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Cultura

Viernes Literario: “Aún quedan sus raíces en la tierra” El padre en poetas peruanos

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El padre es una figura no recurrente pero constante en el ideario creativo. Tenemos padres de ciertas corrientes literarias como parricidas de la tradición escrita. Por citar un ejemplo cercano, se concibe a Vallejo y Eguren como los padres de la poesía peruana. Sebastián Salazar Bondy, César Toro Montalvo y Ángel Avendaño van mucho más atrás para otorgarle la paternidad de nuestra poesía al Inca Manco Qhapac de quien tenemos “himnos y cantos” gracias a las recopilaciones de Juan Santa Cruz Pachacuti, fechadas en 1613, en la “Relación de antiguedades deste Reyno del Perú”.

El padre es algo más que una figura carnal, es otro símbolo progenitor de la vida y la creatividad. En la poesía de diferentes autores peruanos, podemos ubicar las más bellas nostalgias, confesiones y por qué no decirlo, ajuste de cuentas que solo pueden saldarse con la emoción y sinceridad que quien habla con el corazón en la mano. La “Canciones de hogar” que se encuentran en los Heraldos Negros (1918), es un buen punto de partida para esta breve recopilación. Ahí encontramos “Los pasos lejanos” que evocan al padre de César Vallejo (La Libertad 1892 – París, 1938), desde el tenor de su discurso que siempre tuvo como protagonista a los miembros de su familia. Vallejo es el poeta del saudade y la fibra telúrica. Ningún libro o poema suyo está exento

Alberto Hidalgo (Arequipa, 1897 – Buenos Aires, 1967), llegó a reunir una “Antología Personal” publicada el año de su deceso. Textos como “Retrato”, “Hombre definitivo”, “Árbol genealógico”, “Declaración de principios”, “Oda al pan” se encuentran repartidos entre poemas con esencia, patria, amor, muerte, (con-)migo y con pueblo. Todo el libro es una selección de su poesía pero también de su evocación paternal que se expresa literalmente en el poema “Papá” que adjuntamos a este viernes.

“Mi padre un zapatero” es uno de los más bellos testimonios del amor de un hijo a su padre en la noble humildad de su oficio. Pablo Guevara (Lima, 1930-2006) es el autor y cifra este poema en el “Retorno a la Creatura” de 1957 publicado en Madrid. Guevara es un poeta serio y de rigor lo cual no quita la belleza de su poesía. La gravedad de la voz poética que asume hace que te identifiques inmediatamente con el contenido. Este maestro poco conocido de la poesía nacional debe leerse y para ello reeditarse exponiendo una tónica distinta en el espíritu literario peruano. No es sufrimiento, es trabajo. Posiblemente el mismo trabajo que le deparó a Rodolfo Hinostroza (Lima, 1941-2016), encontrar los restos de su progenitor. “Los huesos de mi padre”, lo encontramos en “Poesía Completa” editada por Tribal Poesía el 2013. Es un poema desgarrador y hermoso sobre su padre, Octavio, poeta y aristócrata de viejo cuño a quien inmortaliza en la “Casa Grande” y sus recuerdos. En más de una conversación lo escuché haciendo referencias a él. Y pienso en el poderoso vínculo que va más allá de la sangre cuando se adscribe también, admiración por el padre.  

José Watanabe es una voz sumamente original de la poesía del 70 y su “Álbum de familia” lo hizo merecedor del premio “Poeta joven del Perú” junto a Antonio Cilloniz quien el 2019 merecidamente acaba de ganar el Premio Nacional de Literatura que otorga el Ministerio de Cultura a las obras más representativas editadas cada dos años. El poema se llama “Las manos” y narra la travesía de su padre desde el Japón hasta el Perú con el mismo encanto que acostumbra transmitir Watanabe en su pluma. Minimalista pero con una profundidad muchas veces insondable. Finalmente, en la década de los 80s tenemos a Domingo de Ramos con “Del padre” “Del hijo”. Dos poemas que podemos ubicar en “Pastor de Perros” (1993) y es parte de “Ópera de la Violencia” en “In-sufrido fuego. Poesía reunida (1988-2011)”, publicada el 2014 por el Fondo Editorial del Congreso de la República del Perú. Aquí la palabra filosa y también la sentencia ante la ausencia del padre pero la presencia del hijo. Una relación indivisible, motivo de esta breve selección que ha sondeado epidérmicamente algunos poetas de nuestra cultura impresa. Cada uno de estos poetas, es la raíz de su padre y nosotros a su vez, la raíz de ella.

Los pasos lejanos

Mi padre duerme. Su semblante augusto

figura un apacible corazón;

está ahora tan dulce…

si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;

y no hay noticias de los hijos hoy.

Mi padre se despierta, ausculta

la huida a Egipto, el restañante adiós.

Está ahora tan cerca;

si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,

saboreando un sabor ya sin sabor.

Está ahora tan suave,

tan ala, tan salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar sin bulla,

sin noticias, sin verde, sin niñez.

Y si hay algo quebrado en esta tarde,

y que baja y que cruje,

son dos viejos caminos blancos, curvos.

Por ellos va mi corazón a pie.

Papá

Tenía el padre un parecido grande con la bondad

La misma frente iguales ademanes

Idéntica manera de moverse hacia los lados

Como distribuyéndose en las cosas

Como soltando partes suyas para que las asieran las personas

El padre y la bondad eran sosías

Entiendo que el tórax era poco

Año tras año ampliaba el domicilio en que alojaba el corazón

Y de tal modo éste llegó a ocupar todo su cuerpo

Allí a sus huéspedes brindaba atención de primera

En costumbre de abrazos en que cabían miles

Sin promiscuarse y sin hacinamiento

Porque al espacio su conducta cual si fuera de goma lo estiraba

No era una vela pero ardía

Pasiones contenidas no exportadas quemábanlo

Los libros que pensaba y no escribía eran su incendio

Las lecturas el ver el ansia de escuchar lo combustían

En la voz en las manos en los ojos se le pulsaban 39 grados

Hizo llamar a médicos y su diagnóstico fue absurdo

Por no dar en la tecla y no auscultarle el alma no advirtieron

Que él quería ser cielo y se iba en fuego

En lo que sale de la hoguera en fibra

La profesión que ejerció fue el entregarse

Proporcionaba una amistad de higuera que daba alimento y sombra

Y por eso después de atacarlo la muerte se dio cuenta

De que había abatido no solamente a un hombre sino a un árbol

Aún quedan sus raíces en la tierra.

Mi padre un zapatero

Tenía un gran taller. Era parte del orbe.

Entre cueros y sueños y gritos y zarpazos,

él cantaba y cantaba o se ahogaba en la vida.

Con Forero y Arteche. Siempre Forero, siempre

con Bazetti y mi padre navegando en el patio

y el amable licor como un reino sin fin.

Fue bueno, y yo lo supe a pesar de las ruinas

que alcancé a acariciar.  Fue pobre como muchos,

luego creció y creció rodeado de zapatos que luego

fueron botas. Gran monarca su oficio, todo creció

con él: la casa y mi alcancía y esta humanidad.

Pero algo fue muriendo, lentamente al principio:

su fe o su valor, los frágiles trofeos, acaso su pasión;

algo se fue muriendo con esa gran constancia

del que mucho ha deseado.

Y se quedó un día, retorcido en mis brazos,

como una cosa usada, un zapato o un traje,

raíz inolvidable quedó solo y conmigo.

Nadie estaba a su lado. Nadie.

Más allá de la alcoba, amigos y familia,

qué sé yo, lo estrujaban.

Murió solo y conmigo. Nadie se acuerda de él.

Pablo Guevara

Los huesos de mi padre

¿Serán éstos los 206 aristocráticos huesos de mi padre?

Todos completos, con su maxilar inferior, su frontal,

sus falangetas, su astrágalo,

su vómer, sus clavículas?

No se habrán confundido

en la Fosa Común

con los de un vagabundo

de esos que abundan en las calles de Lima,

y mueren sin un grito? Cómo voy a confiar

en que sean éstos los huesos de mi querido padre,

don Octavio, Tachito,

si en la Fosa Común donde lo echaron

puede ocurrirle cualquier cosa

a los huesos de uno?

Su hermano, tío Reynaldo había jurado

encontrar a mi padre, y recorrió toda esta Lima a pie

durante un año, para hallar a mi padre, el poeta,

que se había perdido en la ciudad,

como suele ocurrirles a los ancianos y a los locos.

Todos los días salía, después del desayuno,

a buscar al hermano mayor,

a aquel poeta provinciano,

talentoso, desgraciado y perdido

por los barrios de Lima. Llevaba

una vieja foto de mi padre, amarillenta,

donde aparecía con su pelo ya blanco,

sus ojillos brillantes de inteligencia, sus mejillas flácidas

labradas por años de inútiles batallas

contra lo que él llamaba su destino adverso

cuando se hallaba de un ánimo blasfemo,

dispuesto a enrostrarle a un Dios

en el que no creía,

sus continuos fracasos.

La boca grande, elocuente.

La frente alta y despejada. Con un terno marrón, creo,

a rayitas. Esa imagen debió corresponder

a una época feliz, tal vez la de Huaraz,

cuando estábamos todos juntos, mi hermana

mi madre y yo, mucho antes

del divorcio.

Reynaldo la mostraba

a la gente, los interrogaba venciendo

su enorme timidez: “¿Ha visto a este hombre?”

indesmayablemente a pie,

tío de a pie como un remoto soldado de una guerra perdida,

raso, humilde, cumplido,

indagando en los parques, en los hospitales,

en las estaciones de autobús,

en los mercados,

pues quería encontrarlo,

ésa era la misión que se había impuesto

antes que la muerte se lo lleve.

Pero la muerte se llevó primero a tío Reynaldo

de un cáncer al estómago,

sin saber que mi padre lo había precedido en el último

rumbo,

y no fue sino mucho más tarde que mi hermana

al fin encontró a mi padre

en una Fosa Común del cementerio de Miraflores

donde sus huesos misteriosamente habían venido a dar

porque nadie había reclamado su cadáver.

La muerte

que con callado pie todo lo iguala

lo había sorprendido en un asilo municipal

donde llevan a los locos que vagan por las calles de Lima

y había muerto, enloquecido y solo,

él, Octavio, Tachito, el poeta, el hermano mayor

que había nacido en cuna de oro.

Siempre pensé que moriría rodeado

como Maese Manrique

de sus hijos, hermanos y criados

reconciliado con su terco destino

y cesaría la angustia

la loca angustia que desorbitaba sus ojos

porque no quería morir como un fracasado

y su muerte le cerraría para siempre

las puertas de La Gloria.

No reposó un instante en vida

acechando a la suerte en todos los caminos,

en todos los concursos,

esperando un cambio del destino

un premio, algo definitivo

que sacase su nombre del anonimato

y le diese la paz. Ya no soñaba con el Premio Nobel,

sino con la publicación de sus poemas

que eran profundamente hermosos

y cada día más bellos

cuanto más desgraciada era su vida.

Se sentía en deuda

con nosotros sus hijos,

y los recuerdos de nuestra infancia feliz lo atormentaban

hasta hacerlo sangrar

como un patriarca loco que ha perdido

el paraíso inadvertidamente

por una mala mano en el tresillo

un mal consejo, o una debilidad de temple

inconfesable.

Entonces quería estar solo, huía

de la familia, se confundía

en Lima entre los vagabundos, le aterraba

y le atraía como un destino escrito

la mendicidad al final del camino. No aceptaba

el rol que todos querían para él:

el del abuelo sabio y respetado

que mora y aconseja en el hogar de su hija: prefirió

seguir en la batalla hasta el final,

irse a la calle

esperando un milagro.

Sus despojos

fueron a dar a la Fosa Común

hasta que el proceso

de putrefacción termine, en cosa de tres años

y sus huesos, mondos, nos fueron entregados

en una caja de zapatos, con una etiqueta

identificatoria.

Ahora reposan en el Cementerio el Ángel

en una de esas fúnebres bibliotecas de huesos

a pocos bloques de donde mi madre duerme su sueño

eterno.

La muerte, piadosamente,

ha acercado los huesos de dos seres que la vida separó,

y sus nombres han vuelto a aproximarse

en el silencio de este Camposanto

como cuando se vieron por primera vez

y se amaron.

En ocasiones

mi hermana y yo llevamos flores,

a un sepulcro y el otro,

y todavía sufrimos por su amor desgraciado,

que sin embargo dio maravillosos frutos.

Las manos

Mi padre vino desde tan lejos

cruzó los mares,

caminó

y se inventó caminos,

hasta terminar dejándome sólo estas manos

y enterrando las suyas

como dos tiernísimas frutas ya apagadas.

Digo que bien pueden ser éstas sus manos

encendidas también con la estampa de Utamaro

del hombre tenue bajo la lluvia.

Sin embargo, la gente repite que son mías

aunque mi padre

multiplicó sus manos

sólo por dos o tres circunstancias de la vida

o porque no quiso que otras manos

pesasen sobre su pecho silenciado.

Pero es bien sencillo comprender

que con estas manos

también enterrarán un poco a mi padre,

a su venida desde tan lejos,

a su ternura que supo modelar sobre mis cabellos

cuando él tenía sus manos para coger cualquier viento,

de cualquier tierra.

José Watanabe

Del padre

Irremediablemente Faustino quebró su arco

Rebuznándose en la mar en su pequeño bote

orlado de anchovetas que le ceñían el pecho

mientras la espuma subía como alcatraz torpe

sobre las rocas y se fue partiendo percudiendo

como dos alas la ambarina luz del sol

gimiendo una imprecación inaudible

a modo de soplo como viene el hombre después de inundar

a la hembra a destrozarse con las aguas un día antes

en las resecas playas en que por primera vez

vi su negra elegancia

y ya no tengo memoria de él con su arco quebrado

sobre las hélices que suben y bajan en su pecho

Y que ahora duermen para siempre Fue mi padre un buen tiempo

en que no creía en ellos Oh consolá consolá me decían antes

los yerros de los vientos al dibujar mi sombra

Qué falsía qué fachada qué cacharro Esa la mía la venérea alta

con que se cubre el rostro de aquel que más quiero

Y qué sentido tienen ya las cruces del camino

qué de los pies áureos resplandeciendo incivilizados

bajo la tierra?

Ya su nombre no resuena no gotea. Y yo ya aprendí a cortar redes

a ser juerte como esposa y deslomado de oficios

golfeando en esta barca las entrañas de la luna

como un animal montaraz escupiendo a la multitud

No sé más que inclinarme en el largo viaje que me espera

Irremediablemente Faustino fue mi padre Irremediablemente

Yo lo Sentencio.

Domingo de Ramos

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Cultura

Walter Jilapa y sus 30 años de labor literaria

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Como dijera José Luis Ayala Olazával: “Los pueblos que valoran y honran a sus intelectuales como a sus más destacados ciudadanos en vida, se valoran y honran a sí mismo. Al mismo tiempo, que esa trascendental acción sirve para estimular a las nuevas generaciones, es el resultado de lo que es capaz una sociedad en permanente ejercicio de los valores éticos, morales, cívicos como patrióticos y realización de sus aspiraciones sociales”. 

Es por esta razón que estimamos trascendente la figura emblemática del reconocido escritor Walter Jilapa Santander, nacido el 11 de junio de 1972 en Juliaca, con una dedicación de 30 años a la cultura puneña. Entonces afirmamos pues enfáticamente, que es uno de los exponentes del mundo mágico de las letras, no solo en el campo de la poesía sino también de la literatura peruana. 

Poetas José Luis Ayala Olazával y Walter Jilapa en la FIL de Puno.

Este destacado poeta cursó sus estudios de Educación en la Especialidad de Lengua y Literatura, también tiene una maestría y doctorado en Educación. Es miembro activo de la Casa del Poeta Peruano. En el año 2013, recibió la “Medalla de Oro de la Cultura” en el Encuentro Internacional de Poesía en la ciudad de Bambamarca, departamento de Cajamarca. 

Después de lo cual representó al Perú en el IV Encuentro Internacional de Escritores “Sin Fronteras” de Argentina, siendo declarado visitante ilustre, asimismo brilló con luz propia en el VI Encuentro Internacional de Escritores “Por la senda de la Palabra” de Ecuador, recibiendo la llave de la ciudad. 

Vale decir, es un hombre generoso adornado por la sencillez y por su amor a la poesía, la docencia, el ajedrez, la política, la odontología y, sobre todo, por cultivar, con sutileza y sinceridad, la difícil amistad en estos tiempos aciagos. 

Debo señalar en estas líneas el esfuerzo e interés mostrado por Walter Jilapa Santander, que se ha convertido en un orfebre de la palabra, además está preocupado por la cultura puneña. Tiene en su haber “Versos de guerra y paz”, “Oro”, “El lenguaje del viento”, Doctor en el Perú” y “Fogata humana”. Está por publicar “Tokoro, poesía esencial de Juliaca”. 

Poemas suyos han sido publicados en diarios, revistas nacionales e internacionales y al mismo tiempo, en diversas antologías poéticas, tales como: “30 voces contemporáneas en la poesía puneña”, “Necesitarse”, “Arquitectos del alba”, “Pitágoras de ruiseñores” y “Los amantes vienen al puerto”.

EN LAMPA. Destacadas figuras literarias posan al lado del poeta juliaqueño Walter Jilapa.

Es interesante su poemario “Fogata humana”. Walter Jilapa Santander dice: Hoy me encontré con mi infancia/ pasos tambaleantes atrapando el equilibrio de Newton/ Hurtando palabras al idioma de Cervantes/ Oraciones a la filosofía de Sócrates/ desafiando la hidrogravedad de Arquímedes con aquel barquito de papel/ Escalando las vocales de la vida/ Cuentos interminables cerraban mis párpados junto a estrellas de púrpura/ El lápiz de carbón la matemática mis fieles aliados/ Sumaba alegría a muchedumbre a flor de labios/ Restaba tristeza en ausencia de mi padre/ Multiplicaba el pan nuestro de cada día/ Dividía optimismo a carrera derrotada/ Hoy me queda el espejo de memoria/ El mayor deseo de reencarnarme niño.   

Por eso con mucha razón Walter Jilapa Santander sacará a luz la antología “Tokoro, poesía esencial de Juliaca”, que es un trabajo de recuperación de algunas voces supuestamente postergadas de la literatura juliaqueña, pertenecientes a diferentes generaciones; sin embargo en su gran mayoría a la Generación de Fin de Siglo. 

Cabe pues entonces resaltar y exaltar que esta antología poética se instaura en un panorama estético de la poesía juliaqueña, familiarizado con todos los aportes de las más recientes teorías literarias, como en un campo propicio a la rigurosa investigación, en el que aparecen obras fundamentales de nuestra tradición literaria, que marcan una orientación para presentar a la poesía que se ha escrito en Juliaca. 

PREMIACIÓN. En la Casa de la Cultura de Puno fue reconocido el poeta juliaqueño.

Por ello mismo nos llama la atención que entre los autores reseñados figuren nombres tan importantes, como son: Luis de Rodrigo, José Parada Manrique, Alberto Valcárcel Acuña, Jesús Cáceres Velásquez, Vicente Benavente Calla, Roberto Belarmino Mamani Mendoza, Gaby Arce Muñoz, Héctor Cano Cáceres, Percy Zaga Bustinza, Gloria Mendoza Borda, Luis Zambrano Rojas, Hernán Jiménez Camacho, Alberto Chambi Pérez, Norma Melgar López, Samuel Álvarez Enríquez, Fidel Mendoza Paredes, Gabriel Apaza Mamani, Walter Zea Mamani, Darwin Bedoya Bautista, Rudy Frisancho Gallegos, León Isaac Quispe Huaranca, entre otros. 

Si bien es cierto, la antología “Tokoro, poesía esencial de Juliaca”, no sólo se justifica, sino que se hace necesario, el mismo que podría generar debates a partir de alcances y planteamientos ideo-estéticos; pero es indiscutible su valía para dilucidar una visión totalizadora de las letras juliaqueñas, ello debido a que Walter Jilapa Santander siempre se ha mantenido impermeable y honesto a la vez. 

Lo que está fuera de discusión, es el buen gusto con que se ha realizado la selección de los poetas y de sus poemas. Se ha escogido con criterios muy personales, pero no ambiguos. ¿Faltan otros? por supuesto que faltan muchos, como lo reconoce el propio Walter Jilapa Santander, cuya antología poética también es una invitación a revisar el proscenio poético juliaqueño. 

Por todas estas razones Walter Jilapa Santander es un escritor que cincela las palabras desde la otra orilla, desde la otra condición humana y visión del mundo, desde las sociedades ancestrales que no tienen necesidad de asimilarse a la globalización ni a cánones de la cultura oficial. 

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Cultura

“Todos vamos a morir”, no lo digo yo, lo dice Niños Sin Smartphones

El álbum menos polémico en la historia del rock peruano.

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Nos lo advirtieron pero no les hicimos caso. La banda peruana Niños Sin Smartphones trabajaron incansablemente desde marzo del 2020 para hoy presentarnos su esperado primer álbum de larga duración al que optimistamente titularon “Todos vamos a morir”, una colección de 12 tracks en los que el dúo le canta a sus (des)amores, desencuentros y frustraciones de pandemia.

Y todo empezó como una broma negacionista ante la llegada de la pandemia a inicios de 2020. Daniel Ruiz-Gonzalez, uno de los responsables de este álbum, cuenta que cuando el gobierno decretó oficialmente la cuarentena en Perú, él bromeaba alegremente diciéndoles a sus allegados que “Todos vamos a morir”, tratando de ocultar maquillar el miedo y la incertidumbre que sentía. Finalmente, esos sentimientos encontrados, fueron plasmados en las canciones que compusieron durante la pandemia y hoy forman parte del disco.

Por su parte, Dennis García, la otra cara del proyecto, cuenta que el sonido tan ecléctico logrado en el álbum refleja precisamente a los múltiples temores, recuerdos y frustraciones pandémicas. Así, encontraremos canciones furiosas, ruidosas, melancólicas, calmadas e incluso bailables. Todos los tracks fueron compuestos luego de dialogar mucho sobre temas en común en los que influyeron también sus estados de ánimo. El “Todos vamos a morir” se convirtió en una motivación para valorar la vida, hacer más música y concretar el disco.

“Casi todo lo hemos grabado los dos tocando al mismo tiempo. “No Corona”, por ejemplo, es en vivo, hasta las voces. Como ese tema lo mezcló Justin Moshkevich (4 premios Grammy), parece que tocamos chévere, pero todo es mentira”, cuenta entusiasmado Dennis García. “Si estas canciones las pudiéramos hacer en concierto sería alucinante. Pero habría que ensayar porque hace tiempo no hacemos conciertos y el otro día hicimos uno por Facebook y dimos bastante pena”, finaliza Ruiz-Gonzalez.

En el álbum participan músicos nacionales como Rafo De La Cuba (bajo), Guillermo Saldaña (bajo), Carlos Ubillús (trombón), Valí Cáceres (guitarra eléctrica) y Sebastián Gereda (pandereta roja). Producido ejecutivamente por Zhenna Luque, “Todos Vamos a Morir” ya está disponible en Spotify y en todas las demás plataformas digitales donde se escucha la música.

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Cultura

Stefano Bermellón inaugura hoy su muestra “Iconos”

La Galería José Antonio, en Barranco, se complace en presentar a partir del 08 de abril de 2021 la exposición individual “Iconos” del artista visual Stefano Bermellón.

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Las obras de Bermellón en su primera muestra individual Innuendo se basaron en el figurativo que transitó en un realismo fotográfico. En su segunda individual Pigmalión, Bermellón representó su vivir, en lo introspectivo y en lo exterior, con un desenlace más calmo y sosegado, basándose en mitologías, crónicas, leyendas, e historias épicas y cotidianas.

En 2020 realizó su tercera individual Glamour con pinturas figurativas intervenidas con ligeras improvisaciones de abstracto colorido, donde la fluidez del chorreado y salpicado resaltaron la contundencia de los colores pasteles, que confluyeron con rosados y con la excentricidad del Glam.

Cabe mencionar, que Glamour fue la primera exposición de arte realizada de forma presencial en Perú, luego de varios meses de confinamiento durante la pandemia.

En esta ocasión, Bermellón inaugura su cuarta muestra individual Iconos, con figurativos en formato grande, cuyos retratos pertenecen a los personajes más icónicos del mundo de la música, el cine, el fútbol y la moda.

Stefano Bermellón.

Aquellos Iconos jamás prescindieron de esa atracción natural que desde un principio fascinó a todos los mortales del orbe. Asimismo, en esta nueva aventura pictórica, Bermellón recurrió a la técnica de la mancha y a ligeros visos de empaste para cerrar el concepto de la muestra icónica.   

La vernissage será el jueves 08 de abril a las 6.00 pm. en la Galería José Antonio (Jirón Batalla de Junín 114 Malecón-Barranco-Lima) y permanecerá abierta hasta el sábado 24 de abril de 2021.

Brindis de honor gracias a vinos OCUCAJE en su serie de tintos.

La Galería José Antonio cumple con todos los protocolos de bioseguridad y el ingreso a la sala de exposición será monitoreado.

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Cine

Estreno: Convergencia (2021), de Mario Castro Cobos y Marco Ramos Saettone

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Mario Castro, realizador y crítico de cine, estrena en Lima Gris (con acceso libre) su largo número nueve; su quinto largo en tiempos de pandemia, su segundo largo en codirección, y su tercer largo en el lentamente vacunado 2021.

Convergencia, de Mario Castro Cobos y Marco Ramos Saettone (Perú, 2021, 73 min). Los directores exponen un cúmulo de potentes imágenes y microhistorias que pueden ir desde la belleza estética hasta lo políticamente incorrecto. La vejez, el inminente deterioro, las promesas de inmortalidad, las apariencias o, incluso la muerte, no son nada en este perenne reciclaje sin su contraparte, la vida.

Aquí puedes ver Convergencia (2021)

Aquí puedes ver De qué mierda estamos hablando (2021)

Aquí puedes ver Ganga Narayana (2021):

Aquí puedes ver Adentro hay un loro (2020):

Aquí puedes ver Animales perdidos (2020):

Aquí puedes ver Cuaderno de notas (2018), Gracias por la donación (2019), Descartes (2019, en codirección con Carlos Benvenuto) y Agujero (2019):

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Cultura

Sobre la poesía contemporánea peruana, por Julio Barco

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¿Qué puedo decir de la poesía de mi generación? ¿Qué decir aparte de que estoy cansado de casi todos y que siento que no hay una ambición mayor que sea loable? Lamento no dar el tono optimista y alentador que el arte debe poseer, pero, este es el Perú, señores, un país inculto, aburrido, atosigado de gente que trabaja para no morirse de hambre, de intelectuales como Montalbetti bien almorzados que objetan los linderos del poema, mientras Verástegui fallece sin ningún tipo de reconocimiento, con una multitud de obras que no serán editadas sino hasta que reemplacemos el chip que domina el mercado nacional.  Aquí nadie lee y los intentos por hacer viable este sueño son, en gran medida, carentes de la posibilidad de sostenerse.

Todo destruye el sueño voraz y literario de cualquier joven y los que sobreviven —o se meten a trabajar al Estado o montan una suerte de parafernalia literaria que sirve para no morirse de hambre— son carne de cañón de la voracidad de nuestro Estado. Aquí, señores, donde los niños se juntan para observar las flores, se trafica, se roba, se intentan algunos sueños, se estipula la realidad, se juega con lo real entre signos, se arma grupos políticos, se mata.

Aquí, señores, la poesía crece y sacude las entrañas de los pisos resquebrados como una suerte de indómita higuerilla, como una suerte de voraz aliento que permite observar en medio del fango la hermosura de algunas flores. Todos pues reproducen el mismo absurdo y la misma superficialidad que inundan las redes sociales, la vida y la sociedad en general: poesía flácida, sin vigor, sin capacidad de romper el Canon —cada día y año más lánguido, cada día más horrorosamente pegado a Vallejo sin ver a otros como Verástegui— la realidad, necesita circo, pan y pollo a la brasa, no Poesía. Más en mi país, es decir, practicarla requiere tener la mirada muy honda en el juego poético y en la realidad que habitamos.

Por eso, casi todo el meollo de la poesía peruana gira en torno a la política. Si fuéramos una sociedad nórdica, sin problemas políticos, tal vez nos dedicaríamos a pensar en la efímera materialidad de la nieve, o los ocasos álgidos ocasionarían todo tipo de problemas.  Y esto es una realidad tan sustancial que a nadie le importa. Es decir, es muy complicado tener un público consciente de producto que usamos para que nos lea y entienda del modo más profundo. Como en todos los siglos, cantamos en el vahído de las eras, en el miedo profundo a estar solos, en los días

¿Qué poeta de mi época es el más representativo? Ninguno. ¿Cuál dejó todo por su arte para dedicarse a escribir como la única vid y el único destino? Nadie, nadie, nadie. ¿Cuántos ahora son orondos psicólogos, funcionarios de estado, diseñadores de sistemas operativos para el internet?

El Perú no es solo el país del ceviche y del pollo a la brasa, de los incas y de la Guerra del Pacífico (que, por cierto, perdimos) sino también de algunos héroes, no de los que van a una guerra ordenados por el Estado de cada país, sino héroes que no asesinan, héroes que no poseen otra arma que su lenguaje. Pero no nos pongamos tan tristes tan temprano, que ver la realidad de la poética de estos años es algo que trauma y desalienta, sin embargo, hay pequeñas ínsulas, pequeños brotes que no significan una dimensión profunda o critica.

Por ende, la poesía es una flor rarísima, algunos la poseen de modo natural pero no se consigue precisamente leyendo muchos libros. Como en todo arte, la poesía posee su propia alquimia, su propia esencia y todo esto conlleva a tener en claro que, frente a la vicisitud, este país también ofrece un pentagrama único, una realidad variada y un espacio para pensar la realidad tan gigante, pero tan gigante que produjo a un Vallejo y a un Vargas Llosa, con sus méritos propios evidentemente, pero también con la propia amalgama de su propio sonido, su propio Dolor, con D de deuda, duelo y demasiada diversidad; por algo, y en el más alto grado de la aceptación, Arguedas llamó al Perú, “el país de todas las sangres”; y así solo así entendemos pues la épica de un Valdelomar frente a la intemperie ganando lo mínimo para seguir dando movimiento a esa gesta de actuar y hacer literatura en este país; solo así se comprende el rechazo visceral a un César Vallejo, encarando a su época en la misma médula de los sentidos, pero también a un Juan Ramírez Ruiz, que entregó su seso a la construcción del arte peruano, como Varela, como Adán… y tantos otras estrellas que de solo nombrarlas, me provocan una luz tan pesada que ilumina y ciega, pero ciega y destroza y desportilla todas las paredes de mi mente.

Por eso, hablar hoy de cuatro voces de poetas peruanos me resulta tan conmovedor y de interés general pues devela, con uve de uva, mejor si es uva pisadita para el vino, la realidad de nuestras sensibilidades. Allá los que todavía sigan pensando que la hegemonía del pensamiento peruano poético gira en torno a dos o un nombre sino que muta y se embriaga de lo plástico de cada época, de la realidad loca de cada época, de la fuerza de cada época.

En el temperamento de Chumbile, encontramos una reconciliación con la Orbe, con esas voces que suenan en las calles y descubre su sensibilidad con la empatía de un poeta que habla desde sus adentros pero mantiene alto el sentimiento de su propia revelación; es este joven limeño el autor de Mashqa que descubre una sensibilidad propia y una fuerza que, sin duda, provocan una suerte de conmoción; Chumbile observa la realidad: calles, puentes, buses, peines, niños, gente parada en los buses intentando sostenerse salvajemente para no caer desvaídos de sueño, el sueño y cansancio que palpita en su arte es el mismo de los miles de peruanos que buscan el cobre y el pan todos los días; la aventura de Castro, por otro lado, es diversa: agrega la jocosidad de la época, la famosa posmodernidad que no era sino una modernidad más extendida, es un autor cínico, que junto a otros cínicos montaron una suerte de fiesta de disfraces que fue Sub–25 quizá el peor intento de hacer algo trascendental para la época; sin embargo, ¿es necesario abrir este juguete llamado Sub–25 para que nos quede claro?

Hasta donde yo sé casi ningún ataque fue certero, se dijeron algunas cosas positivas y hasta el bobo de Montalbetti afirmó su ubicación poética, etcétera; sin embargo, y —como hoy pensaba mientras me afeitaba— la gente se merece la realidad que posee, es decir, el facilismo, la poesía solo subjetiva,  y copiada de la movida All Lit se cuela en nuestro país para reproducir una suerte de fiesta en Surco donde el hijo de Federico Salazar se alucina poeta y algunas flacas creen que ser feminista, en este país, es cambiar las vocales; así de grave andamos y por eso, este conversatorio tiene algo de anímico, porque hace tiempo es necesario abrir la mente  y criticar, hablar y levantar  la voz contra los simulacros de arte que suceden en este país. Por otro lado, Koronel es un autor silenciado por su racionalismo en el área que le da de comer: Psicología. Y Álvaro Cortés Montufar es un lector agudo de Verástegui con lectura propia de su mente y sensibilidad. Quizá, para mi gusto y exploración, prefiero más las poéticas de Chumbile y Álvaro, sin negarle —pese a lo ya mencionado— valor como objeto de mi época de estos paisajes en la pintura rupestre de la mente contemporánea. Sin embargo, no puedo dejar de admitir que hay talento en autores como Castro o Koronel que permiten ver que el arte poético es algo más aéreo, un riesgo, una suerte de brújula interna. Sí, nadie puede negar la insistencia y el entusiasmo de algunos, pero el arte, el espíritu y la voluntad no son repartidos con igualdad.

Y aquí va mi grito: quizá la música de mi época debe ser un largo y silencioso concierto, una furiosa inmolación, el fuego abriendo la mente destrozada por el absurdo y la vacuidad. Ahí donde el psicólogo calla, el poeta canta; ahí donde el Estado les paga la vida a ciertos artistas, hay algunos Oquendo de Amat que mueren pobres en España, algún Juan Ramírez Ruiz que se aleje de lo real para seguir su épica.

Por algo, en una carta de 1871, el fabuloso Rimbaud exclamó que los románticos eran vagos errantes, apenas dentro de la realidad de su época, haciéndose profesores o trabajando de lo que sea; algo que conectaba a los románticos con los místicos. ¿Estos anteriormente son los románticos de nuestra época? Quizá.

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Cultura

Efraín Miranda Luján: poeta de la pachamama y de los truenos

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Arequipa, 2004. Efraín Miranda Luján y Mario Mayhua Quispe, fruto de esa amena conversación, salió a la luz el libro “Conversaciones con el poeta indio Efraín Miranda. Foto: Mario Mayhua.

El viernes 10 de abril del 2015, a los 90 años de edad, y tras una larga enfermedad que arrastraba y que lo mantenía en un delicado estado de salud, dejó de existir en el distrito de Yanahuara (Arequipa), el reconocido poeta puneño Efraín Miranda Luján, nacido el 02 de marzo de 1925 en la hacienda de Condoraque, antes pertenecía al distrito de Cojata (Huancané) y ahora al distrito de Quilcapunco (San Antonio de Putina).

Debo señalar en estas líneas el esfuerzo e interés mostrado por Efraín Miranda Luján, por varios años, en el mundo mágico de las letras y en razón a ello, su obra literaria está siendo revalorada y difundida cada vez más. Entre sus principales poemarios están: “Muerte cercana” (1954), “Choza” (1978),”Vida” (1980) y “Padre Sol” (1998), que es el resultado de un trabajo silencioso y fecundo a la vez. Cada una de sus libros refleja la situación social, por la dura realidad y el deseo de abolir el dolor humano, el tiempo y la muerte. Sus poemarios inéditos, reposa intranquilo el que compusiera sobre la Pachamama.

Entonces afirmamos enfáticamente que, “Muerte Cercana” es el primer poemario de Efraín Miranda Luján, en el que expresa su sentir cotidiano y su arraigo social. Lo que más impresiona en este valioso libro son los siguientes versos: ¡no me grites de calle a plaza: cholo; grítame de selva a cordillera, de mar a sierra, de Tahuantinsuyo a la República; INDIO! ¡Lo soi! ¡A puntapiés, insultos y balas: lo soi! ¡Explotado, robado, asesinado; lo soi! ¡Con mi esqueleto, mi ecología y mi Historia: lo soi!

Deseo pues dejar expresa constancia de que “Choza” es un excelente libro de poemas que a la sazón permitió al autor desarrollar los elementos de su propio lenguaje: la libertad de la palabra y la armonía del verbo, los cuales marcaron una continuidad en su discurso poético, la misma que refleja una poesía contestaria, realista y sin ambages.

Vale decir, nuestro propósito a estas alturas, es relievar el poemario “Vida”, que su contenido es testimonial porque retrata una época ya por desaparecer, pero sus escritos despierta un interés necesario por los temas que aborda. Como dijo, Walter Paz Quispe Santos, en el suplemento cultural Totoria: “Efraín Miranda Luján pone una barricada contra el sentido común dominante del otro, para que retorne el significante de la escritura de los espacios interiores del yo dominado”.

Sin duda alguna “Padre Sol” es una magnífica obra poética de mayor factura, en donde la concepción ideo-cultural nos permite concebir su visión del mundo, que a la postre denota que el verso pueda hermanar y trascender al ser humano, precisamente sus versos florecen durante la primavera.

No está demás señalar que Efraín Miranda Luján es una de las más importantes voces de la Generación del 50, junto con poetas de la talla de Leoncio Bueno, Luis Nieto Miranda, Mario Florián, Gustavo Valcárcel, Alejandro Romualdo, Jorge Bacacorzo, Víctor Mazzi, Washington Delgado, Juan Gonzalo Rose, Carlos Germán Belli, Francisco Bendezú, Pablo Guevara y Marco Martos.

Sebastián Salazar Bondy nos manifiesta: “Los poemas de Muerte Cercana anuncian a un creador hondo en la inspiración y excelente en la creación. No se trata de un poeta culto, libresco, versado en letras. Ningún ardid hay detrás de estas canciones de solitario que se mira en cada aspecto de la incesante realidad y crédulo se vierte en palabras exentas de cualquier consideración literaria al uso”.

En 1997, el célebre poeta peruano Efraín Miranda Luján junto con el dinámico docente Mario Mayhua Quispe. Foto: Mario Mayhua.

Ernesto More escribió: “Miranda no sólo se ha desinflado en la estepa collavina, sino, que viene cargado la alforja con elementos culturalmente nativos, a revelarnos ese mundo desconocido que el Perú lleve dentro de sí, los gérmenes de una cultura milenaria, que como los granos encontrados en las tumbas, comienzan a florecer en cuanto terreno propicio y riesgo oportuno”.

Christian Reynoso Torres nos dice: “A comienzos de la década del 60, Miranda regresó a Puno para trabajar como profesor de una escuela rural en la comunidad de Jacha Huinchoca, al sur de la capital. Es en este lugar donde establece contacto con la realidad y el hombre del campo; fascinado por ello, decide quedarse a vivir allí por más de quince años. Esta experiencia, más la cultura universal que adquirió a través del aprendizaje autodidacta, le sirvió para construir y nutrir su poesía”.

Obras literarias.

De esta manera, Efraín Miranda Luján conserva un gran reconocimiento de carácter ciudadano, transparente y honesto como se merece todo poeta de la condición humana. Asimismo, en su vasto conocimiento, el Perú es mágico, maravilloso y trascendental, canta a la vida y a la esperanza. Y nada le detiene en el camino, sino más bien, batalla contra todas las adversidades simultáneas, en el que genera una interacción humana, destinada a preservar la cultura viva y la memoria social ante un gobierno sórdido e insensible a la vez.

Todo es un acto de magia y fe en la palabra impresa, sólo así es posible afirmar que, en gran parte, sus obras literarias alcanzan su verdadera expresión poética. Por eso con mucha razón es considerado como uno de los máximos exponentes de la poesía puneña. No obstante ello, el deceso de Efraín Miranda Luján ha causado un profundo pesar en los escritores del ámbito literario y al mismo tiempo, nos dejó como aporte y legado su cuantiosa obra escrita, principalmente poética.

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Cultura

La mirada de Witold Gombrowicz sobre la poesía, por Julio Barco

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Quizá en un ejercicio de lucidez y de memoria es conveniente repasar –antes de tocar el tema gombrowiczniano– todos los ataques históricos de la sociedad a los poetas.

Empezando, por ejemplo, por el más conocido: Platón, con la expulsión de los poetas de la República, hasta las sociedades actuales donde simplemente son parte de la mass media y se reciclan detrás de muchas coartadas.  Pero ya que citamos al susodicho veamos qué razones alegaba para que los poetas sean exterminados:

a) De los dioses sólo pueden decirse cosas buenas (cfr. República, 386a);

b) Evitar palabras que desacrediten el Hades, presentándolo como un lugar terrorífico (cfr. 387c);

c) No presentar a los protagonistas de los versos en actos que reflejen excesos emocionales, pues ello puede generar un camino de aceptación hacia la falta de templanza anímica (cfr. 389e).

La idea platónica contra los poetas es agua tibia para la dimensión de la propia poesía. Ahora nadie cree en el Hades, algunos sí todavía piensan en el Infierno, pero, es sociedades laicas como la nuestra, ¿deberíamos callar a los poetas por no hablar bien del Hades? Sin embargo, seguimos haciendo poemas y dando juicios de valor estéticos sobre este fenómeno.

Entonces, por un lado, vemos que el estado ideal platónico era el de la Religión y Nación, religión politeísta y nación esclavista, lo que nos hace pensar que su estado era una falsa utopía. Mientras algunos podían plantearse la posibilidad del mundo de las ideas, otros debían trabajar tranquilamente los cultivos. Sin embargo, es ocioso no seguir indagando. De este texto trasgresor para occidente, al arrebato de Rimbaud que abandona la poesía para ser mercenario podemos amplificar el tema. Hay no solo uno sino mil pasos de diferente tono.      

Sucede que este joven francés, autor de El Barco Ebrio, entendió la poesía en su cenit mayor: como un ejercicio de vidente. Lo de vidente viene de ver, observar, tener ese talento de observar y mirar. Mirar no es solamente pasar la vista, mirar el propio lenguaje es entender sus mecanismos y poder reflexionar sobre ellos estimula esa capacidad. Pero mirar, es también, decir. Aprender a decir, y no cualquiera sabe decir, es decir, revelar con uve de uvas frescas abiertas a la urgente emanación del ser. Citemos a Rimbaud:

Charleville, 13 de mayo 1871


Ya está usted otra vez de profesor. Nos debemos a la sociedad, me tiene usted dicho: forma usted parte del cuerpo docente: anda por el buen carril. También yo me aplico a este principio: hago, con todo cinismo, que me mantengan; estoy desenterrando antiguos imbéciles de colegio: es suelto todo lo bobo, sucio, malo, de palabra o de obra, que soy capaz de inventarme; me pagan en cervezas (…) Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas si yo sabré expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero no hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me dado cuenta de que soy poeta.

Quiero añadir que estas edulcoradas y adolescentes palabras fueron luego destrozadas cuando el muchacho creció y se perdió dentro de otros rumbos, tan hostiles como los de la poesía: vender armas, traficar marfil, hacer negocios en África.

De alguna forma, los filósofos te calman, ya que su premisa es “aprender a morir”; los novelistas “observan”, de ahí que su aporte sea “las grandes miradas internas”,[1] donde todos los lenguajes se balancean soñando una lógica común e inherente, propia y singular, sin embargo, ¿quién Siente?

¿Qué yo dentro de la novela siente? ¿Quién en su decir siente? Porque, es evidente, que la abstracción interna de un sistema filosófico es necesariamente un ordenamiento lógico que conduce a la corrobación de la mente; pero, por otro lado, el sentir mismo es un acto no necesariamente del puro pensamiento pero también relacionado con algo que carece la mente misma y su juicio lógico. En el texto que hoy comentaremos, Witold Gombrowicz (Polonia, 1904-Rusia, 1969) da una serie de réplicas a la naturaleza interna de los poetas, a su no querer observar lo que él considera la realidad, el cargar sobre sus hombros el peso de una postura,

y así no sólo canta la Poesía, sino que también se embelesa con la Poesía; siendo Poeta, adora la grandeza y la importancia del Poeta; no sólo pretende que los demás caigan de rodillas ante él, sino que él mismo cae de rodillas ante sí mismo. ¿No podría decirse de ese hombre que ha decidido llevar un peso excesivo sobre sus espaldas?

Witold Gombrowicz.

Que, sutilmente, sugiere una suerte crítica a la poesía como Tótem, pero también advertimos una suerte de mente racionalista, una suerte de entidad que busca la coherencia, como si la pasión no fuera partera de la historia,

¡Ah, la palabra del Poeta, la misión del Poeta y el alma del Poeta! Y, sin embargo, me veo obligado a abalanzarme sobre estas oraciones y, en la medida de mis posibilidades, estropear este ritual en nombre…, sencillamente en nombre de una rabia elemental que despierta en nosotros cualquier error de estilo, cualquier falsedad, cualquier huida de la realidad.

Palabras que nos descubren a un racionalista intolerante de la básica forma del sentir. Sin embargo, como en Hegel o Heráclito, tomo nota de la repercusión de una contradicción y su necesidad. No es posible que exista, por lo tanto, la poesía y su mística sin que se observen ironías desde extremos, tal como el que plantea Gombrowicz en mayúsculas y con acidez.

 Si  la “contradicción”[2] es necesaria para que la vida exista, o, en todo caso, para que la historia no cese –advertimos que  precisamente la modernidad es la ironía y la contradicción[3]– y donde la polaridad mental de los artistas lo llevan, de Baudelaire a Hölderlin, es decir, no hay modo de huir de la realidad, al contrario, la poesía moderna –paradójicamente a lo que expresa Witold requiere necesariamente un espejo, roto y profundo. La mejor poesía de la modernidad es un enfrentamiento a la Modernidad y sus límites. Pienso en Eliot, como en Pound, como en Vallejo, como en Neruda. Él dice que,

A partir del momento en que los poetas perdieron de vista al ser humano concreto para fijar la mirada en la Poesía abstracta, ya nada pudo frenarlos en la pendiente que conducía directamente al precipicio del absurdo.

Ciertamente podría ser absurdo al ver que la poesía es un saber de muchas culturas, de muchos entendimientos y sensibilidades. Hay un Neruda, un Vallejo, un Parra, un Dante, un Heraud, una Varela, etc. Sin embargo, luego añade algo que es entendible para que su juicio sea tan enfático,

Todo empezó a crecer espontáneamente. La metáfora, privada de cualquier freno, se desencadenó hasta tal punto que hoy en los versos no hay más que metáforas. El lenguaje se ha vuelto ritual: esas «rosas», esos «ocasos», esas «añoranzas» o esos «dolores», que antaño poseían cierto frescor, a causa de un uso excesivo se han convertido en sonidos vacíos; y esto mismo se refiere a los más modernos «semáforos» y demás «espirales».

Witold Gombrowicz.

Lo que nos permite ver que su ataque no es contra cualquier poeta, como tampoco la expulsión platónica es contra cualquier poeta: hay y hay poetas, hay diversidad y miradas; lo que ataca Witold es pues el purismo, no toda la poesía como tal, sino la que nombra como,

¿Por qué, entonces, me aburre y me cansa ese extracto farmacéutico llamado «poesía pura», sobre todo cuando aparece en forma rimada? ¿Por qué no puedo soportar ese canto monótono, siempre sublime, por qué me adormece ese ritmo y esas rimas, por qué el lenguaje de los poetas se me antoja el menos interesante de todos los lenguajes

posibles, por qué esa Belleza me resulta tan poco seductora y por qué no conozco nada peor en cuanto estilo, nada más ridículo, que la manera en que los Poetas hablan

de sí mismos y de su Poesía?

Esta manera de acercarse a la poesía, con el tono sonoro y mayúsculo del religioso es, sin embargo, una de las formas en las que los grandes autores del género se acercaron pero una crítica contundente a los que solo se sirven de ello por la pose y lo anodino.

¿Por qué? ¿No será por las mismas razones por las que no me gusta el azúcar en estado puro? El azúcar sirve para endulzar el café y no para comerlo a cucharadas de un plato como natillas.

La Crítica de Gombrowicz es hacia los cenáculos, hacia esos espacios donde se ejerce el poder jerárquica gracias a las relaciones, a que tan conocido eres y que tanto te celebran tus vecinos. Entre novelitas y poetas hay una diferencia vital: los primeros, salvo en algunas partes del mundo, pueden ovillarse serenamente en la Soledad. Poetas tiene necesariamente que recitar o leer sus versos; ese show poético en ciudades que comprenden el proceso de la cultura en las sociedades que habitamos es parte natural del cosmos; en otros, se va abriendo según lo pletórico del público. Esta realidad compartida lleva a que el propio juicio de la poesía se avasalle por el juicio del comportamiento o las aptitudes de los poetas; se castiga el arrebato, la insolencia pero –una vez embalsamado y enterrado el muerto– se lo recupera como genio. 

Al necesariamente tener que juntarse, todos tienen que verse la cara, las ropas, los gustos y leerse los poemas; ecuación que resulta en los diferentes lineamientos que cada poética o grupos poéticos asumen. Juntarse no siempre es el paraíso pero tampoco vamos a exagerar asumiendo como Sartre que el infierno son los otros. Como Lezama, pensamos que la relación con los otros permite una complejidad con nosotros mismos. Somos en la medida de un espacio, pero escribir no tiene nada que ver con ver o no ver un espacio. Eguren inventaba los espacios para tejer una trama más inherente; Basho caminaba por los arrozales de Japón silabeando versos…

 Ahora la crítica del señor Gombrowicz es para desplazar también la inclinación natural de sentir el fuego interno de cada artista, ¿acaso alguien debería dejar la música porque tras oír a Miles Davis sentimos una realidad abriéndose más allá de nuestros cubículos? Es cierto: el arte, al ser un artificio tan perfecto, duele. La música acaba: el silencio nos dice. Al decirnos, nos vuelve al circuito vicioso de la sed de arte. Los lectores o melómanos sufren la misma sed de arte. De escape. Ya lo decía Freud en el Malestar de la cultura: cada uno busca el modo de soportar su propio peso en el mundo. Entonces observamos que aquel humanismo contra el que se opone el polaco lo lleva a dos ideas más:

A) Expresar que existe un humanismo que se postra ante los grandes ideales, sea Estado, Poesía, Pintura. Si el ser humano se aleja de los absolutos el plato de comida diario es el fragmento, lo que venga, la espontaneidad de lo Real abriéndose como una suerte de bandeja de ordenadas opciones que, en síntesis, resultan una farragosa vacuidad. El Arte, en o sin mayúsculas, ofrece una respuesta afirmativa a la derrota del ser humano frente a la Muerte y el Olvido. En el instante en que el arte es, la realidad es, y se olvida las caretas que apartan al ser Humano de lo Sagrado o Profundo.

B) Cuestionar que el arte busque expresarse a sí mismo, algo insolvente al comprender que generalmente, o siempre, la subjetividad inunda lo literario. Incluso cuando un novelista habla de dos seres humanos perdidos en Marte, lo que hace, de alguna forma, es hablar de un territorio de su yo interior, o yoes.

Pero volvamos a la idea de Público y del Artista que tanto conmueve el pensamiento crítico de Gombrowicz. Sin duda, este ecosistema lo perturba y solo desea ser un artista puro –curiosa paradoja para alguien que acusa a Valery de ser un inmaduro–alejo de la falsedad de los “creyentes poéticos” y en la corteza de una realidad como tal: palpable, carnívora, voraz.

Leyendo este –como otros muchos textos al respecto– llego a la misma conclusión: hay más razones para detestar la poesía como actividad que para desearla. La poesía, entonces, resulta un acto solitario, un acto que no se dice a los demás salvo en pequeños cenáculos: al hacerse pública necesariamente termina siendo objeto de todo tipo de debate.

Finalmente, si Gombrowicz o Platón se oponen a la poesía es porque justamente su poder es tan intenso que obnubila los límites de la razón pura; ahí donde se intenta que la realidad solo sea lo que observamos –y que muera el canto–hay una curiosa resistencia.

El poeta está justamente para insistir y proteger algo que va más allá o más acá de la razón –y por eso es más temido que un político, más agudo que un empresario, más genial que un científico[4]– y obedece al poder de proteger el fuego interno de la especie.


[1] La totalización de las ciudades (Dickens), la totalización de una sociedad (Balzac), la totalización de un día (Joyce), la totalización del absurdo (Kafka), la totalización de la realidad (Vargas Llosa), la totalización del tiempo (Proust), la totalización del drama humano (Dostoievski), la totalización de Latinoamérica (García Márquez), la totalización del idealismo (Cervantes), la totalización de la Posmodernidad (Wallace), etcétera.

[2] Si + No = SINO y después SiNO + NO = SI y después Si + No = SINO y ∞

[3] Leer, por ejemplo, a Octavio Paz en Los hijos de limo.

[4] Con lo cual no ponemos a uno debajo ni encima de otro, sino hablamos del impacto que tienen a través de los siglos.

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Cultura

Caral, metáfora del estado y la cultura en el Perú

En plena pandemia “agricultores” han invadido y depredado parte de la zona arqueológica de Caral. En medio del conflicto aparece el congresista Carlos Almerí, quien protege y defiende a los invasores.

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Por: Vicente Otta R.

Caral y su importancia histórica y cultural 

Aprovechando la emergencia sanitaria que produjo el confinamiento que dispersa las fuerzas de seguridad por atención a la pandemia, falsos agricultores han invadido y perpetrado actos predatorios contra Caral, la zona arqueológica de trascendental importancia, a 180 Km. Al norte de Lima (Supe-Barranca).

La cultura Caral es la madre de América. Desarrollada entre los años 3000 y 1800 antes de Cristo, contemporánea de las de Mesopotamia, Egipto, India y China, esta civilización surgió siglos antes que cualquier otra cultura pre hispánica.  

Por dicha condición la UNESCO la declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad. Ubica al Perú y su historia como una de las 5 fuentes civilizatorias de la humanidad. Antigüedad que supone conocimiento y organización social.

Esta condición potencia enormemente nuestra arqueología, historia y cultura, que en el contexto de la sociedad del conocimiento y la globalización, se convierte en poderoso factor de atractivo turístico mundial, ya establecido por Machu Picchu. Lo amplía y consolida. 

Falsos agricultores quieren hacer chacra del área arqueológica

Desde mayo-junio del 2020, varias familias han invadido y construido casas precarias y sembrado plantas de paltos y mangos. Al típico estilo de los invasores de tierras eriazas que en muchos lugares del litoral peruano, invaden áreas pertenecientes al Estado peruano o a comunidades campesinas, “toman posesión” mediante estos procedimientos expeditivos ilegales,  solicitan el derecho de posesión, para luego solicitar la propiedad del bien.

En el caso que denunciamos no se trata de tierras eriazas sino de áreas legalmente establecidas como zona arqueológicas. Que cuenta con toda la fundamentación científico-académica: El sitio arqueológico Caral se encuentra reconocido como Patrimonio Cultural de la Nación mediante la Resolución Directoral Nacional del Instituto Nacional de Cultura N.° 720/INC del 20 de setiembre del 2002 y ratificada mediante la Resolución Viceministerial N.° 256-2011-VMPCIC-MC del 3 de marzo del 2011. Y desde el 2009, declarado Patrimonio cultural de la humanidad.

Legal patrimonial: a través de la Res. N.° 138-2006/SBN-GO-JAD, de la Superintendencia de Bienes Nacionales, emitida el 16 de noviembre del 2006, se declaró la transferencia patrimonial predial de Caral a favor del INC. Está inscrito en la Superintendencia Nacional de Registros Públicos como propiedad del Ministerio de Cultura, con el código N.° 80027096, acreditan y legitiman su pertenencia a la Zona Arqueológica Caral- ZAC. La pertenencia legal de estos terrenos a la ZAC es incuestionable.

Foto: Andina.

Tierras de enorme valor comercial

Una hectárea cultivable con tierra de buena calidad y provisión de agua, como es en el área invadida, tiene un valor de mercado de $ 25-30 mil dólares americanos. Aquí estamos hablando de aproximadamente 40 Has. Lo que hace cerca de un millón de dólares. Estando en producción con plantas de 4-5 años su valor se duplica, serían dos millones de dólares a la vuelta de tres o cuatro años. Así que de pobres agricultores, ni un pelo. Tráfico de terreno y voracidad de dinero simple y llanamente.

La denuncia de la ZAC, dice que estos invasores provienen de la ciudad de Barranca, no residen en la zona; que levantan precarias viviendas y realizan instalación de plantones, para dar la imagen de que residen en la zona y tienen áreas ya cultivadas. Un verdadero montaje para dar visos de legalidad al operativo de afectar el área arqueológica y ganar dinero a costa del estado y nuestra cultura.

Carlos Almerí Veramendi, congresista de Podemos que apadrina a los invasores

El señor Almerì, transitorio inquilino del parlamento, no ha tenido mayor inspiración que cobijar bajo sus paternales alas al grupo de invasores de Caral. Para otorgar cierta apariencia de carácter social a este despropósito ha llamado a los traficantes de terreno, “agricultores emprendedores”, que merecen el apoyo y protección legal de las autoridades.
De esta manera neutraliza y deja sin piso las acciones judiciales y policiales de los encargados de Caral, que en varias ocasiones han visto fracasadas las acciones de desalojo de las áreas invadidas. 

Los encargados de la zona arqueológica han denunciado que la policía y las autoridades municipales se hacen de la vista gorda ante estas acciones atentatorias del patrimonio arqueológico, que cuentan con la protección de Almeri. 

Don dinero se da la mano con don Almerì y neutralizan la acción de la justicia.  

Área invadida. Foto: El Comercio.

Congresista Almeri pide Mesa de Diálogo que legitima a los traficantes.

Carlos Almerí, congresista por las filas de Podemos Perú, se ha proclamado “el defensor de los agricultores” del Valle de Supe. En tal condición,  presiona a las autoridades judiciales  y policiales, y  ha llegado al extremo de enviar un oficio a la Presidencia del Consejo de Ministros, con fecha 11 de enero último, solicitando una Mesa de Dialogo pues según él, “agricultores del valle de Caral han sido afectados con la destrucción de sus cultivos”. 

El mundo al revés. Una autoridad  parlamentaria apoyando a los que violan la ley. Solicitar la Mesa de Dialogo, lejos de establecer un canal de comunicación o de acercamiento entre las partes, es legitimar las acciones criminales de los traficantes de tierra puesto que otorga visos de legalidad a sus acciones criminales, y condición de contraparte en una situación de conflicto, que existe solamente por su invasión.

En otras palabras, según dicha solicitud, los representantes de la Zona Arqueológica Caral estarían actuando abusiva e ilegalmente, provocando una situación de conflicto social que la Mesa de Dialogo debe ayudar a resolver.

Esta intervención irresponsable e impertinente del congresista Almerí, envalentona a los traficantes y los empodera a tal punto que realizan amenazas y ataques violentos contra el personal del proyecto arqueológico y rechazan las decisiones judiciales y la presencia policial.

Han llegado a tal extremo, que Ruth Shady, directora del proyecto Caral, se vea obligada a realizar serias denuncias, “Estamos recibiendo amenazas de personas que se están aprovechando de las condiciones de pandemia para ocupar los sitios arqueológicos e invadirlos para establecer cabañas, pasar maquinarias por las tierras… destruyen lo que encuentran”, dijo Shady durante una entrevista. Y agrega: “Un día llamaron al abogado que trabaja con nosotros y le dijeron que lo iban a matar junto conmigo y nos iban a enterrar cinco metros debajo del suelo” si persistían los trabajos en el lugar, denunció.

Arqueóloga Ruth Shady.

Esta conducta mafiosa es consecuencia de un accionar coordinado entre los traficantes y ciertas autoridades como el congresista Almeri, puesto que las acciones ilegales y criminales que realizan los traficantes de tierras, encuentran su complemento en las gestiones  oficiales (solicitud de Mesa de Dialogo) mientras son protegidos para evitar el desalojo.

Sheraton versus muro inca en el Cusco, precedente resuelto acertadamente

Un acto de lesa cultura equiparable al de Caral se produjo el año 2012, cuando la cadena de hoteles Sheraton quiso ampliar su cadena y para edificar un nuevo local, destruyó un muro inca de más de 500 años de antigüedad en el centro histórico del Cusco. Contraviniendo normativas legales realizó la construcción de un hotel de siete pisos. 

Luego de un largo y engorroso proceso judicial, que se prolongó por la actitud ambigua y concesiva de algunas autoridades locales y regionales, finalmente la Corte Suprema sentenció, el año 2019, la demolición del edificio y la restauración del muro inca dañado. Previamente, el año 2016, multó a Sheraton con dos y medio millones de dólares por la infracción cometida.

Congresista Carlos Almerí.

Comisión de ética y no Mesa de Diálogo para Almerí

Este congresista en lugar de cumplir sus obligaciones principales, elaborar y promulgar leyes, fiscalizar el cumplimiento de la legislación existente, y representar los intereses de los ciudadanos se dedica a proteger grupos delictivos. De Almerì lo poco que se conoce es su vinculación con los traficantes de tierras que atentan contra Caral, violando las disposiciones legales existentes y presionando a autoridades judiciales y policiales para que no sean sancionados. 

Este congresista debiera ser sometido a la Comisión de ética en lugar de pedir que se forme una Mesa de Dialogo contra la Zona Arqueológica Caral.

Es abundante la cantidad de actos ilegales y criminalidad que se cometen desde el poder político o con su apoyo. Es una de las razones por la que la política ha ido perdiendo legitimidad. El propio Estado ha debilitado seriamente su condición de garante de la justicia y protección del interés común.

Pocas cosas son tan valiosas para el bien común, la historia y la identidad nacional de un pueblo como su cultura. Defender Caral, tribunal ético para Almerí.

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