Arte Urbano

VI A NICOMEDES EN UN RAVE

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ROMAN PORTELA Y SERGIO PARRADO

ENTRE LA POESÍA Y LA ELECTRÓNICA 

Texto y fotos Helen Hesse

La luna tamborileaba una hermosa garúa de pájaros campanillas en nuestros rostros. Nicomedes y Vallejo se encontraron en un rave y se mezclaron con los poros saltarines de la noche. Fumaron luces de neón y tronchos de cajón de coloridas décimas. (Luis Boceli)

No, no me fumé un troncho, hablo en serio. En principio diré que no soy amante de los raves, es más primera vez que iba a uno. Así que cuando nos llegaron los pases, acepte cubrir el evento más por una invencible curiosidad que por ir a vacilarme, me lancé al agua sin mayor reflexión: solo había que estar en Playa Venecia a las 2 p.m. Con acceso ilimitado, los organizadores nos habían  anunciado la presencia de DJ extranjeros: Roman Portela (Argentina) y  Sergio Parrado (Ibiza) entre otra tanda de DJ nacionales, nos prometían que esa noche iba a ser incendiaria.

Armados de nuestras cámaras y abanderados por un poeta limeño, nos dirigimos al famoso evento. Hago aquí, un paréntesis. Muchos creímos, me incluyo, que los raves no tienen mucha data, sin embargo, los raves son más antiguos que mis viejitos, surgen a finales de los 50, en Londres, para describir las “fiestas bohemias salvajes” que tenían lugar en los ambientes beatniks del Soho Londinense. Posteriormente, ya en los años 60, los “raves”  fueron utilizados para describir cualquier fiesta salvaje en general.

Así pues, arribamos a lo que se iba a convertir este evento, en una fiesta salvaje. Al llegar a la playa, nos recibieron infinidad de comerciantes ofreciéndonos aguas embotelladas, bebidas energizantes, chicles, entre otras chucherías. Como es conocido por todos, el consumo de pepas como éxtasis, es muy conocido en estos eventos. Es que “sin pepas no hay rave” me dijeron mientras esperamos pacientes en la fila, cotorreando, a que llegue nuestro turno de ingresar. “Somos prensa”, pasen por aquí, nos dijeron los vigilantes, evitando con ello, la exhaustiva revisión que tenían que pasar los demás mortales.

Al ingresar, nos percatamos que el aire estaba cargado con una mezcla de olores: Huele a pasto pisado, tabaco, marihuana, incienso, entre los “aromas” que pude reconocer. En definitiva, habíamos llegado al RAVE.

Lo primero que captó mi atención es la cantidad de gente que se congrega en estos eventos, por lo menos, habría más de 800 personas en pleno delirio por la magia del sonido electrónico que parecía tener un efecto casi invasivo en las personas que junto con las luces de neón y combinado con las aciddrugs hacían  delirar en marasmos casi orgásmicos al público presente.

“Es que de eso se trata” me respondió un compañero de prensa que al igual que yo, había subido al estrado a intentar tomar fotos a DJ Portela mientras pinchaba como loco su drum&bass, “los raves no solo describen una forma alternativa de salir de fiesta, describen un momento específico hacia el final de una canción cuando la música es tocada más rápida e intensamente, es el delirio extremo”,  señala al público congregado desde nuestra privilegiada ubicación: danzantes paganos liberados por los sonidos de la noche.

Roman Portela

Otro mito descartado, es que si bien es cierto, la gente es bastante joven,  también pude captar gente de 40 o 50 años, claro, que ellos están en la zona VIP, y no se dejaban tomar foto. Lo que me hace pensar que los raves tienen un público diverso, entonces me surgió la interrogante, ¿qué busca la gente en un rave?

Justamente, entre la multitud, me encontré con un danzante zombie, quien me comentaba algo que me pareció un alucine en ese momento, pero mientras escribo este artículo parece cobrar cierto sentido “el rave es más que un tono, es música para el espíritu, es un ritual pagano, y donde el DJ, es nuestro sacerdote que nos guía con su música”

Too much, no?, bueno, ya todos medio alucinados y contagiados por los ritmos tribales de esa noche y a punto de irnos del lugar, escuchamos la voz del gran Nicomedes retumbar por toda la playa, ¡Qué collage alucinante, música electrónica mezclada con las décimas de este cantautor!, cortesía de DJ Parrado. Al escuchar esto, Luis Boceli, el poeta que nos acompañaba en esta travesía, me decía una y otra vez: “Tienes que poner que vimos a Nicomedes y a Vallejo en este rave”, sonreí en ese momento y me dije: y pensar que solo nos tomamos dos latitas de red bull.

 

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