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Rubber, de Quentin Dupieux (2010)

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Déjenme imaginar por favor… que soy una llanta. Sí, claro, la de la película. Desde ese punto de vista mi vida de Scanner a lo Cronenberg, en un paisaje amplio y desolado de western, me permite enormes ventajas y no menos grandes satisfacciones.

El absurdo, o la llamada sin razón o sin explicación (`no reason’, en inglés, suena más pegajoso y mejor) produce angustia y depre en unos, de acuerdo, pero otros sienten el baño deuna vasta ola fresca de magnífico buen humor.

Burlándose de la sacralización del show y de las mecánicas narrativas a las que tiende el modelo habitual de las películas, el director se lanza a divertirse con claros guiños deconstructivos y sin ninguna trampa porque juega a conciencia y sin complejos de ningún tipo.

Si alguien me dice vas a ver una película protagonizada por un llanta asesina que apachurra y hace volar cabezas con la mente, yo diría, ya, perfecto, ¿pero, es un corto, verdad? Pero el chiste se apoya en la comprobación feliz de que una llanta puede ser tan expresiva como cualquier asesino.

Su carrera delictiva necesita entonces del largo para apreciarse en toda su magnitud… No hay razón, sí pues, esta falta de razón que es la vida misma (lo que es impensable, lo que no se puede pensar, si me pongo pedante) y que se extiende a muchas de las decisiones de cualquier película es aprovechada para reventar las rutinas y como diría Cronenberg de Scanners (ilustre referente de Rubber): “Básicamente me limité a hacer estallar cabezas tal como habría hecho cualquier joven americano normal.” Divina modestia.

Esta película fue proyectada el domingo 15 de marzo a las 7:30 pm en Cuarso (Jr. San Lorenzo 140, Pueblo Libre).

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