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Cultura

Ciro Gálvez liderará el ministerio de Cultura: “Ari, jurani” (sí, juro)

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El presidente de la República, Pedro Castillo Terrones, nombró como ministro de Estado en el despacho de Cultura, al notario y excandidato presidencial, Ciro Alfredo Gálvez Herrera, quien juró en quechua, en la ceremonia que dio a conocer al gabinete de Guido Bellido, la cual se llevó a cabo en el Gran Teatro Nacional, luego de más de dos horas de espera y sin ingreso a los medios de comunicación.

Natural de Huancavelica, Gálvez Herrera, de 72 años, tiene una larga trayectoria en el arte como poeta, compositor, músico y escritor. Cuenta con diversas canciones en quechua tales como “Kutisaq” (Volveré), “Quién nos está matando” y “Entre dos fuegos”. Es más, se hizo tendencia en las redes sociales pues su página llegó a tener múltiples visitas. En estas melodías, se habla de la tristeza que se vivió en los años del terrorismo que azotó a su pueblo y también sobre la discriminación que sufrieron los inmigrantes de la sierra en Lima. En una entrevista al diario Correo, Gálvez, quien fue agricultor cuando era adolescente, confesó que al llegar a la capital trabajó de lavador de platos. Luego, admitió con pesar que fue apresado luego de cantar huayno en un bar limeño y la policía, en el calabozo, lo insultó llamándolo “cholo de mierda”.

En plano político, ha sido excandidato presidencial por dos partidos. En el año 2001 y 2006, postuló con el movimiento Renacimiento Andino, pero no tuvo éxito. Luego, refundó su partido llamándolo Renacimiento Unido Nacional (RUNA), que se presentó para las últimas elecciones del 2021, pero consiguió pocos votos. En el debate de este año, tuvo una participación peculiar pues expuso en quechua criticando a sus rivales, aunque estos no se dieron por aludidos pues no entendían el idioma andino. Cabe añadir sus intentos de ser gobernador regional de Huancavelica en los años 2002 y 2006; y buscó ser alcalde de Huancayo en el 2014. Todas estas candidaturas para un cargo de elección popular no tuvieron fortuna.

En plena campaña, el ahora ministro comentó lo siguiente en alusión a la discriminación que todavía persiste en la sociedad: “Generalmente se piensa que una persona de origen andino, quechua, no está capacitado, pero eso no es así, nosotros los quechuas también estamos en capacidad. Nosotros los peruanos originarios también tenemos sesos, tenemos inteligencia. y por qué no podemos entrar en política para reclamar nuestros legítimos derechos”.

En el plano laboral, tiene una notaría en Huancayo, donde vive actualmente, llamada “Ciro Gálvez” desde hace 35 años. Aunque, tuvo dos demandas laborales en los años 2009 y 2015 por supuestos despidos arbitrarios, cuyas sentencias fueron el pago por indemnización en ambas. También cuenta con varios inmuebles en su haber.

En el plano académico, es abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y cuenta con una maestría en antropología jurídica por la Universidad Nacional del Centro del Perú. También, llegó a estudiar el idioma quechua en el Instituto Superior de Quechua (INSUC). Gálvez ha publicado diversos artículos: Crítica a la Legislación Nacional Registral en 1980; el poemario llamado Runa Harawikuna, en el año 2008. En la 24ª edición de la Feria Internacional del Libro de Lima del 2019, presentó el libro Teoría del Renacimiento Andino.

Tengamos en cuenta que la destacada cantante, Martina Portocarrero, estuvo voceada para dicho ministerio. Además, contaba con el apoyo de diversas autoridades de importantes instituciones artísticas, sin embargo, fue descartada ese mismo día para nombrar a Gálvez Herrera que integraba el equipo de transferencia en el sector de Cultura.

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Cultura

“El niño de las figuritas”, un libro que recorre la intimidad del expresidente Martín Vizcarra

El libro del autor Richard Gallango se presentó el viernes 15 de octubre y ya se encuentra en todas las librerías.

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Sobre el expresidente Martín Vizcarra se han escrito varios libros. Uno de ellos fue El perfil del lagarto, un libro con muchas erratas y con falta de rigurosidad periodística. Las otras publicaciones fueron complacientes y hasta aburridas. Pero la publicación de El niño de las figuritas, del escritor y director publicitario Richard Gallango es un verdadero relato íntimo de Vizcarra y su entorno.

El libro nos introduce al universo más intimo, sórdido y decadente del expresidente Martín Vizcarra. El niño de las figuritas en sus 125 páginas está colmado de retos, mentiras, negaciones, infidelidades y traiciones; no se guarda nada y nos da un recuento de los movimientos más inverosímiles desde su paso por el Gobierno Regional de Moquegua; los entretelones de la campaña política del 2016; la ascendencia en los cargos más altos de sus amigos moqueguanos; la fina comunicación que sostenía con su “asesor” Richard Swing y la gesta de los famosos contratos con el Ministerio de Cultura.

También el relato nos permite conocer de cerca sus relaciones, intereses personales y las mujeres que le hicieron perder la cabeza y causaron la caída de Vizcarra.

El niño de las figuritas ya se encuentra a la venta en las librerías Vivant Book, Librería Communitas, Librería Sur, Librería El Virrey, y Librería Escena Libre.

Richard Gallango con su nuevo libro.

El autor Richard Gallango, estudió dirección de cine y televisión. Fue corresponsal de prensa extranjera, post productor publicitario y docente en la Universidad San Ignacio de Loyola. En el 2003 se inició como director publicitario en prestigiosas casas realizadoras del mercado peruano.

En el 2006, funda La Mafia Films, casa realizadora dedicada a la publicidad, donde fue director principal hasta el 2018. Actualmente, además de dirigir en Malvado Films, ha publicado para la editorial Inglesa Pearson el cuento “Pedro y los panecillos mágicos” (Pearson, 2013) el cual se ha distribuido en España, Portugal, EE.UU, México y toda Latinoamérica; y el libro “Diario de caminos” (Madreselva, 2021).

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Cultura

Gonzalo Alegría: “La Biblioteca Nacional se ha convertido en algo elitista y no es operativa, ni cumple el objetivo que nos dijo San Martín”

“En Perú no monetizamos ni convertimos a la cultura en una fuente de rentas. No hay publicidad para las revistas culturales, no hay convocatorias, no hay formas de venta alternativa y todo se piratea”.

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El programa Encuentros, conducido por Luis Felipe Alpaca en Lima Gris TV, contó con la participación de Gonzalo Alegría.     

Alonso Alegría Varona es Doctor en economía, experto en finanzas y además sociólogo y académico universitario. Él nació en un entorno meramente cultural y literario por ser hijo de dos grandes autores como Ciro Alegría y Dora Varona.

Además, estuvo voceado para ocupar la jefatura de la Biblioteca Nacional del Perú, una vez que el gobierno de Pedro Castillo se instalara en Palacio de Gobierno; sin embargo, se conoció que un personaje oscuro como Edwin Rigoberto Coico Monroy desde el Misterio de Cultura boicoteó su designación, así como la de otros probables funcionarios que se quedaron a la espera.

En el diálogo televisivo Alegría Varona, aseveró:

“En Estados Unidos, del PBI, en cultura se destina el 15.9%; claro, es Hollywood, son las series, es Netflix y es la música. Y en Europa un PBI fuerte en cultura es 9%, pero hay países como España que están entre 4 y 6% dependiendo del año; pero en Colombia ya están casi en un 5% y nosotros estamos en un 2% con algo, del Producto Bruto Interno, y habría que ver hasta qué punto no es generosa esa medida. Y es porque no monetizamos; no convertimos a la cultura en una fuente de rentas. No hay publicidad para las revistas culturales, no hay convocatorias, no hay formas de venta alternativa; todo se piratea, y al final el creador no tiene una economía creativa como en los países desarrollados”.

Cuando el conductor le preguntó sobre ¿cómo era posible que un banquero como él que está ligado a las finanzas, también conozca la cultura? Gonzalo Alegría respondió:

“Yo nunca renuncié a mi espíritu, porque al final eres un banquero, eres una persona bastante cuadriculada, y prácticamente, has renunciado a tu espíritu; pero hay sus gloriosas excepciones; por ejemplo, allí está Fernando Pessoa, el poeta que era bancario, ni siquiera era banquero; trabajaba todo el día en una oficina bancaria y después salía y escribía una poesía bellísima; pero en general los banqueros suelen renunciar a la banca para dedicarse a lo que realmente les gusta y allí está Paul Gauguin, el gran pintor francés. El abuelo de Gauguin fue banquero, dueño de un banco, su padre también fue banquero y luego él tenía que heredar el banco, pero mandó todo a la porra y dijo —me voy a Tahití a pintar — y así se fue a la Polinesia francesa a pintar y murió lamentablemente de sífilis de lo bien que lo pasó con una vida desordenada.

Pero la banca sí tiene algo de bueno cuando eres una persona culta; por eso allá en Madrid cuando era subdirector general de un banco patrocinábamos exposiciones y temas culturales; entonces cuando llegué a alto directivo me reconcilié con la cultura y siempre salvé mi alma porque era profesor universitario en la Complutense”.

Sobre cómo se gestiona la cultura, Gonzalo sostuvo lo siguiente:

“Hay un tema que me mortifica y lo he vivido siempre, hasta en Londres, cuando te decían —Eso es demasiado caro y costoso para nosotros — y estamos hablando del cuarto Banco de Inglaterra, y así lo dicen: —no me lo puedo permitir—entonces, el primer problema sería siempre presupuestario.

El funcionario público en cultura, siente que siempre le falta presupuesto por todas partes y en gran parte es verdad, no invertimos mucho en cultura.

Del presupuesto del año pasado en Perú, que prácticamente son S/181 mil millones de soles, el Ministerio de Cultura recibió algo más de S/780 millones; quiere decir que era el antepenúltimo por pobreza y el único que estaba un poquito por debajo con S/500 millones fue Comercio Exterior y Turismo. Pero, por ejemplo, Midis, que hace una función social y que se supone redistribuye renta con ayudas públicas hacia las personas, está con S/4 mil quinientos millones.

Entonces, el problema del presupuesto en el Perú es que se concentra mucho y el año pasado se concentró mucho en Educación y Salud, porque era lógico por la pandemia; y salud pública se llevó más de S/40 mil millones, que era la cuarta parte del presupuesto, y luego Educación se llevó S/32 mil millones. Entre los dos eran casi S/80 mil millones de S/180 mil, entonces, se llevaron casi todo.

Y después, el que haya tantos ministerios. Hay 18, y eso favorece al liliputismo; por ejemplo, el Ministerio del Ambiente, es Liliput, es muy pequeño pues y allí hay toda una filosofía. En otros países el Ministerio del Ambiente funciona como un viceministerio metido en Agricultura”.  

Aquí el programa completo.

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Cine

La vida recia: On the Bowery (1956)

Lee la crítica de cine de la semana de Rodolfo Acevedo.

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On the Bowery (1956) —de Lionel Rogosin (New York, 1924 – Los Angeles, 2000)—, es una película   elaborada bajo el influjo del neorrealismo y el cine directo —y del documental por supuesto—, evidente en la observación como forma de construir los planos, en el ritmo del relato en apariencia desapasionado y en el uso de actores no profesionales, buscando remarcar así su  afinidad con el espacio social de referencia. De esa manera cuenta la historia –casi una aventura- de Ray, un trabajador en paro que llega al barrio neoyorkino del título. Allí, su primera intensión —la que él mismo verbaliza— será tomarse un respiro, encontrar un empleo temporal y saciar su sed.

En su paso por calles descuidadas, repletas de indigentes y cantinas, le sucederán algunos percances, será víctima de la amistad y el engaño (Gorman), intentará infructuosamente quedarse en un albergue para gente sin techo, y volverá a embriagarse cada que pueda. En paralelo, la cámara registrará con cierto detalle, a la gente que puebla ese pedazo de ciudad abandonado al desempleo, la exclusión y la miseria.    

De entrada, el desplazamiento del protagonista por ese barrio de los años cincuenta (siglo xx) caracteriza su pertenencia a una clase trabajadora en constante tránsito, viviendo al día, de un lugar a otro, a costa de empleos ocasionales o por temporadas. En las imágenes veremos a los enganchadores cuando llegan en sus camiones a la ciudad y ofrecen pequeños trabajos que serán disputados por los desempleados a empujones. Camiones repletos de gente, gente colgada de las portezuelas. En palabras de los personajes, todos andan pendientes de obtener “unos dólares”, o están pendientes de quien los tenga —como los parroquianos de las cantinas. De esta manera, la lucha por la sobrevivencia, fundamental en esas condiciones, es mostrada desde los actos inconexos de individuos aislados y enfrentados entre sí. Como si fuesen objetos recogidos y luego devueltos, después de su uso –cosificados-, sus quejas y sus desmanes posteriores serán controlados por la autoridad, o buscarán protección y desahogo  en algún oscuro hueco callejero o en el vicio.  

Lo que podría parecer un estudio de caso (o ejemplificador, a lo Flaherty), en donde ciertas condiciones sociales de pobreza, deterioro urbano y delincuencia, coinciden con formas de degradación humana, se complejiza al introducir el discurso de una subcultura con sus propias reglas implícitas, lealtades y transgresiones. El personaje de Ray representa eso. Muestra un carácter definido en su actitud algo perdida y alcohólica que lo hace no conciliar con el discurso de los cuidados y la sobriedad. Como cuando abandona el albergue —una institución de beneficencia—, y prefiere la calle, la noche y el riesgo. Una conducta que el protagonista reafirma incluso en las circunstancias más difíciles, en el robo de sus cosas o en los amaneceres en plena vía pública. Y sin embargo, su conciencia no se define por “asumir las cosas como son” o sólo por levantarse cada vez que cae, él encuentra cierta fraternidad en ese mundo de alcohol y amistades casuales, por breves que sean sus relaciones, o contradictorias. (Y quizás todo ello sea parte de sobrellevar una vida de sobresaltos y precariedad).  

Gorman, el otro personaje en importancia, es una especie de guía despiadado dentro del Bowery. Y ambiguo, visto con ojos profanos. Le roba al protagonista, pero a su vez siente aprecio por él, lo ayuda, de cierta manera. Lo aconseja —es un hombre mayor, que de hecho representa la experiencia—, le dice que mejor se vaya de allí, que es joven y que aún tiene “futuro”, algo que muchos han perdido. Lo que anuncia repetidamente la película en sus imágenes y palabras es la cancelación de ese futuro como un porvenir mejor. El pasado subsiste como una perorata de tiempos posibles o en frases evasivas. De lo que se trata en ese tiempo y lugar específicos, es sólo de sobrevivir. (Los efectos a largo plazo sobre los hombres —no hay prácticamente mujeres— que tiene el ambiente son explícitos en los planos que se detienen en la fauna callejera, mostrando rostros y figuras deformes y avejentadas, remarcando así lo grotesco de sus aspectos, su deterioro, su final prácticamente anunciado). 

La historia de On The Bowery es una ficción en donde no actores tratan de interpretar su propia vida, o quizás buena parte de ella. Secuencias breves montadas a partir de cortes rápidos, construyen una visión global de lo que hace la gente en ese pedazo de ciudad, recogiendo incluso la mirada directa a la cámara o el señalamiento a ella —o al equipo de filmación. La película no encubre su artificio, ni la distancia con la cual asume la realidad que representa. Pero cuando nos acerca a la historia conducida por Ray y Gorman, su posición cambia —aunque no sustancialmente— y crea una especie de drama, aunque bastante seco y desapasionado, donde se narra una relación que va del aprovechamiento hacia alguna forma de amistad con algo de paternalismo. Así, en las trayectorias de esos dos personajes la obra desarrolla varios discursos a la vez: el del trabajo, el estilo de vida no convencional, la pobreza, la vejez, el conocimiento que dan los años, la conciencia práctica y la preservación de uno mismo. Como si fueran dos momentos de una sola vida, los personajes se encuentran, hacen lo posible y desaparecen por distintos caminos: uno parte, el otro se queda. Su futuro, quedará en suspenso, casi como repitiendo la propia incertidumbre de sus existencias reales. 

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Cultura

Ministerio de Cultura: pruebas de corrupción fueron entregadas a la Contraloría

La denuncia de corrupción ya se encuentra en manos de la Contraloría General de la República. Por su parte la ministra de Cultura Gisela Ortiz pretendería retirar del cargo a los valientes funcionarios que se atrevieron a denunciar los actos de corrupción.

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La semana pasada trabajadores del Ministerio de Cultura entregaron a las oficinas de la Contraloría General de la República, documentación con información de actos de corrupción. Al tomar conocimiento de lo sucedido, llamamos al área de Comunicaciones de la Contraloría, y nos confirmaron que recibieron la denuncia de corrupción donde se encuentran involucrados funcionarios que siguen trabajando en la actual gestión de la ministra de Cultura, Gisela Ortiz Perea.

Estos funcionarios que aparecen en la denuncia son parte de lo que se conoce como la mafia cultural enquistada en el MINCUL. Según nuestra fuente, la ministra Gisela Ortiz ya tiene conocimiento de la denuncia, pero absurdamente se buscaría cambiar a los funcionarios que valientemente se atrevieron a denunciar la corrupción. Es decir, la ministra de Cultura no pretende erradicar la corrupción del ministerio, lo que pretende es que los funcionarios denunciados se mantengan en el cargo.

Por otro lado, la ineficiencia de la Contraloría General de la República se hizo evidente desde que Lima Gris destapó el caso de Richard Swing. Pero hoy, la institución a cargo del contralor Nelson Shack, tiene la oportunidad de reivindicarse al tener en sus manos graves denuncias de corrupción donde figuran algunos proyectos que involucran a funcionarios del área de Administración y Logística del Ministerio de Cultura.

Dichas denuncias documentadas fueron presentadas por trabajadores del Ministerio de Cultura y están en evaluación por parte la Contraloría. Desde la institución dirigida por Nelson Shack, nos señalaron que en estos días habrá una respuesta sobre la denuncia, ya que fue considerada como prioridad, y el proceso implicaba acciones de control posterior cuyo objetivo es la evaluación de la documentación para obtener las evidencias correspondientes y determinar las responsabilidades del caso.

Algo que también deben tener en cuenta en la Contraloría General de la República, es que en el Órgano de Control Interno (OCI) o Procuraduría del Ministerio de Cultura, existiría una especie de “blindaje” cuando se trata de funcionarios de Administración. Y esto es, debido a que los funcionarios de las mencionadas áreas llevan bastante tiempo en el MINCUL, y ya forman parte del círculo de confianza de la mafia cultural enquistada en la institución.

Los rezagos de Richard Swing se hacen visibles en el Ministerio de Cultura.

Es por eso, que las denuncias anteriores y los procesos administrativos por casos de corrupción estuvieron cayendo en “saco roto”. Una clara muestra de lo sucedido, es que los órganos de control del Ministerio de Cultura se hicieron de la vista gorda con los pagos irregulares de Ricardo Cisneros Carballido, más conocido como Richard Swing, y donde están involucrados exfuncionarios del MINCUL, cinco exministros de Cultura y un expresidente de la República.

Uno de los graves errores del presidente Pedro Castillo fue designar a una ministra que ignora totalmente el sector cultural; pero, además, con la reciente información de las denuncias de los trabajadores a Contraloría, entendemos claramente que Gisela Ortiz Perea no luchará contra la corrupción en el Ministerio de Cultura.

La documentación está en manos de la Contraloría General de la República; esperamos su respuesta.

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Cultura

Entrevista | Paul Auster: “En pocos años no va a haber Estados Unidos en el sentido en que lo conocemos aquí y en otras partes del mundo”

Paul Auster acaba de publicar “La llama inmortal de Stephen Crane”, una extensa biografía de mil páginas sobre la corta pero intensa vida de este escritor norteamericano que —hoy olvidado— renovó la literatura estadounidense con una obra “que debería estar a la altura de autores como Henry James o Mark Twain”. Conversamos con Auster sobre este nuevo libro y temas de actualidad como la cultura de la cancelación y la Norteamérica post Trump.

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Auster recibe virtualmente a un grupo de periodistas latinoamericanos invitados por Planeta en la casa que comparte con su pareja, la también escritora Siri Hustvedt, en las cercanías del Prospect Park de Brooklyn, para hablar sobre Stephen Crane (1871 – 1900) un autor cuyas novelas Magie, una chica de la calle y La roja insignia del valor “cambiaron el curso de la literatura norteamericana. Creo que se lo ha abandonado. Hoy no se lo lee en las escuelas, pero creo que merece estar en el panteón de autores como Nathaniel Hawthorne, Henry James o Mark Twain. Lo que sucede es que vivió tan poco que la gente tiende a olvidarse de él. Escribí este libro para que muchos lectores puedan conocerlo y acceder a su obra”.

Stephen Crane escribió artículos, novelas, relatos y poesía; trabajó como corresponsal de guerra en Cuba y defendió los derechos laborales y sociales. Sobrevivió a un naufragio, fue amigo de Joseph Conrad y gozó en vida de la fama arrasadora que tuvo también F. S. Fitzgerald. Por eso la extrañeza de su olvido en los lectores norteamericanos. La roja insignia del valor fue llevada al cine por John Huston y era lectura obligada para casi todos los estudiantes estadounidenses. Hoy, sin embargo, comparte el mismo destino de La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne, recuerda Auster, acusando indirectamente al plan educativo que ha hecho de lado a estos clásicos que funcionan también como una radiografía de ese país continente donde “los abismos entre ricos y pobres son tan hondos como en los de su época. Ahora estamos otra vez donde estábamos hace 120 años. Se desmantelaron los sindicatos, a los trabajadores se los trata como basura y los ricos se enriquecen constantemente. No estaba escribiendo sobre la prehistoria, sino escribiendo sobre Estados Unidos, que no es muy distinto al que era hace 100 años”.

Para Auster, Crane modernizó la forma de contar una historia, abandonando esa literatura que pretendía educar a los lectores. En ese sentido, fue un radical de su tiempo: “Fue en contra de lo que sucedía con la literatura estadounidense en ese momento, le quitó todo lo moralizante, todos los juicios morales que hacían los escritores en la ficción, para contar la verdad. Miraba de una manera cautelosa, tenía una mirada como de fotógrafo o de periodista de investigación que describía lo que estaba pasando antes de ponerlo en tela de juicio. Su primera novela, Maggie, una niña de la calle habla de los barrios abandonados y pobres y de cómo esta niña se convierte en prostituta y muere por eso. El no juzga, solo lo cuenta y esto resulta extraordinario. Desde lo estilístico, él le quitó a la literatura todo lo que se asociaba con la novela del siglo XIX: las descripciones, el color local, las largas peroratas sobre cómo era el cuarto, el paisaje o la ropa. Crane solo escribió sobre lo esencial, desnudó la prosa. La roja insignia del valor es una novela sobre la guerra civil estadounidense en la que jamás menciona el nombre de esa guerra, no dice de qué bando son, no menciona la esclavitud ni a Abraham Lincoln ni a ningún general. Lo que hace es meterse en la mente de un joven de 16 o 17 años que lanzan a la batalla y siente miedo”.

Aunque las personalidades de los escritores sean muy distintas entre sí, hay algo que los une: la dificultad para poder escribir y publicar, alcanzar al menos el ligero brillo de la lectoría, esa búsqueda no solo del reconocimiento literario sino y sobre todo de los lectores. “Crane, sin embargo, pasó por mucho de lo que yo pasé de joven. Vivió el rechazo, dificultades para publicar, ahí es donde me siento muy cercano a Crane. El ser testarudo y persistir es algo que entendí muy bien con él. Tuvo mucho éxito, pero buena parte de su vida fue problemática, tuvo problemas de dinero, una relación, fue corresponsal de dos guerras y estaba en un naufragio, le encantaba jugar póker y todo esto creo que es porque sabía que iba a morir joven”. Auster evalúa entonces su vida como escritor y establece un paralelo entre qué estaba haciendo él a la edad en que Crane -ya una joven celebridad- murió: “¿Quién era yo a los 28 años, la edad en la que murió Stephen Crane? Me acababa de casar, había publicado unos tres libros de poesía, había traducido bastante poesía y había escrito bastantes ensayos literarios y había acumulado 1000 hojas de prosa, que nunca me habían causado demasiada satisfacción. Si me hubiera muerto a los 28 años, habría desaparecido, habría sido como una piedrita que cayó al agua. Creo que mi trayectoria es normal, es típica, comencé a pensar que tenía una carrera a principios de los 30 años, Crane es como Mozart: produjeron muy jóvenes”. Auster nos recuerda que Crane murió de 28 años, víctima de la tuberculosis.

Auster en la intimidad.

Si Crane vivió los grandes cambios de su tiempo, fines del XIX, Auster ha vivido los grandes cambios tecnológicos y sociales del siglo XX, entre ellos los activismos. Hace poco un profesor de la Universidad de Michigan fue separado de la cátedra sobre Shakespeare por haber proyectado la película de Otelo interpretada por Laurence Olivier. ¿Cómo ve esta tendencia global el autor del “Leviatán”? “Me causa mucho pesar la cultura de la cancelación; no es una tendencia muy prometedora en la cultura estadounidense, pero con el poder creciente que tiene la extrema derecha en Estados Unidos no me preocupa tanto este problema. El peligro de Donald Trump y los republicanos que quieren destruir al país me parece más urgente, no vale la pena perder el tiempo en otros asuntos. Esto de la cultura de la cancelación lo hacen chicos jóvenes muy idealistas que están fuera de sí y van a madurar. El problema es que nos van a robar la democracia frente a nuestros ojos, salvo que nos unamos y resistamos a eso. En pocos años no va a haber Estados Unidos en el sentido en que lo conocemos aquí y en otras partes del mundo”.

Entre la cultura de la cancelación, el olvido de los clásicos, los profundos abismos provocados por la pobreza y la realidad, Auster recita de memoria un poema de Crane, que es, además, con el que abre el libro: “En el desierto / vi una criatura, / desnuda, bestial, /que, agachándose en el suelo, / tomó su corazón con las manos / y se lo comió. / Dije: “¿Está bueno, amigo?”. / “Está amargo, amargo”, me respondió, / pero me gusta / porque está amargo / y porque es mi corazón”. Hay un silencio entonces entre Auster y el enorme texto que acaba de compartir: “Es un poema asombroso, es la gente que se está comiendo a sí misma, aferrada a su miseria… creo que psicológicamente es una obra muy profunda”.

¿Qué autores no olvidar entonces? Pues a todos aquellos que retrataron el pase de la sociedad agraria a la sociedad industrial, por ejemplo, escritores que vivieron, como Crane, una época irrepetible, la del adiós al Salvaje Oeste y el de la bienvenida a la prosperidad del Gran Gatsby, el pase a la conversión de Estados Unidos en la potencia capitalista que estuvo atravesada por la esclavitud, el exterminio de los indios y su encierro en las reservas, los movimientos sociales  y las reivindicaciones laborales que luego se extendieron al mundo entero.

Auster se despide recordando que Crane escribió a sus 28 años finales unas 3 mil páginas brillantes, del mismo tenor que Shelley, Keats, Mozart, que produjeron mucho siendo muy jóvenes. “Es tan raro que suceda esto, que resulta notable”, finalizó.

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Cultura

Fabricio Valencia: “En los últimos años hay una depredación terrible del patrimonio cultural”

El especialista habló de la terrible situación en la que se encuentra nuestro patrimonio cultural.

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En el programa Frente a Frente, Edwin Cavello Limas entrevistó a Fabricio Valencia Gibaja, abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú y especialista en el tratamiento jurídico del patrimonio cultural.

El especialista señaló: “Como gobierno no se esta haciendo nada para afrontar la realidad en el que se encuentra nuestro patrimonio cultural. Si vemos la destrucción de las zonas arqueológicas solamente en Lima, en los últimos años hay una depredación terrible”.

Además, agregó: “La gestión de la ex viceministra Leslie Urteaga fue una nefasta gestión. Creo que tiene varias perlas para su currículo. Por ejemplo, se propuso la eliminación de la presunción legal, debilitó terriblemente la protección del patrimonio cultural. Sacaron una norma al respecto en la gestión del exministro Salvador del Solar”.

Fabricio Valencia también comentó sobre lo que viene ocurriendo en la ciudad del Cusco con el caso de la construcción del hotel Sheraton en la calle Saphi. Además, habló sobre la reciente demolición de la casa del padre de la arqueología Julio C. Tello.

Aquí el programa completo.

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Cultura

III Salón Internacional de Arte Independiente

Una muestra internacional de arte con la participación de 35 artistas de diversos países.

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La Coalición Independiente de Artistas (35 artistas internacionales) sumando esfuerzos al equipo de Círculos Cultura mediante la Dirección del Artista y gestor Martin Ferro se unen en esta 3era Edición Latinoamérica – Virtual para la realización de la exposición.

Entre los 35 artistas que participan se encuentran:  Margarita Ninapaytan, Martin Ferro, Jorge Miyagui, Martín Yépez, Katia Landauro, Karry Carrión, Rebeca Dorich, Karina Aguilar, Franco Espinoza, Silvana Ponce, Denice Culqui, Luis Cruzado, Willy López, Abel Salazar, Jhon Rojas y Rosadina Güere (Perú), Liliana Rothschild, Alberto Machicado y Diana Viera (Argentina), Álvaro Bonilla (Colombia), MATT 13 (Costa Rica), Adner Guevara y José Luis Lorenzo (Cuba), Francisco Barahona y Renato Ulloa (Ecuador), Graciela Guerrero (México), Zulaika Vega (Panamá), Wilmer Colón (Puerto Rico), Réjane Limnios (Francia), Emily Shih (Taiwán), Mahima Gupta (USA), Ekatherine Vanderbiezen-(Holanda). Sumados a la presentación de los destacados músicos: Fernando Mogollón y Alberto Fabián Alva y la participación literaria con Paul Flores E.

Esta acción cultural educativa y artística de integración sin fines de lucro se ha desarrollado en Perú, Chile y Ecuador desde el año 2016, como producto de la colaboración entre destacados artistas ahora de 12 países. En una amalgama de talento y creatividad se integran interdisciplinariamente los temas musicales vinculados a la identidad cultural y la libertad: Articulándose como una nación y raza humana mediante la iconografía de las artes y la identidad como cultura latinoamericana.

La exposición ya se encuentra online desde el 12 de octubre del 2021 en la plataforma virtual de Círculo Cultural la exposición virtual. Las obras estarán durante un mes mediante la gestión en equipo dirigida por el artista gestor y difusor cultural Martin Ferro.

Esta exposición se desarrolla en formato Virtual donde se puede apreciar la riqueza visual y de contenido humanista del collage multicultural e interdisciplinario propio de Latinoamérica la cual cuenta con material pictórico, literario, musical y audiovisual.

Ingresar a la dirección Facebook del Círculo Cultural: Perú.

Exposición virtual activa semana a semana: htps://www.facebook.com/martin.ferro.artes/

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Cultura

Polémica por demolición de la casa de Julio C. Tello en Miraflores

La casa que habitó Julio C. Tello en Miraflores fue demolida hace unos días, pero la destrucción también borra la memoria del hogar de uno de los hijos ilustres que tuvo el Perú. Aquí el informe y el pronunciamiento del Ministerio de Cultura.

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Una nueva polémica se generó debido a la demolición de la casa de Julio César Tello, ubicada en la calle O’Donovan 115 en el distrito de Miraflores.  Tello es considerado el padre de la arqueología peruana. Estudió medicina y cirugía en la Universidad de San Marcos y antropología en la Universidad de Harvard. Además, descubrió las culturas Chavín y Paracas, y creó e impulsó el Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú. También sostuvo que “las culturas autóctonas del Perú son producto de la experiencia del hombre en estas tierras y no por influencia foránea”.

El inmueble del padre de la arqueología peruana quedaba muy cerca al mar, y hasta hace unos años funcionaba como hotel con el nombre de Inkawasi, donde los turistas podían contemplar el diseño peculiar de los ambientes: ventanas con cruces andinas talladas en madera y adornos de piedra que se inspiraban en las construcciones incas.

La casa de Julio C. Tello fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación el 26 de junio de 1987 por Resolución Ministerial No. 302-87-ED. De acuerdo con la declaratoria de bienes, realizada en Lima el 27 de junio de 1947, el inmueble, denominado por el mismo sabio como “Inkawasi” fue edificado por el arquitecto “Rivero” (se trata de Eduardo Rivero Tremouille) y adquirida por el amauta, por compra-venta el 5 de mayo de 1930. En ella vivió hasta su muerte, ocurrida el 3 de junio de 1947.

Hay que señalar, que, si bien el inmueble fue declarado Patrimonio Cultural en 1987, cinco años después, exactamente en 1992 mediante el Acuerdo N° 01 del 02 de julio, la Comisión Técnica revisora, calificadora, y categorizadora de monumentos históricos, Ambientes Urbano Monumentales y Zonas Monumentales de Lima Metropolitana y el Callao dictaminó que el inmueble donde vivió Julio C. Tello “no tenía méritos arquitectónicos suficientes que sustentaran la condición de monumento”.

Registro fotográfico de lo que fue la casa de Julio C. Tello.

Luego de cuatro años, mediante el Acuerdo N° 17 de setiembre de 1996 se ratificó el Acuerdo N° 01 del 02 de julio de 1992, considerando válidos los argumentos que sustentaban el retiro de la condición.

Ya en el año 1997, mediante Resolución Ministerial N° 163-97 ED del 16 de julio se resuelve dejar sin efecto la Resolución Ministerial N° 302-87-ED, en la parte que se declara monumento al inmueble ubicado en O’Donovan N° 115, Miraflores. Es decir, la casa de Julio C. Tello quedó sin el reconocimiento ni la protección de patrimonio cultural y con esto se permitía la destrucción del hogar del padre de la arqueología peruana.

Si bien en 1997 no existía el Ministerio de Cultura, el Perú tenía al Instituto Nacional de Cultura (INC), institución que se encargaba de la ejecución descentralizada de acciones de protección, conservación y promoción, puesta en valor y difusión del patrimonio y las manifestaciones culturales de la Nación. Lamentablemente para aquellos funcionarios de fines de los noventa, no existían méritos arquitectónicos suficientes que sustentaran la condición de monumento.

Pero hay una pregunta pertinente ¿Por qué la casa de Tello no fue declarada Monumento Histórico? Claramente se ignoró su gran aporte para la arqueología peruana. Aquí, es importante recordar lo que alguna vez señaló el escritor peruano Carlos Calderón Fajardo: “El Perú es un país que devora a sus mejores hijos”.

Julio César Tello. En su honor, todos los el 11 de abril, se celebra en el Perú el Día del Arqueólogo.

La historia de un país también se construye con los aportes y los espacios donde habitaron sus más ilustres hijos. El caso del inmueble de Julio C. Tello se asemeja al del poeta chileno Pablo Neruda, pero con la diferencia que en el país sureño el 8 de junio de 1990, la casona Isla Negra que habitó Neruda fue declarada Monumento Nacional en la categoría de Monumento Histórico y en la actualidad funciona como Museo; es decir, un espacio para la conservación, estudio y exposición de objetos del autor de Canto General.

Documento oficial de la casa de Neruda.

¿La Municipalidad de Miraflores hizo algo por evitar la destrucción del inmueble de Tello? La respuesta es NO. Todo indica que, a pesar de promocionar el inmueble como un Patrimonio Cultural de la Nación, la comuna miraflorina jamás movió un dedo para darle el valor que se merece a lo que fue el hogar del padre de la arqueología peruana.

Nos comunicamos con el área de prensa de la Municipalidad de Miraflores, pero hasta el cierre de esta publicación no recibimos respuesta, a pesar que nos dijeron que se comunicarían con nosotros.

Luis Molina, alcalde de Miraflores.

De la misma forma, nos comunicamos vía telefónica con la viceministra de Patrimonio Cultura e Industrias Culturales, Claudia Ruiz Canchapoma, y nos respondió mediante un comunicado publicado en la página oficial del Ministerio de Cultura, donde se menciona:

“Ante algunas publicaciones inexactas en diferentes medios (redes sociales) donde se alerta sobre la demolición de la casa donde vivió el sabio Julio C. Tello ubicada en el distrito de Miraflores, el Ministerio de Cultura informa que dicha vivienda perdió su condición de Monumento Histórico en 1997.

El diseño del inmueble estuvo muy influenciado por el mismo Julio C. Tello, destacándose su intervención en los detalles decorativos de la arquitectura, de claras influencias prehispánicas, con énfasis preincaico. Considerado de estilo neoperuano o neoperuanista. Sin embargo, los informes realizados en 1992 y 1996, recomendaron quitarle este título. Cabe recordar que este inmueble es propiedad privada, y su mantenimiento y conservación es responsabilidad de sus propietarios”.

La triste realidad, es que desde la creación del Ministerio de Cultura han pasado 18 ministros, pero a ninguno de ellos les interesó cambiar el destino de la destrucción del hogar que habitó Julio C. Tello.  De la misma forma, ninguno de los alcaldes que se sentó en el sillón municipal de Miraflores se atrevió a defender el inmueble de su vecino ilustre.

Al final, el hogar de Julio C. Tello que hasta hace unos días estuvo en pie, fue devorado por el boom inmobiliario y por la desidia de las autoridades competentes.

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