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Tulio Mora y la reflexión histórica desde un cementerio: NN, el verdadero nombre del Perú

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Hace algunos días se cumplió dos años de la muerte de uno de los autores más importantes de nuestra tradición. Su ausencia corporal, tan vitalista y corajuda, ha dejado un vacío muy profundo en el largo y tortuoso camino que significa ser poeta en nuestro país. Siempre contó con uno de los requisitos que debe tener alguien que quiere forjar su carrera de escritor en un contexto nebuloso y complicado: una gran personalidad para afrontar las problemáticas sociales, sin perder la sensibilidad artística y las esperanzas de una mejora colectiva.

Publicó sus primeros poemas, junto a Elqui Burgos, Óscar Málaga, José Rosas Ribeyro y José Watanabe, en una revista creada por el grupo “Estación Reunida” (sacaron solo cuatro números) gestada en la facultad de letras de la Universidad San Marcos entre los años 1966 y 1968. Años después formaría parte del Movimiento Hora Zero, siendo considerado uno de los teóricos más importantes de ese grupo debido a sus conocimientos antropológicos, sociológicos e históricos. Además, cabe añadir que también fue considerado en el libro “Estos trece” de José Miguel Oviedo, la antología más importante de la generación de los setentas de nuestro país.

Foto: Andina.

Desde su primer poemario publicado, “Mitología” (1978), hasta “Aquí sobra la eternidad” (2013), Tulio Mora ha dejado muestras de su gran talento poético (incluso ganando premios importantes como el “Premio Latinoamericano de Poesía -1989- y el Copé de Plata -1994) y de su incansable labor como antologador en libros portentosos como “Hora Zero: la última vanguardia latinoamericana de poesía” y “Hora Zero: los broches mayores del sonido”.

De todos los poemarios publicados, “Cementerio General” es considerado, por gran parte de la crítica, como su mejor obra, pues consigue una calidad notable en el recurso de imágenes históricas, además de alcanzar los extremos de una poética torrencial, transgresora y reflexiva. Apareció por primera vez en 1989 con la editorial Lluvia Editores, ha vuelto a ser reeditada en distintas oportunidades, tanto aquí como en otros países. Esto refleja la importancia que va adquiriendo, año tras año, su poética a nivel latinoamericano.  

Antes de abordar algunas características e ideas que configuran “Cementerio General”, es importante saber la postura que tenía Mora respecto al papel de la poesía en la sociedad, es necesario mencionarlo ya que en el contexto de esos tiempos hubo una gran connotación política debido a los distintos episodios beligerantes que evidenciaron la triste realidad de muchos países latinoamericanos, todo por un afán expansionista de algunos grupos ávidos de poder. Para él, era indisoluble la relación poesía-sociedad, ya que “toda realidad social supone una toma de conciencia, de oposición, de aceptación y de permanecer dormido ante un determinado estado de cosas. El poeta ya sabe que solo la lucha revolucionaria será capaz de eliminar todas las enfermizas estructuras existentes”. La mayoría de poetas que conformaron el Movimiento Hora Zero se consideraron de izquierda, apoyando algunos episodios socio-históricos que generaron discrepancias en gran parte de los intelectuales latinoamericanos.

Se ha mencionado que las poéticas de los ochenta y noventa ofrecen un panorama mucho más diverso en cuanto a los registros y posibilidades, a diferencia de los setenta donde se apuesta más por lo conversacional y la influencia anglosajona. A esto habría que agregar que una de las ideas más interesantes que Tulio Mora propone en torno a la tradición de nuestra poesía es que por varios años se ha empleado una media voz poética, tan llena de pasividad y de silencios, que a lo único que apuntaba era a construir un discurso purista, burgués y ausente de la realidad. Esto ha ido cambiando debido a la concientización de los fenómenos sociales que atravesábamos durante la segunda mitad del siglo XX y que sirvieron como aliciente para la creación de algunos poemarios importantísimos. Todo ese espacio silencioso fue llenándose de los ruidos urbanos, discursos confrontacionales, gritos que clamaban justicia, etc.

“Cementario General” está formado por distintos monólogos de personajes relacionados a la historia de nuestra nación. Se construye una línea temporal desde el año 20 000 a.C (con “Pikimachay”, cueva situada en Ayacucho donde se encontraron huesos humanos y esqueletos de mastodontes) hasta finales de la década de los ochentas, con personajes como Rosa Campana, Antonio Díaz Martínez, entre otros.  El poemario deslumbra por la variedad de registros poéticos explorados según la pluriespacialidad temporal y física y la historia que hay detrás de cada personaje que construye su identidad mediante los lazos que lo unen al Perú. Se utiliza una voz de protesta, de ruptura, y de denuncia.

El aspecto más trascendental del poemario, según mi apreciación, es que se construye una versión distinta de la historia de nuestro país, pues la gran mayoría de personajes han sido dejados de lado por el oficialismo. Entre algunos célebres como Garcilaso de la Vega, Bartolomé Herrera, Túpac Amaru, Flora Tristán y Juan Santos Atahualpa, aparecen también otros no tan conocidos como Isabel Barreto de Castro, Gamaniel Blanco, Ku-Chío, Florencio Aliaga, etc. Con ellos se perfila una breve historia del Perú, reviviendo algunos fantasmas del pasado que por mucho tiempo han estado ocultos, pero que gracias a Tulio Mora vuelven a estar a la luz de todos.

El Perú es descrito desde varias perspectivas, dependiendo de la relación que han tenido los sujetos líricos con este territorio. Para ello voy a tomar como ejemplo a dos personajes inmersos en una tragedia colectiva.

La primera es de Hugo Pesce, médico e intelectual de descendencia italiana, muy amigo de José Carlos Mariátegui. Conoció el interior del Perú minuciosamente, recogiendo apuntes sobre las costumbres, leyendas, bailes y otras manifestaciones culturales. En su monólogo, intenta, pese a la atmósfera sombría, emprender una acción figurativa y estética que simbolice la mejora de un país enfermo (Gonzáles Prada):

“Un leproso es mi país, / se alimenta de sus propias costras/ (…) / Pobre en lo repentino de mis manzanillas/ sordo de oír el eco de los pechos/ silbadores y de amar a mi mujer/ que siempre me anudaba la corbata/ y de llorar bajo los árboles/ por mi hijo envuelto en sábanas de agua/, quiero, para terminar/ limpiar con algodones al Perú”.

Así también tenemos a Antonio Díaz Martínez, ingeniero agrónomo asesinado, junto a otras 253 personas, el 18 y 19 de junio de 1986 por militares que obedecían órdenes de Alan García Pérez. Fue acusado de ser un alto dirigente de Sendero Luminoso. En su monólogo se percibe una atmósfera pesimista y funesta de nuestro país:

“El cementerio general: una pampa azotada por el frío/ …/ Un pájaro huye despavorido/ sobre la vida cal de las lápidas/ las sombras inscriben dos letras culposas: NN/ el verdadero nombre del Perú”.

Además de la radiografía que hace de la historia del Perú, Tulio Mora utiliza algunos recursos que enriquecen la calidad de los discursos /monólogos, adquiriendo amplias dimensiones estéticas. Entre ellos se puede mencionar los siguientes:

  • El sujeto lírico, en estos monólogos, transforma el yo por el yosotros, porque al hablar de su vida y de sus relaciones con el país, refleja el espíritu de una época o de unas circunstancias nacionales que nos caracterizan.
  • Se alcanza una transgresión del discurso poético intimista, ensimismado y subjetivo alcanzando una epicidad y tragedia colectiva.
  • Se reivindica la heterogeneidad y la pluriculturalidad, además de que cada sujeto lírico, en gran parte de los poemas, va construyendo su relación con otros sujetos y con la realidad nacional.
  • Con los discursos anti-oficiales se configura una imagen crítica y amarga del país. Algunos personajes, mediante sus monólogos, intentan establecer datos certeros o simplemente aparecer ante la vista de todos como una forma de crítica ante tantos héroes anónimos que conforman nuestro país y que han sido dejados de lado. Por ejemplo, Marcelino Carreño, indio que participó activamente en la Independencia del Perú. El hecho de que su nombre no figure entre los héroes de ese acontecimiento es porque el oficialismo peruano ha tratado de prescindir de los personajes indígenas. No hay que olvidar que cada sujeto lírico viene con una breve nota biográfica, lo cual ayuda a comprender, si es que se desconoce, el contexto de cada accionar.
  • En algunos monólogos, los personajes emplean un lenguaje popular con el objetivo de atacar, mediante un estilo desafiante, al oficialismo. Esto sucede en personajes como Ernesto Silva, conocido como Poncho Negro, folklorista andino y uno de los primeros migrantes que se estableció en Lima a finales de la década de los cincuenta. Dirigió muchas invasiones. Hay una foto de Carlos “El Chino” Domínguez en que lo inmortaliza en el cerro San Cosme con los brazos extendidos hacia la ciudad, en un casi sentido profético. El excelente monólogo finaliza con los versos:

Desde el mirador más sucio de Lima, el Cerro San Cosme,

 yo bendigo el tiempo de la nueva estética:

ambulantes, microbuses, basurales,

música chicha, pasta básica de cocaína,

relojes mandados de Taiwán.

Porque antes del tiempo de lo bello

Es el tiempo de la venganza y del horror.

“Cementerio General” es un libro vasto y bien trabajado, lo cual debe servir como interés para que se hagan estudios rigurosos sobre la riqueza estética e histórica que contiene.   Son pocos los poemarios en el Perú que se han escrito con tanto coraje, rabia y crítica, pero no con un afán meramente de destrucción, sino con algo mucho más importante que ello: la reconstrucción de una identidad que nos ha sido arrebatada hace muchos años, falsificándola y negándola, bajo un sentido de dominación social y mental. Algo que hasta hoy lo seguimos padeciendo, por ello es que Tulio Mora ha construido una arqueología poética importantísima. Espero que la reedición de “Cementerio general” (editorial Lumen) en un año que corresponde al Bicententario de nuestra “Independencia” (sí, entre comillas) sirva de mucho para tomar conciencia de nuestra tradición histórica y de aquellos personajes que forjaron la riqueza de un país que aún sigue en pie de luchar para alcanzar una verdadera soberanía.

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