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Cultura

Alfredo Alcalde e Ivette Taboada: un vals para dos

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Él era un pintor metafísico, ella una joven investigadora de la realidad a través del arte. En 1980 Bellas Artes era una ebullición de talento en medio de la miseria, la violencia y los atentados, sin embargo los buscadores de la belleza se abrían paso por entre una ciudad abarrotada de ambulantes con un fondo de música chicha, mientras estos dos jóvenes pintores leían a poetas turcos, iban a la búsqueda de un maestro caído en desgracia por calumnias entretanto conocían a otro gran maestro, Víctor Humareda, que les mostraba sus pinturas con una vela. La presente historia no es una pobre historia de éxito, o una crónica salvaje del mundo de los pintores, es una historia de dos vidas que se trenzan en un único compromiso: el arte. Una historia de amor al arte que cuarenta años después sigue tan joven como en 1980.

En una casa en el recóndito distrito de Magdalena del Mar, desde donde se ve la cúpula de la basílica más hermosa de Lima, viven dos pintores. En su casa no se sabe si hay más pinturas que plantas y flores. Eso sí, domina un color: el verde. A lo largo de un pasillo con olor a primavera se suben unas gradas que dan al gran taller de pintura. El ambiente es oscuro y silencioso. Hay piezas de grandes dimensiones y muchos bocetos y esbozos de próximos trabajos. Un retrato de un Quijote en azul, con la barba flotante empujada por el viento.

A Alfredo Alcalde se le conoce internacionalmente, no hace mucho fue noticia en México entre otras cosas por ganar premios, reconocimientos, pero también porque en su casa en el DF entraron unos ladrones que lo único que se llevaron fueron sus cuadros. Que te roben tu pintura, Sancho, es señal de que avanzamos.

Alcalde en un breve descanso en su taller.

Pero no siempre fue así.

Alfredo: la búsqueda de la imagen

“Gran parte de mi producción al inicio tiene una armonía verde casi en su totalidad”. Precisamente su casa en el DF la eligió por eso en San Miguel, por el predominio del verde en su paisaje, su color favorito. Alfredo  nació en Chimbote, a dos cuadras del mar. A la edad de cuatro años la familia de Alfredo se desplaza a la campiña de la ciudad, una franja verde entre el mar y la arena del desierto. Entre campos de algodón, de frutales y sobre todo cerezas se desarrollará ese primer contacto, casi idílico, con la realidad. Una relación más hacia con el campo que con el mar o la ciudad. Pero será recién a los 9 años que nazca el pintor Alfredo, con el gran terremoto de 1970: “porque ahí recién desperté a ver el drama humano que estaba en primera fila”, cuenta Alfredo. De los escombros y muertes de aquella tarde, mientras temporalmente vivían en una casita armada de esteras forrado de papel periódico, el destino de la vocación se le revelará. “Es ahí donde veo las primeras obras de arte porque mi hermano era pintor y le gustaba pintar en las paredes paisajes con tigres. Fue él quién empezó a adornar las paredes de esa casita de esteras”. Cómo las pinturas rupestres la vida de pintor de Alfredo arrancaría entre ese imaginario que envolvía su vista al despertar y al irse a dormir durante aquellos recios días posteriores al terremoto. Así como admiraba la obra de su hermano también por esos tiempos empezó a admirar la obra de un amigo y vecino, Víctor Barrionuevo, quien pintaba réplicas de la Gioconda y La última cena, a quien Alfredo iba a mirar pintar.

Hijo de un arguediano y dirigente sindical (que ganó el primer puesto en un concurso de poesía en el norte del Perú) que no vio con malos ojos en su hijo la vocación de pintor, lo animó a acercarse a la alta cultura de la mano de buenas lecturas y la Enciclopedia de Oro, dónde Alfredo empezó a aproximarse a las grandes obras de arte de todos los tiempos. En palabras de la periodista Ruth Enciso: “el entorno que rodea forma el destino de un niño”. Y en efecto la presencia de un vecino pintor, un padre poeta, un hermano que pintaba tigres en las paredes o una abuela aprista (en el sentido revolucionario del nombre), solo podían apuntar a un único destino de ese niño. A medida que crecía empezaba a conocer a otros artistas de la región como Julio César Salamandra, un pintor surrealista que para Alfredo era “con él la mística del pintor se radicalizó porque para él la pintura era creación”. A partir de esta amistad y de otras amistades como el de un par de discípulos del pintor Azabache, Alfredo consolidará su vocación y se propondrá su primer viaje a Lima, rumbo a Bellas Artes.

Alfredo e Ivette, cuatro décadas unidos por el amor.

Después de un viaje de un día y en medio por carretera, en un camión que transportaba harina de pescado conducido por su tío, Alfredo llegó a Lima, o a las afueras de Lima. Desde una de las panamericanas Alfredo tomo su primer autobús rumbo a la Av. Abancay. El primer pie en Lima fue con desconfianza, recordaba lo que le había dicho todo el mundo cuando les contó que iría a Lima: ten cuidado, en Lima mucho roban, y cosas por el estilo. Su impresión felizmente no fue el de un robo sino el de estar en una gran ciudad. Después de desempacar sus cosas en la casa de un amigo en el Rímac, se fue directo a Bellas Artes, en pleno corazón de Barrios Altos, “y apenas entré a Bellas Artes me chupe. Yo creí que sabía algo pero comparado a los estudiantes yo era una nulidad, porque mi profesor surrealista y el otro tenían sin embargo sus limitaciones”. Pero no se amilanó. “Yo venía con la intención de conocer a Humareda”. Fue en sus tiempos de estudiante en la ESEP que Alfredo supo de Humareda gracias a un raro libro editado por un tal Juan Villacorta Paredes sobre pintores peruanos, “y ahí estaba dedicado cuatro páginas a Humareda, una dedicada a su biografía con su retrato en terno todo serio, y tres cuadros en blanco y negro: Las brujas, El tango y La muerte. Yo Vi ese libro y me dije, este un artista famoso. Yo venía de admirar la pintura figurativa de Goya, Velásquez, Van Gogh, y en ese libro Humareda hablaba de estos pintores”. Pero volvamos a Lima en 1980. En una pensión que compartía, Alfredo se dedicaba en las mañanas a estudiar en Bellas Artes mientras  el resto del día trabajaba para una librería haciendo reproducciones de Renoir. En las noches en la soledad de su pensión con vista a un callejón la mejor compañía eran los poemas de un poeta turco.

Ama la nube, la máquina y el libro

Pero ante todo, ama al hombre

Siente la tristeza

De la rama que se seca

Del animal inválido

Pero siente ante todo la tristeza del hombre.

Nazim Hikmet.

Ivette: la mujer que mira

-¿A qué has venido aquí?

-A estudiar derecho- le mintió su hija.

Ivette en 1980 era una chica que se había escapado de su casa en Huánuco para venir a Lima a estudiar pintura. Cuando su papá descubrió la verdad fue a su pensión para señoritas dónde le comunicaron que su hija no estaba en la universidad sino en Bellas Artes. “¿Bellas Artes?” Se preguntó incrédulo. Fue hasta allá de inmediato, no planeaba quedarse mucho tiempo en Lima, seguro le horrorizaba que su hija estuviese sola en una ciudad tan grande y ajena, es que en Lima mucho roban, y por Bellas Artes no escasean los pirañas. Allí la encontró, a su hija pintando feliz. Apenas reconoció a su padre, ella corrió a abrazarlo mientras se le caían las paletas y los pinceles de la mano.  Con sequedad él le dijo: “vine a verte como estás andando”. Una pausa seca para voltear a ver el lugar con desdén, definitivamente no le encontraba belleza. “Estás estudiando está porquería con todos estos mequetrefes” le espetó mientras miraba a sus compañeros de pelo largo y pantalones acampanados. “Tú sabes que yo amo la pintura” fue lo primero que le respondió firmemente su hija. “Siempre has hecho lo que te dió la gana. Eres muy caprichosa”. Mientras continuaban conversando padre e hija, se acercó un compañero de Ivette, un escultor con su mandil todo manchado de yeso, a saludarla. “Hola Ivette”, y ella le respondió el saludo con “hola Tiburón”. El papá impresionado le dijo a su hija: “¿Qué has dicho? ¿Para eso te hice estudiar? ¿Para hablar jerga? Y ese mequetrefe es tu amigo. Bien Ivette, o te regresas conmigo a Huánuco a estudiar cualquier cosa y te sigo manteniendo, o te quedas acá pero solo te mando para que sobrevivas y no te mando para tus estudios”. “Me quedo, y no me mandes para nada”, le respondió su hija. Y así empezó su destino de pintora.

Hans Herrera y Alfredo Alcalde en su taller.

“Ibamos mi amiga Keiko y yo por el centro de Lima a buscar a los poetas malditos, a los intelectuales”. Lima entonces era una ebullición. Además de pirañas si uno se descuidaba se encontraba con Ribeyro, Oswaldo Reynoso o algún famoso pintor.  ¿Y a ti y a tu amiga las gileaban? Le pregunto. “Algunos nos gileaban, pero entre mi amiga y yo repartíamos golpes” me responde entre risas. Keiko fue su primera amiga en Bellas Artes, una chica extraña que pasó de repartir volantes de ETA en el sur de Francia a estudiar pintura. Ivette por otro lado era una chica con consciencia política que se hacía muchas preguntas en una época en que no era seguro hacerlo. “Ivette vamos  pero no hables cojudeces, aburres a los chicos”, le reclamaba su amiga cuando salían los sábados. Ivette no tenía remedio, le gustaban los libros y la política. Entonces como ahora muy pocos comprendían ese extraño afán. Como estudiante inquieta que era en una época inquieta, Ivette quería saber más, no solo pintar con una técnica limpia sino también con un sentido limpio, honesto, saber que su arte era un surco como trinchera desde donde combatir para contribuir a los demás. Un día se le acerca al maestro Revolledo diciéndole: “maestro yo quiero que usted me enseñe la hermosura de los trazos. Quiero que me enseñe a pintar”. Revolledo entonces era una de las máximas autoridades en grabado y uno de los primeros pinceles del Perú. “Y él me queda mirando, y me pregunta ¿Quién es tu maestro? Pancho Izquierdo, le respondo, a lo que el maestro me dice: lleva todas sus enseñanzas pero no su amor europeo”.

En el techo de un taller Pancho Izquierdo le enseñaba a pintar a Ivette. A la sazón entonces Izquierdo estaba en romances con la amiga de Ivette, Keiko, que para evitar la oposición de sus tradicionales padres japoneses lo tenía escondido en el taller donde les enseñaba a pintar a Ivette y a Keiko a la luz de las velas cuando un atentado dejaba en apagón la ciudad. Más tarde en la noche iban a Palermo con apagón o sin apagón.  Eran  días sin plata ni para los cigarrillos. Vida de estudiante. En esas salidas a Palermo el maestro Izquierdo le comentaba a Ivette: “hay un gran pintor, se los voy a presentar”. Poco después en la escuela Pancho les presenta a Víctor Humareda.

Bellas Artes: un juego de abalorios

“Alfredo era un pintor muy callado”, es la primera impresión que Ivette tuvo de Alfredo, “pero bien dedicado. El mejor del salón. Llamaba la atención”. Un día en que Ivette que veía a sus compañeros que no iban a almorzar, su buen corazón le hizo repartir entre ellos el manicito y habitas que había comprado en la calle. En eso cuando ya no tenía nada más para comer, salvó una manzana roja, ve a Alfredo, pintando callado y pálido, entonces se dió cuenta que no le había convidado a él. “Que voy hacer, le di mi manzana”, me cuenta Ivette. Y Alfredo lo recibe con gratitud diciéndole: “que chica tan buena”. Quizás ese fue el primer diálogo que tuvieron en Bellas Artes. Mientras Alfredo estaba absorbido por lo espiritual, Ivette estaba preocupada en investigar, qué estaba pasando en el país, por qué el Perú estaba así, por qué había tanta pobreza y qué se podía hacer para cambiarlo.  Ivette leía a Lenin, al Che, a Nietzsche, a Allan Poe, a Vallejo, las cartas a Theo. En fin, era otra juventud. “Y encima sufríamos lo que leíamos, lo que vivíamos”, cuenta Ivette. Mientras ella leía a Lenin, Alfredo estaba más interesado por los Krishna. Más opuestos no podían ser. Fue a través de una especie de sacerdote socialista, un profesor de Bellas Artes en que los destinos de Ivette y Alfredo se trenzarían definitivamente. “El maestro Félix Rebolledo hablaba con tanto amor, quería tanto a la gente con su humanismo, que su salón se llenaba durante sus clases, había que escucharlo desde los pasillos o desde las ventanas agazapándonos solo para verlo hablar.” Rebolledo tiene el cariño de los alumnos, como quien dice del pueblo, pero no de los otros docentes y maestros en la institución, como quien dice del Poder. “Entonces cuando se postula para director de Bellas Artes es que lo calumnian de senderista”. Sorprende recordar que entonces era bien peligroso pensar en voz alta. Si hoy es fácil que acusen a un hombre de violador, ayer era más fácil ser acusado de terrorista o simpatizante de terrorismo. A pesar de su inocencia como Jean Valjean, Félix fue recluido en el Frontón. Eran años de plomo.

La familia Alcalde Taboada.

La política, las ideas, las vivencias, las cosas fuertes como las llama Ivette alimentaban el arte de esos años entre los estudiantes. “La pasión por el otro en Bellas Artes era muy fuerte entonces”, agrega Alfredo. Mientras que para algunos pintar a los campesinos bastaba para hacer del arte una pintura socialista, para otros se trataba de ir más allá: pintar un mar bravo era mejor metáfora, porque el Perú estaba así. “Un mar azul embravecido y una avecita roja volando, eso tenía un profundo sentido”, dice Ivette. “Entonces llegaban muchas voces, el simbolismo estaba muy fuerte” menciona Alfredo, quien añade, “en esa época había un poeta turco que nos alimentaba mucho la parte humana, Nazim Hikmet, que gracias a ediciones populares que sacó Pancho Izquierdo llegaron a oídos de los artistas. De manera que todas las artes se conjugaban en esas ansias de dignificación del ser humano”.

En un ambiente estudiantil inquieto, ansioso de buscar nuevos caminos y encontrar respuestas a un país ensangrentado, en un contexto peligroso, con presencia de policías infiltrados como estudiantes, en Alfredo comienza a operarse un acercamiento a los problemas concretos del Perú de los ochentas sin dejar de lado su profundidad espiritual. Es entonces cuando la relación de Ivette y Alfredo se ata definitivamente como un poema de Nazim Hikmet. “Cuando a nuestros maestro lo toman preso nos íbamos los dos a la cárcel a llevarle víveres”, cuenta Ivette, “pero el maestro descentralizada la poca comida que llegaba para sus compañeros de prisión. Al maestro lo movía un espíritu de comunidad”. Cómo Jesús, Rebolledo reparte la comida que le traen a sus compañeros. Como Jesús muere entre delincuentes siendo inocente. Faltando una semana para que salga se da la infame matanza del Frontón. Cómo Jesús resucita si no en la carne, si en quienes lo reivindican.

Lo máximo que se puede enseñar es a formar un ser humano. Se forma con palabras, pero sobre todo con el ejemplo. Rebolledo supo dar las dos cosas con generosidad.

Humareda: el oficio de pintor

“Un hombre muy inteligente, muy gracioso y muy sarcástico”, recuerda Ivette de la primera vez que lo conoció. “Me acordé que en quinto de secundaria lo había estudiado, pero en ese momento no le di mucha importancia. Otro día en la escuela yo sentía que llegaba porque escuchaba su carcajada, y todos los chicos de Bellas Artes le seguían como procesión. Apenas escuchaba su carcajada yo también arrojaba mis pinceles y bajaba a unirme. En la cafetería íbamos  a escucharlo hablar. Él hablaba de los grandes personajes, de Víctor Hugo, de Gauguin, Shakespeare, Sartre, Van Gogh, Vallejo. Y un día el me pregunta ¿donde pintas? En el segundo piso, le digo, y él me dice: vamos a ver tu trabajo. Subimos. Lo vio y siguió mirando. Está bien, me dijo, vamos a seguir hablando. Salía de la escuela y me lo encontraba y lo primero que me decía era: ¿ya has terminado de pintar? Luego iba, veía mi trabajo y me daba sugerencias. Luego me invitaba a tomar un café en el centro. Entonces yo no lo llamaba maestro todavía, y tanto nos hicimos amigos que yo le llamaba Víctor, Victoloncito, Victolin, Victolito, porque era como un niño, era muy gracioso y nos divertíamos mucho. En la plaza 2 de mayo hacíamos que nos pusieran un tango y bailábamos en la calle. Y un día Víctor me queda mirando y me dice: “Ivette, tu vas a ser famosa”.

La primera vez que yo Hans Alejandro Herrera escuché de Víctor Humareda fue en la clase de mi malvada maestra de arte, allá por 1999. A Humareda lo llamaba cuellosucio y a nosotros, estudiantes de colegio estatal, nos llamaba Humaredas si notaba una pizca de sudor o mugre en el cuello de nuestras camisas.  Para mí desgracia a mí me tocaba su clase siempre después de recreo. No recuerdo que nos hablara más de él.

Corbata roja, un tongo y un pañuelo blanco sobresaliendo del saco como si fuera un lirio. Esa es la imagen que se tiene de Humareda. Esa, y el dejarle con la mano en el aire al mismo Szyszlo cuando se la tendió para saludarle. “Pregúntame si conozco a Vargas Llosa. Por supuesto que no, porque soy amigo de Sartre”, recuerda Ivette le dijo Humareda el día que la llevó a la galería a conocer sus pinturas.

“Un día me invita a una exposición de sus cuadros. Él me dice, mira estas son mis obras. Y yo me quedé mirándolas, sentí como si mi cuerpo se hubiera congelado de solo verlas. Y él me preguntaba ¿qué te parece? Y yo no le respondía nada. Me acerco a otra obra y el me vuelve a preguntar ¿qué te parece? Y no le respondía nada. Y terminamos de ver toda la muestra y él otra vez: ¿qué te parece? No le respondí nada. ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? Me pregunta con preocupación. Me le quedé mirando en silencio. Había cambiado para mí”. Y esa fue la primera vez que Ivette llamó a Humareda maestro. Desde entonces Ivette se vuelve alumna de Humareda, quien le enseña los misterios de la pintura que en Bellas Artes no se enseñan.

“Para mí tú eres el hijo que nunca tuve.”

Compañeros y padres.

La trayectoria de la línea

Nuestra amistad está condicionada. Tu ten su cuerpo, que yo me quedo con su espíritu”. Fueron las palabras de Humareda a Alfredo cuando se enteró que era novio de Ivette, y además que iban a ser padres. Para Humareda, la vocación de Ivette era un deber ser. Una entrega absoluta al arte para el arte, pero Ivette y Alfredo se habían enamorado y sus destinos eran pintar juntos. Humareda aunque enojado y algo decepcionado, lo aceptó.

Muchos años después y con dos hijos, Ivette fue a pedirle permiso al colegio para que sus hijos pudieran viajar con ellos a Europa para conocer de primera mano las obras maestras del arte en un viaje que tenían programado. El director accedió a darle ese permiso a cambio de una condición: que le dejé una rosa de parte suya a la tumba de Sartre.

Años atrás en Lima y con solo un niño todavía en pañales, Humareda era parte de la familia de Ivette y Alfredo. Humareda compartía el día con ellos, incluso comía la comida del bebé. Cómo un abuelo con su nieto.

En Amsterdam frente a un autoretrato de Van Gogh, Ivette quedó anonadada, no podía dejar de verlo y sentirlo en profundidad. Era la misma sensación cuando años atrás supo que Humareda era un Maestro. Después de un largo rato de estar de pie frente al cuadro, Ivette notó que sus manos se estaban mojando. Bajo la vista y vio que estaban húmedas. Estaba llorando y no se había dado cuenta. Con cierta sensación de vergüenza corrió al baño de mujeres para lavarse la cara, allí otra mujer que se miraba frente al espejo la vio entrar, reconoció esas lágrimas, también estaba llorando, fue al encuentro de Ivette y se abrazaron. Dos desconocidas que no compartían ni siquiera el idioma se abrazaban llorando. Casi cien años después Van Gogh era comprendido en toda su dimensión.

El arte es la religión del sentimiento” , Juan Manuel de Prada.

Años antes Humareda visitaba por última vez a Ivette, hablaron poco o mucho, no importa. Humareda sabía que era su última visita cuando se subió al taxi y desde ahí se despidió con un largo adiós. Murió pocos días después.

De vuelta a París, Ivette y Alfredo fueron al cementerio a cumplir su palabra al director del colegio. Mientras buscaban la tumba de Sartre se encontraron con un viejo compatriota de sus años de estudiantes. Frente a la tumba de César Vallejo, Ivette se puso a llorar. La rosa que era para Sartre se quedó con Vallejo.

Cuando nació Diego, el primer hijo de Alfredo e Ivette, fue puesto en una incubadora. Humareda le pregunto por qué, y el médico le contesto que estaba prematuro. “¿Prematuro para ver a las chicas a las 5:30?” le dijo Humareda. El primer día de vida de Diego Alcalde Taboada,  el pintor Humareda se dedicó a dibujarlo.

De Ivette y Alfredo se pueden contar muchas más historias, sus vidas dan para un libro o dos, historias tantas que apenas me atrevo mencionar una de cuando se fueron a vivir a la sierra de Lima mientras pintaban pueblitos, y como la gente más sencilla comprendió el valor de su oficio al punto de pedirles que les pintasen su casa, o de niños que se paraban largo rato frente al paisaje que retrataban para poder aparecer en sus cuadros. A ninguno de ellos les importaba cuánto valiese el cuadro o que famosos serían los pintores, pero si entendían lo mismo que el Papa Julio II cuando mando a Miguel Ángel pintar la Sixtina, y es la importancia del arte, lo que significa un paisaje, un retrato y aparecer ahí. El aliento de un instante congelado en la belleza de un trazo. El arte es un oficio cruel, porque duele al artista sacarlo de dentro y duele también al espectador al comprenderlo. Porque los artistas son los guardianes de la belleza, belleza que no se puede explicar, solo vivir, como Víctor Humareda que hizo de su vida una obra de arte.

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HANS HERRERA NÚÑEZ. (Lima, 1985). Vivió parte de infancia en Costa Rica, de regreso a Perú estudio Derecho en la Garcilaso y luego literatura. Se especializa en la obra de Roberto Bolaño y Chesterton. Ha colaborado con Dedo Medio y actualmente escribe en Lima Gris. También co-conductor del programa en radio Lima Gris de "Mirada Critica". Además ha aparecido en el celebrada película de ficción de Gustavo Meza, "Ciudad Ausente" (2015).

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Cultura

El inolvidable talento de Chalo Guillén

Un reportaje de Hélard Fuentes Pastor

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Por: Hélard Fuentes Pastor

«Tuvo muchos amigos», dijo Omar, hijo del gran caricaturista arequipeño, durante el homenaje póstumo que se realizó en mayo a Chalo Guillén, en una de las salas de exhibición del Centro Cultural de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa.

— Todos siempre tenían palabras de cariño hacia mi papá —destacó su hijo ante un centenar de asistentes durante la inauguración de dicha exposición, con reproducciones de su obra artística y de varios dibujantes que han representado al personaje—. Era un apasionado del deporte, además fue parte de la Selección de Básquet de Arequipa —continuó Omar disertando sobre su padre, recordando su niñez, cuando veían juntos los partidos de fútbol.

¡Qué no se ha dicho de él! ¡Del gran Chalo! —como lo conocían muchos de sus amigos. El maestro Chalo, en su juventud, llegó a conocer al gran Che Guevara en Cuba, según cuentan, cuando tuvo que huir de Brasil por sus ideas políticas en un barco pesquero ruso, aunque lo político no fue su prioridad. Allí coincidió con la esposa del Che, la economista peruana Hilda Gadea Acosta, con quien tenía un amigo arquitecto en común.

— Charlamos largamente y comenzó a hablarnos de que la revolución es la única salida, la transformación de la sociedad, y de que los jóvenes éramos los indicados porque no teníamos pecados; entonces, éramos claros y transparentes para poder enarbolar una transformación de esa índole. Él creía en el hombre nuevo (…). Nos conversaba de esto (…). En ese momento, creímos que es posible una transformación (…). Al final te das cuenta que, las balas son balas y solo causan muerte (…) —recordó en una entrevista Chalo Guillén al famoso Che.

También destacó porque compartió con personajes como Vinicius de Moraes, Luis de la Puente Uceda, Luis Bedoya Reyes y Enrique Chirinos Soto, pues en vida disfrutó de los debates e intercambios de carácter político.

— Yo lo conocí a Vinicius de Moraes —llegó a declarar Chalo—. Más que todo, él frecuentaba Copacabana, en un local donde iba la gente que le agradaba la música, a veces iban o no iban, era muy informal. Él era un poeta extraordinario, un compositor… Tuvo siete esposas.

Chalo —que tenía una personalidad singular, siquiera comparable con su amigo, el pintor Luis Palao Berastain— no ostentó ni esperaba reconocimientos, homenajes y premios a pesar de su talento. En ese aspecto, se parecía a Palao, pero no era tan silencioso como él; por el contrario, dejaba notar su entusiasmo y verbosidad en cada conversación, al estilo de otro amigo suyo, el historiador Eusebio Quiroz Paz Soldán. Chalo fue un poco reacio a las ovaciones y los aplausos. ¡Eso sí! Por supuesto, su arte lo merecía.

Sus padres los bautizaron con el nombre: Rodolfo Gonzalo Guillén Peralta, aunque se hizo más conocido como Gonzalo, de allí que lo llamen “Chalo”. El arte corría por sus venas, pues sus tíos cercanos, Alejandro y Arturo Peralta Miranda, se dedicaron a la literatura, fundando el recordado grupo Orkopata. Uno de ellos —Gamaliel— se volvió célebre en las letras peruanas.

Antes de la cultura, las letras, el dibujo, incluso, la arquitectura, era solo un escolar soñador que hubo de cerrar aquella etapa en el colegio San Francisco de Asís en 1956, precisamente en dichas aulas conoció a Eusebio y desde pequeños se hicieron buenos amigos. Gonzalito, seguía la disciplina de su padre, Isaac Guillén Gómez, agricultor radicado en Paucarpata, quien a sus 41 años, un 8 de septiembre de 1932, desposó a su madre, Carmen Peralta Miranda, que tenía 28 y era natural de Puno.

Su trabajo artístico se extendió propiamente en los años 80 y 90. ¡Quién no hablaba de las caricaturas de Chalo! Pero en realidad, este talento para el dibujo comenzó a cuajar desde jovencito, allá por la década del 60, veinteañero o treintañero, pues había adquirido la nacionalidad arequipeña naciendo un 30 de abril de 1939, y estuvo a punto de lograr la brasileña, ya que durante su etapa universitaria, cuando viajó a Río de Janeiro. Su primera vez —según el registro consultado— fue en 1958, precisamente en una entrevista recordó entre los años 1957/58. Entonces, registró que vivía en Lima, en el jirón Miller No. 1541, tal y como se desprende del documento. Esa decisión de mudarse al extranjero, nos habla de un chiquillo avezado, con ganas de conocer y enfrentar el mundo. Allí, en la ciudad de Niterói (Brasil), hubo de conversar con el arquitecto Oscar Niemeyer, una genialidad de su tiempo.

No dudó un minuto, tomó las valijas y se mudó temporalmente al país del Carnaval. Omar Zevallos (2010), en su libro sobre la caricatura arequipeña, comenta que a los 17 años decidió estudiar arquitectura en la Universidad de Minas Gerais. También dice que Chalo participaba de muchas tertulias culturales, académicas, tenía una inclinación de «izquierda»  y aquellas situaciones lo condujeron a Cuba; pero, naturalmente, tal cual percibimos, esos intereses políticos o ideológicos, después no fueron prioridad como militante. Más pesaba su profesión, su arte, por lo que de regreso a Brasil, pensó viajar a Europa; sin embargo, Benjamín Doig, un arquitecto amigo, lo convenció de retornar a Perú.

— Siempre me agradó la tertulia, la conversa, el filosofar, y la noche es muy propicia para eso, paralelamente a mis estudios, yo hacía ese tipo de actividades. En ese tiempo se hablaba, se discutía, las dos posibilidades que habían: el socialismo y el capitalismo —declaró sobre esa etapa de su vida.

Chalo, en la década del 60, comenzó a dibujar para diferentes medios. Tenía de qué hablar y bromear. Pintaba y dibujaba muy bien, a tal punto que está considerado en importantes compendios biográficos de artistas nacionales, por ejemplo, el Diccionario de Gabriela Lavarello Vargas (2009). Estuvo en Oiga, una prestigiosa revista donde hizo caricaturas con severas críticas a personajes como Enrique Chirinos, con quien no coincidía políticamente, según declaró hace algunos años.

No siempre hubo discrepancias ni tensiones, aquí conoció a un buen amigo, el poeta Francisco Bendezú. También colaboró con Caretas y La Olla. Para él, la caricatura lo era todo, un medio de protesta, de satirizar a los malos políticos, y una forma de homenajear, de expresar su admiración, por ejemplo, a Marco Aurelio Denegri, Jorge Luis Borges o Mario Vargas Llosa. Además, fue tan completo que trabajaba con distintos materiales: lápiz, lápiz de color, pincel, tinta china, collage, acuarela, cuero con gurbia, anilinas al alcohol y acrílicos.

En noviembre de 1967, fundó la revista Mona Lisa, donde alternó con caricaturistas como Guillermo Osorio; luego ganó un premio en el Salón Internacional de la Caricatura de Montreal de Canadá representando caricaturescamente a Ho Chi Minh en el año 1969; y en los años 70, realizó una exposición —una de las pocas— en las Galerías de Arte del Banco Popular. También tuvo experiencia como docente de dibujo en universidades de Lima.

Dos de sus referentes artísticos fueron los destacados, Teodoro Núñez Ureta y Julio Málaga Grenet, dando continuidad a dicha tradición artística en la ciudad de Arequipa, cuna de importantes pintores a nivel nacional. Su ingenio lo llevó a fundar y editar la revista de humor político Caracoles —aunque también he leído que se llamó El Caracol— hacia los años 90.

Aquel periodo fue prolífico para el autor, no solo se multiplicaron los trabajos que realizó, además alcanzó una difusión nacional; de este modo, en el cambio de siglo, ya era un personaje que concurría a exposiciones y algunas presentaciones de libros, con un atuendo típico de él, la camisa, su saco a cuadros y su sombrero. El buen Chalo, nunca esperó algo, pero felizmente, en vida, recibió un reconocimiento del Gobierno Regional de Arequipa en el año 2009, cuando ocupó su presidencia Juan Manuel Guillén Benavides.

Por esos años, ya consolidado como uno de los «mejores exponentes en esta disciplina», comenzó a difundir su talento en redes sociales, recordándonos, hasta sus últimos días, la genialidad de su pincel. El 15 de noviembre del 2023, lamentablemente falleció, dejando un gran vacío en la caricatura arequipeña.

— La caricatura creo que nace desde siempre —ofreció una reflexión sobre su arte—. Podría ser que Dios inicie un poco ese tipo de trayectoria caricaturesca, al hacer del barro al hombre o transformar, diríamos, al ángel en diablo, como fue Lucifer, que pone alas de murciélago, patas de cabra, cola de león, en fin, hay unas facetas que definitivamente son especulaciones filosóficas.

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Cultura

Rinden homenaje a Eva Ayllón en el muro de Berlín

El muralista chileno Newen Vilu retrató en Alemania a la ‘Leyenda Viva’ de la música peruana, poco antes de que ella inicie una gira europea, en el marco de las celebraciones por nuestras Fiestas Patrias

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La imagen de la célebre cantante peruana Eva Ayllón fue plasmada en el Muro de Berlín, gracias a un grafiti realizado por el artista plástico chileno Newn Vilu. Esta obra, que resalta la figura de una de las artistas más icónicas de Latinoamérica, está ubicada en Mauerpark (Parque del Muro), lugar que -desde la caída de la que fuera la frontera interalemana- se ha convertido en uno de los espacios favoritos de descanso y esparcimiento de los berlineses.

La acción artística coincide con la pronta visita de Eva Ayllón a Alemania, país donde, en el marco de las celebraciones de nuestras Fiestas Patrias del Perú, la aclamada intérprete ofrecerá tres shows: Múnich (1 de agosto, en Technikum), Berlín (3 de agosto, en Passionskirche) y Frankfurt (4 de agosto, en Zoom).  

Estas presentaciones son parte de una gira de conciertos que Eva Ayllón ofrecerá por el Viejo Continente. El punto de partida será  Madrid (23 de julio). Ciudades como Ginebra (26 de julio), Barcelona (27 de julio), Milán (28 de julio), Roma (29 de julio), Bruselas (2 de agosto) y Estocolmo (7 de agosto) también son parte de este tour musical.         

Con más de 50 años de impecable trayectoria, Eva Ayllón es una de las artistas peruanas de mayor trascendencia internacional. Su potente y virtuosa voz, junto a su desbordante energía y versatilidad sobre el escenario le permiten interpretar diversos géneros musicales. Clásicos del cancionero peruano como “Mal paso”, “Le dije a papá”, “Saca la mano”, “Ingá”, “Ritmo, color y sabor” y “Que somos amantes”, entre otros, serán parte del repertorio de esta nueva y esperada gira europea.  

Eva Ayllón cuenta con más de 30 producciones discográficas, muchas de las cuales han sido relanzadas en versiones digitales, a través de su propio sello discográfico Aylloncito Producciones. La artista, 12 veces nominada a los premios Grammy Latino, entidad que le otorgó el Premio a la Excelencia Musical en 2019, acaba de ser distinguida como Personalidad Meritoria de la Cultura por su invaluable trabajo  de difusión y preservación de la música peruana.   

Cabe destacar que Eva Ayllón ha compartido escenario y grabaciones con grandes figuras de la talla mundial como de David Bisbal, Gilberto Santa Rosa, Armando Manzanero, Mercedes Sosa, Diego El Cigala, Pedro Aznar, Albita, Luis Enrique, Kalimba, Marc Anthony, Olga Tañón, Tania Libertad, Juan Diego Flórez, Alex Lora, Los Kjarkas y muchos más.

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Cultura

Exploding Sun presenta “NMZK”: un nuevo horizonte para la música pop

El proyecto solista de Fernando Casanova introduce un nuevo estilo musical: el neomuzakoid.

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Exploding Sun, el proyecto solista del músico peruano Fernando Casanova, conocido por su participación en diferentes bandas independientes como Millones de Colores, The Muertos o Los Zapping, regresa a la escena musical con el lanzamiento de su innovador álbum “NMZK”.

Este trabajo marca un hito en la carrera de Exploding Sun, al introducir un nuevo estilo musical denominado neomuzakoid. Se trata de una reinterpretación del género muzak (comúnmente conocido como música de ascensor), enriquecido con influencias del pop, jazz, easy listening y adulto contemporáneo.

“Este disco es el primero de este género, en el que ningún artista ha incursionado. Hace más de tres años empecé a escuchar muzak y desde entonces comencé a trabajar en este proyecto”, explica Fernando.

El álbum consta de 7 temas que destacan por sus melodías pegajosas, arreglos inesperados y polirritmia. Casanova lo describe como un disco pop fácil de digerir, pero con una profundidad y complejidad sin igual. Promete ser una obra corta para disfrutar repetidamente.

“Las canciones no siguen un patrón específico. Es un disco interesante de escuchar, para reproducirlo una y otra vez. Es como probar un postre que siempre te deja con ganas de un poco más. Puedes disfrutarlo como música de fondo o sumergirte en él para analizar cada uno de sus arreglos y armonías”, afirma Casanova.

Además de su propuesta musical, “NMZK” también destaca en otros aspectos artísticos. Su portada, creada por la artista experimental Fill Jord, presenta una diversidad de formas y texturas inusuales que reflejan la experimentación y reinterpretación características tanto de su enfoque artístico, como del propio álbum.

Para ello, Fill Jord combinó técnicas tradicionales de pintura fotorrealista con métodos innovadores como el modelado 3D, el escaneo LiDAR y la realidad aumentada. “Creó esta portada con la intención de complementar la renovación del género, que a menudo se considera poco notable en parte debido a su relegación al segundo plano”, explica Casanova.

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Cultura

¡El anime y la literatura se unen!: un ensayo de J. J. Maldonado sobre las nuevas formas de leer

La presentación del libro será el próximo viernes 19 de julio en la Feria Internacional del Libro de Lima.

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En la edición 28° de la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL), el Fondo Editorial de la Universidad César Vallejo (UCV) lanzará su última novedad editorial: Narrativa mesiánica: animes al rescate de la ficción, un fascinante ensayo literario del periodista y escritor J. J. Maldonado. Este libro promete revolucionar la manera en que percibimos el anime y su impacto en la cultura contemporánea.

A través de un recorrido exhaustivo por la historia del manga japonés, Maldonado analiza la influencia de obras icónicas como Dragon Ball Z, Neon Genesis Evangelion, Akira, Naruto, One Piece, Death Note, Bleach, Hunter X Hunter y muchas más. El autor nos invita a conectar, a través de este nuevo libro, con el imaginario y las referencias de la juventud del siglo XXI.

La presentación del libro se realizará el viernes 19 de julio a las 8:00 p.m. en el auditorio Francisco Izquierdo Ríos.

Una carta abierta a todas las generaciones

Este ensayo sirve también como invitación para personas de generaciones anteriores que todavía mantienen cierto prejuicio o desdén por este fenómeno japonés. “Quiero pensar en este libro como una carta abierta para todas las generaciones que sientan amor por la ficción y sus evoluciones”, señala J. J. Maldonado.

En Narrativa mesiánica: animes al rescate de la ficción, el escritor propone nuevas formas de lectura y profundiza en cómo la cultura pop influye en las ideologías contemporáneas. Plantea interrogantes provocadoras: ¿Por qué Evangelion genera una nueva mitología posmoderna? ¿Cuál es la épica del “yo” en Dragon Ball? ¿Qué hay detrás de la ideología mesiánica de Naruto? ¿Por qué One Piece tiene una intensa carga política? ¿Se lee también audiovisualmente? ¿El anime podrá salvar a la ficción contemporánea?

Reflexiona y escribe sobre lo que consumes

El periodista J. J. Maldonado, ganador del Premio Narrador Joven del Perú 2015, comenta que siempre le ha interesado la figura del escritor que reflexiona, analiza y escribe sobre lo que consume, teniendo como referentes a autores como Milan Kundera, Susan Sontag, Lorrie Moore, Miguel Gutiérrez y Mario Vargas Llosa.

“Estos escritores y escritoras no se quedaron solo en el plano de la ficción, sino que también hicieron ensayos para responderse sobre las preguntas que les hacían los libros que leían. A mi manera, intento hacer lo mismo y responderme o abrir preguntas sobre cómo, por qué y qué estamos consumiendo en el siglo XXI a través del streaming o el internet”, señala el autor de El amor es un perro que ruge desde los abismos.

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Cultura

La historia no contada de Helena de Troya

A partir de distintos episodios poco divulgados de la vida de Helena, desde la Ilíada hasta nuestros días, y de recientes hallazgos arqueológicos, los libros de esta trilogía escrita por Gabriela A. Arciniegas (Bogotá, 1975), reconstruyen los sueños y ambiciones de otra Helena posible.

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Se sabe que en Troya hubo diez ciudades, una sobre otra, pero hasta ahora solo se ha podido excavar un diez por ciento de todo ese terreno. El objetivo de la escritora Gabriela A. Arciniegas (Bogotá, 1975) fue viajar hasta esa época remota del siglo XIII antes de nuestra era, y mostrar cómo vivía esa gente, cómo vivían las mujeres y qué hacían mientras los hombres estaban peleando en las batallas. Pero sobre todo responder a las siguientes preguntas: ¿quién era en verdad Helena de Troya? ¿Fue una mujer de belleza incalculable, culpable, de alguna manera, de desatar una guerra, como proponen todos los narradores y cineastas? ¿Cuánto se ha ‘excavado’ realmente para dar con su mente y su corazón? Estas son algunas de las preguntas que la autora responde en la trilogía Helena. La reina condenada, publicada por el Fondo de Cultura Económica (FCE).

“Mi resolución fue sondear el alma de una mujer que, como muchas en esa época, no tuvo la oportunidad de tomar decisiones sobre su vida, porque en ese momento histórico las mujeres no podían elegir su camino: otros (los hombres) lo elegían por ellas. No es la historia de los hombres y la guerra. Es la historia de cómo las mujeres, desde la magia, la medicina y la hechicería, interactuaban con los sucesos históricos en el siglo XIII a.C.”, dice Gabriela A. Arciniegas.

En abril último, la escritora presentó el tercer libro de la trilogía Helena. La reina condenada, primero en la feria del libro de Bogotá, y luego en la de Quito, donde estuvo acompañada de Alejandro Moreano, una eminencia en literatura e historia grecorromana, autor de decenas de libros sobre el tema. “Nadie se ha preguntado si en verdad fue ella quien desató la guerra de Troya. Nadie se ha preguntado quién era ella antes de la guerra”, dice Gabriela.

UNA ANTIBIOGRAFÍA

A partir de distintos episodios poco divulgados de la vida de Helena, desde la Ilíada hasta nuestros días, y de recientes hallazgos arqueológicos, los libros de esta trilogía reconstruyen los sueños y ambiciones de otra Helena posible: la infancia, los viajes, el interés por el sacerdocio, el conocimiento de la medicina egipcia, la pasión por la música y las primeras maneras de experimentar el amor, y no desde el privilegio de ser hija de Zeus, sino desde la vulnerabilidad de lo humano; estamos ante su antibiografía, su historia no contada.

“Es lo que yo trato de inferir a partir de su contexto sociopolítico e histórico. Al indagar en estudios arqueológicos y paleolingüísticos recientes, me he encontrado con aproximaciones nuevas, con descubrimientos y decodificaciones de documentos, como los anales hititas, los papiros egipcios, los sitios arqueológicos de las ciudades en donde, en la mayoría de los casos, aún falta mucho por descubrir. El historiador debe ser un traductor, un puente entre culturas y tiempos. No debe aburrir como lo hacen algunos profesores de colegio (o de universidad incluso), debe llamar a saber más. Esta es una trilogía de ficción histórica y biográfica sobre Helena, la reina micénica, pensada para ser amena, divertida, llena de aventuras y donde los personajes aparecen muy humanizados y muy cotidianos”, dice Gabriela.

Gabriela A. Arciniegas llega a Perú para presentar el segundo tomo de Amos del fuego, una novela de ciencia ficción publicada por Pandemonium Editorial, en la FIL Lima 2024.

El miércoles 24 de julio, a las 7:30 pm, en Vallejo Librería, ubicada en Av. Camino Real 1119, San Isidro, habrá un conversatorio sobre la trilogía, en el marco de la presentación del último y tercer tomo: El libro de las heridas. Participan Gabriel Gargurevich Pazos, Raúl Quiroz y la autora.

Los libros de la trilogía Helena. La reina condenada se encuentran a la venta en Perú, en la librería del Fondo de Cultura Económica, en Buscalibre y MercadoLibre Perú.

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Cultura

Eva Ayllón y Jean Pierre Magnet llevan su romance musical al Teatro Peruano Japonés

La ‘Dupla de Oro del Perú’ vuelve a reunirse para ofrecer dos únicas presentaciones, jueves 3 y viernes 4 de octubre, con el marco musical de La Gran Banda y los experimentados músicos de la banda de la ‘Diva del Criollismo’

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Para el beneplácito de sus seguidores, Eva Ayllón, ‘Primera Voz del Perú’ y el destacado músico y saxofonista Jean Pierre Magnet volverán a reunirse sobre las tablas para ofrecer “Celebrando”, un espectáculo único e irrepetible que se llevará a cabo por dos únicas fechas: jueves 3 y viernes 4 de octubre, en el cálido Teatro Peruano Japonés . Este encuentro musical contará con la sólida compañía de La Gran Banda, orquesta dirigida por Magnet y con los experimentados músicos que acompañan a la maestra del criollismo.

Eva y Jean Pierre, ambos artistas recientemente designados ‘Personalidades Meritorias de la Cultura Peruana’, tienen un romance musical de más de dos décadas, tiempo en el que se han afianzado como una de las duplas musicales que más ha calado en el gusto popular. Con un concepto creado por Magnet, en este concierto veremos a una Eva completamente versátil, interpretando géneros –más allá de sus clásicos criollos- que van desde el blues, hasta el bolero y el rock.

“Queridos amigos, tengo el placer de anunciar este doble concierto con mi amiga del alma Eva Ayllón y con La Gran Banda en el Teatro Peruano Japonés. Estoy renovando los sonidos, los arreglos y la orquestación, prometo que los vamos a sorprender. Contaremos con la excepcional compañía de Gigio Parodi en la percusión, Mariano Liy en el bajo, Carlos Ayllón (hijo de Eva) en la batería; y, en los coros, las talentosas July Pumarada y Sofía con Z. Las entradas ya están a la venta en Joinnus”, invita al público Jean Pierre, quien está de visita en el sur de Francia, la tierra de su padre.

La aplaudida dupla reaparecerá en vivo, luego del concierto virtual sin audiencia que realizaron en el 2021, a causa de la pandemia, show que fue grabado, solo en streaming, en el Gran Teatro Nacional. “La última vez que nos presentamos con público fue en el Teatro Peruano Japonés, en el 2019. De allí que, cinco años después, Eva y yo estemos tan ilusionados con nuestro reencuentro musical y, cuánto mejor, con la presencia de nuestro público”, acota Jean Pierre.

El título “Celebrando” hace alusión al próximo cumpleaños de Magnet, quien en septiembre cumplirá 75 años de vida, 65 de los cuales los ha pasado tocando el saxo. “Este concierto es mi forma de agradecer todo lo bueno que me ha dado la vida por contar con la cercanía de la música. Los invito a acompañarme en esta celebración”, refiere el artista de Marca Perú, quien recientemente fue invitado por la Embajada de Perú en Italia para ofrecer un concierto conmemorativo por los 150 años de las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Jean Pierre Magnet y Eva Ayllón tienen un idilio musical de más de 20 años. “Me impresiona siempre la versatilidad de Eva. Ella me hace vibrar en el escenario y me ha enseñado mucho, musicalmente hablando. La considero la mejor cantante del Perú”, reafirma Jean Pierre. Temas emblemáticos como “Europa”, “Caruso”, “Voy a apagar la luz”, “Esta tarde vi llover”, “Somos novios”, “Guaranguito” y “José Antonio”, entre otros, serán parte infaltable del repertorio de “Celebrando”.

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Cultura

Savia Andina celebra sus 49 años con William Luna

Durante su casi medio siglo, se ha constituido en uno de los mejores referentes del más auténtico folclore boliviano

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Uno de los grupos más importantes e influyentes de Bolivia: Savia Andina, llegará a nuestro país para ofrecer un extraordinario concierto, cumpliendo su 49 aniversario, junto al cantautor peruano William Luna como invitado especial.

El espectáculo se llevará a cabo el domingo 4 de agosto del 2024 desde las 6 p. m. en el Gran Teatro Nacional, de San Borja, que se vestirá de gala para recibir a esos dos grandes exponentes de la música folclórica.

Durante estas casi 5 décadas, Savia Andina se ha constituido no sólo en uno de los mejores referentes del más auténtico folclore boliviano, sino también del más refinado estilo recurriendo únicamente a instrumentos acústicos.

Savia Andina ostenta cerca de medio centenar de producciones musicales y numerosos reconocimientos, como el de la Organización de Estados Americanos (OEA). Ha compartido escenario con artistas de la talla de Ángela Carrasco, Chayanne, Julio Iglesias y Miguel Bosé, entre otros.

Por su lado, el intérprete de “Niñachay” y “Linda wawita”, presentará una selección de sus mejores temas, entre baladas, huaynos y sayas, siempre con su característico sello andino contemporáneo.

Las entradas están a la venta en Teleticket.

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Cultura

La Asociación Peruano Japonesa presente en la 28.ª Feria del Libro de Lima

Se presentarán los libros Aparejos para exhumar la poesía, Umetsu y Más allá del haiku.

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La valiosa oferta de literatura, poesía y cursos de la Asociación Peruano Japonesa (APJ) llegará a la Feria del Libro (FIL) de Lima 2024, cuyos visitantes tendrán acceso a distintas manifestaciones de la cultura nikkei y japonesa.

Del 19 de julio al 6 de agosto, el Fondo Editorial de la APJ participará de la FIL Lima desde el stand 164, que compartirá con la Embajada del Japón, donde ofrecerá a precio de oferta la variedad de más de 40 publicaciones de su catálogo, que incluye libros de literatura japonesa, la serie del Premio José Watanabe Varas, las series Memorias de la Inmigración y Aportes Nikkei, entre otras.

Como parte del programa, se presentarán además las tres más recientes publicaciones. Asimismo, se realizarán talleres y actividades a cargo del área de Cursos del Centro Cultural Peruano Japonés.

Presentaciones

La más reciente publicación del Fondo Editorial, Aparejos para exhumar la poesía, será presentada por su autor Víctor Coral, quien abordará las reflexiones sobre el acto de la escritura que plasma en sus más de 50 poemas. El encuentro será el sábado 27 de julio a las 2:00 p. m. en el auditorio Jorge Eduardo Eielson, con la participación de Boris Espezúa, director de la Biblioteca Nacional del Perú, en los comentarios.

Quien también presentará el poemario de su autoría es Juan de la Fuente, quien trae de vuelta la memoria de su abuelo Makizo Umetsu para indagar en su propia identidad. Umetsu será presentado el jueves 1 de agosto a las 6:00 p. m. en el auditorio César Vallejo. Participan el autor, junto a Miguel Ángel Zapata y Jorge Kishimoto en los comentarios.

Por último, Miguel Ángel Vallejo y Doris Moromisato presentarán Más allá del haiku. Antología de autores nikkei latinoamericanos, texto en el que Koichi Hagimoto e Ignacio López-Calvo compilan la obra de autores nikkei de Argentina, Brasil, Chile, México y Perú. La cita es el sábado 3 de agosto a las 3:00 p. m. en el auditorio Francisco Izquierdo Ríos.

Talleres

Paralelamente, el área de Cursos del Centro Cultural Peruano Japonés ha preparado talleres gratuitos para los asistentes a la FIL Lima. Así, sus docentes enseñarán idioma japonés básico y demostrarán la técnica del dibujo manga, kirigami, furoshiki, origami, ikebana y sumi-e.

PROGRAMA DE LA APJ EN LA FIL LIMA

Lunes 22 de julio

Taller: Introducción al dibujo manga

Aprende la técnica del dibujo manga para dibujar un rostro. Luego podrás diseñar tus propios personajes.

  • Hora: 2:00 p. m.
  • Auditorio: Martín Adán
  • Profesor: Mauricio Medina
  • Capacidad máxima: 30 personas

Martes 23 de julio

Taller: Kirigami, el arte de cortar papel

A partir del arte de cortar el papel, podrás formar dinosaurios, robots y diversas figuras.

  • Hora: 5:00 p. m.
  • Auditorio: Martín Adán
  • Profesor: Anthony Llanos
  • Capacidad máxima: 30 personas

Jueves 25 de julio

Taller: Furoshiki, envoltura de regalo con pañuelos

Descubre cómo utilizar el pañuelo para envolver regalos, llevar libros, entre otros fines.

  • Hora: 3:00 p. m.
  • Auditorio: Jorge E. Eielson
  • Profesora: Miriam Ykemiyashiro
  • Capacidad máxima: 30 personas 

Sábado 27 de julio

Presentación de Aparejos para exhumar la poesía

Víctor Coral, autor, presenta el poemario en el que reflexiona sobre el acto de la escritura en sí mismo. Lo acompaña en los comentarios Boris Espezúa, director de la Biblioteca Nacional del Perú.

  • Hora: 2:00 p. m.
  • Auditorio: Jorge E. Eielson
  • Capacidad máxima: 60 personas 

Domingo 28 de julio

Taller: Aprendiendo japonés para niños

Conoce algunas palabras básicas en japonés y parte de la cultura del país asiático.

  • Hora: 11:00 a. m.
  • Auditorio: Martín Adán
  • Profesora: Neyde Kanashiro
  • Capacidad máxima: 30 personas 

Martes 30 de julio

Taller: Origami, el arte del doblado en papel

Conoce la técnica para armar figuras realizando dobleces en una hoja de papel.

  • Hora: 6:00 p. m.
  • Auditorio: Martín Adán
  • Profesora: Norma Shimohira
  • Capacidad máxima: 30 personas 

Martes 31 de julio

Taller: Sesión demostrativa de Ikebana

En la cultura japonesa, la disposición de las flores puede transmitir elegancia y armonía. En este taller podrás apreciar las diversas técnicas del Ikebana.

  • Hora: 3:00 p. m.
  • Auditorio: Jorge E. Eielson
  • Profesora: Teresa Wakabayashi
  • Capacidad máxima: 60 personas 

Jueves 1 de agosto

Presentación de Umetsu

A través de poemas, fotografías e ilustraciones Juan de la Fuente reescribe su historia familiar y rescata del olvido a su abuelo Makizo Umetsu. Participan Juan de la Fuente, autor, y en los comentarios Miguel Ángel Zapata y Jorge Kishimoto.

  • Hora: 6:00 p. m.
  • Auditorio: César Vallejo
  • Capacidad máxima: 200 personas 

Jueves 1 de agosto

Taller: Sumi-e, aprende la técnica del dibujo con tinta

Conoce esta técnica de pintura monocromática a base de tinta. En este taller te enseñaremos a pintar un bambú.

  • Hora: 6:00 p. m.
  • Auditorio: Jorge E. Eielson
  • Profesora: Mónica Aritomi
  • Capacidad máxima: 20 personas 

Sábado 3 de agosto

Presentación de Más allá del haiku. Antología de autores nikkei latinoamericanos

Miguel Ángel Vallejo y Doris Moromisato presentan el texto de los profesores Koichi Hagimoto e Ignacio López-Calvo que reúne por primera vez las voces literarias nikkei de América Latina, incluyendo los géneros literarios de poesía, ensayo, cuento, novela y autobiografía.

  • Hora: 3:00 p. m.
  • Auditorio: Francisco Izquierdo Ríos
  • Capacidad máxima: 60 personas 

Datos

Feria Internacional del Libro de Lima

  • Stand 164: Fondo Editorial de la APJ y Embajada del Japón
  • Fechas: del 19 de julio al 6 de agosto.
  • Horario: de lunes a domingo de 11:00 a. m. a 10:00 p. m.
  • Lugar: Parque Próceres de la Independencia, avenida Salaverry cuadra 16, Jesús María
  • Entradas a la venta en Teleticket. Menores de 6 años y mayores de 65 años: ingreso libre.

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