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Cultura

De la poética a la prosística (la mutación en Enmanuel Grau o reflexiones sobre Hijos de la guerra)

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Roberto Bermúdez –así con ese nombre conocí a Enmanuel Grau, y lo digo súbitamente con la confianza que tengo de conocerlo durante años–  fue uno de mis amigos cercanos en aquellos locos y juveniles años de la universidad, donde prácticamente todo lo que nos importaba giraba en torno a volvernos escritores o poetas y nuestras lecturas.

Por esos días Roberto Bermúdez me habló de unos cuentos inéditos de Valdelomar que había leído en una de sus lecturas en la Biblioteca Nacional. Yo, muchísimo tiempo antes de entrar a la universidad había leído en internet el manifiesto Palabras Urgentes de Hora Zero y me había fascinado esa forma de ser y entender la poesía. Es que, valgan verdades, con Hora Zero, no solo ingresa lo coloquial anglosajón más acriollado sino también un estilo de libertad, del poeta como ser lanzado a la vida y su épica como motor. 

Supongo que me acuerdo lo de Valdelomar por la rareza, lo sutil o digamos variopinto del caso; la necesaria magia que tenía y tiene Roberto (diré, Enmanuel) en los detalles; particularmente a mí no se me habría jamás ocurrido ir a buscar un libro así  a la Biblioteca Nacional. Eran las épocas en las cuales Roberto arañaba sus primeros poemas en partes blancas de los afiches de academias pre-universitarias que repartían en la avenida Nicolás de Piérola y su verbo poético era fluido como un río.

También se me viene a la mente los días en que vagábamos, así llamábamos a este ejercicio de pensar y charlar por Lima disertando de poetas; quimérico tema que crece rápido cuando la sed por conocer es idónea; y me hablaba de la sugerencia que poseen los poetas como Salaverry o Eguren:

-Mi abuelo me contaba –comentaba Enmanuel–, que el arte poético es más sugerir que decir. Que no hay que decirlo de forma exacta sino sugerir y dar la sensación.

-Sí, lo sé, -le decía yo- y eso es lo fascinante del arte poético, aunque leyendo a los Hora Zero creo que lo mejor es idear una nueva sensibilidad; algo que no sea solo repetir su onda, sino extenderla, hacer un tajo en nuestra tradición, romper el maldito servilismo académico.

-Cierto, todo eso mata. Mira a todas las personas ahora, Julio, qué loco, ¿no? Todos preocupados por comprar, pagar sus deudas y vivir lo mismo de siempre, y tú y yo hablando de estos temas hermano, qué loco. 

-Es que igual –reflexionaba mirando las calles– siempre fue así… al menos en nuestro Perú.

Eran días de andar y conversar y no ir a clases para si ir a un café, al Café Sonida, donde también caía Eduardo, Oscar, Omar, Chumbile, Miguel, Cynthia, Renzo, Olger, Karol, Plinio, Deno, y tantos otros amigos y amigas, narradores o poetas, pintores y vagos o sociólogos inventando nuevas teorías para la izquierda enclenque o gente que buscaba reformas universitarias organizando tomas de universidad; yo me acuerdo que ya iba pensando cómo armar un espacio de poetas en la universidad que sirviera como soporte de movimiento de nuestras lecturas, debates, revistas; y así fundamos con Roberto el primer número de la revista que tendría una larga vida de casi 6 años con dos etapas marcadas claramente. Digamos, la Primera Etapa a nivel universitario, con Roberto, Plinio, Omar y Miguel como núcleo duro; y la Segunda Etapa, con Chumbile, Omar, Rafaelle y Deno, eran días que después se volvieron un continuo habitar con Chumbile leyendo Me llamo Sudor bajo la llovizna de Lima; Miguel Urbizagástegui armando Escombros, libro que contaba como pie de página la historia del terremoto que derrumbó la casa de Pisco de Enrique Verástegui; también Renzo Quiróz devolvía claridad a los dibujos, con magníficas caricaturas; tantos poetas, tantos amigos, tanta belleza y vida vivida.

Al grupo, a veces, se sumaba Óscar Zapata, que fue mi compañero de carpeta de la academia Aduni y que motivaba la conversa con sus lecturas  críticas. También por esos días Eduardo Borjas, autor del emblemático poemario Trendelemburg, nos trajo una edición de Un par de vueltas por la realidad, que le acababa de prestar Miguel Ildefonso y literalmente toda la mancha fotocopio y repartió ejemplares de Un par de vueltas por la realidad.

Este libro, como también la obra de Vargas Llosa (que yo había leído en la secundaria en soledad y que ahora mis amigos empezaban a conocer) En todos, el fuego de la creación literaria, era fuerte y contundente, arañaba, dejaba marcas internas jodidas, tan jodidas como un tajo, un rasguño, un corte en la mano.

El verso era natural hemorragia, continuidad de nuestra forma de respirar. Nosotros sufríamos de hambre de querer leer y aprender en un país donde todo sueño literario sucumbe bajo el gravamen del libre mercado, la prensa amarilla, la educación paupérrima. Roberto, entre otras cosas, era mi amigo también por su vitalidad; vitalidad que era y fue torrente de sus primeros poemas, con la textura tan fresca de su tono tan intenso de versar.

La vida para el poeta en el Perú como en cualquier mundo es difícil; primero porque tiene que luchar contra sus propios pensamientos, como después contra los prejuicios y malicias de una sociedad enferma con los otros, que no acepta mentalmente nada que salga del pensamiento establecido por el libre mercado de compra y ventas.

-Tus poemas no son la realidad, ¿entiendes? -te dicen los Medios de Comunicación- La realidad es comprarse una tele plasma de mil pulgadas y ver Netflix.

Ese pensamiento dominante, bobo e insípido, hace que muchos deserten del poema y su acto. Escribir es, como leía el otro día, una resistencia.

La gente que piensa o escribe en los países latinoamericanos de inicios del siglo XXI aún vivimos en medio de una alta ignorancia y olvido de la literatura y descrédito de los que se dedican en cuerpo y mente y alma y sangre a ella.

En ese cosmos, el poeta lleva la peor parte. La lleva en el propio trato diario, como también en el logos social de nuestro medio. Como la literatura es también un espacio de Poder y Relaciones Humanas, los que hacen Novelas son más cercanos a estos Poderes. Ningún poeta nacional, por ejemplo, tiene presencia en los medios de comunicación de masa: sea Tele o Radio; recientemente, gracias al internet, se puede fluir y abrir más espacios. Aunque son, en cierto modo y si no tienes recursos, modos aún incipientes. Intuyo, digo, que en ese mundo, el poeta es el, sin embargo, lleva la tarea de descifrar los signos y cantar las energías, dibujas las mentes y situar la realidad de las seres. Discurso intransitable para una sociedad tan plástica y vacua.

Con Tajo, y coincidiendo todos en Villarreal armamos la movida, como también se iba armando, a nivel universitario, otras en La San Marcos o La Católica y La Cantuta.

De aquellos días a la escritura de Los hijos de la guerra (2020, Hipocampoeditores) hay un abismo de sensaciones, generaciones y un peso de años sumados al arte de escribir; la vieja y musical poética de Roberto ahora es la prosa limpia y  vargasllosiana de Enmanuel. Vargasllosiana, es decir, narrada con un pulso neutral y urbano, ese urbanismo técnicamente adjetivado, de líneas adustas y largas, en la onda de Conversación en la Catedral; a este estilo, Enmanuel aporta su voz, pero más que eso, su universo de sentimientos personal. 

Quizá Enmanuel leyó esos versos populares de Jorge Pimentel donde explicaba con ironía que ser poeta más allá de los 25 años es una locura. Lo cierto es que la poesía de sus versos, ahora es tema de alguno de sus cuentos. Lo vemos en el epígrafe con un verso de poeta guerrillero Javier Heraud: “Yo soy el río que viaja dentro de los hombres”

Como también vemos ese musgo poético en los temas de algunos cuentos. Ojo que, curiosamente, siguiendo la onda de la prosa vargasllosiana y la poesía al javierheraudmodo muchos recordarán el encuentro entre el Nobel con el guerrillero, donde este último decidió dejar el camino de una vida literaria por seguir el rumbo de la guerrilla.

La poesía, entonces, como temática de sus cuentos. Por ejemplo,  en el primer caso, Guerra Perpetua  tenemos un relato de la historia de la esposa de Vallejo, Geogette, narrado en primera persona; el cuento se sostiene por ser una prosa diáfana, como también por mantener un ritmo reflexivo sobre la realidad, citemos:

“Poco antes de que esta discusión nos sumiera en el silencio, una tarde en que la luz de la calle hacía vibrar tenuemente la figura de las palomas en los vidrios, hicimos el amor, y hablamos durante mucho tiempo del Perú, de Lima y sus calles y su ruido y su alienación brillante.(PÁGINA 13)”

Texto, en suma, que nos permite observar la situación  de un artista, su esposa, una guerra, la inevitable necesidad de escribir, las obligaciones de la pareja, la soledad, la pobreza y la miseria. Como también, curiosamente, la esposa de Vallejo como la de Vargas Llosa, son enfrentadas a la reflexión de Grau:

“César dormía, lo copié, página por página, entre cables de guerra, soportando con dulzura toda la violencia que ese tiempo nos entregó a cambio de nuestros mejores años.”(PÁGINA 14)

Otro cuento que transita por la poesía es Juanrra, que ya desde el título nos avisa que tratará sobre el inolvidable poeta –a tiempo completo– Juan Ramírez Ruiz. Para esto Enmanuel, diseña la historia de unas charlas con el autor de Vida Perpetua, en el que curiosamente un personaje tiene mi nombre:

“–¿Qué es la poesía, Juan? –le dijo Julio de golpe.

El poeta levantó la cara de la taza y sin apartar los ojos del libro se puso a temblar.

–Sí, Juanrra, la maldita poesía.

Habíamos leído mil veces todos sus libros y además de admirarlo sentíamos lastima por él.

–No hay duda que es un gran poeta.

–Es el mejor de todos, y está jodido.” (PÁGINA 47)

Y está jodido, dice y yo lo repito para mí. Curiosamente, nuestro grupo se llamó Tajo, pero el blog donde subíamos las reseñas y comentarios se llamó tajotajodido.blogspot.com Eso de estar jodido era natural para un escritor fiel a su arte y que no se vende al Sistema de Cosas Impuesto. Su situación jodida incluso responde a la pregunta vargasllosiana de “¿en qué momento se jodió el Perú?” Entonces, en la prosa de Enmanuel siento que cuestiona la propia poesía de Roberto. Incluso el autor de La historia de Mayta es un desertor del género poético al que en las ocasiones que puede denigra; también recordemos que en un inicio Mario fue poeta hasta que tomó la drástica medida de solo dedicarse a la novelística. La narración enmanuelgraudiana continua con escenas surrealistas donde la poesía era la invitada a la fiesta, el centro del conversatorio y el más perfecto idioma:

 “Sabíamos que la obra de un poeta no solo estaba escrita en tinta, sino también en tonos más sutiles, estructura alegórica en la que siempre está cifrada su propia vida. De esto existían, como es lógico, un sin número de casos; ninguno como Juanrra. (PÁGINA 50)”

Como también es destacable la forma de contarnos e introducirnos a la vida y obras de Juan Ramírez Ruiz, poeta del norte peruano, de Chiclayo, que curiosamente fundó Hora Zero en las aulas de la Villarreal, la misma donde fundamos Tajo. Enmanuel escribe:

 “Lo demás es historia: libros, recitales, manifiestos y en el centro la figura de Juanrra in crescendo como un torbellino en la pacata sociedad peruana de las letras y extendiéndose todavía más, tocando incluso otros continentes, despertando otros corazones. A los veintiocho años había publicado dos libros y preparaba otro, donde –como dando cauce a intuiciones juveniles–, servirían de hilo conductor entre vida y poesía, los algoritmos y las matemáticas. (PÁGINA 52)”

Me acuerdo que cierta vez, andando con Eduardo Borjas en la Villarreal, nos vimos en la cola de almuerzo del cafetín universitario. Eduardo miró a todos y dijo sereno:

-Tú y yo hablando de poesía y todos aquí esperando que sea viernes para ir a perrear y chupar.

Sigo leyendo el cuento de Enmanuel Grau y siento ese doble desencanto del que observa la poesía lejos de su campos magnética y la explora. Alejarte de la música para entenderla. Finalmente, el tema de Juanrra es el encuentro de la poesía, su búsqueda detectivesca, que es también la respuesta a por qué carajos uno escribe poesía. Respuesta y preguntan obligan al deseo a crearse un discurso que lo justifique y lo resuelva. La duda o la interrogación es el viaje del creador. La prosa aquí ampara esa reflexión y ayuda a situar en un contexto la voz poética.  Como Cortazar en El Perseguidor, o Bolaño en Los detectives salvajes. Igual la prosa, que se aleja de lo cántico del verbo poético, sirve para solidificar realidades que cuestionan y narran.

Al narrar, al prosar, se entiende bajo otro razonamiento, lógico, de sentidos que van del inicio al desenlace, se racionaliza el acto. Enmanuel Grau, en estos relatos confirma su deuda con la poesía como su necesidad de narrar, deja el cantar para meterse al contar; es decir, contar, dejarnos ver los dibujos y teoremas de sus historias.

Sin  duda, los otros relatos, amplían los temas y nos hacen ver que Grau narra desde las periferias, con  docta experiencia de sus escenas y manejo del ritmo y claridad etcétera; pero en relación al todo, me quedo con Juanrra, que resulta también un cuento interesante para pensar en la poesía, en estos tiempos. Me resulta curioso cómo la poesía y los poetas siguen siendo tema de los relatos por estos días, donde sencillamente el papel de las humanidades es desplazo por un campo limitado de temas científicos o estadísticos.

La deuda, no es solo con Vargas Llosa, también sentimos aquí algo de Reynoso, algo que en autores como Enmanuel Grau nos devuelve el oxígeno no de una prosa almidonada, sino que respira, es sangre, fluye y mana en síntesis con su ritmo interno. La mutación del poeta que yo conocí, al prosista que ahora leo es sin duda una positiva floración en el vasto jardín de las letras continentales.

(Lima, julio, 2020)

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Cultura

Allen Ginsberg y el aullido de una loba profana y sagrada

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Remangaros las faldas, señoras mías, vamos a atravesar el infierno.

-Prólogo de William Carlos Willams a Aullido-

Es extraño pensar en ti ahora, Allen, mientras camino por el jirón Pizarro del centro de Trujillo acompañado de ambulantes que gritan desesperados por vender sus productos y de mendigos que se arrastran por el asfalto en busca de algunas monedas que ayuden a saciar su hambre.

Te recordé siendo un niño asustadizo que se maravillaba en las reuniones clandestinas que tenía tu madre, Naomi, en un local del partido comunista; te recordé vomitando con desesperación en el baño de una galería experimental de San Francisco, momentos antes de leer “Aullido” por primera vez; te recordé en el Instituto Psiquiátrico de Nueva York, jurando a doctores que te sanarías de la homosexualidad mientras le guiñabas a Carl Solomón, otro loco con cabeza de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial; te recordé teniendo visiones mientras veías algún lienzo de Cézanne y escuchabas la voz poética de Blake resonar en tu cabeza; te recordé cuando todos dormían y solo tus anteojos brillaban como enormes candiles en un viaje al fin de la noche.  

“Aullido” de Allen Ginsberg fue escrito en 1955 y publicado en 1956 por la editorial City Lights de Lawrence Ferlinghetti. Al año siguiente, un 3 de octubre, el juez  Clayton W. Horn , luego de un injurioso proceso judicial, dictaminó que el poema no era obsceno y que por lo tanto  no debía ser censurado. Gracias a este escándalo mediático y justicia poética, la poesía norteamericana variaría en su esencia y la vida de Allen no volvería a ser la misma. Esta emancipación de “Aullido” ayudó a que se liberaran otras obras magníficas de autores como Henry Miller, Jean Genet, D.H.Lawrence , William Burroughs, en otros.

Pero qué es “Aullido” y qué significó para la poesía norteamericana de la segunda mitad del siglo XX, quizás un eructo artaudiano, el crepitar de una tradición que volvía a nacer de una zarza ardiendo después de la Guerra Fría o el viaje psicodélico de un poeta por el infierno, el purgatorio y el paraíso.

El poema está dividido en tres partes específicas y una nota a pie de página. Todas ellas representan una visión profética de la irracionalidad de la sociedad norteamericana de esa época. Todas las imágenes que aparecen en el extenso poema están escritas mediante un lenguaje balbuceante, un ritmo enloquecido y una oposición de conceptos, influenciadas por el orientalismo que tanto le gustaba a Ginsberg.  Voy a tratar de desentrañar el poema mencionando algunas características de cada una de sus partes.

La primera parte, la más importante y célebre, inicia con una atmósfera generacional terrible: He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la/ locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando / una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión/ celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche …

Prosigue con un listado de acciones mediante un ritmo consecutivo y torrencial, todo ello con una base fija: “que”. Los versos son largos y prosaicos, el ritmo se asemeja al grito de un animal salvaje.  Todos los personajes que van apareciendo entre los versos abarcan los excesos de la transgresión, cuyos espacios y temáticas variarán según el recorrido que tiene el sujeto lírico por la ciudad y sus propios recuerdos. Desde universitarios e intelectuales, hasta yonquis, vagabundos y homosexuales, todos parecen estereotipos que giran alrededor de una ciudad que los altera y los expulsa de su artificiosa pulcritud. Hay una alternancia entre una población culta y académica con otra subalterna e indigente

que pasaron por las universidades con radiantes ojos imperturbables/ alucinando Arkansas y tragedia en la luz de Blake entre/ los maestros de la guerra,/
que fueron expulsados de las academias por locos y por publicar / odas obscenas en las ventanas de la calavera ….

que vagaron hambrientos y solitarios en Houston en busca de jazz/ o sexo o sopa, y siguieron al brillante Español para conversar/ sobre América y la Eternidad, una tarea inútil y así se embarcaron hacia África …

Los tópicos que más sobresalen son la denuncia social y política (tanto al capitalismo como al comunismo), el despertar de un erotismo sagrado, transgresor, heterosexual y homosexual, la muerte, la desesperación y una búsqueda religiosa. Lo curioso es que, en los últimos versos de esta primera parte, empieza a generarse imágenes que dan pie a una realidad alterna y luminosa que hace frente al infierno descrito anteriormente. Hay que tener en cuenta que para Ginsberg, la función de la poesía consistió en convertirse en un catalizador para poder alcanzar los estados visionarios del ser y de su armonía.

La segunda parte está representada en la figura de Moloch, deidad oscura del medio oriente. Según algunos críticos, este personaje simboliza al gobierno norteamericano. En cada verso se percibe un aliento bíblico y una lucha anticapitalista, es la parte más confrontacional y acusadora. Ginsberg confesó que la escribió bajo la influencia de una visión que tuvo con el peyote y con unas inyecciones de anfetamina. El tópico de la religión es más evidente aquí, ya que la invocación que se tiene hacia Moloch sirve para denunciar un sistema que corroe y arruina las mentes de las personas, suprime la experiencia individual y obliga a renunciar los sentidos más profundos de cada uno.  Todos podemos ser Moloch porque todos somos destructores de los demás y de nosotros mismos. Ante ello solo nos queda alcanzar el territorio de la verdad absoluta que está en nuestro ser.  

El ritmo que se utiliza, a diferencia de la primera parte, está formada por la ruptura de los versos en distintos enunciados:

“¡Moloch! ¡Moloch! ¡Soledad! ¡Inmundicia! ¡Ceniceros y dólares inalcanzables! ¡Niños gritando bajo las escaleras! ¡Muchachos sollozando en los ejércitos! ¡Ancianos llorando en los parques!”

La tercera parte está destinada a Carl Salomon, poeta que Ginsberg conoció en el hospital psiquiátrico de Nueva York. En los versos se utiliza la siguiente base fija: Estoy contigo en Rockland para luego desarrollar espacios emotivos y físicos, todos llenos de recuerdos felices y dolorosos. Se percibe una identificación con la locura, la piedad y la compasión. No hay que olvidar que Ginsberg conoció desde muy niño el rostro descarnado de la locura en Naomi, su madre, una profesora brillante que pasó parte de su vida adulta en centros psiquiátricos. A ella está dedicada el hermoso poema “Kaddish”.

La palabra o frase que emplea Ginsberg en cada una de estas tres partes están unidas con términos que nacen de una asociación irracional e inconsciente. En su escritura trató de ser lo menos racional posible, pues esto impedía las visiones proféticas que buscaba alcanzar con su poesía. Cada verso que compone “Aullido” es una articulación rítmica del sentimiento y una afirmación de la experiencia individual y colectiva con el sexo, la libertad, las drogas, el sinsentido y Dios. El poeta norteamericano, en una de sus entrevistas, confesaría que “Aullido” es el primer descubrimiento que hizo en lo que tiene que ver con la comunicación de los sentimientos y de la verdad. Además de que comienza con un catálogo en el que se describe de forma empática y humana los excesos del sentimiento y de la idealización.

La poesía de Allen Ginsberg, pese a sus variados cambios de estilos y de estructuras, buscó representar una “realidad suprema”, teniendo en cuenta la exploración de una nueva conciencia que sirva para combatir al caos de su sociedad.  Esta búsqueda poética estuvo unida a la liberación de la sexualidad, a la psicodelia y al consumo de sustancias que, según los poetas de la generación beat, ayudaba a manifestar el verdadero yo de cada persona. Esta generación estuvo formada por Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William S. Burroughs, Neal Cassady, Herbert Huncke, John Clellon Holmes, Carl Solomon , Gregory Corso, entre otros.

Hay que tener en cuenta que en 1940 empezó en nombrarse como “beat” a lo contracultural, a lo carnaval subterráneo y a los pesares de ser excluidos por una colectividad materialista y artificial. Jack Kerouac, en su artículo “Los orígenes de la Generación Beat”, manifiesta que “beat” proviene del término “beatitud” en un sentido de transición de la oscuridad a la luz.  Cualquiera que sea el origen del nombre de esta generación no impidió que sus poéticas fueran censuradas y respondidas con odio, celos, menosprecio, rabia, detestables manifestaciones de egocentrismo “académico” y juicios que buscaban minimizar el talento y las formas de vida de sus integrantes. Ser un beat en el sistema norteamericano de esa época era como ser un judío en la Alemania Nazi (según palabras del propio Ginsberg). A pesar de todo ello, este grupo de yonquis y desadaptados marcaron una revolución en la poesía y narrativa norteamericana, extrayendo imágenes proféticas, preciosas y dolorosas desde los sucios asfaltos, las enormes fábricas descoloridas, los subterráneos invadidos por mendigos y las enormes carreteras que cruzaban el límite de la vida y de la muerte.

Para concluir, lo que queda como mensaje final de “Aullido” es la franqueza y la sinceridad que tiene un poeta con su sociedad, y que, a pesar de las imágenes desgarradoras y terribles que utiliza, sabe que el poema proviene de una esperanza futura, de una experiencia muy íntima y de una creencia religiosa en sí misma.

Por ello estos versos del poema que sirve como nota a pie de página a “Aullido”:

¡Todo es santo! ¡todos son santos! ¡todos los lugares son santos!
¡todo día está en  la eternidad! ¡Todo hombre es un ángel!

¡El vago es tan santo como el serafín! ¡el demente es tan santo
como tú mi alma eres santa!

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Arte

Moshó: el brujo del color y creador del orsismo

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Aurelio Medina Pacheco conocido cariñosamente como “Moshó”, nació en Ayaviri el 12 de noviembre de 1947. Es hijo de Manuel Medina Montesinos y de Águeda Pacheco Scari. El maravilloso y sorprendente pintor sideral, es padre y creador del movimiento pictórico latinoamericano ORSISMO. Su pintura ha evolucionado del realismo humanista a una nueva forma de expresión con contenido cósmico y poético. Creados en esa atmosfera las obras de arte de “Moshó” resultan no solo un singular aporte sino una unidad estética por la diversidad y origen de las distintas vertientes. Es que “Moshó” ha buscado y encontrado su propio lenguaje, su ansiado universo. Tiene la extraña fuerza expresiva de los grandes brujos del color y la poesía cósmica, heredadas de las culturas mágicas.  

Hace 30 años, en una edición de postales, en la parte curricular había escrito: “retorno a nueva vida” en Ayaviri. Desde siempre sabía que era muy viejo en cuerpo de niño. A la edad de siete años, ya vivía como pintor profesional. A la edad de catorce años, abandono la protección paterna. El Perú me ve crecer, de adolescente a adulto pintando sierra, selva, costa, mar. En 1977, llegó por primera vez a Puno ciudad. Ella ya no me suelta; ya pinto y traigo a la región Puno cinco primeros premios de concursos nacionales de arte, uno internacional: Viajo por países. El Ministerio de Cultura de Puno me declara Embajador Cultural del Arte Puneño a nivel mundial. Esta es mi currículo en terrible síntesis. La opinión sobre mi persona la dejo a su cultura. 

Bien lo decía José Luis Ayala Olazával: “Habría que empezar por decir que durante muchos años “Moshó” buscó incansablemente su propio lenguaje. Hizo varios viajes imaginarios y regresó siempre con hallazgos, con encuentros con él mismo. Hay pintores que se pasan la vida buscando una forma de expresión personal. “Moshó” a diferencia de muchos de ellos, es un pintor que se realiza plenamente. Precisamente por eso es que, llegado hasta esta nueva dimensión, después de meditar acerca de las formas humanas que labra el tiempo, decidió darle vida e imprimirlo aliento, magia y color, permitiéndonos ver el lado humano que tienen. Se trata de un “Arte más allá del arte” porque intervinieron los dioses cosmogónicos para dejarnos testimonios tallados durante muchos años en piedra viva. Así es como aparecen rostros, cuerpos enteros, cabezas, siluetas, niños, animales míticos y extraños. Es un acto de creación que permite que los pintores, mirando la naturaleza, puedan crear libremente, teniendo en cuenta que es preciso ir más allá de todo lo creado.  

Revista Internacional Cartoon

El caricaturista arequipeño Marco Ramos Trujillano que actualmente vive en Estados Unidos, tuvo a bien invitar al pintor sideral “Moshó” para que forme parte del staff de elite de humoristas y caricaturistas del mundo, quienes publican permanentemente sus obras de arte a través de las redes sociales. 

Tres dibujos artísticos de “Moshó” han sido incluidos en la Revista International Cartoon que fue editada en Arequipa, junto a los artistas plásticos de diferentes países, entre ellos, Australia, Bélgica, Bosnia, Brasil, Bulgaria, Colombia, Costa Rica, Cuba, Egipto, Estados Unidos, Francia, Irlanda, Japón, Luxemburgo, Macedonia, Perú, Ucrania y Germania. 

Es conveniente señalar que el reconocido pintor sideral “Moshó” fue ganador de varios premios nacionales; tales como, el Primer Premio de Concurso Nacional de Dibujo, de la revista “5”, Lima – 1979 y el Primer Premio de Concurso de Humor Gráfico – Arequipa 1987. 

Dibujo Eidético

Maximización es la palabra adecuada que genera un método creado en Puno hace 42 años por el que niños y papas vienen expresándose como excelentes dibujantes de memoria eidética. 

El creador de este único método en el orbe es el profesor Aurelio Medina Pacheco, ex catedrático de la Universidad Nacional del Altiplano de Puno, carrera de arte, exprofesor y exdirector general de la Escuela Superior de Formación Artística Pública de Puno. 

¿Cuál es el secreto por el que tantas personas son hábiles dibujantes sin sentirse artistas? 

Pues, supe marcar en la mente de los papás y muy especialmente en la memoria de los niños que el arte en la educación es un medio formativo y no un fin artístico, y mira, todos son positivos para la sociedad actual y lo más increíble, ellos antes nada sabían dibujar y en solo 8 horas sin usar lápiz papel ni borrador se vuelven dibujantes. 

¿Qué es el dibujo eidético? 

Es el expresar de memoria cientos de objetos que nos circundan en el entorno; más claro, eidos es igual a imagen. 

Los eidéticos son una especie de seres de elite-creativo, que todo lo que ven o mejor observan los sellan en la mente como a una computadora y de ella lo trasladan al papel con excepcional claridad. La mente no es más que un ordenador biológico. 

¿Próxima perspectiva? 

Vengo enseñando el método Moshó a profesores de educación inicial, primaria, secundaria en toda la región puneña. 

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Cultura

Fahrenheit: Mario Vargas Llosa y “El pez en el agua” (política y misterio)

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En medio de la coyuntura social y política que vivimos, el escritor Mario Vargas Llosa pidió, desde México, que los peruanos votasen por Keiko Fujimori. No pasó mucho tiempo para que las redes sociales estallaran en reclamos e incluso pedidos de quemar sus libros en público. En este capítulo de Fahrenheit 051 conversaremos sobre “El pez en el agua”, la memoria política y literaria de nuestro premio Nobel.

Pero además conversaremos sobre la escritora norteamericana Shirley Jackson, autora del clásico “La lotería”, cuento que en su momento sacudió a los norteamericanos por su contenido muy vinculado a lo religioso y al asesinato.

El gestor cultural Gianfranco Hereña comparte su novela favorita y el poeta arequipeño Martín Zúñiga lee para todos ustedes uno de sus más celebrados poemas.

En el mes de libro, nos acercamos a la obra de varios autores en sus distintos géneros. Vive con nosotros la aventura de leer.

Aquí el programa completo en Lima Gris TV.

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Cultura

Descubre la dualidad de Junno en su nueva canción “Nada va a cambiar”

Desde Costa Rica, la agrupación liderada por Andrés Salazar presenta nuevo material nacido de la espontaneidad en tiempo de pandemia.

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Junno es una de las promesas del underground costarricense. El proyecto liderado por el músico y compositor Andrés Salazar hizo su aparición en la escena de San José a mediados del 2019 y meses después, en 2020, debutó con su primer EP “Entre seres violentos”. Este 2021 nos presenta su nuevo sencillo “Nada va a cambiar”, una canción reflexiva y lúdica en simultáneo.

“Nada Va a Cambiar” se ambienta en la resaca del personaje después de una noche de excesos y cómo se dirige a esos mismos excesos sin importar nada, haciendo alusión a que es un adicto. Lo que me motivó a escribir esta canción es que alguien muy cercano a mí sufre de adicción desde hace años y aunque han habido lapsos en los  que todo está bien, de alguna forma todo vuelve a estar mal y comprendí que realmente nada va a cambiar”, comenta Junno sobre la canción.

En su primer álbum publicado en 2020, Junno nos sorprendió con un sonido pop bastante influenciado por los ochentas en el que destacan los sintetizadores y ritmos bailables. En “Nada va a cambiar” Junno no se aleja de aquel sonido pop y nos propone un nuevo sonido a partir del blues al que le añade un carácter festivo, enérgico y alegre. Lo interesante de esta pieza es su dualidad tan opuesta: como bailar en medio de la penumbra.

Escucha la canción en las principales plataformas digitales.

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Cine

Agujero (2019), de Mario Castro Cobos

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Cine de contemplación – Cine político – Cine de la realidad – Documento & Experimento – Loca inmediatez sabiamente azarosa del registro – Cine prepandémico. Cine independiente: no gasto plata, uso mis ojos.

Agujero, (Perú, 2019, 87 min). Un personaje no identificado vuelve a Lima el día que un expresidente muere luego de abrirse un agujero. ¿Qué clase de ciudad encontrará ahora, a su vuelta? ¿Busca algo en particular o solo recordar, pensar y sentir? Mirar es en ocasiones estar escondido a plena luz espiando a través de un agujero. Y es lícito soñar que, mirando de cierta manera, la ciudad puede entregarte su secreto.

Puedes ver Agujero aquí

Más películas del mismo director:

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Cultura

Fahrenheit 051: del canibalismo y otros demonios (y el fútbol de Alianza Lima)

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En esta segunda entrega de Fahrenheit 051, el programa de libros conducido por el escritor Gabriel Rimachi Sialer, abordan el tema del canibalismo en la historia y la literatura a través de la novela “Cadáver exquisito” de la escritora argentina Agustina Bazterrica, una novela de zombies del escritor Poldark Mego y las tácticas y estrategias futboleras del Alianza Lima, en un libro recientemente aparecido. La narradora Alina Gadea nos ofrece, además, uno de los mejores poemas del gran vate Juan Gonzalo Rose.

Fahrenheit 051 hace un recorrido por las mayores tentaciones del ser humano: la comida, el fútbol y la poesía. Porque la poesía, cierto es, también alimenta. El menú está servido.

Aquí el programa completo.

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Cultura

Viernes Literario: Revolución Educativa en el Cusco

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Foto: Andina.

La reciente pandemia afectó la salud, economía, estabilidad emocional y por sobre todo, el “normal” desarrollo del sistema educativo peruano. Desde antes de esta crisis, nuestros estudiantes vivieron distintos intentos para ingresar a la era digital y tecnológica. Desde el Proyecto Huascarán, el 2001, hasta la reciente entrega de tablets, las dificultades han sido las mismas: corrupción, poco presupuesto, falta de conectividad, capacitación, implementación e innovación pedagógica (sin culpar a los docentes).

Si hace 20 años, ya se veía la necesidad de “desarrollar, ejecutar, evaluar y supervisar, con fines educativos, una red nacional, moderna, confiable, con acceso a todas las fuentes de información y capaz de transmitir contenidos de multimedia, a efectos de mejorar la calidad educativa en las zonas rurales y urbanas”, según se lee en el Reglamento de Organización y Funciones del Proyecto Huascarán, hoy su urgencia es dramática y debiera ser prioritaria no después de julio del Bicentenario, sino en este momento que muchos niños, niñas y jóvenes ven truncadas las posibilidades de seguir estudiando.

He sido testigo de la frustración de los padres que saben que la única oportunidad de sus hijos es el estudio, y con alegría, he atestiguado también un hecho que estoy seguro iniciará la revolución educativa en las escuelas y colegios, públicos y privados del Cusco ahora y por qué no, mañana del Perú. El Programa de Transformación Digital y de Doble Certificación Académica, es el fruto de un convenio entre la Dirección Regional de Educación del Cusco y la Corporación Khipu para complementar entre jóvenes adolescentes, de cuarto y quinto grado de educación secundaria su formación regular pero adicionando competencias tecnológicas que les permitirán un espacio laboral. Muchos de nosotros hemos tenido que estudiar y trabajar siendo esa la realidad de muchos hogares y en especial de los hogares del Valle Sagrado.

La sensibilidad y visión del Sr. Roberto Portugal, han vuelto a relucir como hace 37 años cuando trajera la primera computadora al Cusco para ponerla a disposición de nuestra gente. El pasado miércoles entregó a la Institución Educativa San Isidro Labrador, en el Centro Poblado de Primavera, en Ollantaytambo, el primer Campus Virtual para la plataforma educativa de este centro educativo que ya cuenta con la conectividad necesaria y la fibra óptica gracias a la Empresa de Telecomunicaciones Impecable. Apadrinó la inauguración el Lic. Arturo Ferro como Gerente de la DREC y por la tarde hizo lo propio el alcalde de la comuna del pueblo inca, José Ríos Coronel. 

Este proyecto que vincula al sector público y privado, brinda un precedente importante que no puede pasar desapercibido. Los estudiantes de esta institución educativa en las puertas del mayor recurso turístico del Perú, Machu Picchu, ya cuentan con las herramientas, los programas y también la capacitación permanente de sus docentes. Esto les permitirá, no sólo seguir sus estudios primarios y secundarios como es su derecho sino también acreditarse en capacidades tecnológicas que no las brinda un curso de computación. Al concluir su formación, pueden proseguir sus estudios superiores en una universidad como también en el Instituto Khipu que les convalidará lo aprendido y les abrirá sus puertas con todas las facilidades si desean seguir estudiando. La tecnología y la identidad no se contradicen y por el contrario se complementan. Educarse pensando en trabajar no es contradictorio, es estimulante. Por lo mismo, esperemos que esta primera piedra se multiplique en otros centros educativos donde la alcaldía, las empresas y los funcionarios públicos, estén dispuestos a establecer lazos desinteresadamente por el futuro de las generaciones venideras.

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Cultura

César Aedo: “En el Ministerio de Cultura falta voluntad política”

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En el programa Freedonia de Lima Gris, se entrevistó al reconocido mimo peruano César Aedo, con él se conversó sobre cómo ha afectado la pandemia al sector cultural. Además, nos dio su opinión sobre la gestión del Ministerio de Cultura y desde su experiencia nos narra el deseo de compartir su espectáculo audiovisual con todos los peruanos.

César Aedo es un mimo, que rápidamente se hizo conocido en Europa. Fue alumno del maestro francés Marcel Marceau, ha actuado públicamente y en televisión en Estados Unidos, Alemania, Francia y Suiza, así como en varios países de América del Sur y Central.

Aquí la entrevista:

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