conversaciones que más he escuchado, o donde he participado, es con respecto a los cambios climáticos y sobre las profecías mayas, claro el tema se comienza en broma pero siempre salta un dato interesante que encamina  la conversación.

A veces giraban en la clásica discusión entre la razón y la fe. Mas sin importar eso, tanto ciencia como fe hablan de cambios drásticos de la tierra como la conocemos, la religión con el apocalipsis; la ciencia demostrando el crecimiento de las aguas, el calentamiento global, las manchas solares, la desaparición de recursos. Además siempre habla de Nostradamus, de ovnis y demás especies,  pero lo más pegados son los Mayas.

Según los mayas nosotros nos encontramos en el Quinto Sol, cada sol comprende 5.125 años, la profecía dice que el 21 de diciembre del 2012 se terminará una era y habrá un “Sexto Sol”, es decir una nueva humanidad. El fin del mundo como lo conocemos. Este cambio es temible, se  habla de cataclismos, de lluvia de fuego. Para muchos estamos en plena cuenta regresiva.

En esos escenarios ¿habrá dónde refugiare? Pues parece que si.

Una empresa gringa (hell yeah!), está vendiendo refugios antinucleares  o refugios anti-ira de dios, para que no se ofendan los religiosos. En todo caso, desde septiembre están vendiéndose estos refugios que estén desplegados por varios lugares de ese país.
El precio por este bunker subterráneo es de aproximadamente  50 mil dólares. Los niños pagan la mitad y las mascotas entran gratis. El representante de al empresa dice que no lucran con el miedo “nadie sabe lo que pasará, solo nos estamos preparando. Es más tenemos pedidos para operar en Sudamérica y Europa”.
Aquí les dejo el link, vayan rompiendo el chanchito.
 http://terravivos.com/ Alucinen con ese video.


Comentarios
Click to comment

Leave a Reply

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Cultura

Sobre la poesía contemporánea peruana, por Julio Barco

Published

on

¿Qué puedo decir de la poesía de mi generación? ¿Qué decir aparte de que estoy cansado de casi todos y que siento que no hay una ambición mayor que sea loable? Lamento no dar el tono optimista y alentador que el arte debe poseer, pero, este es el Perú, señores, un país inculto, aburrido, atosigado de gente que trabaja para no morirse de hambre, de intelectuales como Montalbetti bien almorzados que objetan los linderos del poema, mientras Verástegui fallece sin ningún tipo de reconocimiento, con una multitud de obras que no serán editadas sino hasta que reemplacemos el chip que domina el mercado nacional.  Aquí nadie lee y los intentos por hacer viable este sueño son, en gran medida, carentes de la posibilidad de sostenerse.

Todo destruye el sueño voraz y literario de cualquier joven y los que sobreviven —o se meten a trabajar al Estado o montan una suerte de parafernalia literaria que sirve para no morirse de hambre— son carne de cañón de la voracidad de nuestro Estado. Aquí, señores, donde los niños se juntan para observar las flores, se trafica, se roba, se intentan algunos sueños, se estipula la realidad, se juega con lo real entre signos, se arma grupos políticos, se mata.

Aquí, señores, la poesía crece y sacude las entrañas de los pisos resquebrados como una suerte de indómita higuerilla, como una suerte de voraz aliento que permite observar en medio del fango la hermosura de algunas flores. Todos pues reproducen el mismo absurdo y la misma superficialidad que inundan las redes sociales, la vida y la sociedad en general: poesía flácida, sin vigor, sin capacidad de romper el Canon —cada día y año más lánguido, cada día más horrorosamente pegado a Vallejo sin ver a otros como Verástegui— la realidad, necesita circo, pan y pollo a la brasa, no Poesía. Más en mi país, es decir, practicarla requiere tener la mirada muy honda en el juego poético y en la realidad que habitamos.

Por eso, casi todo el meollo de la poesía peruana gira en torno a la política. Si fuéramos una sociedad nórdica, sin problemas políticos, tal vez nos dedicaríamos a pensar en la efímera materialidad de la nieve, o los ocasos álgidos ocasionarían todo tipo de problemas.  Y esto es una realidad tan sustancial que a nadie le importa. Es decir, es muy complicado tener un público consciente de producto que usamos para que nos lea y entienda del modo más profundo. Como en todos los siglos, cantamos en el vahído de las eras, en el miedo profundo a estar solos, en los días

¿Qué poeta de mi época es el más representativo? Ninguno. ¿Cuál dejó todo por su arte para dedicarse a escribir como la única vid y el único destino? Nadie, nadie, nadie. ¿Cuántos ahora son orondos psicólogos, funcionarios de estado, diseñadores de sistemas operativos para el internet?

El Perú no es solo el país del ceviche y del pollo a la brasa, de los incas y de la Guerra del Pacífico (que, por cierto, perdimos) sino también de algunos héroes, no de los que van a una guerra ordenados por el Estado de cada país, sino héroes que no asesinan, héroes que no poseen otra arma que su lenguaje. Pero no nos pongamos tan tristes tan temprano, que ver la realidad de la poética de estos años es algo que trauma y desalienta, sin embargo, hay pequeñas ínsulas, pequeños brotes que no significan una dimensión profunda o critica.

Por ende, la poesía es una flor rarísima, algunos la poseen de modo natural pero no se consigue precisamente leyendo muchos libros. Como en todo arte, la poesía posee su propia alquimia, su propia esencia y todo esto conlleva a tener en claro que, frente a la vicisitud, este país también ofrece un pentagrama único, una realidad variada y un espacio para pensar la realidad tan gigante, pero tan gigante que produjo a un Vallejo y a un Vargas Llosa, con sus méritos propios evidentemente, pero también con la propia amalgama de su propio sonido, su propio Dolor, con D de deuda, duelo y demasiada diversidad; por algo, y en el más alto grado de la aceptación, Arguedas llamó al Perú, “el país de todas las sangres”; y así solo así entendemos pues la épica de un Valdelomar frente a la intemperie ganando lo mínimo para seguir dando movimiento a esa gesta de actuar y hacer literatura en este país; solo así se comprende el rechazo visceral a un César Vallejo, encarando a su época en la misma médula de los sentidos, pero también a un Juan Ramírez Ruiz, que entregó su seso a la construcción del arte peruano, como Varela, como Adán… y tantos otras estrellas que de solo nombrarlas, me provocan una luz tan pesada que ilumina y ciega, pero ciega y destroza y desportilla todas las paredes de mi mente.

Por eso, hablar hoy de cuatro voces de poetas peruanos me resulta tan conmovedor y de interés general pues devela, con uve de uva, mejor si es uva pisadita para el vino, la realidad de nuestras sensibilidades. Allá los que todavía sigan pensando que la hegemonía del pensamiento peruano poético gira en torno a dos o un nombre sino que muta y se embriaga de lo plástico de cada época, de la realidad loca de cada época, de la fuerza de cada época.

En el temperamento de Chumbile, encontramos una reconciliación con la Orbe, con esas voces que suenan en las calles y descubre su sensibilidad con la empatía de un poeta que habla desde sus adentros pero mantiene alto el sentimiento de su propia revelación; es este joven limeño el autor de Mashqa que descubre una sensibilidad propia y una fuerza que, sin duda, provocan una suerte de conmoción; Chumbile observa la realidad: calles, puentes, buses, peines, niños, gente parada en los buses intentando sostenerse salvajemente para no caer desvaídos de sueño, el sueño y cansancio que palpita en su arte es el mismo de los miles de peruanos que buscan el cobre y el pan todos los días; la aventura de Castro, por otro lado, es diversa: agrega la jocosidad de la época, la famosa posmodernidad que no era sino una modernidad más extendida, es un autor cínico, que junto a otros cínicos montaron una suerte de fiesta de disfraces que fue Sub–25 quizá el peor intento de hacer algo trascendental para la época; sin embargo, ¿es necesario abrir este juguete llamado Sub–25 para que nos quede claro?

Hasta donde yo sé casi ningún ataque fue certero, se dijeron algunas cosas positivas y hasta el bobo de Montalbetti afirmó su ubicación poética, etcétera; sin embargo, y —como hoy pensaba mientras me afeitaba— la gente se merece la realidad que posee, es decir, el facilismo, la poesía solo subjetiva,  y copiada de la movida All Lit se cuela en nuestro país para reproducir una suerte de fiesta en Surco donde el hijo de Federico Salazar se alucina poeta y algunas flacas creen que ser feminista, en este país, es cambiar las vocales; así de grave andamos y por eso, este conversatorio tiene algo de anímico, porque hace tiempo es necesario abrir la mente  y criticar, hablar y levantar  la voz contra los simulacros de arte que suceden en este país. Por otro lado, Koronel es un autor silenciado por su racionalismo en el área que le da de comer: Psicología. Y Álvaro Cortés Montufar es un lector agudo de Verástegui con lectura propia de su mente y sensibilidad. Quizá, para mi gusto y exploración, prefiero más las poéticas de Chumbile y Álvaro, sin negarle —pese a lo ya mencionado— valor como objeto de mi época de estos paisajes en la pintura rupestre de la mente contemporánea. Sin embargo, no puedo dejar de admitir que hay talento en autores como Castro o Koronel que permiten ver que el arte poético es algo más aéreo, un riesgo, una suerte de brújula interna. Sí, nadie puede negar la insistencia y el entusiasmo de algunos, pero el arte, el espíritu y la voluntad no son repartidos con igualdad.

Y aquí va mi grito: quizá la música de mi época debe ser un largo y silencioso concierto, una furiosa inmolación, el fuego abriendo la mente destrozada por el absurdo y la vacuidad. Ahí donde el psicólogo calla, el poeta canta; ahí donde el Estado les paga la vida a ciertos artistas, hay algunos Oquendo de Amat que mueren pobres en España, algún Juan Ramírez Ruiz que se aleje de lo real para seguir su épica.

Por algo, en una carta de 1871, el fabuloso Rimbaud exclamó que los románticos eran vagos errantes, apenas dentro de la realidad de su época, haciéndose profesores o trabajando de lo que sea; algo que conectaba a los románticos con los místicos. ¿Estos anteriormente son los románticos de nuestra época? Quizá.

Comentarios
Continue Reading

Cultura

Efraín Miranda Luján: poeta de la pachamama y de los truenos

Published

on

Arequipa, 2004. Efraín Miranda Luján y Mario Mayhua Quispe, fruto de esa amena conversación, salió a la luz el libro “Conversaciones con el poeta indio Efraín Miranda. Foto: Mario Mayhua.

El viernes 10 de abril del 2015, a los 90 años de edad, y tras una larga enfermedad que arrastraba y que lo mantenía en un delicado estado de salud, dejó de existir en el distrito de Yanahuara (Arequipa), el reconocido poeta puneño Efraín Miranda Luján, nacido el 02 de marzo de 1925 en la hacienda de Condoraque, antes pertenecía al distrito de Cojata (Huancané) y ahora al distrito de Quilcapunco (San Antonio de Putina).

Debo señalar en estas líneas el esfuerzo e interés mostrado por Efraín Miranda Luján, por varios años, en el mundo mágico de las letras y en razón a ello, su obra literaria está siendo revalorada y difundida cada vez más. Entre sus principales poemarios están: “Muerte cercana” (1954), “Choza” (1978),”Vida” (1980) y “Padre Sol” (1998), que es el resultado de un trabajo silencioso y fecundo a la vez. Cada una de sus libros refleja la situación social, por la dura realidad y el deseo de abolir el dolor humano, el tiempo y la muerte. Sus poemarios inéditos, reposa intranquilo el que compusiera sobre la Pachamama.

Entonces afirmamos enfáticamente que, “Muerte Cercana” es el primer poemario de Efraín Miranda Luján, en el que expresa su sentir cotidiano y su arraigo social. Lo que más impresiona en este valioso libro son los siguientes versos: ¡no me grites de calle a plaza: cholo; grítame de selva a cordillera, de mar a sierra, de Tahuantinsuyo a la República; INDIO! ¡Lo soi! ¡A puntapiés, insultos y balas: lo soi! ¡Explotado, robado, asesinado; lo soi! ¡Con mi esqueleto, mi ecología y mi Historia: lo soi!

Deseo pues dejar expresa constancia de que “Choza” es un excelente libro de poemas que a la sazón permitió al autor desarrollar los elementos de su propio lenguaje: la libertad de la palabra y la armonía del verbo, los cuales marcaron una continuidad en su discurso poético, la misma que refleja una poesía contestaria, realista y sin ambages.

Vale decir, nuestro propósito a estas alturas, es relievar el poemario “Vida”, que su contenido es testimonial porque retrata una época ya por desaparecer, pero sus escritos despierta un interés necesario por los temas que aborda. Como dijo, Walter Paz Quispe Santos, en el suplemento cultural Totoria: “Efraín Miranda Luján pone una barricada contra el sentido común dominante del otro, para que retorne el significante de la escritura de los espacios interiores del yo dominado”.

Sin duda alguna “Padre Sol” es una magnífica obra poética de mayor factura, en donde la concepción ideo-cultural nos permite concebir su visión del mundo, que a la postre denota que el verso pueda hermanar y trascender al ser humano, precisamente sus versos florecen durante la primavera.

No está demás señalar que Efraín Miranda Luján es una de las más importantes voces de la Generación del 50, junto con poetas de la talla de Leoncio Bueno, Luis Nieto Miranda, Mario Florián, Gustavo Valcárcel, Alejandro Romualdo, Jorge Bacacorzo, Víctor Mazzi, Washington Delgado, Juan Gonzalo Rose, Carlos Germán Belli, Francisco Bendezú, Pablo Guevara y Marco Martos.

Sebastián Salazar Bondy nos manifiesta: “Los poemas de Muerte Cercana anuncian a un creador hondo en la inspiración y excelente en la creación. No se trata de un poeta culto, libresco, versado en letras. Ningún ardid hay detrás de estas canciones de solitario que se mira en cada aspecto de la incesante realidad y crédulo se vierte en palabras exentas de cualquier consideración literaria al uso”.

En 1997, el célebre poeta peruano Efraín Miranda Luján junto con el dinámico docente Mario Mayhua Quispe. Foto: Mario Mayhua.

Ernesto More escribió: “Miranda no sólo se ha desinflado en la estepa collavina, sino, que viene cargado la alforja con elementos culturalmente nativos, a revelarnos ese mundo desconocido que el Perú lleve dentro de sí, los gérmenes de una cultura milenaria, que como los granos encontrados en las tumbas, comienzan a florecer en cuanto terreno propicio y riesgo oportuno”.

Christian Reynoso Torres nos dice: “A comienzos de la década del 60, Miranda regresó a Puno para trabajar como profesor de una escuela rural en la comunidad de Jacha Huinchoca, al sur de la capital. Es en este lugar donde establece contacto con la realidad y el hombre del campo; fascinado por ello, decide quedarse a vivir allí por más de quince años. Esta experiencia, más la cultura universal que adquirió a través del aprendizaje autodidacta, le sirvió para construir y nutrir su poesía”.

Obras literarias.

De esta manera, Efraín Miranda Luján conserva un gran reconocimiento de carácter ciudadano, transparente y honesto como se merece todo poeta de la condición humana. Asimismo, en su vasto conocimiento, el Perú es mágico, maravilloso y trascendental, canta a la vida y a la esperanza. Y nada le detiene en el camino, sino más bien, batalla contra todas las adversidades simultáneas, en el que genera una interacción humana, destinada a preservar la cultura viva y la memoria social ante un gobierno sórdido e insensible a la vez.

Todo es un acto de magia y fe en la palabra impresa, sólo así es posible afirmar que, en gran parte, sus obras literarias alcanzan su verdadera expresión poética. Por eso con mucha razón es considerado como uno de los máximos exponentes de la poesía puneña. No obstante ello, el deceso de Efraín Miranda Luján ha causado un profundo pesar en los escritores del ámbito literario y al mismo tiempo, nos dejó como aporte y legado su cuantiosa obra escrita, principalmente poética.

Comentarios
Continue Reading

Cultura

La mirada de Witold Gombrowicz sobre la poesía, por Julio Barco

Published

on

Quizá en un ejercicio de lucidez y de memoria es conveniente repasar –antes de tocar el tema gombrowiczniano– todos los ataques históricos de la sociedad a los poetas.

Empezando, por ejemplo, por el más conocido: Platón, con la expulsión de los poetas de la República, hasta las sociedades actuales donde simplemente son parte de la mass media y se reciclan detrás de muchas coartadas.  Pero ya que citamos al susodicho veamos qué razones alegaba para que los poetas sean exterminados:

a) De los dioses sólo pueden decirse cosas buenas (cfr. República, 386a);

b) Evitar palabras que desacrediten el Hades, presentándolo como un lugar terrorífico (cfr. 387c);

c) No presentar a los protagonistas de los versos en actos que reflejen excesos emocionales, pues ello puede generar un camino de aceptación hacia la falta de templanza anímica (cfr. 389e).

La idea platónica contra los poetas es agua tibia para la dimensión de la propia poesía. Ahora nadie cree en el Hades, algunos sí todavía piensan en el Infierno, pero, es sociedades laicas como la nuestra, ¿deberíamos callar a los poetas por no hablar bien del Hades? Sin embargo, seguimos haciendo poemas y dando juicios de valor estéticos sobre este fenómeno.

Entonces, por un lado, vemos que el estado ideal platónico era el de la Religión y Nación, religión politeísta y nación esclavista, lo que nos hace pensar que su estado era una falsa utopía. Mientras algunos podían plantearse la posibilidad del mundo de las ideas, otros debían trabajar tranquilamente los cultivos. Sin embargo, es ocioso no seguir indagando. De este texto trasgresor para occidente, al arrebato de Rimbaud que abandona la poesía para ser mercenario podemos amplificar el tema. Hay no solo uno sino mil pasos de diferente tono.      

Sucede que este joven francés, autor de El Barco Ebrio, entendió la poesía en su cenit mayor: como un ejercicio de vidente. Lo de vidente viene de ver, observar, tener ese talento de observar y mirar. Mirar no es solamente pasar la vista, mirar el propio lenguaje es entender sus mecanismos y poder reflexionar sobre ellos estimula esa capacidad. Pero mirar, es también, decir. Aprender a decir, y no cualquiera sabe decir, es decir, revelar con uve de uvas frescas abiertas a la urgente emanación del ser. Citemos a Rimbaud:

Charleville, 13 de mayo 1871


Ya está usted otra vez de profesor. Nos debemos a la sociedad, me tiene usted dicho: forma usted parte del cuerpo docente: anda por el buen carril. También yo me aplico a este principio: hago, con todo cinismo, que me mantengan; estoy desenterrando antiguos imbéciles de colegio: es suelto todo lo bobo, sucio, malo, de palabra o de obra, que soy capaz de inventarme; me pagan en cervezas (…) Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas si yo sabré expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero no hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me dado cuenta de que soy poeta.

Quiero añadir que estas edulcoradas y adolescentes palabras fueron luego destrozadas cuando el muchacho creció y se perdió dentro de otros rumbos, tan hostiles como los de la poesía: vender armas, traficar marfil, hacer negocios en África.

De alguna forma, los filósofos te calman, ya que su premisa es “aprender a morir”; los novelistas “observan”, de ahí que su aporte sea “las grandes miradas internas”,[1] donde todos los lenguajes se balancean soñando una lógica común e inherente, propia y singular, sin embargo, ¿quién Siente?

¿Qué yo dentro de la novela siente? ¿Quién en su decir siente? Porque, es evidente, que la abstracción interna de un sistema filosófico es necesariamente un ordenamiento lógico que conduce a la corrobación de la mente; pero, por otro lado, el sentir mismo es un acto no necesariamente del puro pensamiento pero también relacionado con algo que carece la mente misma y su juicio lógico. En el texto que hoy comentaremos, Witold Gombrowicz (Polonia, 1904-Rusia, 1969) da una serie de réplicas a la naturaleza interna de los poetas, a su no querer observar lo que él considera la realidad, el cargar sobre sus hombros el peso de una postura,

y así no sólo canta la Poesía, sino que también se embelesa con la Poesía; siendo Poeta, adora la grandeza y la importancia del Poeta; no sólo pretende que los demás caigan de rodillas ante él, sino que él mismo cae de rodillas ante sí mismo. ¿No podría decirse de ese hombre que ha decidido llevar un peso excesivo sobre sus espaldas?

Witold Gombrowicz.

Que, sutilmente, sugiere una suerte crítica a la poesía como Tótem, pero también advertimos una suerte de mente racionalista, una suerte de entidad que busca la coherencia, como si la pasión no fuera partera de la historia,

¡Ah, la palabra del Poeta, la misión del Poeta y el alma del Poeta! Y, sin embargo, me veo obligado a abalanzarme sobre estas oraciones y, en la medida de mis posibilidades, estropear este ritual en nombre…, sencillamente en nombre de una rabia elemental que despierta en nosotros cualquier error de estilo, cualquier falsedad, cualquier huida de la realidad.

Palabras que nos descubren a un racionalista intolerante de la básica forma del sentir. Sin embargo, como en Hegel o Heráclito, tomo nota de la repercusión de una contradicción y su necesidad. No es posible que exista, por lo tanto, la poesía y su mística sin que se observen ironías desde extremos, tal como el que plantea Gombrowicz en mayúsculas y con acidez.

 Si  la “contradicción”[2] es necesaria para que la vida exista, o, en todo caso, para que la historia no cese –advertimos que  precisamente la modernidad es la ironía y la contradicción[3]– y donde la polaridad mental de los artistas lo llevan, de Baudelaire a Hölderlin, es decir, no hay modo de huir de la realidad, al contrario, la poesía moderna –paradójicamente a lo que expresa Witold requiere necesariamente un espejo, roto y profundo. La mejor poesía de la modernidad es un enfrentamiento a la Modernidad y sus límites. Pienso en Eliot, como en Pound, como en Vallejo, como en Neruda. Él dice que,

A partir del momento en que los poetas perdieron de vista al ser humano concreto para fijar la mirada en la Poesía abstracta, ya nada pudo frenarlos en la pendiente que conducía directamente al precipicio del absurdo.

Ciertamente podría ser absurdo al ver que la poesía es un saber de muchas culturas, de muchos entendimientos y sensibilidades. Hay un Neruda, un Vallejo, un Parra, un Dante, un Heraud, una Varela, etc. Sin embargo, luego añade algo que es entendible para que su juicio sea tan enfático,

Todo empezó a crecer espontáneamente. La metáfora, privada de cualquier freno, se desencadenó hasta tal punto que hoy en los versos no hay más que metáforas. El lenguaje se ha vuelto ritual: esas «rosas», esos «ocasos», esas «añoranzas» o esos «dolores», que antaño poseían cierto frescor, a causa de un uso excesivo se han convertido en sonidos vacíos; y esto mismo se refiere a los más modernos «semáforos» y demás «espirales».

Witold Gombrowicz.

Lo que nos permite ver que su ataque no es contra cualquier poeta, como tampoco la expulsión platónica es contra cualquier poeta: hay y hay poetas, hay diversidad y miradas; lo que ataca Witold es pues el purismo, no toda la poesía como tal, sino la que nombra como,

¿Por qué, entonces, me aburre y me cansa ese extracto farmacéutico llamado «poesía pura», sobre todo cuando aparece en forma rimada? ¿Por qué no puedo soportar ese canto monótono, siempre sublime, por qué me adormece ese ritmo y esas rimas, por qué el lenguaje de los poetas se me antoja el menos interesante de todos los lenguajes

posibles, por qué esa Belleza me resulta tan poco seductora y por qué no conozco nada peor en cuanto estilo, nada más ridículo, que la manera en que los Poetas hablan

de sí mismos y de su Poesía?

Esta manera de acercarse a la poesía, con el tono sonoro y mayúsculo del religioso es, sin embargo, una de las formas en las que los grandes autores del género se acercaron pero una crítica contundente a los que solo se sirven de ello por la pose y lo anodino.

¿Por qué? ¿No será por las mismas razones por las que no me gusta el azúcar en estado puro? El azúcar sirve para endulzar el café y no para comerlo a cucharadas de un plato como natillas.

La Crítica de Gombrowicz es hacia los cenáculos, hacia esos espacios donde se ejerce el poder jerárquica gracias a las relaciones, a que tan conocido eres y que tanto te celebran tus vecinos. Entre novelitas y poetas hay una diferencia vital: los primeros, salvo en algunas partes del mundo, pueden ovillarse serenamente en la Soledad. Poetas tiene necesariamente que recitar o leer sus versos; ese show poético en ciudades que comprenden el proceso de la cultura en las sociedades que habitamos es parte natural del cosmos; en otros, se va abriendo según lo pletórico del público. Esta realidad compartida lleva a que el propio juicio de la poesía se avasalle por el juicio del comportamiento o las aptitudes de los poetas; se castiga el arrebato, la insolencia pero –una vez embalsamado y enterrado el muerto– se lo recupera como genio. 

Al necesariamente tener que juntarse, todos tienen que verse la cara, las ropas, los gustos y leerse los poemas; ecuación que resulta en los diferentes lineamientos que cada poética o grupos poéticos asumen. Juntarse no siempre es el paraíso pero tampoco vamos a exagerar asumiendo como Sartre que el infierno son los otros. Como Lezama, pensamos que la relación con los otros permite una complejidad con nosotros mismos. Somos en la medida de un espacio, pero escribir no tiene nada que ver con ver o no ver un espacio. Eguren inventaba los espacios para tejer una trama más inherente; Basho caminaba por los arrozales de Japón silabeando versos…

 Ahora la crítica del señor Gombrowicz es para desplazar también la inclinación natural de sentir el fuego interno de cada artista, ¿acaso alguien debería dejar la música porque tras oír a Miles Davis sentimos una realidad abriéndose más allá de nuestros cubículos? Es cierto: el arte, al ser un artificio tan perfecto, duele. La música acaba: el silencio nos dice. Al decirnos, nos vuelve al circuito vicioso de la sed de arte. Los lectores o melómanos sufren la misma sed de arte. De escape. Ya lo decía Freud en el Malestar de la cultura: cada uno busca el modo de soportar su propio peso en el mundo. Entonces observamos que aquel humanismo contra el que se opone el polaco lo lleva a dos ideas más:

A) Expresar que existe un humanismo que se postra ante los grandes ideales, sea Estado, Poesía, Pintura. Si el ser humano se aleja de los absolutos el plato de comida diario es el fragmento, lo que venga, la espontaneidad de lo Real abriéndose como una suerte de bandeja de ordenadas opciones que, en síntesis, resultan una farragosa vacuidad. El Arte, en o sin mayúsculas, ofrece una respuesta afirmativa a la derrota del ser humano frente a la Muerte y el Olvido. En el instante en que el arte es, la realidad es, y se olvida las caretas que apartan al ser Humano de lo Sagrado o Profundo.

B) Cuestionar que el arte busque expresarse a sí mismo, algo insolvente al comprender que generalmente, o siempre, la subjetividad inunda lo literario. Incluso cuando un novelista habla de dos seres humanos perdidos en Marte, lo que hace, de alguna forma, es hablar de un territorio de su yo interior, o yoes.

Pero volvamos a la idea de Público y del Artista que tanto conmueve el pensamiento crítico de Gombrowicz. Sin duda, este ecosistema lo perturba y solo desea ser un artista puro –curiosa paradoja para alguien que acusa a Valery de ser un inmaduro–alejo de la falsedad de los “creyentes poéticos” y en la corteza de una realidad como tal: palpable, carnívora, voraz.

Leyendo este –como otros muchos textos al respecto– llego a la misma conclusión: hay más razones para detestar la poesía como actividad que para desearla. La poesía, entonces, resulta un acto solitario, un acto que no se dice a los demás salvo en pequeños cenáculos: al hacerse pública necesariamente termina siendo objeto de todo tipo de debate.

Finalmente, si Gombrowicz o Platón se oponen a la poesía es porque justamente su poder es tan intenso que obnubila los límites de la razón pura; ahí donde se intenta que la realidad solo sea lo que observamos –y que muera el canto–hay una curiosa resistencia.

El poeta está justamente para insistir y proteger algo que va más allá o más acá de la razón –y por eso es más temido que un político, más agudo que un empresario, más genial que un científico[4]– y obedece al poder de proteger el fuego interno de la especie.


[1] La totalización de las ciudades (Dickens), la totalización de una sociedad (Balzac), la totalización de un día (Joyce), la totalización del absurdo (Kafka), la totalización de la realidad (Vargas Llosa), la totalización del tiempo (Proust), la totalización del drama humano (Dostoievski), la totalización de Latinoamérica (García Márquez), la totalización del idealismo (Cervantes), la totalización de la Posmodernidad (Wallace), etcétera.

[2] Si + No = SINO y después SiNO + NO = SI y después Si + No = SINO y ∞

[3] Leer, por ejemplo, a Octavio Paz en Los hijos de limo.

[4] Con lo cual no ponemos a uno debajo ni encima de otro, sino hablamos del impacto que tienen a través de los siglos.

Comentarios
Continue Reading

Cultura

“Un homenaje a la palabra de Gustavo Armijos”, por César Pineda Quilca

La literatura no da dinero, la literatura da satisfacciones… Yo sigo adelante porque creo que es mi vocación primera y es mi vocación definitiva…”

Published

on

Gustavo Armijos y cinco de sus publicaciones. Foto: César Pineda Quilca.

Gustavo Armijos, poeta y director de la revista “La tortuga ecuestre” acaba de fallecer. Armijos fue un poeta nacido en Piura en 1952. Periodista y Licenciado en Lengua y literatura por la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Como un pequeño homenaje compartimos con ustedes una entrevista que le realizó el escritor César Pineda Quilca para su blog Nido de palabras en marzo de 2014.

Por: César Pineda Quilca


Gustavo Armijos está en Vitarte. La verdad me sorprende. No sé cómo llegó. Lo importante es que está acá. Quizás el destino y la vida lo hayan querido así. Como todas las tardes él está aquí, acompañándonos, en una larga travesía por impulsar la lectura en nuestro país a través de la I Feria Cultural de Ate: “Los libros y la calle”. Razón suficiente para dialogar y conocer más de cerca al hombre, al poeta, al periodista, a ese incansable promotor de la poesía que ha venido -y amenaza con seguir- desarrollando una intensa labor cultural en nuestro territorio nacional. Por estos motivos y mucho más decidimos hacerle unas cuantas preguntas a este hombre cuya palabra se resiste a morir.

3 poetas peruanos: Carlos Bayona, Gustavo Armijos y César Pineda Quilca. Foto: I Feria Cultural de Ate.


-Qué tal, Gustavo ¿cómo estás, cómo te encuentras?

Buenas tardes, César, buenas tardes a los amigos. Me encuentro aquí para conversar sobre aspectos importantes en estos últimos 45 años en que he estado ligado al panorama de la Literatura Peruana desde 1969 hasta nuestros días en que inmerecidamente, creo yo, hay tres instituciones culturales de mucha tradición que me han dado un reconocimiento. Como decía un autor “prefiero los reconocimientos o los homenajes en vida antes que muerto” y esto me motiva para seguir luchando y seguir dándole pelea a la vida y a la muerte, por qué no decirlo, porque es sumamente difícil desarrollar una labor como la que nosotros venimos llevando a cabo en los últimos tiempos debido a que no existe un incentivo por parte del Estado peruano.

-Tienes muchos años dirigiendo la emblemática revista “La tortuga ecuestre”, cuéntanos  ¿cómo se inició la revista y hace cuánto tiempo?

Mira, la revista “La tortuga ecuestre” nace a contraposición de “Hora Zero”. Hora Zero se publicaron creo que 7 u 8 números, no recuerdo bien. Tengo todavía en mi archivo Hora Zero Cañete (por Enrique Verástegui), Hora Zero Chiclayo (por Ramírez Soto) y Hora Zero Pucallpa (por Jorge Nájar).
La tortuga ecuestre” nace el año de 1973 como una necesidad de un grupo de escritores -de distintas universidades- que asistía al bar Palermo que quedaba en Colmena muy cerca a San Marcos y cerca al Salón Blanco que también era otro lugar donde los poetas, principalmente los de provincias, nos reuníamos con la finalidad de esbozar proyectos y concretar algunas publicaciones. Entonces nos reunimos un grupo disímil de escritores y fundamos la revista “La tortuga ecuestre”. Creo yo que es una circunstancia que Isaac Rupay haya aparecido como director de la publicación por cuanto este servidor con un desprendimiento total ha financiado el primer número de la revista -todavía tengo la factura de la Editorial Jurídica- la cual nos costó 1920 soles oro la edición. La Editorial Jurídica era la más famosa junto con la de Francisco Campodónico. Estas dos imprentas quedaban en Breña. Fuimos donde Campodónico y era muy caro, en el Jr. Chavín 45, y nos fuimos al Jr. Loreto donde se editaba casi todos los libros de Derecho de aquel entonces. Hablamos con la propietaria y nos aceptó un pequeño folleto de ocho páginas, con una carátula color guinda. Ahí publicamos los que estuvimos con Isaac, con Elías Durand, con Santiago López Maguiña, con todos los poetas: Armando Arteaga, Juan Carlos Lázaro, Óscar Aragón, Bernardo Rafael Álvarez. Todos ellos asistíamos al Palermo y de ahí nace “La tortuga ecuestre”.

-¿Con qué objetivo y/o finalidad?

La tortuga ecuestre” es una publicación que en los últimos tiempos se ha dedicado a descubrir nuevos valores. Siempre fue una revista que encontró nuevos talentos inéditos pero los tiempos fueron cambiando y también las publicaciones cambian. Primero eran números de varios autores  y luego ediciones con un solo autor siguiendo un poco la tradición de don Francisco Carillo que fue quien nos impulsó y nos alentó para la publicación de la revista al igual que Marco Antonio Corcuera, aunque la revista de MA era prácticamente del formato de un libro. La de nosotros era hojas volanderas de ocho páginas que se distribuían mensualmente entre los amantes de la literatura. En aquel entonces todavía los medios de comunicación tenían columnas culturales y el primer número fue un éxito total porque apareció comentado en casi todas las publicaciones culturales de Lima y de provincias, principalmente de Lima. Todavía guardo y tengo el archivo de todos los comentarios que salieron favorables a la revista “LTE”. Muchos mencionaban que era la revista y así fue, que iba a continuar con la tradición que había impuesto don Francisco Carrillo con “Haraui” y “Cuadernos trimestrales de poesía” con don Marco Antonio Corcuera. Al desaparecer el Dr. Francisco Carillo (director de Haraui) se quedó “Cuadernos trimestrales”, salió un número, luego perdió la vida MAC y nosotros hemos continuado. Creo yo que se ha caminado un largo trecho.

-¿Cómo hasta ahora?

Hace seis meses que la revista ya no sale, no sé si volverá a salir o quedará ahí, pero en total se han publicado 346 números en total. Es todo un record, porque ninguna publicación ha tenido esa cantidad de números. En total yo empastadas las tengo y son tres tomos bastante voluminosos.

-“La tortuga ecuestre” ha sido una revista netamente de poesía, pero con el paso del tiempo se ha brindado un espacio a otro tipo de creaciones ¿no es así?

Sí, eso por requerimiento de los propios autores y de los amigos que me decían si se podía publicar relatos o se podía publicar narrativa. Han publicado varios narradores y para qué, no tengo quejas. Serán siete u ocho, más no.

-¿Y eso por qué?

Porque tampoco he tenido la oportunidad de acercarme mucho -debido a mi enfermedad- al ambiente literario como antes. Antes era un asiduo y un empedernido asistente a las reuniones, principalmente al Queirolo, a Don Lucho, a Quilca. Con el paso del tiempo como se ha ido resquebrajando mi salud y un poco que hemos perdido, no el entusiasmo, pero sí los deseos de hacer vida bohemia es que la revista no está apareciendo últimamente, pero ya volverá aparecer.

-Ya que hablamos de apariciones hace unos meses atrás se publicó un libro por los 40 años de “La tortuga ecuestre” con una reducida cantidad de 200 ejemplares que bien podría ser en un futuro no muy lejano una edición casi inhallable.

Así es. Ha salido un libro de 160 páginas por los 40 años. Es un libro bastante voluminoso y ahora he recibido una oferta para sacar otra edición que sería la definitiva.

-“La tortuga ecuestre” ha sido por muchos años una gran vitrina para los escritores ¿qué grandes satisfacciones te ha dado?

Eso sí es verdad. “He descubierto a muchos”, como diría un gran animador de televisión, pero muy poco agradecimiento en cierta medida, porque con los últimos homenajes, sobre todo en provincias, en ciudades donde no ha habido una tradición literaria tan arraigada hemos tenido, por ejemplo, en el Club Grau de Piura una asistencia de 400 personas y casi todos los escritorios del departamento de Piura y del norte del Perú han asistido a ese homenaje. Eso creo yo es un gran logro y, por lo demás, hemos descubierto nuevos valores. No te puedo decir nombres porque después se resienten, pero les recomiendo el último libro que se ha publicado con textos de “LTE”. En total son cinco ediciones que se han hecho y ahora he recibido la oferta de un editor para que se haga otra edición que sería, como te reitero, la definitiva de “LTE”.

Gustavo Armijos en la I Feria Cultural de Ate, 2014.  Foto: César Pineda Quilca.


-“LTE” es una revista que toma prestado el título de un poemario de César Moro. En tu caso en particular ¿cómo y cuándo surge ese interés por él?

En 1973 se publica el libro “Antología de la poesía peruana” de Alberto Escobar. Escobar dice claramente en la presentación, en el introito a Moro que “un escritor surrealista ha sido descubierto, redescubierto o revalorado por escritores jóvenes” y eso es verdad. Nosotros somos los que iniciamos toda una campaña -al margen de André Coyné- de revalorización de Moro, porque Moro muere el año 56 siendo profesor de francés del colegio militar Leoncio Prado y, mayormente, salvo escasas antologías y la devoción de Coyné para publicar “Los anteojos de azufre y otros textos” de Moro fueron motivo suficiente para que los autores comenzaran a interesarse en la obra de este gran surrealista que a nivel mundial impuso el Surrealismo y que se reunió con gente muy valiosa de esta escuela literaria.

-Conversemos un poco acerca de tus inicios o tu experiencia como poeta.

¿Mi experiencia como poeta? Bueno, muchos trataron de confundir al auditorio haciéndome aparecer como un promotor de la poesía, mas no como poeta. Pero en 1981 yo gano el Premio Municipalidad de Lima. Fue el premio mejor dotado económicamente (un millón de soles) de la época, no de ahora, sino de aquel entonces. Luego gano los Juegos Florales en una universidad y otros Juegos Florales que organizó el INC. Esos fueron mis tres galardones y después no he vuelto a participar en eventos.

-Ya que tocas este punto ¿crees en la transparencia de los concursos literarios?

No he participado en eventos, no porque no crea en los concursos de poesía, sino que, simple y llanamente, a veces (no digo, ni tampoco lo voy a decir que están amañados) ya se sabe el resultado. Yo me presenté a Copé y me hice la promesa de no hacerlo nunca más, porque mi sobre manila ni siquiera lo habían abierto, ni siquiera se habían dado el trabajo de leerlo porque parece que ya tenían a un ganador por anticipado. Entonces ese ha sido el motivo por el cual ya no he querido participar en ninguna justa, en ningún evento de esta naturaleza.

-¿Cómo entraste a la literatura, a la poesía, específicamente?

Mi primer amigo que yo tuve cuando vine de Piura (el año de 1969, a la sazón tenía16 años, porque recién en febrero del año siguiente iba a cumplir 17 años) fue el charapa Manuel Morales Peña. No es que me trate de subir al carro ahora que él no está con nosotros y haya fallecido años atrás en Porto Alegre porque es muy fácil en el Perú perseguir a los vivos y adorar a los muertos. Él fue mi primer amigo. Yo entré al Palermo y me encontré con él. Me dijo “yo soy Manuel Morales y escribo poesía. He ganado los Juegos Florales de la Universidad Nacional “Enrique Guzmán y Valle” o, mejor dicho, he ganado el premio de los Juegos Florales de “La Cantuta”. Y soy amigo. Te puedo presentar al gordo Manuel Velásquez, a Juan José Vega, a Walter Peñaloza y a otros que te pueden ayudar. A los del grupo Narración: Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez, Antonio Gálvez Ronceros”. No me puedo olvidar de ellos. Todos ellos han sido mis profesores extracurriculares porque iba al Palermo. Yo era muy joven, todavía. Recién había terminado la secundaria y me preparaba para estudiar en la universidad, Periodismo. Todos me aconsejaban que siguiera Derecho porque tenía un buen coeficiente intelectual, pero mi vocación pudo más y mi padre me apoyó en eso.

Por eso con la pérdida de mi padre yo estoy sufriendo demasiado al margen de haberme quedado como hijo único, sin padre, sin madre, sin hermanos, sin nadie. Tengo un amigo (Carlos Bayona) que es el único que me está apoyando ahora y que de no ser por él, de repente, ya no estaría en este mundo porque es sumamente difícil, sobre todo, cuando uno ha tenido la protección y el apoyo del padre. Mi papá, un hombre dedicado a la industria gráfica, se preocupó siempre. Nunca me prohibió. Sin embargo, mi familia de ahora: mis sobrinas, mis sobrinos, mis primos -hasta por facebook-  tratan de minimizar la labor del literato, la labor del creador, la labor del hombre que se dedica a la literatura, pero yo sigo adelante porque creo que es mi vocación primera y es mi vocación definitiva, también.

-¿Qué representa para ti la poesía?

La poesía es fundamental porque yo creo que no existe sobre la tierra polvo alguno donde no se haga poesía. Desde el rincón más apartado del planeta hasta las grandes urbes todos se dedican a la poesía. Yo he sido una persona que ha viajado mucho, primero por mi profesión. He ido a varios mundiales, he ido a torneos internacionales. Mi profesión fue fundamental e importante para que yo viajara. Luego he ido a eventos y he sido invitado a diversos certámenes a nivel internacional. He conocido poetas, por eso es que aparezco en varias antologías latinoamericanas no por el grado de amistad que tengo con los escritores, sino porque lo que han hecho es revalorar una obra que tiene un espacio pero que algunos se resisten todavía a reconocerla.

-Mencionaste hace un rato a tu primer amigo, Manuel Morales. Quisiéramos que ahora nos hables acerca de Lucho Hernández, Juan Ojeda, Juan Ramírez Ruiz ¿qué recuerdos tienes tú de ellos?

A todos los conocí. A Lucho Hernández lo conocí en el bar “Henrisse” tres o cuatro días antes que viajara a Buenos Aires donde creo yo se suicidó. Estuvimos reunidos Luis Fernando Vidal que ya no está más entre nosotros (lamentablemente perdió la vida en un accidente de tránsito -creo que una combi lo atropelló- y con él se fue un gran narrador también, un gran escritor que apuntaba para mayores logros, pero de todas maneras su obra ha quedado), Omar Ames que está en EE.UU y Lucho Hernández. Tanto Lucho como L.F. Vidal estaban contentos por la publicación de “El tiempo no es precisamente una botella de champán” que lo editó O. Ames. Y tenía entre sus manos la carátula o la cubierta de mi libro “Celebraciones de un trovador”. Y todos estábamos alegres porque teníamos la carátula de los tres libros que aparecieron en la Colección Poesía de la editorial Ames. Yo a Omar no tengo cómo agradecerle porque gracias a él y a sus primorosas ediciones aparecí en la poesía porque por aquel entonces publicar en esas ediciones era carísimo. Yo me recuerdo que era un sábado muy nublado en Lima, un sábado típico limeño y nos reunimos con él. Nos despedimos y yo no volví a ver más a Lucho Hernández, aunque en algunas ocasiones cuando iba al Hospital “Dos de mayo” -él era pediatra- me acercaba a conversar muy brevemente. Le gustaba usar pastillas muy grandes, prominentes. Luego Nicolás Yerovi se encargó ya de difundir la obra de L.H. Lucho escribía en cuadernos, cuadernos que luego regalaba a los amigos. La tarea más difícil de Nicolás Yerovi era la de reunir todos esos cuadernillos.

Con Juan Ojeda nos hicimos amigos. Él era estudiante de Bellas Artes, estudiante de San Marcos de Filosofía y estudiante en la Biblioteca Nacional del Perú de Bibliotecología. Arte estudiaba en la Escuela de Bellas Artes y Filosofía en San Marcos, entonces coincidimos con Juan Ojeda en la posición de marginalidad del artista y del poeta. Había un Lau Chun en el jirón Ucayali y al costado uno de esos restaurantes antiguos de chinos y ahí nos reuníamos con Benito Guti, con Javier Huapaya a conversar sobre poesía, sobre literatura. Juan era un hombre muy huraño. Le gustaba mucho la bohemia y con él nos reuníamos en la llegada del bar Chino Chino, en todos los bares de la época. Yo todavía, en aquel entonces, bebía poco. Reconozco que después he bebido mucho y ahora ya no bebo nada porque estoy enfermo, pero he tenido la amistad de todos ellos.

He dejado para el final a Juan Ramírez Ruiz. Juan Ramírez, para mí, es el poeta más importante de “Hora Zero”. Para mí no es Pimentel, sino Juan Ramírez Ruiz, el verdadero ideólogo de H.Z. Yo lo visitaba cuando vivía y compartía cuarto con Pepe Cerna que después se fue (no sé la vida de José Cerna Bazán hace muchos años, creo que es profesor en una universidad norteamericana o está en Europa). Yo iba a casa de Juan y después pasábamos a una especie de restaurante pequeñito en la esquina de Ancash donde está la casa de Pilatos que luego Fujimori lo convirtió en Tribunal Constitucional y el jirón Azángaro. Ahí había un cafetín y nos reuníamos con Juan para hablar sobre cosas muy importantes. Hasta lo último lo vi a Juan. Creo yo que he sido uno de los últimos en verlo cuando se fue de viaje y falleció en aquel trágico accidente en la ciudad de Trujillo. Ahora sus restos ya descansan en Chiclayo. Pero él ya estaba cansado. Me decía: “La obra ya está hecha, ahora viene el trabajo de los críticos que son los encargados ya de estudiar y de valorar lo que nosotros hemos hecho. Tú no debes de preocuparte demasiado porque “La tortuga ecuestre” es una revista muy importante y es un ícono de los 70 y no solamente “Hora Zero”, ni “Estación Reunida”,  ni “Gleba”, ni “Línea Éter” del Callao. “La tortuga ecuestre” tiene su espacio, tiene su lugar y considero que es una revista importante y es un referente de los años 70”, eso me dijo don Juan Ramírez Ruiz a quien yo lo seguí estimando toda la vida, a quien le preguntaba de por qué su alejamiento de “Hora Zero”. En una oportunidad me respondió, me dijo:“Mientras ellos se han ido a Sinamos, han ido a los medios de comunicación oficiales, yo me he dedicado a trabajar mi literatura” y publicó “Las armas molidas” que le publica Jorge Luis Roncal. Ese es su último libro. Tres libros escribió Juan. El primero “Un par de vueltas por la realidad” que lo publica en la editorial de don Fidel Ramírez Lazo en Pueblo Libre, luego el libro que lo publicó la editorial de O. Ames (yo le hablé a Omar de un poeta importante de Hora Zero y ahí publica Juan su segundo libro, “Vida perpetua”). Y su tercer libro -bueno, ahí yo ya no tuve nada que ver porque ya no estaba cercano a él- “Las armas molidas” que lo publica Jorge Luis Roncal.

Gustavo Armijos. Foto: Difusión.


-¿Qué apreciación tienes de los grupos literarios?

Yo particularmente no he pasado por ningún grupo literario. La tortuga nació como algo accidental de un grupo de jóvenes que quieren tener su medio de comunicación a través del cual quieren decir su voz. Eso fue “La tortuga ecuestre”.  “La tortuga ecuestre” no fue un grupo literario. Pero de los grupos literarios creo poco porque al poco tiempo se desintegran. “Hora Zero” no duró mucho. Hora Zero se ha venido reciclando con escritores que luego han aparecido en la escena literaria nacional pero que no estuvieron en los inicios del grupo. Para mí lo valioso es la sinceridad. Por ejemplo, Tulio (con todo el respeto que se merece, porque la obra de Tulio es muy importante) pero él fue de “Estación Reunida” junto con Elqui Burgos, con Óscar Málaga, con Pepe Rosas Ribeyro, creo que Patrick Rosas también se acercaba por ahí, Manuel Morales a veces, pero no formaban parte del grupo y de eso yo puedo dar testimonio porque eso yo lo he vivido, a mí nadie me lo ha contado. Yo lo he vivido. Hay gente que me odia por eso, por decir la verdad, pero yo digo mi verdad y esa es mi verdad.

-¿Cómo ves el panorama de las argollas literarias?

Siempre hubo grupos literarios de poder. Había un grupo que nadie lo menciona pero que quiero hacerle justicia: El grupo “Cirle” de la Universidad Católica. Este grupo donde no estaba Abelardo Sánchez León porque ASL fue un poeta insular junto con Pepe Watanabe, el mismo Manuel Morales fue insular, fueron poetas insulares.  El grupo “Cirle” -donde militaba nuestro amigo Ricardo Gonzáles Vigil- fue muy importante y lo mencionan poco, pero tiene su trascendencia también dentro de los años 70. Los grupos se forman y al poco tiempo se desintegran. Yo recuerdo los años 90 porque quizá con la generación que he tenido yo mayor relación ha sido con la de los noventa. “Estación 32” duró poco y al poco tiempo se desintegraron. El grupo “Neón” tuvo poco tiempo… luego Paolo de Lima fue por su lado, Leo Zelada se fue a Europa, Juan Vega Moreno murió, Carlos Oliva murió y así se han ido presentando conforme han pasado los años la creación de grupos que luego se han desintegrado rápidamente o han desaparecido con un número, dos números de una publicación y luego chau, rosa.

-Dialoguemos, a groso modo, acerca del trabajo del periodismo cultural. Se observa en estos tiempos que esta labor prácticamente está desapareciendo, sobre todo, en los diarios de gran circulación nacional. Sin ir más allá ¿qué sensación -o sinsabores- te genera toda esta situación al respecto?

Sí. El último libro importante lo publicó la Universidad San Martín: “Periodismo cultural y de espectáculos”. Ahí está incluida “La tortuga ecuestre”. Lo claro es que es de mal gusto poner en ese libro -en la parte de espectáculos- a Magaly Medina, pero qué vamos hacer, porque así es. Magaly Medina estuvo ligada con César Lengua. César fue un hombre al que también le agradó la poesía. Creo que publicó dos libros. A Magaly también le gustaba la literatura, la poesía. Ella apuntaba a ser una creadora, pero como después el dinero y otras cosas de la vida los va ganando, lamentablemente, abandonan la literatura.

-Tú nunca la abandonaste, por supuesto, pero ¿qué te da la literatura?

La literatura no da dinero, la literatura da satisfacciones. Y eso es lo que más le incomoda a mi familia: “que yo viva pensando en satisfacciones espirituales y no en ganar ni en hacer dinero”. Por eso es el abuso que vienen cometiendo en contra de mi persona por la sencilla razón que ya no está mi padre. Mi padre era quién defendía mis intereses.

-¿Qué opinión te merece el papel que cumple la crítica literaria en el Perú?

Bueno, le falta creatividad a la crítica literaria en el Perú, como decía Octavio Paz. Yo creo que el último gran crítico de la poesía o de la literatura en el Perú fue José Miguel Oviedo. Cuando se va J.M.O se crea un gran vacío. Pero ahora está Ricardo Gonzáles Vigil. Yo contra Ricardo la verdad no tengo nada, muchos han creado un mito en torno a que yo tengo bronca con él, para nada. Al contrario, yo lo admiro, lo estimo, tiene una obra importante. Lo de Toro Montalvo es un trabajo más de recopilación que de crítica. Yo no encuentro una labor de crítico importante, más bien sí de historiador porque recoge textos y está bien informado, es un acucioso investigador.

La crítica literaria en el Perú necesita incentivos para que vuelva y que los medios de comunicación tengan espacio para los escritores. En mi época había unas 8, 10 hasta 15 columnas de poesía o de literatura. Ahora ha quedado “La República” del europeizado Pedro Escribano que más parece un periodista del diario “El País” de España cuando hace trabajo de crítica.

La crítica necesita mucha más capacidad creadora, tenemos una crítica demasiado sectaria para con algunos y muy rigurosa con otros. Necesitamos una crítica más variada y que dé oportunidades a los autores. Por ejemplo, este narrador que en sus comienzos yo lo ayudé bastante corrigiendo sus textos en cuanto a edición, corrección, que publicó “La tarde de toros”  y que ya no puede verla ni en pintura: Óscar Colchado Lucio. Sin embargo, ahora ni me saluda ni me llama. Su misma esposa le decía “te llama tu amigo Gustavo”. Yo recuerdo a Óscar cuando recién llegó a Lima, cuando él recién venía desde Shimbe, de Chimbote. Ya luego se vino a radicar por la Panamericana Norte. Yo iba a verlo, a visitarlo, pero posteriormente perdí contacto con él. Creo que la crítica ha sido un poco injusta con Óscar. Debería existir una verdadera revalorización de toda su obra, aunque lo consideran, pero no en la medida ni el lugar que deben darle.

El poeta disfrutando de los sabores del Perú.


-¿Cómo se le ve al poeta en nuestro medio peruano?

Al poeta se le ve como un vagabundo, como un bohemio, como un marginal, cosa que no es así. Yo me he dedicado a la enseñanza universitaria, me he dedicado al periodismo, me he dedicado a otras actividades. Ahora no, porque estoy enfermo. El Estado no se preocupa, absolutamente, en nada. Ni siquiera he recibido apoyo por parte del Estado peruano a pesar que lo he solicitado. Parece que no les interesa, que les resulta odioso que el escritor exista. Entonces el poeta, definitivamente, es visto como un paria, como una espina o como una piedra en el zapato para los gobiernos de turno. Y eso no debe ser.

Con respecto a la figura del poeta quisiera saber cuál es tu punto de vista acerca del mito que se ha construido sobre María Emilia Cornejo. Algunos sostienen por ahí que no es una poeta, sino un invento de nuestro tiempo. ¿Crees tú en eso?

En el 4to piso del Ministerio de Educación recuerdo a Pepe Rosas Ribeyro, a Elqui Burgos, a Pepe Cerna, los que estuvimos con Isaac Rupay esa mañana, porque a Rupay le metieron en la cabeza de que se abriera de “La tortuga ecuestre”. Siempre ha habido discrepancias con algunos miembros de “Hora Zero” y en ese texto de desmitificación que dijo Rosas Ribeyro yo sí lo ratifico. María Emilia Cornejo es una invención porque esos poemas los corrigieron y ellos lo hicieron. Es malo hablar de un muerto porque ya no tiene cómo defenderse, pero eso es la verdad, yo estuve. Yo estuve esa mañana y posteriormente nos fuimos a tomar un café al Palermo. María Emilia Cornejo es un mito y es un mito creado por Marco Martos (con todo el respeto que se merece el presidente de la Academia Peruana de la Lengua, a quien estimo y quiero mucho y que además es mi paisano) e Hildebrando Pérez, al igual  como también crearon a Rafael Yamasato. Rafael Yamasato no existe, dicen que nació en Ferreñafe. En la revista “Hipócrita lector” ahí se deleitaban ellos y se recreaban creando personajes que en realidad no existían porque María Emilia Márquez adoptó el apellido del esposo Cornejo. María Emilia Cornejo murió joven, muy joven en 1972. Sí la recuerdo. Era un gordita que en un recital de “Gesta” en San Marcos, un sábado donde se repartían unas plaquetas y se presentó Abelardo Sánchez León, Jesús Cabel, Elqui Burgos y otros autores, se presentó ella. Tuve la oportunidad de conocerla personalmente también. Yo a la mayor parte de escritores del Perú de finales del siglo XX e inicios del XXI a casi todos los conozco personalmente, a ninguno de referencia. Bueno, últimamente frecuento poco el ambiente literario… pero cuando he estado más joven o, en la plenitud de mi vida, yo los he frecuentado a todos.

-¿Por qué urge o surge la necesidad de crear una revista?

Bueno, simple y llanamente, porque es una tribuna que te permite mostrar tus cosas. Lamentablemente en el Perú siempre el gran problema que han tenido los escritores es tener un lugar donde dar a conocer sus publicaciones, sobre todo, cuando comienzan y la revista ha servido para eso. Quien no quiera reconocerlo es su problema, pero quien lo reconoce y lo valora en buena hora por cuanto llegar a la cantidad de años que hemos cumplido -40 años- es un tiempo bastante prolongado. Pienso yo que se cierra un ciclo de la publicación. Pienso… no sé todavía, no he tomado la decisión definitiva. Todo depende de cómo se presenten las cosas.


-¿Es difícil ser editor en el Perú?

Es difícil, por cuanto se tiene que contar con los medios suficientes. Yo no hubiera podido publicar 350 números de la revista, sino hubiera contado con el apoyo pecuniario de mi padre. En la época en que se tuvo la imprenta siempre conté con todas las facilidades que me supo brindar él. Además, nunca se opuso y eso es importante porque hay padres que te dicen “anda a hacer dinero que es lo que te da para vivir”. Sin embargo, mi padre se sentía orgulloso que yo me dedicara a la literatura. Difícilmente otros padres sienten lo que sintió él. Lamentablemente ha fallecido a los 90 años por una negligencia médica de parte de los médicos de Essalud, pero ya no podemos dar marcha atrás. Ha transcurrido tiempo. Fue el 17 de junio que nunca me olvidaré en mi vida mientras viva, que es poco tiempo el que me queda de existencia…

Yo, particularmente, te digo que sí es bien difícil ser editor en el Perú. Por ejemplo, saber escoger bien los textos o encontrarte con el resentimiento de algunos. Hay gente que me odia porque nos los publiqué. No consideré que deberían salir en la revista pues no tenían la calidad suficiente y eso les mortifica a algunos mientras que otros se sienten mal, totalmente mortificados.



-Cada vez que te oigo hablar siento que hay una gran melancolía, una herida abierta que no se cierra, todavía. Por lo que puedo observar ¿extrañas mucho a tu padre?

Por supuesto que sí. En los últimos años perdí a mis dos hermanos. Antes de eso, mi mamá ya había fallecido hace cuatro décadas. A raíz de esto se desintegró totalmente la familia… Era la única familia que tenía. Ahora yo, soy solo, estoy solo… Estoy luchando contra el mundo, estoy luchando contra la mezquindad de mi propia familia y estoy luchando contra mis propios demonios, creo yo. Es muy difícil sentir lo que uno siente cuando pierde a un padre, sobre todo, a un padre que no digo yo que haya sido protector sino que ha incentivado en mí la vocación literaria. Eso es muy importante y eso es lo que voy a valorar siempre hasta que me muera.

-¿Qué te parecen al respecto las muestras y antologías de poesía?

Yo he realizado varias. En mí no ha primado ningún tipo de interés, sino dentro de los criterios de selección y lo más importante ha sido la calidad de los textos. La calidad de los textos y las antologías que he realizado de “La tortuga ecuestre” he puesto solamente a los que han publicado en la revista “LTE” porque eran antologías de la revista. No eran antologías ni panoramas generales. Han sacado comentarios, opiniones en el sentido de que faltaba tal o cual autor, pero están equivocados porque era un trabajo de selección de la revista y muchos no quisieron en su momento publicar. Ahora quieren publicar en la revista, pero ya es demasiado tarde.

-Quizás, por ahí, hay un resentimiento hacia tu persona. ¿Por qué Gustavo Armijos es tan temido dentro del panorama literario nacional?

Yo creo que más que temido, respetado. Yo me he ganado ese respeto, aunque no lo crean muchos, en base a mi esfuerzo, en base a mi labor. Marco Martos me decía una gran verdad: “Tú te has hecho solo”. Yo me he hecho solo, he luchado solo. He tenido que enfrentar una serie de adversidades y todo por la literatura. Pero temido, no creo. Incluso hay gente que no me pone en sus muestras, en sus antologías, en sus panoramas, en sus estudios. Creo que el juez insobornable y que todo lo puede es el tiempo. El tiempo va a determinar si tu obra merece ser estudiada y ser considerada en el futuro.  Al tiempo deben de temerle, no a Gustavo Armijos.

Se ha creado cierto mito en el sentido de que yo soy un personaje problemático. Mentira, eso es absolutamente falso. Los que me conocen, los que dialogan conmigo saben que ni siquiera soy agresivo. Soy una persona que me gusta conversar. Me gusta encender la pradera creando polémica, pero de ahí a ser temido por otras cosas, no. Nunca he agredido a nadie, nunca me he agarrado a golpes con nadie. Simple y llanamente he sido una persona respetuosa del trabajo de unos y he tenido que decirles la verdad a otros. Quizás, el temor venga de manifestar las cosas sin ningún miedo. No tengo miedo de decir “fulano de tal o cual es un argollero” que hace sus argollas o hacen sus antologías, no solamente en Lima, también lo hay en Piura que es mi tierra natal. Hay gente que hace sus antologías y pone a tal o cual autor por interés, pero eso no debe de primar. Lo que debe primar es la calidad y si un texto tiene calidad yo lo pongo. Yo soy respetuoso de la calidad literaria y el trabajo de los artistas.

-¿Qué comentario te genera el “Plan lector” y ese poco amor que se le tiene tanto a los libros como a la lectura?

La mayor preocupación por parte de mi persona ya que estoy en el ambiente literario durante 45 años es que existe poco amor por la lectura. Yo acabo de estar en el norte del país y me he encontrado que generalmente los jóvenes no leen y no leen por la sencilla razón de que no son incentivados desde pequeños a que se dediquen a la lectura.  

Ese “Plan lector” que estructuraron y que elaboraron ha sido un fracaso. Definitivamente, los jóvenes no se dedican a leer y eso trae como consecuencia obras deficientes. Pienso que elaborando un buen “Plan lector” se obtendría un resultado más positivo en el sentido de que la gente lea, que la gente sepa valorar a sus artistas y se le brinden los homenajes que ellos realmente se merecen. No hay que esperar que un artista se muera para brindarle una serie de homenajes. La lectura debe ser obligatoria en todos los niveles de la educación peruana, pero una lectura bien orientada, capaz de incentivar en el estudiante, en el alumno, una sensibilidad que le permita valorar los textos, estudiarlos e integrarlos a un estudio literario que tenga un auténtico valor.

Lo que sí me preocupa de sobremanera, desde hace algunos años, es que la gente lea poco. No hay un verdadero deseo por parte de los estudiantes. Y si uno mira los programas de televisión se encuentra que la mayoría desconoce a los autores ya consagrados y eso es, ya de por sí, deprimente.

-Ya sin deprimirnos tanto ¿qué otros intereses tienes muy aparte de tus pasiones como son la poesía, la literatura, la edición de libros y la revista?

Yo particularmente tengo el interés de tener un lugar donde vivir. Ahorita no lo tengo. Gracias a la generosidad de un amigo -como te manifestaba antes- estoy sobreviviendo en un lugar, pero yo quisiera tener tranquilidad y que el Estado peruano se preocupe. Los escritores no podemos quedar tan desamparados sin un lugar donde vivir, sin un lugar donde seguir desarrollando nuestra labor, sobre todo, alguien que ha dado 40 años de su vida. En estos años 40 años yo he podido generar toda una riqueza, todo un mundo de expectativas, pero no las tengo porque me dedique de lleno a la literatura. Mi interés mayor es tener un lugar donde vivir y tener las facilidades para continuar publicando en mi revista. Creo yo que esta entrevista me va ayudar mucho.

-Algunas palabras finales…

Mi agradecimiento porque te preocupas de difundir la literatura y la poesía, especialmente, en un medio tan hostil como el nuestro. Los medios de comunicación deben -y deberían- de preocuparse a dar espacio para que se comenten las obras de los creadores peruanos. Definitivamente, no vivimos en España para que “La República” tenga una página cultural que más se parece al diario “El País”.

Ya para finalizar quiero reiterar que los nuevos escritores, sobre todo, se preocupen de luchar y de librar una lucha que va a ser muchas veces solitaria, sumamente difícil como ser poeta en el Perú, como ya lo decía mi buen amigo, Manuel Morales. Muchas gracias.

Comentarios
Continue Reading

Cultura

Viernes Literario: Daniel Estrada en la gestión cultural y la política editorial del Cusco

Published

on

Uno de los aspectos importantes que debemos destacar al hacer memoria de Daniel Estrada, es su trabajo en el ámbito cultural y la producción editorial de nuestra ciudad. Su gestión edil estuvo estrechamente ligada a los filamentos más sensibles del arte y la cultura en las últimas décadas del siglo XX. Por ello, considero oportuno que al recordar al qosqoruna, se fomente también la preocupación por el sector cultural y editorial ambos desatendido en los últimos años.

Los libros, son a través del tiempo, los testigos más fieles de una época, una emoción, un sentimiento. Más aún si queremos asomarnos a la cultura, encontramos la fuente en la historia, el arte, el teatro, la música, el cine y la literatura. Si hablamos de gestión cultural debemos decir que Daniel Estrada promovió la sensibilidad del Cusco con un rescate único que lo ha perpetuado en el ideario colectivo como el alcalde más querido y recordado. Si queremos que su experiencia sirva para algo objetivo, debemos hacer una referencia muy puntual al presente. El Cusco, no cuenta con políticas culturales establecidas gracias a un plan o proyecto que sobrepase las periódicas gestiones municipales o regionales. Desafortunadamente, no se ha entendido que la cultura es un eje trasversal de desarrollo y más aún en una ciudad con patrimonio cultural, histórico, natural y humano.

No existen proyectos de largo aliento ni políticas públicas porque tampoco encontramos órganos de gestión. En el caso de la misma Municipalidad del Cusco o el Gobierno Regional, no existe una gerencia de cultura que se dedique exclusivamente al tema. La educación, el turismo y el deporte, son también ejes importantes que requieren cada uno de un trabajo pormenorizado además de visible y no se puede seguir la inercia del aparato público que languidece de propuestas que ayuden a incrementar las posibilidades de que los ciudadanos accedan de manera gratuita al arte, la educación comunitaria y la vida cultural de su ciudad.

De la misma manera, requieren ser atendidos los artistas, gestores, músicos, actores, pintores, escritores, nuestros mal llamados artesanos entre otros exponentes que brindarían con una adecuada gestión, la mejor invitación a conocer esta capital del mundo andino y contemporáneo. Los artistas y gestores requieren de convocatorias permanentes, festivales, exposiciones, presentaciones y producciones que no sean el entusiasmo del funcionario de turno sino una política cultural seria y establecida permanentemente como necesidad pública.

Para que una política pública cumpla el cometido de beneficiar a la colectividad, debe orientar el consenso  producto del diálogo y el intercambio con mayor razón si hablamos de la cultura como el espejo que permite observar el espíritu de nuestro pueblo como también la posibilidad económica si re-valoramos nuestro vasto patrimonio.  

La reciente pandemia que estamos viviendo ha evidenciado la orfandad del sector cultural pero también la fortaleza de la autogestión, la solidaridad y la creatividad. Este es un capital único con el cual cuenta el Cusco y creo que es necesario no venderlo, ni malversarlo, por el contrario, darle el valor que merece a la cultura viva. Esto permite afirmar la identidad de nuestra gente y al mismo tiempo convocar la afluencia turística que hoy más que nunca requerirá de todos para que se restablezca pero con mayor responsabilidad y respeto a la monumentalidad del Cusco. Estas proyecciones requieren de una voluntad seria y sincera del sector político.

En momentos de grandes crisis también afloran las necesidades y las propuestas del colectivo que creo pueden fortalecer cualquier gestión pública que ahora necesita de tecnología, innovación y nuevas prácticas para fomentar la meritocracia. En cuanto al tema editorial, no existe antecedente o experiencia posterior que haya gestado lo que hiciera Daniel Estrada. Los libros sencillamente suman decenas de títulos en vertientes como Desarrollo Urbano, enciclopedias, narrativa, poesía, arquitectura, historia, arqueología, antropología, música y arte. El amor por los libros del qosqoruna aflora en sus dos gestiones municipales pero también a lo largo de su vida.

Los autores, cusqueños y cusqueñistas, el escenario, el Cusco milenario de información. En la Biblioteca Municipal del Cusco, vi de cerca publicaciones que seguramente donaba de sus visitas a otros países o también de su biblioteca familiar. Estos factores, por más sencillos que parezcan, estoy seguro fueron los que motivaron la férrea voluntad política de desarrollar un fondo editorial de la municipalidad del Cusco. Este anhelo tampoco se ha institucionalizado y a diferencia del ámbito cultural aquí sí contamos con un plan municipal del Cusco pero que requiere activarse y actualizarse.

El fondo editorial del Cusco, es un anhelo que todos debemos asumir porque es ahí donde perdurará el espíritu de nuestro pueblo que gracias al libro (ahora en sus distintas presentaciones) también llega a futuras generaciones. Daniel Estrada ha dejado la vaya bien alta pero por lo mismo grandes posibilidades para alcanzar el sueño qosqoruna de una ciudad próspera, moderna y desarrollada pero con profundas raíces. Su humanismo andino, es tal vez su legado más importante para las futuras generaciones.

Comentarios
Continue Reading

Cultura

Fabulando la historia

Published

on

A la historia se la define como una disciplina que estudia y expone con determinados principios y métodos hechos y acontecimientos que pertenecen a un tiempo preciso, habiendo sido sus protagonistas, una persona, un conjunto de personas o toda una comunidad.

Lo que no se dice, es que la historia puede también convertirse en fábula puesto que en ella intervienen elementos de la narrativa oral, tan susceptible de modificar los hechos como de recrearlos o introducir personajes que no estaban presentes en el momento de los acontecimientos.

Otro fenómeno, es la reinvención que un escritor realice utilizando un hecho, pero dándole la vuelta de acuerdo a su inspiración y creando un argumento que tome como escenario el de la historia. Una tarea bastante compleja y trabajosa, pues para crear “otra historia” debe conocer a fondo los antecedentes.

Como ejemplos de este tipo de novelas tenemos La guerra del fin del Mundo de Mario Vargas Llosa que recoge la revolución de los Canudos en el Brasil de fines del siglo XIX.

El dios de la lluvia llora sobre México de Lászlo Passuth, que tiene como tema la conquista de México.

Amalia la extraordinaria novela del argentino José Mármol, una de las primeras del género romántico y quizá la más importante de Sudamérica en el siglo XIX, narra la tragedia de una pareja que se enfrenta a la tiranía de Rosas.

Viajando fuera de la cuna

Luiz Carlos Reátegui del Águila nacido en 1985 en la cálida ciudad de Iquitos, es otro escritor que ha sido tentado por la Historia para escribir la suya. Pero esta vez con una trama que se desarrolla a orillas del Mediterráneo, en la ciudad mítica de Nápoles, tan querellada con su famoso Vesubio, causante de tragedias singulares. La novela que mencionamos se titula Isabella Nápoles.

Luiz Carlos, es un autor de éxito como lo demuestra el Premio Copé de Bronce que obtuvo por la novela Casa Abuela (XX Bienal de Cuento y VI Bienal de Ensayo del 2018). Tiene también el Premio Planeta de Cuba por Prohibido besar a las cholas y otro de Ensayo por su trabajo Simplificación Tributaria.

Ha sido finalista en diversos concursos nacionales y foráneos, habiendo editado sus cuentos en diarios y revistas del Perú y el extranjero. Interesado en la política por herencia familiar, fue Regidor de Lima Metropolitana.

Antecedentes de Isabella Napóles

Italia, ha sido protagonista de las famosas “grandes guerras italianas” que se produjeron entre 1494 y 1559 y debió pelear contra los estados de Europa occidental como Francia, España, Sacro Imperio Romano, Germánico Inglaterra, la República de Venecia, los Estados Pontificios, en medio de grandes alianzas y otras tantas traiciones.

El rey de Francia Carlos VIII dio inicio a la primera guerra de Nápoles entre 1594 y 98, invadiendo el reino pero siendo expulsado a su vez. Al año siguiente, Luis XII hizo lo mismo pero esta vez aliado con Fernando de Aragón que había ayudado a la expulsión de Carlos VIII. Es aquí donde nuestro escritor ubica su historia  y la continua por cuenta propia.

Lima Gris, conversó con Luiz Carlos Reátegui y estas son sus declaraciones:

Buenos días Luiz, ¿tu nombre tiene procedencia portuguesa? porque ellos lo hacen con z y no con s.

Sí, mis bisabuelos eran de ascendencia portuguesa y en honor a ellos mi mamá decidió ponerme Luiz con Z.

El haber nacido en Iquitos, en donde el imaginario popular es la vena nutricia para los relatos, ¿fue la fuente que sustentó tus primeros escritos?

Sí, hay mucha tradición sobre los relatos orales, en mi infancia con los amigos que vivían por mi casa, teníamos la costumbre de reunirnos en las noches y contar las diversas leyendas amazónicas: el chullachaqui, el bufeo colorado, la runamula, etc.

Prohibido besar a las cholas por su temática tiene un trasfondo parecido a la obra teatral de Hernando Cortés Abuse Ud. de las Cholas, porque ambas cuentan las vicisitudes de las mujeres provincianas. En tu obra son varias las protagonistas. Pero, siempre la mujer perteneciente a las clases emergentes como en tu relato tienen que ser mujeres sufridas y muchas veces frustradas ¿Por qué no mostrar aquellas que se abren campo a fuerza de lucha hasta lograr una posición muchas veces privilegiada?

Qué buena referencia haces con Hernando Cortés y su estupenda obra Abuse usted de las cholas, es un clásico del teatro local y debería volver a ponerse a valor. Lo que se busca en el libro de cuentos Prohibido besar a las cholas es abordar los diversos tipos de discriminación: económica, racial, religiosa, familiar, etc. Ya que se tocan temas como el aborto, la trata de mujeres en Madre de Dios, la homosexualidad, el racismo, y más.

Ese hermoso relato Santorín, encajaría perfectamente en aquellas historias de viñetas de las revistas el Tony, Fantasía y similares. ¿Fuiste asiduo lector de esas publicaciones?

El Tony fue una revista legendaria. De niño solía leer más revistas de deportes, en especial cuando hablaban del equipo de fútbol de Universitario de Deportes, me hice muy hincha de ese equipo a tal punto que mi mamá pensaba que yo sería jugador o comentarista deportivo. En cuanto al relato citado, si se daría la posibilidad de que Santorín se publique en alguna revista de historias, yo estaría tremendamente feliz.

Pasemos a la historia. ¿Qué te motivó a escribir Isabella Nápoles? y vaya que debió ser complicado bucear en la Historia y meterse en las famosas “grandes guerras italianas”.

Escribo por impulso, uno no escoge a las historias sino, las historias lo escogen a uno. Siempre me gustó en mi adolescencia los programas sobre la época del renacimiento en los canales de cable e Italia es cuna de esa época y digamos que muchos datos ya los tenía en mi bagaje diario, entonces, no me fue tan difícil, por el contrario, me divertí mucho y también aproveché un viaje a Europa de la maestría que cursé para revisar algunos detalles adicionales.

Los monarcas Carlos VIII, Federico I y Luis Xii, son reales. ¿Pero Isabella es pura ficción? ¿quién te inspiró como personaje?

En efecto, Isabella es pura ficción. Sucede que Nápoles era un reino poderoso casi imbatible que por alguna inexplicable razón se dejó invadir fácilmente por Francia y España, entonces pensé en Isabella como eje de una pasión desmedida del Rey que le costó la derrota. Así como Dalila que cautivó a Sansón, condenándolo.

Nos regalaste con algunas páginas de esta novela que promete tanto por la trama como por el estilo de su construcción. ¿Creo que pudiste enviarla a algún concurso internacional?

Isabella Nápoles tuvo 2 ediciones agotadas, tuvo muy buena acogida por parte de los lectores. Fue preseleccionada en el Premio Rómulo Gallegos. Si en algún momento se publicase una 3era edición, yo feliz otra vez.

Tus dos premios, el Copé de Bronce por Casa Aabuela y el Planeta Cuba por Prohibido besar a las cholas, ¿son un aliciente a tu trabajo o una forma de conseguir dinero para continuar con tu trabajo como escritor?

Es un aliciente, no escribo para los premios pero es de puta madre ganarlos. Se debe disfrutar el camino, escribir desde el instinto, desde el nervio, desde el olfato. Salivar cuando en la calle ves una buena imagen o escuchas un buen diálogo. Se escribe todo el tiempo, hasta cuando estamos dormidos.

¿Por qué señalas que eres político?

La política ronda mi vida. Mi abuelo fue alcalde de Mazán, mi papá quiso serlo y yo fui regidor Metropolitano de Lima, siempre he trabajado en el sector público y estoy al servicio de las personas y de mi país a cada momento.

Comentarios
Continue Reading

Cultura

Carlos Santa María, Triskel Editores y el plan lector popular

Published

on

El bajísimo promedio de lectura es uno de los grandes problemas que tenemos a nivel nacional.  Según datos publicados por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), el Perú es uno de los países que menos lee libros en América Latina; asimismo, hace algunos años un informe de la Dirección del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura daba a conocer que el peruano promedio solo lee el 0,86 % de un libro al año.

Ante estos datos preocupantes y desfavorables, son pocos los proyectos que se han creado con una intencionalidad seria para contrarrestar tales promedios.  Se pueden señalar distintos factores que justifiquen nuestro gran déficit lector. Desde mi experiencia como docente de un colegio estatal y considerando el intercambio de información con los alumnos, uno de los principales factores que desmotiva el hábito lector consiste en que el precio de los libros resulta inaccesible para ellos, teniendo en cuenta que la mayoría proviene de familias con bajos recursos económicos. A esto hay que sumarle que son poquísimos los padres que fomentan la lectura al carecer de una biblioteca en el hogar. Quizás esto resulta polémico porque se podría insinuar que existen las bibliotecas públicas o la venta de libros “piratas” u originales de segunda mano que contrarresten lo ya mencionado; sin embargo, esto no oculta la gran distancia que existen entre las masas populares y el precio promedio de los libros originales.

Es por ello que, en el caso de la región La Libertad, el poeta, docente y narrador Carlos Santa María y “Triskel Editores” han emprendido un titánico y fructífero proyecto llamado “PLAN LECTOR POPULAR” que consiste en publicar las narraciones de distintos autores con el objetivo de masificar y descentralizar la narrativa liberteña a un precio que resulte accesible a los sectores populares. El proyecto está formado por 20 fascículos (de 20 páginas c/u que contiene distintos relatos de cada autor) y van acompañados con ilustraciones del artista Óscar Alarcón, lo cual hace mucho más agradable e interesante la lectura.  Cabe mencionar que también está direccionada al sector educativo, pues las historias seleccionadas poseen los enfoques transversales que exige el MINEDU.

Este proyecto no solo resulta importante por el objetivo de recuperar un grupo lector masivo, sino también porque permite visibilizar a los autores de nuestra región, lo cual enriquece la literatura liberteña y nacional, motivando a que aparezcan otros proyectos de tal magnitud. Para finalizar hay que considerar que el “PLAN LECTOR POPULAR” sigue el legado que dejó el gran Manuel Scorza con la aparición de los famosos “Populibros peruanos” en los setenta.

Aquí una entrevista con Carlos Santa María, quien nos da a conocer algunos datos importantes respecto al “PLAN LECTOR POPULAR” y que ayudan a complementar la información expuesta. 

¿Cómo nace la idea para emprender este proyecto?

Bueno, la idea nace como una suerte de complemento de un trabajo previo en el que reuní en dos volúmenes a 50 narradores de La Libertad bajo el título de “Cuento liberteño / Panorama actual 1 y 2”. Estos libros, aunque gozaron de muy buena acogida, nunca pudieron llegar al público que yo hubiese deseado; es decir, a ese para el cual adquirir un libro de 8 o 10 soles no siempre resulta posible. Esta imagen me quedó dando vueltas en la cabeza. Así que decidí crear un Plan Lector más al alcance del bolsillo; es decir, un proyecto realmente “popular” que, sin perder la calidad del producto, mostrase a los mejores escritores de nuestras 12 provincias, pero a un precio por muy debajo de lo habitual.

¿Cuáles han sido los criterios para la selección de los autores?

Creo que en toda selección el criterio principal es siempre el mismo; o sea, que el texto o aquello que optamos por seleccionar sea realmente bueno. En este caso, sin embargo, existía también la intención de dejar en claro que la literatura liberteña no estaba circunscrita solo a Trujillo. Planteado este parámetro, la colección debía abarcar autores de las 12 provincias de nuestra región. Además, por el público al cual iba dirigido, los relatos no debían ser demasiado extensos y, en la medida de lo posible, coincidir en su temática con los Enfoques Transversales que se manejan actualmente en los colegios nacionales.

Teniendo en cuenta que este proyecto está direccionado al sector educativo, ¿qué características consideras que tienen los cuentos seleccionados para motivar la lectura en los estudiantes?

Las estadísticas dicen que los alumnos cada vez leen menos. Y si continuamos haciendo lo mismo, lo más probable es que los resultados continúen también siendo los mismos. Por lógica entonces, había que intentar algo distinto; no bastaba con que las historias sean buenas, había además que hacerlas atractivas, darle a la obra el tratamiento de objeto que se merece, trabajarla hasta hacerla capaz de llamar visualmente la atención del estudiante. Es por eso que apostamos por un formato y un tipo de ilustración diferentes.

En principio, decidimos no trabajar con libros sino con folletos. Estos, a mi entender, poseen unas características más idóneas para lo que persigue el proyecto. En primer lugar, resultan más económicos, lo cual te asegura que todos los alumnos o por lo menos una gran parte de ellos puedan adquirirlos. Y, en segundo lugar, son más manejables. Un folleto le puede permitir al docente trabajar el íntegro de la obra en el aula, evitando dejar las consabidas “lecturas para la casa” que lo único que hacen es polarizar el aula trazando una línea divisoria entre quienes leen y quienes no.

Otro de los aspectos que queríamos resaltar era la ilustración. Tenía que ser algo realmente artístico. Había que ganar visualmente al alumno, esa era la consigna, así que optamos por una técnica que se encuentra a mitad de camino entre el collage y la monotipia. Con esta técnica ilustramos los casi 80 cuentos que conforman la colección. Innegablemente, esto le agregó al proyecto calidad gráfica, además de la literaria.

¿Cuáles crees que son los méritos que tiene el proyecto, además de la masificación y de la descentralización?

No sé, quizá una suerte de rescate; autores como Blackwood y Morachimo no aparecen en demasiadas antologías ni reseñas hasta donde tengo entendido. Por otra parte, también hay mitos y leyendas de nuestra selva que acá son prácticamente desconocidos; ahí tienes al guerrero Chuquimanko, al brujo Tungarivao, a la fiera Warako. Si a esto le sumas que los textos con que colabora Juan Morillo volvieron a ser publicados después de 57 años o que el cuento con el cual participa Eduardo González Viaña ganó el Premio “Juan Rulfo” en 1999, creo que ya son motivos suficientes como para que se vaya interesando la gente.

¿Crees que hay un déficit editorial en nuestra región que no permite visibilizar a narradores interesantes y/o importantes? ¿Qué opinión tienes al respecto?

Me parece que por ahí no va el problema. En realidad, existen más editoriales que antes y publicar resulta también mucho más fácil que antes. Sin embargo, al haberse convertido esto de la publicación de libros en un negocio, las reglas del juego cambian. La calidad del texto hace rato pasó a segundo plano. La consigna ahora es vender. Cada editorial publicita a sus autores como si fueran lo mejor de este siglo y guarda silencio sobre otros simplemente porque no están dentro de su catálogo. Esta actitud, creo, es la que no ayuda ni a la difusión ni a la valoración real de los artistas.

¿Qué piensas respecto a la narrativa liberteña actual?

Creo que el haber obsequiado al mundo con uno de los mejores poetas de habla hispana de todos los tiempos hace inevitable la asociación de nuestra tierra con la poesía. Sin embargo, cabe resaltar que en los últimos años ha surgido en la región una camada de jóvenes narradores que, con menor dosis de bohemia y un mayor apego a la disciplina, viene consiguiendo cosas interesantes. A mi entender, la narrativa liberteña atraviesa actualmente uno de sus mejores momentos y varios de sus exponentes –sin el respaldo editorial que debieran, muchas veces– empiezan a erigirse como los abanderados de su generación.

DATO ADICIONAL:

La lista de autores seleccionados en el proyecto son los siguientes: Ángel Gavidia, César Alva Lescano, Idolberto Alarcón, Elmer López, Gloria Portugal, Eduardo González Viaña, Luis Flores Prado, Teodoro Bernabé, Jorge Flores, Andrés Sánchez Vega, Luis Cabos, Lorenzo Morachimo, Felipe Blackwood, Enrique Carbajal de la Cruz, Gerson Ramírez,  Juan Morillo Ganoza, Edwin Coronel, Pierre Castro, Berlin Hilario y Julia Wong.

El precio de cada fascículo es de dos soles para escolares (con el pedido previo de cada institución educativa), dos fascículos por cinco soles para el público en general y la colección completa (con una caja de regalo) por cincuenta soles (si desean adquirir los fascículos contactarse con el fanpage de Triskel Editores:  https://www.facebook.com/Triskel-Editores-355233534626484)

Comentarios
Continue Reading

Cultura

Vallejo y Vargas Llosa como periodistas: contra el secreto profesional por Julio Barco

Published

on

César Vallejo y Mario Vargas Llosa.

(Leído en el I SEMINARIO Eclipe Literario, Áncash-2021)

Primero quiero agradecer a los amigos de Áncash por permitirme expresar algunas ideas que atañen a las letras, a la literatura y al arte en general. Esta oportunidad es posible gracias a la loable gesta del grupo Eclipse ancashino, autores de este encuentro nacional desde la tierra de Julio Ortega, Ricardo Ayllón y Luis Fernando Cueto.

Es de vital importancia insistir en convocar el arte y en ser parte activa de su proceso; insistir y provocar su gestación es la tarea de toda juventud con crítica, lucidez y deseos de superarse; por todo ello, celebro este encuentro. Y más, en tiempos de virus e ignorancia, ignorancia que es el otro virus que azota nuestro país. Muy bien, entonces, pasemos al tema de hoy: Mario Vargas Llosa y César Vallejo como periodista, dos polos, Sur y Norte, como centro de nuestro tema a tratar.

Este tema, sin duda, es reflexionar sobre dos picos de alto calibre en las letras peruanas y universales. “Son pocos, pero son, señaló en versos de bronce nuestro Poeta y acaso aquella pregunta que titila en la retina de muchos, “¿En qué momento se había jodido el Perú?” del Narrador, en la voz de uno de sus personajes, precisamente Zavalita, periodista y parte de Conversación en la Catedral sirvan para dar luz a dos autores de alto fulgor en el aliento de la escritura.

Sin embargo, cavilando sobre el tema, pregunto, ¿qué aportar a lo ya dicho por Oviedo, Ricardo Vigil, Luis Mongió, Max Silva tuesta, Ernesto Elmore y tantos críticos, psicoanalistas, literatos y un sinfín de intelectuales que sumaron lucidez y crítica para descifrar a estos paradigmas de nuestras letras? Sumar, pues, un estudio reflexivo sobre

uno de sus lados menos conocidos, aunque también celebrados, el periodístico.

Estos artículos resulta muy interesantes para conocer más sobre el pensamiento y la mirada de estos autores; para penetrar en su espacio de intimidad y ciencia subjetiva, para observar al pensador detrás de las obras. Son pues radiografías contra el secreto profesional de la literatura.

Veamos primero cómo cada uno de estos autores se conectó con el oficio. Por un lado, César Vallejo, ya en París y viviendo épocas de escases y hambre metafísica, se une al periodismo como medio de sustento. Escuchemos la siguiente carta que Vallejo mandó a su gran amigo Pablo Abril de Vivero:

Aún no se resuelve mi pasaje por el Sindicato de la Prensa. Le ruego que si no le es mayormente molestoso, me haga el favor fraternal de proporcionarme el dinero que le sea posible para pagar mi tren a Madrid a la mayor brevedad. En el bureau debo todavía y de allí que me vea corto para pedirle a él.

7 de Enero de 19261

Como vemos, para César Vallejo el periodismo es uno de los sustentos que posee para seguir viviendo, o sobreviviendo, en Francia; sin embargo, no debemos olvidar que su actividad periodística comenzó en Lima como corresponsal de publicaciones trujillanas. Citemos este sustancioso fragmento de uno de los textos de aquella época:

Trujillo muy poco ha trabajado por el arte; pues su vida fue siempre fenicia y cartaginesa. Pero una buena tarde de primavera, Orrego, entre el ir y venir de los negocios, detuvo el tono de la vida ciudadana, la grita mercurial y escribió Arte moderno, robusto estudio crítico de literatura. Y el bocinazo fue a dar más lejos de lo imaginado. Lima le premió en el concurso literario de La Nación de 1913. 2

Se calcula que entre 1918 y 1938, Vallejo escribió unos 250 textos periodísticos, entre crónicas y artículos. Entre otros artículos, podemos encontrar muchos temas, de Chaplin a Montaigne, de Mussolini a Descartes, de Víctor Hugo a Baudelaire, y, sin duda, el memorable artículo de 1937, llamado La responsabilidad del escritor, donde manifiesta que:

Por desgracia, la conciencia de la responsabilidad profesional del escritor no está bastante desenvuelta entre la mayoría de los escritores del mundo. La mayor parte de los escritores están al lado del fascismo porque carecen de esta conciencia de acción histórica; pero nosotros tenemos de nuestro lado lo mejor de pensamiento del mundo, lo mejor en calidad. (…) Los responsables de lo que sucede en el mundo somos los escritores, porque tenemos el arma más formidable, que es el verbo. Arquímedes dijo: “Dadme un punto de apoyo, la palabra justa y el asunto justo y moveré el mundo”: a nosotros, que poseemos ese punto de apoyo, nuestra pluma, nos toca, pues, mover el mundo con esta arma.3

También es interesante lo que cuenta sobre los deportes, sobre el genio o sobre el encuentro con Manuel González Prada, conspicuo autor de Horas de Lucha (1908) como de Pájinas libres (1894), dos libros que hablan de su naturaleza rebelde y anárquica, del que compartimos el siguiente fragmento:

-En Literatura-prosigue- los defectos de técnica, las incongruencias en la manera, no tienen ninguna importancia.

-Y las incorrecciones gramaticales –le pregunto- evidentemente ¿Y las audacias de expresión?

Sonríe de mi ingenuidad; y labrando un ademán de tolerancia patriarcal, me responde:

-Esas incorrecciones se pasan por alto. Y las audacias precisamente me gustan. 4

Por otro lado, en el caso de Vargas Llosa, vemos que el periodismo fue también una segunda universidad para conocer, por un lado, la vida

bohemia de Lima, y, por otro, la pasión por la literatura. Leamos partes de sus memorias, donde el autor de La casa verde nos habla de esta experiencia:

Los tres meses que trabajé en La crónica, entre el cuarto y último año de secundaria, provocarían grandes trastornos de mi destino. Allí aprendí, en efecto, lo que era el periodismo, conocí una Lima ignota hasta entonces para mí, y por primera vez y última vez, hice vida bohemia. Si se piensa que no había cumplido aún dieciséis años-los cumplí ese 28 de marzo-, la impaciencia con la que quise dejar de ser adolescente, llegar a adulto, en el verano de 1952 quedó recompensada. (…) Y ahí mismo recibí de sus labios la primera clase de periodismo moderno. Había que comenzar la noticia con el lead, el hecho central, resumido en breve frase, y desarrollarlo en el resto de la información de manera escueta y objetiva. “El éxito de un reportero está en saber encontrar el lead, mi amigo”. Cuando le llevé, temblando, la noticia redactada, la leyó, tachó algunas palabras inútiles –“Concisión, precisión, objetividad total, mi amigo”-, y la mandó a talleres. No debo haber dormido aquella noche, esperando verme en letra impresa. Y, a la mañana siguiente, cuando compré La Crónica y la hojeé, ahí estaba el recuadro: “Esta mañana presentó sus cartas credenciales el nuevo embajador de Brasil, el señor don…” Ya era un periodista” 5

Este testimonio sirve para corroborar lo expuesto arriba: el oficio de periodista sirvió como un medio de conocimiento. Si, para alguien como Borges, el periodismo es un género menor destinado a la superficialidad del instante, vemos que, en el caso de Vallejo como de Vargas Llosa, este trabajo supone una exploración de sus pasiones, un proceso en el que se recrea no solo el instante de la noticia pasajera sino el latido y el pensamiento detrás del acto creador. Más adelante, en las suculentas páginas de El pez en el agua, Vargas manifiesta que:

Y secretamente pensaba que estaba viviendo la misma vida que había llevado, aquí, al llegar a la capital desde su provincia trujillana, el gran César Vallejo, a quien empecé a leer por primera vez –seguramente por consejo de Carlos Ney- ese verano. ¿No se había pasado él las noches en los bares y lupanares de la Lima bohemia? ¿No lo testimoniaban sus

poemas, sus cuentos? Éste era, pues, el camino de la literatura y de la genialidad.

Gracias a esta etapa de su vida, Mario Vargas Llosa conoció más de Lima, frecuentó diferentes bares y, por consejo del ya mencionado Carlitos Ney, logró conocer a autores como Malraux, Sartre o Joyce, que sin duda fueron determinantes para su futura vida de novelista. Un detalle curioso que no me gustaría dejar pasar es el de la faceta poco conocida de Vargas Llosa como poeta: antes de dedicarse exclusivamente a la narrativa, el autor de La tía Julia y el escribidor decidió quemar sus poemas por cursis y faltos de calidad.

De aquellos tiempos de La crónica, llegamos al siguiente diario La Industria, donde llega gracias a recomendaciones se presenta en la casa del dueño de diario: Miguel Cerrón Cebrián. En este diario, Mario sigue escribiendo artículos, hace entrevistas y más textos, alternando las horas de periodista con los de la escuela secundaria, donde, por cierto, estrena su primera obra de Teatro: La huida del Inca, que ganó el segundo puesto en un concurso de teatro. De aquellas épocas, recordamos al famoso tío Lucho, que también cita en el discurso de recibimiento del premio Nobel y del que dice,

El tío Lucho me animaba a que fuera un escritor. No era tan ingenuo de aconsejarme que fuera solo un escritor, porque ¿de qué hubiera vivido? Él pensaba que la abogacía podía permitirme conciliar la vocación literaria y un trabajo alimenticio y me urgía a que juntara desde ahora para llegar un día a París. Desde entonces, la idea de viajar a Europa –a Francia- se volvió un norte. Y, hasta que lo conseguí, seis años más tarde, viví con ese desasosiego y el convencimiento de que si me quedaba en el Perú, me frustraría.

La actividad periodista de Vargas Llosa sigue presente todavía a través de su famosa y polémica columna titulada Piedra de Toque, sin olvidar que sus artículos en su totalidad fueron publicados en algunos tomos en el libro Contra viento y marea.

Bien, entonces, la exploración de este rubro nos lleva a observar a estos dos contrastes. Y sin duda, tanto Vargas Llosa como Vallejo son disímiles en muchos aspectos, casi hasta ser agua y aceite en

algunos: uno Poeta, otro Novelista; uno comunista, otro liberal; entre otros muchos, sin embargo, no deseo sino contarles, para culminar, de un puente que une a ambos genios: Rubén Darío.

La figura del mayor exponente continental del Modernismo, autor de Cantos de vida y esperanza (1905) como de Azul (1888) o El canto errante (1916). Simplemente diremos que para Vallejo fue fundamental tenerlo como antecesor, y, en el caso de Vargas Llosa, no solo fue un lector concienzudo de su obra, sino que le dedicó la tesis Bases para una interpretación de Rubén Darío.

Sin duda, de este tema rubendariano, habría mucho que contar, solo me toca a mí decir que la potencia del nicaragüense une a dos de nuestros más altos autores peruanos. Y los hermana en la poderosa tarea de construir la nueva literatura de su tiempo.

________________________________________________________

[1] Del libro 114 cartas de César Vallejo a Pablo Abril de Vivero (Editorial Juan Mejía Vaca-  1975)
[2] Del libro César Vallejo Corresponsal de prensa (antología de crónicas y artículos, Fondo Editorial Municipalidad de Trujillo)
[3] Publicado en El Mono Azul N 4, Madrid, 1939
[4] La Reforma Trujillo, 9 de marzo de 1918.
[5] Del libro El pez en el agua (Memorias) Editorial Seix Barral, 1993

Comentarios
Continue Reading
Advertisement

LIMA GRIS TV

LIBRERÍA

LIMA GRIS RADIO

PRNEWS

PARTNER

CONTACTO

Síguenos en Twitter


LIMA GRIS RADIO

Trending