Opinión

Ya descansa Eloy

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Por Edwin Sarmiento

Mi hermano, Eloy Jáuregui, poeta y cronista de enorme corazón y talento extraordinario para contar historias, acaba de partir. Tengo el corazón aun nublado y no sé qué decir, ni por dónde empezar. Él ha partido sin despedirse, quizás sin quererlo todavía.

Escucho sus últimas palabras, los proyectos inconclusos de los que hablábamos, para olvidarnos después de la euforia. Son testigos de ello, las mesas del viejo Queirolo de Quilca con Camaná que, ahora, permanecerán desoladas.

Tienes que apurarte en el libro, antes que me desanime, fue lo último que me dijo al presionarme que concluya con mis crónicas qué él los iba a comentar, junto con otro de nuestros amigos.

Fui depositario de sus historias, muchas reales y las más imaginarias, porque él solía crear historias a vuelo de pájaro, para confundir al enemigo, me decía. No estarás más en persona, querido poeta, gran amigo y contador de crónicas de todo tamaño; tus amigos te echaremos de menos, pero a sabiendas de que sólo estás con licencia, porque vivirás en nosotros, mientras tengamos fuerzas de seguir contando las historias que solías compartir, te estaremos aguardando.

Donde estés, donde hayas decidido estar, desde la negritud luminosa de tu nueva morada, no dejes de seguir abrazándonos, querido Eloy. Por mi parte, mi abrazo de dolor y mis condolencias para tu querida familia. Descansa en paz.

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