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Thrirst, de Park Chan-wook (2009)

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Qué payaso de vampiro. Aún a su pesar, lo cual es mucho mejor. Y qué payaso de director Park Chan-wook para hacer una película a su manera retorcida, bastante divertida. Un coreano refresca el género con una transfusión de humor no del todo soterrado y erupciones eróticas y románticas. Si lo piensas bien, son las parejas, al menos para esta película, y no tanto los vampiros, los que se chupan la sangre tan intensamente ente sí. Merecerán su castigo después de todo como lo desearía la mente del protagonista.

Para mayor payasada, el vampiro es nada menos un sacerdote católico, o mejor, involuntariamente este sacerdote que quiere hacer el bien se somete a un experimento que sale mal, no se sabe si por voluntad de dios o de quién y entonces acaba o comienza a convertirse en vampiro. En este punto su esforzada y sólida moral seguramente muy sincera se desangra, por sangre.

Qué duda cabe. El director se divierte con ese clásico contraste entre moral y eso que algunos llaman naturaleza. Así que los rasgos de bondad y renuncia quedan para las demás películas. No para ésta.

La cámara desde antes de que el sacerdote consume su sanguinolenta conversión ya salta y sortea distancias como vampiro, en una especie de anunciación de lo que veremos con no poca generosidad poco más tarde.

Park Chan-wook agita con destreza sus caricaturas y sus efectos especiales. Gusta especialmente ver a un personaje que ‘preferiría no hacerlo’ pero que al final lo hace con tanto gusto que no preferirás dejar de verlo.

Cuarta película del Ciclo “Vampiros como nosotros” – CineClub UCH Av. Bolivia 537 Breña todos los martes de agosto a las 7:15 p.m.

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