Literatura

“Crónicas de Londres” del escritor peruano Gunter Silva

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INMIGRANTES SOMOS TODOS

Escribe Nicolás Cornejo

Uno. He leído “Crónicas de Londres” del escritor peruano Gunter Silva más de una vez. Si quisiera sostener una idea en el aire, una idea obvia que se mantenga por su ligereza y que además logre soportar el paso del tiempo; una sola idea concluyente y reflexiva que permita consensuar la lectura de este libro y de cualquier otro libro escrito al pulso de una lengua extranjera en un paisaje extraño; una única idea que atraviese todas sus páginas y las estire, de cabo a rabo, como el alambre del tendedero de ropa donde reposan las sábanas a la espera del viento; una pura idea que se trasmute en un concepto y que por fin pudiera resumir, subrayar y suscribir estas crónicas londinenses, esa sería la idea de un puñado de relatos armados por un escritor inmigrante. Pero lo resisto. Aquella idea me hace ruido y no termina por convencerme. Quizás porque la literatura de inmigrantes ya no existe como la conocimos antes: aquella fundada en siglos anteriores donde el viaje migratorio iba de la mano junto al desarraigo. Quizás porque todos nos convertimos en inmigrantes al momento de abrir un libro. Entonces prefiero leer a Gunter Silva simplemente como a un escritor latinoamericano que se planta en el mundo con la rabia de un latinoamericano, esa que aparece en el desconsuelo y en el destierro, pero que sabe que su “única patria es su biblioteca, una biblioteca que puede estar en las estanterías o dentro de su memoria”.

Dos. La última frase del párrafo anterior, esa que dice que “la única patria de un escritor es su biblioteca, una biblioteca que puede estar en las estanterías o dentro de su memoria”, es una cita de Roberto Bolaño.

Tres. Pienso en Bolaño, Giaconni, en Osvaldo Lamborghini, Roque Dalton, J.L. Urbina, Pepe Cuevas, Wácquez, Reinaldo Arenas, Vallejo, Luis Loayza, Ribeyro, pienso en ellos y no sé por qué, pero de una u otra manera aparecen en la patria del escritor, por que un escritor se alimenta de lo que ha leído.

Cuatro. Crónicas de Londres es un libro construido con la prudencia necesaria que tiene un extranjero en otro país. Pero aquella prudencia, Gunter Silva la trabaja con el arrojo de una pluma sencilla y fresca que esconde lo suficiente como para sorprendernos en su desenlace. Es un híbrido que funciona con buen desempeño: crónicas ficcionadas que sitúan a la mayoría de sus protagonistas con un punto de vista reflexivo del lugar que habitan.

Cinco. Las breves descripciones, esa información que el lector necesita para saber donde transitan los personajes de los relatos permiten ubicarnos en un espacio físico que a veces se desvanece pero en cosa de segundos vuelve a aparecer; la gran ciudad de Londres se reduce a un par de estaciones, una galería, el nombre de una calle, la indiferencia de su gente, la mesa de un bar. De alguna manera, el autor nos hace creer que la ciudad está ausente cuando escapamos de sus detalles, cuando no la pronuncia, pero es ahí, en el silencio y la desesperación solitaria de sus personaje donde más brilla.

Seis. Es difícil hablar de un cuento sin arruinar la sorpresa que mantiene en un lector. Pero vamos por parte. Los primeros tres relatos nos entregan pistas sobre los inesperados rumbos que puede tomar el amor, algo que puede ser tan cursi termina por espantarnos en su soledad, entristecernos al contemplar el panorama desolador, aunque la voz del autor se preocupa de la ligereza de las cosas y propone sabrosos aciertos de ironía. El que abre el libro es La foto perfecta, un palo en la cabeza a las intenciones de querer bailar de a dos. La traición es traición en cualquier idioma, parece decirnos Gunter Silva. El que sigue a ese es Lottie, una chica entrañable que en poco tiempo evoca un ramillete de emociones que permiten ver la fugacidad de la felicidad en la vida de Nano. Y el otro, Vino tinto en Mcdonalds, es el precio que paga un ilegal para sacar papeles. No sé por qué, pero en mi opinión, los Mcdonalds me asemejan el infierno de los latinos en Europa.

Las páginas continúan con Poeta muerto y Homesick. El primero nos presenta a Joaquín, un estudiante peruano en una universidad británica, es decir, nos aleja de las pellejerías de la vida de un inmigrante que busca con dientes y garras sobrevivir para decirnos, esta vez, que la ambición es transversal a toda clase social. En el otro, Homesick, con escritura sutil y silenciosa, Gunter Silva nos entrega una potente alegoría en cómo un latino que trabaja en una empresa de aseo, limpiando ventanas, termina por ensuciarlo todo.

Otra pareja de relatos que nos muestra la ciudad en su contraste arquitectónico y la miseria del latino en busca de un pedazo de aire es I live by the river  y El artista. Este último es de largo aliento, se pasea en una anécdota con saltos cronológicos que atrapan al lector en su desenlace. La voz de sus protagonistas seduce y la empatía con ellos es inminente.

Siete. Gunter Silva ha intentado con éxito entrar en el oficio del cronista paseante, el inquieto que viaja, reflexiona y describe. Pero además ha ido más allá, ha construido esa visión de cronista en relatos verosímiles, empapados de una soledad que parece encontrar compañía con otros personajes solitarios, personajes que comparten intimidades a la espera de que se pase el día y que nunca se olvidan que no pertenecen al lugar donde viven, nunca olvidan que son inmigrantes.

Pero entendamos que en el mundo de la literatura, en el mundo de las palabras y las historias, todos somos inmigrantes. Usted que está del otro lado de este papel, usted que tomará este libro y lo abrirá para comenzar a leerlo no hará más que dar un salto en el tiempo, no hará más que trasladarse. Ojalá pueda usted viajar al inquietante mundo de Gunter Silva.

Nicolás Cornejo (Santiago de Chile) Licenciado en Letras por la Universidad Católica De Chile. Es poeta, crítico literario y editor de narrativa de Libros La Calabaza del Diablo.

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