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Carlos Revilla, falleció el pintor francés afincado en Perú

A los 81 años el artista de padre arequipeño y madre francesa dejó de existir. Aquí rememoramos una entrevista exclusiva con Carlos Revilla.

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El artista Carlos Revilla nació en Clermont-Ferrand, la zona volcánica de Francia por excelencia. Hijo de padre arequipeño y de madre francesa; su temprana formación académica en la escuela de Artes de Ámsterdam le permitió adquirir gran destreza en las artes plásticas; luego arribó al Perú, y las puertas del circuito artístico local se abrieron con beneplácito ante su arte neofigurativo, que además tuvo grandes visos de surrealismo, y que luego derivaron a lo que él mismo denominó realismo mágico.

Revilla pintó durante 66 años pintando ininterrumpidamente, acababa de cumplir 81 años, y lo celebró en compañía de su eterna musa; aunque parezca increíble él la pintó siempre, y sin conocerla. Aquella musa es Jeanette Revilla, y fue su compañera por 36 años.

Ante la muerte de Carlos Revilla, rememoramos una entrevista donde nos habló de sus vocaciones artísticas, y su largo trajinar entre Europa y Latinoamérica; de política; de las galerías peruanas; de su amistad con Salvador Dalí; de los paisajes del desierto, las mujeres desnudas, y los monos; todos ellos, elementos fundamentales dentro de sus composiciones pictóricas.

Carlos, tú naciste en Francia en plena segunda guerra mundial

CR: Nací en 1940 cuando las tropas alemanas estaban ingresando a Francia. Tengo algunas visiones de ello, porque yo jugaba fuera de casa en el jardín, y como no tenía juguetes solo jugaba con agua, botellas, y vasos. También veía pasar las tropas alemanas y veía aviones que pasaban volando cerca a nuestra casa. Son recuerdos muy fuertes.

¿Y qué pasó luego?

CR: A mi padre lo trasladaron a Argentina y yo me quedé algunos años porque no teníamos medio de transporte para viajar. Solo había un barco de la Cruz Roja pero estaba lleno de gente y tuvimos que esperar un tiempo para conseguir pasajes. Por eso tuvimos que quedarnos dos años más en Francia, antes de llegar a Buenos Aires.

¿En tu adolescencia tuviste alguna experiencia gráfica o de lectura que te haya impactado?

CR: Por supuesto: La Divina Comedia de Dante. Ahí fue la primera vez que vi al surrealismo. Yo vi el infierno, y fue algo que me impresionó… hasta ahora. Las primeras impresiones que vives de chico te quedan para toda la vida, y son las que te forman el espíritu. Mi amigo Jorge Piqueras me dijo un día: “Si yo hubiera vivido en un mundo de geometría, hubiera sido un pintor geométrico”.

De niño dibujabas, pero cuando fuiste más grande ¿ya tenías la idea de seguir la carrera de arte?

CR: Sí, y no; porque aún no pensaba que se podía hacer una profesión del artista. Porque los artistas eran pobres en esa época, por lo menos los que conocíamos.

¿Tu padre fue severo con tu vocación artística?

CR: Sí, claro; como todos los padres que prefieren que los hijos estudien otra cosa.

JR: Su padre era diplomático, y le hubiera gustado que su hijo sea diplomático; por eso Carlos tuvo que engañarlo al principio, y le hizo creer estudiaría letras; y en realidad estudió arte en Ámsterdam porque era lo que le apasionaba. Él lo descubrió en Brasil con su padre, cuando hicieron una visita al taller del pintor Cándido Portinari.

Obra de Revilla.

¿Qué te pareció el nivel de la escuela de Bellas Artes en Holanda?

CR: Es excelente. Para ingresar tenías que dar un examen, y hacer unos dibujos; luego se reunía un jurado y te aceptaban, o no; según la calidad de tus dibujos.

¿Qué recuerdos sobre tu madre?

CR: La verdad, que no viví mucho tiempo con mi madre porque me fui de casa a los 18 años; y no volví hasta los años 60, época que mi madre ya estaba en Perú. Pero tengo muy buenos recuerdos de ella; era muy buena, y guapa. Ella siempre apoyaba mis tendencias artísticas, y escondía mis cuadros debajo de mi cama para que no los vea mi padre.

JR: Ellos tenían un piano, y Carlos lo tocaba muy bien. Tenía una tendencia artística para lo plástico y lo musical, pero, cuando su padre daba su siesta, le molestaba que el niño Carlos toque el piano; y un día, cuando estaban asignados a Rio de Janeiro, Carlos llegó del colegio y vio que se estaban llevando el piano de la casa. Yo creo que eso fue determinante para que él empiece a pintar.

CR: Es que la pintura no hacía ruido; y por eso no se iban a dar cuenta cuando estaba pintando.

Tenías tu vocación musical

CR: Sí, pero creo que hubiera sido un pianista bastante mediocre, quizás hubiera terminado tocando en los hoteles.

Te formaste en la escuela europea, y todavía no conocías el arte que se hacía en Perú ¿Dónde viste por primera vez algo de nuestro arte?

CR: Fue gracias a una profesora que me daba clases de dibujo. Ella tenía una colección de arte peruano; tenía huacos, cerámicas, cuchimilcos, telas, y plumas. Esa fue la primera vez que vi objetos artísticos peruanos. Me encantó el mundo mágico que tenemos aquí, y comencé a leer literatura latinoamericana. Entonces, yo leía en francés; fue mi primer idioma porque mi madre era francesa; pero cuando llegamos a Argentina yo aprendí español.

¿Cuándo viniste a Perú?

CR: En el año 1960 exactamente, y estuve hasta el año 1962, e hice retratos, porque era la única forma de sobrevivir y ganar un poco de dinero.

¿Era molesto pintar rostros a pedido?

CR: No. Lo pasaba bien, porque conocía gente simpática y agradable a los que les gustaba mi dibujo; y bueno, pagaban bien.

¿El mercado del arte en Perú aún no es vasto?

CR: Yo diría que ha comenzado. Actualmente hay muchos pintores, y muchas galerías. Cuando yo vine en el año 60 apenas había dos galerías.

JR: Es que en esa época la gente tenía tendencia de tener pintura cusqueña, indigenista, y colonial, y no coleccionaban mucho. El sentido del coleccionismo del arte contemporáneo ha ido in crescendo en los últimos años.

CR: Ha crecido rápidamente; lo que sucede es que la calidad de los artistas actualmente es muy mediocre; ha bajado mucho… es como un vacío, y no trasmiten nada.

Hay un cambio radical de las tendencias en el arte. Incluso la pintura ha pasado a ser algo antiguo. Y desde hace mucho en las bienales internacionales abundan las instalaciones de cientos de metros de perímetro. ¿Qué opinas de las instalaciones?

CR: Exacto. Esas instalaciones de ladrillos las vi por primera vez en el año 1960, cuando vivía en Europa. Y mi opinión: depende, hay buenas y hay malas. Hay algunas que son bastante interesantes, pero no dejan de ser instalaciones para decoración de tiendas, o cosas por el estilo.

En Perú hay un grupo de artistas que tienen fama y que venden mucho en Europa ¿Es cierto eso?

CR: Los peruanos que vendían mucho en Paris fueron Leoncio Villanueva y Gerardo Chávez. Pero con respecto a otros pintores peruanos, creo que son más conocidos en el continente americano; sobre todo en Estados Unidos. En Miami por ejemplo, donde se tienen los mejores contactos, porque allí hay más sudamericanos. Yo empecé a exponer en Europa, porque vivía allá. Lo que pasa es que yo tenía una galería muy buena, y muy seria en París.

¿Hay algún artista peruano que te llame la atención?

CR: A ver quién me puede interesar…Polanco.

¿Te trataron bien las galerías peruanas?

CR: Me trataron bien. Yo estuve aquí con la galería Camino Brent que era muy buena; y también estuve con Ivonne Briceño que me representaba con gráfica, y me compraba obras cuando viajaba a Europa. Ella fue la primera que trajo pintores peruanos que vivían en el extranjero.

¿Qué opinión tienes de las galerías en general?

CR: Mira, hay dos tipos de galerías: la galería en que tú pagas para exponer, y eso para mí no tiene ningún valor.  Y tienes el marchand, que es el que tiene una galería y compra tus cuadros;  él los acumula, y luego de un tiempo los vende. Para mí es lo más interesante para un artista.

JR: Él siempre ha trabajado en Europa con un marchand; pero aquí las galerías te dicen lo que tienes que hacer; y eso no nos interesa.

Las galerías son como dictadoras, que te imponen qué temática trabajar, entre otras cosas

CR: Sí, todos. Y no solamente en el Perú; así son los galeristas. No importa que sean americanos, o europeos, todos son iguales. Yo ya no trabajo con galerías desde que la galería Camino Brent cerró

¿Alguna obra tuya que no te haya gustado ha sido confinada al desván?

CR: La obra que no me gusta la destruyo, o la pinto encima, o la rompo.

Pero también hay obras que te han gustado muchísimo ¿Qué sientes cuando se las llevan de tu taller?

CR: Sí claro, las hay. Siempre es duro vender un cuadro, se sufre.

JR: Es como un hijo que has parido, y cuando veo que un cuadro maravilloso se va sufro, porque de alguna manera he participado en la creación.

Dominas la figura humana y el rostro, ¿Cómo lo haces?

CR: Es difícil darle vida y alma a una cara; si no, simplemente sería una máscara mal pintada.

En un “Revilla” siempre hay mujeres desnudas ¿Qué hay detrás de eso?

JR: Carlos antes pintaba mujeres también; pero cuando nos conocimos fue como una revelación, porque él me ha pintado toda la vida. Lo nuestro no es solamente una historia de amor maravillosa porque estamos 33 años juntos, sino, porque me pintaba desde mucho tiempo atrás con las mismas cicatrices que yo tenía, por un tremendo accidente que sufrí mientras vivía en Suiza. Y lo increíble es que ha sido una cosa premonitoria; él pintaba una mujer con las mismas cicatrices en los mismos lugares del rostro sin conocerla, y cuando nos encontramos por primera vez fue algo fuertísimo; porque él se dijo: esta mujer tiene que ser mía.

Eso es increíble; no puede ser real.

CR: Claro que es real; es increíble, pero real.

¿Es verdad que los pintores reflejan sus propias fisonomías en sus pinturas?

CR: Los pintores se pintan ellos mismos; y siempre sale aunque pinten a una mujer. Lo hacía Da Vinci, y Rubens. Por ejemplo, si tú ves los cuadros de Rubens, todos tienen unos ojos especiales, un poco salidos, incluso las mujeres que pintaba; y él era así.

Las influencias siempre existen, pero la idea es encontrar la propia voz. Actualmente hay artistas que se apresuran y de la noche a la mañana desean trascender

CR: Todos quieren imponer su estilo y no buscan precisamente calidad. Ellos buscan estilo, y que sea algo diferente; algo que choque para que la gente se acuerde de lo que hacen.

El acabado de tus obras es en su mayoría gráfico y no se caracteriza mucho por el empaste

CR: Sí claro. No hago empaste, aunque antes lo hacía. En realidad he hecho de todo, incluso hacía expresionismo.

El abstracto ¿Nunca lo hiciste?

CR: Recién ahora lo estoy haciendo, porque quería ver hasta qué punto puedo hacerlo. He hecho 5 cuadros abstractos.

Los monos siempre están en tus pinturas ¿Cuál es la explicación?

CR: El mono representa la ciencia. El mono es un personaje. Nosotros hemos tenido un mono en casa y era sabio.

¿Y los recurrentes desiertos en tus fondos?

CR: Bueno, es el paisaje peruano. Me parece que los desiertos son lugares únicos para la meditación y, además, tienen un colorido fantástico. Me encantan los colores de las arenas y, también, la vegetación amazónica.

¿Qué te marcó de Europa a diferencia de Latinoamérica?

CR: La revolución del 68, eso fue un boom. Yo creo que desde ahí cambió todo.

¿Entonces participaste de las revueltas?  

CR: No, solo lo observé, porque en ese momento yo estaba en Roma y no en Paris. Para mí fue fundamental, porque representó un quiebre de lo que antes era la burguesía, y en lo que luego se transformó. Fueron años muy intensos en Europa en la música, la pintura y el teatro; hubo una explosión de talentos que ya no se ha repetido.

Latinoamérica también tiene una gran riqueza artística

CR: Sobre todo en literatura tuvo una época que ha sido sobresaliente; hablo del boom literario. En pintura no tanto, aunque todavía hay indigenismo; pero la gente que pinta indigenismo piensa que hace pintura peruana y no es así.

¿Y la política en el Perú?

CR: Hay mucha corrupción; aunque yo diría que la hay en todo el mundo. La corrupción es algo mundial; tú ves eso en China, Japón, y en Europa; menos en Suecia, Noruega y Dinamarca, porque esos países tienen una tradición de gente honesta y trabajadora; pero la vida allá es imposible, por el clima y los horarios. Yo creo que la gente está tomando conciencia de lo bien que se vive acá en Lima, y la suerte de tener una capital al borde del mar, como no hay muchas.

¿Cómo fue tu amistad con Salvador Dalí?

CR: Él no era para nada un loco. Era un tipo bastante lucido. Él era muy intelectual pero muy divertido también.

JR: Carlos ha vivido en Cadaqués dos años, ha frecuentado la casa de Dalí y han ido juntos a Barcelona a cenar. Él ha conocido a Dalí ya en un plano más relajado, más cotidiano, y cuando no trataba de impactar.

CR: Nosotros hablábamos de todo. Por ejemplo, él hablaba mucho de las moscas, de cuando se ponía miel en el pecho y dejaba que las moscas fueran hacia él.

En tu pintura hay una especie de sosiego que no linda con la violencia o con la agresividad.

CR: Pero también hay ciertos elementos que pueden demostrar que todavía hay agresividad.

Del surrealismo, pasaste al realismo mágico. Explícanos

CR: En el realismo mágico la situación puede existir en la vida real; en cambio en el surrealismo no, porque todo es mental. Es un arte mental donde inventas cosas, o situaciones, pero no las puedes ver en la vida real; a diferencia del realismo mágico donde al ver a una mujer con un mono, no es algo raro, porque eso puede existir.

¿Harías nuevamente una temática surrealista?

CR: No, ya pasó esa etapa. No sabría a futuro qué cosa me dicte el inconsciente.

¿Cuántas obras has pintado hasta ahora?

CR: ¡Ufff…!

JR: Él tiene 77 años y empezó a pintar desde los 14; quiere decir que tiene 63 años pintando. Entonces, imagínate la cantidad de obras que ha producido. Yo trato de recopilar fotografías de sus obras porque estoy tratando de hacer un catálogo razonado desde hace años, cosa que siempre se hace después que el artista fallece, pero estoy tratando de juntar todo el material para poder hacer un súper libro con toda la producción de las obras más importantes. Pero lamentablemente mucha obra que está en Europa no podemos rastrearla, porque Carlos al principio era más bohemio y no llevaba registro de lo que pintaba,

Carlos Revilla y su esposa.

CR: Tengo fotos en blanco y negro de algunos cuadros, pero no de todos. Tengo un cuaderno con todos los títulos de mis cuadros, pero no las fotos de los cuadros.

Entonces casi toda la obra Revilla está en Europa

CR: No. Yo diría que la mitad en Europa, y la otra mitad en América.

¿Carlos cuál es tu pasatiempo?

CR: Dormir… (Risas) leer, y ver películas.

¿Ha habido amigos entrañables; asistías a las vernissages?

CR: En Europa sí. Ahí sí tenía un grupo de amigos pintores, y nos reuníamos en las galerías y tomábamos vino. Aquí no, porque hay una especie, de no sé qué…

Volviendo a la desacertada política peruana, ¿Tiene arreglo?

CR: Lo que le falta al Perú, y al peruano promedio es cultura. Por ejemplo, la gente que está en el Congreso es totalmente aculturada. La base para todo es la educación y la salud. Si primero se logra una buena educación, luego se pasa a la cultura.

¿La gente cree en nuestra cultura originaria?                             

CR: Yo espero que la gente conozca el pasado que tenemos detrás; pero como no hay cultura, mucha gente no lo sabe. Y cuando, por ejemplo, les muestras los cuchimilcos, te dicen: “qué bonita muñeca”; es decir, no tienen idea de lo que es el patrimonio cultural peruano; si no conoces eso, tu sentimiento de peruanidad será bastante flojo.

Aquí se copia mucho el arte que viene de afuera, pero en exceso se pierde identidad. ¿Estás de acuerdo con la globalización del arte?

CR: No sé. Hacer pintura de esencia peruana es muy difícil porque como tú dices vivimos en un mundo globalizado; y bueno… hay raíces que uno puede adoptar así como hace Gerardo Chávez. Eso depende de cada uno.

¿Alguna vez enseñaste arte?

CR: No, absolutamente. Lo que pasa es que uno quisiera que el alumno haga lo mismo que uno hace y hay que tener un amplio criterio para aceptar cosas diferentes de lo que uno piensa y hace. Y para no invadir eso, yo prefiero no enseñar.

Además de pintura ¿has empleado otras técnicas?

CR: En Europa he hecho escultura, grabado, dibujo, litografía, serigrafía; he hecho un poco de todo. El problema en Lima es la excesiva humedad, las polillas, y el papel que no dura; por eso no hay un gran mercado. En Europa sí hay un mercado enorme en acuarela, dibujo, litografía y serigrafías.

¿Y hurgaste en la fotografía?

CR: Sí. Cuando tenía 14 años en Holanda yo hacía y desarrollaba fotos.

A estas alturas de tu prolongada carrera ¿sientes que ya llegaste a la cúspide del camino artístico?

CR: Yo espero que falte todavía; todo es cuestión de ver la agilidad de cada uno. Creo que puedo trabajar más durante algunos años. Yo creo que sí, que trabajaré hasta el último día de mi vida. Uno muere con la brocha en la mano.

¿Estás preparando algún proyecto?

CR: La verdad que las cosas llegan por sí solas. Llevo 4 meses sin pintar, y no sé… estoy un poco fuera del contexto, pero espero hacer una nueva exposición aquí en Lima. Vamos a ver cuándo, hay que seguir adelante.

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