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Literatura

CONCURSO NACIONAL DE POESÍA JAVIER HERAUD

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“PREMIO NACIONAL JUVENIL DE POESÍA JAVIER HERAUD”


La Secretaría Nacional de la Juventud – SENAJU. convoca al Premio Juvenil de Poesía “Javier Heraud”, dirigido a todos los jóvenes peruanos entre los 15 y 29 años inclusive, quienes podrán enviar sus trabajos presentados en su idioma natal y/o en castellano.

Los cinco (05) primeros ganadores del Premio Juvenil de Poesía recibirán un estímulo económico, la entrega del trofeo ‘Javier Heraud’, una resolución de felicitación, un diploma de honor y la publicación de la obra. Los poemarios ganadores serán editados en ejemplares que serán distribuidos en secciones literarias de medios gráficos nacionales, revistas especializadas, embajadas, bibliotecas y en páginas web del Ministerio de Educación, de la Secretaría Nacional de la Juventud y demás organizaciones de la sociedad civil.

Los participantes podrán enviar sus respectivos poemarios hasta el viernes 31 de marzo a las 12 del mediodía. De acuerdo a las bases,  Todas las obras alcanzadas fuera de fecha quedarán automáticamente descalificadas.

Sus trabajos deberán presentarse o remitirse por correo postal certificado a la siguiente dirección: Calle Compostela 142, Urb. La Calesa, Santiago de Surco, Lima 33, PERÚ, local institucional de la Senaju.

El tema es libre y podrá ser escrito en el idioma natal y además traducido al castellano, con un mínimo de 20 páginas y un máximo de 150 páginas, el poemario debe ser inédito y un mismo participante puede presentar más de un trabajo.

El jurado evaluador estará integrado por intelectuales reconocidos representantes de el Ministerio de Educación, quien lo preside, el Ministerio de Cultura, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos,  la Academia Peruana de la Lengua; y, la Municipalidad Provincial de Tambopata.

El resultado se expedirá el domingo 01 de mayo de este año, y será comunicado a los ganadores vía telefónica y/o correo electrónico, mientras que el otorgamiento del Premio Nacional Juvenil de Poesía ‘Javier Heraud’ se llevará a cabo en ceremonia pública el domingo 15 de mayo de 2011.

Todos los jóvenes interesados pueden  obtener las bases del Premio Juvenil de Poesía Javier Heraud en la página web de la SENAJU: www.senaju.gob.pe, y hacer clic sobre el banner «Premio Juvenil de Poesía Javier Heraud» o a la página directa del premio:  www.snj.gob.pe/concursopoesia/index.html, donde además encontrarán los formularios respectivos de inscripción.

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Cultura

Revolución Caliente de Rodolfo Ybarra: el aullido permanente

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Por Miguel Blásica

“El amor es una rata de desagüe”

                                                                                                              mirando la explosión…pág. 522

Resulta interesante observar la forma que puede tomar la novela contemporánea cuya propuesta narrativa de partida logra afianzar una temática inicial, pero que luego ve superada con creces la predeterminación inicial de su autor. La complejidad en la articulación de sucesos que rodean una determinada realidad que toma a la megapolis como telón de fondo, se apodera del timón de la trama con la fuerza de un oleaje que desarma el rumbo previsto de la nave, y se traga de un bocado las probables expectativas de los acontecimientos previstos.

Es así que el vértigo del caleidoscopio en el que se convierte una realidad como la peruana en los últimos treinta años, precipita al autor a un archipiélago, a islas en emergencia de conexión, a una miscelánea obligada, tal vez porque comprende, reconociendo en la conclusión de la travesía, que el anhelo de capturar el pathos de un momento y lugar histórico termina devorando a sus personajes, conduciendo la pluma hacia un torrente de apuntes, reflexiones poéticas y cuestionantes filosóficas desde las entrañas de sus criaturas cuyos dramas vivenciales  se han desmenuzado ante la fantástica y lisérgica brutalidad de lo real.

Considero que Rodolfo Ybarra ha trazado ese recorrido en la novela “Revolución Caliente” (Grupo Editorial Arteidea. Lima. 2020) y ha sido una ardua tarea recuperar una serie de hechos que han zarandeado este país, pensarlas y cuestionarlas desde la acidez y desparpajo que es el sello característico del autor en sus escritos, hechos y situaciones en el Perú en el lapso del tiempo mencionado y que han transformado violentamente su faz, paradójicamente, para que nada cambie.

La realidad peruana, ese “corral de chanchos” a la que alude continuamente Ybarra, resulta solo un esperpéntico telón de fondo que captura lo esencial: el costurón de la piel vuelta cicatriz, los muñones sangrantes luego de la guerra permanente, la supervivencia al lado del deseo de encontrar algo por el que valga la pena morir entre rumas de desperdicios. Revolución Caliente nos habla del idealismo, pero también de un profundo desencanto, la frustración y la rabia, una rabia clavada a fuego ante una trasformación social justa, ante un proyecto de país que nunca llegó y que adquirió una visión reiteradamente liminal, contrahecha, cíclica y funesta.

 La propuesta del autor apunta a una relevancia mayor, superando una mera atmósfera gore presente en anteriores trabajos. Se atreve a abordar una especie de suma novela que integre lo que ha sido la experiencia dolorosa y vívida de la sociedad peruana. Considero que la novela es una obra patética, no uso aquí el término en sentido peyorativo sino en cuanto al humor sardónico e incluso cruento.

 La obra entronca en el estado de ánimo de una generación desde los heroísmos personales de sus personajes frente al arrasamiento y la aniquilación de la esperanza que instala en Lima una cultura permanente de atrofia e inercia, resignación y parodia, estupidez y abulia, tan sólo nos queda el vuelo de faetón que termina hecho añicos en el cruce de las avenidas Wilson y La Colmena en la búsqueda del último trago en la decadencia de una larga noche.

En el primer bloque de la novela Ybarra es firme en el trazado argumental, en un primer momento, al presentarnos al grupo anarquista La Alcantarilla integrada por un grupo de iconoclastas y marginales que han hecho de su colectivo una suerte de collera subte, un grupo de exiliados que posteriormente y como correlato a sus ideas y en asunción de una praxis política que materialice sus ansias de un mundo diferente, se pliegan a Anarquímedes, una suerte de gurú o líder mesiánico (cuya figura es imposible de desligar de Abimael Guzmán Reynoso) y cuyo carácter de primacía de pensamiento generará una decidida adhesión militante a pesar de que forma parte de la facción que se presenta como tercera opción, distante y con propósitos propios que guardan similitud y que en algunos aspectos, desde su anarquismo militante, se desligan de la intolerancia ideológica de los rojos y los negros, clara alusión al PCP Sendero Luminoso y al MRTA respectivamente.

En ese sentido Ybarra parte de un soporte narrativo fijo, bajo el cual constituirá hechos que pueden ser complementarios al entronque principal presente en el colectivo que agrupa a sus personajes; pero luego, son los hechos periféricos, deshilvanados, poéticos, presentes en las reseñas personales, vivenciales, y de angustia de los personajes, las características del entorno violento y distópico, los que toman las riendas de la narración; allí están presentes las drogas para volver dócil a la violencia, el desenfreno copulatorio frente a la pesadilla de la hipocresía y el cretinismo social, cuadros de miseria y tugurización, denigración y desamparo.

A ello se opone la organización, el ideario y las acciones terroristas como única salida posible de cambio desde una verticalidad de pensamiento y obra como pasos necesarios, una salida que implica convertirse en kamikazes intentando llevarse a la tumba a la mayor cantidad de gente posible, las recetas para preparar explosivos como quien prepara galletas. Vemos así que la miscelánea se apodera de la narración en una especie de curso natural y terminan devorando las expectativas en los hechos de algunos personajes, por ejemplo, no llegamos a saber qué sucede con la acción suicida que el Partido Anarquista le encarga a La Caballo en relación a seducir a “Mantequilla” (fascistoide y depravado personaje, evidente alter ego de Agustín Mantilla, uno de los criminales apristas de la masacre de El Frontón. Capítulo 97. Capítulo: Una misión para BB “La Caballo”. Pg. 273).

En su enfoque del contexto de un período que, como señalé, abarca los últimos 30 años, la novela apela a la ucronía, deforma intencionalmente una realidad de por si monstruosa, aberrante y paroxística, apelando también a la sátira desencantada, corrosiva y amarga. Ybarra sabe bien que no hay salida y creo que ello predeterminará la inconclusión de su propuesta en la trama que se plantea, por ello, en su proyecto de novela histórica, le resulta necesaria una vasta documentación variada que acompañe y de sustento al desequibrio de la realidad enfocada en la narración. Le ayuda también su reconocimiento de la factura periodística.

RC es una novela generacional donde la generación X se ve representada no sólo en cuanto a la vivencia y el sentido creativo, a la expectativa y la sensibilidad que a su vez dirigía la esperanza en la juventud de los protagonistas, sino también enmarca su relación con el sentimiento de una generación que creció entre el rocanrol, las drogas, la poesía y la solidaridad como una flor flotando entre la descomunal inmundicia acuosa de la realidad, el amor del Resinoso (alter ego de Ybarra) por Monick, la musa que le da a la novela ese sentido de amor escondido entre las entrañas, la rabia y la furia a flor de piel. El autor ensaya aquí esa vena poética que ha desplegado en otras creaciones, ello matiza el panorama siniestro que no amaina y que resulta en el transcurso de sus páginas un ritmo trepidante y luctuoso que el autor desnuda sin tapujos.

La novela de Ybarra es el probable grito de la clasemediera Generación X a la cual también pertenezco. Un aullido dirigido hacia los adentros, una generación silenciosa en la imposibilidad de una gesta mayor, golpeada y casi en la lona, pero a su vez rica y creativa en manifestaciones que al paso de los años empiezan a ser reconocidas. La novela nos acerca sin cortapisas y con absoluta sinceridad a mirar ese abismo que nos circunda, que nos respira en la cara. Un abismo de horror que increpa nuestro paso convertido en el taedium vitae generacional, en una cotidianeidad convertida en pátina y que ha visto hasta el hartazgo como cambiaron las cosas para que en el fondo todo siga igual.

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Cultura

El último duelo de María Emilia Cornejo

Pasajes poco conocidos de la vida de la poeta peruana María Emilia Cornejo: su embarazo, su hermana gemela y su estadía entre el jirón Trujillo y Caja de Agua de San Juan de Lurigancho.

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María Emilia Cornejo. (Foto: Río Hablador)

Por: Hélard Fuentes Pastor

El último duelo de María Emilia Cornejo fue largo y espinoso como los fantasmas que ocuparon su habitación. Aquellos días de agosto, apenas un brillo tenue en sus ojos almendrados, dejaba notar la tristeza de una mujer tímida y silenciosa que caminaba por jirón Trujillo, donde quiso establecer su hogar, pero enfrentó una ruptura amorosa y un aborto a los tres meses de embarazo, sepultando su deseo de maternidad, incluso de vivir. En su peor momento, meditabunda y temblorosa, con una receta médica en sus manos, recorrió varias boticas y compró los somníferos que pondrían fin a su tragedia. Volvió a la casa y cuando cayó la tarde, recibió la visita del dirigente barrial Emilio Horna. Tomaron unos vasos de ron y al rato su amigo se marchó. Durante la noche, continuó bebiendo y combinó el alcohol con una sobredosis de tranquilizantes, sola y agonizante, al sentirse mal pidió auxilio.

Oswaldo, aún su esposo, acudió a su llamado e intentó socorrerla. Al notar que no reaccionaba, la trasladó a casa de sus padres (Susana Reisz, 2021). Amador y Aida, conmocionados al ver a su hija postrada, la llevaron de inmediato al Hospital Central del Seguro Social del Empleado (hoy Eduardo Rebagliati) para intentar reanimarla; no obstante, la muerte se anticipó con un edema pulmonar agudo. El reloj se detuvo un cuarto para las 2:00 de la tarde, un 4 de septiembre de 1972, tal y como se anota en el informe policial del comisario Alfredo Cárdenas Gambini (Jesús María, Lima, 18/09/1972), que semanas después permitió inscribir la partida de defunción No. 235 del 26 de dicho mes.

Acta de difunción.

La muchacha inquieta y apasionada que terqueaba con el machismo y la pacatería de la época, ya no se escondería tras la sonrisa complaciente de una adolescente aprendiendo del desamor. A sus 23 años, la asidua lectora de Simone de Beauvoir, trascendió a su propia historia y a los versos que escribió en las aulas sanmarquinas de Literatura para convertirse en un mito o paradigma de las letras peruanas. Pedro Casusol (2020), afirma que la ‘leyenda’ de María Emilia Cornejo, se debe en gran medida a la intermediación del poeta-editor Isaac Rupay que en su revista «Eros» de 1973, publicó los tres poemas de la autora limeña bajo el seudónimo de María Márquez: Como tú lo estableciste, Soy la muchacha mala de la historia y Tímida y avergonzada. Ese mismo año, su mención en la antología de Alberto Escobar, le otorgó un meritorio lugar en la producción nacional.

Hasta el matrimonio, María Emilia era una jovencita de izquierda bastante entusiasta que, junto a su hermana, Ana María, se entretenía leyendo a diferentes autores. A ambas, no solo las unía una fecha: 15 de agosto de 1949; también la complicidad de dos hermanas que abrieron los ojos a la misma hora, 6:45 de la tarde, en la casa No. 152 del jirón San Martín de Pueblo Libre. Entonces, su padre, Amador Cornejo Valdivia (n. 07/03/1919), natural de Tacna, frisaba los 30 años de edad, y su madre, Aida Calderón Gastón (n. 1924), natural de Lima, los 25 años, ellos ya tenían una hija, Mercedes Sofía, nacida el 23 de septiembre de 1945. No se equivoca Casusol, al señalar que la familia debió establecerse en la «cuadra quince de la avenida Bolívar», donde afirma que vivió la mayor parte de su vida; asunto que demostramos documentalmente con el registro civil.

Las hermanas gemelas Cornejo.

Desde pequeña, la poeta estuvo vinculada a la labor social de la iglesia que desarrollaban actividades comunitarias en Comas, antecedente de su incorporación a la Unión de Estudiantes Católicos (UNEC). Sucedió en el momento preciso pues sus contemporáneos estaban imbuidos en la teología de la liberación. En dichas circunstancias, aquel hermoso rostro mestizo y esas delicadas cejas angulosas, llamaron la atención del chalaco, Oswaldo Jorge Márquez Portal (n. 26/05/1945), su futuro esposo. Ese romance debió ser tan apasionado que el 14 de enero de 1971, contrajeron matrimonio. Él tenía 25 y ella 21 años. Él vivía en la avenida Conquistadores No. 470 en San Isidro y ella en Bolívar No. 36 de Pueblo Libre. Ambos, estudiantes, en la Universidad Nacional de Ingeniería y de San Marcos, respectivamente. Aunque muchos afirman que María Emilia se casó bastante joven, en aquella época, no muy distante a esta, tales uniones fueron comunes y jugaba un rol fundamental la fe católica. Vale señalar que la unión se realizó en la UNEC, teniendo como padrinos a dos amigos cercanos a la pareja: Luis Chasseloup y Cruz Estrella Mendoza. Luego se mudaron a Caja de Agua en San Juan de Lurigancho, donde llegaron varios «unecos». Allí compartió con personajes como Susana Villarán o Alberto Rutté, precisamente –sostiene Pedro Casusol– Rutté alquiló a la pareja un espacio en jirón Trujillo.

Desconocemos los conflictos por los que pasó la pareja provocando su separación. Lo cierto es que aquel distanciamiento marcó a María Emilia, dejándose a la bohemia con la cual intentó resolver su ausencia. No solo se trataba del distanciamiento de su marido y la pérdida de su futuro hijo, además el vacío que habían dejado sus amistades, los más cercanos se mudaron y otros estaban sumergidos en sus propios problemas, tal y como desprendemos de la investigación de Casusol.  

María Emilia Cornejo acompañado de otros escritores.

Según comenta Susana Reisz (2021), Oswaldo nunca quiso hablar de ella y «extrañamente, también él terminó suicidándose muchos años después, pese a que se había vuelto a casar y a que había tenido un hijo». No tengo medios probatorios de que «Coco» –por su segundo nombre– se haya quitado la vida, incluso personalmente, descreo de esa afirmación; eso sí, luego de enviudar, volvió a contraer matrimonio, un 3 de noviembre de 1976, y tuvo un hijo en mayo del año siguiente. El enlace nupcial se produjo en el distrito de Chaclacayo y ambos ya vivían en la calle Los Robles No. 682. Oswaldo tenía 31 e Isabel 24 años. Asimismo, él logró cierta independencia como comerciante, a diferencia de su padre, Ismael Márquez, que siempre fue empleado en una entidad, y su madre, Petronila Portal, dedicada a las labores domésticas en el contexto de modo de vida arraigado durante el siglo XX.  

Acta de nacimiento de María Emilia Cornejo.

La década de los 70 tiene una connotación especial en la poesía peruana. Sobrevino una reactualización de los paradigmas literarios femeninos y María Emilia Cornejo, sin proponérselo, pasó a la historia como una leyenda sostenida en tres pilares, dos de ellos de carácter biográfico: 1. La vida íntima de la autora; 2. Su vinculación con escritores de la trascendencia de Charo Arroyo, Enrique Verástegui, Hildebrando Pérez o Rosina Valcárcel, entre otros; y 3. La naturaleza de sus poemas y las polémicas que ha desatado «Soy la muchacha mala de la historia», cuando se especuló que los versos no fueron escritos por ella, asunto aclarado por el escritor José Rosas Ribeyro, quien menciona que junto a Elqui Burgos, hicieron un trabajo de «edición y montaje» después de la muerte de María Emilia a pedido de Hildebrando Pérez, es decir, los versos son de ella, sin embargo, «la arquitectura de esos 3 poemas» serían fruto del trabajo de Rosas y Burgos, que finalmente se publicaron en la revista de Rupay, quien recibió aquellas páginas mecanografiadas con la expectativa de encontrar una voz auténtica y perenne. Así sucedió. Su producción, aunque breve, siempre será recordada y aludida.

La muchacha mala de la historia

soy
la muchacha mala de la historia
la que fornicó con tres hombres
y le sacó cuernos a su marido.
soy la mujer
que lo engañó cotidianamente
por un miserable plato de lentejas,
la que le quitó lentamente su ropaje de bondad
hasta convertirlo en una piedra
negra y estéril,
soy la mujer que lo castró
con infinitos gestos de ternura
y gemidos falsos en la cama.
soy
la muchacha mala de la historia.

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Cultura

Escritor José Luis Mejía publica su poemario “50/50” desde Singapur

La presentación se realizará a través del fanpage del autor, quien estará acompañado del periodista y escritor Ricardo Ayllón.

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El martes 21 de junio a las 8:00 p.m. El escritor peruano José Luis Mejía, presentará su más reciente poemario, 50/50. El autor se conectará con sus lectores desde Singapur, donde reside desde el 2013.



50/50 es una recopilación de sonetos, 50 publicados en redes sociales a lo largo de las últimas dos décadas y los otros 50 inéditos. En el año 2004, Mejía publicó su primer libro de sonetos (Solo Sonetos Solos, Santiago, Grupo Fuego de la Poesía) con el prólogo del poeta y académico chileno Juan Antonio Massone, quien afirmó: “José Luis Mejía (Lima, 1969) sostiene públicamente, a despecho de modas y de vanguardismos, a menudo tan numerosos como transitorios, una constancia de pertenencia y de cierta osadía en el cultivo de la métrica…”.

Si bien 50/50 no observa una línea temática específica, resulta claro al leerlo que en esos sonetos Mejía hace un recorrido introspectivo y existencial que coincide con su propia experiencia viajera a lo largo de este siglo, que lo ha llevado a vivir en ciudades tan peculiares y cosmopolitas como Miami, Ciudad de México, Yakarta y Singapur. En sus versos, Mejía nos conduce por los rumbos de sus pensamientos y de sus emociones, desde los poemas nostálgicos y familiares hasta los que nos hablan de esas distancias —tan distintas— como lo son la geografía y la muerte, pasando por las prácticas cotidianas, las preguntas irresolubles y las muchas formas del amor. La risa tampoco es ajena al texto y varios de los sonetos muestran su desenfadada visión del mundo.

El trabajo realizado por el poeta, narrador y cronista, es de acceso libre para todas las personas a través del siguiente enlace: https://bit.ly/09poeJL y también podrán acceder a él a través de las redes sociales del escritor. El propósito de Mejía es que más personas, tanto jóvenes como adultos, puedan acercarse a la poesía clásica, a su belleza y a la compañía, leal y solidaria, cercana e intensa, de este género literario.

La presentación oficial de 50/50 se realizará a través del fanpage de la red social Facebook de José Luis Mejía, quien estará acompañado por el periodista y escritor Ricardo Ayllón. Ambos conversarán acerca de la importancia de fomentar este género desde una temprana edad.

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Cultura

Nueva convocatoria para un desprestigiado “Premio Nacional de Literatura” en medio de la corrupción

Un premio que año a año pierde prestigio en medio de una gestión de un ministro que blinda a funcionarios denunciados por corrupción.

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Libros, escritores y escritoras nunca pasarán de moda; historias, relatos y hechos increíbles brotan como ríos de imaginación, y eso, afortunadamente, nunca acabará. De la misma forma parece que nunca acabará la argolla en el Ministerio de Cultura, una argolla enquistada y que año a año convive con la corrupción.

Ha pasado un mes desde que el ministro Alejandro Salas concedió una entrevista a Lima Gris, treinta días después vemos que todo sigue igual en el Ministerio de Cultura, con la diferencia de que ahora es más evidente que el ministro Salas realiza un blindaje a los funcionarios denunciados por corrupción y que hasta el día de hoy siguen trabajando.

¿Se puede confiar así en un Premio Nacional de Literatura a cargo del MINCUL? Por supuesto que no. Por más formalismos que realicen y aunque publiquen la Resolución Viceministerial N° 000132-2022-VMPCIC/MC, el ministro Alejandro Salas debe entender que los escritores no confían en su cartera ni en su gestión. Mucho menos si recordamos que el ministro Salas fue abogado del investigado Martín Vizcarra y actualmente es defensor del presidente Pedro Castillo, quien ha sido sindicado como cabeza de una presunta organización criminal.

Para decirlo en palabras más simples, el Premio Nacional de Literatura, este año, apesta. El hedor de la corrupción del actual gobierno ya es insostenible. Pero aún así utilizan como instrumento al MINCUL para meter el verso y decirnos que estimulan la creación literaria y la producción editorial de nuestro país. Lo que el ministro Alejandro Salas en realidad estimula, es el blindaje a la corrupción. Se le advirtió en su momento con nombres y apellidos, pero jamás movió un dedo para cambiar la triste realidad que vive el MINCUL desde su creación.

No cabe duda que, este año, en este desprestigiado premio solo participarán escritores que con su silencio cómplice avalarán la asquerosa corrupción que brota día tras día en nuestro país. Un premio que carece del mínimo peso que, en otros países, posee un Premio Nacional de Literatura. El del Perú es simplemente un chiste.

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Cultura

Poesía desmesurada: La verdad oculta de un poeta de La Libertad

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Por Bernardo Rafael Álvarez

El 2015 sacó a la luz un poemario que hoy, siete años después, vuelve a aparecer, pero -¡oh, sorpresa!- lo hace poniendo de manifiesto algo inesperado: el crecimiento físico del libro y, curiosamente, la reducción nominal de su título. Lo aparecido entonces era, ya, un trabajo de largo aliento: más de doscientas páginas de una poesía desbordada y, digamos, desmesurada. Es que su autor es eso, pues: un poeta también desmesurado; no es un escritor de medias tintas, sino, en gran medida, del atrevimiento total. Se atreve en el ejercicio del periodismo, en el ejercicio de la crítica y el análisis político y -¡cómo no!- se atreve, también, en la poesía. Y es sincero. Ah, y otra cosa: no está a la caza del aplauso, de la alabanza fácil; le interesa un comino ser complaciente y que lo sean con él; y tampoco tranza con aquello que se conoce como lo “políticamente correcto” y, antes que a las pasiones, simpatías o antipatías, prefiere darle oportunidad a la razón, a la inteligencia, aunque ello pueda generar urticaria en algunos fanáticos del lado izquierdo o el lado derecho del río “ideológico” (y hace bien). 

El libro de que hablo, repito, ha vuelto a aparecer, pero ahora es un volumen de doscientas cuarenta páginas. Se había titulado inicialmente Metafísica del precipicio, y hoy su nombre es una sola palabra: Metafísica. Como dije al principio, esta reducción tiene carácter nominal, solamente nominal; porque conceptualmente la situación es distinta. La expresión “Metafísica del precipicio” tiene una connotación que yo calificaría como restringida, porque carece de la significación ilimitada e inmaterial que normalmente se le atribuye a este vocablo en sí mismo: su vinculación con el concepto “precipicio” nos trae, más bien, la imagen material del abismo de un acantilado, la altura vertiginosa de un puente de suicidas o acaso el riesgo de perder el equilibrio en lo más alto de un edificio citadino. En cambio, la conversión del título en una sola palabra, “Metafísica”, nos lleva más allá del confín de nuestro universo palpable; como adjetivo –lo sabemos- hace referencia a lo oscuro y difícil de comprender y, por otro lado, tiene que ver –como lo dice el Diccionario- con aquella “parte de la filosofía que trata del ser en cuanto tal, y de sus propiedades, principios y causas primeras” (¡cosa difícil, caracho!, al menos para mí). El empleo de una sola palabra como título, además, nos ofrece una certeza; nos hace saber que no es, ni tiene que ser, el mayor número de palabras lo que agiganta la idea o concepto: una sola puede ser más que suficiente: he allí lo maravilloso del lenguaje, lo excelso de la poesía. 

Dije que nuestro autor –el autor del que estoy hablando- no solo es desmesurado como poeta. Cierto. Lo es, también -ya lo insinué- , como periodista y como crítico. Les cuento. Hace poco (en noviembre del 2021) entregó a los lectores una -¡otra vez!- voluminosa producción bibliográfica de artículos, contenidos nada menos que ¡en 1192 páginas!: textos a través de los cuales reflexiona puntual y puntillosamente acerca de distintos aspectos de la política y la cultura peruanas, enmarcándolos en el escenario histórico de los doscientos años de vida republicana de nuestra nación; el título de este libro es, precisamente, 200 imágenes críticas del Perú ante el Bicentenario -La Verdad Oculta. No le rinde pleitesía a los versos de arte menor, pues, ni a nada que se les parezca. 

Tampoco le rinde culto a la hipocresía de los escrúpulos; y, vuelvo a decirlo, se atreve, porque sabe y está convencido que la única ideología y el único territorio legítimo e inalienable del escritor, del poeta, es la libertad. 

¿De quién estoy hablando? Pues, creo que ya hasta parece obvio: hablo de un poeta de La Libertad; quiero decir, nacido en aquel departamento (o, como se le dice ahora, región) donde también nació el más grande hacedor de poesía peruano de todos los tiempos, el pico más elevado de la poesía en lengua española: el inmenso César Vallejo (aunque esto que digo, al autor de “Metafísica”, probablemente no le guste; pero -caballero nomás- tengo que decirlo porque también soy libre de hacerlo). Estoy refiriéndome (claro, sin duda ya muchos lo adivinaron y sé que otros desde el principio ya lo sabían) de Percy Vilchez Salvatierra poeta y periodista trujillano que, además, y “para remate de males”, también como yo, es abogado. 

Percy y yo hemos conversado en diferentes ocasiones y, les confieso, no siempre nuestras opiniones, respecto a distintos tópicos, han llegado a coincidir, pero cuando ocurría lo contrario sentíamos una alegría extraordinaria y asumíamos el convencimiento de que la amistad se consolidaba más, precisamente por eso: porque el hecho de ser amigos no tiene que obligarnos a caminar en el mismo sentido. Pero en lo que no hay, de ningún modo, desacuerdos ni desavenencias, es en el cariño por Trujillo, ciudad en la que no nací pero siento como mía, porque allí viví un año maravilloso, cuando cursaba el quinto de secundaria en el inolvidable colegio San Juan. 

Bien. A pesar de los ya comentados títulos (de la primera y la segunda publicación poética de Percy), debo decir que yo no encuentro precipicios ni menos, naturalmente, “caídas hondas de los cristos del alma” (y porque lo conozco, sé que es lo que menos podría encontrar en la poesía de Percy). Tampoco se trata de una poesía que nos lleve o quiera llevarnos a lo “etéreo”. Es poesía de aquí y de ahora. ¿Algo de metafísica? Quizás esto, que encontramos en el poema “Tríptico del vacío”: “La poesía es un misterio, una gracia y un don. (…) Es metafísica. Es casi un renunciamiento a la vanidad. La mejor poesía es la que parece ser dictada levemente por el viento. Esto es terrible para el ego. Poesía ¡Vete al infierno!”. Como vemos, no le rinde culto, ni muchos menos vasallaje, ni siquiera a la poesía y por ello puede arrogarse la libertaria licencia de mandarla al mismísimo infierno. Metafísica del desenfado y, vuelvo a decirlo, de la libertad. 

Pero, ¿qué es la poesía para Percy Vilchez Salvatierra? Es, creo, tantas cosas y nada. Esto, por ejemplo, que dice acerca del amor (en el poema justamente titulado “Breve estudio sobre el amor”) es muy expresivo y merece ser tomado en cuenta, porque –niéguenlo, a ver- nos atañe a muchos: “El amor es que la decencia abarque también a los poetas”. Es el reconocimiento nada metafísico de que los poetas no son los seres alados a los que aludía, no sé si en serio o en broma, el gran Sócrates (“porque el poeta es un ser alado, ligero y sagrado, incapaz de producir mientras el entusiasmo no le arrastra y le hace salir de sí mismo”: Ion o de la poesía). El poeta solo es un hacedor (lo he dicho repetidamente), como lo son un artesano, un panadero, un tejedor; y los poemas no son sino el producto de su trabajo, son su hechura. Que haya nobleza en un poema, es cierto, pero no es lo único ni lo esencial del poema; lo grotesco también puede ser su expresión. Percy propone, en medio de todo y a pesar del furibundo y violento rechazo a que aludí antes (“Poesía ¡Vete al demonio!”), una suerte de “pacto” de paz y nos dice con algo de delicadeza y “decencia” que la poesía “es ver el mundo, el riesgo y no temer al silencio ni a la nada cuando esta se extiende mientras uno escribe incesantes columnas de viento sobre el orbe”; es, lo dice enfáticamente, “atravesar el telón que el misterio ha dispuesto sobre las únicas frases dignas de escribirse, las frases reales”. Eso: las frases reales. La poesía es, sobre todo, verdad, frases reales. Y es verdad lo dicho en un par de contundentes versos que forman un solo poema (“Ruinas”): que aquel bello monumento -maravilla del mundo antiguo- el templo griego consagrado a Palas Atenea, la diosa de la guerra, es visto como un meadero por las miradas perversas de estos tiempos (“El Partenón es un mingitorio público. / Las bestias amojonan sus escombros”).

Y es verdad, también, esto que me conmueve, y son las primeras palabras de un poemas probablemente escrito mientras contemplaba las olas del mar de Huanchaco, en Trujillo: “En una vieja canción chimú se dice que ir a la guerra es hollar en nuestra propia carne el despojo de nuestros peores sueños y despertar ante el rostro sin ojos del último de los dioses del abismo…” (Visiones frente al mar de Huanchaco”). Sí, pues, eso es la guerra; es dañarnos a nosotros mismos.

Pero, créanlo o no, los poetas están, y sobre todo su poesía, para protegernos de estos daños aunque terminen dañándose. Mario Santiago Papasquiaro, poeta mexicano, creador primero de Zarazo y luego del Movimiento Infrarrealista, allá por los setentas, fue uno de ellos (conservo una bella y entrañable carta que me envió en abril de 1974). Aludiendo a Patti Smith, Percy Vilchez afirma en un poema, cuyo título es el nombre de la muy admirada cantante y poeta norteamericana, que “Mario Santiago estaba enamorado de ella / y mil palomas y zapatos curtían su agonía colgando de su rostro”; y culmina con esta rotunda e incontestable frase, que es un muy merecido homenaje: “Mario Santiago era de la puta madre”.  

Debo confesar para dar término a estas pobres palabras, que yo había creído que la poesía de Percy Vilchez Salvatierra solo estaba marcada por la rudeza. Pero no. También hay ternura. Lean esto que está dicho en el poema final del libro: “… cuando te conocí, estabas dormida / y al cargarte, la primera vez, / hiciste crecer en mis ojos una luz tan mansa / y tan poderosa que hizo y hace renacer mi corazón…”. ¿A quién creen que le habla? ¡A Doménica, su pequeña y linda hija! Esta es una verdad definitiva: cuando hay hijos, no hay precipicio que valga. Son una bendición. (El título del poema es de una simplicidad conmovedora: “Viendo a mi hija en un jardín una semana antes de su primer cumpleaños”).

¡Bien, Percy! Te abrazo.

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Cultura

Los hijos del Hastío

Lee la columna de Hans Herrera Núñez.

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Él es un periodista de la PUCP que tuvo que migrar a Europa. Ella es una comunicadora de la Universidad de Lima que un día renunció a la seguridad de su trabajo. Comparten dos cosas: la búsqueda de horizontes y ser escritores. Hermanos de Antología, Jonathan Diez y Pilar Fonseca son las nuevas voces de la narrativa que surgen entre los campos de Luxemburgo y las calles agrietadas de Lima. Su vocación es clara: están inconformes con lo que leen.

En los últimos días del año 2020, el peor año para hacer negocios, uno de los pocos proyectos literarios que vió la luz fue Hastío (Editorial Zumbayllu, un brazo de CampoLetrado editores). Está rara antología reunía a 20 autores (10 hombres, 10 mujeres) de seis países (Bulgaria, EE.UU., Finlandia, etc.), autores que iban entre los 19 años y los 56. Autores que ya venían publicando, como Yero Chuquicaña o Juan Carlos Cortázar, pero sobre todo fue espacio para la aparición de inéditos como es el caso de Jonathan y Pilar.

Un poco más de un año después, y con muchas ganas, Pilar y Jonathan reaparecen con la publicación de sus respectivos libros, los cuales tienen algo en común: sus portadas apuestan por el arte. La internacionalmente reconocida Paola Denegri es la artista detrás de la gran portada de Comida de gusanos, la novela de Jonathan Diez, mientras que por su parte es Miguel Det, la leyenda del dibujo y la ilustración peruana, cuyo trabajo luce en la portada de Inventario , el libro de relatos de Pilar Fonseca. Ambos autores acaban de publicar en el mes de abril de este año. Sobre ellos hay muchas cosas que decir y otras que callar.

Pilar Fonseca: la Babyrocket

Un escritor no es lo que escribe, es sobre todo lo que vive. La última de cinco hijas de una familia de clase media limeña es una inconforme, es comunicadora y trabajó tanto en el sector privado como el público. Amiga de Oswaldo Reynoso, a quien frecuentaba en los almuerzos que organizaba este en su casa, comenzó a desarrollar una inquietud hacia la realidad social y el papel de la escritura en la vida. Lectora inconforme, buscó en la obra de poetas como Pedro Salinas o Cesar Vallejo y el mismo Oswaldo los referentes para su propia escritura. Un buen día renunció a su trabajo de oficinista. Poco después apareció escribiendo en el blog El idioma de los dioses sobre música, mientras que al mismo tiempo se volvía la redactora de arte y teatro de la revista En Lima Agenda Cultural, una revista fundada por el español Javier Gragera.

Pilar Fonseca.

Desde su trinchera de periodista cultural, Pilar, quien ya era una asidua visitante de las exposiciones de arte, empezó a explorar a través de entrevistas, reseñas y notas las nuevas tendencias así como el estancamiento de mucho del arte peruano contemporáneo. Insatisfecha con la mediocridad de mucha de la pintura, ha reivindicado en su trabajo como periodista la obra de artistas como el polémico Herbert Rodríguez, o su cuasi descubrimiento, el de la obra de Venuca Evaran, antes de su despegue comercial y cuando en Lima casi nadie escribía sobre ella; así como también su fijación por la obra de colectivos artísticos más enfocados a la memoria histórica como es el Grupo Gallinazo.  Sobre memoria histórica, Pilar enfocó mucha de su mirada en la divulgación de obras, especialmente de teatro que pusieran su vista en los episodios más incómodos de nuestra historia reciente.

Esto último no es gratuito, Pilar además de entrevistar a pintores como José Tola, Gerardo Chávez también entrevistó a cantantes que rozan el activismo en el Hip Hop como Crudas Cubensi a la par que entrevistaba a curadores como Agustín Pérez Rubio, uno de los curadores más importantes internacionalmente. Pero eso no es todo, Pilar era una frecuente cara en las marchas. Marchas contra la ley Pulpín, contra la Repartija, o las marchas contra Merino. No ha temido encarar por su actitud violenta hacia los manifestantes a la misma policía en su cara apuntándoles con la cámara en plena manifestación con gas lacrimógeno. En la película documental de Gabriel Zamalloa, Prometheus Unchained de 2017 (https://youtu.be/awdl2RFD7PE ) vemos a Pilar como una peatón nocturna de la Lima más visceral mientras asiste a marchas tuteladas por la policía.

El resultado de esa trayectoria es Inventario su libro de relatos,  una exploración del deseo, el amor desrromantizado y la maldad del corazón humano. De Pilar se puede decir una cosa más, que es una escritora sin prisas, pero que pisa fuerte.

Jonathan Diez: una navaja en el paladar

Jonathan creció en el Callao, hincha de la Alianza, se dedicó desde temprano al periodismo en la revista Quehacer. Pero además tenía clara una vocación, escribir. Amante de la pintura y los profundos recovecos de la psicología humana comenzó a profundizar en la cruel condición humana en relatos que mantenía inéditos bajo su cama. Un buen día decidió largarse cerrando de un portazo su vida anterior. De camarero en un oscuro restaurante de comida peruana perdido en algún cantón germanoparlante en Suiza pasó a una semiestable condición de profesor de español y alemán en un colegio en Luxemburgo. Entre el tedio y la angustia profundizó en sus lecturas. Siempre Vallejo, luego Baudelaire y toda la colección de Anagrama que coleccionaba como figuritas de álbum de fútbol. Amante de la literatura de Peter Handke y la buena crónica, bolañero de corazón que mataba sus noches boreales viendo las entrevistas a Roberto Bolaño, un día se lanzó a escribir su primera novela, Comida de gusanos. Una inquietante historia sobre la vocación de pintor y los límites de la cordura en un pueblo, El silencio, perdido en lo recóndito de los Pirineos franceses.

Jonathan Diez.

Fiel amante del rock pesado y el metal, Jonathan tiene un aire de piraña y niño tierno que encontró en la literatura una salida o una excusa para vivir en profundidad, con los golpes certeros de un baterista. Su escritura es precisamente eso: golpes de baqueta en la batería, fuertes, contundentes por con una extraña ternura que va pintando un paisaje envolvente que no puede ser explicado, solo puede ser vivido.

Jonathan ha participado en bandas de rock en Perú (Los Bestia: https://youtu.be/zWSh_bXxuFw ) y en Luxemburgo (Weankonstruktion). Cuando no da clases o no pases a su perro Sauron, Jonathan está siempre tramando algo. Cómo un piraña apunto de arranchar una bolsa, le arranchar al tiempo las palabras y la música para su próxima novela en proceso de escritura. Porque Jonathan no duerme, los escritores no conocen más sueño que el de los que escriben entre uno y otro. Porque el Aburrimiento engendra monstruos, esperanzas y futuros que aguardan a la vuelta de una esquina de Pueblo Libre o al otro lado de un árbol en Luxemburgo bajo la sombra de una torre de alta tensión. A ambos escritores les deseo desde aquí el mejor destino a sus obras que son el oasis con que enfrentar este enorme desierto de aburrimiento.

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Cultura

Casalit: Ya viene el día

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Repaso la frase y me digo, ¿cómo pudo componer este verso plegaria, el poeta César Abraham  Vallejo Mendoza, el hombre que recibiera injusta prisión de 112 días en la cárcel de Trujillo, acusado de hechos delictuosos? Seguramente por su admirable fe, por ese espíritu místico y religioso que se descubre en sus versos. El poeta, nacido en Santiago de Chuco de 1892, purgó injusta cárcel que como describe fue “el momento más grave de su vida” a partir del 6 de noviembre de 1920 hasta el 26 de marzo de 1921. Tenía solo 28 años.

Al año siguiente, 1922 edita “Trilce,” un poemario  que desestructura el lenguaje, lo innova y lo hace universal, pues para el vate el único medio que tiene el hombre para ser auténticamente libre, es este, el lenguaje. Y por medio de ese lenguaje manifiesta el dolor que habría de sentir el resto de su corta vida: “En la celda, en lo sólido, también se encuentran los rincones” (LVIII).Pero es en “Escalas” (1923)  donde manifiesta su mayor desolación nacida de esta abrumadora experiencia.

Estos hechos y la orfandad (su madre ya había fallecido) lo decidieron a irse del Perú para siempre. Parte desde la dársena del Callao el 17 de junio de 1923, en el barco “Oroya” y llega a Marsella el 14 de julio, fecha del aniversario de la Revolución Francesa. A partir de entonces, sus trabajos, nostalgias, amores, amistades, el inmenso dolor que le causó la guerra civil española, son ya otra historia.

Portada_Rusia en 1931

LA CASLIT HA VUELTO

La Casa de la Literatura ha reabierto sus puertas y lo hace con una primera exposición temporal  que se inaugura el 26 de mayo a las 7 de la noche. La misma se titula “YA VIENE EL DIA. CÉSAR VALLEJO, EL FERVOR Y LA PALABRA”  y se podrá visitar hasta el mes de noviembre en su local de la antigua estación de Desamparados, centro histórico de Lima.

El título de esta muestra ha sido tomado del poema “Los desgraciados”, que forman parte de sus “Poemas Humanos” (1939). Vallejo  cambia el verso “Va a venir el día” por “ya viene el día”. La curaduría está a cargo de la experimentada especialista Yaneth Sucasaca, responsable de anteriores exhibiciones.

Ya viene el día, está dividido en tres secciones: “Jamás tan cerca arremetió tan lejos”, que nos presenta a un Vallejo migrante, nostálgico, descubridor de los avances tecnológicos de la post guerra, su interés por el cine, su gran preocupación por la alienación del hombre moderno.

La segunda, “Quiero decir muchísimo y me atollo” indaga en “Trilce”, libro de gran importancia en nuestra historia literaria, allí que muestra la angustia por decir a toda voz lo que siente, lo que vive, pero la palabra le resulta escasa.

Rafael Alberti, Georgette Philipart y César Vallejo. Madrid, 1931. Fuente César Vallejo. Iconografía (APL, Lima, 2017)

La tercera: “Abisa a todos los compañeros pronto”, sintetiza su espíritu político y social, la rabia por las desigualdades, el dolor impotente por la indiferencia, por esa España que se desangra  y que le hace exclamar: “España aparta de mí, este cáliz”.

Como complemento, atraviesan a la sala estructuras metálicas y tiras de papel con  poemas de Vallejo. La realización de los papeles estuvo a cargo de la artista visual Liliana Melchor Agüero. La instalación sonora con lectura de versos vallejianos por doce personas, ha sido realizado por el especialista en sonido José Málaga.

Lima Gris, conversó con la curadora Yaneth Sucasaca, para que nos diera mayores alcances de esta exposición.

¿Qué criterios se tomaron en cuenta para titular de esta manera la muestra sobre Vallejo? ¿Se realiza  por un aniversario más de su fallecimiento?

Bueno, este año se cumplen 100 años de la publicación de “Trilce”, sin duda es una fecha significativa. Por eso surgieron distintas iniciativas para conmemorar o volver a acercarnos a la obra de Vallejo. Y claro, nosotros también nos sumamos a este ímpetu. Pero, la exposición para nosotros obedece también a otros motivos. Algo que nos parecía fundamental, es la pertinencia de la voz de Vallejo hoy.

En el caso del título. “Ya viene el día” es el inicio del verso final del poema “Los desgraciados”. En la investigación nos llamó la atención como al final de este poema, el anuncio de un nuevo día que siempre es planteado como una posibilidad “Ya va a venir el día, ponte el alma”, de pronto adquiere un nuevo tono. La latencia se transforma en una realidad “Ya viene el día”. Además, revisando los manuscritos y mecanografiados de este poema notamos que en las versiones iniciales el poema culminaba con el anuncio de un día por venir, pero que luego el mismo tachaba este texto y lo corregía, remarcando la afirmación. Para nosotros este y otros gestos en la escritura de Vallejo fueron fundamentales para remarcar en él su sentido afirmativo ante la vida, su apuesta por la esperanza, la fraternidad.

Los poemas de César Vallejo, especialmente los de TRILCE, en donde rompe con todas las reglas del lenguaje, podrían considerarse como creaciones del undergrounds o una nueva propuesta para liberar al lenguaje y darle más fuerza?

Una apuesta central en la obra de Vallejo es efectivamente la búsqueda de libertad y esto claramente atraviesa su escritura. Es allí que el lenguaje se revela insuficiente para expresar la incertidumbre o la angustia. Creo que el modo en que se relaciona con las palabras, esa tensión que observamos en sus poemas y que además tiene que ver con cómo se apoya en la oralidad, o la invención de palabras, o incluso la inserción de términos insólitos, obedecen  entre otras cosas a un querer liberarse. Y es significativo porque de algún modo en su poesía encontramos una realidad desencajada y descoyuntada que encuentra valor en lo emocional, lo impar, lo carente, aquello contrario al orden impuesto.

Julio C. Gamboa, Abraham Valdelomar y César Vallejo en la avenida Costanera. Fuente César Vallejo. Iconografía (APL, Lima, 2017)

A más de 70 años de su desaparición física; ¿cómo se puede calificar su vigencia internacional y  el ser tomado como referente aún en las nuevas generaciones?

Considero que la vigencia de su voz es indiscutible, creo que esto tiene que ver fundamentalmente con esa atención que él tiene a lo humano, pero también con que es una voz que siempre nos sorprende. Por ejemplo, en la investigación notamos la atención que él tiene a la ciencia, a los avances tecnológicos, a como esto transformaba percepciones básicas de la vida y de allí nació el libro “Del siglo al minuto. Crónicas sobre máquinas y ciencia”. Sin duda, estas crónicas resultan sumamente  pertinentes para el hoy. Y seguramente si seguimos investigando aparecerán más cosas, creo que es un autor que no se estancó en un solo tema, estaba mirando todo, preguntándose por todo siempre y esta misma actitud me parece lo hace hoy tan actual.

¿Existe un sólo Vallejo o varios? porque los autores que se ocupan del gran poeta santiagueño, recogen diversos aspectos de su vida y creatividad, pero creo que la mejor ha sido la extraordinaria edición que realizó Milla Batres por los años 70 pues abarca todos los caminos que siguió y escogió. ¿Se debería seguir ese ejemplo para presentarlo como una totalidad?

Creo que todos conocemos un Vallejo y hay que aceptar ello como algo enriquecedor. El que investigadores de distintas disciplinas se ocupen de su obra siempre va a ser importante, puesto esto precisamente nos revela distintas facetas de este autor. Lo que sí me parece importante es que estos acercamientos se hagan de manera responsable, sin desconectarlo de su contexto, de sus inquietudes permanentes y para esto sí me parece importante tener en cuenta sus distintas facetas.

¿Se recogieron criterios de especialistas nacionales y/o internacionales para la realización de esta muestra?

Si. Junto con Rodrigo Vera, Mariana Rodríguez, Diana Amaya y yo conversamos con investigadores peruanos e internacionales, los convocamos para contarles nuestros avances, plantearles nuestras miradas y ellos fueron comentando y compartiendo también sus propios hallazgos. Me parece importante, porque en todo momento se mostraron muy receptivos con la propuesta y de todas maneras la curaduría se alimentó de estas conversaciones.

¿La CASLIT seguirá por este derrotero? paralelamente a esta muestra, ¿qué otras exposiciones ha programado?

Claro que sí. Esta exposición estará hasta el mes de noviembre. En estos meses vienen varias actividades en torno a ella: talleres, conversatorios y publicaciones. Ahora en junio tendremos una mesa de diálogo y una jornada de impresión tipográfica en la que conversaremos sobre el proceso de producción de Trilce. Este  año nos enfocaremos en acercar las distintas facetas de Vallejo y compartir la investigación que realizamos.

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Cultura

Poemas de Cromwell Castillo Cabrejos

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Cromwell Castillo es un poeta, artista plástico y diseñador gráfico, motupano de armas tomar y en estado permanente de trabajo. Siempre habla claro y potente. Por ejemplo, dice que “los malos poemas nacen de los chantajes y los falsos estremecimientos del autor para consigo mismo y para con su obra” y que, en poesía, existe el verdadero poeta y el pendejo; el primero es el honesto que batalla contra los molinos de viento y las modas y demás líneas de fuerza que arrastran a horneadas de poetas al barranco de la mediocridad y la repetición ad infinitum. Y el pendejo es el que se respalda con las argollas, el amiguismo, los letratenientes y la “alcahuetería literaria”, casi siempre carecen de talento y buscan el grupo o la mancha para avanzar en masa y copar los espacios culturales y obtener alguna aprobación retiniana o una palmada de hombro dentro del esplín de bardos viejos o culturosos que, como ciertos parásitos, buscan vivir en otro cuerpo.

Los poemas que compartimos aquí pertenecen al libro “Círculo de fuego”.

ARTE P(R)O(F)ÉTICA

El lenguaje es un puente

por el que la palabra cruza, desafiante, todas las fronteras.

Armazón articulado de espectros.

Nudo espléndido que evoca los orígenes del reino.

Si digo ‘esta voz es mía’, no es mi voz,

es el reflujo de la insuficiencia

que nos llama deseoso

desde la sombra de un aire primigenio.

Ni siquiera el presentimiento aborda

este halo espeso que asoma su caudal ardiente.

La voluntad es un accidente del deseo.

vocación de no-ser / torre suprema de la incertidumbre.

Escritura: tesoro perdurable.

Te ofrezco aquí toda mi desgracia,

universal como las revelaciones.

Escribir es asir el silencio y echarlo andar.

Escribir es sostener el pensamiento con la voz.

Escribir es domesticar el instinto ─pensamiento impensado─.

¿Te has preguntado a dónde va el rumor

que agita la puerta inefable de este sueño milenario?

El lenguaje de las pesadillas

es el infame pasadizo de las pesadillas de la realidad.

LA NUEVA CASTA DE ABRAHAM

No es momento de forzar rutas cómplices.

Abrasemos la memoria

evocando a nuestros muertos

con su heredad perdurable

de batallas inconclusas.

Cerremos filas al silencio:

infraterna y vieja costra de las componendas.

(32) Oremos. Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia al Señor.

(33) La esperanza aguarda en catedrales

donde rigen estremecimientos vanos:

Sumidos en una fe desfigurada,

las iglesias bendicen cadáveres

en nombre de la guerra y la mentira,

y sus ministros nos obligan a hundirnos el llanto

enarbolando insólitas rectificaciones.

Luego sobrevendrá el clamor universal:

Bienaventurados los que siguen el nuevo orden

de las constelaciones:

lluvia invisible / triángulo de fuego / la fe ahogará Europa

(primero será Europa: dos mil veintidós ─más uno─,

la era del aire)

Armazón de Barro Ungido / Dios Arde en una Bienaventuranza Incierta:

Casta creciente de Abraham en Latinoamérica.

No hay Verdad en lo que solo encierra dolor y remordimientos:

el mismo éxodo / la misma fatiga / el mismo origen de las rectificaciones

Animales salvajes serán soltados en el lugar del Edén:

Bienaventurados los hijos de la gran unificación tripartita.

No te acerques a la ciudad devastada por el aire,

de ella nacen ríos que erigieron su caudal en nombre de la muerte.

La Casa ha sido restaurada.

Levanta los ojos al cielo y mira:

estamos perdidos en una vastedad insignificante

de promesas celestes.

ASUNTO CRIMINAL

Con Herica, desde uno de los acantilados

de Puerto Eten; a propósito del ecocidio

de Repsol en el Perú.

I

En este mar solo cabe la memoria

de una música hegemónica que golpea nuestro cráneo

insistentemente

como una balada hostil, una compulsión

asombrosa de rumores

donde reina la incuria y la muerte.

Ah, las raíces de la infancia

que el mar sacude raudamente

convirtiéndolas en espuma:

quisiera tener la certeza

que este mar no existe

y que la ciudad devorada por el agua

es solo el inútil espejismo del olvido.

Pero no, el dolor arrecia con ardua marea negra,

y yo desde la cresta de este acantilado

veo olas tenebrosas descarnando peces y nutrias.

¿De dónde viene el fuerte oleaje

que ha deshecho los pilares de la Tierra?

El mar resuena en mi interior

donde una caracola anuncia los presagios de los puertos:

no hay nadie en los navíos, solo la tempestad

mece el corazón herido de las aguas.

Ha llegado el tiempo de la ceniza.

En un vasto cementerio de rocas húmedas,

oigo la voz del gentío arrastrando el cadáver del último verano.

Todo ha sido consumido por la niebla,

y la mentira galopante del Viejo Mundo

es silencio / espada / lesión:

Prometido infierno / fruto perdurable.

La historia es un puñado de escombros

que canta una alegoría al viento amordazado

de nuestras costas:

caravana de aves picoteando en las playas

la noble mansedumbre de sus alas rotas.

El mar es triste en su saqueada fecundidad,

como el suelo donde aguardan los albores de la guerra.

Nada ofrendarán sus aguas

que mueren

lentamente

bajo el cielo estrellado

de enero.

2022:

¿Oda a la sangre / Oda a la traición / Oda a la locura?

Revelaciones duermen y se orillan al roído murallón de piedra.

Estampida de bestias lascivas copulan en la negritud ascendente de la arena.

Polución sanguinaria / carnicería oscilante / región abatida.

Solo cuerpos fatigados pendiendo del horizonte abarcan este mar amado,

O es el sol abrasante que sujeta la indecible fragancia de lo incierto?

Luego sobrevendrán las tribulaciones:

reminiscencias de frágiles ciudades

desplomándose

al otro lado de la marea.

Todo está perdido.

II

La invisible danza de mis redes

devorada por las profundidades,

no logra descifrar el agua:

nada nos ha ofrendado el mar.

Leves augurios nos atan

al llamado impuro de tu voz, ¡oh, reino del crepúsculo!,

y apenas si el silencio sabe acariciarnos la memoria.

─¿Acaso desoímos el rumor vibrante de las preguntas

que encallan sobre esta orilla

ornamentada de aleteos moribundos

y negras constelaciones?─

He vuelto a mirar la extensa muralla de agua

y algo delata el inútil pretexto

de lo que somos:

el abismo seduce

y nos asoma a una estación pétrea

vigilada por peces abisales

y sombras inalcanzables.

Es el mar o la azulada versión de la muerte,

esa otra red imperiosa que lanzan los dioses

arrastrando nuestros ojos

a un viaje largo

a través de la noche.

He visto mi reflejo sobre sus aguas

presumiendo la esperanza de los náufragos

de corazón incurable / oscilantes

entre el volver o quedarse a fundar la niebla.

Inusitado reino de las transfiguraciones,

donde el viento es el soplido ruin

de bestias invisibles que atraviesan las ventanas de los puertos:

Verano galopante / hedor inmóvil

Tiránica armazón de fuego

que desliza su furia en el lomo de las aguas

y engendra animales fatigados

y mórbidos.

¿Quién clava sus agujas en este ambiguo

jardín de incertidumbres?

Lanzo las redes

al anchuroso ojo de agua

            una y otra vez

            una y otra vez

            una y tantas veces

y solo atrapo una pregunta irredimible:

¿Por qué nuestras plegarias ya no se oyen?

─¿A dónde va el canto constelado que mi alma escupe

al cielo abominable de las postrimerías? ─

Aves milenarias surcan el horizonte

colisionando su pico

contra un paisaje de cadáveres

que esperan el gesto entrañable del aire.

¿Qué es una lágrima sino un deseoso aleteo nocturno?

Una lágrima caída al mar

es el mar devorando las profundidades

de los hombres.

Es el mar recuperando sus raíces.

III

La patria de mis ojos es el mar,

y tú una barca balanceándose,

discreta,

en sus profundidades.

Vocación impura

y babilónica la del lenguaje:

Hacer fluir el poema

en medio de un mar

repleto de inmundicias.

CROMWELL CASTILLO CABREJOS

Poeta y artista plástico peruano. Exmiembro fundador del Grupo Literario Signos y autor de “Agua” y “Transfiguración o el sonido” —libros incluidos en “Signos” (Chiclayo, 2007)—, “¿Dónde acaso es camino?” —incluido en “Demolición de los reinos” (Lima, 2010)—, “Estética de las revelaciones” (Arequipa, 2011), y el plaquette “Fuego” (Arica, 2010). Forma parte de “Cuervo Iluminado”, Colección de Nueva Poesía Peruana (Lima, 2010); “Rito verbal”, Muestra de Poesía Peruana 2000 – 2010 (Lima, 2011); “Me Usa”, Brevísima Antología Arbitraria Perú – Uruguay (Perú, Venezuela, Chile, 2012) y “Circo de pulgas”, Antología de la minificción peruana (Lima, 2012).

Trabajos suyos han sido publicados en revistas impresas y virtuales de Perú y el extranjero.

Es director de Semanario del Norte, primer periódico virtual de la Macroregión. Tiene inéditos los libros “La cabeza del Minotauro” y “Círculo de fuego”.

CONTACTO:

Móvil: +51 (074)942959742

E-mail: cromwellcastillo81@gmail.com

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