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LA ESPOSA DIFERENTE: CHARULATA (1964) de Satyajit Ray

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India a fines del siglo XIX. Una mujer ocupada en el bordado llama a su empleado, pero este no le contesta, entonces sale de la habitación y recorre los pasillos suntuosamente decorados de su segundo piso (parece buscar algo, algo la inquieta). Vuelve a su cuarto y repara en el libro que está sobre la cama, deja el bordado, recoge el libro, y se va con el hasta la biblioteca-estudio. Allí, lo guarda en un estante, pero se queda revisando otros textos.

Hay uno que le interesa. Lo toma y se va leyendo hasta su habitación. Ocupada en su lectura, de pronto, un ruido la distrae, es la calle. Se asoma a la ventana, pero no llega a ver con precisión. Deja el libro y va a un mueble por los binoculares. Con ellos regresa a la ventana, se acomoda y con cierto placer ausculta aquella atareada mañana que aparece delante de sus lentes.

Esta es la secuencia con la cual inicia Charulata (1964), del cineasta indio Satyajit Ray (Calcuta, Imperio Británico, 1921 – Calcuta, India  1992), una presentación estilizada del contexto en que se desarrollará el drama y de la protagonista –la joven que da el nombre a la película–, ella en particular, su curiosidad, aguda inteligencia y cierta autonomía, contrastan con el rol asignado a la mujer en el tiempo histórico en el que transcurre la ficción.

Satyajit Ray narra la historia de una familia bengalí  (Bengala Occidental, región noreste de India), de clase acomodada, a través de una trama principal y de varias paralelas. En el centro están Charulata, su esposo Bhupati, y el sobrino de este, Amal. (Completan el grupo familiar, el hermano de Charu -a su vez asistente del marido-, Umapada, y su esposa Manda). Un triángulo sentimental que evita detenerse demasiado en asuntos meramente “amorosos” y que aborda a su vez, temas como la postergación, el paternalismo, el derecho a realizarse, o el papel de la mujer dentro de una sociedad que buscaba ser independiente.

Ray centra la mirada en su protagonista, Charulata, joven culta, acostumbrada a pasar la mayor parte del tiempo sola, esposa del político y dueño de un periódico local, Bhupati. Ella ha guardado secretamente sus inclinaciones literarias hasta la aparición del sobrino de su marido, un abogado recientemente graduado, que más bien no siente apego por la carrera que le eligieron. Amal quiere ser escritor. Bhupati irá descubriendo los intereses de su esposa, intereses que apoyará, aunque no los comparta. Así, le pedirá a Amal que sea una especie de tutor de Charu. Entre la tarea de “ocupar” a su sobrino, y el de este de “pasar el rato” mientras decide qué hacer, se descubre a una lectora muy informada de la literatura tradicional bengalí (e india) y al tiempo, una escritora en ciernes que ya había publicado un relato en una conocida revista literaria.

Las clases y conversaciones entre Amal y Charu construirán un vínculo especial entre ellos, quizás fuera amor, en todo caso se gustan, aunque ellos tarden en percibirlo o admitirlo. Ray muestra esa tensión a través de secuencias en donde las conversaciones entre los personajes fluyen con aparente inocencia. En momentos en que la cámara parece apoyar la intensión de los personajes de conservar ese espacio, de encontrar en sus pequeñas discusiones y risueñas recriminaciones –particularmente las de Charu a Amal– el convencimiento de una relación casi fraternal, el director introduce leves rupturas en ese paisaje idílico (miradas desacomodadas, silencios desconcertantes). Manteniendo el ritmo sosegado, la tensión produce un desplazamiento que reorganiza el sentido original con el cual iniciaron esos encuentros. La cámara –o el ojo- de Ray, da forma a cada plano de manera contenida, casi sin explosión, y cuando lo hace, sólo hacia el final de la cinta, diríamos, el estallido parece sordo[1] -como si sucediera muy adentro de cada personaje.

Construidos en antagonismo con el contexto histórico de la película, el trío protagonista se encuentra marcado por sus compromisos morales e ideológicos. El sentido de sus apuestas,  representa la lucha entre el pasado y lo nuevo, en un proceso en donde lo último no termina de asentarse y lo anterior, aún establece las pautas de convivencia (una estructura de sentimiento, en palabras de Raymond Williams). Bhupati es un liberal humanista involucrado en los movimientos de reforma y la independencia de su país. Sus intereses e ideales le permiten entender a Charu, pero después, le provocan sentimientos encontrados de comprensión y dolor cuando descubre lo que ella siente por su sobrino.

Amal trata de vivir despreocupadamente, postergando ciertas decisiones “adultas” sobre su vida. La relación con Charu, en un primer momento, fortalecerá sus pretensiones literarias, pero luego, el sentimiento de culpa y la consecuente huida, forzará su vuelta a la abogacía. Por su parte, Charu representa la ruptura con los modelos femeninos afincados en la tradición musulmana del siglo XIX. Su figura se opone a aquella con la cual comparte la casa en la que vive: la poco preparada y sumisa  Manda, esposa de su hermano. Charu aparece como signo representativo de una época diferente –a la suya-, una época por venir, como si ella misma portara los cambios que competen a más de un personaje, quizás, a una nueva nación o sociedad.

Circunstancias y eventos giran alrededor de la trama principal. También la cruzan y cercan. Discusiones sobre el tono de los cambios políticos -la escena en donde un grupo de la élite bengalí está reunida en un lujoso salón-, la lucha diaria por sostener el periódico –que sólo parece importarle a Bhupati–, la envidia que genera la prosperidad ajena –que provoca el robo de Umapada–, resaltan el frágil orden en el que se basaba el mundo de la pareja Charulata-Bhupati. (Este último, de una profunda y conmovedora ingenuidad, será de hecho, el más afectado). Ray acentúa el papel de la protagonista -captando sus gestos y meditaciones en largos y hermosos planos medios y primeros planos-, no sólo como parte de ese espacio social que empieza a fragmentarse y a entrar en crisis, sino como la única capaz de encontrar una salida a su soledad y al deseo de convertirse en escritora. Aun así, y a pesar de todas las comprensiones, la pareja se distanciará. El final, una sucesión de fotogramas oscurecidos mostrando una especie de reencuentro, con cierto aire de ensoñación, no deja claro qué será de ellos.

(Charulata, basada en un relato de Rabindranath Tagore, le permitió ganar el Oso de Plata al Mejor Director a Satyajit Ray en el Festival de Berlín 1965).

 

[1] Como “drama contenido”, la obra de Satyajit Ray se emparenta con el cine japonés, con el de Yasujiro Ozu, y más aún, con el de Mikio Naruse.

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