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Literatura

CUENTO: “DULCE HOGAR” de Luis Humberto Moreno Córdova

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DULCE HOGAR

Por Luis Humberto Moreno Córdova


 


La voz de la terramoza lo despertó. Antonio abrió los ojos lentamente, mientras contraía sus músculos, dejando escapar un bostezo. Por la ventana empañada de rocío divisó las montañas lejanas y las casas hechas de adobe y techadas con calaminas. Buscó su botella de agua, tomó un sorbo. A su lado, un hombre de cabello canoso le dio los buenos días.

Bienvenidos a la ciudad de Huánuco, fundada por los españoles en el año…

Antonio hizo un repaso rápido de sus pendientes: presentarse en el hotel, ponerse en contacto con algunas personas de la empresa. ¿Tendría tiempo? Tal vez podría dormir un poco.

Lo habían embarcado en el bus con una rapidez nunca antes vista. Nadie en la empresa había querido hacer ese viaje. Pero Antonio había levantado la mano presuroso. Era la mejor oportunidad para darse un respiro. Irse lejos era lo mejor que le podía pasar. Por eso no había dudado cuando en la reunión habían buscado un voluntario para supervisar la apertura del nuevo supermercado en Huánuco. Antonio fue el único en ofrecerse. “Sales hoy mismo”, le dijo su gerente.

Huánuco tiene un clima agradable por las mañanas, se recomienda por las tardes llevar abrigo ligero…

Llamó a su casa para pedirle a Cintia que empacara sus cosas. “¿No puedes hacerlo tú?” le había preguntado Cintia. “El bebé no me da tiempo para nada”.

Rodrigo, su hijo, había nacido hace dos meses. La vida para Antonio era infeliz desde entonces. No había planes, salidas, ni noches de sueño pacíficas. Le costaba concentrarse en el trabajo, estar de buen humor. Cintia era una criatura chillona, sensible y abominable, que pasaba todo el día quejándose de todo, sin humor para hacer las cosas que solían hacer apenas hace año y medio.

Lo peor de todo era el sexo. El sexo había muerto. Y Antonio no tenía ni un espacio de libertad donde al menos correrse la paja. Era demasiado cobarde como para enfrentar una aventura, y la casa le quedaba chica. Aún más desde el nacimiento de Rodrigo.

Puede visitar la plaza de armas, la laguna y el bulevar, el templo de las manos cruzadas en Kotosh…

El mundo de Antonio no tenía colores. Era un miasma en blanco y negro, emergiendo de una alcantarilla oscura. Vivía escapando de todo lo que le rodeaba. Se levantaba temprano para escapar de su casa, del llanto insoportable de Rodrigo, de los pedidos de auxilio de Cintia, de los saludos hipócritas de los vecinos. Llegaba al trabajo y tomaba un largo desayuno para escapar de las rabietas de su gerente, de esos engreimientos ridículos que eran reverenciados por todos sus compañeros. Se enclaustraba en su cubículo para revisar formularios y márgenes de ventas, y al caer la tarde miraba su reloj urgido, rogando que sean ya las seis en punto para escapar de la oficina.

De regreso, rogaba encontrar todos los semáforos en rojo, para tener unos minutos más de música y soledad. Luego aparcaba en el estacionamiento y contaba los pasos que le faltaban para llegar a casa y toparse nuevamente con todo el ciclo de su innombrable vida: La oficina, la casa, el llanto del bebé, su esposa llena de ojeras y reclamos, los recibos, la tv, el cansancio. Todos los días eran el mismo día.

Gracias por su preferencia. Esperamos que disfruten su estadía.

La voz de la terramoza dejó de torturarlo. El bus se detuvo dentro del terminal y la gente bajó en tropel a buscar sus cosas. Antonio había cargado dos maletas de mano, por lo que no tenía de qué preocuparse. Ante la negativa de Cintia de hacerle las maletas, había empacado cualquier cosa. Si necesitaba algo más se lo compraría en alguna tienda.


***

Antonio subió a un taxi con rumbo al hotel de turistas. ¿Hotel de turistas?, se preguntó. ¿Hay algún hotel que no sea para turistas?

Llegó al hotel. “Ande con cuidado, sobre todo en las noches, que asaltan”, le dijo el taxista mientras lo ayudaba con sus maletas. Antonio le dio un billete grande y le pidió que guardara el cambio. El taxista se persignó con el billete.

La habitación era pequeña pero confortable. El calor arreciaba. Antonio se fijó por la ventana y vio la piscina. Gracias a Dios, pensó. No hubiera podido con el calor. Se dio una ducha rápida, desayunó en la primera planta y salió del hotel rumbo al supermercado, que quedaba a una cuadra, cruzando la plaza de armas. Ahí lo esperaban algunos empleados administrativos, que al verlo lo saludaron con suma reverencia. Antonio se sintió importante. En la oficina principal no era más que un hámster dentro de una rueda, corriendo sin parar todos los días. En Huánuco sin embargo, se sintió como un rey. Entendió por qué su gerente se portaba siempre como un imbécil. Eran las licencias del poder.

Los empleados se presentaron uno a uno, se acercaban casi jorobados por la cortesía y estrechaban su mano. Hombres y mujeres, todos era igual de feos: bajitos, parduzcos, con el cabello hirsuto y los dientes chuecos. Antonio pensó que hubieran sido capaces incluso de besarle la mano como a un obispo. Estaba aburrido de ese protocolo innecesario. “gran acierto, señor Antonio, gran acierto”, le decían, felicitándolo por una obra en la cual él no había tenido participación alguna. No importaba. Antonio se sentía bañado por una gracia divina. No echaría a perder su endiosamiento con achaques de humildad.

Empezaron a recorrer los ambientes. Todo estaba en su lugar, aunque, concretamente, Antonio no sabía bien que era lo que tenía que supervisar. Le habían prometido mandarle instrucciones, pero hasta el momento nadie lo había llamado. Los empleados se peleaban por un turno para hablar y comentar sobre los trabajos realizados. Antonio asentía sin prestarles atención, mientras pensaba en qué pediría para el almuerzo. “Y esta es la zona de electrodomésticos, Don Antonio”, decía uno. Antonio asentía, mientras pensaba que a Cintia poco le importaría que el bus en el que viajó se hubiera volcado, mientras pudiera cobrar su millonario seguro de vida. En algún momento la llamaría, pensó. Daba igual.

-Lamento la demora –se escuchó por el pasadizo.

El ruido de unos tacos altos repercutió en la amplitud de la tienda. Clac, clac, clac. Una figura menuda, delgada, de larga cabellera negra apareció frente a todos. Tenía el cuerpo sufrido por el campo, pero era bella. Su sonrisa era una prolongación infinita de luz, y sus ojos resumían la noche. No tenía la tez parduzca, sino canela. Antonio sintió un flujo de saliva acumulándose en su boca. La tragó disimuladamente.

-Don Antonio, le presento a Nazarina Tello –dijo uno de los empleados- la jefa de tienda.

Nazarina se acercó y le dio un beso en la mejilla. No se jorobó ni se gastó en reverencias. Sólo lo saludó, como lo haría una vieja amiga. Antonio sintió una ligera molestia. Se sorprendió al percatarse de lo rápido que podía acostumbrarse a la sumisión de la gente.

-Veo que ya le han mostrado la tienda –dijo Nazarina, con los ojos fijos sobre Antonio-. Tenemos que ir a revisar algunos documentos.

Antonio asintió. La molestia se tornó en nerviosismo. Nazarina era bella. Las manos de Antonio empezaron a sudar. Pensó en aflojar un botón de la camisa, que empezaba a empaparse. Los empleados se despidieron y desaparecieron entre los corredores de la tienda. Nazarina le señaló unas escaleras que daban al segundo piso.

Llegaron a una oficina amplia, de ventanas grandes, por donde se colaba el viento rancio que anticipaba al mediodía. Nazarina echó algunos documentos sobre su escritorio y empezó un largo discurso sobre cuentas, números y productos en stock, que para Antonio no tenían ningún significado. Mientras ella hablaba emocionada de todo lo logrado, Antonio asentía y, de vez en cuando, reforzaba las ideas simples con algún comentario vano, para dar la sensación de que la estaba escuchando. Su estómago dio un gruñido. Hizo un ademán para ponerse de pie y empezó a guardar los papeles del escritorio.

-Estoy muy satisfecho con su trabajo, señora Tello. Todo saldrá bien en la inauguración.

Nazarina abrió sus ojos y contuvo una sonrisa orgullosa.

-No soy señora, don Antonio. Pero puede tratarme de tú.

-Pienso lo mismo. Creo que no estamos tan viejos para estos formalismos. ¿Almorzamos?

Nazarina aceptó.

-Vamos al mejor restaurante que conozcas –dijo Antonio.

El teléfono de la oficina los detuvo. “De Lima”, dijo Nazarina, después de contestar. Antonio tomó la llamada. Era su gerente.

Sujetó el auricular con el hombro y sacó una libreta para tomar notas. Nazarina lo vio sonreir nervioso, asentir, confundirse. Tomaba un apunte y luego lo tachaba, para después volver a remarcarlo. Después de quince minutos Antonio colgó.

Salieron del supermercado y subieron a un taxi. Cruzaron el malecón, el puente Pavletich rumbo a la Olla de Barro. “Te va a gustar”, le dijo Nazarina.

Se sentaron en una mesa al aire libre, cubierta por un toldo rústico. Frente a ellos había una gran piscina en donde varios niños chapoteaban felices. Nazarina le sugirió que pidiera pachamanca, era una porción grande y podían compartirla entre los dos. Antonio se emocionó al pensar que la idea de compartir podía llevar un mensaje oculto. El mozo tomó su pedido y les dejó un potecillo con cancha serrana.

-¿Cuánto tiempo llevas en la empresa? –preguntó Antonio mientras tomaba un puñado de cancha.

-Tres años ya van a ser.

-Tienes más tiempo que yo.

-Yo empecé desde auxiliar contable.

-Ah. ¿Eres contadora?

-Sí. Estudié en la Hermilio Valdizán.

Un grupo de niños pasó a lado de ellos, corriendo, gritando y salpicando agua. Antonio gruñó, pero se contuvo de hacer una rabieta al ver que Nazarina reía.

-¿Y nunca has pensado ir a Lima?

-Si conozco. Pero para trabajar allá tendría que estudiar de nuevo. Allá sólo aceptan egresados de universidades limeñas. No tengo dinero para eso.

-¿Piensas quedarte aquí para siempre?

-No. Me contaron que a la jefa de Chiclayo la promovieron a Lima por sus resultados. Quiero hacer lo mismo.

-Ahora entiendo tu preocupación por la tienda.

-Sí. Y tu aprobación me deja tranquila.

Antonio sintió un escalofrío por su espalda. Nazarina se sentía contenta por su aprobación, pero él apenas recordaba algo de todo lo que ella le había mostrado. Pensó que sería bueno regresar y revisar los documentos con calma. Lo haría después de almorzar. Era mejor cerciorarse.

El mozo trajo el plato de pachamanca. Nazarina no había mentido. Era enorme.


***

La comida resultó tan buena, que Antonio estuvo tentado de pedir más. El mozo, a manera de cortesía, les invitó un traguito de aguardiente, asegurándoles que era lo mejor para una buena digestión. Después de pagar la cuenta caminaron por un trecho rodeado de flores y eucaliptos. Antonio empezó a sentir el peso de almuerzo. Al diablo los documentos pendientes, pensó.

Después de mucho insistir, convenció a Nazarina para ir al hotel y pasar la tarde en la piscina. Antonio aguardó en el taxi, mientras Nazarina entró a su casa para recoger algunas cosas. Media hora después Antonio reposaba sobre una perezosa. Las gotas de agua chorreaban por su cuerpo. Su cabello húmedo lo defendía del calor inclemente. La voz de Nazarina lo animó a mirar por el rabillo del ojo.

La vio llegar, vistiendo un bikini negro. Sus caderas eran dos serpientes rebeldes que podían capturar a la presa más fuerte. Sus piernas macizas revelaban la infancia de alguien que había corrido por el campo, trepado cerros, cultivado la tierra. Sus rodillas estaban adornadas con cicatrices inocentes, sus hombros parecían dibujados a mano. Todo terminaba en un par de tetitas temerosas y friolentas, cuyas aureolas se imponían sobre la oscuridad de sus prendas.

Antonio la comparó con Cintia, y se sintió defraudado. Cintia, al lado de Nazarina, no era más que un enlatado limeño, orgullosa de haber hecho una hora de Tae Bo en el gimnasio, cantando sus dietas, midiendo su colesterol. Incapaz siquiera de cruzar una calle sin tener que tomarle la mano. Era un ratoncito minúsculo y quejón incapaz de descubrir su piel ante el sol. Era un clon fallido de mujer, de esas que compraban minifaldas atrevidas para luego pasarse la fiesta entera con una chompa cubriendo sus piernas. Criatura ridícula, Cintia. Ridícula.

-Está rico aquí –le dijo Nazarina-. Es la primera vez que entro.

-Espero que no sea la última –contestó Antonio-. Me estoy haciendo la promesa de venir seguido.

Nazarina sonrió.

-Sería lindo. Nos haríamos buenos amigos.

Buenos amigos. No era la palabra que Antonio esperaba. No luego de haber pedido una pachamanca para compartirla. No después de ver ese cuerpo canela frente a él. No te preocupes, Nazarina, pensó. Seremos más que eso.

-¿No piensas bañarte? –preguntó Antonio mientras se ponía de pie para echarse un clavado.

-No sé nadar muy bien.

Antonio infló su pecho, retuvo el estómago y caminó como un héroe de acción rumbo al podio. Flexionó las rodillas y se lanzó en un clavado digno de una olimpiada. Dio un par de brazadas hacía el canto de la piscina que daba al lado donde descansaba Nazarina. Le echó unas gotas de agua.

-Entra. Yo te enseño.

Nazarina lo pensó un rato, pero luego se animó. Antonio se percató de la erección dentro de su traje de baño cuando la sintió, abrazándolo. Pudo gozar la tensión de esas piernas macizas, apretándolo, mientras ella reía y temía por su vida. Nazarina intentaba mantenerse a flote, pero Antonio sólo  pensaba en lo dura que estaba su cosa. Luego de un forcejeo juguetón se quedaron en silencio. Antonio quedó cautivo, contemplando los labios trémulos y amoratados de Nazarina. Acercó los suyos lentamente, con sigilo, mientras ella lo miraba con un ratón aterrorizado. Sintió el leve roce de sus bocas; luego el rechazo. Nazarina torció su rostro.

-Eres mi jefe –dijo ella. Antonio tenía que pensar rápido. No le gustaba pensar rápido.

-Pero eso no importa –fue lo único que pudo decir-. Todo está tan bien.

-No –insistió Nazarina-. ¿Cómo va a ser eso, pues?

Se apartó de él y salió de la piscina. Antonio la siguió. Se sentaron un momento sobre las perezosas, callados, como si fueran cómplices de un crimen.

-Debo irme –dijo ella-. Nos vemos más tarde para ver lo último de la inauguración.

-Todo saldrá bien mañana, Nazarina. Ya lo verás.


***

Antonio intentó fumar un cigarro, pero sintió que se ahogaba. Esperaba a Nazarina afuera del supermercado, frente a la plaza de armas. La noche era absoluta, con estrellas incrustadas en un cielo oscuro y conmovedor. Huánuco tenía un ritmo lento, cadencioso, repetitivo. La gente daba vueltas a la plaza en grupos, intercambiando palabras breves, risas. En los bares aledaños, un grupo nuevo de borrachos reemplazaba a los de la tarde, que previamente habían reemplazado a los de la mañana. La ciudad era cruel con su gente, incapaz de brindarles alternativas. O bebías hasta la inconsciencia o te subías al tiovivo interminable de la plaza. Antonio sabía que el supermercado daría un cambio. Por una vez en su vida, sintió que era parte de algo importante. Luego recordó la oficina, su casa, el llanto del bebe y los achaques de Cintia.

Divisó a Nazarina caminando por la plaza. Su andar era presuroso. Antonio cruzó la calle para darle el encuentro. Quedaron frente a frente cerca a la pileta central. Nazarina tenía el rostro pesado. Saludó a Antonio sin darle un beso en la mejilla. Antonio sintió el incordio. Estaba avergonzado por el incidente de la tarde pero, aún así, le costaba ser indiferente ante la belleza cada vez más notoria de la jefa de tienda.

-Lamento lo que pasó –dijo Antonio. Nazarina apenas lo dejó terminar:

-Está bien.

Antonio insistió:

-En serio. Me caes bien. Quisiera que seamos amigos.

El rostro de Nazarina se alivió. Sus ojos recuperaron el brillo y su sonrisa empezó a iluminar la noche.

-¿De verdad? –preguntó. Antonio extendió sus brazos y ladeó la cabeza.

-De verdad.

Se abrazaron. Luego subieron hasta la oficina y revisaron el stock de productos. Antonio le echó una revisada al vuelo a todos los documentos. Todo parecía estar bien.

-Creo que estamos listos para mañana –dijo.

Nazarina dio unas palmaditas nerviosas:

-Mañana será un gran día.

Antonio le sugirió ir a algún lugar para brindar. Nazarina lo pensó por un momento antes de sugerirle que fueran a la laguna. Antonio no tenía idea de qué sería eso, pero le pareció buena idea.

Subieron a una mototaxi, que les cobró dos soles por llevarlos hasta la laguna. “Es que es lejos, señorita” dijo el chofer mientras manejaba. Antonio rió al escuchar a Nazarina, quejándose del maltrato hacia el turista. En el fondo pudo notar cierta vanidad en ella. Tal vez de que la confundieran con una capitalina, pensó.

Era en realidad una laguna enorme, rodeada de arboles y cortada por un puente elevado. En el fondo, dos cerros formaban un embudo por donde asomaba la luna. Las motos surcaban los alrededores, recogiendo y dejando jóvenes con espíritu de fiesta. Antonio siguió a Nazarina hasta la zona de los bares y discotecas. Terminaron sentados en un segundo piso. La vista hacia la laguna era hermosa, sólo contaminada por el ruido asordante de la música.

Pidieron cerveza. Antonio le sugirió a Nazarina que se animara por algún licor, pero ella solo atinó a decir “lo mismo que tú bebas”. Chocaron sus botellas.

-Después de mañana ya puedes pensar en trabajar en la capital –Dijo Antonio, y echó un trago.

-Eso espero –contestó Nazarina, sorbiendo la cerveza con cierto recato.

-Hablaré con la gente en Lima para que te tengan en cuenta –mintió Antonio-. Tengo contactos que te ayudaran.

Brindaron de nuevo. Cada cerveza fue una oportunidad para ambos. Antonio mezcló mentiras con verdades al momento de contar su vida; Nazarina, en cambio, se dedicó a contarle todo lo que haría después de cobrar su primer sueldo en Lima. Mientras Antonio cubría con niebla su pasado, Nazarina creaba nubes enormes en el futuro de su vida. La cerveza fue adormeciendo sus conciencias, los hizo reír al borde del llanto con anécdotas de oficina y chistes mal contados. Los animó a bailar, tomados de la mano, entre abrazos gentiles y movimientos lujuriosos; evaporó la delgada línea que los separaba.

Salieron del bar con un par de botellas en la mano, riendo. Subieron a una moto y se perdieron entre las luces cansadas de la ciudad, que empezaban a contrastar con la claridad de la mañana.


***

Antonio despertó en el hotel, desnudo. Su ropa estaba regada por toda la habitación. Puso los pies en el suelo y sintió un dolor agudo. Se fijó. Era su reloj. No logró encontrar su celular. No importaba. Al mirar la hora sintió que su alma escapaba del cuerpo, que su estómago vacío volaba a mil kilómetros por hora. Hacía tres horas que se había inaugurado la tienda.

Mientras se daba una ducha rápida pensó en Nazarina y trató de recordar los pormenores de la noche. Recordaba las cervezas interminables, el baile. Podía jurar que había vuelto a besarse con ella. Se preguntó si habrían hecho el amor. Mientras se vestía, echó un vistazo a la habitación, buscando alguna prueba que le demostrara que había sucedido algo. Pero solo estaba su ropa y el desorden de un borracho que había sufrido para encontrar su cama. Se puso el reloj en la muñeca y salió de la habitación.

Al cruzar la puerta del hotel, quedó paralizado.

Desde ahí podía ver el tropel de gente que se amontonaba en la entrada del supermercado. Con el poco valor que le quedaba, cruzó la plaza de armas casi corriendo, pero bajó el ritmo de su andar cuando empezó a notar que el caos que reinaba dentro de la tienda era mil veces peor. La gente entraba y salía por cualquier lado, las alarmas contra robo sonaban sin que nadie verificara las compras; más allá de las cajas, un grupo de gente hacía reclamos por productos en mal estado y electrodomésticos que no funcionaban. Antonio tragó saliva, ya estaba a unos pasos del supermercado cuando unos empleados se le acercaron para pedir instrucciones. Lo bombardeaban con preguntas incomprensibles, hablando todos a la vez, produciéndole una jaqueca similar al golpe de un taladro sobre una campana de catedral. Antonio forcejeó con algunos clientes iracundos, esquivó a algunas cajeras que estaban al borde del llanto y subió al segundo piso.

La oficina estaba con la puerta cerrada. Antonio tocó varias veces sin recibir respuesta. “Nazarina, abre. Soy Antonio”, dijo, finalmente. La puerta se abrió entonces. Antonio vio a un empleado salir, sin mirarlo. Cuando entró, Nazarina estaba sentada frente al escritorio, con un mar de papeles regados encima. Sus ojos, llorosos, parecían buscar una respuesta a todo el caos que reinaba en la primera planta. El teléfono de la oficina sonaba incansable. Antonio empezó a sentirse inmerso dentro de una burbuja soporífera. Podía escuchar los latidos de su corazón. El teléfono seguía sonando sin parar

-¿No piensas contestar? –preguntó. No obtuvo respuesta.

-Contesta tú, amor. Deben ser de la oficina.

Antonio puso la mano sobre el teléfono, cuando sintió un helor en la nunca que lo detuvo.

-¿Cómo me llamaste?

Nazarina levantó la mirada, sin dejar de apilar los papeles.

-Dije que contestaras tú, cielo. Estoy ocupada, mi vida, ¿no ves?

Antonio cerró los ojos, su mente bullía, tratando de descifrar imágenes difusas: un calzón negro. Una piernas rebeldes, el sube y baja de su cintura taladrando el vientre de Nazarina. Quiero estar contigo, Nazarina. Quiero que seas mi novia…

Antonio todavía podía escuchar el eco de su voz perdiéndose en su mente. Levantó el auricular. La voz furiosa de su gerente lo hizo mojar sus axilas.

Sí, señor. Lo sé señor, me he percatado de eso. No señor. Tuve un contratiempo. Lo revisé. Todo parecía estar bien. Sí, señor, así debe haber sucedido. Era mejor eso señor. Debió hacerse así. Sí, señor. Que sea de Lima de ahora en adelante. Yo me encargo. Eso le diré. Claro que sí, señor.

Cuando colgó el auricular, vio que Nazarina tenía los ojos fijos en él, como cuando la conoció. Parecían años desde entonces y tan sólo había trascurrido horas.

-¿Qué cosa será de Lima de ahora en adelante, cielo? –preguntó ella.

Antonio tomó aire, tragó saliva. Levantó la cerviz y apretó los labios. Se sintió una mierda.

-Señorita Tello. Las cosas se han salido de control, lo que muestra su ineficiencia para el cargo que se le ha encomendado…

-¿Qué dices, Toñito?

-Por decisión de la gerencia comercial, queda usted despedida…

-¿Qué te pasa, cielo?

-Le pido por favor que guarde la compostura al momento de referirse a mi persona.

-¿Así nada más?

Antonio no dijo nada.

-¿Pero y todo lo de anoche, amor?

Antonio seguía mudo.

-¿Lo de anoche, Antonio?

-Anoche no pasó nada, señorita Tello.

-Anoche me hiciste el amor, huevón –gritó Nazarina.

Antonio abrió la puerta rápidamente y llamó a seguridad. Los pasos de los vigilantes subiendo las escaleras empezaron a cobrar intensidad. Nazarina se puso de pie y empezó a aventarle lo que tenía a la mano. Antonio se cubrió el rostro, mientras la lluvia de útiles de oficina lo lastimaba.

-Le haremos llegar su liquidación conforme a ley…

-Cállate, mierda. Cállate.

-Más una indemnización por el tiempo trabajado…

-¡Eres un maricón! ¡Maricón!

Los vigilantes entraron a la oficina y sujetaron a Nazarina de los brazos, sin impedir que Antonio recibiera un escupitajo. Entre golpes y patadas, lograron sacarla de la oficina y echarla del supermercado. Dos empleados se acercaron a Antonio para ayudarlo y limpiarlo todo lo que le había llovido, pero éste se sacudió de ellos de mala gana.

-Déjenme. Largo.

Luego de unos minutos la oficina quedó vacía.

Antonio se asomó a la ventana. Desde ahí pudo ver a Nazarina, despeinada, con la ropa rotosa, aventándole los tacos a los vigilantes. La policía llegó en un patrullero viejo y se la llevó, entre lágrimas. El teléfono de la oficina volvió a sonar. Antonio contestó.

“Ya está, señor”, dijo. Y colgó.

 El caos en el supermercado desapareció lentamente. Cuando se dio cuenta, las cosas fluían tranquilas, sin problemas. Todos estaban en su lugar. La gente entraba y salía cargando bolsas enormes. Alguien vendría de Lima para tomar las riendas de la tienda. Eso estaba bien para él. Pensó en Cintia, en su pequeño Rodrigo y ese llantito conmovedor que tanto le gustaba. Su bus salía esa noche del terminal; mañana estaría en Lima, listo para regresar a la oficina, a su pequeño cubículo donde el día se pasa tranquilo, sin los alborotos de un supermercado. Él era una pieza pequeña dentro de algo grande. Pronto estaría en Lima. En su dulce hogar.

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Cultura

Feliciano Padilla y su infinito amor por las letras: “No se puede ser escritor sin ser lector”

Ayer viernes 07 de enero, a los 78 años de edad falleció el escritor y catedrático puneño Feliciano Padilla Chalco. Aquí lo recordamos en una reciente entrevista realizada por el periodista Fernando Chiquipiunta.

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Feliciano Padilla Chalco, fue un notable narrador puneño-abanquino (1944). Murió en la ciudad lacustre de Puno el viernes 07 de enero del 2022. Ha sido profesor Principal de la Universidad Nacional del Altiplano, cesado por límite de edad el 19 de febrero del 2019.

Ha publicado los siguientes libros: La estepa calcinada, Réquiem, Surcando el Titikaka, Dos narradores en busca del tiempo perdido, La huella de sus sueños sobre los siglos, Alay Arusa, Polifonía de la piedra, Calicanto, Amarillito amarilleando, Antología comentada de la Literatura Puneña, Pescador de luceros, La bahía, Cuentos de otoño, Ezequiel el profeta que incendió la pradera, Aquí están los Montesinos, Diez cuentos de un verano inolvidable, El morral escarlata y muchos más.

Aquí lo recordarnos en una reciente entrevista.

¿En qué medida las vivencias de su infancia han influido en su obra?

Influyeron bastante. Siempre es así. Oswaldo Reynoso decía: Si no has vivido de qué diablos vas a hablar.

Si tuviera que elegir un escritor puneño con el que charlar un rato, ¿a quién elegiría?

A Omar Aramayo.

¿Existe alguna novela conocida que le hubiera gustado escribir?

Estoy contento con lo que escribí, unos 24 libros. Acabo de concluir con la última revisión una novela.

Su trayectoria literaria es muy prestigiosa y relevante ¿Cómo describiría el proceso de su obra, desde que empezó y de lo que viene siendo ahora?

Como un proceso. Todo lo que el hombre piensa o hace es susceptible de perfeccionamiento. Parece que llegué a mi madurez. Ahora me intrigan otra clase de temas más cotidianos.

En el 2021 conmemoraremos el Bicentenario del Perú ¿Cuáles serían los grandes retos del escritor peruano?

Nos organizaremos a nivel nacional y no participaremos en las celebraciones oficiales donde se rinda homenaje a San Martín y Bolívar. Vamos a poner en el primer plano a José Gabriel Condorcanqui y Micaela Bastidas, así como a todos nuestros héroes originarios de aquella revolución continental.

¿Qué conmemoraremos: 200 años de libertad, 200 años de independencia, 200 años de República?

Según Luis Alberto Sánchez cumpliremos 200 años de republiqueta achorada que ha expoliado y explotado sin piedad a los peruanos de Selva, Sierra y Costa. Recusaremos la corrupción sistemática de 40 años de Alberto y Keiko Fujimori, el Cholo Toledo, Alan García, Ollanta Humala y PPK que robaron tanto en lugar de construir más hospitales bien equipados, con respiratorios, con suficientes médicos, enfermeras y técnicos y una educación de calidad. Actualmente la educación es un sistema de embrutecimiento y enajenación.

Para Luis Alberto Sánchez el Perú era el retrato de un país adolescente, mientras el historiador Jorge Basadre afirmaba que el Perú era un problema y una posibilidad. ¿Cómo define usted a nuestro país en la actualidad?

Un país destruido, en crisis estructural, que hace agua por todos sus poros. No tenemos salvación si el pueblo no se pone de pie.

¿Alguna anécdota curiosa que haya ocurrido en su trayectoria literaria?

No volvía a mi tierra más de 40 años sin ver a ningún familiar ni amigos. Mis abuelos, mis tíos, mis hermanos creían que había muerto en algún sitio. Entonces empezaron a rezar por mí para que les haga algún favor, luego, me prendieron velitas y me convirtieron en un santo varón que hacía muchos milagros. Era Chanito, santo varón resuelve este problema y lo resolvía. Cuando me encontraron se terminó la magia de esta historia. Ahora nos vemos con ellos en Apurímac, Cusco, Arequipa y Lima.

Escritores puneños: Percy Zaga Bustinza, Fidel Mendoza Paredes y Feliciano Padilla Chalco.

¿Cuál es su opinión sobre la literatura peruana?

Que existe un canon oficial perteneciente a las transnacionales que impone paradigmas o modelos de hacer literatura. El mercado se ocupa de que esta literatura sea la única reconocida y prestigiada. Pero yo le digo que, en este momento, hay escritores que han superado dichos modelos y aunque no han entrado al mercado, está comprobado que escriben igual o mejor que muchos limeños. Te cito a Pérez Huarancca, Zein Zorrilla, Crónwell Jara, Sócrates Zuzunaga, Rosina Valcárcel, Winston Orrillo, Andrés Cloud, Mario Malpartida, Rocío Silva Santisteban, Enrique Rosas Paravicino, Mario Guevara, Jóspani, Omar Aramayo, José Luis Ayala, Gloria Mendoza, Boris Espezúa, Jorge Florez-Áybar, Vladimir Herrera, Jovín Valdez, Alfredo Herrera, Leoncio Luque Ccota, Darwin Bedoya, Christian Reynoso, Javier Núñez, Bethoven Medina y muchos más que en este momento no vienen a mi memoria. Yo pertenezco al Gremio de Escritores del Perú que está dirigido por Armando Arteaga y Jorge Luis Roncal que, también, son buenos poetas.

¿Qué elementos o alguna situación, en particular, decidió que fuera escritor?

Construía poesía en mi niñez y juventud. Cuando ingresé a la universidad se los mostré a Luis Nieto Miranda, poeta prestigioso y profesor mío. Me devolvió en un café de la universidad y analizó mi poesía y dijo ¿dónde está la poesía? Dime ¿dónde está la poesía? No hay poesía. Tu poesía son palabras sin sentido, muchos adjetivos y nada más. No te dediques a la poesía. Donde noto que puedes progresar es en la narrativa. Tienes materia bruta; tu lenguaje corre como un río desbocado, controla ese lenguaje, que no se te escape. Lee mucho y serás un gran narrador. Rompí toda la frondosa poesía que había construido en la universidad y me dediqué a la narrativa con vida, alma y corazón.

Jorge Flórez Áybar, Enrique Rosas Paravicino, Óscar Colchado, Feliciano Padilla Chalco y Mario Guevara Paredes.

¿Hay un horario para escribir o lo pude hacer en cualquier momento?

Antes, cuando trabajaba escribía todas las noches. Ahora que soy profesor universitario cesante escribo en las mañanas y en las tardes.

¿Cómo quisiera que le recuerden?

Como un buen narrador y, gran maestro, en tanto mi profesión es de profesor, aunque tenga grados de Magister y de Doctor en Ciencias de la Educación. Soy profesor. Si volviera a nacer sería nuevamente profesor.

Finalmente, ¿algún mensaje para los jóvenes que se quieran dedicar a la literatura?

Que lean bastante y vivan la vida. No se puede ser escritor sin ser lector.

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Cultura

Juan Morillo Ganoza y el diálogo catártico de un río

Una mirada a la obra literaria del escritor peruano Juan Morillo Ganoza.

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Una ciega enclaustrada entre lo onírico y lo real, entre los recuerdos y los olvidos, entre el grito y el silencio. Una familia, los Ponte, marcada por la decadencia y la crueldad de un destino que busca ponerle fin a su estirpe. Y también un río, tempestuoso y calmo, balbuceante y musical, portador de la vida y de la muerte.

Todo esto forma parte de la novela “El río que te ha de llevar” de Juan Morillo Ganoza, narrador nacido en 1939 en el distrito de Taurija (Pataz – La Libertad) y que formó parte de dos grupos importantes en la tradición de nuestra literatura nacional. El primero fue “Trilce”, que surgió en la década del 50′ y que estuvo conformado por escritores como Santiago Aguilar, Juan Paredes Carbonell, Teodoro Rivero Ayllón, Eduardo González Viaña, entre otros. El segundo fue “Narración” (de mayor trascendencia), que surgió en la década de los 60′ y estuvo conformado por Oswaldo Reynoso, Antonio Gálvez Ronceros, Miguel Gutiérrez (líder e ideólogo del grupo), Gregorio Martínez, entre otros.

Este dato parece confirmarnos sobre la calidad literaria de Morillo Ganoza, pues aparece en un contexto en que la narrativa peruana se encontraba en una de sus etapas más fructíferas y diversas. Es así que Ricardo Gonzáles Vigil lo coloca dentro de los autores principales de lo que vendría a ser los “Años decisivos de la narrativa peruana”, libro donde reúne sus apreciaciones sobre autores representativos de la literatura nacional.  Es interesante mencionar que de La Libertad también considera a González Viaña y a Jorge Díaz Herrera.

La novela, sobre la cual reflexionaré y daré algunos apuntes, “El río que te ha de llevar” (2000), es el tercer libro publicado de Morillo Ganoza. El primero fue “Los arrieros” (1964), reeditado recientemente por Nectandra ediciones del escritor Carlos Santa María, y el segundo “Las trampas del diablo” (1999). Este dato es interesante, pues se ve una distancia temporal de 35 años entre estos dos últimos libros. Detalle que se asemeja al de Miguel Gutiérrez, con “El viejo saurio se retira” (1969) y “Hombres de camino” (1988).

En nuestra tradición existen diversas formas de literaturas que son simultáneas, heterogéneas y hasta contradictorias, o como diría Ricardo Piglia “se podría hablar de muchas literaturas nacionales conviviendo en un mismo espacio”.

Lo interesante de analizar la novela de un autor como Morillo Ganoza, es que nos podemos dar cuenta que se nutre de diversas fuentes para lograr consolidar un cosmos narrativo. Entre ellas tenemos al indigenismo, lo real maravilloso, el estilo faulkneriano, entre otras.

Como ya se ha mencionado al inicio del texto, la novela “El río que te ha de llevar” tiene tres figuras esenciales: el río, la familia Ponte (abarcan tres generaciones) y la ciega Zoila (testigo y narradora de todos los acontecimientos).

Respecto a la primera figura, el río (Marañón) adquiere una dimensión total y acondicionadora en las historias que se van intercalando en torno a la decadencia familiar, pues no solo representa una ambientación geográfica-física, sino también espiritual y emotiva en algunos personajes. Lleva consigo la vida, pero en mayor medida la muerte. Este rasgo fantasioso, enérgico y trágico del río, se asemeja con la segunda historia que está en la novela “Las palmeras salvajes” de William Faulkner. En ella, el río Misisipi es llamada “el viejo” y representa la devastación, el fracaso, pero también el carácter divino de la naturaleza y del hombre. Además, también hay una semejanza en el estilo, ya que, en el relato del escritor norteamericano, la sonoridad, el ritmo y las frases largas fluyen como un río por la conciencia del narrador. En el caso de la novela de Morillo Ganoza, también se da lo mismo, pues, Zoila, la narradora, deja fluir su conciencia como un río tempestuoso (diálogo catártico) que trae sus propias vivencias, las creencias populares, los sueños, los olvidos, lo leído, lo visto y lo que está en el subconsciente. El río es la imagen de la vida, pero que conduce a la muerte.

“… vengo quedándome y de tanto quedarme aquí me ha tocado ver y oír más que nadie en la vida, así que puedo decir que han pasado delante de mis ojos las mil maneras que hay de vivir y de morir y que por mi parte he pasado alborozos y amarguras y que con todo soy la que soy y aquí me tienen, verdad que cada vez más vieja y envuelta en las sombras de esta ceguera sin remedio que me priva de las cosas del diario mirar pero verdad también cada vez más encendida por dentro, entretenida en ver los caminos y parajes que me fue dado recorrer o que otros recorrieron y que yo retraté en mi mente con solo oírlos mentar”.

En la novela, el río se metamorfosea y adquiere la apariencia de distintas figuras, especialmente la de animales (culebras, toros salvajes, etc.). Mauro Mamani, al analizar la poesía de José María Arguedas, menciona que en el autor de “Los ríos profundos” el río también es una memoria y un elemento simbólico en la cosmovisión andina, asemejándose a los animales y al rayo, por su movimiento intenso. Además, representa las reivindicaciones sociales, ya que entra a la sangre y espíritu de la gente explotada.

“Es el Marañón, un río, un culebrón de aguas alborotadas y bravas que, fingiendo estar dormida, brama mientras se va. Siempre es así, viene y se va alborotando y enturbiando sus aguas sin darse el más mínimo sosiego, allá, abajo, lejos, en su cauce de altas orillas, abiertos al despeñadero de muerte”.

Ya se ha mencionado que la narrativa de Morillo Ganoza tiene honda raíces andinas y que pareciera que, a través de sus personajes, los pueblos hablan. En esa cuestión, toma del neoindigenismo el lirismo y las reivindicaciones sociales, representada en la figura de Adela y en la rebelión de Atusparia.

La ciega Zoila utiliza el recurso de la oralidad para impedir que el río de la memoria sea el río del olvido. El crítico Espino Relucé, en su libro “La literatura oral o la literatura de la tradición oral”, afirma lo siguiente:

  • La forma oral tiene representatividad para una comunidad cultural.
  • Tiene un sentido de popularidad.
  • Es una transmisión generacional, representa la tradición y porta huellas de identidad.

Todas estas características de la oralidad se adecuan al testimonio de la ciega Zoila, porque a través de ella, se logra consolidar un cosmos narrativo que representa las costumbres, los hábitos, lo contrahegemónico, las creencias, la idiosincrasia del pueblo de Uchos, el imaginario popular y la memoria colectiva.

Los personajes pertenecen a las periferias, desarrollando una antiromantización de la ciudad y de la modernización de esta. Morillo Ganoza demuestra que los campos también son focos de civilización, de cultura, de reivindicaciones sociales, y no de barbarie y salvajismo, tal como se creía hace varias décadas bajo un pensamiento colonialista.

La decadencia de la familia Ponte, que abarca tres generaciones, es explicada a través de creencias populares, bujerías, decisiones divinas, pero añadiendo un sentido crítico a las desigualdades sociales. Es impresionante la imagen que otorga la novela: la decadencia de una familia retratada en la tempestad de un río y en la memoria de una ciega. En ello también se asemeja a Faulkner, pues la atmósfera familiar define la forma de la narración a través de distintas situaciones.

Para culminar, en 1959, la narradora Carson McCullers mencionaba lo siguiente:

“La obra de un escritor se atribuye no solo a su personalidad, sino también a la región en que nació”.

Podemos afirmar que uno de los grandes méritos de Morillo Ganoza consiste en lograr un estilo maduro que representa, a través de lo fantasioso e histórico, la memoria e identidad de un pueblo; además de erigir un cosmos narrativo heredado de los clásicos universales, las grandes novelas indigenistas de inicios del siglo XX y las leyendas y mitos de nuestra tradición oral.

Al igual que el escritor patacino, hay otros autores que también vienen consolidando una obra importantísima para la literatura nacional, teniendo como epicentro narrativo el pueblo en que nacieron. Tal es el caso del narrador ayacuchano Julián Pérez, cuyas novelas “Criba” (Premio Nacional Copé Oro) y “Retablo” son conmovedoras y ambiciosas.   

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Cultura

César Vallejo y la imposibilidad de la muerte

César Vallejo es un poeta de los excesos y de la inclusión, un poeta de la voluntad y de lo irrepresentable, un poeta valiente y oscuro, un poeta honesto e hiriente, un poeta como pocos, mejor dicho, un poeta como nadie.

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Se ha escrito tanto de la vida y poesía del autor de “Trilce” que muchas veces resulta algo tedioso sumergirse en uno de los tantos libros que tratan sobre ello, pero a veces también aparecen textos que cumplen con una crítica sensata, ordenada y fructífera. Tal es el caso de la obra “César Vallejo, un poeta del acontecimiento” de Víctor Vich, uno de los críticos peruanos que más me han entusiasmado en estos últimos años, junto a Camilo Fernández Cozman y a Carlos García-Bedoya.

Víctor Vich presenta a César Vallejo como alguien que tiene como proyecto poético alcanzar “el hombre humano”, trascendiendo de la función puramente estética hasta alcanzar una dimensión totalmente política. Para ello va integrando distintas perspectivas teóricas y temáticas que le servirán como herramienta de análisis en algunos poemas.

Uno de los grandes méritos que tiene el libro de Vich es que utiliza un lenguaje pedagógico con el objetivo de que la lectura sea más dinámica, entretenida y entendible, a pesar de que va citando teóricos importantes como Alan Badiou, Althusser, Butler, Eagleton, Jameson, Marx, entre otros.

El libro está estructurado en 6 partes esenciales (además de la introducción y de las conclusiones) que forman un conjunto ordenado y sistematizado, presentando a Vallejo como un poeta versátil y totalizador:  un poeta de la ética de lo Real, un poeta de la crisis del lenguaje, un poeta de la parte sin parte, un poeta que anuncia el acontecimiento, un poeta del acontecimiento-comunismo, un poeta de las causas perdidas y Vallejo y el arte político más allá de la muerte (conclusiones).

En este texto plantearemos algunas de las ideas más importantes que propone Vich sobre la poética vallejiana hasta dar con el punto central de todo el libro. Empecemos explicando la razón de por qué en el título se menciona que César Vallejo es un poeta del acontecimiento. Es importante mencionar que Badiou reconoce como verdad a “la consecuencia de un acontecimiento” y que este es entendido como un momento de ruptura de un estado de la realidad y como un acto que altera la lógica de una situación existente porque trae una verdad que emerge desde un espacio marginado por el poder.

Es por eso que la propuesta inicial de Vich consiste en presentar a Vallejo como un autor que utiliza el fenómeno poético como un espacio clave para definir y nombrar el acontecimiento, es decir, como alguien que poetiza a partir de los excesos y de las transgresiones, tanto en el amor como en la revolución social.

En la parte “Un poeta de la ética de lo Real”, compromete a la poética vallejiana con una causa universal, para ello define a lo Real como un exceso y un signo de la crisis, de lo simbólico y de la imposibilidad que tiene la cultura de funcionar como un todo organizado. Asimismo, se apoya en el psicoanálisis para mencionar que la ética surge de un tipo de malestar y que, por lo tanto, todo aquello que resulta excesivo para lo tradicional debe ser expulsado.  Desde esta perspectiva, César Vallejo es un poeta que se inclina a los excesos, a lo innombrable y a todo aquello que ha quedado sin lugar en el sistema, pues transgrede las normas del lenguaje, y que es por eso mismo que utiliza sujetos líricos subalternos, ya que estos nunca disponen de un lenguaje completamente propio para poder expresarse. Vich analiza poemas como el poema XIII, LXXIII, Nómina de huesos, Considerando en frío, imparcialmente …, entre otros, para sustentar todo lo expuesto anteriormente.

En la parte “Un poeta de la crisis del lenguaje”, Vich propone que Vallejo es consciente de lo que significa el dolor humano: una condición profunda y estructural de uno mismo. Para ello parte de una realidad material y no simbólica, proponiendo una estética que evidencia la falla de toda una representación (fundamento de la existencia humana) y también lo heroico, pues cuestiona el discurso hegemónico sobre el progreso y las vanguardias artísticas, ya que ambas son incapaces de comprometerse con las demandas de la realidad. No hay que olvidar el polémico texto que escribió Vallejo: Autopsia del Superrealismo.

En “Un poeta de la parte sin parte”, se pone de manifiesto que Vallejo tiene como objetivo el compromiso de politizar sobre el dolor humano, considerando que este no solo proviene de una condición interna y/o existencial del hombre, sino también desde una realidad material. Busca alcanzar una poesía que nombre las causas y represente los efectos que el dolor provoca a los marginados por el sistema, es decir, una poética de la representación de la marginalidad, teniendo como base al marxismo (reconstrucción de la sociedad) y a un arte desestabilizador de todo aquello que se impone como “único” y “verdadero”.

Aquí ya se empieza analizar levemente la importancia del marxismo en la poesía de César Vallejo, y que, según mi perspectiva, desembocaría en su mejor poemario: “España, aparta de mí este cáliz”. Se desarrolla una semejanza entre el cristianismo y el marxismo, ya que ambos desean la aparición de un nuevo mundo que emerja desde una posición fuera del poder.

En “Un poeta que anuncia el acontecimiento”, se define nuevamente a Vallejo como un poeta del acontecimiento, pues su poesía refleja las ansias de transformar el mundo. No hay que olvidar que Badiou definió al acontecimiento como “algo nuevo que emerge desde aquello que no estaba contabilizado en los marcos establecidos”. Los acontecimientos se dan en distintas dimensiones: en la ciencia, en el amor, en el arte y en la política. La voz poética de Vallejo sabe que el acontecimiento solo puede surgir de los márgenes y de los excluidos, producto de su propia experiencia personal.

 “Un poeta del acontecimiento – comunismo” representa la parte más esencial del libro, pues gira en torno a la figura del Vallejo político en su condición más pura y crítica. Para el autor de “Poemas humanos”, el comunismo es la posibilidad de reconciliar al hombre con la historia, con la naturaleza y consigo mismo, además de que representa un proyecto universal que ofrece la posibilidad de ofrecer justicia en el mundo entero ¿utopía, delirio, realidad?

En Vallejo el comunismo es un acto de voluntad que ayuda a posibilitar la trascendencia de la inercia personal, le otorga un sentido humano y una posibilidad esperanzadora a una vida que el capitalismo ha intentado cosificar con sus distintas formas de coacción. Por lo tanto, el comunismo es un acontecimiento, pues altera las reglas y normas establecidas por los grupos de poder.

Vich intenta sostener en todo el libro que la poética vallejiana “es una ética que surge de la idea comunista y que hace referencia a aquello que ha observado el exceso histórico de la opresión social y que ha optado por recanalizar dicho exceso en un verdadero proyecto de emancipación humana”.

Hay que tener en cuenta el comunismo fue introducido principalmente en nuestro país por José Carlos Mariátegui, maestro y gestor de un gran grupo de escritores e historiadores. Así como El Amauta, César Vallejo también fue bastante crítico con aquellos marxistas de manual que solo repetían aforismos y sentencias comunistas, sin conocer las condiciones históricas de un contexto determinado. Esto es muy importante, ya que nos da a entender que la propuesta de César Vallejo está direccionada hacia la trascendencia humana y social antes que a una ideología rígida.

En esta parte también se plantea dos ideas:

  • El papel del artista consiste en dejar que la historia hable por su voz, llegando a todos por igual (inclusivos).
  • La voz poética es insuficiente para reflejar todos los acontecimientos.

Vich menciona que Vallejo inicia “España, aparta de mí este cáliz” para registrar la experiencia de los vencidos, pues era consciente que la guerra había comenzado a perderse. Elabora una analogía entre la tragedia de la guerra de España con el rompimiento del lenguaje poético.

La epicidad es un rasgo importante en este poemario, pues con ella se intenta representar los inmensos proyectos colectivos y solidarios. A ello hay que unir el sentido religioso (referencias bíblicas) presente en sus discursos poéticos y que le otorga un rasgo mesiánico a la visión comunista.

En “Un poeta de las causas perdidas”, se menciona que el sujeto de la poética vallejiana es un sujeto de la voluntad, y que se vuelve “hombre humano” cuando opta por ser fiel a una verdad universal y se ve involucrado a un acontecimiento. Es innegable que Vallejo enriquece su poesía debido a sus ideas políticas, a diferencia de otros autores.

En “España, aparte de mí este cáliz”, Vallejo utiliza un conjunto de personajes entrañables que defienden su verdad (una postura comunista) hasta después de muertos. Son personajes que buscan consolidar una verdad antidogmática en proceso de construcción. Quizás el más memorable sea Pedro Rojas, quien comunica su muerte, alentando a la comunidad para que subyuguen la injusticia y logren cambiar el orden social, además de realizar algo muy importante: sobrevivir en la oralidad. No hay que olvidar que la invasión europea representó en nuestra cultura la derrota de la oralidad, y que a través de esta (tal como decía Pablo Macera), se reconstruye una patria, recupera un pasado y se delinea una utopía. Recomiendo como lectura el análisis que hace Antonio Cornejo Polar sobre Pedro Rojas en su libro “Escribir en el aire” donde se plantea el imposible retorno a la oralidad.

Para finalizar, cabe decir que en Vallejo la poesía trasciende su función puramente estética para proyectarse en algo más totalizante: alcanzar el hombre humano (justo, solidario, integrado y crítico). Todo ello va acompañado de una transformación social tanto en el opresor como en el oprimido (perspectiva humanista). Asimismo, su poética es una práctica que muestra el intento comunista de evolucionar socialmente, de tener un compromiso mayor con la verdad y de nunca olvidar que todo buen arte está instalado en la imposibilidad de morir.

Hay que leer “César Vallejo, un poeta del acontecimiento” de Víctor Vich. La crítica literaria es también una forma de acariciar los detalles que para cualquier lector pasarían inadvertidos. La crítica literaria también es una creación.

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Cultura

Los peligros de leer a Mariana Enríquez

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Nacida en Buenos Aires en 1973, Mariana Enríquez pertenece a la segunda generación de escritores post-dictadura argentina, junto a Samantha Schweblin, Pola Olaixorac, Ariana Harwicz, etc. Autora de libros de ficción y no ficción, publicó su primer cuentario “Los peligros de fumar en la cama” en el 2009, teniendo en consideración que algunos de estos relatos ya habían aparecido en distintas antologías de su país. Este volumen está compuesto por doce historias que giran en torno a un cosmos narrativo formado por lo fantástico, lo terrorífico, lo patológico y lo realista. Entrar en él es sumergirse a los espacios desconocidos que nos habitan y que tratamos de ignorar por creernos civilizados. Algunos de los tópicos más utilizados son la muerte (tentación por conquistar la inmortalidad), la violencia y el erotismo (deseo de vivir con intensidad y fundirse con el objeto amado).

Es un libro cruel y valiente, pues niega la sumisión banal a la dictadura del entretenimiento (tan común en estos tiempos), obligándonos a tomar una postura frente a situaciones extremas.  Según sus propias declaraciones, los personajes que utiliza son “técnicamente reales”.

Uno de los objetivos de la narrativa de Mariana, lo ha reiterado en diversas entrevistas, es demostrar que las creencias populares de terror, pese a que no sean catalogadas como canónicas por provenir de los iletrados, poseen una gran riqueza artística y cultural. Por ello es que los espacios físicos de algunas historias están situados en zonas periféricas.  Es interesante recordar lo que Faustino Sarmiento mencionaba en su libro “Facundo” sobre que los focos civilizados eran las ciudades y que los campos representaban la barbarie. Asimismo, Ángel Rama afirmaba que la ciudad era el único receptáculo posible de las fuentes culturales y que construían una sociedad civilizada sometiendo el vasto territorio salvaje de las periferias.

Todo esto guarda relación con la mayoría de personajes del libro de Mariana, pues, desde una perspectiva “civilizada” y “centralista”, estos aún viven en un estado salvaje ya que son capaces convivir con el espíritu de una niña desenterrada, con la maldición de un mendigo despreciado, con los espíritus de niños desaparecidos y asesinados, con los rituales de una bruja de pueblo, con dos adolescentes que terminan devorando el cuerpo de su ídolo musical, con adolescentes que se masturban hasta sangrar, con adolescentes perdidos que un buen día aparecen para espanto de sus familiares, de seres que se desdoblan, etc.

Esa atmósfera salvaje e incivilizada se desarrolla en cuentos como “El desentierro de la angelita”, “La virgen de la tosquera” y “El aljibe”. Los acontecimientos están demarcados por las creencias y supersticiones populares de una comunidad ajena a lo “racional”, pero que es totalmente efectiva, como es el caso del pedido que hace la adolescente Natalia a la Virgen de la tosquera para vengarse un amor no correspondido y que termina por cumplirse.

“Tiene un manto blanco para ocultar, para taparla, pero no es una Virgen. Es una mujer roja, de yeso y está en pelotas. Tiene los pezones negros.”

“(…) que tenía un pelo muy lindo, negro y largo, más oscuro y más sedoso que el de Silvia y que cuando se le acercó, el falso manto blanco virginal se le cayó solo,  sin que ella lo tocara,  como si quisiera que Natalia la reconociera. Entonces le había pedido algo”

Mariana incrusta en estos textos una vertiente muy poca desarrollada en la literatura Hispanoamérica que es la de mezclar los mitos, las leyendas y creencias de un pueblo con el subgénero de terror. Esto lo lleva al límite con la estupenda novela, ganadora del premio Herralde, “Nuestra parte de noche”. Otro autor que también utiliza este recurso es José Donoso, especialmente en su monumental, barroca y extraña novela “El obsceno pájaro de la noche”. La diferencia entre ellos es que mientras que en el chileno se aprecia una atmósfera surrealista y delirante, como si se tratase de una pesadilla que solo existe mientras tenemos los ojos cerrados, en la de Mariana se percibe como algo real y que forma parte de nuestra vida diaria, pero que a veces ignoramos por simple cobardía.

Todas estas situaciones aspiran a consolidar una gran iconografía de terror que subyace en los distintos tipos de violencia y que sirven como denuncias a una sociedad que margina y asesina.

Hay que tener en cuenta que los relatos de terror de Mariana no son instrumentos de diversión y escape (como se mencionó al inicio), sino que en ellos se reflejan los miedos colectivos e históricos de una sociedad. Elton Honores, en su libro “La civilización del horror” afirma que hay dos tipos de efectos de terror:

  • Terror oblicuo o intelectual: el terror es sugerido e intuido, más cerebral o psicológico.
  • Terror frontal o emocional: se describe, se muestra, es más emotivo o visceral.

En el caso de estos cuentos, se percibe una mayor concentración en el terror emocional, pues las descripciones son más realistas y descarnadas y los personajes actúan vertiginosamente. En el cuento “Dónde estás corazón”, una adolescente tiene un extraño fetiche sexual con los latidos cardíacos. Un día descubre en internet a otros fetichistas que comparten los audios de sus latidos cardíacos y esto ocasiona un desenfreno sexual. El cuento finaliza de una forma muy extrema, le pide a un chico lo siguiente:

“Ni siquiera protestó cuando le dije que estaba aburrida. Que quería verlo. Apoyar mi mano sobre el corazón despojado de costillas, de jaulas, tenerlo en la mano latiendo hasta que se detuviera, sentir las válvulas desesperadas en un abrir y cerrar a la intemperie. Solo dijo que él también estaba cansado. Y que íbamos a necesitar una sierra”.

Se incrusta el asunto de la enfermedad como rasgo literario (¿literatura + enfermedad = enfermedad?), pues a través de ella se metaforiza, no solo un contexto social y/o político post-dictadura, sino también los abismos de la existencia humana plagada de ausencias, silencios y tabúes.

Otro cuento donde se desarrolla un terror visceral es en “Carne”. Aquí se lleva a cabo la necrofilia y la antropofagia practicadas por las adolescentes Mariela y Julia sobre el cadáver de un rockero exitoso (Santiago Espina), ocasionando dos reacciones distintas: la aceptación y envidia por otras adolescentes fanáticas de Espina y el rechazo de los adultos.

“Pero la inhumación era apenas el principio.  Las chicas habían abierto el féretro para alimentarse de los restos de Espina con devoción y asco; alrededor del hueco daban testimonios de su esfuerzo los charcos de vómito. Uno de los policías también vomitó. Dejaron los huesos limpios, le dijo a la televisión y el conductor, estremecido, se quedó sin palabras por primera vez”

En estos cuentos no aparece el tema del heroísmo, pues en las atmósferas de terror el miedo es totalmente colectivo. El historiador Jean Delumeau mencionaba un tipo de miedo que se acopla a este libro: “el miedo espontáneo”, pues afecta a toda una población y a todas las clases sociales, y que además son cíclicas.

Toda la crueldad inmersa en estos doce relatos que conforman “Los peligros de fumar en la cama”, provoca una reacción en nosotros para romper la pasividad y la indiferencia ante lo que ocurre en el mundo real, nos hace reflexionar y e intuir lo que somos capaces de hacer en un momento de vértigo, pues como afirmaba José Ovejero en su libro “La ética de la crueldad”:

“Los detalles sangrientos, morbosos, sádicos, la detallada representación de carnicerías, torturas, violaciones, no pretenden a menudo provocar una reacción dolorosa en el lector / espectador, sino que en realidad satisfacen sus deseos”.

No hay que dejar de lado que toda perversión permite un cuestionamiento a la autoridad, asumiendo una posición contrahegemónica y en contra de la moral dominante.

Escritores como Mariana Enríquez, Charles Baudelaire, Roberto Bolaño, El Conde de Lautréamont, William Faulkner, Cormac McCarthy, Osvaldo Lamborhgini, Sade, entre otros, exploran el horror y la violencia porque la vida burguesa les parece totalmente deshumanizante y aburrida.

Quizás la literatura nos enseña a morir valientemente.

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Cultura

Fahrenheit 051: Conflicto social y literatura

El programa de libros conducido por el escritor Gabriel Rimachi Sialer.

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En este episodio de Fahrenheit 051 conversamos sobre “Mañana nunca llega”, primer y esperado libro de cuentos del escritor piurano Tadeo Palacios Valverde, dónde aborda historias de corte urbano y social que se convertirán en un referente futuro para entender desde la literatura lo que se vivió hasta hace poco en el Perú.

En la orilla del terror, el escritor y líder mundial en la promoción de la sostenibilidad con énfasis en el medio ambiente, Gonzalo Castro de la Mata, nos entrega una historia de su nuevo libro “12 Historias Macabras”, que ha sido ilustrado por el reconocido artista plástico Hugo Salazar Chuquimango.

En poesía escucharemos la voz del poeta Andrés Mulder, que acaba de publicar una colección que reúne más de cien poemas, gracias a editorial Caja Negra. Historia y movimientos sociales, terror y poesía en esta edición de Fahrenheit 051, el programa de libros del Círculo de Lectores Perú producido por Lima Gris TV y conducido por el escritor Gabriel Rimachi Sialer.

Aquí el programa completo.

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Cultura

“Poetizando” con Julio Barco: César Vallejo, frente a la poesía de su tiempo

El programa de poesía conducido por Julio Barco.

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En Poetizando se habló de César Vallejo y sus dos primeros trabajos poéticos. Expresaremos algunos puntos esenciales de Los heraldos negros y Trilce.

Aquí el programa completo.

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Cultura

Marita Troiano celebra 25 años de la publicación de su poemario “Mortal in Puribus”

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La poeta, narradora y ensayista, Marita Troiano, presentará la nueva edición de su libro “Mortal in Puribus”, que cumple 25 años desde su primera publicación realizada por Lluvia Editores. La presentación se realizará el 14 de diciembre a las 7 pm vía zoom desde el Centro Cultural de la Universidad de Piura.

Marita Troiano es Licenciada en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Editora del sello Carpe Diem fundado en 1996 y Directora de la Comisión de Escritoras del PEN Internacional del Perú desde el 2006. Organizadora del Concurso Nacional de Poesía de Mujeres Scriptura y del Festival multidisciplinario por el Día Internacional de la Mujer: Arte en el Parque.

Entre sus obras publicadas aparecen: Mortal in puribus (1996 – 1997), Poemas urbanos (1998), Extrasístole (1999), Secreto a veces (2003), La Historia según la Poesía   (2005),   Ad Libitum – Antología personal  (2006),  Dando ansí por ty soy toda erranza  (2010), Mi mundo raro (2018), Poemas que alguna vez soñé(2020)   Antologías: En 1997, Mujer y Poesía, y en el 2017, La Poesía nos une – 50 Poetas del Perú.  Narrativa: La Noche anterior (2001) y Las increíbles aventuras de Rafo, Mati, Nico y Esperanza. Por su destacada labor literaria y continua defensa de los Derechos de la Mujer y la Infancia, fue galardonada en el año 2006 como una de las 40 Latinas más destacadas de la ciudad de Nueva York en el XI Certamen organizado por el Diario La Prensa. Así mismo por su fructífera trayectoria como escritora ha recibido el homenaje del Congreso de la República del Perú a través de la Comisión de Cultura y la Medalla de Honor que otorga la Municipalidad de Chincha.

Mortal in puribus es el primer libro de poesía de Marita Troiano publicado en el año 1996 por Lluvia Editores. Al año siguiente tuvo una segunda Edición por la misma editorial, y este año, precisamente en el mes de noviembre, se cumple un 25° Aniversario de este poemario. Para celebrar este acontecimiento Carpe Diem Editora ha publicado una tercera y especial edición que incluye en sus 192 páginas —además de los clásicos poemas—, poemas inéditos, fotografías, memoria periodística y saludos de poetas amigos a dicha publicación.

Sobre la nueva edición la edición de 25° aniversario de Mortal in puribus, el escritor Isaac Goldemberg mencionó: “Situada entre la tradición y la modernidad, tanto en su concepto de la poesía como en su capacidad innovadora, Marita Troiano nos entrega —en una edición ampliada— Mortal in puribus. Libro polifacético, altamente imaginativo, construido y estructurado con gran sentido artístico y con un repertorio de voces sabias y cautivantes. Precisos, llenos de hermosas y certeras imágenes, estos poemas son revelaciones de un sentido oculto de la condición humana. Para cumplir esa función reveladora, Troiano convoca magistralmente experiencias, sueños y enigmas, logrando lo que debe cumplir toda obra de arte, toda poesía de verdad: alejarse de lo superfluo, de todo aquello que tan solo expone sin revelar nada”.

Por su parte, el poeta Marco Martos, comentó “Pasados 25 años después de la publicación de su primer libro, Marita Troiano sigue siendo la misma mujer que todos los días descubre la poesía como el medio más eficaz de entender los sentimientos humanos. Ese diálogo consigo misma, con la página en blanco y con los generosos lectores, se ha afinado y enriquecido con sus labores de editora y promotora literaria que bien conocemos, y le dan una presencia singular en el proceso de la literatura peruana. Hoy, con esta edición, celebramos los comienzos, el momento en que se empezó a desenrollar el ovillo de la creación literaria de su estro delicado y poderoso”.

De la misma forma, Juan Carlos de la Fuente, expresó: “Hay libros que transforman de alguna manera nuestra visión del mundo. Mortal in Puribus es uno de ellos. Reivindica la sabiduría de lo cotidiano y la claridad de una verdad que no busca refugiarse en un aparente misterio. Poesía apasionada, poesía del cuerpo y el alma; poesía que despoja y arropa. Indispensable para enfrentar la vida con más vida y más amor“.

En la presentación de la edición de aniversario estarán presentes la poeta y documente Ana María García; el poeta, narrador y editor Alberto Alarcón; y el poeta Juan de la Fuente Umetsu.

El libro estará en preventa a 60 soles (incluye el delivery) por Facebook hasta el 10 de diciembre. Luego se podrá encontrar en todas las librerías.

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Cultura

Kareen Spano en la FIL Guadalajara

La agente literaria Kareen Spano llegó hasta la FIL Guadalajara para promover a autores peruanos.

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La agente literaria Kareen Spano Klein, quizá la única agente literaria de Perú en años, realiza su primera incursión internacional en la FIL Guadalajara. Su enfoque es simple y claro: “la literatura es un trabajo y el trabajo debe producir dinero. El escritor debe ver ese dinero en su bolsillo”.

A diferencia de otros agentes en Latinoamérica, cuyo rol está más asociado a defender las grandes editoriales trasnacionales, el trabajo de Spano está dirigido a defender los intereses de su cartera de representados a través de su empresa de Agencia Literaria Sueños Salvajes. En 2020 Spano antologó, editó y consiguió el financiamiento para la publicación de HASTÍO, antología deliciosa del sinsabor (Zumbayllu, un brazo de Editorial CampoLetrado).Un libro raro que reúne a 20 autores de seis países (Argentina, Perú, Finlandia, USA, Bulgaria, etc.).

Kareen Spano y Mónica Maristáin, ex editora de la revista Playboy México en la Fil Guadalajara.

Ese mismo año, pero publicado ya el año 2021, Spano redescubre y obtiene junto a editorial Gato Viejo un premio de incentivo económico del Ministerio de Cultura del Perú. Con este fondo reeditan por primera vez desde 1989 El cuarto de los trebejos, la única novela de la poeta más importante junto a Javier Heraud y César Calvo de la generación del 60, Carmen Luz Bejarano. Quizá el redescubrimiento editorial más importante del año 2021.

¿Pero, quién es Spano?

Tiene 45 años mechándose con la muerte en la escritura. Ha sido actriz por 30 años, autora de una obra dramática, un par de antologías, consultora editorial, couch narrativo, guionista de la serie de radio novela de RPP Mi novela favorita, entre otros trabajos. Y es madre de dos hijos.

Sus autores

La cartera de autores de Spano incluye de un filósofo y managment español a una danza terapeuta argentina, pasando por poetas y narradores. Aquí una pequeña muestra de su valija en Guadalajara.

Manolo Alcázar. Natural de Bilbao, es PhD, MBA, filósofo, speaker y autor de una serie de libros de Managment. Con 40 mil copias vendidas internacionalmente es uno de los autores referenciales para directivos empresariales en cuestión de Gobierno de personas, desde un enfoque de filosofía aplicada que va más allá del mero especialista gerencial. Su libro Antivirus Mental arrasó en ventas durante la pandemia y su libro Persona es el perfecto marco para acercarse y comprender mejor al ser humano desde una organización sea empresarial, gubernamental o incluso familiar. Ha publicado en editoriales de prestigio como Pearson, Ariel, Rialp, Planeta, Prodec.

¿Alguna vez has pensado que estará pensando La Monalisa? Dulcinea Segura Rattagan quizá tenga la respuesta. Natural de Buenos Aires, en 2018 publicó su primera novela Modelo Viva (actualmente agotado), una novela en lengua española quizá única en su género por abordar la mirada y pensamiento de las modelos de pintura. Basada sobre su experiencia como modelo de desnudos para las escuelas de bellas artes en Barcelona, Dulcinea nos cuenta qué es lo que ve la mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres. Es autora de relatos en varias antologías. Con un estilo reflexivo, corporal. Su prosa es una mezcla de la poesía de Paul Claudel con la corporeidad escultórica de Camille Claudel y un toque de rareza, como un bello horror. Es danza terapeuta y su trabajo de escritura involucra siempre el cuerpo, lo erótico incluso en el aliento, la postura de un brazo quieto como un pensamiento estancado, o los ojos verde amarillo fuego en un vagón.

Elvis Herrada. Este escritor ha hecho de todo. Viajo a una cumbre de escritores en Luxemburgo reuniendo financiamiento a partir de vender sus libros en los buses de Lima. ¿Cuántos escritores con cojones conoces que hagan eso? Saliendo incluso en las noticias por su tenacidad por alcanzar ese vuelo. Se ha desempeñado como periodista de investigación, espectáculos, policial y un largo etcétera. Y como escritor ha publicado en varias antologías. Quizá su cuento más importante sea Historia de un animal-niño-chico. Si lo tuyo es leer algo bello que te hará llorar, este es el cuento. Aquí un extracto. Y él no sabía qué decir porque su papá le cortó la lengua, y como ya no había nada por suceder, se durmió mirando el suelo de algodón y plumas que se convertirán en una suave y espumosa convulsión.

Kenneth O’Brien. Un autor difícil  con nombre de poeta romántico del s. XIX, pero tenaz. La bestia ambulante y 20/39/04 son dos de sus poemarios mejor logrados. Con casi una media docena de poemarios publicados en 15 años, lo suyo no es una aventura sino una dedicación a la escritura que no ceja, no se detiene y va para más. Para ser una escultura/ te mueves mucho… / para ser una orilla/ te precipitas/ para ser un filósofo/ plancha tu perro.

Y claro, está Spano que también es escritora. Pero como diría Kipling, esa es otra historia.

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