Cultura

EL EXTRAÑO CASO DEL ESCRITOR CARLOS TATAJE

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Si hay alguien que representa la intelectualidad trujillana en estas últimas décadas, ese es Carlos Rómulo Baldwin del Castillo, más conocido como Carlos Tataje. Poeta, pintor, narrador y estudioso de las civilizaciones primitivas y de la filosofía inca.

Ha sido ganador y finalista en distintos premios literarios locales, nacionales e internacionales, además de ser seleccionado en antologías liberteñas de poesía y cuento.  

Tataje me hace recordar a los escritores poco reconocidos que formaron parte de las insurgencias provincianas (el grupo “Norte” en Trujillo, “Aquelarre” en Arequipa, “Orkopata” en Puno) y cuestionaron un modernismo desgastado en las primeras décadas del siglo XX, para luego explorar e iniciar los nuevos caminos de la vanguardia peruana y reivindicar el mundo andino. Su conocimiento, respecto a la filosofía del mundo incaico, y talento como poeta y narrador están formados por un mismo lazo: la pasión por la historia. Esto ha conllevado a que en el 2018 saque a la luz, fruto de una investigación de más de treinta años, unos pocos ejemplares de “Fundamentos y pensamiento mágico”, la primera parte de su monumental obra llamada “Mundo Inca”. He tenido la oportunidad de leerlo y me ha dado una visión más amplia, esquemática y rigurosa sobre la filosofía del Tahuantinsuyo. Nos muestra distintos elementos que sirven como herramientas para una mejor interpretación del pensamiento andino. Cabe decir que tampoco está exento de polémicas y discusiones.

Obviamente la publicación de “Fundamentos y pensamiento religioso” ha pasado casi desapercibido en los medios de comunicación, salvo poquísimas excepciones, y en la escena “cultural” trujillana.  Fue presentada en la Feria del Libro, en un horario difícil de albergar a mucha gente y sin la promoción que mereció tener.  Pero esto no parece sorprender a Tataje, tan acostumbrado a la indiferencia y pasividad de los que aparentan ser los rostros de nuestra cultura.

Menos mal que aún lo tenemos caminando por estas calles, apareciendo de vez en cuando en algún recital o festival, menos mal, digo, porque no quiero ni imaginarme qué pasaría si no fuera así. Es un autor que ha hecho del silencio y de la discreción, un lugar ideal para seguir escribiendo sus obras, pese a la escasa difusión que tienen.

El objetivo de este texto es comentar y difundir su obra poética, teniendo en cuenta que hay mucho material inédito que esperamos publique. Sus indagaciones e investigaciones respecto a la filosofía inca servirán como base para otro texto que escribiré más adelante.

La primera vez que supe de él fue en el primer año de mi época universitaria. Con unos amigos teníamos la costumbre de asistir todos los miércoles a los recitales que se organizaban en el centro de Trujillo. No recuerdo qué autores leyeron sus poemas esa noche, es lo de menos.  Luego de terminada la lectura poética, se tenía la costumbre de dar el micrófono abierto a la gente del público para que lean sus poemas. Normalmente no participaba nadie, pero esa noche, apareció una figura que había estado camuflada en la parte de atrás. Respetuosamente pidió la oportunidad de recitar algo de Martín Adán. El texto era una combinación de “Aloysus Acker” y “Escrito a ciegas”.  En aquella voz había sentimientos que se contradecían, estaba presenta la vida y la muerte, la valentía y el miedo, el éxito y el fracaso, la esperanza y la resignación.

Luego de estas líneas:  Si quieres saber de mi vida / Vete a mirar al Mar. Se tomó dos segundos y siguió recitando otros versos que no eran del poeta limeño, sino de él mismo.

No quiero buenas ideas

Tan solo quiero un buen sueño

Cual sarcófago del muerto

Un Tuthankamón cualquiera

Sin freno

Por siempre eterno

Navegando en el Leteo

Con cuánto temor del tiempo

Hoja de igual primavera

Juzgad la alma mía al peso

Tres veces negó San Pedro

Caronte sabe mis huesos

Boleto que nunca expira

Conserje ebrio de museo

Todo amor no más que un eco

Platón no toca la lira.

Rarísimo, poseía el mismo estilo, ritmo y musicalidad que el poema de Martín Adán. Esto representa una de las grandes cualidades de la poética de Tataje: la apropiación estilística, histórica y psicológica de diversos personajes. El poema, titulado “A Rafael de la Fuente Benavides, Martín Adán”, pertenece al poemario “Epitafios”.

Son tres los poemarios que se conoce de Carlos Tataje “Dedicatorias”, “Epitafios” y “Kay Pacha”. Los dos primeros forman uno solo, pero los tuvo que dividir para poder participar en distintos concursos Así que uno lo envió a Madrid y el otro a Lima. Los dos salieron ganadores. Con “Dedicatorias” recibió en el año 2002 el Premio Gastón Baquero, convocado en Madrid por la editorial Verbum. Con “Epitafios”, siete años después, ganó el Premio Copé de Plata. Es necesario mencionar que el poemario “Kay Pacha” quedó finalista en el Premio Copé del 2015. De este último, ha dicho lo siguiente:

“Kay Pacha o El Universo del Hombre, en el idioma quechua, es una cosmogonía de la élite cuzqueña, donde se rebela el nombre del Gran Espíritu, Apu Kon Tiksi, un nombre que debían mantener ocultos todos los miembros de la etnia inca”. Considera que este poemario aún no está terminado. 

Podríamos afirmar que si los poemarios no hubiesen sido premiados, los lectores no tendríamos acceso a ellas. Detalle absurdo e inexplicable que nos da a entender el mal manejo que poseen algunas editoriales hacia la obra de los escritores.  Tengo una larga obra inédita, no he podido publicar lo que deseo, porque discrepo con algunos editores. (Cabe precisar que el poemario “Dedicatorias” está publicado en el blog www.tatajepoesía.blogspot.com).

En “Dedicatorias” y “Epitafios” se poetiza la vida y obra de personajes que pertenecen a distintos ámbitos. Desfilan ante nuestros ojos una catarata poética de filósofos narradores, conquistadores, políticos, poetas, religiosos, pintores, cantantes, emperadores, reyes, científicos, etc. En cada poema se evidencia la gran habilidad poética y el buen manejo de información que Tataje posee. También simboliza un diálogo con la muerte misma, pues ninguno de los personajes elegidos sigue entre nosotros. Esto nos ayuda a comprender el porqué de los títulos.

“Dedicatorias” está formado por 56 poemas y “Epitafios”; por 120. Todos los títulos de los poemas están antecedidos por la preposición “a”, indicando un destinatario en específico. El hablante lírico se va a dirigir hacia cada uno de los personajes para hacer referencias respecto a su vida.  

Hay un poema que sirve como epicentro de su poética, es la dedicada a Edgar Lee Masters, autor de Spoon River, gran obra polifónica que reúne a más de doscientos poemas en forma de epitafios, ubicados en un cementerio norteamericano.

A Edgar Lee Masters

El nuestro es un viejo oficio.

Amo a los búhos como tú, Edgar;

Y como tú, Edgard, solo veo halcones.

Tal vez crean que robé tus plegarias.

Cierto es que hurté algunas lecturas,

Mas bien que tus alegatos más

Sutiles fueron destinados a los tribunales.

Sucede que decidí visitar otro cementerio.

No hay más héroes ni villanos

Que en el condado de Fulton.

Me preguntó, Edgar,

¿contendrán tus versos mi epitafio?

(Epitafios)

Este homenaje al poeta norteamericano nos indica una de las tres grandes influencias que se puede percibir en Carlos Tataje. El recurso de la simultaneidad de voces y personajes, tomados de la realidad, forman parte de su corpus poético.

La segunda es la Antología Palatina, colección de poemas, en su mayoría epigramas, escritos durante el periodo clásico de la literatura griega. Resaltan por su brevedad, de dos a ocho versos, aunque hay unos pocos que son extensos. Fueron escritos para ser grabados en inscripciones de tipo sepulcral. Esta obra sirvió como influencia para otros poetas como Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Fray Luis de León, entre otros.

La tercera son los poetas satíricos romanos que en el pasado enjuiciaron a sus contemporáneos. En algunos poemas, Tataje recurre a la ironía y burla para criticar a algunos personajes, por ejemplo en los destinados a Platón, Francisco Pizarro, Benito Mussolino, Stalin, etc.

A Visarianovich Dzhugachvili Stalin

Crunch, Crunch, Crunch, Crunch …

Adelante camarada, tome asiento y firme;

Firme los compromisos con la esvástica,

Los funerales de Marx,

El homicidio del contradictor:

El reparto del universo.

Aquí abajo, camarada,

Las purgas, las masacres,

El hambre, el silencio.

Eso era todo, camarada;

Puede seguir durmiendo.

Crunch, Crunch, Crunch, Crunch

(Epitafios)

Los hablantes líricos se adecuan al tono y contexto del poema, la gran mayoría de ellos están en segunda persona, otorgando una cualidad más inusual que lo acostumbrado, pues indica un desdoblamiento de la personalidad en el campo de la ficción. Además encontramos una variedad de propósitos (homenajes, admiración, crítica, acusación, etc.) hacia cada uno de los destinatarios. Lo curioso es que el único que aparece en ambos poemarios es Borges.

Otra de las cualidades que posee Carlos Tataje es que en algunos poemas dirigidos a escritores, toma sus formas y estilos, cual camaleón que se apodera de la esencia poética de cada uno de ellos. Estos son algunos ejemplos:

En A Matsuo Bashoo, el poema tiene la estructura y temática de un Haiku.

En A John Keats, utiliza el estilo y la temática de un poema decimonónico del romanticismo inglés.

En A Carlos Oquendo de Amat, hace uso de una estructura y un lenguaje vanguardista.

En A Allen Ginsberg, el poema es de largo aliento y experimental (rasgo de los beats).

En A Safo, utiliza rasgos eróticos y sensuales.

En a Francisco de Quevedo y Villegas, elabora un poema tradicional barroco.

Ambos poemarios se ven enriquecidos por la confrontación entre discursos ilustrados y populares, demarcando una gran heterogeneidad. Es un acierto la propuesta de no elegirse uno mismo como materia de su obra. La despersonalización poética requiere de una gran destreza, y Carlos Tataje lo logra con una simpleza que causa envidia. Catapultando egos y lloriqueos personales.

Utiliza una postura estética que evita la protesta personal, la catarsis y la retórica. Iniciando una gran búsqueda hacia la poesía crítica y clásica, en su forma erudita y minimalista. Atemporal, extravagante, ambiciosa, trágica, irónica, vitalizadora, acusadora, no sé de qué otra forma podría calificarse su poesía.

Es difícil ser un poeta, cualquiera escribe poemas. La poca difusión y publicación de su obra, indica uno de los muchos problemas culturales que atraviesa nuestra ciudad. Esperemos que la atmósfera nebulosa y confusa que hay en Trujillo, pese a que algunos autores lo nieguen, se esclarezca acompañado de una mayor rigurosidad intelectual. Asimismo hay que valorar la amabilidad y el buen espíritu que tiene en contribuir y participar frecuentemente en eventos artísticos organizados por instituciones educativas.

Como parte final, comparto dos de sus mejores poemas que pertenecen al poemario “Dedicatorias”.

a César Vallejo

Cuando pienso en él…
ah sustantivos,
sílabas que junto,
vacuos sonidos,
ecos de espíritu.

Cuando pienso en él…
me achico,
le temo.

Oh amauta runa harawiquy malqipawiyaq.
Oh sabio poeta del pueblo
que hablas con los muertos,
de tú a tú,
extirpando tapujos,
en sarcófagos adversos,
transeúnte huamachuco,
monte y árbol hermético.

Cuando pienso en él…
Hueso de piedra.
Húmero de necrópolis.
Guardando el museo a pesar suyo,
objetando a los turistas,
inquiriendo desde la caverna
todo el futuro.
Inga resurrecto que gritas silencios,
hambriento de vida,
como la sed
del agua
como la sal tan árida.
Qué palabra te robaré para invocarte.
Qué ritmo tuyo arrancaré:
melodía de verbo,
verso retorcido
por el alma propia y ajena,
por el ayuno del pobre,
sin pan,
así, simplemente,
tras no verlo comer.

Cuando pienso en ti…
no sé…
yo no sé.

a Karl Marx

Si pudiera pintar tu pensamiento,
Karl Marx,
pancartas portaría de teñidas sábanas remendadas.

Cierto es que ya muerto en la tumba,
muerto en la hoguera del mercado
y muerto una vez más
en la cátedra del Filósofo,
nos haces falta
de puro latido de roja sangre roja.

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