Opinión

Viernes Literario: Fotografía, memoria y poesía en los Andes

Lee la columna de Pavel Ugarte.

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En el Arco y la lira (1958) de Octavio Paz, el poeta advierte que hay ciertas características que dan vida a un poema: la imagen, el lenguaje y el ritmo. Los Andes son la geografía sagrada que imprime un lenguaje cultural para el constante movimiento creativo de nuestros pueblos. El ritmo de la andinidad lo dicta la naturaleza y el movimiento de los astros. Peregrinaciones como la que se realiza al Santuario del Señor de Qoyllurit’i lo demuestran al presente. Con esta conferencia, hemos querido visibilizar que existe una tradición en la imagen que trasciende a la máquina fotográfica y cultiva una memoria que se explaya en la música y poesía de nuestro imaginario colectivo.

La imagen de los Andes la concentra fidedignamente el runa simi. Gracias a Eusebio Manga y Ana María Enciso, dos amautas del Cusco contemporáneo, pude entender en distintos contextos y latitudes el significado de la palabra “ñaupa” que desde el quechua asumimos sólo como antiguo cuando también es futuro. El tiempo y espacio andinos no eran concebidos de manera lineal como en la cultura occidental sino de manera circular. Solo esa concepción, exige un replanteamiento existencial para asumir el presente. Por eso me voy a permitir compartir un testimonio personal.

A los Andes le debo mi vida íntegra. La cultura andina me obsequió una manera de vivir y una manera de observar el universo y sentir la naturaleza. Aquello que los antropólogos llamamos pretensiosamente cosmovisión y donde yo sentí que podía florecer UNA VOZ, MI VOZ. Soy hijo del río y la montaña mi sangre brota de las pequeñas riveras que llegan del alba, lo repito mil veces porque ascendiendo más allá, está la cordillera y el nevado, las estrellas que conforman las constelaciones oscuras que alumbran al Cusco donde crecí y formulé una identidad que es la de muchos k’arys y warmis adictos al wayno, el rock, el reggae, la música electrónica o el reguetón. El cusqueño es cosmopolita por naturaleza aglutinante. Esta fue la capital política, administrativa y religiosa de los Andes que nos custodian y a la cual entregaron su devoción nuestros ancestros. Los Apus, las wakas, la visión integradora de Nación, no dejó de significar para nosotros un referente de pensamiento, conocimiento y de amor por la vida y nuestras raíces. La identidad es un vuelo maravilloso de autodescubrimiento. Los Andes sembraron una manera de vivir y de sentir el mundo, yo, como buen upichu convenciano he agradecido siempre al Ayllu que me trajo a este ombligo, y por lo mismo al Cusco al que le debo el desarrollo de una sensibilidad profundamente ligada a la memoria de las piedras, la orquesta de la cantuta y el canto de los chiwacos.

Si queremos asumir o aproximarnos a una imagen, una historia o una palabra andina, primero nos debemos descolonizar y darle un especial enfoque a la memoria de la comunidad y los saberes ancestrales. Por citar un ejemplo, en el caso de la etnobotánica, al presente gozamos de grandes investigaciones y estudiosos como el amauta Justo Mantilla Holguín que viene trabajando en el rescate de un conocimiento que gracias a plantas, flores y raíces es útil, eficaz y accesible para el buen vivir (y también para evitar el aprovechamiento de la industria farmacéutica). Como él comenta, lo aprendió de sus mayores, sus caminatas, lo llevó al plano científico en la universidad y hoy lo entrega de nuevo a los niños y jóvenes que participan de las excursiones que organiza la Asociación Cultural Panaka y donde el Dr. Donato Amado Gonzales, también desplegaba esfuerzos para hacernos entender el mundo andino desde el conocimiento milenario de los pueblos pero con el respaldo actual de la lingüística, la antropología, la historia, la arqueología, la botánica, el arte, la música, la poesía y la tecnología. La interdisciplinariedad es una camino actual para entender el pasado pero el central punto de atención debe ser el quechua porque en él radica un conocimiento que nos une a la naturaleza de manera científica y espiritual. Con ese motivo organizamos el Coloquio, Fotografía, memoria, y poesía en los Andes, realizado ayer jueves en el Auditorio Miguel Chani de la Casa de Fray Bartolomé, gracias al aporte del Centro Bartolomé de las Casa en la persona de Yadira Hermoza quien resguarda la Fototeca Andina que ahora invita a ser auscultada. De igual forma al fotoperiodista Miguel Mejía Castro quien acaba de publicar “Qoyllurit’i, Los hijos de la montaña sagrada” (Editorial Apu, 2021), un valioso testimonio desde el ocular de un “Pablucha” perteneciente a la Nación Paucartambo. La fotografía en los Andes no sólo alberga un grado de poesía sino también un grado de denuncia pero será motivo de otro viernes literario.

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