Política

Mi amigo Rolando y los infames “fans” de Vizcarra, por Umberto Jara

Un artículo de Umberto Jara.

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Rolando Sáez se llamaba. Fue mi amigo desde el colegio y hasta el último día. Le gustaba ser silencioso. Tenía el don de la serenidad y prefería la observación y la charla personal. Cuando estuve en la tarea de investigación para mi libro “Abimael, el sendero del terror” lo visité en nuestra ciudad, Ayacucho, y me ayudó con decisión y firmeza. Me habían negado, tan solo por miedo burocrático, una copia de la partida de matrimonio de Abimael Guzmán y Augusta La Torre. Mi amigo Roly se movió al interior del Municipio y me consiguió no una sino dos copias del documento. Me dijo con una sonrisa: “A falta de una, toma dos”.

Al enterarse de que yo andaba en busca de todos los datos posibles, me dijo que había un electricista que conocía del quehacer cotidiano de Guzmán y su mujer porque en aquellos años en que se formaba Sendero Luminoso había sido una suerte de ayudante en sus problemas domésticos. Le hicimos la guardia. Era un hombre ya mayor pero seguía siendo un mil oficios. Fue arduo convencerlo por un miedo irracional que permanecía en él a pesar de que el terrorista estaba en prisión. Al final, accedió y nos echó luces con sus recuerdos sobre esa pareja de criminales. Fue el año 2016.

Antes de la pandemia, en el 2019, vi a Roly por última vez. Me habló de su familia y de su orgullo personal por haber estudiado una maestría postergada durante muchos años. Nos dimos un abrazo. Fue el último. Su nombre está registrado entre los peruanos que perdieron la vida por la Covid-19 pero su caso, como el de decenas de miles, contiene el dolor adicional de que pudo salvarse si es que el gobernante de ese momento hubiese cumplido con el mínimo apoyo que estaba obligado a dar a las ciudades de provincia.

La vida tiene instantes de coincidencia que son misteriosos. En la mañana del jueves 14 que acaba de pasar, se realizó una misa en conmemoración de su muerte. La fotografía que acompaña este artículo corresponde a su viuda portando un retrato de Roly. Cuando la misa concluyó, salió al aire el programa “Arriba mi gente” que emite la televisora Latina. No existe ninguna relación entre mi amigo muerto y ese programa y ese canal. Pero sí ocurrió una paradoja del destino.

La digna imagen de una viuda ofreciendo una misa por el esposo ausente, contrastó con la imagen en pantalla de una mujer llamada Karina Borrero que presentó de manera elogiosa y risueña la presencia de Martín Vizcarra en una cebichería a la que llegó con una portátil que le cantó la burda pero pegajosa canción “Mi bebito fiu, fiu” mientras se le acercaban gentes previamente instruidas para sacarse fotos con él. La señora Borrero—ignoro si tiene hijos, pero sin duda no entiende el concepto familia—dijo, varias sandeces todas dirigidas a sostener que Vizcarra volvía a tener una supuesta buena imagen.

¿Cómo es posible mirar con simpatía a un sujeto como Vizcarra que es responsable por la muerte de más de doscientos mil peruanos? ¿Cómo se puede elogiar a un ex mandatario que, junto a sus ineptos ministros, dio lugar a que el Perú tenga la más alta cifra de muertos del mundo en relación al número de su población? ¿Qué habita en la mente de aquellos que aún tienen apego hacia un sujeto que destinó al país al encierro mas extenso de todo el planeta sin ningún resultado, salvo la destrucción de la economía? ¿Qué habita en el corazón de quienes usan la televisión para elogiar a Vizcarra olvidando la corrupción en la compra de mascarillas, la criminal prohibición para fabricar oxígeno porque estaban coludidos con dos empresas dueñas del mercado, el no haber hecho ninguna gestión para comprar vacunas pero sí haberse vacunado a ocultas? ¿Se han olvidado de que mientras los peruanos morían, Vizcarra se divertía en Palacio de Gobierno con el sórdido Richard Swing? ¿Qué descorchaba botellas de vino argentino “El enemigo” con su íntima Mirian Morales?

En un país con fiscales decentes, Vizcarra estaría preso. Pero los famosos fiscales Rafael Vela y José Domingo Pérez lo siguen apañando. Todos entendemos las razones.

Si Vizcarra va a permanecer impune (por ahora), entonces para eso estamos los ciudadanos para hacerle llegar todo nuestro repudio. La canción que le han fabricado es un arma de propaganda para tratar de generarle simpatía ahora que este hombre culpable de muertes y corrupción tiene la desvergüenza de querer volver a ser candidato.

Los periodistas que se prestan para apoyar a un personaje de la calaña de Vizcarra, no merecen el nombre de periodistas. Tampoco merecen respeto porque están insultando la memoria de doscientos mil muertos, el dolor de miles de miles de familias y también todas las muertes y el esfuerzo descomunal y angustioso de médicos, enfermeras y policías, los cementerios saturados, los hospitales hasta hoy desechos, los ahorros gastados por tratar de salvar vidas.

¿Qué existe en todas las personas—me refiero a todos, sean o no periodistas—que aún le prestan atención a Vizcarra? Veo la fotografía que lleva la viuda de mi amigo Rolando Sáez y pienso en el similar dolor de miles de miles de familias y pienso también en la infamia de los dueños de Latina Televisión dispuestos a apoyar a Vizcarra. Ya no basta luchar contra los delincuentes. Nos obligan a protestar contra quienes apoyan a los impunes.

Si queremos que este deshecho país no se deshaga aún más, entendamos que corruptos responsables de muertes como Martín Vizcarra no tienen derecho alguno a pretender seguir haciendo daño.

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