Cultura

Una mirada a la obra de Ricardo Terrones

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Escribe: Ximo Rochera

Homenaje a los muertos que cayeron luchando por la libertad
en medio de un bosque de zarzamoras, mientras por delante
van unos niños memorizando estas palabras y pueblos
y comarcas                              
han dejado de ser benditos y han sido saqueados, arrasados
torturados.

Ave Soul, Jorge Pimentel, Ediciones Sin Fin, Barcelona, 2013

Adentrarse en la obra de Ricardo Terrones (Chepén, Perú, 1976) es como hacer un viaje en el tiempo, dar un salto cósmico, observar cómo sus dos galaxias interactúan dando lugar a una propia en la que millones de estrellas de colorido diverso impregnan las telas simbolizando un aullido pretérito: montañas, animales, cuerpos, cuernos, cabezas, picos, esqueletos…

Existe una dualidad de contrastes patente en toda su obra. La naturaleza frente a la fauna contemporánea, su iconografía mitológica con estética precolombina frente a la conciencia social, el fuerte cromatismo frente a la ausencia de color. Esas dos galaxias de Ricardo Terrones colisionando en cada uno de los trazos precisos que caracterizan sus lienzos.

La naturaleza ontológica de su obra es una representación de la necesidad del autor de contactar con la esencia del ser humano y de su condición en equilibrio con el medio que lo rodea, con la historia, con la creación y también con el origen de la destrucción.

Los personajes de Terrones están, en ocasiones, amontonados, como escapando de un poema que los retine o atenaza, lanzando un grito, o un aullido ginsberiano que quiere ser escuchado por aquellos que lo observan. Se trata de una obra, y unos personajes, pues, que atrapan al observador y le obligan a empatizar con el universo del autor, a observar a través del telescopio de Ricardo Terrones esas galaxias eternamente confrontadas en pre-colisión. En ocasiones, esos personajes, se encuentran rodeados por un aura cromática que los protege a la vez que hace la función de celda bourgeoisiana. Figuras humanas dentro de animales o sometidas a las fuerzas de la naturaleza. Un equilibrio de los ecosistemas que hoy en día parece quebrado. De ahí que la obra de Ricardo Terrones sea un grito, una queja, que muestra el convencimiento y el compromiso que tiene el artista con lo que hace. Una forma de vida. Una manera de estar en el mundo, un respeto a los antepasados, a lo indígena y a la madre Tierra. En cierta medida, como en el muralismo mexicano, en la obra de Terrones los personajes se agolpan y amontonan realizando una queja hacia arriba, quiza una queja que tiene la pretensión de ser escuchada por alguien. O por todo el mundo.

De la misma forma, en la obra de Terrones se acierta a observar la conexión uterina del autor con lo primigenio, con la esencia del hombre, con la madre y la maternidad, con el planeta y aquello que nos provee, con la tierra, la orografía andina y la naturaleza. Todo esto forma parte de la educación del autor en Chepen, su tierra natal.  Forma parte de él y también de su obra. La composición de sus obras recuerda a las de Gerardo Chávez con multitud de personajes representando un todo y el cromatismo de Tilsa Tsuchiya o Fernando de Szyszlo. Nuevamente una galaxia propia con diferentes constelaciones polarizadas por un tamiz particular.

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