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Totó el héroe, de Jaco Van Dormael (1991)

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No emplearía, para describir mi impresión de “Totó el héroe”, la palabra tragicómica. Porque es más que eso. O es algo diferente; tal vez habría que inventar otra palabra. La locura del protagonista, si puede llamarse así, es la insistencia en su conciencia infantil; es una de las cuestiones clave. O solo es, o ante todo es: el producto de su posición social.

El tema de la vida robada es tan vulgar como perturbador. ¿Qué vida te tocaba vivir en realidad?

La película, que no merece ser expropiada por filósofos ni por psicoanalistas, es tan rica en su representación de estados anímicos como en las preguntas o temas que plantea.

¿Qué harás si tu existencia contradice tu esencia? ¿Quién eres si, en vez de ser tú, o al no poder ser tú, quieres ser otro? ¿Quién es en realidad ese otro que quieres (en parte) ser? ¿Acaso lo sabes, o solo lo crees saber? ¿Y si ese otro, en algún momento, a fin de cuentas, quiere, sublime ironía, ser tú? Sin que él tampoco sepa con gran exactitud quién eres tú… Como ven, las paradojas llegan a ser divertidas…. Más preguntas. ¿Te has dado cuenta de la realidad o de la posibilidad, siguiendo a Marx, de que la esencia del hombre no existe, sino solo las relaciones sociales? Con lo que la fábula, la fantasía, el mito, el arte, ¿solo serían un subproducto de la estructura social?

Thomas quiere ser Roger porque Roger es rico: no experimenta las privaciones y tribulaciones que sí abundan en la vida de Thomas. En este sentido, puedo decir, sin dejar a Marx, que su existencia social determina su conciencia, y no al revés.

Ves al niño rico recibiendo de sus padres un carro dentro del cual podrá sentarse y ponerse a pedalear y pasear a placer para, momentos después, sin ningún énfasis, ver a Thomas recibiendo un carro, del mismo color… tan pequeño que cabe entre sus manos. Y así verás los caminos opuestos de ambas vidas: no hay suerte, azar o destino, lo determinante es la posición social. Con lo que esta película tan delirante es al mismo tiempo muy realista.

El montaje poético parece evocar la memoria involuntaria proustiana. Es el dolor por el tiempo perdido… Y cómo se organiza el tiempo aquí. Nuestra vida no es ‘ordenada, separadamente’ pasado, presente y futuro, es más bien otra cosa, más sutil, el tejido, la unidad, la fractura, la convivencia, la tensión, la contradicción, la armonía, la constante interacción de tiempos.

El origen de la violencia ilusoriamente compensatoria es vista como la frustración y reacción que causa lo que Erich Fromm llama la ‘vida no vivida’. Pero hay también una fabulosa sabiduría (el director fue payaso) que atraviesa la película. Recuerda el final de Sócrates, la  película de Rossellini. Sócrates con la cicuta ya operando en su organismo, sus discípulos llorando, y él: contando chistes. Y eso que solo sabía que no sabía nada. Tal vez ahí radique la clave.

Segunda película del Ciclo “Continúan las maravillas belgas” que se proyectará el lunes 14 de agosto a las 7:30 pm. en el Cineclub de la Universidad Cayetano Heredia (Av. Armendáriz 445 Miraflores, ingreso libre).

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