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El Pisco y el arte: sacando lustre a una Bodega después de un lustro

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Escribe César Costa Aish

Las bienales son cada 2 años, los lustros cada 5 años, las décadas cada 10 y los siglos cada 100 años. Hoy el “feis” compartió conmigo una foto de hace 5 años cuando se inauguró la Bienal de Fotografía de Lima (2012), en aquella ocasión los Piscos 3 Generaciones, Hacienda del Abuelo, Don Salustiano e Hijo del Sol participaron de la misma auspiciando cada uno de ellos distintas exposiciones en diversos espacios, al punto que luego valientemente, los dueños del Pisco Hijo del Sol hizo una atrevida campaña de posicionamiento de imagen del Pisco Hijo del Sol apoyando diversos centros de arte durante un año.

Entre los que se encontraban  estuvo el Centro Colich de Barranco, Euroidiomas de Miraflores, Centro de la Imagen de Miraflores, el MALI, el Festival de cine de la Católica durante dos años y El Centro Cultural Garcilazo de la Vega de la Cancillería y dos espacios más, fueron diversos lugares y se logró en alianza estratégica con una Ginger Ale, “Picadilly”, y se ofrecía solo chilcanos, cosa que hasta ahora nadie le ha agradecido eso a los dueños del Pisco Hijo del Sol, por  ser un facilitador y gestor del consumo de este cóctel en distintos espacios.

A la gente le gustaba el Pisco, lo sentían muy equilibrado y no era para menos ya que habían ganado 5 medallas de oro el año anterior en el Regional de Lima que fueron ratificadas en el nacional con dos de oro (Mollar y Moscatel)  y una de plata (Acholado).

El ejemplo que dio Hijo del Sol fue seguido (en realidad fue copiado, porque a falta de conocimiento y creatividad el que no sabe se copia del que sabe) por otro Pisco al año siguiente, quien quiso posicionarse presentándose en diversas galerías y cuanto evento social que fuese de su agrado, o sea, como siempre alguien había plagiado la iniciativa de Hijo del Sol de posicionarse en diversas Galerías e inteligentemente la Bodega del Sol decidió dar un paso al costado pues el objetivo se había cumplido,  se dio a conocer el Pisco de esta centenaria Bodega que ya estaba  también en algunas licorerías y Supermercados.

Lo curioso era que cuando uno pedía referencia  sobre en qué Supermercado encontrarlo, uno iba a una de estas tiendas y ocurrían dos cosas: la primera era que o no lo encontrabas porque las pocas botellas ya se habían vendido y el Supermercado se demoraba en hacer el pedido o si las encontrabas estaban abajo y atrás de otras botellas de otras marcas, finalmente los gerentes decidieron salir de Supermercados y venderlo solo ha pedido o en su bodega de Lunahuana.

Mientras transcurría el año, me invitaron diversas ocasiones a ir a su bodega y hubo una placa de bronce que me llamó la atención porque tenía el logo de la antigua Bodega el Sol trabajado sobre la misma. Cuando le pregunté a los dueños sobre la placa me contaron la historia de cómo la encontraron y la historia es muy bonita y particular. Una historia que todos quisieran tener porque la misma fue encontrada y ratificada en el libro del Banco Latino (pag 94) con posterioridad.

Resulta que poco antes de morir el primer dueño de la Bodega, quien no iba a dejar descendencia decide vender la misma al hijo de su vendedor estrella. Ese hombre que caminaba por Lima se llamaba Bonifacio y era como su padre un extraordinario vendedor. Bonifacio la compró y pagó con su trabajo, pasaron los años y por diversos motivos los hijos no continuaron el negocio del padre hasta que un día en reunión familiar dos de los hijos de Bonifacio se encontraban viendo un concierto del grupo peruano que se llamó “Los Hijos del Sol” aquellos que conformaban entre otros Eva Ayllon en la voz, Alex Acuña en la percusión, Jean Pierre Magnet tocando saxofón y Lucho González como los más destacados. Acabada esa tarde los dos hermanos conversaron y se dijeron “Y Porque no elaborar un Pisco en homenaje al viejo y lanzarlo bajo el nombre del Hijo del Sol, en homenaje a la bodega, al viejo, y a este grupo que nos hizo reencontrarnos esta tarde”.

Ambos asintieron y así fue, trabajaron silenciosamente cosechando su Uvina, que obtuvo medalla de Bronce Nacional, en el 2010 en el concurso de ese año, luego comprando uva de parcelas  que otras grandes bodegas descartaron porque se les iba a pasar el tiempo y no les iba a dar tiempo para cosecharlas así que mejor vender esas uvas.

Ellos compraron cepas de parcelas que grandes bodegas no querían y el resultado fueron las medallas de oro regional del 2011, ratificadas con el Nacional y del 2012, donde también obtuvieron alguna de Oro y Plata, y luego también en Bruselas el 2013. Entre todos esos sábados que íbamos en una camionetita viejita partiendo de Lima muy temprano a Lunahuana, escuché a unos de los dueños que la placa había estado en el suelo  volteada con la parte de adelante contra el suelo y que casi la botan, pero que uno de ellos dijo “déjala ahí, por algo estaba acá, cuando se pueda la arreglamos la pulimos y estará en un museo que acondicionaremos con las piezas antiguas de la Bodega”, y así fue.

Si hoy usted visita la Bodega el Sol en Lunahuana, en Langla, aquel pequeño anexo que fue el primero en recibir en Lunahuana los Huaycos este 2017, ahí encontrará la bodega y podrá comprar uno de esos exquisitos Piscos, que el mercado o los que definen las compras y ubicaciones de los mismos en supermercados lo sacaron de esas tiendas  porque era muy oneroso y lea, escuche y aprenda bien lo que hicieron con un Campeón histórico y es ahí donde duele y te das cuenta la poca cultura histórica y pisquera de los marketeros de supermercados y el poco respeto por la historia, y acá entra a tallar lo que el destino entregó a la Bodega el Sol y a sus dueños con los años.

En 1924 se realizó una exposición en el Perú, específicamente en la ciudad de Lima, en el Parque de Exposición, con ocasión de conmemorar el Centenario  de la Batalla de Ayacucho, verdadero momento en que en América se vence a las huestes españolas y se logra la independencia del Sur, un continente que alberga (10 países de habla hispana y que deben superar los 200 millones de habitantes de habla castellana).

Diversos países trajeron sus productos y el Perú expuso los suyos. Participaron Piscos de todas las zonas que hoy abarcan la zona de denominación de origen Pisco y sólo se entregó una medalla de Oro en ese concurso o festival de la época y tras varios días de exposición y catas hubo un Pisco que ganó esa única medalla de Oro. Un día del 2012 leyendo el libro del Banco Latino sobre el Pisco publicado en 1990, encontré el símbolo de la Bodega “El Sol” de Langla en Lunahuana, ese que había visto en la placa que estuvo tirada en el piso de la bodega y estaba en una etiqueta, la misma que había sido impresa sobre las páginas de ese libro de 1990, el destino y quizá un poco de espíritu aventurero me habían permitido conocer ese símbolo  cuando vi aquella placa casi olvidada por los años y escuchar su historia meses antes. Cuando me enteré de ello y que estaba en un libro, los dueños no me creyeron y les dije “compra el libro”, compraron el libro para ver si era verdad o estaba mintiendo y cuando vieron la etiqueta con el viejo símbolo de la bodega se quedaron con la boca abierta y lo mejor de todo es que la referencia no la había puesto yo, ni nadie de quien se pudiese dudar y eso lo dice el mismo libro cuando en sus últimas páginas refiere el nombre de las personas que hicieron aquella investigación, justamente esa parte de leyendas de fotos y archivo había sido encargado al Dr. José Antonio del Busto Duthurburu, riguroso investigador, un gran historiador y magnifico profesor de Historia del Perú 1 y 2 de la PUCP, en letras.

Cuando uno se matriculaba con Del Busto uno sabía que prácticamente iba al cadalso pero si pasabas el curso era porque en fin, Dios es grande o tal vez hacías caso a alguien que te escuchaba en la rotonda de letras que te habías metido en el curso de historia con Del Busto y te recomendaba “de repente puedes hacer algo en las noches” y tu preguntabas ingenuamente y preocupado “¿qué cosa?” y la gente con quien compartías espacios comunes te decía “lee”, también te preguntaban “a ver ¿estas con del Busto dices no?”, “sí” respondías y ellos medio en broma medio en serio te decían “bueno, pues anda  a misa los domingos y a la hora del examen que Dios te coja confesado”, esa fama de riguroso se había ganado el profesor que estuvo encargado de poner la información de ese libro y por algo fue fundador de la Academia del Pisco, lamentablemente el viejo profesor pasó a mejor vida hace unos años pero ahí están sus obras, sus libros y el recuerdo casi heroico de quienes fueron sus alumnos y pasaron y aprendieron su curso. Felizmente en esas épocas mi prioridad o mi T 1, le había sido asignado a otro profesor de Historia, sino ese mismo ciclo me botaban de la universidad.

Antes de culminar ¿se Imaginan cuánto vale esa Bodega que fue la única que obtuvo la medalla de Oro por el centenario de la Batalla de Ayacucho, que fue la batalla que selló la independencia de América?. En mi opinión no tiene precio y eso es una de las riquezas, sino la mayor  riqueza de esa bodega, porque las bodega más antigua de la época de ñangue, sin desmerecer esa antigüedad y tiempo ancestral de esas bodegas que son también valiosos activos para cualquier bodega,  no tienen esa pequeña parte de historia de un continente que esa pequeña y humilde Bodeguita de Lunahuana fue galardonada como la productora de ese Pisco que ganó la medalla de oro cuando se conmemoró el centenario  de aquella batalla que justamente determinó la capitulación de quienes sucedieron a Pizarro, Almagro, sus huestes y la gente que luego vino a estas tierras y entre los cuales seguramente estuvo algún ascendiente de ñangué.

Si quiere saber qué tan admirada fue la batalla de Ayacucho en el continente Americano le recomiendo un ejercicio, busque en Google Map cuantas calles Ayacucho hay en cada país de Sudamérica, le aseguro que encontrará más que las que se llaman Lima, Arequipa, Junín, Cusco, Puno o si prefiere Iquitos. Lo que me hizo recordar una foto de hace 5 años, un lustro. El lustre que posee esa pequeña bodega y que en el 2024 será Centenaria de esa medalla que ganó un producto peruano en una exposición Nacional y con invitados y expositores Internacionales. ¡Salud Maestro!

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